Hace unos días fue cuando había sido torturada en ese coche. Aunque ella no lo llama una tortura.. más bien, fue una pesadilla. Como un tren del terror. (Si es una tortura, pero vamos a decirle que no porque está tonta)
Sin embargo, después de que la dejase ahí, una señora tuvo que ayudarla porque su pulso estaba desorbitado. Menos mal que pudo ser atendida.
Un "simple" ataque de ansiedad. Lo normal de hoy en día.
Ahora estaba en el instituto, cerca de la cafetería y, aunque ella realmente no se dió cuenta de él, si que sabía que en cualquier momento se lo iba a encontrar. Ese uniforme decía mucho de él.
Y él mismo podía confirmar que era popular también ella. Tenía gente detrás pero ella.. pues no es que sepa de esas cosas.
Hace unos días fue cuando había sido torturada en ese coche. Aunque ella no lo llama una tortura.. más bien, fue una pesadilla. Como un tren del terror. (Si es una tortura, pero vamos a decirle que no porque está tonta)
Sin embargo, después de que la dejase ahí, una señora tuvo que ayudarla porque su pulso estaba desorbitado. Menos mal que pudo ser atendida.
Un "simple" ataque de ansiedad. Lo normal de hoy en día.
Ahora estaba en el instituto, cerca de la cafetería y, aunque ella realmente no se dió cuenta de él, si que sabía que en cualquier momento se lo iba a encontrar. Ese uniforme decía mucho de él.
Y él mismo podía confirmar que era popular también ella. Tenía gente detrás pero ella.. pues no es que sepa de esas cosas.
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El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio.
—La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas?
Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero.
—No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo.
Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba.
—Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido.
Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra.
—Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme.
Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible.
—Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas.
Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio.
—La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas?
Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero.
—No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo.
Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba.
—Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido.
Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra.
—Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme.
Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible.
—Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas.
Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
Hablemos de nosotras. Somos inteligentes, intuitivas y manejamos nuestra vida como queremos, pero, a la hora de elegir un compañero, podemos parecer colegialas deslumbradas por un truco de magia barato. No te castigues, nadie nace con un manual bajo el brazo, pero tampoco hace falta que te rompan el corazón para aprender a no tropezar con la misma piedra.
Atenta, que aquí te enseño el truco para que no te den gato por liebre.
Seguro te suena esta escena: conoces a un tipo que te bombardea con palabras bonitas. Te dice que eres "distinta", que "nunca había conocido a alguien como tú", "es tan fácil hablar contigo". Suena bien, ¿verdad? Música para tus oídos. Pero aquí está el detalle: él habla, te busca y se muestra accesible, pero sus conversaciones siempre girar alrededor de un único tópico: él mismo.
Sus historias, su vida, sus dramas. Tú escuchas y escuchas, esperando que en algún momento lance una pregunta que demuestre que le interesa saber quién eres tú realmente, lo que quieres, lo que necesitas, pero esa pregunta nunca llega. No hay curiosidad, solo un bucle donde él es el protagonista y tú eres el público que aplaude.
¿El diagnóstico? No le gustas tú; le gusta cómo se siente cuando está contigo. Le encanta tu atención, tu validación y el espacio que llenas en su ego. Básicamente, eres el escenario para su propio lucimiento y le daría exactamente igual obtener ese combustible de ti o de cualquier otra que esté dispuesta a escucharle.
Por eso sientes ese "ruido" interno. Hay atracción, sí, pero no hay conexión. Te sientes vista, pero no comprendida, y te queda ese sabor amargo al volver a casa.
Reina, mi consejo es simple: Si él no invierte en ti, tú no inviertes en él. No permitas que una sanguijuela emocional drene tu energía a cambio de migajas de galantería barata. ¡A correr, que para escuchar monólogos ya está el teatro!
𝘣𝘺 𝘋𝘳. 𝘓𝘰𝘷𝘦
¿𝐀𝐦𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐨 𝐄𝐬𝐩𝐞𝐣𝐨? 𝐂ó𝐦𝐨 𝐃𝐞𝐭𝐞𝐜𝐭𝐚𝐫 𝐚𝐥 "𝐍𝐚𝐫𝐜𝐢𝐬𝐨 𝐝𝐞 𝐁𝐨𝐥𝐬𝐢𝐥𝐥𝐨" 𝐀𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐏𝐞𝐫𝐝𝐞𝐫 𝐞𝐥 𝐓𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨 𝐲 𝐮𝐧 𝐓𝐫𝐨𝐜𝐢𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐂𝐨𝐫𝐚𝐳ó𝐧
¡Hola, mis reinas de la jungla!
Hablemos de nosotras. Somos inteligentes, intuitivas y manejamos nuestra vida como queremos, pero, a la hora de elegir un compañero, podemos parecer colegialas deslumbradas por un truco de magia barato. No te castigues, nadie nace con un manual bajo el brazo, pero tampoco hace falta que te rompan el corazón para aprender a no tropezar con la misma piedra.
Atenta, que aquí te enseño el truco para que no te den gato por liebre.
Seguro te suena esta escena: conoces a un tipo que te bombardea con palabras bonitas. Te dice que eres "distinta", que "nunca había conocido a alguien como tú", "es tan fácil hablar contigo". Suena bien, ¿verdad? Música para tus oídos. Pero aquí está el detalle: él habla, te busca y se muestra accesible, pero sus conversaciones siempre girar alrededor de un único tópico: él mismo.
Sus historias, su vida, sus dramas. Tú escuchas y escuchas, esperando que en algún momento lance una pregunta que demuestre que le interesa saber quién eres tú realmente, lo que quieres, lo que necesitas, pero esa pregunta nunca llega. No hay curiosidad, solo un bucle donde él es el protagonista y tú eres el público que aplaude.
¿El diagnóstico? No le gustas tú; le gusta cómo se siente cuando está contigo. Le encanta tu atención, tu validación y el espacio que llenas en su ego. Básicamente, eres el escenario para su propio lucimiento y le daría exactamente igual obtener ese combustible de ti o de cualquier otra que esté dispuesta a escucharle.
Por eso sientes ese "ruido" interno. Hay atracción, sí, pero no hay conexión. Te sientes vista, pero no comprendida, y te queda ese sabor amargo al volver a casa.
Reina, mi consejo es simple: Si él no invierte en ti, tú no inviertes en él. No permitas que una sanguijuela emocional drene tu energía a cambio de migajas de galantería barata. ¡A correr, que para escuchar monólogos ya está el teatro!
𝘣𝘺 𝘋𝘳. 𝘓𝘰𝘷𝘦
No pensé que el silencio pudiera pesar tanto.
Antes… la noche era distinta. Las estrellas siempre estuvieron ahí, pero no las miraba igual. Porque cuando levantaba la vista, no lo hacía solo… estabas tú a mi lado. A veces ni hablábamos, solo respirábamos el mismo aire, y eso bastaba.
Ahora… todo es demasiado grande.
El mar, el cielo… este acantilado. Todo parece querer recordarme lo pequeño que soy sin ti.
Sigo viniendo aquí. No sé por qué. Tal vez porque una parte de mí espera que, si me quedo el tiempo suficiente… vuelva a sentirte. Ese leve calor en la espalda, tus brazos rodeándome como si nada en el mundo pudiera tocarme.
Cierro los ojos… y casi lo logro.
Casi.
Pero cuando los abro… solo está el viento.
Me pregunto si aún me ves. Si sigues aquí, de alguna forma… si aún me abrazas cuando no me doy cuenta. Porque hay noches en las que juro sentir algo… algo suave, familiar… como si no te hubieras ido del todo.
Y entonces duele más.
Porque recuerdo.
Recuerdo tu voz. Tu risa. La forma en que tu cola se movía cuando estabas feliz… la manera en que decías mi nombre como si significara algo más grande que este mundo.
Y ahora… ya no hay nadie que lo diga así.
Sigo adelante, sí. Peleo, camino, respiro… hago todo lo que se supone que debo hacer.
Pero no es lo mismo.
Nada lo es.
Porque la verdad es esta…
No importa cuántas estrellas haya en el cielo…
Si tú no estás aquí para mirarlas conmigo,
se siente como si el mundo entero se hubiera quedado vacío.
No pensé que el silencio pudiera pesar tanto.
Antes… la noche era distinta. Las estrellas siempre estuvieron ahí, pero no las miraba igual. Porque cuando levantaba la vista, no lo hacía solo… estabas tú a mi lado. A veces ni hablábamos, solo respirábamos el mismo aire, y eso bastaba.
Ahora… todo es demasiado grande.
El mar, el cielo… este acantilado. Todo parece querer recordarme lo pequeño que soy sin ti.
Sigo viniendo aquí. No sé por qué. Tal vez porque una parte de mí espera que, si me quedo el tiempo suficiente… vuelva a sentirte. Ese leve calor en la espalda, tus brazos rodeándome como si nada en el mundo pudiera tocarme.
Cierro los ojos… y casi lo logro.
Casi.
Pero cuando los abro… solo está el viento.
Me pregunto si aún me ves. Si sigues aquí, de alguna forma… si aún me abrazas cuando no me doy cuenta. Porque hay noches en las que juro sentir algo… algo suave, familiar… como si no te hubieras ido del todo.
Y entonces duele más.
Porque recuerdo.
Recuerdo tu voz. Tu risa. La forma en que tu cola se movía cuando estabas feliz… la manera en que decías mi nombre como si significara algo más grande que este mundo.
Y ahora… ya no hay nadie que lo diga así.
Sigo adelante, sí. Peleo, camino, respiro… hago todo lo que se supone que debo hacer.
Pero no es lo mismo.
Nada lo es.
Porque la verdad es esta…
No importa cuántas estrellas haya en el cielo…
Si tú no estás aquí para mirarlas conmigo,
se siente como si el mundo entero se hubiera quedado vacío.
Mi rostro empezó a fragmentarse… lo sentí antes de verlo. Una presión interna, silenciosa, creciendo sin control, hasta que pequeñas grietas comenzaron a abrirse sobre mi piel, finas al principio… pero vivas, extendiéndose como si algo dentro de mí intentara escapar. Aquel poder… era demasiado. Superaba mi límite, superaba lo que mi cuerpo podía contener. Cada pulso de energía que liberaba arrancaba algo de mí, como si mi propia existencia se estuviera desmoronando lentamente. Pero aun así… no podía detenerme. No podía quedarme mirando cómo aquel planeta agonizaba frente a mí, cómo su luz se apagaba sin hacer nada. No después de haberlo sentido… no después de haber conectado con su latido moribundo.
Mis manos temblaban, mi respiración se volvía inestable, pero seguí… obligándome a sostener ese poder, a empujarlo más allá de lo que mi cuerpo soportaba. Y entonces… las lágrimas comenzaron a caer. No podía detenerlas. Resbalaban por mis mejillas, atravesando las grietas de mi rostro, brillando como fragmentos de luz al desprenderse en el vacío. No eran solo lágrimas… eran el reflejo de todo lo que estaba entregando, de todo lo que estaba perdiendo en ese momento.
Cada lágrima… cada grieta… cada fragmento de mí… Era el precio de no dejar morir ese mundo.
Mi rostro empezó a fragmentarse… lo sentí antes de verlo. Una presión interna, silenciosa, creciendo sin control, hasta que pequeñas grietas comenzaron a abrirse sobre mi piel, finas al principio… pero vivas, extendiéndose como si algo dentro de mí intentara escapar. Aquel poder… era demasiado. Superaba mi límite, superaba lo que mi cuerpo podía contener. Cada pulso de energía que liberaba arrancaba algo de mí, como si mi propia existencia se estuviera desmoronando lentamente. Pero aun así… no podía detenerme. No podía quedarme mirando cómo aquel planeta agonizaba frente a mí, cómo su luz se apagaba sin hacer nada. No después de haberlo sentido… no después de haber conectado con su latido moribundo.
Mis manos temblaban, mi respiración se volvía inestable, pero seguí… obligándome a sostener ese poder, a empujarlo más allá de lo que mi cuerpo soportaba. Y entonces… las lágrimas comenzaron a caer. No podía detenerlas. Resbalaban por mis mejillas, atravesando las grietas de mi rostro, brillando como fragmentos de luz al desprenderse en el vacío. No eran solo lágrimas… eran el reflejo de todo lo que estaba entregando, de todo lo que estaba perdiendo en ese momento.
Cada lágrima… cada grieta… cada fragmento de mí… Era el precio de no dejar morir ese mundo.
Cada vez que desenvaino, se como va a terminar, todos los duelos son a muerte.
No hay rendición, no hay primera sangre… solo un cadáver al final del camino.
Y sin embargo, en el fondo de este pecho vacío, aún espero que no sea así.
Que por una vez, el otro baje la espada y ambos sigamos respirando.
だが… そうであってほしいと、まだ願ってしまう
Cada vez que desenvaino, se como va a terminar, todos los duelos son a muerte.
No hay rendición, no hay primera sangre… solo un cadáver al final del camino.
Y sin embargo, en el fondo de este pecho vacío, aún espero que no sea así.
Que por una vez, el otro baje la espada y ambos sigamos respirando.
だが… そうであってほしいと、まだ願ってしまう
• Aproximadamente en el año 4007 del nuevo mundo ahora conocido como el año 3 después de la aparición del último profeta legítimo de la raza dominante actual existió una tribu muy temida por todas las especies del continente donde habitaban, los conocían como los seguidores de Arioch. El peso del clan se sostenía en creencias, actitudes y habilidades poco vistas en batalla aparte de su estrecha conexión con el demonio Arioch, su jerarquía duró más de dos siglos siendo la cúspide de la violencia y fuerza teniendo rituales de iniciación para los jóvenes cachorros que ya cumplían cierta edad mudando sus colmillos. Cada año llevaban a los nuevos candidatos a cazadores vestidos de forma ceremonial para que entregarán sus colmillos mientras eran marcados con la sangre de Arioch quedando atados a él para la eternidad •
|= LORE #1 =|
• Aproximadamente en el año 4007 del nuevo mundo ahora conocido como el año 3 después de la aparición del último profeta legítimo de la raza dominante actual existió una tribu muy temida por todas las especies del continente donde habitaban, los conocían como los seguidores de Arioch. El peso del clan se sostenía en creencias, actitudes y habilidades poco vistas en batalla aparte de su estrecha conexión con el demonio Arioch, su jerarquía duró más de dos siglos siendo la cúspide de la violencia y fuerza teniendo rituales de iniciación para los jóvenes cachorros que ya cumplían cierta edad mudando sus colmillos. Cada año llevaban a los nuevos candidatos a cazadores vestidos de forma ceremonial para que entregarán sus colmillos mientras eran marcados con la sangre de Arioch quedando atados a él para la eternidad •