• ────Tarde lluviosa con olor a palomitas de maíz. Eso solo puede significar una cosa: el show de magia de Afro está a punto de comenzar. Mientras esos asientos se van llenando y se me va pasando el calambre de la pierna izquierda, les contaré la historia de cómo esta encantadora maga aprendió sus trucos. Siempre he sido una incomprendida. Cuando era más joven, mi cabeza estaba llena de preguntas que los demás consideraban una perdida de tiempo. Y las respuestas que recibía no lograban satisfacer mi curiosidad, algunas me dejaban un nudo de nervios en el estómago y también estaban las que me hacían sentir como una boba por haber preguntado.

    Me molestaba conmigo misma por no poder ser como los demás. ¿Por qué tenía que ser precisamente yo, la hija del tirano del cielo, quién se hiciera esa clase de cuestionamientos? ¿por qué simplemente no podía limitarme a beber una copa de néctar y quedarme quieta, como lo hacían el resto de los habitantes dentro de los muros grises del palacio de Océano?

    Como pude, logré adaptarme a ese lugar lleno de deidades con cabellos trenzados con algas, y moluscos que colgaban de barbas ancianas y túnicas azules. Aprendí a hacer las preguntas y las conversaciones correctas a las deidades correctas. A sonreír en el momento adecuado. A no incomodar demasiado. Desde el primer momento fui una decepción: yo no era lo que todos esperaban de mí. No contaba con la impresionante fuerza de mi progenitor, y en esos días, tampoco parecía que hubiera heredado ningún poder impresionante. No me convertía en bruma, ni en un pez, ni en espuma. No podía manipular las olas, ni el viento, ni hacer crecer las flores a mi paso.

    Todo lo que tenía era este bonito rostro. Así que lo utilice como mi escudo y mi armadura eran mi sonrisa, mi lengua afilada y mi sentido del humor. Suena como una exageración, lo sé, pero era una cuestión de supervivencia. De ello dependía qué tan bien iba a ser mi existencia en ese lugar. A pesar de mis esfuerzos, no pude evitar los comentarios que se hacían sobre mí:

    «¿Porqué tenemos que cuidar de la bastarda del tirano? No tiene sangre del mar, ¿qué hace ella aquí?».

    En otra ocasión, escuché murmurar a alguien en la ala de la Espuma.

    «¿Sabes qué me preguntó el otro día? me preguntó adónde van las deidades al morir. ¿Quién se esta encargado de educarla que le está metiendo semejantes tonterías en la cabeza? Deberías mirar a los otros dos que se escaparon del Señor de la Hoz; la muchacha es extraordinaria con la lanza y el otro tiene fuerza suficiente para hacer temblar montañas. A ellos deberíamos apoyarlos. ¿Y nosotros qué estamos haciendo? Ocultando y alimentando a una diosa que ni siquiera tiene poderes. Cuando la rebelión termine, llegará la repartición de dominios, ¿qué crees que nos quedará a nosotros si se empieza a decirse que nuestra casa se unió hasta el final de la guerra? Escuché que la casa de Nereo ya está negociando una alianza matrimonial. Si seguimos retrasándonos, terminarán pasándonos por encima. Cierto, es la última hija del Padre del Cielo, pero su reinado terminó hace demasiado tiempo. Su linaje ya no tiene el mismo peso que en antaño. No pertenece a nuestra familia; no ganamos ni perdemos nada con ella. Con suerte encontrará con quién unirse y alguien más se encargará de sacarla de aquí».

    Esas palabras vinieron de una deidad de los ríos a quién yo le había contado lo triste que a veces me hacía sentía ser una huérfana, y aquella pregunta sobre la muerte se me escapó en un momento de vulnerabilidad emocional.

    No me quise quedar a seguir escuchando.

    Aunque, si sirve de consuelo, antes de moverme de mi escondite escuché cómo aquel dios comenzaba a ahogarse con un pedazo de cangrejo hervido que se le atoró en la garganta por hablar con la boca abierta. Creo que alguien comenzó a gritar: «¡Alza los brazos! ¡Pégale en la espalda! ¡Así no, idiota!» —Afro hizo una pausa y se llevó un dedo a los labios, intentando recuperar ese momento de sus recuerdos–. Tardó bastante en escupirlo, pero sobrevivió, y eso es lo importante. Supongo. Bueno, en fin...

    Esa experiencia me obligó a endurecerme. Aprendí que no debía entregar mi confianza con tanta facilidad. Me repetí una y otra vez que debía convertirme en una rosa como las que le traían a mi anfitriona: hermosa y radiante por fuera, pero cubierta de espinas bajo los pétalos para cualquiera que intentara marchitarme.

    Mis comentarios se volvieron mordaces. Enterré mi curiosidad debajo de bromas y sonrisas, aunque las preguntas seguían latiendo en mi cabeza como un ruido imposible de ignorar. Recorrí riachuelos y exploré docenas de veces los jardines acuáticos del palacio para matar el aburrimiento, y descubrir, de pura casualidad, si mis poderes finalmente despertarían. No podía salir a la superficie. Si lo hacía, pondría en riesgo la conspiración que ya estaba en marcha para usurpar el trono que una vez perteneció a mi padre.

    Y entonces, un día, me recosté sobre los peldaños que conducían al exterior y una frustración insoportable estalló en más preguntas... y en una gota de agua que se estrelló contra mi nariz.

    ¿Es que eso era todo lo que me esperaba? ¿Pasaría el resto de mi existencia inmortal encerrada en ese palacio? ¿De qué servía la inmortalidad si no podía hacerse nada con ella? ¿Cuándo conocería el mundo de la superficie? ¿Cómo era? Y si moría ¿mi alma por fin sería libre de vagar allá arriba? ¿Las almas podían sentir los rayos del sol? ¿Qué hacían las almas con toda la eternidad?

    Sí, lo sé. Son preguntas muy ruidosas. Pero, como dije, era joven y nadie estaba dispuesto a darme una respuesta que realmente significara algo.

    Me levanté y decidí buscar una forma de salir de allí. Le robaría una capa a alguien o me la jugaría a escapar a hurtadillas si era necesario. Pero iba a subir a la superficie de un modo u otro.

    Hay un defecto mío que suele pasar desapercibido: tengo una imaginación absurdamente activa. En esos días soñaba despierta con poder hacer ilusiones. Hacía gestos con las manos y murmuraba palabras mágicas esperando que un cíclope rosa apareciera enfrente de mí. Nunca ocurría nada.

    Hasta que un día cerré los ojos y me concentré en una planta que estaba frente a mí. Me concentré exactamente en lo que quería que cambiara de ella. La vi con claridad en la oscuridad de mi mente: sus pétalos abriéndose con delicadeza, teñidos de un color azul profundo. Imaginé también su aroma, dulce e inteso, tanto que parecía llegarme realmente a la nariz. El palacio de Océano siempre estaba cubierto de humedad, así que añadí pequeñas gotas de rocío resbalando por los pétalos. Gotas frescas. Podía sentirlas deslizándose por las yemas de mis dedos. Y entonces sentí el agua de verdad. Supuse que alguna gota habría caído del techo. Pero en ese momento ya no importaba. Estaba tan concentrada en la flor que tejía en mi cabeza que había dejado de sentir mi cuerpo y el único sonido que escuchaba era el de mi respiración, lenta y constante. Ni recordaba la mano que había levantado hacia la planta, ni la posición rígida en la que mis dedos habían quedado suspendidos. Pasó un tiempo antes de que el aroma comenzara a molestarme. Entonces abrí los ojos.

    La flor estaba ahí. Exactamente como la imaginé. Y entre mis dedos danzaba un resplandor de color azul atravesado por luces púrpuras –ella sacudió la mano, ese mismo tejido energético, vivo, precioso y ondulante, brilló como una aurora boreal. Sonrió, incluso ahora, el recuerdo seguía emocionándola igual que aquel día–. Esa fue mi primera ilusión y el despertar de mis dones. No era perfecta. A simple vista había detalles que hacían evidente que se trataba de un truco. Uno mal hecho. Pero para mí... eso bastaba.

    No tenía idea de como lo había hecho y en aquel instante sentí la sensación de que era capaz de hacer cualquier cosa. Quería más de ese poder. Quería que mis ilusiones fueran tan realistas que fueran capaces de moldear la realidad a mi gusto. Me obsesioné con perfeccionarlas que me la pasé noches enteras practicando mis ilusiones sin dormir. La cabeza me daba vueltas todos los días, me picaban los ojos, y una vez incluso me desplomé del agotamiento en uno de los pasillos. Era la única manera de hacerlo sin que nadie me descubiera. Porque esas eran mis ilusiones. Era mi poder. Mi llave al exterior, y no iba a permitir que nadie me la arrebatara. Sí... quizá, si les mostraba a los demás lo que podía hacer, finalmente empezarían a tomarme en serio. Pero me había costando trabajo levantarlas como para aceptar que alguien más pudiera decidir hasta dónde era capaz de llegar y cuando usarlas.

    Mejoré y... salí al exterior. Debo admitir que mi truco favorito sigue siendo desaparecer. Es increíblemente útil para adelantarme en la fila de las hamburguesas y convertirme en ser la primera en ordenar. O para escuchar conversaciones que suenan bastante interesantes. Oh, no se molesten en ponerse paranoicos, su privacidad está segura conmigo. Pero si escucho frases como: «Vamos a cerrar el contrato» o «llegó la hora de depositar el aguinaldo», no duden ni un segundo en que ya tengo el ojo puesto en esa dirección. No tengo palabras para describir... lo maravillada que me sentí cuando los rayos del sol tocaron mi piel. Ni el aroma del pasto. Ni la sensación de correr entre las raíces cubiertas de musgo verde bajo los árboles del bosque. Ni lo hermoso que resultó el canto de las aves. Atravesé praderas enteras envuelta en mis ilusiones; para los ojos ajenos, yo simplemente no estaba allí. Crucé ríos, me resbalé con las piedras húmedas y terminé golpeándome contra una roca. Me dolió horrible, pero aquel dolor sabía a libertad. Recuerdo que me eché a reír. Mientras me limpiaba el barro de las piernas, una ranita apareció entre los juncos y se acercó dando saltitos. Le dije:

    «¿No te parece que todo esto es hermoso? Los árboles, el sol, el viento, el agua, la vida. Me pregunto cuántas cosas habrás visto aquí arriba. Cuántos amaneceres conocerás tú y yo me habré perdido haya abajo». La rana respondió lanzando la lengua contra un mosquito que pasaba zumbando. Sonreí y le respondí: «Bueno, supongo que eso es un sí. ¿Sabes? Si existiera una manera de conocer todas las imágenes que guarda esa cabecita verde, sería maravilloso. Podría conocer el mundo entero a través de tus ojos. Todo lo que tú has visto y yo todavía no».

    Y así comenzó el descubrimiento de mi segunda habilidad. Pero eso ya es una historia para otra ocasión. Para la función de esta noche traje conmigo a la ranita del río –Afro extendió ambas manos con las palmas hacia arriba. La rana emergió dando un pequeño salto desde su mano derecha hacia la izquierda y luego se sumergió en su piel como si hubiera atravesado la superficie de un estanque invisible. Ondas azuladas y púrpuras recorrieron sus palmas durante un instante antes de desaparecer–. Así que díganme, ¿están listos para el espectáculo de magia?
    ────Tarde lluviosa con olor a palomitas de maíz. Eso solo puede significar una cosa: el show de magia de Afro está a punto de comenzar. Mientras esos asientos se van llenando y se me va pasando el calambre de la pierna izquierda, les contaré la historia de cómo esta encantadora maga aprendió sus trucos. Siempre he sido una incomprendida. Cuando era más joven, mi cabeza estaba llena de preguntas que los demás consideraban una perdida de tiempo. Y las respuestas que recibía no lograban satisfacer mi curiosidad, algunas me dejaban un nudo de nervios en el estómago y también estaban las que me hacían sentir como una boba por haber preguntado. Me molestaba conmigo misma por no poder ser como los demás. ¿Por qué tenía que ser precisamente yo, la hija del tirano del cielo, quién se hiciera esa clase de cuestionamientos? ¿por qué simplemente no podía limitarme a beber una copa de néctar y quedarme quieta, como lo hacían el resto de los habitantes dentro de los muros grises del palacio de Océano? Como pude, logré adaptarme a ese lugar lleno de deidades con cabellos trenzados con algas, y moluscos que colgaban de barbas ancianas y túnicas azules. Aprendí a hacer las preguntas y las conversaciones correctas a las deidades correctas. A sonreír en el momento adecuado. A no incomodar demasiado. Desde el primer momento fui una decepción: yo no era lo que todos esperaban de mí. No contaba con la impresionante fuerza de mi progenitor, y en esos días, tampoco parecía que hubiera heredado ningún poder impresionante. No me convertía en bruma, ni en un pez, ni en espuma. No podía manipular las olas, ni el viento, ni hacer crecer las flores a mi paso. Todo lo que tenía era este bonito rostro. Así que lo utilice como mi escudo y mi armadura eran mi sonrisa, mi lengua afilada y mi sentido del humor. Suena como una exageración, lo sé, pero era una cuestión de supervivencia. De ello dependía qué tan bien iba a ser mi existencia en ese lugar. A pesar de mis esfuerzos, no pude evitar los comentarios que se hacían sobre mí: «¿Porqué tenemos que cuidar de la bastarda del tirano? No tiene sangre del mar, ¿qué hace ella aquí?». En otra ocasión, escuché murmurar a alguien en la ala de la Espuma. «¿Sabes qué me preguntó el otro día? me preguntó adónde van las deidades al morir. ¿Quién se esta encargado de educarla que le está metiendo semejantes tonterías en la cabeza? Deberías mirar a los otros dos que se escaparon del Señor de la Hoz; la muchacha es extraordinaria con la lanza y el otro tiene fuerza suficiente para hacer temblar montañas. A ellos deberíamos apoyarlos. ¿Y nosotros qué estamos haciendo? Ocultando y alimentando a una diosa que ni siquiera tiene poderes. Cuando la rebelión termine, llegará la repartición de dominios, ¿qué crees que nos quedará a nosotros si se empieza a decirse que nuestra casa se unió hasta el final de la guerra? Escuché que la casa de Nereo ya está negociando una alianza matrimonial. Si seguimos retrasándonos, terminarán pasándonos por encima. Cierto, es la última hija del Padre del Cielo, pero su reinado terminó hace demasiado tiempo. Su linaje ya no tiene el mismo peso que en antaño. No pertenece a nuestra familia; no ganamos ni perdemos nada con ella. Con suerte encontrará con quién unirse y alguien más se encargará de sacarla de aquí». Esas palabras vinieron de una deidad de los ríos a quién yo le había contado lo triste que a veces me hacía sentía ser una huérfana, y aquella pregunta sobre la muerte se me escapó en un momento de vulnerabilidad emocional. No me quise quedar a seguir escuchando. Aunque, si sirve de consuelo, antes de moverme de mi escondite escuché cómo aquel dios comenzaba a ahogarse con un pedazo de cangrejo hervido que se le atoró en la garganta por hablar con la boca abierta. Creo que alguien comenzó a gritar: «¡Alza los brazos! ¡Pégale en la espalda! ¡Así no, idiota!» —Afro hizo una pausa y se llevó un dedo a los labios, intentando recuperar ese momento de sus recuerdos–. Tardó bastante en escupirlo, pero sobrevivió, y eso es lo importante. Supongo. Bueno, en fin... Esa experiencia me obligó a endurecerme. Aprendí que no debía entregar mi confianza con tanta facilidad. Me repetí una y otra vez que debía convertirme en una rosa como las que le traían a mi anfitriona: hermosa y radiante por fuera, pero cubierta de espinas bajo los pétalos para cualquiera que intentara marchitarme. Mis comentarios se volvieron mordaces. Enterré mi curiosidad debajo de bromas y sonrisas, aunque las preguntas seguían latiendo en mi cabeza como un ruido imposible de ignorar. Recorrí riachuelos y exploré docenas de veces los jardines acuáticos del palacio para matar el aburrimiento, y descubrir, de pura casualidad, si mis poderes finalmente despertarían. No podía salir a la superficie. Si lo hacía, pondría en riesgo la conspiración que ya estaba en marcha para usurpar el trono que una vez perteneció a mi padre. Y entonces, un día, me recosté sobre los peldaños que conducían al exterior y una frustración insoportable estalló en más preguntas... y en una gota de agua que se estrelló contra mi nariz. ¿Es que eso era todo lo que me esperaba? ¿Pasaría el resto de mi existencia inmortal encerrada en ese palacio? ¿De qué servía la inmortalidad si no podía hacerse nada con ella? ¿Cuándo conocería el mundo de la superficie? ¿Cómo era? Y si moría ¿mi alma por fin sería libre de vagar allá arriba? ¿Las almas podían sentir los rayos del sol? ¿Qué hacían las almas con toda la eternidad? Sí, lo sé. Son preguntas muy ruidosas. Pero, como dije, era joven y nadie estaba dispuesto a darme una respuesta que realmente significara algo. Me levanté y decidí buscar una forma de salir de allí. Le robaría una capa a alguien o me la jugaría a escapar a hurtadillas si era necesario. Pero iba a subir a la superficie de un modo u otro. Hay un defecto mío que suele pasar desapercibido: tengo una imaginación absurdamente activa. En esos días soñaba despierta con poder hacer ilusiones. Hacía gestos con las manos y murmuraba palabras mágicas esperando que un cíclope rosa apareciera enfrente de mí. Nunca ocurría nada. Hasta que un día cerré los ojos y me concentré en una planta que estaba frente a mí. Me concentré exactamente en lo que quería que cambiara de ella. La vi con claridad en la oscuridad de mi mente: sus pétalos abriéndose con delicadeza, teñidos de un color azul profundo. Imaginé también su aroma, dulce e inteso, tanto que parecía llegarme realmente a la nariz. El palacio de Océano siempre estaba cubierto de humedad, así que añadí pequeñas gotas de rocío resbalando por los pétalos. Gotas frescas. Podía sentirlas deslizándose por las yemas de mis dedos. Y entonces sentí el agua de verdad. Supuse que alguna gota habría caído del techo. Pero en ese momento ya no importaba. Estaba tan concentrada en la flor que tejía en mi cabeza que había dejado de sentir mi cuerpo y el único sonido que escuchaba era el de mi respiración, lenta y constante. Ni recordaba la mano que había levantado hacia la planta, ni la posición rígida en la que mis dedos habían quedado suspendidos. Pasó un tiempo antes de que el aroma comenzara a molestarme. Entonces abrí los ojos. La flor estaba ahí. Exactamente como la imaginé. Y entre mis dedos danzaba un resplandor de color azul atravesado por luces púrpuras –ella sacudió la mano, ese mismo tejido energético, vivo, precioso y ondulante, brilló como una aurora boreal. Sonrió, incluso ahora, el recuerdo seguía emocionándola igual que aquel día–. Esa fue mi primera ilusión y el despertar de mis dones. No era perfecta. A simple vista había detalles que hacían evidente que se trataba de un truco. Uno mal hecho. Pero para mí... eso bastaba. No tenía idea de como lo había hecho y en aquel instante sentí la sensación de que era capaz de hacer cualquier cosa. Quería más de ese poder. Quería que mis ilusiones fueran tan realistas que fueran capaces de moldear la realidad a mi gusto. Me obsesioné con perfeccionarlas que me la pasé noches enteras practicando mis ilusiones sin dormir. La cabeza me daba vueltas todos los días, me picaban los ojos, y una vez incluso me desplomé del agotamiento en uno de los pasillos. Era la única manera de hacerlo sin que nadie me descubiera. Porque esas eran mis ilusiones. Era mi poder. Mi llave al exterior, y no iba a permitir que nadie me la arrebatara. Sí... quizá, si les mostraba a los demás lo que podía hacer, finalmente empezarían a tomarme en serio. Pero me había costando trabajo levantarlas como para aceptar que alguien más pudiera decidir hasta dónde era capaz de llegar y cuando usarlas. Mejoré y... salí al exterior. Debo admitir que mi truco favorito sigue siendo desaparecer. Es increíblemente útil para adelantarme en la fila de las hamburguesas y convertirme en ser la primera en ordenar. O para escuchar conversaciones que suenan bastante interesantes. Oh, no se molesten en ponerse paranoicos, su privacidad está segura conmigo. Pero si escucho frases como: «Vamos a cerrar el contrato» o «llegó la hora de depositar el aguinaldo», no duden ni un segundo en que ya tengo el ojo puesto en esa dirección. No tengo palabras para describir... lo maravillada que me sentí cuando los rayos del sol tocaron mi piel. Ni el aroma del pasto. Ni la sensación de correr entre las raíces cubiertas de musgo verde bajo los árboles del bosque. Ni lo hermoso que resultó el canto de las aves. Atravesé praderas enteras envuelta en mis ilusiones; para los ojos ajenos, yo simplemente no estaba allí. Crucé ríos, me resbalé con las piedras húmedas y terminé golpeándome contra una roca. Me dolió horrible, pero aquel dolor sabía a libertad. Recuerdo que me eché a reír. Mientras me limpiaba el barro de las piernas, una ranita apareció entre los juncos y se acercó dando saltitos. Le dije: «¿No te parece que todo esto es hermoso? Los árboles, el sol, el viento, el agua, la vida. Me pregunto cuántas cosas habrás visto aquí arriba. Cuántos amaneceres conocerás tú y yo me habré perdido haya abajo». La rana respondió lanzando la lengua contra un mosquito que pasaba zumbando. Sonreí y le respondí: «Bueno, supongo que eso es un sí. ¿Sabes? Si existiera una manera de conocer todas las imágenes que guarda esa cabecita verde, sería maravilloso. Podría conocer el mundo entero a través de tus ojos. Todo lo que tú has visto y yo todavía no». Y así comenzó el descubrimiento de mi segunda habilidad. Pero eso ya es una historia para otra ocasión. Para la función de esta noche traje conmigo a la ranita del río –Afro extendió ambas manos con las palmas hacia arriba. La rana emergió dando un pequeño salto desde su mano derecha hacia la izquierda y luego se sumergió en su piel como si hubiera atravesado la superficie de un estanque invisible. Ondas azuladas y púrpuras recorrieron sus palmas durante un instante antes de desaparecer–. Así que díganme, ¿están listos para el espectáculo de magia?
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  • "No te preocupes. Cuidaré bien de ti"
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    Feliz Día de las Madres a Sasha Ishtar.

    Hoy celebramos a una verdadera reina, llena de fuerza, elegancia y una presencia que jamás pasa desapercibida. Con esa mirada imponente y esa energía tan poderosa, representas perfectamente a una mujer capaz de proteger, cuidar y salir adelante sin importar los obstáculos.

    Sasha Ishtar no solo destaca por su belleza y su aura dominante, sino también por transmitir carácter, seguridad y grandeza en cada momento. Eres de esas personas que dejan huella con solo aparecer.

    Que este día esté lleno de cariño, reconocimiento y momentos especiales, porque mujeres tan increíbles como tú merecen ser celebradas siempre.

    Feliz Día de las Madres para la reina azul más hermosa y poderosa.
    Feliz Día de las Madres a Sasha Ishtar. 💙 Hoy celebramos a una verdadera reina, llena de fuerza, elegancia y una presencia que jamás pasa desapercibida. Con esa mirada imponente y esa energía tan poderosa, representas perfectamente a una mujer capaz de proteger, cuidar y salir adelante sin importar los obstáculos. Sasha Ishtar no solo destaca por su belleza y su aura dominante, sino también por transmitir carácter, seguridad y grandeza en cada momento. Eres de esas personas que dejan huella con solo aparecer. Que este día esté lleno de cariño, reconocimiento y momentos especiales, porque mujeres tan increíbles como tú merecen ser celebradas siempre. Feliz Día de las Madres para la reina azul más hermosa y poderosa. 👑💙
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  • ╔═══════ ═══════╗
    𝐅𝐄𝐋𝐈𝐙 𝐃Í𝐀 𝐃𝐄 𝐋𝐀𝐒 𝐌𝐀𝐃𝐑𝐄𝐒
    ╚═══════ ═══════╝

    Hoy el lujo, la elegancia y el poder tienen nombre…
    Sasha Ishtar
    y
    Seieki Yokin

    Dos reinas imponentes que no solo destacan por su belleza y presencia dominante, sino por esa energía de mujeres fuertes capaces de conquistar cualquier camino que se propongan.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Una con aura demoníaca y mirada que congela el alma…
    La otra con elegancia fría, inteligencia y poder absoluto…
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Juntas representan perfección, carácter y grandeza.
    Porque hay mujeres que simplemente brillan…
    y luego están ustedes, que hacen que todo a su alrededor parezca una escena de película de lujo.

    Sasha Ishtar
    La reina azul de poder devastador, mirada hipnótica y presencia imposible de ignorar.
    Tan hermosa como peligrosa…
    tan elegante como dominante.

    Seieki Yokin
    Clase, sofisticación y autoridad en una sola mirada.
    La definición perfecta de una mujer fría por fuera…
    pero valiosa y fuerte como ninguna otra.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    “Ser madre también es ser guía, fuerza, protección y ejemplo.”
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Hoy celebramos a estas dos diosas del estilo, el poder y la elegancia.
    Que nunca les falte admiración, cariño y reconocimiento por lo increíbles que son.

    Entre autos de lujo, atardeceres fríos y miradas que intimidan a cualquiera…
    siguen demostrando que las verdaderas reinas no necesitan demostrar nada para dominar el mundo.

    Feliz Día de las Madres
    a las mujeres que podrían acelerar más rápido que cualquiera…
    pero aun así detenerse para cuidar y proteger a quienes aman.

    ╔══════════════════════╗
    𝐐𝐔𝐄𝐄𝐍𝐒 𝐎𝐅 𝐋𝐔𝐗𝐔𝐑𝐘
    ╚══════════════════════╝
    ╔═══════ 💎🌹💙🌹💎 ═══════╗ ✨👑 𝐅𝐄𝐋𝐈𝐙 𝐃Í𝐀 𝐃𝐄 𝐋𝐀𝐒 𝐌𝐀𝐃𝐑𝐄𝐒 👑✨ ╚═══════ 💎🌹💙🌹💎 ═══════╝ Hoy el lujo, la elegancia y el poder tienen nombre… Sasha Ishtar 💙🐉 y Seieki Yokin 🖤✨ Dos reinas imponentes que no solo destacan por su belleza y presencia dominante, sino por esa energía de mujeres fuertes capaces de conquistar cualquier camino que se propongan. 👑🔥 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 💠 Una con aura demoníaca y mirada que congela el alma… 💠 La otra con elegancia fría, inteligencia y poder absoluto… ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Juntas representan perfección, carácter y grandeza. 🌹✨ Porque hay mujeres que simplemente brillan… y luego están ustedes, que hacen que todo a su alrededor parezca una escena de película de lujo. 🏎️💎 💙 Sasha Ishtar La reina azul de poder devastador, mirada hipnótica y presencia imposible de ignorar. Tan hermosa como peligrosa… tan elegante como dominante. 🐉🔥 🖤 Seieki Yokin Clase, sofisticación y autoridad en una sola mirada. La definición perfecta de una mujer fría por fuera… pero valiosa y fuerte como ninguna otra. ✨🌙 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🌹 “Ser madre también es ser guía, fuerza, protección y ejemplo.” 🌹 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Hoy celebramos a estas dos diosas del estilo, el poder y la elegancia. 👑💎 Que nunca les falte admiración, cariño y reconocimiento por lo increíbles que son. ✨ 🏁 Entre autos de lujo, atardeceres fríos y miradas que intimidan a cualquiera… siguen demostrando que las verdaderas reinas no necesitan demostrar nada para dominar el mundo. 🌆🔥 💬 Feliz Día de las Madres a las mujeres que podrían acelerar más rápido que cualquiera… pero aun así detenerse para cuidar y proteger a quienes aman. 💙🖤✨ ╔══════════════════════╗ 👑💎 𝐐𝐔𝐄𝐄𝐍𝐒 𝐎𝐅 𝐋𝐔𝐗𝐔𝐑𝐘 💎👑 ╚══════════════════════╝
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  • Nonna Lucía,
    A veces pienso que nunca voy a encontrar las palabras correctas para agradecerte todo lo que has hecho por mí. No solo por cuidarme o estar ahí en los momentos difíciles… sino por quererme incluso cuando yo misma no sabía cómo quererme.

    Siempre he admirado tu fuerza. La manera en que haces que todo parezca más cálido, más tranquilo, más hogar.

    Gracias por cada consejo, cada abrazo, cada comida hecha con cariño y cada vez que tomaste mi mano sin preguntar nada. Hay partes de mí que existen gracias a ti.

    Espero que hoy recuerdes lo especial que eres, aunque sinceramente creo que un solo día nunca será suficiente para celebrarte.

    Ti voglio tanto bene, nonna.
    Feliz Día de las Madres.
    Nonna Lucía, A veces pienso que nunca voy a encontrar las palabras correctas para agradecerte todo lo que has hecho por mí. No solo por cuidarme o estar ahí en los momentos difíciles… sino por quererme incluso cuando yo misma no sabía cómo quererme. Siempre he admirado tu fuerza. La manera en que haces que todo parezca más cálido, más tranquilo, más hogar. Gracias por cada consejo, cada abrazo, cada comida hecha con cariño y cada vez que tomaste mi mano sin preguntar nada. Hay partes de mí que existen gracias a ti. Espero que hoy recuerdes lo especial que eres, aunque sinceramente creo que un solo día nunca será suficiente para celebrarte. Ti voglio tanto bene, nonna. Feliz Día de las Madres. 🤍
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  • Su majestad.. usted fue mí maestra durante varios años y me convirtió en lo que soy ahora.. entiendo que al conocerme usted confíaba en mí sin dudarlo pero..

    -me encontraba sentado frente a una pequeña mesa donde coloque un extraño objeto que desprendia una luz morada-

    ¿Porque me entregaste está cosa? Un día antes de recibir el ataque, me pediste que cuidara este objeto y que cuando llegara el día entendería todo..

    ¿Que se supone que debo entender? No se que es esto y tampoco se su función, pero si la reina me lo dio fue algo ¿Verdad..?

    No sé porque pero tengo la sensación de que debo entregarle esto a alguien ¿Pero quien es?

    (Momento lore)
    Su majestad.. usted fue mí maestra durante varios años y me convirtió en lo que soy ahora.. entiendo que al conocerme usted confíaba en mí sin dudarlo pero.. -me encontraba sentado frente a una pequeña mesa donde coloque un extraño objeto que desprendia una luz morada- ¿Porque me entregaste está cosa? Un día antes de recibir el ataque, me pediste que cuidara este objeto y que cuando llegara el día entendería todo.. ¿Que se supone que debo entender? No se que es esto y tampoco se su función, pero si la reina me lo dio fue algo ¿Verdad..? No sé porque pero tengo la sensación de que debo entregarle esto a alguien ¿Pero quien es? (Momento lore)
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  • Normalmente soy yo la que cuida de los demás… pero esta noche me gustaría que alguien me cuidara a mí ♥
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    CURIOSADES DE LIZ FORBES
    Las curiosades que van a leer a continuación son cosa mía, pero respectando el lore de tvd.

    1) Obtuvo su placa de policía a los 20 años.
    2) A simple vista puede parecer una mujer dura, pero realmente tiene su corazoncito.
    3) Ama leer clásicos de literatura.
    4) Cuando descubrió que Caroline era una vampira sintió como su vida se tambaleaba.
    5) A mejorado su relación con Caroline.
    6) El único amor de su vida es su trabajo.
    7) Le gusta cuidar el jardín trasero de su casa.
    8) A veces le gusta cocinar repostería.
    9) No es muy buena en temas de bailar.
    10) Enseño a Caroline montar en bicicleta.
    11) Tiene una caja llena de archivos sobre ataques de "animales"
    CURIOSADES DE LIZ FORBES ⚠️ Las curiosades que van a leer a continuación son cosa mía, pero respectando el lore de tvd. 1) Obtuvo su placa de policía a los 20 años. 2) A simple vista puede parecer una mujer dura, pero realmente tiene su corazoncito. 3) Ama leer clásicos de literatura. 4) Cuando descubrió que Caroline era una vampira sintió como su vida se tambaleaba. 5) A mejorado su relación con Caroline. 6) El único amor de su vida es su trabajo. 7) Le gusta cuidar el jardín trasero de su casa. 8) A veces le gusta cocinar repostería. 9) No es muy buena en temas de bailar. 10) Enseño a Caroline montar en bicicleta. 11) Tiene una caja llena de archivos sobre ataques de "animales"
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  • Nada mas agradable que un paseo pero no descuidar la piel al cubrirse del sol
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  • No pudo negarse a la petición de Kardia y sus ojitos llorosos, tiene que tener paciencia para cuidar de los dos, sacarlos a pasear, mantenerlos aseados y bien alimentados... Aunque uno de ellos sea escapista profesional.
    No pudo negarse a la petición de Kardia y sus ojitos llorosos, tiene que tener paciencia para cuidar de los dos, sacarlos a pasear, mantenerlos aseados y bien alimentados... Aunque uno de ellos sea escapista profesional.
    Me encocora
    Me enjaja
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