• — Hoy el día se ha complicado un poco... Oye, ¿sabes que vas a tener que pagar el seguro de todos esos coches, verdad?

    El villano, indiferente lanzó otro coche hacia ella. Halley saltó, se coló por una de las ventanilla y sacó a la madre y al hijo que estaban dentro. El coche se estrelló en el suelo tras ellos. Halley entonces los llevó a la acerca y les dijo que huyeran.

    — Venga, ni siquiera me has dicho cómo te llamas. Espero que no, pero si te escapas de la cárcel cuando te atrape y vuelvas a esto tenemos que tener una dinámica.

    Mientras decía eso, corrió por el lateral de un edificio y saltó hacia él, pero justo en ese momento puso un coche en medio. Halley saltó por encima por poco y lanzó una telaraña hacia un edificio, yendo hacia el y pegándose con una mano y pie a la pared.

    Villano: — No voy a ir a la cárcel otra vez.

    — Ahh, así que ya estás reincidiendo... ¿Porque fue la primera vez? ¿Multa de tráfico y ahora odias la conducción?

    Ya harto, juntó varios coches en un amasijo de metal y los lanzó hacia dónde estaba ella.

    Halley fue hacia arriba, rápidamente enganchando una telaraña en el rostro de ese tipo y tirando de él, acercándolo y dándole un rodillazo en la cara y enviándolo al asfalto.

    — Me siento mal por Danielle... No debí decirle a esos dos que lo conocía... Me dejé llevar.

    Mientras estaba peleando en sus preocupaciones, el lanza coches se levantó y le lanzó otro más. Halley lo saltó y lo esquivó en el aire pero el vehículo volvió a ir hacia ella y la lanzó contra el suelo.

    —Vale, empate...
    — Hoy el día se ha complicado un poco... Oye, ¿sabes que vas a tener que pagar el seguro de todos esos coches, verdad? El villano, indiferente lanzó otro coche hacia ella. Halley saltó, se coló por una de las ventanilla y sacó a la madre y al hijo que estaban dentro. El coche se estrelló en el suelo tras ellos. Halley entonces los llevó a la acerca y les dijo que huyeran. — Venga, ni siquiera me has dicho cómo te llamas. Espero que no, pero si te escapas de la cárcel cuando te atrape y vuelvas a esto tenemos que tener una dinámica. Mientras decía eso, corrió por el lateral de un edificio y saltó hacia él, pero justo en ese momento puso un coche en medio. Halley saltó por encima por poco y lanzó una telaraña hacia un edificio, yendo hacia el y pegándose con una mano y pie a la pared. Villano: — No voy a ir a la cárcel otra vez. — Ahh, así que ya estás reincidiendo... ¿Porque fue la primera vez? ¿Multa de tráfico y ahora odias la conducción? Ya harto, juntó varios coches en un amasijo de metal y los lanzó hacia dónde estaba ella. Halley fue hacia arriba, rápidamente enganchando una telaraña en el rostro de ese tipo y tirando de él, acercándolo y dándole un rodillazo en la cara y enviándolo al asfalto. — Me siento mal por Danielle... No debí decirle a esos dos que lo conocía... Me dejé llevar. Mientras estaba peleando en sus preocupaciones, el lanza coches se levantó y le lanzó otro más. Halley lo saltó y lo esquivó en el aire pero el vehículo volvió a ir hacia ella y la lanzó contra el suelo. —Vale, empate...
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  • Un amor que debe florecer:
    Bajo el firmamento sereno, do la luna derramaba su argentado resplandor sobre las aguas del puerto, corría el mozo Zelkova, cubierto con su gorrilla de caza bermeja, abrigo largo y corbata oscura. El rumor de los navíos anclados se mezclaba con el jadeo afanoso de la pareja que seguía sus pasos.

    ◇¡Amor, no lo lograremos! ¡Nos hallarán!

    Exclamó la doncella con la voz quebrada.

    ●No dejéis que vuestra voluntad claudique

    Replicó Zelkova sin aminorar el paso.

    ●Ya estamos cerca.

    Con discretos ademanes los guiaba entre las sombras de las naves, señalándoles cuándo detenerse y cuándo escurrirse entre los cascos y aparejos. Así llegaron finalmente a una pequeña lancha que los aguardaba junto al muelle.

    Los tres quedaron rendidos por la fatiga.

    ♤No sabes cuánto te agradecemos

    Dijo el varón

    ♤Habéis hecho tanto por nosotros...

    ●No fue nada

    Respondió el cura, ocultando el rostro bajo la visera de su gorra.

    Mas el hombre entrecerró los ojos.

    ♤¿Qué escondéis ahí?

    ●Nada... nada. Daos priesa.

    ◇¡Por Dios!

    Gritó la mujer

    ◇¡Deja de hacerte el duro!.

    Con un suspiro resignado, Zelkova apartó la visera. Entonces quedó expuesto el morado que ennegrecía uno de sus ojos, memoria de las contiendas libradas para protegerles.

    La mujer rompió en llanto.

    ♤¿Por qué lo hiciste?

    Preguntó el hombre.

    ●Porque vuestro amor debe florecer en paz. Por vuestro bien... y por el de vuestro hijo.

    El hombre quedó anonadado y volvió la vista hacia su amada. Ella, ruborizada, miró hacia otro lado.

    ●Oh...

    Murmuró Zelkova

    ●Creo que malogré vuestra sorpresa.

    El hombre abrazó a la mujer y luego se volvió hacia él.

    ♤venga con nosotros. Mi familia os persigue; es peligroso. Si continuáis así, acabarán por daros muerte.

    ◇Intentaron apartarnos.

    Sollozó la doncella

    ◇Encerrarnos en nuestra soledad y unirnos a matrimonios arreglados. Usted y Ciaso nos ayudaron a amarnos. Buscarán mataros...

    Zelkova agitó las manos con mansedumbre.

    ●Está bien, está bien. No acontece nada. Mas no puedo acompañaros.

    Ambos guardaron silencio, incrédulos.

    ●No seáis necios

    Prosiguió el cura con una tenue sonrisa

    ●Siembra tu semilla y puebla la tierra. Dios os bendecirá con una familia sana. En verdad, merecéis ser felices. Yo aún tengo menesteres que atender.

    Volvió apenas el rostro.

    ●Vamos. Partid.

    El hombre, antes de embarcar, formuló una última pregunta.

    ♤¿Por qué arriesgas tu vida por unos desconocidos? No podemos devolverte semejante favor.

    Entonces Zelkova respondió con voz serena, citando las Sagradas Escrituras:

    ●Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

    La pareja corrió hacia él y lo estrechó en un abrazo.

    ♤Gracias, Padre Legasov◇

    Susurraron. Después subieron a la lancha, que pronto comenzó a alejarse de la ribera.

    Zelkova alzó una mano en despedida. Cuando la embarcación se perdió entre los reflejos argénteos del mar, tomó asiento junto al muelle. No contempló las aguas ni la luna que danzaba sobre ellas. Permaneció inmóvil, aquietando su espíritu y templando su mente para la labor que aún le aguardaba en la grisácea senda que había escogido recorrer.
    Un amor que debe florecer: Bajo el firmamento sereno, do la luna derramaba su argentado resplandor sobre las aguas del puerto, corría el mozo Zelkova, cubierto con su gorrilla de caza bermeja, abrigo largo y corbata oscura. El rumor de los navíos anclados se mezclaba con el jadeo afanoso de la pareja que seguía sus pasos. ◇¡Amor, no lo lograremos! ¡Nos hallarán! Exclamó la doncella con la voz quebrada. ●No dejéis que vuestra voluntad claudique Replicó Zelkova sin aminorar el paso. ●Ya estamos cerca. Con discretos ademanes los guiaba entre las sombras de las naves, señalándoles cuándo detenerse y cuándo escurrirse entre los cascos y aparejos. Así llegaron finalmente a una pequeña lancha que los aguardaba junto al muelle. Los tres quedaron rendidos por la fatiga. ♤No sabes cuánto te agradecemos Dijo el varón ♤Habéis hecho tanto por nosotros... ●No fue nada Respondió el cura, ocultando el rostro bajo la visera de su gorra. Mas el hombre entrecerró los ojos. ♤¿Qué escondéis ahí? ●Nada... nada. Daos priesa. ◇¡Por Dios! Gritó la mujer ◇¡Deja de hacerte el duro!. Con un suspiro resignado, Zelkova apartó la visera. Entonces quedó expuesto el morado que ennegrecía uno de sus ojos, memoria de las contiendas libradas para protegerles. La mujer rompió en llanto. ♤¿Por qué lo hiciste? Preguntó el hombre. ●Porque vuestro amor debe florecer en paz. Por vuestro bien... y por el de vuestro hijo. El hombre quedó anonadado y volvió la vista hacia su amada. Ella, ruborizada, miró hacia otro lado. ●Oh... Murmuró Zelkova ●Creo que malogré vuestra sorpresa. El hombre abrazó a la mujer y luego se volvió hacia él. ♤venga con nosotros. Mi familia os persigue; es peligroso. Si continuáis así, acabarán por daros muerte. ◇Intentaron apartarnos. Sollozó la doncella ◇Encerrarnos en nuestra soledad y unirnos a matrimonios arreglados. Usted y Ciaso nos ayudaron a amarnos. Buscarán mataros... Zelkova agitó las manos con mansedumbre. ●Está bien, está bien. No acontece nada. Mas no puedo acompañaros. Ambos guardaron silencio, incrédulos. ●No seáis necios Prosiguió el cura con una tenue sonrisa ●Siembra tu semilla y puebla la tierra. Dios os bendecirá con una familia sana. En verdad, merecéis ser felices. Yo aún tengo menesteres que atender. Volvió apenas el rostro. ●Vamos. Partid. El hombre, antes de embarcar, formuló una última pregunta. ♤¿Por qué arriesgas tu vida por unos desconocidos? No podemos devolverte semejante favor. Entonces Zelkova respondió con voz serena, citando las Sagradas Escrituras: ●Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. La pareja corrió hacia él y lo estrechó en un abrazo. ♤Gracias, Padre Legasov◇ Susurraron. Después subieron a la lancha, que pronto comenzó a alejarse de la ribera. Zelkova alzó una mano en despedida. Cuando la embarcación se perdió entre los reflejos argénteos del mar, tomó asiento junto al muelle. No contempló las aguas ni la luna que danzaba sobre ellas. Permaneció inmóvil, aquietando su espíritu y templando su mente para la labor que aún le aguardaba en la grisácea senda que había escogido recorrer.
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  • — Siento haber llegado tarde, es que...

    La directora le miró con decepción, no estaba enfadada, eso era lo peor.

    Directora: — Halley, es la tercera vez está semana, entiendo que lo que estás pasando no es fácil, lo de tu padre aún es reciente. La orientadora está disponible si necesitas hablar con ella.

    Halley tuvo ganas de largarse del despacho ahí mismo. Pero no podía decir que la razón por la que llegaba tarde es porque acababa de evitar que matasen a alguien, o porque había estado intentando frenar una persecución.

    La directora tenía razón en algo, la muerte de su padre aún le dolía, y quizás hablarlo con una profesional le vendría bien, pero no sabía cómo hacerlo sin omitir los detalles, sin explicar que, si se sentía culpable de la muerte de su padre, es porque lo era. Tampoco podía decir que esa doble vida que había elegido, a veces se sentía como una obligación. No podía hablar de como se sentía sin revelar cosas que no quería.

    Al final terminó por asentir y dar una sonrisa rápida.

    — Si, claro, lo tendré en cuenta, muchas gracias.

    Se levantó de la silla apresuradamente y se dirigió a la puerta. La directora iba a decir algo pero ella había tenido suficiente.

    — Siento llegar tarde, no volverá a pasar.

    Ambas sabían que era mentira, pero lo dejaron ahí. Halley fue por los pasillos como si algo le persiguiera, solo quería estar sola.
    — Siento haber llegado tarde, es que... La directora le miró con decepción, no estaba enfadada, eso era lo peor. Directora: — Halley, es la tercera vez está semana, entiendo que lo que estás pasando no es fácil, lo de tu padre aún es reciente. La orientadora está disponible si necesitas hablar con ella. Halley tuvo ganas de largarse del despacho ahí mismo. Pero no podía decir que la razón por la que llegaba tarde es porque acababa de evitar que matasen a alguien, o porque había estado intentando frenar una persecución. La directora tenía razón en algo, la muerte de su padre aún le dolía, y quizás hablarlo con una profesional le vendría bien, pero no sabía cómo hacerlo sin omitir los detalles, sin explicar que, si se sentía culpable de la muerte de su padre, es porque lo era. Tampoco podía decir que esa doble vida que había elegido, a veces se sentía como una obligación. No podía hablar de como se sentía sin revelar cosas que no quería. Al final terminó por asentir y dar una sonrisa rápida. — Si, claro, lo tendré en cuenta, muchas gracias. Se levantó de la silla apresuradamente y se dirigió a la puerta. La directora iba a decir algo pero ella había tenido suficiente. — Siento llegar tarde, no volverá a pasar. Ambas sabían que era mentira, pero lo dejaron ahí. Halley fue por los pasillos como si algo le persiguiera, solo quería estar sola.
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  • —Las Crónicas De Fenrir Queen—

    •Capítulo 1: Las heridas que no sanan•

    El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme.

    Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro.

    Curandero: —Nunca había visto algo parecido.

    Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es?

    El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo.

    Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo.

    Fenrir: —Entonces… puede curarlo?

    La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca.

    Curandero: —Lo siento, muchacha.

    Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución.

    Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando.

    Fenrir: —Tan mal están?

    Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves.

    Fenrir: —Puede ayudarme?

    La mujer apartó lentamente la mirada.

    Alquimista: —No.

    Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo.

    Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal.

    Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo?

    Anciano: —No.

    Fenrir: —Y algún alquimista?

    Anciano: —Tampoco.

    Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar.

    Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente.

    Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar.

    Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido.

    Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo.

    Fenrir: —Parecido?

    Anciano: —Un joven viajero.

    Fenrir: —También está herido?

    El hombre asintió.

    Anciano: —Eso parece.

    No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo.

    Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías.

    Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar.

    Finalmente reuní valor y me acerqué.

    Fenrir: —Puedo sentarme?

    El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder.

    Desconocido: —Haz lo que quieras.

    Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo.

    Desconocido: —No pareces de aquí.

    Fenrir: —Porque no lo soy.

    Desconocido: —Viajas sola.

    Fenrir: —Sí.

    El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante.

    Desconocido: —Qué pasa?

    Fenrir: —Tu brazo.

    Su expresión se endureció ligeramente.

    Desconocido: —Qué ocurre con él?

    Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes.

    Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío.

    Por primera vez pareció realmente sorprendido.

    Desconocido: —También estás herida?

    Solté una pequeña risa cansada.

    Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir.

    El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista.

    Desconocido: —Fue un chico?

    Fenrir: —Cómo lo sabes?

    Desconocido: —Porque a mí me hizo esto.

    Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido.

    Fenrir: —Yo no sé quién era.

    Desconocido: —Yo tampoco sé mucho.

    Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó.

    Desconocido: —A mí tampoco.

    La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar.

    Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía.

    Desconocido: —Porque se rompe.

    Fenrir: —Qué quieres decir?

    Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor.

    Bajé la mirada hacia la mesa.

    Fenrir: —Casi me mata.

    El muchacho permaneció unos segundos en silencio.

    Desconocido: —A mí también.

    Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara.

    Fuera quien fuese aquel muchacho…
    Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
    —Las Crónicas De Fenrir Queen— •Capítulo 1: Las heridas que no sanan• El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme. Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro. Curandero: —Nunca había visto algo parecido. Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es? El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo. Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo. Fenrir: —Entonces… puede curarlo? La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca. Curandero: —Lo siento, muchacha. Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución. Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando. Fenrir: —Tan mal están? Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves. Fenrir: —Puede ayudarme? La mujer apartó lentamente la mirada. Alquimista: —No. Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo. Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal. Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo? Anciano: —No. Fenrir: —Y algún alquimista? Anciano: —Tampoco. Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar. Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente. Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar. Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido. Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo. Fenrir: —Parecido? Anciano: —Un joven viajero. Fenrir: —También está herido? El hombre asintió. Anciano: —Eso parece. No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo. Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías. Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar. Finalmente reuní valor y me acerqué. Fenrir: —Puedo sentarme? El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder. Desconocido: —Haz lo que quieras. Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo. Desconocido: —No pareces de aquí. Fenrir: —Porque no lo soy. Desconocido: —Viajas sola. Fenrir: —Sí. El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante. Desconocido: —Qué pasa? Fenrir: —Tu brazo. Su expresión se endureció ligeramente. Desconocido: —Qué ocurre con él? Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes. Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío. Por primera vez pareció realmente sorprendido. Desconocido: —También estás herida? Solté una pequeña risa cansada. Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir. El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista. Desconocido: —Fue un chico? Fenrir: —Cómo lo sabes? Desconocido: —Porque a mí me hizo esto. Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido. Fenrir: —Yo no sé quién era. Desconocido: —Yo tampoco sé mucho. Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó. Desconocido: —A mí tampoco. La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar. Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía. Desconocido: —Porque se rompe. Fenrir: —Qué quieres decir? Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor. Bajé la mirada hacia la mesa. Fenrir: —Casi me mata. El muchacho permaneció unos segundos en silencio. Desconocido: —A mí también. Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara. Fuera quien fuese aquel muchacho… Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
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  • [Durante aquella hermosa noche Gyuseki se encontraba cumpliendo su horario laboral donde vigilaria a los clientes para que ninguno pudiera acercarse a las bailarinas quienes al tener a Gyuseki cerca podían trabajar sabiendo que estaban fuera de peligro]

    Cliente: oye vamos viejo solo será un rato a solas con una de ellas, estoy ofreciéndote una cantidad buena de pasta ¿Vas a desaprovecharlo?

    Se lo diré una última vez caballero deje de insistir con eso y conformese con solo mirar o de lo contrario lo tendré que sacarlo a la fuerza

    Cliente: ¿¡Disculpa!? Acaso crees que te tengo miedo idiota

    ×cuando lo escuche decir eso lo mire a los ojos de forma fría y amenazante sin demostrar ni una sola pizca de temor ante este×

    Cliente: oye oye tranquilo amigo.. era broma ¿De acuerdo? Está bien solo me sentaré aquí

    ×me quedé viéndolo hasta que finalmente el cliente se sentó y continúe mí trabajo protegiendo a las bailarinas×
    [Durante aquella hermosa noche Gyuseki se encontraba cumpliendo su horario laboral donde vigilaria a los clientes para que ninguno pudiera acercarse a las bailarinas quienes al tener a Gyuseki cerca podían trabajar sabiendo que estaban fuera de peligro] Cliente: oye vamos viejo solo será un rato a solas con una de ellas, estoy ofreciéndote una cantidad buena de pasta ¿Vas a desaprovecharlo? Se lo diré una última vez caballero deje de insistir con eso y conformese con solo mirar o de lo contrario lo tendré que sacarlo a la fuerza Cliente: ¿¡Disculpa!? Acaso crees que te tengo miedo idiota ×cuando lo escuche decir eso lo mire a los ojos de forma fría y amenazante sin demostrar ni una sola pizca de temor ante este× Cliente: oye oye tranquilo amigo.. era broma ¿De acuerdo? Está bien solo me sentaré aquí ×me quedé viéndolo hasta que finalmente el cliente se sentó y continúe mí trabajo protegiendo a las bailarinas×
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  • ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗

    <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad.

    Sólo así se reducían los riesgos.

    Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj.

    Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas.

    Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo.

    — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara.

    — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos.

    Ahora se tornaba un reclamo.
    — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás.

    Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él.

    Pasaron unos segundos.
    Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo.

    ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí.

    — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo.

    Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta.

    — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris.

    Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado.

    — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni.
    Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir.
    — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción.
    Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio.

    — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni.

    Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo.

    Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo…

    Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>>
    ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
    ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗ <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad. Sólo así se reducían los riesgos. Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj. Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas. Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo. — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara. — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos. Ahora se tornaba un reclamo. — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás. Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él. Pasaron unos segundos. Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo. ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí. — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo. Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta. — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris. Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado. — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni. Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir. — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción. Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio. — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni. Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo. Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo… Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>> ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Uss: no se si sería funarme a mi mismo, decir que por obvia razón de que ambos animes son muy famosos, conozco sus personajes, pero qué jamás eh mirado ni por aburrimiento Bleach ni One Piece?
    Uss: no se si sería funarme a mi mismo, decir que por obvia razón de que ambos animes son muy famosos, conozco sus personajes, pero qué jamás eh mirado ni por aburrimiento Bleach ni One Piece? :STK-78:
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  • *Ya con el asunto resuelto al menos por ahora de lo de Umbra Corp y Unknown. Me dispongo a hacer un viaje intentando averiguar porque reaccioné así frente a las grietas de fracturas de la realidad*

    -¿Qué querrá decir que se cerraron esas grietas cuando las toqué?. ¿Porqué durante algunos minutos fuí tangible y perdí mis habilidades fantasmagóricas?. Si tan solo pudiera recordar que ocurrió exactamente el día de mi muerte esto sería más sencillo. *Siento un escalofrío similar a lo que sentí en el subterráneo del metrotren* -Hay una grieta cerca. Puedo sentirlo. *Atravieso las paredes del centro comercial abandonado y vuelo a toda velocidad en su búsqueda*
    *Ya con el asunto resuelto al menos por ahora de lo de Umbra Corp y Unknown. Me dispongo a hacer un viaje intentando averiguar porque reaccioné así frente a las grietas de fracturas de la realidad* -¿Qué querrá decir que se cerraron esas grietas cuando las toqué?. ¿Porqué durante algunos minutos fuí tangible y perdí mis habilidades fantasmagóricas?. Si tan solo pudiera recordar que ocurrió exactamente el día de mi muerte esto sería más sencillo. *Siento un escalofrío similar a lo que sentí en el subterráneo del metrotren* -Hay una grieta cerca. Puedo sentirlo. *Atravieso las paredes del centro comercial abandonado y vuelo a toda velocidad en su búsqueda*
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  • La creación de Shadow operatives
    Fandom Persona 3
    Categoría Acción
    Estaba de los nervios ya había avisado al resto, era cuestión de tiempo de que llegaran al laboratorio una de las cosas buenas es que Aigis no había sufrido daño ninguno, sino tendría que estar reparando y no sabría con exactitud cuando volvería a estar bien.

    Hay algo que me pone el pelo de punta y es que las sombras que han emergido en esta noche, eran mucho más poderosas que hace dos años, además de que su estado de ánimo son de agresividad absoluta, no sé si es porque nuestras Persona han crecido con nosotros, hay tantas dudas que no sé si Mitsuru me puede decir, di un suspiro viendo el mini desastre que hemos hecho Aigis y yo, bueno ella más que yo.

    Ya que Juno si se caracteriza es de apoyo y soporte no nunca estar tan directa en el campo de batalla, el reloj de mi brazalete indica que van a ser las 3 de la madrugada, el poco ruido que se oye es de las máquinas de mantenimiento de noche.


    Aigis
    Chidori Yoshino
    Junpei Beckett
    Mitsuru Kirijo
    Akihiko Sanada
    Shinjiro Aragaki
    Kotone Shiomi
    Estaba de los nervios ya había avisado al resto, era cuestión de tiempo de que llegaran al laboratorio una de las cosas buenas es que Aigis no había sufrido daño ninguno, sino tendría que estar reparando y no sabría con exactitud cuando volvería a estar bien. Hay algo que me pone el pelo de punta y es que las sombras que han emergido en esta noche, eran mucho más poderosas que hace dos años, además de que su estado de ánimo son de agresividad absoluta, no sé si es porque nuestras Persona han crecido con nosotros, hay tantas dudas que no sé si Mitsuru me puede decir, di un suspiro viendo el mini desastre que hemos hecho Aigis y yo, bueno ella más que yo. Ya que Juno si se caracteriza es de apoyo y soporte no nunca estar tan directa en el campo de batalla, el reloj de mi brazalete indica que van a ser las 3 de la madrugada, el poco ruido que se oye es de las máquinas de mantenimiento de noche. [R0botx] [ThxMedea59] [Shadowcx6] [Thxicewoman] [Sanada_Thcx] [Diamon_cx] [Kotone_Heroin92]
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Y yo pensando en ella como si fuese única
    Aferrado a su ausencia como si fuese sólida
    Pidiéndole a la vida que quizás la química
    La devuelva buscando algún beso mágico.

    Sin decirme nada, sin decir por que
    Sin una coartada o una explicación
    Sin una mentira escrita en un papel
    Sin las cursilerías típicas del caso,
    Sin decirme nada
    Sin decir por que
    Se fue...
    Y yo pensando en ella como si fuese única Aferrado a su ausencia como si fuese sólida Pidiéndole a la vida que quizás la química La devuelva buscando algún beso mágico. Sin decirme nada, sin decir por que Sin una coartada o una explicación Sin una mentira escrita en un papel Sin las cursilerías típicas del caso, Sin decirme nada Sin decir por que Se fue...
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