• // Escena cerrada. Referente a https://ficrol.com/posts/364285 Enlace con contenido explícito //

    Kazuo acababa de llegar a su alcoba justo cuando los primeros rayos del sol comenzaban a abrirse paso en aquel nuevo amanecer sobre las tierras de Brattvåg.

    El día prometía ser largo; estaba más que seguro de que pronto sería llamado para un extenso interrogatorio, pues habían encontrado una de sus prendas allí donde la soberana del reino y él habían compartido un encuentro clandestino, tan prohibido como exquisito.

    Su piel aún ardía con el recuerdo de lo vivido junto a Elizabeth, además del rastro de quemaduras que se desvanecían con rapidez sobre su cuerpo. Nunca antes se había sentido tan pleno, tan satisfecho, tan deseado… tan vivo.

    Un calor profundo y un estremecimiento constante recorrían su ser cada vez que los recuerdos de aquella noche irrumpían en su mente, intensos, indómitos, sin pedir permiso, haciendo casi imposible apaciguar la excitación y el deseo que aún reclamaba su cuerpo.

    Aquello no era una simple atracción física; era algo primario, visceral… como si todo hubiese sido inevitable desde el principio.

    Entre todas sus habilidades, habría deseado poseer el don de detener el tiempo, de convertir aquella noche en un instante eterno solo para ambos.

    Sentado en su alcoba, sobre un banco de piedra en la esquina, sonreía con una satisfacción serena y, al mismo tiempo, casi peligrosa.

    —No pienso renunciar a ti… jamás… —se hizo aquella promesa a sí mismo.

    Un ser incapaz de mentir, atado por un mandato divino de sus propios dioses. Aquella era, por tanto, una promesa inquebrantable, incluso si ella decidía no volver a sentir o repetir lo ocurrido. Él sería capaz de conformarse con contemplarla desde la distancia.

    Pero las palabras de ella, aquella noche, habían sido claras: “Si te vas... te esperaré”.

    La soberana de cabellos carmesí se estaba convirtiendo en su obsesión… una tan intensa como difícil de saciar, dadas las circunstancias que envolvían a ambos.
    // Escena cerrada. Referente a ➡️ https://ficrol.com/posts/364285 ⚠️🔞Enlace con contenido explícito 🔞⚠️ // Kazuo acababa de llegar a su alcoba justo cuando los primeros rayos del sol comenzaban a abrirse paso en aquel nuevo amanecer sobre las tierras de Brattvåg. El día prometía ser largo; estaba más que seguro de que pronto sería llamado para un extenso interrogatorio, pues habían encontrado una de sus prendas allí donde la soberana del reino y él habían compartido un encuentro clandestino, tan prohibido como exquisito. Su piel aún ardía con el recuerdo de lo vivido junto a Elizabeth, además del rastro de quemaduras que se desvanecían con rapidez sobre su cuerpo. Nunca antes se había sentido tan pleno, tan satisfecho, tan deseado… tan vivo. Un calor profundo y un estremecimiento constante recorrían su ser cada vez que los recuerdos de aquella noche irrumpían en su mente, intensos, indómitos, sin pedir permiso, haciendo casi imposible apaciguar la excitación y el deseo que aún reclamaba su cuerpo. Aquello no era una simple atracción física; era algo primario, visceral… como si todo hubiese sido inevitable desde el principio. Entre todas sus habilidades, habría deseado poseer el don de detener el tiempo, de convertir aquella noche en un instante eterno solo para ambos. Sentado en su alcoba, sobre un banco de piedra en la esquina, sonreía con una satisfacción serena y, al mismo tiempo, casi peligrosa. —No pienso renunciar a ti… jamás… —se hizo aquella promesa a sí mismo. Un ser incapaz de mentir, atado por un mandato divino de sus propios dioses. Aquella era, por tanto, una promesa inquebrantable, incluso si ella decidía no volver a sentir o repetir lo ocurrido. Él sería capaz de conformarse con contemplarla desde la distancia. Pero las palabras de ella, aquella noche, habían sido claras: “Si te vas... te esperaré”. La soberana de cabellos carmesí se estaba convirtiendo en su obsesión… una tan intensa como difícil de saciar, dadas las circunstancias que envolvían a ambos.
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  • El campo de batalla es un caos de metal y energía, saturado por el olor a ozono y el estruendo de las explosiones que sacuden los cimientos del área. Elsword, bajo su pesada armadura, se mantiene firme como un pilar de esperanza entre las ruinas humeantes; su capa roja ondea violentamente con cada ráfaga de viento, contrastando con el brillo azulado y puro de la energía de «El» en sus ojos. Tras haber despejado una horda de enemigos con un despliegue de su Grand Cross, el joven líder exhala un suspiro cargado de determinación, sintiendo cómo el calor de la batalla fluye por sus venas, pero manteniendo la mente tan afilada como su acero. En lugar de lanzarse de inmediato hacia el siguiente grupo de atacantes, gira parcialmente el cuerpo hacia su aliado, clavando sus ojos brillantes y decididos en los tuyos mientras el resplandor carmesí de su voluntad envuelve su figura.

    Con un gesto cargado de camaradería y una confianza inquebrantable que solo un caballero de su estatus podría proyectar, Elsword extiende su mano derecha enguantada hacia ti, dejando su palma abierta en una invitación clara y poderosa. Una sonrisa desafiante pero cálida curva sus labios, restándole peso a la gravedad de la situación sin ignorar el peligro que los rodea, mientras el aura dorada que caracteriza su maestría táctica comienza a pulsar, lista para reforzarlos a ambos en el próximo choque.

    —No pienses que la pelea ha terminado todavía, esto apenas está comenzando. No importa cuántos sean ni qué tan oscuro se vuelva el camino, si avanzamos juntos, no hay nada que pueda detener el filo de nuestra voluntad. Toma mi mano y demostrémosles de qué está hecho el verdadero espíritu del «El Search Party».
    El campo de batalla es un caos de metal y energía, saturado por el olor a ozono y el estruendo de las explosiones que sacuden los cimientos del área. Elsword, bajo su pesada armadura, se mantiene firme como un pilar de esperanza entre las ruinas humeantes; su capa roja ondea violentamente con cada ráfaga de viento, contrastando con el brillo azulado y puro de la energía de «El» en sus ojos. Tras haber despejado una horda de enemigos con un despliegue de su Grand Cross, el joven líder exhala un suspiro cargado de determinación, sintiendo cómo el calor de la batalla fluye por sus venas, pero manteniendo la mente tan afilada como su acero. En lugar de lanzarse de inmediato hacia el siguiente grupo de atacantes, gira parcialmente el cuerpo hacia su aliado, clavando sus ojos brillantes y decididos en los tuyos mientras el resplandor carmesí de su voluntad envuelve su figura. Con un gesto cargado de camaradería y una confianza inquebrantable que solo un caballero de su estatus podría proyectar, Elsword extiende su mano derecha enguantada hacia ti, dejando su palma abierta en una invitación clara y poderosa. Una sonrisa desafiante pero cálida curva sus labios, restándole peso a la gravedad de la situación sin ignorar el peligro que los rodea, mientras el aura dorada que caracteriza su maestría táctica comienza a pulsar, lista para reforzarlos a ambos en el próximo choque. —No pienses que la pelea ha terminado todavía, esto apenas está comenzando. No importa cuántos sean ni qué tan oscuro se vuelva el camino, si avanzamos juntos, no hay nada que pueda detener el filo de nuestra voluntad. Toma mi mano y demostrémosles de qué está hecho el verdadero espíritu del «El Search Party».
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  • -En un edificio abandonado, casi destruido, ya algunas plantas estaba cubriendo la construcción, la androide caminaba mientras a su vez, el viento jugaba con su cabello, sintiendo como acaricia suavemente su rostro, se acercó hasta el borde del edición, mirando el panorama abandonado, suspira profundamente para asi comenzar a cantar.

    Esa canción es llevada por el viento hasta donde el sonido pierde su fuerza, convirtiendo así esa melodia en un suave susurro qué viajo hasta así ser ahogado por la distancia... Llevandose con el mismo algunos sentimientos que fueron silenciados-.

    https://youtu.be/meIurz8yqNI?si=Ox0Urzv6_AfuUP0E
    -En un edificio abandonado, casi destruido, ya algunas plantas estaba cubriendo la construcción, la androide caminaba mientras a su vez, el viento jugaba con su cabello, sintiendo como acaricia suavemente su rostro, se acercó hasta el borde del edición, mirando el panorama abandonado, suspira profundamente para asi comenzar a cantar. Esa canción es llevada por el viento hasta donde el sonido pierde su fuerza, convirtiendo así esa melodia en un suave susurro qué viajo hasta así ser ahogado por la distancia... Llevandose con el mismo algunos sentimientos que fueron silenciados-. https://youtu.be/meIurz8yqNI?si=Ox0Urzv6_AfuUP0E
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  • Se que nada puede ser como antes ,
    Pero ahora trato de ser mejor , aun que tu me destruiste mas por dentro y me venenaste ~

    https://youtu.be/zeoxE70S_Hc?si=G2fLNCsCs19wtbbW
    Se que nada puede ser como antes , Pero ahora trato de ser mejor , aun que tu me destruiste mas por dentro y me venenaste ~ https://youtu.be/zeoxE70S_Hc?si=G2fLNCsCs19wtbbW
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  • Bajo la luz dorada de un candelabro callado,
    reposa ella, con alas de sombra y destino sellado.
    Sus ojos violetas, dos abismos que arden,
    susurran promesas que el alma no guarde.
    Cuernos que enmarcan su esencia prohibida,
    belleza que tienta, peligrosa y herida.
    Sobre seda púrpura descansa su hechizo,
    como un suspiro eterno que el deseo hizo.
    No es ángel, ni demonio que el miedo nombre,
    es algo más hondo, más allá del hombre.
    Una reina en calma, de mirada lenta,
    que en cada latido… tu voluntad fragmenta.
    Y si te acercas, sin fe ni razón,
    sentirás su magia tocar tu interior.
    Pues Albedo no ama… domina y envuelve,
    y en su dulce abismo, nadie vuelve.
    Bajo la luz dorada de un candelabro callado, reposa ella, con alas de sombra y destino sellado. Sus ojos violetas, dos abismos que arden, susurran promesas que el alma no guarde. Cuernos que enmarcan su esencia prohibida, belleza que tienta, peligrosa y herida. Sobre seda púrpura descansa su hechizo, como un suspiro eterno que el deseo hizo. No es ángel, ni demonio que el miedo nombre, es algo más hondo, más allá del hombre. Una reina en calma, de mirada lenta, que en cada latido… tu voluntad fragmenta. Y si te acercas, sin fe ni razón, sentirás su magia tocar tu interior. Pues Albedo no ama… domina y envuelve, y en su dulce abismo, nadie vuelve.
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  • 𝐓𝐇𝐄 𝐃𝐄𝐕𝐈𝐋'𝐒 𝐊𝐀𝐑𝐌𝐀.
    Fandom Marvel
    Categoría Acción
    Los últimos meses habían sido toda una sorpresa, desde partes de la ciudad desapareciendo hasta una especie de caza furtiva de vigilantes... No es que el alcalde ayudara mucho, al fin y al cabo es quien más se benefició con todo esto.

    Desde la invasión alienígena del 2012 parecería que Nueva York quedó atrapada en el ojo de una tormenta que, cada cierto tiempo, se acuerda y regresa por más. Luego de que unos supuestos ❛ 𝐍𝐞𝐰 𝐀𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞𝐫𝐬 ❜ aparecieran las cosas parecían ir mejor, o por lo menos con más calma, claro que esa ``calma´´ no era más que una trampa del impredecible pronóstico que se avecinaba, ya se lo imaginaba cuando Peter Parker se acercó una vez más para pedir su ayuda, aunque esta vez no era en un juicio, simplemente necesitaba sus palabras, estaba solo y además perdió su hogar, aquel invasor de nombre 𝐏𝐚𝐧𝐝𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐮𝐦 había destruido Queens por completo y SHIELD decidió poner la zona en cuarentena sin dar más información al público. Poco pudo hacer por el muchacho, una cosa llevó a la otra y terminó contándole que es el diablo de Hell's Kitchen, no pudo escoger mejor momento porque días después el alcalde Fisk aprobó una ley [ 𝘥𝘦 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘥𝘶𝘥𝘰𝘴𝘢... ] que según sus palabras todo aquel que hiciera justicia por mano propia y con máscara seria considerado un criminal, nada nuevo... Sin embargo, tenía juguetes nuevos así como un nuevo disipulo que le otorgó dicha tecnología.


    𝗟𝗼𝘀 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗶𝗻𝗲𝗹𝗮𝘀.

    Meses después de que se aprobara esa ley y se enseñara al público aquellos robots, cada Vigilante en la ciudad fue perseguido, y si eran capturados jamás se volvía a oír de ellos, por lo cual pelear no era la opción más sensata, no eran policías o agentes, esta vez eran 𝗺𝗮𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮𝘀 de acero quienes los cazaban, así que las cosas en la ciudad habían cambiado y solo era el inicio, aquello era un simple proyecto a prueba, de funcionar bien se haría a escala mundial... y estaba funcionando.

    Debido a la cacería tuvo que alejarse de Karen, ella no era un vigilante por lo que estar cerca solo la pondría en peligro y si bien nunca aceptó, Matt tomó sus cosas y simplemente desapareció, era lo mejor. Tuvo que aliarse con otros como Spiderman o hasta Punisher, mantenerse informado a través de otros en su misma situación y por cosas del cruel destino, hacer las paces con 𝐁𝐮𝐥𝐥𝐬𝐞𝐲𝐞.
    Lo había perdonado luego de descubrir la verdad detrás de lo ocurrido con Foggy, pero en el fondo jamás dejó de resentirlo, cree en el perdón, por supuesto, solo que es difícil con alguien tan inestable mentalmente.

    Al final del día tuvieron que convivir, sus habilidades eran similares, una dupla así seria más difícil de atrapar, ahora debían vivir entre las sombras y no podrían hacerlo solos, ningún vigilante estaba por su cuenta y al diablo le había tocado compartir techo con Pointdexter, era el más indicado... Lo había decidido en la última junta con Jessica Jones, ya que con otros como Frank Castle la cosa no iba a terminar bien, se matarían entre ellos y ni hablar de dejarlo a solas con el jóven arácnido.

    𝘛𝘦𝘯𝘪𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦𝘳 𝙀𝙇.

    Extrañamente luego de casi un mes conviviendo la cosa no iba tan mal, igual nunca entendería como es que Frank estaba tan a gusto en un bunker antibombas, le sienta fatal... aunque tenían electricidad, gas y agua, con el correr de los días consiguieron un par de cosas, como un viejo televisor, radios, provisiones y ropa, el trato era avisar si alguno saldría pero esa misma noche Matt se pasó por alto las reglas, tomó su traje rojo y salió a las calles sin decir palabra a Pointdexter, lo creía dormido.

    Tras varios saltos por los techos por fin vuelve a la calle, repleta de carteles con los muchos vigilantes buscados por las máquinas, aunque entre ellos había un par de personas desaparecidas, entre ellas el abogado Matt Murdock y el doctor Bruce Banner... A diario se pregunta que seria de él y porque no había rastro, no es un vigilante, solía ser un Vengador, pero ahora no tenía tiempo para eso, tenía que correr, llegó hasta un viejo edificio y se metió de un brinco por la única ventana sin tablas, era un sitio abandonado así que nadie lo vigila y pudo subir varios pisos sin preocuparse, por fin llegando al punto de interés y revisar unas cajas hasta sentir el metal de una placa con los nombres 𝐍𝐞𝐥𝐬𝐨𝐧, 𝐌𝐮𝐫𝐝𝐨𝐜𝐤, 𝐏𝐚𝐠𝐞 tallados que pudo leer con el tacto de sus dedos, sus labios se tambalean, por un segundo creyó que sonreiría, inclusive siente la humedad de sus ojos bajo aquel casco, recordando cuando eran los tres unidos contra el mundo y ahora... 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙗𝙖 𝙨𝙤𝙡𝙤.

    Abrazó la placa y se tumbó al suelo, había un Centinela volando a un par de calles, no entendía porque estaba tan cerca si juraba no haber dejado rastro alguno, entonces se incorpora y suspira negando con la cabeza, ya lo escuchó... Lo olió... También pensó en si arriesgarlo todo por darle un golpe ahí mismo.

    ──── No te quiero aquí ────. Dice entre labios como en un susurro, dejando la placa en uno de los escritorios de lo que alguna vez fue el bufete de abogados, apenas se gira hacia el ex-agente que seguramente nunca se durmió.

    🄳 🄴 🅇
    Los últimos meses habían sido toda una sorpresa, desde partes de la ciudad desapareciendo hasta una especie de caza furtiva de vigilantes... No es que el alcalde ayudara mucho, al fin y al cabo es quien más se benefició con todo esto. Desde la invasión alienígena del 2012 parecería que Nueva York quedó atrapada en el ojo de una tormenta que, cada cierto tiempo, se acuerda y regresa por más. Luego de que unos supuestos ❛ 𝐍𝐞𝐰 𝐀𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞𝐫𝐬 ❜ aparecieran las cosas parecían ir mejor, o por lo menos con más calma, claro que esa ``calma´´ no era más que una trampa del impredecible pronóstico que se avecinaba, ya se lo imaginaba cuando Peter Parker se acercó una vez más para pedir su ayuda, aunque esta vez no era en un juicio, simplemente necesitaba sus palabras, estaba solo y además perdió su hogar, aquel invasor de nombre 𝐏𝐚𝐧𝐝𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐮𝐦 había destruido Queens por completo y SHIELD decidió poner la zona en cuarentena sin dar más información al público. Poco pudo hacer por el muchacho, una cosa llevó a la otra y terminó contándole que es el diablo de Hell's Kitchen, no pudo escoger mejor momento porque días después el alcalde Fisk aprobó una ley [ 𝘥𝘦 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘥𝘶𝘥𝘰𝘴𝘢... ] que según sus palabras todo aquel que hiciera justicia por mano propia y con máscara seria considerado un criminal, nada nuevo... Sin embargo, tenía juguetes nuevos así como un nuevo disipulo que le otorgó dicha tecnología. 𝗟𝗼𝘀 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗶𝗻𝗲𝗹𝗮𝘀. Meses después de que se aprobara esa ley y se enseñara al público aquellos robots, cada Vigilante en la ciudad fue perseguido, y si eran capturados jamás se volvía a oír de ellos, por lo cual pelear no era la opción más sensata, no eran policías o agentes, esta vez eran 𝗺𝗮𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮𝘀 de acero quienes los cazaban, así que las cosas en la ciudad habían cambiado y solo era el inicio, aquello era un simple proyecto a prueba, de funcionar bien se haría a escala mundial... y estaba funcionando. Debido a la cacería tuvo que alejarse de Karen, ella no era un vigilante por lo que estar cerca solo la pondría en peligro y si bien nunca aceptó, Matt tomó sus cosas y simplemente desapareció, era lo mejor. Tuvo que aliarse con otros como Spiderman o hasta Punisher, mantenerse informado a través de otros en su misma situación y por cosas del cruel destino, hacer las paces con 𝐁𝐮𝐥𝐥𝐬𝐞𝐲𝐞. Lo había perdonado luego de descubrir la verdad detrás de lo ocurrido con Foggy, pero en el fondo jamás dejó de resentirlo, cree en el perdón, por supuesto, solo que es difícil con alguien tan inestable mentalmente. Al final del día tuvieron que convivir, sus habilidades eran similares, una dupla así seria más difícil de atrapar, ahora debían vivir entre las sombras y no podrían hacerlo solos, ningún vigilante estaba por su cuenta y al diablo le había tocado compartir techo con Pointdexter, era el más indicado... Lo había decidido en la última junta con Jessica Jones, ya que con otros como Frank Castle la cosa no iba a terminar bien, se matarían entre ellos y ni hablar de dejarlo a solas con el jóven arácnido. 𝘛𝘦𝘯𝘪𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦𝘳 𝙀𝙇. Extrañamente luego de casi un mes conviviendo la cosa no iba tan mal, igual nunca entendería como es que Frank estaba tan a gusto en un bunker antibombas, le sienta fatal... aunque tenían electricidad, gas y agua, con el correr de los días consiguieron un par de cosas, como un viejo televisor, radios, provisiones y ropa, el trato era avisar si alguno saldría pero esa misma noche Matt se pasó por alto las reglas, tomó su traje rojo y salió a las calles sin decir palabra a Pointdexter, lo creía dormido. Tras varios saltos por los techos por fin vuelve a la calle, repleta de carteles con los muchos vigilantes buscados por las máquinas, aunque entre ellos había un par de personas desaparecidas, entre ellas el abogado Matt Murdock y el doctor Bruce Banner... A diario se pregunta que seria de él y porque no había rastro, no es un vigilante, solía ser un Vengador, pero ahora no tenía tiempo para eso, tenía que correr, llegó hasta un viejo edificio y se metió de un brinco por la única ventana sin tablas, era un sitio abandonado así que nadie lo vigila y pudo subir varios pisos sin preocuparse, por fin llegando al punto de interés y revisar unas cajas hasta sentir el metal de una placa con los nombres 𝐍𝐞𝐥𝐬𝐨𝐧, 𝐌𝐮𝐫𝐝𝐨𝐜𝐤, 𝐏𝐚𝐠𝐞 tallados que pudo leer con el tacto de sus dedos, sus labios se tambalean, por un segundo creyó que sonreiría, inclusive siente la humedad de sus ojos bajo aquel casco, recordando cuando eran los tres unidos contra el mundo y ahora... 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙗𝙖 𝙨𝙤𝙡𝙤. Abrazó la placa y se tumbó al suelo, había un Centinela volando a un par de calles, no entendía porque estaba tan cerca si juraba no haber dejado rastro alguno, entonces se incorpora y suspira negando con la cabeza, ya lo escuchó... Lo olió... También pensó en si arriesgarlo todo por darle un golpe ahí mismo. ──── No te quiero aquí ────. Dice entre labios como en un susurro, dejando la placa en uno de los escritorios de lo que alguna vez fue el bufete de abogados, apenas se gira hacia el ex-agente que seguramente nunca se durmió. [P0INDEXTER]
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  • No quería concluirlo pronto. El amanecer daba una hermosa vista y el viento nocturno acariciaba su piel pero... no quería parar de entrenar.

    Hace tiempo estaba teniendo esa duda: ⸻"¿Qué dirían mis puños de mi...?"⸻ ¿Proyectaba experiencia, esfuerzo, o talento? Si quería seguir avanzando como luchador, tenía que esforzarse más, y la filosofía es una de esas áreas.
    No quería concluirlo pronto. El amanecer daba una hermosa vista y el viento nocturno acariciaba su piel pero... no quería parar de entrenar. Hace tiempo estaba teniendo esa duda: ⸻"¿Qué dirían mis puños de mi...?"⸻ ¿Proyectaba experiencia, esfuerzo, o talento? Si quería seguir avanzando como luchador, tenía que esforzarse más, y la filosofía es una de esas áreas.
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  • *No era muy raro que la mayoría de veces disociara del todo, como ahora que me quede mirando hacia arriba a la nada misma, habiendo desconectado del mundo y perdido en mis propios pensamientos sin enterarme que pasaba a mi alrededor*
    *No era muy raro que la mayoría de veces disociara del todo, como ahora que me quede mirando hacia arriba a la nada misma, habiendo desconectado del mundo y perdido en mis propios pensamientos sin enterarme que pasaba a mi alrededor*
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  • No siempre tengo la vida como la quiero.... Pero intento encontrar cosas que me gustan y que quiero que existan en mi vida
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  • El vapor del té ascendía en finas espirales, desdibujándose en el aire como pensamientos que se niegan a tomar forma. Sentado con una elegancia casi antinatural, el Conejo Blanco sostenía la taza entre sus dedos enguantados, inclinándola apenas antes de dar un sorbo lento y medido.
    El mundo a su alrededor parecía irrelevante… distante.
    Sus ojos, ocultos tras aquella máscara inmutable, no observaban realmente la habitación. Miraban más allá. Siempre más allá.
    —Curioso…

    murmuró con una voz suave, apenas un hilo que rompía el silencio

    — Cómo incluso en la calma… el eco del caos persiste.

    Dejó la taza sobre el platillo con un leve clic, perfectamente alineada, como si incluso ese gesto formara parte de algún orden invisible que solo él comprendía.
    Sus pensamientos divagaban fragmentos de poder, ambición, recuerdos que no eran del todo suyos. La sensación de algo incompleto se enroscaba en su mente, insistente, como una melodía que no logra resolverse.
    Una risa baja escapó de sus labios.

    —Y, sin embargo… aquí estoy.

    Apoyó el mentón sobre su mano, ladeando ligeramente la cabeza

    -Jugando a la serenidad… como si el destino fuese algo que pudiera ignorarse con una simple taza de té.

    El silencio volvió a envolverlo.
    Pero no era paz.
    Nunca lo era.
    El vapor del té ascendía en finas espirales, desdibujándose en el aire como pensamientos que se niegan a tomar forma. Sentado con una elegancia casi antinatural, el Conejo Blanco sostenía la taza entre sus dedos enguantados, inclinándola apenas antes de dar un sorbo lento y medido. El mundo a su alrededor parecía irrelevante… distante. Sus ojos, ocultos tras aquella máscara inmutable, no observaban realmente la habitación. Miraban más allá. Siempre más allá. —Curioso… murmuró con una voz suave, apenas un hilo que rompía el silencio — Cómo incluso en la calma… el eco del caos persiste. Dejó la taza sobre el platillo con un leve clic, perfectamente alineada, como si incluso ese gesto formara parte de algún orden invisible que solo él comprendía. Sus pensamientos divagaban fragmentos de poder, ambición, recuerdos que no eran del todo suyos. La sensación de algo incompleto se enroscaba en su mente, insistente, como una melodía que no logra resolverse. Una risa baja escapó de sus labios. —Y, sin embargo… aquí estoy. Apoyó el mentón sobre su mano, ladeando ligeramente la cabeza -Jugando a la serenidad… como si el destino fuese algo que pudiera ignorarse con una simple taza de té. El silencio volvió a envolverlo. Pero no era paz. Nunca lo era.
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