• *tras mucho divagar finalmente me atrevo a intentar una posesión fantasmal. Tengo claridad en que sólo serán un par de segundos y luego salir del cuerpo. Tanto para no lastimar a la persona como para que tampoco me pase lo ocurrido cuando poseí al gato. En el que me fue difícil abandonar su cuerpo*

    De acuerdo Owen. Es simple. Salgo del edificio. Vuelo a toda velocidad. Choco con su cabeza. Intento ver si puedo mover el cuerpo. Quizas cortar un par de verduras. Y luego le dejo en paz. Bien. Aquí vamos. *comienzo a ascender a toda velocidad atravesando el techo*
    *tras mucho divagar finalmente me atrevo a intentar una posesión fantasmal. Tengo claridad en que sólo serán un par de segundos y luego salir del cuerpo. Tanto para no lastimar a la persona como para que tampoco me pase lo ocurrido cuando poseí al gato. En el que me fue difícil abandonar su cuerpo* De acuerdo Owen. Es simple. Salgo del edificio. Vuelo a toda velocidad. Choco con su cabeza. Intento ver si puedo mover el cuerpo. Quizas cortar un par de verduras. Y luego le dejo en paz. Bien. Aquí vamos. *comienzo a ascender a toda velocidad atravesando el techo*
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  • Veo como un compañero me trae un ramo y le miro extrañada pero al ver de quién era escribo un mensaje.

    Joven Mikaelson Niklaus Mikaelson

    Muchas gracias por el ramo de flores, no tenía que molestarse.
    Veo como un compañero me trae un ramo y le miro extrañada pero al ver de quién era escribo un mensaje. 📲Joven Mikaelson [Oscuridad_00] 💬 Muchas gracias por el ramo de flores, no tenía que molestarse.
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  • +chibi habiecho un fuerte en el jardín con cajas + OwO... +Lo declara en ruiditos incomprensibles como el reino de los chibis +
    +chibi habiecho un fuerte en el jardín con cajas + OwO... +Lo declara en ruiditos incomprensibles como el reino de los chibis +
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  • A calm breeze amidst the storm.
    Fandom OC
    Categoría Slice of Life
    Nastya Petrova

    La música no inundaba el bar, sino que acompañaba las voces de las personas. Cada conversación era un mundo y habían contratado a Mika precisamente para darle esa ambientación característica suya; música que no invadía, sino que fomentaba la conexión entre los demás.

    Su voz suave y sus letras ligeramente reflexivas servían tanto para quienes escuchan por ritmo como para quienes se paran a analizar la letra, convirtiendo el bar en un espacio para todos y eso es algo que Mika adoraba; sentir que conectaba con la gente.

    El pequeño escenario se encontraba en una esquina visible para todas las mesas, las luces eran suaves y esta noche no parecía haber demasiada gente, así que incluso los empleados podían aprovechar para relajarse. En un lugar así, era normal que la gente fuera a olvidarse del peso de la vida diaria en la ciudad.

    Tras un buen rato cantando, su lista de canciones terminó por el momento, era hora de un descanso mientras el siguiente artista se preparaba para su turno. Mika bajó del escenario con su guitarra en mano, la llevaba casi a todos lados y en estos casos, aunque le ofrecieran una del local, era como su "amuleto de la suerte".

    Se acercó a la barra con tranquilidad y con una sonrisa, el empleado de la barra estaba más que preparado para servirle algo.
    "Invita la casa" Dijo el empleado, palabras a las que Mika ofreció una sonrisa.

    — Con una coca cola me conformo, no quiero beber alcohol si después volveré a tocar.

    Bromeó con el empleado, ella era así, siempre trataba de ser la estrellita del lugar, no para llamar la atención, sino para tratar de animar a los demás ¿Sería esta una de esas veces que alguien se le acercaba después de cantar? Tenía el presentimiento de que si, pero no sabía por qué.
    [eclipse_bronze_octopus_653] La música no inundaba el bar, sino que acompañaba las voces de las personas. Cada conversación era un mundo y habían contratado a Mika precisamente para darle esa ambientación característica suya; música que no invadía, sino que fomentaba la conexión entre los demás. Su voz suave y sus letras ligeramente reflexivas servían tanto para quienes escuchan por ritmo como para quienes se paran a analizar la letra, convirtiendo el bar en un espacio para todos y eso es algo que Mika adoraba; sentir que conectaba con la gente. El pequeño escenario se encontraba en una esquina visible para todas las mesas, las luces eran suaves y esta noche no parecía haber demasiada gente, así que incluso los empleados podían aprovechar para relajarse. En un lugar así, era normal que la gente fuera a olvidarse del peso de la vida diaria en la ciudad. Tras un buen rato cantando, su lista de canciones terminó por el momento, era hora de un descanso mientras el siguiente artista se preparaba para su turno. Mika bajó del escenario con su guitarra en mano, la llevaba casi a todos lados y en estos casos, aunque le ofrecieran una del local, era como su "amuleto de la suerte". Se acercó a la barra con tranquilidad y con una sonrisa, el empleado de la barra estaba más que preparado para servirle algo. "Invita la casa" Dijo el empleado, palabras a las que Mika ofreció una sonrisa. — Con una coca cola me conformo, no quiero beber alcohol si después volveré a tocar. Bromeó con el empleado, ella era así, siempre trataba de ser la estrellita del lugar, no para llamar la atención, sino para tratar de animar a los demás ¿Sería esta una de esas veces que alguien se le acercaba después de cantar? Tenía el presentimiento de que si, pero no sabía por qué.
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  • las peores invaciones con las que se podian lidiar en los territorios de las brujas era la miasma, a diferencia de otras criaturas esta solo se mostraba como un humo negro que consumia todo a su paso a cambio de dar entrada a las demas bestias "FUEGO!" el sonido de cañones resono por toda la ciudad, Yuhi habia preparado sus calderos los cuales habian empezado a disparar a aquella nube oscura alejandola lo mas posible.

    En el suelo Nova usaba su espejo lanzando hechizos una tras de otro dejando cuerpos de criaturas de pesadilla tras de el -ZONA NORTE ESTA ENTRANDO!- Uno de los ccomandantes de defensa anuncio por los altavoces de la ciudad, Nova se apresuro a llegar dejando salir las manos de su espejo, manos que atarian a las criatura sy las llevarian al interior del reflejo, el sonido de los calderos explotando y de las armas de fuego inundaban las calles, los ciudadanos que aprendieron de las brujas empezaron a usar la Cloroquinesis para tratar de crear defensas en los hogares y calles principales sin embargo la miasma no retrocedia.

    Ante el estres el espejo de nova se empezo a agrietar "Que hago! que hago! que hago!" el chico no podia pensar bien dejando que el panico lo consumiera hasta que su espejo exploto, su cuerpo como vidrio se resquebrajo dejando salir algo distinto, los cristales se reconstruyeron en una criatura sin forma definida las cual unicamente imitaba a las bestias rompiendose en añicos para liberar replicas hechas de vidrio tan resistente que nisiquiera golpes directos podian romperlas, con aquello parecieron haber alejado a las criaturas y a miasma una vez mas sin embargo Nova tardo un tiempo en recuperar su forma original pues se habia roto en multiples piezas gracias al estres -eso.... no estuvo bien- fue lo unico que pudo decir mientras obserbava el cristal unirse para fromar nuevamente su cuerpo.

    https://youtu.be/sjRdTyWh7To?si=JSDEGCR9nmD76jYl
    las peores invaciones con las que se podian lidiar en los territorios de las brujas era la miasma, a diferencia de otras criaturas esta solo se mostraba como un humo negro que consumia todo a su paso a cambio de dar entrada a las demas bestias "FUEGO!" el sonido de cañones resono por toda la ciudad, Yuhi habia preparado sus calderos los cuales habian empezado a disparar a aquella nube oscura alejandola lo mas posible. En el suelo Nova usaba su espejo lanzando hechizos una tras de otro dejando cuerpos de criaturas de pesadilla tras de el -ZONA NORTE ESTA ENTRANDO!- Uno de los ccomandantes de defensa anuncio por los altavoces de la ciudad, Nova se apresuro a llegar dejando salir las manos de su espejo, manos que atarian a las criatura sy las llevarian al interior del reflejo, el sonido de los calderos explotando y de las armas de fuego inundaban las calles, los ciudadanos que aprendieron de las brujas empezaron a usar la Cloroquinesis para tratar de crear defensas en los hogares y calles principales sin embargo la miasma no retrocedia. Ante el estres el espejo de nova se empezo a agrietar "Que hago! que hago! que hago!" el chico no podia pensar bien dejando que el panico lo consumiera hasta que su espejo exploto, su cuerpo como vidrio se resquebrajo dejando salir algo distinto, los cristales se reconstruyeron en una criatura sin forma definida las cual unicamente imitaba a las bestias rompiendose en añicos para liberar replicas hechas de vidrio tan resistente que nisiquiera golpes directos podian romperlas, con aquello parecieron haber alejado a las criaturas y a miasma una vez mas sin embargo Nova tardo un tiempo en recuperar su forma original pues se habia roto en multiples piezas gracias al estres -eso.... no estuvo bien- fue lo unico que pudo decir mientras obserbava el cristal unirse para fromar nuevamente su cuerpo. https://youtu.be/sjRdTyWh7To?si=JSDEGCR9nmD76jYl
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  • Un poco tarde, pero como dicen, mejor tarde que nunca… Feliz día a todas las madres, aquellas mujeres que con esfuerzo, dedicación, fortaleza, amor y constancia han hecho que cada persona crezca siendo mejor persona.
    Un poco tarde, pero como dicen, mejor tarde que nunca… Feliz día a todas las madres, aquellas mujeres que con esfuerzo, dedicación, fortaleza, amor y constancia han hecho que cada persona crezca siendo mejor persona.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    —La carne siempre recuerda aquello que intentaron obligarla a olvidar.—

    Puedo sentirlo otra vez.

    El crujido bajo mi piel.
    El hambre.
    La rabia.
    El monstruo respirando detrás de mis dientes como si jamás hubiese desaparecido realmente.

    Qué ironía.

    Pasé tanto tiempo creyendo que debía esconder esta parte de mí… hasta que alguien fue capaz de mirarla sin apartar los ojos.

    Sin miedo.
    Sin asco.

    Como si incluso esto…
    también mereciera ser amado.

    Y ahora vuelvo a preguntármelo.

    Cuando todo se calme.
    Cuando el ruido desaparezca.
    Cuando el amor vuelva a convertirse en algo que duele más de lo que salva…

    ¿Vas a volver a encerrarme?

    ¿Vas a devolverme a la oscuridad de tu corazón?

    Porque el Caos puede soportar el odio.
    Puede soportar el miedo.
    Puede soportar incluso el rechazo.

    Pero no sé si sobreviviría una segunda vez al silencio.

    —Veythra.
    —La carne siempre recuerda aquello que intentaron obligarla a olvidar.— Puedo sentirlo otra vez. El crujido bajo mi piel. El hambre. La rabia. El monstruo respirando detrás de mis dientes como si jamás hubiese desaparecido realmente. Qué ironía. Pasé tanto tiempo creyendo que debía esconder esta parte de mí… hasta que alguien fue capaz de mirarla sin apartar los ojos. Sin miedo. Sin asco. Como si incluso esto… también mereciera ser amado. Y ahora vuelvo a preguntármelo. Cuando todo se calme. Cuando el ruido desaparezca. Cuando el amor vuelva a convertirse en algo que duele más de lo que salva… ¿Vas a volver a encerrarme? ¿Vas a devolverme a la oscuridad de tu corazón? Porque el Caos puede soportar el odio. Puede soportar el miedo. Puede soportar incluso el rechazo. Pero no sé si sobreviviría una segunda vez al silencio. —Veythra.
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  • ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa:

    «Úsanos. Úsanos».

    Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza.

    Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer.

    A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo.

    Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar.

    En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo.

    Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo?

    Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes.

    Me convertiría en su artífice. En la que traería sus bendiciones a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que entrega, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio.

    Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo:

    «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa».

    Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
    ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa: «Úsanos. Úsanos». Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza. Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer. A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo. Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar. En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo. Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo? Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes. Me convertiría en su artífice. En la que traería sus bendiciones a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que entrega, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio. Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo: «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa». Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
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  • La verdad , que esa es tu idea Kalim pero miemtras no termine como las desmas ..... esta bien
    La verdad , que esa es tu idea Kalim pero miemtras no termine como las desmas ..... esta bien
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  • A veces las misiones eran fáciles, rápidas. Otras, llevaban más tiempo o presentaban más obstáculos que le hacían tomar un camino diferente al planeado. No obstante, en ciertas ocasiones, los obstáculos eran más internos que externos, pequeñas dudas colándose en su mente que dejaban raíz.

    Había tenido una de esas. Y es que tuvo que purificar el centro de una maldición. Tan solo era un niño, pero le ordenaron poner un fin completo. Si el niño vivía, la maldición volvería sin cesar. Se deshizo del pequeño con tanta rapidez y limpieza posible, pero antes de ello se preguntó si en verdad era necesario. Aunque quiso proponer más la iglesia ya había dado sentencia.

    Todavía sentía el olor a humo y quemado en sus ropas. Pequeñas manchas de cenizas en sus manos, mezcladas con algunas salpicaduras de sangre ya seca.

    Y ahí, en la pequeña capilla que parecía más abandonada que habitada, con apenas algunas velas iluminando el área, se arrodilló y juntó sus manos, entrelazando los dedos. Agachó su cabeza, mas no rezó, no de la forma que se esperaba.

    Aún sin vista escuchaba los gritos del niño, de cómo le imploró que se detuviera. Dolía. No en su pecho, como antes ocurría, ahora dolía en las yemas de sus dedos, en la cabeza, en sus ojos, incluso sus pies. Era un dolor que adormecía el tacto.

    Quería centrarse, volver al presente. Tener la certeza que lo hizo por bien mayor, porque la iglesia siempre buscaba eso, porque siempre sabía cómo...

    —¿De verdad? —soltó en un susurro apagado— ¿De verdad fue esta la solución?

    Había pedido perdón incontables, pero ya no era suficiente. Todavía pesaba, todavía se sentía incorrecto. Un pecado.

    —Perdóname...
    A veces las misiones eran fáciles, rápidas. Otras, llevaban más tiempo o presentaban más obstáculos que le hacían tomar un camino diferente al planeado. No obstante, en ciertas ocasiones, los obstáculos eran más internos que externos, pequeñas dudas colándose en su mente que dejaban raíz. Había tenido una de esas. Y es que tuvo que purificar el centro de una maldición. Tan solo era un niño, pero le ordenaron poner un fin completo. Si el niño vivía, la maldición volvería sin cesar. Se deshizo del pequeño con tanta rapidez y limpieza posible, pero antes de ello se preguntó si en verdad era necesario. Aunque quiso proponer más la iglesia ya había dado sentencia. Todavía sentía el olor a humo y quemado en sus ropas. Pequeñas manchas de cenizas en sus manos, mezcladas con algunas salpicaduras de sangre ya seca. Y ahí, en la pequeña capilla que parecía más abandonada que habitada, con apenas algunas velas iluminando el área, se arrodilló y juntó sus manos, entrelazando los dedos. Agachó su cabeza, mas no rezó, no de la forma que se esperaba. Aún sin vista escuchaba los gritos del niño, de cómo le imploró que se detuviera. Dolía. No en su pecho, como antes ocurría, ahora dolía en las yemas de sus dedos, en la cabeza, en sus ojos, incluso sus pies. Era un dolor que adormecía el tacto. Quería centrarse, volver al presente. Tener la certeza que lo hizo por bien mayor, porque la iglesia siempre buscaba eso, porque siempre sabía cómo... —¿De verdad? —soltó en un susurro apagado— ¿De verdad fue esta la solución? Había pedido perdón incontables, pero ya no era suficiente. Todavía pesaba, todavía se sentía incorrecto. Un pecado. —Perdóname...
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