• Un poco de paz en nuestra mente antes de dormir. Muchos anhelamos eso mas que cualquier joya. Pero una noche tan hermosa como esta no puede ser arruinada con pensamientos tan negativos ¿No?
    Un poco de paz en nuestra mente antes de dormir. Muchos anhelamos eso mas que cualquier joya. Pero una noche tan hermosa como esta no puede ser arruinada con pensamientos tan negativos ¿No?
    0 turnos 0 maullidos
  • #SeductiveSunday
    ¿Estas bien? Si necesitas ayuda, mi deber como trazacaminos es dar una mano amiga.
    #SeductiveSunday ¿Estas bien? Si necesitas ayuda, mi deber como trazacaminos es dar una mano amiga.
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • *Me doy vueltas en la cama una y otra vez. Al no poder conciliar el sueño. Reproduzco un video de críptidos desde mi móvil mientras reflexiono en voz alta como si hablara conmigo misma* Que extraño se siente esto... Muchos me visitaron hoy al departamento para darme ánimos. Incluso en teoría curaron mi brazo fracturado. Pero este no deja de doler... Mi mente "no deja de doler". El dolor "psíquico" es el más implacable tipo de dolor. En la soledad de estas penumbras sólo me queda dejar que otros se encarguen por ahora. No soy capaz de resolver todo. Tendremos nuestra revancha y cúando esta ocurra. Definitivamente no perderemos.
    *Me doy vueltas en la cama una y otra vez. Al no poder conciliar el sueño. Reproduzco un video de críptidos desde mi móvil mientras reflexiono en voz alta como si hablara conmigo misma* Que extraño se siente esto... Muchos me visitaron hoy al departamento para darme ánimos. Incluso en teoría curaron mi brazo fracturado. Pero este no deja de doler... Mi mente "no deja de doler". El dolor "psíquico" es el más implacable tipo de dolor. En la soledad de estas penumbras sólo me queda dejar que otros se encarguen por ahora. No soy capaz de resolver todo. Tendremos nuestra revancha y cúando esta ocurra. Definitivamente no perderemos.
    Me entristece
    1
    1 turno 0 maullidos
  • Una persona, al descubrir que es amada por ser como es, no por lo que pretende ser, sentirá que merece respeto y amor.
    Una persona, al descubrir que es amada por ser como es, no por lo que pretende ser, sentirá que merece respeto y amor.
    0 turnos 0 maullidos
  • — ¿Qué mundos tengo dentro del alma que hace tiempo vengo pidiendo medios para volar? —Repitió en un susurro, como si temiera romper algo frágil que habitaba en esas palabras.

    Se detuvo frente al muro desgastado, donde la frase sobrevivía al paso del tiempo como una herida abierta. Sus dedos, cubiertos por el guante oscuro, se alzaron lentamente… dudando apenas un instante antes de rozar las letras.

    Siguió el trazo de cada palabra con la yema de los dedos, como si pudiera sentir en ellas el pulso de quien las escribió… como si, de algún modo, fueran suyas también. Su respiración se volvió más lenta, y algo en su pecho se tensó, una emoción que no sabía nombrar.

    ¿Alma…?

    Sus ojos se entrecerraron levemente. No había respuestas en ese mundo en ruinas. Solo ecos.

    Entonces, una gota cayó sobre el dorso de su mano.

    Se quedó inmóvil, observándola, como si ese mínimo contacto con el cielo fuese algo extraño, casi olvidado. Luego otra gota… y otra más.

    La lluvia comenzó a caer con sutileza, apenas perceptible al principio, como un murmullo que crecía entre los restos del pueblo. Ni siquiera le importaba mojarse, todo era parte de las sensaciones de lo que alguna vez anhelo con todo su ser.
    — ¿Qué mundos tengo dentro del alma que hace tiempo vengo pidiendo medios para volar? —Repitió en un susurro, como si temiera romper algo frágil que habitaba en esas palabras. Se detuvo frente al muro desgastado, donde la frase sobrevivía al paso del tiempo como una herida abierta. Sus dedos, cubiertos por el guante oscuro, se alzaron lentamente… dudando apenas un instante antes de rozar las letras. Siguió el trazo de cada palabra con la yema de los dedos, como si pudiera sentir en ellas el pulso de quien las escribió… como si, de algún modo, fueran suyas también. Su respiración se volvió más lenta, y algo en su pecho se tensó, una emoción que no sabía nombrar. ¿Alma…? Sus ojos se entrecerraron levemente. No había respuestas en ese mundo en ruinas. Solo ecos. Entonces, una gota cayó sobre el dorso de su mano. Se quedó inmóvil, observándola, como si ese mínimo contacto con el cielo fuese algo extraño, casi olvidado. Luego otra gota… y otra más. La lluvia comenzó a caer con sutileza, apenas perceptible al principio, como un murmullo que crecía entre los restos del pueblo. Ni siquiera le importaba mojarse, todo era parte de las sensaciones de lo que alguna vez anhelo con todo su ser.
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • El sonido de las fichas al chocar era lo único que rompía el silencio.

    Clac, clac, clac.

    El humo del tabaco dibujaba una neblina tenue bajo la luz cálida del salón privado. Hombres de traje impecable, mujeres elegantes de miradas afiladas, dedos cargados de anillos, joyas de otras culturas. Risas bajas, contenidas, falsas. Nadie en esa mesa era realmente amigo de nadie, a pesar de los posibles jugueteos de piernas bajo la mesa.

    Pero en el centro, nuestro hombre: Renji Kurogane, mejor conocido como Kokuren.

    Sentado con la espalda relajada, una pierna cruzada sobre la otra, como si el tiempo no tuviera prisa por alcanzarlo. Su camisa ligeramente abierta, producto del calor, de las numerosas bebidasque todos tomaban y de haber pasado horas jugando. En su mano, una ficha giraba entre sus dedos mientras se divertía en silencio; sus ojos, fríos y atentos, ya lo habían visto todo.

    —Hmm.

    Dejó caer la ficha.
    Uno de los hombres tensó la mandíbula y una mujer desvió la mirada apenas un segundo, pero fue suficiente. Renji inclinó la cabeza levemente, una sonrisa torcida dibujándose en sus labios.

    —Parece que esta noche la suerte no está de su lado.

    Mentira. No creía en la suerte, pero sabía que ellos sí.
    Con movimientos lentos, casi perezosos, acomodó sus fichas. No había duda ni titubeo, solo la calma de alguien que llevaba varias jugadas por delante desde el principio. El silencio se volvió denso; uno de los presentes soltó el aire entre dientes, otro apretó los nudillos contra la mesa.

    Renji levantó la mirada, encontrándose con los ojos de cada uno, uno por uno, disfrutando ese instante donde el control cambiaba de manos.

    —Damas y caballeros…

    murmuró, ladeando la sonrisa mientras apoyaba el codo en la mesa y llevaba su mano al mentón con despreocupación.

    —¿Qué vamos a hacer con los refugiados de Corea del Norte?

    Lo dijo como quien comenta el clima, dejando la pregunta suspendida en el aire sin intención real de suavizarla. Antes de que alguien respondiera, sus dedos volvieron a moverse con precisión; tomó una ficha del muro, la observó apenas un instante y la integró a su mano sin apuro.

    —Tsumo.

    Volteó sus fichas con calma, revelando una jugada perfecta, cerrada sin margen de error.

    —Treinta mil.

    El sonido de las fichas siendo empujadas hacia él llenó el silencio que nadie más se atrevió a romper.
    El sonido de las fichas al chocar era lo único que rompía el silencio. Clac, clac, clac. El humo del tabaco dibujaba una neblina tenue bajo la luz cálida del salón privado. Hombres de traje impecable, mujeres elegantes de miradas afiladas, dedos cargados de anillos, joyas de otras culturas. Risas bajas, contenidas, falsas. Nadie en esa mesa era realmente amigo de nadie, a pesar de los posibles jugueteos de piernas bajo la mesa. Pero en el centro, nuestro hombre: Renji Kurogane, mejor conocido como Kokuren. Sentado con la espalda relajada, una pierna cruzada sobre la otra, como si el tiempo no tuviera prisa por alcanzarlo. Su camisa ligeramente abierta, producto del calor, de las numerosas bebidasque todos tomaban y de haber pasado horas jugando. En su mano, una ficha giraba entre sus dedos mientras se divertía en silencio; sus ojos, fríos y atentos, ya lo habían visto todo. —Hmm. Dejó caer la ficha. Uno de los hombres tensó la mandíbula y una mujer desvió la mirada apenas un segundo, pero fue suficiente. Renji inclinó la cabeza levemente, una sonrisa torcida dibujándose en sus labios. —Parece que esta noche la suerte no está de su lado. Mentira. No creía en la suerte, pero sabía que ellos sí. Con movimientos lentos, casi perezosos, acomodó sus fichas. No había duda ni titubeo, solo la calma de alguien que llevaba varias jugadas por delante desde el principio. El silencio se volvió denso; uno de los presentes soltó el aire entre dientes, otro apretó los nudillos contra la mesa. Renji levantó la mirada, encontrándose con los ojos de cada uno, uno por uno, disfrutando ese instante donde el control cambiaba de manos. —Damas y caballeros… murmuró, ladeando la sonrisa mientras apoyaba el codo en la mesa y llevaba su mano al mentón con despreocupación. —¿Qué vamos a hacer con los refugiados de Corea del Norte? Lo dijo como quien comenta el clima, dejando la pregunta suspendida en el aire sin intención real de suavizarla. Antes de que alguien respondiera, sus dedos volvieron a moverse con precisión; tomó una ficha del muro, la observó apenas un instante y la integró a su mano sin apuro. —Tsumo. Volteó sus fichas con calma, revelando una jugada perfecta, cerrada sin margen de error. —Treinta mil. El sonido de las fichas siendo empujadas hacia él llenó el silencio que nadie más se atrevió a romper.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Para que forsame , ya se como va acabar

    https://vt.tiktok.com/ZS9xwF1eD/
    Para que forsame , ya se como va acabar https://vt.tiktok.com/ZS9xwF1eD/
    @rolaspariodiasymas

    Leona Canción TWISTED-WONDERLAND 🍎 Himnos de Dormitorio | Azul, Leona, Trey, Sebek y Silver | Mix Song 🔥 Canciones: 🔥 00:00 - Juramento del Trueno 04:23 - Guardián en Silencio 08:13 - Baila la noche en Diasomnia 12:10 - Ecos de Diasomnia 15:40 - Contrato Perfecto 20:27 - Rey Sin Corona 24:10 - Dulce Control 🎩 BIENVENIDOS A NIGHT RAVEN COLLEGE. Nos sumergimos en los espejos para traer los himnos definitivos de los estudiantes más icónicos de Twisted-Wonderland. Desde los contratos en las profundidades marinas hasta el rugido en la sabana, dedicada a quienes no temen a su propia oscuridad. ✨ ¿Qué hay de nuevo en este Catálogo de Magia? (Tracklist): ⚡ Sebek Zigvolt – "Juramento del Trueno": La lealtad absoluta y el grito de guerra que protege el honor de Diasomnia. ⚔️ Silver – "Guardián en Silencio": La espada que vela en la frontera entre el sueño y la realidad. 🐙 Azul Ashengrotto – "Contrato Perfecto": Siente el peso de la firma y el trato justo de Octavinelle. Nada es gratis bajo el mar. 🦁 Leona Kingscholar – "Rey Sin Corona": El rugido de Savanaclaw. Un poder que no necesita trono para dominar. ♣️ Trey Clover – "Dulce Control": El orden detrás del caos de Heartslabyul. La medida exacta para que todo funcione. #Rolaspariodiasymas RPY+ #RolasParodiasYMas #TwistedWonderland #LeonaKingscholar

    ♬ sonido original - rolaspariodiasymas
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial.

    A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución.

    A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora.

    Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca.

    — No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo —

    La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo.

    — Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío—

    El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar.

    — Koldun —

    Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real.

    — Acaba con esto —

    El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden.
    Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
    El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial. A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución. A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora. Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca. — No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo — La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo. — Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío— El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar. — Koldun — Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real. — Acaba con esto — El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden. Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
    Me shockea
    3
    0 comentarios 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    El callejón, bañado por la luz mortecina de los letreros de neón, apestaba a ozono y sangre fresca. Maral Romanov no se detuvo a observar los cuerpos esparcidos a sus pies; para ella, no eran más que basura que había bloqueado su camino durante demasiado tiempo. Habían cometido el error fatal de creer que, por ser mujer, podían subestimar su ambición. Intentaron manipular los envíos de la Bratva, pensando que ella era una pieza que podían mover a su antojo en el tablero de la ciudad. Jugaron con su tiempo, y en el mundo de Maral, el tiempo era el único recurso que no se podía recuperar, y por lo tanto, el más caro.

    Ella caminaba con una elegancia gélida, el peso de la katana aún vibrando ligeramente en su mano. Una gota de sangre se deslizó desde la hoja hasta su mejilla, marcando su rostro como una cicatriz de guerra que lucía con orgullo. La facción rival había enviado a sus mejores hombres, creyendo que una advertencia sería suficiente para doblegarla.

    Maral se detuvo bajo la luz amarillenta de una lámpara parpadeante. No tenía miedo, ni remordimientos. Nunca pedía permiso, y jamás pedía perdón. Si querían jugar sucio, ella se aseguraría de que el juego terminara con ellos. Guardó la katana con un chasquido metálico y ajustó su guante táctico, dejando atrás el silencio de los muertos. La ciudad era suya, y acababa de enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar.

    El callejón, bañado por la luz mortecina de los letreros de neón, apestaba a ozono y sangre fresca. Maral Romanov no se detuvo a observar los cuerpos esparcidos a sus pies; para ella, no eran más que basura que había bloqueado su camino durante demasiado tiempo. Habían cometido el error fatal de creer que, por ser mujer, podían subestimar su ambición. Intentaron manipular los envíos de la Bratva, pensando que ella era una pieza que podían mover a su antojo en el tablero de la ciudad. Jugaron con su tiempo, y en el mundo de Maral, el tiempo era el único recurso que no se podía recuperar, y por lo tanto, el más caro. Ella caminaba con una elegancia gélida, el peso de la katana aún vibrando ligeramente en su mano. Una gota de sangre se deslizó desde la hoja hasta su mejilla, marcando su rostro como una cicatriz de guerra que lucía con orgullo. La facción rival había enviado a sus mejores hombres, creyendo que una advertencia sería suficiente para doblegarla. Maral se detuvo bajo la luz amarillenta de una lámpara parpadeante. No tenía miedo, ni remordimientos. Nunca pedía permiso, y jamás pedía perdón. Si querían jugar sucio, ella se aseguraría de que el juego terminara con ellos. Guardó la katana con un chasquido metálico y ajustó su guante táctico, dejando atrás el silencio de los muertos. La ciudad era suya, y acababa de enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar.
    Me encocora
    Me gusta
    3
    0 comentarios 0 compartidos
  • -El viento no soplaba, rugia con total fuerza sobre los hombros del Ogro, arrastraba ceniza, olor a hierro y muerte, hacia crujir los estandartes rotos clavados en la tierra conquistada. La montaña sobre la que se encontraba parado el Ogro no era un un simbolo.. era una declaracion. Cuerpos apilados sin distincios, reyes, soldados, bestias, traidores. Todos iguales ahora, todos en silencio, inmovil, dominante, con su piel azul marcada por la guerra, los cuernos recortandose contra el cielo enfermo, y los ojos brillando como brasas que no se apagan nunca. En su mano, el estandarte no era solo un trofeo.. era el sello de su conquista, pero esta vez, no era por Gloria, ni por furia, si no por ella-

    -El nombre no se gritaba, no era necesario, La reina del Caos, Veythra Lili Queen Ishtar -

    -Esa tierra, antes fertil, antes orgullosa.. ahora era un cadaver mas bajo sus pies, sus murallas reducidas a polvo, sus ejercitos convertidos en cimientos de algo mas grande, algo Inevitable, el ogro bajo lentamente la mirada hacia el horizonte ensangrecido, no habia duda, esas tierras serian un tributo perfecto para su nueva Reina, con un movimiento pesado, hundio el asta del estandarte aun mas profundo entre los cuerpos, clavandolo como si atravesara el corazon mismo del mundo, no hubo palabras, no habia amor, no sabia de ello, pero entendia el lenguaje del poder, y aquello era una ofrenda, millones habian caido, reinos enteros habian desaparecido, y todo absolutamente todo, desde la sangre seca hasta las montañas que ahora le pertenecian, eran su dote, para ella, para su Reina, quien no heredaria un trono, si no un mundo arrodillado, y en la cima de ese silencio absoluto, el ogro no sonrio, porque eso recien empezaba.-
    -El viento no soplaba, rugia con total fuerza sobre los hombros del Ogro, arrastraba ceniza, olor a hierro y muerte, hacia crujir los estandartes rotos clavados en la tierra conquistada. La montaña sobre la que se encontraba parado el Ogro no era un un simbolo.. era una declaracion. Cuerpos apilados sin distincios, reyes, soldados, bestias, traidores. Todos iguales ahora, todos en silencio, inmovil, dominante, con su piel azul marcada por la guerra, los cuernos recortandose contra el cielo enfermo, y los ojos brillando como brasas que no se apagan nunca. En su mano, el estandarte no era solo un trofeo.. era el sello de su conquista, pero esta vez, no era por Gloria, ni por furia, si no por ella- -El nombre no se gritaba, no era necesario, La reina del Caos, [Lili.Queen] - -Esa tierra, antes fertil, antes orgullosa.. ahora era un cadaver mas bajo sus pies, sus murallas reducidas a polvo, sus ejercitos convertidos en cimientos de algo mas grande, algo Inevitable, el ogro bajo lentamente la mirada hacia el horizonte ensangrecido, no habia duda, esas tierras serian un tributo perfecto para su nueva Reina, con un movimiento pesado, hundio el asta del estandarte aun mas profundo entre los cuerpos, clavandolo como si atravesara el corazon mismo del mundo, no hubo palabras, no habia amor, no sabia de ello, pero entendia el lenguaje del poder, y aquello era una ofrenda, millones habian caido, reinos enteros habian desaparecido, y todo absolutamente todo, desde la sangre seca hasta las montañas que ahora le pertenecian, eran su dote, para ella, para su Reina, quien no heredaria un trono, si no un mundo arrodillado, y en la cima de ese silencio absoluto, el ogro no sonrio, porque eso recien empezaba.-
    Me endiabla
    Me gusta
    Me encocora
    5
    2 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados