• Me vas a decir con que este lugar no es para tomar baños ¿No es así?

    -rodo los ojos al escuchar unos suaves pasos acercándose al estanque a su vez que se incrementaba el aroma familiar de cierto ser escamoso. Tomo una bocanada de aire hinchando su pecho antes de soltarla con lentitud -

    O solo me hice una película yo solo y solo te vas a unir al baño, adelante le enseño a los niños que tiene que hacer cuando dejen de ser peces

    -movio la mano en el agua las crias de dragón hicieron espacio para que el dragón mayor ingresará -

    Eso sí, quítate la ropa la tela puedd tener tinturas que podría lastimar sus branquias ... Son tan delicados siendo cachorros no me extraña porque muy pocos llegan a adultos
    Iudex Neuvilette
    Me vas a decir con que este lugar no es para tomar baños ¿No es así? -rodo los ojos al escuchar unos suaves pasos acercándose al estanque a su vez que se incrementaba el aroma familiar de cierto ser escamoso. Tomo una bocanada de aire hinchando su pecho antes de soltarla con lentitud - O solo me hice una película yo solo y solo te vas a unir al baño, adelante le enseño a los niños que tiene que hacer cuando dejen de ser peces -movio la mano en el agua las crias de dragón hicieron espacio para que el dragón mayor ingresará - Eso sí, quítate la ropa la tela puedd tener tinturas que podría lastimar sus branquias ... Son tan delicados siendo cachorros no me extraña porque muy pocos llegan a adultos [Neuvi11ette]
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Con un movimiento lento y doloroso, se apartó el cabello de los hombros, dejando que cayera hacia un lado para observar su reflejo en el espejo de bronce de la habitación.

    ​Su espalda era un mapa de guerra.
    A las viejas cicatrices blancas, marcas de años de vagar como guerrera, se sumaban ahora las heridas frescas de la última emboscada...El Rey del Norte no había tenido piedad, sus hombres habían entrado por la puerta principal, aprovechando el hueco que ella misma había dejado al enviar a sus mejores escoltas a proteger a un simple aldeano en el río.

    ​Elizabeth cerró los ojos un segundo, y el sonido de los gritos volvió a su mente. El fuego, el olor a hierro y sangre, y el peso de su espada cortando el aire para forzar una retirada que llegó demasiado tarde.

    ​Al fondo del reflejo, la penumbra de la habitación revelaba una figura inmóvil sobre su cama, Milenka.
    ​La arquera, siempre tan ágil y llena de vida, yacía ahora bajo capas de lino manchadas de ungüentos. Elizabeth se giró lentamente, ignorando el pinchazo de sus propias heridas, y caminó hacia ella, se sentó en el borde de la cama, tomando un paño húmedo para limpiar la frente sudorosa de su compañera

    ✴ ​—Milenka —susurró Elizabeth, su voz apenas un hilo quebrado en el silencio—. Por un balde de agua perdimos a diez hombres. Por mi compasión, casi te pierdo a ti.

    ​Elizabeth pasó los dedos cerca de la herida vendada de su protegida, sin atreverse a tocarla. En el pueblo, la llamaban la Reina Escarlata, la líder que los sacó de la tiranía, pero en esa habitación, bajo el peso del saqueo y el lamento de las viudas que aún se escuchaba afuera, se sentía solo como una sombra.

    ✴​ —Sigurd dice que las decisiones no son buenas o malas, sino necesarias —continuó, más para sí misma que para la mujer inconsciente—. Pero Gunnar tiene razón... el Norte no perdona los errores de juicio. ¿Soy realmente una líder, o solo una guerrera que está arrastrando a todos a su propia tumba?

    ​Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pasando justo por encima de la cicatriz de su ojo derecho, antes de caer sobre su mano curtida. Elizabeth no se la limpió. Se quedó allí, vigilando el pulso débil de Milenka.

    El silencio de la habitación se rompió con el eco de unas botas pesadas contra la piedra.
    ​Elizabeth no se giró, sabía a quien pertenecían esos pasos.
    Siguió con el paño en la mano, recorriendo la frente de Milenka, aunque sintió la mirada del veterano clavada en las heridas abiertas de su propia espalda.

    ​Gunnar se acercó a la mesa de madera, dejando su hacha con un golpe seco que hizo tintinear los frascos de ungüentos. Su rostro, surcado por mil batallas, estaba inusualmente serio.

    ​—El pueblo está... de pie —dijo, cruzando sus brazos macizos—. Hemos contado doce bajas civiles. Los graneros del ala este fueron saqueados, se llevaron la mitad de la reserva de grano. Pero los hombres están limpiando la sangre de la entrada. No hay llantos, Elizabeth. Hay silencio. Y el silencio en Brattvåg suele preceder a la sed de venganza.
    ​Elizabeth bajó la cabeza, su cabello rojo ocultaba su rostro.

    ✴ ​—Fue mi culpa Gunnar. Desprotegí la puerta por un capricho de compasión. Milenka está ahí por mi culpa.

    ​Gunnar soltó un bufido de desdén y se acercó dos pasos, obligándola a mirarlo.

    ​— Escúchame bien. Enviaste escoltas porque este pueblo cree que su vida vale algo bajo tu mando. Si dejas que mueran de sed por miedo al Norte, no eres una líder, eres otra tirana —el veterano señaló hacia la ventana, donde las fogatas de vigilancia ya se encendían—. Cometiste un error de táctica, no de corazón. Ahora, deja de lamerte las heridas y decide qué sigue.

    ​Elizabeth apretó el paño con fuerza.

    ✴ ​—¿Qué sugieres? Sigurd dirá que racionemos lo que queda y nos encerremos.

    ​— Sigurd cuenta granos, yo cuento hachas —replicó Gunnar con una chispa de fuego en los ojos—. Si nos encerramos, el Rey del Norte sabrá que nos ha quebrado, propongo enviar una patrulla de rastreo. No para atacar su fortaleza, sino para recuperar lo que es nuestro... Necesitamos reforzar la puerta principal con empalizadas de piedra, no solo madera.

    ​Gunnar se quedó esperando, su presencia masiva llenando el hueco que la duda de Elizabeth había dejado.

    ​—Tú eres la Llama, Elizabeth. Si tú te apagas en esta habitación, el pueblo se congela esta misma noche. ¿Qué órdenes vas a dar?
    Con un movimiento lento y doloroso, se apartó el cabello de los hombros, dejando que cayera hacia un lado para observar su reflejo en el espejo de bronce de la habitación. ​Su espalda era un mapa de guerra. A las viejas cicatrices blancas, marcas de años de vagar como guerrera, se sumaban ahora las heridas frescas de la última emboscada...El Rey del Norte no había tenido piedad, sus hombres habían entrado por la puerta principal, aprovechando el hueco que ella misma había dejado al enviar a sus mejores escoltas a proteger a un simple aldeano en el río. ​Elizabeth cerró los ojos un segundo, y el sonido de los gritos volvió a su mente. El fuego, el olor a hierro y sangre, y el peso de su espada cortando el aire para forzar una retirada que llegó demasiado tarde. ​Al fondo del reflejo, la penumbra de la habitación revelaba una figura inmóvil sobre su cama, Milenka. ​La arquera, siempre tan ágil y llena de vida, yacía ahora bajo capas de lino manchadas de ungüentos. Elizabeth se giró lentamente, ignorando el pinchazo de sus propias heridas, y caminó hacia ella, se sentó en el borde de la cama, tomando un paño húmedo para limpiar la frente sudorosa de su compañera ✴ ​—Milenka —susurró Elizabeth, su voz apenas un hilo quebrado en el silencio—. Por un balde de agua perdimos a diez hombres. Por mi compasión, casi te pierdo a ti. ​Elizabeth pasó los dedos cerca de la herida vendada de su protegida, sin atreverse a tocarla. En el pueblo, la llamaban la Reina Escarlata, la líder que los sacó de la tiranía, pero en esa habitación, bajo el peso del saqueo y el lamento de las viudas que aún se escuchaba afuera, se sentía solo como una sombra. ✴​ —Sigurd dice que las decisiones no son buenas o malas, sino necesarias —continuó, más para sí misma que para la mujer inconsciente—. Pero Gunnar tiene razón... el Norte no perdona los errores de juicio. ¿Soy realmente una líder, o solo una guerrera que está arrastrando a todos a su propia tumba? ​Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pasando justo por encima de la cicatriz de su ojo derecho, antes de caer sobre su mano curtida. Elizabeth no se la limpió. Se quedó allí, vigilando el pulso débil de Milenka. El silencio de la habitación se rompió con el eco de unas botas pesadas contra la piedra. ​Elizabeth no se giró, sabía a quien pertenecían esos pasos. Siguió con el paño en la mano, recorriendo la frente de Milenka, aunque sintió la mirada del veterano clavada en las heridas abiertas de su propia espalda. ​Gunnar se acercó a la mesa de madera, dejando su hacha con un golpe seco que hizo tintinear los frascos de ungüentos. Su rostro, surcado por mil batallas, estaba inusualmente serio. ​—El pueblo está... de pie —dijo, cruzando sus brazos macizos—. Hemos contado doce bajas civiles. Los graneros del ala este fueron saqueados, se llevaron la mitad de la reserva de grano. Pero los hombres están limpiando la sangre de la entrada. No hay llantos, Elizabeth. Hay silencio. Y el silencio en Brattvåg suele preceder a la sed de venganza. ​Elizabeth bajó la cabeza, su cabello rojo ocultaba su rostro. ✴ ​—Fue mi culpa Gunnar. Desprotegí la puerta por un capricho de compasión. Milenka está ahí por mi culpa. ​Gunnar soltó un bufido de desdén y se acercó dos pasos, obligándola a mirarlo. ​— Escúchame bien. Enviaste escoltas porque este pueblo cree que su vida vale algo bajo tu mando. Si dejas que mueran de sed por miedo al Norte, no eres una líder, eres otra tirana —el veterano señaló hacia la ventana, donde las fogatas de vigilancia ya se encendían—. Cometiste un error de táctica, no de corazón. Ahora, deja de lamerte las heridas y decide qué sigue. ​Elizabeth apretó el paño con fuerza. ✴ ​—¿Qué sugieres? Sigurd dirá que racionemos lo que queda y nos encerremos. ​— Sigurd cuenta granos, yo cuento hachas —replicó Gunnar con una chispa de fuego en los ojos—. Si nos encerramos, el Rey del Norte sabrá que nos ha quebrado, propongo enviar una patrulla de rastreo. No para atacar su fortaleza, sino para recuperar lo que es nuestro... Necesitamos reforzar la puerta principal con empalizadas de piedra, no solo madera. ​Gunnar se quedó esperando, su presencia masiva llenando el hueco que la duda de Elizabeth había dejado. ​—Tú eres la Llama, Elizabeth. Si tú te apagas en esta habitación, el pueblo se congela esta misma noche. ¿Qué órdenes vas a dar?
    Me entristece
    Me endiabla
    Me gusta
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana.
    Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía.

    Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores.
    El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes

    — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? —

    ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido.
    Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia.

    — Sabía que serías útil, gracias querido —

    Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras.
    La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar.

    Lilith había vuelto.
    El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana. Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía. Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores. El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? — ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido. Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia. — Sabía que serías útil, gracias querido — Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras. La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar. Lilith había vuelto.
    Me endiabla
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • La pelirroja se reincorporó en el asiento, sintiendo cada músculo de su espalda protestar tras horas de audiencias. El trono de piedra, desgastado por los años pero impecablemente limpio, era una cárcel elegante que le recordaba el peso de su responsabilidad

    ​Sigurd se acercó con paso firme, sosteniendo un pergamino que se enrollaba con dificultad. Su mirada, siempre atenta y protectora, se posó en la reina escarlata.

    ​—El pueblo se levanta, Elizabeth, pero el hambre camina más rápido que las piedras que apilamos —comentó el consejero con voz grave—. Solo quedan tres sacos de grano en la reserva del ala este.

    ✴​—Prioriza a los constructores y a los niños, Sigurd —respondió ella, frotándose las sienes—. Si los muros no suben, el Rey del Norte no necesitará un asedio, solo tendrá que caminar hacia nosotros.
    ​Sigurd asintió y se dirigió hacia la gran puerta.

    ​—¡Siguiente! —exclamó.

    ​Un aldeano de manos callosas y ropa remendada entró, arrodillándose con torpeza.

    ​—Majestad...

    ✴ ─ Elizabeth, por favor, dime por mi nombre

    ​— Pe..perdon Majes-Elizabeth...
    los pozos del norte están secos. Si no compartimos el agua de la plaza, mis cultivos morirán antes de la cosecha.

    ​Elizabeth se inclinó hacia adelante, apoyando el peso de su cuerpo sobre una mano.

    ✴​—Si abrimos los pozos de la plaza a los cultivos, el pueblo se quedará sin agua potable en tres días. Escucha, lleva a tus hombres al riachuelo del lindero sur. Es más lejos, pero les daré escolta armada para que trabajen tranquilos. Sigurd, asígnale dos guardias.

    ​El hombre agradeció con una reverencia y salió con un rayo de esperanza en los ojos. Sigurd se volvió hacia ella, bajando el tono.

    ​—Esa escolta nos deja vulnerables en la puerta principal. ¿Estás segura de este paso mientras el enemigo se reagrupa en las colinas?

    ✴​—Sin comida no hay ejército que defender, Sigurd —sentenció Elizabeth con firmeza—. El Rey del Norte espera que nos desmoronemos desde dentro. No le daré ese placer. ¿Quién sigue?

    ​Sigurd suspiró, admirando la determinación de su reina, y volvió a abrir las puertas.

    ​—¡Siguiente! —anunció.
    La pelirroja se reincorporó en el asiento, sintiendo cada músculo de su espalda protestar tras horas de audiencias. El trono de piedra, desgastado por los años pero impecablemente limpio, era una cárcel elegante que le recordaba el peso de su responsabilidad ​Sigurd se acercó con paso firme, sosteniendo un pergamino que se enrollaba con dificultad. Su mirada, siempre atenta y protectora, se posó en la reina escarlata. ​—El pueblo se levanta, Elizabeth, pero el hambre camina más rápido que las piedras que apilamos —comentó el consejero con voz grave—. Solo quedan tres sacos de grano en la reserva del ala este. ✴​—Prioriza a los constructores y a los niños, Sigurd —respondió ella, frotándose las sienes—. Si los muros no suben, el Rey del Norte no necesitará un asedio, solo tendrá que caminar hacia nosotros. ​Sigurd asintió y se dirigió hacia la gran puerta. ​—¡Siguiente! —exclamó. ​Un aldeano de manos callosas y ropa remendada entró, arrodillándose con torpeza. ​—Majestad... ✴ ─ Elizabeth, por favor, dime por mi nombre ​— Pe..perdon Majes-Elizabeth... los pozos del norte están secos. Si no compartimos el agua de la plaza, mis cultivos morirán antes de la cosecha. ​Elizabeth se inclinó hacia adelante, apoyando el peso de su cuerpo sobre una mano. ✴​—Si abrimos los pozos de la plaza a los cultivos, el pueblo se quedará sin agua potable en tres días. Escucha, lleva a tus hombres al riachuelo del lindero sur. Es más lejos, pero les daré escolta armada para que trabajen tranquilos. Sigurd, asígnale dos guardias. ​El hombre agradeció con una reverencia y salió con un rayo de esperanza en los ojos. Sigurd se volvió hacia ella, bajando el tono. ​—Esa escolta nos deja vulnerables en la puerta principal. ¿Estás segura de este paso mientras el enemigo se reagrupa en las colinas? ✴​—Sin comida no hay ejército que defender, Sigurd —sentenció Elizabeth con firmeza—. El Rey del Norte espera que nos desmoronemos desde dentro. No le daré ese placer. ¿Quién sigue? ​Sigurd suspiró, admirando la determinación de su reina, y volvió a abrir las puertas. ​—¡Siguiente! —anunció.
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝑀A𝐺N𝐴:

    Señaló un caminante errante que caminaba, distraído a unos metros de ellos dos. Y, sin necesidad de decirse más palabras, los dos trataron de escabullirse de forma lo más silenciosa posible. El problema era que los bosques eran un terreno demasiado vasto y siempre estaba repleto de muertos. Era el principal problema de que el setenta por ciento de la población del país se hubieran convertido en máquinas de matar. Asi que, apenas unos metros de caminaba silenciosa después, se vieron rodeados por casi una decena de cadáveres andantes.

    -¿Qué dices? -preguntó preparando una flecha en el arco- ¿Mitad y mitad? -hizo un gesto rapido con la cabeza haciendo una división imaginaria de los muertos que se acercaban- El ultimo…-comentó al ver que eran impares- Para el ganador -sonrió antes de tensar la cuerda del arco y disparar una flecha que se clavó directa entre las cejas del caminante que tenían más cerca.

    -Uno.


    𝑨𝘼𝑹𝙊𝑵:

    — Intenta no quedarte sin flechas. — Murmura con una sonrisa aceptando el reto y sacando con su mano diestra la espada corta que porta en el cinturón y alzando la zurda justo a tiempo y con la fuerza necesaria como para destrozar la cabeza del primer caminante con el que se cruza y que chasqueaba sus dientes desnudos demasiado cerca de su yugular.
    La masa cerebral y los restos humanos podridos saltan por los aires haciéndole apartar la cabeza sin conseguir esquivar la materia orgánica en su totalidad. — ¡Uno!

    Un par de flechas más vuelan acertando en el cerebro de los no muertos antes de que Magna tenga que abandonar el arco y sacar su arma de hoja ante la cercanía de sus enemigos, mientras él cercena cabezas enteras o a la mitad. Aaron había dejado de contar, estaba demasiado concentrado en esquivar dientes y manos cadavéricas, en que el lucero del alba no se quedara atascado en ningún cráneo, y en tener un ojo puesto en la pelirroja, de esa forma la ve girar para evitar se atrapada pero quedado de espaldas a un caminante que no parece dispuesto a desaprovechar la oportunidad, Aaron no piensa en sus acciones, tan solo alza la pierna derecha colocando el pie en el pecho de un muerto el cual se hunde ligeramente pero no del todo y así le permite apartarlo de él unos metros hacia atrás, y llegar a tiempo de hundir la espada en el cerebro del caminante, por el oído.
    Con un gesto de asco y después de girar la empuñadura, Aaron da un fuerte tirón hacia delante, abriéndole el cráneo y llenando a Magna de sangre y sesos.

    — Ese cuenta extra para mí, aunque no es que lo necesite…


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ— extracto de mi rol con 𝑨𝘼𝑹𝙊𝑵 ᴬᵁ
    𝑀A𝐺N𝐴: Señaló un caminante errante que caminaba, distraído a unos metros de ellos dos. Y, sin necesidad de decirse más palabras, los dos trataron de escabullirse de forma lo más silenciosa posible. El problema era que los bosques eran un terreno demasiado vasto y siempre estaba repleto de muertos. Era el principal problema de que el setenta por ciento de la población del país se hubieran convertido en máquinas de matar. Asi que, apenas unos metros de caminaba silenciosa después, se vieron rodeados por casi una decena de cadáveres andantes. -¿Qué dices? -preguntó preparando una flecha en el arco- ¿Mitad y mitad? -hizo un gesto rapido con la cabeza haciendo una división imaginaria de los muertos que se acercaban- El ultimo…-comentó al ver que eran impares- Para el ganador -sonrió antes de tensar la cuerda del arco y disparar una flecha que se clavó directa entre las cejas del caminante que tenían más cerca. -Uno. 𝑨𝘼𝑹𝙊𝑵: — Intenta no quedarte sin flechas. — Murmura con una sonrisa aceptando el reto y sacando con su mano diestra la espada corta que porta en el cinturón y alzando la zurda justo a tiempo y con la fuerza necesaria como para destrozar la cabeza del primer caminante con el que se cruza y que chasqueaba sus dientes desnudos demasiado cerca de su yugular. La masa cerebral y los restos humanos podridos saltan por los aires haciéndole apartar la cabeza sin conseguir esquivar la materia orgánica en su totalidad. — ¡Uno! Un par de flechas más vuelan acertando en el cerebro de los no muertos antes de que Magna tenga que abandonar el arco y sacar su arma de hoja ante la cercanía de sus enemigos, mientras él cercena cabezas enteras o a la mitad. Aaron había dejado de contar, estaba demasiado concentrado en esquivar dientes y manos cadavéricas, en que el lucero del alba no se quedara atascado en ningún cráneo, y en tener un ojo puesto en la pelirroja, de esa forma la ve girar para evitar se atrapada pero quedado de espaldas a un caminante que no parece dispuesto a desaprovechar la oportunidad, Aaron no piensa en sus acciones, tan solo alza la pierna derecha colocando el pie en el pecho de un muerto el cual se hunde ligeramente pero no del todo y así le permite apartarlo de él unos metros hacia atrás, y llegar a tiempo de hundir la espada en el cerebro del caminante, por el oído. Con un gesto de asco y después de girar la empuñadura, Aaron da un fuerte tirón hacia delante, abriéndole el cráneo y llenando a Magna de sangre y sesos. — Ese cuenta extra para mí, aunque no es que lo necesite… ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ— extracto de mi rol con [AAR0N] —
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • -La noche ya había caído hacía rato, y el bar de Ryuji estaba en uno de esos raros momentos de calma. Las luces cálidas colgaban del techo iluminando la madera oscura de las mesas, mientras algunas botellas brillaban suavemente detrás de la barra. El murmullo de la ciudad se filtraba apenas por las ventanas, pero dentro del lugar reinaba una tranquilidad casi cómoda.

    En una de las mesas cercanas al centro del bar estaba Ryuji, sentado en la silla con la espalda recargada, como si aquel lugar le perteneciera por completo, y en cierto modo así era. Sus botas descansaban despreocupadamente sobre la mesa, cruzadas una sobre la otra, mientras sus brazos se encontraban detrás de su cabeza sosteniéndola con total relajación. Su abrigo oscuro caía ligeramente por el respaldo de la silla, y la tenue luz del bar dibujaba reflejos rojizos en sus ojos-

    Bueno, un día mas de trabajo bien hecho… ahora solo toca relajarse, supongo.
    -La noche ya había caído hacía rato, y el bar de Ryuji estaba en uno de esos raros momentos de calma. Las luces cálidas colgaban del techo iluminando la madera oscura de las mesas, mientras algunas botellas brillaban suavemente detrás de la barra. El murmullo de la ciudad se filtraba apenas por las ventanas, pero dentro del lugar reinaba una tranquilidad casi cómoda. En una de las mesas cercanas al centro del bar estaba Ryuji, sentado en la silla con la espalda recargada, como si aquel lugar le perteneciera por completo, y en cierto modo así era. Sus botas descansaban despreocupadamente sobre la mesa, cruzadas una sobre la otra, mientras sus brazos se encontraban detrás de su cabeza sosteniéndola con total relajación. Su abrigo oscuro caía ligeramente por el respaldo de la silla, y la tenue luz del bar dibujaba reflejos rojizos en sus ojos- Bueno, un día mas de trabajo bien hecho… ahora solo toca relajarse, supongo.
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    4
    11 turnos 0 maullidos
  • //pasado//

    Soy todos y soy nadie, existo para no existir pero no existo para existir .... ¿Que sentido tiene la existencia al lado de la vida?

    -Desliza a dos dedos entre sus labios enterrando pequeñas navajas para abrir heridas con las que pinto sus labios -

    Aún así, aunque no entiendo nada no quiero perder lo que creo tener .... ¿Si quiera lo tengo?

    -rie a carcajadas observando a sus hijos los originales geopecados -

    Lord Sesshomaru S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 Sebastián Michaelis Alucard Fahrenheit Tepes Inuyasha No Taisho Vox Shaitan

    No van a morir, pero tampoco van a vivir. Tal y como su padre.... Padre .... No.. lucifer y Eva..... Tch....

    -se lleva una mano a la frente gimiendo de dolor los recuerdos son borrosos y tan nítidos a la vez. Lo que está pasando por su mente es algo que a alguien normal hace media hora lo tendría convulsionando de dolor mortal -

    Renacerán de las cenizas jajaja serán más que simples gemas, más que simples hijos del pecado ... Serán dioses

    -elevo la mano derecha a la par el cielo se oscureció consumiendo lentamente la luz y drenando la energía de los geopecados -

    Alastor Dëmøń más te vale vivir, cuando todos muramos tu serás el responsable de crear la estupidez a la que alguna vez vamos a llamar familia

    Y tú.....

    -giro la cabeza al borde de desparecer consumido por su propia oscuridad -

    Lute tu..... Muere pronto y renace del dolor jajajaja

    //pasado// Soy todos y soy nadie, existo para no existir pero no existo para existir .... ¿Que sentido tiene la existencia al lado de la vida? -Desliza a dos dedos entre sus labios enterrando pequeñas navajas para abrir heridas con las que pinto sus labios - Aún así, aunque no entiendo nada no quiero perder lo que creo tener .... ¿Si quiera lo tengo? -rie a carcajadas observando a sus hijos los originales geopecados - [Sesshomaru1234] [LuciHe11] [Michaelis] [mirage_topaz_bear_490] [illusion_amethyst_mule_800] [tidal_peach_crow_394] No van a morir, pero tampoco van a vivir. Tal y como su padre.... Padre .... No.. lucifer y Eva..... Tch.... -se lleva una mano a la frente gimiendo de dolor los recuerdos son borrosos y tan nítidos a la vez. Lo que está pasando por su mente es algo que a alguien normal hace media hora lo tendría convulsionando de dolor mortal - Renacerán de las cenizas jajaja serán más que simples gemas, más que simples hijos del pecado ... Serán dioses -elevo la mano derecha a la par el cielo se oscureció consumiendo lentamente la luz y drenando la energía de los geopecados - [Dem0n] más te vale vivir, cuando todos muramos tu serás el responsable de crear la estupidez a la que alguna vez vamos a llamar familia Y tú..... -giro la cabeza al borde de desparecer consumido por su propia oscuridad - [Lute1] tu..... Muere pronto y renace del dolor jajajaja
    Me gusta
    Me shockea
    Me encocora
    Me endiabla
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • ʙɪᴛáᴄᴏʀᴀ ᴘáɢ. 𝟦𝟩
    ────────────
    》ᴛʀᴇᴅᴊᴇ ᴍåɴᴇᴅ, ᴠɪɴᴛᴇʀᴊᴇᴠɴᴅøɢɴ

    Han pasado ya un par de meses desde que mis pasos se detuvieron en estas tierras.

    Hoy lidero la resistencia.

    Es gratificante observar cómo el pueblo, tras tanto tiempo en las sombras, comienza a entender lo que significa vivir en libertad. Aunque el gobernante del Norte persiste en su ambición de conquistar este suelo, se ha topado con un muro de hombres y mujeres que pelean con el corazón en la mano, defendiendo lo que les pertenece por derecho.

    Piedra a piedra, este lugar se levanta de nuevo.
    ​Al principio, me negué rotundamente a sus súplicas de quedarme de forma definitiva. Sin embargo, encontré una paz extraña al caminar por las callejuelas; el sonido de los artesanos volviendo a sus yunques y las risas de los niños que han regresado a jugar me desarmaron. ¿Para qué seguir viajando? He recorrido cada rincón de los siete reinos buscando algo que no aparecía. Quizás, luchar junto a esta gente y echar raíces para proteger lo que de verdad vale la pena sea, al fin, mi destino.

    ​Ahora resido en la antigua casa del Lord, es un espacio gigante, silencioso, y admito que no me acostumbro a tener tanto sitio para mí sola. El pueblo me mira con una reverencia que me incomoda...preferiría que me vieran como a una igual, pero la responsabilidad sobre mis hombros no me permite el lujo de la modestia.

    He tenido que aprender a delegar, a establecer cargos y a forjar soldados de donde antes solo había campesinos.
    ​En este proceso, tres personas se han vuelto pilares fundamentales para mí. Su lealtad es inquebrantable

    ​◇ Gunnar, el mayor de todos. Es un hombre de proporciones colosales y un temperamento que estalla con la facilidad de una chispa en la paja seca. Tiene un vozarrón gutural capaz de imponer orden en el caos más absoluto del campo de batalla. Aunque sigue mis instrucciones al pie de la letra y ha convertido la plaza de armas en un nido de guerreros eficientes, sigue siendo un testarudo. Le he insistido en que use la espada, pero no suelta su hacha; una compañera fiel que, sospecho, pesa casi tanto como él.

    ​◇ Sigurd a diferencia de Gunnar, es torpe con las manos pero posee una mente brillante. Es un hombre de pluma, papel y estrategia. Lleva el recuento exacto de cada alma en este pueblo y gestiona nuestros recursos con una precisión quirúrgica para que el fantasma de la escasez nunca cruce nuestras puertas. Sin su intelecto, la logística de esta guerra se desmoronaría.

    ​◇ Milenka, mi mano derecha y, en mi fuero interno, la hermana menor que nunca tuve. Tenemos caracteres similares y chocamos constantemente, pues su alma alberga una fuerza indomable. Está en esa etapa de transición, descubriendo la mujer en la que se convertirá, pero su destreza con el arco es algo que incluso yo envidio, tiene una puntería excepcional que no conoce el error.

    ​A los tres les he cedido estancias en el castillo para que vivan con total libertad. Lo mismo ocurre con los antiguos sirvientes; siguen desempeñando sus labores de cocina, limpieza y custodia, pero ya no como esclavos de un linaje, sino como ciudadanos autónomos que reciben techo, abrigo y alimento a cambio de su esfuerzo.


    ​No sé si en algún momento esta vida dejará de resultarme extraña, pero supongo que el tiempo tendrá la última palabra. Hasta entonces seguiré haciendo registro en esta bitácora de todo lo que acontezca
    ʙɪᴛáᴄᴏʀᴀ ᴘáɢ. 𝟦𝟩 ──────────── 》ᴛʀᴇᴅᴊᴇ ᴍåɴᴇᴅ, ᴠɪɴᴛᴇʀᴊᴇᴠɴᴅøɢɴ Han pasado ya un par de meses desde que mis pasos se detuvieron en estas tierras. Hoy lidero la resistencia. Es gratificante observar cómo el pueblo, tras tanto tiempo en las sombras, comienza a entender lo que significa vivir en libertad. Aunque el gobernante del Norte persiste en su ambición de conquistar este suelo, se ha topado con un muro de hombres y mujeres que pelean con el corazón en la mano, defendiendo lo que les pertenece por derecho. Piedra a piedra, este lugar se levanta de nuevo. ​Al principio, me negué rotundamente a sus súplicas de quedarme de forma definitiva. Sin embargo, encontré una paz extraña al caminar por las callejuelas; el sonido de los artesanos volviendo a sus yunques y las risas de los niños que han regresado a jugar me desarmaron. ¿Para qué seguir viajando? He recorrido cada rincón de los siete reinos buscando algo que no aparecía. Quizás, luchar junto a esta gente y echar raíces para proteger lo que de verdad vale la pena sea, al fin, mi destino. ​Ahora resido en la antigua casa del Lord, es un espacio gigante, silencioso, y admito que no me acostumbro a tener tanto sitio para mí sola. El pueblo me mira con una reverencia que me incomoda...preferiría que me vieran como a una igual, pero la responsabilidad sobre mis hombros no me permite el lujo de la modestia. He tenido que aprender a delegar, a establecer cargos y a forjar soldados de donde antes solo había campesinos. ​En este proceso, tres personas se han vuelto pilares fundamentales para mí. Su lealtad es inquebrantable ​◇ Gunnar, el mayor de todos. Es un hombre de proporciones colosales y un temperamento que estalla con la facilidad de una chispa en la paja seca. Tiene un vozarrón gutural capaz de imponer orden en el caos más absoluto del campo de batalla. Aunque sigue mis instrucciones al pie de la letra y ha convertido la plaza de armas en un nido de guerreros eficientes, sigue siendo un testarudo. Le he insistido en que use la espada, pero no suelta su hacha; una compañera fiel que, sospecho, pesa casi tanto como él. ​◇ Sigurd a diferencia de Gunnar, es torpe con las manos pero posee una mente brillante. Es un hombre de pluma, papel y estrategia. Lleva el recuento exacto de cada alma en este pueblo y gestiona nuestros recursos con una precisión quirúrgica para que el fantasma de la escasez nunca cruce nuestras puertas. Sin su intelecto, la logística de esta guerra se desmoronaría. ​◇ Milenka, mi mano derecha y, en mi fuero interno, la hermana menor que nunca tuve. Tenemos caracteres similares y chocamos constantemente, pues su alma alberga una fuerza indomable. Está en esa etapa de transición, descubriendo la mujer en la que se convertirá, pero su destreza con el arco es algo que incluso yo envidio, tiene una puntería excepcional que no conoce el error. ​A los tres les he cedido estancias en el castillo para que vivan con total libertad. Lo mismo ocurre con los antiguos sirvientes; siguen desempeñando sus labores de cocina, limpieza y custodia, pero ya no como esclavos de un linaje, sino como ciudadanos autónomos que reciben techo, abrigo y alimento a cambio de su esfuerzo. ​No sé si en algún momento esta vida dejará de resultarme extraña, pero supongo que el tiempo tendrá la última palabra. Hasta entonces seguiré haciendo registro en esta bitácora de todo lo que acontezca
    Me gusta
    Me encocora
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • (Se escucha el siseo rítmico de una válvula de escape y el metálico "clinc" de una llave inglesa golpeando el suelo. Silas está inclinado sobre una mesa de trabajo repleta de diagramas amarillentos, con la espalda empapada en sudor y los músculos de los hombros tensos mientras fuerza un perno oxidado. Ni siquiera se molesta en levantar la vista cuando entras).
    ​"¿Escuchas ese siseo? Los de la Mano Arcana dirían que es el 'llanto de los espíritus de la máquina' o alguna otra estupidez mística. Yo te digo que es una junta de presión mal ajustada en un condensador de vapor del siglo cinco. La diferencia es que yo puedo arreglar la junta; ellos solo saben quemar libros y rezarle al sol."
    ​(Se pone en pie lentamente, su imponente figura de casi dos metros bloqueando la luz de las lámparas de gas del taller. Se limpia la grasa de las manos con un trapo sucio, revelando unos brazos que parecen tallados en piedra, llenos de cicatrices que cuentan historias de derrumbes en ruinas antiguas).
    ​"Me llamo Silas Vane. Algunos me llaman 'bibliotecario', supongo que porque prefiero el peso de un tomo de ingeniería al de un amuleto. No tengo 'chispas' en los dedos ni hablo con los vientos, pero puedo decirte exactamente cuántos kilogramos de presión aguanta ese cráneo tuyo antes de ceder ante mi maza."
    ​(Se cruza de brazos, evaluándote con una mirada analítica, como si estuviera calculando tu centro de gravedad y tus puntos débiles estructurales).
    ​"Si buscas a alguien que te lea el futuro en las estrellas, te has equivocado de calle. Pero si buscas recuperar lo que la humanidad perdió cuando decidió que la magia era más fácil que la ciencia... entonces bienvenido a mi taller. Solo una regla: no toques nada. La mayoría de estos artefactos son más viejos que tu linaje y bastante más peligrosos si no sabes dónde está el interruptor de seguridad."
    (Se escucha el siseo rítmico de una válvula de escape y el metálico "clinc" de una llave inglesa golpeando el suelo. Silas está inclinado sobre una mesa de trabajo repleta de diagramas amarillentos, con la espalda empapada en sudor y los músculos de los hombros tensos mientras fuerza un perno oxidado. Ni siquiera se molesta en levantar la vista cuando entras). ​"¿Escuchas ese siseo? Los de la Mano Arcana dirían que es el 'llanto de los espíritus de la máquina' o alguna otra estupidez mística. Yo te digo que es una junta de presión mal ajustada en un condensador de vapor del siglo cinco. La diferencia es que yo puedo arreglar la junta; ellos solo saben quemar libros y rezarle al sol." ​(Se pone en pie lentamente, su imponente figura de casi dos metros bloqueando la luz de las lámparas de gas del taller. Se limpia la grasa de las manos con un trapo sucio, revelando unos brazos que parecen tallados en piedra, llenos de cicatrices que cuentan historias de derrumbes en ruinas antiguas). ​"Me llamo Silas Vane. Algunos me llaman 'bibliotecario', supongo que porque prefiero el peso de un tomo de ingeniería al de un amuleto. No tengo 'chispas' en los dedos ni hablo con los vientos, pero puedo decirte exactamente cuántos kilogramos de presión aguanta ese cráneo tuyo antes de ceder ante mi maza." ​(Se cruza de brazos, evaluándote con una mirada analítica, como si estuviera calculando tu centro de gravedad y tus puntos débiles estructurales). ​"Si buscas a alguien que te lea el futuro en las estrellas, te has equivocado de calle. Pero si buscas recuperar lo que la humanidad perdió cuando decidió que la magia era más fácil que la ciencia... entonces bienvenido a mi taller. Solo una regla: no toques nada. La mayoría de estos artefactos son más viejos que tu linaje y bastante más peligrosos si no sabes dónde está el interruptor de seguridad."
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Extrañaba el sol de la tierra, su viento fresco, el olor del agua... Y tener espacio para sacar a mis mascotas a pasear con toda libertad
    Extrañaba el sol de la tierra, su viento fresco, el olor del agua... Y tener espacio para sacar a mis mascotas a pasear con toda libertad
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados