• «Realmente quiero borrarle esa sonrisa de la cara a este hijo de perra».

    Hay algo bueno de estar en el fondo. De nunca ser el favorito. De no ser de estos cabrones, niños bonitos, tuxedo de miles de yenes, cabello brillante y perfumado.

    Y es que nadie espera nada de ti. Si pierdes, es sólo otro Martes. Si ganas... ah, pero si ganas, las puertas del mismísimo puto Infierno se abren.

    Y los desgraciados como estos, cuyas sonrisas falsas les salen con mayor naturalidad que un "te quiero" a su jodida madre, lo saben. Saben que existe ese remotísimo, improbable, pero aterradoramente posible caso de que llegue una puta escoria como yo.

    Un paria, un cabrón sin absolutamente nada qué perder. Y tras esas sonrisas plásticas y la confianza prefabricada, puedo verlo.

    ¿Es miedo lo que no te hará doblar esta apuesta?
    «Realmente quiero borrarle esa sonrisa de la cara a este hijo de perra». Hay algo bueno de estar en el fondo. De nunca ser el favorito. De no ser de estos cabrones, niños bonitos, tuxedo de miles de yenes, cabello brillante y perfumado. Y es que nadie espera nada de ti. Si pierdes, es sólo otro Martes. Si ganas... ah, pero si ganas, las puertas del mismísimo puto Infierno se abren. Y los desgraciados como estos, cuyas sonrisas falsas les salen con mayor naturalidad que un "te quiero" a su jodida madre, lo saben. Saben que existe ese remotísimo, improbable, pero aterradoramente posible caso de que llegue una puta escoria como yo. Un paria, un cabrón sin absolutamente nada qué perder. Y tras esas sonrisas plásticas y la confianza prefabricada, puedo verlo. ¿Es miedo lo que no te hará doblar esta apuesta?
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  • La Inquisidora vengativa
    Fandom Star Wars Jedi Survival
    Categoría Acción
    No nací inquisidora.

    Yo era una padawan.

    Recuerdo el Templo… la calma, las voces de los maestros, la ilusión de que todo tenía sentido. Pero incluso entonces había algo en mí que no encajaba. Miedo. No el miedo a fallar… sino a perder. A quedarme sola.

    Mi maestro lo notaba.

    —“El miedo es el camino al lado oscuro” —me decía.

    Yo asentía. Pero nunca lo solté.

    Cuando llegó la Orden 66… todo se rompió.

    No fue una batalla. Fue una masacre.

    Sentí cada muerte como si la Fuerza gritara dentro de mi cabeza. Corrí. No para luchar… para sobrevivir. Eso fue lo primero que me convirtió en lo que soy.

    Sobreviví.

    Me escondí entre ruinas, respirando polvo y culpa… hasta que lo sentí.

    Una presencia distinta.

    Oscura. Precisa. Fría.

    El Gran Inquisidor me encontró.

    No levantó su sable. Ni siquiera parecía apurado.

    —“Tenés miedo” —me dijo—. “Y eso te hace útil.”

    Quise atacarlo… pero mi cuerpo no respondió. Porque en el fondo… sabía que tenía razón.

    Estaba sola.

    La Orden había caído.

    Y yo… no quería morir.

    Así que acepté.

    Mi entrenamiento no fue como el de los Jedi.

    No hubo paciencia. No hubo equilibrio.

    Solo dolor.

    El Gran Inquisidor me rompió… una y otra vez. Me obligó a revivir la muerte de mi maestro hasta que dejé de llorar… y empecé a odiar.

    —“Eso es. Aferrate a eso” —decía.

    Aprendí a usar el sable giratorio, a moverme sin dudar, a cazar en lugar de proteger.

    Y cuando terminó… ya no era una padawan.

    Me dieron un nombre nuevo.

    Sexta Hermana.

    Pero hay algo que nunca le dije a nadie.

    No estoy completamente sola.

    En una misión encontré un droide destrozado. Un pequeño dron de reconocimiento. Podría haberlo dejado… pero no lo hice.

    Lo reparé.

    Ahora vive acoplado a mi espalda. Se despliega en combate, escanea, ataca si se lo ordeno.

    Lo llamo VY-6.

    No es solo una herramienta.

    Es… compañía.

    A veces le hablo.

    —“Vos no me vas a traicionar… ¿no?”

    Siempre responde igual. Un pitido suave.

    Simple. Honesto.

    Mi última misión fue en un planeta cubierto de arena y ruinas.

    Un Jedi sobreviviente.

    Lo sentí antes de verlo. Ese eco en la Fuerza… débil, pero persistente.

    VY-6 se desplegó desde mi espalda, flotando a mi lado.

    —“Lo encontramos” —susurré.

    El Jedi salió de las sombras. Viejo. Cansado.

    —“Todavía podés volver” —me dijo.

    No entendía.

    Nadie vuelve.

    Activé mi sable. El sonido giratorio llenó el aire. Ataqué sin dudar.

    No luché como una Jedi.

    Luché como algo más.

    VY-6 disparó una descarga que lo distrajo un segundo.

    Eso fue suficiente.

    Un solo corte.

    Silencio.

    Cuando cayó… esperé sentir algo.

    Satisfacción. Poder.

    Pero no.

    Solo… vacío.

    Miré mis manos. El sable. La arena.

    —“¿Esto es todo…?” murmuré.

    VY-6 flotó a mi lado, emitiendo ese sonido que siempre hace.

    Por un instante… recordé quién era.

    Sutury.

    Pero ese nombre… ya no me pertenece.

    Activé el comunicador.

    —“Objetivo eliminado.”

    Mi voz no tembló.

    Nunca tiembla.

    Volví a colocarme la máscara… y dejé que la Sexta Hermana tomara el control otra vez.
    No nací inquisidora. Yo era una padawan. Recuerdo el Templo… la calma, las voces de los maestros, la ilusión de que todo tenía sentido. Pero incluso entonces había algo en mí que no encajaba. Miedo. No el miedo a fallar… sino a perder. A quedarme sola. Mi maestro lo notaba. —“El miedo es el camino al lado oscuro” —me decía. Yo asentía. Pero nunca lo solté. Cuando llegó la Orden 66… todo se rompió. No fue una batalla. Fue una masacre. Sentí cada muerte como si la Fuerza gritara dentro de mi cabeza. Corrí. No para luchar… para sobrevivir. Eso fue lo primero que me convirtió en lo que soy. Sobreviví. Me escondí entre ruinas, respirando polvo y culpa… hasta que lo sentí. Una presencia distinta. Oscura. Precisa. Fría. El Gran Inquisidor me encontró. No levantó su sable. Ni siquiera parecía apurado. —“Tenés miedo” —me dijo—. “Y eso te hace útil.” Quise atacarlo… pero mi cuerpo no respondió. Porque en el fondo… sabía que tenía razón. Estaba sola. La Orden había caído. Y yo… no quería morir. Así que acepté. Mi entrenamiento no fue como el de los Jedi. No hubo paciencia. No hubo equilibrio. Solo dolor. El Gran Inquisidor me rompió… una y otra vez. Me obligó a revivir la muerte de mi maestro hasta que dejé de llorar… y empecé a odiar. —“Eso es. Aferrate a eso” —decía. Aprendí a usar el sable giratorio, a moverme sin dudar, a cazar en lugar de proteger. Y cuando terminó… ya no era una padawan. Me dieron un nombre nuevo. Sexta Hermana. Pero hay algo que nunca le dije a nadie. No estoy completamente sola. En una misión encontré un droide destrozado. Un pequeño dron de reconocimiento. Podría haberlo dejado… pero no lo hice. Lo reparé. Ahora vive acoplado a mi espalda. Se despliega en combate, escanea, ataca si se lo ordeno. Lo llamo VY-6. No es solo una herramienta. Es… compañía. A veces le hablo. —“Vos no me vas a traicionar… ¿no?” Siempre responde igual. Un pitido suave. Simple. Honesto. Mi última misión fue en un planeta cubierto de arena y ruinas. Un Jedi sobreviviente. Lo sentí antes de verlo. Ese eco en la Fuerza… débil, pero persistente. VY-6 se desplegó desde mi espalda, flotando a mi lado. —“Lo encontramos” —susurré. El Jedi salió de las sombras. Viejo. Cansado. —“Todavía podés volver” —me dijo. No entendía. Nadie vuelve. Activé mi sable. El sonido giratorio llenó el aire. Ataqué sin dudar. No luché como una Jedi. Luché como algo más. VY-6 disparó una descarga que lo distrajo un segundo. Eso fue suficiente. Un solo corte. Silencio. Cuando cayó… esperé sentir algo. Satisfacción. Poder. Pero no. Solo… vacío. Miré mis manos. El sable. La arena. —“¿Esto es todo…?” murmuré. VY-6 flotó a mi lado, emitiendo ese sonido que siempre hace. Por un instante… recordé quién era. Sutury. Pero ese nombre… ya no me pertenece. Activé el comunicador. —“Objetivo eliminado.” Mi voz no tembló. Nunca tiembla. Volví a colocarme la máscara… y dejé que la Sexta Hermana tomara el control otra vez.
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  • ―― La misma puta mierda todos los malditos días. ¿Y qué importa? No es como si alguien pueda hacer algo para cambiarlo.
    ―― La misma puta mierda todos los malditos días. ¿Y qué importa? No es como si alguien pueda hacer algo para cambiarlo.
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  • Arriba está bien… pero Dios! Nada como que te dominen así
    Arriba está bien… pero Dios! Nada como que te dominen así ✨
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  • — A mi me dan como dos papás... en la historia. Urano castrado y sus cositas lanzadas al mar donde yo nací o de Zeus y la titanide Dione, ¿Que version les gusta mas? Si tengo hijos no naceran de mi, puede que los lance al mar y nazcan de la espuma... es mucho mejor que el parto humano... al menos que un hombre valiente quiera que salga de su cabeza

    Bromita ~♡
    — A mi me dan como dos papás... en la historia. Urano castrado y sus cositas lanzadas al mar donde yo nací o de Zeus y la titanide Dione, ¿Que version les gusta mas? Si tengo hijos no naceran de mi, puede que los lance al mar y nazcan de la espuma... es mucho mejor que el parto humano... al menos que un hombre valiente quiera que salga de su cabeza Bromita ~♡ :STK-47:
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  • I. El Génesis y el Orden

    El primer trono se alza. Hilo dorado y terciopelo oscuro visten a las estrellas como colgantes; el manto infinito se despliega como una prenda sin fin. No hay vacío a la vista. La luz cubre los pliegues del horizonte como las páginas de un libro de marfil, donde se lee la historia del comienzo.
    En el océano de esas páginas, la mano del firmamento escribe con pluma de mármol. No existe la mancha ni el mal por venir; es la pureza de un paraíso inmaculado en estelas de oro. A sus pies, el mar es un espejo que refleja el atrio del cielo, dejando entrar la luz de un sol único que bosqueja limerencia.
    Los pilares de mármol se elevan hasta perderse, sosteniendo el firmamento y tejiendo el día con la noche. En cada columna se ven las vidas pasar; la eternidad observa los párrafos escritos sin inmutarse. Entre ellos, la tela ondea al viento cargada de susurros: risas y llantos, ecos y estruendos de tiempos futuros. El tiempo no descansa. Mueve las manecillas en péndulos y campanas que hacen resonar lo eterno.

    II. El Mecanismo de la Existencia
    La Tierra descansa sobre un pedestal, hogar del trono y morada gentil en el cosmos. Todo se mueve en órbita, al compás de un ritmo que lo entrelaza todo. Cada nota y cada silencio se distribuyen en líneas paralelas: estelas de vibraciones que son versos por escribirse en hojas de seda.
    Al caer la noche, los viejos fantasmas caminan sobre los montículos de arena. Cargan a sus espaldas estrellas antiguas, llevándolas hacia los herreros. Allí, en una hilera industrial de engranajes y válvulas de vapor, los martillos de ébano y oro golpean con fuerza. Una y otra vez. Hasta que cada estrella recupera su fuego y es liberada para retomar su lugar en el cielo.

    III. La Entidad y el Escribano
    La primera creación se dibuja en seda y piedra. Lleva una corona de oro y grandes alas cuyo plumaje son hojas de versos escritos en tinta negra y cursiva. Sin pies, se alza sobre el mar. Su reflejo ondea sobre la superficie creando el tiempo y el destino.
    En su mano derecha, una esfera de tonos metálicos gira en un círculo sin fin: el mecanismo de la vida y la muerte. En la izquierda, sostiene el libro cuyas hojas se desprenden para volar hacia sus alas. Se escucha un canto profundo. Cada hoja que cae es un funeral, un final; cada hoja que se eleva es alegría y brio. Las esferas doradas resplandecen iridiscentes, dando la bienvenida a las nuevas almas.
    A veces, la entidad deja su corona de lado. Toma un libro con ambas manos y vuelca toda su atención en una sola historia. El tiempo se vuelve efímero. El mar se concentra bajo ella en un solo punto, creando ondas perfectas. Cruza las piernas, eleva la espalda y lee bajo una luz tenue y reconfortante. Al terminar, parpadea y vuelve a su postura original, dejando esa historia única en el misterio del mito.
    Ella interviene. Su pluma crea pequeñas desviaciones: un ligero tropiezo, un desliz en las palabras, un cambio imperceptible que desvía el destino. Es un alto determinismo que no busca confrontar el libre albedrío, sino evitar que el alma caiga en desgracia. Acto y consecuencia. Un puente entre el día y la noche. Al final, ella decide si ser escriba o solo observadora; después de todo, la historia de cada quien se vive en el sentir, y nada está escrito del todo.

    IV. La Disonancia y el Silencio
    Pasa el tiempo. El andar sigue, pero el cambio es necesario. Lo que fue puro ahora tiene manchas y cicatrices. Las canciones caen de tono y el cosmos se dilata hasta que los compases chocan entre sí. Se pierde el tempo. Se pierde el ritmo.
    Aparece la disonancia.
    Las historias se manchan y se disuelven en la nada. Una pena etérea hace que los minutos pesen. Las estrellas, en indigna indiferencia, se distancian tanto que la entidad apenas puede verlas. El polvo se hace evidente. La tela que la cubre se desgarra y sus alas se marchitan como ramas de un árbol viejo. El mar devora las hojas sin perdón, hundiéndolas en el olvido.
    El brillo se esfuma. De la entidad solo queda el esqueleto, un cuerpo inerte que alguna vez habitó la existencia. Queda suspendida en el aire, pero ya no hay canciones. Solo una tenue penumbra y cenizas flotando en el vacío.

    Silencio absoluto. No hay más nada.

    𝔏𝔢𝔫𝔬𝔯𝔢 𝔊𝔯𝔞𝔳𝔢𝔰

    ¡Habibti! ^^
    Me gustaría tener tu opinión de esto que escribi. Shukran shukran jazialian!

    ¡Muchísimas gracias!
    I. El Génesis y el Orden El primer trono se alza. Hilo dorado y terciopelo oscuro visten a las estrellas como colgantes; el manto infinito se despliega como una prenda sin fin. No hay vacío a la vista. La luz cubre los pliegues del horizonte como las páginas de un libro de marfil, donde se lee la historia del comienzo. En el océano de esas páginas, la mano del firmamento escribe con pluma de mármol. No existe la mancha ni el mal por venir; es la pureza de un paraíso inmaculado en estelas de oro. A sus pies, el mar es un espejo que refleja el atrio del cielo, dejando entrar la luz de un sol único que bosqueja limerencia. Los pilares de mármol se elevan hasta perderse, sosteniendo el firmamento y tejiendo el día con la noche. En cada columna se ven las vidas pasar; la eternidad observa los párrafos escritos sin inmutarse. Entre ellos, la tela ondea al viento cargada de susurros: risas y llantos, ecos y estruendos de tiempos futuros. El tiempo no descansa. Mueve las manecillas en péndulos y campanas que hacen resonar lo eterno. II. El Mecanismo de la Existencia La Tierra descansa sobre un pedestal, hogar del trono y morada gentil en el cosmos. Todo se mueve en órbita, al compás de un ritmo que lo entrelaza todo. Cada nota y cada silencio se distribuyen en líneas paralelas: estelas de vibraciones que son versos por escribirse en hojas de seda. Al caer la noche, los viejos fantasmas caminan sobre los montículos de arena. Cargan a sus espaldas estrellas antiguas, llevándolas hacia los herreros. Allí, en una hilera industrial de engranajes y válvulas de vapor, los martillos de ébano y oro golpean con fuerza. Una y otra vez. Hasta que cada estrella recupera su fuego y es liberada para retomar su lugar en el cielo. III. La Entidad y el Escribano La primera creación se dibuja en seda y piedra. Lleva una corona de oro y grandes alas cuyo plumaje son hojas de versos escritos en tinta negra y cursiva. Sin pies, se alza sobre el mar. Su reflejo ondea sobre la superficie creando el tiempo y el destino. En su mano derecha, una esfera de tonos metálicos gira en un círculo sin fin: el mecanismo de la vida y la muerte. En la izquierda, sostiene el libro cuyas hojas se desprenden para volar hacia sus alas. Se escucha un canto profundo. Cada hoja que cae es un funeral, un final; cada hoja que se eleva es alegría y brio. Las esferas doradas resplandecen iridiscentes, dando la bienvenida a las nuevas almas. A veces, la entidad deja su corona de lado. Toma un libro con ambas manos y vuelca toda su atención en una sola historia. El tiempo se vuelve efímero. El mar se concentra bajo ella en un solo punto, creando ondas perfectas. Cruza las piernas, eleva la espalda y lee bajo una luz tenue y reconfortante. Al terminar, parpadea y vuelve a su postura original, dejando esa historia única en el misterio del mito. Ella interviene. Su pluma crea pequeñas desviaciones: un ligero tropiezo, un desliz en las palabras, un cambio imperceptible que desvía el destino. Es un alto determinismo que no busca confrontar el libre albedrío, sino evitar que el alma caiga en desgracia. Acto y consecuencia. Un puente entre el día y la noche. Al final, ella decide si ser escriba o solo observadora; después de todo, la historia de cada quien se vive en el sentir, y nada está escrito del todo. IV. La Disonancia y el Silencio Pasa el tiempo. El andar sigue, pero el cambio es necesario. Lo que fue puro ahora tiene manchas y cicatrices. Las canciones caen de tono y el cosmos se dilata hasta que los compases chocan entre sí. Se pierde el tempo. Se pierde el ritmo. Aparece la disonancia. Las historias se manchan y se disuelven en la nada. Una pena etérea hace que los minutos pesen. Las estrellas, en indigna indiferencia, se distancian tanto que la entidad apenas puede verlas. El polvo se hace evidente. La tela que la cubre se desgarra y sus alas se marchitan como ramas de un árbol viejo. El mar devora las hojas sin perdón, hundiéndolas en el olvido. El brillo se esfuma. De la entidad solo queda el esqueleto, un cuerpo inerte que alguna vez habitó la existencia. Queda suspendida en el aire, pero ya no hay canciones. Solo una tenue penumbra y cenizas flotando en el vacío. Silencio absoluto. No hay más nada. [Lenore_Graves13] ¡Habibti! ^^ Me gustaría tener tu opinión de esto que escribi. Shukran shukran jazialian! ¡Muchísimas gracias! :STK-8: :STK-9:
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  • Fuiste tu quien me llamó? Que pasa?... Me miras como si hubiera dejado mi sandwich en tu casa
    Fuiste tu quien me llamó? Que pasa?... Me miras como si hubiera dejado mi sandwich en tu casa
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  • -el día de hoy Alexander consiguió un trabajo como oficinista, durante su primer día conoció a una joven llamada Olivia y lograron llevarse bien, tenían mucho en común. Esa noche, fueron juntos a un bar para divertirse y al final de eso decidieron pasar la noche juntos en la casa de Alexander-

    Olivia: estás seguro de esto, ¿No te molesta que me ponga encima de ti?

    ¿Porque debería molestarme? Desde aquí abajo tengo una excelente vista, tienes una cara muy bonita~

    Olivia: no está bien coquetear con una compañera de trabajo, podrían despedirte~

    Emily: es verdad no andes de coqueto, ¡Déjame comerla!

    ¿Sabes? Me gustaría ver tus ojos un poco más de cerca.

    Olivia: eres un tontito, ¿Que tan cerca?

    Lo suficientemente cerca como para fingir un beso, ¿Te parece?

    -olivia dejo escapar una suave risa antes de aceptar lo que Alexander pedía, se inclinaría hacia el pero antes de rozar sus labios Alex la tomo del cuello y se dio la vuelta para dejarla a ella acostada, comenzando a apretar con fuerza-

    Olivia: oye.. aagh.. ¿Que estás..? Ayuda..

    Es una lástima que esto termine así, ¿No lo crees? Buen provecho.

    -una sombra en forma circular apareció en el respaldo de la cama y de esta salieron cuatro brazos que atraparian a Olivia, cuando Alexander la soltó ella fue arrastrada hacia el interior de esa sombra hasta desaparecer-

    Emily: ¡Que delicia! Jovencita y virgen, eso la convierte en un festín de calidad, buen trabajo compañero.

    Lo más increíble es que seguramente no te llenaste con eso, eres una glotona sin remedio.
    -el día de hoy Alexander consiguió un trabajo como oficinista, durante su primer día conoció a una joven llamada Olivia y lograron llevarse bien, tenían mucho en común. Esa noche, fueron juntos a un bar para divertirse y al final de eso decidieron pasar la noche juntos en la casa de Alexander- Olivia: estás seguro de esto, ¿No te molesta que me ponga encima de ti? ¿Porque debería molestarme? Desde aquí abajo tengo una excelente vista, tienes una cara muy bonita~ Olivia: no está bien coquetear con una compañera de trabajo, podrían despedirte~ Emily: es verdad no andes de coqueto, ¡Déjame comerla! ¿Sabes? Me gustaría ver tus ojos un poco más de cerca. Olivia: eres un tontito, ¿Que tan cerca? Lo suficientemente cerca como para fingir un beso, ¿Te parece? -olivia dejo escapar una suave risa antes de aceptar lo que Alexander pedía, se inclinaría hacia el pero antes de rozar sus labios Alex la tomo del cuello y se dio la vuelta para dejarla a ella acostada, comenzando a apretar con fuerza- Olivia: oye.. aagh.. ¿Que estás..? Ayuda.. Es una lástima que esto termine así, ¿No lo crees? Buen provecho. -una sombra en forma circular apareció en el respaldo de la cama y de esta salieron cuatro brazos que atraparian a Olivia, cuando Alexander la soltó ella fue arrastrada hacia el interior de esa sombra hasta desaparecer- Emily: ¡Que delicia! Jovencita y virgen, eso la convierte en un festín de calidad, buen trabajo compañero. Lo más increíble es que seguramente no te llenaste con eso, eres una glotona sin remedio.
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  • Dulce noche
    Categoría Otros
    - una noche bastante agradable estaba Freya caminando hacia una fiesta que acababa de volver a abrir sus puertas. Sin perder oportunidad se dirigió hasta una silla cera del bar para poder tomar varios tragos.

    Ya había tomado bastante así que estaba algo borracha pero seguía consiente de lo que estaba haciendo. Estaba acomodando un poco su vestido cuando alguien que no se fijó bien se había sentado a su lado -

    ¿Mh?

    - volteo a ver quién era -
    - una noche bastante agradable estaba Freya caminando hacia una fiesta que acababa de volver a abrir sus puertas. Sin perder oportunidad se dirigió hasta una silla cera del bar para poder tomar varios tragos. Ya había tomado bastante así que estaba algo borracha pero seguía consiente de lo que estaba haciendo. Estaba acomodando un poco su vestido cuando alguien que no se fijó bien se había sentado a su lado - ¿Mh? - volteo a ver quién era -
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  • Una persona, al descubrir que es amada por ser como es, no por lo que pretende ser, sentirá que merece respeto y amor.
    Una persona, al descubrir que es amada por ser como es, no por lo que pretende ser, sentirá que merece respeto y amor.
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