En medio del silencio
algo llamó.
Un tirón leve en la atmósfera
la sacudió.
Frente a ella estaba el lienzo,
un campo en blanco.
El vacío pareció extenderse,
ansioso por ser llenado.
Su mano se elevó
aceptando la invitación.
Movida por la urgencia
de aquel blanco.
Tomó una brocha
y la brisa pareció vibrar al contacto.
Sus ojos se posaron
casi por inercia
en la pintura roja.
"Quieres vivir..."
Susurró.
La pintura no se agitó.
Pero ella humedeció la brocha.
Un trazo,
dos trazos
y una mancha en el lienzo.
Se alejó,
dejando que la pintura respirase
por sí misma.
Un movimiento,
la mancha pareció vibrar.
Su cuerpo se estremeció,
sintiendo aquel azul
que siempre presionaba su pecho
y anudaba su garganta.
Algo en la pintura
hizo que sus ojos se clavasen
en el centro.
La mancha tembló,
respondiendo a su mirada.
Su forma cambió,
volviéndose espesa,
agrupándose,
deslizándose.
Hasta convertirse en una pequeña
masa roja.
"¿Por qué?"
Le habló.
Como si esperara que le respondiese.
El azul
se oscureció, oprimiendo.
Llevó una mano a su pecho.
Y la pintura rompió forma,
ensangrentando el lienzo
con líneas violentas
y gotas salpicadas.
Dejando
un trazo de vida propia.
Azul salpicado de rojo.
En medio del silencio
algo llamó.
Un tirón leve en la atmósfera
la sacudió.
Frente a ella estaba el lienzo,
un campo en blanco.
El vacío pareció extenderse,
ansioso por ser llenado.
Su mano se elevó
aceptando la invitación.
Movida por la urgencia
de aquel blanco.
Tomó una brocha
y la brisa pareció vibrar al contacto.
Sus ojos se posaron
casi por inercia
en la pintura roja.
"Quieres vivir..."
Susurró.
La pintura no se agitó.
Pero ella humedeció la brocha.
Un trazo,
dos trazos
y una mancha en el lienzo.
Se alejó,
dejando que la pintura respirase
por sí misma.
Un movimiento,
la mancha pareció vibrar.
Su cuerpo se estremeció,
sintiendo aquel azul
que siempre presionaba su pecho
y anudaba su garganta.
Algo en la pintura
hizo que sus ojos se clavasen
en el centro.
La mancha tembló,
respondiendo a su mirada.
Su forma cambió,
volviéndose espesa,
agrupándose,
deslizándose.
Hasta convertirse en una pequeña
masa roja.
"¿Por qué?"
Le habló.
Como si esperara que le respondiese.
El azul
se oscureció, oprimiendo.
Llevó una mano a su pecho.
Y la pintura rompió forma,
ensangrentando el lienzo
con líneas violentas
y gotas salpicadas.
Dejando
un trazo de vida propia.
Azul salpicado de rojo.
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/hola! Que tal estan todos? Soy nuevo en esta app y aun estoy aprendiendo a como usara y aclimatandome al ambiente aqui, pueden referirse a mi como obskura,es un gusto y si gustan rolear o platicar siembra estoy dispuesto a hacerlo! ♡
/hola! Que tal estan todos? Soy nuevo en esta app y aun estoy aprendiendo a como usara y aclimatandome al ambiente aqui, pueden referirse a mi como obskura,es un gusto y si gustan rolear o platicar siembra estoy dispuesto a hacerlo! ♡
"Y si escucha𝖘 e𝖘ta 𝐜𝐚𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧, ve y 𝖒uévete, adelante , dobla las 𝒓𝒐𝒅𝒊𝒍𝒍𝒂𝒔, cariño,𝖘acudelo al 𝖒áximo ¿Puede el Dj subir el volumen al 𝖒𝖆𝖝𝖎𝖒𝖔? Porfavor ponlo denuevo, déjame ver como lo 𝖘acude al maximo"
𝐀𝐁𝐎𝐔𝐓 𝐌𝐄
𝗣 𝗔 𝗜 𝗠 𝗢 𝗡
ㅤ
"Y si escucha𝖘 e𝖘ta 𝐜𝐚𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧, ve y 𝖒uévete, adelante , dobla las 𝒓𝒐𝒅𝒊𝒍𝒍𝒂𝒔, cariño,𝖘acudelo al 𝖒áximo ¿Puede el Dj subir el volumen al 𝖒𝖆𝖝𝖎𝖒𝖔? Porfavor ponlo denuevo, déjame ver como lo 𝖘acude al maximo"
𝐀𝐁𝐎𝐔𝐓 𝐌𝐄
𝗣 𝗔 𝗜 𝗠 𝗢 𝗡
Ocurrió en un instante, en medio del bosque a altas horas de la noche en las afueras de la aldea de Iwagakure. — Fue tu culpa. — Su voz era tan baja como un susurro, habló para sí mismo observando el cadáver en sus pies, fresco. Le habían arrancado la garganta con las manos desnudas, no dejaba de chorrear sangre. La vista era muy bizarra, pero para un hombre vacío, sin emociones, solo era un día más, se había acostumbrado a hacer cosas horribles.
El asesino tenía la mirada perdida, ojos sin vida, arrugas debajo de los párpados por incontables noches de insomnio. Su inexistente expresión lo dice todo, está harto de matar, pero es la única forma en la que puede ganarse la vida. Desde que era un niño lo único que se le ha enseñado son técnicas de asesinato. En todo su cuerpo habían rastros de sangre seca, de sus víctimas, no, sus objetivos. La sangre nunca era suya, nadie lo había visto sangrar.
Con la misma fria mirada que lo caracteriza usó su mano para cortar la cabeza del cadáver, la misma pasó con facilidad por la carne como si fuera un cuchillo cortando mantequilla. Después la agarró de las greñas junto al resto, no era el primer asesinato del día. Ahora tenía que reportarse con el jefe de la aldea, había cumplido su misión exitosamente, quería recibir su paga lo antes posible.
Observó el cuerpo inerte una última vez como si lo estuviera grabando en su memoria. — Me obligaste a hacerlo. — Susurró usando su mano libre para taparse el rostro con la máscara que era una extensión de su ropa, dejando solamente sus ojos descubiertos. — Intentaste matarme, así que tuve que matarte. — Habló más alto, otra muerte más a la larga lista de vidas que ha arrebatado, con las que tiene que cargar en su memoria.
Ocurrió en un instante, en medio del bosque a altas horas de la noche en las afueras de la aldea de Iwagakure. — Fue tu culpa. — Su voz era tan baja como un susurro, habló para sí mismo observando el cadáver en sus pies, fresco. Le habían arrancado la garganta con las manos desnudas, no dejaba de chorrear sangre. La vista era muy bizarra, pero para un hombre vacío, sin emociones, solo era un día más, se había acostumbrado a hacer cosas horribles.
El asesino tenía la mirada perdida, ojos sin vida, arrugas debajo de los párpados por incontables noches de insomnio. Su inexistente expresión lo dice todo, está harto de matar, pero es la única forma en la que puede ganarse la vida. Desde que era un niño lo único que se le ha enseñado son técnicas de asesinato. En todo su cuerpo habían rastros de sangre seca, de sus víctimas, no, sus objetivos. La sangre nunca era suya, nadie lo había visto sangrar.
Con la misma fria mirada que lo caracteriza usó su mano para cortar la cabeza del cadáver, la misma pasó con facilidad por la carne como si fuera un cuchillo cortando mantequilla. Después la agarró de las greñas junto al resto, no era el primer asesinato del día. Ahora tenía que reportarse con el jefe de la aldea, había cumplido su misión exitosamente, quería recibir su paga lo antes posible.
Observó el cuerpo inerte una última vez como si lo estuviera grabando en su memoria. — Me obligaste a hacerlo. — Susurró usando su mano libre para taparse el rostro con la máscara que era una extensión de su ropa, dejando solamente sus ojos descubiertos. — Intentaste matarme, así que tuve que matarte. — Habló más alto, otra muerte más a la larga lista de vidas que ha arrebatado, con las que tiene que cargar en su memoria.
La primera vez que Vancroft arrebató una vida, se trataba del padre de Elias, y había sido, en una sola palabra: magnífico. Devolverle a ese monstruo cada gota del daño y tormento que le había impartido a su madre durante décadas se sintió como emerger de aguas profundas y volver a respirar. Al ser su primera vez dejando salir sus instintos asesinos, admitía que fue un trabajo descuidado; visceral, caótico, dejando un cuerpo irreconocible y deformado sobre un charco de sus propios pecados.
Pero la mejor parte no fue la masacre en sí. Fue el momento en que su otra conciencia, Elias, tomó el control y encontró aquel cadáver destrozado. No hubo gritos de terror. No hubo reclamos morales ni miedo paralizante. Hubo un silencio pesado, seguido de un alivio que los inundó a ambos.
La imagen de ese bulto sin vida se quedaría grabada en sus mentes para siempre, de eso no había duda, pero el peso del mundo había desaparecido de los hombros de Elias. Por primera vez en su vida, era libre. Y Vancroft lo sintió con cada fibra de su ser, porque él podía sentir todo lo que Elias sentía.
Esa epifanía se había convertido en su doctrina. Entonces... ¿por qué?
¿Por qué todo lo que veía ahora en los rostros de las familias a las que también "liberaba" de sus cargas no reflejaba esa misma gratitud? Vancroft era meticuloso ahora, un profesional en las sombras que nunca dejaba pistas. Pero, a través de los ojos de Elias, se veía obligado a presenciar la reacción de los familiares cuando encontraban los cuerpos sin vida de esos pacientes terminales, de esas anclas que los hundían. Veía desesperación. Veía dolor, llanto y una agonía incomprensible.
¿Por qué la gente era tan ciega? ¿Por qué no podían honrar su buena voluntad y su impecable trabajo con la misma expresión de paz que alguna vez vio nacer en el rostro de Elias?
Los odiaba. Odiaba su hipocresía y su apego a lo que ya estaba roto. Y, a la vez, esa profunda decepción era el combustible que encendía su motor. Alimentaba su necesidad enfermiza de seguir adelante, de seguir reparando el mundo, extirpando a cuanto paciente terminal se cruzara en su memoria fotográfica, hasta que alguien, algún día, por fin comprendiera su obra y le diera las gracias.
La primera vez que Vancroft arrebató una vida, se trataba del padre de Elias, y había sido, en una sola palabra: magnífico. Devolverle a ese monstruo cada gota del daño y tormento que le había impartido a su madre durante décadas se sintió como emerger de aguas profundas y volver a respirar. Al ser su primera vez dejando salir sus instintos asesinos, admitía que fue un trabajo descuidado; visceral, caótico, dejando un cuerpo irreconocible y deformado sobre un charco de sus propios pecados.
Pero la mejor parte no fue la masacre en sí. Fue el momento en que su otra conciencia, Elias, tomó el control y encontró aquel cadáver destrozado. No hubo gritos de terror. No hubo reclamos morales ni miedo paralizante. Hubo un silencio pesado, seguido de un alivio que los inundó a ambos.
La imagen de ese bulto sin vida se quedaría grabada en sus mentes para siempre, de eso no había duda, pero el peso del mundo había desaparecido de los hombros de Elias. Por primera vez en su vida, era libre. Y Vancroft lo sintió con cada fibra de su ser, porque él podía sentir todo lo que Elias sentía.
Esa epifanía se había convertido en su doctrina. Entonces... ¿por qué?
¿Por qué todo lo que veía ahora en los rostros de las familias a las que también "liberaba" de sus cargas no reflejaba esa misma gratitud? Vancroft era meticuloso ahora, un profesional en las sombras que nunca dejaba pistas. Pero, a través de los ojos de Elias, se veía obligado a presenciar la reacción de los familiares cuando encontraban los cuerpos sin vida de esos pacientes terminales, de esas anclas que los hundían. Veía desesperación. Veía dolor, llanto y una agonía incomprensible.
¿Por qué la gente era tan ciega? ¿Por qué no podían honrar su buena voluntad y su impecable trabajo con la misma expresión de paz que alguna vez vio nacer en el rostro de Elias?
Los odiaba. Odiaba su hipocresía y su apego a lo que ya estaba roto. Y, a la vez, esa profunda decepción era el combustible que encendía su motor. Alimentaba su necesidad enfermiza de seguir adelante, de seguir reparando el mundo, extirpando a cuanto paciente terminal se cruzara en su memoria fotográfica, hasta que alguien, algún día, por fin comprendiera su obra y le diera las gracias.
*Luego de que me haya solicitado llevar a cabo una misión cerca de su ciudad, Fenrir y yo nos dirigimos a las llanuras circundantes en una misión que llevaba a cabo en muchos lugares del multiverso conocido.*
"Es una muy larga historia Fenrir, Pero te explicaré brevemente. Viajo por todas partes en busca de unas anomalías de la realidad conocidas como 'Grietas interdimensionales'. En palabras simples son entradas y salidas a otros planos de existencia. El problema radica que varias veces, de esos agujeros espacio-temporales aparecen monstruos de otros planos existenciales alterando el orden multiversal y causar estragos en la realidad, por lo que debemos ser muy precavidos al cerrarla."
*Ya lejos de la ciudad nos dirigimos a una vasta llanura mientras buscaba dicha anomalía con un cristal de color violáceo que tintinéa con más intensidad cuando una grieta se encuentra cerca, y está vez, de todas las que había visto, está se encontraba muy arriba en el cielo, y era bastante grande en comparación a otras que había encontrado.*
"Oh....no.....Esto no se ve bién...."
[Sury_Sakai_1724]
*Luego de que me haya solicitado llevar a cabo una misión cerca de su ciudad, Fenrir y yo nos dirigimos a las llanuras circundantes en una misión que llevaba a cabo en muchos lugares del multiverso conocido.*
"Es una muy larga historia Fenrir, Pero te explicaré brevemente. Viajo por todas partes en busca de unas anomalías de la realidad conocidas como 'Grietas interdimensionales'. En palabras simples son entradas y salidas a otros planos de existencia. El problema radica que varias veces, de esos agujeros espacio-temporales aparecen monstruos de otros planos existenciales alterando el orden multiversal y causar estragos en la realidad, por lo que debemos ser muy precavidos al cerrarla."
*Ya lejos de la ciudad nos dirigimos a una vasta llanura mientras buscaba dicha anomalía con un cristal de color violáceo que tintinéa con más intensidad cuando una grieta se encuentra cerca, y está vez, de todas las que había visto, está se encontraba muy arriba en el cielo, y era bastante grande en comparación a otras que había encontrado.*
"Oh....no.....Esto no se ve bién...."
Xtru Hoodstreed
Tras una ardua investigación. Bianca esta vez llega a Kromberg hill. Un pequeño pueblo perteneciente al conglomerado de países bajos de europa. En este corre un rumor particular: Comportamientos extraños de sus habitantes. Si bien a primera vista parecen normales. Sus expresiones faciales, sus movimientos, son inusuales... Casi como si alguien o algo estuviera esforzándose al máximo por parecer "humano". ¿Podrá Bianca y su compañero de investigación (que en esta ocasión es: Xtru Hoodstreed) develar el misterio?.
[Xtruri.17]
Tras una ardua investigación. Bianca esta vez llega a Kromberg hill. Un pequeño pueblo perteneciente al conglomerado de países bajos de europa. En este corre un rumor particular: Comportamientos extraños de sus habitantes. Si bien a primera vista parecen normales. Sus expresiones faciales, sus movimientos, son inusuales... Casi como si alguien o algo estuviera esforzándose al máximo por parecer "humano". ¿Podrá Bianca y su compañero de investigación (que en esta ocasión es: [Xtruri.17]) develar el misterio?.
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****Edad del Caos****
"Elun’Kaor, la Hija del Monstruo"
La guerra había cambiado, ya no era solo Ozma contra los dioses ahora eran pueblos enteros luchando por sobrevivir, razas obligadas a elegir un bando y traiciones nacidas del miedo.
Yen lo sabía por eso, cuando recibió el aviso de que una de las ciudades liberadas estaba a punto de caer, no dudó.
Ozma no iría con ella, Helior Prime había aparecido y eso solo significaba una cosa:
era una trampa. Los Dioses querian dividir sus fuerzas pero aun asi Yen avanzó.
No tenía opción, los ciudadanos no corrían, no gritaban, esperaban. Fue entonces cuando lo entendió.
Esto no es un rescate -Murmuró Yen.-
Las puertas se abrieron s lo que salió de ellas no eran refugiados, eran enemigos, humanos armados, criaturas deformadas, Demonios con marcas que no les pertenecían.
Nos vendieron… -Susurró uno de los Kijin.-
No... No nos vendieron, eligieron un bando. -Respondio Yen.-
Los dioses les habían ofrecido poder y ellos aceptaron. La batalla comenzó sin tregua. Fue un día entero sin descanso, sin pausas.
Yen luchaba al frente, como siempre, su espada cortaba, su cuerpo resistía, su mente calculaba pero no era suficiente. Los demonios no caían como deberían, se regeneraban, se retorcían y se levantaban. El poder de los dioses mezclado con el poder oscuro de estos. Era una aberración.
Al caer la noche los Kijin empezaron a caer uno a uno, Onix seguía en pie, cubierta de sangre y agotada. Yen respiraba con dificultad, su brazo mecánico crujía, su cuerpo ya no respondía igual y por primera vez en años penso que esta vez nadie de su grupo se salvaría
-Pero entonces levanto la vista a la luna llena observándola.- Padre… -Susurró, apretando los dientes- Dame fuerza.
-Pero no fue a él a quien sintió, fue calor suave y familiar.- Madre…?! -La luz la envolvió, su piel cambió, la oscuridad verde desapareció y en su lugar… una figura de luz plateada emergio
Su cabello era plateado y brillante, ojos claros... Una Elunai completa. Los Kijin retrocedieron, porque no entendían lo que veían pero aun asi, lo sabian en el fondo.
"Es ella…"
Yen no dudó, se lanzó, ahora diferente, su espada ya no solo cortaba, Quemaba y purificaba. La magia de sanación fluía por su cuerpo pero no sanaba... Destruía.
Los demonios gritaban, sus cuerpos se deshacían bajo una luz que no debería matar. Y ahí, algo comenzó a romperse dentro de ella. La luna no estaba hecha para eso, ese poder no era para destruir, Yen lo forzó, lo torció y lo usó como arma.
-Su cabello plateado se oscureció, al lado de sus ojos se marcaba en rojo. Los Elunai que observaban desde lejos lo entendieron al instante.- "Elun’Kaor… Una corrupta… La hija del monstruo".
Pero Yen ya no escuchaba, ni siquiera era consiente de su propio apariencia, solo avanzaba y destruía. Un demonio mayor cargó contra ella.
Gigantesco, deforme, gritando, Yen levantó su brazo mecánico y lo detuvo en seco con un poderoso golpe. El impacto rompió el suelo, el aire explotó y luego del golpeó el cuerpo del demonio se desintegró.
Pero algo más también se rompió, su brazo mecánico estalló en pedazos. Onix lo vio y grito asustada: ¡YEN!
Pero Yen no se detuvo, gritó. Fue un grito que no era de este mundo, su poder se disparó, su cuerpo creció, músculos, fuerza, furia y entonces… sintió algo nuevo donde no había nada. Algo nació, era carne, hueso, sangre... Su brazo regenerándose demasiado rápido,, demasiado violento.
Yen estaba completa, vio a sus enemigos y sonrió con sed de sangre... La batalla terminó poco después no porque ganaran, sino porque no quedó nada con que combatir.
Yen cayó de rodillas, su cuerpo volvió a la normalidad. Piel verde, respiración rota.
Había ganado, sí, pero en el fondo algo no estaba bien.
****Edad del Caos****
"Elun’Kaor, la Hija del Monstruo"
La guerra había cambiado, ya no era solo Ozma contra los dioses ahora eran pueblos enteros luchando por sobrevivir, razas obligadas a elegir un bando y traiciones nacidas del miedo.
Yen lo sabía por eso, cuando recibió el aviso de que una de las ciudades liberadas estaba a punto de caer, no dudó.
Ozma no iría con ella, Helior Prime había aparecido y eso solo significaba una cosa:
era una trampa. Los Dioses querian dividir sus fuerzas pero aun asi Yen avanzó.
No tenía opción, los ciudadanos no corrían, no gritaban, esperaban. Fue entonces cuando lo entendió.
Esto no es un rescate -Murmuró Yen.-
Las puertas se abrieron s lo que salió de ellas no eran refugiados, eran enemigos, humanos armados, criaturas deformadas, Demonios con marcas que no les pertenecían.
Nos vendieron… -Susurró uno de los Kijin.-
No... No nos vendieron, eligieron un bando. -Respondio Yen.-
Los dioses les habían ofrecido poder y ellos aceptaron. La batalla comenzó sin tregua. Fue un día entero sin descanso, sin pausas.
Yen luchaba al frente, como siempre, su espada cortaba, su cuerpo resistía, su mente calculaba pero no era suficiente. Los demonios no caían como deberían, se regeneraban, se retorcían y se levantaban. El poder de los dioses mezclado con el poder oscuro de estos. Era una aberración.
Al caer la noche los Kijin empezaron a caer uno a uno, Onix seguía en pie, cubierta de sangre y agotada. Yen respiraba con dificultad, su brazo mecánico crujía, su cuerpo ya no respondía igual y por primera vez en años penso que esta vez nadie de su grupo se salvaría
-Pero entonces levanto la vista a la luna llena observándola.- Padre… -Susurró, apretando los dientes- Dame fuerza.
-Pero no fue a él a quien sintió, fue calor suave y familiar.- Madre…?! -La luz la envolvió, su piel cambió, la oscuridad verde desapareció y en su lugar… una figura de luz plateada emergio
Su cabello era plateado y brillante, ojos claros... Una Elunai completa. Los Kijin retrocedieron, porque no entendían lo que veían pero aun asi, lo sabian en el fondo.
"Es ella…"
Yen no dudó, se lanzó, ahora diferente, su espada ya no solo cortaba, Quemaba y purificaba. La magia de sanación fluía por su cuerpo pero no sanaba... Destruía.
Los demonios gritaban, sus cuerpos se deshacían bajo una luz que no debería matar. Y ahí, algo comenzó a romperse dentro de ella. La luna no estaba hecha para eso, ese poder no era para destruir, Yen lo forzó, lo torció y lo usó como arma.
-Su cabello plateado se oscureció, al lado de sus ojos se marcaba en rojo. Los Elunai que observaban desde lejos lo entendieron al instante.- "Elun’Kaor… Una corrupta… La hija del monstruo".
Pero Yen ya no escuchaba, ni siquiera era consiente de su propio apariencia, solo avanzaba y destruía. Un demonio mayor cargó contra ella.
Gigantesco, deforme, gritando, Yen levantó su brazo mecánico y lo detuvo en seco con un poderoso golpe. El impacto rompió el suelo, el aire explotó y luego del golpeó el cuerpo del demonio se desintegró.
Pero algo más también se rompió, su brazo mecánico estalló en pedazos. Onix lo vio y grito asustada: ¡YEN!
Pero Yen no se detuvo, gritó. Fue un grito que no era de este mundo, su poder se disparó, su cuerpo creció, músculos, fuerza, furia y entonces… sintió algo nuevo donde no había nada. Algo nació, era carne, hueso, sangre... Su brazo regenerándose demasiado rápido,, demasiado violento.
Yen estaba completa, vio a sus enemigos y sonrió con sed de sangre... La batalla terminó poco después no porque ganaran, sino porque no quedó nada con que combatir.
Yen cayó de rodillas, su cuerpo volvió a la normalidad. Piel verde, respiración rota.
Había ganado, sí, pero en el fondo algo no estaba bien.
ㅤ ㅤ
ㅤ⠀
𝐓𝐇𝐄 𝐁𝐎𝐒𝐒 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐀𝐑𝐄𝐍𝐀
“ 𝘼𝙧𝙚 𝙮𝙤𝙪 𝙡𝙤𝙣𝙚𝙡𝙮 ? “
ㅤ⠀
ㅤ⠀
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── ¡¿Tantos años y aún no lo entiendes, Settrigh?! ──── Gritó el mayor acercándose al bastardo gradualmente, apenas la pobre luz del lugar podía dejar en vista la silueta de su ser.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── ¡No te pedí que vinieras! ¡Solo déjame estar solo, maldita sea! ──── Respondió Settrigh, golpeando aún más fuerte el muñeco con el que practicaba.
ㅤ⠀
Le molestaban los sermones que venían de el, más aún no podía pensar con claridad al haber perdido aquel combate contra Jack, la ira lo recorría, a pesar de haber perdido, aún quería pelear. Habían apostado algo más allá que simple dinero, lo más importante en aquel mundo de luchadores, el honor.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── Settrigh... Para. ──── Musitó Bingween mientras se posaba a su lado, observandolo en silencio con un rostro preocupado. Después de todo, era como su hijo.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── Déjame... Por favor. ──── Suplico el bastardo mientras lentamente las lágrimas empezaron a recorrer su rostro, un par que habían trazado camino. Limpiaron la suciedad de su rostro, del polvo que había mordido.
Sus nudillos ya estaban dañados de tanto golpear el muñeco a carne viva, su cuerpo magullado al punto de que si seguía en pie, sus daños tardarían en sanarse un buen tiempo. Había desgarrado sus músculos, su determinación los arrastró.
ㅤ⠀
──── Sabes que sus palabras no valen nada, solamente buscan herirte, ellos lo han hecho desde que eres un cachorro. Lo sabes muy bien. ──── Comentó, manteniendo su postura erguida para pronto acomodar sus gafas. Se acercó al bastardo, agarrando suavemente el dorso de sus manos para detenerlo y así mismo, ver las heridas a profundidad.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── Mamá no lo merece. Solo... Si papá se hubiera quedado, ¿Todo sería normal? ──── Comentó, suspirando suavemente. Siquiera el llanto se percibía, solamente sus lágrimas. El llanto se desgasto a lo largo de su vida.
ㅤ⠀
Bingween sabía que nunca Sett aún lidiaba con ese trauma, después de tantos años. Mas aún se esforzaba en tratarlo desde que era un pequeño y simple chico, tratando de sobrevivir. Quizá nunca dejó de ser un cachorro.
Settrigh apenas lo vio unos segundos... Cerró sus ojos, idiota.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── Lo lamento... Maestro. ──── Susurró el bastardo, pronto tomando al mayor en sus brazos para poder atraparlo en un abrazo. Al final, ¿Porque necesitaba a papá? Pensó.
ㅤ⠀
Ya tenía un padre a su lado.
ㅤ⠀
ㅤ⠀
ㅤ⠀
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𝐓𝐇𝐄 𝐁𝐎𝐒𝐒 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐀𝐑𝐄𝐍𝐀
“ 𝘼𝙧𝙚 𝙮𝙤𝙪 𝙡𝙤𝙣𝙚𝙡𝙮 ? “
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ㅤ⠀──── ¡¿Tantos años y aún no lo entiendes, Settrigh?! ──── Gritó el mayor acercándose al bastardo gradualmente, apenas la pobre luz del lugar podía dejar en vista la silueta de su ser.
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ㅤ⠀──── ¡No te pedí que vinieras! ¡Solo déjame estar solo, maldita sea! ──── Respondió Settrigh, golpeando aún más fuerte el muñeco con el que practicaba.
ㅤ⠀
Le molestaban los sermones que venían de el, más aún no podía pensar con claridad al haber perdido aquel combate contra Jack, la ira lo recorría, a pesar de haber perdido, aún quería pelear. Habían apostado algo más allá que simple dinero, lo más importante en aquel mundo de luchadores, el honor.
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ㅤ⠀──── Settrigh... Para. ──── Musitó Bingween mientras se posaba a su lado, observandolo en silencio con un rostro preocupado. Después de todo, era como su hijo.
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ㅤ⠀──── Déjame... Por favor. ──── Suplico el bastardo mientras lentamente las lágrimas empezaron a recorrer su rostro, un par que habían trazado camino. Limpiaron la suciedad de su rostro, del polvo que había mordido.
Sus nudillos ya estaban dañados de tanto golpear el muñeco a carne viva, su cuerpo magullado al punto de que si seguía en pie, sus daños tardarían en sanarse un buen tiempo. Había desgarrado sus músculos, su determinación los arrastró.
ㅤ⠀
──── Sabes que sus palabras no valen nada, solamente buscan herirte, ellos lo han hecho desde que eres un cachorro. Lo sabes muy bien. ──── Comentó, manteniendo su postura erguida para pronto acomodar sus gafas. Se acercó al bastardo, agarrando suavemente el dorso de sus manos para detenerlo y así mismo, ver las heridas a profundidad.
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ㅤ⠀──── Mamá no lo merece. Solo... Si papá se hubiera quedado, ¿Todo sería normal? ──── Comentó, suspirando suavemente. Siquiera el llanto se percibía, solamente sus lágrimas. El llanto se desgasto a lo largo de su vida.
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Bingween sabía que nunca Sett aún lidiaba con ese trauma, después de tantos años. Mas aún se esforzaba en tratarlo desde que era un pequeño y simple chico, tratando de sobrevivir. Quizá nunca dejó de ser un cachorro.
Settrigh apenas lo vio unos segundos... Cerró sus ojos, idiota.
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ㅤ⠀──── Lo lamento... Maestro. ──── Susurró el bastardo, pronto tomando al mayor en sus brazos para poder atraparlo en un abrazo. Al final, ¿Porque necesitaba a papá? Pensó.
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Ya tenía un padre a su lado.
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