• — Me fui un día, UN DÍA... Y regreso y todo es caos y dramas, chismes, Anyel de pitoloco y todo extraño. ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?
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    ╔══════════════════╗
    ║ ✧ 𝑺𝑶𝑩𝑹𝑬 𝑰𝑳𝑳𝑼𝑵𝑨 ✧
    ╚══════════════════╝

    Nació en algún lugar que ya no recuerda bien. O quizás no quiere recordar. Lo que sí sabe es que desde muy pequeña veía cosas que los demás no veían. Al principio lo odiaba. ¿Qué niño quiere ver monstruos donde otros ven paredes?

    Creció aprendiendo a convivir con ello. Y dibujar era lo único que callaba el ruido. Primero en cuadernos, luego en digital, luego en todo lo que pillaba. Descubrió que podía dibujar lo que veía, eso que la gente creía que era ficción. Y quizás lo era. O quizás no.

    Se mudó a la ciudad para estudiar Ilustración. Ahora vive en un piso pequeño, trabaja como ilustradora freelance, y pasa las tardes en cafeterías con su tablet. Las cosas raras siguen pasando. Pero ya no le molestan tanto. Son parte de ella.

    Tiene una mezcla rara de etérea y terrenal que descoloca. Estatura media, complexión delgada. Su cabello oscuro, con mechones blancos por un lunar, es lo primero que la gente suele notar. Y lo segundo, sus ojos: claros, cambiantes, como si miraran más allá de lo que hay. Sabe leer las líneas de las palmas. No es experta, pero le interesa desde que alguien le dijo que las líneas de sus propias manos eran "especiales". En fiestas o cafés, se ofrece a leer la mano a la gente. A veces acierta cosas que no debería.



    𝘾𝙤𝙣𝙨𝙞𝙙𝙚𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤𝙣𝙚𝙨:

    ✧ IC > OOC: Prefiero conocernos roleando directamente, que el rol sea nuestra presentación. Si hay química, fluye. Si no, sin presión.
    ✧ Me reservo la admisión y continuidad según compatibilidad narrativa. Sin dramas si no funciona.
    ✧ Cero dramas por demoras. Tú a tu ritmo, yo al mío.
    ╔══════════════════╗ ║ ✧ 𝑺𝑶𝑩𝑹𝑬 𝑰𝑳𝑳𝑼𝑵𝑨 ✧ ╚══════════════════╝ Nació en algún lugar que ya no recuerda bien. O quizás no quiere recordar. Lo que sí sabe es que desde muy pequeña veía cosas que los demás no veían. Al principio lo odiaba. ¿Qué niño quiere ver monstruos donde otros ven paredes? Creció aprendiendo a convivir con ello. Y dibujar era lo único que callaba el ruido. Primero en cuadernos, luego en digital, luego en todo lo que pillaba. Descubrió que podía dibujar lo que veía, eso que la gente creía que era ficción. Y quizás lo era. O quizás no. Se mudó a la ciudad para estudiar Ilustración. Ahora vive en un piso pequeño, trabaja como ilustradora freelance, y pasa las tardes en cafeterías con su tablet. Las cosas raras siguen pasando. Pero ya no le molestan tanto. Son parte de ella. Tiene una mezcla rara de etérea y terrenal que descoloca. Estatura media, complexión delgada. Su cabello oscuro, con mechones blancos por un lunar, es lo primero que la gente suele notar. Y lo segundo, sus ojos: claros, cambiantes, como si miraran más allá de lo que hay. Sabe leer las líneas de las palmas. No es experta, pero le interesa desde que alguien le dijo que las líneas de sus propias manos eran "especiales". En fiestas o cafés, se ofrece a leer la mano a la gente. A veces acierta cosas que no debería. ⸻ 𝘾𝙤𝙣𝙨𝙞𝙙𝙚𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤𝙣𝙚𝙨: ✧ IC > OOC: Prefiero conocernos roleando directamente, que el rol sea nuestra presentación. Si hay química, fluye. Si no, sin presión. ✧ Me reservo la admisión y continuidad según compatibilidad narrativa. Sin dramas si no funciona. ✧ Cero dramas por demoras. Tú a tu ritmo, yo al mío.
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  • |Rol libre:

    Zhamira caminó por el pasillo con la espalda recta y la mirada al frente, como si los susurros no existieran. Pero existían. Siempre existían.
    —“Ahí va la hija de la concubina…”
    —“Seguro quiere atención…”
    Las risas apagadas no la hacían bajar la cabeza. Al contrario, parecían templar su carácter. Cuando una compañera dejó caer “accidentalmente” sus libros frente a ella, Zhamira no dudó en sostenerle la mirada.
    —Si vas a hablar de mí, hazlo fuerte —respondió con voz firme—. Así al menos no parecerá que tienes miedo.
    El silencio fue incómodo. Nadie esperaba que contestara con tanta seguridad. Ella recogió sus propios cuadernos, acomodó su uniforme y entró al aula como si nada hubiese pasado.
    Minutos después, el profesor anunció la llegada de un estudiante transferido. Un murmullo curioso recorrió la sala mientras el chico entraba, algo desorientado pero con una sonrisa educada.
    —Puedes sentarte al fondo, junto a Zhamira —indicó el docente.
    Varias miradas se cruzaron con sorpresa y malicia. Ella, en cambio, simplemente levantó la vista desde su cuaderno.
    El nuevo se acomodó a su lado.
    —Hola… soy nuevo aquí. Parece que llegué en mal momento —susurró con una pequeña risa nerviosa.
    Zhamira lo observó unos segundos antes de responder.
    —Aquí nunca es mal momento. Solo tienes que aprender a ignorar el ruido.
    —¿El ruido?
    Ella sonrió apenas.
    —Los rumores, los cuchicheos… este lugar tiene más drama que tareas.
    Él soltó una risa genuina.
    —Entonces creo que me sentaron junto a la guía turística indicada.
    —No te emociones —replicó ella, cruzándose de brazos con aire orgulloso—. No doy tours gratis.
    La conversación fluyó con inesperada naturalidad. Hablaron de asignaturas, del uniforme incómodo y de lo extraño que era cambiar de escuela a mitad de año. Él la vio como alguien segura, directa, incluso divertida. No como la chica aislada que el resto murmuraba odiar.
    Y mientras el resto de la clase los observaba en silencio, Zhamira se permitió algo que rara vez hacía: relajarse.
    Por primera vez en mucho tiempo, alguien la miraba sin prejuicios.
    Y él aún no sabía que estaba sentado junto a la chica más odiada del salón.
    |Rol libre: Zhamira caminó por el pasillo con la espalda recta y la mirada al frente, como si los susurros no existieran. Pero existían. Siempre existían. —“Ahí va la hija de la concubina…” —“Seguro quiere atención…” Las risas apagadas no la hacían bajar la cabeza. Al contrario, parecían templar su carácter. Cuando una compañera dejó caer “accidentalmente” sus libros frente a ella, Zhamira no dudó en sostenerle la mirada. —Si vas a hablar de mí, hazlo fuerte —respondió con voz firme—. Así al menos no parecerá que tienes miedo. El silencio fue incómodo. Nadie esperaba que contestara con tanta seguridad. Ella recogió sus propios cuadernos, acomodó su uniforme y entró al aula como si nada hubiese pasado. Minutos después, el profesor anunció la llegada de un estudiante transferido. Un murmullo curioso recorrió la sala mientras el chico entraba, algo desorientado pero con una sonrisa educada. —Puedes sentarte al fondo, junto a Zhamira —indicó el docente. Varias miradas se cruzaron con sorpresa y malicia. Ella, en cambio, simplemente levantó la vista desde su cuaderno. El nuevo se acomodó a su lado. —Hola… soy nuevo aquí. Parece que llegué en mal momento —susurró con una pequeña risa nerviosa. Zhamira lo observó unos segundos antes de responder. —Aquí nunca es mal momento. Solo tienes que aprender a ignorar el ruido. —¿El ruido? Ella sonrió apenas. —Los rumores, los cuchicheos… este lugar tiene más drama que tareas. Él soltó una risa genuina. —Entonces creo que me sentaron junto a la guía turística indicada. —No te emociones —replicó ella, cruzándose de brazos con aire orgulloso—. No doy tours gratis. La conversación fluyó con inesperada naturalidad. Hablaron de asignaturas, del uniforme incómodo y de lo extraño que era cambiar de escuela a mitad de año. Él la vio como alguien segura, directa, incluso divertida. No como la chica aislada que el resto murmuraba odiar. Y mientras el resto de la clase los observaba en silencio, Zhamira se permitió algo que rara vez hacía: relajarse. Por primera vez en mucho tiempo, alguien la miraba sin prejuicios. Y él aún no sabía que estaba sentado junto a la chica más odiada del salón.
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    La lluvia en Raccoon City no limpiaba nada. Solo redistribuía la mugre.

    Lone Wolf permanecía quieto bajo el alero roto de un edificio administrativo, el casco todavía puesto, el visor liso devolviendo las luces rojas y azules como si fueran heridas abiertas en la noche. Desde afuera no había nada que distinguir: una silueta roja, compacta, respiración filtrada, arma baja pero lista.

    Funcional.

    Siempre fue funcional.

    Había estudiado en Montreal. Ingeniería aplicada, procesos, eficiencia. Le gustaba entender cómo las cosas encajaban, cómo una estructura soportaba peso sin colapsar. Siempre le pareció que el mundo tenía sentido si uno sabía mirar los sistemas correctos.

    Umbrella era un sistema.

    Un sistema sucio, pero coherente.

    Entró por dinero. No necesitaba dramatizarlo. La paga era obscena y la especialización le ofrecía algo más íntimo: la satisfacción casi quirúrgica de hacer bien el trabajo. En un planeta lleno de improvisación moral y decisiones torcidas, la ejecución perfecta tenía algo de pureza matemática.

    Con el casco puesto, el mundo era eso: matemática.

    Distancias. Ángulos. Ritmo cardíaco. Prioridades.

    Pero cuando se lo quitaba, el aire le golpeaba la cara con una violencia distinta. No era solo oxígeno sin filtrar. Era textura. Olor. Humanidad.

    Se quitó el casco esa noche.

    El sonido de la lluvia cambió inmediatamente, más real, más cercano. Se pasó la mano por el cabello húmedo, casi sorprendido de que todavía estuviera ahí. Ese gesto mínimo era su forma privada de comprobar que seguía siendo un individuo y no un engranaje intercambiable.

    Había algo en él que no cuadraba con la obediencia ciega. No era rebeldía; era algo más silencioso. Un reflejo. Una fracción de segundo donde la mano se detenía antes de cumplir la orden.

    La primera vez que ocurrió fue casi imperceptible.

    Un civil.
    Un protocolo.
    Una instrucción clara.

    Sabía lo que era correcto.

    También sabía cuál era su contrato.

    El profesional ganó.

    El dinero llegó puntual.

    Pero desde entonces, cada vez que el visor reflejaba luces de emergencia bajo la lluvia, había un medio segundo en el que el pasado empujaba desde adentro, como una fisura en el hielo.

    No era un hombre quebrado. Eso sería más fácil.
    Era un hombre que seguía funcionando.

    Aceptaba misiones.
    Optimizaba rutas de extracción.
    Reducía variables humanas a probabilidades de fallo.

    Y, sin embargo, la humanidad no desaparecía. Se había convertido en inercia. Un gesto que se interponía entre la orden y el disparo. A veces lo corregía y cumplía igual. A veces no.

    No hablaba de redención. No la buscaba. Le parecía una narrativa cómoda para quienes podían permitirse detenerse.

    Él no se detenía.

    Pero en las habitaciones vacías, cuando el casco descansaba sobre la mesa y el silencio no estaba amortiguado por filtros ni radios, sentía el pulso en las sienes. Lento. Frío. Persistente.

    No era que su corazón bombease hielo.

    Era que había aprendido a enfriarlo para que no se quebrara.

    Y en esa refrigeración constante, había perdido algo que no sabía nombrar.

    No estaba seguro de si algún día saldría.
    Tampoco estaba seguro de que quisiera.

    Porque fuera del sistema, fuera de la eficiencia, quedaba la pregunta que evitaba mirar de frente:

    Si deja de ser útil…
    ¿qué queda de él?
    La lluvia en Raccoon City no limpiaba nada. Solo redistribuía la mugre. Lone Wolf permanecía quieto bajo el alero roto de un edificio administrativo, el casco todavía puesto, el visor liso devolviendo las luces rojas y azules como si fueran heridas abiertas en la noche. Desde afuera no había nada que distinguir: una silueta roja, compacta, respiración filtrada, arma baja pero lista. Funcional. Siempre fue funcional. Había estudiado en Montreal. Ingeniería aplicada, procesos, eficiencia. Le gustaba entender cómo las cosas encajaban, cómo una estructura soportaba peso sin colapsar. Siempre le pareció que el mundo tenía sentido si uno sabía mirar los sistemas correctos. Umbrella era un sistema. Un sistema sucio, pero coherente. Entró por dinero. No necesitaba dramatizarlo. La paga era obscena y la especialización le ofrecía algo más íntimo: la satisfacción casi quirúrgica de hacer bien el trabajo. En un planeta lleno de improvisación moral y decisiones torcidas, la ejecución perfecta tenía algo de pureza matemática. Con el casco puesto, el mundo era eso: matemática. Distancias. Ángulos. Ritmo cardíaco. Prioridades. Pero cuando se lo quitaba, el aire le golpeaba la cara con una violencia distinta. No era solo oxígeno sin filtrar. Era textura. Olor. Humanidad. Se quitó el casco esa noche. El sonido de la lluvia cambió inmediatamente, más real, más cercano. Se pasó la mano por el cabello húmedo, casi sorprendido de que todavía estuviera ahí. Ese gesto mínimo era su forma privada de comprobar que seguía siendo un individuo y no un engranaje intercambiable. Había algo en él que no cuadraba con la obediencia ciega. No era rebeldía; era algo más silencioso. Un reflejo. Una fracción de segundo donde la mano se detenía antes de cumplir la orden. La primera vez que ocurrió fue casi imperceptible. Un civil. Un protocolo. Una instrucción clara. Sabía lo que era correcto. También sabía cuál era su contrato. El profesional ganó. El dinero llegó puntual. Pero desde entonces, cada vez que el visor reflejaba luces de emergencia bajo la lluvia, había un medio segundo en el que el pasado empujaba desde adentro, como una fisura en el hielo. No era un hombre quebrado. Eso sería más fácil. Era un hombre que seguía funcionando. Aceptaba misiones. Optimizaba rutas de extracción. Reducía variables humanas a probabilidades de fallo. Y, sin embargo, la humanidad no desaparecía. Se había convertido en inercia. Un gesto que se interponía entre la orden y el disparo. A veces lo corregía y cumplía igual. A veces no. No hablaba de redención. No la buscaba. Le parecía una narrativa cómoda para quienes podían permitirse detenerse. Él no se detenía. Pero en las habitaciones vacías, cuando el casco descansaba sobre la mesa y el silencio no estaba amortiguado por filtros ni radios, sentía el pulso en las sienes. Lento. Frío. Persistente. No era que su corazón bombease hielo. Era que había aprendido a enfriarlo para que no se quebrara. Y en esa refrigeración constante, había perdido algo que no sabía nombrar. No estaba seguro de si algún día saldría. Tampoco estaba seguro de que quisiera. Porque fuera del sistema, fuera de la eficiencia, quedaba la pregunta que evitaba mirar de frente: Si deja de ser útil… ¿qué queda de él?
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  • #UnDiaEnLaVidaDe Scarlett DuBois.

    El salón aún estaba vacío cuando Scarlett encendió las luces.

    La madera crujió suavemente bajo sus zapatillas mientras cruzaba el estudio. El aire olía a resina y a silencio, a esa calma tensa que precede a la disciplina. Dejó el bolso junto al piano, se acercó a la barra y apoyó las manos con suavidad.

    Primera posición.

    Sus talones se tocaron como si nunca hubieran dejado de hacerlo. La espalda se alargó, el mentón apenas elevado. Cerró los ojos un segundo. El cuerpo recordaba incluso lo que el destino le había quitado.

    Plié.

    Lento. Controlado. Las rodillas se abrieron con precisión. La cadera respondió con una leve protesta muda, un recordatorio constante de lo que fue y ya no es. Scarlett no frunció el ceño. No le concedía dramatismo al dolor. Solo lo gestionaba.

    Tendu.

    El pie se deslizó hacia delante como una caricia contenida. El empeine se extendió con elegancia intacta. Nadie diría que hubo un accidente. Nadie vería la cicatriz bajo las medias.

    Giró hacia el espejo.

    Por un instante, no era la profesora. No era la entrenadora obligada a corregir futbolistas con exceso de ego. Era la bailarina que una vez llenó escenarios, la que sostenía la respiración del público en cada relevé.

    Subió a demi-pointe.

    El equilibrio fue perfecto.

    Su reflejo le devolvió una imagen serena, impecable. Solo ella sabía cuánto costaba cada segundo de estabilidad.

    La puerta del estudio se abrió con un leve chirrido. Voces jóvenes comenzaron a llenar el espacio.

    Scarlett bajó los talones con suavidad y su expresión cambió: se volvió firme, profesional, inquebrantable.

    —A la barra —indicó sin elevar la voz.

    Las alumnas ocuparon sus lugares. Ella caminó entre ellas como una sombra elegante, corrigiendo una muñeca caída, alineando un hombro, ajustando la rotación de una pierna con apenas dos dedos.

    —El equilibrio no se negocia —dijo con calma—. Si vuestra mente duda, el cuerpo cae.

    Se detuvo frente a la más pequeña del grupo, que luchaba por sostener un relevé tembloroso.

    Scarlett colocó su mano en su espalda baja.

    —Aquí —susurró—. No en el pie. El equilibrio empieza en el centro.

    La niña se estabilizó.

    Scarlett retiró la mano con la misma delicadeza con la que se recoge un recuerdo frágil.

    Durante un segundo, una chispa —breve, casi invisible— atravesó su mirada. No era entusiasmo. Era algo más profundo. Algo que no se había perdido del todo.

    El salón ya no estaba vacío. Pero la disciplina seguía siendo la misma.

    Y ella también.
    #UnDiaEnLaVidaDe Scarlett DuBois. El salón aún estaba vacío cuando Scarlett encendió las luces. La madera crujió suavemente bajo sus zapatillas mientras cruzaba el estudio. El aire olía a resina y a silencio, a esa calma tensa que precede a la disciplina. Dejó el bolso junto al piano, se acercó a la barra y apoyó las manos con suavidad. Primera posición. Sus talones se tocaron como si nunca hubieran dejado de hacerlo. La espalda se alargó, el mentón apenas elevado. Cerró los ojos un segundo. El cuerpo recordaba incluso lo que el destino le había quitado. Plié. Lento. Controlado. Las rodillas se abrieron con precisión. La cadera respondió con una leve protesta muda, un recordatorio constante de lo que fue y ya no es. Scarlett no frunció el ceño. No le concedía dramatismo al dolor. Solo lo gestionaba. Tendu. El pie se deslizó hacia delante como una caricia contenida. El empeine se extendió con elegancia intacta. Nadie diría que hubo un accidente. Nadie vería la cicatriz bajo las medias. Giró hacia el espejo. Por un instante, no era la profesora. No era la entrenadora obligada a corregir futbolistas con exceso de ego. Era la bailarina que una vez llenó escenarios, la que sostenía la respiración del público en cada relevé. Subió a demi-pointe. El equilibrio fue perfecto. Su reflejo le devolvió una imagen serena, impecable. Solo ella sabía cuánto costaba cada segundo de estabilidad. La puerta del estudio se abrió con un leve chirrido. Voces jóvenes comenzaron a llenar el espacio. Scarlett bajó los talones con suavidad y su expresión cambió: se volvió firme, profesional, inquebrantable. —A la barra —indicó sin elevar la voz. Las alumnas ocuparon sus lugares. Ella caminó entre ellas como una sombra elegante, corrigiendo una muñeca caída, alineando un hombro, ajustando la rotación de una pierna con apenas dos dedos. —El equilibrio no se negocia —dijo con calma—. Si vuestra mente duda, el cuerpo cae. Se detuvo frente a la más pequeña del grupo, que luchaba por sostener un relevé tembloroso. Scarlett colocó su mano en su espalda baja. —Aquí —susurró—. No en el pie. El equilibrio empieza en el centro. La niña se estabilizó. Scarlett retiró la mano con la misma delicadeza con la que se recoge un recuerdo frágil. Durante un segundo, una chispa —breve, casi invisible— atravesó su mirada. No era entusiasmo. Era algo más profundo. Algo que no se había perdido del todo. El salón ya no estaba vacío. Pero la disciplina seguía siendo la misma. Y ella también.
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    They: Y ¿eres dramatica?

    Me:
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  • ────Si la vida te da limones, pide sal y tequila. Si el drama va a estallar, que al menos sea con una buena bebida en la mano.
    ────Si la vida te da limones, pide sal y tequila. Si el drama va a estallar, que al menos sea con una buena bebida en la mano.
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  • – Hay noches en las que me siento frente al piano sin una intención clara.
    No porque esté buscando algo, sino porque me gusta la idea de encontrarlo.
    Las primeras notas siempre son un poco inciertas. Como una conversación que todavía no sabe hacia dónde va. Pero después algo cambia. El ritmo se acomoda. La melodía empieza a respirar por sí sola.
    Y yo solo la sigo.
    No hay espectáculo en eso. No hay dramatismo. Solo un diálogo silencioso entre mis manos y el sonido que llena el espacio.
    Me gusta cómo una nota puede quedarse suspendida un segundo más y transformar completamente lo que viene después. Cómo algo tan simple puede alterar el pulso de todo.
    Hay algo profundamente romántico en dejar que la música exista sin forzarla.
    No siempre sé qué significa lo que toco.
    Pero sí sé que, mientras dura, todo se siente en su lugar.
    – Hay noches en las que me siento frente al piano sin una intención clara. No porque esté buscando algo, sino porque me gusta la idea de encontrarlo. Las primeras notas siempre son un poco inciertas. Como una conversación que todavía no sabe hacia dónde va. Pero después algo cambia. El ritmo se acomoda. La melodía empieza a respirar por sí sola. Y yo solo la sigo. No hay espectáculo en eso. No hay dramatismo. Solo un diálogo silencioso entre mis manos y el sonido que llena el espacio. Me gusta cómo una nota puede quedarse suspendida un segundo más y transformar completamente lo que viene después. Cómo algo tan simple puede alterar el pulso de todo. Hay algo profundamente romántico en dejar que la música exista sin forzarla. No siempre sé qué significa lo que toco. Pero sí sé que, mientras dura, todo se siente en su lugar.
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    ¡En #SOMOSLOSQUEVIVIMOSSQUAD buscamos personajes de The Walking Dead!

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    — Daryl Dixon
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    Necesitamos más compañeros de batallas, más personajes del universo TWD con los que compartir misiones, decisiones difíciles, emociones intensas y... bueno, sangre, vísceras y drama apocalíptico.


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    — Personajes 3D
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    🧟‍♀️ ¡En #SOMOSLOSQUEVIVIMOSSQUAD buscamos personajes de The Walking Dead! 🧟‍♂️ 🌿 Actualmente nuestro grupo de rol de TWD cuenta con — Daryl Dixon — Liv Grimes (OC hija de Rick y Lori) — Negan — Rick Grimes — Michonne — Frankie — Ezekiel — Aaron — Magna 🪓 Necesitamos más compañeros de batallas, más personajes del universo TWD con los que compartir misiones, decisiones difíciles, emociones intensas y... bueno, sangre, vísceras y drama apocalíptico. 🎯 Buscamos: — Personajes 3D — Buena ortografía — Users con ganas de rolear, mover el inicio, interactuar tanto con menciones cortas o tramas largas (si surgen) — Users OC Friendly. — Conocimiento de la serie y sus personajes (TWD y spin-offs bienvenidos siempre que mantengan el canon y los headcanon de los personajes) — Buena actitud, respeto y ganas de pasarlo bien 🔗 ¿Te gustaría explorar nuevas tramas, reencontrarte con tus personajes favoritos o incluso traer una versión AU de personajes de otros fandom? ¡Este es tu sitio! 🔗¡NO BUSCAMOS CREAR UN ROL CERRADO! Solo queremos ver más personajes del Fandom aquí. — Salvadores — Habitantes de Alexandria — Habitantes del Reino — Supervivientes OC Ya seas de Alexandria, Hilltop, El Reino, el CRM o el Santuario... ¡te queremos con nosotros! 🗡 Si tienes ideas o un personaje que quieras traer, ¡postúlate! ¡Si puedes trae amigos, porfa! ¡Corre la voz! Habla con amigos de otras plataformas, comparte este mensaje y únete a la comunidad. ¡FicRol necesita más sangre (en todos los sentidos)! 🩸 ¡Anímate!
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    ¡Hola! ¡Hemos creado un pequeño grupo o #Squad sobre la serie Criminal Minds! Así que... ¡ #UACSquad busca personajes de! fandom!

    ¿Te gusta el universo de Criminal Minds y estás buscando conectar con otros personajes? ¡Has encontrado el clasificado perfecto!

    Se buscan users amigables y comprometidos con el fandom, que disfruten el desarrollo narrativo y el drama policial al estilo UAC.

    Se busca con urgencia a:
    ⤷ David Rossi
    ⤷ ̶A̶a̶r̶o̶n̶ ̶H̶o̶t̶c̶h̶n̶e̶r̶
    ⤷ Derek Morgan
    ⤷ Jennifer "JJ" Jareau — RESERVADA
    ⤷ ̶S̶p̶e̶n̶c̶e̶r̶ ̶R̶e̶i̶d̶
    ⤷ Emily Prentiss
    ⤷ Penélope García
    ⤷ ...

    ¡Necesitamos a los 7 magníficos!

    Solo se pide:

    — Buena ortografía y redacción.
    — Conocimiento real del fandom y sus personajes.
    — Respeto por los headcanons ajenos y fidelidad al lore.
    — Ganas de integrarse a tramas ya activas (con apertura a crear nuevas).
    — Total apertura a OCs con coherencia narrativa (OC friendly).
    — Flexibilidad para adaptarse a dinámicas ya establecidas.

    Además contamos con OCs que forman un Equipo B de la UAC:

    Jack Tessaro
    Actual Jefe del Equipo B de la UAC de Quántico

    Fue entrenado, en sus inicios, por Jason Gideon y David Rossi, a quienes considera sus mentores.

    Mantiene una relación de amistad fuerte con Rossi y Hotchner, y tiene buen vínculo con el resto del equipo de Hotch. Lidera actualmente un equipo paralelo dentro de la UAC, con perfiles variados y tramas activas en desarrollo, compartiendo el mando con su superior Martin Hammond.


    Interesadxs en llevar personajes canon, traer OCs con peso, o explorar conexiones pasadas y presentes con el equipo de Jack, son más que bienvenidxs.


    Si te interesa, ya sabes lo que tienes que hacer
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    📂 ¡Hola! ¡Hemos creado un pequeño grupo o #Squad sobre la serie Criminal Minds! Así que... ¡ #UACSquad busca personajes de! fandom! ¿Te gusta el universo de Criminal Minds y estás buscando conectar con otros personajes? ¡Has encontrado el clasificado perfecto! Se buscan users amigables y comprometidos con el fandom, que disfruten el desarrollo narrativo y el drama policial al estilo UAC. Se busca con urgencia a: ⤷ David Rossi ⤷ ̶A̶a̶r̶o̶n̶ ̶H̶o̶t̶c̶h̶n̶e̶r̶ ⤷ Derek Morgan ⤷ Jennifer "JJ" Jareau — RESERVADA ⤷ ̶S̶p̶e̶n̶c̶e̶r̶ ̶R̶e̶i̶d̶ ⤷ Emily Prentiss ⤷ Penélope García ⤷ ... ¡Necesitamos a los 7 magníficos! 🔎 Solo se pide: — Buena ortografía y redacción. — Conocimiento real del fandom y sus personajes. — Respeto por los headcanons ajenos y fidelidad al lore. — Ganas de integrarse a tramas ya activas (con apertura a crear nuevas). — Total apertura a OCs con coherencia narrativa (OC friendly). — Flexibilidad para adaptarse a dinámicas ya establecidas. Además contamos con OCs que forman un Equipo B de la UAC: [NotAMindRcader] 👥 Actual Jefe del Equipo B de la UAC de Quántico Fue entrenado, en sus inicios, por Jason Gideon y David Rossi, a quienes considera sus mentores. Mantiene una relación de amistad fuerte con Rossi y Hotchner, y tiene buen vínculo con el resto del equipo de Hotch. Lidera actualmente un equipo paralelo dentro de la UAC, con perfiles variados y tramas activas en desarrollo, compartiendo el mando con su superior Martin Hammond. 🎯 Interesadxs en llevar personajes canon, traer OCs con peso, o explorar conexiones pasadas y presentes con el equipo de Jack, son más que bienvenidxs. 📩 Si te interesa, ya sabes lo que tienes que hacer ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ↴↴
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