Joon Bokkel
— Una ola de crímenes particularmente extraños azotaban la ciudad hace ya varias semanas; extrañas desapariciones y algunos asesinatos sin patrón aparente, pero que, justamente esa falta de patrones y las escenas sospechosamente limpias, habían llevado a la policía a una deducción arriesgada pero posible.
Algunos rechazaban firmemente la idea de que tales acontecimientos tuvieran alguna clase de relación, otros más arriesgados, afirmaban que se trataba de una sola persona que operaba bajo las sombras, pero la realidad era que la teoría más factible, sugería la existencia de una organización criminal que operaba a nivel internacional.
¿Lo extraño? Parecían ejecutar sus movimientos en lugares específicos, todos al mismo tiempo, a veces era una víctima, otras, diversas personas vinculadas a un mismo entorno.
Está vez, las desapariciones y las muertes, correspondían a personas presuntamente vinculadas a una red de tráfico de armas, entre las que se encontraban ex militares e influencias del entorno político, un escándalo público, esto había encendido las alarmas entre las autoridades rápidamente.
Uno de los principales obstáculos para dar con los responsables era la falta de pruebas, no había rastros, pistas o movimientos previos que indicaran los ataques, las víctimas solían desparecer como si el viento las llevara de repente o aparecer sin vida, sin más que un solo disparo certero, sin rastro del arma o de algún acercamiento con el atacante.
Tras la insistencia de algunas influencias de la política —por más motivos turbios que preocupación humana— la agencia a cargo había puesto al mando a uno de sus mejores detectives, sin embargo, había algo que no le dirían hasta el final y era que además de él, requerirían de un servicio adicional, un jóven detective que brillaba en el entorno por sus hazañas y que había sido reclutado especialmente para el caso. —
Cómo última indicación — Le fue informado al detective — Le queremos presentar al hombre que lo acompañara en la investigación, entendemos que sus métodos serán de utilidad en el proceso.
— De espaldas a ellos, sentado en la sala con una paciencia silenciosa, aquel jóven de cabellos negros aguardaba a su nuevo compañero. Al oir la puerta se limitó a voltear la cabeza y observar de reojo, pero al instante que reconoció a su colega, el jóven Bekya se puso de pie, caminó hacia él y le extendió la mano con una sonrisa que cualquiera distinguiría a kilómetros por falsa y arrogante. —
Señor Bokkel, que placer conocerlo, detective Bekya Leavitt, para servirle a usted y a los suyos. Espero que el trabajo juntos sea ameno...
— Esa voz, suave y serena, ocultaba vagamente una superioridad imperante en su persona, una hipocresía tal, que se palpaba en el aire, en las palabras que salían de sus labios hasta los oídos del otro, pero esa sonrisa, tenía esa sonrisa encantadora que distraía a casi cualquier persona de una segunda intención.
Una buena primera impresión, eso parecía. —
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— Una ola de crímenes particularmente extraños azotaban la ciudad hace ya varias semanas; extrañas desapariciones y algunos asesinatos sin patrón aparente, pero que, justamente esa falta de patrones y las escenas sospechosamente limpias, habían llevado a la policía a una deducción arriesgada pero posible.
Algunos rechazaban firmemente la idea de que tales acontecimientos tuvieran alguna clase de relación, otros más arriesgados, afirmaban que se trataba de una sola persona que operaba bajo las sombras, pero la realidad era que la teoría más factible, sugería la existencia de una organización criminal que operaba a nivel internacional.
¿Lo extraño? Parecían ejecutar sus movimientos en lugares específicos, todos al mismo tiempo, a veces era una víctima, otras, diversas personas vinculadas a un mismo entorno.
Está vez, las desapariciones y las muertes, correspondían a personas presuntamente vinculadas a una red de tráfico de armas, entre las que se encontraban ex militares e influencias del entorno político, un escándalo público, esto había encendido las alarmas entre las autoridades rápidamente.
Uno de los principales obstáculos para dar con los responsables era la falta de pruebas, no había rastros, pistas o movimientos previos que indicaran los ataques, las víctimas solían desparecer como si el viento las llevara de repente o aparecer sin vida, sin más que un solo disparo certero, sin rastro del arma o de algún acercamiento con el atacante.
Tras la insistencia de algunas influencias de la política —por más motivos turbios que preocupación humana— la agencia a cargo había puesto al mando a uno de sus mejores detectives, sin embargo, había algo que no le dirían hasta el final y era que además de él, requerirían de un servicio adicional, un jóven detective que brillaba en el entorno por sus hazañas y que había sido reclutado especialmente para el caso. —
Cómo última indicación — Le fue informado al detective — Le queremos presentar al hombre que lo acompañara en la investigación, entendemos que sus métodos serán de utilidad en el proceso.
— De espaldas a ellos, sentado en la sala con una paciencia silenciosa, aquel jóven de cabellos negros aguardaba a su nuevo compañero. Al oir la puerta se limitó a voltear la cabeza y observar de reojo, pero al instante que reconoció a su colega, el jóven Bekya se puso de pie, caminó hacia él y le extendió la mano con una sonrisa que cualquiera distinguiría a kilómetros por falsa y arrogante. —
Señor Bokkel, que placer conocerlo, detective Bekya Leavitt, para servirle a usted y a los suyos. Espero que el trabajo juntos sea ameno...
— Esa voz, suave y serena, ocultaba vagamente una superioridad imperante en su persona, una hipocresía tal, que se palpaba en el aire, en las palabras que salían de sus labios hasta los oídos del otro, pero esa sonrisa, tenía esa sonrisa encantadora que distraía a casi cualquier persona de una segunda intención.
Una buena primera impresión, eso parecía. —