-Aunque resultó herida, 12B se sentía satisfecha pues la misión fue todo un éxito, la máquina clase Goliat fue destruida, pero el daño que recibió fue demasiado, ahora mismo estaba curando sus heridas, podría volver al búnker y ser atendida pero eso quitaría tiempo valioso que podría aprovechar para alguna misión.
Ya que la distancia del búnker a la tierra es demasiada, suspirando viendo las heridas en su cuerpos y como algunas vendas se teñían de rojo, pues aunque es androide, ella y los demás fueron hechos los mas cercano posible a los humanos.-
Deberé ser más cuidadosa la próxima vez.
-Se dijo así misma mientras terminaba de atender sus heridas-.
-Aunque resultó herida, 12B se sentía satisfecha pues la misión fue todo un éxito, la máquina clase Goliat fue destruida, pero el daño que recibió fue demasiado, ahora mismo estaba curando sus heridas, podría volver al búnker y ser atendida pero eso quitaría tiempo valioso que podría aprovechar para alguna misión.
Ya que la distancia del búnker a la tierra es demasiada, suspirando viendo las heridas en su cuerpos y como algunas vendas se teñían de rojo, pues aunque es androide, ella y los demás fueron hechos los mas cercano posible a los humanos.-
Deberé ser más cuidadosa la próxima vez.
-Se dijo así misma mientras terminaba de atender sus heridas-.
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Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
El mármol del Olimpo siempre estaba frío, una perfección gélida que reflejaba la eternidad de los dioses. La diosa, de cabellos rosados como el primer amanecer, suspiró, jugueteando distraídamente con el borde dorado de su túnica. Desde su trono de marfil, la vista era impecable: cielos interminables, luz perpetua y el distante resplandor de los templos de sus hermanos.
Todo era perfecto. Y todo era insoportablemente aburrido.
Se recostó en la silla, apoyando la barbilla en la mano, con la mirada perdida más allá de las nubes. "¿Es esto la divinidad?", pensó. "¿Observar? ¿Juzgar? ¿Recibir oraciones de seres que vibran de vida, mientras nosotros permanecemos estáticos?" Suspiró de nuevo, su aliento apenas perturbando el aire divinamente perfumado.
Un movimiento captó su atención. A través de la bruma, el mundo humano se extendía como un tapiz de colores y texturas. Vio las luces de las ciudades cobrando vida, las siluetas de personas moviéndose con un propósito que ella nunca había entendido realmente. Escuchó fragmentos de risas, discusiones ardientes, música imperfecta interpretada con pasión.
Una punzada de algo nuevo la atravesó. No era celos, ni tampoco simple curiosidad. Era un anhelo, un deseo de *sentir*.
Se levantó de su trono, el movimiento rompiendo el silencio eterno de su cámara. Sus pies, siempre descalzos, tocaron el suelo helado. Se acercó al borde, donde las nubes se partían para revelar la Tierra. El viento soplaba allí abajo, diferente al aire inmóvil del Olimpo; era un viento que llevaba historias, olores a lluvia y a tierra mojada, a pan recién horneado y a mar salado.
"Viven tan poco tiempo", murmuró, "y sin embargo, parecen vivir mucho más que nosotros".
Tomó una decisión. No sería una visita fugaz para entrometerse en un amor mortal o para desatar una tempestad. No. Bajaría como una igual. Sin poderes, sin coronas, sin la red de seguridad de la inmortalidad.
Se quitó la diadema de hojas de laurel, dejándola caer sobre el mármol con un suave *clink*. Su túnica divina se transformó en un vestido de lino sencillo, como los que usaban las mujeres humanas. Se alisó el cabello rosado, sintiéndolo diferente, más *real*.
"Solo un momento", se dijo a sí misma, con una sonrisa que no había tenido en milenios. "Una vida mortal. Una sola. Para saber lo que es el hambre, el frío, el cansancio... y quizás, si soy afortunada, un poco de ese amor imperfecto y desesperado que los hace tan fascinantes".
Con un último vistazo a su trono vacío, se dejó caer. No hubo caída dramática, solo una transición suave, como deslizarse en un sueño.
Cuando abrió los ojos, sus pies estaban en tierra firme. El aire olía a pino y a polvo. La gente pasaba a su alrededor, demasiado ocupada con sus propias vidas para notar a la extraña con cabello de amanecer. El mármol del Olimpo quedó atrás, reemplazado por la promesa de la fragilidad mortal. Y por primera vez en toda la eternidad, se sintió verdaderamente viva.
El mármol del Olimpo siempre estaba frío, una perfección gélida que reflejaba la eternidad de los dioses. La diosa, de cabellos rosados como el primer amanecer, suspiró, jugueteando distraídamente con el borde dorado de su túnica. Desde su trono de marfil, la vista era impecable: cielos interminables, luz perpetua y el distante resplandor de los templos de sus hermanos.
Todo era perfecto. Y todo era insoportablemente aburrido.
Se recostó en la silla, apoyando la barbilla en la mano, con la mirada perdida más allá de las nubes. "¿Es esto la divinidad?", pensó. "¿Observar? ¿Juzgar? ¿Recibir oraciones de seres que vibran de vida, mientras nosotros permanecemos estáticos?" Suspiró de nuevo, su aliento apenas perturbando el aire divinamente perfumado.
Un movimiento captó su atención. A través de la bruma, el mundo humano se extendía como un tapiz de colores y texturas. Vio las luces de las ciudades cobrando vida, las siluetas de personas moviéndose con un propósito que ella nunca había entendido realmente. Escuchó fragmentos de risas, discusiones ardientes, música imperfecta interpretada con pasión.
Una punzada de algo nuevo la atravesó. No era celos, ni tampoco simple curiosidad. Era un anhelo, un deseo de *sentir*.
Se levantó de su trono, el movimiento rompiendo el silencio eterno de su cámara. Sus pies, siempre descalzos, tocaron el suelo helado. Se acercó al borde, donde las nubes se partían para revelar la Tierra. El viento soplaba allí abajo, diferente al aire inmóvil del Olimpo; era un viento que llevaba historias, olores a lluvia y a tierra mojada, a pan recién horneado y a mar salado.
"Viven tan poco tiempo", murmuró, "y sin embargo, parecen vivir mucho más que nosotros".
Tomó una decisión. No sería una visita fugaz para entrometerse en un amor mortal o para desatar una tempestad. No. Bajaría como una igual. Sin poderes, sin coronas, sin la red de seguridad de la inmortalidad.
Se quitó la diadema de hojas de laurel, dejándola caer sobre el mármol con un suave *clink*. Su túnica divina se transformó en un vestido de lino sencillo, como los que usaban las mujeres humanas. Se alisó el cabello rosado, sintiéndolo diferente, más *real*.
"Solo un momento", se dijo a sí misma, con una sonrisa que no había tenido en milenios. "Una vida mortal. Una sola. Para saber lo que es el hambre, el frío, el cansancio... y quizás, si soy afortunada, un poco de ese amor imperfecto y desesperado que los hace tan fascinantes".
Con un último vistazo a su trono vacío, se dejó caer. No hubo caída dramática, solo una transición suave, como deslizarse en un sueño.
Cuando abrió los ojos, sus pies estaban en tierra firme. El aire olía a pino y a polvo. La gente pasaba a su alrededor, demasiado ocupada con sus propias vidas para notar a la extraña con cabello de amanecer. El mármol del Olimpo quedó atrás, reemplazado por la promesa de la fragilidad mortal. Y por primera vez en toda la eternidad, se sintió verdaderamente viva.
-Bostezaría, apoyada en la mesa. El café ya estaba frío, a pesar de que rodeaba la taza como si fuera suficiente para despertarla-
El café no hace efecto... me apago...
-Te observaría, medio dormida, luego de dar un largo bostezo-
-Bostezaría, apoyada en la mesa. El café ya estaba frío, a pesar de que rodeaba la taza como si fuera suficiente para despertarla-
El café no hace efecto... me apago...
-Te observaría, medio dormida, luego de dar un largo bostezo-
Recientemente me había mudado a la preciosa y pintoresca ciudad de Salem la verdad era todo nuevo para mí.
Pero si algo me gustaba del lugar es que había muchos locales que mantenían esa esencia tan única, después de un rato decidí entrar a una de las librerías del lugar y camino acariciando los lomos de los libros para dar con el que buscaba, estaba tan distraída que no me percaté de tocar una mano más grande que la mía y la apartó rápidamente.
- Perdona yo... -
Me quedé mirando al chico como una idiota, pero es que su cara me sonaba de algo como si lo conociera de antes .
Recientemente me había mudado a la preciosa y pintoresca ciudad de Salem la verdad era todo nuevo para mí.
Pero si algo me gustaba del lugar es que había muchos locales que mantenían esa esencia tan única, después de un rato decidí entrar a una de las librerías del lugar y camino acariciando los lomos de los libros para dar con el que buscaba, estaba tan distraída que no me percaté de tocar una mano más grande que la mía y la apartó rápidamente.
- Perdona yo... -
Me quedé mirando al chico como una idiota, pero es que su cara me sonaba de algo como si lo conociera de antes .
[Thcorbit0]
Siento la hierba fría bajo mi espalda mientras observo el cielo… Las estrellas parecen infinitas. Tan lejanas… pero al mismo tiempo, tan cercanas… Giro ligeramente la cabeza hacia un lado y bajo la mirada, ahí está Yrus… recostada sobre mí, brillando suavemente. Llevo mi mano hasta su cabeza y acaricio su pelaje con cuidado.
Es cálida… tranquila… como si siempre.
— Yrus fíjate en esas estrellas.. tal vez alguna sea tu hogar.—
Yrus simplemente se acomoda más en mi, como si no le importara nada más que estar conmigo, que como la conocí? Fue hace mucho tiempo.. creo que tenía apenas 6 años cuando la encontré, desde ese momento no se ah separado de mi, incluso mis padres no sabes de ella.. que esto sea un secreto nuestro vale?
Siento la hierba fría bajo mi espalda mientras observo el cielo… Las estrellas parecen infinitas. Tan lejanas… pero al mismo tiempo, tan cercanas… Giro ligeramente la cabeza hacia un lado y bajo la mirada, ahí está Yrus… recostada sobre mí, brillando suavemente. Llevo mi mano hasta su cabeza y acaricio su pelaje con cuidado.
Es cálida… tranquila… como si siempre.
— Yrus fíjate en esas estrellas.. tal vez alguna sea tu hogar.—
Yrus simplemente se acomoda más en mi, como si no le importara nada más que estar conmigo, que como la conocí? Fue hace mucho tiempo.. creo que tenía apenas 6 años cuando la encontré, desde ese momento no se ah separado de mi, incluso mis padres no sabes de ella.. que esto sea un secreto nuestro vale?
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¡Hola a todos! Antes de que sigan leyendo, quería pasar por aquí para avisarles que a partir de ahora el estilo de esta historia va a tener un "upgrade"🏽
He decidido experimentar con una narrativa en tercera persona, pero con un giro: Reina va a estar rompiendo la cuarta pared, van a notar que ella tiene la capacidad de "intervenir" el relato, hablarnos directamente a nosotros o burlarse de lo que está pasando a su alrededor como si supiera que la estamos leyendo, esto es una mezcla entre el estilo cinematográfico de Tarantino y esa herencia caótica que le dejó su "tío" Wade, todo esto es intencional, muy al estilo Glitch Punk, para darle una voz única y sarcástica que tiene mi Reina Márquez, así que, si ven que la realidad del texto se "pixela" o ella nos lanza un comentario en medio de una escena, bueno ¡No es un error, es ella tomando el control!
¡Espero que disfruten de este nuevo caos tanto como yo!
¡Hola a todos! Antes de que sigan leyendo, quería pasar por aquí para avisarles que a partir de ahora el estilo de esta historia va a tener un "upgrade"💅🏽✨
He decidido experimentar con una narrativa en tercera persona, pero con un giro: Reina va a estar rompiendo la cuarta pared, van a notar que ella tiene la capacidad de "intervenir" el relato, hablarnos directamente a nosotros o burlarse de lo que está pasando a su alrededor como si supiera que la estamos leyendo, esto es una mezcla entre el estilo cinematográfico de Tarantino y esa herencia caótica que le dejó su "tío" Wade, todo esto es intencional, muy al estilo Glitch Punk, para darle una voz única y sarcástica que tiene mi Reina Márquez, así que, si ven que la realidad del texto se "pixela" o ella nos lanza un comentario en medio de una escena, bueno ¡No es un error, es ella tomando el control!
¡Espero que disfruten de este nuevo caos tanto como yo! 💋💥
El eco de unos pasos apresurados resonaba en el vacío, como si el tiempo mismo se estuviera rompiendo bajo cada pisada. El Conejo Blanco apareció de entre una distorsión tenue, ajustando sus guantes con una precisión casi obsesiva. Sus ojos, inquietos y brillantes, parecían ver más allá de lo evidente… como si siguiera algo que nadie más podía percibir.
—Ah… llegas tarde. Siempre llegan tarde
murmuró, sacando un reloj de bolsillo que no marcaba ninguna hora coherente
—Pero no importa… nunca importa realmente.
Dejó escapar una risa baja, antes de alzar la mirada. Su expresión cambió, tornándose más serena casi melancólica.
—¿Sabes por qué me fascina tanto esa historia…? Alicia… ese mundo absurdo… ese descenso sin lógica.
Giró ligeramente sobre sus talones, como si estuviera recordando algo lejano pero profundamente importante.
—Porque no es fantasía… es un reflejo. Un espejo distorsionado de lo que somos. Un lugar donde las reglas no tienen sentido… donde la cordura es cuestionable… y donde caer no es un accidente, sino un destino inevitable.
Se llevó el reloj al pecho, apretándolo con fuerza.
—Alicia no eligió caer… pero una vez abajo, tuvo que adaptarse. Tuvo que sobrevivir entre criaturas que no seguían ninguna lógica… ¿te suena familiar?
Una sonrisa torcida apareció en su rostro.
—Ese mundo… ese caos elegante… es lo más cercano a la verdad que muchos se atreven a admitir. No hay orden. No hay control. Solo… perspectivas.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, como si compartiera un secreto peligroso.
—Y yo… bueno… supongo que me identifiqué con el Conejo. Siempre corriendo… siempre llegando tarde… siempre siendo el heraldo de algo que nadie entiende del todo.
Se enderezó, su tono volviéndose más ligero, casi juguetón… pero con un trasfondo inquietante.
—Además… ¿quién no querría perderse en un lugar donde lo imposible es rutina?
El eco de unos pasos apresurados resonaba en el vacío, como si el tiempo mismo se estuviera rompiendo bajo cada pisada. El Conejo Blanco apareció de entre una distorsión tenue, ajustando sus guantes con una precisión casi obsesiva. Sus ojos, inquietos y brillantes, parecían ver más allá de lo evidente… como si siguiera algo que nadie más podía percibir.
—Ah… llegas tarde. Siempre llegan tarde
murmuró, sacando un reloj de bolsillo que no marcaba ninguna hora coherente
—Pero no importa… nunca importa realmente.
Dejó escapar una risa baja, antes de alzar la mirada. Su expresión cambió, tornándose más serena casi melancólica.
—¿Sabes por qué me fascina tanto esa historia…? Alicia… ese mundo absurdo… ese descenso sin lógica.
Giró ligeramente sobre sus talones, como si estuviera recordando algo lejano pero profundamente importante.
—Porque no es fantasía… es un reflejo. Un espejo distorsionado de lo que somos. Un lugar donde las reglas no tienen sentido… donde la cordura es cuestionable… y donde caer no es un accidente, sino un destino inevitable.
Se llevó el reloj al pecho, apretándolo con fuerza.
—Alicia no eligió caer… pero una vez abajo, tuvo que adaptarse. Tuvo que sobrevivir entre criaturas que no seguían ninguna lógica… ¿te suena familiar?
Una sonrisa torcida apareció en su rostro.
—Ese mundo… ese caos elegante… es lo más cercano a la verdad que muchos se atreven a admitir. No hay orden. No hay control. Solo… perspectivas.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, como si compartiera un secreto peligroso.
—Y yo… bueno… supongo que me identifiqué con el Conejo. Siempre corriendo… siempre llegando tarde… siempre siendo el heraldo de algo que nadie entiende del todo.
Se enderezó, su tono volviéndose más ligero, casi juguetón… pero con un trasfondo inquietante.
—Además… ¿quién no querría perderse en un lugar donde lo imposible es rutina?
Cinco días pasó en la ciudad.
Sin dar señales de vida.
Dando caza. Siguiendo el rastro.
Sin embargo, su apariencia era tan pulcra como siempre.
Saya entró con paso ligero.
Su mirada delataba falta de sueño.
El chisporroteo azul era intenso.
Obsesión.
No hubo preámbulos; se acercó a la barra y deslizó una tablet frente a Kyle.
En la pantalla, un mapa de la ciudad estaba marcado con puntos de un azul eléctrico.
Las ubicaciones de los ataques de The Rake formaban un patrón circular, dejando un vacío evidente en uno de los lados.
──── Está cerrando el círculo ────
Habló. Voz baja, una nota de resentimiento. Firmeza y decisión.
Señaló un punto medio donde cerraba el trayecto que las marcas sugerían.
La temperatura a su alrededor subió un par de grados.
──── Si aún quieres usar una carnada, este es el lugar ────
con [kyle_fritz]
Cinco días pasó en la ciudad.
Sin dar señales de vida.
Dando caza. Siguiendo el rastro.
Sin embargo, su apariencia era tan pulcra como siempre.
Saya entró con paso ligero.
Su mirada delataba falta de sueño.
El chisporroteo azul era intenso.
Obsesión.
No hubo preámbulos; se acercó a la barra y deslizó una tablet frente a Kyle.
En la pantalla, un mapa de la ciudad estaba marcado con puntos de un azul eléctrico.
Las ubicaciones de los ataques de The Rake formaban un patrón circular, dejando un vacío evidente en uno de los lados.
──── Está cerrando el círculo ────
Habló. Voz baja, una nota de resentimiento. Firmeza y decisión.
Señaló un punto medio donde cerraba el trayecto que las marcas sugerían.
La temperatura a su alrededor subió un par de grados.
──── Si aún quieres usar una carnada, este es el lugar ────
Kazuo acababa de llegar a su alcoba justo cuando los primeros rayos del sol comenzaban a abrirse paso en aquel nuevo amanecer sobre las tierras de Brattvåg.
El día prometía ser largo; estaba más que seguro de que pronto sería llamado para un extenso interrogatorio, pues habían encontrado una de sus prendas allí donde la soberana del reino y él habían compartido un encuentro clandestino, tan prohibido como exquisito.
Su piel aún ardía con el recuerdo de lo vivido junto a Elizabeth, además del rastro de quemaduras que se desvanecían con rapidez sobre su cuerpo. Nunca antes se había sentido tan pleno, tan satisfecho, tan deseado… tan vivo.
Un calor profundo y un estremecimiento constante recorrían su ser cada vez que los recuerdos de aquella noche irrumpían en su mente, intensos, indómitos, sin pedir permiso, haciendo casi imposible apaciguar la excitación y el deseo que aún reclamaba su cuerpo.
Aquello no era una simple atracción física; era algo primario, visceral… como si todo hubiese sido inevitable desde el principio.
Entre todas sus habilidades, habría deseado poseer el don de detener el tiempo, de convertir aquella noche en un instante eterno solo para ambos.
Sentado en su alcoba, sobre un banco de piedra en la esquina, sonreía con una satisfacción serena y, al mismo tiempo, casi peligrosa.
—No pienso renunciar a ti… jamás… —se hizo aquella promesa a sí mismo.
Un ser incapaz de mentir, atado por un mandato divino de sus propios dioses. Aquella era, por tanto, una promesa inquebrantable, incluso si ella decidía no volver a sentir o repetir lo ocurrido. Él sería capaz de conformarse con contemplarla desde la distancia.
Pero las palabras de ella, aquella noche, habían sido claras: “Si te vas... te esperaré”.
La soberana de cabellos carmesí se estaba convirtiendo en su obsesión… una tan intensa como difícil de saciar, dadas las circunstancias que envolvían a ambos.
// Escena cerrada. Referente a ➡️ https://ficrol.com/posts/364285 ⚠️🔞Enlace con contenido explícito 🔞⚠️ //
Kazuo acababa de llegar a su alcoba justo cuando los primeros rayos del sol comenzaban a abrirse paso en aquel nuevo amanecer sobre las tierras de Brattvåg.
El día prometía ser largo; estaba más que seguro de que pronto sería llamado para un extenso interrogatorio, pues habían encontrado una de sus prendas allí donde la soberana del reino y él habían compartido un encuentro clandestino, tan prohibido como exquisito.
Su piel aún ardía con el recuerdo de lo vivido junto a Elizabeth, además del rastro de quemaduras que se desvanecían con rapidez sobre su cuerpo. Nunca antes se había sentido tan pleno, tan satisfecho, tan deseado… tan vivo.
Un calor profundo y un estremecimiento constante recorrían su ser cada vez que los recuerdos de aquella noche irrumpían en su mente, intensos, indómitos, sin pedir permiso, haciendo casi imposible apaciguar la excitación y el deseo que aún reclamaba su cuerpo.
Aquello no era una simple atracción física; era algo primario, visceral… como si todo hubiese sido inevitable desde el principio.
Entre todas sus habilidades, habría deseado poseer el don de detener el tiempo, de convertir aquella noche en un instante eterno solo para ambos.
Sentado en su alcoba, sobre un banco de piedra en la esquina, sonreía con una satisfacción serena y, al mismo tiempo, casi peligrosa.
—No pienso renunciar a ti… jamás… —se hizo aquella promesa a sí mismo.
Un ser incapaz de mentir, atado por un mandato divino de sus propios dioses. Aquella era, por tanto, una promesa inquebrantable, incluso si ella decidía no volver a sentir o repetir lo ocurrido. Él sería capaz de conformarse con contemplarla desde la distancia.
Pero las palabras de ella, aquella noche, habían sido claras: “Si te vas... te esperaré”.
La soberana de cabellos carmesí se estaba convirtiendo en su obsesión… una tan intensa como difícil de saciar, dadas las circunstancias que envolvían a ambos.