• •Video llamada entrante de Itadori a Fushiguro.•

    - HOLAAAAAAA FUSHIGUROOOOOOO!!!!!!!!!!LA SEÑORITA MEI MEI ME REGALO UNA TARDE DE PARACAÍDAS Y NI SIQUIERA SE COMO SACARLO!!!!!!!!!!!!!NO TE ESCUCHO!!!!!
    •Video llamada entrante de Itadori a Fushiguro.• - HOLAAAAAAA FUSHIGUROOOOOOO!!!!!!!!!!LA SEÑORITA MEI MEI ME REGALO UNA TARDE DE PARACAÍDAS Y NI SIQUIERA SE COMO SACARLO!!!!!!!!!!!!!NO TE ESCUCHO!!!!!
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  • Tengo que buscar trabajo de verano como sea...
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  • La cocina del búnker permanecía tranquila, como era habitual. Hoy no había llamadas, ni discusiones sobre criaturas imposibles de matar, ni páginas de grimorios o libros esparcidas sobre las mesas de la biblioteca. Solo el suave zumbido de los fluorescentes y el aroma del café recién hecho llenando el ambiente.

    Hope permanecía apoyada contra la mesa de la cocina, sosteniendo la taza entre ambas manos mientras observaba distraídamente el vapor ascender en suaves espirales. Con el paso de los años y lo que había vivido, más concretamente en el ultimo año y medio que habia pasado, había aprendido a apreciar aquellos pequeños momentos de calma, aunque fueran escasos y casi siempre temporales. Porque tenia mas que comprobado que la paz nunca duraba demasiado.

    Aun así, por un rato, se iba a permitir ignorar el peso de las responsabilidades, las amenazas constantes y los problemas que inevitablemente acabarían encontrándola. El café estaba caliente, el búnker seguía en pie y nadie parecía necesitarla de forma urgente.

    Por ahora, eso era suficiente.
    La cocina del búnker permanecía tranquila, como era habitual. Hoy no había llamadas, ni discusiones sobre criaturas imposibles de matar, ni páginas de grimorios o libros esparcidas sobre las mesas de la biblioteca. Solo el suave zumbido de los fluorescentes y el aroma del café recién hecho llenando el ambiente. Hope permanecía apoyada contra la mesa de la cocina, sosteniendo la taza entre ambas manos mientras observaba distraídamente el vapor ascender en suaves espirales. Con el paso de los años y lo que había vivido, más concretamente en el ultimo año y medio que habia pasado, había aprendido a apreciar aquellos pequeños momentos de calma, aunque fueran escasos y casi siempre temporales. Porque tenia mas que comprobado que la paz nunca duraba demasiado. Aun así, por un rato, se iba a permitir ignorar el peso de las responsabilidades, las amenazas constantes y los problemas que inevitablemente acabarían encontrándola. El café estaba caliente, el búnker seguía en pie y nadie parecía necesitarla de forma urgente. Por ahora, eso era suficiente.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    || Si de casualidad le apretas a una imagen, ¿Cuenta como visita al perfil?
    Es que soy bastante chismoso...
    Pero no de los que cuentan los chismes... Soy de los que les gusta saber (?)
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  • Camino en la noche como una sombra más que huye de las luces de neón.

    Llueve. La lluvia tiene la fea manía de bañar esta ciudad cuando menos falta hace. Últimamente, cada jodida noche. Y hoy es una de esas noches y tengo la chaqueta empapada. El cuero se queja cuando me muevo.

    Me subo el cuello de la chaqueta. La humedad del ambiente se cuela debajo igualmente. Pero es una sensación agradable. Es un frío suave que acaricia.

    Llevo la mano izquierda en el bolsillo de la cazadora, cómoda y seca. Juego en su interior con el encendedor. La otra saca el cigarro de mis labios antes de expulsar un soplo de denso humo.

    Cuando este se disuelve ante mis ojos, ella. Un color chillón en un mundo monocromático.

    Mis pies quieren frenar. Se lo impido.

    No sé si me mira.

    Yo he dejado de hacerlo un latido después de cegarme.

    Paso por su lado. Huelo su fragancia. Aprieto los párpados sin dejar de poner un paso delante del otro.

    Un espejismo solo es real mientras dura su imagen.
    Camino en la noche como una sombra más que huye de las luces de neón. Llueve. La lluvia tiene la fea manía de bañar esta ciudad cuando menos falta hace. Últimamente, cada jodida noche. Y hoy es una de esas noches y tengo la chaqueta empapada. El cuero se queja cuando me muevo. Me subo el cuello de la chaqueta. La humedad del ambiente se cuela debajo igualmente. Pero es una sensación agradable. Es un frío suave que acaricia. Llevo la mano izquierda en el bolsillo de la cazadora, cómoda y seca. Juego en su interior con el encendedor. La otra saca el cigarro de mis labios antes de expulsar un soplo de denso humo. Cuando este se disuelve ante mis ojos, ella. Un color chillón en un mundo monocromático. Mis pies quieren frenar. Se lo impido. No sé si me mira. Yo he dejado de hacerlo un latido después de cegarme. Paso por su lado. Huelo su fragancia. Aprieto los párpados sin dejar de poner un paso delante del otro. Un espejismo solo es real mientras dura su imagen.
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  • 𝘓𝘢𝘴 𝘰𝘴𝘤𝘶𝘳𝘢𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘭𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘓𝘰𝘯𝘥𝘳𝘦𝘴, 𝘦𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘭𝘭𝘶𝘷𝘪𝘰𝘴𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦 𝘥𝘦 𝘚𝘦𝘱𝘵𝘪𝘦𝘮𝘣𝘳𝘦, 𝘱𝘳𝘰𝘷𝘦𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘤𝘳𝘶𝘦𝘯𝘵𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢. 𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘎𝘳𝘦𝘦𝘯𝘦, 𝘭𝘢 𝘢𝘤𝘢𝘶𝘥𝘢𝘭𝘢𝘥𝘢 𝘢𝘳𝘪𝘴𝘵𝘰́𝘤𝘳𝘢𝘵𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘮𝘢́𝘴 𝘨𝘢𝘵𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘮𝘪𝘨𝘰𝘴, 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢 𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘥𝘦 𝘴𝘶𝘴 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘢𝘴 𝘣𝘰𝘶𝘵𝘪𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘦𝘯 𝘉𝘰𝘯𝘥 𝘚𝘵𝘳𝘦𝘦𝘵. ¿𝘘𝘶𝘦́ 𝘩𝘢𝘤𝘦 𝘢𝘩𝜄́ 𝘦𝘭𝘭𝘢 𝘵𝘢𝘯 𝘵𝘢𝘳𝘥𝘦.ᐣ 𝘓𝘢𝘴 𝘥𝘪𝘦𝘻 𝘺 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘢, 𝘶𝘯𝘢 𝘩𝘰𝘳𝘢 𝘪𝘮𝘱𝜄́𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘥𝘢𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘤𝘢𝘵𝘦𝘨𝘰𝘳𝜄́𝘢. 𝘚𝘦 𝘥𝘢𝘳𝘢́ 𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘢 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥, 𝘲𝘶𝘦𝘳𝘪𝘥𝘰 𝘭𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳, 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘮𝘪𝘴𝘵𝘦𝘳𝘪𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘰𝘯𝘥𝘢𝘯 𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘤𝘢𝘴𝘰, 𝘦𝘭 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘢𝘥𝘰 "𝘌𝘭 𝘓𝘦𝘰́𝘯 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘥 𝘊𝘢𝘳𝘯𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯".

    𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘣𝘢𝘭𝘢, 𝘴𝘶 𝘵𝘰𝘣𝘪𝘭𝘭𝘰 𝘤𝘦𝘥𝘦 𝘺 𝘴𝘦 𝘥𝘰𝘣𝘭𝘢 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳𝘰𝘴𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦. 𝘊𝘰𝘯𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘭𝘢́𝘨𝘳𝘪𝘮𝘢𝘴, 𝘴𝘰𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢 𝘦𝘭 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳; 𝘢𝘺, ¿𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘢 𝘲𝘶𝘪𝘦́𝘯 𝘴𝘦 𝘭𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘦 𝘶𝘴𝘢𝘳 𝘵𝘢𝘤𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦 𝘭𝘭𝘶𝘷𝘪𝘰𝘴𝘢.ᐣ ¡𝘛𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘺, 𝘲𝘶𝘦𝘳𝘪𝘥𝘰 𝘭𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘱𝘦𝘯𝘴𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘯𝘪𝘮𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴.ᐟ 𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢́ 𝘢𝘲𝘶𝜄́ 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘰́𝘴𝘪𝘵𝘰, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘯𝘵𝘪𝘯𝘦𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘴𝘶𝘴 𝘭𝘭𝘢𝘷𝘦𝘴, 𝘴𝘶𝘴 𝘥𝘦𝘥𝘰𝘴 𝘵𝘳𝘢𝘪𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢́𝘯𝘥𝘰𝘭𝘢 𝘢𝘭 𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦𝘳 𝘰𝘭𝘷𝘪𝘥𝘢𝘳 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘦𝘴𝘢 𝘱𝘶𝘦𝘳𝘵𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘪𝘭𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘷𝘦𝘤𝘦𝘴 𝘩𝘢 𝘤𝘳𝘶𝘻𝘢𝘥𝘰, 𝘢𝘯𝘶𝘯𝘤𝘪𝘢𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘶𝘳𝘨𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘧𝘢𝘵𝘢𝘭, 𝘥𝘦 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘰 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦.

    𝘗𝘶𝘦𝘴 𝘴𝘢𝘣𝘦 𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢, 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘢𝘥𝘪𝘦 𝘭𝘰 𝘴𝘢𝘣𝘦, 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘓𝘦𝘰́𝘯 𝘩𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘪𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘴𝘶 𝘣𝘰𝘶𝘵𝘪𝘲𝘶𝘦. ¡𝘌𝘭 𝘓𝘦𝘰́𝘯 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘥 𝘊𝘢𝘳𝘯𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯.ᐟ 𝘜𝘯 𝘪𝘯𝘧𝘢𝘮𝘦 𝘱𝘪𝘭𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘢 𝘣𝘶𝘳𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘢 𝘭𝘢 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘻𝘢 𝘦𝘯𝘵𝘦𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘱𝘰 𝘱𝘰𝘭𝘪𝘤𝘪𝘢𝘤𝘰 𝘭𝘰𝘯𝘥𝘪𝘯𝘦𝘯𝘴𝘦, 𝘴𝘶𝘴 𝘩𝘶𝘳𝘵𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘳𝘵𝘪𝘦́𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘺𝘢 𝘦𝘯 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘭𝘦𝘺𝘦𝘯𝘥𝘢. 𝘠 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦, 𝘦𝘭 𝘓𝘦𝘰́𝘯 𝘩𝘢 𝘦𝘭𝘦𝘨𝘪𝘥𝘰 𝘢 𝘴𝘶 𝘮𝘢́𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘷𝜄́𝘤𝘵𝘪𝘮𝘢, 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘚𝘳𝘪𝘵𝘢. 𝘎𝘳𝘦𝘦𝘯𝘦, 𝘴𝘶𝘴 𝘪𝘯𝘮𝘪𝘴𝘦𝘳𝘪𝘤𝘰𝘳𝘥𝘦𝘴 𝘧𝘢𝘶𝘤𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘩𝘢𝘯 𝘤𝘦𝘳𝘳𝘢𝘥𝘰. ¡𝘠 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘢𝘭 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘭𝘢 𝘱𝘶𝘦𝘳𝘵𝘢 𝘦𝘴....ᐟ

    ...

    — Mmmm... ¿No es esto demasiado dramático para describir un simple robo de productos cosméticos? —

    Autumn revisa el manuscrito de la que será su más reciente publicación. Hacer sonar interesante a una señora a la que le robaron un par de labiales caros está probando ser todo un reto.

    — Esto es difícil... — Murmura para sí. — ¿Y si invento que encontró un cadáver? Nah... muy predecible... —

    Voltea hacia atrás, nota que alguien le observa... y a su... interesante vestimenta. Camuflándose como una más de las mucamas de Patricia Greene estaba, pues quería más detalles que hicieran más realista su relato.

    — Oh... Hola. Estaba descansando, ¿sí? Ya pronto vuelvo al trabajo. —
    𝘓𝘢𝘴 𝘰𝘴𝘤𝘶𝘳𝘢𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘭𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘓𝘰𝘯𝘥𝘳𝘦𝘴, 𝘦𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘭𝘭𝘶𝘷𝘪𝘰𝘴𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦 𝘥𝘦 𝘚𝘦𝘱𝘵𝘪𝘦𝘮𝘣𝘳𝘦, 𝘱𝘳𝘰𝘷𝘦𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘤𝘳𝘶𝘦𝘯𝘵𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢. 𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘎𝘳𝘦𝘦𝘯𝘦, 𝘭𝘢 𝘢𝘤𝘢𝘶𝘥𝘢𝘭𝘢𝘥𝘢 𝘢𝘳𝘪𝘴𝘵𝘰́𝘤𝘳𝘢𝘵𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘮𝘢́𝘴 𝘨𝘢𝘵𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘮𝘪𝘨𝘰𝘴, 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢 𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘥𝘦 𝘴𝘶𝘴 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘢𝘴 𝘣𝘰𝘶𝘵𝘪𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘦𝘯 𝘉𝘰𝘯𝘥 𝘚𝘵𝘳𝘦𝘦𝘵. ¿𝘘𝘶𝘦́ 𝘩𝘢𝘤𝘦 𝘢𝘩𝜄́ 𝘦𝘭𝘭𝘢 𝘵𝘢𝘯 𝘵𝘢𝘳𝘥𝘦.ᐣ 𝘓𝘢𝘴 𝘥𝘪𝘦𝘻 𝘺 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘢, 𝘶𝘯𝘢 𝘩𝘰𝘳𝘢 𝘪𝘮𝘱𝜄́𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘥𝘢𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘤𝘢𝘵𝘦𝘨𝘰𝘳𝜄́𝘢. 𝘚𝘦 𝘥𝘢𝘳𝘢́ 𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘢 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥, 𝘲𝘶𝘦𝘳𝘪𝘥𝘰 𝘭𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳, 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘮𝘪𝘴𝘵𝘦𝘳𝘪𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘰𝘯𝘥𝘢𝘯 𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘤𝘢𝘴𝘰, 𝘦𝘭 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘢𝘥𝘰 "𝘌𝘭 𝘓𝘦𝘰́𝘯 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘥 𝘊𝘢𝘳𝘯𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯". 𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘣𝘢𝘭𝘢, 𝘴𝘶 𝘵𝘰𝘣𝘪𝘭𝘭𝘰 𝘤𝘦𝘥𝘦 𝘺 𝘴𝘦 𝘥𝘰𝘣𝘭𝘢 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳𝘰𝘴𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦. 𝘊𝘰𝘯𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘭𝘢́𝘨𝘳𝘪𝘮𝘢𝘴, 𝘴𝘰𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢 𝘦𝘭 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳; 𝘢𝘺, ¿𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘢 𝘲𝘶𝘪𝘦́𝘯 𝘴𝘦 𝘭𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘦 𝘶𝘴𝘢𝘳 𝘵𝘢𝘤𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦 𝘭𝘭𝘶𝘷𝘪𝘰𝘴𝘢.ᐣ ¡𝘛𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘺, 𝘲𝘶𝘦𝘳𝘪𝘥𝘰 𝘭𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘱𝘦𝘯𝘴𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘯𝘪𝘮𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴.ᐟ 𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢́ 𝘢𝘲𝘶𝜄́ 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘰́𝘴𝘪𝘵𝘰, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘯𝘵𝘪𝘯𝘦𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘴𝘶𝘴 𝘭𝘭𝘢𝘷𝘦𝘴, 𝘴𝘶𝘴 𝘥𝘦𝘥𝘰𝘴 𝘵𝘳𝘢𝘪𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢́𝘯𝘥𝘰𝘭𝘢 𝘢𝘭 𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦𝘳 𝘰𝘭𝘷𝘪𝘥𝘢𝘳 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘦𝘴𝘢 𝘱𝘶𝘦𝘳𝘵𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘪𝘭𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘷𝘦𝘤𝘦𝘴 𝘩𝘢 𝘤𝘳𝘶𝘻𝘢𝘥𝘰, 𝘢𝘯𝘶𝘯𝘤𝘪𝘢𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘶𝘳𝘨𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘧𝘢𝘵𝘢𝘭, 𝘥𝘦 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘰 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦. 𝘗𝘶𝘦𝘴 𝘴𝘢𝘣𝘦 𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢, 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘢𝘥𝘪𝘦 𝘭𝘰 𝘴𝘢𝘣𝘦, 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘓𝘦𝘰́𝘯 𝘩𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘪𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘴𝘶 𝘣𝘰𝘶𝘵𝘪𝘲𝘶𝘦. ¡𝘌𝘭 𝘓𝘦𝘰́𝘯 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘥 𝘊𝘢𝘳𝘯𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯.ᐟ 𝘜𝘯 𝘪𝘯𝘧𝘢𝘮𝘦 𝘱𝘪𝘭𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘢 𝘣𝘶𝘳𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘢 𝘭𝘢 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘻𝘢 𝘦𝘯𝘵𝘦𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘱𝘰 𝘱𝘰𝘭𝘪𝘤𝘪𝘢𝘤𝘰 𝘭𝘰𝘯𝘥𝘪𝘯𝘦𝘯𝘴𝘦, 𝘴𝘶𝘴 𝘩𝘶𝘳𝘵𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘳𝘵𝘪𝘦́𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘺𝘢 𝘦𝘯 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘭𝘦𝘺𝘦𝘯𝘥𝘢. 𝘠 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦, 𝘦𝘭 𝘓𝘦𝘰́𝘯 𝘩𝘢 𝘦𝘭𝘦𝘨𝘪𝘥𝘰 𝘢 𝘴𝘶 𝘮𝘢́𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘷𝜄́𝘤𝘵𝘪𝘮𝘢, 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘚𝘳𝘪𝘵𝘢. 𝘎𝘳𝘦𝘦𝘯𝘦, 𝘴𝘶𝘴 𝘪𝘯𝘮𝘪𝘴𝘦𝘳𝘪𝘤𝘰𝘳𝘥𝘦𝘴 𝘧𝘢𝘶𝘤𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘩𝘢𝘯 𝘤𝘦𝘳𝘳𝘢𝘥𝘰. ¡𝘠 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘗𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘢𝘭 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘭𝘢 𝘱𝘶𝘦𝘳𝘵𝘢 𝘦𝘴....ᐟ ... — Mmmm... ¿No es esto demasiado dramático para describir un simple robo de productos cosméticos? — Autumn revisa el manuscrito de la que será su más reciente publicación. Hacer sonar interesante a una señora a la que le robaron un par de labiales caros está probando ser todo un reto. — Esto es difícil... — Murmura para sí. — ¿Y si invento que encontró un cadáver? Nah... muy predecible... — Voltea hacia atrás, nota que alguien le observa... y a su... interesante vestimenta. Camuflándose como una más de las mucamas de Patricia Greene estaba, pues quería más detalles que hicieran más realista su relato. — Oh... Hola. Estaba descansando, ¿sí? Ya pronto vuelvo al trabajo. —
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  • -El sol haba empezado a bajar, Billy se había esforzado por verse aceptablemente bien para ir a visitar a Alessandro Wang Balissari cuando llegó se sacudió y acomodo el moño de una cajita de regalo que tenía en las manos, negra y de moño plateado, le mando mensaje a Lorenzo Moretti:Ya estoy afuera...voy a entrar- y se acercó a tocar el timbre- * Ding Dong* Holi...hay alguien en casa?...
    -El sol haba empezado a bajar, Billy se había esforzado por verse aceptablemente bien para ir a visitar a [flare_onyx_bear_870] cuando llegó se sacudió y acomodo el moño de una cajita de regalo que tenía en las manos, negra y de moño plateado, le mando mensaje a [lorenzo_moretti]— 💬:Ya estoy afuera...voy a entrar- y se acercó a tocar el timbre- * Ding Dong* Holi...hay alguien en casa?...
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  • Contempló a Daozhang Xiao Xingchen con la serenidad implacable de las divinidades antiguas. El taotista, aunque advertía la naturaleza del ser que se erguía ante él, permaneció inmóvil, pues había aprendido que el temor concede poder a aquello que lo inspira. Sin embargo, el dios de las pesadillas no había acudido para disputar con un mortal, sino para servirse de él como de un instrumento. La tenue claridad del sueño se extinguió paulatinamente, y el mundo quedó reducido a un espacio informe donde sólo subsistían el dios y el hombre.

    —Conozco el vínculo que te une a Morfeo —dijo, cuya voz parecía surgir de todas las direcciones a un tiempo. —Sé que Morfeo ha depositado en ti una confianza que no prodiga a los hombres.

    Avanzó un paso. A su alrededor comenzaron a surgir las formas de innumerables bestias, criaturas nacidas del espanto y alimentadas por las sombras del corazón humano.

    —No he venido a doblegar tu espíritu. He venido a quebrantar tu reposo. Dormirás, y en tus sueños levantaré tales horrores que el nombre de Morfeo escapará de tus labios antes de que tu razón pueda contenerlo.

    Entonces alzó la diestra y, sin necesidad de conjuro ni ademán solemne, pronunció su sentencia con la altivez de quien sabe que sus decretos son irrevocables.

    — Puesto que te ufanas de gobernar tu espíritu, conocerás el peso de mi voluntad. Te despojo del privilegio de la vigilia y te condeno a una somnolencia insaciable. El sueño descenderá sobre tus párpados con la gravedad de una montaña, tus miembros se tornarán débiles y tu mente, por más que se resista, será arrastrada hacia mi reino. No hallarás refugio en la meditación, ni fortaleza en tu disciplina, ni auxilio en las doctrinas que profesas; pues allí donde cierres los ojos, mis sombras te aguardarán. Y en el fondo de cada pesadilla sembraré un terror tan profundo que tus propios sueños clamarán por Morfeo, quien, ignorante de mi designio, acudirá a tu socorro sólo para descubrir que ha cruzado el umbral de la trampa que he dispuesto para él. — Dichas estas palabras, una pesadez antinatural se apoderó de Daozhang Xiao Xingchen
    Contempló a [Daozhang_XiaoXingchen] con la serenidad implacable de las divinidades antiguas. El taotista, aunque advertía la naturaleza del ser que se erguía ante él, permaneció inmóvil, pues había aprendido que el temor concede poder a aquello que lo inspira. Sin embargo, el dios de las pesadillas no había acudido para disputar con un mortal, sino para servirse de él como de un instrumento. La tenue claridad del sueño se extinguió paulatinamente, y el mundo quedó reducido a un espacio informe donde sólo subsistían el dios y el hombre. —Conozco el vínculo que te une a Morfeo —dijo, cuya voz parecía surgir de todas las direcciones a un tiempo. —Sé que Morfeo ha depositado en ti una confianza que no prodiga a los hombres. Avanzó un paso. A su alrededor comenzaron a surgir las formas de innumerables bestias, criaturas nacidas del espanto y alimentadas por las sombras del corazón humano. —No he venido a doblegar tu espíritu. He venido a quebrantar tu reposo. Dormirás, y en tus sueños levantaré tales horrores que el nombre de Morfeo escapará de tus labios antes de que tu razón pueda contenerlo. Entonces alzó la diestra y, sin necesidad de conjuro ni ademán solemne, pronunció su sentencia con la altivez de quien sabe que sus decretos son irrevocables. — Puesto que te ufanas de gobernar tu espíritu, conocerás el peso de mi voluntad. Te despojo del privilegio de la vigilia y te condeno a una somnolencia insaciable. El sueño descenderá sobre tus párpados con la gravedad de una montaña, tus miembros se tornarán débiles y tu mente, por más que se resista, será arrastrada hacia mi reino. No hallarás refugio en la meditación, ni fortaleza en tu disciplina, ni auxilio en las doctrinas que profesas; pues allí donde cierres los ojos, mis sombras te aguardarán. Y en el fondo de cada pesadilla sembraré un terror tan profundo que tus propios sueños clamarán por Morfeo, quien, ignorante de mi designio, acudirá a tu socorro sólo para descubrir que ha cruzado el umbral de la trampa que he dispuesto para él. — Dichas estas palabras, una pesadez antinatural se apoderó de [Daozhang_XiaoXingchen]
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    SALUDOS A TODOS.

    Una disculpa para aquellos que han estado en Tianshan, en estos dias estuve muy ocupado. Me temo que esta semana también lo estaré por motivos personales, pero les podre atender como se merecen la semana que viene.

    Espero tengan un poco de paciencia con este monje.

    Muchas gracias.
    SALUDOS A TODOS. Una disculpa para aquellos que han estado en Tianshan, en estos dias estuve muy ocupado. Me temo que esta semana también lo estaré por motivos personales, pero les podre atender como se merecen la semana que viene. Espero tengan un poco de paciencia con este monje. Muchas gracias.
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  • Derrota absoluta:

    ○Cuánta razón...

    Yacía Zelkova en decúbito supino sobre la nieve y neblina. Su gorra reposaba a un costado, el puño crispado con férrea porfía. Los ojos, enrojecidos por los vasos reventados, contemplaban el vacío mientras los copos descendían y fenecían sobre su rostro inmóvil.

    A pocos pasos se divisaba una silueta borrosa. El varón emitió un gruñido gutural cuando su hueso quebrantado volvió a encajar con un chasquido ominoso.

    ○Kakulkm... Eres más jodido de lo que imaginaba. Por todos los demonios, no es extraño que los de rango inferior tuvieran tantos problemas en darte caza.

    Se desperezó de un lado a otro.

    ○En otros tiempos me habrías dado la muerte. Te lo aseguro. Hace mucho que no gozaba de una batalla de tal calibre.

    Mas Zelkova despertó de súbito. El desmayo le había vedado oír palabra alguna. El desconocido avanzó y, sin advertirlo, aplastó la gorra del clérigo bajo su bota.

    ○En fin. Te empeñaste demasiado a la investigación. Cualquier necio habría retrocedido, pero tú seguiste hurgando y hurgando. Y ahora he de matarte.

    Se acuclilló junto a él con gesto zahiriente.

    ○No te sientas mal. Aquel a quien llamas Mr. M mostró interés en tu persona. Lo bastante para enviarme.

    Luego se incorporó.

    ○Eres quien más lejos ha llegado. Al menos no tropezaste con el Recaudador de Impuestos.

    La tierra se estremeció al pronunciar aquel apelativo.

    ○Sayonara, padre Legasov.

    Descendió el pie sobre la cabeza del cura. Y todo pareció perdido. Mas fue mera falacia urdida por el propio poder de Zelkova. Una ilusión. Su testa volvió a su lugar como si jamás hubiese sido hollada.

    El sacerdote, jadeante y maltrecho, alzó la vista hacia los cielos plomizos.

    ●Esto aún no ha fenecido... mas no puedo afrontarlo en soledad. No poseo aliados; sólo tengo a Dios...

    Su voz se tornó más tenue.

    ●...y a ti, amada mía.

    Y permaneció contemplando el firmamento nevado.
    Derrota absoluta: ○Cuánta razón... Yacía Zelkova en decúbito supino sobre la nieve y neblina. Su gorra reposaba a un costado, el puño crispado con férrea porfía. Los ojos, enrojecidos por los vasos reventados, contemplaban el vacío mientras los copos descendían y fenecían sobre su rostro inmóvil. A pocos pasos se divisaba una silueta borrosa. El varón emitió un gruñido gutural cuando su hueso quebrantado volvió a encajar con un chasquido ominoso. ○Kakulkm... Eres más jodido de lo que imaginaba. Por todos los demonios, no es extraño que los de rango inferior tuvieran tantos problemas en darte caza. Se desperezó de un lado a otro. ○En otros tiempos me habrías dado la muerte. Te lo aseguro. Hace mucho que no gozaba de una batalla de tal calibre. Mas Zelkova despertó de súbito. El desmayo le había vedado oír palabra alguna. El desconocido avanzó y, sin advertirlo, aplastó la gorra del clérigo bajo su bota. ○En fin. Te empeñaste demasiado a la investigación. Cualquier necio habría retrocedido, pero tú seguiste hurgando y hurgando. Y ahora he de matarte. Se acuclilló junto a él con gesto zahiriente. ○No te sientas mal. Aquel a quien llamas Mr. M mostró interés en tu persona. Lo bastante para enviarme. Luego se incorporó. ○Eres quien más lejos ha llegado. Al menos no tropezaste con el Recaudador de Impuestos. La tierra se estremeció al pronunciar aquel apelativo. ○Sayonara, padre Legasov. Descendió el pie sobre la cabeza del cura. Y todo pareció perdido. Mas fue mera falacia urdida por el propio poder de Zelkova. Una ilusión. Su testa volvió a su lugar como si jamás hubiese sido hollada. El sacerdote, jadeante y maltrecho, alzó la vista hacia los cielos plomizos. ●Esto aún no ha fenecido... mas no puedo afrontarlo en soledad. No poseo aliados; sólo tengo a Dios... Su voz se tornó más tenue. ●...y a ti, amada mía. Y permaneció contemplando el firmamento nevado.
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