• Disputa familiar
    Fandom OC
    Categoría Suspenso
    Lyra Velvetthorn

    Una invitación había sido entregada...

    Era una noche fría pero de cielo despejado, la luna llena se alzaba en el cielo nocturno, proyectando su luz sobre el lugar que Morana había elegido para la reunión.

    Morana se encontraba lejos de la ciudad, en un lugar que era desconocido para cualquiera que no fuera un conocido cercano suyo. Era una catedral de arquitectura gótica, un estilo que siempre fue del gusto de Morana. La luz lunar entraba a través de los vitrales, permitiendo ver sus patrones con más claridad...

    Un hombre rubio siendo enviado a la pira... Una mujer de mirada plateada observando en la distancia... La misma mujer alzando una espada... Una cruz ornamentada siendo partida...

    Narraban una historia; su historia.

    Era un lugar sagrado, uno de los pocos lugares que se mantuvieron en pie tras la guerra del siglo XIV, un lugar construido con la sangre y el sudor de aquellos que en su momento sirvieron a Morana.

    La catedral había sido un punto de encuentro recurrente para Morana, y hoy la usaría una vez más para hablar con su nuera. Un tema importante acontecía, su ahijado le había comentado ciertos... Detalles sobre la vampira, y pensó que podría sacar partido de la situación...

    ¿Será que al fin encontraría diversión en la monotonía de su vida?¿Sería la vampira lo suficientemente audaz como para evitar los juegos mentales de Morana? Habría que verlo.

    Mientras Morana se encontraba en su asiento, esperaba a que la contraria se hiciera presente, era cuestión de tiempo que apareciera...
    [Bloody_Doll] Una invitación había sido entregada... Era una noche fría pero de cielo despejado, la luna llena se alzaba en el cielo nocturno, proyectando su luz sobre el lugar que Morana había elegido para la reunión. Morana se encontraba lejos de la ciudad, en un lugar que era desconocido para cualquiera que no fuera un conocido cercano suyo. Era una catedral de arquitectura gótica, un estilo que siempre fue del gusto de Morana. La luz lunar entraba a través de los vitrales, permitiendo ver sus patrones con más claridad... Un hombre rubio siendo enviado a la pira... Una mujer de mirada plateada observando en la distancia... La misma mujer alzando una espada... Una cruz ornamentada siendo partida... Narraban una historia; su historia. Era un lugar sagrado, uno de los pocos lugares que se mantuvieron en pie tras la guerra del siglo XIV, un lugar construido con la sangre y el sudor de aquellos que en su momento sirvieron a Morana. La catedral había sido un punto de encuentro recurrente para Morana, y hoy la usaría una vez más para hablar con su nuera. Un tema importante acontecía, su ahijado le había comentado ciertos... Detalles sobre la vampira, y pensó que podría sacar partido de la situación... ¿Será que al fin encontraría diversión en la monotonía de su vida?¿Sería la vampira lo suficientemente audaz como para evitar los juegos mentales de Morana? Habría que verlo. Mientras Morana se encontraba en su asiento, esperaba a que la contraria se hiciera presente, era cuestión de tiempo que apareciera...
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  • Hacía tiempo que no soltaba una carcajada tan genuina a costa de la ignorancia ajena. Resulta casi adorable que piensen que ese gramo de relevancia los hace blanco de envidias. Si este es el estándar de las nuevas generaciones, prefiero seguir observando desde la comodidad de las sombras.
    Hacía tiempo que no soltaba una carcajada tan genuina a costa de la ignorancia ajena. Resulta casi adorable que piensen que ese gramo de relevancia los hace blanco de envidias. Si este es el estándar de las nuevas generaciones, prefiero seguir observando desde la comodidad de las sombras.
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  • ────Cuidado, Gorgona. Si sigues golpeando de esa forma tan bruta, terminarás partiendo la forja en dos –le advertí a Ferrus.

    Ella resopló. No levantó la vista para mirarme, y contrario a lo que le dije, comenzó a golpear el metal con más fuerza de la necesaria. La base sólida sobre la que trabajábamos fue sabia y supo absorber sus brutales impactos. Poco refinados, como era su costumbre. Me irritaba cuando hacía eso.

    ────El metal no necesita halagos –gruñó absorta en su labor–. Necesita disciplina. Aguantar.

    ────Claro que sí –respondí, ladeando la cabeza. A diferencia suya, cada impacto de mi martillo sobre el bloque era preciso, exacto. Tomé el metal con las pinzas, me calentó el rostro al alzarlo frente a mí–. El metal de este no solo será certero en combate, despertará admiración en cualquiera que vea quién lo está portando.

    ────Un arma no es un accesorio de belleza. –replicó. Hizo un ademán despectivo, ceñuda, como si hubiera desafiado cualquier lógica existente. Por fin me miraba–Además, ¿qué es esa cosa?

    Abrí los ojos, exageradamente ofendida.

    ────Que comentario tan cruel. «Esa cosa», como tú lo llamas, no solo será hermoso, será devastador con quién se interponga en su camino en la Gran Cruzada.

    Ferrus negó con la cabeza y retomó su trabajo. Jamás se lo dije, pero era adorable cuando lograba sacarla de sus casillas. Su ceja espesa dramatizaba sus gestos, el color le trepaba por el cuello y un brote de manchas rojas le salpicaba el rostro severo. Parecía una fresa fresca salida de los jardines de Iax. Solo que si yo le hincaba el diente, lo que explotaría no sería precisamente un sabor que se quedaría impreso en mi boca.

    ────Si se rompe en batalla, no vengas llorando.

    ────Si se rompe –sonreí–, será porque la galaxia no estaba preparada para él. Y tú sabes bien que, para cualquier cosa que pase en mis manos, eso es... imposible.

    Fui infantil en ese instante y le sacudí de lado a lado el bloque incandescente junto a ella. Solo con Ferrus me permitía bromear de esa forma. El metal emitió un leve zumbido. Casi un ronroneo de un felino peludo.

    ────¿Ves? Le agradas. Pero... –hice una pausa y miré el bloque como si fuera mi mayor confidente– yo te agrado más, ¿verdad?

    ────Cersei, estoy a punto de arrojar a tu amiguito a la lava, como sigas así.

    ────Una amenaza vacía. No lo admites, pero puedes observar la calidad y la perfección con la que esta arma se está forjando. Te conozco, Ferrus, y sé que nunca dejarías salir de tu forja una pieza tan bien trabajada sin terminar.

    Su columna permaneció quieta por un momento. La siguiente sucesión de golpes sobre el yunque confirmó mis sospechas. Ella nunca permitiría que se corriera la voz de que un trabajo mal hecho había salido del calor de su forja.

    ────Haces demasiadas bromas –gruñó. Más golpes brutales se precipitaron sobre el metal, este se desplegó como un pergamino antiguo sobre nuestro espacio de trabajo. Lo que estaba creando sería una espada–. Hablas mucho y trabajas tan poco.

    Le sonreí, dejé mis herramientas a un lado y me senté en el borde del área de trabajo. El sudor me resbalaba por la piel como una película líquida de la que quería deshacerme con el vapor de una ducha caliente.

    ────Porque eres aburrida hasta la muerte.

    ────Idiota.

    ────Una idiota perfecta –la corregí–. Y tú una herrera cabeza dura... con gran talento.

    Levanté una ceja cuando me observó de reojo. Yo no exageraba; no era un elogio dicho a la ligera, jamás lo eran. Ferrus era una herrera excepcional, nadie superaba su destreza en el arte de la forja. Ningunas manos podrían igualarla, ni replicar nada de lo que ella era capaz de hacer. Y aún así allí estaba yo, aceptando aquel desafío, apunto de descubrir quién de las dos sería capaz de crear el arma perfecta. La respetaba.

    Entonces la vi. Justo debajo de su mejilla, se dibujó una sonrisa. La primera en aquellas interminables horas. No recuerdo cuánto tiempo pasamos dentro de esa forja, trabajando hombro con hombro, rodeadas por el incesante golpear de los martillos, intercambiando insultos y bromas sanas que nos lanzábamos mutuamente. El metal siseó al enfriarse, hasta que su brillo se apagó.

    Esos largos días dieron dos frutos. Yo forjé un martillo de guerra, recio y de peso formidable. En la cabeza tenía esculpida una gloriosa águila, su pico se alzaba amenazante, marcando el punto de impacto, capaz de someter a una montaña. Lo llamé Rompeforjas.

    Ferrus, en cambio, fabricó una espada dorada que ardía permanentemente, conteniendo en su hoja afilada el calor de la forja. Su nombre era Filo de Fuego.

    Me quedé sin palabras al observar su creación en sus manos. Filo de Fuego era imponente, pensé en las tantas formas con las que se podría bailar con ella en el campo de batalla; perforando el acero y cauterizando heridas al mismo tiempo que las trazaba sobre la piel. Bajé a Rompeforjas y mi frente ante la Gorgona. Admití mi derrota, su espada era mejor que mi martillo.

    Y para mi sorpresa, ella hizo exactamente mismo.

    Intercambiamos nuestras armas; yo me quedé con la espada, y ella con el martillo. La forja no solo moldeó a nuestras creaciones, también una amistad que creíamos eterna. Hasta que el destino la puso a prueba de la peor forma posible.

    Y... esa fue toda la historia. ¿Quieres más vino de la victoria? Yo sí. Aún conserva ese sabor añejado que Eidolon le dio al barril. Sería una descortesía desperdiciarlo. Mi garganta está seca.
    ────Cuidado, Gorgona. Si sigues golpeando de esa forma tan bruta, terminarás partiendo la forja en dos –le advertí a Ferrus. Ella resopló. No levantó la vista para mirarme, y contrario a lo que le dije, comenzó a golpear el metal con más fuerza de la necesaria. La base sólida sobre la que trabajábamos fue sabia y supo absorber sus brutales impactos. Poco refinados, como era su costumbre. Me irritaba cuando hacía eso. ────El metal no necesita halagos –gruñó absorta en su labor–. Necesita disciplina. Aguantar. ────Claro que sí –respondí, ladeando la cabeza. A diferencia suya, cada impacto de mi martillo sobre el bloque era preciso, exacto. Tomé el metal con las pinzas, me calentó el rostro al alzarlo frente a mí–. El metal de este no solo será certero en combate, despertará admiración en cualquiera que vea quién lo está portando. ────Un arma no es un accesorio de belleza. –replicó. Hizo un ademán despectivo, ceñuda, como si hubiera desafiado cualquier lógica existente. Por fin me miraba–Además, ¿qué es esa cosa? Abrí los ojos, exageradamente ofendida. ────Que comentario tan cruel. «Esa cosa», como tú lo llamas, no solo será hermoso, será devastador con quién se interponga en su camino en la Gran Cruzada. Ferrus negó con la cabeza y retomó su trabajo. Jamás se lo dije, pero era adorable cuando lograba sacarla de sus casillas. Su ceja espesa dramatizaba sus gestos, el color le trepaba por el cuello y un brote de manchas rojas le salpicaba el rostro severo. Parecía una fresa fresca salida de los jardines de Iax. Solo que si yo le hincaba el diente, lo que explotaría no sería precisamente un sabor que se quedaría impreso en mi boca. ────Si se rompe en batalla, no vengas llorando. ────Si se rompe –sonreí–, será porque la galaxia no estaba preparada para él. Y tú sabes bien que, para cualquier cosa que pase en mis manos, eso es... imposible. Fui infantil en ese instante y le sacudí de lado a lado el bloque incandescente junto a ella. Solo con Ferrus me permitía bromear de esa forma. El metal emitió un leve zumbido. Casi un ronroneo de un felino peludo. ────¿Ves? Le agradas. Pero... –hice una pausa y miré el bloque como si fuera mi mayor confidente– yo te agrado más, ¿verdad? ────Cersei, estoy a punto de arrojar a tu amiguito a la lava, como sigas así. ────Una amenaza vacía. No lo admites, pero puedes observar la calidad y la perfección con la que esta arma se está forjando. Te conozco, Ferrus, y sé que nunca dejarías salir de tu forja una pieza tan bien trabajada sin terminar. Su columna permaneció quieta por un momento. La siguiente sucesión de golpes sobre el yunque confirmó mis sospechas. Ella nunca permitiría que se corriera la voz de que un trabajo mal hecho había salido del calor de su forja. ────Haces demasiadas bromas –gruñó. Más golpes brutales se precipitaron sobre el metal, este se desplegó como un pergamino antiguo sobre nuestro espacio de trabajo. Lo que estaba creando sería una espada–. Hablas mucho y trabajas tan poco. Le sonreí, dejé mis herramientas a un lado y me senté en el borde del área de trabajo. El sudor me resbalaba por la piel como una película líquida de la que quería deshacerme con el vapor de una ducha caliente. ────Porque eres aburrida hasta la muerte. ────Idiota. ────Una idiota perfecta –la corregí–. Y tú una herrera cabeza dura... con gran talento. Levanté una ceja cuando me observó de reojo. Yo no exageraba; no era un elogio dicho a la ligera, jamás lo eran. Ferrus era una herrera excepcional, nadie superaba su destreza en el arte de la forja. Ningunas manos podrían igualarla, ni replicar nada de lo que ella era capaz de hacer. Y aún así allí estaba yo, aceptando aquel desafío, apunto de descubrir quién de las dos sería capaz de crear el arma perfecta. La respetaba. Entonces la vi. Justo debajo de su mejilla, se dibujó una sonrisa. La primera en aquellas interminables horas. No recuerdo cuánto tiempo pasamos dentro de esa forja, trabajando hombro con hombro, rodeadas por el incesante golpear de los martillos, intercambiando insultos y bromas sanas que nos lanzábamos mutuamente. El metal siseó al enfriarse, hasta que su brillo se apagó. Esos largos días dieron dos frutos. Yo forjé un martillo de guerra, recio y de peso formidable. En la cabeza tenía esculpida una gloriosa águila, su pico se alzaba amenazante, marcando el punto de impacto, capaz de someter a una montaña. Lo llamé Rompeforjas. Ferrus, en cambio, fabricó una espada dorada que ardía permanentemente, conteniendo en su hoja afilada el calor de la forja. Su nombre era Filo de Fuego. Me quedé sin palabras al observar su creación en sus manos. Filo de Fuego era imponente, pensé en las tantas formas con las que se podría bailar con ella en el campo de batalla; perforando el acero y cauterizando heridas al mismo tiempo que las trazaba sobre la piel. Bajé a Rompeforjas y mi frente ante la Gorgona. Admití mi derrota, su espada era mejor que mi martillo. Y para mi sorpresa, ella hizo exactamente mismo. Intercambiamos nuestras armas; yo me quedé con la espada, y ella con el martillo. La forja no solo moldeó a nuestras creaciones, también una amistad que creíamos eterna. Hasta que el destino la puso a prueba de la peor forma posible. Y... esa fue toda la historia. ¿Quieres más vino de la victoria? Yo sí. Aún conserva ese sabor añejado que Eidolon le dio al barril. Sería una descortesía desperdiciarlo. Mi garganta está seca.
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  • —Da lo mismo lo que yo sienta o lo que yo opine...
    Todo retorna a su mismo punto, recordándome que es demasiada ambición querer ser feliz.
    Lucifer, no dejas de ser un idiota soñador como en el pasado...
    —Da lo mismo lo que yo sienta o lo que yo opine... Todo retorna a su mismo punto, recordándome que es demasiada ambición querer ser feliz. Lucifer, no dejas de ser un idiota soñador como en el pasado...
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  • —¿Qué tan difícil es eso de conseguir trabajo aquí? Si ellos pueden, yo también. Sólo hay que enviar uno de esos "cevés", como les dicen, ¿no?
    —¿Qué tan difícil es eso de conseguir trabajo aquí? Si ellos pueden, yo también. Sólo hay que enviar uno de esos "cevés", como les dicen, ¿no?
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    //Estoy demasiado bloqueaaado, quiero volver y activarme gente lo juro, pero es que el trabajo me tiene amarrado como perra ahora mismo y no puedo. Alguien mandeme un sicario ya porfavor, yo les paso mi direccion (?)
    //Estoy demasiado bloqueaaado, quiero volver y activarme gente lo juro, pero es que el trabajo me tiene amarrado como perra ahora mismo y no puedo. Alguien mandeme un sicario ya porfavor, yo les paso mi direccion (?) :STK-31:
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  • La diversion es imfinita asi como los Juegos y los dulces ~
    La diversion es imfinita asi como los Juegos y los dulces ~
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  • Navidad, año nuevo, las festividades habían llegado a su final ambos se entregaron obsequios bajo las luces del árbol que habían armado con tanto cariño.

    El tiempo, que no se detiene y perdona los favorece demasiado. Kensuke con más seguridad ha tomado una decisión y aunque el rechazo podría sentirse palpable a la vuelta de la esquina como una bala perdida, lo hizo.

    Visito una joyería y compro un anillo, sin decirle a sus padres, sin comentarle a su hermano, sin contarle a sus amigos sin que nadie supiera más que él y el vendedor.

    Nervioso, efectivamente, pero estaba seguro de una cosa 𝑴𝒊𝒌𝒂 大沢 era con quien quería estar y este era un paso muy serio en su relación.

    Preparo un escenario, una cita antes de volver a sus actividades diarias pues el trabajo y la universidad lo tendrían del cuello al igual que a su novia en el departamento donde trabaja, era entendible son adultos que necesitan resolver, pero juntos jamás separados.

    Llegaron a una pequeña festividad de inicio de año, bajo las farolas de la gran ciudad, se dirigieron al templo y rezaron.

    — Para que podamos estar siempre juntos. — Agregó él.

    Cuando Mika se viera desprevenida, bajo las luces, bajo e beso de la Luna, Kensuke tenía una caja abierta en dirección a ella y solo a ella con una sonrisa, con seguridad pero el corazón latiendo con fuerza en su pecho.

    — Mika. ¿Quieres casarte conmigo?.

    https://x.com/i/status/1998388160212996114
    Navidad, año nuevo, las festividades habían llegado a su final ambos se entregaron obsequios bajo las luces del árbol que habían armado con tanto cariño. El tiempo, que no se detiene y perdona los favorece demasiado. Kensuke con más seguridad ha tomado una decisión y aunque el rechazo podría sentirse palpable a la vuelta de la esquina como una bala perdida, lo hizo. Visito una joyería y compro un anillo, sin decirle a sus padres, sin comentarle a su hermano, sin contarle a sus amigos sin que nadie supiera más que él y el vendedor. Nervioso, efectivamente, pero estaba seguro de una cosa [Mika.O] era con quien quería estar y este era un paso muy serio en su relación. Preparo un escenario, una cita antes de volver a sus actividades diarias pues el trabajo y la universidad lo tendrían del cuello al igual que a su novia en el departamento donde trabaja, era entendible son adultos que necesitan resolver, pero juntos jamás separados. Llegaron a una pequeña festividad de inicio de año, bajo las farolas de la gran ciudad, se dirigieron al templo y rezaron. — Para que podamos estar siempre juntos. — Agregó él. Cuando Mika se viera desprevenida, bajo las luces, bajo e beso de la Luna, Kensuke tenía una caja abierta en dirección a ella y solo a ella con una sonrisa, con seguridad pero el corazón latiendo con fuerza en su pecho. — Mika. ¿Quieres casarte conmigo?. https://x.com/i/status/1998388160212996114
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  • Así como lo es la noche, soy bueno para guardar tus secretos. Por nefasto o prohibido que sea lo que hayas hecho, sólo escucharé la historia y mis labios estarán cerrados. ~

    ¿Qué, no me crees? Puedo ser muchas cosas, pero cumplo mi palabra.
    Así como lo es la noche, soy bueno para guardar tus secretos. Por nefasto o prohibido que sea lo que hayas hecho, sólo escucharé la historia y mis labios estarán cerrados. ~ ¿Qué, no me crees? Puedo ser muchas cosas, pero cumplo mi palabra.
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  • Su novia acepto el anillo.
    No lo tomo como una broma.
    Y él tampoco esperaba llegar tan lejos, bueno su relación ha dado grandes pasos quizás lo primero de todo, es poder vivir juntos.

    Ahora mismo esta viendo departamentos donde ambos puedan sentirse cómodos ¿Y con que dinero?. Eso no se pregunta.
    Su novia acepto el anillo. No lo tomo como una broma. Y él tampoco esperaba llegar tan lejos, bueno su relación ha dado grandes pasos quizás lo primero de todo, es poder vivir juntos. Ahora mismo esta viendo departamentos donde ambos puedan sentirse cómodos ¿Y con que dinero?. Eso no se pregunta.
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