• -Era día de trabajo en el taller. Ya me establecí en este mundo y habían varios objetos interesantes para investigar, reparar o incluso inventar nuevos aparatos, Pero todo con la finalidad de la misión que se nos encomendó.-

    Hmmm, entonces si corto el flujo de los electrolitos cuánticos transmutables podría hacer que el acelerador de electrones cambie su polaridad. Esto podría ser un gran gran avance para el uso del Ethernium como canalizador de la energía mental, sería una nueva forma de usar Telekinesis...
    -Era día de trabajo en el taller. Ya me establecí en este mundo y habían varios objetos interesantes para investigar, reparar o incluso inventar nuevos aparatos, Pero todo con la finalidad de la misión que se nos encomendó.- Hmmm, entonces si corto el flujo de los electrolitos cuánticos transmutables podría hacer que el acelerador de electrones cambie su polaridad. Esto podría ser un gran gran avance para el uso del Ethernium como canalizador de la energía mental, sería una nueva forma de usar Telekinesis...
    Me gusta
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • —INVINCIBLE WAR (ALT): 1/???—


    —Cuando ocurrió la guerra de los Invencibles y todos fueron enviados a esparcir el caos, lo primero que quiso hacer fue subir cerca de la estratosfera para poder elegir un objetivo al azar, pero termino encontrándose a alguien que jamás conoció, una figura pequeña se dirigía hacia el espacio exterior, portaba una armadura que el jamás había visto antes, por lo que lo tomo como un nuevo desafío, inmediatamente se lanzo hacia aquella persona, interceptandola y llevándola hasta el espacio, aquella persona al principio trato de hablar con el—


    : "¡Calmate amigo, estoy de tú lado!"


    —Obviamente el sabía que lo más seguro es que lo haya confundido con el Invincible de este mundo, así que siguió atacando hasta que finalmente aquella persona respondió, un destello salió de su frente, seguido de un laser que le quemaba la piel a Mark, esto lo obligó a retroceder un poco, cuando al fin estuvo dispuesto a contraatacar, una figura familiar se le apareció a su lado, una de las variantes con un bigote y vestimenta de soldado viltrumita se acercó a su lado y le puso una mano en su hombro—

    : "La mocosa es mi objetivo, retírate o tú serás el siguiente"

    —¿¡Y TU QUIEN CARAJOS TE CREES QUE ERES PARA DARME ORDENES?, YO SOY LO SUFICIENTEMENTE FUERTE PARA!–

    —Nuevamente el laser fuer disparado hacia el, está vez no pudo cubrírse y recibió el golpe de lleno, haciendo que esté quede inconsciente y empieze a caer nuevamente hacia la tierra—
    —INVINCIBLE WAR (ALT): 1/???— —Cuando ocurrió la guerra de los Invencibles y todos fueron enviados a esparcir el caos, lo primero que quiso hacer fue subir cerca de la estratosfera para poder elegir un objetivo al azar, pero termino encontrándose a alguien que jamás conoció, una figura pequeña se dirigía hacia el espacio exterior, portaba una armadura que el jamás había visto antes, por lo que lo tomo como un nuevo desafío, inmediatamente se lanzo hacia aquella persona, interceptandola y llevándola hasta el espacio, aquella persona al principio trato de hablar con el— —👤: "¡Calmate amigo, estoy de tú lado!" —Obviamente el sabía que lo más seguro es que lo haya confundido con el Invincible de este mundo, así que siguió atacando hasta que finalmente aquella persona respondió, un destello salió de su frente, seguido de un laser que le quemaba la piel a Mark, esto lo obligó a retroceder un poco, cuando al fin estuvo dispuesto a contraatacar, una figura familiar se le apareció a su lado, una de las variantes con un bigote y vestimenta de soldado viltrumita se acercó a su lado y le puso una mano en su hombro— —👤: "La mocosa es mi objetivo, retírate o tú serás el siguiente" —¿¡Y TU QUIEN CARAJOS TE CREES QUE ERES PARA DARME ORDENES?, YO SOY LO SUFICIENTEMENTE FUERTE PARA!– —Nuevamente el laser fuer disparado hacia el, está vez no pudo cubrírse y recibió el golpe de lleno, haciendo que esté quede inconsciente y empieze a caer nuevamente hacia la tierra—
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ༒ 𝕸𝖆𝖓𝖉𝖗𝖆𝖌𝖔𝖗𝖆 𝕺𝖋𝖋𝖎𝖈𝖎𝖓𝖆𝖗𝖚𝖒.


    El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma.
    La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera.

    Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador.
    Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer.

    Una rutina conocida. Mecánica, segura.

    Sin embargo… Algo extraño ocurrió.
    Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio.

    Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando.
    —♪ 𝘐’𝘮 𝘢 𝘱𝘰𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘯𝘦𝘴𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘸𝘣𝘰𝘺… ♪

    El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos.
    Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción?
    El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas.

    Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho.
    Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura.

    Una risa grave y cansada.
    Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer.

    Odette inhaló con dificultad.
    El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado.

    La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo.

    Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida.
    No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco.

    La lluvia arreció afuera.

    Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos.

    Pero algo seguía ahí...

    Esa sensación imposible de explicar.
    Como extrañar algo que nunca tuvo.
    Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás.

    Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo.
    —…𝘢 𝘭𝘰𝘯𝘨 𝘸𝘢𝘺 𝘧𝘳𝘰𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘦… ♪ — La voz salió apenas en un susurro roto.

    Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte.

    Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta.
    Ojos azules cansados.
    Una sonrisa ladeada.
    La sensación cálida de volver a casa después de un día largo.

    Odette cerró los ojos abruptamente.

    Desapareció. Todo desapareció.

    Solo quedó la botica en silencio.

    El olor de las flores secas.

    El sonido de la lluvia.

    Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender.

    Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo.

    Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos.

    Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
    ༒ 𝕸𝖆𝖓𝖉𝖗𝖆𝖌𝖔𝖗𝖆 𝕺𝖋𝖋𝖎𝖈𝖎𝖓𝖆𝖗𝖚𝖒. El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma. La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera. Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador. Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer. Una rutina conocida. Mecánica, segura. Sin embargo… Algo extraño ocurrió. Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio. Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando. —♪ 𝘐’𝘮 𝘢 𝘱𝘰𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘯𝘦𝘴𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘸𝘣𝘰𝘺… ♪ El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos. Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción? El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas. Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho. Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura. Una risa grave y cansada. Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer. Odette inhaló con dificultad. El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado. La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo. Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida. No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco. La lluvia arreció afuera. Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos. Pero algo seguía ahí... Esa sensación imposible de explicar. Como extrañar algo que nunca tuvo. Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás. Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo. —…𝘢 𝘭𝘰𝘯𝘨 𝘸𝘢𝘺 𝘧𝘳𝘰𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘦… ♪ — La voz salió apenas en un susurro roto. Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte. Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta. Ojos azules cansados. Una sonrisa ladeada. La sensación cálida de volver a casa después de un día largo. Odette cerró los ojos abruptamente. Desapareció. Todo desapareció. Solo quedó la botica en silencio. El olor de las flores secas. El sonido de la lluvia. Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender. Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo. Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos. Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
    Me gusta
    Me encocora
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • [Gyuseki se encontraba en una de las piscinas públicas más famosas de la ciudad, aprovechando aquel hermoso día decidió refrescarse un poco ahí]

    Tengo a muchos humanos alrededor.. soy afortunado de poder controlar mí temperatura o sino el agua ya se estaría evaporando.

    ×me alejaría de la orilla para dejar que mí cuerpo flotara en el agua y entonces cerré los ojos antes de soltar un suspiro suave como si me relajara×

    Está mañana volví a tener esa sensación.. siento que alguien me está siguiendo.
    [Gyuseki se encontraba en una de las piscinas públicas más famosas de la ciudad, aprovechando aquel hermoso día decidió refrescarse un poco ahí] Tengo a muchos humanos alrededor.. soy afortunado de poder controlar mí temperatura o sino el agua ya se estaría evaporando. ×me alejaría de la orilla para dejar que mí cuerpo flotara en el agua y entonces cerré los ojos antes de soltar un suspiro suave como si me relajara× Está mañana volví a tener esa sensación.. siento que alguien me está siguiendo.
    Me gusta
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Siegmeyer había viajado en la carreta de un comerciante hosco que, al llegar al lindero del bosque, detuvo los caballos con manos temblorosas.
    —No sigo. —masculló, sin atreverse a mirarlo—. Baja. —

    El errante decidió no insistir y descendió. La carreta se alejó rápidamente. Un par de kilómetros antes de llegar un pueblo que se veia camuflado entre los arboles, había encontrado al anciano moribundo apoyado en un arbol. Con los labios agrietados y la voz convertida en un estertor, este le había clavado los dedos en el guantelete.

    —No entres… El aquelarre te va a oler. Han tomado Eichenbruch. Si cruzas sus calles… te reclamarán. Desearás haberte quedado a pudrirte aquí, conmigo. —Siegmeyer cerró sus ojos vidriosos y continuó.

    La niebla se arrastraba por las calles, espesa, fría y cargada de un olor dulzón a hierbas quemadas y podredumbre. El pueblo de Eichenbruch parecía una herida abierta en el bosque. Las casas torcidas de madera y piedra, techos hundidos y ventanas que observaban como ojos ciegos. Todo estaba demasiado quieto. Ahora caminaba por las calles empedradas, su armadura oscura y abollada resonando con cada paso. La capa raída goteaba agua sucia. Los pocos aldeanos que aún se atrevían a estar fuera se apartaban de su camino con terror evidente. Una mujer soltó un gemido ahogado y se escondió en un callejón. Un hombre cerró de golpe su puerta al verlo pasar.

    Parecía un enviado directo del clero, pero no servía a ningún rey, a ningún dios. El caballero no se detuvo, sus ojos azules, fríos y alerta, escaneaban las sombras. Al final de la calle principal distinguió un edificio más grande que los demás, con un letrero de madera medio podrido que apenas se leía: “El Jabalí Negro”. Una luz amarillenta y débil se filtraba por las ventanas empañadas. Parecía una posada o una trampa.

    Empujó la pesada puerta de madera. Esta chirrió como un animal herido. Dentro, el aire era denso, cargado de humo de chimenea y un olor extraño, casi dulzón. Varias cabezas se giraron hacia él al instante. El murmullo de conversaciones se cortó de golpe. Un tabernero de rostro pálido y ojos hundidos lo miró desde atrás de la barra como si acabara de ver a un muerto caminando. En las mesas, rostros demacrados lo observaban en silencio.

    Siegmeyer se detuvo bajo el umbral, la luz del fuego reflejándose en su armadura. Lentamente levantó la visera de su yelmo, revelando un rostro curtido, barba de varios días y aquellos ojos azules que no mostraban miedo, solo una cansada determinación.

    —Un plato de comida, el que tengas ya preparado. —dijo con voz grave y ronca, que cortó el silencio. — Y algo de vino o agua, lo que sepa mejor. — Nadie se movió. Solo se oía el crepitar del fuego.
    Siegmeyer había viajado en la carreta de un comerciante hosco que, al llegar al lindero del bosque, detuvo los caballos con manos temblorosas. —No sigo. —masculló, sin atreverse a mirarlo—. Baja. — El errante decidió no insistir y descendió. La carreta se alejó rápidamente. Un par de kilómetros antes de llegar un pueblo que se veia camuflado entre los arboles, había encontrado al anciano moribundo apoyado en un arbol. Con los labios agrietados y la voz convertida en un estertor, este le había clavado los dedos en el guantelete. —No entres… El aquelarre te va a oler. Han tomado Eichenbruch. Si cruzas sus calles… te reclamarán. Desearás haberte quedado a pudrirte aquí, conmigo. —Siegmeyer cerró sus ojos vidriosos y continuó. La niebla se arrastraba por las calles, espesa, fría y cargada de un olor dulzón a hierbas quemadas y podredumbre. El pueblo de Eichenbruch parecía una herida abierta en el bosque. Las casas torcidas de madera y piedra, techos hundidos y ventanas que observaban como ojos ciegos. Todo estaba demasiado quieto. Ahora caminaba por las calles empedradas, su armadura oscura y abollada resonando con cada paso. La capa raída goteaba agua sucia. Los pocos aldeanos que aún se atrevían a estar fuera se apartaban de su camino con terror evidente. Una mujer soltó un gemido ahogado y se escondió en un callejón. Un hombre cerró de golpe su puerta al verlo pasar. Parecía un enviado directo del clero, pero no servía a ningún rey, a ningún dios. El caballero no se detuvo, sus ojos azules, fríos y alerta, escaneaban las sombras. Al final de la calle principal distinguió un edificio más grande que los demás, con un letrero de madera medio podrido que apenas se leía: “El Jabalí Negro”. Una luz amarillenta y débil se filtraba por las ventanas empañadas. Parecía una posada o una trampa. Empujó la pesada puerta de madera. Esta chirrió como un animal herido. Dentro, el aire era denso, cargado de humo de chimenea y un olor extraño, casi dulzón. Varias cabezas se giraron hacia él al instante. El murmullo de conversaciones se cortó de golpe. Un tabernero de rostro pálido y ojos hundidos lo miró desde atrás de la barra como si acabara de ver a un muerto caminando. En las mesas, rostros demacrados lo observaban en silencio. Siegmeyer se detuvo bajo el umbral, la luz del fuego reflejándose en su armadura. Lentamente levantó la visera de su yelmo, revelando un rostro curtido, barba de varios días y aquellos ojos azules que no mostraban miedo, solo una cansada determinación. —Un plato de comida, el que tengas ya preparado. —dijo con voz grave y ronca, que cortó el silencio. — Y algo de vino o agua, lo que sepa mejor. — Nadie se movió. Solo se oía el crepitar del fuego.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    1 turno 0 maullidos
  • Korei Nightshade
    —La Galaxia nunca ha sido un lugar seguro, y menos ahora –murmuró, cerrando los ojos y guardó la Dao del Tigre Blanco en su funda.

    Para cuando la Khan llegó, ya era demasiado tarde. Aquella criatura había aprovechado las trampas que le había tendido a la Khan para escapar, y lo que encontró en su lugar fue un cascarón frío e inerte. Las pupilas de la Khan subieron hacia los altos rascacielos que desterraban la oscuridad de los alrededores desérticos de esa ciudad en la Tierra.

    Tenía que encontrarla. Había viajado desde muy lejos para cazarla, para terminar de juntar las piezas de un rompecabezas cuya sombra anunciaba la llegada de algo grande y terrible que se aproximaba desde el vacío de las estrellas. Una nueva cacería había comenzado.

    Aquella cosa se deslizó por la ventilación de un edicio, reptando entre sus paredes metálicas con el sigilo propio de un fantasma errante, hasta que una hermosa voz capturó su atención. Las rendijas de una luz anaranjada iluminaron las sombras azuladas de su rostro cuando la criatura asomó la cabeza. En el interior de la habitación, se encontraba una mujer de estatura alta, ojos afilados y cabello negro. Su voz era la clase de sonido que seguramente acompañaba noches enteras de recorridos por una ciudad que dormía envuelta entre la niebla y el neón. Una cantante de City pop. Dulce, melancólico, el tipo de canto que podría hipnotizar masas enteras si se lo proponía, y la criatura estaba dispuesta a ayudarla con ello.

    Saltó sobre de ella.

    Sus tenazas rasgaron y mordieron piel, antes de que el verdadero asalto se transladara a otro lugar; en la mente de la cantante. La mujer se cubrió el rostro con las manos, se tambaleó. Un jarrón se fragmetó en pequeños trocitos cuando su espalda dio contra un mueble. Libró una feroz batalla por el dominio de su cuerpo. Poco a poco, su voz marchitó y, cuando clavó una mano pálida sobre el borde del tocador para incorporarse, un fuego púrpura ardió en el reflejo de sus iris frente al espejo.

    La criatura se tomó unos minutos para familiarizarse con esa nueva piel, comprobando el movimiento de sus dedos delicados al cerrar y abrir los puños. La respiración agitada le quemó la garganta, era un recipiente muy compacto, frágil y perfecto. Exploró algunos de los recuerdos de aquella mujer, de entre ellos, algo le resultó divertido. Al parecer, hacía no mucho que había hecho enojar a algunas personas poderosas y llevaba días intentando mantener un perfil bajo; asustada, vulnerable, como una presa acorralada que solo podía esconderse. Soltó el inicio de una risa seca, mientras se acomodaba el cabello. Luego tomó las maletas que estaban preparadas sobre la cama, y se dispuso a salir al mundo.
    [blast_magenta_rat_186] —La Galaxia nunca ha sido un lugar seguro, y menos ahora –murmuró, cerrando los ojos y guardó la Dao del Tigre Blanco en su funda. Para cuando la Khan llegó, ya era demasiado tarde. Aquella criatura había aprovechado las trampas que le había tendido a la Khan para escapar, y lo que encontró en su lugar fue un cascarón frío e inerte. Las pupilas de la Khan subieron hacia los altos rascacielos que desterraban la oscuridad de los alrededores desérticos de esa ciudad en la Tierra. Tenía que encontrarla. Había viajado desde muy lejos para cazarla, para terminar de juntar las piezas de un rompecabezas cuya sombra anunciaba la llegada de algo grande y terrible que se aproximaba desde el vacío de las estrellas. Una nueva cacería había comenzado. Aquella cosa se deslizó por la ventilación de un edicio, reptando entre sus paredes metálicas con el sigilo propio de un fantasma errante, hasta que una hermosa voz capturó su atención. Las rendijas de una luz anaranjada iluminaron las sombras azuladas de su rostro cuando la criatura asomó la cabeza. En el interior de la habitación, se encontraba una mujer de estatura alta, ojos afilados y cabello negro. Su voz era la clase de sonido que seguramente acompañaba noches enteras de recorridos por una ciudad que dormía envuelta entre la niebla y el neón. Una cantante de City pop. Dulce, melancólico, el tipo de canto que podría hipnotizar masas enteras si se lo proponía, y la criatura estaba dispuesta a ayudarla con ello. Saltó sobre de ella. Sus tenazas rasgaron y mordieron piel, antes de que el verdadero asalto se transladara a otro lugar; en la mente de la cantante. La mujer se cubrió el rostro con las manos, se tambaleó. Un jarrón se fragmetó en pequeños trocitos cuando su espalda dio contra un mueble. Libró una feroz batalla por el dominio de su cuerpo. Poco a poco, su voz marchitó y, cuando clavó una mano pálida sobre el borde del tocador para incorporarse, un fuego púrpura ardió en el reflejo de sus iris frente al espejo. La criatura se tomó unos minutos para familiarizarse con esa nueva piel, comprobando el movimiento de sus dedos delicados al cerrar y abrir los puños. La respiración agitada le quemó la garganta, era un recipiente muy compacto, frágil y perfecto. Exploró algunos de los recuerdos de aquella mujer, de entre ellos, algo le resultó divertido. Al parecer, hacía no mucho que había hecho enojar a algunas personas poderosas y llevaba días intentando mantener un perfil bajo; asustada, vulnerable, como una presa acorralada que solo podía esconderse. Soltó el inicio de una risa seca, mientras se acomodaba el cabello. Luego tomó las maletas que estaban preparadas sobre la cama, y se dispuso a salir al mundo.
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • El aire vespertino era frío y las luces cálidas de la tienda iluminaban la calle inglesa. Pamela Hatzís, estudiante de intercambio en Japón, observó el viejo local frente a ella mientras sujetaba con fuerza el pequeño papel arrugado que había encontrado días atrás entre libros antiguos de una biblioteca universitaria.

    "El Corazón de Violeta... última ubicación conocida."

    Pamela levantó la mirada hacia el letrero vacío y frunció ligeramente el ceño.

    —Después de cruzar medio mundo... espero que no sea una pista falsa... —murmuró mientras acomodaba un mechón de cabello detrás de su oreja.

    La puerta de la tienda se abrió sola con un suave criiic...

    En desde el interior, entre las sombras el sonido de un viejo reloj marcando la hora sonaba constante.

    — ¡Buenas tardes!... Estoy buscando está antigüedad, según el último informe sobre él está en esta tienda.

    Le muestra las foto del collar.

    Charlie Roussel
    El aire vespertino era frío y las luces cálidas de la tienda iluminaban la calle inglesa. Pamela Hatzís, estudiante de intercambio en Japón, observó el viejo local frente a ella mientras sujetaba con fuerza el pequeño papel arrugado que había encontrado días atrás entre libros antiguos de una biblioteca universitaria. "El Corazón de Violeta... última ubicación conocida." Pamela levantó la mirada hacia el letrero vacío y frunció ligeramente el ceño. —Después de cruzar medio mundo... espero que no sea una pista falsa... —murmuró mientras acomodaba un mechón de cabello detrás de su oreja. La puerta de la tienda se abrió sola con un suave criiic... En desde el interior, entre las sombras el sonido de un viejo reloj marcando la hora sonaba constante. — ¡Buenas tardes!... Estoy buscando está antigüedad, según el último informe sobre él está en esta tienda. Le muestra las foto del collar. [haze_pink_horse_186]
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • *Desde lo alto del cielo nocturno del mundo digital estaría flotando mirando las estrellas y atrayendo una hasta colocarla entre mis manos, dándole vueltas a la idea de que dentro de poco poder ver lo que es el mundo real, Moon que estaba allí se fijó que estaba preocupado y se acercó a hablar*

    Moon: Caine querido ¿Qué te ocurre?

    Yo… he estado esperando durante mucho tiempo el poder ver el exterior, lo que hay fuera de este mundo y ahora… me siento ¿Cómo lo llaman los humanos…? *Buscando la palabra en mi base de datos hasta encontrarla* Nervioso… aterrado… ¿Y si no les gusta como soy? ¿y si… me odian? ¿puede que sea una mala idea el salir…?

    *Más preguntas rondaron por mi cabeza comenzando a sentir lo que los humanos llamaban “ansiedad” o “estrés”, tanto fue que se pudo ver ligeros glitches en mis ojos en colores azul y rojo hasta que note como un brazo rodeo mi cintura haciendo que me aferrase a un cuerpo más grande que yo, siendo Moon sentada a mi lado y que había optado un cuerpo humanoide aun con su cabeza de Luna*

    Moon: Vamos mi trocito de cielo… te preocupas demasiado, mira todo lo que has logrado junto a las personas que te quieren *señalizando con la mano el circo digital y sus otras zonas renovadas* Si todas estas personas te odiasen ¿crees que vendrían a pasar sus días en el mundo tan perfecto que has creado? He visto cada interacción que has tenido con cada uno de ellos y se les ve felices, recuerdos que atesoraran por el resto de sus vidas, estoy segura que si sales a su mundo te aceptaran con los brazos abiertos.

    *Mirando a Moon escuchando cada palabra, echando un vistazo al circo digital y luego mirando a la estrella que tenía entre mis manos, dejándola irse flotando con las demás estrellas*

    Puede que tengas razón y le esté dando demasiadas vueltas… aun así sigo nervioso por poder salir y ver mundo.

    *Ahora con solo de pensar en ellos simplemente sonreí felizmente en vez de estar angustiado, Moon con una leve risa se agacho para darme un ligero beso en la mejilla*

    Moon: Ese es el Caine que quiero, al sonriente y animado.

    *Con un leve sonrojo me levante carraspeando tomando mi bastón*

    ¡Bueno he de irme, las aventuras no se van hacer solas jajajaja, ADIOS!

    *Desapareciendo como de costumbre volviendo a mi despacho, Moon con un suspiro sonriendo*

    Moon: Siempre estaré aquí por ti Caine...
    *Desde lo alto del cielo nocturno del mundo digital estaría flotando mirando las estrellas y atrayendo una hasta colocarla entre mis manos, dándole vueltas a la idea de que dentro de poco poder ver lo que es el mundo real, Moon que estaba allí se fijó que estaba preocupado y se acercó a hablar* Moon: Caine querido ¿Qué te ocurre? Yo… he estado esperando durante mucho tiempo el poder ver el exterior, lo que hay fuera de este mundo y ahora… me siento ¿Cómo lo llaman los humanos…? *Buscando la palabra en mi base de datos hasta encontrarla* Nervioso… aterrado… ¿Y si no les gusta como soy? ¿y si… me odian? ¿puede que sea una mala idea el salir…? *Más preguntas rondaron por mi cabeza comenzando a sentir lo que los humanos llamaban “ansiedad” o “estrés”, tanto fue que se pudo ver ligeros glitches en mis ojos en colores azul y rojo hasta que note como un brazo rodeo mi cintura haciendo que me aferrase a un cuerpo más grande que yo, siendo Moon sentada a mi lado y que había optado un cuerpo humanoide aun con su cabeza de Luna* Moon: Vamos mi trocito de cielo… te preocupas demasiado, mira todo lo que has logrado junto a las personas que te quieren *señalizando con la mano el circo digital y sus otras zonas renovadas* Si todas estas personas te odiasen ¿crees que vendrían a pasar sus días en el mundo tan perfecto que has creado? He visto cada interacción que has tenido con cada uno de ellos y se les ve felices, recuerdos que atesoraran por el resto de sus vidas, estoy segura que si sales a su mundo te aceptaran con los brazos abiertos. *Mirando a Moon escuchando cada palabra, echando un vistazo al circo digital y luego mirando a la estrella que tenía entre mis manos, dejándola irse flotando con las demás estrellas* Puede que tengas razón y le esté dando demasiadas vueltas… aun así sigo nervioso por poder salir y ver mundo. *Ahora con solo de pensar en ellos simplemente sonreí felizmente en vez de estar angustiado, Moon con una leve risa se agacho para darme un ligero beso en la mejilla* Moon: Ese es el Caine que quiero, al sonriente y animado. *Con un leve sonrojo me levante carraspeando tomando mi bastón* ¡Bueno he de irme, las aventuras no se van hacer solas jajajaja, ADIOS! *Desapareciendo como de costumbre volviendo a mi despacho, Moon con un suspiro sonriendo* Moon: Siempre estaré aquí por ti Caine...
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • — Bueno, prometí bajarle a mi violencia y actividades destructivas, así que pensé en maneras de gastar toda esa energía en algo que no fuera hacer estallar ciertos vehículos de dos ruedas (?). Entonces salí a correr por la madrugada, como hace Kieran.

    Resultado: Lo odié. ¿Qué clase de enfermo hace esto por gusto? Y me dicen que yo soy la loca. — (?)
    — Bueno, prometí bajarle a mi violencia y actividades destructivas, así que pensé en maneras de gastar toda esa energía en algo que no fuera hacer estallar ciertos vehículos de dos ruedas (?). Entonces salí a correr por la madrugada, como hace Kieran. Resultado: Lo odié. ¿Qué clase de enfermo hace esto por gusto? Y me dicen que yo soy la loca. — (?)
    Me enjaja
    Me encocora
    7
    2 turnos 0 maullidos
  • ”Me acuerdo que en esa época era como si solo existiéramos nosotros tres. Hablábamos de todo, íbamos siempre juntos a todos lados... Me pregunto si seguirán vivos. Salvatore siempre decía que formaría una familia, ojalá lo haya hecho, creo que sería un buen padre. Marie quería ser zoóloga, entre los años 30 y los 40 que una mujer se dedicara a casi cualquier oficio era muy raro, y en Italia con el régimen de Mussolini prácticamente imposible, pero ella insistía, espero que lo haya conseguido.”
    ”Me acuerdo que en esa época era como si solo existiéramos nosotros tres. Hablábamos de todo, íbamos siempre juntos a todos lados... Me pregunto si seguirán vivos. Salvatore siempre decía que formaría una familia, ojalá lo haya hecho, creo que sería un buen padre. Marie quería ser zoóloga, entre los años 30 y los 40 que una mujer se dedicara a casi cualquier oficio era muy raro, y en Italia con el régimen de Mussolini prácticamente imposible, pero ella insistía, espero que lo haya conseguido.”
    Me gusta
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados