• ── Esto tampoco estaba aquí....¿qué o quién lo hizo? ──
    Enojada, frustrada, la mujer búho dibujaba y trazaba nuevos caminos mientras revisa su alrededor.

    ── Gracias por cuidarme y acompañarme Ꭺꮮꭼꮖꮪꭲꭼꭱ Lamento que te extraviaras, mis mapas ya son inútiles. ── menciona mientras dibuja deprisa, debe aprovechar todo rayo de luz solar.


    El carboncillo crujió con fuerza contra el pergamino arrugado, dejando un trazo grueso y desesperado justo sobre el relieve de un camino que, hasta hace unas horas, se suponía libre de peligro.

    La realidad a su alrededor se burlaba de sus registros, frente a ellos no había una llanura despejada, sino un abismo de vegetación colosal, un santuario olvidado donde los árboles centenarios se entrelazaban con arcos de piedra tan titánicos que parecían las costillas de un dios caído.

    La luz del sol moría deprisa, filtrándose entre las copas de los árboles en haces dorados y densos que iluminaban el polvo en suspensión y encendían el suelo en un tono carmesí brillante, cubierto por una alfombra de flores rojas que no figuraban en ningún tratado botánico.

    El aire allí abajo era espeso, húmedo y cargado de un olor a tierra antigua y magia estancada que erizaba las plumas de su nuca.


    Consciente de que la penumbra avanzaba como una marea silenciosa por el sendero, la mujer búho levantó la mirada hacia las colosales estructuras de piedra cubiertas de musgo, tratando de buscar un patrón, una lógica que explicara cómo semejante monumento había brotado de la nada.

    ── No es una simple alteración geográfica... ──
    murmuró en un hilo de voz, rompiendo el denso silencio del bosque mientras sus grandes ojos captaban el último haz de luz útil.

    ── Es como si el bosque estuviera reescribiéndose a sí mismo para mantenernos atrapados.──
    Guardó el mapa a medio terminar con un gesto brusco, ajustando su equipo mientras se giraba hacia su acompañante. El bosque parecía cerrarse tras ellos, y las sombras entre los arcos de piedra comenzaban a alargarse de forma antinatural.
    ── Esto tampoco estaba aquí....¿qué o quién lo hizo? ── Enojada, frustrada, la mujer búho dibujaba y trazaba nuevos caminos mientras revisa su alrededor. ── Gracias por cuidarme y acompañarme [Runner.Champion] Lamento que te extraviaras, mis mapas ya son inútiles. ── menciona mientras dibuja deprisa, debe aprovechar todo rayo de luz solar. El carboncillo crujió con fuerza contra el pergamino arrugado, dejando un trazo grueso y desesperado justo sobre el relieve de un camino que, hasta hace unas horas, se suponía libre de peligro. La realidad a su alrededor se burlaba de sus registros, frente a ellos no había una llanura despejada, sino un abismo de vegetación colosal, un santuario olvidado donde los árboles centenarios se entrelazaban con arcos de piedra tan titánicos que parecían las costillas de un dios caído. La luz del sol moría deprisa, filtrándose entre las copas de los árboles en haces dorados y densos que iluminaban el polvo en suspensión y encendían el suelo en un tono carmesí brillante, cubierto por una alfombra de flores rojas que no figuraban en ningún tratado botánico. El aire allí abajo era espeso, húmedo y cargado de un olor a tierra antigua y magia estancada que erizaba las plumas de su nuca. Consciente de que la penumbra avanzaba como una marea silenciosa por el sendero, la mujer búho levantó la mirada hacia las colosales estructuras de piedra cubiertas de musgo, tratando de buscar un patrón, una lógica que explicara cómo semejante monumento había brotado de la nada. ── No es una simple alteración geográfica... ── murmuró en un hilo de voz, rompiendo el denso silencio del bosque mientras sus grandes ojos captaban el último haz de luz útil. ── Es como si el bosque estuviera reescribiéndose a sí mismo para mantenernos atrapados.── Guardó el mapa a medio terminar con un gesto brusco, ajustando su equipo mientras se giraba hacia su acompañante. El bosque parecía cerrarse tras ellos, y las sombras entre los arcos de piedra comenzaban a alargarse de forma antinatural.
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  • [Stephen se infiltra al área de especímenes en preparación en dónde se encuentra "Unknown". En esta ocasión con la ayuda de un guardia].

    Guardia de turno: -Apresúrese doctor. 5 minutos máximo. No quiero meterme en problemas.

    Dr Stephen Steel: -Te lo agradezco. Descuida. Seré breve. *Este sonríe y se acerca a la celda* -¿Cómo estás Unknown?. Supe que te han regalado varios libros. Pensé en traerte en esta ocasión algo más acorde a tu nivel de intelecto actual. No tienes que fingir frente a mí. *Comenta mientras le da una copia de "Noches Blancas" de Fieder Dostoievski que desliza por la ventanilla en la celda*.

    Unknown: -Fin...gir. No yo no... Stepens *dice intentando leer el nombre de su credencial pronunciandolo un poco mal* -¿Porqué eres el único amable?. Todos me tratan mal cuándo hablo. *Sus cejas se arquean y luego pregunta* Leí algo en una pantalla. ¿Que es el "vaciamiento?.

    Dr Stephen Steel: *Su sonrisa es reemplazada por una expresión seria* -Es el procedimiento al que son sometidas las "unidades de combate" que están listas para ser subyugadas. En dónde les quitan todo rastro de... Conciencia. Para hacerles obedientes y serviciales. Pero haré lo posible para que no hagan eso contigo. Escucha Unknown. Si algo me pasará quiero que recuerdes el nombre de alguien quién podría ayudarte. Su nombre es: Bianca Auditore.

    Unknown: -¿Bi... Bi... Bianca?. No quiero perder mi conciencia Stepens. No quiero. *Sus ojos se tiñen de lágrimas que aún no comprende que significan. Pero la idea de perder su conciencia y su mismísima identidad que poco a poco ha ido forjando desde su despertar. Le aterra*

    Guardia de turno: -Doctor. Debe salir de aquí ahora mismo. Su tiempo se ha acabado. Aléjese de esa cosa por favor. Y le agradecería que no vuelva. Si ya se ha despedido por favor retírese.

    [Stephen asiente. Se despide agitando su mano y se retira. Aprieta su puño indignado e impaciente. Sabe que debe actuar y pronto. De lo contrario Unknown terminará como otra unidad descerebrada más].

    [Stephen se infiltra al área de especímenes en preparación en dónde se encuentra "Unknown". En esta ocasión con la ayuda de un guardia]. Guardia de turno: -Apresúrese doctor. 5 minutos máximo. No quiero meterme en problemas. Dr Stephen Steel: -Te lo agradezco. Descuida. Seré breve. *Este sonríe y se acerca a la celda* -¿Cómo estás Unknown?. Supe que te han regalado varios libros. Pensé en traerte en esta ocasión algo más acorde a tu nivel de intelecto actual. No tienes que fingir frente a mí. *Comenta mientras le da una copia de "Noches Blancas" de Fieder Dostoievski que desliza por la ventanilla en la celda*. Unknown: -Fin...gir. No yo no... Stepens *dice intentando leer el nombre de su credencial pronunciandolo un poco mal* -¿Porqué eres el único amable?. Todos me tratan mal cuándo hablo. *Sus cejas se arquean y luego pregunta* Leí algo en una pantalla. ¿Que es el "vaciamiento?. Dr Stephen Steel: *Su sonrisa es reemplazada por una expresión seria* -Es el procedimiento al que son sometidas las "unidades de combate" que están listas para ser subyugadas. En dónde les quitan todo rastro de... Conciencia. Para hacerles obedientes y serviciales. Pero haré lo posible para que no hagan eso contigo. Escucha Unknown. Si algo me pasará quiero que recuerdes el nombre de alguien quién podría ayudarte. Su nombre es: Bianca Auditore. Unknown: -¿Bi... Bi... Bianca?. No quiero perder mi conciencia Stepens. No quiero. *Sus ojos se tiñen de lágrimas que aún no comprende que significan. Pero la idea de perder su conciencia y su mismísima identidad que poco a poco ha ido forjando desde su despertar. Le aterra* Guardia de turno: -Doctor. Debe salir de aquí ahora mismo. Su tiempo se ha acabado. Aléjese de esa cosa por favor. Y le agradecería que no vuelva. Si ya se ha despedido por favor retírese. [Stephen asiente. Se despide agitando su mano y se retira. Aprieta su puño indignado e impaciente. Sabe que debe actuar y pronto. De lo contrario Unknown terminará como otra unidad descerebrada más].
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  • It's always good to have a tea time~ siempre es muy rica una taza de té con esencia a limón para darle un toque cítrico a nuestra búsqueda.~

    (La chica bebió con júbilo su taza de té en un soleado día como siempre)

    Oh! So sorry~ es que me gustan mucho los sabores como el limón o naranja en mi té~.
    It's always good to have a tea time~ siempre es muy rica una taza de té con esencia a limón para darle un toque cítrico a nuestra búsqueda.~ (La chica bebió con júbilo su taza de té en un soleado día como siempre) Oh! So sorry~ es que me gustan mucho los sabores como el limón o naranja en mi té~.
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  • —Podría pasarse el día entero contemplando a aquella mujer. A pesar del caos que había traído a su vida, de sus cactus y sus toneladas de equipaje, había encontrado que aquella mujer le aportaba paz. Paz en aspectos tan sencillos como su rutina después de la ducha, o en como fruncia su ceño mientras revisaba un libro tras otro, o la forma en que caminaba de puntillas por el dormitorio nada más despertarse cuando creía que él estaba durmiendo.

    Todavía seguía sin creerse la suerte que había tenido de conocer a 𝑃𝑜𝑝𝑝𝑦 𝐷𝑎𝑣𝑖𝑒𝑠
    —Podría pasarse el día entero contemplando a aquella mujer. A pesar del caos que había traído a su vida, de sus cactus y sus toneladas de equipaje, había encontrado que aquella mujer le aportaba paz. Paz en aspectos tan sencillos como su rutina después de la ducha, o en como fruncia su ceño mientras revisaba un libro tras otro, o la forma en que caminaba de puntillas por el dormitorio nada más despertarse cuando creía que él estaba durmiendo. Todavía seguía sin creerse la suerte que había tenido de conocer a [WxmenLettrs] —
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  • No supo bien si fue aquel vaso roto en el suelo de la cocina o los pequeños rastros de sangre que se extendían por la habitación, subiendo por las sillas y la brillante mesa de mármol, como si la escena fuera el desgaste de una lucha que poco a poco perdió su fuerza y las ganas de sobrevivir.

    Quizá fueron los trozos de carne rasgada en partes aleatorias de su cuerpo, que aún sangrando leve le advertían qué el vidrio había sido por instantes su enemigo casi mortal.
    No lo sabía, no sabía si el intenso dolor en su cabeza o el mareo persistente lo habían orillado a aquel destino que esa tarde decidió para sí.

    ¿Cuanto tiempo había estado inconsciente?

    No podía ser demasiado, pues aquel puré de tomate espeso y exageradamente condimentado que había dejado sobre el fuego aún no se quemaba ¿segundos? ¿A caso había sido eso realmente suerte?

    Sin dar más vueltas, apagó la estufa y recogió el cristal partido en pequeños trozos en el suelo, aunque siempre había pequeñas partículas filosas qué nunca lograba juntar ¿le quedaban vasos de vidrio en la casa?

    Como fuera, esa tarde Daniel desapareció: no más llamadas, ni de su madre, ni de su representante, ni de la empresa con la que acababa de firmar. No más amigos que no sabía qué tenía, no más supuestos amantes, se escondió de todos y de todo.
    Lo buscaron, por supuesto que lo hiciero, lo buscaron llamando y preguntando a conocidos, a su familia, pero ninguna persona buscó en donde siempre debieron pensar.
    Daniel estaba en su casa, dos semanas para ser exactos, en las que no respondió y esa casa se veía tan cerrada que resultaba imposible pensar que alguien estuviera dentro. No huyó lejos, no tomó un vuelo en la madrugada, simplemente se quedó allí, refugiado de su propia existencia.
    No supo bien si fue aquel vaso roto en el suelo de la cocina o los pequeños rastros de sangre que se extendían por la habitación, subiendo por las sillas y la brillante mesa de mármol, como si la escena fuera el desgaste de una lucha que poco a poco perdió su fuerza y las ganas de sobrevivir. Quizá fueron los trozos de carne rasgada en partes aleatorias de su cuerpo, que aún sangrando leve le advertían qué el vidrio había sido por instantes su enemigo casi mortal. No lo sabía, no sabía si el intenso dolor en su cabeza o el mareo persistente lo habían orillado a aquel destino que esa tarde decidió para sí. ¿Cuanto tiempo había estado inconsciente? No podía ser demasiado, pues aquel puré de tomate espeso y exageradamente condimentado que había dejado sobre el fuego aún no se quemaba ¿segundos? ¿A caso había sido eso realmente suerte? Sin dar más vueltas, apagó la estufa y recogió el cristal partido en pequeños trozos en el suelo, aunque siempre había pequeñas partículas filosas qué nunca lograba juntar ¿le quedaban vasos de vidrio en la casa? Como fuera, esa tarde Daniel desapareció: no más llamadas, ni de su madre, ni de su representante, ni de la empresa con la que acababa de firmar. No más amigos que no sabía qué tenía, no más supuestos amantes, se escondió de todos y de todo. Lo buscaron, por supuesto que lo hiciero, lo buscaron llamando y preguntando a conocidos, a su familia, pero ninguna persona buscó en donde siempre debieron pensar. Daniel estaba en su casa, dos semanas para ser exactos, en las que no respondió y esa casa se veía tan cerrada que resultaba imposible pensar que alguien estuviera dentro. No huyó lejos, no tomó un vuelo en la madrugada, simplemente se quedó allí, refugiado de su propia existencia.
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  • ──── Esta espada pertenecía a mi hijo. Se llama Rompedora del Viento. Era un buen espadachín; nunca terminé de entender del todo todos esos términos de combate de los que él tanto hablaba. Lo que si sé, es que, cuando comenzaba a moverse, dejaba de poder seguirlo con la mirada. Parpadeabas y él mágicamente ya estaba en otro sitio. Es una espada corta, lo que le permitía ejecutar ataques rápidos y mantener un control excepcional sobre la hoja. Él pasaba demasiado tiempo en la explanada, entrenando para perfeccionar su técnica y, por supuesto, yo estaba ahí para acompañarlo –dijo, señalándose con el pulgar–. Ahora ocupa un lugar especial sobre la chimenea. No quería que se quedara olvidada en el sótano. La he esgrimido alguna vez; aprendí un par de cosas durante un largo viaje en barco, pero nunca fui tan buena como lo fue Eneas.

    Cada vez que la miro es como regresar a aquellas tardes en la explanada, con el sol desapareciendo entre las montañas. Puedo verme sacudiendo el brazo para llamarlo, diciéndole que se estaba haciendo tarde, que la sopa de lentejas que tanto le gustaba se iba a enfriar si no nos apresurábamos, y que ya era hora de volver a casa.
    ──── Esta espada pertenecía a mi hijo. Se llama Rompedora del Viento. Era un buen espadachín; nunca terminé de entender del todo todos esos términos de combate de los que él tanto hablaba. Lo que si sé, es que, cuando comenzaba a moverse, dejaba de poder seguirlo con la mirada. Parpadeabas y él mágicamente ya estaba en otro sitio. Es una espada corta, lo que le permitía ejecutar ataques rápidos y mantener un control excepcional sobre la hoja. Él pasaba demasiado tiempo en la explanada, entrenando para perfeccionar su técnica y, por supuesto, yo estaba ahí para acompañarlo –dijo, señalándose con el pulgar–. Ahora ocupa un lugar especial sobre la chimenea. No quería que se quedara olvidada en el sótano. La he esgrimido alguna vez; aprendí un par de cosas durante un largo viaje en barco, pero nunca fui tan buena como lo fue Eneas. Cada vez que la miro es como regresar a aquellas tardes en la explanada, con el sol desapareciendo entre las montañas. Puedo verme sacudiendo el brazo para llamarlo, diciéndole que se estaba haciendo tarde, que la sopa de lentejas que tanto le gustaba se iba a enfriar si no nos apresurábamos, y que ya era hora de volver a casa.
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  • † 𝓓𝓮𝓶𝓸𝓷 𝓱𝓾𝓷𝓽𝓮𝓻 †
    Categoría Suspenso
    < Sol, maldito sol. >

    El cielo era un auténtico lienzo azul, apenas unas cuantas nubes intentaban oponerse, pero el azul dominaba, lo que quería decir que el sol se alzaba con una fuerza e intensidad, a la que Catherine no quería enfrentarse. El celular sonó una, dos, tres veces. Tampoco quería responder, pero debía.

    La llamada fue corta, apenas unos segundos para recibir el jodido mensaje. "La entrega será a un par de calles de la Catedral de San Peter, no más allá de las 3am"

    Catherine siempre dictaba las órdenes, pero, ahora tenía que ceder un poco. Si ya se había metido a su patio de juegos favorito en el Vaticano, ahora debía obtener aquello que ella deseaba. Un libro de la biblioteca a la que ni astralmente se podría acceder con tanta facilidad. ¿Lo raro? El precio fue demasiado pequeño, apenas una ridiculez para lo que ella obtendría.

    Le sonaba a trampa. ¿Sabría esa persona que no cualquiera podría eliminar a un híbrido como ella? Las palabras le sabían amargas, pero ese libro era de tanta importancia, como el de darle un nuevo propósito a su maldita eternidad.

    < Espera, maldita espera. >

    Pasaron las horas, no había perdido la costumbre de usar capas cuando salía, pero en medio de esas calles... No dudó en llevar incluso un par de familiares, esos hermosos cuervos que tenía desde que nació. Tan inmortales y demoníacos como la mismísima Catherine.

    Salió, los cuervos le mostraban ciertas áreas, pero no eran suficientes, la noche mostraba sus garras lentamente, no era capaz de concebir el miedo, pero si el fastidio. 2:59 am. Justo dónde se le indicó, pero... ¿No había nadie?
    < Sol, maldito sol. > El cielo era un auténtico lienzo azul, apenas unas cuantas nubes intentaban oponerse, pero el azul dominaba, lo que quería decir que el sol se alzaba con una fuerza e intensidad, a la que Catherine no quería enfrentarse. El celular sonó una, dos, tres veces. Tampoco quería responder, pero debía. La llamada fue corta, apenas unos segundos para recibir el jodido mensaje. "La entrega será a un par de calles de la Catedral de San Peter, no más allá de las 3am" Catherine siempre dictaba las órdenes, pero, ahora tenía que ceder un poco. Si ya se había metido a su patio de juegos favorito en el Vaticano, ahora debía obtener aquello que ella deseaba. Un libro de la biblioteca a la que ni astralmente se podría acceder con tanta facilidad. ¿Lo raro? El precio fue demasiado pequeño, apenas una ridiculez para lo que ella obtendría. Le sonaba a trampa. ¿Sabría esa persona que no cualquiera podría eliminar a un híbrido como ella? Las palabras le sabían amargas, pero ese libro era de tanta importancia, como el de darle un nuevo propósito a su maldita eternidad. < Espera, maldita espera. > Pasaron las horas, no había perdido la costumbre de usar capas cuando salía, pero en medio de esas calles... No dudó en llevar incluso un par de familiares, esos hermosos cuervos que tenía desde que nació. Tan inmortales y demoníacos como la mismísima Catherine. Salió, los cuervos le mostraban ciertas áreas, pero no eran suficientes, la noche mostraba sus garras lentamente, no era capaz de concebir el miedo, pero si el fastidio. 2:59 am. Justo dónde se le indicó, pero... ¿No había nadie?
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  • — No me rendiré. Lo que siento es real y me aferró a ello tanto como me aferró a ti. No te solterare y ahora todo lo posible para demostrarte que un futuro juntos colmado de momentos felices es lo mejor.
    — No me rendiré. Lo que siento es real y me aferró a ello tanto como me aferró a ti. No te solterare y ahora todo lo posible para demostrarte que un futuro juntos colmado de momentos felices es lo mejor.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Cecilia Immergreen
    Gigi Murin
    Irys
    Raora Panthera

    Esto no lo esperaba pero yo veria una serie como esta. La mejor parte es Gata Italiana enojada(?)


    https://youtu.be/Nt74GWDu7yw?t=2
    [ember_amethyst_octopus_437] [Gigi_Slasher] [N3philim] [nebula_violet_wolf_765] Esto no lo esperaba pero yo veria una serie como esta. La mejor parte es Gata Italiana enojada(?) https://youtu.be/Nt74GWDu7yw?t=2
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  • *-El cielo no se oscureció; se transmutó. Las nubes se abrieron en un despliegue de luz áurea y fría, y en medio de esa brecha, descendí.
    Ya no era el hombre que se había marchado entre las sombras del duelo. Como Nefilim, su aura emanaba una gravedad que hacía que el aire mismo vibrara; cada pliegue de su túnica etérea parecía arrastrar consigo el peso de los siglos y la paz de los planos superiores. Había pasado eones oculto tras el velo de la desaparición, una huida forjada en el dolor inconsolable por la pérdida, una herida que, aunque nunca cerró, se convirtió en el cimiento de su ascensión.
    Mi regreso no fue un grito de guerra ni un ajuste de cuentas. No había veneno en mi mirada ni reproche en mi silencio; todo rastro de odio había sido incinerado por mi propia trascendencia.-*

    —He recorrido los rincones donde el tiempo no alcanza a llegar —dijo, y su voz resonó como un eco de otro mundo, llena de una paz que sobrecogía—, pero al final del camino, mi espíritu solo reclamaba una última mirada hacia el hogar que me vio nacer. No vengo a buscar lo que perdí, sino a honrar lo que todavía permanece—
    *-El cielo no se oscureció; se transmutó. Las nubes se abrieron en un despliegue de luz áurea y fría, y en medio de esa brecha, descendí. Ya no era el hombre que se había marchado entre las sombras del duelo. Como Nefilim, su aura emanaba una gravedad que hacía que el aire mismo vibrara; cada pliegue de su túnica etérea parecía arrastrar consigo el peso de los siglos y la paz de los planos superiores. Había pasado eones oculto tras el velo de la desaparición, una huida forjada en el dolor inconsolable por la pérdida, una herida que, aunque nunca cerró, se convirtió en el cimiento de su ascensión. Mi regreso no fue un grito de guerra ni un ajuste de cuentas. No había veneno en mi mirada ni reproche en mi silencio; todo rastro de odio había sido incinerado por mi propia trascendencia.-* —He recorrido los rincones donde el tiempo no alcanza a llegar —dijo, y su voz resonó como un eco de otro mundo, llena de una paz que sobrecogía—, pero al final del camino, mi espíritu solo reclamaba una última mirada hacia el hogar que me vio nacer. No vengo a buscar lo que perdí, sino a honrar lo que todavía permanece—
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