• Moriría por saborear una hamburgesa triple con tocino y pepinillos. Volar, atravesar cosas, congelar... Ha sido divertido experimentar con mis poderes fantasmagóricos. Pero extraño lo que se siente comer. Damos bastante las cosas por sentado cuándo estamos vivos al parecer. *muevo mis manos y mastico imaginando que como una hamburgesa*
    Moriría por saborear una hamburgesa triple con tocino y pepinillos. Volar, atravesar cosas, congelar... Ha sido divertido experimentar con mis poderes fantasmagóricos. Pero extraño lo que se siente comer. Damos bastante las cosas por sentado cuándo estamos vivos al parecer. *muevo mis manos y mastico imaginando que como una hamburgesa*
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    — Y como la ropa no se lava sola, aquí el cuarto de lavado.
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  • —POLVORA CALIENTE: 3/3—


    —??? : " Señor Wimbleton, represento a una sociedad anónima que existe desde la primera guerra mundial, nuestra misión es selecciónar y entrenar a los mejores soldados de todo el mundo, y a veces... un caso tan particular como usted nos llama poderosamente la atención "


    —Suena a que tengo fanáticos detrás de mi


    —???: " Yo no le pondría ese término pero que más da...le voy a ser franco, nuestra organización se codea con las potencias mundiales, Los Estados Unidos de Norteamerica nos encargan trabajos de espionaje y sabotaje en la Unión Soviética, los Soviéticos quieren que les llevemos información sobre los movimientos Estadounidenses en cuanto a Armamento "


    —No me dejas claro que quieren de mi, según mi punto de vista, solo veo a un grupo de soldados sin alguien definido al mando que se venden al mejor postor y-


    —???:Gracias por interrumpirme, me hizo evitar llegar al punto de esta conversación el cual se basa en reclutarlo por dos grandes motivos: el primero de ellos es que durante su viaje a Dunkerque demostró ser un medico muy eficaz y un soldado de primera categoría a la hora de verse cara a cara con la muerte,y si señor Wimbleton, lo hemos estado monitoreando desde su capacitación...y la segunda, le propongo saciar esa sed que le dejo la guerra, los N@Z¡S ahora son solo son un eco de lo que fueron, pero todavía quedan monstruos peores que ellos sueltos en el mundo "

    —Todos somos unos monstruos en el fondo, la guerra solo es una excusa para mostrar nuestra verdadera cara


    —???: " Tal vez, yo solo le propongo volver al mundo que conocía, un mundo violento y hostil "


    —Suena a Sadomasoquismo si lo dice de esa forma


    —???: "Véalo como quiera señor Wimbleton, en el fondo se que se muere de ganas por tener un rifle en sus manos.....váyase a casa, tome una taza de café, encienda su radio y siéntese en su mesa...piénselo, no hace falta que nos llame, sabremos cuando tome una desicion y lo llamaremos "
    —POLVORA CALIENTE: 3/3— —??? : " Señor Wimbleton, represento a una sociedad anónima que existe desde la primera guerra mundial, nuestra misión es selecciónar y entrenar a los mejores soldados de todo el mundo, y a veces... un caso tan particular como usted nos llama poderosamente la atención " —Suena a que tengo fanáticos detrás de mi —???: " Yo no le pondría ese término pero que más da...le voy a ser franco, nuestra organización se codea con las potencias mundiales, Los Estados Unidos de Norteamerica nos encargan trabajos de espionaje y sabotaje en la Unión Soviética, los Soviéticos quieren que les llevemos información sobre los movimientos Estadounidenses en cuanto a Armamento " —No me dejas claro que quieren de mi, según mi punto de vista, solo veo a un grupo de soldados sin alguien definido al mando que se venden al mejor postor y- —???:Gracias por interrumpirme, me hizo evitar llegar al punto de esta conversación el cual se basa en reclutarlo por dos grandes motivos: el primero de ellos es que durante su viaje a Dunkerque demostró ser un medico muy eficaz y un soldado de primera categoría a la hora de verse cara a cara con la muerte,y si señor Wimbleton, lo hemos estado monitoreando desde su capacitación...y la segunda, le propongo saciar esa sed que le dejo la guerra, los N@Z¡S ahora son solo son un eco de lo que fueron, pero todavía quedan monstruos peores que ellos sueltos en el mundo " —Todos somos unos monstruos en el fondo, la guerra solo es una excusa para mostrar nuestra verdadera cara —???: " Tal vez, yo solo le propongo volver al mundo que conocía, un mundo violento y hostil " —Suena a Sadomasoquismo si lo dice de esa forma —???: "Véalo como quiera señor Wimbleton, en el fondo se que se muere de ganas por tener un rifle en sus manos.....váyase a casa, tome una taza de café, encienda su radio y siéntese en su mesa...piénselo, no hace falta que nos llame, sabremos cuando tome una desicion y lo llamaremos "
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  • 𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐆𝐮𝐞𝐫𝐫𝐚 𝐜𝐢𝐯𝐢𝐥". (𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚𝐝𝐚 𝐞𝐧 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐧𝐚 𝐭𝐚𝐛𝐞𝐫𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐥𝐚𝐦𝐮𝐞𝐭𝐞, 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚 𝐜𝐨𝐩𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐦𝐚𝐬)

    La lluvia de flechas oscureció el cielo por un instante. Yo avanzaba entre el barro y los cuerpos caídos, la espada larga en la mano derecha y el escudo negro en la izquierda. El tabardo azul sobre la armadura estaba ya rasgado y cubierto de sangre ajena. No sentía nada. Solo el peso del acero, el crujido de las placas al moverse y el olor metálico que impregnaba el aire.

    Habíamos marchado tres días sin descanso para llegar a las murallas de Valthar. El señor de la ciudad había traicionado a su propio rey y ahora sus huestes defendían el castillo en la colina. Yo no luchaba por el rey, ni por la justicia. Solo caminaba hacia donde el camino me llevaba, y ese día el camino terminaba allí.
    Choqué contra la primera línea enemiga. Mi espada atravesó el yelmo de un hombre que gritaba algo que no me importó escuchar. El siguiente intentó cortarme las piernas; le abrí el pecho desde el hombro hasta la cadera con un solo golpe descendente. El acero entraba y salía sin resistencia.

    Una lanza me atravesó el muslo izquierdo. La arranqué sin detenerme. La sangre corría por dentro de la greba, tibia al principio, fría después. Seguí avanzando, un hacha me golpeó el hombro derecho y sentí cómo se rompía la clavícula. El dolor era distante, como un recuerdo viejo. Giré y decapité al portador del hacha. Su cabeza rodó entre las piernas de sus compañeros.

    Llegué hasta el pie de la muralla, los defensores arrojaban piedras y aceite hirviendo. Una roca del tamaño de un torso me impactó en pleno pecho y me derribó. El mundo se volvió negro por un segundo. Me levanté. La armadura estaba abollada, pero el cuerpo ya se estaba reparando. Siempre lo hacía.

    Subí por una escalera de asedio que apenas se sostenía. En la muralla, un caballero con sobrevesta roja me esperaba. Cruzamos espadas, sus golpes eran precisos, entrenados, los míos eran simples, mecánicos. Le atravesé el visor del yelmo en el quinto choque. Cayó hacia atrás, sobre sus propios hombres. Entonces llegó la flecha, entró por debajo del casco, justo en la base del cráneo. Sentí el metal romper hueso y luego la oscuridad absoluta. Caí desde lo alto de la muralla.

    Solo habia silencio. Minutos después abrí los ojos. Estaba tirado entre los muertos, con el cuello torcido en un ángulo imposible. Los huesos crujieron al recolocarse. Me puse de pie lentamente. La flecha seguía clavada; la arranqué sin prisa. Sangre fresca brotó y se detuvo casi al instante.

    A mi alrededor la batalla continuaba. Nadie había notado que un hombre había muerto y regresado. Tomé la espada que yacía junto a un cadáver sin cabeza y seguí caminando hacia la puerta principal del castillo. En mi no habiarabia ni cansancio. Solo el siguiente paso, y el siguiente, y el siguiente. Mientras los vivos gritaban y morían, yo simplemente seguía existiendo.
    𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐆𝐮𝐞𝐫𝐫𝐚 𝐜𝐢𝐯𝐢𝐥". (𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚𝐝𝐚 𝐞𝐧 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐧𝐚 𝐭𝐚𝐛𝐞𝐫𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐥𝐚𝐦𝐮𝐞𝐭𝐞, 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚 𝐜𝐨𝐩𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐦𝐚𝐬) La lluvia de flechas oscureció el cielo por un instante. Yo avanzaba entre el barro y los cuerpos caídos, la espada larga en la mano derecha y el escudo negro en la izquierda. El tabardo azul sobre la armadura estaba ya rasgado y cubierto de sangre ajena. No sentía nada. Solo el peso del acero, el crujido de las placas al moverse y el olor metálico que impregnaba el aire. Habíamos marchado tres días sin descanso para llegar a las murallas de Valthar. El señor de la ciudad había traicionado a su propio rey y ahora sus huestes defendían el castillo en la colina. Yo no luchaba por el rey, ni por la justicia. Solo caminaba hacia donde el camino me llevaba, y ese día el camino terminaba allí. Choqué contra la primera línea enemiga. Mi espada atravesó el yelmo de un hombre que gritaba algo que no me importó escuchar. El siguiente intentó cortarme las piernas; le abrí el pecho desde el hombro hasta la cadera con un solo golpe descendente. El acero entraba y salía sin resistencia. Una lanza me atravesó el muslo izquierdo. La arranqué sin detenerme. La sangre corría por dentro de la greba, tibia al principio, fría después. Seguí avanzando, un hacha me golpeó el hombro derecho y sentí cómo se rompía la clavícula. El dolor era distante, como un recuerdo viejo. Giré y decapité al portador del hacha. Su cabeza rodó entre las piernas de sus compañeros. Llegué hasta el pie de la muralla, los defensores arrojaban piedras y aceite hirviendo. Una roca del tamaño de un torso me impactó en pleno pecho y me derribó. El mundo se volvió negro por un segundo. Me levanté. La armadura estaba abollada, pero el cuerpo ya se estaba reparando. Siempre lo hacía. Subí por una escalera de asedio que apenas se sostenía. En la muralla, un caballero con sobrevesta roja me esperaba. Cruzamos espadas, sus golpes eran precisos, entrenados, los míos eran simples, mecánicos. Le atravesé el visor del yelmo en el quinto choque. Cayó hacia atrás, sobre sus propios hombres. Entonces llegó la flecha, entró por debajo del casco, justo en la base del cráneo. Sentí el metal romper hueso y luego la oscuridad absoluta. Caí desde lo alto de la muralla. Solo habia silencio. Minutos después abrí los ojos. Estaba tirado entre los muertos, con el cuello torcido en un ángulo imposible. Los huesos crujieron al recolocarse. Me puse de pie lentamente. La flecha seguía clavada; la arranqué sin prisa. Sangre fresca brotó y se detuvo casi al instante. A mi alrededor la batalla continuaba. Nadie había notado que un hombre había muerto y regresado. Tomé la espada que yacía junto a un cadáver sin cabeza y seguí caminando hacia la puerta principal del castillo. En mi no habiarabia ni cansancio. Solo el siguiente paso, y el siguiente, y el siguiente. Mientras los vivos gritaban y morían, yo simplemente seguía existiendo.
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  • La suerte era un concepto caprichoso. Podías pasar toda una vida sin rozarla o podía estallarte en la cara justo después de comprar un teléfono -o de que alguien más lo compre por ti, más bien-. En este caso, había decidido que definitivamente, habían ganado gracias a su inmesurable suerte y buena fortuna. Porque si, estaba convencida de que ella era la de la buena suerte, no había discusión posible. (?)

    Tras la compra del móvil, y gracias al ticket ganador que terminaba en "09", se encontraban los tres cruzando las puertas del resort esa misma tarde. Antes de llegar, habían dejado su viejo teléfono en manos de un técnico que prometió revisarlo cuando tuviera un hueco. No estaba segura de si confiar en él o no, pero su entusiasmo por ir a reclamar el premio era más fuerte que el miedo de que se borraran las posibles pistas de sus recuerdos perdidos.

    El vestíbulo del resort era otro mundo. No había dejado de mirar el folleto durante todo el trayecto de camino al lugar, pero la realidad superaba las imagenes. Habían plantas exóticas en macetas del tamaño de ella y un mostrador de recepción que parecía más una obra de arte que un lugar para hacer trámites. ¡Por fin un lugar libre de multitudes que intentaban asfixiarla!

    —¿Tendremos acceso a todas las áreas del resort, no? —murmuró mientras caminaba hacia la recepción, sujetando un pequeño bolso donde, apresurada, había traído lo que creía necesitar— Significa que podemos ir a todas partes, ¿no? A la piscina, al spa, al casino...

    "Bienvenidos" Los recibió la recepcionista con una sonrisa entrenada, aunque su bienvenida sonó más a '¿están seguros que pueden pagar esto?'.

    Deslizaron el ticket con el código ganador sobre el mármol. Al verlo, las cejas de la mujer se elevaron en un gesto de comprensión.

    "Ah, por supuesto. Permítanme verificar el código del ticket... También necesitaré sus identificaciones para completar el check-in..."

    Dijo la mujer, tecleando con rapidez. Mientras tanto, se abanicó con el folleto y se puso a conversar con Veyra Leˑron en voz baja, mientras dejaba que Kieran se encargara de la parte burocrática.

    —Siento que si no toco el agua de la piscina en diez minutos voy a hacer combustión por el calor —apoyó su frente dramáticamente en el hombro de la castaña como si estuviera al borde del desmayo.
    La suerte era un concepto caprichoso. Podías pasar toda una vida sin rozarla o podía estallarte en la cara justo después de comprar un teléfono -o de que alguien más lo compre por ti, más bien-. En este caso, había decidido que definitivamente, habían ganado gracias a su inmesurable suerte y buena fortuna. Porque si, estaba convencida de que ella era la de la buena suerte, no había discusión posible. (?) Tras la compra del móvil, y gracias al ticket ganador que terminaba en "09", se encontraban los tres cruzando las puertas del resort esa misma tarde. Antes de llegar, habían dejado su viejo teléfono en manos de un técnico que prometió revisarlo cuando tuviera un hueco. No estaba segura de si confiar en él o no, pero su entusiasmo por ir a reclamar el premio era más fuerte que el miedo de que se borraran las posibles pistas de sus recuerdos perdidos. El vestíbulo del resort era otro mundo. No había dejado de mirar el folleto durante todo el trayecto de camino al lugar, pero la realidad superaba las imagenes. Habían plantas exóticas en macetas del tamaño de ella y un mostrador de recepción que parecía más una obra de arte que un lugar para hacer trámites. ¡Por fin un lugar libre de multitudes que intentaban asfixiarla! —¿Tendremos acceso a todas las áreas del resort, no? —murmuró mientras caminaba hacia la recepción, sujetando un pequeño bolso donde, apresurada, había traído lo que creía necesitar— Significa que podemos ir a todas partes, ¿no? A la piscina, al spa, al casino... "Bienvenidos" Los recibió la recepcionista con una sonrisa entrenada, aunque su bienvenida sonó más a '¿están seguros que pueden pagar esto?'. Deslizaron el ticket con el código ganador sobre el mármol. Al verlo, las cejas de la mujer se elevaron en un gesto de comprensión. "Ah, por supuesto. Permítanme verificar el código del ticket... También necesitaré sus identificaciones para completar el check-in..." Dijo la mujer, tecleando con rapidez. Mientras tanto, se abanicó con el folleto y se puso a conversar con [vey.ra] en voz baja, mientras dejaba que [forever.tainted] se encargara de la parte burocrática. —Siento que si no toco el agua de la piscina en diez minutos voy a hacer combustión por el calor —apoyó su frente dramáticamente en el hombro de la castaña como si estuviera al borde del desmayo.
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  • Pasarán los años y siempre te voy a ver como el día que te vi por primera vez.
    Al ver tus ojos grises supe que eras mi destino. Te amo
    Aaron Mckein
    Pasarán los años y siempre te voy a ver como el día que te vi por primera vez. Al ver tus ojos grises supe que eras mi destino. Te amo [Aaron_Mckein]
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  • 𝐃𝐄𝐓𝐇𝐑𝐎𝐍𝐄

    Despertó de golpe inhalando una gran bocanada de aire por la boca.
    Como si esa adrenalina se hubiese quedado atrapada después que perdió el conocimiento.

    En la cama de un hospital y llena de cables, aparatos y sonidos que no cooperaban con su terrible dolor de cabeza.
    El ruido alertó a una flotilla de enfermeras que se dividió entre las que se apresuraron a buscar un doctor y en las que se quedaron a asistirla.
    Por la expresión, seguramente se veía jodida. Sólo esperaba no tener alguna cicatriz en el rostro porque ahí si ni el mismo Satán salvaría a esos idiotas. Los haría pagar.

    Su garganta ardía de lo seca que estaba. Tosió con dolor; tuvo que cubrir sus costillas con su brazo para amortiguar un poco las punzadas.

    Estaba viva, era lo importante.

    Su padre estaría furioso y listo para hacer arder el mundo. Le urgía verlo para detenerlo porque eso sólo había sido una tentación. No era un objetivo, sólo querían ver de que era capaz el líder de los Calatrava.

    A su habitación entraron dos doctores, el resto de enfermeras y un padre furico/preocupado.

    —¡Eres terca!
    —Estoy bien papá, gracias por preguntar...
    —¡Pero no vuelves a salir sola! Y te olvidas de las galas y el trabajo...
    —¿Qué? No. Eso sería darles el gusto... ¡no! Yo seguiré mi vida normal... te acepto la seguridad discreta pero no me voy a esconder...
    —¡Es por tu bien!
    —¡No lo haré!
    —Igual que...
    —¡Igual que tú!

    No discutió más.
    El hombre dejó ver en su rostro el peso de un padre preocupado y se acercó a abrazarla en silencio.
    Sólo ahí entendió que no era Massimo Calatrava con quien discutía sino sólo Massimo, el padre preocupado por ver a su hija tan cerca de las garras de la muerte...

    —Me iré de la ciudad... Estaré unos días en la casa de los abuelos... — Cedió y su padre pudo respirar tranquilo de nuevo.
    —Haré todos los preparativos... ahora descansa...

    Se hizo a un lado para dejar trabajar a los doctores en su rutina de chequeo.
    𝐃𝐄𝐓𝐇𝐑𝐎𝐍𝐄 Despertó de golpe inhalando una gran bocanada de aire por la boca. Como si esa adrenalina se hubiese quedado atrapada después que perdió el conocimiento. En la cama de un hospital y llena de cables, aparatos y sonidos que no cooperaban con su terrible dolor de cabeza. El ruido alertó a una flotilla de enfermeras que se dividió entre las que se apresuraron a buscar un doctor y en las que se quedaron a asistirla. Por la expresión, seguramente se veía jodida. Sólo esperaba no tener alguna cicatriz en el rostro porque ahí si ni el mismo Satán salvaría a esos idiotas. Los haría pagar. Su garganta ardía de lo seca que estaba. Tosió con dolor; tuvo que cubrir sus costillas con su brazo para amortiguar un poco las punzadas. Estaba viva, era lo importante. Su padre estaría furioso y listo para hacer arder el mundo. Le urgía verlo para detenerlo porque eso sólo había sido una tentación. No era un objetivo, sólo querían ver de que era capaz el líder de los Calatrava. A su habitación entraron dos doctores, el resto de enfermeras y un padre furico/preocupado. —¡Eres terca! —Estoy bien papá, gracias por preguntar... —¡Pero no vuelves a salir sola! Y te olvidas de las galas y el trabajo... —¿Qué? No. Eso sería darles el gusto... ¡no! Yo seguiré mi vida normal... te acepto la seguridad discreta pero no me voy a esconder... —¡Es por tu bien! —¡No lo haré! —Igual que... —¡Igual que tú! No discutió más. El hombre dejó ver en su rostro el peso de un padre preocupado y se acercó a abrazarla en silencio. Sólo ahí entendió que no era Massimo Calatrava con quien discutía sino sólo Massimo, el padre preocupado por ver a su hija tan cerca de las garras de la muerte... —Me iré de la ciudad... Estaré unos días en la casa de los abuelos... — Cedió y su padre pudo respirar tranquilo de nuevo. —Haré todos los preparativos... ahora descansa... Se hizo a un lado para dejar trabajar a los doctores en su rutina de chequeo.
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  • 𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄 𝐎𝐅 𝐂𝐀𝐑𝐃𝐒

    —¿𝐷𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠.ᐣ
    —𝐹𝑢𝑖 𝑎 𝑣𝑒𝑟 𝑙𝑎 𝑐𝑜𝑙𝑒𝑐𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑜𝑥𝑖𝑚𝑎 𝑔𝑎𝑙𝑎, 𝑡𝑒 𝑑𝑖𝑗𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑐𝑖𝑡𝑎 𝑒𝑟𝑎 ℎ𝑜𝑦.
    —𝑄𝑢𝑒𝑑𝑎𝑡𝑒 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠, 𝑅𝑦𝑎𝑛 𝑖𝑟𝑎 𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑡𝑖.
    —¿𝑄𝑢𝑒.ᐣ 𝑁𝑜, 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑎𝑟𝑖𝑜. 𝐸𝑠𝑡𝑜𝑦 𝑎 𝑚𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑚𝑒𝑑𝑖𝑜 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑜, 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑎𝑝𝑎...
    —¡𝐶𝑎𝑟𝑎𝑗𝑜 𝑆𝑎𝑖𝑛𝑡.ᐟ 𝐻𝑎𝑧 𝑐𝑎𝑠𝑜, 𝑖𝑟𝑎𝑛 𝑝𝑜𝑟 𝑡𝑖...
    —¿𝑄𝑢𝑒 𝑝𝑎𝑠𝑎.ᐣ 𝐸𝑠𝑡𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠... ¡𝑚𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎.ᐟ

    ...

    Alcanzó a mirar por el retrovisor un auto que echó sus luces antes de estrellarse directamente contra el suyo.
    No fue un accidente.
    No perdió el control.
    No se quedó sin frenos.
    Fue un ataque directo y calculado.

    Cerró los ojos y se preparó para el impacto.
    Intentó frenar, perdió el control y el auto dio una vuelta quedando a un lado de la carretera con las llantas hacia arriba.
    La airbag le explotó con fuerza en el rostro durante la carambola dejando un dolor punzante en su rostro. Quizás su nariz no estaba rota pero seguramente le dejaría alguna marca.

    —¿𝑆𝑎𝑖𝑛𝑡.ᐣ ¡𝑆𝑎𝑖𝑛𝑡.ᐟ ¡𝑅𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑑𝑒.ᐟ ¡𝐶𝑎𝑟𝑎𝑗𝑜.ᐟ

    Retiró como pudo la airbag respirando con cierta dificultad y estar de cabeza no ayudaba mucho.
    Tosió e hizo una mueca al instante; su cuerpo estaba completamente adolorido. Sobre todo sus costillas; cada respiración era tortuosa.

    Vio un par de carros llegar a la escena, permaneciendo unos segundos y después se retiraron.
    No supo cuanto tiempo pasó después de eso.
    Hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban y trató de salir del interior de lis restos de su auto.
    Se arrastró lo más que pudo lejos de aquella chatarra hasta que su cuerpo no respondió más.
    Alcanzó a tirarse boca arriba.
    Sangrando.
    Jadeando.

    —Malditos húngaros...


    𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄 𝐎𝐅 𝐂𝐀𝐑𝐃𝐒 —¿𝐷𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠.ᐣ —𝐹𝑢𝑖 𝑎 𝑣𝑒𝑟 𝑙𝑎 𝑐𝑜𝑙𝑒𝑐𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑜𝑥𝑖𝑚𝑎 𝑔𝑎𝑙𝑎, 𝑡𝑒 𝑑𝑖𝑗𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑐𝑖𝑡𝑎 𝑒𝑟𝑎 ℎ𝑜𝑦. —𝑄𝑢𝑒𝑑𝑎𝑡𝑒 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠, 𝑅𝑦𝑎𝑛 𝑖𝑟𝑎 𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑡𝑖. —¿𝑄𝑢𝑒.ᐣ 𝑁𝑜, 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑎𝑟𝑖𝑜. 𝐸𝑠𝑡𝑜𝑦 𝑎 𝑚𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑚𝑒𝑑𝑖𝑜 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑜, 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑎𝑝𝑎... —¡𝐶𝑎𝑟𝑎𝑗𝑜 𝑆𝑎𝑖𝑛𝑡.ᐟ 𝐻𝑎𝑧 𝑐𝑎𝑠𝑜, 𝑖𝑟𝑎𝑛 𝑝𝑜𝑟 𝑡𝑖... —¿𝑄𝑢𝑒 𝑝𝑎𝑠𝑎.ᐣ 𝐸𝑠𝑡𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠... ¡𝑚𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎.ᐟ ... Alcanzó a mirar por el retrovisor un auto que echó sus luces antes de estrellarse directamente contra el suyo. No fue un accidente. No perdió el control. No se quedó sin frenos. Fue un ataque directo y calculado. Cerró los ojos y se preparó para el impacto. Intentó frenar, perdió el control y el auto dio una vuelta quedando a un lado de la carretera con las llantas hacia arriba. La airbag le explotó con fuerza en el rostro durante la carambola dejando un dolor punzante en su rostro. Quizás su nariz no estaba rota pero seguramente le dejaría alguna marca. —¿𝑆𝑎𝑖𝑛𝑡.ᐣ ¡𝑆𝑎𝑖𝑛𝑡.ᐟ ¡𝑅𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑑𝑒.ᐟ ¡𝐶𝑎𝑟𝑎𝑗𝑜.ᐟ Retiró como pudo la airbag respirando con cierta dificultad y estar de cabeza no ayudaba mucho. Tosió e hizo una mueca al instante; su cuerpo estaba completamente adolorido. Sobre todo sus costillas; cada respiración era tortuosa. Vio un par de carros llegar a la escena, permaneciendo unos segundos y después se retiraron. No supo cuanto tiempo pasó después de eso. Hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban y trató de salir del interior de lis restos de su auto. Se arrastró lo más que pudo lejos de aquella chatarra hasta que su cuerpo no respondió más. Alcanzó a tirarse boca arriba. Sangrando. Jadeando. —Malditos húngaros...
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  • Sabe perfectamente que Michonne Hawthorne no es su madre, pero lo cierto es que ha actuado en muchas ocasiones como si lo fuera. Asi que llega hasta ella y le deja un beso fuerte en la mejilla según regresa de visitar Hilltop.
    Sabe perfectamente que [SAMURA1] no es su madre, pero lo cierto es que ha actuado en muchas ocasiones como si lo fuera. Asi que llega hasta ella y le deja un beso fuerte en la mejilla según regresa de visitar Hilltop.
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  • — Como que debería ir pensando en buscarme un trabajo
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