• — De joven me sentía como Van Damme, te entiendo muchacho es difícil de creer que el de esa foto sea yo.— Lagrimea de la nostalgia, guarda la foto en su billetera.
    — De joven me sentía como Van Damme, te entiendo muchacho es difícil de creer que el de esa foto sea yo.— Lagrimea de la nostalgia, guarda la foto en su billetera.
    0 turnos 0 maullidos
  • ────────────────── 𝕸𝖊𝖗𝖈𝖆𝖙𝖔𝖗 𝖁𝖊𝖓𝖊𝖓𝖎.
    Categoría Aventura
    { Ambient: https://open.spotify.com/intl-es/track/6V8ERjRVcuP3FsKrCr2DL2?si=7786de6c1e6649ab }

    .



    La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia.

    Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque.

    Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar.

    Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible:
    una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto.

    Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos.

    Se detuvo un instante.

    A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella.
    Un carruaje.
    O algo parecido.
    El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha.

    Odette entrecerró apenas los ojos.

    No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes.

    Y muchísimo menos comerciantes armados.

    La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro.

    Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno.

    Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez.

    —Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también.

    Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura.

    —¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido?

    Un trueno distante resonó entre los árboles.

    Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio.
    Un silencio muerto. Expectante.
    { Ambient: https://open.spotify.com/intl-es/track/6V8ERjRVcuP3FsKrCr2DL2?si=7786de6c1e6649ab } . ༒ La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia. Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque. Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar. Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible: una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto. Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos. Se detuvo un instante. A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella. Un carruaje. O algo parecido. El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha. Odette entrecerró apenas los ojos. No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes. Y muchísimo menos comerciantes armados. La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro. Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno. Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez. —Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también. Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura. —¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido? Un trueno distante resonó entre los árboles. Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio. Un silencio muerto. Expectante.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    1 turno 0 maullidos
  • En mis pensamientos sigues pero debo seguir con mi deber como trazacaminos, anónima de expreso Astral, es importante ayudar y crear vínculos qué nos ayuden a futuro...

    Solo recueda donde sea que estés, estas palabras son solo para ti.

    "No tienes la culpa de nada, un amor construido en expectativas ajenas, es tan frágil como un copo de nieve, quien te ame te aceptará con tus defectos y virtudes, no te pedirá cambiar para encajar en su ideal, el amor es libertar, no ataduras, el amor es respetar la esencia misma de la persona amada, no obligarle a cambiar, el amor es construir, complementar..

    Porque pese a la distancia, el amor de la persona que realmente te ama, estará a tu lado, respetando tu libertad y tu esencia misma sin pedirte cambiar... "

    *Sonríe con melancolía tocado el cristal de la ventana*

    Además ya eres perfecto y valioso tal y como eres, respeto esa forma tuya de ser, junto a todo lo que te hace ser tu mismo, para mi eres una persona de lo mas maravillosa y especial....
    En mis pensamientos sigues pero debo seguir con mi deber como trazacaminos, anónima de expreso Astral, es importante ayudar y crear vínculos qué nos ayuden a futuro... Solo recueda donde sea que estés, estas palabras son solo para ti. "No tienes la culpa de nada, un amor construido en expectativas ajenas, es tan frágil como un copo de nieve, quien te ame te aceptará con tus defectos y virtudes, no te pedirá cambiar para encajar en su ideal, el amor es libertar, no ataduras, el amor es respetar la esencia misma de la persona amada, no obligarle a cambiar, el amor es construir, complementar.. Porque pese a la distancia, el amor de la persona que realmente te ama, estará a tu lado, respetando tu libertad y tu esencia misma sin pedirte cambiar... " *Sonríe con melancolía tocado el cristal de la ventana* Además ya eres perfecto y valioso tal y como eres, respeto esa forma tuya de ser, junto a todo lo que te hace ser tu mismo, para mi eres una persona de lo mas maravillosa y especial....
    0 turnos 0 maullidos

  • Para algunos chicos del salón soy un héroe.
    El tipo que aparece cuando los problemas empiezan.
    El que se mete en peleas aunque salga lastimado.
    El que no baja la cabeza frente a nadie.

    Pero para los pandilleros soy un villano.
    Un problema constante.
    Un chico que arruinó negocios, peleas callejeras y la reputación de más de uno.

    Aunque si tengo que ser sincero… ninguno de los dos está en lo correcto.

    Porque la verdad es más simple.
    Soy una porquería como persona.

    En resumidas palabras, ando de pelea en pelea.
    Los nudillos marcados, la cara llena de golpes y la cabeza peor que el cuerpo.
    No importa si es dentro de la escuela, en callejones, gimnasios clandestinos o estacionamientos vacíos. Siempre termino golpeando a alguien… o alguien termina golpeándome a mí.

    Todo empezó cuando era más chico.
    Aprendí rápido que en mi mundo el miedo era como sangre para los perros. Si mostrabas debilidad, estabas muerto. Así que me acostumbré a pelear antes de hablar. A mirar mal antes de confiar. A lanzar el primer golpe antes de terminar en el suelo.

    En la escuela me conocen como el estudiante problemático.
    El chico inteligente que desperdicia su vida.
    Profesores decepcionados.
    Compañeros que me tienen miedo.
    Y otros que me siguen como si fuera algún tipo de leyenda.

    Después de clases desaparezco en gimnasios de mala muerte.
    El sonido de los guantes golpeando el saco se volvió más familiar que cualquier voz humana.
    Boxeo, MMA, peleas clandestinas… cualquier cosa sirve mientras mi cabeza deje de pensar por unos minutos.

    Muchos creen que peleo para proteger gente.
    A veces es verdad.
    Pero otras veces solo estoy buscando una excusa para destruirme un poco más.

    Porque cada pelea me hace sentir vivo.
    Y al mismo tiempo me hunde más.

    Las noches son las peores.
    Vuelvo a casa con sangre seca en las manos, me miro al espejo y apenas reconozco al chico que tengo enfrente.
    Un estudiante modelo por fuera.
    Un monstruo cansado por dentro.

    Aun así, cuando alguien necesita ayuda… termino apareciendo.
    Tal vez porque sé lo que se siente estar solo.
    Tal vez porque en el fondo todavía quiero creer que no estoy completamente roto.

    Mi nombre es Kang Woo-min.
    Y aunque muchos me llamen héroe o villano… la realidad es que solo soy una mierda que esta perdido yque nunca aprendió otra forma de vivir que no fuera peleando.
    Para algunos chicos del salón soy un héroe. El tipo que aparece cuando los problemas empiezan. El que se mete en peleas aunque salga lastimado. El que no baja la cabeza frente a nadie. Pero para los pandilleros soy un villano. Un problema constante. Un chico que arruinó negocios, peleas callejeras y la reputación de más de uno. Aunque si tengo que ser sincero… ninguno de los dos está en lo correcto. Porque la verdad es más simple. Soy una porquería como persona. En resumidas palabras, ando de pelea en pelea. Los nudillos marcados, la cara llena de golpes y la cabeza peor que el cuerpo. No importa si es dentro de la escuela, en callejones, gimnasios clandestinos o estacionamientos vacíos. Siempre termino golpeando a alguien… o alguien termina golpeándome a mí. Todo empezó cuando era más chico. Aprendí rápido que en mi mundo el miedo era como sangre para los perros. Si mostrabas debilidad, estabas muerto. Así que me acostumbré a pelear antes de hablar. A mirar mal antes de confiar. A lanzar el primer golpe antes de terminar en el suelo. En la escuela me conocen como el estudiante problemático. El chico inteligente que desperdicia su vida. Profesores decepcionados. Compañeros que me tienen miedo. Y otros que me siguen como si fuera algún tipo de leyenda. Después de clases desaparezco en gimnasios de mala muerte. El sonido de los guantes golpeando el saco se volvió más familiar que cualquier voz humana. Boxeo, MMA, peleas clandestinas… cualquier cosa sirve mientras mi cabeza deje de pensar por unos minutos. Muchos creen que peleo para proteger gente. A veces es verdad. Pero otras veces solo estoy buscando una excusa para destruirme un poco más. Porque cada pelea me hace sentir vivo. Y al mismo tiempo me hunde más. Las noches son las peores. Vuelvo a casa con sangre seca en las manos, me miro al espejo y apenas reconozco al chico que tengo enfrente. Un estudiante modelo por fuera. Un monstruo cansado por dentro. Aun así, cuando alguien necesita ayuda… termino apareciendo. Tal vez porque sé lo que se siente estar solo. Tal vez porque en el fondo todavía quiero creer que no estoy completamente roto. Mi nombre es Kang Woo-min. Y aunque muchos me llamen héroe o villano… la realidad es que solo soy una mierda que esta perdido yque nunca aprendió otra forma de vivir que no fuera peleando.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Estabas plácidamente dormido... Era un sábado por la noche disfrutabas de la noche... Sin embargo... Una notificación perturba tu sueño... Ves de que se trata? Era tu compañera de casa? Al parecer había publicado algo en su Facebook una foto sugerente y un enlace a un stream...~ alguien había puesto la publicación en el lugar equivocado... Es tu decisión ir a ver qué hace en su habitacion~ mientras ves como el stream va empezando así:
    Estabas plácidamente dormido... Era un sábado por la noche disfrutabas de la noche... Sin embargo... Una notificación perturba tu sueño... Ves de que se trata? Era tu compañera de casa? Al parecer había publicado algo en su Facebook una foto sugerente y un enlace a un stream...~ alguien había puesto la publicación en el lugar equivocado... Es tu decisión ir a ver qué hace en su habitacion~ mientras ves como el stream va empezando así:
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Uno + Uno
    Categoría Otros
    Maldigo, un siseo visceral que la tormenta se traga.

    Tres de la mañana.
    El agua golpea el asfalto y rebota directo contra mis piernas.
    Pateo el suelo con rabia.

    Miro el maldito teléfono por quinta vez: nada.
    Mi chófer se ha esfumado y no responde.
    Voy a matarlo tan pronto tenga su carita a mi alcance.

    — Maldita sea.

    Escupo las palabras al teléfono, botándolo dentro de mi bolso.

    — Hijo de puta. Vas a pagar muy caro cada minuto de este maldito retraso.

    Las luces del hotel a mis espaldas iluminan la noche.
    La fiesta del penthouse es una basura.
    Idiotas corrientes y aburridos.
    Perras plásticas, falsas y complacientes.
    Bajé buscando aire, distancia y control.

    Ahora esto.

    El agua helada ya empapa mi cabello, resbala por mi cuello y se filtra bajo el vestido pegándolo a mi cuerpo como una segunda piel.
    El frío me eriza la piel, pero la furia me quema por dentro.
    Estoy atrapada, empapada y molesta.
    Maldigo, un siseo visceral que la tormenta se traga. Tres de la mañana. El agua golpea el asfalto y rebota directo contra mis piernas. Pateo el suelo con rabia. Miro el maldito teléfono por quinta vez: nada. Mi chófer se ha esfumado y no responde. Voy a matarlo tan pronto tenga su carita a mi alcance. — Maldita sea. Escupo las palabras al teléfono, botándolo dentro de mi bolso. — Hijo de puta. Vas a pagar muy caro cada minuto de este maldito retraso. Las luces del hotel a mis espaldas iluminan la noche. La fiesta del penthouse es una basura. Idiotas corrientes y aburridos. Perras plásticas, falsas y complacientes. Bajé buscando aire, distancia y control. Ahora esto. El agua helada ya empapa mi cabello, resbala por mi cuello y se filtra bajo el vestido pegándolo a mi cuerpo como una segunda piel. El frío me eriza la piel, pero la furia me quema por dentro. Estoy atrapada, empapada y molesta.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • 〔ᴹᴼᴺᴼᴿᴼᴸ〕

    𝐒𝖾𝗌𝗂ó𐓣 #1. 𝐎𝗍𝗋α 𝗏𝖾ƶ.


    —Mamá... Papá... —los sollozos de una niña hacían eco en la habitación. Las paredes estaban decoradas con manchas irregulares de sangre, las sábanas empapadas de rojo, una mano colgando del borde, dos cuerpos inmóviles.

    Alaska lloraba sin parar en el suelo, sin poder moverse y temblando sin cesar. Tampoco podía levantar la vista del suelo, viendo el charco formarse poco a poco. Tenía miedo de mirar hacia la cama. Y, aunque sabía que no iban a responder, ella siguió llamando a sus padres.

    El frío que recorrió su espalda poco después le dio náuseas, tanto que llegaron las arcadas, para nada salió. Pero había algo detrás de ella, podía sentirlo, solo no supo qué.

    El silencio llegó de golpe, como quedar sorda. Poco después empezaron los gritos, tan fuertes y distorsionados qje hicieron doler sus tímpanos. Ella gritó, cubriéndose ambas orejas.

    .
    .
    .

    —Entonces, Alaska, dices que has estado teniendo sueños recurrentes con el incidente de hace unos años —el hombre habló con voz suave y una mirada atenta—. Cuéntame un poco más. ¿En esos sueños estás reviviendo el evento tal cual como fue? ¿Hay algo diferente?

    Para entonces cada terapeuta y psiquiatra sabía la historia desde el inicio por sus registros detallados, había visto a tantos que perdió la cuenta, pero ya le daba igual.

    La chica no lo miraba, mantenía la vista en la esquina derecha del cuarto, en frente suyo. Pero sus ojos estaban perdidos. Todavía escuchaba los gritos y podía sentir la sangre caliente en sus rodillas.

    —¿Alaska?

    —No hay nada diferente —mintió, mirando al hombre—. Es igual... pero solo un momento, que se repite.

    —ᴍᴇɴᴛɪʀᴏsᴀ. ᴍᴇɴᴛɪʀᴏsᴀ. ᴀ ʟᴀs ɴɪñᴀs ǫᴜᴇ ᴍɪᴇɴᴛᴇɴ sᴇ ʟᴇs ᴄᴏʀᴛᴀ ʟᴀ ʟᴇɴɢᴜᴀ.

    —Estaba pensando... —habló de repente la pelinegra, reacomodándose en su asiento— ¿podría aumentar la dosis de los medicamentos?

    —¿Aumentar? ...Alaska, según tu expediente ya tienes dosis bastante altas que te han ajustado hace poco, podría haber muchos efectos secundarios. Más de los que queremos.

    —O solo con una. ¿Por favor?

    —¿Por qué quieres aumentar la dosis? ¿Qué es lo que experimentas?

    —Đɨłɇ ꝗᵾɇ s̷ɨ s̷ɨǥᵾɇ ħa̷ȼɨɇn̷đø ᵽɍɇǥᵾn̷ŧa̷s̷ łɇ va̷s̷ a̷ a̷ᵽła̷s̷ŧa̷ɍ ła̷ ȼa̷ƀɇƶa̷. Ø łø ᵽᵾɇđø ħa̷ȼɇɍ ɏø.

    —¡ᴺᵒ! ¡ᴰⁱˡᵉ ૧ᵘᵉ ᵛᵃˢ ᵃ ᶜᵒᵐᵉʳᵗᵉ ˢᵘˢ ⁱⁿᵗᵉˢᵗⁱⁿᵒˢ!

    —¿𝙔 𝙥𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙣𝙤 𝙨𝙤𝙡𝙤 𝙡𝙚 𝙘𝙤𝙧𝙩𝙖𝙨 𝙡𝙖 𝙜𝙖𝙧𝙜𝙖𝙣𝙩𝙖? ¡𝙃𝙖𝙯𝙡𝙤! —y un sinfín de comentarios de voces que no reconocía estaban taladrando su cabeza.

    Cerró los ojos, pasando las yemas de sus dedos por la sien izquierda. No quería quebrarse. No de nuevo. Si se dejaba llevar los iba a entretener y seguro iban a dejarla aislada de nuevo, como la última vez.

    —Yo...creo que mi cuerpo ya está desarrollando resistencia de nuevo. —la voz le tembló, no quiso abrir los ojos para evitar ver el rostro del hombre.

    El silencio solo sirvió para que las voces continuaran, se distorsionaran y luego... una especie de estática.

    —Seguiremos un poco más con las mismas dosis.

    —¡NO LO ENTIENDES! —golpeó la mesa con ambas palmas, viéndolo con frustración y una chispa de miedo que crecía en su interior. Se obligó a exhalar con lentitud— Por favor...

    —Lo siento, aún es muy pronto. —notó la lástima en él. No supo si eso la irritó más o la hizo derrumbarse de peor forma.

    Quedó muda. Discutir con un doctor como ellos siempre era difícil, pero no fue exactamente por eso que se calló. Fue más bien la imagen de sus padres detrás del sujeto, con rostros desfigurados, pero haciéndole saber que la observaban con severidad. Ahora no solo eran los entes usuales, sus padres la juzgaban también. Le recordaban su error. Todo era su culpa.

    Bajó la vista, tratando de evitar el llanto. Era enfermizo el siempre estar llorando. Le cansaba.

    —Quiero que la sesión se termine más temprano...
    〔ᴹᴼᴺᴼᴿᴼᴸ〕 𝐒𝖾𝗌𝗂ó𐓣 #1. 𝐎𝗍𝗋α 𝗏𝖾ƶ. —Mamá... Papá... —los sollozos de una niña hacían eco en la habitación. Las paredes estaban decoradas con manchas irregulares de sangre, las sábanas empapadas de rojo, una mano colgando del borde, dos cuerpos inmóviles. Alaska lloraba sin parar en el suelo, sin poder moverse y temblando sin cesar. Tampoco podía levantar la vista del suelo, viendo el charco formarse poco a poco. Tenía miedo de mirar hacia la cama. Y, aunque sabía que no iban a responder, ella siguió llamando a sus padres. El frío que recorrió su espalda poco después le dio náuseas, tanto que llegaron las arcadas, para nada salió. Pero había algo detrás de ella, podía sentirlo, solo no supo qué. El silencio llegó de golpe, como quedar sorda. Poco después empezaron los gritos, tan fuertes y distorsionados qje hicieron doler sus tímpanos. Ella gritó, cubriéndose ambas orejas. . . . —Entonces, Alaska, dices que has estado teniendo sueños recurrentes con el incidente de hace unos años —el hombre habló con voz suave y una mirada atenta—. Cuéntame un poco más. ¿En esos sueños estás reviviendo el evento tal cual como fue? ¿Hay algo diferente? Para entonces cada terapeuta y psiquiatra sabía la historia desde el inicio por sus registros detallados, había visto a tantos que perdió la cuenta, pero ya le daba igual. La chica no lo miraba, mantenía la vista en la esquina derecha del cuarto, en frente suyo. Pero sus ojos estaban perdidos. Todavía escuchaba los gritos y podía sentir la sangre caliente en sus rodillas. —¿Alaska? —No hay nada diferente —mintió, mirando al hombre—. Es igual... pero solo un momento, que se repite. —ᴍᴇɴᴛɪʀᴏsᴀ. ᴍᴇɴᴛɪʀᴏsᴀ. ᴀ ʟᴀs ɴɪñᴀs ǫᴜᴇ ᴍɪᴇɴᴛᴇɴ sᴇ ʟᴇs ᴄᴏʀᴛᴀ ʟᴀ ʟᴇɴɢᴜᴀ. —Estaba pensando... —habló de repente la pelinegra, reacomodándose en su asiento— ¿podría aumentar la dosis de los medicamentos? —¿Aumentar? ...Alaska, según tu expediente ya tienes dosis bastante altas que te han ajustado hace poco, podría haber muchos efectos secundarios. Más de los que queremos. —O solo con una. ¿Por favor? —¿Por qué quieres aumentar la dosis? ¿Qué es lo que experimentas? —Đɨłɇ ꝗᵾɇ s̷ɨ s̷ɨǥᵾɇ ħa̷ȼɨɇn̷đø ᵽɍɇǥᵾn̷ŧa̷s̷ łɇ va̷s̷ a̷ a̷ᵽła̷s̷ŧa̷ɍ ła̷ ȼa̷ƀɇƶa̷. Ø łø ᵽᵾɇđø ħa̷ȼɇɍ ɏø. —¡ᴺᵒ! ¡ᴰⁱˡᵉ ૧ᵘᵉ ᵛᵃˢ ᵃ ᶜᵒᵐᵉʳᵗᵉ ˢᵘˢ ⁱⁿᵗᵉˢᵗⁱⁿᵒˢ! —¿𝙔 𝙥𝙤𝙧 𝙦𝙪é 𝙣𝙤 𝙨𝙤𝙡𝙤 𝙡𝙚 𝙘𝙤𝙧𝙩𝙖𝙨 𝙡𝙖 𝙜𝙖𝙧𝙜𝙖𝙣𝙩𝙖? ¡𝙃𝙖𝙯𝙡𝙤! —y un sinfín de comentarios de voces que no reconocía estaban taladrando su cabeza. Cerró los ojos, pasando las yemas de sus dedos por la sien izquierda. No quería quebrarse. No de nuevo. Si se dejaba llevar los iba a entretener y seguro iban a dejarla aislada de nuevo, como la última vez. —Yo...creo que mi cuerpo ya está desarrollando resistencia de nuevo. —la voz le tembló, no quiso abrir los ojos para evitar ver el rostro del hombre. El silencio solo sirvió para que las voces continuaran, se distorsionaran y luego... una especie de estática. —Seguiremos un poco más con las mismas dosis. —¡NO LO ENTIENDES! —golpeó la mesa con ambas palmas, viéndolo con frustración y una chispa de miedo que crecía en su interior. Se obligó a exhalar con lentitud— Por favor... —Lo siento, aún es muy pronto. —notó la lástima en él. No supo si eso la irritó más o la hizo derrumbarse de peor forma. Quedó muda. Discutir con un doctor como ellos siempre era difícil, pero no fue exactamente por eso que se calló. Fue más bien la imagen de sus padres detrás del sujeto, con rostros desfigurados, pero haciéndole saber que la observaban con severidad. Ahora no solo eran los entes usuales, sus padres la juzgaban también. Le recordaban su error. Todo era su culpa. Bajó la vista, tratando de evitar el llanto. Era enfermizo el siempre estar llorando. Le cansaba. —Quiero que la sesión se termine más temprano...
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • X-Men eh? Sí, me caen bien. Son como nosotros solo que con peor prensa, más trauma y una mansión que explota cada seis meses.
    X-Men eh? Sí, me caen bien. Son como nosotros solo que con peor prensa, más trauma y una mansión que explota cada seis meses.
    Me enjaja
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Keinshi
    UN ENCUENTRO INEVITABLE (Prólogo)

    [Después de una larga jornada laboral Alexander finalmente salió de la oficina y camino por la zona centro de la ciudad, todo parecía tranquilo hasta que doblo en una calle donde no habían personas alrededor]

    Emily: oye ya me está dando hambre, ¿Matamos a alguien? No importa si es alguien inocente será por una buena causa.

    Creí que esto ya lo habíamos hablado antes, nada de matar inocentes o sino vamos a llamar demasiado la atención y no queremos que eso pase ¿Verdad?

    Emily: aish está bien que aburrido resultas ser aveces.. ¿Porque eres tan serio? Hmm..

    ¿Que sucede?

    Emily: esto no me gusta nada.. ¿Quien es ese sujeto de allá..?

    -en ese momento tras escuchar a Emily levanté la vista al frente observando a un extraño sujeto de cabello oscuro y ojos morados acercándose a paso lento pero cuando me detuve a verlo este hizo lo mismo-

    Quien es ese, ¿Acaso lo conoces?

    Emily: no tengo ni la más mínima idea de quien sea pero algo te puedo asegurar y es que el me provoca una sensación que hace más de mil años no siento.. son escalofríos y me recorren todo el cuerpo..

    Y eso que viene a ser, ¿Bueno o malo?

    Emily: obviamente es malo.. significa que estamos frente a alguien poderoso, escuchame solo sigue caminando hacia el y pasemos por al lado como si nada.

    -tras escuchar la orden de Emily comenzaría a caminar acercándome a aquel muchacho que al igual que yo también empezó a avanzar, ambos sin quitar esa mirada fría de nuestros rostros-

    Emily: su mirada es como recibir un disparo entre los ojos.. es alguien digno de temer..

    Ghmm..

    [Finalmente ambos chicos pasaron uno por al lado del otro y no se alejarían sin antes verse entre ellos de reojo como si se estuvieran desafiando.. una vez que Alexander se alejo lo suficiente soltó un suspiro de alivio y continuo su camino de regreso a casa]
    [orbit_copper_owl_779] UN ENCUENTRO INEVITABLE (Prólogo) [Después de una larga jornada laboral Alexander finalmente salió de la oficina y camino por la zona centro de la ciudad, todo parecía tranquilo hasta que doblo en una calle donde no habían personas alrededor] Emily: oye ya me está dando hambre, ¿Matamos a alguien? No importa si es alguien inocente será por una buena causa. Creí que esto ya lo habíamos hablado antes, nada de matar inocentes o sino vamos a llamar demasiado la atención y no queremos que eso pase ¿Verdad? Emily: aish está bien que aburrido resultas ser aveces.. ¿Porque eres tan serio? Hmm.. ¿Que sucede? Emily: esto no me gusta nada.. ¿Quien es ese sujeto de allá..? -en ese momento tras escuchar a Emily levanté la vista al frente observando a un extraño sujeto de cabello oscuro y ojos morados acercándose a paso lento pero cuando me detuve a verlo este hizo lo mismo- Quien es ese, ¿Acaso lo conoces? Emily: no tengo ni la más mínima idea de quien sea pero algo te puedo asegurar y es que el me provoca una sensación que hace más de mil años no siento.. son escalofríos y me recorren todo el cuerpo.. Y eso que viene a ser, ¿Bueno o malo? Emily: obviamente es malo.. significa que estamos frente a alguien poderoso, escuchame solo sigue caminando hacia el y pasemos por al lado como si nada. -tras escuchar la orden de Emily comenzaría a caminar acercándome a aquel muchacho que al igual que yo también empezó a avanzar, ambos sin quitar esa mirada fría de nuestros rostros- Emily: su mirada es como recibir un disparo entre los ojos.. es alguien digno de temer.. Ghmm.. [Finalmente ambos chicos pasaron uno por al lado del otro y no se alejarían sin antes verse entre ellos de reojo como si se estuvieran desafiando.. una vez que Alexander se alejo lo suficiente soltó un suspiro de alivio y continuo su camino de regreso a casa]
    Me gusta
    1
    1 turno 0 maullidos
  • 。 𝗔𝗹𝗹 𝘁𝗵𝗮𝘁 𝗴𝗹𝗶𝘁𝘁𝗲𝗿𝘀 𝗶𝘀 𝗻𝗼𝘁 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝗴𝗼𝗹𝗱.
    Categoría Original
    La cámara subterránea apestaba a una mezcla entre vísceras hinchadas por la descomposición y a carne quemada.

    No era un olor normal, ni una combinación común.

    El hombre sintió cómo la pestilencia le bajaba por la garganta y se le pegaba al paladar como grasa rancia.

    Tragó saliva con total asco mientras la antorcha escupía humo negro contra el techo.

    La luz temblorosa arrancaba formas deformes de las paredes: manchas oscuras, costras secas y salpicaduras que, en algún punto, habían sido sangre humana.

    Incluso había uñas incrustadas entre las piedras.

    Docenas.

    Algunas todavía conservaban fragmentos de dedos ennegrecidos.

    —Mierda... —escupió, cubriéndose la nariz con el antebrazo—. Qué clase de degenerado construye un lugar así...

    El suelo crujía bajo sus botas.

    No por ser grava.

    Sino por ser huesos.

    Costillas quebradas, vértebras pulverizadas y dientes humanos mezclados con barro húmedo. Cada paso trituraba restos amarillentos que llevaban años pudriéndose bajo aquella oscuridad sofocante.

    Había pelos pegados entre las grietas de las piedras. Trozos de cuero cabelludo seco adheridos como un enfermizo musgo.

    Y en medio de todo eso...

    Un ataúd descansaba sobre una plataforma de mármol negro; como una joya caída del cielo en mitad de un osario.

    Era exquisito.

    No había otra palabra.

    La estructura entera estaba construida con una madera tan oscura y pulida que parecía obsidiana líquida. Filigranas de oro recorrían cada borde formando patrones delicados de flores entrelazadas. Rubíes enormes ardían bajo la luz de la antorcha como gotas de sangre fresca atrapadas en cristal. Zafiros del tamaño de huevos brillaban incrustados entre líneas de plata pura. Diamantes pequeños estaban cuidadosamente encajados formando constelaciones diminutas sobre la tapa.

    Eso valía reinos enteros, tanto que podría ser la razón para causar varias guerras.

    Aquel ataúd no pertenecía a una tumba.

    Parecía un altar dedicado a la avaricia humana.

    Y quizá, lo más curioso era ese enorme lazo...

    Daba la sensación de que todo era un regalo finamente envuelto, pero prefirió ignorar esa mortífera idea.

    El cazador silbó entre dientes.

    —Mierda... —murmuró, acercándose lentamente—. Con esto podría retirarme, comprar una jodida taberna y morir ahí...

    La luz del fuego danzaba sobre el oro, haciendo que todo el sarcófago brillara con una belleza obscena en medio de aquella podredumbre. Ni una mota de polvo descansaba sobre el ataúd.

    Las gemas estaban impecables. El metal relucía como recién pulido.

    Demasiado perfecto.

    Demasiado limpio.

    El hombre apoyó una mano sobre la tapa ornamentada.

    El oro estaba tibio.

    Eso le desagradó más de lo que le gustaría admitir.

    Hizo un poco de fuerza.

    Y el ataúd se abrió con un gemido espeso, casi como un grito ahogado en dolor.

    El olor golpeó primero.

    No era putrefacción.

    Era algo mucho peor.

    Sangre fresca mezclada con un perfume dulzón. Carne troceada. Flores marchitas flotando sobre un pantano de vísceras.

    El cazador retrocedió un paso automáticamente.

    Dentro no había un cadáver.

    Había una mujer.

    Inmóvil sobre terciopelo rojo empapado de sangre vieja.

    Piel blanca. Demasiado blanca. Tensada sobre los huesos como cera húmeda.

    El vestido de seda seguía intacto. Puro. Inmaculado.

    Contrastando horriblemente con los restos humanos que la rodeaban.

    El hombre sintió un escalofrío reptándole por la espalda.

    No por miedo.

    Era repulsión pura.
    La cámara subterránea apestaba a una mezcla entre vísceras hinchadas por la descomposición y a carne quemada. No era un olor normal, ni una combinación común. El hombre sintió cómo la pestilencia le bajaba por la garganta y se le pegaba al paladar como grasa rancia. Tragó saliva con total asco mientras la antorcha escupía humo negro contra el techo. La luz temblorosa arrancaba formas deformes de las paredes: manchas oscuras, costras secas y salpicaduras que, en algún punto, habían sido sangre humana. Incluso había uñas incrustadas entre las piedras. Docenas. Algunas todavía conservaban fragmentos de dedos ennegrecidos. —Mierda... —escupió, cubriéndose la nariz con el antebrazo—. Qué clase de degenerado construye un lugar así... El suelo crujía bajo sus botas. No por ser grava. Sino por ser huesos. Costillas quebradas, vértebras pulverizadas y dientes humanos mezclados con barro húmedo. Cada paso trituraba restos amarillentos que llevaban años pudriéndose bajo aquella oscuridad sofocante. Había pelos pegados entre las grietas de las piedras. Trozos de cuero cabelludo seco adheridos como un enfermizo musgo. Y en medio de todo eso... Un ataúd descansaba sobre una plataforma de mármol negro; como una joya caída del cielo en mitad de un osario. Era exquisito. No había otra palabra. La estructura entera estaba construida con una madera tan oscura y pulida que parecía obsidiana líquida. Filigranas de oro recorrían cada borde formando patrones delicados de flores entrelazadas. Rubíes enormes ardían bajo la luz de la antorcha como gotas de sangre fresca atrapadas en cristal. Zafiros del tamaño de huevos brillaban incrustados entre líneas de plata pura. Diamantes pequeños estaban cuidadosamente encajados formando constelaciones diminutas sobre la tapa. Eso valía reinos enteros, tanto que podría ser la razón para causar varias guerras. Aquel ataúd no pertenecía a una tumba. Parecía un altar dedicado a la avaricia humana. Y quizá, lo más curioso era ese enorme lazo... Daba la sensación de que todo era un regalo finamente envuelto, pero prefirió ignorar esa mortífera idea. El cazador silbó entre dientes. —Mierda... —murmuró, acercándose lentamente—. Con esto podría retirarme, comprar una jodida taberna y morir ahí... La luz del fuego danzaba sobre el oro, haciendo que todo el sarcófago brillara con una belleza obscena en medio de aquella podredumbre. Ni una mota de polvo descansaba sobre el ataúd. Las gemas estaban impecables. El metal relucía como recién pulido. Demasiado perfecto. Demasiado limpio. El hombre apoyó una mano sobre la tapa ornamentada. El oro estaba tibio. Eso le desagradó más de lo que le gustaría admitir. Hizo un poco de fuerza. Y el ataúd se abrió con un gemido espeso, casi como un grito ahogado en dolor. El olor golpeó primero. No era putrefacción. Era algo mucho peor. Sangre fresca mezclada con un perfume dulzón. Carne troceada. Flores marchitas flotando sobre un pantano de vísceras. El cazador retrocedió un paso automáticamente. Dentro no había un cadáver. Había una mujer. Inmóvil sobre terciopelo rojo empapado de sangre vieja. Piel blanca. Demasiado blanca. Tensada sobre los huesos como cera húmeda. El vestido de seda seguía intacto. Puro. Inmaculado. Contrastando horriblemente con los restos humanos que la rodeaban. El hombre sintió un escalofrío reptándole por la espalda. No por miedo. Era repulsión pura.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados