• "Mi antiguo atuendo solo hacia que la arena se hundiera en rincones molestos.. esta es mas comoda aqui."
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  • No te preocupes.. No es mía..

    *Dijo mientras se limpio la salpicadura de su rostro, aveces tiene que defenderse, ya que el mundo no es color de rosa, así como hay personas buenas también las hay malvadas que disfrutan lastimando a otros. *
    No te preocupes.. No es mía.. *Dijo mientras se limpio la salpicadura de su rostro, aveces tiene que defenderse, ya que el mundo no es color de rosa, así como hay personas buenas también las hay malvadas que disfrutan lastimando a otros. *
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  • -Las puertas automaticas se abrieron con un suave siseo, permitiendo que Vaelith ingresara al inmenso complejo cientifico. Sus pasos fueron silenciosos mientras sus ojos rojizos recorrian cada rincon, pantallas luminosas, brazos mecanicos, enormes capsulas de cristal y maquinas cuyo funcionamiento escapaba de los conocimientos del Elfo, no habia asombro en su rostro, sino una curiosidad tranquila mientras observaba como la humanidad habia aprendido a crear herramientas capcaces de desafiar los limites de la naturaleza.-

    "Seres con una vida tan fugaz.. siendo capaces de ir contra el orden natural, es.. facintante."

    -El Laboratorio se encontraba completamente vacio. Solo el zumbido constante de las maquinas y el brillo de las pantallas rompian el silencio. Frente a enormes camaras de contencion descansaban criaturas de distintas especies, algunas dormidas y otras inmoviles, conectadas a innumerables dispositivos.-

    "Experimentar en otras especies.. la malicia humana no tiene limites."

    -Vaelith camino entre ellas con calma, deteniendose frente a cada experimento para estudiar su funcionamiento. No habia nadie a quien preguntarle, a quien observar. Unicamente maquinas seguian trabajando por si solas-

    "El nombre de este lugar era...Corp.."
    -Las puertas automaticas se abrieron con un suave siseo, permitiendo que Vaelith ingresara al inmenso complejo cientifico. Sus pasos fueron silenciosos mientras sus ojos rojizos recorrian cada rincon, pantallas luminosas, brazos mecanicos, enormes capsulas de cristal y maquinas cuyo funcionamiento escapaba de los conocimientos del Elfo, no habia asombro en su rostro, sino una curiosidad tranquila mientras observaba como la humanidad habia aprendido a crear herramientas capcaces de desafiar los limites de la naturaleza.- "Seres con una vida tan fugaz.. siendo capaces de ir contra el orden natural, es.. facintante." -El Laboratorio se encontraba completamente vacio. Solo el zumbido constante de las maquinas y el brillo de las pantallas rompian el silencio. Frente a enormes camaras de contencion descansaban criaturas de distintas especies, algunas dormidas y otras inmoviles, conectadas a innumerables dispositivos.- "Experimentar en otras especies.. la malicia humana no tiene limites." -Vaelith camino entre ellas con calma, deteniendose frente a cada experimento para estudiar su funcionamiento. No habia nadie a quien preguntarle, a quien observar. Unicamente maquinas seguian trabajando por si solas- "El nombre de este lugar era...Corp.."
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  • En las profundidades
    Fandom Resident Evil
    Categoría Acción
    Si bien aquella situación no podía considerarse positiva, si podía ser afortunada. Podía sentir sus extremidades, su cuerpo estaba aturdido y mareado, pero entero y por lo poco que podía distinguir entre su nublada visión, estaba ilesa.
    Las ganas de vomitar persistian mientras recorría la habitación oscura con la mirada.
    Apenas era capaz de distinguir el sonido de las gotas del techo y el tenue resplandor que se filtraba desde el exterior que no le daba ningún tipo de alivio.

    Un movimiento forzado y lento para intentar ayudar a su visión le dejo claro que sus opciones eran horriblemente limitadas, pues estaba tan bien atada en una camisa de fuerza que no era capaz de calmar el frío que calaba hasta sus huesos.

    Ninguno de sus pensamientos lograba asentarse, con una idea aplastando la otra antes de que siquiera pudiera tomar forma. "Sedantes" fue lo único que tenía sentido entre todo su delirio mental, pareciendo le cómico el hecho de estar atrapada como una verdadera lunática.

    Con un empujón violento, ignorando totalmente la condición actual de su cuerpo intento ponerse de pie de una vez, con un resultado desastroso. Su cuerpo impacto sobre el suelo con un sonido seco y un quejido fue lo único que pudo hacer mientras aguantaba las ganas de vomitar y devolver lo poco que su estómago podía expulsar.
    Los segundos se sentían como horas. El constante goteo solo hacia la situación más insoportable y como si no fuera suficiente el olor a humedad penetrante y el aroma del concreto fresco la hizo replantearse dos veces el volver a respirar profundamente.

    La simple sensación de vulnerabilidad la obligó a moverse. Se arrastró hasta quedar de rodillas, con la cabeza apuntando al suelo como si pesara una tonelada. Apretó los dientes y se obligó a incorporarse, odiando el remolino en que se había convertido el mundo. No enfocó. No pensó más. Solo dio el empujón suficiente y se puso en pie, tambaleándose como un animal moribundo.

    -Carajo.

    Atravesar la habitación hasta la fuente de luz fue una travesía que bien podía sentirse como horas entre paradas y arcadas que no llegaban más que a un malestar constante. Para cuándo consiguió llegar a la puerta, tuvo una pelea contra la extraña manija que estaba tan suelta que cada que la rozaba con los seguros de la camisa de fuerza parecía estar a punto de caerse.

    -Abrete maldita sea...
    Si bien aquella situación no podía considerarse positiva, si podía ser afortunada. Podía sentir sus extremidades, su cuerpo estaba aturdido y mareado, pero entero y por lo poco que podía distinguir entre su nublada visión, estaba ilesa. Las ganas de vomitar persistian mientras recorría la habitación oscura con la mirada. Apenas era capaz de distinguir el sonido de las gotas del techo y el tenue resplandor que se filtraba desde el exterior que no le daba ningún tipo de alivio. Un movimiento forzado y lento para intentar ayudar a su visión le dejo claro que sus opciones eran horriblemente limitadas, pues estaba tan bien atada en una camisa de fuerza que no era capaz de calmar el frío que calaba hasta sus huesos. Ninguno de sus pensamientos lograba asentarse, con una idea aplastando la otra antes de que siquiera pudiera tomar forma. "Sedantes" fue lo único que tenía sentido entre todo su delirio mental, pareciendo le cómico el hecho de estar atrapada como una verdadera lunática. Con un empujón violento, ignorando totalmente la condición actual de su cuerpo intento ponerse de pie de una vez, con un resultado desastroso. Su cuerpo impacto sobre el suelo con un sonido seco y un quejido fue lo único que pudo hacer mientras aguantaba las ganas de vomitar y devolver lo poco que su estómago podía expulsar. Los segundos se sentían como horas. El constante goteo solo hacia la situación más insoportable y como si no fuera suficiente el olor a humedad penetrante y el aroma del concreto fresco la hizo replantearse dos veces el volver a respirar profundamente. La simple sensación de vulnerabilidad la obligó a moverse. Se arrastró hasta quedar de rodillas, con la cabeza apuntando al suelo como si pesara una tonelada. Apretó los dientes y se obligó a incorporarse, odiando el remolino en que se había convertido el mundo. No enfocó. No pensó más. Solo dio el empujón suficiente y se puso en pie, tambaleándose como un animal moribundo. -Carajo. Atravesar la habitación hasta la fuente de luz fue una travesía que bien podía sentirse como horas entre paradas y arcadas que no llegaban más que a un malestar constante. Para cuándo consiguió llegar a la puerta, tuvo una pelea contra la extraña manija que estaba tan suelta que cada que la rozaba con los seguros de la camisa de fuerza parecía estar a punto de caerse. -Abrete maldita sea...
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  • La Prueba de las Arenas.
    Fandom Fantasia Medieval.
    Categoría Aventura
    -El aire se volvio pesado de un instante a otro. Sin saber como ni porque, apareciste frente a un enorme portal de Luz dorada. Detras de ti no habia rastros de donde provenias, ni de las personas que conocias, solo un inmenso salon de Piedra y delante. Un elfo de piel oscura, cabello blanco y ojos rojizos que te observaban en silencio absoluto.-

    -Del Otro lado del Portal se extendia un desierto interminable. Montañas de arena se perdian en el horizonte bajo un sol abrazador, mientras el viento arrastraba enormes nubes de polvo. A lo lejos, una criatura gigantesca emergia entre las dunas, su inmenso cuerpo recorria el desierto como si la arena fuera agua, levantando una estela capaz de hacer temblar el suelo incluso desde esa distancia.-

    -Bastaba verla una sola vez, para saber que aquel lugar no era uno donde alguien quisiera entrar por voluntad propia, pero esas dudas fueron interrumpidas por el Elfo quien finalmente Hablo, con una voz tranquila que rompio el silencio sin Esfuerzo-

    "Nose porque el destino te ha elegido a ti, talvez fue una prueba o simplemente tuvieron muy mala suerte. Pero ya no puedes volver por donde llegaste. Frente a ti solo hay un camino."

    -Las palabras del Elfo sonaban serenas, no habia malicia en su voz, el solo era un intermediario en ese fortuito destino-

    "Si desean sobrevivir, crucen el portal y encuentren la forma de salir con vida de ese desierto. Si deciden quedarse aquel resultado sera exactamente el mismo."
    -El aire se volvio pesado de un instante a otro. Sin saber como ni porque, apareciste frente a un enorme portal de Luz dorada. Detras de ti no habia rastros de donde provenias, ni de las personas que conocias, solo un inmenso salon de Piedra y delante. Un elfo de piel oscura, cabello blanco y ojos rojizos que te observaban en silencio absoluto.- -Del Otro lado del Portal se extendia un desierto interminable. Montañas de arena se perdian en el horizonte bajo un sol abrazador, mientras el viento arrastraba enormes nubes de polvo. A lo lejos, una criatura gigantesca emergia entre las dunas, su inmenso cuerpo recorria el desierto como si la arena fuera agua, levantando una estela capaz de hacer temblar el suelo incluso desde esa distancia.- -Bastaba verla una sola vez, para saber que aquel lugar no era uno donde alguien quisiera entrar por voluntad propia, pero esas dudas fueron interrumpidas por el Elfo quien finalmente Hablo, con una voz tranquila que rompio el silencio sin Esfuerzo- "Nose porque el destino te ha elegido a ti, talvez fue una prueba o simplemente tuvieron muy mala suerte. Pero ya no puedes volver por donde llegaste. Frente a ti solo hay un camino." -Las palabras del Elfo sonaban serenas, no habia malicia en su voz, el solo era un intermediario en ese fortuito destino- "Si desean sobrevivir, crucen el portal y encuentren la forma de salir con vida de ese desierto. Si deciden quedarse aquel resultado sera exactamente el mismo."
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  • El solo se pregunta como paso de asesino profesional a un profesor
    El solo se pregunta como paso de asesino profesional a un profesor
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  • Lion solo se mira en el espejo reflexionando de el pasado de como todo cambio de como esa persona alegre que era solo se volvió una cascara vacía sin objetivo sin un sentido en la vida
    Lion solo se mira en el espejo reflexionando de el pasado de como todo cambio de como esa persona alegre que era solo se volvió una cascara vacía sin objetivo sin un sentido en la vida
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  • Volver a Nwitta tan pronto era una mala idea. Hacerlo en compañía de Thalya Valcourt la convertía en una idea pésima. Pero no es muy de ella tomar decisiones tan sensatas.

    Había usado un portal natural al menos. Y de todos modos, ese sitio olvidado por el mundo ya no representaba nada para nadie.

    — Respira despacio. Lento, inhala y exhala. El aire de Nwitta se siente un poco pesado al principio, para los humanos. Pero te acostumbras en unos minutos. Si se siente difícil, dime de inmediato y volvemos, ¿sí? —

    Le ha prometido incluirla en todo. Mostrarle todo. Quién es, de dónde viene, las cosas que la hacen ser lo que es. Y claramente, no todo de eso tienen que ser cosas bonitas o agradables.

    Pero por eso ha decidido mostrarle esto primero. No hay otra cosa que se le ha podido ocurrir. Su mano aprieta con un poco más de fuerza la ajena. No la ha soltado desde que la tomó para cruzar el portal.

    — Este campo de claveles. . . que milagrosamente permanece intacto, lo plantó y cuidó mi madre. —

    Se extendía el color rosa por varios metros. El clima es apto todo el año para que florezcan sin problemas. Aunque ha sentido siempre que ella cuida aún de sus flores, desde donde sea que se encuentre ahora.

    Camina hasta alcanzarlos. Toca uno de ellos e invita a Thalya a hacerlo también. Aunque lucen como claveles humanos, son distintos. Especiales. El tacto de sus dedos abre los pétalos y pequeñas esporas luminosas llenan el aire.

    — Y ahí. . . Es donde estaba una casa de campo que solía pertenecer a mi familia. —

    Sólo eran ruinas ahora. Restos carbonizados y un par de paredes. Se resistían a derrumbarse por alguna razón. Tal como los claveles resistían al paso de tiempo y al olvido.

    — En ese lugar fue que me convertí en lo que soy. Lo que hizo que me encerraran como a un animal. —

    Amargura en su voz. El recuerdo la obliga a cerrar los ojos y apretarlos como si esperara el impacto de algo. Pero por eso ha decidido mostrarle esto primero.

    — Pero las flores son muy bonitas, ¿cierto? —
    Volver a Nwitta tan pronto era una mala idea. Hacerlo en compañía de [Thaly.a] la convertía en una idea pésima. Pero no es muy de ella tomar decisiones tan sensatas. Había usado un portal natural al menos. Y de todos modos, ese sitio olvidado por el mundo ya no representaba nada para nadie. — Respira despacio. Lento, inhala y exhala. El aire de Nwitta se siente un poco pesado al principio, para los humanos. Pero te acostumbras en unos minutos. Si se siente difícil, dime de inmediato y volvemos, ¿sí? — Le ha prometido incluirla en todo. Mostrarle todo. Quién es, de dónde viene, las cosas que la hacen ser lo que es. Y claramente, no todo de eso tienen que ser cosas bonitas o agradables. Pero por eso ha decidido mostrarle esto primero. No hay otra cosa que se le ha podido ocurrir. Su mano aprieta con un poco más de fuerza la ajena. No la ha soltado desde que la tomó para cruzar el portal. — Este campo de claveles. . . que milagrosamente permanece intacto, lo plantó y cuidó mi madre. — Se extendía el color rosa por varios metros. El clima es apto todo el año para que florezcan sin problemas. Aunque ha sentido siempre que ella cuida aún de sus flores, desde donde sea que se encuentre ahora. Camina hasta alcanzarlos. Toca uno de ellos e invita a Thalya a hacerlo también. Aunque lucen como claveles humanos, son distintos. Especiales. El tacto de sus dedos abre los pétalos y pequeñas esporas luminosas llenan el aire. — Y ahí. . . Es donde estaba una casa de campo que solía pertenecer a mi familia. — Sólo eran ruinas ahora. Restos carbonizados y un par de paredes. Se resistían a derrumbarse por alguna razón. Tal como los claveles resistían al paso de tiempo y al olvido. — En ese lugar fue que me convertí en lo que soy. Lo que hizo que me encerraran como a un animal. — Amargura en su voz. El recuerdo la obliga a cerrar los ojos y apretarlos como si esperara el impacto de algo. Pero por eso ha decidido mostrarle esto primero. — Pero las flores son muy bonitas, ¿cierto? —
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  • ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    -: ❈ :- ℕ𝕠 𝕥𝕠𝕕𝕠 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕣𝕚𝕝𝕝𝕒 𝕖𝕤 𝕠𝕣𝕠

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El reloj del depósito judicial marcaba casi las diez de la noche cuando Kenji terminó de firmar el acta de cierre. Las luces de los pasillos parpadeaban con un zumbido intermitente, llenando el lugar de un aire frío y artificial que se pegaba a la ropa tras horas de encierro.

    El inventario de bienes incautados de esa semana era un caos de objetos amontonados sin lógica alguna y entre relojes de imitación y carteras baratas, sus ojos se fijaron en una pieza que rompía la monotonía del lote: un cuchillo de metal pesado, cubierto de una costra densa de óxido que borraba cualquier rastro de las inscripciones en su hoja. Obvio que dejarlo allí implicaba permitir que el descuido ajeno terminara de destruirlo, y por pura costumbre de buscarle un orden a las cosas rotas, lo guardó en el maletín.

    Un par de horas más tarde, el departamento ofrecía una tregua silenciosa frente al bullicio de la ciudad. Afuera, la llovizna constante ensuciaba los vidrios con una inercia monótona. Kenji se quitó la chaqueta, se desabotonó el primer botón de la camisa y preparó la mesa de trabajo con la calma de quien no tiene prisa por dormir.

    Colocó un paño gris, el aceite y una lija fina. Acomodó sus gafas por el puente con el dedo índice y comenzó a raspar el metal con movimientos lentos y rítmicos. El roce áspero de la lija contra el hierro viejo era lo único que llenaba la habitación.

    Entonces, las reglas del espacio cambiaron sin aviso.

    El aire se volvió pesado de golpe, tan denso que costaba arrastrarlo hacia los pulmones. Un olor seco a ceniza y a madera calcinada saturó el cuarto, empañando el ambiente como si una hoguera invisible se hubiera encendido en mitad del suelo. Kenji detuvo la mano a medio camino, sintiendo una calidez extraña que no provenía de la fricción de sus herramientas.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    Co: 𝙉𝙖𝙨𝙚𝙚𝙢 𝘼𝙡 𝙆𝙝𝙖𝙮𝙖𝙡
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: ❈ :- ℕ𝕠 𝕥𝕠𝕕𝕠 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕣𝕚𝕝𝕝𝕒 𝕖𝕤 𝕠𝕣𝕠 ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El reloj del depósito judicial marcaba casi las diez de la noche cuando Kenji terminó de firmar el acta de cierre. Las luces de los pasillos parpadeaban con un zumbido intermitente, llenando el lugar de un aire frío y artificial que se pegaba a la ropa tras horas de encierro. El inventario de bienes incautados de esa semana era un caos de objetos amontonados sin lógica alguna y entre relojes de imitación y carteras baratas, sus ojos se fijaron en una pieza que rompía la monotonía del lote: un cuchillo de metal pesado, cubierto de una costra densa de óxido que borraba cualquier rastro de las inscripciones en su hoja. Obvio que dejarlo allí implicaba permitir que el descuido ajeno terminara de destruirlo, y por pura costumbre de buscarle un orden a las cosas rotas, lo guardó en el maletín. Un par de horas más tarde, el departamento ofrecía una tregua silenciosa frente al bullicio de la ciudad. Afuera, la llovizna constante ensuciaba los vidrios con una inercia monótona. Kenji se quitó la chaqueta, se desabotonó el primer botón de la camisa y preparó la mesa de trabajo con la calma de quien no tiene prisa por dormir. Colocó un paño gris, el aceite y una lija fina. Acomodó sus gafas por el puente con el dedo índice y comenzó a raspar el metal con movimientos lentos y rítmicos. El roce áspero de la lija contra el hierro viejo era lo único que llenaba la habitación. Entonces, las reglas del espacio cambiaron sin aviso. El aire se volvió pesado de golpe, tan denso que costaba arrastrarlo hacia los pulmones. Un olor seco a ceniza y a madera calcinada saturó el cuarto, empañando el ambiente como si una hoguera invisible se hubiera encendido en mitad del suelo. Kenji detuvo la mano a medio camino, sintiendo una calidez extraña que no provenía de la fricción de sus herramientas. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [storm_indigo_hawk_484]
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  • Y que le leí las cartas a la maestra, y como le dije que su marido la engaña con una mujer rubia, me subió calificación porque ya lo sospechaba.
    Y que le leí las cartas a la maestra, y como le dije que su marido la engaña con una mujer rubia, me subió calificación porque ya lo sospechaba.
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