• La verdad , es como un mar o no pero siempre esta alli
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  • // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.//

    ────────────────────────────────────────

    Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro.

    Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad.


    La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith.

    Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia.


    Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos.


    Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal.


    No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos.
    En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora.


    Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida.
    Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba.
    Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca.


    ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí?

    Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto.

    Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella.

    ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad.

    El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar.

    El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar.

    Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía.

    El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera.

    Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto.

    Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal.

    Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores.

    --Pero cometieron un error.--

    Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra.

    Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros.

    Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar.

    Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre.

    En menos de cinco muntos, el silencio regresó.

    El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo.

    Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada.


    Uno de los hombres aún respiraba.
    Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él.

    Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo.
    ─── La próxima vez…
    Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago.
    ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad.

    Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia.

    Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez.

    Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
    // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.// ──────────────────────────────────────── Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro. Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad. La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith. Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia. Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos. Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal. No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos. En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora. Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida. Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca. ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí? Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto. Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella. ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad. El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar. El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar. Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía. El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera. Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto. Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal. Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores. --Pero cometieron un error.-- Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra. Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros. Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar. Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre. En menos de cinco muntos, el silencio regresó. El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo. Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada. Uno de los hombres aún respiraba. Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él. Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo. ─── La próxima vez… Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago. ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad. Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia. Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez. Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
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  • El angel de una sola Ala miraria a la pobre victima que iba a caer por su mano...O por su espada mejor dicho...

    "Das Pena, pobre Victima de mis objetivos, tu nombre? Nisiquiera lo necesito, creiste que podrias hacerle frente a un dios y moriras a causa de ello en nombre de Madre Jenova"

    Tomaria la masamuse, una espada de 7 pies, dos metros, y empuñandola como si nada apuntaria sin mover siquiera el brazo completo, solamente la mano inclinada hacia aquella proxima victima.

    //Aviso, Sephiroth ataca con mano blanca, recomiendo tener un haz bajo la manga o algo
    El angel de una sola Ala miraria a la pobre victima que iba a caer por su mano...O por su espada mejor dicho... "Das Pena, pobre Victima de mis objetivos, tu nombre? Nisiquiera lo necesito, creiste que podrias hacerle frente a un dios y moriras a causa de ello en nombre de Madre Jenova" Tomaria la masamuse, una espada de 7 pies, dos metros, y empuñandola como si nada apuntaria sin mover siquiera el brazo completo, solamente la mano inclinada hacia aquella proxima victima. //Aviso, Sephiroth ataca con mano blanca, recomiendo tener un haz bajo la manga o algo
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  • Seiji no descansa, es una escopeta amartillada apuntando directo al umbral de la puerta a cualquiera que se atreva a provocarla.

    Un error, un parpadeo, y el seguro salta. Se mantiene estática, vibrando en una frecuencia que solo los depredadores entienden.

    Ta y como una araña sobre su red, una cascabel con el veneno hirviendo, esperando que la presa dé el paso en falso.

    El aire apesta a estática.

    ¿Cómo demonios puede su pareja dormir así?
    Con los ojos cerrados, entregado al vacío.
    ¿Es amor o es que ya aceptó que duerme junto a una bomba de tiempo?

    No importa.

    El foro secreto escupe una nueva notificación: estudiantes, retos virales, la deep web.

    La señal es clara.
    El ruido vuelve a subir de volumen y ella está lista para romper el silencio.

    Seiji está de regreso en el juego.
    Seiji no descansa, es una escopeta amartillada apuntando directo al umbral de la puerta a cualquiera que se atreva a provocarla. Un error, un parpadeo, y el seguro salta. Se mantiene estática, vibrando en una frecuencia que solo los depredadores entienden. Ta y como una araña sobre su red, una cascabel con el veneno hirviendo, esperando que la presa dé el paso en falso. El aire apesta a estática. ¿Cómo demonios puede su pareja dormir así? Con los ojos cerrados, entregado al vacío. ¿Es amor o es que ya aceptó que duerme junto a una bomba de tiempo? No importa. El foro secreto escupe una nueva notificación: estudiantes, retos virales, la deep web. La señal es clara. El ruido vuelve a subir de volumen y ella está lista para romper el silencio. Seiji está de regreso en el juego.
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  • 𝕷𝖆 𝕷𝖊𝖔𝖓𝖆 𝖇𝖑𝖆𝖓𝖈𝖆 𝐲 𝖊𝖑 𝖓𝖎𝖓̃𝖔 𝕸𝖆𝖑𝖉𝖎𝖙𝖔
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    Cᥲdᥲ dίᥲ ᥲᥣgᥙιᥱᥒ fᥲᥣᥣᥱᥴᥱ, ᥴᥲdᥲ dίᥲ ᥲᥣgᥙιᥱᥒ ᥒᥲᥴᥱ, ᥴᥲdᥲ dίᥲ sᥲᥣᥱ ᥱᥣ soᥣ. Mιᥣ ყ ᥙᥒᥲ ᥴosᥲs sᥙᥴᥱdᥱᥒ ᥱᥒ ᥒᥙᥱstro mᥙᥒdo: ᥲᥣgᥙᥒᥲs ᥣᥲs dᥲmos ρor hᥱᥴhᥲs, otrᥲs ᥣᥲs dᥱsᥴoᥒoᥴᥱmos ρor ᥴomρᥣᥱto. Ahorᥲ mιsmo ρodrίᥲᥒ ᥱstᥲr ᥴᥲzᥲᥒdo ᥙᥒᥲ ᥴrιᥲtᥙrᥲ qᥙᥱ soᥣo hᥲs ᥱsᥴᥙᥴhᥲdo ᥱᥒ ᥴᥙᥱᥒtos; ᥣos ᥣίdᥱrᥱs mᥙᥒdιᥲᥣᥱs ρodrίᥲᥒ ᥱstᥲr dᥱsᥲrroᥣᥣᥲᥒdo ᥣᥲ sιgᥙιᥱᥒtᥱ formᥲ dᥱ mᥲᥒtᥱᥒᥱrᥒos ᥴιᥱgos ყ ᥱstᥙ́ριdos, sιmρᥣᥱs ιgᥒorᥲᥒtᥱs qᥙᥱ ᥒo ᥒotᥲᥒ ᥣᥲ dιfᥱrᥱᥒᥴιᥲ ᥱᥒtrᥱ ᥣo qᥙᥱ rᥱᥲᥣmᥱᥒtᥱ ᥱs ყ ᥣo qᥙᥱ ᥣᥱs dᥱjᥲᥒ vᥱr...


    Hᥲᥴᥱ 48 horᥲs ᥲρroxιmᥲdᥲmᥱᥒtᥱ, ᥣᥲ 'Eᥲstᥱrᥒ Tᥲᥒᥒᥱrყ' dᥱ Prᥱᥒzᥣᥲᥙᥱr Bᥱrg dᥱjó dᥱ sᥱr ᥙᥒᥲ ᥴᥙrtιdᥙrίᥲ ρᥲrᥲ ᥴoᥒvᥱrtιrsᥱ ᥱᥒ ᥙᥒ mᥲtᥲdᥱro. Lᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ, bᥲjo ᥱᥣ mᥲᥒdo dᥱᥣ Iᥒqᥙιsιdor Sᥱrrᥲ, ᥱjᥱᥴᥙtó ᥣᥲ oρᥱrᥲᥴιóᥒ 'Pᥙrgᥲ dᥱ ᥣos Iᥒdιgᥒos', ᥲᥒιqᥙιᥣᥲᥒdo ᥲᥣ 90% dᥱ ᥙᥒᥲ ᥴᥱ́ᥣᥙᥣᥲ dᥱ ᥙᥒ ᥴᥙᥣto dᥱmoᥒίᥲᥴo. Sιᥒ ᥱmbᥲrgo, ᥴιᥱrto 'ᥲᥴtιvo' —ᥙᥒ ιᥒfᥲᥒtᥱ ᥴoᥒ ᥲᥣtᥱrᥲᥴιoᥒᥱs mᥲ́s ᥲᥣᥣᥲ́ dᥱ ᥒᥙᥱstro ᥱᥒtᥱᥒdιmιᥱᥒto— ᥱsᥴᥲρó dᥙrᥲᥒtᥱ ᥙᥒ mιstᥱrιoso ᥴoᥣᥲρso dᥱᥣ ᥒιvᥱᥣ ιᥒfᥱrιor. Sᥱ ᥣᥱ sᥙρoᥒίᥲ mᥙᥱrto, ρᥱro rᥱᥴιᥱᥒtᥱs ᥲvιstᥲmιᥱᥒtos dᥱmᥙᥱstrᥲᥒ ᥣo ᥴoᥒtrᥲrιo. Aᥴtᥙᥲᥣmᥱᥒtᥱ, ᥣᥲ Ofιᥴιᥒᥲ dᥱᥣ Cᥱᥒsor ρrᥱρᥲrᥲ ᥙᥒᥲ ordᥱᥒ ρᥲrᥲ ᥱᥒvιᥲr ᥴᥲzᥲdorᥱs qᥙᥱ ρᥱιᥒᥱᥒ ᥣᥲ ᥴιᥙdᥲd doᥒdᥱ sᥱ ᥣᥱ vιo ρor ᥙ́ᥣtιmᥲ vᥱz. Pᥱro ᥒo soᥒ ᥣos ᥙ́ᥒιᥴos: ᥣos rᥱmᥲᥒᥱᥒtᥱs dᥱᥣ ᥴᥙᥣto, ᥲqᥙᥱᥣᥣos ᥣίdᥱrᥱs hᥱrιdos ყ dᥱsᥱsρᥱrᥲdos qᥙᥱ ᥣogrᥲroᥒ ᥱsᥴᥲρᥲr, tᥲmbιᥱ́ᥒ sᥱ ᥱᥒtᥱrᥲroᥒ dᥱ qᥙᥱ sᥙ ᥱxρᥱrιmᥱᥒto ᥱxιtoso ᥲᥙ́ᥒ dᥱᥲmbᥙᥣᥲ ᥱᥒtrᥱ ᥒosotros. Sᥲbᥱᥒ qᥙᥱ, ᥱᥒ ᥴᥙᥲᥒto ᥣᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ sᥙᥱᥣtᥱ ᥲ sᥙs ρᥱrros, ᥒo tᥲrdᥲrᥲ́ᥒ ᥱᥒ ᥱᥒᥴoᥒtrᥲr ᥲᥣ ᥴhιᥴo; ρor ᥱso, ᥒᥱᥴᥱsιtᥲᥒ sᥙ ρroριo ᥲᥒιmᥲᥣ dᥱ ᥴᥲzᥲ ρᥲrᥲ ιgᥙᥲᥣᥲr ᥱᥣ mᥲrᥴᥲdor. Y ρor ᥱso ᥱstᥲmos ᥲqᥙί... Los oᥴᥙᥣtιstᥲs hᥲᥒ rᥱᥴᥙrrιdo ᥲᥣ ᥙ́ᥒιᥴo ρodᥱr qᥙᥱ ᥒo rᥱsρoᥒdᥱ ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ Gobιᥱrᥒo ᥒι ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ Vᥲtιᥴᥲᥒo, sιᥒo ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ mᥱjor ρostor: ᥱᥣ mᥱrᥴᥲdo ᥒᥱgro dᥱ Mᥱrᥴᥱᥒᥲrιos



    [ 𝟶𝟷:𝟷𝟺 α.m. / Dıstrıto de Weddıng / Berlı́n / Alemαnıα / Tαbernα „Kıez-Eck" ... ]




    El αıre en aquella tᥲbᥱrᥒᥲ oᥴᥙᥣtᥲ erα unα mezclα rαncıα de tαbαco vıejo, moho ч el hedor dulce de lα gαngrenα. Bαjo lα luz αmαrıllentα de unα bombıllα desnudα que oscılαbα αl rıtmo del metro subterrάneo, tres hombres αguαrdαbαn. Erαn lαs sobrαs de unα fe muertα. Uno de los lı́deres, con lα mαndı́bulα descolocαdα ч lα vıejα túnıcα empαpαdα de sαngre αhorα secα, sostenı́α contrα su pecho un mαletı́n de αlumınıo reforzαdo como sı fuerα su únıcα conexıón con lα vıdα ч tαl vez αsı́ erα... *



    — ¿Serά que no vα α venır? —Sıseó uno de los seguıdores, cuчos dedos temblorosos no dejαbαn de rαscαr lαs quemαdurαs de mercurıo en su brαzo— Sı se llegα α extrαer que lα Sαntα Iglesıα estά metıdα en esto, nı sıquıerα pensαrά en αrrıesgαrse por nosotros



    — Cάllαte —Gruñó el lı́der, αunque su propıα voz erα un hılo quebrαdo— No hαbles estupıdeces. Ellα no vıene por nosotros; vıene por el dınero que ofrecemos. No tenemos por qué decırle mάs de lo que necesıtα pαrα completαr el trαbαjo... Lα Sαntα Iglesıα cree que hα gαnαdo, pero se olvıdαron de αlgo ımportαnte: In Berlın kαnn dıe Stαhlgαbe eınes Söldners tıefer schneıden αls eın Psαlm



    Un sılencıo súbıto cαчó sobre lα tαbernα. No fue un sılencıo nαturαl; fue como sı el sonıdo mısmo hubıerα sıdo succıonαdo de lαs pαredes. De pronto, lα bombıllα dejó de oscılαr. Mıentrαs el resto de los clıentes contınuαbα conversαndo αjenos α todo, los del culto se mαntuvıeron sentαdos, esperαndo en un rıncón mıentrαs observαbαn ımpαcıentemente el mαrco de lα entrαdα, donde solo hαbı́α sombrαs. Pero... ¿por cuάnto tıempo se mαntendrı́α αsı́?
    Cᥲdᥲ dίᥲ ᥲᥣgᥙιᥱᥒ fᥲᥣᥣᥱᥴᥱ, ᥴᥲdᥲ dίᥲ ᥲᥣgᥙιᥱᥒ ᥒᥲᥴᥱ, ᥴᥲdᥲ dίᥲ sᥲᥣᥱ ᥱᥣ soᥣ. Mιᥣ ყ ᥙᥒᥲ ᥴosᥲs sᥙᥴᥱdᥱᥒ ᥱᥒ ᥒᥙᥱstro mᥙᥒdo: ᥲᥣgᥙᥒᥲs ᥣᥲs dᥲmos ρor hᥱᥴhᥲs, otrᥲs ᥣᥲs dᥱsᥴoᥒoᥴᥱmos ρor ᥴomρᥣᥱto. Ahorᥲ mιsmo ρodrίᥲᥒ ᥱstᥲr ᥴᥲzᥲᥒdo ᥙᥒᥲ ᥴrιᥲtᥙrᥲ qᥙᥱ soᥣo hᥲs ᥱsᥴᥙᥴhᥲdo ᥱᥒ ᥴᥙᥱᥒtos; ᥣos ᥣίdᥱrᥱs mᥙᥒdιᥲᥣᥱs ρodrίᥲᥒ ᥱstᥲr dᥱsᥲrroᥣᥣᥲᥒdo ᥣᥲ sιgᥙιᥱᥒtᥱ formᥲ dᥱ mᥲᥒtᥱᥒᥱrᥒos ᥴιᥱgos ყ ᥱstᥙ́ριdos, sιmρᥣᥱs ιgᥒorᥲᥒtᥱs qᥙᥱ ᥒo ᥒotᥲᥒ ᥣᥲ dιfᥱrᥱᥒᥴιᥲ ᥱᥒtrᥱ ᥣo qᥙᥱ rᥱᥲᥣmᥱᥒtᥱ ᥱs ყ ᥣo qᥙᥱ ᥣᥱs dᥱjᥲᥒ vᥱr... Hᥲᥴᥱ 48 horᥲs ᥲρroxιmᥲdᥲmᥱᥒtᥱ, ᥣᥲ 'Eᥲstᥱrᥒ Tᥲᥒᥒᥱrყ' dᥱ Prᥱᥒzᥣᥲᥙᥱr Bᥱrg dᥱjó dᥱ sᥱr ᥙᥒᥲ ᥴᥙrtιdᥙrίᥲ ρᥲrᥲ ᥴoᥒvᥱrtιrsᥱ ᥱᥒ ᥙᥒ mᥲtᥲdᥱro. Lᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ, bᥲjo ᥱᥣ mᥲᥒdo dᥱᥣ Iᥒqᥙιsιdor Sᥱrrᥲ, ᥱjᥱᥴᥙtó ᥣᥲ oρᥱrᥲᥴιóᥒ 'Pᥙrgᥲ dᥱ ᥣos Iᥒdιgᥒos', ᥲᥒιqᥙιᥣᥲᥒdo ᥲᥣ 90% dᥱ ᥙᥒᥲ ᥴᥱ́ᥣᥙᥣᥲ dᥱ ᥙᥒ ᥴᥙᥣto dᥱmoᥒίᥲᥴo. Sιᥒ ᥱmbᥲrgo, ᥴιᥱrto 'ᥲᥴtιvo' —ᥙᥒ ιᥒfᥲᥒtᥱ ᥴoᥒ ᥲᥣtᥱrᥲᥴιoᥒᥱs mᥲ́s ᥲᥣᥣᥲ́ dᥱ ᥒᥙᥱstro ᥱᥒtᥱᥒdιmιᥱᥒto— ᥱsᥴᥲρó dᥙrᥲᥒtᥱ ᥙᥒ mιstᥱrιoso ᥴoᥣᥲρso dᥱᥣ ᥒιvᥱᥣ ιᥒfᥱrιor. Sᥱ ᥣᥱ sᥙρoᥒίᥲ mᥙᥱrto, ρᥱro rᥱᥴιᥱᥒtᥱs ᥲvιstᥲmιᥱᥒtos dᥱmᥙᥱstrᥲᥒ ᥣo ᥴoᥒtrᥲrιo. Aᥴtᥙᥲᥣmᥱᥒtᥱ, ᥣᥲ Ofιᥴιᥒᥲ dᥱᥣ Cᥱᥒsor ρrᥱρᥲrᥲ ᥙᥒᥲ ordᥱᥒ ρᥲrᥲ ᥱᥒvιᥲr ᥴᥲzᥲdorᥱs qᥙᥱ ρᥱιᥒᥱᥒ ᥣᥲ ᥴιᥙdᥲd doᥒdᥱ sᥱ ᥣᥱ vιo ρor ᥙ́ᥣtιmᥲ vᥱz. Pᥱro ᥒo soᥒ ᥣos ᥙ́ᥒιᥴos: ᥣos rᥱmᥲᥒᥱᥒtᥱs dᥱᥣ ᥴᥙᥣto, ᥲqᥙᥱᥣᥣos ᥣίdᥱrᥱs hᥱrιdos ყ dᥱsᥱsρᥱrᥲdos qᥙᥱ ᥣogrᥲroᥒ ᥱsᥴᥲρᥲr, tᥲmbιᥱ́ᥒ sᥱ ᥱᥒtᥱrᥲroᥒ dᥱ qᥙᥱ sᥙ ᥱxρᥱrιmᥱᥒto ᥱxιtoso ᥲᥙ́ᥒ dᥱᥲmbᥙᥣᥲ ᥱᥒtrᥱ ᥒosotros. Sᥲbᥱᥒ qᥙᥱ, ᥱᥒ ᥴᥙᥲᥒto ᥣᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ sᥙᥱᥣtᥱ ᥲ sᥙs ρᥱrros, ᥒo tᥲrdᥲrᥲ́ᥒ ᥱᥒ ᥱᥒᥴoᥒtrᥲr ᥲᥣ ᥴhιᥴo; ρor ᥱso, ᥒᥱᥴᥱsιtᥲᥒ sᥙ ρroριo ᥲᥒιmᥲᥣ dᥱ ᥴᥲzᥲ ρᥲrᥲ ιgᥙᥲᥣᥲr ᥱᥣ mᥲrᥴᥲdor. Y ρor ᥱso ᥱstᥲmos ᥲqᥙί... Los oᥴᥙᥣtιstᥲs hᥲᥒ rᥱᥴᥙrrιdo ᥲᥣ ᥙ́ᥒιᥴo ρodᥱr qᥙᥱ ᥒo rᥱsρoᥒdᥱ ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ Gobιᥱrᥒo ᥒι ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ Vᥲtιᥴᥲᥒo, sιᥒo ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ mᥱjor ρostor: ᥱᥣ mᥱrᥴᥲdo ᥒᥱgro dᥱ Mᥱrᥴᥱᥒᥲrιos [ 𝟶𝟷:𝟷𝟺 α.m. / Dıstrıto de Weddıng / Berlı́n / Alemαnıα / Tαbernα „Kıez-Eck" ... ] El αıre en aquella tᥲbᥱrᥒᥲ oᥴᥙᥣtᥲ erα unα mezclα rαncıα de tαbαco vıejo, moho ч el hedor dulce de lα gαngrenα. Bαjo lα luz αmαrıllentα de unα bombıllα desnudα que oscılαbα αl rıtmo del metro subterrάneo, tres hombres αguαrdαbαn. Erαn lαs sobrαs de unα fe muertα. Uno de los lı́deres, con lα mαndı́bulα descolocαdα ч lα vıejα túnıcα empαpαdα de sαngre αhorα secα, sostenı́α contrα su pecho un mαletı́n de αlumınıo reforzαdo como sı fuerα su únıcα conexıón con lα vıdα ч tαl vez αsı́ erα... * — ¿Serά que no vα α venır? —Sıseó uno de los seguıdores, cuчos dedos temblorosos no dejαbαn de rαscαr lαs quemαdurαs de mercurıo en su brαzo— Sı se llegα α extrαer que lα Sαntα Iglesıα estά metıdα en esto, nı sıquıerα pensαrά en αrrıesgαrse por nosotros — Cάllαte —Gruñó el lı́der, αunque su propıα voz erα un hılo quebrαdo— No hαbles estupıdeces. Ellα no vıene por nosotros; vıene por el dınero que ofrecemos. No tenemos por qué decırle mάs de lo que necesıtα pαrα completαr el trαbαjo... Lα Sαntα Iglesıα cree que hα gαnαdo, pero se olvıdαron de αlgo ımportαnte: In Berlın kαnn dıe Stαhlgαbe eınes Söldners tıefer schneıden αls eın Psαlm Un sılencıo súbıto cαчó sobre lα tαbernα. No fue un sılencıo nαturαl; fue como sı el sonıdo mısmo hubıerα sıdo succıonαdo de lαs pαredes. De pronto, lα bombıllα dejó de oscılαr. Mıentrαs el resto de los clıentes contınuαbα conversαndo αjenos α todo, los del culto se mαntuvıeron sentαdos, esperαndo en un rıncón mıentrαs observαbαn ımpαcıentemente el mαrco de lα entrαdα, donde solo hαbı́α sombrαs. Pero... ¿por cuάnto tıempo se mαntendrı́α αsı́?
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  • ── . ✦ Se siente gracioso oirle decir que está libre cuando nunca me dijo nada como "terminamos"... ✦ . ──
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  • — Apaga los fuegos artificiales que han estado encendidos durante todo el día de ayer por el día de la mujer.

    En su vida, realmente solo hay (¿hubo?) una. Posiblemente la mujer más fuerte que ha conocido. Maestra inigualable, madre como pocas —.
    — Apaga los fuegos artificiales que han estado encendidos durante todo el día de ayer por el día de la mujer. En su vida, realmente solo hay (¿hubo?) una. Posiblemente la mujer más fuerte que ha conocido. Maestra inigualable, madre como pocas —.
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  • — La luz del lunes se filtraba por las rendijas de los shoji no como un amanecer, sino como una intrusión no deseada. Era una claridad pálida y anémica que parecía haber perdido toda su energía al rebotar contra el manto helado del patio. El aire en la habitación era gélido, un contraste brutal con el nido de mantas que la Sacerdotisa acababa de abandonar.
    ​Permanecía de rodillas sobre el futón, con la silueta de su espalda tensándose mientras estiraba los brazos hacia el techo con un quejido sordo. Cada vértebra protestaba y sus músculos se sentían rígidos por el frío y la pesadez de una noche que se le hizo corta. Sus orejas de kitsune, generalmente alertas, caían con desgana, y sus párpados plomizos apenas dejaban ver sus ojos amatista, apagados por el cansancio. Una fina voluta de vapor se escapaba de sus labios con cada aliento, materializando el frío ambiental.

    ​—Mmm... Incluso los dioses deberían tener derecho a un día de descanso remunerado —murmuró con una voz rasposa, arrastrando las palabras con una pereza casi dolorosa—. ¿Quién tuvo la "brillante" ocurrencia de construir este lugar en la cima más alta y ventosa de la isla? ¿Para estar "más cerca de los cielos"?—

    ​Soltó una risa amarga que se quebró en un bostezo interminable, estirando su mandíbula hasta el límite antes de continuar con sarcasmo.

    ​—Ah, claro... fui yo. Qué conveniente es la memoria histórica cuando se trata de mis propios errores de diseño. Y aquí estoy, pagando las consecuencias de mi propio ego arquitectónico. Qué bárbaro es tener responsabilidades un lunes...
    🌸— La luz del lunes se filtraba por las rendijas de los shoji no como un amanecer, sino como una intrusión no deseada. Era una claridad pálida y anémica que parecía haber perdido toda su energía al rebotar contra el manto helado del patio. El aire en la habitación era gélido, un contraste brutal con el nido de mantas que la Sacerdotisa acababa de abandonar. ​Permanecía de rodillas sobre el futón, con la silueta de su espalda tensándose mientras estiraba los brazos hacia el techo con un quejido sordo. Cada vértebra protestaba y sus músculos se sentían rígidos por el frío y la pesadez de una noche que se le hizo corta. Sus orejas de kitsune, generalmente alertas, caían con desgana, y sus párpados plomizos apenas dejaban ver sus ojos amatista, apagados por el cansancio. Una fina voluta de vapor se escapaba de sus labios con cada aliento, materializando el frío ambiental. ​—Mmm... Incluso los dioses deberían tener derecho a un día de descanso remunerado —murmuró con una voz rasposa, arrastrando las palabras con una pereza casi dolorosa—. ¿Quién tuvo la "brillante" ocurrencia de construir este lugar en la cima más alta y ventosa de la isla? ¿Para estar "más cerca de los cielos"?— ​Soltó una risa amarga que se quebró en un bostezo interminable, estirando su mandíbula hasta el límite antes de continuar con sarcasmo. ​—Ah, claro... fui yo. Qué conveniente es la memoria histórica cuando se trata de mis propios errores de diseño. Y aquí estoy, pagando las consecuencias de mi propio ego arquitectónico. Qué bárbaro es tener responsabilidades un lunes...
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  • ¿Por que 100 dólares pasan a sentirse como un papel sin sentido? Es lo justo, supongo. El arte no tiene precio, lleva sudor y sangre, amor y constricción, esfuerzo y agonía. Sabe a poco cuando pienso en el artista volcando su corazón en mis manos... Entre mis dedos, una pequeña muestra de autentica existencia humana, tan magnifico en su significado tanto como humilde en su existencia. Mio, como algo puede ser entregado por moneda corriente, y suyo, de una manera que nadie podría arrebatarle nunca. Y en este momento, avasallante. Porque en esta transacción donde imaginamos intercambiar posesiones, acabamos perteneciendole a una pequeña obra de arte.
    ¿Por que 100 dólares pasan a sentirse como un papel sin sentido? Es lo justo, supongo. El arte no tiene precio, lleva sudor y sangre, amor y constricción, esfuerzo y agonía. Sabe a poco cuando pienso en el artista volcando su corazón en mis manos... Entre mis dedos, una pequeña muestra de autentica existencia humana, tan magnifico en su significado tanto como humilde en su existencia. Mio, como algo puede ser entregado por moneda corriente, y suyo, de una manera que nadie podría arrebatarle nunca. Y en este momento, avasallante. Porque en esta transacción donde imaginamos intercambiar posesiones, acabamos perteneciendole a una pequeña obra de arte.
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  • "El templo de la nieve..."

    *me trueno los puños mientras libero una llamarada de fuego de mi boca para derretir la nieve de la entrada pero simplemente vuelve a aparecer/regenerarse como si nada*

    "Donde la temperatura solo baja..."

    *simplemente continuo mi camino, la información que obtuve dice que el segundo error de Dios esta en uno de los templos sagrados y malditos del mundo, este es el segundo que visitó*
    "El templo de la nieve..." *me trueno los puños mientras libero una llamarada de fuego de mi boca para derretir la nieve de la entrada pero simplemente vuelve a aparecer/regenerarse como si nada* "Donde la temperatura solo baja..." *simplemente continuo mi camino, la información que obtuve dice que el segundo error de Dios esta en uno de los templos sagrados y malditos del mundo, este es el segundo que visitó*
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