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    En este crepúsculo sin sombra,
    en los que arden los deseos de un apremio que llega sin anunciación,
    reverencio a tu corazón entre enjambres sagrados,
    Virgen entre suspiros conocida.

    Un néctar fino emerge de tus labios.
    El carmín de tus maneras, como ondulas con el violáceo matiz de tu sonrisa,
    que es un embriagador licor de naranjas, ese como el que viertes sobre mí,
    y en los que apuras el borde de continentes de una locura sin tiempo,
    sobre la geografía de mi cuerpo.

    Si este hechizo tiene nombre, quisiera perderme en tus recuerdos,
    Que son castillos en el cielo.
    Oh, Eva extraviada entre tu Jardín que es el Edén de mis principios y mis fines.
    Si mis labios pudieran nombrarte, me desvanecería y nacería de nuevo.

    Mujer extraña, nocturna Dama, tú, que renuevas la sociedad de mis estrellas.
    ¿Puedes escucharme?
    ¿Me anhelas tanto como yo a tus tormentas de Coriolis?
    Aunque vistas el éxtasis del cielo con tus promesas conocidas,
    Serás la portadora de mis ayeres y mis días.
    Y yo en cambio te soñaría como la portadora de un manto, sagrada,
    en el que también eres la fiereza del corazón del mar.
    Que no perdona a quién ama con los colores de un mundo que no se ha visto.

    Saberte real o una ilusión no me importa,
    siempre que no apagues las lámparas que alumbran nuestras ingenuidades al soñar,
    Como una sagaz trilogía de cascadas y de nieve.
    En el invierno que derrite los cuerpos que se persiguen en un vals interminable.
    Y me pregunto por qué;
    Si esto es real o fantasía.
    Si vemos el mundo con lo que se toca, en un libro doloroso de amor y de incendios al imaginarte siendo mía.

    Como sólo las doncellas son rescatadas de las bocas de los lobos.

    Y yo soy más ilícito de todos los que han logrado dar con tu realidad,
    entre imperios y atardeceres de mañanas.
    Oh, tierra de gracias, dueña de mi vida, espejo de mis sueños.
    Sagrada niña mujer, mujer niña, tú con tu vestido de orquídeas ante perfiles de mi propia codicia.
    No hay retorno para mí, y, vuelo, en el paraíso encarnado que sólo eres tú, y tan sólo tú.
    Y me pierdo entre el lecho de tus abrazos,
    Siento que no hay vuelta atrás.
    Oh, amanecer de tardes de un no retorno,
    Nos mezclamos como cazadores el uno del otro.

    Y al correr detrás de las luces de los campos de todos tus conjuros,
    Oh, hechicera de la noche, nos hacemos uno, y entre entregas de sentires en los que me transformo en tu siervo,
    Amparo mi despertar en el trono de la entrega,
    Que se piensa, y es la más sagrada de todas las historias.

    Oh, ven a mí, dama de hipnosis en los labios, reparte tus marcas en mi cuerpo.
    Así reviviré de nuevo,
    Así viviré con una corona depuesta por ti,
    en este tiempo detenido.
    En el que podré ser tuyo,
    En tus paraísos que se mecen ya entre nosotros,
    Y así finalmente,
    recrearme en el encuentro con tu propia euforia.

    --- En este crepúsculo sin sombra, en los que arden los deseos de un apremio que llega sin anunciación, reverencio a tu corazón entre enjambres sagrados, Virgen entre suspiros conocida. Un néctar fino emerge de tus labios. El carmín de tus maneras, como ondulas con el violáceo matiz de tu sonrisa, que es un embriagador licor de naranjas, ese como el que viertes sobre mí, y en los que apuras el borde de continentes de una locura sin tiempo, sobre la geografía de mi cuerpo. Si este hechizo tiene nombre, quisiera perderme en tus recuerdos, Que son castillos en el cielo. Oh, Eva extraviada entre tu Jardín que es el Edén de mis principios y mis fines. Si mis labios pudieran nombrarte, me desvanecería y nacería de nuevo. Mujer extraña, nocturna Dama, tú, que renuevas la sociedad de mis estrellas. ¿Puedes escucharme? ¿Me anhelas tanto como yo a tus tormentas de Coriolis? Aunque vistas el éxtasis del cielo con tus promesas conocidas, Serás la portadora de mis ayeres y mis días. Y yo en cambio te soñaría como la portadora de un manto, sagrada, en el que también eres la fiereza del corazón del mar. Que no perdona a quién ama con los colores de un mundo que no se ha visto. Saberte real o una ilusión no me importa, siempre que no apagues las lámparas que alumbran nuestras ingenuidades al soñar, Como una sagaz trilogía de cascadas y de nieve. En el invierno que derrite los cuerpos que se persiguen en un vals interminable. Y me pregunto por qué; Si esto es real o fantasía. Si vemos el mundo con lo que se toca, en un libro doloroso de amor y de incendios al imaginarte siendo mía. Como sólo las doncellas son rescatadas de las bocas de los lobos. Y yo soy más ilícito de todos los que han logrado dar con tu realidad, entre imperios y atardeceres de mañanas. Oh, tierra de gracias, dueña de mi vida, espejo de mis sueños. Sagrada niña mujer, mujer niña, tú con tu vestido de orquídeas ante perfiles de mi propia codicia. No hay retorno para mí, y, vuelo, en el paraíso encarnado que sólo eres tú, y tan sólo tú. Y me pierdo entre el lecho de tus abrazos, Siento que no hay vuelta atrás. Oh, amanecer de tardes de un no retorno, Nos mezclamos como cazadores el uno del otro. Y al correr detrás de las luces de los campos de todos tus conjuros, Oh, hechicera de la noche, nos hacemos uno, y entre entregas de sentires en los que me transformo en tu siervo, Amparo mi despertar en el trono de la entrega, Que se piensa, y es la más sagrada de todas las historias. Oh, ven a mí, dama de hipnosis en los labios, reparte tus marcas en mi cuerpo. Así reviviré de nuevo, Así viviré con una corona depuesta por ti, en este tiempo detenido. En el que podré ser tuyo, En tus paraísos que se mecen ya entre nosotros, Y así finalmente, recrearme en el encuentro con tu propia euforia.
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  • La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del departamento mientras las luces moradas del neón de algún establecimiento cercano se colaban entre las sombras de la sala. El lugar tenía esa mezcla extraña de caos perfectamente organizado: velas aromáticas encendidas sobre la barra de la cocina, revistas de moda tiradas en el sofá, botas altas junto a la entrada y un tocadiscos viejo reproduciendo Panic Priest y Depeche Mode a volumen alto.
    Lenore permanecía desparramada sobre el sillón, usando una camiseta enorme de alguna banda olvidada y medias largas negras. Su maquillaje impecable del día ya estaba medio borrado, dejando manchas oscuras bajo sus ojos que, honestamente, le daban todavía más personalidad.
    Con una mascarilla capilar aplicada de forma exageradamente profesional, sostenía una taza de café mientras revisaba su celular.
    —Si vuelvo a escuchar a una clienta decir “solo las puntas”, voy a perder la poca estabilidad mental que me queda… —murmuró dramáticamente antes de beber un sorbo.
    Por el rabillo del ojo sintió un como un pequeño destello emanando del cráneo que cristal que adornaba la mesa de centro, reflejos de la luz neón que entraba desde afuera, justo cuando ella intentaba acomodarse lastimó su vista. La mujer soltó un quejido teatral.
    —Ah, claro. Mi único compañero emocional llegó para juzgarme.

    Después de unos segundos de silencio, la mujer se incorporó apenas para alcanzar una libreta llena de diseños y anotaciones. Entre dibujos de cortes de cabello y esquemas de tintes aparecían también pequeños garabatos absurdos: ataúdes con moños, tijeras con alas, telarañas con diamantes.
    —Necesito otro color para otoño… algo devastador emocionalmente… como divorciada millonaria en castillo europeo-No.—Interrumpió la frase en seco, abrió los ojos sintiendo cómo un escalofrío le recorrió todo el cuerpo que le hizo esbozar una sonrisa retorcida.—¡Como viuda recién llegada al castillo de Vlad Tepes!
    Tomó un lápiz y empezó a dibujar mientras balanceaba un pie al ritmo de la música.
    Por primera vez en todo el día, el salón, los clientes, el ruido del exterior y el personaje extravagante que mostraba afuera parecían quedarse lejos. En la tranquilidad de su departamento, Lenore no necesitaba entretener a nadie. Solo existir entre luces tenues, café caliente y esa paz extraña que tienen las madrugadas lluviosas.
    La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del departamento mientras las luces moradas del neón de algún establecimiento cercano se colaban entre las sombras de la sala. El lugar tenía esa mezcla extraña de caos perfectamente organizado: velas aromáticas encendidas sobre la barra de la cocina, revistas de moda tiradas en el sofá, botas altas junto a la entrada y un tocadiscos viejo reproduciendo Panic Priest y Depeche Mode a volumen alto. Lenore permanecía desparramada sobre el sillón, usando una camiseta enorme de alguna banda olvidada y medias largas negras. Su maquillaje impecable del día ya estaba medio borrado, dejando manchas oscuras bajo sus ojos que, honestamente, le daban todavía más personalidad. Con una mascarilla capilar aplicada de forma exageradamente profesional, sostenía una taza de café mientras revisaba su celular. —Si vuelvo a escuchar a una clienta decir “solo las puntas”, voy a perder la poca estabilidad mental que me queda… —murmuró dramáticamente antes de beber un sorbo. Por el rabillo del ojo sintió un como un pequeño destello emanando del cráneo que cristal que adornaba la mesa de centro, reflejos de la luz neón que entraba desde afuera, justo cuando ella intentaba acomodarse lastimó su vista. La mujer soltó un quejido teatral. —Ah, claro. Mi único compañero emocional llegó para juzgarme. Después de unos segundos de silencio, la mujer se incorporó apenas para alcanzar una libreta llena de diseños y anotaciones. Entre dibujos de cortes de cabello y esquemas de tintes aparecían también pequeños garabatos absurdos: ataúdes con moños, tijeras con alas, telarañas con diamantes. —Necesito otro color para otoño… algo devastador emocionalmente… como divorciada millonaria en castillo europeo-No.—Interrumpió la frase en seco, abrió los ojos sintiendo cómo un escalofrío le recorrió todo el cuerpo que le hizo esbozar una sonrisa retorcida.—¡Como viuda recién llegada al castillo de Vlad Tepes! Tomó un lápiz y empezó a dibujar mientras balanceaba un pie al ritmo de la música. Por primera vez en todo el día, el salón, los clientes, el ruido del exterior y el personaje extravagante que mostraba afuera parecían quedarse lejos. En la tranquilidad de su departamento, Lenore no necesitaba entretener a nadie. Solo existir entre luces tenues, café caliente y esa paz extraña que tienen las madrugadas lluviosas.
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  • -Como toda bruja tengo mis compañeros, solo que no siempre me ayudan- solto una risita apenada -Cavities es mi familiar, tiene forma de diente por que es parte de los bone borns, cuando esta limpio y pulcro sus ataques son en su mayoria fisicos pero entre mas caries mas explosiones magica libera este molar-
    -Como toda bruja tengo mis compañeros, solo que no siempre me ayudan- solto una risita apenada -Cavities es mi familiar, tiene forma de diente por que es parte de los bone borns, cuando esta limpio y pulcro sus ataques son en su mayoria fisicos pero entre mas caries mas explosiones magica libera este molar-
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  • como que me pagaras por aplastar una naranja con mis manos desnudas?
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  • -Permanecía inmóvil frente al enorme ventanal, observando la ciudad extenderse bajo él como un océano interminable de luces y ruido distante. Desde aquella altura, todo parecía pequeño… insignificante. Los edificios, los autos, las personas viviendo sus vidas sin imaginar cuántas cosas oscuras se escondían entre las sombras de esa misma ciudad. Una de sus manos descansaba dentro del bolsillo del pantalón mientras la otra permanecía relajada a un costado de su cuerpo. Su expresión era tranquila, demasiado tranquila para alguien que años atrás habría Acabado con ya tantos seres, demonios, dragones, hadas, licántropos y todo lo que no fuese humano.

    El cristal reflejaba tenuemente su silueta… pero no era exactamente la que tenía frente a él ahora. El reflejo devolvía una versión más vieja de sí mismo. Una más fría. Más violenta. Aquella mirada roja no mostraba calma, sino rabia contenida; un monstruo vestido con rostro humano que durante mucho tiempo solo supo avanzar dejando sangre detrás de cada paso. Ryuji bajó apenas la mirada, observando de reojo aquella imagen como si estuviera viendo a alguien más… aunque sabía perfectamente que seguía siendo él-

    Antes pensaba que el odio servía para seguir adelante…

    -El silencio volvió a llenar el lugar mientras la ciudad seguía brillando al otro lado del cristal. Su reflejo parecía observarlo también, casi desafiándolo, como si aquella versión pasada todavía siguiera viva en algún rincón dentro de él-

    Y durante mucho tiempo funcionó.

    -Sus ojos se entrecerraron apenas. Recordaba perfectamente esa sensación. El deseo constante de destruir algo. La necesidad de responder violencia con más violencia. Las noches donde la espada pesaba menos que los pensamientos que llevaba encima. Lentamente levantó una mano, apoyando apenas los dedos sobre el vidrio frío, justo donde el reflejo de aquella vieja versión lo observaba-

    Pero el odio es un fuego extraño… al principio sientes que te hace más fuerte. Después entiendes que solo estaba consumiéndote más lento que al resto.

    -Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, cansada… casi amarga-

    Supongo que sobrevivir suficiente tiempo también significa tener que mirar en qué te estabas convirtiendo.
    -Permanecía inmóvil frente al enorme ventanal, observando la ciudad extenderse bajo él como un océano interminable de luces y ruido distante. Desde aquella altura, todo parecía pequeño… insignificante. Los edificios, los autos, las personas viviendo sus vidas sin imaginar cuántas cosas oscuras se escondían entre las sombras de esa misma ciudad. Una de sus manos descansaba dentro del bolsillo del pantalón mientras la otra permanecía relajada a un costado de su cuerpo. Su expresión era tranquila, demasiado tranquila para alguien que años atrás habría Acabado con ya tantos seres, demonios, dragones, hadas, licántropos y todo lo que no fuese humano. El cristal reflejaba tenuemente su silueta… pero no era exactamente la que tenía frente a él ahora. El reflejo devolvía una versión más vieja de sí mismo. Una más fría. Más violenta. Aquella mirada roja no mostraba calma, sino rabia contenida; un monstruo vestido con rostro humano que durante mucho tiempo solo supo avanzar dejando sangre detrás de cada paso. Ryuji bajó apenas la mirada, observando de reojo aquella imagen como si estuviera viendo a alguien más… aunque sabía perfectamente que seguía siendo él- Antes pensaba que el odio servía para seguir adelante… -El silencio volvió a llenar el lugar mientras la ciudad seguía brillando al otro lado del cristal. Su reflejo parecía observarlo también, casi desafiándolo, como si aquella versión pasada todavía siguiera viva en algún rincón dentro de él- Y durante mucho tiempo funcionó. -Sus ojos se entrecerraron apenas. Recordaba perfectamente esa sensación. El deseo constante de destruir algo. La necesidad de responder violencia con más violencia. Las noches donde la espada pesaba menos que los pensamientos que llevaba encima. Lentamente levantó una mano, apoyando apenas los dedos sobre el vidrio frío, justo donde el reflejo de aquella vieja versión lo observaba- Pero el odio es un fuego extraño… al principio sientes que te hace más fuerte. Después entiendes que solo estaba consumiéndote más lento que al resto. -Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, cansada… casi amarga- Supongo que sobrevivir suficiente tiempo también significa tener que mirar en qué te estabas convirtiendo.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    || Menos mal que usualmente hago poco comercio en Warframe pero da un poco de miedo que un día de repente el sistema banee mi cuenta, tal como esta sucediendo ultimamente, porque parece ser que banean automaticamente si en transacciones de comercio con la moneda premium entre jugadores, si uno de los 2 no se justifica el origen de esa moneda, banean a ambos.

    Basicamente te pueden castigar si compraste con efectivo falso.
    || Menos mal que usualmente hago poco comercio en Warframe pero da un poco de miedo que un día de repente el sistema banee mi cuenta, tal como esta sucediendo ultimamente, porque parece ser que banean automaticamente si en transacciones de comercio con la moneda premium entre jugadores, si uno de los 2 no se justifica el origen de esa moneda, banean a ambos. Basicamente te pueden castigar si compraste con efectivo falso.
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  • El jardín permanecía en un gran silencio, siempre lo hacía sin importar la hora. Y era un silencio agradable, de los que cualquiera podría aprovechar para descansar la mente y apagarse por un momento, disfrutar del presente. Ahí era como estar dentro de una burbuja que alejaba toda molestia, apenas oyéndose un murmullo muy lejano de la ciudad. De hecho, el movimiento de las hojas ayudaba a ahogar los sonidos distantes.

    Las rosas del Scarlet Garden crecían muy hermosas en ese jardín, rosales de diferentes colores, y que estaban ocultas de clientes curiosos y ojos indiscretos. No se hablaba demasiado de ese lugar, la mayoría ni sabía que existía ahí, detrás del edificio. Era mejor así.

    En ese momento el sol estaba en lo alto y los rayos daban una calidez acogedora al jardín.

    Su mano se deslizó con una gran delicadeza a una de las rosas, rozando con las yemas de sus dedos los pétalos antes de sostener la flor.

    —Es curioso... —murmuró, casi como si saboreara las palabras—, las personas suelen asumir que lo hermoso debe ser frágil.

    Parecía estar hablando a la nada, ¿o tal vez a alguien?

    Los pétalos de la flor se movieron ligeramente como si estuvieran acomodándose en su mano, y él la mantuvo allí, sin arrancarla.

    El perfume del jardín se mezclaba con ese aroma indescriptible tan característico de él.

    Se fijó en las espinas del tallo y ladeó la cabeza para mostrar una suave sonrisa.

    —Creo que lo que se considera lo más hermoso es lo que aprende a detalle cómo hacer daño. Es algo divertido. —al momento de soplar una brisa, su mano se retiró de la flor, rozando las espinas en el camino.
    El jardín permanecía en un gran silencio, siempre lo hacía sin importar la hora. Y era un silencio agradable, de los que cualquiera podría aprovechar para descansar la mente y apagarse por un momento, disfrutar del presente. Ahí era como estar dentro de una burbuja que alejaba toda molestia, apenas oyéndose un murmullo muy lejano de la ciudad. De hecho, el movimiento de las hojas ayudaba a ahogar los sonidos distantes. Las rosas del Scarlet Garden crecían muy hermosas en ese jardín, rosales de diferentes colores, y que estaban ocultas de clientes curiosos y ojos indiscretos. No se hablaba demasiado de ese lugar, la mayoría ni sabía que existía ahí, detrás del edificio. Era mejor así. En ese momento el sol estaba en lo alto y los rayos daban una calidez acogedora al jardín. Su mano se deslizó con una gran delicadeza a una de las rosas, rozando con las yemas de sus dedos los pétalos antes de sostener la flor. —Es curioso... —murmuró, casi como si saboreara las palabras—, las personas suelen asumir que lo hermoso debe ser frágil. Parecía estar hablando a la nada, ¿o tal vez a alguien? Los pétalos de la flor se movieron ligeramente como si estuvieran acomodándose en su mano, y él la mantuvo allí, sin arrancarla. El perfume del jardín se mezclaba con ese aroma indescriptible tan característico de él. Se fijó en las espinas del tallo y ladeó la cabeza para mostrar una suave sonrisa. —Creo que lo que se considera lo más hermoso es lo que aprende a detalle cómo hacer daño. Es algo divertido. —al momento de soplar una brisa, su mano se retiró de la flor, rozando las espinas en el camino.
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  • Casi te robo, casi muero, casi cerramos un trato.
    Categoría Fantasía
    Había estado negociando durante una hora con aquel solitario Gavlan . Una hora en la que mi mano había acabado atravesada, envenenada, curada… y donde, aun así, no habíamos llegado a ningún acuerdo.
    Y ahora estaba a punto de probar la cerveza que me ofrecía en un cuenco de madera. No iba a negarme.
    ¿Por qué iba a desconfiar de un no-muerto que aún conservaba su humanidad a base de cerveza y que casi me mata hacía un rato?
    Agarré el cuenco con las dos manos y di el primer sorbo sin quitarle la mirada de encima. En cuanto el sabor me golpeó la boca, mis ojos se abrieron demasiado.
    -¡Está mejor que la hidromiel!

    Lo dije casi indignada del asombro antes de vaciarme el cuenco entero. La cerveza se derramó por la comisura de mis labios mientras tragaba como si acabara de descubrir lo prohibido.
    Le devolví el cuenco enseguida.
    -Más.

    Me limpié la boca con el dorso de la mano.
    -Ahora entiendo lo de la cerveza… Supongo que tu voluntad solo es una ayudita. Lo que de verdad te mantiene humano es esto.
    Había estado negociando durante una hora con aquel solitario Gavlan . Una hora en la que mi mano había acabado atravesada, envenenada, curada… y donde, aun así, no habíamos llegado a ningún acuerdo. Y ahora estaba a punto de probar la cerveza que me ofrecía en un cuenco de madera. No iba a negarme. ¿Por qué iba a desconfiar de un no-muerto que aún conservaba su humanidad a base de cerveza y que casi me mata hacía un rato? Agarré el cuenco con las dos manos y di el primer sorbo sin quitarle la mirada de encima. En cuanto el sabor me golpeó la boca, mis ojos se abrieron demasiado. -¡Está mejor que la hidromiel! Lo dije casi indignada del asombro antes de vaciarme el cuenco entero. La cerveza se derramó por la comisura de mis labios mientras tragaba como si acabara de descubrir lo prohibido. Le devolví el cuenco enseguida. -Más. Me limpié la boca con el dorso de la mano. -Ahora entiendo lo de la cerveza… Supongo que tu voluntad solo es una ayudita. Lo que de verdad te mantiene humano es esto.
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  • *se acomoda en el sauna y descansa mirando a la pared fijamente *
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  • "¿Les pasa a veces que sienten que los roles no les salen como uno quisiera? ¿Que además de la falta de inspiración, esto se siente como si no hicieran algo genuinamente interesante que de disfrute a quienes se toman el tiempo de compartir contigo? Pues hoy estoy así, fuera de foco, falto de ideas, como si la fórmula que uno maneja se sienta agotada al igual que tu esencia como ser. Por eso casi no he venido hoy."
    "¿Les pasa a veces que sienten que los roles no les salen como uno quisiera? ¿Que además de la falta de inspiración, esto se siente como si no hicieran algo genuinamente interesante que de disfrute a quienes se toman el tiempo de compartir contigo? Pues hoy estoy así, fuera de foco, falto de ideas, como si la fórmula que uno maneja se sienta agotada al igual que tu esencia como ser. Por eso casi no he venido hoy." :STK-31:
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