• Después de varias de horas de papeleo la Maestra Intendente se había parado de su escritorio, solo para estirar las piernas un poco, miró por la ventana, miró hacia la puerta cerrada, no había nadie mas que ella. Por un momento dejó pasar que era una recatada dama, y aquella impulsiva, rebelde y libre Jean de la academia salió por un momento, extendió sus brazos al techo, estiró sus brazos lo más que puedo mientras cerraba los ojos y suspiraba a ojos cerrados con un ligero alivió sintiendo como su espalda se iba arqueando marcando estéticamente la curvatura de su espalda, sintió como su columna se estiraba, como tronaban sus tensos hombros y algunos huesitos de su espina.

    -¡Mmmh! ¡Aaah!,,

    Incluso sus piernas se estiraron, casi por reflejo se paró de puntitas sobre sus botas y sintió como todo su cuerpo se desentumía. flexionó su brazo izquierdo a la altura de su hombro y giró bruscamente en esa dirección su cintura 3 veces, escuchó un "Crack" suspiró un poco y sonrió aliviada, hizo lo mismo hacia el otro lado.

    -Por el Arconte Anemo... Si necesitaba estirarme un poco~...

    Caminó por su oficina dando unos silenciosos pasos y se topó con un estuche que no habría en mucho tiempo, a pesar de ello, no había polvo, ni una sola partícula de polvo en aquella casi estéril oficina, en sus labios se dibujó una sonrisa y pasó sus yemas por el estuche con una suave caricia, lo abrió y en el se encontraba un violín.

    -¿Será?...

    Se preguntó a si misma sonriendo un poco, se preguntaba si aún se acordaba de como tocarlo. Lo tomó con la delicadeza de una dama, lo puso en su hombro y apoyó suavemente su mejilla en el descanso del instrumentó, tomó el arco y lo deslizó entre las cuerdas perfectamente afinadas del violín. Sus ojos se cerraron y sus labios sonrieron, no había olvidado en absoluto como tocar. Continuó con una suave pieza.
    Después de varias de horas de papeleo la Maestra Intendente se había parado de su escritorio, solo para estirar las piernas un poco, miró por la ventana, miró hacia la puerta cerrada, no había nadie mas que ella. Por un momento dejó pasar que era una recatada dama, y aquella impulsiva, rebelde y libre Jean de la academia salió por un momento, extendió sus brazos al techo, estiró sus brazos lo más que puedo mientras cerraba los ojos y suspiraba a ojos cerrados con un ligero alivió sintiendo como su espalda se iba arqueando marcando estéticamente la curvatura de su espalda, sintió como su columna se estiraba, como tronaban sus tensos hombros y algunos huesitos de su espina. -¡Mmmh! ¡Aaah!,, Incluso sus piernas se estiraron, casi por reflejo se paró de puntitas sobre sus botas y sintió como todo su cuerpo se desentumía. flexionó su brazo izquierdo a la altura de su hombro y giró bruscamente en esa dirección su cintura 3 veces, escuchó un "Crack" suspiró un poco y sonrió aliviada, hizo lo mismo hacia el otro lado. -Por el Arconte Anemo... Si necesitaba estirarme un poco~... Caminó por su oficina dando unos silenciosos pasos y se topó con un estuche que no habría en mucho tiempo, a pesar de ello, no había polvo, ni una sola partícula de polvo en aquella casi estéril oficina, en sus labios se dibujó una sonrisa y pasó sus yemas por el estuche con una suave caricia, lo abrió y en el se encontraba un violín. -¿Será?... Se preguntó a si misma sonriendo un poco, se preguntaba si aún se acordaba de como tocarlo. Lo tomó con la delicadeza de una dama, lo puso en su hombro y apoyó suavemente su mejilla en el descanso del instrumentó, tomó el arco y lo deslizó entre las cuerdas perfectamente afinadas del violín. Sus ojos se cerraron y sus labios sonrieron, no había olvidado en absoluto como tocar. Continuó con una suave pieza.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ¿Porque soy diferente?

    *Hizo una pregunta que solo fue respondida con un inmenso silencio, nadie estaba ahora con ella y todo lo que le rodea era una oscuridad y un profundo silencio, hilos sujetando sus cabellos, mientras ella estaba de rodillas en el piso en aquella habitación. *

    ¿Este es el peso que debo cargar?

    *Volvio a hacer una pregunta obviamente sin obtener respuesta, unas manos desde las sombras comenzaron a acercarse a ella, nunca a nadie le mostró ese lado vulnerable de ella, tomo la decisión de cargar con todo eso ella sola no por egoísmo, es porque no sabe como comunicar esa pesada carga que golpea constantemente su corazón, pensó en su familia, en la persona que le cautivo, suspira con pesadez qué parecía quemarle por dentro, Lilithia no tenía como expresar ese pesar, solo le queda soportar todo, sus cuerpo temblando de impotencia, mientras estaba en ese ambiente donde nadie podría llegar a ella.

    Pues ella misma puso una barrera mágica pues deseaba momentos en soledad. *
    ¿Porque soy diferente? *Hizo una pregunta que solo fue respondida con un inmenso silencio, nadie estaba ahora con ella y todo lo que le rodea era una oscuridad y un profundo silencio, hilos sujetando sus cabellos, mientras ella estaba de rodillas en el piso en aquella habitación. * ¿Este es el peso que debo cargar? *Volvio a hacer una pregunta obviamente sin obtener respuesta, unas manos desde las sombras comenzaron a acercarse a ella, nunca a nadie le mostró ese lado vulnerable de ella, tomo la decisión de cargar con todo eso ella sola no por egoísmo, es porque no sabe como comunicar esa pesada carga que golpea constantemente su corazón, pensó en su familia, en la persona que le cautivo, suspira con pesadez qué parecía quemarle por dentro, Lilithia no tenía como expresar ese pesar, solo le queda soportar todo, sus cuerpo temblando de impotencia, mientras estaba en ese ambiente donde nadie podría llegar a ella. Pues ella misma puso una barrera mágica pues deseaba momentos en soledad. *
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Billy regreso a la iglesia en el bosque de Westview, había quedado remanente de su magia ahí, al entrar a las ruinas destrozadas observo algo extraño, las piedras se habían reformado a una especie de estatua que le parecia muy extraña, tenia una vestimenta y una corona extraña

    — Al menos aquí tendre paz...

    Llevaba en sus manos un libro extraño, era el mismo que había encontrado por ahí, empezó a leer y reepazar los hechizos, estuvo ahí y así todo el día hasta que su reloj sonó, como último hechizo lanzo una bola de energía con su esencia (saliva) a unas piedras de por ahí al ver qué "no paso nada" hizo una mueva y regreso a su casa atravesó de un portal, pero después de que se fue aquellas piedras...
    Billy regreso a la iglesia en el bosque de Westview, había quedado remanente de su magia ahí, al entrar a las ruinas destrozadas observo algo extraño, las piedras se habían reformado a una especie de estatua que le parecia muy extraña, tenia una vestimenta y una corona extraña — Al menos aquí tendre paz... Llevaba en sus manos un libro extraño, era el mismo que había encontrado por ahí, empezó a leer y reepazar los hechizos, estuvo ahí y así todo el día hasta que su reloj sonó, como último hechizo lanzo una bola de energía con su esencia (saliva) a unas piedras de por ahí al ver qué "no paso nada" hizo una mueva y regreso a su casa atravesó de un portal, pero después de que se fue aquellas piedras...
    0 turnos 0 maullidos
  • No sale mi cara, te dije que eras muy bajita para tomar la foto

    Lo bueno es que así como eres mala para tomar fotos, eres buena para otras cosas.
    No sale mi cara, te dije que eras muy bajita para tomar la foto Lo bueno es que así como eres mala para tomar fotos, eres buena para otras cosas.
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Bueno la remodelación de la cocina del castillo ya que totalmente lista! Y como hace un tiempo no cocino nada... Vamos a provar que tal quedó todo!

    -Sonrie con emoción, toma un mandil para atarcelo al rededor de la cintura y luego toma todo su cabello para hacerse una coleta alta-

    Okey ahora sí estoy lista... Vamos a cocinar algo delicioso!
    Bueno la remodelación de la cocina del castillo ya que totalmente lista! Y como hace un tiempo no cocino nada... Vamos a provar que tal quedó todo! -Sonrie con emoción, toma un mandil para atarcelo al rededor de la cintura y luego toma todo su cabello para hacerse una coleta alta- Okey ahora sí estoy lista... Vamos a cocinar algo delicioso!
    Me gusta
    Me encocora
    10
    5 turnos 0 maullidos
  • Hacía unos años que las cosas no eran lo mismo en el reino, el ambiente festivo y cálido que sus habitantes aportaban poco a poco se desvanecía como si lo hubiesen gastado todo, pero no era culpa de ellos.

    Rose enviaba a sus soldados más seguido a atacar otros reinos, volvían con más prisioneros, o en ocasiones sin prisioneros, pero meses después se enterarían de que dicho reino ya no existía; ahora era una colonia más de Rose.

    Rose se reunía con otros líderes o los virreyes de sus colonias para acordar el futuro de estos, a quienes pasaría la corona, pues estaba paranoica sobre quienes podrían subir al mando.
    No confiaba en nadie, y nadie entendía del todo por qué.

    No sabían si se debía al rumor sobre la bestia que habitaba el castillo, decían que se escapaba en las noches, ¿era acaso que la reina temía que descubrieran su secreto?
    Lo que la mayoría creía era que su miedo se debía a la amenaza que su familia recibió tiempo atrás, donde todo Nounei se vio bajo amenaza de muerte.

    No lo sabían, nadie entendía del todo qué fue.

    Estaba sentada en su trono, rodeado de cortinas largas que apenas dejaban ver su silueta. Del techo colgaban abalorios, cuentas, hierbas, múltiples dijes con símbolos de protección que rodeaban el área del trono donde Rose parecía esperar, como un depredador esperando a lanzarse, a explotar contra la más mínima amenaza.
    Hacía unos años que las cosas no eran lo mismo en el reino, el ambiente festivo y cálido que sus habitantes aportaban poco a poco se desvanecía como si lo hubiesen gastado todo, pero no era culpa de ellos. Rose enviaba a sus soldados más seguido a atacar otros reinos, volvían con más prisioneros, o en ocasiones sin prisioneros, pero meses después se enterarían de que dicho reino ya no existía; ahora era una colonia más de Rose. Rose se reunía con otros líderes o los virreyes de sus colonias para acordar el futuro de estos, a quienes pasaría la corona, pues estaba paranoica sobre quienes podrían subir al mando. No confiaba en nadie, y nadie entendía del todo por qué. No sabían si se debía al rumor sobre la bestia que habitaba el castillo, decían que se escapaba en las noches, ¿era acaso que la reina temía que descubrieran su secreto? Lo que la mayoría creía era que su miedo se debía a la amenaza que su familia recibió tiempo atrás, donde todo Nounei se vio bajo amenaza de muerte. No lo sabían, nadie entendía del todo qué fue. Estaba sentada en su trono, rodeado de cortinas largas que apenas dejaban ver su silueta. Del techo colgaban abalorios, cuentas, hierbas, múltiples dijes con símbolos de protección que rodeaban el área del trono donde Rose parecía esperar, como un depredador esperando a lanzarse, a explotar contra la más mínima amenaza.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    1 turno 0 maullidos
  • 𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝑆𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑁𝑒𝑔𝑟𝑎
    Fandom OC
    Categoría Fantasía
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante.

    En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro.

    Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas.

    Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos.

    Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe.

    Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie.
    Hasta que me rodearon por completo.
    Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro.
    Todo se volvió negro dentro del acero.

    Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío.

    Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural.

    — Un monstruo... — Susurró uno.

    Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose.
    Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza.

    En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante. En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro. Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas. Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos. Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe. Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie. Hasta que me rodearon por completo. Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro. Todo se volvió negro dentro del acero. Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío. Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural. — Un monstruo... — Susurró uno. Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose. Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza. En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    40
    Estado
    Terminado
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ×ᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠ
    ᅠᅠᅠᅠᅠᅠ
    ᅠᅠᅠno existe en ella lo que se conoce como "𝐛𝐞𝐥𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐟𝐞𝐦𝐞𝐧𝐢𝐧𝐚"; es grande; tosca, su cuerpo es mas musculosos que el de algunos varones, tiene cicatrices que rompen el patrón de una piel perfecta, por que jamás podrá usar el título de 𝗿𝗲𝗶𝗻𝗮 , pues para eso primero tendría que haber sido una princesa, que jamás fue.
    batallas, unas tras otras, su cuerpo era acariciando con filos de espadas, no con 𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬, no con 𝐛𝐞𝐬𝐨𝐬 o 𝐜𝐚𝐫𝐢𝐜𝐢𝐚𝐬, por que Titania es una bestia, una que jamas conocerá la sensibilidad que puede representar una mujer, por que eso es un lujo que ella 𝐧𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐢𝐭𝐢𝐫𝐬𝐞.
    ×ᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠno existe en ella lo que se conoce como "𝐛𝐞𝐥𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐟𝐞𝐦𝐞𝐧𝐢𝐧𝐚"; es grande; tosca, su cuerpo es mas musculosos que el de algunos varones, tiene cicatrices que rompen el patrón de una piel perfecta, por que jamás podrá usar el título de 𝗿𝗲𝗶𝗻𝗮 , pues para eso primero tendría que haber sido una princesa, que jamás fue. batallas, unas tras otras, su cuerpo era acariciando con filos de espadas, no con 𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬, no con 𝐛𝐞𝐬𝐨𝐬 o 𝐜𝐚𝐫𝐢𝐜𝐢𝐚𝐬, por que Titania es una bestia, una que jamas conocerá la sensibilidad que puede representar una mujer, por que eso es un lujo que ella 𝐧𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐢𝐭𝐢𝐫𝐬𝐞.
    Me encocora
    Me endiabla
    Me shockea
    Me gusta
    8
    1 turno 0 maullidos
  • Nada como un refresquito para un día caluroso. -Exclamaba contento el oni.-
    Nada como un refresquito para un día caluroso. -Exclamaba contento el oni.-
    0 turnos 0 maullidos
  • *Me aproximo más a la silueta. Aún a una distancia cercana sus rasgos son indistingibles. Probablemente consecuencia de la realidad fragmentada en la que me encuentro*

    -¡RESPONDE!. ¿Quién eres?.

    Silueta del desconocido/a: *Con una voz distorsianda dice*
    -No es relevante. Me parece más interesante saber porque estas aquí. Un humano que no esta vivo ni muerto. Un "fracturado".

    *Mi rostro palidece* -¿Cómo me has llamado?. Tú no sabes nada acerca de mí. No tienes idea. Como te atreves a... *Intento acercarme pero en mi cuerpo comienzan aparecer grietas a medidas que me acerco. Me freno de golpe*

    Silueta del desconocido/a: *Con el mismo tono de vos distorsionado sin alterarse en lo más mínimo prosigue* -Tú eres el que no se conoce a sí mismo. No comprendes tu verdadera naturaleza. Mientras eso ocurra estarás siempre distante de saber la verdad. Insisto que no soy relevante. Lo verdaderamente importante es mi arte. Devolveré el multiverso a su verdadera forma. Como siempre debió haber sido. *Alzando sus manos provoca más grietas de fracturas. Una de estas me absorbe violentamente*

    -¿Qué?. Miserable... Aún no hemos terminado de hablar. *Extiendo una mano y esta se hace trizas. Como si de una fractura se tratase. Mi resistencia es inútil. Soy absorvido por una de las grietas. Hacia una destinación desconocida. Quedándome con más preguntas que respuestas ante este misterioso encuentro*


    //Jero Rael💀 ¡Attenzione!. Este personaje será importante en el futuro. Potencial para antagonista post Alhoon.
    *Me aproximo más a la silueta. Aún a una distancia cercana sus rasgos son indistingibles. Probablemente consecuencia de la realidad fragmentada en la que me encuentro* -¡RESPONDE!. ¿Quién eres?. Silueta del desconocido/a: *Con una voz distorsianda dice* -No es relevante. Me parece más interesante saber porque estas aquí. Un humano que no esta vivo ni muerto. Un "fracturado". *Mi rostro palidece* -¿Cómo me has llamado?. Tú no sabes nada acerca de mí. No tienes idea. Como te atreves a... *Intento acercarme pero en mi cuerpo comienzan aparecer grietas a medidas que me acerco. Me freno de golpe* Silueta del desconocido/a: *Con el mismo tono de vos distorsionado sin alterarse en lo más mínimo prosigue* -Tú eres el que no se conoce a sí mismo. No comprendes tu verdadera naturaleza. Mientras eso ocurra estarás siempre distante de saber la verdad. Insisto que no soy relevante. Lo verdaderamente importante es mi arte. Devolveré el multiverso a su verdadera forma. Como siempre debió haber sido. *Alzando sus manos provoca más grietas de fracturas. Una de estas me absorbe violentamente* -¿Qué?. Miserable... Aún no hemos terminado de hablar. *Extiendo una mano y esta se hace trizas. Como si de una fractura se tratase. Mi resistencia es inútil. Soy absorvido por una de las grietas. Hacia una destinación desconocida. Quedándome con más preguntas que respuestas ante este misterioso encuentro* //[Jeroaberration0] ¡Attenzione!. Este personaje será importante en el futuro. Potencial para antagonista post Alhoon.
    Me shockea
    4
    6 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados