𝓗ambrientos de vínculos, de posesión. Buscan reconocimiento, un ancla momentánea que les recuerde que existen, incluso cuando ocultan; a veces de forma deliberada, la lucidez cruel de que no nacieron para quedarse.
𝓔s una tragedia silenciosa la de aquellos que deben ocultar su verdadera naturaleza, asfixiarse en promesas cargadas de mentiras solo por un atisbo de pertenencia. Aman en fragmentos pequeños, incompletos, y sin darse cuenta terminan rompiendo en pedazos lo que lograron sostener entre una telaraña de engaños bien elaborados.
𝓟orque no todo es eterno, y la naturaleza siempre es más fuerte que el deseo. Contra eso no hay lucha que puedan ganar.
𝓗ambrientos de vínculos, de posesión. Buscan reconocimiento, un ancla momentánea que les recuerde que existen, incluso cuando ocultan; a veces de forma deliberada, la lucidez cruel de que no nacieron para quedarse.
𝓔s una tragedia silenciosa la de aquellos que deben ocultar su verdadera naturaleza, asfixiarse en promesas cargadas de mentiras solo por un atisbo de pertenencia. Aman en fragmentos pequeños, incompletos, y sin darse cuenta terminan rompiendo en pedazos lo que lograron sostener entre una telaraña de engaños bien elaborados.
𝓟orque no todo es eterno, y la naturaleza siempre es más fuerte que el deseo. Contra eso no hay lucha que puedan ganar.