• [Al despertar aquella mañana el general Deimos recibió el desayuno por parte de una de sus 5 sirvientas, Lilith.]

    Lilith: usted como siempre se despierta siendo impuntual Amo, llevo 10 minutos esperando a que despierte.

    Si solo llevas 10 minutos ahi parada entonces no deberías quejarte tanto, quejumbrosa.

    Lilith: le recuerdo que fue usted el que me pidió que lo recibiera con el desayuno de manera puntual. En fin, termine de comer y vaya a darse un baño mí señor, no querrá llegar tarde a su cita con el comerciante.

    Es verdad casi olvido que le hice un encargo de varios objetos importantes.

    •el general empezó a comer en silencio mientras que Lilith solo se quedaba ahí viéndolo de forma sería e incomoda•
    [Al despertar aquella mañana el general Deimos recibió el desayuno por parte de una de sus 5 sirvientas, Lilith.] Lilith: usted como siempre se despierta siendo impuntual Amo, llevo 10 minutos esperando a que despierte. Si solo llevas 10 minutos ahi parada entonces no deberías quejarte tanto, quejumbrosa. Lilith: le recuerdo que fue usted el que me pidió que lo recibiera con el desayuno de manera puntual. En fin, termine de comer y vaya a darse un baño mí señor, no querrá llegar tarde a su cita con el comerciante. Es verdad casi olvido que le hice un encargo de varios objetos importantes. •el general empezó a comer en silencio mientras que Lilith solo se quedaba ahí viéndolo de forma sería e incomoda•
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  • Caso #1: Aquello que surgió de las aguas de Volendam
    Fandom Original.
    Categoría Acción
    Tesalia Steel La Dra Luna Steel acude a investigar un pueblo costero ubicado en los países bajos de Europa. El pueblo de "Volendam". En este se han recibido reportes de comportamientos extraños en sus habitantes, desapariciones masivas, homicidios, entre otros eventos funestos. Decide ir junto a Tesalia Steel. Siendo esta su primera misión oficial como parte de Umbra Corp división I. ¿Qué esta ocurriendo en este lugar?.
    [Vivi.B] La Dra Luna Steel acude a investigar un pueblo costero ubicado en los países bajos de Europa. El pueblo de "Volendam". En este se han recibido reportes de comportamientos extraños en sus habitantes, desapariciones masivas, homicidios, entre otros eventos funestos. Decide ir junto a Tesalia Steel. Siendo esta su primera misión oficial como parte de Umbra Corp división I. ¿Qué esta ocurriendo en este lugar?.
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  • •Las Crónicas De Fenrir Queen•

    Capítulo 3: La nieta del curandero

    La conversación con el muchacho continuó durante gran parte de la noche. Poco a poco la posada fue quedándose vacía hasta que únicamente permanecieron algunos viajeros rezagados junto a la chimenea y el tabernero ordenando la barra antes de cerrar. A pesar del tiempo que llevábamos sentados frente a frente, seguíamos sin conocer nuestros nombres. En circunstancias normales aquello habría resultado extraño, pero la verdad era que había cosas mucho más importantes ocupando nuestras mentes. Las grietas. El dolor. Y aquel muchacho. Cuanto más hablábamos, más evidente se volvía que ambos habíamos pasado por algo similar. Ninguno sabía quién era. Ninguno comprendía qué clase de poder utilizaba. Ninguno tenía respuestas. Sin embargo, por primera vez desde que comenzó mi viaje, sentía algo parecido al alivio. No porque hubiera encontrado una cura ni porque mis problemas estuvieran más cerca de resolverse, sino porque ya no era la única persona cargando con aquellas heridas.

    Cuando finalmente me retiré a descansar, el cansancio acumulado de las últimas semanas cayó sobre mí como una montaña. Apenas tuve fuerzas para dejar la mochila junto a la cama antes de desplomarme sobre el colchón. Durante unos minutos permanecí observando el techo de madera mientras escuchaba el viento golpear suavemente las ventanas de la posada. Pensé en todo lo que había ocurrido desde que abandoné casa. Pensé en todos los curanderos que había visitado. En todas las respuestas negativas. En todas las puertas cerradas. Y, sin darme cuenta, terminé quedándome dormida.

    No sé cuánto tiempo pasó antes de que despertara.

    Lo único que recuerdo fue el dolor.

    Al principio fue una punzada en el costado. Después otra en el pecho. Luego otra recorriendo mi espalda. En cuestión de segundos sentí como si las grietas estuvieran ardiendo bajo mi piel. Intenté incorporarme lentamente mientras trataba de controlar la respiración, convenciéndome de que era solo otro episodio como los que había soportado durante el viaje. Pero aquella vez era diferente. Mucho peor. El dolor se extendía por todo mi cuerpo como si algo estuviera desgarrándome desde dentro. Apreté los dientes, intenté ponerme de pie y me apoyé contra la pared buscando estabilidad. La habitación comenzó a girar lentamente a mi alrededor. Di un paso. Luego otro. Intenté alcanzar mi mochila para buscar vendas limpias. No llegué. Mis piernas dejaron de responder y la oscuridad terminó tragándoselo todo.

    Cuando abrí los ojos nuevamente, lo primero que percibí fue el aroma de las hierbas medicinales. Después escuché el sonido del viento entrando por una ventana abierta y el canto lejano de algunas aves. Durante unos segundos permanecí inmóvil observando el techo sin entender dónde estaba. Aquella no era la habitación de la posada. Las paredes estaban cubiertas por estanterías llenas de frascos, libros antiguos y plantas secándose al sol. La luz atravesaba una amplia ventana de madera iluminando el interior con un tono cálido y tranquilo. Tardé varios segundos en comprender que me encontraba en otro lugar y fue entonces cuando una voz femenina llamó mi atención. Giré lentamente la cabeza y encontré a una joven sentada junto a la cama. Su largo cabello oscuro descendía sobre sus hombros adornado por un impresionante tocado ceremonial de plumas rojas y blancas. Numerosos adornos tribales decoraban su ropa, sus brazos y su cuello. A su lado descansaba una cesta llena de hierbas recién recogidas y, apoyado cerca de la ventana, un arco decorado con plumas reposaba contra la pared.

    Aira: —Por fin despiertas.

    Parpadeé varias veces intentando ordenar mis pensamientos. La cabeza todavía me daba vueltas.

    Fenrir: —¿Dónde estoy…?

    La muchacha sonrió ligeramente mientras apartaba algunas vendas de la cesta.

    Aira: —En casa de mi abuelo.

    Tardé un instante en comprenderlo.

    Fenrir: —¿El curandero?

    Aira: —El mismo que acaba de pasar toda la noche intentando averiguar por qué sigues viva.

    Aquella respuesta consiguió que bajara la mirada instintivamente. Fue entonces cuando me di cuenta de algo. Los vendajes que cubrían mi cuerpo habían sido cambiados. Todos. Las heridas estaban limpias y perfectamente tratadas. Incluso las zonas más difíciles de alcanzar durante mis viajes estaban cubiertas con nuevas vendas. Sentí cómo el rostro se me calentaba ligeramente al comprender lo que eso significaba. Ella había visto las grietas. Todas ellas. Aira pareció darse cuenta inmediatamente de lo que estaba pensando y soltó una pequeña risa.

    Aira: —Créeme. Yo también me sorprendí cuando las vi.

    Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió lentamente. Un anciano de cabello completamente blanco entró apoyándose en un bastón de madera. Su aspecto cansado dejaba claro que no había dormido demasiado durante la noche. Caminó hasta una mesa cercana cubierta de libros y notas escritas a mano antes de dirigir finalmente su atención hacia mí.

    Curandero: —Veo que ya despertaste.

    Fenrir: —¿Qué ocurrió?

    El anciano suspiró mientras tomaba asiento.

    Curandero: —Te desplomaste.

    Aquellas palabras parecían simples, pero su expresión era demasiado seria para que aquello fuera todo.

    Curandero: —Tus heridas están empeorando.

    Sentí un nudo formarse en mi estómago. Ya lo sabía. Lo había sentido durante semanas. Sin embargo, escuchar a alguien confirmarlo era diferente.

    Fenrir: —¿Puede curarlas?

    El silencio se prolongó varios segundos. Demasiados.

    Curandero: —No.

    La respuesta golpeó exactamente igual que todas las anteriores. Sin embargo, antes de que pudiera bajar la mirada, el anciano continuó hablando.

    Curandero: —Pero ahora sé algo que los demás no sabían.

    Levanté la cabeza inmediatamente.

    Fenrir: —¿Qué?

    Curandero: —Siguen activas.

    Mi respiración se detuvo durante un instante.

    Fenrir: —¿Activas?

    Curandero: —No son cicatrices. No son heridas normales. Algo continúa dañándote desde dentro incluso ahora.

    Aquellas palabras fueron seguidas por otro silencio. Uno mucho más pesado. Justo entonces la puerta volvió a abrirse. El muchacho de cabello blanco entró en la habitación con el brazo aún cubierto por vendas. El anciano observó sus heridas, después las mías y finalmente negó lentamente con la cabeza.

    Curandero: —Las de él se han estabilizado.

    Su dedo apuntó hacia mí.

    Curandero: —Las tuyas no.

    Nadie dijo nada durante varios segundos. No hacía falta.

    Las horas siguientes transcurrieron entre exámenes, preguntas y libros antiguos. El anciano comparó nuestras heridas, consultó documentos y revisó apuntes acumulados durante décadas. Sin embargo, cuanto más investigaba, más evidente se volvía una única conclusión: nuestras heridas compartían el mismo origen. El mismo responsable. Aquel muchacho. Cuando el sol comenzó a ocultarse tras las montañas, el anciano cerró finalmente uno de los libros y permaneció varios segundos observando el fuego de la chimenea antes de hablar.

    Curandero: —No puedo curarlos.

    La decepción apareció de inmediato.

    Curandero: —Todavía.

    Aquella última palabra consiguió que tanto yo como Aira levantáramos la cabeza.

    Fenrir: —¿Todavía?

    Curandero: —Conozco a alguien que podría acercarnos a una respuesta.

    Aira dejó escapar un suspiro que parecía indicar que ya sabía exactamente hacia dónde se dirigía aquella conversación.

    Aira: —Abuelo…

    Curandero: —Y tú vas a acompañarlos.

    La joven lo miró fijamente.

    Aira: —¿Yo?

    Curandero: —Sí.

    Aira: —¿Y por qué exactamente?

    El anciano me señaló directamente.

    Curandero: —Porque si esa chica sigue ignorando sus heridas, no llegará viva al próximo invierno.

    Sentí cómo la habitación entera quedaba en silencio.

    Curandero: —Y porque ninguno de ustedes debería continuar este viaje solo.

    Aira permaneció unos segundos observándonos. Primero a mí. Luego al muchacho de cabello blanco. Finalmente dejó escapar una pequeña sonrisa resignada.

    Aira: —Supongo que ya no tengo elección.

    Mientras la luz del atardecer teñía de naranja el interior de la casa y el viento movía suavemente las plumas del tocado de Aira junto a la ventana, comprendí que mi viaje acababa de cambiar para siempre. Había llegado a aquellas montañas buscando una cura y estaba a punto de marcharme con algo completamente distinto. Un nuevo rumbo. Nuevas preguntas. Y dos compañeros cuyos caminos, por alguna razón, acababan de quedar unidos al mío. Ninguno de nosotros sabía qué encontraríamos al final de aquella búsqueda. Ninguno sabía quién era realmente el muchacho responsable de nuestras heridas. Pero mientras observaba a Aira discutir con su abuelo y al silencioso espadachín apoyado junto a la puerta, tuve la sensación de que la verdadera historia apenas acababa de comenzar.
    •Las Crónicas De Fenrir Queen• Capítulo 3: La nieta del curandero La conversación con el muchacho continuó durante gran parte de la noche. Poco a poco la posada fue quedándose vacía hasta que únicamente permanecieron algunos viajeros rezagados junto a la chimenea y el tabernero ordenando la barra antes de cerrar. A pesar del tiempo que llevábamos sentados frente a frente, seguíamos sin conocer nuestros nombres. En circunstancias normales aquello habría resultado extraño, pero la verdad era que había cosas mucho más importantes ocupando nuestras mentes. Las grietas. El dolor. Y aquel muchacho. Cuanto más hablábamos, más evidente se volvía que ambos habíamos pasado por algo similar. Ninguno sabía quién era. Ninguno comprendía qué clase de poder utilizaba. Ninguno tenía respuestas. Sin embargo, por primera vez desde que comenzó mi viaje, sentía algo parecido al alivio. No porque hubiera encontrado una cura ni porque mis problemas estuvieran más cerca de resolverse, sino porque ya no era la única persona cargando con aquellas heridas. Cuando finalmente me retiré a descansar, el cansancio acumulado de las últimas semanas cayó sobre mí como una montaña. Apenas tuve fuerzas para dejar la mochila junto a la cama antes de desplomarme sobre el colchón. Durante unos minutos permanecí observando el techo de madera mientras escuchaba el viento golpear suavemente las ventanas de la posada. Pensé en todo lo que había ocurrido desde que abandoné casa. Pensé en todos los curanderos que había visitado. En todas las respuestas negativas. En todas las puertas cerradas. Y, sin darme cuenta, terminé quedándome dormida. No sé cuánto tiempo pasó antes de que despertara. Lo único que recuerdo fue el dolor. Al principio fue una punzada en el costado. Después otra en el pecho. Luego otra recorriendo mi espalda. En cuestión de segundos sentí como si las grietas estuvieran ardiendo bajo mi piel. Intenté incorporarme lentamente mientras trataba de controlar la respiración, convenciéndome de que era solo otro episodio como los que había soportado durante el viaje. Pero aquella vez era diferente. Mucho peor. El dolor se extendía por todo mi cuerpo como si algo estuviera desgarrándome desde dentro. Apreté los dientes, intenté ponerme de pie y me apoyé contra la pared buscando estabilidad. La habitación comenzó a girar lentamente a mi alrededor. Di un paso. Luego otro. Intenté alcanzar mi mochila para buscar vendas limpias. No llegué. Mis piernas dejaron de responder y la oscuridad terminó tragándoselo todo. Cuando abrí los ojos nuevamente, lo primero que percibí fue el aroma de las hierbas medicinales. Después escuché el sonido del viento entrando por una ventana abierta y el canto lejano de algunas aves. Durante unos segundos permanecí inmóvil observando el techo sin entender dónde estaba. Aquella no era la habitación de la posada. Las paredes estaban cubiertas por estanterías llenas de frascos, libros antiguos y plantas secándose al sol. La luz atravesaba una amplia ventana de madera iluminando el interior con un tono cálido y tranquilo. Tardé varios segundos en comprender que me encontraba en otro lugar y fue entonces cuando una voz femenina llamó mi atención. Giré lentamente la cabeza y encontré a una joven sentada junto a la cama. Su largo cabello oscuro descendía sobre sus hombros adornado por un impresionante tocado ceremonial de plumas rojas y blancas. Numerosos adornos tribales decoraban su ropa, sus brazos y su cuello. A su lado descansaba una cesta llena de hierbas recién recogidas y, apoyado cerca de la ventana, un arco decorado con plumas reposaba contra la pared. Aira: —Por fin despiertas. Parpadeé varias veces intentando ordenar mis pensamientos. La cabeza todavía me daba vueltas. Fenrir: —¿Dónde estoy…? La muchacha sonrió ligeramente mientras apartaba algunas vendas de la cesta. Aira: —En casa de mi abuelo. Tardé un instante en comprenderlo. Fenrir: —¿El curandero? Aira: —El mismo que acaba de pasar toda la noche intentando averiguar por qué sigues viva. Aquella respuesta consiguió que bajara la mirada instintivamente. Fue entonces cuando me di cuenta de algo. Los vendajes que cubrían mi cuerpo habían sido cambiados. Todos. Las heridas estaban limpias y perfectamente tratadas. Incluso las zonas más difíciles de alcanzar durante mis viajes estaban cubiertas con nuevas vendas. Sentí cómo el rostro se me calentaba ligeramente al comprender lo que eso significaba. Ella había visto las grietas. Todas ellas. Aira pareció darse cuenta inmediatamente de lo que estaba pensando y soltó una pequeña risa. Aira: —Créeme. Yo también me sorprendí cuando las vi. Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió lentamente. Un anciano de cabello completamente blanco entró apoyándose en un bastón de madera. Su aspecto cansado dejaba claro que no había dormido demasiado durante la noche. Caminó hasta una mesa cercana cubierta de libros y notas escritas a mano antes de dirigir finalmente su atención hacia mí. Curandero: —Veo que ya despertaste. Fenrir: —¿Qué ocurrió? El anciano suspiró mientras tomaba asiento. Curandero: —Te desplomaste. Aquellas palabras parecían simples, pero su expresión era demasiado seria para que aquello fuera todo. Curandero: —Tus heridas están empeorando. Sentí un nudo formarse en mi estómago. Ya lo sabía. Lo había sentido durante semanas. Sin embargo, escuchar a alguien confirmarlo era diferente. Fenrir: —¿Puede curarlas? El silencio se prolongó varios segundos. Demasiados. Curandero: —No. La respuesta golpeó exactamente igual que todas las anteriores. Sin embargo, antes de que pudiera bajar la mirada, el anciano continuó hablando. Curandero: —Pero ahora sé algo que los demás no sabían. Levanté la cabeza inmediatamente. Fenrir: —¿Qué? Curandero: —Siguen activas. Mi respiración se detuvo durante un instante. Fenrir: —¿Activas? Curandero: —No son cicatrices. No son heridas normales. Algo continúa dañándote desde dentro incluso ahora. Aquellas palabras fueron seguidas por otro silencio. Uno mucho más pesado. Justo entonces la puerta volvió a abrirse. El muchacho de cabello blanco entró en la habitación con el brazo aún cubierto por vendas. El anciano observó sus heridas, después las mías y finalmente negó lentamente con la cabeza. Curandero: —Las de él se han estabilizado. Su dedo apuntó hacia mí. Curandero: —Las tuyas no. Nadie dijo nada durante varios segundos. No hacía falta. Las horas siguientes transcurrieron entre exámenes, preguntas y libros antiguos. El anciano comparó nuestras heridas, consultó documentos y revisó apuntes acumulados durante décadas. Sin embargo, cuanto más investigaba, más evidente se volvía una única conclusión: nuestras heridas compartían el mismo origen. El mismo responsable. Aquel muchacho. Cuando el sol comenzó a ocultarse tras las montañas, el anciano cerró finalmente uno de los libros y permaneció varios segundos observando el fuego de la chimenea antes de hablar. Curandero: —No puedo curarlos. La decepción apareció de inmediato. Curandero: —Todavía. Aquella última palabra consiguió que tanto yo como Aira levantáramos la cabeza. Fenrir: —¿Todavía? Curandero: —Conozco a alguien que podría acercarnos a una respuesta. Aira dejó escapar un suspiro que parecía indicar que ya sabía exactamente hacia dónde se dirigía aquella conversación. Aira: —Abuelo… Curandero: —Y tú vas a acompañarlos. La joven lo miró fijamente. Aira: —¿Yo? Curandero: —Sí. Aira: —¿Y por qué exactamente? El anciano me señaló directamente. Curandero: —Porque si esa chica sigue ignorando sus heridas, no llegará viva al próximo invierno. Sentí cómo la habitación entera quedaba en silencio. Curandero: —Y porque ninguno de ustedes debería continuar este viaje solo. Aira permaneció unos segundos observándonos. Primero a mí. Luego al muchacho de cabello blanco. Finalmente dejó escapar una pequeña sonrisa resignada. Aira: —Supongo que ya no tengo elección. Mientras la luz del atardecer teñía de naranja el interior de la casa y el viento movía suavemente las plumas del tocado de Aira junto a la ventana, comprendí que mi viaje acababa de cambiar para siempre. Había llegado a aquellas montañas buscando una cura y estaba a punto de marcharme con algo completamente distinto. Un nuevo rumbo. Nuevas preguntas. Y dos compañeros cuyos caminos, por alguna razón, acababan de quedar unidos al mío. Ninguno de nosotros sabía qué encontraríamos al final de aquella búsqueda. Ninguno sabía quién era realmente el muchacho responsable de nuestras heridas. Pero mientras observaba a Aira discutir con su abuelo y al silencioso espadachín apoyado junto a la puerta, tuve la sensación de que la verdadera historia apenas acababa de comenzar.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ||Justo ayer estaba hablando de hacerle la ficha a Ángel ya que, voy a llevarlo como ex overlord y sacan esto:
    https://youtu.be/XfZ0UbuK8_k?is=IzEepzhh6AJWwmkj soy muy feliz.
    ||Justo ayer estaba hablando de hacerle la ficha a Ángel ya que, voy a llevarlo como ex overlord y sacan esto: https://youtu.be/XfZ0UbuK8_k?is=IzEepzhh6AJWwmkj soy muy feliz.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    El concepto de Arthur como padre
    El concepto de Arthur como padre ✨🥺
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    [Tercer inundado de, Elina Drakon]

    — ¿A la reina le gusta el cosplay? —

    La respuesta correcta sería "Si, pero inconcientemente".

    Al llegar a la tierra, Elina descubrió prendas y vestuarios más allá de solo sus vestidos elegantes, pero cotidianos, con el tiempo ésta iría conociendo a personas humanas que le enseñarían como vestirse de una manera más casual, así que la dragón fue probando vestuario por vestuario que por cierto llamaban mucho su atención, pero como todos buenos amigos, aprovecharon que tenía muy poca noción de que era un cosplay y que no así que le hicieron usar algunos por mera broma, lo que estos no se esperaban es que ciertas ropas si le gustaría, por eso hasta el sol de hoy su estilo varía bastante y tiene ropas que jamás le mostraría al mundo que usa. Sale de manera casual, usa vestidos elegantes al salir a una reunión o fiesta importante, pero en solitario o con sus amigos humanos, pues... A veces y solo a veces usa uno que otro Cosplay que parecen vestidos cotidianos para ella.
    [Tercer inundado de, Elina Drakon] — ¿A la reina le gusta el cosplay? — La respuesta correcta sería "Si, pero inconcientemente". Al llegar a la tierra, Elina descubrió prendas y vestuarios más allá de solo sus vestidos elegantes, pero cotidianos, con el tiempo ésta iría conociendo a personas humanas que le enseñarían como vestirse de una manera más casual, así que la dragón fue probando vestuario por vestuario que por cierto llamaban mucho su atención, pero como todos buenos amigos, aprovecharon que tenía muy poca noción de que era un cosplay y que no así que le hicieron usar algunos por mera broma, lo que estos no se esperaban es que ciertas ropas si le gustaría, por eso hasta el sol de hoy su estilo varía bastante y tiene ropas que jamás le mostraría al mundo que usa. Sale de manera casual, usa vestidos elegantes al salir a una reunión o fiesta importante, pero en solitario o con sus amigos humanos, pues... A veces y solo a veces usa uno que otro Cosplay que parecen vestidos cotidianos para ella.
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  • – Tu encuentro con la mujer de ebano es algo que solamente podia calificarse como glorioso, Pero claro. No todo podia ser normal. ¿Verdad?

    – En medio de tu ''tierno'' encuentro, Varias veces la femina cambio su apariencia. Descubriste su secreto, No era del todo una elfa. Si no nada mas que un disfraz.

    ¿Importaba? No.

    – Especialmente cuando seguia mirandote esperando que volvieses con ella.
    – Tu encuentro con la mujer de ebano es algo que solamente podia calificarse como glorioso, Pero claro. No todo podia ser normal. ¿Verdad? – En medio de tu ''tierno'' encuentro, Varias veces la femina cambio su apariencia. Descubriste su secreto, No era del todo una elfa. Si no nada mas que un disfraz. ¿Importaba? No. – Especialmente cuando seguia mirandote esperando que volvieses con ella.
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  • — Como que últimamente estoy más pensativo de lo normal.
    — Como que últimamente estoy más pensativo de lo normal.
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  • Capítulo nuevo, protagonistas conocidos
    Fandom OC
    Categoría Slice of Life
    Samantha Murphy

    El rostro de Lorraine se muestra cansado. Está ojerosa y su semblante es un panorama de aparente desinterés. Pero sólo es una pantalla. En realidad, a pesar del cómo luce, está atenta.

    — Debo decir que no esperaba una llamada tuya así de la nada. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Quince años? ¿Quizás más? Dios. . . Ahora me siento más vieja de lo que ya me veo de por sí. —

    Lorraine suspira. Voltea a un costado y deja salir el humo por la ventana. Por suerte están en el único restaurante de la zona que aún admite fumadores.

    Delante de ella está Samantha. Su amiga de la adolescencia a quien la unió el amor por la lectura.

    Las circunstancias de la vida pasaron y perdieron contacto. Algo muy normal con amistades de la adolescencia. La vida jala en distintas direcciones y la gente va con ellas. No se dejaron de hablar por algo personal. Y viendo el libro que Samantha abraza como a un bebé, sabe que aún tiene ese amor por la lectura.

    Aunque hay días en los que Lorraine no sabe si ella mantiene ese amor. Quizás convertir ese gusto en su trabajo había sido un error. Pero el momento de arrepentirse ya había quedado muy atrás. Los libros son su vida para bien y para mal.

    — ¿Cómo has estado, Samantha? ¿Cómo te ha tratado la vida? —

    Aplasta el cigarrillo en el cenicero. Bebe un poco de café.

    — ¿Y a qué se debe que hayas querido contactarme tan repentinamente? No es que no me alegre verte ni nada, no me malentiendas. . . Sólo es un poco curioso. —
    [shadow_brass_crow_925] El rostro de Lorraine se muestra cansado. Está ojerosa y su semblante es un panorama de aparente desinterés. Pero sólo es una pantalla. En realidad, a pesar del cómo luce, está atenta. — Debo decir que no esperaba una llamada tuya así de la nada. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Quince años? ¿Quizás más? Dios. . . Ahora me siento más vieja de lo que ya me veo de por sí. — Lorraine suspira. Voltea a un costado y deja salir el humo por la ventana. Por suerte están en el único restaurante de la zona que aún admite fumadores. Delante de ella está Samantha. Su amiga de la adolescencia a quien la unió el amor por la lectura. Las circunstancias de la vida pasaron y perdieron contacto. Algo muy normal con amistades de la adolescencia. La vida jala en distintas direcciones y la gente va con ellas. No se dejaron de hablar por algo personal. Y viendo el libro que Samantha abraza como a un bebé, sabe que aún tiene ese amor por la lectura. Aunque hay días en los que Lorraine no sabe si ella mantiene ese amor. Quizás convertir ese gusto en su trabajo había sido un error. Pero el momento de arrepentirse ya había quedado muy atrás. Los libros son su vida para bien y para mal. — ¿Cómo has estado, Samantha? ¿Cómo te ha tratado la vida? — Aplasta el cigarrillo en el cenicero. Bebe un poco de café. — ¿Y a qué se debe que hayas querido contactarme tan repentinamente? No es que no me alegre verte ni nada, no me malentiendas. . . Sólo es un poco curioso. —
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    Y ustedes se preguntarán (evidentemente no, pero el chisme está bien por la noche), ¿por qué Lorenzo va a terapia?

    Porque cuando era adolescente, fue secuestrado por un grupo radical que esperaba que, a la muerte de sus padres, Alessandro y Lorenzo se irían del país y abandonarían su lugar en la mafia. Al no suceder así, usaron a Lorenzo como vehículo para desestabilizar a Alessandro. Durante su cautiverio le hicieron de todo...(sí, eso también), por eso es que no duerme, tiene pesadillas y por ello él y Alessandro se involucraron de forma sexual.//
    Y ustedes se preguntarán (evidentemente no, pero el chisme está bien por la noche), ¿por qué Lorenzo va a terapia? Porque cuando era adolescente, fue secuestrado por un grupo radical que esperaba que, a la muerte de sus padres, Alessandro y Lorenzo se irían del país y abandonarían su lugar en la mafia. Al no suceder así, usaron a Lorenzo como vehículo para desestabilizar a Alessandro. Durante su cautiverio le hicieron de todo...(sí, eso también), por eso es que no duerme, tiene pesadillas y por ello él y Alessandro se involucraron de forma sexual.//
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