• El laboratorio de la calle Monreat
    Fandom N/A
    Categoría Suspenso
    El laboratorio de contención vibraba con el zumbido constante de las luces fluorescentes. Filas de monitores parpadeaban mostrando signos vitales imposibles de interpretar; la frecuencia cardíaca del huésped subía y bajaba como si varias personas respiraran dentro del mismo cuerpo. Tras el grueso cristal reforzado de la cámara de aislamiento, el paciente permanecía sujeto a una camilla metálica, cubierto de cables y vendas húmedas. Cada tanto, su espalda se arqueaba con violencia, provocando que las herramientas quirúrgicas tintinearan sobre las bandejas.

    Los científicos discutían desesperados entre sí. Nadie tenía respuestas. Algunos evitaban siquiera mirar directamente al huésped; había algo en él que provocaba una incomodidad instintiva, como si el cuerpo humano estuviera intentando imitar algo que no comprendía del todo.
    El paciente apenas levantó la cabeza. Sus labios se abrieron lentamente, pero de su garganta surgieron varias voces superpuestas al mismo tiempo.

    Entonces las puertas del laboratorio se abrieron de golpe. El sonido seco de unos pasos resonó entre las alarmas y el murmullo nervioso del personal. Un joven cura irrumpió en la escena y bajo un brazo sostenía un viejo maletín de cuero.

    Los guardias intentaron detenerlo, pero el cura ni siquiera les prestó atención. Sus ojos estaban clavados en el huésped.
    El joven dio una lenta calada a su cigarro antes de hablar con voz grave. Dentro de la cámara, el huésped empezó a sonreír de una forma antinatural.
    El laboratorio de contención vibraba con el zumbido constante de las luces fluorescentes. Filas de monitores parpadeaban mostrando signos vitales imposibles de interpretar; la frecuencia cardíaca del huésped subía y bajaba como si varias personas respiraran dentro del mismo cuerpo. Tras el grueso cristal reforzado de la cámara de aislamiento, el paciente permanecía sujeto a una camilla metálica, cubierto de cables y vendas húmedas. Cada tanto, su espalda se arqueaba con violencia, provocando que las herramientas quirúrgicas tintinearan sobre las bandejas. Los científicos discutían desesperados entre sí. Nadie tenía respuestas. Algunos evitaban siquiera mirar directamente al huésped; había algo en él que provocaba una incomodidad instintiva, como si el cuerpo humano estuviera intentando imitar algo que no comprendía del todo. El paciente apenas levantó la cabeza. Sus labios se abrieron lentamente, pero de su garganta surgieron varias voces superpuestas al mismo tiempo. Entonces las puertas del laboratorio se abrieron de golpe. El sonido seco de unos pasos resonó entre las alarmas y el murmullo nervioso del personal. Un joven cura irrumpió en la escena y bajo un brazo sostenía un viejo maletín de cuero. Los guardias intentaron detenerlo, pero el cura ni siquiera les prestó atención. Sus ojos estaban clavados en el huésped. El joven dio una lenta calada a su cigarro antes de hablar con voz grave. Dentro de la cámara, el huésped empezó a sonreír de una forma antinatural.
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  • 𝑨 𝒏𝒆𝒘 𝒃𝒆𝒈𝒊𝒏𝒏𝒊𝒏𝒈
    Fandom OC
    Categoría Slice of Life
    Seis meses.
    Había pasado medio año desde... La vez que la vió.
    Y para ser franco consigo mismo, siquiera la había recordado con la frecuencia de su "yo" de hacía años.
    La búsqueda de empleo, las salidas con sus amigos y las actividades con su pareja le habían consumido tiempo suficiente como para no detenerse a pensar en nada más que el presente.

    Pero hoy, en las vías del metro, rumbo su destino recordó la noche dónde se había encontrado con Alex.
    ¿Casualidad o destino? La pregunta que en momentos le hacía sobrepensar en el momento. Distrayendo su mente de la inquietud que tenía ahora.
    Su nuevo reto.
    Un trabajo lejos de casa.

    Con su padre había iniciado pequeños emprendimientos para cubrir sus necesidades, pero sabía que debía aspirar a más.
    Las cosas de la adultez le hacían pensar en su futuro, para su suerte, encontró un departamento que estaba reclutando a personal.

    Al llegar al edificio, se vio rodeado de personas que al igual que él parecían nuevos. Algunos iban nerviosos, otros con la calma de quién ha planeado horas durante el espejo su llegada, y luego estaban personas cómo Haruki, perdidos en sus pensamientos, imaginando cómo será esa nueva etapa, sí serían capaces de dar la talla.

    Eventualmente fueron entrando, guiándose por algunos trabajadores que parecían llevar ahí desde que abrió la sucursal. La sala de espera era grande, con asientos largos y de matices grises adornando las esquinas de plantas en macetas, haciendo una especie de "U" de manera que todos quedaran frente la vista de recepción.

    Su teléfono vibró. Era su pareja, mensajes de ánimo acompañado de fotos de su día.
    Él sonrió, pero de inmediato se presentó un hombre quién se paró en frente de todos; al parecer era encargado del departamento de recursos humanos, anunciando que en breve se haría presente un grupo que los llevaría hasta las oficinas.
    No tuvo ni tiempo de responder el teléfono; lo guardó tan pronto escuchaba pasos acercándose por uno de los pasillos.
    Seis meses. Había pasado medio año desde... La vez que la vió. Y para ser franco consigo mismo, siquiera la había recordado con la frecuencia de su "yo" de hacía años. La búsqueda de empleo, las salidas con sus amigos y las actividades con su pareja le habían consumido tiempo suficiente como para no detenerse a pensar en nada más que el presente. Pero hoy, en las vías del metro, rumbo su destino recordó la noche dónde se había encontrado con Alex. ¿Casualidad o destino? La pregunta que en momentos le hacía sobrepensar en el momento. Distrayendo su mente de la inquietud que tenía ahora. Su nuevo reto. Un trabajo lejos de casa. Con su padre había iniciado pequeños emprendimientos para cubrir sus necesidades, pero sabía que debía aspirar a más. Las cosas de la adultez le hacían pensar en su futuro, para su suerte, encontró un departamento que estaba reclutando a personal. Al llegar al edificio, se vio rodeado de personas que al igual que él parecían nuevos. Algunos iban nerviosos, otros con la calma de quién ha planeado horas durante el espejo su llegada, y luego estaban personas cómo Haruki, perdidos en sus pensamientos, imaginando cómo será esa nueva etapa, sí serían capaces de dar la talla. Eventualmente fueron entrando, guiándose por algunos trabajadores que parecían llevar ahí desde que abrió la sucursal. La sala de espera era grande, con asientos largos y de matices grises adornando las esquinas de plantas en macetas, haciendo una especie de "U" de manera que todos quedaran frente la vista de recepción. Su teléfono vibró. Era su pareja, mensajes de ánimo acompañado de fotos de su día. Él sonrió, pero de inmediato se presentó un hombre quién se paró en frente de todos; al parecer era encargado del departamento de recursos humanos, anunciando que en breve se haría presente un grupo que los llevaría hasta las oficinas. No tuvo ni tiempo de responder el teléfono; lo guardó tan pronto escuchaba pasos acercándose por uno de los pasillos.
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  • Yo aún me sé tu pedido de siempre
    Café, pero porfa, muy corto de leche
    Y me sé de memoria el cumple de tu perro
    Y que tu mal humor lo sacas de tu abuelo

    También sé que tú nunca pides perdón
    Que prefieres perderme a darme la razón
    Y que no me has mirado nunca como a él
    Que yo era una fan y que tú eras la estrella
    Yo aún me sé tu pedido de siempre Café, pero porfa, muy corto de leche Y me sé de memoria el cumple de tu perro Y que tu mal humor lo sacas de tu abuelo También sé que tú nunca pides perdón Que prefieres perderme a darme la razón Y que no me has mirado nunca como a él Que yo era una fan y que tú eras la estrella
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  • “Nunca olvides lo que eres. El resto del mundo no lo hará. Úsalo como una armadura, y nunca podrá ser usado para lastimarte.”
    “Nunca olvides lo que eres. El resto del mundo no lo hará. Úsalo como una armadura, y nunca podrá ser usado para lastimarte.”
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  • -El edificio abandonado se sentía frio, el desagradable olor a basura y el sonido de las ratas correteando al menos ahogaba el pesado silencio de la estructura abandonada. El joven mago estaba sentado sobre una silla metálica aparentemente en buen estado pero con 20 años de abandono. No había sido un buen día, un trabajo difícil con una paga no tan buena. Mientras se acomodaba en la silla, uso un balde viejo que puso de cabeza para usarlo como mesa, colocando un pequeño plato de porcelana donde tenía su comida. Un pequeño conejo que habia cazado poco tiempo atrás, acompañado de más comida desagradable.-

    Oh, Casi olvido la lata.

    -Al tomar y abrir su mochila, logro sacar una lata de maíz, la cual no dudo en abrir con un pequeño cuchillo. Al abrirlo, utilizo una cuchara que saco de su mochila de igual forma, al probar el alimento, termina escupiendolo al suelo con desagrado, después comenzó a revisar la lata, había pasado el tiempo suficiente para que el alimento tuviera un sabor metálico y una textura pastosa. De todas formas, decidió comerlo antes de dejar caer la lata vacía al suelo, mirando las baldosas y el recipiente que cayó a sus pies, pero con su mirada perdida hacia abajo, sintiendo una sensación punzante en la parte superior del abdomen pero aún con esa mirada de enojo mezclado con desagrado.-

    Extraño la comida de mamá..
    -El edificio abandonado se sentía frio, el desagradable olor a basura y el sonido de las ratas correteando al menos ahogaba el pesado silencio de la estructura abandonada. El joven mago estaba sentado sobre una silla metálica aparentemente en buen estado pero con 20 años de abandono. No había sido un buen día, un trabajo difícil con una paga no tan buena. Mientras se acomodaba en la silla, uso un balde viejo que puso de cabeza para usarlo como mesa, colocando un pequeño plato de porcelana donde tenía su comida. Un pequeño conejo que habia cazado poco tiempo atrás, acompañado de más comida desagradable.- Oh, Casi olvido la lata. -Al tomar y abrir su mochila, logro sacar una lata de maíz, la cual no dudo en abrir con un pequeño cuchillo. Al abrirlo, utilizo una cuchara que saco de su mochila de igual forma, al probar el alimento, termina escupiendolo al suelo con desagrado, después comenzó a revisar la lata, había pasado el tiempo suficiente para que el alimento tuviera un sabor metálico y una textura pastosa. De todas formas, decidió comerlo antes de dejar caer la lata vacía al suelo, mirando las baldosas y el recipiente que cayó a sus pies, pero con su mirada perdida hacia abajo, sintiendo una sensación punzante en la parte superior del abdomen pero aún con esa mirada de enojo mezclado con desagrado.- Extraño la comida de mamá..
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  • 𝔒𝔡𝔢𝔱𝔱𝔢 ℌ𝔢𝔪𝔩𝔬𝔠𝔨

    Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender.

    El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro.

    Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo.

    La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros.

    La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación.

    Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara.

    Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada.

    — Mujer. —

    Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo.

    — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo.

    Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo.

    — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. —

    Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro.

    — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. —

    El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura.

    — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. —

    Se quedó inmóvil, esperando.
    [orbit_turquoise_elephant_485] Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender. El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro. Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo. La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros. La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación. Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara. Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada. — Mujer. — Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo. — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo. Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo. — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. — Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro. — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. — El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura. — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. — Se quedó inmóvil, esperando.
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  • El ruido susurrante de voces glamurosas como superficiales ensordece el salón de baile en un reino de apariencia titulos, carcajadas y mejillas sonrojadas por el vino, miradas despectivas y reverencias calculadas ocupan la mente de los nobles que ignoran que en medio de la velada se ha infiltrado algo más, un ser hambriento de placer de energía, quien caza sutilmente con pasos sensuales y miradas coquetas sobre los hombros hasta que encontró a su presa perfecta.
    Una mirada bastó para marcarte como su objetivo, un repentino calor y sensacion de peligro te invade junto con una sensación de atracción magnética.

    ¿Que harás al respeto?
    El ruido susurrante de voces glamurosas como superficiales ensordece el salón de baile en un reino de apariencia titulos, carcajadas y mejillas sonrojadas por el vino, miradas despectivas y reverencias calculadas ocupan la mente de los nobles que ignoran que en medio de la velada se ha infiltrado algo más, un ser hambriento de placer de energía, quien caza sutilmente con pasos sensuales y miradas coquetas sobre los hombros hasta que encontró a su presa perfecta. Una mirada bastó para marcarte como su objetivo, un repentino calor y sensacion de peligro te invade junto con una sensación de atracción magnética. ¿Que harás al respeto?
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  • Ondulaba el inmenso campo de trigo como un océano dorado. En medio de aquella extensión interminable se alzaba una vieja torre de piedra, estrecha y desgastada por el tiempo, repleta de pequeñas ventanas oscuras que parecían ojos vigilando el horizonte. Algunas estaban rotas, otras cubiertas de hiedra, y el interior olía a humedad, polvo y madera podrida.

    Oculto en uno de los niveles superiores, el cura permanecía pegado contra la pared, respirando apenas. Aferraba con fuerza su maletín metálico contra el pecho, tanto que sus nudillos habían perdido el color. El sudor descendía por su frente pese al frío viento que entraba por las rendijas.

    -Joder… ¿dónde me metí…?

    De pronto, la sombra cayó sobre la torre. Detrás del edificio emergió lentamente el gigante, una monstruosa figura de varios metros de altura que apartaba el trigo con cada paso. Su respiración era pesada, profunda, como el sonido lejano de un trueno. El cura sintió cómo la torre crujía apenas cuando la enorme criatura se inclinó hacia las ventanas.

    Un ojo gigantesco apareció frente a la abertura. La pupila se movía lentamente, inspeccionando el interior oscuro de la torre. El joven sacerdote se quedó inmóvil, conteniendo hasta el aire en sus pulmones. Ni un músculo se atrevió a moverse. Por fortuna, la penumbra del lugar y la estrechez de la ventana lo ocultaban perfectamente.

    -Por el amor de... no quiero pelear.

    Pensó el cura.
    Ondulaba el inmenso campo de trigo como un océano dorado. En medio de aquella extensión interminable se alzaba una vieja torre de piedra, estrecha y desgastada por el tiempo, repleta de pequeñas ventanas oscuras que parecían ojos vigilando el horizonte. Algunas estaban rotas, otras cubiertas de hiedra, y el interior olía a humedad, polvo y madera podrida. Oculto en uno de los niveles superiores, el cura permanecía pegado contra la pared, respirando apenas. Aferraba con fuerza su maletín metálico contra el pecho, tanto que sus nudillos habían perdido el color. El sudor descendía por su frente pese al frío viento que entraba por las rendijas. -Joder… ¿dónde me metí…? De pronto, la sombra cayó sobre la torre. Detrás del edificio emergió lentamente el gigante, una monstruosa figura de varios metros de altura que apartaba el trigo con cada paso. Su respiración era pesada, profunda, como el sonido lejano de un trueno. El cura sintió cómo la torre crujía apenas cuando la enorme criatura se inclinó hacia las ventanas. Un ojo gigantesco apareció frente a la abertura. La pupila se movía lentamente, inspeccionando el interior oscuro de la torre. El joven sacerdote se quedó inmóvil, conteniendo hasta el aire en sus pulmones. Ni un músculo se atrevió a moverse. Por fortuna, la penumbra del lugar y la estrechez de la ventana lo ocultaban perfectamente. -Por el amor de... no quiero pelear. Pensó el cura.
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  • Ya le ha "leído el futuro" a todo el mundo en el bunker, así que ha salido y se ha ido al bar de confianza del pueblo esperando que a Juniper Quinn le tocara turno aquella noche y que no la mirara como a una loca por su estupidez de juego.
    Ya le ha "leído el futuro" a todo el mundo en el bunker, así que ha salido y se ha ido al bar de confianza del pueblo esperando que a [N0TJUPITER] le tocara turno aquella noche y que no la mirara como a una loca por su estupidez de juego.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Hace ya mucho tiempo existieron una raza de seres con un poder inconmensurable, estos vivían sin dañar a nadie en lo basto del mundo de los dioses, pues estos pertenecían a los reinos de las divinidades por su majestuosidad y poder, el nombre de estos seres mitológicos es "Dragónes", aquellos únicos capaces de ser distinguidos de cualquier otra bestia en el mundo divino, estos vivieron durante cientos de años protegiendo aquel lugar donde vivían. Por otro lado, había una diosa que no estaba de acuerdo con que semejantes bestias salvajes "Según ella" vivieran allí, sus palabras fueron: — "¿Que harán cuando se revelen contra nosotros?, a medida que sigan aumentando en número se les será más fácil adueñarse de este lugar por su orgullo inamovible" — Por alguna razón desconocida aquella entidad odiaba a los dragones, los despreciaba en silencio, no soportaba su presencia cerca de ella, a sus ojos solo eran animales sin uso de razón que en algún momento se revelarían solo por ser territoriales como cualquier otra bestia cualquiera. Estas palabras no eran del agrado de los dioses del lugar causando con el tiempo que sus palabras fueran tomadas como blasfemias por hacia sus protectores, con el tiempo sus palabras eran cada vez más ignoradas hasta el punto de parecer más bien una diosa renegada, este desden y rechazo solo aumento el resentimiento hacia los dioses del lugar hasta el punto en que por su mente paso asesinar a uno de ellos, su idea era que al matar a un dragón los demás dragones perderían el control al sentir la traición y comenzarían un ataque en contra de los dioses provocando que los mismos dioses se vieran obligados a extingirlos por completo, la inmadurez de aquella diosa renegada no le dejó ver qué su plan tenía un enorme fallo en su contra, esto se debía a qué sus deseos de acabar con los dragones parecía más bien una obsesión...

    Pasaron algunos días pensando en "Quien debería ser el primer dragón muerto" Hasta que dio con aquel dragón que era de uno de los dioses más influyentes en ese lugar divino, fue aquel que se encargo de cada arquitectura del enorme palacio donde vivían, aquel que hace miles de años creo una conexión entre el mundo terrestre y su mundo divino para poder repartir bendiciones con la idea de ayudar, sin duda un gran apoyo para para la tierra y los cielos, este dios llamado Kairu tenía a dos dragones hermanos en su poder, eran parte de su familia desde que nacieron, eran figuras imponentes con pelaje rojo vinotinto con apariencia elegante pero poderosa, estos eran macho y hembra cada uno, el nombre del dragón que protegía las puertas de dónde se hospedaba Kairu era Rihona, más alto y formido que su hermanan Nidia que era más elegante y quién escoltaba a su dios en sus viajes, allá donde fuera este señor brillaba por su dragona y su hogar respetado por su dragón. Aquella diosa, Reika apunto a asesinar al dragón Rihona para cuándo Kairu saliera de viaje, paso el tiempo y efectivamente el viaje se dio, aquel señor salió con su dragonesa en un largo viaje.
    —Esta es la oportunidad perfecta, al regresar solo encontrará un gran baño de sangre sin remedio... — Pensó en voz baja Reika, con el pasar de dos dias de haberse ido Kairu, el asesinato de Rihona ocurrió en el anochecer, su rugido retumbó en todo el lugar y los dioses fueron a observar que estaba ocurriendo, pero ya era demasiado tarde, al acercarse y revisar el cuerpo este parecía tener una herida causada por una lanza o algo parecido que atravesó su cráneo causando su muerte al instante, este hecho era bastante extraño pues el dragón que protegía las puertas de los cielos nunca aviso de algún intruso, así que lo mas probable es que fuera alguien del lugar, además Rihona tenía un fuerte sentido del olfato, podría oler a kilómetros a cualquier intruso aún estando profundamente dormido este se levantaría a proteger su lugar, así que... ¿Porque no murió sin luchar?... No tardaron mucho en pensar lo obvio, efectivamente era alguien que ya era residente del lugar divino, además era alguien con quién Rihona estaba familiarizado y por eso jamás se espero tal traición, por lo tanto había tan solo un sospechoso, mejor dicho "Una" sospechosa.

    Pasaron los días y Kairu regreso junto con Nidia, este se sintió extrañado por el silencio de las personas en el lugar y tantos dragones reunidos, —¿Que sucede aquí?— Pregunto Kairu para luego recibir la respuesta... —Señor... Lamentamos informarle que su dragón Rihona a sido asesinado... Pero al menos ya tenemos al culpable, estuvimos esperando su regreso para que usted mismo decida que es lo que debemos hacer con la diosa Reika—
    Al escuchar esta noticia el feroz rugido de la hermana del dragón asesinado se desencadenó junto con un acercamiento forzado por su irá hacia donde se encontraba la culpable en el centro del palacio destrozando parte del lugar, esta imagen causó un brillo en los ojos de la asesina
    —¿Lo ven?... ¡¡SON BESTIAS!!, ¡¡¿QUE HARAS?!!, ¡¡NOS MATARÁS A TODOS, ¿VERDAD?!!—
    Nidia escucho su voz y se centro solo en ella, Reika estaba indefensa, vigilada, atrapada, y la irá y dolor de la dragonesa estaban siendo soportados pero la impotencia estaba por quebrarse para volverse un baño de sangre pero de quien causó todo...
    —¡BASTA!— Dice Kairu alzando su mano... Veía las lágrimas recorrer el perfil de aquella dragón compartiendo su sentimiento, pero si acababa con su vida le estaría dando la razón... Y quebraria el voto con los dioses de no agredirlos sinó protegerlos... Así que por respeto a su maestro, Nidia se mantuvo en un solo lugar.

    Kairu se acercó a aquella obsesionada enfermiza y tomo una decisión muy piadosa para algo que se debía pagar con la misma moneda según la visión de Nidia. Este dios desterró a Reika a una ciudad en la tierra, una ciudad completamente muerta en donde no existían habitantes y ni siquiera la luz del sol se dignaba a iluminar, era un lugar muy amplio, pero devastado y solitario además de serle puesto en su espalda un sello sumamente doloroso para que no pudiera usar sus poderes divinos, sin embargo, aún con ese castigo Nidia sabía que nada hará que su hermano regrese a la vida, ese castigo solo se podía pagar con la muerte...


    — [Al pasar de unas semanas] —

    La dragonesa se sentía realmente sola, aún con el cariño de su maestro esta sentía que le faltaba su otra mitad, ese dolor no podía ser superado con tan solo pensar que aquella renegada sigue con vida, con la capacidad de viajar o encontrar a quien la apoye como si nunca hubiera pasado nada, ¿Y que pasaría si lograba deshacer el sello para luego hacer lo que quisiera?... Estos pensamientos invadían la mente de la dragón día tras día.
    En una noche tiempo después de aquel suceso, Nidia se acercó a la puerta del reino de los cielos, allí se comunicó con los dragones que resguardaban está misma puerta, sabían que al irse ella su señor quedaría sin dragones, pero entendían su pesar... Estos dragones decidieron darle paso a la salida del mundo divino y con el tiempo comenzarían su ausencia protegiendo a su señor y con el tiempo otorgándole otro protector, Kairu sufrirá su partida, pero sabrá entender...

    [Al bajar de los cielos...]

    Nidia no tardó mucho tiempo para captar la presencia sellada de la renegada, sin embargo desde el cielo veía la apariencia de los que en el plano terrenal vivían y está tomo su forma, una mujer pelirroja con una armadura que reflejaba su coraza con cuernos y cola draconica, con esta forma Nidia podía pasar desapercibida entre los humanos y demihumanos mientras se encaminaba a donde se encontraba su objetivo.

    A Nidia le tomo solo un día para llegar a aquella ciudad devastada puesto a que sus alas nunca perdieron su fuerza original, su velocidad era más rápida que el mismo sonido, Nidia en su forma demihumana veía la gran torre supuestamente abandonada en frente si con una mirada decisiva, sabía que allí se encontraba a quien vino a castigar, camino un largo trecho por lo extensa que era la ciudad devastada, fue paso a paso para ir recordando cada palabra, cada momento, cada recuerdo que no se repetirá jamás.

    Mientras, la Raika escuchaba pasos acercandose lentamente —¿Alguien vino aquí?— pensó con esperanzas de qué tal vez alguien la guíe a dónde haya población, comida, etc... Pero en tan solo un segundo la puerta de madera podrida que estaba enfrente de si fue destruida.
    —¡¿Que?...— Exclamo Raika del susto viendo a una mujer frente a ella — Me calma que aún sigas en buen estado después de aquel momento... Eres lo que necesito para que mi mente y la de mi hermano descansen — Dijo la pelirroja acercándose lentamente — ¡Hermano!... ¿Tu eres?... — Pregunto Reika asustada viendo como su muerte de acercaba paso a paso, el anterior de la habitación era oscuro y monocromático por la luz que entraba por lo que debió haber sido una ventana hace ya muchos años, el piso se quebraba ligeramente mientras más cerca estaba la dragonesa en con su apariencia humana pero intimidante como un dragón en su forma original. — ¡¡Espera...!!, ¡¡DETENTE ALLI...!!, ¡¡TAL VEZ YA NO SEA UNA DIOSA, PERO SI ME QUITAS ESTE SELLO PODRE DARTE LO QUE DESEES, LO QUE QUIERAS!! —
    Después de escuchar estas palabras, Nidia se detuvo en seco en frente, su rostro no mostraba ninguna expresión, está accedió a quitarle el sello, agradecida y aliviada, Reika se dio la vuelta para que aquel sello fuera removido, para que esto fuera exitoso, Nidia renuncio a su forma de dragón completa como pago para poder quitar el sello y efectivamente los poderes de Reika comenzaban a regresar — ¡¡JAJAJAJA, SI, POR FIN, PODRÉ DESHACERME DE ESTA MISERABLE VIDA!!.

    Nidia coloco su mano en el hombro de Reika ya recuperada de sus poderes y solo dijo una cosa
    — Bien, con esto será justo lo que pasara, mi orgullo tal y como le llamas no me dejaría sentirme satisfecha con esto —

    La dragón sabía que la diosa no cumpliría con su palabra —Bien, imagino que lo que deseas es estar al lado de tu hermano, tranquila, será rápido ese deseo —

    En ese preciso momento el combate ya había empezado, Reina dejo salir gran parte de su energía como una onda de choque que destruiría la habitación en la torre donde estaban estando ahora las dos en el aire viendo quien atacara primero, Reika creo una enorme espada de su propia energía divina para luego arremeter contra la dragón, sin embargo, Nidia esquiva con facilidad, aún sin tener arma la dragonesa no mostraba ninguna expresión de desventaja o miedo, desde el aire se aproxima el ataque de Nidia ahora, una enorme bola de fuego carmesi que es disparada a gran velocidad, el campo estaba hecho para esta batalla, pues ya estaba completamente destruido como si llamara al mismo caos, aunque esté era más bien un asunto de venganza y respeto, dos ideales opuestos en un mismo lugar con motivos diferentes de enfrentarse pero con un mismo desenlace, arrebatar la vida de su oponente o morir, está misma mentalidad de todo o nada es lo que implica a usar un 100% de sus habilidades por lo que Reika corta aquella esfera de fuego de dragón, pero justo detrás venía a gran velocidad cortante incluso para el viento la dragona que solo necesitaba un ataque certero...

    — ¡¡MALDI...!! —

    Las palabras de la diosa fueron interrumpidas al sentir como su respiración se cortaba por el fuerte apretón de mano de Nidia quien la tenía en el aire sujetada, sus garras se clavaron en el cuello de Reika para inutilizar cualquier intento de escape, al menor intento de huir su cuello quedaría desgarrado con tan solo una mano.

    — No podías soportar que una "Bestia" tuviera más poder que tú, una diosa, tu envidia marco tu destino — Dijo la dragonesa con una última pregunta y está fue: "¿Cuáles serán tus últimas palabras?", a lo que Reika respondió: — Vamos... En ti... Debe haber también algo de ambición... ¿No hay algo que... Quieras...? —

    Nidia apretó su mano con un cierre respondiendo su pregunta pero está vez con un tono de irá que llevaba mucho tiempo acumulado: — ¡¡QUIERO QUE MUERAS!! —Fueron sus palabras al apretar el cuello de su oponente con una fuerza brutal dejando escapar aquel recentimiento y dolor en un solo movimiento separando la cabeza del cuerpo de Reika... En el aire se veía como un cadáver caía en dos partes mientras la espesa sangre caía marcando en campo de batalla, en la mano de la dragón yacía la sangre de aquella que mato a su hermano y con eso por fin descansaría en paz Rihona y sentiría que habría cumplido Nidia.

    Aún después de un momento, Nidia seguía en el aire cabizbaja, casi como si no estuviera allí, por su mente sabía lo que había pasado, no solo había matado a una diosa para que su hermano fuera vengado, algo más se encontraba en ese desenlace...

    "He renunciado a mi forma de dragón porque fue manchada por romper el juramento que le hice a mi maestro... Jure jamás agredir a un dios... Así que mi penitencia será vivir en este destierro, tomaré el castigo de la renegada, lo que sea con tal de que mi hermano... Mi otra mitad... Descanse en paz..."

    Estás fueron sus últimas palabras en este combate, ahora había quedado sin norte, pero con su mente libre, también sin poder retornar, pero con el poder de sobrevivir, y sin poder transformarse en su forma bestia, pero con la misma fuera y poder como si lo estuviera con sus rasgos que la caracterizan como uno, sus alas para volar más allá del destino, su cola serpeteante y sus cuernos que son más una corona de fortaleza.


    CAP 1: FIN
    Hace ya mucho tiempo existieron una raza de seres con un poder inconmensurable, estos vivían sin dañar a nadie en lo basto del mundo de los dioses, pues estos pertenecían a los reinos de las divinidades por su majestuosidad y poder, el nombre de estos seres mitológicos es "Dragónes", aquellos únicos capaces de ser distinguidos de cualquier otra bestia en el mundo divino, estos vivieron durante cientos de años protegiendo aquel lugar donde vivían. Por otro lado, había una diosa que no estaba de acuerdo con que semejantes bestias salvajes "Según ella" vivieran allí, sus palabras fueron: — "¿Que harán cuando se revelen contra nosotros?, a medida que sigan aumentando en número se les será más fácil adueñarse de este lugar por su orgullo inamovible" — Por alguna razón desconocida aquella entidad odiaba a los dragones, los despreciaba en silencio, no soportaba su presencia cerca de ella, a sus ojos solo eran animales sin uso de razón que en algún momento se revelarían solo por ser territoriales como cualquier otra bestia cualquiera. Estas palabras no eran del agrado de los dioses del lugar causando con el tiempo que sus palabras fueran tomadas como blasfemias por hacia sus protectores, con el tiempo sus palabras eran cada vez más ignoradas hasta el punto de parecer más bien una diosa renegada, este desden y rechazo solo aumento el resentimiento hacia los dioses del lugar hasta el punto en que por su mente paso asesinar a uno de ellos, su idea era que al matar a un dragón los demás dragones perderían el control al sentir la traición y comenzarían un ataque en contra de los dioses provocando que los mismos dioses se vieran obligados a extingirlos por completo, la inmadurez de aquella diosa renegada no le dejó ver qué su plan tenía un enorme fallo en su contra, esto se debía a qué sus deseos de acabar con los dragones parecía más bien una obsesión... Pasaron algunos días pensando en "Quien debería ser el primer dragón muerto" Hasta que dio con aquel dragón que era de uno de los dioses más influyentes en ese lugar divino, fue aquel que se encargo de cada arquitectura del enorme palacio donde vivían, aquel que hace miles de años creo una conexión entre el mundo terrestre y su mundo divino para poder repartir bendiciones con la idea de ayudar, sin duda un gran apoyo para para la tierra y los cielos, este dios llamado Kairu tenía a dos dragones hermanos en su poder, eran parte de su familia desde que nacieron, eran figuras imponentes con pelaje rojo vinotinto con apariencia elegante pero poderosa, estos eran macho y hembra cada uno, el nombre del dragón que protegía las puertas de dónde se hospedaba Kairu era Rihona, más alto y formido que su hermanan Nidia que era más elegante y quién escoltaba a su dios en sus viajes, allá donde fuera este señor brillaba por su dragona y su hogar respetado por su dragón. Aquella diosa, Reika apunto a asesinar al dragón Rihona para cuándo Kairu saliera de viaje, paso el tiempo y efectivamente el viaje se dio, aquel señor salió con su dragonesa en un largo viaje. —Esta es la oportunidad perfecta, al regresar solo encontrará un gran baño de sangre sin remedio... — Pensó en voz baja Reika, con el pasar de dos dias de haberse ido Kairu, el asesinato de Rihona ocurrió en el anochecer, su rugido retumbó en todo el lugar y los dioses fueron a observar que estaba ocurriendo, pero ya era demasiado tarde, al acercarse y revisar el cuerpo este parecía tener una herida causada por una lanza o algo parecido que atravesó su cráneo causando su muerte al instante, este hecho era bastante extraño pues el dragón que protegía las puertas de los cielos nunca aviso de algún intruso, así que lo mas probable es que fuera alguien del lugar, además Rihona tenía un fuerte sentido del olfato, podría oler a kilómetros a cualquier intruso aún estando profundamente dormido este se levantaría a proteger su lugar, así que... ¿Porque no murió sin luchar?... No tardaron mucho en pensar lo obvio, efectivamente era alguien que ya era residente del lugar divino, además era alguien con quién Rihona estaba familiarizado y por eso jamás se espero tal traición, por lo tanto había tan solo un sospechoso, mejor dicho "Una" sospechosa. Pasaron los días y Kairu regreso junto con Nidia, este se sintió extrañado por el silencio de las personas en el lugar y tantos dragones reunidos, —¿Que sucede aquí?— Pregunto Kairu para luego recibir la respuesta... —Señor... Lamentamos informarle que su dragón Rihona a sido asesinado... Pero al menos ya tenemos al culpable, estuvimos esperando su regreso para que usted mismo decida que es lo que debemos hacer con la diosa Reika— Al escuchar esta noticia el feroz rugido de la hermana del dragón asesinado se desencadenó junto con un acercamiento forzado por su irá hacia donde se encontraba la culpable en el centro del palacio destrozando parte del lugar, esta imagen causó un brillo en los ojos de la asesina —¿Lo ven?... ¡¡SON BESTIAS!!, ¡¡¿QUE HARAS?!!, ¡¡NOS MATARÁS A TODOS, ¿VERDAD?!!— Nidia escucho su voz y se centro solo en ella, Reika estaba indefensa, vigilada, atrapada, y la irá y dolor de la dragonesa estaban siendo soportados pero la impotencia estaba por quebrarse para volverse un baño de sangre pero de quien causó todo... —¡BASTA!— Dice Kairu alzando su mano... Veía las lágrimas recorrer el perfil de aquella dragón compartiendo su sentimiento, pero si acababa con su vida le estaría dando la razón... Y quebraria el voto con los dioses de no agredirlos sinó protegerlos... Así que por respeto a su maestro, Nidia se mantuvo en un solo lugar. Kairu se acercó a aquella obsesionada enfermiza y tomo una decisión muy piadosa para algo que se debía pagar con la misma moneda según la visión de Nidia. Este dios desterró a Reika a una ciudad en la tierra, una ciudad completamente muerta en donde no existían habitantes y ni siquiera la luz del sol se dignaba a iluminar, era un lugar muy amplio, pero devastado y solitario además de serle puesto en su espalda un sello sumamente doloroso para que no pudiera usar sus poderes divinos, sin embargo, aún con ese castigo Nidia sabía que nada hará que su hermano regrese a la vida, ese castigo solo se podía pagar con la muerte... — [Al pasar de unas semanas] — La dragonesa se sentía realmente sola, aún con el cariño de su maestro esta sentía que le faltaba su otra mitad, ese dolor no podía ser superado con tan solo pensar que aquella renegada sigue con vida, con la capacidad de viajar o encontrar a quien la apoye como si nunca hubiera pasado nada, ¿Y que pasaría si lograba deshacer el sello para luego hacer lo que quisiera?... Estos pensamientos invadían la mente de la dragón día tras día. En una noche tiempo después de aquel suceso, Nidia se acercó a la puerta del reino de los cielos, allí se comunicó con los dragones que resguardaban está misma puerta, sabían que al irse ella su señor quedaría sin dragones, pero entendían su pesar... Estos dragones decidieron darle paso a la salida del mundo divino y con el tiempo comenzarían su ausencia protegiendo a su señor y con el tiempo otorgándole otro protector, Kairu sufrirá su partida, pero sabrá entender... [Al bajar de los cielos...] Nidia no tardó mucho tiempo para captar la presencia sellada de la renegada, sin embargo desde el cielo veía la apariencia de los que en el plano terrenal vivían y está tomo su forma, una mujer pelirroja con una armadura que reflejaba su coraza con cuernos y cola draconica, con esta forma Nidia podía pasar desapercibida entre los humanos y demihumanos mientras se encaminaba a donde se encontraba su objetivo. A Nidia le tomo solo un día para llegar a aquella ciudad devastada puesto a que sus alas nunca perdieron su fuerza original, su velocidad era más rápida que el mismo sonido, Nidia en su forma demihumana veía la gran torre supuestamente abandonada en frente si con una mirada decisiva, sabía que allí se encontraba a quien vino a castigar, camino un largo trecho por lo extensa que era la ciudad devastada, fue paso a paso para ir recordando cada palabra, cada momento, cada recuerdo que no se repetirá jamás. Mientras, la Raika escuchaba pasos acercandose lentamente —¿Alguien vino aquí?— pensó con esperanzas de qué tal vez alguien la guíe a dónde haya población, comida, etc... Pero en tan solo un segundo la puerta de madera podrida que estaba enfrente de si fue destruida. —¡¿Que?...— Exclamo Raika del susto viendo a una mujer frente a ella — Me calma que aún sigas en buen estado después de aquel momento... Eres lo que necesito para que mi mente y la de mi hermano descansen — Dijo la pelirroja acercándose lentamente — ¡Hermano!... ¿Tu eres?... — Pregunto Reika asustada viendo como su muerte de acercaba paso a paso, el anterior de la habitación era oscuro y monocromático por la luz que entraba por lo que debió haber sido una ventana hace ya muchos años, el piso se quebraba ligeramente mientras más cerca estaba la dragonesa en con su apariencia humana pero intimidante como un dragón en su forma original. — ¡¡Espera...!!, ¡¡DETENTE ALLI...!!, ¡¡TAL VEZ YA NO SEA UNA DIOSA, PERO SI ME QUITAS ESTE SELLO PODRE DARTE LO QUE DESEES, LO QUE QUIERAS!! — Después de escuchar estas palabras, Nidia se detuvo en seco en frente, su rostro no mostraba ninguna expresión, está accedió a quitarle el sello, agradecida y aliviada, Reika se dio la vuelta para que aquel sello fuera removido, para que esto fuera exitoso, Nidia renuncio a su forma de dragón completa como pago para poder quitar el sello y efectivamente los poderes de Reika comenzaban a regresar — ¡¡JAJAJAJA, SI, POR FIN, PODRÉ DESHACERME DE ESTA MISERABLE VIDA!!. Nidia coloco su mano en el hombro de Reika ya recuperada de sus poderes y solo dijo una cosa — Bien, con esto será justo lo que pasara, mi orgullo tal y como le llamas no me dejaría sentirme satisfecha con esto — La dragón sabía que la diosa no cumpliría con su palabra —Bien, imagino que lo que deseas es estar al lado de tu hermano, tranquila, será rápido ese deseo — En ese preciso momento el combate ya había empezado, Reina dejo salir gran parte de su energía como una onda de choque que destruiría la habitación en la torre donde estaban estando ahora las dos en el aire viendo quien atacara primero, Reika creo una enorme espada de su propia energía divina para luego arremeter contra la dragón, sin embargo, Nidia esquiva con facilidad, aún sin tener arma la dragonesa no mostraba ninguna expresión de desventaja o miedo, desde el aire se aproxima el ataque de Nidia ahora, una enorme bola de fuego carmesi que es disparada a gran velocidad, el campo estaba hecho para esta batalla, pues ya estaba completamente destruido como si llamara al mismo caos, aunque esté era más bien un asunto de venganza y respeto, dos ideales opuestos en un mismo lugar con motivos diferentes de enfrentarse pero con un mismo desenlace, arrebatar la vida de su oponente o morir, está misma mentalidad de todo o nada es lo que implica a usar un 100% de sus habilidades por lo que Reika corta aquella esfera de fuego de dragón, pero justo detrás venía a gran velocidad cortante incluso para el viento la dragona que solo necesitaba un ataque certero... — ¡¡MALDI...!! — Las palabras de la diosa fueron interrumpidas al sentir como su respiración se cortaba por el fuerte apretón de mano de Nidia quien la tenía en el aire sujetada, sus garras se clavaron en el cuello de Reika para inutilizar cualquier intento de escape, al menor intento de huir su cuello quedaría desgarrado con tan solo una mano. — No podías soportar que una "Bestia" tuviera más poder que tú, una diosa, tu envidia marco tu destino — Dijo la dragonesa con una última pregunta y está fue: "¿Cuáles serán tus últimas palabras?", a lo que Reika respondió: — Vamos... En ti... Debe haber también algo de ambición... ¿No hay algo que... Quieras...? — Nidia apretó su mano con un cierre respondiendo su pregunta pero está vez con un tono de irá que llevaba mucho tiempo acumulado: — ¡¡QUIERO QUE MUERAS!! —Fueron sus palabras al apretar el cuello de su oponente con una fuerza brutal dejando escapar aquel recentimiento y dolor en un solo movimiento separando la cabeza del cuerpo de Reika... En el aire se veía como un cadáver caía en dos partes mientras la espesa sangre caía marcando en campo de batalla, en la mano de la dragón yacía la sangre de aquella que mato a su hermano y con eso por fin descansaría en paz Rihona y sentiría que habría cumplido Nidia. Aún después de un momento, Nidia seguía en el aire cabizbaja, casi como si no estuviera allí, por su mente sabía lo que había pasado, no solo había matado a una diosa para que su hermano fuera vengado, algo más se encontraba en ese desenlace... "He renunciado a mi forma de dragón porque fue manchada por romper el juramento que le hice a mi maestro... Jure jamás agredir a un dios... Así que mi penitencia será vivir en este destierro, tomaré el castigo de la renegada, lo que sea con tal de que mi hermano... Mi otra mitad... Descanse en paz..." Estás fueron sus últimas palabras en este combate, ahora había quedado sin norte, pero con su mente libre, también sin poder retornar, pero con el poder de sobrevivir, y sin poder transformarse en su forma bestia, pero con la misma fuera y poder como si lo estuviera con sus rasgos que la caracterizan como uno, sus alas para volar más allá del destino, su cola serpeteante y sus cuernos que son más una corona de fortaleza. CAP 1: FIN
    Me encocora
    Me endiabla
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