• ❅Después de haberse perdido por un largo rato en un bosque cálido, logró encontrar el rastro que le permitía volver de regreso a casa.

    Tan pronto como sus pies tocaron la nieve fresca, se dejó caer de espaldas, disfrutando las temperaturas bajas.

    Para él, el clima bajo cero era habitual...
    ... Pero no así las temperaturas altas. Las odiaba.❅
    ❅Después de haberse perdido por un largo rato en un bosque cálido, logró encontrar el rastro que le permitía volver de regreso a casa. Tan pronto como sus pies tocaron la nieve fresca, se dejó caer de espaldas, disfrutando las temperaturas bajas. Para él, el clima bajo cero era habitual... ... Pero no así las temperaturas altas. Las odiaba.❅
    Me encocora
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • - Deberé tener más cuidado la próxima vez.

    Comenta para si mismo mientras lleva sus manos a su propia espalda y estira su torso hacia adelante, mientras aun yace el cuerpo de Chroma sobre el techo de un vehículo blindado que se partió por la mitad por el descenso del Warframe.
    - Deberé tener más cuidado la próxima vez. Comenta para si mismo mientras lleva sus manos a su propia espalda y estira su torso hacia adelante, mientras aun yace el cuerpo de Chroma sobre el techo de un vehículo blindado que se partió por la mitad por el descenso del Warframe.
    0 turnos 0 maullidos
  • La madera cruje con cada cambio de peso en la sala común. No es un sonido limpio, ni agradable: es un lamento seco, antiguo, como si el lugar recordara. El humo flota bajo, atrapado entre las vigas ennegrecidas, y la luz del fuego no ilumina tanto como revela; manchas, cicatrices, sombras que no deberían estar ahí.

    Huele a grasa, a hierro, a piel mojada por la nieve y el hielo, secándose demasiado despacio.

    En una de las mesas, apartado del bullicio que ya se ha apagado, hay un hombre.

    No trata de destacar. No levanta la voz. No busca espacio. Pero lo tiene.

    Hakon Wulfson come.

    No hay prisa en sus movimientos. Tampoco placer. Mastica como quien cumple una tarea más del día, con la misma precisión con la que se afila un filo o se revisa la correa de un escudo. La carne es dura; apenas sangra. Sus manos, grandes, marcadas, sostienen el hueso con firmeza mecánica. Nudillos anchos y duros; alguno partido. Viejas fracturas mal soldadas. La piel no ha olvidado.

    Tiene la mirada baja, fija en nada concreto. No está pensando en nada que pueda nombrarse fácilmente.

    El fuego chisporrotea. Alguien ríe al fondo. Alguien estornudar. Una jarra cae. La vida sigue moviéndose en torno a él sin tocarle.

    Entonces, algo cambia.

    No es un sonido claro. No es una interrupción evidente. Es más bien una presencia que se cuela en el borde de lo perceptible.

    Hakon no levanta la cabeza de inmediato.

    Pero sus ojos se desplazan.

    El perro se acerca despacio.

    No es grande, pero tampoco pequeño. Costillas marcadas bajo el pelaje sucio, orejas alertas, paso contenido. No mendiga con descaro. No se arrastra. Se acerca como lo haría otro animal que ha aprendido a sobrevivir entre hombres: midiendo cada centímetro, cada gesto.

    Se detiene a una distancia prudente.

    Observa.

    Hakon lo mira entonces.

    Sin gesto. Sin expresión. Como si midiera la amenaza en ese cuerpo huesudo y hambriento. No la hay.

    Arranca un trozo de carne.

    Lo lanza.

    Lejos.

    No con violencia, pero sí con determinación. Una orden sin palabras.

    El perro reacciona al instante. Sale disparado, con las zarpas raspando la madera, y desaparece un segundo entre sombras y patas de bancos.

    Hakon vuelve a su comida.

    Mastica.

    Traga.

    Pero sus ojos no han vuelto del todo.

    Se quedan un instante más allá, donde el animal ha corrido. No hay emoción evidente en su rostro, ninguna grieta que delate nada… salvo algo mínimo. Un desfase. Como si mirase algo que no encaja con el resto del mundo.

    Como si no recordara haber visto algo así antes.

    O como si lo recordara, por un instante. Amargo.

    El perro regresa.

    Más rápido esta vez. Más directo. Ya no duda tanto.

    Se planta frente a él y se sienta.

    Espera.

    No ladra. No gimotea. Solo mira.

    Hakon sostiene su mirada.

    Más tiempo ahora.

    Arranca otro trozo de carne. Esta vez no lo lanza lejos. Lo deja caer justo a los pies del animal.

    El perro baja la cabeza y devora sin ceremonia, como si alguien pudiera arrebatárselo en cualquier momento. No hay gratitud. No hay sumisión. Solo hambre.

    Hakon observa.

    En silencio.

    Y por un instante; breve, casi inexistente, hay algo en sus ojos que no pertenece a un hombre que ha sobrevivido a todo lo que rompe a otros.

    Algo que no ha sido aplastado.

    Todavía no.
    La madera cruje con cada cambio de peso en la sala común. No es un sonido limpio, ni agradable: es un lamento seco, antiguo, como si el lugar recordara. El humo flota bajo, atrapado entre las vigas ennegrecidas, y la luz del fuego no ilumina tanto como revela; manchas, cicatrices, sombras que no deberían estar ahí. Huele a grasa, a hierro, a piel mojada por la nieve y el hielo, secándose demasiado despacio. En una de las mesas, apartado del bullicio que ya se ha apagado, hay un hombre. No trata de destacar. No levanta la voz. No busca espacio. Pero lo tiene. Hakon Wulfson come. No hay prisa en sus movimientos. Tampoco placer. Mastica como quien cumple una tarea más del día, con la misma precisión con la que se afila un filo o se revisa la correa de un escudo. La carne es dura; apenas sangra. Sus manos, grandes, marcadas, sostienen el hueso con firmeza mecánica. Nudillos anchos y duros; alguno partido. Viejas fracturas mal soldadas. La piel no ha olvidado. Tiene la mirada baja, fija en nada concreto. No está pensando en nada que pueda nombrarse fácilmente. El fuego chisporrotea. Alguien ríe al fondo. Alguien estornudar. Una jarra cae. La vida sigue moviéndose en torno a él sin tocarle. Entonces, algo cambia. No es un sonido claro. No es una interrupción evidente. Es más bien una presencia que se cuela en el borde de lo perceptible. Hakon no levanta la cabeza de inmediato. Pero sus ojos se desplazan. El perro se acerca despacio. No es grande, pero tampoco pequeño. Costillas marcadas bajo el pelaje sucio, orejas alertas, paso contenido. No mendiga con descaro. No se arrastra. Se acerca como lo haría otro animal que ha aprendido a sobrevivir entre hombres: midiendo cada centímetro, cada gesto. Se detiene a una distancia prudente. Observa. Hakon lo mira entonces. Sin gesto. Sin expresión. Como si midiera la amenaza en ese cuerpo huesudo y hambriento. No la hay. Arranca un trozo de carne. Lo lanza. Lejos. No con violencia, pero sí con determinación. Una orden sin palabras. El perro reacciona al instante. Sale disparado, con las zarpas raspando la madera, y desaparece un segundo entre sombras y patas de bancos. Hakon vuelve a su comida. Mastica. Traga. Pero sus ojos no han vuelto del todo. Se quedan un instante más allá, donde el animal ha corrido. No hay emoción evidente en su rostro, ninguna grieta que delate nada… salvo algo mínimo. Un desfase. Como si mirase algo que no encaja con el resto del mundo. Como si no recordara haber visto algo así antes. O como si lo recordara, por un instante. Amargo. El perro regresa. Más rápido esta vez. Más directo. Ya no duda tanto. Se planta frente a él y se sienta. Espera. No ladra. No gimotea. Solo mira. Hakon sostiene su mirada. Más tiempo ahora. Arranca otro trozo de carne. Esta vez no lo lanza lejos. Lo deja caer justo a los pies del animal. El perro baja la cabeza y devora sin ceremonia, como si alguien pudiera arrebatárselo en cualquier momento. No hay gratitud. No hay sumisión. Solo hambre. Hakon observa. En silencio. Y por un instante; breve, casi inexistente, hay algo en sus ojos que no pertenece a un hombre que ha sobrevivido a todo lo que rompe a otros. Algo que no ha sido aplastado. Todavía no.
    0 turnos 0 maullidos
  • Mientras la brisa vespertina agitaba suavemente su cabello; Martina se encontraba llegando al final de su nueva rutina de ejercicios.

    Enfundada en prendas cómodas y con una motivación rebosante se habia propuesto ganar algo de resistencia física, lo que elevaría el rendimiento en sus partidos de Voleibol. ¿Y que mejor para el cardio que correr por las tardes? Desde pequeña había sido hiperactiva y este era un buen modo de gastar esa energía que le sobraba tras acabar sus deberes de la universidad

    —...

    Mientras iba de regreso al edificio de apartamentos, se dio un momento para tomar una pausa. Necesitaba recuperar un poco el aliento y liberar tensión de sus músculos.

    Con el sudor escurriendo, tomo una bocanada de aire mientras alzaba los brazos y despedazaba su espalda.

    Es entonces que su mirada se cruza con la de un viejo conocido que casualmente pasaba por allí.

    #FreeRol
    Mientras la brisa vespertina agitaba suavemente su cabello; Martina se encontraba llegando al final de su nueva rutina de ejercicios. Enfundada en prendas cómodas y con una motivación rebosante se habia propuesto ganar algo de resistencia física, lo que elevaría el rendimiento en sus partidos de Voleibol. ¿Y que mejor para el cardio que correr por las tardes? Desde pequeña había sido hiperactiva y este era un buen modo de gastar esa energía que le sobraba tras acabar sus deberes de la universidad —... Mientras iba de regreso al edificio de apartamentos, se dio un momento para tomar una pausa. Necesitaba recuperar un poco el aliento y liberar tensión de sus músculos. Con el sudor escurriendo, tomo una bocanada de aire mientras alzaba los brazos y despedazaba su espalda. Es entonces que su mirada se cruza con la de un viejo conocido que casualmente pasaba por allí. #FreeRol
    Me encocora
    Me endiabla
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • El pasillo estaba completamente a oscuras cuando Mine llegó a la puerta de su casa. El silencio solo se rompió por el ruido de sus llaves, pero justo antes de entrar, sintió algo suave bajo su zapato. Entonces, se quedo quieto y miró al suelo.
    Era un gato negro, uno de esos callejeros que siempre tienen aspecto de no haber comido en días. El animal ni se inmutó; se limitó a mirarlo fijamente con unos ojos amarillos muy brillantes, como si estuviera juzgando a Mine antes de dejarlo pasar.

    —¿Otra vez tú? —suspiró Mine. Aunque se quejaba, su tono era más de resignación que de molestia.

    En cuanto abrió la puerta, el gato pasó por debajo de sus piernas y entró al apartamento como si fuera el dueño. No era el primero que lo hacía; ya iban tres ese mes. El anterior apenas duró un par de noches antes de irse, pero este gato parecía incluso mas necio que él mismo.
    Mine dejó el portafolios en la mesa y se quitó la chaqueta del traje, moviéndose despacio para soltar la tensión del día. Fue directo a la cocina por la bolsa de comida que había comprado la semana pasada. No es que quisiera tener una mascota, pero le parecía más sencillo darle de comer que tener al animal maullando en su puerta toda la noche.

    —Aquí tienes —dijo, dejando el plato en el suelo—. Come y vete, no te hagas ilusiones.

    El gato empezó a comer sin ninguna prisa. Mine se cruzó de brazos y se quedó mirándolo desde la entrada de la cocina. Él no era una persona afectuosa, pero cuando se acercó y le acarició el lomo, lo hizo con una suavidad que no encajaba con su apariencia de hombre duro.
    —No tienes collar... —comentó para sí mismo.

    Por un segundo imaginó cómo sería vivir con él, pero descartó la idea enseguida. Con su trabajo y las noches que pasaba fuera de casa, cuidar de alguien más era lo último que necesitaba... era un plan sin pies ni cabeza.
    Sin embargo, cuando el gato terminó su plato, se acercó a Mine y empezó a ronronear, frotándose contra su pantalón de vestir sin ningún miedo. Mine se agachó para quedar a su altura y lo miró seriamente.

    —Si mañana cuando abra los ojos todavía sigues aquí, entonces tendremos un trato.
    Y esa es la historia de como el gato adoptó a Mine.

    [[Recibo muchos gatitos en mi perfil por día, ¡No tengan miedo de mandarme mensaje! Soy buenito ]]
    El pasillo estaba completamente a oscuras cuando Mine llegó a la puerta de su casa. El silencio solo se rompió por el ruido de sus llaves, pero justo antes de entrar, sintió algo suave bajo su zapato. Entonces, se quedo quieto y miró al suelo. Era un gato negro, uno de esos callejeros que siempre tienen aspecto de no haber comido en días. El animal ni se inmutó; se limitó a mirarlo fijamente con unos ojos amarillos muy brillantes, como si estuviera juzgando a Mine antes de dejarlo pasar. —¿Otra vez tú? —suspiró Mine. Aunque se quejaba, su tono era más de resignación que de molestia. En cuanto abrió la puerta, el gato pasó por debajo de sus piernas y entró al apartamento como si fuera el dueño. No era el primero que lo hacía; ya iban tres ese mes. El anterior apenas duró un par de noches antes de irse, pero este gato parecía incluso mas necio que él mismo. Mine dejó el portafolios en la mesa y se quitó la chaqueta del traje, moviéndose despacio para soltar la tensión del día. Fue directo a la cocina por la bolsa de comida que había comprado la semana pasada. No es que quisiera tener una mascota, pero le parecía más sencillo darle de comer que tener al animal maullando en su puerta toda la noche. —Aquí tienes —dijo, dejando el plato en el suelo—. Come y vete, no te hagas ilusiones. El gato empezó a comer sin ninguna prisa. Mine se cruzó de brazos y se quedó mirándolo desde la entrada de la cocina. Él no era una persona afectuosa, pero cuando se acercó y le acarició el lomo, lo hizo con una suavidad que no encajaba con su apariencia de hombre duro. —No tienes collar... —comentó para sí mismo. Por un segundo imaginó cómo sería vivir con él, pero descartó la idea enseguida. Con su trabajo y las noches que pasaba fuera de casa, cuidar de alguien más era lo último que necesitaba... era un plan sin pies ni cabeza. Sin embargo, cuando el gato terminó su plato, se acercó a Mine y empezó a ronronear, frotándose contra su pantalón de vestir sin ningún miedo. Mine se agachó para quedar a su altura y lo miró seriamente. —Si mañana cuando abra los ojos todavía sigues aquí, entonces tendremos un trato. Y esa es la historia de como el gato adoptó a Mine. [[Recibo muchos gatitos en mi perfil por día, ¡No tengan miedo de mandarme mensaje! Soy buenito 🥺]]
    Me gusta
    Me encocora
    11
    4 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    CURIOSIDADES DE PENÉLOPE GARCÍA
    Algunas de ellas son sacadas de la wiki.
    1) Mantiene una estricta adhesión al "Código Hacker" de conducta.
    2)Es fanática de los juegos MMORPG y de las novelas de Agatha Christie.
    3)Utiliza exclusivamente un sistema operativo basado en Linux en sus computadoras.
    4)No habla español pese que la gente lo crea por su apellido.
    5) Sabe francés y ahora está aprendiendo italiano.
    6)Es vegetaliana.
    7) Tiene una gran variedad de horquillas y diademas de todos los colores.
    8) Está enamorada de Derek Morgan.
    9) No le gusta hacer ejercicio físico.
    10) Trata a Mia como si fuera su hermana menor.
    11) Su contacto de emergencia es Spencer.
    CURIOSIDADES DE PENÉLOPE GARCÍA ⚠️ Algunas de ellas son sacadas de la wiki. 1) Mantiene una estricta adhesión al "Código Hacker" de conducta. 2)Es fanática de los juegos MMORPG y de las novelas de Agatha Christie. 3)Utiliza exclusivamente un sistema operativo basado en Linux en sus computadoras. 4)No habla español pese que la gente lo crea por su apellido. 5) Sabe francés y ahora está aprendiendo italiano. 6)Es vegetaliana. 7) Tiene una gran variedad de horquillas y diademas de todos los colores. 8) Está enamorada de Derek Morgan. 9) No le gusta hacer ejercicio físico. 10) Trata a Mia como si fuera su hermana menor. 11) Su contacto de emergencia es Spencer.
    Me encocora
    2
    0 comentarios 0 compartidos
  • Ya hice espacio para ti. Deja de dar vueltas y ya ven aquí.
    -Dijo mientras daba un ligero golpe en el colchón a su lado, sosteniéndole la mirada con una sonrisa de suficiencia.-
    Ya hice espacio para ti. Deja de dar vueltas y ya ven aquí. -Dijo mientras daba un ligero golpe en el colchón a su lado, sosteniéndole la mirada con una sonrisa de suficiencia.-
    Me encocora
    Me gusta
    Me enjaja
    4
    3 turnos 0 maullidos
  • —Si tienen la oportunidad de enamorar a un español, no la desperdicien...
    —Si tienen la oportunidad de enamorar a un español, no la desperdicien...
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ¡Oh! ¡Que me has sorprendido justo cuando iba a tomar un baño! ¿Qué? ¿Que quieres lavarle la espalda a tu mami? ¡Qué niño más mimado eres! Está bien, pero no olvides que tienes que ser un buen chico.

    #SeductiveSunday
    ¡Oh! ¡Que me has sorprendido justo cuando iba a tomar un baño! ¿Qué? ¿Que quieres lavarle la espalda a tu mami? ¡Qué niño más mimado eres! Está bien, pero no olvides que tienes que ser un buen chico. #SeductiveSunday
    Me encocora
    Me gusta
    Me enjaja
    Me endiabla
    7
    3 turnos 0 maullidos
  • *Al verlo allí, tan deliciosamente despreocupado y vulnerable, me deslicé a sus espaldas. Lo rodeé con mis brazos, atrapándolo en un abrazo que mezclaba la ternura más pura con el hambre de un depredador.*

    —Debo decir, Alastor... que el cabello suelto te da un aire peligrosamente tentador —susurré a su oído—. Ahora, dime: ¿me darás tu tiempo por voluntad propia? ¿O tendré que cazarte como el gato que no piensa dejar escapar a su presa?"



    || — gracias ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒ te quedó increíble lo guardaré en mis favoritos —
    *Al verlo allí, tan deliciosamente despreocupado y vulnerable, me deslicé a sus espaldas. Lo rodeé con mis brazos, atrapándolo en un abrazo que mezclaba la ternura más pura con el hambre de un depredador.* —Debo decir, Alastor... que el cabello suelto te da un aire peligrosamente tentador —susurré a su oído—. Ahora, dime: ¿me darás tu tiempo por voluntad propia? ¿O tendré que cazarte como el gato que no piensa dejar escapar a su presa?" || — gracias [Alastor_rabbit] te quedó increíble lo guardaré en mis favoritos —
    Me gusta
    Me shockea
    Me enjaja
    Me emputece
    6
    10 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados