• la oscuridad dentro de mi es innegable , mi mente es inestable pero tengo algo claro, ire tras alguien y sera mia,

    le mostrare que debe ser buena mi oscuridad se encargará de absorberla como mi deseo lo hizo conmigo, con una cara que ha dia de hoy no existe
    la oscuridad dentro de mi es innegable , mi mente es inestable pero tengo algo claro, ire tras alguien y sera mia, le mostrare que debe ser buena mi oscuridad se encargará de absorberla como mi deseo lo hizo conmigo, con una cara que ha dia de hoy no existe
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  • —Estoy de vuelta. —Se miraba en el espejo con una sonrisa ladina. Estaba emocionada, en el reflejo, ya no estaba la niña, ya era toda una mujer, que aunque aún tenía mucho que aprender, ya no tenía miedo como antes.

    Se sentía más fuerte y con Lusdry de su lado, nada ni nadie podría contra ella. -
    —Estoy de vuelta. —Se miraba en el espejo con una sonrisa ladina. Estaba emocionada, en el reflejo, ya no estaba la niña, ya era toda una mujer, que aunque aún tenía mucho que aprender, ya no tenía miedo como antes. Se sentía más fuerte y con Lusdry de su lado, nada ni nadie podría contra ella. -
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  • Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte.
    A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen.
    Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror".
    En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan.

    Capítulo 1:
    Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente.
    Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano.
    Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío.
    —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal.
    Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad.
    Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid.
    Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa.
    A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto.
    Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás.
    —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes.
    Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47.
    El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje.
    Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones.
    Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra.
    —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono.
    —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta.
    —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores.
    —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita.
    Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas.
    —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo.
    —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano.
    Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla.
    —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto.
    Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. Cerró la puerta tras ella, rodeó el coche y se puso al volante, acelerando de inmediato para alejarla del eco metálico y la sangre que manchaba la plaza.
    Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte. A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen. Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror". En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan. Capítulo 1: Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente. Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano. Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío. —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal. Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad. Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid. Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa. A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto. Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás. —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes. Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47. El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje. Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones. Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra. —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono. —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta. —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores. —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita. Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas. —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo. —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano. Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla. —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto. Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. Cerró la puerta tras ella, rodeó el coche y se puso al volante, acelerando de inmediato para alejarla del eco metálico y la sangre que manchaba la plaza.
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  • Cassius, director del hospital, sostenía el teléfono con una rigidez impropia de él. Frente a su escritorio permanecía una figura gigantesca cuya mera presencia parecía comprimir el aire de la habitación.

    ○Yo puedo ocuparme del asunto. No tenéis necesidad de involucraros.

    Su voz delataba una inquietud que rara vez mostraba.

    El hombre de más de dos metros de altura no respondió de inmediato. Se hallaba examinando una serie de fotografías esparcidas sobre la mesa.

    Zelkova. Unknown . Nami .

    Sus enormes dedos tomaron la primera imagen.

    ☆Como continúen progresando a este ritmo, tendré que intervenir.

    Su tono era monocorde, casi aburrido.

    ☆Debo admitir que empiezo a hastiarme.

    Sus ojos se posaron sobre la fotografía de Unknow. Una sonrisa tenue afloró en su rostro.

    ☆¿Qué dirían los de Umbra Corp si me apropiara de su juguete?

    Dejó la fotografía a un lado y tomó la siguiente. Nami. Observó la imagen durante varios segundos.

    ☆Mmm...

    Un sonido grave escapó de su garganta.

    ☆Sobrevivió al Drive igual que su hermano. Interesante. Creo que haré una visita a ese autoproclamado vengador.

    Entonces tomó la última. Zelkova. La observó durante unos instantes antes de girarse hacia Cassius.

    ☆Cassius.

    ○¿Sí?

    ☆¿Quién es este?

    El director ni siquiera miró la imagen.

    ☆El sacerdote de la Iglesia de Melquisedec. Usted ordenó en el ataque.

    El hombre al que muchos conocían como el Recaudador de Impuestos estudió el retrato con atención.

    ☆Oh.

    Silencio.

    ☆No me suena de nada.

    No pestañeó. Ni una sola vez. Su mirada permaneció inmóvil sobre la fotografía, semejante a la de una estatua contemplando una insignificancia. Finalmente dejó la imagen sobre la mesa y cruzó los brazos.

    ☆Esperaré.

    Cassius tragó saliva.

    ○¿Esperaréis?

    ☆Sí.

    Una sombra de satisfacción asomó en su semblante.

    ☆Quiero que se vuelvan más fuertes.

    Su sonrisa se ensanchó apenas un ápice.

    ☆Quiero contemplar cómo sus anhelos alcanzan el cenit.

    La habitación pareció enfriarse varios grados.

    ☆Y después...

    Sus ojos adquirieron un brillo extraño.

    ☆Quiero ver cómo todas sus esperanzas son reducidas a escombros.
    Cassius, director del hospital, sostenía el teléfono con una rigidez impropia de él. Frente a su escritorio permanecía una figura gigantesca cuya mera presencia parecía comprimir el aire de la habitación. ○Yo puedo ocuparme del asunto. No tenéis necesidad de involucraros. Su voz delataba una inquietud que rara vez mostraba. El hombre de más de dos metros de altura no respondió de inmediato. Se hallaba examinando una serie de fotografías esparcidas sobre la mesa. Zelkova. [Uni_Darkness_Softspot]. [legend_opal_hare_231]. Sus enormes dedos tomaron la primera imagen. ☆Como continúen progresando a este ritmo, tendré que intervenir. Su tono era monocorde, casi aburrido. ☆Debo admitir que empiezo a hastiarme. Sus ojos se posaron sobre la fotografía de Unknow. Una sonrisa tenue afloró en su rostro. ☆¿Qué dirían los de Umbra Corp si me apropiara de su juguete? Dejó la fotografía a un lado y tomó la siguiente. Nami. Observó la imagen durante varios segundos. ☆Mmm... Un sonido grave escapó de su garganta. ☆Sobrevivió al Drive igual que su hermano. Interesante. Creo que haré una visita a ese autoproclamado vengador. Entonces tomó la última. Zelkova. La observó durante unos instantes antes de girarse hacia Cassius. ☆Cassius. ○¿Sí? ☆¿Quién es este? El director ni siquiera miró la imagen. ☆El sacerdote de la Iglesia de Melquisedec. Usted ordenó en el ataque. El hombre al que muchos conocían como el Recaudador de Impuestos estudió el retrato con atención. ☆Oh. Silencio. ☆No me suena de nada. No pestañeó. Ni una sola vez. Su mirada permaneció inmóvil sobre la fotografía, semejante a la de una estatua contemplando una insignificancia. Finalmente dejó la imagen sobre la mesa y cruzó los brazos. ☆Esperaré. Cassius tragó saliva. ○¿Esperaréis? ☆Sí. Una sombra de satisfacción asomó en su semblante. ☆Quiero que se vuelvan más fuertes. Su sonrisa se ensanchó apenas un ápice. ☆Quiero contemplar cómo sus anhelos alcanzan el cenit. La habitación pareció enfriarse varios grados. ☆Y después... Sus ojos adquirieron un brillo extraño. ☆Quiero ver cómo todas sus esperanzas son reducidas a escombros.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    //Como saber que tengo el corazón hecho mierda, bueno normalmente escucho ésto ni idea porque me ayuda

    https://youtu.be/thJgU9jkdU4?si=ZKTsZOBX0KtIYpYP
    //Como saber que tengo el corazón hecho mierda, bueno normalmente escucho ésto ni idea porque me ayuda https://youtu.be/thJgU9jkdU4?si=ZKTsZOBX0KtIYpYP
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  • — C.C cierta personita con cabeza de huevo me quería ver VS como ando realmente —De todo el tiempo que estuvo fuera, ya le vendió las llantas de la moto para comprarse los asombrosos monihámsters (??)
    — C.C cierta personita con cabeza de huevo me quería ver VS como ando realmente —De todo el tiempo que estuvo fuera, ya le vendió las llantas de la moto para comprarse los asombrosos monihámsters (??)
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  • "Querido diario, que extraño cierto? Yo también creí que esto moriría en la primer entrada pero míranos, una vez más aquí tu y yo...

    Estoy muy triste y muy avergonzado de lo que pasó ayer Gomorrah me dijo que abría confrontación y realmente sucedió...papá se puso a hacer preguntas fuera de lugar y casi lo mato, me equivoqué al invitar a Seung y a Mika sin saber que Elian no lo sabía y cuando me enteré ya era tarde, por suerte no fueron, pero papá hizo que Elian se sintiera mal y quiero arreglarlo tanto con el como con Alessandro pero no sé cómo.

    Ayer pase toda la noche a escondidas con Lorenzo, me duele mucho el cuerpo y tengo mordidas, chupetones y golpes en todo el cuerpo, algunas tuve que taparla con maquillaje para que papá y papi no la vean.

    Algo me dice que papá Stefano sospecha algo raro de mi, como si pensara que me cae mal.

    Ahora que lo pienso agradezco que Scarlet ayer no fuera a la cena, si papá se puso así, Scarlet seguro hubiera golpeado a Lorenzo con un florero y después escupiria sobre el.

    Tengo que hacer algo para que Alessandro y Elian me perdonen y no se que hacer, de verdad estoy desesperado con mil ideas por qué genuinamente no quería que nada de eso pasara...

    Querido diario, intercepta entre mi y el universo para que el así asista a mi suplica, estoy en el jardín esperando una respuesta que no aparecerá así como así...y siento que no se pasa aún el maldito celo pero no estoy tan caliente, ayer Lorenzo me demostró que era un verdadero hombre. Amen.

    Atentamente: Theo Bennet"
    "Querido diario, que extraño cierto? Yo también creí que esto moriría en la primer entrada pero míranos, una vez más aquí tu y yo... Estoy muy triste y muy avergonzado de lo que pasó ayer Gomorrah me dijo que abría confrontación y realmente sucedió...papá se puso a hacer preguntas fuera de lugar y casi lo mato, me equivoqué al invitar a Seung y a Mika sin saber que Elian no lo sabía y cuando me enteré ya era tarde, por suerte no fueron, pero papá hizo que Elian se sintiera mal y quiero arreglarlo tanto con el como con Alessandro pero no sé cómo. Ayer pase toda la noche a escondidas con Lorenzo, me duele mucho el cuerpo y tengo mordidas, chupetones y golpes en todo el cuerpo, algunas tuve que taparla con maquillaje para que papá y papi no la vean. Algo me dice que papá Stefano sospecha algo raro de mi, como si pensara que me cae mal. Ahora que lo pienso agradezco que Scarlet ayer no fuera a la cena, si papá se puso así, Scarlet seguro hubiera golpeado a Lorenzo con un florero y después escupiria sobre el. Tengo que hacer algo para que Alessandro y Elian me perdonen y no se que hacer, de verdad estoy desesperado con mil ideas por qué genuinamente no quería que nada de eso pasara... Querido diario, intercepta entre mi y el universo para que el así asista a mi suplica, estoy en el jardín esperando una respuesta que no aparecerá así como así...y siento que no se pasa aún el maldito celo pero no estoy tan caliente, ayer Lorenzo me demostró que era un verdadero hombre. Amen. Atentamente: Theo Bennet"
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  • *Después de la batalla entre aquellos extraños e ir hacia aquel mundo extraño que le llamaron el corazón de Akane, Elina regreso a casa con muchas dudas, "¿Quienes eran ellos?", "¿Porque me conocen?...", Pero la incógnita que le calcome la mente es "¿Porque sentí ese ambiente tan familiar?".

    Siente como si le hubieran arrancado un pedazo de su corazón, de su historia, personas importantes para ella que ahora no puede recordar... Aún más allá de la media noche su pecho duele, su corazón late con fuerza, su debilidad se muestra ante el vacío de su habitación.

    Aún no olvidó lo que sintió en aquel lugar, sentía que había estado allí antes, o por lo menos que venía de quién poseía ese mundo... Su pasado, su familia, todo había sido borrado y en este momento su alma sufre la perdida de esa parte tan importante de su vida.*

    Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar, Reika Queen Azraeth, Sasha Ishtar
    *Después de la batalla entre aquellos extraños e ir hacia aquel mundo extraño que le llamaron el corazón de Akane, Elina regreso a casa con muchas dudas, "¿Quienes eran ellos?", "¿Porque me conocen?...", Pero la incógnita que le calcome la mente es "¿Porque sentí ese ambiente tan familiar?". Siente como si le hubieran arrancado un pedazo de su corazón, de su historia, personas importantes para ella que ahora no puede recordar... Aún más allá de la media noche su pecho duele, su corazón late con fuerza, su debilidad se muestra ante el vacío de su habitación. Aún no olvidó lo que sintió en aquel lugar, sentía que había estado allí antes, o por lo menos que venía de quién poseía ese mundo... Su pasado, su familia, todo había sido borrado y en este momento su alma sufre la perdida de esa parte tan importante de su vida.* [akane_qi], [eclipse_ivory_scorpion_221], [SashaIshtar]
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  • -una cosa que suele causar emocionesmixtas acerca de la naturaleza de mi raza es una verdad algo pesada- suspiro algo decaida observando por la ventana

    -somos una lampara para almas que las atrae como polillas, cada territorio tiene sus rquisitos y atrae distintos tipos de almas, pero es una verdad que nadie de los que se encuentran viviendo en nuestros territorios esta vivo de verdad, les damos la oportunidad de continuar sus vidas como si la catastrofe nunca hubiera llegado, pero al la vida y la muerte ser un concepto que no logramos comprender no podemos traerlos "completos" de regreso a la realidad fisica, aunque parece que la mayoria ya se acostumbro a este hecho-

    https://music.youtube.com/watch?v=lVKXE6nLeoY&si=n1UPt5qNoLwiFC4b
    -una cosa que suele causar emocionesmixtas acerca de la naturaleza de mi raza es una verdad algo pesada- suspiro algo decaida observando por la ventana -somos una lampara para almas que las atrae como polillas, cada territorio tiene sus rquisitos y atrae distintos tipos de almas, pero es una verdad que nadie de los que se encuentran viviendo en nuestros territorios esta vivo de verdad, les damos la oportunidad de continuar sus vidas como si la catastrofe nunca hubiera llegado, pero al la vida y la muerte ser un concepto que no logramos comprender no podemos traerlos "completos" de regreso a la realidad fisica, aunque parece que la mayoria ya se acostumbro a este hecho- https://music.youtube.com/watch?v=lVKXE6nLeoY&si=n1UPt5qNoLwiFC4b
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  • *Disfrutando de un día de playa bien merecido, el calor era insoportable y lo único que podría ayudar en ese momento era zambullirse en agua fresquita, después de unos largos en el agua me puse encima de mi flotador de rosco dejando que el agua me llevase, aunque no muy lejos de la orilla*

    - No hay nada como ir a la playa en un día tan caluroso… -
    *Disfrutando de un día de playa bien merecido, el calor era insoportable y lo único que podría ayudar en ese momento era zambullirse en agua fresquita, después de unos largos en el agua me puse encima de mi flotador de rosco dejando que el agua me llevase, aunque no muy lejos de la orilla* - No hay nada como ir a la playa en un día tan caluroso… -
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