¿Esposa decepcionada?:
Zelkova sufrió una súbita revelación al contemplar a su amada; tan gallarda y hermosa como siempre, y sin embargo más distante que nunca.
●¿Nattasha?... ¿Sois vos?
El clérigo echó a correr con júbilo desbordado, mas por más que apresuró el paso jamás logró alcanzarla.
●¡Aguardad! ¡No os marchéis! ¿Os he decepcionado?
La tierra rugió bajo sus pies. Un violento estremecimiento hendió el suelo frente a él, separándolo aún más de aquella silueta que tanto anhelaba.
●Perdonadme... Lo intento, os juro que lo intento... Busqué ese paraje que tantas veces visitabais en vuestros ensueños, mas continúo errante, combatiendo enemigos que representan una amenaza para todos. Me siento solo... No, he hallado compañía, pero temo que se exponga a peligros en mi nombre.
Apretó el puño contra su pecho, como si pretendiera contener el dolor que lo desgarraba desde dentro.
●¿Qué debo hacer? Deseo esparcir vuestras cenizas, pero... pero...
Las lágrimas surcaron sus mejillas.
●Estoy exhausto de contemplar a inocentes inmolados como reses llevadas al matadero. Temo que, si continúo enfrentándome a ellos, encontraré la muerte... y jamás podré cumplir la promesa que os hice. Decidme, amor mío... ¿qué debo hacer? ¡Decídmelo!
Su voz se transformó en un desgarrador alarido que se perdió en el vacío. Ninguna respuesta llegó a sus oídos, pues aquello no era más que una pesadilla, una cruel ilusión forjada por sus propios tormentos. Su único consuelo fue volver a ver a su amor verdadero.
¿Esposa decepcionada?:
Zelkova sufrió una súbita revelación al contemplar a su amada; tan gallarda y hermosa como siempre, y sin embargo más distante que nunca.
●¿Nattasha?... ¿Sois vos?
El clérigo echó a correr con júbilo desbordado, mas por más que apresuró el paso jamás logró alcanzarla.
●¡Aguardad! ¡No os marchéis! ¿Os he decepcionado?
La tierra rugió bajo sus pies. Un violento estremecimiento hendió el suelo frente a él, separándolo aún más de aquella silueta que tanto anhelaba.
●Perdonadme... Lo intento, os juro que lo intento... Busqué ese paraje que tantas veces visitabais en vuestros ensueños, mas continúo errante, combatiendo enemigos que representan una amenaza para todos. Me siento solo... No, he hallado compañía, pero temo que se exponga a peligros en mi nombre.
Apretó el puño contra su pecho, como si pretendiera contener el dolor que lo desgarraba desde dentro.
●¿Qué debo hacer? Deseo esparcir vuestras cenizas, pero... pero...
Las lágrimas surcaron sus mejillas.
●Estoy exhausto de contemplar a inocentes inmolados como reses llevadas al matadero. Temo que, si continúo enfrentándome a ellos, encontraré la muerte... y jamás podré cumplir la promesa que os hice. Decidme, amor mío... ¿qué debo hacer? ¡Decídmelo!
Su voz se transformó en un desgarrador alarido que se perdió en el vacío. Ninguna respuesta llegó a sus oídos, pues aquello no era más que una pesadilla, una cruel ilusión forjada por sus propios tormentos. Su único consuelo fue volver a ver a su amor verdadero.