• Aerith quiso que me probara su lazo del pelo; incluso me peinó el cabello como lo tiene ella. Creo que me queda bien, pero sin duda le queda mejor a ella, igual que el lazo; además, es su toque original.
    Aerith quiso que me probara su lazo del pelo; incluso me peinó el cabello como lo tiene ella. Creo que me queda bien, pero sin duda le queda mejor a ella, igual que el lazo; además, es su toque original.
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  • Hmmm, como sentirme ridícula en dos pasos

    Ésto es una pésima idea!!!
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    CURIOSADES DE LIZ FORBES
    Las curiosades que van a leer a continuación son cosa mía, pero respectando el lore de tvd.

    1) Obtuvo su placa de policía a los 20 años.
    2) A simple vista puede parecer una mujer dura, pero realmente tiene su corazoncito.
    3) Ama leer clásicos de literatura.
    4) Cuando descubrió que Caroline era una vampira sintió como su vida se tambaleaba.
    5) A mejorado su relación con Caroline.
    6) El único amor de su vida es su trabajo.
    7) Le gusta cuidar el jardín trasero de su casa.
    8) A veces le gusta cocinar repostería.
    9) No es muy buena en temas de bailar.
    10) Enseño a Caroline montar en bicicleta.
    11) Tiene una caja llena de archivos sobre ataques de "animales"
    CURIOSADES DE LIZ FORBES ⚠️ Las curiosades que van a leer a continuación son cosa mía, pero respectando el lore de tvd. 1) Obtuvo su placa de policía a los 20 años. 2) A simple vista puede parecer una mujer dura, pero realmente tiene su corazoncito. 3) Ama leer clásicos de literatura. 4) Cuando descubrió que Caroline era una vampira sintió como su vida se tambaleaba. 5) A mejorado su relación con Caroline. 6) El único amor de su vida es su trabajo. 7) Le gusta cuidar el jardín trasero de su casa. 8) A veces le gusta cocinar repostería. 9) No es muy buena en temas de bailar. 10) Enseño a Caroline montar en bicicleta. 11) Tiene una caja llena de archivos sobre ataques de "animales"
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  • -Después de todo lo ocurrido en el resort, resultaba obvio que Kazuha tendría tantas preguntas que empezaban a marearla no solo a ella sino a todos, muchas preguntas que le costó un poco de trabajo comenzar a responder, porque, se sentía a algo tan fundamental que nunca pensó que era algo que tuviera que explicarle a alguien alguna vez

    En el ambiente natural al que ella los había llevado a ambos, que por suerte resultaba necesariamente pacífico para un momento así, empezó a explicar-

    Cuando digo depender de él, me refiero a mi padre... escapé de mi casa con ayuda de Nana porque estaba harta de vivir encerrada. Mi familia es... podemos decir que es importante y que mi apellido me da responsabilidades y expectativas que yo nunca pedí, me sentía asfixiada así que huí de casa al mundo humano, donde estabas tú, y después conocí a Kieran ahí.

    -Comenzó por lo más fácil, antes de seguir hablando, Nana apareció con un par de camisas holgadas y pants suaves y cómodos para ambas, con una cara de pocos amigos que expresaba un "vístanse por el amor de Dios"- (?)

    Somos Aelorianos, pertenecemos a Nwitta, que es donde estamos ahora, este mundo que existe en paralelo con el plano que habitan los seres humanos... lo que viste, los portales, la gente desapareciendo, lo que Kieran hizo... e incluso antes de eso, lo que sucedió en el subterráneo, todo eso es debido a la magia que poseemos.

    -Asintió ya vestida como niña decente (??)-

    Así que sí, tú también puedes hacerlo... y como ya intuiste tu pérdida de memoria tiene que ver con esto...

    -Observó a Kieran antes de decir más, sabia que darle tanta información de golpe, además aprovechó para acercarse a él y pasar la compresa húmeda por su rostro, como si relevara a Nana, dando un suspiro-
    -Después de todo lo ocurrido en el resort, resultaba obvio que [K4zuha] tendría tantas preguntas que empezaban a marearla no solo a ella sino a todos, muchas preguntas que le costó un poco de trabajo comenzar a responder, porque, se sentía a algo tan fundamental que nunca pensó que era algo que tuviera que explicarle a alguien alguna vez En el ambiente natural al que ella los había llevado a ambos, que por suerte resultaba necesariamente pacífico para un momento así, empezó a explicar- Cuando digo depender de él, me refiero a mi padre... escapé de mi casa con ayuda de Nana porque estaba harta de vivir encerrada. Mi familia es... podemos decir que es importante y que mi apellido me da responsabilidades y expectativas que yo nunca pedí, me sentía asfixiada así que huí de casa al mundo humano, donde estabas tú, y después conocí a [forever.tainted] ahí. -Comenzó por lo más fácil, antes de seguir hablando, Nana apareció con un par de camisas holgadas y pants suaves y cómodos para ambas, con una cara de pocos amigos que expresaba un "vístanse por el amor de Dios"- (?) Somos Aelorianos, pertenecemos a Nwitta, que es donde estamos ahora, este mundo que existe en paralelo con el plano que habitan los seres humanos... lo que viste, los portales, la gente desapareciendo, lo que Kieran hizo... e incluso antes de eso, lo que sucedió en el subterráneo, todo eso es debido a la magia que poseemos. -Asintió ya vestida como niña decente (??)- Así que sí, tú también puedes hacerlo... y como ya intuiste tu pérdida de memoria tiene que ver con esto... -Observó a Kieran antes de decir más, sabia que darle tanta información de golpe, además aprovechó para acercarse a él y pasar la compresa húmeda por su rostro, como si relevara a Nana, dando un suspiro-
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  • •Las crónicas de Fenrir Queen•

    KAEL VIREON — ORIGEN

    “El niño que aprendió a romper”

    Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía.

    Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia.

    Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante.

    Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo.

    Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio.

    —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil.

    Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente.

    —¿Siempre eres tan serio?

    Kael desvió la mirada.

    —No.

    —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido.

    —No creo que este lugar pueda ser más aburrido.

    Fenrir soltó una pequeña risa.

    —Entonces tendré que esforzarme más.

    Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo.

    —¿Cómo te llamas? —preguntó ella.

    Kael tardó unos segundos en responder.

    —Kael.

    —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien.

    —¿Y tú?

    —Fenrir.

    Kael frunció ligeramente el ceño.

    —Es un nombre raro.

    —El tuyo también —respondió ella sin dudar.

    Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael.

    —Supongo que estamos igual.

    Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia.

    —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada.

    Fenrir dudó.

    —Cosas… malas.

    —¿Guerra?

    Ella bajó la mirada.

    —Creo que sí.

    Kael guardó silencio unos segundos.

    —¿Tienes miedo?

    Fenrir negó lentamente.

    —No… pero tampoco me gusta.

    —A mí tampoco.

    Ella lo miró con curiosidad.

    —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás?

    Kael pensó por un momento.

    —No lo sé… supongo que volver a casa.

    Fenrir sonrió suavemente.

    —Entonces asegúrate de llegar.

    Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo.

    —¿Y tú? —preguntó finalmente.

    Fenrir levantó la vista hacia el exterior.

    —Creo que… tengo que irme a algún lugar.

    —¿Volverás?

    Ella no respondió de inmediato.

    —…sí.

    Pero en su mirada había duda.

    Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo.

    Hasta que un día, Fenrir dejó de venir.

    Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban.

    Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre.

    No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre.

    Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
    •Las crónicas de Fenrir Queen• 🔥 KAEL VIREON — ORIGEN “El niño que aprendió a romper” Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía. Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia. Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante. Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo. Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio. —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil. Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente. —¿Siempre eres tan serio? Kael desvió la mirada. —No. —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido. —No creo que este lugar pueda ser más aburrido. Fenrir soltó una pequeña risa. —Entonces tendré que esforzarme más. Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo. —¿Cómo te llamas? —preguntó ella. Kael tardó unos segundos en responder. —Kael. —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien. —¿Y tú? —Fenrir. Kael frunció ligeramente el ceño. —Es un nombre raro. —El tuyo también —respondió ella sin dudar. Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael. —Supongo que estamos igual. Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia. —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada. Fenrir dudó. —Cosas… malas. —¿Guerra? Ella bajó la mirada. —Creo que sí. Kael guardó silencio unos segundos. —¿Tienes miedo? Fenrir negó lentamente. —No… pero tampoco me gusta. —A mí tampoco. Ella lo miró con curiosidad. —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás? Kael pensó por un momento. —No lo sé… supongo que volver a casa. Fenrir sonrió suavemente. —Entonces asegúrate de llegar. Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. —¿Y tú? —preguntó finalmente. Fenrir levantó la vista hacia el exterior. —Creo que… tengo que irme a algún lugar. —¿Volverás? Ella no respondió de inmediato. —…sí. Pero en su mirada había duda. Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo. Hasta que un día, Fenrir dejó de venir. Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban. Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre. No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre. Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
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  • Hoy fue un día divertido haciendo pasteles con Aerith Gainsborough y Cloud Strife, Aerith es una experta pastelera sin duda y Cloud un buen ayudante como yo.
    Hoy fue un día divertido haciendo pasteles con [L0VERGIRL] y [Cloud_Strife], Aerith es una experta pastelera sin duda y Cloud un buen ayudante como yo.
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  • Nunca pensó que aquel viaje terminaría así. No fue su intención cuando decidió salir de Estados Unidos y llevarse a Andrea D´amico Grimaldi a Italia. Se suponía que seria una semana liberadora, divertida y donde no tuvieran que pensar en nada más que en ellos, en disfrutar... Estaba claro que las cosas nunca salían como una quería... Y ahora pesaba más el silencio entre los dos que lo que habían vivido, disfrutado. Que lo que se habían dicho, que lo que hubieran planeado...
    Nunca pensó que aquel viaje terminaría así. No fue su intención cuando decidió salir de Estados Unidos y llevarse a [B0dyguard] a Italia. Se suponía que seria una semana liberadora, divertida y donde no tuvieran que pensar en nada más que en ellos, en disfrutar... Estaba claro que las cosas nunca salían como una quería... Y ahora pesaba más el silencio entre los dos que lo que habían vivido, disfrutado. Que lo que se habían dicho, que lo que hubieran planeado...
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  • ​Las luces cayeron, pero el aire seguía cargado de una intensa electricidad que mantenía sus vellos erizados. Su respiración pesaba. A pesar de la fatiga, de su rostro colgaba una sonrisa cristalina, suspendida en algún punto intermedio entre el alivio, la satisfacción y la adrenalina que aún corría por sus venas. Aún podía escuchar los vítores de su público reproduciéndose en su mente.

    ​Después de tanto tiempo y esfuerzo invertidos, finalmente había debutado. Y lo hizo bajo su propio nombre. No como parte de un grupo, no como acompañante; solo ella y su público, de la mano de la agencia VisionOne.

    ​Estaba exhausta, pero había valido la pena cada segundo. Las luces, la precisión de su coreografía, las cámaras... todo había sido perfecto. Lo que más le sorprendía era que tantas personas se animaran a verla solo a ella. Fuera por su carisma, su belleza o su toque personal, la gente había estado allí apoyándola. Era un sueño cumplido; el primer paso de un futuro brillante, o eso le gustaba creer.

    ​—Cielos... casi no lo creo —pensó en voz alta, justo detrás del escenario principal.

    ​Pasó una mano por su cabello perfectamente arreglado y ajustó el vestido diseñado a medida. A lo lejos, los moderadores despedían el evento y guiaban a las personas hacia la salida, mientras ella apoyaba las manos en su cintura, tratando de recuperar el aliento en el Backstage.
    ​Las luces cayeron, pero el aire seguía cargado de una intensa electricidad que mantenía sus vellos erizados. Su respiración pesaba. A pesar de la fatiga, de su rostro colgaba una sonrisa cristalina, suspendida en algún punto intermedio entre el alivio, la satisfacción y la adrenalina que aún corría por sus venas. Aún podía escuchar los vítores de su público reproduciéndose en su mente. ​Después de tanto tiempo y esfuerzo invertidos, finalmente había debutado. Y lo hizo bajo su propio nombre. No como parte de un grupo, no como acompañante; solo ella y su público, de la mano de la agencia VisionOne. ​Estaba exhausta, pero había valido la pena cada segundo. Las luces, la precisión de su coreografía, las cámaras... todo había sido perfecto. Lo que más le sorprendía era que tantas personas se animaran a verla solo a ella. Fuera por su carisma, su belleza o su toque personal, la gente había estado allí apoyándola. Era un sueño cumplido; el primer paso de un futuro brillante, o eso le gustaba creer. ​—Cielos... casi no lo creo —pensó en voz alta, justo detrás del escenario principal. ​Pasó una mano por su cabello perfectamente arreglado y ajustó el vestido diseñado a medida. A lo lejos, los moderadores despedían el evento y guiaban a las personas hacia la salida, mientras ella apoyaba las manos en su cintura, tratando de recuperar el aliento en el Backstage.
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  • "Vitaligrafo del Tenno, No sabía que tenía fecha de cumpleaños, entiendo que en este tramo del tiempo, un pasado lejano antes de la aparición del os orokins, parece ser un día particular, he observado los cumpleañeros y hoy me tocó ser uno de ellos"

    "No sabía, o al menos no recuerdo nada de nada, personalmente ni mi nombre ni mi fecha son exactamente míos, sólo los tome prestados de una lápida cuando salí de Duviri y conoce la real realidad de mi línea de tiempo, sin embargo, aunque quisiera agradecer profundamente el ser considerado para recibir presentes como un delicioso pastel, temo que mi felicidad sea alimento del ser que me maldijo, espero mantenerlo en secreto o posiblemente esos recuerdos se esfumen de mi mente poco a poco, al menos este vitaligrafo que me encontré servirá para recordarme a mi mismo, que tengo derecho a pequeñas alegrías."
    "Vitaligrafo del Tenno, No sabía que tenía fecha de cumpleaños, entiendo que en este tramo del tiempo, un pasado lejano antes de la aparición del os orokins, parece ser un día particular, he observado los cumpleañeros y hoy me tocó ser uno de ellos" "No sabía, o al menos no recuerdo nada de nada, personalmente ni mi nombre ni mi fecha son exactamente míos, sólo los tome prestados de una lápida cuando salí de Duviri y conoce la real realidad de mi línea de tiempo, sin embargo, aunque quisiera agradecer profundamente el ser considerado para recibir presentes como un delicioso pastel, temo que mi felicidad sea alimento del ser que me maldijo, espero mantenerlo en secreto o posiblemente esos recuerdos se esfumen de mi mente poco a poco, al menos este vitaligrafo que me encontré servirá para recordarme a mi mismo, que tengo derecho a pequeñas alegrías."
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  • La lluvia caía con fuerza sobre los adoquines rotos de la fortaleza abandonada. El agua descendía por los muros derruidos como si la propia piedra sangrara siglos de miseria. Entre la niebla y el hedor de carne húmeda, avancé arrastrando las pesadas botas sobre el barro ennegrecido.

    El filo de mi gran hacha descansaba sobre mi hombro, aún goteando una mezcla espesa de sangre y podredumbre. El hierro viejo rechinaba con cada paso, como si el arma misma estuviera cansada de partir cuerpos huecos.

    Entonces los escuché.

    Ese maldito sonido.

    Huesos rozando piedra. Respiraciones inexistentes. Gargantas secas intentando imitar la vida.

    Los huecos comenzaron a emerger desde las
    sombras de las callejuelas; uno arrastraba una pierna
    casi desprendida, otro sostenía una espada oxidada

    que apenas podía levantar. Sus ojos vacíos me observaban con el hambre desesperada de quienes
    olvidaron hasta su propio nombre.

    Solté un gruñido dentro del yelmo.

    Uno de ellos se lanzó primero, chillando como anima herido. Alcé el hacha con ambas manos y dejé caer el filo con brutalidad. El impacto partió al hueco desde el hombro hasta el pecho, estrellándolo contrael suelo empapado.

    No hubo tiempo para respirar.

    Otro intentó abalanzarse sobre mí por el costado. Giré sobre mis pies y el mango del hacha golpeó su mandíbula con un crujido seco. Sentí los dedos huesudos rasgar mi armadura mientras retrocedía.

    Más figuras aparecieron entre la lluvia.

    Demasiados.

    El miedo quiso abrirse paso dentro de mi pecho... pero hacía mucho que aprendí a enterrarlo bajo acero y cerveza.

    Clavé el hacha en el suelo un instante y observé el círculo de monstruos acercándose lentamente.

    La tormenta rugió sobre nosotros. Entonces avancé yo primero para atacar.

    Después de aquella ordalia el último hueco cayó de rodillas frente a mí, atravesado por el filo de mi gran hacha. Permaneció inmóvil unos segundos antes de desplomarse sobre el barro junto a los demás cadáveres.

    La lluvia continuó golpeando mi armadura mientras observaba las ruinas en silencio.

    Solté un suspiro cansado dentro del yelmo y limpié el filo ensangrentado contra el suelo.

    —Sigo vivo… eso basta por esta noche.

    A lo lejos, una pequeña hoguera brillaba entre la niebla. Sin mirar atrás, comencé a caminar hacia ella mientras la tormenta devoraba lentamente el campo de batalla.
    La lluvia caía con fuerza sobre los adoquines rotos de la fortaleza abandonada. El agua descendía por los muros derruidos como si la propia piedra sangrara siglos de miseria. Entre la niebla y el hedor de carne húmeda, avancé arrastrando las pesadas botas sobre el barro ennegrecido. El filo de mi gran hacha descansaba sobre mi hombro, aún goteando una mezcla espesa de sangre y podredumbre. El hierro viejo rechinaba con cada paso, como si el arma misma estuviera cansada de partir cuerpos huecos. Entonces los escuché. Ese maldito sonido. Huesos rozando piedra. Respiraciones inexistentes. Gargantas secas intentando imitar la vida. Los huecos comenzaron a emerger desde las sombras de las callejuelas; uno arrastraba una pierna casi desprendida, otro sostenía una espada oxidada que apenas podía levantar. Sus ojos vacíos me observaban con el hambre desesperada de quienes olvidaron hasta su propio nombre. Solté un gruñido dentro del yelmo. Uno de ellos se lanzó primero, chillando como anima herido. Alcé el hacha con ambas manos y dejé caer el filo con brutalidad. El impacto partió al hueco desde el hombro hasta el pecho, estrellándolo contrael suelo empapado. No hubo tiempo para respirar. Otro intentó abalanzarse sobre mí por el costado. Giré sobre mis pies y el mango del hacha golpeó su mandíbula con un crujido seco. Sentí los dedos huesudos rasgar mi armadura mientras retrocedía. Más figuras aparecieron entre la lluvia. Demasiados. El miedo quiso abrirse paso dentro de mi pecho... pero hacía mucho que aprendí a enterrarlo bajo acero y cerveza. Clavé el hacha en el suelo un instante y observé el círculo de monstruos acercándose lentamente. La tormenta rugió sobre nosotros. Entonces avancé yo primero para atacar. Después de aquella ordalia el último hueco cayó de rodillas frente a mí, atravesado por el filo de mi gran hacha. Permaneció inmóvil unos segundos antes de desplomarse sobre el barro junto a los demás cadáveres. La lluvia continuó golpeando mi armadura mientras observaba las ruinas en silencio. Solté un suspiro cansado dentro del yelmo y limpié el filo ensangrentado contra el suelo. —Sigo vivo… eso basta por esta noche. A lo lejos, una pequeña hoguera brillaba entre la niebla. Sin mirar atrás, comencé a caminar hacia ella mientras la tormenta devoraba lentamente el campo de batalla.
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