• PADRE DE TODO: 1/2

    —Asriel durmió por mucho tiempo, y cuando despertó, se encontro en una habitación mas grande que la de su casa, rodeado de doctores que lo supervisaban—

    —¿Son demonios de la paralisis del sueño o qué?

    :—"Asmodeus Réquiem, Hijo de Azzazel Requiem, ¿es correcto?"

    —Pregunto uno de los medicos—

    —Seh

    —:"Joven, ¿sabe porqué vino aqui?

    —Pregunto una enfermera

    —Para encontrar el santuario del que mi padre hablaba, el santuario de los incubos y sucubos que aun vivian..

    :—"Bueno...Asmodeus, nosotros somos como tu, somos de tu especie...pero sabemos tu condición y como es que naciste, sabemos que hay magia que te mantiene vivo dentro de ti...y eso te vuelve muy especial para nosotros y para todo habitante de este santuario"

    —¿Soy especial por ser producto de un hombre que no encontro el amor de su vida y sacrifico parte de su poder para darme vida?

    —:"Jovencito, no te estas percatando de tu potencial, nuestra especie en estado puro puede procrear un descendiente a la vez...pero tu...tu tienes el poder de salvarnos de la extinción, tu fertilidad es incluso mas alta que todos nosotros puestos juntos"

    —Por favor no me digan que tengo que "encamarme" con cada Subcubo de aquí

    —"No es necesario, puedes donar tu esperma para nuestra causa, por ahora descansa"

    —Todos los medicos se retiraron de la habitación mientras Asriel se llevaba las manos a la frente—


    —Esto apesta...
    PADRE DE TODO: 1/2 —Asriel durmió por mucho tiempo, y cuando despertó, se encontro en una habitación mas grande que la de su casa, rodeado de doctores que lo supervisaban— —¿Son demonios de la paralisis del sueño o qué? 👤:—"Asmodeus Réquiem, Hijo de Azzazel Requiem, ¿es correcto?" —Pregunto uno de los medicos— —Seh 👤—:"Joven, ¿sabe porqué vino aqui? —Pregunto una enfermera —Para encontrar el santuario del que mi padre hablaba, el santuario de los incubos y sucubos que aun vivian.. 👤:—"Bueno...Asmodeus, nosotros somos como tu, somos de tu especie...pero sabemos tu condición y como es que naciste, sabemos que hay magia que te mantiene vivo dentro de ti...y eso te vuelve muy especial para nosotros y para todo habitante de este santuario" —¿Soy especial por ser producto de un hombre que no encontro el amor de su vida y sacrifico parte de su poder para darme vida? 👤—:"Jovencito, no te estas percatando de tu potencial, nuestra especie en estado puro puede procrear un descendiente a la vez...pero tu...tu tienes el poder de salvarnos de la extinción, tu fertilidad es incluso mas alta que todos nosotros puestos juntos" —Por favor no me digan que tengo que "encamarme" con cada Subcubo de aquí 👤—"No es necesario, puedes donar tu esperma para nuestra causa, por ahora descansa" —Todos los medicos se retiraron de la habitación mientras Asriel se llevaba las manos a la frente— —Esto apesta...
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  • Como extraño el calor de una mujer y amarla locamente
    Como extraño el calor de una mujer y amarla locamente
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  • Quizas Sigyn , tenga razon mi corazon no es igual los seres que habitan el mundo es igual de frio como los gigantes del hielo.
    Quizas Sigyn , tenga razon mi corazon no es igual los seres que habitan el mundo es igual de frio como los gigantes del hielo.
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    || Buenos días :D He dormido bien por primera vez en como tres semanas (No lograba pasar de las 4-5 horas nunca) Así que hoy respondo TODOS los roles
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  • Los ojos de Chantle Parte II
    Fandom Linaje Queen
    Categoría Acción
    Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Akane
    Hannah Queen Queen Hannah
    Ryu リュウ・イシュタル・ヨキン Ryu
    Chantle Queen Ishtar Chantle
    Jenny Queen Orc Jenny
    𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 Ayane
    Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason

    El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad.

    No es una construcción.
    Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua.

    Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama.

    Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra.

    En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona.

    Las paredes se mueven con violencia.

    El suelo cruje.

    Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne.

    —Un laberinto… —alcanza a decir Akane.

    El castillo intenta separarnos.
    Confundirnos.
    Jugar con nosotras.
    Y entonces algo dentro de mí revienta.

    La imagen de Jason cayendo.
    Su despedida.
    El sacrificio que no pude impedir.

    No.
    No voy a seguirle el juego a este maldito lugar.
    Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño.

    El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede.

    Igual que cuando era pequeña.
    Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar.
    El día que conocí a Oz.
    El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea.

    —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas!

    Vuelvo a golpear.
    El castillo tiembla, pero se burla.

    —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate!

    Un tercer golpe.

    —¡Mentiroso!
    —¡Tramposo!
    —¡Estoy aquí… padre!

    El último impacto abre mi piel.
    La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene.

    Durante un instante eterno, nada se mueve.

    La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración.

    Entonces, cede.

    Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa.

    La biblioteca.

    Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido.

    Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario.
    Su mirada se fija directamente en Chantle.

    —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—.
    —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto...

    Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente.

    Hannah se aferra a mí.
    Y entonces ocurre.
    Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas.

    ¿Magia Elunai?
    ¿La protección de Selin?
    No lo sé. Solo sé que funciona.
    Respiro de nuevo.
    Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio.

    No lo ofrece a nadie más.
    Solo a Chantle.
    Y en ese instante, un frío recorre mi espalda.

    —¿Ayane…? —susurro.
    Miro alrededor.
    No está.

    La comprensión llega tarde.

    Demasiado tarde.
    [akane_qi] Akane [stellar_white_bear_102] Hannah [Ryu] Ryu [frost_platinum_hare_393] Chantle [queen_0] Jenny [Ayane_Ishtar] Ayane [Jason07] Jason El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad. No es una construcción. Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua. Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama. Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra. En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona. Las paredes se mueven con violencia. El suelo cruje. Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne. —Un laberinto… —alcanza a decir Akane. El castillo intenta separarnos. Confundirnos. Jugar con nosotras. Y entonces algo dentro de mí revienta. La imagen de Jason cayendo. Su despedida. El sacrificio que no pude impedir. No. No voy a seguirle el juego a este maldito lugar. Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño. El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede. Igual que cuando era pequeña. Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar. El día que conocí a Oz. El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea. —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas! Vuelvo a golpear. El castillo tiembla, pero se burla. —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate! Un tercer golpe. —¡Mentiroso! —¡Tramposo! —¡Estoy aquí… padre! El último impacto abre mi piel. La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene. Durante un instante eterno, nada se mueve. La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración. Entonces, cede. Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa. La biblioteca. Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido. Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario. Su mirada se fija directamente en Chantle. —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—. —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto... Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente. Hannah se aferra a mí. Y entonces ocurre. Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas. ¿Magia Elunai? ¿La protección de Selin? No lo sé. Solo sé que funciona. Respiro de nuevo. Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio. No lo ofrece a nadie más. Solo a Chantle. Y en ese instante, un frío recorre mi espalda. —¿Ayane…? —susurro. Miro alrededor. No está. La comprensión llega tarde. Demasiado tarde.
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  • Oh Lucifer… yo como un estupido preocupándome por sus sentimientos. Y al muy necio le da igual. “Esta bien” ¿Si? ¿De verdad? ¡Pues esta bien!
    Oh Lucifer… yo como un estupido preocupándome por sus sentimientos. Y al muy necio le da igual. “Esta bien” ¿Si? ¿De verdad? ¡Pues esta bien!
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  • La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual.
    Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar.

    Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban.
    Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba.

    Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes.
    Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión.

    A los pies del monumento, un escrito...

    "Nada escapa de la mirada de la anfitriona
    Habéis sido elegidos, almas fuertes.
    Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto.
    Cuando el momento llegue..."

    Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento.

    Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad.

    Kalhi NigDurgaeGrimmjow Jaegerjaquez 𝑻𝑬𝑵𝑬𝑩𝑹𝑶𝑼𝑺 𓆩♡𓆪 Sury Sakai 𓆩♡𓆪 Ophelia Sephtálon Feu☾ ⁽ 𝒥𝑒𝒶𝓃𝓃𝑒 ⁾ ☽ Leo 𝙀𝙧𝙞𝙣 Nikto

    //El orden de turnos será por orden de llegada
    La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual. Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar. Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban. Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba. Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes. Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión. A los pies del monumento, un escrito... "Nada escapa de la mirada de la anfitriona Habéis sido elegidos, almas fuertes. Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto. Cuando el momento llegue..." Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento. Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad. [kalh1][6espada] [Tenebrous2][nebula_emerald_zebra_687][vortex_navy_bat_673][storm_pink_crow_361][PROPHETESS.1][Cursed_Bastard][Black.Rose][p0isonmaker] //El orden de turnos será por orden de llegada
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  • Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido.

    Un toro mecánico.

    Dean levantó una ceja.
    —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural.

    Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE.

    Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida.

    Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal.

    Dean sonrió de medio lado.
    —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes.

    Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida.

    —El que dure más tiempo gana.

    Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre.

    —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido.

    La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro.
    Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más.

    —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra.

    El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje.

    Y entonces… se detuvo.

    Silencio.

    Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores.

    —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros!

    Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme.

    —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose.

    Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más.

    Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”.

    Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas.

    —¿Dónde estabas?

    Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo.

    —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon.

    Sam parpadeó.
    —…¿Por qué no me sorprende?

    Dean se encogió de hombros, sonriendo.

    —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy.

    Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
    Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido. Un toro mecánico. Dean levantó una ceja. —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural. Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE. Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida. Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal. Dean sonrió de medio lado. —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes. Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida. —El que dure más tiempo gana. Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre. —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido. La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro. Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más. —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra. El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje. Y entonces… se detuvo. Silencio. Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores. —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros! Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme. —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose. Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más. Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”. Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas. —¿Dónde estabas? Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo. —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon. Sam parpadeó. —…¿Por qué no me sorprende? Dean se encogió de hombros, sonriendo. —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy. Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
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  • el cantante paseaba por calles poco transitadas algo pensativo -es raro pensar que aun siendo "famoso" y "conocido".... sigo estando solo- su sonrisa empezo a temblar un poco antesd e que respirara ondo recomponiendo aquella sonrisa -sin embargo solo o acompañado el acto debe continuar- aunque sus ojos mostraban alegria su sonrisa aun temblaba como si le doliera

    https://music.youtube.com/watch?v=csY_i30TbsM&si=xEDUqImVgEt_mtI0
    el cantante paseaba por calles poco transitadas algo pensativo -es raro pensar que aun siendo "famoso" y "conocido".... sigo estando solo- su sonrisa empezo a temblar un poco antesd e que respirara ondo recomponiendo aquella sonrisa -sin embargo solo o acompañado el acto debe continuar- aunque sus ojos mostraban alegria su sonrisa aun temblaba como si le doliera https://music.youtube.com/watch?v=csY_i30TbsM&si=xEDUqImVgEt_mtI0
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  • ⸻ No busca el incendio voraz del mediodía, prefiere el misterio de su propia fase; la mujer, como el astro, es pura alquimia, cambiando de rostro sin que su luz pase.

    Gobierna mareas con solo un destello, a veces es sombra, a veces es llena. Ambas son dueñas de un ciclo tan bello, que brilla más fuerte cuando el cielo truena. ⸻
    ⸻ No busca el incendio voraz del mediodía, prefiere el misterio de su propia fase; la mujer, como el astro, es pura alquimia, cambiando de rostro sin que su luz pase. Gobierna mareas con solo un destello, a veces es sombra, a veces es llena. Ambas son dueñas de un ciclo tan bello, que brilla más fuerte cuando el cielo truena. ⸻
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