Nicole estaba esperando a Morana con intenciones de pedirle un enorme favor, para eso entonces decidió esperarla en el apartamento que ella llevó a Nicole para que se aloje y esté bajo su seguridad.
Salió un momento al balcón para dejarle un poco de comida a su cuervo Kyle, luego volvió a entrar para seguir esperando a Morana.
— Creo que ya no debe tardar. —
Nicole estaba esperando a [Undead_Mistress] con intenciones de pedirle un enorme favor, para eso entonces decidió esperarla en el apartamento que ella llevó a Nicole para que se aloje y esté bajo su seguridad.
Salió un momento al balcón para dejarle un poco de comida a su cuervo Kyle, luego volvió a entrar para seguir esperando a Morana.
— Creo que ya no debe tardar. —
El vestido oscuro ceñía su figura con una elegancia austera, y los pendientes en forma de lágrima atrapaban la luz como si bebieran de ella cada vez que inclinaba apenas la cabeza.
Giró el rostro con lentitud, como si el tiempo, dócil, se curvara ante su voluntad. En su mirada no había prisa, solo calma, forjada en la eternidad de demasiadas noches contempladas y sobrevividas. Se preguntó, no sin un dejo de ironía silenciosa, qué hacía una vez más en aquel lugar condenado a repetirse.
♧ Supongo que los viejos hábitos siempre regresan -susurró para sí misma.
El murmullo de la multitud llenaba el espacio, un latido ajeno y constante. Estar rodeada de gente no la incomodaba, al contrario, era un telón perfecto para no levantar sospechas de su verdadero ser.
El vestido oscuro ceñía su figura con una elegancia austera, y los pendientes en forma de lágrima atrapaban la luz como si bebieran de ella cada vez que inclinaba apenas la cabeza.
Giró el rostro con lentitud, como si el tiempo, dócil, se curvara ante su voluntad. En su mirada no había prisa, solo calma, forjada en la eternidad de demasiadas noches contempladas y sobrevividas. Se preguntó, no sin un dejo de ironía silenciosa, qué hacía una vez más en aquel lugar condenado a repetirse.
♧ Supongo que los viejos hábitos siempre regresan -susurró para sí misma.
El murmullo de la multitud llenaba el espacio, un latido ajeno y constante. Estar rodeada de gente no la incomodaba, al contrario, era un telón perfecto para no levantar sospechas de su verdadero ser.
-Estar rodeado de amigos naranja como yo es lo mejor.
Ellos sí entienden lo que es vivir. -
>>¿Por qué no puedo ser simplemente como ellos?<< Pensó el supuesto felino.
-Estar rodeado de amigos naranja como yo es lo mejor.
Ellos sí entienden lo que es vivir. -
>>¿Por qué no puedo ser simplemente como ellos?<< Pensó el supuesto felino.
Sentada en un bar de mala muerte rodeada de borrachos y hasta drogadictos estaba ella, desde tempranas horas bebiendo. Eran uno de esos días en los que se encontraba con ganas de matarse; saltar de ese puente que se encontraba a media hora de su panadería le llamaba, pero tuvo que irse debido a que alguien que la conocía pasaba por ahí.
Entró a ese bar y empezó por una cerveza, luego por otra; luego una botella de whisky, al ultimo más cerveza. El encargado le dijo que parara; mas ella quería mucho licor, hasta que le ardan las orejas, hasta que no puede más y dormir por días.
— Quiero otra botella, ¡Ya soy grande!
Sentada en un bar de mala muerte rodeada de borrachos y hasta drogadictos estaba ella, desde tempranas horas bebiendo. Eran uno de esos días en los que se encontraba con ganas de matarse; saltar de ese puente que se encontraba a media hora de su panadería le llamaba, pero tuvo que irse debido a que alguien que la conocía pasaba por ahí.
Entró a ese bar y empezó por una cerveza, luego por otra; luego una botella de whisky, al ultimo más cerveza. El encargado le dijo que parara; mas ella quería mucho licor, hasta que le ardan las orejas, hasta que no puede más y dormir por días.
Vaya, vaya que ambiente más caldeado veo hoy aquí,tenemos un publico muy movidito
Creéis que podréis aguantar el ritmo preciosas?
[Albedo1]
[Lili.Queen]
*Suena jazz relajado de fondo*
Vaya, vaya que ambiente más caldeado veo hoy aquí,tenemos un publico muy movidito
Creéis que podréis aguantar el ritmo preciosas?
Llegué al lugar acordado cuando el cielo empezaba a apagarse, teñido de naranjas cansados y violetas profundos. El claro estaba rodeado de piedras antiguas, ennegrecidas por fuegos que no recordaban a ningún mundo conocido. El aire olía a ceniza dulce y a algo más viejo… primordial.
Y ahí estás tú.
Te mueves despacio, casi con timidez, intentando recordar los pasos de la danza del fuego primordial. Tu cuerpo los conoce mejor que tu mente. La piel blanca refleja la luz moribunda del atardecer; tu cabello medio negro, medio rojo y corto enmarca un rostro concentrado, serio, hermoso a su manera rota.
Desde tu espalda, los tentáculos —esas mutaciones nacidas donde antes hubo voz— se agitan con vida propia, reaccionando al calor latente del lugar, como si el fuego también quisiera escucharte… aunque no puedas hablarle.
Me detengo a unos pasos, observándote sin interrumpir, con una sonrisa suave.
—Cuánto tiempo, amiguita… Te he echado de menos.
Levanto la mano lentamente para no romper el momento. Entre mis dedos nace una llama pequeña, viva, que no quema. El fuego se pliega sobre sí mismo, florece, y adopta la forma de una flor incandescente. En su núcleo late una llama primordial, antigua como el primer latido del caos.
La acerco a mis labios, muerdo el núcleo sin dolor, y la flor se apaga un instante… solo para renacer más intensa.
Te la entrego con cuidado, abierta sobre mi palma.
—Ten.
—Una flor de mi alma.
Mis ojos buscan los tuyos, paciente, invitándote a tomarla… y a comenzar, juntas, la danza.
Rol con [soviet_experiment]
Llegué al lugar acordado cuando el cielo empezaba a apagarse, teñido de naranjas cansados y violetas profundos. El claro estaba rodeado de piedras antiguas, ennegrecidas por fuegos que no recordaban a ningún mundo conocido. El aire olía a ceniza dulce y a algo más viejo… primordial.
Y ahí estás tú.
Te mueves despacio, casi con timidez, intentando recordar los pasos de la danza del fuego primordial. Tu cuerpo los conoce mejor que tu mente. La piel blanca refleja la luz moribunda del atardecer; tu cabello medio negro, medio rojo y corto enmarca un rostro concentrado, serio, hermoso a su manera rota.
Desde tu espalda, los tentáculos —esas mutaciones nacidas donde antes hubo voz— se agitan con vida propia, reaccionando al calor latente del lugar, como si el fuego también quisiera escucharte… aunque no puedas hablarle.
Me detengo a unos pasos, observándote sin interrumpir, con una sonrisa suave.
—Cuánto tiempo, amiguita… Te he echado de menos.
Levanto la mano lentamente para no romper el momento. Entre mis dedos nace una llama pequeña, viva, que no quema. El fuego se pliega sobre sí mismo, florece, y adopta la forma de una flor incandescente. En su núcleo late una llama primordial, antigua como el primer latido del caos.
La acerco a mis labios, muerdo el núcleo sin dolor, y la flor se apaga un instante… solo para renacer más intensa.
Te la entrego con cuidado, abierta sobre mi palma.
—Ten.
—Una flor de mi alma.
Mis ojos buscan los tuyos, paciente, invitándote a tomarla… y a comenzar, juntas, la danza.
Tipo
Grupal
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Cualquier línea
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4
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El aroma del café barato y el vapor de la máquina de espresso intentaban, sin éxito, camuflar el olor que realmente dominaba sus sentidos: pólvora vieja y ozono. Reze llevaba puesto el uniforme del café, una prenda que sentía como un disfraz de Halloween del que no podía despojarse. Sus manos, las mismas que fueron sumergidas en químicos y entrenadas para romper cuellos antes de aprender a escribir, temblaban levemente mientras sostenían una taza de cerámica.
《FLASHBACK》
Cerró los ojos un segundo y el calor de Tokio desapareció. De repente, volvía a tener siete años y el frío le quemaba los pulmones. Se vio en una fila, vulnerable bajo luces fluorescentes que parpadeaban con un zumbido eléctrico. A su lado, el "Sujeto 733" caía al suelo, sus ojos convertidos en cristal líquido tras la inyección. Los hombres de bata blanca ni siquiera lo miraron; simplemente anotaron con frialdad: “Fallo en la tasa de absorción”.
Sintió de nuevo el pinchazo en su propio cuello. El dolor no era humano; era como si alguien vertiera metal fundido directamente en sus venas. Recordó el sabor metálico de la sangre en su boca y el eco de una voz gélida que sentenciaba su destino:
— "Si sobrevives, serás el orgullo de la Madre Rusia. Si mueres, solo serás abono para la siguiente generación."
Despertó en una fosa, bajo el peso muerto de otros sujetos que no tuvieron su "suerte". Salir de allí gateando fue su primer acto de guerra; su garganta no emitía un grito, sino el pitido sordo de una mecha encendida. Ese día, la niña llamada Reze murió. Lo que emergió de la nieve fue la Bomba.
Reze abrió los ojos, regresando bruscamente a la realidad del café. El vello de su nuca se erizó. Sabía que Seguridad Pública la buscaba y que cualquier sombra en la calle podría ser un agente del gobierno. Había pasado meses cambiando de identidad, borrando sus huellas y aprendiendo a reír como si nada le doliera, como si fuera una persona real.
Sus dedos rozaron la gargantilla negra que rodeaba su cuello. Era su seguro de vida y, al mismo tiempo, su condena. Si tiraba de ella, Tokio ardería. Si la mantenía puesta, seguiría siendo una esclava en fuga.
El trauma comenzó a distorsionar su visión del entorno. Los clientes a su alrededor dejaron de ser simples civiles; en su mente, el joven de la esquina era un informante y la mujer del fondo una asesina de Seguridad Pública esperando la señal para disparar. Sus ojos escaneaban cada movimiento con una intensidad paranoica, convencida de que el experimento fallido finalmente había sido acorralado por el gobierno. El "clic" de una cucharilla contra una taza sonó en su cabeza como el percutor de un arma. Estaba rodeada, o al menos eso le gritaba su instinto roto, sintiéndose atrapada en una emboscada invisible a plena luz del día.
El aroma del café barato y el vapor de la máquina de espresso intentaban, sin éxito, camuflar el olor que realmente dominaba sus sentidos: pólvora vieja y ozono. Reze llevaba puesto el uniforme del café, una prenda que sentía como un disfraz de Halloween del que no podía despojarse. Sus manos, las mismas que fueron sumergidas en químicos y entrenadas para romper cuellos antes de aprender a escribir, temblaban levemente mientras sostenían una taza de cerámica.
《FLASHBACK》
Cerró los ojos un segundo y el calor de Tokio desapareció. De repente, volvía a tener siete años y el frío le quemaba los pulmones. Se vio en una fila, vulnerable bajo luces fluorescentes que parpadeaban con un zumbido eléctrico. A su lado, el "Sujeto 733" caía al suelo, sus ojos convertidos en cristal líquido tras la inyección. Los hombres de bata blanca ni siquiera lo miraron; simplemente anotaron con frialdad: “Fallo en la tasa de absorción”.
Sintió de nuevo el pinchazo en su propio cuello. El dolor no era humano; era como si alguien vertiera metal fundido directamente en sus venas. Recordó el sabor metálico de la sangre en su boca y el eco de una voz gélida que sentenciaba su destino:
— "Si sobrevives, serás el orgullo de la Madre Rusia. Si mueres, solo serás abono para la siguiente generación."
Despertó en una fosa, bajo el peso muerto de otros sujetos que no tuvieron su "suerte". Salir de allí gateando fue su primer acto de guerra; su garganta no emitía un grito, sino el pitido sordo de una mecha encendida. Ese día, la niña llamada Reze murió. Lo que emergió de la nieve fue la Bomba.
Reze abrió los ojos, regresando bruscamente a la realidad del café. El vello de su nuca se erizó. Sabía que Seguridad Pública la buscaba y que cualquier sombra en la calle podría ser un agente del gobierno. Había pasado meses cambiando de identidad, borrando sus huellas y aprendiendo a reír como si nada le doliera, como si fuera una persona real.
Sus dedos rozaron la gargantilla negra que rodeaba su cuello. Era su seguro de vida y, al mismo tiempo, su condena. Si tiraba de ella, Tokio ardería. Si la mantenía puesta, seguiría siendo una esclava en fuga.
El trauma comenzó a distorsionar su visión del entorno. Los clientes a su alrededor dejaron de ser simples civiles; en su mente, el joven de la esquina era un informante y la mujer del fondo una asesina de Seguridad Pública esperando la señal para disparar. Sus ojos escaneaban cada movimiento con una intensidad paranoica, convencida de que el experimento fallido finalmente había sido acorralado por el gobierno. El "clic" de una cucharilla contra una taza sonó en su cabeza como el percutor de un arma. Estaba rodeada, o al menos eso le gritaba su instinto roto, sintiéndose atrapada en una emboscada invisible a plena luz del día.
#Seductivesunday *No quería dejar al l último momento los preparativos; ella merece la perfección, y yo disfruto dándosela. Durante mi paseo, el instinto me llevó a un sastre de renombre para concretar mi armadura de gala. Al probarme los diseños, el espejo se convirtió en mi cómplice silencioso. Observé cómo el traje acentuaba mi porte y cómo mi cabello largo caía con una elegancia rebelde sobre mis hombros. Hay algo profundamente embriagador en saberse el hombre más atractivo de la habitación, y hoy, pienso usar ese poder sin piedad. Me miré una última vez, reconociendo mi propia magnificencia con una sonrisa ladeada.*
—Nada mal... prepárate, porque no vas a poder quitarme los ojos de encima.—
#Seductivesunday *No quería dejar al l último momento los preparativos; ella merece la perfección, y yo disfruto dándosela. Durante mi paseo, el instinto me llevó a un sastre de renombre para concretar mi armadura de gala. Al probarme los diseños, el espejo se convirtió en mi cómplice silencioso. Observé cómo el traje acentuaba mi porte y cómo mi cabello largo caía con una elegancia rebelde sobre mis hombros. Hay algo profundamente embriagador en saberse el hombre más atractivo de la habitación, y hoy, pienso usar ese poder sin piedad. Me miré una última vez, reconociendo mi propia magnificencia con una sonrisa ladeada.*
—Nada mal... prepárate, porque no vas a poder quitarme los ojos de encima.—
El frío de las noches cala en el cuerpo con fuerza, y la necesidad de no pensar en ello hace que la mente comience a trabajar para distraerse con otras cosas. El calor del cigarrillo apenas es suficiente para dejar de temblar, pero es una de esas noches reflexivas en las que no puede simplemente regresar a su departamento y resguardarse. Pensar es necesario, rebuscar explicaciones y plantearse escenarios que pudieron ser es parte de la rutina diaria del fin de semana durante el tiempo destinado a divagar.
"Tal vez debí hablarle con más calma." Es el primer pensamiento que cruza su mente cuando le da una calada al cigarrillo. Sabía que el trabajo a veces era difícil, que ya de por sí el estrés y los deadlines lo hacían complicado para todavía poner más peso en los hombros de sus subordinados. Pero si no eran ellos, sería él. Una torre siempre cae cuando sus cimientos se sacuden y flaquean; tal vez en ese sismo no caería, pero lo haría en el siguiente, o en el siguiente de ese, o en el siguiente del siguiente. Era un hecho que tarde o temprano alguien terminaría cayendo y ese no podía -ni debía- ser él. "Tal vez debí entenderlo y mirarlo con otros ojos".
— No, le di demasiadas oportunidades y no las supo aprovechar. —Suspiró, aprovechó de hacerlo en el momento que soltó el humo del cigarrillo, como si con ello estuviese dejando que parte de sus preocupaciones se esfumaran lentamente. La tensión en los hombros era grande, llegaba a ser dolorosa incluso del lado derecho, pero el pesar del corazón le hacía creer que era un precio justo.— Quizá sí sea esta la mejor decisión, un ultimátum hace cambiar a las personas. ¡Argh! Dios.
Vincent se desesperó. Arrojó la colilla del cigarro al suelo y la pisó para asegurarse de que lo había apagado y, poco después, comenzó a palparse los bolsillos para encontrar la cajetilla. Obtuvo uno más y se lo llevó a la boca pero, al no encontrar el encendedor, sólo lo mantuvo sujeto mientras que refunfuñaba.
— ¿Qué debería hacer en este caso? ¿Por qué es tan difícil asumir la responsabilidad sobre los sentimientos de los demás? Odio esta parte del trabajo.
El frío de las noches cala en el cuerpo con fuerza, y la necesidad de no pensar en ello hace que la mente comience a trabajar para distraerse con otras cosas. El calor del cigarrillo apenas es suficiente para dejar de temblar, pero es una de esas noches reflexivas en las que no puede simplemente regresar a su departamento y resguardarse. Pensar es necesario, rebuscar explicaciones y plantearse escenarios que pudieron ser es parte de la rutina diaria del fin de semana durante el tiempo destinado a divagar.
"Tal vez debí hablarle con más calma." Es el primer pensamiento que cruza su mente cuando le da una calada al cigarrillo. Sabía que el trabajo a veces era difícil, que ya de por sí el estrés y los deadlines lo hacían complicado para todavía poner más peso en los hombros de sus subordinados. Pero si no eran ellos, sería él. Una torre siempre cae cuando sus cimientos se sacuden y flaquean; tal vez en ese sismo no caería, pero lo haría en el siguiente, o en el siguiente de ese, o en el siguiente del siguiente. Era un hecho que tarde o temprano alguien terminaría cayendo y ese no podía -ni debía- ser él. "Tal vez debí entenderlo y mirarlo con otros ojos".
— No, le di demasiadas oportunidades y no las supo aprovechar. —Suspiró, aprovechó de hacerlo en el momento que soltó el humo del cigarrillo, como si con ello estuviese dejando que parte de sus preocupaciones se esfumaran lentamente. La tensión en los hombros era grande, llegaba a ser dolorosa incluso del lado derecho, pero el pesar del corazón le hacía creer que era un precio justo.— Quizá sí sea esta la mejor decisión, un ultimátum hace cambiar a las personas. ¡Argh! Dios.
Vincent se desesperó. Arrojó la colilla del cigarro al suelo y la pisó para asegurarse de que lo había apagado y, poco después, comenzó a palparse los bolsillos para encontrar la cajetilla. Obtuvo uno más y se lo llevó a la boca pero, al no encontrar el encendedor, sólo lo mantuvo sujeto mientras que refunfuñaba.
— ¿Qué debería hacer en este caso? ¿Por qué es tan difícil asumir la responsabilidad sobre los sentimientos de los demás? Odio esta parte del trabajo.