• Solo es una apariencia , de la futura reina de los demonios y la heredera de clan los vampiro ~
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  • La mosca en la nuca II
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    El asfalto parecía estirarse infinitamente bajo las ruedas de la moto, una cinta negra y desgastada que devoraba los kilómetros de la carretera secundaria. Alberto sentía el entumecimiento en las manos y el peso del cuero sobre los hombros; el motor, un rugido constante entre sus piernas, era lo único que mantenía a raya el silencio absoluto de la noche.
    Tras una curva cerrada, un letrero de neón parpadeante apareció como un faro de mala muerte: "The Sleepy Hollow - Vacancy".
    El motel era poco más que una hilera de puertas desconchadas y un olor penetrante a pino barato y humedad. Alberto detuvo la moto, apagó el motor y dejó que el silencio lo envolviera. Se quitó el casco, sacudiendo su cabello mientras sus ojos escudriñaban el lugar. Como demonio, sus sentidos siempre estaban alerta, pero el cansancio empezaba a ganarle la partida a la paranoia.
    Caminó hacia la oficina de recepción, pero antes de llegar, una presencia lo detuvo en seco. Un aroma dulce, casi celestial —como ozono después de la lluvia y jazmín—, flotaba en el aire estancado del aparcamiento.
    Allí, apoyado contra la barandilla de madera de la habitación número 4, estaba él.


    —¿Alberto? —La voz era una caricia de seda, cargada de una incredulidad genuina.

    Se trataba de...¿Zetch?

    El ángel se veía fuera de lugar en aquel entorno decadente. Su piel parecía emitir una luminiscencia tenue bajo la luz amarillenta de las farolas. Sus ojos, grandes y llenos de esa inocencia que Alberto siempre había encontrado tan exasperante como adictiva, lo miraban fijamente. Zetch dio un paso adelante.

    —Ha pasado tanto tiempo... Pensé que no volvería a sentir tu rastro —murmuró Zetch, acercándose lo suficiente para que la tensión entre ambos se volviera eléctrica.

    Alberto sintió el calor familiar subiendo por su pecho. El contraste era letal: la pureza de Zetch frente a la oscuridad densa que él mismo cargaba. El ángel inclinó un poco la cabeza, con esa curiosidad dulce que lo caracterizaba, y estiró una mano blanca para rozar la chaqueta de cuero de Alberto, justo encima de donde latía su corazón oscuro.

    —Estás cansado —susurró Zetch, su aliento rozando la mandíbula de Alberto—. Entra conmigo. Aquí... aquí nadie te buscará.—

    El demonio sabía que quedarse era un error, pero la forma en que Zetch lo miraba, con esa devoción limpia y sin juicio, era una tentación más fuerte que cualquier pecado que Alberto hubiera cometido antes.
    El asfalto parecía estirarse infinitamente bajo las ruedas de la moto, una cinta negra y desgastada que devoraba los kilómetros de la carretera secundaria. Alberto sentía el entumecimiento en las manos y el peso del cuero sobre los hombros; el motor, un rugido constante entre sus piernas, era lo único que mantenía a raya el silencio absoluto de la noche. Tras una curva cerrada, un letrero de neón parpadeante apareció como un faro de mala muerte: "The Sleepy Hollow - Vacancy". El motel era poco más que una hilera de puertas desconchadas y un olor penetrante a pino barato y humedad. Alberto detuvo la moto, apagó el motor y dejó que el silencio lo envolviera. Se quitó el casco, sacudiendo su cabello mientras sus ojos escudriñaban el lugar. Como demonio, sus sentidos siempre estaban alerta, pero el cansancio empezaba a ganarle la partida a la paranoia. Caminó hacia la oficina de recepción, pero antes de llegar, una presencia lo detuvo en seco. Un aroma dulce, casi celestial —como ozono después de la lluvia y jazmín—, flotaba en el aire estancado del aparcamiento. Allí, apoyado contra la barandilla de madera de la habitación número 4, estaba él. —¿Alberto? —La voz era una caricia de seda, cargada de una incredulidad genuina. Se trataba de...¿Zetch? El ángel se veía fuera de lugar en aquel entorno decadente. Su piel parecía emitir una luminiscencia tenue bajo la luz amarillenta de las farolas. Sus ojos, grandes y llenos de esa inocencia que Alberto siempre había encontrado tan exasperante como adictiva, lo miraban fijamente. Zetch dio un paso adelante. —Ha pasado tanto tiempo... Pensé que no volvería a sentir tu rastro —murmuró Zetch, acercándose lo suficiente para que la tensión entre ambos se volviera eléctrica. Alberto sintió el calor familiar subiendo por su pecho. El contraste era letal: la pureza de Zetch frente a la oscuridad densa que él mismo cargaba. El ángel inclinó un poco la cabeza, con esa curiosidad dulce que lo caracterizaba, y estiró una mano blanca para rozar la chaqueta de cuero de Alberto, justo encima de donde latía su corazón oscuro. —Estás cansado —susurró Zetch, su aliento rozando la mandíbula de Alberto—. Entra conmigo. Aquí... aquí nadie te buscará.— El demonio sabía que quedarse era un error, pero la forma en que Zetch lo miraba, con esa devoción limpia y sin juicio, era una tentación más fuerte que cualquier pecado que Alberto hubiera cometido antes.
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  • Un vínculo más allá de la muerte.
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    Ꮶꭺꭱꭰꮖꭺ

    Rumores, rumores...

    Una demonio ¿Qué tipo de demonio? Poco importaba eso, al menos para Morana, lo que importaba era su forma de ser, afectuosa y obediente con todos, amable y servicial, o al menos eso había llegado a oídos de la nigromante.

    Era obvio que una situación así llamaría la atención de Morana ¿Quizás la demonio en cuestión estaba condicionada?¿Sería un pacto de algún tipo?¿Sería alguna magia que la mantenía a raya?¿O resultaría ser simplemente una excepción a la norma? Habría que averiguarlo.

    Escuchó que trabajaba en una especie de cafetería, sabiendo su historial, era de esperar que trabajase cara al público, suficientemente conveniente el hecho de que "sirviera" a otras personas en su oficio.

    Morana entró al local con paciencia, algo propio en ella, cada paso era lento, dándole tiempo a observar alrededor, analizar el entorno, una costumbre de la nigromante. Lo había sentido desde hace tiempo, siendo tan diestra en las artes espirituales, pudo sentir la presencia del demonio, aunque fuera de manera leve... Curioso ¿Realmente era un demonio o era un espíritu? Lo sabría cuando la viera con sus propios ojos.

    Morana no acostumbraba a lugares con gente, así que su andar se dirigió hacia la mesa que se encontraba en la esquina, alejada de oídos curiosos, pero no de las miradas... Una mujer de cabello rubio apagado, de porte elegante con ojos plateados, obviamente llamaría la atención de alguna persona, pero se resignó, tendría que conformarse.

    Tomó asiento tranquilamente, cruzó las piernas y, mientras esperaba a que la atendieran, recorrió el lugar con la mirada.

    Cualquiera que pudiera ver más allá de lo común, sabría que Morana no es una persona normal... Ahora era cosa de esperar...
    [Kardia_cor] Rumores, rumores... Una demonio ¿Qué tipo de demonio? Poco importaba eso, al menos para Morana, lo que importaba era su forma de ser, afectuosa y obediente con todos, amable y servicial, o al menos eso había llegado a oídos de la nigromante. Era obvio que una situación así llamaría la atención de Morana ¿Quizás la demonio en cuestión estaba condicionada?¿Sería un pacto de algún tipo?¿Sería alguna magia que la mantenía a raya?¿O resultaría ser simplemente una excepción a la norma? Habría que averiguarlo. Escuchó que trabajaba en una especie de cafetería, sabiendo su historial, era de esperar que trabajase cara al público, suficientemente conveniente el hecho de que "sirviera" a otras personas en su oficio. Morana entró al local con paciencia, algo propio en ella, cada paso era lento, dándole tiempo a observar alrededor, analizar el entorno, una costumbre de la nigromante. Lo había sentido desde hace tiempo, siendo tan diestra en las artes espirituales, pudo sentir la presencia del demonio, aunque fuera de manera leve... Curioso ¿Realmente era un demonio o era un espíritu? Lo sabría cuando la viera con sus propios ojos. Morana no acostumbraba a lugares con gente, así que su andar se dirigió hacia la mesa que se encontraba en la esquina, alejada de oídos curiosos, pero no de las miradas... Una mujer de cabello rubio apagado, de porte elegante con ojos plateados, obviamente llamaría la atención de alguna persona, pero se resignó, tendría que conformarse. Tomó asiento tranquilamente, cruzó las piernas y, mientras esperaba a que la atendieran, recorrió el lugar con la mirada. Cualquiera que pudiera ver más allá de lo común, sabría que Morana no es una persona normal... Ahora era cosa de esperar...
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    Parte 13 - La guardiana del bosque.

    La corriente había entregado a Akane a la orilla, pero fue una ogra quien la salvó. Grande y fuerte, con rasgos más finos que los de su especie, la joven ogra la cargó hasta su cabaña en el bosque. Allí, rodeada de hierbas colgadas en las paredes y frascos de cristal con líquidos de colores, comenzó el proceso de sanación.

    La ogra conocía la medicina de plantas y la alquimia de pociones.
    Había aprendido a mezclar ambos saberes, creando remedios más poderosos que los comunes. Sabía que podían sanar casi cualquier daño, salvo la pérdida de un miembro.
    Por eso confió en que una sola poción bastaría.

    Pero al ver la magnitud de las heridas de Akane, comprendió que no sería suficiente. Así que decidió administrarle pociones dos veces al día, durante cuatro días, con paciencia, con cuidado, con la fuerza de alguien que sabe que la vida es frágil.

    El segundo día, Akane abrió los ojos apenas un instante, la visión era borrosa, pero alcanzó a distinguir la figura de la ogra inclinada sobre ella, ofreciéndole una poción. Por un momento, la silueta se confundió con un recuerdo, el cabello, la postura, la firmeza en la mirada…
    Akane sonrió débilmente y murmuró: Abuela Jennifer…

    Antes de que la ogra pudiera responder, Akane volvió a caer en el sueño. La ogra se quedó quieta, arqueando una ceja.

    "¿Abuela? ¿Tan mayor me veo? A lo mucho podría confundirme con su madre… pero ¿abuela?"

    Sacudió la cabeza, divertida y un poco ofendida, mientras pensaba que aquella joven debía estar delirando por la fiebre.

    Parte 14 - El despertar y la aclaración.

    Pasaron unos mas días. Las pociones habían hecho efecto y Akane comenzó a recuperar fuerzas. Cuando despertó plenamente, la ogra se acercó para revisar sus heridas, Akane, aún medio dormida, dio un pequeño sobresalto y murmuró otra vez:

    -Jennifer…

    La ogra ladeó la cabeza, con una sonrisa irónica.
    -No soy tan mayor como crees. Y, para tu información, supongo que tenemos casi la misma edad. Así que no me confundas con una señora mayor.

    Akane se frotó los ojos, y al observar mejor notó el cabello rojo intenso de la ogra, tan distinto al negro verdoso de Jennifer. Se sonrojó y se disculpó: Lo siento… no es que te viera como alguien mayor. Es que mi abuela Jennifer se ve tan joven que parece tener no más de veinte años.

    La ogra parpadeó, confundida. -¿Tu abuela? ¿De veinte años? Eso no tiene sentido. Los ogros vivimos mucho tiempo, sí, pero una abuela que parece una jovencita… ¿qué clase de criatura es? ¿Acaso es un demonio?

    Akane suspiró, con una sonrisa cansada. -Peor... Demonio es una palabra que se queda corta.-
    Luego pensó un momento y agregó: Oh, ¿te refieres a su especie? No, no es un demonio. Ella… es complicado de explicar.

    La ogra ladeó la cabeza, intrigada.
    -¿Qué clase de abuela será esa tal Jennifer?" pensó, mientras seguía cuidando a Akane.
    Parte 13 - La guardiana del bosque. La corriente había entregado a Akane a la orilla, pero fue una ogra quien la salvó. Grande y fuerte, con rasgos más finos que los de su especie, la joven ogra la cargó hasta su cabaña en el bosque. Allí, rodeada de hierbas colgadas en las paredes y frascos de cristal con líquidos de colores, comenzó el proceso de sanación. La ogra conocía la medicina de plantas y la alquimia de pociones. Había aprendido a mezclar ambos saberes, creando remedios más poderosos que los comunes. Sabía que podían sanar casi cualquier daño, salvo la pérdida de un miembro. Por eso confió en que una sola poción bastaría. Pero al ver la magnitud de las heridas de Akane, comprendió que no sería suficiente. Así que decidió administrarle pociones dos veces al día, durante cuatro días, con paciencia, con cuidado, con la fuerza de alguien que sabe que la vida es frágil. El segundo día, Akane abrió los ojos apenas un instante, la visión era borrosa, pero alcanzó a distinguir la figura de la ogra inclinada sobre ella, ofreciéndole una poción. Por un momento, la silueta se confundió con un recuerdo, el cabello, la postura, la firmeza en la mirada… Akane sonrió débilmente y murmuró: Abuela Jennifer… Antes de que la ogra pudiera responder, Akane volvió a caer en el sueño. La ogra se quedó quieta, arqueando una ceja. "¿Abuela? ¿Tan mayor me veo? A lo mucho podría confundirme con su madre… pero ¿abuela?" Sacudió la cabeza, divertida y un poco ofendida, mientras pensaba que aquella joven debía estar delirando por la fiebre. Parte 14 - El despertar y la aclaración. Pasaron unos mas días. Las pociones habían hecho efecto y Akane comenzó a recuperar fuerzas. Cuando despertó plenamente, la ogra se acercó para revisar sus heridas, Akane, aún medio dormida, dio un pequeño sobresalto y murmuró otra vez: -Jennifer… La ogra ladeó la cabeza, con una sonrisa irónica. -No soy tan mayor como crees. Y, para tu información, supongo que tenemos casi la misma edad. Así que no me confundas con una señora mayor. Akane se frotó los ojos, y al observar mejor notó el cabello rojo intenso de la ogra, tan distinto al negro verdoso de Jennifer. Se sonrojó y se disculpó: Lo siento… no es que te viera como alguien mayor. Es que mi abuela Jennifer se ve tan joven que parece tener no más de veinte años. La ogra parpadeó, confundida. -¿Tu abuela? ¿De veinte años? Eso no tiene sentido. Los ogros vivimos mucho tiempo, sí, pero una abuela que parece una jovencita… ¿qué clase de criatura es? ¿Acaso es un demonio? Akane suspiró, con una sonrisa cansada. -Peor... Demonio es una palabra que se queda corta.- Luego pensó un momento y agregó: Oh, ¿te refieres a su especie? No, no es un demonio. Ella… es complicado de explicar. La ogra ladeó la cabeza, intrigada. -¿Qué clase de abuela será esa tal Jennifer?" pensó, mientras seguía cuidando a Akane.
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  • Un nuevo comienzo
    Fandom Kuroshitsuji
    Categoría Otros
    Lugar: Mansión Phantomhive, Londres
    Hora: 11:47 p. m.
    Clima: Noche cerrada, lluvia fina golpeando los ventanales, niebla espesa envolviendo la propiedad.

    ON

    *Sebastian Michaelis sostenía la copa con una precisión impecable, como si incluso el cristal comprendiera la jerarquía que gobernaba la mansión Phantomhive. El vino oscuro reposaba en silencio, reflejando la luz trémula de los candelabros que iluminaban el salón principal, mientras la lluvia marcaba un ritmo constante contra los ventanales.

    La mansión estaba en calma, sin embargo, no era una calma vacía, sino una cuidadosamente impuesta. Afuera, la niebla se aferraba a los jardines como una presencia viva; mientras que dentro, los muros antiguos observaban, cómplices mudos de contratos que jamás debían pronunciarse en voz alta.

    Sebastian permanecía de pie, erguido, con la compostura intacta, como si incluso la soledad formara parte de su servicio.
    Giró entonces la copa con lentitud, escuchando el leve roce del líquido contra el cristal, sus ojos carmesíes no mostraban emoción alguna y aunque en su mirada habitaba una atención despierta, el no necesitaba compañía pues la oscuridad le resultaba familiar.

    Dejó la copa sobre la mesa con un gesto suave, casi ceremonial. El sonido se disipó entre el crepitar distante del fuego y el murmullo de la tormenta. Fue entonces que aquel demonio inclinó apenas la cabeza, no hacia nadie en particular, sino hacia el pacto invisible que lo ataba a ese lugar. Su expresión era serena, educada… peligrosamente honesta pues se dejó ver con una sonrisa ladina a su acto.

    Aquí, la mansión Phantomhive no dormía, Sebastian Michaelis, su mayordomo, permanecía vigilante, paciente, aguardando el momento exacto en que la noche exigiría su intervención.* ~
    Lugar: Mansión Phantomhive, Londres Hora: 11:47 p. m. Clima: Noche cerrada, lluvia fina golpeando los ventanales, niebla espesa envolviendo la propiedad. ON *Sebastian Michaelis sostenía la copa con una precisión impecable, como si incluso el cristal comprendiera la jerarquía que gobernaba la mansión Phantomhive. El vino oscuro reposaba en silencio, reflejando la luz trémula de los candelabros que iluminaban el salón principal, mientras la lluvia marcaba un ritmo constante contra los ventanales. La mansión estaba en calma, sin embargo, no era una calma vacía, sino una cuidadosamente impuesta. Afuera, la niebla se aferraba a los jardines como una presencia viva; mientras que dentro, los muros antiguos observaban, cómplices mudos de contratos que jamás debían pronunciarse en voz alta. Sebastian permanecía de pie, erguido, con la compostura intacta, como si incluso la soledad formara parte de su servicio. Giró entonces la copa con lentitud, escuchando el leve roce del líquido contra el cristal, sus ojos carmesíes no mostraban emoción alguna y aunque en su mirada habitaba una atención despierta, el no necesitaba compañía pues la oscuridad le resultaba familiar. Dejó la copa sobre la mesa con un gesto suave, casi ceremonial. El sonido se disipó entre el crepitar distante del fuego y el murmullo de la tormenta. Fue entonces que aquel demonio inclinó apenas la cabeza, no hacia nadie en particular, sino hacia el pacto invisible que lo ataba a ese lugar. Su expresión era serena, educada… peligrosamente honesta pues se dejó ver con una sonrisa ladina a su acto. Aquí, la mansión Phantomhive no dormía, Sebastian Michaelis, su mayordomo, permanecía vigilante, paciente, aguardando el momento exacto en que la noche exigiría su intervención.* ~
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  • ❥ Hoy no quiere ir al café.
    ↪ Debería decirle a su jefa que se siente enferma y faltar.
    ⊹ No, porque es un demonio y no puede enfermarse.

    ↪ Golpear a su jefa mientras grita que renuncia.
    ♱ Su sello le impide lastimar a otros seres vivos.
    ✟ Y el exorcista la va a castigar si renuncia.

    ↪ Resignarse y ponerse el uniforme.
    ✦ Resignarse y ponerse el uniforme.


    #SeductiveSunday
    ❥ Hoy no quiere ir al café. ↪ Debería decirle a su jefa que se siente enferma y faltar. ⊹ No, porque es un demonio y no puede enfermarse. ↪ Golpear a su jefa mientras grita que renuncia. ♱ Su sello le impide lastimar a otros seres vivos. ✟ Y el exorcista la va a castigar si renuncia. ↪ Resignarse y ponerse el uniforme. ✦ Resignarse y ponerse el uniforme. #SeductiveSunday
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    || Demonios...Estuve mucho tiempo ausente, tocara ponerse al dia aun que costara lo suyo. (???)
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  • Rosa de sangre y Oscuridad de pasion
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    // Rol con Veythra Lili Queen Ishtar //

    ~Un día en el campo de batalla un joven dios demonio griego, habia ido a pelear en Atenas porque unos demonios se habian revelado y era su deber como principe detenerlos. Su padre era el Rey del Inframundo y estaba ocupado y por eso lo habia mandado a el aunque no estaba solo tambien habian mas guerreros. Hercules, Afrodita, Ate de Grecia, y demas, aunque habia una cara que no le resultaba familiar~

    Tu guerrera, quien eres?

    -se acerca a la guerrera pelirosa mientras bloqueaba el ataque de unos demonios y mataba a otros-
    // Rol con [Lili.Queen] // ~Un día en el campo de batalla un joven dios demonio griego, habia ido a pelear en Atenas porque unos demonios se habian revelado y era su deber como principe detenerlos. Su padre era el Rey del Inframundo y estaba ocupado y por eso lo habia mandado a el aunque no estaba solo tambien habian mas guerreros. Hercules, Afrodita, Ate de Grecia, y demas, aunque habia una cara que no le resultaba familiar~ Tu guerrera, quien eres? -se acerca a la guerrera pelirosa mientras bloqueaba el ataque de unos demonios y mataba a otros-
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    Tomoe: Hija deeeeee...

    Esa frase fue epica, me morí, más cuando derrotó la la demonio anciana xD
    Tomoe: Hija deeeeee... Esa frase fue epica, me morí, más cuando derrotó la la demonio anciana xD
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  • Epístola 1 - El demonio de las armas.

    26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo.

    Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo.

    ¿Era yo quien apestaba a sangre?

    ¿Era mi propia percepción?

    ¿Era el entorno quien lo hacía?

    Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es?

    Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja.

    Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra.

    Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme.

    No quería sumirme en el abismo, pero...

    Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto.

    Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese.

    Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo.

    No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza.

    Yo seré quien lo controle.

    Yo seré quien decida si existen demonios o no.

    Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio.

    Y la cuenta comienza...ya.
    Epístola 1 - El demonio de las armas. 26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo. Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo. ¿Era yo quien apestaba a sangre? ¿Era mi propia percepción? ¿Era el entorno quien lo hacía? Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es? Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja. Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra. Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme. No quería sumirme en el abismo, pero... Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto. Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese. Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo. No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza. Yo seré quien lo controle. Yo seré quien decida si existen demonios o no. Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio. Y la cuenta comienza...ya.
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