• Aquí a quedado (Ivan) :

    He observado.
    No con sorpresa, sino con esa calma que precede a la renuncia.
    Tus ojos aprendieron a desviarse con naturalidad, tus dedos a otorgar atención como si no significara nada.
    Un gesto mínimo, dicen.
    Pero yo conozco el peso de los actos pequeños cuando se repiten.
    No sentí ira.
    Sentí algo más preciso: la certeza.
    Quien necesita mirar fuera
    ya ha dejado de estar dentro.
    No me dolieron ellas.
    Nunca fueron el problema.
    Fuiste tú, y la facilidad con la que fragmentaste lo que yo creía íntegro.
    No fui creada para competir,
    ni para mendigar exclusividad,
    ni para recordarle a alguien mi lugar.
    Mi presencia debía bastar por poco que fuera, y cuando deja de hacerlo,
    no queda nada que preservar.
    No levantaré la voz.
    No exigiré explicaciones.
    No reclamaré promesas rotas.
    El desapego no siempre nace del desinterés.
    A veces es la forma más limpia de conservar la dignidad.
    Obsérvame bien.
    No me voy por celos.
    Me voy porque he visto suficiente.
    Y cuando ya no esté,
    no será castigo.
    Será consecuencia.
    Aquí a quedado (Ivan) : He observado. No con sorpresa, sino con esa calma que precede a la renuncia. Tus ojos aprendieron a desviarse con naturalidad, tus dedos a otorgar atención como si no significara nada. Un gesto mínimo, dicen. Pero yo conozco el peso de los actos pequeños cuando se repiten. No sentí ira. Sentí algo más preciso: la certeza. Quien necesita mirar fuera ya ha dejado de estar dentro. No me dolieron ellas. Nunca fueron el problema. Fuiste tú, y la facilidad con la que fragmentaste lo que yo creía íntegro. No fui creada para competir, ni para mendigar exclusividad, ni para recordarle a alguien mi lugar. Mi presencia debía bastar por poco que fuera, y cuando deja de hacerlo, no queda nada que preservar. No levantaré la voz. No exigiré explicaciones. No reclamaré promesas rotas. El desapego no siempre nace del desinterés. A veces es la forma más limpia de conservar la dignidad. Obsérvame bien. No me voy por celos. Me voy porque he visto suficiente. Y cuando ya no esté, no será castigo. Será consecuencia.
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  • ¡Habemus mi verdadera forma! No busquen explicaciones científicas de cómo volví, solo disfruten el resultado. ʕ⁠ ⁠ꈍ⁠ᴥ⁠ꈍ⁠ʔ Y a los que entran a mi perfil a hacerme la inspección técnica sin saludar: ¡Manifiéstense! \ʕ⁠ ⁠º⁠ ⁠ᴥ⁠ ⁠º⁠ʔ/ No sean codos con los "buenos días". Solo muerdo a mis esposos (es nuestro lenguaje de amor, jxjxjx), pero como sigan de fantasmitas chismosos, voy a empezar a publicar la lista de mis visitantes distinguidos para que todo el mundo los conozca. ¡Guerra avisada no mata gente! ʕ⁠´⁠•⁠ᴥ⁠•⁠`⁠ʔ
    ¡Habemus mi verdadera forma! 🎶🎶🎶 No busquen explicaciones científicas de cómo volví, solo disfruten el resultado. ʕ⁠ ⁠ꈍ⁠ᴥ⁠ꈍ⁠ʔ Y a los que entran a mi perfil a hacerme la inspección técnica sin saludar: ¡Manifiéstense! \ʕ⁠ ⁠º⁠ ⁠ᴥ⁠ ⁠º⁠ʔ/ No sean codos con los "buenos días". Solo muerdo a mis esposos (es nuestro lenguaje de amor, jxjxjx), pero como sigan de fantasmitas chismosos, voy a empezar a publicar la lista de mis visitantes distinguidos para que todo el mundo los conozca. ¡Guerra avisada no mata gente! 💣✨ʕ⁠´⁠•⁠ᴥ⁠•⁠`⁠ʔ
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  • Si no existe el destino, ¿qué motiva a la vida? Si el destino puede cambiarse, ¿qué sentido tiene el orden?

    -Fueron aquellas preguntas las más concurrentes en los debates con sus discípulos. Una reflexión constante en aquellos que luchan por entender los motivos de su existencia y de aquellos cuya fe flaquea. No obstante, existió un discípulo que intentó indagar más en ello. Claramente, Dragoir no dudó en ofrecerle otro punto de vista de la vida que tal vez aclarase aquellas dudas que aquejaban el alma de su aprendiz. Ambos se encontraban en el suelo de una iglesia abandonada, meditando sobre cojines distintos, cuando Dragoir procedió a contestar su pregunta.-

    "Cierto es que podrían ajustarse nuestros pensamientos y lo que nos rodea a seres más allá de nuestra comprensión. De igual forma, podríamos argumentar que todo ello se trata de fuerzas de las que nunca podemos huir. Sin embargo, ¿y si la respuesta estuviera más cerca de lo que solemos pensar?"

    -Su discípulo claramente observaba a su maestro extrañado. Era la primera vez que escuchaba algo como eso. Algo tan... hereje. ¿Tantos años que su maestro dedicó a la fe y responde con esto?-

    ???: "Maestro. ¿A qué se refiere con eso?"

    -Fue entonces que Dragoir se levantó de aquel cojín. Con sus manos en su espalda, unidas una a la otra, caminó unos pasos por el lugar mientras recitaba unos versos que, por la forma en que se escuchaban, debía ser alguna filosofía del país asiático-

    "En el reino de tres, en la orilla de cuatro, sin deseo, la redención ya no existe."

    "Ya ha llegado el atardecer, que supera en peso a la luz del día y al Dao."

    "Te aferras al sentido y a la pasión en esta tierra inmunda."

    "Tienes miedo de cómo se siembra el karma."

    "Ya no hay ataduras"

    -Un silencio hizo eco entre aquel lugar, mientras Dragoir simplemente se detuvo frente a las puertas abiertas de par en par de aquel templo cristiano abandonado. Su discípulo trataba de entender aquellas palabras con la experiencia obtenida de las lecciones de su maestro. Lo que parecieron minutos de silencio, fueron simples segundos que fueron terminados una vez su discípulo, quien se rindió en su intento de comprender aquellas expresiones, habló.-

    ???: "Eso... ¿qué significa maestro?"

    -Fue entonces cuando el sacerdote sonrió y emitió una leve risa entre dientes. Era de esperarse que su discípulo no conociese tal filosofía, si de por sí era muy rechazada incluso en aquellas tierras.-

    "Es simple. Es una reflexión hacia nuestra propia voluntad. El primer verso, respecto a los tres reinos, se refiere al Cielo, a la Tierra y al Inframundo. Las 4 orillas son los 4 continentes. Claro, tomando en cuenta el tiempo en que se escribió dicho poema, se pensaba que el planeta solo tenía 4 masas de tierra gigantes.”

    “La explicación es, que en todo el mundo mortal no habita el afán, por lo tanto, no hay redención.”

    “El segundo verso explica que la larga noche ha caído, y ahora, lo que era bueno y lo que era malo están invertidos.”

    “El tercer verso hace alusión a que, el deseo del ser mortal, su amor, pasión, codicia, odio y afán, ahora se entrelazan.”

    “El cuarto verso es claro, el karma, las consecuencias de lo que ha venido, no podemos olvidarlo, debido a que son los rastros de nuestras acciones en nuestra vida.”

    “Y el último verso concluye afirmando que el deseo humano, es pues, el camino al cielo."

    "Los dioses que no existieron antes de que la misma existencia fuese siquiera concebida, surgieron debido a sus ambiciones. Incluso, aquellos que no creen en la existencia de tales seres, opinan que solo son las explicaciones del ser humano ante lo que no podían explicar tanto a su alrededor, como de aquello que surge del interior de cada uno de ellos. Muchos de esos dioses representan determinación, amor, tristeza, lujuria, ira, venganza, en fin, una gran parte de nuestras emociones."

    -Una suave brisa ingresó por aquellas puertas, sacudiendo levemente la brisa del sacerdote, mientras su vista se mantenía fija en algo que el discípulo no podía ver, o tal vez su maestro estaba soñando despierto.-

    "Si es así que muchos de esos dioses se convirtieron en lo que son hoy en día... ¿Qué fue lo que los impulsó? ¿El destino? No, para nada, fueron dichas emociones. El deseo de obtener, la ambición de alcanzar lo que sus almas o su carne anhelan. Si es así, los mortales realizan la misma dinámica, llegando a obtener lo que desean por medio de su voluntad. Sean estas buenas o malas, es el combustible que hace que sus vidas continúen."

    "Por tal razón, el apagar la voluntad de un mortal, lo destruye por completo. El brillo de sus ojos se pierde y deja de ver la vida como un regalo."

    -El discípulo entonces observó a su maestro extrañado. De cierta forma, lo que acababa de decir era contradictorio.-

    ???: "Pero... ¿Desear dejar de existir no es la voluntad de una persona?"

    "Pudiese ser, en el sentido simple de esta reflexión. Pero, ¿realmente es su voluntad, o la que le fue impuesta al destruir la que ya tenía?"

    -El discípulo abrió sus ojos con sorpresa como si hubiera obtenido una revelación. Dragoir no dejó de sonreír antes de continuar aquella reflexión. Observando ahora aquel paisaje que adornaba aquel edificio del cual incluso la naturaleza se apoderó con el pasar del tiempo.-

    "Pero siempre recuerda lo siguiente. Los dioses una vez obtuvieron lo que deseaban, dejaron de cumplir sus roles. Perdieron sus cabezas, su norte. Abandonaron a los mortales a su suerte y evitan, sin embargo, que los mortales asciendan. Fueron muy pocos los que continuaron sus funciones, encontrando nuevas formas de voluntad o la continuación de las ya tomadas. Por ello, aunque todo tipo de deseo puede impulsarte a continuar viviendo, no todos mantienen dicha llama encendida y puede llegar a ser una piedra de tropiezos para otros. Elije bien tu motivación para continuar adelante."

    -Una vez más el discípulo se encontraba sorprendido por aquellas palabras. Su maestro al parecer comprendía el ámbito de la divinidad, más de lo que cualquier persona, incluso con años de experiencia en dicho camino, pudiese conocer. Esto lo impulsó a realizar una última pregunta.-

    ???: "Maestro...lo que dice... ¿Acaso se refiere a que los dioses no sirven para nada?"

    -El hombre apretó levemente sus manos ante aquella pregunta. Era casi como si de alguna forma estuviera frustrado por algo relacionado a dicha interrogante, como si años de decepción recorrieran su mente. Sin embargo, su agarre se suavizó con el pasar de los segundos y luego de suspirar levemente, asintió.-

    "Esa es la segunda parte de esta reflexión. Desear ser inmortal, obtener todo lo que pueda el mundo ofrecer y mucho más, es una ruta meramente egoísta en muchos de los aspectos.”

    “¿Por qué razón la mayoría de dioses anhelan mantener su círculo de divinidad solo para ellos? ¿Orden? ¿Control? ¿Balance? Para nada, y ello se demuestra en sus acciones.”

    “Existen varios héroes mortales que han enfrentado a los dioses por las injusticias que han realizado o su falta de acción. Y en cuanto comienzan a olvidarlos o a perderles respeto, toman represalia, aunque nunca hubiese existido algún acto que justificase dicha acción."

    "Este poema es una crítica del hipócrita sistema de castas de las deidades, donde la "inmortalidad" es una farsa reservada para los poderosos, burlándose de aquellos que intentan ascender a través de buenas acciones, mientras que las masas siguen siendo meras almas para el consumo. Esta obra pues, destaca un espíritu humano profundo y rebelde contra las reglas cósmicas opresivas. Es por tal razón que debes reflexionar de cuál será la voluntad que impulsará tu vida.”

    “Si los mortales pueden realizar las acciones de los dioses y ascender, de igual forma un mortal, a pesar de haber alcanzado la inmortalidad, puede terminar como aquellos dioses que corrompen el verdadero significado de la divinidad."
    Si no existe el destino, ¿qué motiva a la vida? Si el destino puede cambiarse, ¿qué sentido tiene el orden? -Fueron aquellas preguntas las más concurrentes en los debates con sus discípulos. Una reflexión constante en aquellos que luchan por entender los motivos de su existencia y de aquellos cuya fe flaquea. No obstante, existió un discípulo que intentó indagar más en ello. Claramente, Dragoir no dudó en ofrecerle otro punto de vista de la vida que tal vez aclarase aquellas dudas que aquejaban el alma de su aprendiz. Ambos se encontraban en el suelo de una iglesia abandonada, meditando sobre cojines distintos, cuando Dragoir procedió a contestar su pregunta.- "Cierto es que podrían ajustarse nuestros pensamientos y lo que nos rodea a seres más allá de nuestra comprensión. De igual forma, podríamos argumentar que todo ello se trata de fuerzas de las que nunca podemos huir. Sin embargo, ¿y si la respuesta estuviera más cerca de lo que solemos pensar?" -Su discípulo claramente observaba a su maestro extrañado. Era la primera vez que escuchaba algo como eso. Algo tan... hereje. ¿Tantos años que su maestro dedicó a la fe y responde con esto?- ???: "Maestro. ¿A qué se refiere con eso?" -Fue entonces que Dragoir se levantó de aquel cojín. Con sus manos en su espalda, unidas una a la otra, caminó unos pasos por el lugar mientras recitaba unos versos que, por la forma en que se escuchaban, debía ser alguna filosofía del país asiático- "En el reino de tres, en la orilla de cuatro, sin deseo, la redención ya no existe." "Ya ha llegado el atardecer, que supera en peso a la luz del día y al Dao." "Te aferras al sentido y a la pasión en esta tierra inmunda." "Tienes miedo de cómo se siembra el karma." "Ya no hay ataduras" -Un silencio hizo eco entre aquel lugar, mientras Dragoir simplemente se detuvo frente a las puertas abiertas de par en par de aquel templo cristiano abandonado. Su discípulo trataba de entender aquellas palabras con la experiencia obtenida de las lecciones de su maestro. Lo que parecieron minutos de silencio, fueron simples segundos que fueron terminados una vez su discípulo, quien se rindió en su intento de comprender aquellas expresiones, habló.- ???: "Eso... ¿qué significa maestro?" -Fue entonces cuando el sacerdote sonrió y emitió una leve risa entre dientes. Era de esperarse que su discípulo no conociese tal filosofía, si de por sí era muy rechazada incluso en aquellas tierras.- "Es simple. Es una reflexión hacia nuestra propia voluntad. El primer verso, respecto a los tres reinos, se refiere al Cielo, a la Tierra y al Inframundo. Las 4 orillas son los 4 continentes. Claro, tomando en cuenta el tiempo en que se escribió dicho poema, se pensaba que el planeta solo tenía 4 masas de tierra gigantes.” “La explicación es, que en todo el mundo mortal no habita el afán, por lo tanto, no hay redención.” “El segundo verso explica que la larga noche ha caído, y ahora, lo que era bueno y lo que era malo están invertidos.” “El tercer verso hace alusión a que, el deseo del ser mortal, su amor, pasión, codicia, odio y afán, ahora se entrelazan.” “El cuarto verso es claro, el karma, las consecuencias de lo que ha venido, no podemos olvidarlo, debido a que son los rastros de nuestras acciones en nuestra vida.” “Y el último verso concluye afirmando que el deseo humano, es pues, el camino al cielo." "Los dioses que no existieron antes de que la misma existencia fuese siquiera concebida, surgieron debido a sus ambiciones. Incluso, aquellos que no creen en la existencia de tales seres, opinan que solo son las explicaciones del ser humano ante lo que no podían explicar tanto a su alrededor, como de aquello que surge del interior de cada uno de ellos. Muchos de esos dioses representan determinación, amor, tristeza, lujuria, ira, venganza, en fin, una gran parte de nuestras emociones." -Una suave brisa ingresó por aquellas puertas, sacudiendo levemente la brisa del sacerdote, mientras su vista se mantenía fija en algo que el discípulo no podía ver, o tal vez su maestro estaba soñando despierto.- "Si es así que muchos de esos dioses se convirtieron en lo que son hoy en día... ¿Qué fue lo que los impulsó? ¿El destino? No, para nada, fueron dichas emociones. El deseo de obtener, la ambición de alcanzar lo que sus almas o su carne anhelan. Si es así, los mortales realizan la misma dinámica, llegando a obtener lo que desean por medio de su voluntad. Sean estas buenas o malas, es el combustible que hace que sus vidas continúen." "Por tal razón, el apagar la voluntad de un mortal, lo destruye por completo. El brillo de sus ojos se pierde y deja de ver la vida como un regalo." -El discípulo entonces observó a su maestro extrañado. De cierta forma, lo que acababa de decir era contradictorio.- ???: "Pero... ¿Desear dejar de existir no es la voluntad de una persona?" "Pudiese ser, en el sentido simple de esta reflexión. Pero, ¿realmente es su voluntad, o la que le fue impuesta al destruir la que ya tenía?" -El discípulo abrió sus ojos con sorpresa como si hubiera obtenido una revelación. Dragoir no dejó de sonreír antes de continuar aquella reflexión. Observando ahora aquel paisaje que adornaba aquel edificio del cual incluso la naturaleza se apoderó con el pasar del tiempo.- "Pero siempre recuerda lo siguiente. Los dioses una vez obtuvieron lo que deseaban, dejaron de cumplir sus roles. Perdieron sus cabezas, su norte. Abandonaron a los mortales a su suerte y evitan, sin embargo, que los mortales asciendan. Fueron muy pocos los que continuaron sus funciones, encontrando nuevas formas de voluntad o la continuación de las ya tomadas. Por ello, aunque todo tipo de deseo puede impulsarte a continuar viviendo, no todos mantienen dicha llama encendida y puede llegar a ser una piedra de tropiezos para otros. Elije bien tu motivación para continuar adelante." -Una vez más el discípulo se encontraba sorprendido por aquellas palabras. Su maestro al parecer comprendía el ámbito de la divinidad, más de lo que cualquier persona, incluso con años de experiencia en dicho camino, pudiese conocer. Esto lo impulsó a realizar una última pregunta.- ???: "Maestro...lo que dice... ¿Acaso se refiere a que los dioses no sirven para nada?" -El hombre apretó levemente sus manos ante aquella pregunta. Era casi como si de alguna forma estuviera frustrado por algo relacionado a dicha interrogante, como si años de decepción recorrieran su mente. Sin embargo, su agarre se suavizó con el pasar de los segundos y luego de suspirar levemente, asintió.- "Esa es la segunda parte de esta reflexión. Desear ser inmortal, obtener todo lo que pueda el mundo ofrecer y mucho más, es una ruta meramente egoísta en muchos de los aspectos.” “¿Por qué razón la mayoría de dioses anhelan mantener su círculo de divinidad solo para ellos? ¿Orden? ¿Control? ¿Balance? Para nada, y ello se demuestra en sus acciones.” “Existen varios héroes mortales que han enfrentado a los dioses por las injusticias que han realizado o su falta de acción. Y en cuanto comienzan a olvidarlos o a perderles respeto, toman represalia, aunque nunca hubiese existido algún acto que justificase dicha acción." "Este poema es una crítica del hipócrita sistema de castas de las deidades, donde la "inmortalidad" es una farsa reservada para los poderosos, burlándose de aquellos que intentan ascender a través de buenas acciones, mientras que las masas siguen siendo meras almas para el consumo. Esta obra pues, destaca un espíritu humano profundo y rebelde contra las reglas cósmicas opresivas. Es por tal razón que debes reflexionar de cuál será la voluntad que impulsará tu vida.” “Si los mortales pueden realizar las acciones de los dioses y ascender, de igual forma un mortal, a pesar de haber alcanzado la inmortalidad, puede terminar como aquellos dioses que corrompen el verdadero significado de la divinidad."
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    // Holaaa, ¡mis amores! Aquí Remi.

    Sé que a muchos de ustedes les debo alguna entrada de rol, ya sea en muro o en mensajes, y, me disculpo por la falta de reportaje por mi parte en los últimos días. Me acaban de poner los brackets (ME DUELE UN CHINGOOOO) y ando con mucha gripe, por lo que no me esta girando el cerebro del 100% y llevo casi todas las respuestas o starters a medias. Claro, no es pretexto ni justificación, es solo mi explicación por tanta falta de cortesía en los últimos días. (,,>﹏<,,)

    Me disculpo profundamente con los que les deba algún rol, y prometo contestar en cuanto pueda. Nuevamente, una disculpa enorme por la tardanza. Gracias por su comprensión, lindos. ¡Feliz inicio de año, mucho love! (˶ᵔ ᵕ ᵔ˶)
    // Holaaa, ¡mis amores! Aquí Remi. Sé que a muchos de ustedes les debo alguna entrada de rol, ya sea en muro o en mensajes, y, me disculpo por la falta de reportaje por mi parte en los últimos días. Me acaban de poner los brackets (ME DUELE UN CHINGOOOO) y ando con mucha gripe, por lo que no me esta girando el cerebro del 100% y llevo casi todas las respuestas o starters a medias. Claro, no es pretexto ni justificación, es solo mi explicación por tanta falta de cortesía en los últimos días. (,,>﹏<,,) Me disculpo profundamente con los que les deba algún rol, y prometo contestar en cuanto pueda. Nuevamente, una disculpa enorme por la tardanza. Gracias por su comprensión, lindos. ¡Feliz inicio de año, mucho love! (˶ᵔ ᵕ ᵔ˶)
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  • Cuando fue arrastrado, no puso resistencia, tampoco es que hubiera podido pues su cuerpo estaba débil, mucho más de lo que quisiera admitir al tener aquel aspecto humano.
    Fue llevado hasta donde la multitud se había juntado, en las calles donde resonaban gritos, aplausos, algarabía y júbilo desenfrenado, antes de la música acercándose cada vez más y el confeti volando por los alrededores.

    Curioso, miraba hacia arriba antes de abrirse paso un poco entre la gente junto al moreno, pues su estatura le impedía la visión hasta que pasó de la gente y se colocó hasta el frente, finalmente pudiendo ver aquel gran desfile y colorido, haciendo su expresión suavizar antes de la fascinación.

    —¿Pero... Qué es esto?

    Cuestionó apenas, maravillado con los colores, la vibra, era todo una fiesta que, en apenas minutos, se había montado cuando todo estaba tan tranquilo hacía apenas un momento.
    Volvió su mirada a aquel hombre, queriendo explicaciones a tantas preguntas no dichas pero, que seguro, él ya se imaginaba pasaban por su cabeza con tanta novedad junta.

    Alastor ¿Esto es normal aquí?
    Cuando fue arrastrado, no puso resistencia, tampoco es que hubiera podido pues su cuerpo estaba débil, mucho más de lo que quisiera admitir al tener aquel aspecto humano. Fue llevado hasta donde la multitud se había juntado, en las calles donde resonaban gritos, aplausos, algarabía y júbilo desenfrenado, antes de la música acercándose cada vez más y el confeti volando por los alrededores. Curioso, miraba hacia arriba antes de abrirse paso un poco entre la gente junto al moreno, pues su estatura le impedía la visión hasta que pasó de la gente y se colocó hasta el frente, finalmente pudiendo ver aquel gran desfile y colorido, haciendo su expresión suavizar antes de la fascinación. —¿Pero... Qué es esto? Cuestionó apenas, maravillado con los colores, la vibra, era todo una fiesta que, en apenas minutos, se había montado cuando todo estaba tan tranquilo hacía apenas un momento. Volvió su mirada a aquel hombre, queriendo explicaciones a tantas preguntas no dichas pero, que seguro, él ya se imaginaba pasaban por su cabeza con tanta novedad junta. —[4lastor] ¿Esto es normal aquí?
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  • ──── 𝑁𝑎𝑐ℎ𝑡 𝑖𝑛 𝐷𝑒𝑢𝑡𝑠𝑐ℎ𝑙𝑎𝑛𝑑 ──── 𝑃𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡 𝐷𝑎𝑦 | 𝕮𝖍𝖆𝖕𝖙𝖊𝖗 [𝟏𝟔]

    [] 𝐵𝑒𝑟𝑙í𝑛, 𝐴𝑙𝑒𝑚𝑎𝑛𝑖𝑎 — 𝟶𝟷:𝟶𝟶 𝐴.𝑀

    Descendió del avión en el aeropuerto de Berlín-Brandeburgo con la calma de quien ha hecho ese trayecto demasiadas veces. El aire frío de enero le golpeó el rostro nada más salir de la pasarela, un recordatorio seco de que ya no estaba en Nueva York.

    Llevaba solo una maleta de mano negra, discreta, y un transportín acolchado colgado del hombro. Dentro, Francesco, su gato negro, maulló una sola vez, como reclamando atención o protestando por las horas de encierro.

    Aduanas fue un trámite rápido: pasaporte argentino, mirada neutra, respuestas cortas.

    Nadie preguntó por el gato más allá de revisar el certificado veterinario. Recogió la maleta facturada : Poco más que ropa y algunos objetos que nunca levantaban sospechas.

    Salió al vestíbulo de llegadas, donde el olor a café barato y pretzels se mezclaba con el humo de los taxis diésel.

    Tomó un taxi hacia Mitte sin dar muchas explicaciones al conductor. El hombre intentó entablar conversación sobre el tiempo y el tráfico; respondió con monosílabos hasta que el silencio se impuso.

    Desde el asiento trasero observó las luces de la ciudad deslizándose por las ventanas empañadas: la Torre de Televisión iluminada como una aguja lejana, los edificios reconstruidos que intentaban borrar cicatrices antiguas.

    Francesco se acomodó en el transportín sobre su regazo, ronroneando bajito ahora que el motor del taxi vibraba constante. Santiago pasó un dedo por la rejilla y el gato lo rozó con la nariz, un gesto breve pero familiar. Eran los únicos dos que sabían lo que venía después del check-in en el hotel.

    Veinte minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a un hotel boutique en una calle tranquila cerca de Hackescher Markt.

    Pagó en efectivo, recogió sus cosas y entró al vestíbulo de techos altos y luz tenue. El recepcionista lo saludó en inglés; él respondió en un alemán correcto pero con acento que delataba otros lugares.

    ──── 𝘋𝘢𝘴 𝘡𝘪𝘮𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘴𝘵 𝘢𝘶𝘧 𝘥𝘦𝘯 𝘕𝘢𝘮𝘦𝘯 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘪𝘦𝘳𝘵. 𝘋𝘶 𝘸𝘦𝘪ß𝘵 𝘨𝘢𝘯𝘻 𝘨𝘦𝘯𝘢𝘶, 𝘸𝘦𝘳 𝘪𝘤𝘩 𝘣𝘪𝘯. ──── (𝘏𝘢𝘣𝘪𝘵𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘥𝘢 𝘢 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰. 𝘠𝘢 𝘴𝘢𝘣𝘦 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘲𝘶𝘪é𝘯 𝘴𝘰𝘺. )

    Dijo, entregando el pasaporte. No le era necesario hacerse pasar por alguien más. Todos lo conocían allí mismo y no le importaba el anonimato; era un hotel que transcurría seguido cuándo se le solicitaba.

    Mientras firmaba el registro, Francesco volvió a maullar, esta vez más impaciente. Sonrió apenas, casi imperceptiblemente. Pronto estarían arriba, solos, y podría abrir el transportín.

    El gato saldría, exploraría la habitación con su elegancia felina, y él comenzaría a prepararse para el trabajo que lo había traído hasta Berlín.

    La noche apenas empezaba. Se quitó el saco de vestir y sentó unos momentos al borde de la cama; un tanto cansado por tantas horas de viaje y trabajo.

    ──── 𝘏𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘥𝘰; 𝘍𝘳𝘢𝘯𝘤𝘦𝘴𝘤𝘰. 𝘌𝘯 é𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘥í𝘢𝘴 𝘮𝘦 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘳á 𝘵𝘳𝘢𝘣𝘢𝘫𝘢𝘳 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦; 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘰 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘢𝘱𝘳𝘰𝘷𝘦𝘤𝘩𝘢𝘳é 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘱𝘪𝘵𝘢𝘭 𝘢𝘭𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢. ────
    ──── 𝑁𝑎𝑐ℎ𝑡 𝑖𝑛 𝐷𝑒𝑢𝑡𝑠𝑐ℎ𝑙𝑎𝑛𝑑 ──── 𝑃𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡 𝐷𝑎𝑦 | 𝕮𝖍𝖆𝖕𝖙𝖊𝖗 [𝟏𝟔] [🇩🇪] 𝐵𝑒𝑟𝑙í𝑛, 𝐴𝑙𝑒𝑚𝑎𝑛𝑖𝑎 — 𝟶𝟷:𝟶𝟶 𝐴.𝑀 Descendió del avión en el aeropuerto de Berlín-Brandeburgo con la calma de quien ha hecho ese trayecto demasiadas veces. El aire frío de enero le golpeó el rostro nada más salir de la pasarela, un recordatorio seco de que ya no estaba en Nueva York. Llevaba solo una maleta de mano negra, discreta, y un transportín acolchado colgado del hombro. Dentro, Francesco, su gato negro, maulló una sola vez, como reclamando atención o protestando por las horas de encierro. Aduanas fue un trámite rápido: pasaporte argentino, mirada neutra, respuestas cortas. Nadie preguntó por el gato más allá de revisar el certificado veterinario. Recogió la maleta facturada : Poco más que ropa y algunos objetos que nunca levantaban sospechas. Salió al vestíbulo de llegadas, donde el olor a café barato y pretzels se mezclaba con el humo de los taxis diésel. Tomó un taxi hacia Mitte sin dar muchas explicaciones al conductor. El hombre intentó entablar conversación sobre el tiempo y el tráfico; respondió con monosílabos hasta que el silencio se impuso. Desde el asiento trasero observó las luces de la ciudad deslizándose por las ventanas empañadas: la Torre de Televisión iluminada como una aguja lejana, los edificios reconstruidos que intentaban borrar cicatrices antiguas. Francesco se acomodó en el transportín sobre su regazo, ronroneando bajito ahora que el motor del taxi vibraba constante. Santiago pasó un dedo por la rejilla y el gato lo rozó con la nariz, un gesto breve pero familiar. Eran los únicos dos que sabían lo que venía después del check-in en el hotel. Veinte minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a un hotel boutique en una calle tranquila cerca de Hackescher Markt. Pagó en efectivo, recogió sus cosas y entró al vestíbulo de techos altos y luz tenue. El recepcionista lo saludó en inglés; él respondió en un alemán correcto pero con acento que delataba otros lugares. ──── 𝘋𝘢𝘴 𝘡𝘪𝘮𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘴𝘵 𝘢𝘶𝘧 𝘥𝘦𝘯 𝘕𝘢𝘮𝘦𝘯 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘪𝘦𝘳𝘵. 𝘋𝘶 𝘸𝘦𝘪ß𝘵 𝘨𝘢𝘯𝘻 𝘨𝘦𝘯𝘢𝘶, 𝘸𝘦𝘳 𝘪𝘤𝘩 𝘣𝘪𝘯. ──── (𝘏𝘢𝘣𝘪𝘵𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘥𝘢 𝘢 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰. 𝘠𝘢 𝘴𝘢𝘣𝘦 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘲𝘶𝘪é𝘯 𝘴𝘰𝘺. ) Dijo, entregando el pasaporte. No le era necesario hacerse pasar por alguien más. Todos lo conocían allí mismo y no le importaba el anonimato; era un hotel que transcurría seguido cuándo se le solicitaba. Mientras firmaba el registro, Francesco volvió a maullar, esta vez más impaciente. Sonrió apenas, casi imperceptiblemente. Pronto estarían arriba, solos, y podría abrir el transportín. El gato saldría, exploraría la habitación con su elegancia felina, y él comenzaría a prepararse para el trabajo que lo había traído hasta Berlín. La noche apenas empezaba. Se quitó el saco de vestir y sentó unos momentos al borde de la cama; un tanto cansado por tantas horas de viaje y trabajo. ──── 𝘏𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘥𝘰; 𝘍𝘳𝘢𝘯𝘤𝘦𝘴𝘤𝘰. 𝘌𝘯 é𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘥í𝘢𝘴 𝘮𝘦 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘳á 𝘵𝘳𝘢𝘣𝘢𝘫𝘢𝘳 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦; 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘰 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘢𝘱𝘳𝘰𝘷𝘦𝘤𝘩𝘢𝘳é 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘱𝘪𝘵𝘢𝘭 𝘢𝘭𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢. ────
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  • He cargado con una tempestad dentro de mí toda mi vida. ¿Crees que voy a calmar mis vientos solo porque a ti te molesta el ruido? Soy el dueño de mi propio caos, y no le debo explicaciones a nadie.
    He cargado con una tempestad dentro de mí toda mi vida. ¿Crees que voy a calmar mis vientos solo porque a ti te molesta el ruido? Soy el dueño de mi propio caos, y no le debo explicaciones a nadie.
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  • Y apareció justo cuando menos la esperaba, justo cuando creía haber cerrado ese capítulo, horas después de comernos las uvas, mi hija, mi pareja y yo. Fue una noche inolvidable pero lo que estaba por llegar lo superó con creces.

    Ella apareció, su mujer.

    Brianna salió corriendo. La había buscado durante dieciséis años y, cuando por fin la tuvo delante, se abrumó y huyó. Lo entendí, yo habría hecho lo mismo. Pero al verla bien, tan demacrada, tan abatida, comprendí enseguida que no se había ido por voluntad propia. Algo había pasado. Tampoco daba la espalda a quien le importaba por lo que le ofreció algo de comer.

    El corazón me empezó a arder, igual que la marca del brazo. Esa que debería estar apagada. No podía tener dos vínculos, lo sabía. Tenía que elegir… y no estaba dispuesto. Todo debía seguir como estaba, aunque por dentro nada lo estuviera.

    Mi pareja actual estaba fuera, comprando unos regalos para Brianna y yo me encontraba en la cocina preparándole algo de comer a mi primer amor. A la mujer que creí que sería la única, la eterna, la que me arrebataron sin explicación.

    Por lo que me contó, supe que había pasado dieciséis años en cautiverio. No pudo escapar. Sentí que la había fallado como esposo, que quizá podría haberla buscado mejor, aunque no hubiera indicios de secuestro, aunque todo apuntara a un abandono premeditado. Esa había sido la única verdad que me permitió seguir adelante.

    Quería llorar, me temblaba la voz, y algo más hondo que la voz, el alma. No quise mostrarlo. Me mostré frío, contenido, pero no le di la espalda. Nunca supe hacerlo, ella siempre me había importado y teníamos una hija en común.

    No podía creer que estuviera allí, en mi cocina, después de tantos años. Estaba aturdido, la mujer que siempre amé estaba frente a mí. Quería tocarla, comprobar que era real, pero no me atreví. No solo por respeto a mi pareja actual, sino porque apenas dos semanas antes había sellado un nuevo vínculo, cuando por fin acepté lo que sentía, cuando por fin confíe y dejé de dudar, ese vínculo no iba a ser un parche, amaba como era su pareja.
    Mi cuerpo reaccionaba antes que mi cabeza.

    Busqué a mi hija por el bosque, la seguí por su olor, deberían de hablar lo ocurrido, tenía que escucharla aunque lo más probable es que le reproche que no la hubiera esperado más. Ella siempre soñó vivir en una familia ideal, puto Disney y putos cuentos de hadas con final feliz.
    Y apareció justo cuando menos la esperaba, justo cuando creía haber cerrado ese capítulo, horas después de comernos las uvas, mi hija, mi pareja y yo. Fue una noche inolvidable pero lo que estaba por llegar lo superó con creces. Ella apareció, su mujer. Brianna salió corriendo. La había buscado durante dieciséis años y, cuando por fin la tuvo delante, se abrumó y huyó. Lo entendí, yo habría hecho lo mismo. Pero al verla bien, tan demacrada, tan abatida, comprendí enseguida que no se había ido por voluntad propia. Algo había pasado. Tampoco daba la espalda a quien le importaba por lo que le ofreció algo de comer. El corazón me empezó a arder, igual que la marca del brazo. Esa que debería estar apagada. No podía tener dos vínculos, lo sabía. Tenía que elegir… y no estaba dispuesto. Todo debía seguir como estaba, aunque por dentro nada lo estuviera. Mi pareja actual estaba fuera, comprando unos regalos para Brianna y yo me encontraba en la cocina preparándole algo de comer a mi primer amor. A la mujer que creí que sería la única, la eterna, la que me arrebataron sin explicación. Por lo que me contó, supe que había pasado dieciséis años en cautiverio. No pudo escapar. Sentí que la había fallado como esposo, que quizá podría haberla buscado mejor, aunque no hubiera indicios de secuestro, aunque todo apuntara a un abandono premeditado. Esa había sido la única verdad que me permitió seguir adelante. Quería llorar, me temblaba la voz, y algo más hondo que la voz, el alma. No quise mostrarlo. Me mostré frío, contenido, pero no le di la espalda. Nunca supe hacerlo, ella siempre me había importado y teníamos una hija en común. No podía creer que estuviera allí, en mi cocina, después de tantos años. Estaba aturdido, la mujer que siempre amé estaba frente a mí. Quería tocarla, comprobar que era real, pero no me atreví. No solo por respeto a mi pareja actual, sino porque apenas dos semanas antes había sellado un nuevo vínculo, cuando por fin acepté lo que sentía, cuando por fin confíe y dejé de dudar, ese vínculo no iba a ser un parche, amaba como era su pareja. Mi cuerpo reaccionaba antes que mi cabeza. Busqué a mi hija por el bosque, la seguí por su olor, deberían de hablar lo ocurrido, tenía que escucharla aunque lo más probable es que le reproche que no la hubiera esperado más. Ella siempre soñó vivir en una familia ideal, puto Disney y putos cuentos de hadas con final feliz.
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  • Nuestra hija ha crecido sin ti, lo digo sin reproches, pero tampoco es algo que pueda suavizarse. Tiene dieciséis años y sigue buscándote, en la gente, en los gestos, en su propio reflejo, se parece demasiado a ti para mí desgracia. Dieciséis primaveras preguntando por ti, dieciséis inviernos sin saber que responder. La dejé explorar el mundo, hacerse preguntas, equivocarse. No quise que creciera encerrada en silencios ni en rencores que no eran suyos.

    A veces me pregunta cómo hueles para seguirte el rastro. Siempre hay un segundo de pausa antes de responder, porque la verdad es que no lo recuerdo. El aroma por el que un día me desvivía se borró. No fue poco a poco, fue como un bloqueo, supongo que la mente hace lo que puede para seguir en pie.

    Ahora solo huelo a jazmín, me centro en el presente. Dejé de mirar el pasado porque cada vez que lo hacía algo dentro de mí se rompía un poco más. Aun así, la espina sigue clavada recordándome que hay cosas que nunca entendí.

    Sigo sin saber el porqué y eso escuece. No la ausencia, sino la falta de respuestas. Una herida con explicación duele, pero acaba cerrando y está herida no es así.

    Espero que ella, algún día, sepa perdonarte, de verdad lo espero, por su bien. Yo no lo haría, no por odio, sino porque ya me dejé demasiado intentando comprenderte.

    Hay algunas noches que sigue costando respirar, que tu recuerdo me asalta como una pesadilla constante, pero tengo una suerte que no merezco cuando ese aroma a Jazmín me abraza, invade mis sentidos y calma mis demonios. No se merece que malgaste ni un solo segundo que vuelva a pensar en ti, no se lo merece.
    Nuestra hija ha crecido sin ti, lo digo sin reproches, pero tampoco es algo que pueda suavizarse. Tiene dieciséis años y sigue buscándote, en la gente, en los gestos, en su propio reflejo, se parece demasiado a ti para mí desgracia. Dieciséis primaveras preguntando por ti, dieciséis inviernos sin saber que responder. La dejé explorar el mundo, hacerse preguntas, equivocarse. No quise que creciera encerrada en silencios ni en rencores que no eran suyos. A veces me pregunta cómo hueles para seguirte el rastro. Siempre hay un segundo de pausa antes de responder, porque la verdad es que no lo recuerdo. El aroma por el que un día me desvivía se borró. No fue poco a poco, fue como un bloqueo, supongo que la mente hace lo que puede para seguir en pie. Ahora solo huelo a jazmín, me centro en el presente. Dejé de mirar el pasado porque cada vez que lo hacía algo dentro de mí se rompía un poco más. Aun así, la espina sigue clavada recordándome que hay cosas que nunca entendí. Sigo sin saber el porqué y eso escuece. No la ausencia, sino la falta de respuestas. Una herida con explicación duele, pero acaba cerrando y está herida no es así. Espero que ella, algún día, sepa perdonarte, de verdad lo espero, por su bien. Yo no lo haría, no por odio, sino porque ya me dejé demasiado intentando comprenderte. Hay algunas noches que sigue costando respirar, que tu recuerdo me asalta como una pesadilla constante, pero tengo una suerte que no merezco cuando ese aroma a Jazmín me abraza, invade mis sentidos y calma mis demonios. No se merece que malgaste ni un solo segundo que vuelva a pensar en ti, no se lo merece.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    — E̶l̶ ̶S̶i̶l̶e̶n̶c̶i̶o̶ ̶d̶e̶l̶ ̶O̶r̶d̶e̶n̶

    La nieve descendía con una parsimonia que resultaba casi insultante frente al caos que acababa de extinguirse. En aquella carretera olvidada, el silencio era una entidad densa, interrumpida únicamente por el crepitar lejano de lo que alguna vez fue una ciudad y el siseo casi imperceptible del cigarrillo de Makima al consumirse.

    ​Ella se apoyó contra el metal gélido del coche, permitiendo que el peso del abrigo, empapado por una humedad que trascendía lo meteorológico, la anclara al momento. En su mejilla, una pequeña herida comenzaba a cerrarse con una eficiencia antinatural; el rastro escarlata que dejaba a su paso era la única mancha de imperfección en su palidez de porcelana. No había fatiga en sus ojos dorados, solo esa calma gélida y absoluta de quien contempla un incendio como si fuera una simple puesta de sol.

    ​Sobre el techo del vehículo, dos cuervos se posaron con un aleteo seco. La observaban con ojos inteligentes, negros y fijos, como extensiones de su propia voluntad. Eran sus únicos testigos, y los únicos que no necesitaban explicaciones.
    ​Inhaló el humo con lentitud, dejando que el calor del tabaco fuera el último vínculo con un mundo físico que ella misma estaba moldeando a su antojo. A lo lejos, las llamas bailaban contra el cielo plomizo, tiñendo las nubes de un naranja violento y tóxico. Para Makima, aquel espectáculo no era una tragedia, sino una firma. Todo había salido según lo previsto. El sacrificio no era un error de cálculo, sino la moneda de cambio; el orden, después de todo, siempre exige una cuota de sangre que solo ella estaba dispuesta a cobrar.
    ​Soltó el aire en un suspiro blanquecino que se disolvió entre los copos de nieve, una exhalación tan fría como el entorno.

    ​—Qué silencioso se vuelve el mundo cuando por fin obedece —susurró para nadie, o quizás para el destino mismo.
    ​Con un gesto despreocupado, arrojó la colilla al suelo. El pequeño punto de fuego se extinguió al instante al contacto con la escarcha, desapareciendo como las vidas que se habían apagado esa noche. Makima se enderezó, ajustándose el abrigo con una elegancia imperturbable. Aún quedaba mucho por construir sobre las cenizas, y ella tenía toda la eternidad para ser la arquitecta de esa nueva y perfecta paz.
    — E̶l̶ ̶S̶i̶l̶e̶n̶c̶i̶o̶ ̶d̶e̶l̶ ̶O̶r̶d̶e̶n̶ La nieve descendía con una parsimonia que resultaba casi insultante frente al caos que acababa de extinguirse. En aquella carretera olvidada, el silencio era una entidad densa, interrumpida únicamente por el crepitar lejano de lo que alguna vez fue una ciudad y el siseo casi imperceptible del cigarrillo de Makima al consumirse. ​Ella se apoyó contra el metal gélido del coche, permitiendo que el peso del abrigo, empapado por una humedad que trascendía lo meteorológico, la anclara al momento. En su mejilla, una pequeña herida comenzaba a cerrarse con una eficiencia antinatural; el rastro escarlata que dejaba a su paso era la única mancha de imperfección en su palidez de porcelana. No había fatiga en sus ojos dorados, solo esa calma gélida y absoluta de quien contempla un incendio como si fuera una simple puesta de sol. ​Sobre el techo del vehículo, dos cuervos se posaron con un aleteo seco. La observaban con ojos inteligentes, negros y fijos, como extensiones de su propia voluntad. Eran sus únicos testigos, y los únicos que no necesitaban explicaciones. ​Inhaló el humo con lentitud, dejando que el calor del tabaco fuera el último vínculo con un mundo físico que ella misma estaba moldeando a su antojo. A lo lejos, las llamas bailaban contra el cielo plomizo, tiñendo las nubes de un naranja violento y tóxico. Para Makima, aquel espectáculo no era una tragedia, sino una firma. Todo había salido según lo previsto. El sacrificio no era un error de cálculo, sino la moneda de cambio; el orden, después de todo, siempre exige una cuota de sangre que solo ella estaba dispuesta a cobrar. ​Soltó el aire en un suspiro blanquecino que se disolvió entre los copos de nieve, una exhalación tan fría como el entorno. ​—Qué silencioso se vuelve el mundo cuando por fin obedece —susurró para nadie, o quizás para el destino mismo. ​Con un gesto despreocupado, arrojó la colilla al suelo. El pequeño punto de fuego se extinguió al instante al contacto con la escarcha, desapareciendo como las vidas que se habían apagado esa noche. Makima se enderezó, ajustándose el abrigo con una elegancia imperturbable. Aún quedaba mucho por construir sobre las cenizas, y ella tenía toda la eternidad para ser la arquitecta de esa nueva y perfecta paz.
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