“Me causa algo de gracia que las personas aún piensen que no es un murciélago. A pesar de su clara diferencia en cuanto a su físico, sigue teniendo ese gusto particular por las frutas.”
-El hombre observaba las vistas de aquella ciudad desolada por bombardeos de hace un año. La guerra claramente era tan desastrosa como se espera, pero ello no quitaba que aquellos pequeños momentos con su mascota lo mantuviese cuerdo en aquel trabajo. Había visto tantas cosas raras, que por algo le decía a las personas que su mascota era algo normal, comparado a lo que ya estaba acostumbrado a ver.-
“Me causa algo de gracia que las personas aún piensen que no es un murciélago. A pesar de su clara diferencia en cuanto a su físico, sigue teniendo ese gusto particular por las frutas.”
-El hombre observaba las vistas de aquella ciudad desolada por bombardeos de hace un año. La guerra claramente era tan desastrosa como se espera, pero ello no quitaba que aquellos pequeños momentos con su mascota lo mantuviese cuerdo en aquel trabajo. Había visto tantas cosas raras, que por algo le decía a las personas que su mascota era algo normal, comparado a lo que ya estaba acostumbrado a ver.-
"El amor… siempre suena más sincero bajo la lluvia,
como si la noche obligara a los corazones a decir lo que el día les hace esconder, créanme, se los dice el hijo del amor "
— Elohim Rosenlicht
💗🌙🌧️
"El amor… siempre suena más sincero bajo la lluvia,
como si la noche obligara a los corazones a decir lo que el día les hace esconder, créanme, se los dice el hijo del amor ❤️"
— Elohim Rosenlicht
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Maral Romanov no recordaba haber sentido el aire tan pesado.
—Vladimir… —empezó, pero la palabra se le rompió en la garganta.
Se obligó a enderezar la espalda. No podía quebrarse. No todavía. Sus manos temblaban, así que las entrelazó con fuerza frente a su cuerpo, clavando las uñas en la piel hasta sentir un leve dolor que la mantuviera presente.
—Vladimir está muerto.
El silencio que siguió fue antinatural, como si el mundo mismo se negara a aceptar lo que acababa de decir.
Miró a sus padres.
Los ojos de su padre eran dos pozos oscuros, inmóviles, esperando… negando. Pero fue su madre quien reaccionó primero.
—No… —susurró, y luego el susurro se convirtió en un grito desgarrador—. ¡No!
El sonido le atravesó el pecho a Maral.
Su madre cayó de rodillas, las manos temblorosas buscando algo que ya no estaba, algo que nunca volvería a estar. Su llanto llenó la habitación, crudo, sin dignidad, sin control. Era el dolor en su forma más pura.
Maral sintió cómo algo dentro de ella se resquebrajaba.
No llores.
No llores.
No llores.
Se repitió esas palabras como una oración mientras su visión se nublaba apenas. Parpadeó con rapidez, tragándose el ardor en los ojos. No podía permitirse caer. No ahora. No frente a ellos.
Su padre se movió al fin.
Se inclinó para sostener a su esposa, envolviéndola con una fuerza que no era consuelo, sino contención. Sus manos temblaban también. Maral lo notó. Nadie más lo habría hecho, pero ella sí.
Y entonces habló.
—¿Quién?
Una sola palabra. Fría. Mortal.
Maral sintió cómo su voz quería traicionarla otra vez, cómo el temblor amenazaba con romper su fachada cuidadosamente construida.
—Aún no lo sabemos —respondió, aunque cada sílaba le raspó la garganta—. Pero lo sabremos.
Su madre seguía llorando, llamando el nombre de Vladimir una y otra vez, como si pudiera traerlo de vuelta. Como si el amor fuera suficiente para vencer a la muerte.
Maral desvió la mirada apenas un segundo.
Solo un segundo.
Y en ese instante, el dolor la atravesó completa. Un vacío brutal, un golpe seco en el pecho, como si le hubieran arrancado algo esencial. Su hermano. Su compañero. Su historia compartida.
Casi se rompe.
Pero no.
Volvió a alzar la mirada.
Su padre la observaba ahora, y en sus ojos ya no había solo dolor.
Había fuego.
—Sangre por sangre —dijo él, con una voz baja, cargada de una promesa oscura.
Maral respiró hondo.
Sintió el temblor… y lo aplastó.
—Sangre por sangre —repitió.
Y esta vez, su voz no tembló.
Maral Romanov no recordaba haber sentido el aire tan pesado.
—Vladimir… —empezó, pero la palabra se le rompió en la garganta.
Se obligó a enderezar la espalda. No podía quebrarse. No todavía. Sus manos temblaban, así que las entrelazó con fuerza frente a su cuerpo, clavando las uñas en la piel hasta sentir un leve dolor que la mantuviera presente.
—Vladimir está muerto.
El silencio que siguió fue antinatural, como si el mundo mismo se negara a aceptar lo que acababa de decir.
Miró a sus padres.
Los ojos de su padre eran dos pozos oscuros, inmóviles, esperando… negando. Pero fue su madre quien reaccionó primero.
—No… —susurró, y luego el susurro se convirtió en un grito desgarrador—. ¡No!
El sonido le atravesó el pecho a Maral.
Su madre cayó de rodillas, las manos temblorosas buscando algo que ya no estaba, algo que nunca volvería a estar. Su llanto llenó la habitación, crudo, sin dignidad, sin control. Era el dolor en su forma más pura.
Maral sintió cómo algo dentro de ella se resquebrajaba.
No llores.
No llores.
No llores.
Se repitió esas palabras como una oración mientras su visión se nublaba apenas. Parpadeó con rapidez, tragándose el ardor en los ojos. No podía permitirse caer. No ahora. No frente a ellos.
Su padre se movió al fin.
Se inclinó para sostener a su esposa, envolviéndola con una fuerza que no era consuelo, sino contención. Sus manos temblaban también. Maral lo notó. Nadie más lo habría hecho, pero ella sí.
Y entonces habló.
—¿Quién?
Una sola palabra. Fría. Mortal.
Maral sintió cómo su voz quería traicionarla otra vez, cómo el temblor amenazaba con romper su fachada cuidadosamente construida.
—Aún no lo sabemos —respondió, aunque cada sílaba le raspó la garganta—. Pero lo sabremos.
Su madre seguía llorando, llamando el nombre de Vladimir una y otra vez, como si pudiera traerlo de vuelta. Como si el amor fuera suficiente para vencer a la muerte.
Maral desvió la mirada apenas un segundo.
Solo un segundo.
Y en ese instante, el dolor la atravesó completa. Un vacío brutal, un golpe seco en el pecho, como si le hubieran arrancado algo esencial. Su hermano. Su compañero. Su historia compartida.
Casi se rompe.
Pero no.
Volvió a alzar la mirada.
Su padre la observaba ahora, y en sus ojos ya no había solo dolor.
Había fuego.
—Sangre por sangre —dijo él, con una voz baja, cargada de una promesa oscura.
Maral respiró hondo.
Sintió el temblor… y lo aplastó.
—Sangre por sangre —repitió.
Y esta vez, su voz no tembló.
«Supongo que no se puede vivir para siempre en el anonimato absoluto, siendo prácticamente un don nadie.
Nox, es un buen nombre, lo usaré a partir de ahora. No tengo vínculos afectivos y consanguíneos que recuerde, las únicas relaciones que poseo se basan en el trabajo y las cosas que vayan saliendo de ahí, pero de ahí a más, realmente poco importa.
Al final, esa molesta pelirroja tuvo algo de creatividad y utilidad, me servirá como un "pseudo-registro civil andante", aunque con un montón de quejas y lloriqueos encima.
Nox, ese es el nombre que escogí, es quién seré a partir de ahora.»
Entre toda esa reflexión interna, finalizada con una conclusión ya clara. Había terminado otro trabajo más, como casi todos los días, la rutina, el día a día, su normalidad.
身元
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«Supongo que no se puede vivir para siempre en el anonimato absoluto, siendo prácticamente un don nadie.
Nox, es un buen nombre, lo usaré a partir de ahora. No tengo vínculos afectivos y consanguíneos que recuerde, las únicas relaciones que poseo se basan en el trabajo y las cosas que vayan saliendo de ahí, pero de ahí a más, realmente poco importa.
Al final, esa molesta pelirroja tuvo algo de creatividad y utilidad, me servirá como un "pseudo-registro civil andante", aunque con un montón de quejas y lloriqueos encima.
Nox, ese es el nombre que escogí, es quién seré a partir de ahora.»
Entre toda esa reflexión interna, finalizada con una conclusión ya clara. Había terminado otro trabajo más, como casi todos los días, la rutina, el día a día, su normalidad.
Drian apoyó la yema de sus dedos contra el espejo.
Frío.
—Y tú siempre estás ahí—
Respondió, en un susurro.
Del otro lado…
Su reflejo sonrió.
Pero no igual.
Más lento.
Más… consciente.
—No es “estar”—
La otra inclinó apenas la cabeza.
Sus ojos, más oscuros.
Más afilados.
—Es esperar—
Silencio.
Drian no retiró la mano.
Pero sus dedos se tensaron apenas.
—¿Esperar qué?—
Preguntó.
Aunque ya lo sabía.
La sonrisa del reflejo creció un poco más.
—A que dejes de fingir—
Un latido.
Dos.
—No finjo—
La respuesta salió rápida.
Automática.
Pero no firme.
El reflejo soltó una risa baja.
Suave.
Como un secreto.
—Entonces mírame—
Drian lo hizo.
Directo.
Sin huir.
Y ahí estaba.
La diferencia.
La misma cara.
Los mismos ojos.
Pero no la misma intención.
—Tú también quieres—
Susurró la otra.
—Solo que tú lo escondes bonito—
Drian apretó ligeramente la mandíbula.
—Control no es esconder—
—No—
Respondió el reflejo.
Acercándose apenas al cristal.
—Es retrasar—
Sus manos se alinearon.
Palma contra palma.
Separadas por nada…
Y por todo.
—¿Y cuando ya no puedas?—
Preguntó la otra.
Sus ojos brillaron.
No de luz.
De algo más profundo.
—Cuando yo salga—
Silencio.
Pesado.
Denso.
Vivo.
Drian no apartó la mirada.
Pero su voz bajó.
—No sales—
Afirmó.
El reflejo sonrió.
Casi… con ternura.
—Ya estoy afuera—
Un segundo.
Nada más.
—Cada vez que dudas—
La respiración de Drian se volvió más lenta.
Más medida.
—Entonces quédate mirando—
Respondió.
—Pero no confundas presencia con control—
La otra ladeó la cabeza.
Divertida.
—¿Y tú no confundas calma… con negación?—
Silencio.
Otra vez.
Pero distinto.
Más cercano.
Más peligroso.
—No necesito negarte—
Dijo Drian.
—Solo… decidir cuándo escucharte—
El reflejo se acercó aún más.
Casi tocándola.
—Eso crees—
Susurró.
—Hasta que un día…—
Una pausa.
Una sonrisa mínima.
—No preguntes—
Drian sostuvo la mirada.
Firme.
—Ese día también será decisión mía—
El reflejo no respondió.
Solo sonrió.
Y por un instante…
Ambas sonrieron igual.
╰─────── ✦ ───────╯
╭─────── ✦ ───────╮
—Siempre te quedas mirando—
La voz no salió de sus labios.
Pero la escuchó.
Clara.
Cerca.
Demasiado.
Drian apoyó la yema de sus dedos contra el espejo.
Frío.
—Y tú siempre estás ahí—
Respondió, en un susurro.
Del otro lado…
Su reflejo sonrió.
Pero no igual.
Más lento.
Más… consciente.
—No es “estar”—
La otra inclinó apenas la cabeza.
Sus ojos, más oscuros.
Más afilados.
—Es esperar—
Silencio.
Drian no retiró la mano.
Pero sus dedos se tensaron apenas.
—¿Esperar qué?—
Preguntó.
Aunque ya lo sabía.
La sonrisa del reflejo creció un poco más.
—A que dejes de fingir—
Un latido.
Dos.
—No finjo—
La respuesta salió rápida.
Automática.
Pero no firme.
El reflejo soltó una risa baja.
Suave.
Como un secreto.
—Entonces mírame—
Drian lo hizo.
Directo.
Sin huir.
Y ahí estaba.
La diferencia.
La misma cara.
Los mismos ojos.
Pero no la misma intención.
—Tú también quieres—
Susurró la otra.
—Solo que tú lo escondes bonito—
Drian apretó ligeramente la mandíbula.
—Control no es esconder—
—No—
Respondió el reflejo.
Acercándose apenas al cristal.
—Es retrasar—
Sus manos se alinearon.
Palma contra palma.
Separadas por nada…
Y por todo.
—¿Y cuando ya no puedas?—
Preguntó la otra.
Sus ojos brillaron.
No de luz.
De algo más profundo.
—Cuando yo salga—
Silencio.
Pesado.
Denso.
Vivo.
Drian no apartó la mirada.
Pero su voz bajó.
—No sales—
Afirmó.
El reflejo sonrió.
Casi… con ternura.
—Ya estoy afuera—
Un segundo.
Nada más.
—Cada vez que dudas—
La respiración de Drian se volvió más lenta.
Más medida.
—Entonces quédate mirando—
Respondió.
—Pero no confundas presencia con control—
La otra ladeó la cabeza.
Divertida.
—¿Y tú no confundas calma… con negación?—
Silencio.
Otra vez.
Pero distinto.
Más cercano.
Más peligroso.
—No necesito negarte—
Dijo Drian.
—Solo… decidir cuándo escucharte—
El reflejo se acercó aún más.
Casi tocándola.
—Eso crees—
Susurró.
—Hasta que un día…—
Una pausa.
Una sonrisa mínima.
—No preguntes—
Drian sostuvo la mirada.
Firme.
—Ese día también será decisión mía—
El reflejo no respondió.
Solo sonrió.
Y por un instante…
Ambas sonrieron igual.
╰─────── ✦ ───────╯
La noche era iluminada por las luces de la ciudad y mientras todos buscaban refugio yo me quede ahí en medio de la calle, las gotas se deslizaran por mi cuerpo hasta que a los pocos minutos estaba casi completamente empapada.
Una sonrisa se poso en mis labios, ahora estaba completamente sola sin embargo no me sentía de esa forma como tampoco sentía el frio de la lluvia.
Fue primero un paso y luego otro hasta que termine brincando sobre los charcos que se comenzaban a formar, daba vueltas bailando sin seguir ningún ritmo y dejando que mi mente se perdiera en ese único momento.
Con cada vuelta que daba no podía aguantarme la risa de felicidad, no por algo en especial, no tenia ni un solo motivo para estar feliz pero sentía como la lluvia se llevaba mis penas y tristezas.
No me importaba la miradas juiciosas de otros, esto era mío, este segundo era uno que solo yo tendría para disfrutar y lo aprovecharía al máximo.
Tropezaba con algún que otro paso, pero no me detenía, no quería. No fui consciente de que ella también lo estaba disfrutando bailando con gracia en la profundidad de mi mente, riendo con tanta fuerza como yo.
Nunca sabría que ese fue el primer y único momento que las dos disfrutamos simultáneamente, las dos olvidamos durante ese momento la existencia de la otra.
La noche era iluminada por las luces de la ciudad y mientras todos buscaban refugio yo me quede ahí en medio de la calle, las gotas se deslizaran por mi cuerpo hasta que a los pocos minutos estaba casi completamente empapada.
Una sonrisa se poso en mis labios, ahora estaba completamente sola sin embargo no me sentía de esa forma como tampoco sentía el frio de la lluvia.
Fue primero un paso y luego otro hasta que termine brincando sobre los charcos que se comenzaban a formar, daba vueltas bailando sin seguir ningún ritmo y dejando que mi mente se perdiera en ese único momento.
Con cada vuelta que daba no podía aguantarme la risa de felicidad, no por algo en especial, no tenia ni un solo motivo para estar feliz pero sentía como la lluvia se llevaba mis penas y tristezas.
No me importaba la miradas juiciosas de otros, esto era mío, este segundo era uno que solo yo tendría para disfrutar y lo aprovecharía al máximo.
Tropezaba con algún que otro paso, pero no me detenía, no quería. No fui consciente de que ella también lo estaba disfrutando bailando con gracia en la profundidad de mi mente, riendo con tanta fuerza como yo.
Nunca sabría que ese fue el primer y único momento que las dos disfrutamos simultáneamente, las dos olvidamos durante ese momento la existencia de la otra.
#Oc #Original
Ha sido un día duro. Como todos en realidad, y cuando por fin llega a casa, después de varios días sin pisarla, el analista se descalza y después de pasar por la cocina y dar un trago de agua helada, se dirige hacia el sofá, para acurrucarse al lado de Lauren Smith
Ha sido un día duro. Como todos en realidad, y cuando por fin llega a casa, después de varios días sin pisarla, el analista se descalza y después de pasar por la cocina y dar un trago de agua helada, se dirige hacia el sofá, para acurrucarse al lado de [F0RENSIC.CRIMINOL0GIST]
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Disculpen si luego tardo en responder, como normalmente hago respuestas largar hace que deba de darme mi tiempo y procuro revisarlas varias veces para corregir faltas de ortografía o gramaticales (aún que luego no me funciona mucho jajaja)
Disculpen si luego tardo en responder, como normalmente hago respuestas largar hace que deba de darme mi tiempo y procuro revisarlas varias veces para corregir faltas de ortografía o gramaticales (aún que luego no me funciona mucho jajaja)
:STK-58: