• -miren no mentire, me encanta como se ve pero no gracias soy hijo de la luna no gaia- se empezo a arrancar cada petalos y flor sin parar aunque sangrara
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  • El cielo estallaba en colores imposibles.
    Desde lo alto del techo, él observaba en silencio cómo las flores de fuego nacían y morían en cuestión de segundos, iluminando la ciudad dormida. Cada explosión arrancaba murmullos lejanos de alegría, risas que no llegaban hasta allí arriba. Para los demás, era una noche de celebración. Para él… solo era ruido y luz recordándole una ausencia.
    Se abrazó las rodillas, la tela negra de su ropa mezclándose con las sombras. La brisa nocturna agitó suavemente su cabello y sus orejas se inclinaron apenas, como si también escucharan aquello que su corazón no podía callar. Antes, ella estaría a su lado. Le habría señalado el cielo con una sonrisa, diciendo cuál fuego artificial era su favorito, riéndose cuando alguno explotaba de forma torpe.
    Ahora no había nadie que dijera su nombre.
    Detrás de la máscara, su mirada se volvió opaca. Cada destello en el cielo era un recuerdo: su risa, su voz, la calidez de su presencia apoyada en su hombro. El brillo duraba solo un instante… igual que ella se había ido. Demasiado rápido. Demasiado injusto.
    Uno de los fuegos artificiales explotó con más fuerza que los demás, bañando su figura en luz blanca. Por un segundo, creyó verla reflejada en el cielo. Pero cuando la luz se desvaneció, solo quedó la noche.
    Apretó los puños.
    —Si estuvieras aquí… —pensó, sin atreverse a terminar la frase.
    El cielo seguía celebrando, indiferente a su dolor. Y él, sentado sobre aquel techo, comprendió que no dolía ver los fuegos artificiales…
    Dolía verlos sin ella.
    El cielo estallaba en colores imposibles. Desde lo alto del techo, él observaba en silencio cómo las flores de fuego nacían y morían en cuestión de segundos, iluminando la ciudad dormida. Cada explosión arrancaba murmullos lejanos de alegría, risas que no llegaban hasta allí arriba. Para los demás, era una noche de celebración. Para él… solo era ruido y luz recordándole una ausencia. Se abrazó las rodillas, la tela negra de su ropa mezclándose con las sombras. La brisa nocturna agitó suavemente su cabello y sus orejas se inclinaron apenas, como si también escucharan aquello que su corazón no podía callar. Antes, ella estaría a su lado. Le habría señalado el cielo con una sonrisa, diciendo cuál fuego artificial era su favorito, riéndose cuando alguno explotaba de forma torpe. Ahora no había nadie que dijera su nombre. Detrás de la máscara, su mirada se volvió opaca. Cada destello en el cielo era un recuerdo: su risa, su voz, la calidez de su presencia apoyada en su hombro. El brillo duraba solo un instante… igual que ella se había ido. Demasiado rápido. Demasiado injusto. Uno de los fuegos artificiales explotó con más fuerza que los demás, bañando su figura en luz blanca. Por un segundo, creyó verla reflejada en el cielo. Pero cuando la luz se desvaneció, solo quedó la noche. Apretó los puños. —Si estuvieras aquí… —pensó, sin atreverse a terminar la frase. El cielo seguía celebrando, indiferente a su dolor. Y él, sentado sobre aquel techo, comprendió que no dolía ver los fuegos artificiales… Dolía verlos sin ella.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Solo un detalle mas, agradezco sus solicitudes de amistad, pero no soy nueva en la plataforma llegue hace una semana, tenía otro perfil pero lo borré, ya se de algunos de ustedes, algunos ya me incomodaron lo suficiente para cerrarles la puerta en la cara... (acoso, spam, presión por respuestas, forzar lemon)
    Solo un detalle mas, agradezco sus solicitudes de amistad, pero no soy nueva en la plataforma llegue hace una semana, tenía otro perfil pero lo borré, ya se de algunos de ustedes, algunos ya me incomodaron lo suficiente para cerrarles la puerta en la cara... (acoso, spam, presión por respuestas, forzar lemon)
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  • Deberia presentarme, si.
    Mi nombre,Yuri. Soy una bestia...sí, lo soy.
    Algo asi como una maldición, pero soy bastante chill. A menos de que llegue el momento de la masacre.
    Deberia presentarme, si. Mi nombre,Yuri. Soy una bestia...sí, lo soy. Algo asi como una maldición, pero soy bastante chill. A menos de que llegue el momento de la masacre.
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  • Paso 1: Salir.
    Paso 2: Hacerle saber a su padre que era libre y él podía irse a la mierda con todo lo suyo.

    Paso 3: ¿Dónde carajo iba a vivir y de qué.

    Al ser encerrada, dejó trunca la universidad. Cuarto semestre de administración de empresas y un "empleo" de pasante porque no iba a utilizar el "buen nombre" de su padre para labrar su camino. Empezaría desde abajo como cualquier estudiante...

    ... en ese entonces.

    En su circunstancia actual... debía empezar desde cero.
    Paso 1: Salir. Paso 2: Hacerle saber a su padre que era libre y él podía irse a la mierda con todo lo suyo. Paso 3: ¿Dónde carajo iba a vivir y de qué. Al ser encerrada, dejó trunca la universidad. Cuarto semestre de administración de empresas y un "empleo" de pasante porque no iba a utilizar el "buen nombre" de su padre para labrar su camino. Empezaría desde abajo como cualquier estudiante... ... en ese entonces. En su circunstancia actual... debía empezar desde cero.
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  • El frio como el silencio es algo con que mas me siento comoda , quizas asi es algo que pueda entender a beel pero aun asi no me agrada
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    (como va el proyecto)
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    El aroma del café barato y el vapor de la máquina de espresso intentaban, sin éxito, camuflar el olor que realmente dominaba sus sentidos: pólvora vieja y ozono. Reze llevaba puesto el uniforme del café, una prenda que sentía como un disfraz de Halloween del que no podía despojarse. Sus manos, las mismas que fueron sumergidas en químicos y entrenadas para romper cuellos antes de aprender a escribir, temblaban levemente mientras sostenían una taza de cerámica.

    ​《FLASHBACK》

    ​Cerró los ojos un segundo y el calor de Tokio desapareció. De repente, volvía a tener siete años y el frío le quemaba los pulmones. Se vio en una fila, vulnerable bajo luces fluorescentes que parpadeaban con un zumbido eléctrico. A su lado, el "Sujeto 733" caía al suelo, sus ojos convertidos en cristal líquido tras la inyección. Los hombres de bata blanca ni siquiera lo miraron; simplemente anotaron con frialdad: “Fallo en la tasa de absorción”.

    ​Sintió de nuevo el pinchazo en su propio cuello. El dolor no era humano; era como si alguien vertiera metal fundido directamente en sus venas. Recordó el sabor metálico de la sangre en su boca y el eco de una voz gélida que sentenciaba su destino:

    ​— "Si sobrevives, serás el orgullo de la Madre Rusia. Si mueres, solo serás abono para la siguiente generación."

    ​Despertó en una fosa, bajo el peso muerto de otros sujetos que no tuvieron su "suerte". Salir de allí gateando fue su primer acto de guerra; su garganta no emitía un grito, sino el pitido sordo de una mecha encendida. Ese día, la niña llamada Reze murió. Lo que emergió de la nieve fue la Bomba.

    ​Reze abrió los ojos, regresando bruscamente a la realidad del café. El vello de su nuca se erizó. Sabía que Seguridad Pública la buscaba y que cualquier sombra en la calle podría ser un agente del gobierno. Había pasado meses cambiando de identidad, borrando sus huellas y aprendiendo a reír como si nada le doliera, como si fuera una persona real.

    ​Sus dedos rozaron la gargantilla negra que rodeaba su cuello. Era su seguro de vida y, al mismo tiempo, su condena. Si tiraba de ella, Tokio ardería. Si la mantenía puesta, seguiría siendo una esclava en fuga.
    ​El trauma comenzó a distorsionar su visión del entorno. Los clientes a su alrededor dejaron de ser simples civiles; en su mente, el joven de la esquina era un informante y la mujer del fondo una asesina de Seguridad Pública esperando la señal para disparar. Sus ojos escaneaban cada movimiento con una intensidad paranoica, convencida de que el experimento fallido finalmente había sido acorralado por el gobierno. El "clic" de una cucharilla contra una taza sonó en su cabeza como el percutor de un arma. Estaba rodeada, o al menos eso le gritaba su instinto roto, sintiéndose atrapada en una emboscada invisible a plena luz del día.
    El aroma del café barato y el vapor de la máquina de espresso intentaban, sin éxito, camuflar el olor que realmente dominaba sus sentidos: pólvora vieja y ozono. Reze llevaba puesto el uniforme del café, una prenda que sentía como un disfraz de Halloween del que no podía despojarse. Sus manos, las mismas que fueron sumergidas en químicos y entrenadas para romper cuellos antes de aprender a escribir, temblaban levemente mientras sostenían una taza de cerámica. ​《FLASHBACK》 ​Cerró los ojos un segundo y el calor de Tokio desapareció. De repente, volvía a tener siete años y el frío le quemaba los pulmones. Se vio en una fila, vulnerable bajo luces fluorescentes que parpadeaban con un zumbido eléctrico. A su lado, el "Sujeto 733" caía al suelo, sus ojos convertidos en cristal líquido tras la inyección. Los hombres de bata blanca ni siquiera lo miraron; simplemente anotaron con frialdad: “Fallo en la tasa de absorción”. ​Sintió de nuevo el pinchazo en su propio cuello. El dolor no era humano; era como si alguien vertiera metal fundido directamente en sus venas. Recordó el sabor metálico de la sangre en su boca y el eco de una voz gélida que sentenciaba su destino: ​— "Si sobrevives, serás el orgullo de la Madre Rusia. Si mueres, solo serás abono para la siguiente generación." ​Despertó en una fosa, bajo el peso muerto de otros sujetos que no tuvieron su "suerte". Salir de allí gateando fue su primer acto de guerra; su garganta no emitía un grito, sino el pitido sordo de una mecha encendida. Ese día, la niña llamada Reze murió. Lo que emergió de la nieve fue la Bomba. ​Reze abrió los ojos, regresando bruscamente a la realidad del café. El vello de su nuca se erizó. Sabía que Seguridad Pública la buscaba y que cualquier sombra en la calle podría ser un agente del gobierno. Había pasado meses cambiando de identidad, borrando sus huellas y aprendiendo a reír como si nada le doliera, como si fuera una persona real. ​Sus dedos rozaron la gargantilla negra que rodeaba su cuello. Era su seguro de vida y, al mismo tiempo, su condena. Si tiraba de ella, Tokio ardería. Si la mantenía puesta, seguiría siendo una esclava en fuga. ​El trauma comenzó a distorsionar su visión del entorno. Los clientes a su alrededor dejaron de ser simples civiles; en su mente, el joven de la esquina era un informante y la mujer del fondo una asesina de Seguridad Pública esperando la señal para disparar. Sus ojos escaneaban cada movimiento con una intensidad paranoica, convencida de que el experimento fallido finalmente había sido acorralado por el gobierno. El "clic" de una cucharilla contra una taza sonó en su cabeza como el percutor de un arma. Estaba rodeada, o al menos eso le gritaba su instinto roto, sintiéndose atrapada en una emboscada invisible a plena luz del día.
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    || Holis lamentó no haber estado pero como hubo un percance de salida vacacional no tuve tiempo ni para avisar, pero en cuanto antes responderé a todos TwT disculpen y gracias por su paciencia
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  • Irredimible
    Fandom OC
    Categoría Original
    Valen Schultz

    La casa de Dios, lugar donde la bruja no era bienvenida y un lugar que repudiaba...

    En la primera guerra, allá por el siglo XIV contra la iglesia, saqueó y destruyó numerosos pueblos conocidos por ser religiosos, sobre todo en Aviñón, lugar donde finalmente se asediaría contra las fuerzas de la iglesia, pero eso es agua pasada... ¿No?

    No, no lo era, el conflicto, aunque por aquel entonces se detuviera, nunca se apagó.

    Hoy Morana se dirigía a una catedral, curioso era el motivo, quería observar de cerca el motivo por el que tantas personas buscaban refugio en Dios cuando la iglesia para ella no eran más que mentiras...

    Odiaba la idea.

    Caminaba con una calma que no reflejaba lo que sentía, pisaba la tierra santa como si de basura se tratase, con un resentimiento propio de ella, pues le arrebataron todo lo que conocía, todo lo que amaba...

    Las puertas de la catedral, de arquitectura majestuosa se hallaban frente a ella, hacía poco que la misa había terminado, así que aún habían unas pocas personas, una multitud que, poco a poco, fue disminuyendo.

    La bruja entró en la casa de Dios, irónica era la sensación que la recorría, un odio personal, pero al mismo tiempo, el cálido abrazo de lo que alguna vez fue su propia creencia, ahora manchado por la sangre derramada en su pasado.

    Los pasos hicieron eco, su mirada se posaría en el cristo, crucificado en lo alto, una decoración que le trajo recuerdos tan nefastos, tan distantes... Pero aún intensos.

    Recuerda las piras, las antorchas, las guerras, las muertes ¿Cuántas víctimas hubo? Demasiadas en ambos bandos, murieron culpables e inocentes por igual.

    Pero también habían recuerdos bellos, el rubio color del cabello de su esposo, como siempre trató de llevarla con ella a la iglesia, asegurando que entregando su corazón a la fe, el peso del día a día se iría...

    Una pena que el mismo hombre muriese en la pira, quemado por aquellos en quienes tanto confiaba.

    La mirada de Morana no reflejaba el remolino de emociones que la recorría, pero en su trance no se percató de la ausencia de personas alrededor suya ¿Había quedado sola en la iglesia...?
    [smile4me] La casa de Dios, lugar donde la bruja no era bienvenida y un lugar que repudiaba... En la primera guerra, allá por el siglo XIV contra la iglesia, saqueó y destruyó numerosos pueblos conocidos por ser religiosos, sobre todo en Aviñón, lugar donde finalmente se asediaría contra las fuerzas de la iglesia, pero eso es agua pasada... ¿No? No, no lo era, el conflicto, aunque por aquel entonces se detuviera, nunca se apagó. Hoy Morana se dirigía a una catedral, curioso era el motivo, quería observar de cerca el motivo por el que tantas personas buscaban refugio en Dios cuando la iglesia para ella no eran más que mentiras... Odiaba la idea. Caminaba con una calma que no reflejaba lo que sentía, pisaba la tierra santa como si de basura se tratase, con un resentimiento propio de ella, pues le arrebataron todo lo que conocía, todo lo que amaba... Las puertas de la catedral, de arquitectura majestuosa se hallaban frente a ella, hacía poco que la misa había terminado, así que aún habían unas pocas personas, una multitud que, poco a poco, fue disminuyendo. La bruja entró en la casa de Dios, irónica era la sensación que la recorría, un odio personal, pero al mismo tiempo, el cálido abrazo de lo que alguna vez fue su propia creencia, ahora manchado por la sangre derramada en su pasado. Los pasos hicieron eco, su mirada se posaría en el cristo, crucificado en lo alto, una decoración que le trajo recuerdos tan nefastos, tan distantes... Pero aún intensos. Recuerda las piras, las antorchas, las guerras, las muertes ¿Cuántas víctimas hubo? Demasiadas en ambos bandos, murieron culpables e inocentes por igual. Pero también habían recuerdos bellos, el rubio color del cabello de su esposo, como siempre trató de llevarla con ella a la iglesia, asegurando que entregando su corazón a la fe, el peso del día a día se iría... Una pena que el mismo hombre muriese en la pira, quemado por aquellos en quienes tanto confiaba. La mirada de Morana no reflejaba el remolino de emociones que la recorría, pero en su trance no se percató de la ausencia de personas alrededor suya ¿Había quedado sola en la iglesia...?
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