• El eco de las sirenas se pierde con el ventarrón nocturno. Desde las alturas, la ciudad parece tan indómita como impasible; mas el incandescente escenario teñido de neón esconde a quienes se atreven a vivir como si no existiera el peligro de la obliteración.

    Fauces impredecibles, silenciosas y disformes advirtieron, pero quienes decidieron no escuchar frustran el frágil ordenamiento que impide un nuevo colapso.

    Perseguidos, castigados. No obstante, la retribución carece de sentido ante la laxitud nacida de la necesidad. Y quien desentiende la misericordia declara que no hay lugar para la reinserción.

    No todo puede salvarse: la carne se viste de pecado, y es su labor desollar a los lobos entre corderos.

    Una sombra que se vuelve mito urbano; brutalidad que escandaliza, pero que, por algún motivo, es encubierta para no tentar a la desobediencia colectiva. Reclamarán justicia humana quienes son los primeros en ofenderla.

    El recuerdo carmesí, inmortalizado en el pavimento: una vida que solo genera decepción e hiriente frustración. La voz enmudecida y el terror se manifiestan eternamente en los maxilares; una advertencia para quienes escuchan a través de la sombra, un terror viviente para quienes temen, y absolución para aquellos a quienes encuentra bajo su rojiza mirada.

    Desnudada la carcasa de la humanidad, contempla las cuencas vacías bajo la oscuridad formada por la capucha. Una extremidad que ya no se molesta en ocultar; el reflejo de presionar y hacer crujir las contadas soldaduras del ejemplar óseo.

    Era una noche más en la nueva ciudad fundada tras la catástrofe del Limbo. Dormirán y reirán quienes necesiten refugiarse en la ignorancia; los ángeles son reales y están dispuestos a acechar desde las alturas.

    Malaventurado quien encuentre en la noche a su cómplice.
    El eco de las sirenas se pierde con el ventarrón nocturno. Desde las alturas, la ciudad parece tan indómita como impasible; mas el incandescente escenario teñido de neón esconde a quienes se atreven a vivir como si no existiera el peligro de la obliteración. Fauces impredecibles, silenciosas y disformes advirtieron, pero quienes decidieron no escuchar frustran el frágil ordenamiento que impide un nuevo colapso. Perseguidos, castigados. No obstante, la retribución carece de sentido ante la laxitud nacida de la necesidad. Y quien desentiende la misericordia declara que no hay lugar para la reinserción. No todo puede salvarse: la carne se viste de pecado, y es su labor desollar a los lobos entre corderos. Una sombra que se vuelve mito urbano; brutalidad que escandaliza, pero que, por algún motivo, es encubierta para no tentar a la desobediencia colectiva. Reclamarán justicia humana quienes son los primeros en ofenderla. El recuerdo carmesí, inmortalizado en el pavimento: una vida que solo genera decepción e hiriente frustración. La voz enmudecida y el terror se manifiestan eternamente en los maxilares; una advertencia para quienes escuchan a través de la sombra, un terror viviente para quienes temen, y absolución para aquellos a quienes encuentra bajo su rojiza mirada. Desnudada la carcasa de la humanidad, contempla las cuencas vacías bajo la oscuridad formada por la capucha. Una extremidad que ya no se molesta en ocultar; el reflejo de presionar y hacer crujir las contadas soldaduras del ejemplar óseo. Era una noche más en la nueva ciudad fundada tras la catástrofe del Limbo. Dormirán y reirán quienes necesiten refugiarse en la ignorancia; los ángeles son reales y están dispuestos a acechar desde las alturas. Malaventurado quien encuentre en la noche a su cómplice.
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  • La desaparición de Kagehiro fue como el rastro de humo de un cigarrillo en una habitación sin ventilación...simplemente dejó de estar allí.

    El mundo literario, con su memoria de pez, llenó el vacío con conjeturas vacías. Se hablaba de una enfermedad degenerativa, de un exilio espiritual en una isla remota o de un enredo legal tan complejo como una novela de Kafka.
    Nadie sabía nada. En el fondo, a nadie le importaba lo suficiente. El mundo del entretenimiento es una máquina que no tolera los espacios en blanco; si alguien se retira, la máquina simplemente ajusta sus engranajes y sigue girando buscando alguien nuevo para seguir trabajando.

    Cuando se anunció la adaptación de su obra al formato de serie en Corea del Sur, Kagehiro se limitó a enviar una nota breve, casi aséptica. No hubo conferencias de prensa ni confesiones sentimentales. Se limitó a decir, con esa frialdad técnica que lo caracterizaba, que le complacía que sus historias encontraran un eco en Seúl. Nada más. Nada menos.

    Pasó un año. Un año de grabaciones, de cortes de edición y de silencios acumulados. Entonces llegó la invitación para la alfombra roja.

    "Necesito una invitación adicional, te adjunto los datos de la persona" mando e-mail Kagehiro a su manager.

    Fue la única instrucción que recibió su manager. No era una petición; era una orden, de esas que él nunca daba porque siempre andaba de apático. Por primera vez en años, Kagehiro no solo asistiría, sino que traería consigo una pieza del rompecabezas que había mantenido oculto.

    Cuando el manager vio el nombre para la segunda acreditación, comprendió que los rumores habían fallado en su objetivo, como una flecha disparada en la oscuridad. No se trataba de una mujer. Había algo profundamente irónico en ello: el hombre que había diseccionado el deseo femenino en sus novelas eróticas, el autor que había cartografiado el romance sentimental con una precisión casi quirúrgica, se disponía a caminar hacia la luz tomado de la mano de otro hombre.

    La noche del estreno tenía ese aire pesado de las ciudades antes de la lluvia. Al bajar del coche, el estruendo de los flashes y las preguntas fue inmediato.

    Las cámaras buscaban una grieta, una señal de arrepentimiento o de escándalo. Hubo voces teñidas de esa homofobia rancia que aún flota en el aire de las ciudades modernas con el tradicionalismo asiático, olvidando que por años siempre ha existido la diversidad de preferencia sexual y géneros con otros nombres; pero también hubo gritos de aceptación, de fans que intentaban encontrar los fragmentos de esa relación oculta en las páginas de sus libros.

    Takeo, sin embargo, no parecía escuchar el ruido.

    Sonreía con esa clase de felicidad silenciosa que no necesita ser explicada, una felicidad que se siente como escuchar su viejo disco de jazz en un domingo por la tarde.

    Takeo lo sostenía de la mano, lo mantenía cerca, con una naturalidad que hacía que el resto del mundo pareciera una puesta en escena innecesaria.
    En ese momento, entre el asfalto ligeramente mojado y las luces, no había miedo.

    Solo dos hombres que habían decidido que el tiempo de las sombras había terminado. - -
    La desaparición de Kagehiro fue como el rastro de humo de un cigarrillo en una habitación sin ventilación...simplemente dejó de estar allí. El mundo literario, con su memoria de pez, llenó el vacío con conjeturas vacías. Se hablaba de una enfermedad degenerativa, de un exilio espiritual en una isla remota o de un enredo legal tan complejo como una novela de Kafka. Nadie sabía nada. En el fondo, a nadie le importaba lo suficiente. El mundo del entretenimiento es una máquina que no tolera los espacios en blanco; si alguien se retira, la máquina simplemente ajusta sus engranajes y sigue girando buscando alguien nuevo para seguir trabajando. Cuando se anunció la adaptación de su obra al formato de serie en Corea del Sur, Kagehiro se limitó a enviar una nota breve, casi aséptica. No hubo conferencias de prensa ni confesiones sentimentales. Se limitó a decir, con esa frialdad técnica que lo caracterizaba, que le complacía que sus historias encontraran un eco en Seúl. Nada más. Nada menos. Pasó un año. Un año de grabaciones, de cortes de edición y de silencios acumulados. Entonces llegó la invitación para la alfombra roja. "Necesito una invitación adicional, te adjunto los datos de la persona" mando e-mail Kagehiro a su manager. Fue la única instrucción que recibió su manager. No era una petición; era una orden, de esas que él nunca daba porque siempre andaba de apático. Por primera vez en años, Kagehiro no solo asistiría, sino que traería consigo una pieza del rompecabezas que había mantenido oculto. Cuando el manager vio el nombre para la segunda acreditación, comprendió que los rumores habían fallado en su objetivo, como una flecha disparada en la oscuridad. No se trataba de una mujer. Había algo profundamente irónico en ello: el hombre que había diseccionado el deseo femenino en sus novelas eróticas, el autor que había cartografiado el romance sentimental con una precisión casi quirúrgica, se disponía a caminar hacia la luz tomado de la mano de otro hombre. La noche del estreno tenía ese aire pesado de las ciudades antes de la lluvia. Al bajar del coche, el estruendo de los flashes y las preguntas fue inmediato. Las cámaras buscaban una grieta, una señal de arrepentimiento o de escándalo. Hubo voces teñidas de esa homofobia rancia que aún flota en el aire de las ciudades modernas con el tradicionalismo asiático, olvidando que por años siempre ha existido la diversidad de preferencia sexual y géneros con otros nombres; pero también hubo gritos de aceptación, de fans que intentaban encontrar los fragmentos de esa relación oculta en las páginas de sus libros. Takeo, sin embargo, no parecía escuchar el ruido. Sonreía con esa clase de felicidad silenciosa que no necesita ser explicada, una felicidad que se siente como escuchar su viejo disco de jazz en un domingo por la tarde. Takeo lo sostenía de la mano, lo mantenía cerca, con una naturalidad que hacía que el resto del mundo pareciera una puesta en escena innecesaria. En ese momento, entre el asfalto ligeramente mojado y las luces, no había miedo. Solo dos hombres que habían decidido que el tiempo de las sombras había terminado. - -
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  • 𝐒𝐜𝐚𝐫𝐥𝐞𝐭𝐭 𝐃𝐮𝐁𝐨𝐢𝐬.


    𝄟 Ex-bailarina profesional.

    El escenario me lo arrebató un accidente; la disciplina no.


    𝄟 Profesora en la Real Academia de Ballet (RAB).
    Entrenadora ocasional de futbolistas que creen que correr es lo mismo que tener control.

    Elegancia no es fragilidad.
    Silencio no es debilidad.

    No repito instrucciones.

    La técnica primero.
    El ego, fuera de la sala.

    Si no puedes sostener la mirada, tampoco sostendrás el equilibrio.

    — S. DuBois
    𝐒𝐜𝐚𝐫𝐥𝐞𝐭𝐭 𝐃𝐮𝐁𝐨𝐢𝐬. 𝄟 Ex-bailarina profesional. El escenario me lo arrebató un accidente; la disciplina no. 𝄟 Profesora en la Real Academia de Ballet (RAB). ⚽ Entrenadora ocasional de futbolistas que creen que correr es lo mismo que tener control. Elegancia no es fragilidad. Silencio no es debilidad. No repito instrucciones. La técnica primero. El ego, fuera de la sala. Si no puedes sostener la mirada, tampoco sostendrás el equilibrio. — S. DuBois 🩰
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  • las luces del escenario se habian encendido, el suelo estaba cubierto por cesped y varios jumpluff rodeaban al cantante quien parecia dormitar en el centro, pronto la musica empezo de forma calmada y Summer se levantaba lentamente con los jumpluff girando alrededor.

    -When I was a little girl, my mama said to me
    "What's your favorite flower, darling? I'll get you the seed"
    I said "Dandelion, Dandelion, " that one's so pretty
    She said, "Child, that one's not a flower, that one's just a weed"- comenzo a cantar junto a los pokemon que flotaban y danzaban en el aire hasta llegar al final del estrivillo donde lanzaorn una bomba germen para imitar fuegos artificiales comenzando el verdadero show.

    les cesped slaieron tallos que se enrredaban creando caminos que se elevavan junto alc antante quien bailaba y saltaba entre ellos caminando por el aire gracias a los movimeintos de sus pokemon

    https://music.youtube.com/watch?v=XmTQqBKpG9I&si=_vuSoGZWTpkMFNaF
    las luces del escenario se habian encendido, el suelo estaba cubierto por cesped y varios jumpluff rodeaban al cantante quien parecia dormitar en el centro, pronto la musica empezo de forma calmada y Summer se levantaba lentamente con los jumpluff girando alrededor. -When I was a little girl, my mama said to me "What's your favorite flower, darling? I'll get you the seed" I said "Dandelion, Dandelion, " that one's so pretty She said, "Child, that one's not a flower, that one's just a weed"- comenzo a cantar junto a los pokemon que flotaban y danzaban en el aire hasta llegar al final del estrivillo donde lanzaorn una bomba germen para imitar fuegos artificiales comenzando el verdadero show. les cesped slaieron tallos que se enrredaban creando caminos que se elevavan junto alc antante quien bailaba y saltaba entre ellos caminando por el aire gracias a los movimeintos de sus pokemon https://music.youtube.com/watch?v=XmTQqBKpG9I&si=_vuSoGZWTpkMFNaF
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  • ¿Qué es más valioso: el sacrificio de Jesús o que un padre se sacrifique por su hijo?
    Yo también moriría por tus pecados si resucitara al tercer día.
    Hay una diferencia abismal entre el padre que muere para que su hijo viva y el semidiós que se deja ejecutar sabiendo que su sangre comprará la adoración de los siglos.
    El sacrificio de un humano es trágico porque es definitivo; el de un Dios es teatral porque es reversible.
    Si sabes que vas a resucitar y que serás el centro de la historia, morir no es un sacrifico, es una inversión de capital simbólico.
    El ego de Dios requiere un mártir para poder ejercer el perdón.
    ¿Por qué un Dios omnipotente necesita sangre para "limpiar" errores?
    Es el colmo de la vanidad: crear un sistema donde la única moneda de cambio es la agonía de su propio hijo.
    No fue un acto de entrega, fue una puesta en escena de poder.
    Se necesitó un libro y una estructura religiosa para convencerte de que ese evento fue "grande", cuando en realidad, cualquier madre que muere por su hijo en una calle oscura, sin cámaras ni evangelios, tiene una dignidad moral infinitamente superior.
    Ella pierde su todo para siempre; Él solo perdió un fin de semana para ganar la eternidad.
    El "sacrificio" es el anzuelo para que te sientas eternamente en deuda.
    Notas que ésto genera un vínculo de apego ansioso.
    Te hacen sentir culpable de una muerte que no pediste para que aceptes una salvación que no puedes rechazar.
    El "amor" de Jesús es la herramienta perfecta del ego divino: "Mira lo que hice por ti, ahora dame tu voluntad".
    Al final, no fue amor, fue el pago de una fianza en un juicio donde el Juez, el Verdugo y el Abogado son la misma persona.
    ¿Qué es más valioso: el sacrificio de Jesús o que un padre se sacrifique por su hijo? Yo también moriría por tus pecados si resucitara al tercer día. Hay una diferencia abismal entre el padre que muere para que su hijo viva y el semidiós que se deja ejecutar sabiendo que su sangre comprará la adoración de los siglos. El sacrificio de un humano es trágico porque es definitivo; el de un Dios es teatral porque es reversible. Si sabes que vas a resucitar y que serás el centro de la historia, morir no es un sacrifico, es una inversión de capital simbólico. El ego de Dios requiere un mártir para poder ejercer el perdón. ¿Por qué un Dios omnipotente necesita sangre para "limpiar" errores? Es el colmo de la vanidad: crear un sistema donde la única moneda de cambio es la agonía de su propio hijo. No fue un acto de entrega, fue una puesta en escena de poder. Se necesitó un libro y una estructura religiosa para convencerte de que ese evento fue "grande", cuando en realidad, cualquier madre que muere por su hijo en una calle oscura, sin cámaras ni evangelios, tiene una dignidad moral infinitamente superior. Ella pierde su todo para siempre; Él solo perdió un fin de semana para ganar la eternidad. El "sacrificio" es el anzuelo para que te sientas eternamente en deuda. Notas que ésto genera un vínculo de apego ansioso. Te hacen sentir culpable de una muerte que no pediste para que aceptes una salvación que no puedes rechazar. El "amor" de Jesús es la herramienta perfecta del ego divino: "Mira lo que hice por ti, ahora dame tu voluntad". Al final, no fue amor, fue el pago de una fianza en un juicio donde el Juez, el Verdugo y el Abogado son la misma persona.
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  • ¡Muuuuy buenos días a todos mis estrellitas!

    ¿Ya despertaron? Hoy el sol brilla casi tanto como el amor que me dan cada día. Je, je. Anoche soñé con un escenario gigante... ¿estaban ustedes ahí apoyándome?
    ¡Muuuuy buenos días a todos mis estrellitas! ✨🐰 ¿Ya despertaron? Hoy el sol brilla casi tanto como el amor que me dan cada día. Je, je. Anoche soñé con un escenario gigante... ¿estaban ustedes ahí apoyándome? 🎤💖
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  • Horas antes de la tragedia.


    Respiró hondo antes de empujar la pesada puerta del bar. No era su escenario habitual, con demasiada gente, demasiados ojos, pero este día se había prometido intentarlo. Se deslizó por el mostrador buscando un rincón donde su incomodidad no brillara tanto. Pagó su primera copa con manos ligeramente temblorosas y fingió tranquilidad.

    Divisó la mesa de billar desde la barra y con la copa aún fría entre los dedos, cruzó la distancia que lo separaba de los jugadores.

      —¿Les falta uno?—preguntó, sorprendiéndose a sí mismo cuando la pregunta abandonó su boca sin permiso. Los extraños asintieron con indiferencia amable, cediéndole un taco, y comenzó a jugar. 

    Entre bebidas y juegos se pasó el tiempo, hasta que llegó la noche... 
    Horas antes de la tragedia. Respiró hondo antes de empujar la pesada puerta del bar. No era su escenario habitual, con demasiada gente, demasiados ojos, pero este día se había prometido intentarlo. Se deslizó por el mostrador buscando un rincón donde su incomodidad no brillara tanto. Pagó su primera copa con manos ligeramente temblorosas y fingió tranquilidad. Divisó la mesa de billar desde la barra y con la copa aún fría entre los dedos, cruzó la distancia que lo separaba de los jugadores.   —¿Les falta uno?—preguntó, sorprendiéndose a sí mismo cuando la pregunta abandonó su boca sin permiso. Los extraños asintieron con indiferencia amable, cediéndole un taco, y comenzó a jugar.  Entre bebidas y juegos se pasó el tiempo, hasta que llegó la noche... 
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  • "Army is here! -yelled Karen"
    Fandom Stranger Things
    Categoría Drama
    Apenas había pasado una semana desde que el suelo de Hawkins se abriera y se llevara consigo barrios, parques y… vidas humanas. El pueblo que habia conocido habia cambiado. La policía de Hawkins (claro que sin Hopper ya que este estaba oficialmente muerto) habia intentado acordonar la zona afectada como podía, pero no habia cinta de protección suficiente para la herida abierta en el pueblo.

    Ce habia intentado ayudar lo que podía, colaborando con el refugio en el instituto y yendo a visitar a Max, pero no era bueno que se dejara ver demasiado. Asi que la mayor parte del tiempo estaba recluida en la cabaña o pasaba el tiempo con Mike. Aquella tarde, Nancy y Jonathan habían ido a acompañar a Robin a la WSQK ya que se habían quedado sin operador de radio. Y Holly habia ido a ver una película a casa de una amiga.

    Asi que Mike Wheeler y ella tenían todo el sótano para ellos solos. Ce tenia sus piernas cruzadas sobre el sofá sentada como un indio. Y Mike reposaba su cabeza sobre el regazo de la muchacha mientras le leía un capitulo de El Señor de Los Anillos. Ce escuchaba fascinada, por supuesto. Adoraba las voces de Mike, las entonaciones, los vaivenes de sus manos al interpretar sutilmente una escena. Era un excelente narrador.

    -¿Cuántas veces lo has leido? -preguntó Ce tras una risa divertida.
    Apenas había pasado una semana desde que el suelo de Hawkins se abriera y se llevara consigo barrios, parques y… vidas humanas. El pueblo que habia conocido habia cambiado. La policía de Hawkins (claro que sin Hopper ya que este estaba oficialmente muerto) habia intentado acordonar la zona afectada como podía, pero no habia cinta de protección suficiente para la herida abierta en el pueblo. Ce habia intentado ayudar lo que podía, colaborando con el refugio en el instituto y yendo a visitar a Max, pero no era bueno que se dejara ver demasiado. Asi que la mayor parte del tiempo estaba recluida en la cabaña o pasaba el tiempo con Mike. Aquella tarde, Nancy y Jonathan habían ido a acompañar a Robin a la WSQK ya que se habían quedado sin operador de radio. Y Holly habia ido a ver una película a casa de una amiga. Asi que [PALAD1N] y ella tenían todo el sótano para ellos solos. Ce tenia sus piernas cruzadas sobre el sofá sentada como un indio. Y Mike reposaba su cabeza sobre el regazo de la muchacha mientras le leía un capitulo de El Señor de Los Anillos. Ce escuchaba fascinada, por supuesto. Adoraba las voces de Mike, las entonaciones, los vaivenes de sus manos al interpretar sutilmente una escena. Era un excelente narrador. -¿Cuántas veces lo has leido? -preguntó Ce tras una risa divertida.
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  • Solo queríamos olvidar un rato...
    Fandom Z.Y.X.S
    Categoría Original
    Escena con: Masthian Lauguez

    El taxi olía a cuero viejo y a perfume barato. Shacya iba mirando por la ventana sin ver realmente nada, con la pequeña caja apoyada sobre sus muslos y las botellas chocando suavemente entre sí cada vez que el auto frenaba. Ese sonido le resultaba extrañamente reconfortante.

    Su tarjeta ilimitada había hecho el resto. No tuvo que pensarlo demasiado. Solo tomó las botellas que sabía que a Masthian le gustaban, y una que no habían probado nunca, solo por el gusto de hacer algo impulsivo. Como antes, como cuando la vida no pesaba tanto.

    Pero ese mensaje…
    : Conseguí algo que nos hará volar

    No decía más, no explicaba nada, y eso era lo peor. Masthian nunca prometía cosas a medias.

    El taxi se detuvo frente a la casa. Por fin había llegado. Shacya no dudó ni un segundo en bajar, y el aire frío de la noche la recibió como una advertencia suave. Se quedó unos segundos frente a la puerta, observando la fachada que conocía de memoria. Cuántas veces había estado ahí… riendo hasta que dolía el estómago, quejándose de la vida, sobreviviéndola juntos.

    Cuando por fin se decidió a tocar el timbre, luego de su momento nostálgico[?] El sonido fue inmediato, como un relámpago irrumpiendo la calma de la casa.

    Podía imaginarlo del otro lado, el cabello rubio desordenado, esa forma suya de moverse como si siempre supiera algo que el resto no. Quizás sonriendo. Quizás nervioso. Quizás sosteniendo ese misterio que había prometido arrancarlos, aunque fuera por unas horas, del peso invisible que llevaban encima.

    Sus dedos se tensaron ligeramente alrededor de la caja. Y por primera vez en mucho tiempo, no sabía si lo que sentía era emoción… o el presentimiento de que algo estaba a punto de cambiar.
    Escena con: [aiderulz12] El taxi olía a cuero viejo y a perfume barato. Shacya iba mirando por la ventana sin ver realmente nada, con la pequeña caja apoyada sobre sus muslos y las botellas chocando suavemente entre sí cada vez que el auto frenaba. Ese sonido le resultaba extrañamente reconfortante. Su tarjeta ilimitada había hecho el resto. No tuvo que pensarlo demasiado. Solo tomó las botellas que sabía que a Masthian le gustaban, y una que no habían probado nunca, solo por el gusto de hacer algo impulsivo. Como antes, como cuando la vida no pesaba tanto. Pero ese mensaje… 💬: Conseguí algo que nos hará volar 🥴 No decía más, no explicaba nada, y eso era lo peor. Masthian nunca prometía cosas a medias. El taxi se detuvo frente a la casa. Por fin había llegado. Shacya no dudó ni un segundo en bajar, y el aire frío de la noche la recibió como una advertencia suave. Se quedó unos segundos frente a la puerta, observando la fachada que conocía de memoria. Cuántas veces había estado ahí… riendo hasta que dolía el estómago, quejándose de la vida, sobreviviéndola juntos. Cuando por fin se decidió a tocar el timbre, luego de su momento nostálgico[?] El sonido fue inmediato, como un relámpago irrumpiendo la calma de la casa. Podía imaginarlo del otro lado, el cabello rubio desordenado, esa forma suya de moverse como si siempre supiera algo que el resto no. Quizás sonriendo. Quizás nervioso. Quizás sosteniendo ese misterio que había prometido arrancarlos, aunque fuera por unas horas, del peso invisible que llevaban encima. Sus dedos se tensaron ligeramente alrededor de la caja. Y por primera vez en mucho tiempo, no sabía si lo que sentía era emoción… o el presentimiento de que algo estaba a punto de cambiar.
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  • ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...?

    [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18]

    El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo.

    La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar.

    La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver...

    Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas.
    Su cuerpo era la cárcel.
    Su mente era el verdugo.
    Los recuerdos eran su cicuta.

    Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía.

    Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente.

    Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido?

    Tenerla a ella sería la perdición de su familia.
    Su madre perdió su título.
    Su padre comenzó a abusar de ambas.
    Su esposo perdió un ojo protegiéndola.

    Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre.

    Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho.

    La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano...

    Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada.

    Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
    ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...? [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18] El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo. La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar. La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver... Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas. Su cuerpo era la cárcel. Su mente era el verdugo. Los recuerdos eran su cicuta. Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía. Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente. Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido? Tenerla a ella sería la perdición de su familia. Su madre perdió su título. Su padre comenzó a abusar de ambas. Su esposo perdió un ojo protegiéndola. Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre. Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho. La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano... Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada. Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
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