• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    || Soy el peor, ya sé, perdón por desaparecer. En las mañanas el trabajo me consume y en las tardes solo quiero morirme (?) lamento todos los rolsitos que he ido dejando tirados.

    Por otra parte, ¿a alguien se le ha ocurrido hacer una cronología de todo lo que va pasando? Para las personas como yo - pendejas(?) - mantenernos al día nos cuesta. Y sé que debería de leer, pero no encuentro nada, así que improviso sobre la marcha Ü una disculpita más (?)
    || Soy el peor, ya sé, perdón por desaparecer. En las mañanas el trabajo me consume y en las tardes solo quiero morirme (?) lamento todos los rolsitos que he ido dejando tirados. Por otra parte, ¿a alguien se le ha ocurrido hacer una cronología de todo lo que va pasando? Para las personas como yo - pendejas(?) - mantenernos al día nos cuesta. Y sé que debería de leer, pero no encuentro nada, así que improviso sobre la marcha Ü una disculpita más (?)
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  • [De mañana en el templo de Artemisa. Elizabeth esta ante la estatua de ella. No rezando, solo observa.]

    Despues de los encuentros... particulares. De anoche. Elizabeth se encuentra muy pensativa. Una oleada de calor en el templo y sus alrededores resulto en 2 eventos muy inesperados.

    Un lujurioso monstruo se adentro, buscandola a ella y su sudor... lo cual llevo a una discusion sombria, incomoda... algo qur pudo haber terminado muy mal de alguna manera u otra. No obstante. Parecio ser resuelta pacificamente.

    Elizabeth piensa en como este monstruo solo la veia como un objeto de placer. Algo ero- ella cierra sus ojos. Intentando sacar la situacion de la cabeza. Y quedarse con el aprendizaje.

    Revivio sus votos y avivo su meta personal. Ella junta sus manos y suspira.

    "Algun dia..."

    Dijo en voz baja.

    Algun dia, encontrara ese amor de verdad. Genuino. Duradero. Y formara una familia. Esa fue su promesa a los que ya no estan.

    Ella despues recuerda compartir un trago con el caballero. Una bebida de muy poco alcohol. Whiskey? El sabor no fue mucho de su agrado, pero la platica en si fue agradable. Lo que durara.

    Ella ve a la estatua... con desprecio. Pero rapidamente se vuelve una expresion de paz. Algo calida.

    Ella escucha a alguien entrar al templo. Su tiempo sirviendo como cleriga, esta pronto a terminar.

    "Bienvenido..."
    [De mañana en el templo de Artemisa. Elizabeth esta ante la estatua de ella. No rezando, solo observa.] Despues de los encuentros... particulares. De anoche. Elizabeth se encuentra muy pensativa. Una oleada de calor en el templo y sus alrededores resulto en 2 eventos muy inesperados. Un lujurioso monstruo se adentro, buscandola a ella y su sudor... lo cual llevo a una discusion sombria, incomoda... algo qur pudo haber terminado muy mal de alguna manera u otra. No obstante. Parecio ser resuelta pacificamente. Elizabeth piensa en como este monstruo solo la veia como un objeto de placer. Algo ero- ella cierra sus ojos. Intentando sacar la situacion de la cabeza. Y quedarse con el aprendizaje. Revivio sus votos y avivo su meta personal. Ella junta sus manos y suspira. "Algun dia..." Dijo en voz baja. Algun dia, encontrara ese amor de verdad. Genuino. Duradero. Y formara una familia. Esa fue su promesa a los que ya no estan. Ella despues recuerda compartir un trago con el caballero. Una bebida de muy poco alcohol. Whiskey? El sabor no fue mucho de su agrado, pero la platica en si fue agradable. Lo que durara. Ella ve a la estatua... con desprecio. Pero rapidamente se vuelve una expresion de paz. Algo calida. Ella escucha a alguien entrar al templo. Su tiempo sirviendo como cleriga, esta pronto a terminar. "Bienvenido..."
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  • *Observo el libro de cuentos con atención. Aunque nadie me ha enseñado. Aprendo. Leo. En mi mente es cada vez más claro. Letras. Letras que luego pienso. Pienso en letras que luego son imagenes, objetos, personas. Leo los informes de los computadores cercanos. Leo las hojas que los de blanco llevan consigo. Pero cuándo intento hablar me castigan... ¿Debería seguir fingiendo?*

    -El... mons... monstruo... sin... sin nombre... El monstruo sin nombre. *Susurro* -El monstruo sin nombre. ¿Porqué?... Título... ¿Porqué título me... ? *Al interiorizar e interpretar el título siento como mis ojos se humedecen y siento una opresión en el pecho. No entiendo que significa. Un guardia me mira con desprecio. Vuelvo a callarme y leo en silencio*
    *Observo el libro de cuentos con atención. Aunque nadie me ha enseñado. Aprendo. Leo. En mi mente es cada vez más claro. Letras. Letras que luego pienso. Pienso en letras que luego son imagenes, objetos, personas. Leo los informes de los computadores cercanos. Leo las hojas que los de blanco llevan consigo. Pero cuándo intento hablar me castigan... ¿Debería seguir fingiendo?* -El... mons... monstruo... sin... sin nombre... El monstruo sin nombre. *Susurro* -El monstruo sin nombre. ¿Porqué?... Título... ¿Porqué título me... ? *Al interiorizar e interpretar el título siento como mis ojos se humedecen y siento una opresión en el pecho. No entiendo que significa. Un guardia me mira con desprecio. Vuelvo a callarme y leo en silencio*
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  • El mercado era enorme, el ambiente a incienso y madera también como a hierro y cuero era palpable en el ambiente. No era normal en los mercados de ciudades grandes.

    Karla paseaba mirando distintos puestos, pero nada le parecía lo suficientemente bueno para el nuevo prototipo que tenía pensado, le faltaba algo, algo especial, algo que diferenciara aquel arma de las demás.

    Regateaba con los comerciantes para comprar algunas cosas, siempre conseguía un buen precio. Por eso tenía su bolsa algo llena, pero aún así no conseguía su objetivo.
    El mercado era enorme, el ambiente a incienso y madera también como a hierro y cuero era palpable en el ambiente. No era normal en los mercados de ciudades grandes. Karla paseaba mirando distintos puestos, pero nada le parecía lo suficientemente bueno para el nuevo prototipo que tenía pensado, le faltaba algo, algo especial, algo que diferenciara aquel arma de las demás. Regateaba con los comerciantes para comprar algunas cosas, siempre conseguía un buen precio. Por eso tenía su bolsa algo llena, pero aún así no conseguía su objetivo.
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    | Cuando mis nenes son sumisas, el personaje del otro usuario lo es, que cosas más difícil es tomar las riendas de un dominante.

    ¿Que me recomiendan en casos como esto? Tengo cero ideas y no le se bien al dominante.

    Al menos que lo haga pasivo/dominante. Ni idea como sería esa mezcla.
    | Cuando mis nenes son sumisas, el personaje del otro usuario lo es, que cosas más difícil es tomar las riendas de un dominante. ¿Que me recomiendan en casos como esto? Tengo cero ideas y no le se bien al dominante. Al menos que lo haga pasivo/dominante. Ni idea como sería esa mezcla.
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  • La devastación del dragón
    Fandom Original
    Categoría Fantasía
    Desde hace ya un tiempo se ha estado escuchando la noticia de que una bestia se encontraba causando desastres en varias ciudades del reino, aquellos supervivientes de sus ataques masivos solo han podido observar como una mujer de apariencia draconica pero más acercada a un demonio por el infierno que causa va sobre un gigante dragón destrozando todo a su paso, aquella amenaza estaba cada vez más cerca del palacio real y hasta ahora no a habido nadie capaz de frenarla, se necesitarían varios guerreros o un super guerrero con habilidades supremas para tal vez y solo tal vez pudieran enfrentarse a ella sin perder la vida
    Desde hace ya un tiempo se ha estado escuchando la noticia de que una bestia se encontraba causando desastres en varias ciudades del reino, aquellos supervivientes de sus ataques masivos solo han podido observar como una mujer de apariencia draconica pero más acercada a un demonio por el infierno que causa va sobre un gigante dragón destrozando todo a su paso, aquella amenaza estaba cada vez más cerca del palacio real y hasta ahora no a habido nadie capaz de frenarla, se necesitarían varios guerreros o un super guerrero con habilidades supremas para tal vez y solo tal vez pudieran enfrentarse a ella sin perder la vida
    Tipo
    Grupal
    Líneas
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  • El centinela.
    Fandom Las crónicas de Fenrir
    Categoría Acción
    https://ficrol.com/posts/380841

    El planeta de Eredh-Khal llevaba siglos pudriéndose lentamente bajo el peso de sus propios gobernantes.

    Las ciudades brillaban desde el cielo como joyas suspendidas entre montañas y océanos dorados, pero bajo aquella belleza artificial se escondía un mundo construido sobre hambre, miedo y obediencia. Las grandes familias soberanas habían convertido la fe en una cadena. Los templos controlaban el alimento. Los nobles controlaban el agua. Y los ciudadanos sobrevivían trabajando hasta la muerte para mantener encendida una civilización que ya no pertenecía al pueblo desde hacía generaciones.

    Decían que los dioses protegían Eredh-Khal.

    Mentira.

    Los dioses habían muerto hacía mucho tiempo.

    Lo único que quedaba eran hombres ricos usando sus nombres.

    Mientras barrios enteros caían en la miseria, los soberanos desviaban recursos imposibles hacia un único proyecto: crear el Centinela Absoluto. Un arma sagrada capaz de resistir cualquier invasión. Un guardián bendecido por reliquias antiguas y alimentado con la fe de millones.

    Y cuando las naves negras aparecieron atravesando las nubes…

    Comprendieron demasiado tarde que habían construido un dios únicamente para retrasar el final.

    El cielo rugía.

    Las estructuras imperiales de Nexus Concordia cubrían continentes enteros proyectando sombras gigantescas sobre mares y ciudades. Sirenas de evacuación resonaban entre los templos mientras miles de ciudadanos observaban aterrados cómo las nubes comenzaban a abrirse lentamente por la presión de los motores celestiales.

    La invasión había comenzado.

    Columnas de luz descendían desde las naves impactando contra fortalezas, puertos y centros políticos. Los soldados de Concordia avanzaban entre fuego y ceniza como una marea imposible de detener. Perfectamente sincronizados. Silenciosos. Hermosos.

    Y en medio del caos…

    Algo despertó.

    Las montañas sagradas de Eredh-Khal comenzaron a temblar violentamente mientras enormes círculos dorados aparecían sobre el cielo. Campanas antiguas resonaron por todo el continente y una presión divina recorrió la atmósfera como un latido.

    Entonces el Centinela abrió los ojos.

    La colosal figura emergió lentamente desde el corazón del templo principal envuelta en luz blanca y fragmentos de roca flotante. Medía cientos de metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de armaduras ceremoniales grabadas con escrituras sagradas y múltiples anillos luminosos giraban lentamente detrás de su espalda como pequeños soles artificiales.

    Cada paso hacía temblar ciudades enteras.

    En una de sus manos apareció una gigantesca lanza de energía celestial.

    En la otra…
    un círculo mágico tan enorme que cubrió las nubes.

    La voz del Centinela descendió sobre el planeta entero.

    —Entidad invasora detectada.
    Activando protocolo de purificación.—

    Y entonces…

    Alguien comenzó a reír.

    No una risa humana.

    Algo más oscuro.
    Más arrogante.

    Una grieta roja atravesó el cielo sobre las ruinas de la capital mientras llamas negras comenzaban a derramarse lentamente hacia el vacío. Varias explosiones sacudieron el aire y decenas de soldados sagrados fueron despedidos violentamente antes siquiera de comprender qué ocurría.

    De la grieta emergió una figura caminando tranquilamente entre el fuego.

    Cuernos oscuros.
    Cabello agitado por el viento.
    Ojos brillando como brasas infernales.

    La presión demoníaca hizo crujir las estructuras cercanas apenas puso un pie sobre el suelo destruido.

    Zagreo.

    La mano derecha de Veythra.

    El semidiós nacido entre lo celestial y lo abismal.

    Levantó lentamente la mirada hacia el gigantesco Centinela que dominaba el horizonte… y sonrió mostrando los colmillos.

    —¿Todo esto…—

    Las llamas comenzaron a girar alrededor suyo como una tormenta viva.

    —…solo para recibirme a mí?—

    El Centinela alzó la lanza.

    Los anillos sagrados detrás de su espalda comenzaron a iluminarse violentamente.

    Y el cielo entero explotó en luz.
    https://ficrol.com/posts/380841 El planeta de Eredh-Khal llevaba siglos pudriéndose lentamente bajo el peso de sus propios gobernantes. Las ciudades brillaban desde el cielo como joyas suspendidas entre montañas y océanos dorados, pero bajo aquella belleza artificial se escondía un mundo construido sobre hambre, miedo y obediencia. Las grandes familias soberanas habían convertido la fe en una cadena. Los templos controlaban el alimento. Los nobles controlaban el agua. Y los ciudadanos sobrevivían trabajando hasta la muerte para mantener encendida una civilización que ya no pertenecía al pueblo desde hacía generaciones. Decían que los dioses protegían Eredh-Khal. Mentira. Los dioses habían muerto hacía mucho tiempo. Lo único que quedaba eran hombres ricos usando sus nombres. Mientras barrios enteros caían en la miseria, los soberanos desviaban recursos imposibles hacia un único proyecto: crear el Centinela Absoluto. Un arma sagrada capaz de resistir cualquier invasión. Un guardián bendecido por reliquias antiguas y alimentado con la fe de millones. Y cuando las naves negras aparecieron atravesando las nubes… Comprendieron demasiado tarde que habían construido un dios únicamente para retrasar el final. El cielo rugía. Las estructuras imperiales de Nexus Concordia cubrían continentes enteros proyectando sombras gigantescas sobre mares y ciudades. Sirenas de evacuación resonaban entre los templos mientras miles de ciudadanos observaban aterrados cómo las nubes comenzaban a abrirse lentamente por la presión de los motores celestiales. La invasión había comenzado. Columnas de luz descendían desde las naves impactando contra fortalezas, puertos y centros políticos. Los soldados de Concordia avanzaban entre fuego y ceniza como una marea imposible de detener. Perfectamente sincronizados. Silenciosos. Hermosos. Y en medio del caos… Algo despertó. Las montañas sagradas de Eredh-Khal comenzaron a temblar violentamente mientras enormes círculos dorados aparecían sobre el cielo. Campanas antiguas resonaron por todo el continente y una presión divina recorrió la atmósfera como un latido. Entonces el Centinela abrió los ojos. La colosal figura emergió lentamente desde el corazón del templo principal envuelta en luz blanca y fragmentos de roca flotante. Medía cientos de metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de armaduras ceremoniales grabadas con escrituras sagradas y múltiples anillos luminosos giraban lentamente detrás de su espalda como pequeños soles artificiales. Cada paso hacía temblar ciudades enteras. En una de sus manos apareció una gigantesca lanza de energía celestial. En la otra… un círculo mágico tan enorme que cubrió las nubes. La voz del Centinela descendió sobre el planeta entero. —Entidad invasora detectada. Activando protocolo de purificación.— Y entonces… Alguien comenzó a reír. No una risa humana. Algo más oscuro. Más arrogante. Una grieta roja atravesó el cielo sobre las ruinas de la capital mientras llamas negras comenzaban a derramarse lentamente hacia el vacío. Varias explosiones sacudieron el aire y decenas de soldados sagrados fueron despedidos violentamente antes siquiera de comprender qué ocurría. De la grieta emergió una figura caminando tranquilamente entre el fuego. Cuernos oscuros. Cabello agitado por el viento. Ojos brillando como brasas infernales. La presión demoníaca hizo crujir las estructuras cercanas apenas puso un pie sobre el suelo destruido. Zagreo. La mano derecha de Veythra. El semidiós nacido entre lo celestial y lo abismal. Levantó lentamente la mirada hacia el gigantesco Centinela que dominaba el horizonte… y sonrió mostrando los colmillos. —¿Todo esto…— Las llamas comenzaron a girar alrededor suyo como una tormenta viva. —…solo para recibirme a mí?— El Centinela alzó la lanza. Los anillos sagrados detrás de su espalda comenzaron a iluminarse violentamente. Y el cielo entero explotó en luz.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Quiero dejar en constancia que cualquier cosa on rol que se vea en este perfil, es meramente RP. No apoyo ni estoy a favor de la ideología nazi ni el holocausto, por otra parte, si me parece realmente la historia usando ésta muchas veces como ideas para planear tramas. Dieter es meramente un personaje ficticio y todo lo que se diga aquí on rol, es ficticio también.
    Quiero dejar en constancia que cualquier cosa on rol que se vea en este perfil, es meramente RP. No apoyo ni estoy a favor de la ideología nazi ni el holocausto, por otra parte, si me parece realmente la historia usando ésta muchas veces como ideas para planear tramas. Dieter es meramente un personaje ficticio y todo lo que se diga aquí on rol, es ficticio también.
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  • “Me sorprende como algunos humanos tienen sus convicciones tan claras. En la sociedad, los ideales nunca han dejado de cambiar época tras época, y aún así muchos se mantienen fijos a sus ideas, para bien y para mal. Me gustaría ser más seguro en ese sentido.”
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  • 。 𝗧𝗵𝗲 𝗵𝘂𝗻𝘁𝗲𝗿 𝗯𝗲𝗰𝗼𝗺𝗶𝗻𝗴 𝘁𝗵𝗲 𝘀𝗵𝗶𝘁𝘁𝘆 𝗵𝘂𝗻𝘁𝗲𝗱.
    Categoría Original
    Las entrañas del Ark respiraban vapor tóxico por kilómetros de tuberías oxidadas que cruzaban el techo como venas infectas.

    El neón derramaba colores enfermizos sobre las calles mojadas: rosas violentos, azules moribundos, verdes radiactivos que convertían los charcos en heridas brillantes. La lluvia artificial caía desde los sistemas de condensación superiores arrastrando hollín, grasa industrial y el olor metálico de la sangre oxidándose al intemperie.

    Todo mantenía la fragancia de algo muriéndose lentamente.

    Y él encajaba perfectamente allí.

    El hombre permanecía sentado frente a un puesto mugriento de ramen sintético.

    Hundido en una silla de plástico mientras removía distraídamente los fideos hinchados en un grasiento caldo.

    El vapor le golpeaba el rostro cansado y mal afeitado, parcialmente oculto bajo la sombra de un sombrero viejo de ala ancha que parecía haber sobrevivido a demasiados tiroteos.

    El largo abrigo negro caía hasta debajo de las rodillas como un sudario empapado, pesado por la lluvia y el humo del bajo mundo.

    El cuero desgastado crujía cada vez que se movía, dejando entrever correas con munición, múltiples cuchillos y pequeños talismanes grabados con runas antiguas que pulsaban tenuemente.

    Era magia.

    Magia real.

    Bastante rara.

    Demasiado cara.

    Y lo bastante ilegal como para hacer que la gente desaparezca de la noche a la mañana.

    Un parche negro cubría completamente su ojo derecho, sujeto por una correa gastada que se perdía entre el cabello oscuro y descuidado. El izquierdo —grisáceo, cansado y afilado como vidrio roto— observaba el reflejo del callejón en el cristal sucio del puesto mientras fumaba un cigarro aplastado...

    Y ahí estaba, otra vez.

    La figura...

    Esa pequeña sombra.

    Quieta bajo la lluvia.

    Llevaba siguiéndolo tres días.

    Mercados negros. Túneles de carga. Clubes clandestinos. Basureros industriales.

    Siempre igual: aparecía a la distancia y se limitaba a observarlo.

    Nunca demasiado cerca.

    Nunca demasiado obvia.

    Eso era lo que empezaba a irritarlo.

    La prudencia.

    La paciencia.

    Los policías normales eran perros rabiosos; llegaban gritando, armados y con demasiada testosterona.

    Esto era diferente. Más frío. Más cuidadoso.

    Mucho más inteligente.

    Y eso lo odiaba.

    El cocinero del puesto tragó saliva al notar hacia dónde miraba el hombre.

    — ¿Problemas…?

    El cazador soltó una risa seca y cansada.

    — En esta puñetera ciudad el respirar ya cuenta como un problema.

    Su voz sonó áspera, gastada por humo y demasiado alcohol barato.

    Tomó los palillos otra vez, probó el ramen y escupió inmediatamente el caldo al suelo.

    — La puta madre... Esto sabe a lubricante.

    — Es pasta de proteína... —respondió inmediato el cocinero, pero la voz fue baja. Casi como una disculpa.

    — Pues sabe a mierda.

    El cocinero prefirió callarse.

    Sabía quién era él.

    Todos en el bajo mundo lo sabían.

    Un fantasma armado.

    Un perro rabioso.

    Un bastardo que aceptaba trabajos que ni siquiera los más fuertes e importantes querían tocar.

    Se decía que había matado traficantes con las manos desnudas.

    Que usaba magia prohibida.

    Que una vez sobrevivió tres días atrapado en la superficie infestada de mutantes alimentándose de cadáveres.

    La mitad seguramente era mentira.

    La otra mitad...

    Probablemente se quedaba corta.

    El hombre dejó unas monedas sobre el mostrador y finalmente se puso de pie.

    Alto. Ligeramente delgado. Completamente consumido por el cansancio.

    El abrigo negro cayó con peso alrededor de su figura mientras ajustaba lentamente la pistola en la funda.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero con un repiqueteo constante.

    Su único ojo visible volvió hacia la silueta lejana.

    Seguía ahí.

    Inmóvil.

    Observándolo bajo la lluvia y las luces del Ark.

    Entonces sonrió.

    Una sonrisa fingida.

    Vacía.

    — Perfecto... —murmuró—. O me quieren muerto o tengo un puto acosador. Y, honestamente, no sé qué mierda me da más asco...
    Las entrañas del Ark respiraban vapor tóxico por kilómetros de tuberías oxidadas que cruzaban el techo como venas infectas. El neón derramaba colores enfermizos sobre las calles mojadas: rosas violentos, azules moribundos, verdes radiactivos que convertían los charcos en heridas brillantes. La lluvia artificial caía desde los sistemas de condensación superiores arrastrando hollín, grasa industrial y el olor metálico de la sangre oxidándose al intemperie. Todo mantenía la fragancia de algo muriéndose lentamente. Y él encajaba perfectamente allí. El hombre permanecía sentado frente a un puesto mugriento de ramen sintético. Hundido en una silla de plástico mientras removía distraídamente los fideos hinchados en un grasiento caldo. El vapor le golpeaba el rostro cansado y mal afeitado, parcialmente oculto bajo la sombra de un sombrero viejo de ala ancha que parecía haber sobrevivido a demasiados tiroteos. El largo abrigo negro caía hasta debajo de las rodillas como un sudario empapado, pesado por la lluvia y el humo del bajo mundo. El cuero desgastado crujía cada vez que se movía, dejando entrever correas con munición, múltiples cuchillos y pequeños talismanes grabados con runas antiguas que pulsaban tenuemente. Era magia. Magia real. Bastante rara. Demasiado cara. Y lo bastante ilegal como para hacer que la gente desaparezca de la noche a la mañana. Un parche negro cubría completamente su ojo derecho, sujeto por una correa gastada que se perdía entre el cabello oscuro y descuidado. El izquierdo —grisáceo, cansado y afilado como vidrio roto— observaba el reflejo del callejón en el cristal sucio del puesto mientras fumaba un cigarro aplastado... Y ahí estaba, otra vez. La figura... Esa pequeña sombra. Quieta bajo la lluvia. Llevaba siguiéndolo tres días. Mercados negros. Túneles de carga. Clubes clandestinos. Basureros industriales. Siempre igual: aparecía a la distancia y se limitaba a observarlo. Nunca demasiado cerca. Nunca demasiado obvia. Eso era lo que empezaba a irritarlo. La prudencia. La paciencia. Los policías normales eran perros rabiosos; llegaban gritando, armados y con demasiada testosterona. Esto era diferente. Más frío. Más cuidadoso. Mucho más inteligente. Y eso lo odiaba. El cocinero del puesto tragó saliva al notar hacia dónde miraba el hombre. — ¿Problemas…? El cazador soltó una risa seca y cansada. — En esta puñetera ciudad el respirar ya cuenta como un problema. Su voz sonó áspera, gastada por humo y demasiado alcohol barato. Tomó los palillos otra vez, probó el ramen y escupió inmediatamente el caldo al suelo. — La puta madre... Esto sabe a lubricante. — Es pasta de proteína... —respondió inmediato el cocinero, pero la voz fue baja. Casi como una disculpa. — Pues sabe a mierda. El cocinero prefirió callarse. Sabía quién era él. Todos en el bajo mundo lo sabían. Un fantasma armado. Un perro rabioso. Un bastardo que aceptaba trabajos que ni siquiera los más fuertes e importantes querían tocar. Se decía que había matado traficantes con las manos desnudas. Que usaba magia prohibida. Que una vez sobrevivió tres días atrapado en la superficie infestada de mutantes alimentándose de cadáveres. La mitad seguramente era mentira. La otra mitad... Probablemente se quedaba corta. El hombre dejó unas monedas sobre el mostrador y finalmente se puso de pie. Alto. Ligeramente delgado. Completamente consumido por el cansancio. El abrigo negro cayó con peso alrededor de su figura mientras ajustaba lentamente la pistola en la funda. La lluvia golpeó el ala de su sombrero con un repiqueteo constante. Su único ojo visible volvió hacia la silueta lejana. Seguía ahí. Inmóvil. Observándolo bajo la lluvia y las luces del Ark. Entonces sonrió. Una sonrisa fingida. Vacía. — Perfecto... —murmuró—. O me quieren muerto o tengo un puto acosador. Y, honestamente, no sé qué mierda me da más asco...
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