• Date with the gotic bae
    Categoría Slice of Life
    Gracias a una amistad en común se creo el vínculo que ahora las une.
    Jane ha pasado por una serie de cambios a lo largo de su vida pero nunca había probado algo como eso, algo tan "humano". También decidió involucrarse más en el mundo mortal, rechazo a sus congéneres para aprender más de aquellos que llaman "la raza débil", pese a esas reglas la demoña quizo experimentar personalmente esa vida mundana.

    Justo una brujita más buena que el pan le recomendo el lugar, ella tenía cosas que hacer por lo que tuvo que ir sola. Espera la proxima vez le acompañe, piensa que será divertido.
    Llegó diez minutos antes de su cita, abre la puerta entrando en el local, piensa que tiene un estilo maravilloso, también el hecho de que nunca se topo con humanos como ellas. Cree que se ha perdido de mucho.

    -¿Holaaaaaaaaa?

    Gracias a una amistad en común se creo el vínculo que ahora las une. Jane ha pasado por una serie de cambios a lo largo de su vida pero nunca había probado algo como eso, algo tan "humano". También decidió involucrarse más en el mundo mortal, rechazo a sus congéneres para aprender más de aquellos que llaman "la raza débil", pese a esas reglas la demoña quizo experimentar personalmente esa vida mundana. Justo una brujita más buena que el pan le recomendo el lugar, ella tenía cosas que hacer por lo que tuvo que ir sola. Espera la proxima vez le acompañe, piensa que será divertido. Llegó diez minutos antes de su cita, abre la puerta entrando en el local, piensa que tiene un estilo maravilloso, también el hecho de que nunca se topo con humanos como ellas. Cree que se ha perdido de mucho. -¿Holaaaaaaaaa?
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    Me gusta
    3
    1 turno 0 maullidos
  • ¿Que vuelva como Pro Hero? … ¿No puedo solo quedarme en mi celda?
    ¿Que vuelva como Pro Hero? … ¿No puedo solo quedarme en mi celda?
    Me encocora
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Y yo que no soy más que un mar de dudas, que sola con mis sombras me tropiezo, te canto como un pájaro en la bruma.
    Y yo que no soy más que un mar de dudas, que sola con mis sombras me tropiezo, te canto como un pájaro en la bruma.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • [tras un largo dia supervisando a su ejército el general se tomó la noche libre para visitar una taberna cercana donde solo se permitían demonios]

    Mesera: lamento la tardanza querido aquí está tu orden, filete de dragón a la diabla acompañado de arroz

    Uy se ve delicioso~
    Sin duda me merecía un buen descanso y este tipo de lugares siempre han sido de mí agrado.

    Mesera: ¿Desea algo más? Puedo ofrecerle uno de nuestros mejores postres si gusta

    •el general coloco la barra de cerveza en sus labios y la inclino hacia atrás junto a su cabeza para darle un buen sorbo a su bebida y disfrutar como nunca ese momento•

    No sé preocupe de momento no necesito nada más, estoy esperando a alguien~
    [tras un largo dia supervisando a su ejército el general se tomó la noche libre para visitar una taberna cercana donde solo se permitían demonios] Mesera: lamento la tardanza querido aquí está tu orden, filete de dragón a la diabla acompañado de arroz Uy se ve delicioso~ Sin duda me merecía un buen descanso y este tipo de lugares siempre han sido de mí agrado. Mesera: ¿Desea algo más? Puedo ofrecerle uno de nuestros mejores postres si gusta •el general coloco la barra de cerveza en sus labios y la inclino hacia atrás junto a su cabeza para darle un buen sorbo a su bebida y disfrutar como nunca ese momento• No sé preocupe de momento no necesito nada más, estoy esperando a alguien~
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Le reconozco como una historia bien hecha.
    ¿Y ella dice que está oxidada? O:
    ¿Cómo será sin ese óxido?
    Le reconozco como una historia bien hecha. ¿Y ella dice que está oxidada? O: ¿Cómo será sin ese óxido? 🤩🤩
    ────────────────── 𝔐𝔬𝔲𝔯𝔫𝔦𝔫𝔤 ℌ𝔢𝔯𝔟𝔞𝔩𝔦𝔰𝔱.
    Odette fue criada por la Orden de la Misericordia Pálida, una congregación religiosa que viajaba de ciudad en ciudad durante los años de peste. Vestían hábitos grises impregnados de vinagre y hierbas aromáticas para soportar el hedor de los moribundos. Creció entre camas húmedas, pulmones podridos y rezos murmurados al borde de la...
    0 comentarios 0 compartidos
  • Ultimatum en la catedral:
    La lid se trabó en lo más alto del campanario de la catedral. Bajo el cielo encapotado y el tañer lóbrego de las campanas, el joven clérigo Zelkova y un adepto del Culto de Saturno trocaron golpes con furia desatada. Puñadas, codazos y encontronazos resonaban entre los viejos sillares, mezclándose con el bramido del viento que se colaba por las troneras.

    Un recio puntapié alcanzó a Zelkova en el pecho y lo lanzó contra una ventana ojival. Los vidrios estallaron en una lluvia de fragmentos, y por un instante el sacerdote quedó suspendido sobre el abismo. Empero, al acudir otro sectario en auxilio de su camarada, el cura logró asirse al marco quebrado, evitó la caída y, con un certero gancho, abatió al recién llegado.

    En medio del forcejeo, una porción de la vetusta estructura cedió con un estrépito horrísono. Piedra, polvo y madera se desplomaron al vacío, y ambos contendientes rodaron hasta detenerse junto a una gárgola de roca ennegrecida por los siglos. Las campanas repicaban sobre sus cabezas, tornando la escena aún más sombría y funeral.

    El sectario procuró incorporarse, mas Zelkova fue más presto. Le ciñó el cuello con una llave férrea y se dejó caer de espaldas, arrastrándolo consigo. El hombre pataleó con desesperación, sintiendo cómo el aliento le abandonaba. Sus uñas arañaron los brazos del clérigo mientras escupía palabras entrecortadas.

    □¡Hazlo!... ¿O acaso te arredra?

    Zelkova, jadeante, habló con voz queda, casi como quien vela a un moribundo.

    ●Ríndete. Ya carece de sentido proseguir esta contienda.

    El otro soltó una risa ronca y amarga.

    □No tienes redaños...

    La respiración se le extinguía por momentos. A tientas, logró alcanzar una piedra desprendida y trató de hundirla en el brazo de su adversario.

    □¡HAZLO!

    Con una expresión afligida, semejante a la de quien dicta una sentencia que jamás deseó pronunciar, Zelkova torció con violencia. Un seco chasquido quebró el fragor de la tormenta. El cuello del hombre cedió.

    El cura soltó el cuerpo inerte y lo arrojó al vacío. Las campanas acompañaron la estrepitosa caída como si entonasen un réquiem. El cadáver se precipitó entre la lluvia y la penumbra hasta desaparecer en las profundidades.

    Zelkova permaneció inmóvil junto al borde. Su pecho se alzaba con dificultad; cada bocanada de aire era una pugna. La lluvia descendía por su semblante, llevándose la sangre que manchaba sus mejillas.

    Miró hacia abajo, hacia la oscuridad donde había desaparecido aquel hombre, y murmuró con voz quebrada:

    ●¿Por qué tuviste que forzarme a hacerlo...?

    El agua siguió cayendo sobre su rostro.

    ●¿Por qué tuviste que traicionarme...?

    Y sólo el lúgubre tañido de las campanas respondió a su lamento.
    Ultimatum en la catedral: La lid se trabó en lo más alto del campanario de la catedral. Bajo el cielo encapotado y el tañer lóbrego de las campanas, el joven clérigo Zelkova y un adepto del Culto de Saturno trocaron golpes con furia desatada. Puñadas, codazos y encontronazos resonaban entre los viejos sillares, mezclándose con el bramido del viento que se colaba por las troneras. Un recio puntapié alcanzó a Zelkova en el pecho y lo lanzó contra una ventana ojival. Los vidrios estallaron en una lluvia de fragmentos, y por un instante el sacerdote quedó suspendido sobre el abismo. Empero, al acudir otro sectario en auxilio de su camarada, el cura logró asirse al marco quebrado, evitó la caída y, con un certero gancho, abatió al recién llegado. En medio del forcejeo, una porción de la vetusta estructura cedió con un estrépito horrísono. Piedra, polvo y madera se desplomaron al vacío, y ambos contendientes rodaron hasta detenerse junto a una gárgola de roca ennegrecida por los siglos. Las campanas repicaban sobre sus cabezas, tornando la escena aún más sombría y funeral. El sectario procuró incorporarse, mas Zelkova fue más presto. Le ciñó el cuello con una llave férrea y se dejó caer de espaldas, arrastrándolo consigo. El hombre pataleó con desesperación, sintiendo cómo el aliento le abandonaba. Sus uñas arañaron los brazos del clérigo mientras escupía palabras entrecortadas. □¡Hazlo!... ¿O acaso te arredra? Zelkova, jadeante, habló con voz queda, casi como quien vela a un moribundo. ●Ríndete. Ya carece de sentido proseguir esta contienda. El otro soltó una risa ronca y amarga. □No tienes redaños... La respiración se le extinguía por momentos. A tientas, logró alcanzar una piedra desprendida y trató de hundirla en el brazo de su adversario. □¡HAZLO! Con una expresión afligida, semejante a la de quien dicta una sentencia que jamás deseó pronunciar, Zelkova torció con violencia. Un seco chasquido quebró el fragor de la tormenta. El cuello del hombre cedió. El cura soltó el cuerpo inerte y lo arrojó al vacío. Las campanas acompañaron la estrepitosa caída como si entonasen un réquiem. El cadáver se precipitó entre la lluvia y la penumbra hasta desaparecer en las profundidades. Zelkova permaneció inmóvil junto al borde. Su pecho se alzaba con dificultad; cada bocanada de aire era una pugna. La lluvia descendía por su semblante, llevándose la sangre que manchaba sus mejillas. Miró hacia abajo, hacia la oscuridad donde había desaparecido aquel hombre, y murmuró con voz quebrada: ●¿Por qué tuviste que forzarme a hacerlo...? El agua siguió cayendo sobre su rostro. ●¿Por qué tuviste que traicionarme...? Y sólo el lúgubre tañido de las campanas respondió a su lamento.
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • —encontre a este pequeño felino en la calle.. parece que tengo nueva mascota, toco buscarle un nombre~ ¿Alguna idea? Yo propongo..

    ¡EMPERADOR CUÁNTICO MURTIVERSAL DESTRUCTOR DE GALAXIAS Y PLANETAS!

    lo se, un gran nombre para una criatura tan pequeña y malvada~

    *Giko elevo al felino medio dormido en el aire como si se tratara del rey leon; definitivamente un total emperador del mal*
    —encontre a este pequeño felino en la calle.. parece que tengo nueva mascota, toco buscarle un nombre~ ✨ ¿Alguna idea? Yo propongo.. ¡EMPERADOR CUÁNTICO MURTIVERSAL DESTRUCTOR DE GALAXIAS Y PLANETAS! lo se, un gran nombre para una criatura tan pequeña y malvada~ *Giko elevo al felino medio dormido en el aire como si se tratara del rey leon; definitivamente un total emperador del mal*
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝑂𝑓 𝑤𝘩𝑎𝑡 𝑟𝑒𝑚𝑎𝑖𝑛𝑒𝑑 𝑢𝑛𝑠𝑙𝑎𝑖𝑛, 𝑜𝑓 𝑎 𝑑𝑎𝑟𝑘𝑛𝑒𝑠𝑠 𝑘𝑛𝑜𝑤𝑛 𝑏𝑦 𝑛𝑎𝑚𝑒
    Fandom 𝑵/𝑨
    Categoría Otros
    𝑹𝒐𝒍 𝒄𝒐𝒏: 𝑨𝒆𝒍𝒊𝒂𝒏𝒏𝒂


    𝑨𝒃𝒂𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒊𝒏𝒕 𝑬𝒊𝒓𝒊𝒍𝒅, 𝑬𝒊𝒄𝒉𝒆𝒏𝒘𝒂𝒍𝒅

    𝐴 𝑙𝑎 𝑑𝑢𝑜𝑑𝑒́𝑐𝑖𝑚𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑎𝑛𝑎𝑑𝑎; 𝑎 𝑙𝑎 𝘩𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑏𝑜𝑠 - 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙖 𝙣𝙤𝙘𝙝𝙚.


    La tormenta había terminado dos días atrás, pero el barro seguía aferrándose a las botas melladas de acero y al borde de la capa como si algo en el camino se negara a dejarlo marchar. El Vaeltaja no regresó a la abadía con prisa. Nunca lo hacía, pues durante el viaje hubo una incomodidad persistente acompañándolo entre árboles, una sensación que ni las bestias del bosque ni los espectros de los viejos caminos habían logrado provocarle jamás. Había enfrentado criaturas nacidas antes que sus reinos. Había contemplado horrores que hacían retroceder a hombres de fe y guerreros por igual. Aquello era diferente.

    Era duda que lo devora por dentro como una maldición.

    La abadía apareció finalmente entre la niebla de la madrugada, erguida sobre la colina como siempre había estado. Inmutable, familiar. Durante un instante permaneció observándola desde la distancia. Las agujas de piedra elevándose hacia un cielo gris, los muros antiguos, los vitrales oscuros y todos donde la luz moría antes de atravesarlos del todo. Allí dentro sabe que estaba esperando. Lo sabía con la misma certeza con la que conocía el peso de su espada o el sonido de su propia respiración. Y precisamente por eso había tardado tanto en regresar.

    𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑠𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑞𝑢𝑒́ 𝘩𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑜.

    La pesada puerta cedió bajo su mano enguantada de acero negro. El interior lo recibió con el olor familiar a muerte, a cadáveres, el incienso antiguo. La piedra húmeda y algo más difícil de nombrar. Algo que siempre parecía pertenecerle únicamente a ella. Sus pies resonaron por la piedra caliza a paso silencioso, mientras avanzaba sin anunciarse. No traía presas para alimentar su hambre, no arrastraba cadáveres ni trofeos de alguna cacería. Tampoco estaba herido. A simple vista parecía el mismo hombre que había partido semanas atrás.

    No lo era.

    Bajo uno de sus brazos descansaba un objeto envuelto en tela oscura. Grande, plano, protegido con más cuidado del que normalmente reservaba para cualquier reliquia. Y cuando finalmente se detuvo, el silencio permaneció entre las columnas durante varios segundos antes que su voz rompiera la quietud.

    —𝘌𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘦́ 𝘵𝘶 𝘳𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 —la frase salió simple, directa. Como una herida que no ha sido sanada. Sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la oscuridad, esperando sentir su presencia incluso antes de verla—. 𝘈 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶𝜄́.

    La tela fue retirada lentamente. Debajo apareció una tabla de madera ennegrecida por los siglos; los bordes estaban consumidos por el tiempo y las grietas recorrían la superficie como venas secas. En el centro, apenas conservado por milagro o maldición, permanecía el retrato de una mujer.

    Cabello claro y níveo, rasgos delicados. La misma curva de sus labios y... extrañamente, asumía que los mismos ojos. No parecida, sino idéntica. La inscripción inferior estaba casi destruida, pero todavía podían leerse fragmentos de una fecha tan antigua que pertenecía a una época anterior a varios reinos que hoy seguro gobernaban aquellas tierras. Kanwulf no apartó la mirada del retrato todavía.

    —𝘋𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘦́ 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘯𝘤𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘶́ —la confesión fue apenas más baja, honesta—. 𝘕𝘰 𝘧𝘶𝘯𝘤𝘪𝘰𝘯𝘰́.

    Por primera vez levantó la vista. No hacia la pintura, sino hacia donde —𝘦́𝘭 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘢— ella está, en algún lugar de la inmensa y abandonada abadía. Porque aquello era lo que realmente le siembra una duda que aterra en el pecho. No la posibilidad de que la mujer fuera un retrato de Aelianna; no la posibilidad de que algo imposible estuviera ocurriendo. Lo que le inquietaba era haberse dado cuenta, en algún punto del regreso, de que la respuesta no cambiaría nada. Si aquel rostro había esperado por siglos sumido en la oscuridad. Si existían más o si ella era algo mucho más antiguo de lo que muchos pudieran imaginar.

    Y quizá esa era la parte verdaderamente oscura de toda la historia. Que la duda había viajado con él durante semanas, pero la devoción había llegado primero. En cómo los Vaeltaja fueron creados para reconocer la oscuridad allí donde se ocultara. Quizá por eso la encontró; la tragedia nunca fue haberla amado. La tragedia fue reconocer exactamente lo que era... y permanecer de todos modos.

    𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑎𝑏𝑎𝑑𝜄́𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜. 𝐶𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑜: 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟.
    𝑹𝒐𝒍 𝒄𝒐𝒏: [meine.sehnsucht] 𝑨𝒃𝒂𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒊𝒏𝒕 𝑬𝒊𝒓𝒊𝒍𝒅, 𝑬𝒊𝒄𝒉𝒆𝒏𝒘𝒂𝒍𝒅 𝐴 𝑙𝑎 𝑑𝑢𝑜𝑑𝑒́𝑐𝑖𝑚𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑎𝑛𝑎𝑑𝑎; 𝑎 𝑙𝑎 𝘩𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑏𝑜𝑠 - 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙖 𝙣𝙤𝙘𝙝𝙚. La tormenta había terminado dos días atrás, pero el barro seguía aferrándose a las botas melladas de acero y al borde de la capa como si algo en el camino se negara a dejarlo marchar. El Vaeltaja no regresó a la abadía con prisa. Nunca lo hacía, pues durante el viaje hubo una incomodidad persistente acompañándolo entre árboles, una sensación que ni las bestias del bosque ni los espectros de los viejos caminos habían logrado provocarle jamás. Había enfrentado criaturas nacidas antes que sus reinos. Había contemplado horrores que hacían retroceder a hombres de fe y guerreros por igual. Aquello era diferente. Era duda que lo devora por dentro como una maldición. La abadía apareció finalmente entre la niebla de la madrugada, erguida sobre la colina como siempre había estado. Inmutable, familiar. Durante un instante permaneció observándola desde la distancia. Las agujas de piedra elevándose hacia un cielo gris, los muros antiguos, los vitrales oscuros y todos donde la luz moría antes de atravesarlos del todo. Allí dentro sabe que estaba esperando. Lo sabía con la misma certeza con la que conocía el peso de su espada o el sonido de su propia respiración. Y precisamente por eso había tardado tanto en regresar. 𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑠𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑞𝑢𝑒́ 𝘩𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑜. La pesada puerta cedió bajo su mano enguantada de acero negro. El interior lo recibió con el olor familiar a muerte, a cadáveres, el incienso antiguo. La piedra húmeda y algo más difícil de nombrar. Algo que siempre parecía pertenecerle únicamente a ella. Sus pies resonaron por la piedra caliza a paso silencioso, mientras avanzaba sin anunciarse. No traía presas para alimentar su hambre, no arrastraba cadáveres ni trofeos de alguna cacería. Tampoco estaba herido. A simple vista parecía el mismo hombre que había partido semanas atrás. No lo era. Bajo uno de sus brazos descansaba un objeto envuelto en tela oscura. Grande, plano, protegido con más cuidado del que normalmente reservaba para cualquier reliquia. Y cuando finalmente se detuvo, el silencio permaneció entre las columnas durante varios segundos antes que su voz rompiera la quietud. —𝘌𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘦́ 𝘵𝘶 𝘳𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 —la frase salió simple, directa. Como una herida que no ha sido sanada. Sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la oscuridad, esperando sentir su presencia incluso antes de verla—. 𝘈 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶𝜄́. La tela fue retirada lentamente. Debajo apareció una tabla de madera ennegrecida por los siglos; los bordes estaban consumidos por el tiempo y las grietas recorrían la superficie como venas secas. En el centro, apenas conservado por milagro o maldición, permanecía el retrato de una mujer. Cabello claro y níveo, rasgos delicados. La misma curva de sus labios y... extrañamente, asumía que los mismos ojos. No parecida, sino idéntica. La inscripción inferior estaba casi destruida, pero todavía podían leerse fragmentos de una fecha tan antigua que pertenecía a una época anterior a varios reinos que hoy seguro gobernaban aquellas tierras. Kanwulf no apartó la mirada del retrato todavía. —𝘋𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘦́ 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘯𝘤𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘶́ —la confesión fue apenas más baja, honesta—. 𝘕𝘰 𝘧𝘶𝘯𝘤𝘪𝘰𝘯𝘰́. Por primera vez levantó la vista. No hacia la pintura, sino hacia donde —𝘦́𝘭 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘢— ella está, en algún lugar de la inmensa y abandonada abadía. Porque aquello era lo que realmente le siembra una duda que aterra en el pecho. No la posibilidad de que la mujer fuera un retrato de Aelianna; no la posibilidad de que algo imposible estuviera ocurriendo. Lo que le inquietaba era haberse dado cuenta, en algún punto del regreso, de que la respuesta no cambiaría nada. Si aquel rostro había esperado por siglos sumido en la oscuridad. Si existían más o si ella era algo mucho más antiguo de lo que muchos pudieran imaginar. Y quizá esa era la parte verdaderamente oscura de toda la historia. Que la duda había viajado con él durante semanas, pero la devoción había llegado primero. En cómo los Vaeltaja fueron creados para reconocer la oscuridad allí donde se ocultara. Quizá por eso la encontró; la tragedia nunca fue haberla amado. La tragedia fue reconocer exactamente lo que era... y permanecer de todos modos. 𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑎𝑏𝑎𝑑𝜄́𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜. 𝐶𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑜: 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗

    <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad.

    Sólo así se reducían los riesgos.

    Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj.

    Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas.

    Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo.

    — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara.

    — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos.

    Ahora se tornaba un reclamo.
    — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás.

    Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él.

    Pasaron unos segundos.
    Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo.

    ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí.

    — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo.

    Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta.

    — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris.

    Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado.

    — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni.
    Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir.
    — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción.
    Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio.

    — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni.

    Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo.

    Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo…

    Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>>
    ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
    ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗ <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad. Sólo así se reducían los riesgos. Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj. Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas. Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo. — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara. — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos. Ahora se tornaba un reclamo. — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás. Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él. Pasaron unos segundos. Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo. ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí. — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo. Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta. — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris. Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado. — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni. Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir. — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción. Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio. — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni. Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo. Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo… Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>> ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
    Me gusta
    Me enjaja
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Era un buen soldado. Un profesional de élite. Su forma de moverse, de sujetar el cuchillo, lo delataban. Dejé que se moviera primero. No fue vanidad. Fue una constatación.

    La adrenalina provocaba que las pulsaciones me golpearan las sienes como un tambor.

    Hizo un amago. Luego un intento. No llegó.

    Lo maté mirándole a los ojos. No sentí nada. Quizá eso fue lo que más me dolió al volver a la base a entregar el informe.

    Siete bajas. Ninguna nuestra. Seis mías. Una de Nyx. El V.I.P. a salvo y en camino.

    El dolor llegó después. A solas conmigo mismo cuando repasaba la misión, sentado en el sillón, a oscuras y fumando.

    Esa manía me la inculcó el viejo. Siempre me decía que cuando limpiamos el cañón del arma, debemos entender por qué disparamos. Repasar el plan, su ejecución y obtener la certeza de si fue un éxito o un fracaso independientemente de los resultados.

    No antes.

    No durante.

    Sólo después.
    Era un buen soldado. Un profesional de élite. Su forma de moverse, de sujetar el cuchillo, lo delataban. Dejé que se moviera primero. No fue vanidad. Fue una constatación. La adrenalina provocaba que las pulsaciones me golpearan las sienes como un tambor. Hizo un amago. Luego un intento. No llegó. Lo maté mirándole a los ojos. No sentí nada. Quizá eso fue lo que más me dolió al volver a la base a entregar el informe. Siete bajas. Ninguna nuestra. Seis mías. Una de Nyx. El V.I.P. a salvo y en camino. El dolor llegó después. A solas conmigo mismo cuando repasaba la misión, sentado en el sillón, a oscuras y fumando. Esa manía me la inculcó el viejo. Siempre me decía que cuando limpiamos el cañón del arma, debemos entender por qué disparamos. Repasar el plan, su ejecución y obtener la certeza de si fue un éxito o un fracaso independientemente de los resultados. No antes. No durante. Sólo después.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados