• «Toda vida tiene un valor, toda historia representa una vida»
    Categoría Slice of Life
    París siempre huele a lluvia vieja y a asfalto húmedo cuando la tarde decide retirarse sin pedir permiso. Es de esas ciudades melancólicas que avivan las emociones de los bien aventurados; llámense enamorados o incrédulos del romanticismo barato. Su folclor y cabizbajo ambiente citadino se impregna en la memoria como la fotografía de una infancia calurosa, y entre callejuelas, cada una más vagabunda que la anterior, se encuentran plasmados los retazos de una historia antigua que respeta a sus ancestros y padres fundadores.

    Es así como escondida en una de las venas adoquinadas del los suburbios adormecidos, la biblioteca popular se levanta como un santuario de madera crujiente y techos asfixiados por hileras interminables de estanterías. El ambiente dentro es denso, cargado de una quietud sagrada que solo se interrumpe por el susurro ocasional de una página al girar o el goteo rítmico del agua contra los ventanales altos. La luz filtrada por los cristales sucios es de un oro pálido, casi enfermo, que hace bailar los miles de motas de polvo en el aire como si fueran estrellas enanas flotando en un nexo olvidado. Huele a cuero gastado, a pegamento de encuadernación reseco y a esa dulce decadencia del papel antiguo que ha sobrevivido a demasiadas manos mortales. Para el común de los hombres, es solo un edificio viejo; para él, es un cementerio de intenciones y destinos atrapados en tinta.

    Entre los pasillos estrechos se mueve con la parsimonia de un felino que conoce de memoria los límites de su jaula. Sus botas apenas provocan un quejido en el parqué encerado. Viste con una sencillez oscura que contrasta con la opulencia de algunos tomos clásicos: una camiseta negra holgada que deja al descubierto la musculatura definida de sus brazos y la intrincada caligrafía de las runas que serpentean por sus antebrazos. Lleva las manos sepultadas en los bolsillos, adoptando una postura ligeramente encorvada, perezosa, como si el peso de su propia inmortalidad le fatigara los hombros. Al detenerse frente a una sección de poesía francesa del siglo XIX, alza la mano izquierda y, con un movimiento lento del índice, se baja apenas las gafas redondas de sol. El fucsia artificial de sus ojos divinos relampaguea un milisegundo en la penumbra, escaneando los títulos grabados en pan de oro con el hambre fría de un corrector de pruebas que busca un error en la creación.

    «Cuánta belleza inútil se acumula en los estantes de los hombres», piensa él, mientras el dedo índice de su otra mano juguetea de forma inconsciente con el expansor negro de su oreja derecha, haciéndolo girar sobre su propio eje.

    Colaboración: -𝓨𝐯𝐨𝐧𝐧𝐞
    París siempre huele a lluvia vieja y a asfalto húmedo cuando la tarde decide retirarse sin pedir permiso. Es de esas ciudades melancólicas que avivan las emociones de los bien aventurados; llámense enamorados o incrédulos del romanticismo barato. Su folclor y cabizbajo ambiente citadino se impregna en la memoria como la fotografía de una infancia calurosa, y entre callejuelas, cada una más vagabunda que la anterior, se encuentran plasmados los retazos de una historia antigua que respeta a sus ancestros y padres fundadores. Es así como escondida en una de las venas adoquinadas del los suburbios adormecidos, la biblioteca popular se levanta como un santuario de madera crujiente y techos asfixiados por hileras interminables de estanterías. El ambiente dentro es denso, cargado de una quietud sagrada que solo se interrumpe por el susurro ocasional de una página al girar o el goteo rítmico del agua contra los ventanales altos. La luz filtrada por los cristales sucios es de un oro pálido, casi enfermo, que hace bailar los miles de motas de polvo en el aire como si fueran estrellas enanas flotando en un nexo olvidado. Huele a cuero gastado, a pegamento de encuadernación reseco y a esa dulce decadencia del papel antiguo que ha sobrevivido a demasiadas manos mortales. Para el común de los hombres, es solo un edificio viejo; para él, es un cementerio de intenciones y destinos atrapados en tinta. Entre los pasillos estrechos se mueve con la parsimonia de un felino que conoce de memoria los límites de su jaula. Sus botas apenas provocan un quejido en el parqué encerado. Viste con una sencillez oscura que contrasta con la opulencia de algunos tomos clásicos: una camiseta negra holgada que deja al descubierto la musculatura definida de sus brazos y la intrincada caligrafía de las runas que serpentean por sus antebrazos. Lleva las manos sepultadas en los bolsillos, adoptando una postura ligeramente encorvada, perezosa, como si el peso de su propia inmortalidad le fatigara los hombros. Al detenerse frente a una sección de poesía francesa del siglo XIX, alza la mano izquierda y, con un movimiento lento del índice, se baja apenas las gafas redondas de sol. El fucsia artificial de sus ojos divinos relampaguea un milisegundo en la penumbra, escaneando los títulos grabados en pan de oro con el hambre fría de un corrector de pruebas que busca un error en la creación. «Cuánta belleza inútil se acumula en los estantes de los hombres», piensa él, mientras el dedo índice de su otra mano juguetea de forma inconsciente con el expansor negro de su oreja derecha, haciéndolo girar sobre su propio eje. Colaboración: -[doucevi3]
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  • El portal se abrió como una herida en la hechura del mundo.

    El hombre fue arrancado de dondequiera que hubiese estado y arrojado a través de aquella luz impía. Su cuerpo se retorció en el tránsito. La carne pareció olvidar su forma. Los huesos crujieron como ramas secas bajo el peso de una tormenta invisible.

    Un poder inmenso despertó en su interior. No era una llama ni un río. Era algo más antiguo. Más vasto. La energía manó de él sin obediencia y la piedra se quebró bajo sus pies. Cráteres surgieron en la roca desnuda. Las escalinatas temblaron. El aire se llenó de polvo y fragmentos que flotaban alrededor de su figura como satélites errantes.

    Cuando el resplandor menguó, contempló el lugar. Escaleras sin término, ascendían hacia unas puertas colosales cuya sola presencia parecía desafiar la razón de los hombres. Las puertas del TRIUNVIRATO aguardaban inmóviles bajo una luz pálida.

    El demonio de renombrado linaje ajustó el sombrero oscuro sobre su cabeza. Su cabello, amarillo como trigo bajo cierto fulgor y blanco como ceniza bajo otro, danzaba con las corrientes invisibles de aquel reino extraño. Sobre su hombro descansaba una espada extensa y terrible. El filo parecía capaz de partir la misma noche.

    Comenzó a subir. Sus pasos resonaron en el vacío.

    ○Bueno, bueno... ¿dónde estoy?

    El acento británico se deslizó en el aire. Las puertas se abrieron. Y entonces ocurrió...el cambio. Fue súbito y cruel. Sintió los huesos doblarse dentro de su carne. Su espalda se arqueó. Los músculos se contrajeron. El rostro que durante eras había poseído la perfección temible de los demonios superiores comenzó a marchitarse.

    Las facciones divinas se hundieron y palidecieron como un fantasma. La piel adquirió los signos de una edad que jamás había conocido. Cuando terminó, donde antes se hallaba una belleza capaz de doblegar reyes y encender guerras, permanecía el semblante envejecido. Un hombre que los mortales habrían juzgado cercano a los cuarenta años. Llevó una mano a su rostro. Sus dedos temblaban.

    ○¿Mi cuerpo...? ¿Qué le pasa a mi cuerpo?

    Había miedo en su voz. Miedo verdadero. Entonces la luz regresó y lo envolvió. El mundo desapareció y apareció en otro. Un sitio desconocido.

    ○¡Hermana! ¿Dónde estás?

    El grito brotó de su garganta. Movió la espada por puro instinto. El acero cortó el aire con violencia. Era el gesto de alguien preparado para matar ejércitos enteros con tal de proteger a una sola persona. Mas algo se quebró. Un dolor insoportable recorrió su brazo. Escuchó el sonido. Decenas de fracturas. Los huesos estallaron bajo la piel. Cayó de rodillas. La espada golpeó el suelo. Respiró con dificultad, luego alzó la vista. Y habló.

    ○Por la virtud, la historia y el poder que me confiere el peso de mi padre... Azraeth... te ordeno volver a ser mi mano. El aire permaneció inmóvil. Durante un instante no ocurrió nada. Después la carne comenzó a moverse. Los fragmentos óseos regresaron a su sitio. Los tendones se reconstruyeron. La piel se cerró y la mano volvió a existir. Lombard la observó. Abrió los dedos y los cerró, volvió a abrirlos. Ni una sola herida. Ni una sola cicatriz. Se incorporó lentamente.

    Miró la extremidad restaurada como si contemplara un milagro imposible. Luego observó el mundo que lo rodeaba. Y por primera vez, el demonio quedó sin voz.

    ○Esto... esto es...

    Permaneció allí, inmóvil bajo la luz desconocida, mientras el universo se desplegaba ante sus ojos como un libro cuya primera página acababa de abrirse.
    El portal se abrió como una herida en la hechura del mundo. El hombre fue arrancado de dondequiera que hubiese estado y arrojado a través de aquella luz impía. Su cuerpo se retorció en el tránsito. La carne pareció olvidar su forma. Los huesos crujieron como ramas secas bajo el peso de una tormenta invisible. Un poder inmenso despertó en su interior. No era una llama ni un río. Era algo más antiguo. Más vasto. La energía manó de él sin obediencia y la piedra se quebró bajo sus pies. Cráteres surgieron en la roca desnuda. Las escalinatas temblaron. El aire se llenó de polvo y fragmentos que flotaban alrededor de su figura como satélites errantes. Cuando el resplandor menguó, contempló el lugar. Escaleras sin término, ascendían hacia unas puertas colosales cuya sola presencia parecía desafiar la razón de los hombres. Las puertas del TRIUNVIRATO aguardaban inmóviles bajo una luz pálida. El demonio de renombrado linaje ajustó el sombrero oscuro sobre su cabeza. Su cabello, amarillo como trigo bajo cierto fulgor y blanco como ceniza bajo otro, danzaba con las corrientes invisibles de aquel reino extraño. Sobre su hombro descansaba una espada extensa y terrible. El filo parecía capaz de partir la misma noche. Comenzó a subir. Sus pasos resonaron en el vacío. ○Bueno, bueno... ¿dónde estoy? El acento británico se deslizó en el aire. Las puertas se abrieron. Y entonces ocurrió...el cambio. Fue súbito y cruel. Sintió los huesos doblarse dentro de su carne. Su espalda se arqueó. Los músculos se contrajeron. El rostro que durante eras había poseído la perfección temible de los demonios superiores comenzó a marchitarse. Las facciones divinas se hundieron y palidecieron como un fantasma. La piel adquirió los signos de una edad que jamás había conocido. Cuando terminó, donde antes se hallaba una belleza capaz de doblegar reyes y encender guerras, permanecía el semblante envejecido. Un hombre que los mortales habrían juzgado cercano a los cuarenta años. Llevó una mano a su rostro. Sus dedos temblaban. ○¿Mi cuerpo...? ¿Qué le pasa a mi cuerpo? Había miedo en su voz. Miedo verdadero. Entonces la luz regresó y lo envolvió. El mundo desapareció y apareció en otro. Un sitio desconocido. ○¡Hermana! ¿Dónde estás? El grito brotó de su garganta. Movió la espada por puro instinto. El acero cortó el aire con violencia. Era el gesto de alguien preparado para matar ejércitos enteros con tal de proteger a una sola persona. Mas algo se quebró. Un dolor insoportable recorrió su brazo. Escuchó el sonido. Decenas de fracturas. Los huesos estallaron bajo la piel. Cayó de rodillas. La espada golpeó el suelo. Respiró con dificultad, luego alzó la vista. Y habló. ○Por la virtud, la historia y el poder que me confiere el peso de mi padre... Azraeth... te ordeno volver a ser mi mano. El aire permaneció inmóvil. Durante un instante no ocurrió nada. Después la carne comenzó a moverse. Los fragmentos óseos regresaron a su sitio. Los tendones se reconstruyeron. La piel se cerró y la mano volvió a existir. Lombard la observó. Abrió los dedos y los cerró, volvió a abrirlos. Ni una sola herida. Ni una sola cicatriz. Se incorporó lentamente. Miró la extremidad restaurada como si contemplara un milagro imposible. Luego observó el mundo que lo rodeaba. Y por primera vez, el demonio quedó sin voz. ○Esto... esto es... Permaneció allí, inmóvil bajo la luz desconocida, mientras el universo se desplegaba ante sus ojos como un libro cuya primera página acababa de abrirse.
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  • Megumi aún no comprende como estás galletas llegaron a su cocina. Al abrir el estante estaban ahí.

    -- No saben mal...

    Murmuró luego de darles un pequeño mordisco, le había restado importancia a su... Inusual forma, parecida a cierta persona que conoce.
    Megumi aún no comprende como estás galletas llegaron a su cocina. Al abrir el estante estaban ahí. -- No saben mal... Murmuró luego de darles un pequeño mordisco, le había restado importancia a su... Inusual forma, parecida a cierta persona que conoce.
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  • Asi es como itadori y yo , pedimos ir a cine con megumi , hasta conversero.
    Asi es como itadori y yo , pedimos ir a cine con megumi , hasta conversero.
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  • +El Huevo Fosilizado de la Escarcha Ardiente+

    Estado: Inactivo

    Origen: Desconocido

    Edad estimada: Incalculable



    *Descripción*

    A simple vista parece una roca de origen volcánico.

    Su superficie está compuesta por capas de piedra oscura endurecida por presiones imposibles, atravesadas por extrañas vetas cristalinas de color azul pálido. Algunos aseguran que dichas vetas son hielo antiguo. Otros afirman que son minerales desconocidos.

    Posee una forma vagamente ovalada, similar a la de un huevo gigantesco.

    No emite energía mágica.

    No contiene calor.

    No reacciona a hechizos de detección.

    Durante siglos fue catalogado como una curiosidad geológica sin valor alguno.

    Leyenda

    Las historias más antiguas hablan de una erupción ocurrida cuando el mundo aún era joven.

    Un volcán primordial despertó en medio de una tormenta glacial tan violenta que el fuego y la escarcha colisionaron en el mismo instante.

    Entre las rocas expulsadas por aquella explosión viajaba un único objeto.

    Un huevo.

    Antes de tocar tierra quedó atrapado en un océano congelado, donde permaneció sepultado durante eras enteras.

    Los glaciares avanzaron.

    Los imperios nacieron.

    Los imperios desaparecieron.

    Y el huevo continuó allí.

    Dormido.

    Olvidado.

    Esperando.



    *Descubrimiento.*

    Miles de años después, el retroceso de los hielos dejó al descubierto una extraña roca con forma de huevo.

    Fue encontrada por casualidad por un comerciante ambulante durante uno de sus viajes.

    Sin conocer su origen, la transportó junto al resto de mercancías extrañas que vendía en mercados y aldeas.

    El objeto permaneció durante años en su puesto.

    Nadie quiso comprarlo.

    Nadie encontró utilidad alguna en él.

    Para la mayoría no era más que una piedra curiosa.

    Sin embargo, algunos afirmaban escuchar algo extraño cuando permanecían cerca.

    No era un sonido.

    No era una voz.

    Era algo parecido al eco de un latido extremadamente lejano.

    Tan débil que podía confundirse con la imaginación.

    Y aun así...

    Nunca desaparecía por completo.
    +El Huevo Fosilizado de la Escarcha Ardiente+ Estado: Inactivo Origen: Desconocido Edad estimada: Incalculable *Descripción* A simple vista parece una roca de origen volcánico. Su superficie está compuesta por capas de piedra oscura endurecida por presiones imposibles, atravesadas por extrañas vetas cristalinas de color azul pálido. Algunos aseguran que dichas vetas son hielo antiguo. Otros afirman que son minerales desconocidos. Posee una forma vagamente ovalada, similar a la de un huevo gigantesco. No emite energía mágica. No contiene calor. No reacciona a hechizos de detección. Durante siglos fue catalogado como una curiosidad geológica sin valor alguno. Leyenda Las historias más antiguas hablan de una erupción ocurrida cuando el mundo aún era joven. Un volcán primordial despertó en medio de una tormenta glacial tan violenta que el fuego y la escarcha colisionaron en el mismo instante. Entre las rocas expulsadas por aquella explosión viajaba un único objeto. Un huevo. Antes de tocar tierra quedó atrapado en un océano congelado, donde permaneció sepultado durante eras enteras. Los glaciares avanzaron. Los imperios nacieron. Los imperios desaparecieron. Y el huevo continuó allí. Dormido. Olvidado. Esperando. *Descubrimiento.* Miles de años después, el retroceso de los hielos dejó al descubierto una extraña roca con forma de huevo. Fue encontrada por casualidad por un comerciante ambulante durante uno de sus viajes. Sin conocer su origen, la transportó junto al resto de mercancías extrañas que vendía en mercados y aldeas. El objeto permaneció durante años en su puesto. Nadie quiso comprarlo. Nadie encontró utilidad alguna en él. Para la mayoría no era más que una piedra curiosa. Sin embargo, algunos afirmaban escuchar algo extraño cuando permanecían cerca. No era un sonido. No era una voz. Era algo parecido al eco de un latido extremadamente lejano. Tan débil que podía confundirse con la imaginación. Y aun así... Nunca desaparecía por completo.
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  • Billy llegó a la gran mansión de los hermanos Alessandro Wang Balissari y Lorenzo Moretti, ni siquiera entro por la puerta, atravesó uno de los grandes espejos de la casa como si fuera agua, su mirada estaba perdida, entre la furia, el miedo y el cansancio usaba una mano para hacer flotar la cabeza de Halley, está tenía una cara de dolor y pena, todavía ssngrsba un poco y unas partes de su vértebra calgana al igual que su cabello rojo de las puntas, los okos de Billy brillaban en un cerulio intenso, lleno de furia al encontrarse con Alejandro, pero al verlo no mostró expresiones algunas, solo se acercó con pasos pesados de sus botas manchadas dejando un desaste en el suelo de esa casa— Primero...- le lanzó a alesssadro una mano cortada, era grande con un anillo, la mano de uno de sus guardias— No quiero que mandes a tus perros otra vez tras de mi...ten tu puta mierda...— le lanzó a los pies la cabeza de Halley, esta cayó en un sonido húmedo y seco al suelo todavia manchando partes de la ropa de Alessandro, Billy estaba temblando, su cuerpo al borde del colapso, se fistingua algo raro en sus manos, parecían estar manchadas de algo en las puntas, algo negro, eso no importa, lo importante es que habia pasado por sobre de todos, sus guardias y por sobre Alessandro, habia cumplido su parte— Ahora sí ya me quieren...verdad...?-eso último lo dijo girando a ver a Lorenzo antes de colpsar en el suelo-
    Billy llegó a la gran mansión de los hermanos [flare_onyx_bear_870] y [lorenzo_moretti], ni siquiera entro por la puerta, atravesó uno de los grandes espejos de la casa como si fuera agua, su mirada estaba perdida, entre la furia, el miedo y el cansancio usaba una mano para hacer flotar la cabeza de Halley, está tenía una cara de dolor y pena, todavía ssngrsba un poco y unas partes de su vértebra calgana al igual que su cabello rojo de las puntas, los okos de Billy brillaban en un cerulio intenso, lleno de furia al encontrarse con Alejandro, pero al verlo no mostró expresiones algunas, solo se acercó con pasos pesados de sus botas manchadas dejando un desaste en el suelo de esa casa— Primero...- le lanzó a alesssadro una mano cortada, era grande con un anillo, la mano de uno de sus guardias— No quiero que mandes a tus perros otra vez tras de mi...ten tu puta mierda...— le lanzó a los pies la cabeza de Halley, esta cayó en un sonido húmedo y seco al suelo todavia manchando partes de la ropa de Alessandro, Billy estaba temblando, su cuerpo al borde del colapso, se fistingua algo raro en sus manos, parecían estar manchadas de algo en las puntas, algo negro, eso no importa, lo importante es que habia pasado por sobre de todos, sus guardias y por sobre Alessandro, habia cumplido su parte— Ahora sí ya me quieren...verdad...?-eso último lo dijo girando a ver a Lorenzo antes de colpsar en el suelo-
    Me entristece
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  • — "𝖫𝖾𝗌 𝗆𝗈𝗍𝗌 𝗌𝗈𝗇𝗍 𝗅𝖺 𝗆𝖾𝗂𝗅𝗅𝖾𝗎𝗋𝖾 𝖿𝗈𝗋𝗆𝖾 𝖽𝖾 𝖼𝗈𝗆𝗆𝗎𝗇𝗂𝖼𝖺𝗍𝗂𝗈𝗇.
    « 𝖩𝖾 𝗍'𝖺𝗂𝗆𝖾 », « 𝖩𝖾 𝗍𝗂𝖾𝗇𝗌 𝖺̀ 𝗍𝗈𝗂 », « 𝖩𝖾 𝗍'𝖺𝖽𝗈𝗋𝖾 »…
    𝖠̀ 𝗊𝗎𝗈𝗂 𝖻𝗈𝗇 𝗍𝗈𝗎𝗍 𝖼𝖾𝗅𝖺… 𝗌𝗂 𝗍𝗎 𝗇'𝖾𝗌 𝗉𝖺𝗌 𝖺̀ 𝗆𝖾𝗌 𝖼𝗈̂𝗍𝖾́𝗌?
    𝖢𝗈𝗆𝗆𝖾𝗇𝗍 𝗉𝗈𝗎𝗋𝗋𝖺𝗂𝗌-𝗃𝖾 𝗌𝗎𝗂𝗏𝗋𝖾 𝗅𝖾 𝗋𝗒𝗍𝗁𝗆𝖾 𝖾𝖿𝖿𝗋𝖾́𝗇𝖾́ 𝖽𝗎 𝗆𝗈𝗇𝖽𝖾 𝗌𝖺𝗇𝗌 𝗍𝗈𝗂?" —

    Recitó a través del pensamiento mientras la escena que destrozó su alma se replicaba en su cabeza. Ya había pasado algo de tiempo, pero el recuerdo aún ardía como aquel día bajo la lluvia y esa impotencia al no poder llegar a tiempo para prevenirlo.
    — "𝖫𝖾𝗌 𝗆𝗈𝗍𝗌 𝗌𝗈𝗇𝗍 𝗅𝖺 𝗆𝖾𝗂𝗅𝗅𝖾𝗎𝗋𝖾 𝖿𝗈𝗋𝗆𝖾 𝖽𝖾 𝖼𝗈𝗆𝗆𝗎𝗇𝗂𝖼𝖺𝗍𝗂𝗈𝗇. « 𝖩𝖾 𝗍'𝖺𝗂𝗆𝖾 », « 𝖩𝖾 𝗍𝗂𝖾𝗇𝗌 𝖺̀ 𝗍𝗈𝗂 », « 𝖩𝖾 𝗍'𝖺𝖽𝗈𝗋𝖾 »… 𝖠̀ 𝗊𝗎𝗈𝗂 𝖻𝗈𝗇 𝗍𝗈𝗎𝗍 𝖼𝖾𝗅𝖺… 𝗌𝗂 𝗍𝗎 𝗇'𝖾𝗌 𝗉𝖺𝗌 𝖺̀ 𝗆𝖾𝗌 𝖼𝗈̂𝗍𝖾́𝗌? 𝖢𝗈𝗆𝗆𝖾𝗇𝗍 𝗉𝗈𝗎𝗋𝗋𝖺𝗂𝗌-𝗃𝖾 𝗌𝗎𝗂𝗏𝗋𝖾 𝗅𝖾 𝗋𝗒𝗍𝗁𝗆𝖾 𝖾𝖿𝖿𝗋𝖾́𝗇𝖾́ 𝖽𝗎 𝗆𝗈𝗇𝖽𝖾 𝗌𝖺𝗇𝗌 𝗍𝗈𝗂?" — Recitó a través del pensamiento mientras la escena que destrozó su alma se replicaba en su cabeza. Ya había pasado algo de tiempo, pero el recuerdo aún ardía como aquel día bajo la lluvia y esa impotencia al no poder llegar a tiempo para prevenirlo.
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  • L: No puedo creer que hayas hecho eso, ¿quieres que sea un asesino como nosotros?
    A: En todos lados se debe elegir un bando, tú sabes que el que no está conmigo, está en mi contra, además, debe agradecer que le di la oportunidad de hacerlo él, de haber sido yo, su historia sería otra. Si no puede ponerte por encima de todo, no es de fiar, lo sabes.
    L: Cuando te dije que le dieras una oportunidad no me refería a esto.
    A: Ah no?, uy, lo siento. Mi error.
    L: Tú nunca te equivocas. Qué ganas?
    A: Quitarme un estorbo de encima o probablemente dos. No lo hará, es débil. Y, cuando falle, tú deberás cumplir tu promesa.
    L: No puedo creer que hayas hecho eso, ¿quieres que sea un asesino como nosotros? A: En todos lados se debe elegir un bando, tú sabes que el que no está conmigo, está en mi contra, además, debe agradecer que le di la oportunidad de hacerlo él, de haber sido yo, su historia sería otra. Si no puede ponerte por encima de todo, no es de fiar, lo sabes. L: Cuando te dije que le dieras una oportunidad no me refería a esto. A: Ah no?, uy, lo siento. Mi error. L: Tú nunca te equivocas. Qué ganas? A: Quitarme un estorbo de encima o probablemente dos. No lo hará, es débil. Y, cuando falle, tú deberás cumplir tu promesa.
    Me endiabla
    Me emputece
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  • Enfurruñado había acudido a un bar cercano, donde se pidió un whisky con hielo. Y es que, nada más le faltaba eso... ¡Su padre había insistido en ponerle un compañero!¡Como si fuera un niño!
    Enfurruñado había acudido a un bar cercano, donde se pidió un whisky con hielo. Y es que, nada más le faltaba eso... ¡Su padre había insistido en ponerle un compañero!¡Como si fuera un niño!
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    La llegada.

    La primera vez que vi aquella luz fue hace tres años. Al principio parecía una estrella más, era algo extraño pero distante, pero con el paso del tiempo comenzó a crecer, cada noche era un poco más grande, un poco más brillante, y cada vez que la observaba sentía una incomodidad difícil de explicar. Aquella noche me encontraba en una gala organizada por una familia noble. Había música, y aburridas conversaciones sobre política. Todo era tan normal como siempre. Salí al balcón para tomar aire mientras me preguntaba porque me enviaron a mi y no a mi hermano mayor, el es el que esta mas interesado en estas cosas. Y entonces la vi otra vez. La luz seguía ahí, suspendida en el cielo nocturno, pero esta vez era enorme. Un escalofrío recorrió mi espalda y me abracé a mí misma mientras dirigía mi vista las dos lunas, por alguna razón, siempre que las veía me tranquilizaban, como si al verlas algo me dijera que todo iba estar bien. Según las historias, en la Luna Blanca y la Luna Negra en ellas descansaban las almas de los amantes que le dieron origen a la "Heroína Sin Nombre", aquella mujer cuyo nombre los dioses borraron de la historia. Aunque me decía a mi misma que todo iba estar bien, la sensación extraña en mi pecho no se fue.

    De pronto un rayo descendió desde aquella luz, atravesó el cielo como una lanza y comenzó a arrasar todo a su paso. Me quedé paralizada durante un instante antes de reaccionar. Corrí hacia el interior de la mansión para avisar a todos, para gritarles que escaparan, pero antes de que pudiera abrir la boca el mundo entero estalló.

    Cuando recuperé la conciencia ya no estaba en la mansión. Me encontraba tendida sobre el suelo de una enorme biblioteca que jamás había visto. Había libros por todas partes, estanterías gigantescas y una sensación extraña que impregnaba el aire. Me incorporé lentamente, todavía mareada. Entonces la sentí aquella energía, era desconocida, pero al mismo tiempo me resultaba inquietantemente familiar. A mi mente vino la imagen de las reliquias selladas por mi familia, los objetos que supuestamente pertenecieron a los Ishtar, los traidores. La energía de aquel lugar era parecida, pero infinitamente más intensa. Intenté ponerme de pie para comprender dónde estaba cuando una punzada brutal atravesó mi cuerpo.

    Caí de rodillas. Sentí como si algo estuviera desgarrándose dentro de mí. El dolor me hizo gritar y al mirar mi mano sentí un miedo que jamás había experimentado. Mi brazo había cambiado. La piel se había oscurecido, mis dedos eran más largos y mis uñas parecían garras monstruosas. Intenté mover la mano mientras el dolor aumentaba, pero cada segundo era peor. Sentía una presión insoportable en el pecho, como si algo quisiera abrirse paso desde mi interior. Volví a gritar y fue entonces cuando escuché pasos como si fuera una marcha cada vez mas cerca.

    Las puertas de la biblioteca se abrieron de golpe y varios guardias armados irrumpieron en la sala. Uno de ellos levantó su espada hacia mí.

    -¡En nombre de la Emperatriz Sasha, identifíquese!

    Mi mente se quedó en blanco, "Sasha", de veras había dicho Sasha? El nombre de la Reina Maldita, la misma que vivió hace miles de años?

    El miedo se apoderó de mí por completo. No entendía dónde estaba, no entendía qué estaba pasando. Mi respiración se acelero y el dolor aumentó hasta un punto insoportable. Sentí algo romperse dentro de mí y, antes de darme cuenta, una explosión de energía surgió de mi cuerpo.

    Las estanterías estallaron, los libros salieron despedidos por los aires, las ventanas se hicieron añicos y los guardias fueron arrojados violentamente contra las paredes. El suelo se agrietó bajo mis pies mientras la biblioteca se llenaba de escombros. Cuando logré volver a mirar mis manos descubrí que la otra también se había transformado. Las dos eran monstruosas ahora.

    Retrocedí aterrada entre los restos de la sala. Mi cuerpo seguía cambiando, sentía aquella energía recorriendo mis venas, volviéndose cada vez más salvaje. Los libros ardían entre los escombros y los guardias intentaban ponerse de pie entre los restos mientras yo apenas podía mantenerme en pie. Solo había una idea en mi cabeza. -Tengo que escapar!-

    Porque cuanto más tiempo permanecía en aquel lugar, más sentía que mi poder se estaba descontrolando. Y lo peor de todo era que comenzaba a tener la aterradora sensación de que ya no era yo quien estaba controlando ese poder, sino que era él quien estaba comenzando a controlarme a mí.
    La llegada. La primera vez que vi aquella luz fue hace tres años. Al principio parecía una estrella más, era algo extraño pero distante, pero con el paso del tiempo comenzó a crecer, cada noche era un poco más grande, un poco más brillante, y cada vez que la observaba sentía una incomodidad difícil de explicar. Aquella noche me encontraba en una gala organizada por una familia noble. Había música, y aburridas conversaciones sobre política. Todo era tan normal como siempre. Salí al balcón para tomar aire mientras me preguntaba porque me enviaron a mi y no a mi hermano mayor, el es el que esta mas interesado en estas cosas. Y entonces la vi otra vez. La luz seguía ahí, suspendida en el cielo nocturno, pero esta vez era enorme. Un escalofrío recorrió mi espalda y me abracé a mí misma mientras dirigía mi vista las dos lunas, por alguna razón, siempre que las veía me tranquilizaban, como si al verlas algo me dijera que todo iba estar bien. Según las historias, en la Luna Blanca y la Luna Negra en ellas descansaban las almas de los amantes que le dieron origen a la "Heroína Sin Nombre", aquella mujer cuyo nombre los dioses borraron de la historia. Aunque me decía a mi misma que todo iba estar bien, la sensación extraña en mi pecho no se fue. De pronto un rayo descendió desde aquella luz, atravesó el cielo como una lanza y comenzó a arrasar todo a su paso. Me quedé paralizada durante un instante antes de reaccionar. Corrí hacia el interior de la mansión para avisar a todos, para gritarles que escaparan, pero antes de que pudiera abrir la boca el mundo entero estalló. Cuando recuperé la conciencia ya no estaba en la mansión. Me encontraba tendida sobre el suelo de una enorme biblioteca que jamás había visto. Había libros por todas partes, estanterías gigantescas y una sensación extraña que impregnaba el aire. Me incorporé lentamente, todavía mareada. Entonces la sentí aquella energía, era desconocida, pero al mismo tiempo me resultaba inquietantemente familiar. A mi mente vino la imagen de las reliquias selladas por mi familia, los objetos que supuestamente pertenecieron a los Ishtar, los traidores. La energía de aquel lugar era parecida, pero infinitamente más intensa. Intenté ponerme de pie para comprender dónde estaba cuando una punzada brutal atravesó mi cuerpo. Caí de rodillas. Sentí como si algo estuviera desgarrándose dentro de mí. El dolor me hizo gritar y al mirar mi mano sentí un miedo que jamás había experimentado. Mi brazo había cambiado. La piel se había oscurecido, mis dedos eran más largos y mis uñas parecían garras monstruosas. Intenté mover la mano mientras el dolor aumentaba, pero cada segundo era peor. Sentía una presión insoportable en el pecho, como si algo quisiera abrirse paso desde mi interior. Volví a gritar y fue entonces cuando escuché pasos como si fuera una marcha cada vez mas cerca. Las puertas de la biblioteca se abrieron de golpe y varios guardias armados irrumpieron en la sala. Uno de ellos levantó su espada hacia mí. -¡En nombre de la Emperatriz Sasha, identifíquese! Mi mente se quedó en blanco, "Sasha", de veras había dicho Sasha? El nombre de la Reina Maldita, la misma que vivió hace miles de años? El miedo se apoderó de mí por completo. No entendía dónde estaba, no entendía qué estaba pasando. Mi respiración se acelero y el dolor aumentó hasta un punto insoportable. Sentí algo romperse dentro de mí y, antes de darme cuenta, una explosión de energía surgió de mi cuerpo. Las estanterías estallaron, los libros salieron despedidos por los aires, las ventanas se hicieron añicos y los guardias fueron arrojados violentamente contra las paredes. El suelo se agrietó bajo mis pies mientras la biblioteca se llenaba de escombros. Cuando logré volver a mirar mis manos descubrí que la otra también se había transformado. Las dos eran monstruosas ahora. Retrocedí aterrada entre los restos de la sala. Mi cuerpo seguía cambiando, sentía aquella energía recorriendo mis venas, volviéndose cada vez más salvaje. Los libros ardían entre los escombros y los guardias intentaban ponerse de pie entre los restos mientras yo apenas podía mantenerme en pie. Solo había una idea en mi cabeza. -Tengo que escapar!- Porque cuanto más tiempo permanecía en aquel lugar, más sentía que mi poder se estaba descontrolando. Y lo peor de todo era que comenzaba a tener la aterradora sensación de que ya no era yo quien estaba controlando ese poder, sino que era él quien estaba comenzando a controlarme a mí.
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