Había guardado un pequeño trozo de jamón que le sobró de su emparedado; la única recompensa que había obtenido tras un día tan ajetreado y agotador. Miraba el pedazo de carne como si intentara adivinar por qué le gustaba tanto, cuando un pequeño felino se acercó a ella. Estaba tan hambriento que incluso fue capaz de ignorar el pánico instintivo que la existencia canina de la Inugami solía provocar en los gatos.
Kardia sonrió con genuina ternura. Le pareció un gesto increíblemente valiente, así que, con sumo cuidado para no asustarlo, dejó el trozo de comida a su alcance. Sin embargo, se llevó una sorpresa mayúscula cuando la diminuta criatura, en lugar de arrebatar el bocado y huir, eligió acurrucarse directamente sobre sus piernas para comer.
Lo gris y opresivo de aquel día pareció llenarse de color ante tan cálida sorpresa... Incluso ahora, con el pequeño peso del animal sobre su regazo, los árboles a su alrededor le parecían muchísimo más hermosos.
Había guardado un pequeño trozo de jamón que le sobró de su emparedado; la única recompensa que había obtenido tras un día tan ajetreado y agotador. Miraba el pedazo de carne como si intentara adivinar por qué le gustaba tanto, cuando un pequeño felino se acercó a ella. Estaba tan hambriento que incluso fue capaz de ignorar el pánico instintivo que la existencia canina de la Inugami solía provocar en los gatos.
Kardia sonrió con genuina ternura. Le pareció un gesto increíblemente valiente, así que, con sumo cuidado para no asustarlo, dejó el trozo de comida a su alcance. Sin embargo, se llevó una sorpresa mayúscula cuando la diminuta criatura, en lugar de arrebatar el bocado y huir, eligió acurrucarse directamente sobre sus piernas para comer.
Lo gris y opresivo de aquel día pareció llenarse de color ante tan cálida sorpresa... Incluso ahora, con el pequeño peso del animal sobre su regazo, los árboles a su alrededor le parecían muchísimo más hermosos.