• — El fin de semana debería durar más tiempo. Con tres días sería perfecto.

    Nunca pensó que lo admitiría en voz alta, mucho menos llegó a pensar que sería del grupo de personas que terminaría siendo abofeteado por la realidad. Siempre se había reído de que podía pasar más tiempo trabajando que descansando pero, ahora que estaba cerca de los treinta, sentía que el cuerpo le pasaba la factura.

    Era tarde, demasiado para alguien que apenas tomaba el almuerzo cuando anochecía, quizás el ver que su alarma sonaría en menos de ocho horas era lo que más le deprimía. Eso, o que los fideos instantáneos, de ese nuevo lugar que había visto en redes sociales, no sabían tan buenos como los demás decían. ¿Es que su paladar ya tampoco se adaptaba a las modas pasajeras de los adolescentes?

    — Quizá debería pedirme un día extra e vacaciones. O podría reportarme enfermo. Y si... —Por un momento se mal viajó. Una costumbre rara que tenía de quedarse pensando mientras miraba un punto fijo, cualquiera, hasta que la idea completa se armaba en su mente para revisar su escenario: Llegar a la oficina, registrar su asistencia y, casualmente, tropezarse en las escaleras para ganar una incapacidad. Negó entonces, nerviosamente y se asustó de su propia idea.— Definitivamente no hay otra opción, odio los lunes.
    — El fin de semana debería durar más tiempo. Con tres días sería perfecto. Nunca pensó que lo admitiría en voz alta, mucho menos llegó a pensar que sería del grupo de personas que terminaría siendo abofeteado por la realidad. Siempre se había reído de que podía pasar más tiempo trabajando que descansando pero, ahora que estaba cerca de los treinta, sentía que el cuerpo le pasaba la factura. Era tarde, demasiado para alguien que apenas tomaba el almuerzo cuando anochecía, quizás el ver que su alarma sonaría en menos de ocho horas era lo que más le deprimía. Eso, o que los fideos instantáneos, de ese nuevo lugar que había visto en redes sociales, no sabían tan buenos como los demás decían. ¿Es que su paladar ya tampoco se adaptaba a las modas pasajeras de los adolescentes? — Quizá debería pedirme un día extra e vacaciones. O podría reportarme enfermo. Y si... —Por un momento se mal viajó. Una costumbre rara que tenía de quedarse pensando mientras miraba un punto fijo, cualquiera, hasta que la idea completa se armaba en su mente para revisar su escenario: Llegar a la oficina, registrar su asistencia y, casualmente, tropezarse en las escaleras para ganar una incapacidad. Negó entonces, nerviosamente y se asustó de su propia idea.— Definitivamente no hay otra opción, odio los lunes.
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  • Adán la había dejado sola en su habitación, con una lista de mandados de lo que sería una salida, en su opinión, interminable y, para variar, con solo media hora para prepararse e ir al punto de encuentro. ¿El problema? Ella no tenía absolutamente nada de ropa, ni siquiera de playa ¿De dónde sacarla? Abrir su armario era lo mismo que abrir el armario de un emo. Todo igual.
    Solo varios conjuntos de su ropa como exterminadora y nada para una salida casual después de todo ... ¿Para que necesitaría ella salidas casuales? Era una guerrera, debía entrenar y prepararse para pelear, no jugar a ser una barbie delicada en una cita que ni siquiera era cita aunque sonaba como una...

    "Eso te pasa por marimacha" le había dicho el fantasma de su Adán ocasionando que se le escapara un gruñido. La impuntualidad tampoco era de su agrado y aún así no le quedaba más opción que tratar de ir rápido a la primera tienda de ropa que encontrara y comprarse un conjunto para salir y una ropa de baño para la playa. ¡Al menos podría haberle dado una hora! Lo único bueno que podía sacar de aquello es que podía tomarlo como un entrenamiento de vuelo, pues al salir de su habitación y del edificio donde vivía a paso rápido extendió sus alas y emprendió el vuelo de forma rápida y precisa.
    En momento como ese agradecía ser una guerrera, tal vez la mejor, pues al menos para cuando volvió a su habitación tras comprar lo primero que encontró y supuso le quedaba, aún tenía unos 15 minutos... Tal vez menos. Odiaba a Adán a veces, pero le podía aún más lo que lo amaba por lo que, bufando, debió irse a dar una ducha rápido antes de cambiarse. Mirándose en el espejo de su cuarto en lo que se acomodaba el vestido tras haberse puesto unas botas altas hasta la rodilla con tacón e incluso una especie de malla oscura que cubría todo su cuerpo.

    — Ugh.... Me veo ridícula... —

    Se dijo a sí mismo pues aquel tipo de prendas jamás habían sido su estilo. Sin embargo, ya no tenía tiempo. Menos de cinco minutos para llegar cuando acabó, casi maldiciendo en lo que se peinaba el corto cabello con una mano y salía rápido de su habitación.
    Apenas habían pasado cinco minutos de la hora acordada cuando sus alas dejaron de batirse en cuanto sus pies tocaron el suelo. Suspirando, se acomodó un mechón de cabello que el viento le había arruinado. No muy lejos pudo notar a Adán . Su corazón latía acelerado sintiéndose aún más ridícula por sentirse nerviosa, negando con la cabeza mientras intentaba distraerse para evitar el sonrojo volviera a sus mejillas. Era una exterminadora, no podía comportarse como una niñata. Tomó aire y exhaló antes de volver a su expresión habitual y comenzar a caminar hacia donde el otro se encontraba.

    — Siento la demora, señor — Se disculpó con la misma postura estoica habitual en cuanto llegó donde él. Su cabeza en alto, pese a que un segundo antes de hablarse se había bajado nuevamente la falda de su vestido. Una prenda que sentía no iba con ella.
    Adán la había dejado sola en su habitación, con una lista de mandados de lo que sería una salida, en su opinión, interminable y, para variar, con solo media hora para prepararse e ir al punto de encuentro. ¿El problema? Ella no tenía absolutamente nada de ropa, ni siquiera de playa ¿De dónde sacarla? Abrir su armario era lo mismo que abrir el armario de un emo. Todo igual. Solo varios conjuntos de su ropa como exterminadora y nada para una salida casual después de todo ... ¿Para que necesitaría ella salidas casuales? Era una guerrera, debía entrenar y prepararse para pelear, no jugar a ser una barbie delicada en una cita que ni siquiera era cita aunque sonaba como una... "Eso te pasa por marimacha" le había dicho el fantasma de su Adán ocasionando que se le escapara un gruñido. La impuntualidad tampoco era de su agrado y aún así no le quedaba más opción que tratar de ir rápido a la primera tienda de ropa que encontrara y comprarse un conjunto para salir y una ropa de baño para la playa. ¡Al menos podría haberle dado una hora! Lo único bueno que podía sacar de aquello es que podía tomarlo como un entrenamiento de vuelo, pues al salir de su habitación y del edificio donde vivía a paso rápido extendió sus alas y emprendió el vuelo de forma rápida y precisa. En momento como ese agradecía ser una guerrera, tal vez la mejor, pues al menos para cuando volvió a su habitación tras comprar lo primero que encontró y supuso le quedaba, aún tenía unos 15 minutos... Tal vez menos. Odiaba a Adán a veces, pero le podía aún más lo que lo amaba por lo que, bufando, debió irse a dar una ducha rápido antes de cambiarse. Mirándose en el espejo de su cuarto en lo que se acomodaba el vestido tras haberse puesto unas botas altas hasta la rodilla con tacón e incluso una especie de malla oscura que cubría todo su cuerpo. — Ugh.... Me veo ridícula... — Se dijo a sí mismo pues aquel tipo de prendas jamás habían sido su estilo. Sin embargo, ya no tenía tiempo. Menos de cinco minutos para llegar cuando acabó, casi maldiciendo en lo que se peinaba el corto cabello con una mano y salía rápido de su habitación. Apenas habían pasado cinco minutos de la hora acordada cuando sus alas dejaron de batirse en cuanto sus pies tocaron el suelo. Suspirando, se acomodó un mechón de cabello que el viento le había arruinado. No muy lejos pudo notar a [D1ckM4ster]. Su corazón latía acelerado sintiéndose aún más ridícula por sentirse nerviosa, negando con la cabeza mientras intentaba distraerse para evitar el sonrojo volviera a sus mejillas. Era una exterminadora, no podía comportarse como una niñata. Tomó aire y exhaló antes de volver a su expresión habitual y comenzar a caminar hacia donde el otro se encontraba. — Siento la demora, señor — Se disculpó con la misma postura estoica habitual en cuanto llegó donde él. Su cabeza en alto, pese a que un segundo antes de hablarse se había bajado nuevamente la falda de su vestido. Una prenda que sentía no iba con ella.
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  • Italia llama, un nuevo sol
    Fandom Oc propio
    Categoría Romance
    Me desperté antes del amanecer con la sensación de cansancio más grande que alguna vez sentí, llevaba apenas 2 días en Italia y lo que debía ser relajante se sentía tan pesado, ¿talvez estava relajándome más de lo que debía?.

    Aún lo recuerdo el día que decidí irme de vacaciones largas la casa estaba en penumbra y silencio por no decir también que en desastre por tantas maletas, una caja de croquetas medio abierta, una manta doblada, miré a mis hijos —los que no hablan pero lo dicen todo— y supe que no podía dejarlos atrás. Los perros se acomodaron a mi lado como si entendieran que el viaje no era una escapada sino un descanso necesario, un descanso de las pasarelas, un descanso del estrés de la ciudad, del miedo; los gatos, con su indiferencia aristocrática, aceptaron la jaula como un nuevo trono temporal.

    Vine a Italia por muchas razones, y ninguna de ellas era simple. Parte fue por seguridad: vi algo que no debía ver, una imagen que se quedó pegada en la retina y que me obligó a moverme, a cambiar de escenario como quien cambia de piel. Parte fue por necesidad de aire, de distancia, de un lugar donde las calles olieran a pan recién hecho y Gelato dulce y como olvidar el aroma de la pizza recién hecha. Y otra parte, la más pequeña y la más obstinada, fue por una esperanza terca: darme otra oportunidad para creer en lo que creí que ya no existía.

    La casa que alquile por un mes estaba en la costa —una casa con ventanas que miraban al mar y una cocina que pedía ser usada a gritos— .Un mes era tiempo suficiente para observar, para esconderme cuando fuera necesario, para dejar que la ciudad me enseñara sus costumbres, sus colores, sus paisajes cada pequeño detalle. Los primeros días han sido un mapa de pequeñas certezas: la siesta de los gatos en la alfombra, los perros persiguiendo sombras en el jardín, yo aprendiendo a preparar un café que supiera a hogar —salio mal—

    Italia tiene un aire que se mete por los poros. No es solo la brisa salada ni el rumor de las olas; es la manera en que la luz cae sobre las fachadas, cómo los ancianos discuten con pasión sobre cosas que a nadie más le importan, cómo los sabores se vuelven recuerdos instantáneos. Caminé por calles empedradas y sentí que mi pecho se aflojaba, que la tensión que había traído conmigo se disolvía en el aroma del albahaca y el humo de la leña. Me sorprendió lo rápido que el país me aceptó: en dos días ya conocía la ruta al mercado, el bar donde el camarero me llamaba por mi nombre y la panadería que guardaba croissants tibios hasta el mediodía. La ciudad tiene esa capacidad de ofrecer segundas lecturas: lo que fue una herida puede convertirse en una cicatriz con historia.

    Fue así como me encontré, una tarde templada, con un volante en la mano que anunciaba un evento de citas rápidas en un restaurante céntrico. La idea me pareció absurda y, al mismo tiempo, irresistible: cinco minutos por persona, cambio de asiento, risas forzadas y miradas que intentan adivinar lo que el otro no dice. Me reí sola en la cocina mientras los perros me miraban con esa mezcla de reproche y curiosidad que solo ellos saben. “¿Otra vez, Lilian?”, parecía decirme el mayor, con la cabeza ladeada. “Sí”, le respondí en voz baja, como si la palabra tuviera pena y miedo al mismo tiempo.

    La preparación para ese día me hacía sentir nerviosa pues era como si fuera a mi primera cita, no quería disfrazarme de alguien que no era; no necesitaba un traje de gala ni joyas de más. Quería verme como yo, Lilian Carson. Elegí un vestido con un corte sencillo, color marfil con ligeros detalles de flores bordadas. Me peiné con cuidado, dejando que el rubio cayera en ondas que parecían casuales pero dando un toque lindo y coqueto. Me puse un perfume que olía a madera y a flores nocturnas, algo que me recordara a casa y a misterio. Antes de salir, miré a mis hijos: los acaricié uno por uno, les susurré que volvería pronto y que no se preocuparan. Los perros se estiraron, los gatos parpadearon con esa indiferencia que es, en realidad, amor concentrado.

    En el camino al restaurante, sentí un ambiente mágico, cautivante, dulce como si de un nuevo comienzo se tratara, las luces se encendían una a una, y el aire traía conversaciones en italiano que sonaban a música. Llegué con tiempo, porque la impuntualidad es un lujo que no me permito. El local era íntimo: mesas pequeñas, velas que temblaban con la brisa de la puerta, una mezcla de risas nerviosas y copas que tintineaban. Me registré con una sonrisa que no era ni demasiado amplia ni demasiado contenida; era la sonrisa de alguien que ha aprendido a protegerse de las miradas

    Me asignaron una mesa junto a una ventana. Desde allí veía entrar a la gente: hombres y mujeres con historias en los ojos, algunos con la esperanza escrita en la frente, otros con la cautela como armadura al estar estáticos en una esquina del restaurante. El organizador explicó las reglas con voz clara: cinco minutos por encuentro, campana, cambio de asiento. “Cinco minutos para decir lo que importa”, pensé, y me pareció una metáfora perfecta.

    El primer encuentro fue con un hombre que tenía la voz grave y una sonrisa que parecía ensayada. Hablamos de banalidades al principio —trabajo, ciudades favoritas— y luego, cuando la campana sonó, hubo un silencio que no supe llenar. “¿Qué buscas?”, me preguntó, directo no respondí pues una parte de mi sabía que buscaba algo, buscaba esa emoción de enamorarme de nuevo de conocer a alguien, pero también por otra parte tenía el miedo de salir lastimada de nuevo, aún que no respondí el asintió, con esa cortesía que no siempre llega a la sinceridad. Cinco minutos pasan como un latido. Cuando me levanté cambiando de asiento y llevando conmigo un vaso con una vela.

    El segundo encuentro fue distinto. Él tenía manos que hablaban; movía los dedos como si cada gesto fuera una frase. Me contó de su trabajo con una pasión que me recordó a los viejos amores: intensidad sin pretensión. “¿Y tú?”, me preguntó, y yo le hablé de mi viaje, de la casa alquilada, de mis perros y gatos, no quería dar muchos detalles además no hablaba muy buen el Italiano. Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y ternura. “Eso suena a una vida con raíces”, dijo. “O a una vida que está aprendiendo a echar raíces”, corregí.

    Hubo un momento, en uno de los cambios, en que me quedé mirando la vela en mi mesa. La llama temblaba y, por un instante, pensé en todas las veces que había huido creyendo que la distancia era la solución. Ahora la distancia me había traído de vuelta a un lugar donde podía elegir. Elegir no es lo mismo que lanzarse; elegir es medir el riesgo y aceptar la posibilidad de caer. Y yo, por primera vez en mucho tiempo, no quería que el miedo decidiera por mí.

    Y nuevamente sonó la campana ... Otra cambio
    Me desperté antes del amanecer con la sensación de cansancio más grande que alguna vez sentí, llevaba apenas 2 días en Italia y lo que debía ser relajante se sentía tan pesado, ¿talvez estava relajándome más de lo que debía?. Aún lo recuerdo el día que decidí irme de vacaciones largas la casa estaba en penumbra y silencio por no decir también que en desastre por tantas maletas, una caja de croquetas medio abierta, una manta doblada, miré a mis hijos —los que no hablan pero lo dicen todo— y supe que no podía dejarlos atrás. Los perros se acomodaron a mi lado como si entendieran que el viaje no era una escapada sino un descanso necesario, un descanso de las pasarelas, un descanso del estrés de la ciudad, del miedo; los gatos, con su indiferencia aristocrática, aceptaron la jaula como un nuevo trono temporal. Vine a Italia por muchas razones, y ninguna de ellas era simple. Parte fue por seguridad: vi algo que no debía ver, una imagen que se quedó pegada en la retina y que me obligó a moverme, a cambiar de escenario como quien cambia de piel. Parte fue por necesidad de aire, de distancia, de un lugar donde las calles olieran a pan recién hecho y Gelato dulce y como olvidar el aroma de la pizza recién hecha. Y otra parte, la más pequeña y la más obstinada, fue por una esperanza terca: darme otra oportunidad para creer en lo que creí que ya no existía. La casa que alquile por un mes estaba en la costa —una casa con ventanas que miraban al mar y una cocina que pedía ser usada a gritos— .Un mes era tiempo suficiente para observar, para esconderme cuando fuera necesario, para dejar que la ciudad me enseñara sus costumbres, sus colores, sus paisajes cada pequeño detalle. Los primeros días han sido un mapa de pequeñas certezas: la siesta de los gatos en la alfombra, los perros persiguiendo sombras en el jardín, yo aprendiendo a preparar un café que supiera a hogar —salio mal— Italia tiene un aire que se mete por los poros. No es solo la brisa salada ni el rumor de las olas; es la manera en que la luz cae sobre las fachadas, cómo los ancianos discuten con pasión sobre cosas que a nadie más le importan, cómo los sabores se vuelven recuerdos instantáneos. Caminé por calles empedradas y sentí que mi pecho se aflojaba, que la tensión que había traído conmigo se disolvía en el aroma del albahaca y el humo de la leña. Me sorprendió lo rápido que el país me aceptó: en dos días ya conocía la ruta al mercado, el bar donde el camarero me llamaba por mi nombre y la panadería que guardaba croissants tibios hasta el mediodía. La ciudad tiene esa capacidad de ofrecer segundas lecturas: lo que fue una herida puede convertirse en una cicatriz con historia. Fue así como me encontré, una tarde templada, con un volante en la mano que anunciaba un evento de citas rápidas en un restaurante céntrico. La idea me pareció absurda y, al mismo tiempo, irresistible: cinco minutos por persona, cambio de asiento, risas forzadas y miradas que intentan adivinar lo que el otro no dice. Me reí sola en la cocina mientras los perros me miraban con esa mezcla de reproche y curiosidad que solo ellos saben. “¿Otra vez, Lilian?”, parecía decirme el mayor, con la cabeza ladeada. “Sí”, le respondí en voz baja, como si la palabra tuviera pena y miedo al mismo tiempo. La preparación para ese día me hacía sentir nerviosa pues era como si fuera a mi primera cita, no quería disfrazarme de alguien que no era; no necesitaba un traje de gala ni joyas de más. Quería verme como yo, Lilian Carson. Elegí un vestido con un corte sencillo, color marfil con ligeros detalles de flores bordadas. Me peiné con cuidado, dejando que el rubio cayera en ondas que parecían casuales pero dando un toque lindo y coqueto. Me puse un perfume que olía a madera y a flores nocturnas, algo que me recordara a casa y a misterio. Antes de salir, miré a mis hijos: los acaricié uno por uno, les susurré que volvería pronto y que no se preocuparan. Los perros se estiraron, los gatos parpadearon con esa indiferencia que es, en realidad, amor concentrado. En el camino al restaurante, sentí un ambiente mágico, cautivante, dulce como si de un nuevo comienzo se tratara, las luces se encendían una a una, y el aire traía conversaciones en italiano que sonaban a música. Llegué con tiempo, porque la impuntualidad es un lujo que no me permito. El local era íntimo: mesas pequeñas, velas que temblaban con la brisa de la puerta, una mezcla de risas nerviosas y copas que tintineaban. Me registré con una sonrisa que no era ni demasiado amplia ni demasiado contenida; era la sonrisa de alguien que ha aprendido a protegerse de las miradas Me asignaron una mesa junto a una ventana. Desde allí veía entrar a la gente: hombres y mujeres con historias en los ojos, algunos con la esperanza escrita en la frente, otros con la cautela como armadura al estar estáticos en una esquina del restaurante. El organizador explicó las reglas con voz clara: cinco minutos por encuentro, campana, cambio de asiento. “Cinco minutos para decir lo que importa”, pensé, y me pareció una metáfora perfecta. El primer encuentro fue con un hombre que tenía la voz grave y una sonrisa que parecía ensayada. Hablamos de banalidades al principio —trabajo, ciudades favoritas— y luego, cuando la campana sonó, hubo un silencio que no supe llenar. “¿Qué buscas?”, me preguntó, directo no respondí pues una parte de mi sabía que buscaba algo, buscaba esa emoción de enamorarme de nuevo de conocer a alguien, pero también por otra parte tenía el miedo de salir lastimada de nuevo, aún que no respondí el asintió, con esa cortesía que no siempre llega a la sinceridad. Cinco minutos pasan como un latido. Cuando me levanté cambiando de asiento y llevando conmigo un vaso con una vela. El segundo encuentro fue distinto. Él tenía manos que hablaban; movía los dedos como si cada gesto fuera una frase. Me contó de su trabajo con una pasión que me recordó a los viejos amores: intensidad sin pretensión. “¿Y tú?”, me preguntó, y yo le hablé de mi viaje, de la casa alquilada, de mis perros y gatos, no quería dar muchos detalles además no hablaba muy buen el Italiano. Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y ternura. “Eso suena a una vida con raíces”, dijo. “O a una vida que está aprendiendo a echar raíces”, corregí. Hubo un momento, en uno de los cambios, en que me quedé mirando la vela en mi mesa. La llama temblaba y, por un instante, pensé en todas las veces que había huido creyendo que la distancia era la solución. Ahora la distancia me había traído de vuelta a un lugar donde podía elegir. Elegir no es lo mismo que lanzarse; elegir es medir el riesgo y aceptar la posibilidad de caer. Y yo, por primera vez en mucho tiempo, no quería que el miedo decidiera por mí. Y nuevamente sonó la campana ... Otra cambio
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    ISHTAR’S HOOTERS
    ╚══════════════════════════════════════╝
    The Ultimate Fan Experience
    Game Day Specials Edition

    IDENTIDAD DE LA REVISTA

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Categoría: Lifestyle · Sports Bar · Glamour Urbano
    Edición: Especial Coleccionable
    Concepto: Diversión, poder femenino y espectáculo
    Energía: Sexy, segura, dominante y sin disculpas

    ISHTAR’S HOOTERS es la edición donde el glamour baja del pedestal y se apodera del bar. Aquí no se observa el juego…
    se vive, se domina y se disfruta.

    PROTAGONISTAS DE PORTADA

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    WING KINGS & QUEEN

    Las reinas del Game Day

    Dos figuras femeninas que convierten cada noche de partido en un evento inolvidable. No sirven solo bebidas: sirven presencia, actitud y poder social.

    La Estratega Cool

    ━━━━━━━━━━━━━━
    Mirada inteligente
    Seguridad natural
    Elegancia relajada

    Controla el ritmo del lugar
    Observa, sonríe y gana
    Glamour con cerebro

    La Reina del Bar

    ━━━━━━━━━━━━━━
    Carisma dominante
    Confianza absoluta
    Energía contagiosa

    Todos la miran
    Nadie la supera
    El ambiente sube cuando aparece

    CONCEPTO VISUAL

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Ubicación: Sports Bar nocturno
    Pantallas deportivas en vivo
    Cervezas frías & ambiente encendido
    Madera cálida + neones naranjas
    Branding icónico y sensual

    El escenario transmite ruido, risas, competencia y deseo, donde cada mesa es territorio y cada mirada cuenta.

    SECCIONES DESTACADAS

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Game Day Specials
    Wing Kings AID Limps
    Wing Kings & Queen
    Sports Bar Secrets
    Editorial: Glamour sin pedir permiso
    Dossier: El poder de la actitud en espacios casuales

    FILOSOFÍA ISHTAR · EDICIÓN URBANA

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Ishtar demuestra que el poder no siempre es silencio, trajes oscuros o vuelos privados.

    A veces es:
    una sonrisa
    un short naranja
    una noche de partido

    ISHTAR’S HOOTERS no busca elegancia distante…
    busca impacto directo.

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    ISHTAR’S HOOTERS
    Donde el juego comienza
    Y el glamour manda
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    ╔══════════════════════════════════════╗ 🧡 ISHTAR’S HOOTERS 🧡 ╚══════════════════════════════════════╝ ✨ The Ultimate Fan Experience ✨ 🏈🍗🔥 Game Day Specials Edition 🔥🍗🏈 🍺 IDENTIDAD DE LA REVISTA ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 📌 Categoría: Lifestyle · Sports Bar · Glamour Urbano 📌 Edición: Especial Coleccionable 📌 Concepto: Diversión, poder femenino y espectáculo 📌 Energía: Sexy, segura, dominante y sin disculpas ISHTAR’S HOOTERS es la edición donde el glamour baja del pedestal y se apodera del bar. Aquí no se observa el juego… se vive, se domina y se disfruta. 👑 PROTAGONISTAS DE PORTADA ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🦊🔥 WING KINGS & QUEEN 🔥🦊 💥 Las reinas del Game Day 💥 💃💃 Dos figuras femeninas que convierten cada noche de partido en un evento inolvidable. No sirven solo bebidas: sirven presencia, actitud y poder social. 🧠🧡 La Estratega Cool ━━━━━━━━━━━━━━ 👓 Mirada inteligente 💪 Seguridad natural 🦊 Elegancia relajada 🔸 Controla el ritmo del lugar 🔸 Observa, sonríe y gana 🔸 Glamour con cerebro 👑🔥 La Reina del Bar ━━━━━━━━━━━━━━ ✨ Carisma dominante 💃 Confianza absoluta 🔥 Energía contagiosa 🔸 Todos la miran 🔸 Nadie la supera 🔸 El ambiente sube cuando aparece 🍗🍻 CONCEPTO VISUAL ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 📍 Ubicación: Sports Bar nocturno 📺 Pantallas deportivas en vivo 🍺 Cervezas frías & ambiente encendido 🪵 Madera cálida + neones naranjas 🔥 Branding icónico y sensual El escenario transmite ruido, risas, competencia y deseo, donde cada mesa es territorio y cada mirada cuenta. 📰 SECCIONES DESTACADAS ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🏈 Game Day Specials 🍗 Wing Kings AID Limps 👑 Wing Kings & Queen 🍻 Sports Bar Secrets 🔥 Editorial: Glamour sin pedir permiso 📖 Dossier: El poder de la actitud en espacios casuales 🖤 FILOSOFÍA ISHTAR · EDICIÓN URBANA ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Ishtar demuestra que el poder no siempre es silencio, trajes oscuros o vuelos privados. A veces es: 🧡 una sonrisa 🧡 un short naranja 🧡 una noche de partido ISHTAR’S HOOTERS no busca elegancia distante… busca impacto directo. ╔════════════════════════════╗ 🔥 ISHTAR’S HOOTERS 🔥 🍺 Donde el juego comienza 🍺 👑 Y el glamour manda 👑 ╚════════════════════════════╝
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    Una de las casualidades más bonitas que ha podido pasarme en la vida , de esas que llegan de repente, que no le lo esperas pero que se convierte en parte crucial de tu vida, en la mayor de las inspiraciones.
    TEAMO
    Una de las casualidades más bonitas que ha podido pasarme en la vida , de esas que llegan de repente, que no le lo esperas pero que se convierte en parte crucial de tu vida, en la mayor de las inspiraciones. TEAMO ❤️❤️🙈🙈
    — Lo nuestro nació de forma inesperada, como esas inspiraciones nocturnas que llegan de golpe y te obligan a escribir esa idea o esa canción, porque sabes que esa canción puede convertirse en la más importante de tu vida. Y eso eres, mi canción eterna. Y doy gracias por ese milagro inesperado que nos encontró.
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  • Rol privado con: ⁂ 𝐀ndreas Zimmerman𝄒

    El tiempo pasó, era obvio, un frasco que parecía perfume, en verdad era un potente somnífero que ella casualmente dejó en el ambiente, ambos durmieron mientras el auto era transportado, ya los esperaban.

    Cuando ambos despertaron, estaban en una locación secreta, recostados en los sillones suaves, en el ambiente un exquisito aroma a sándalo, en la mesita en frente de los sofás donde ellos se encontraban té, bocadillos, asi como sus identificaciones.

    Pero no solo eso, los habían vestido con otra ropa, para él, un traje de tres piezas, con solapas de satin, incluso lo habían peinado y colocado mancuernillas y guantes negros.

    Para ella, un vestido negro de terciopelo largo, con el cabello recogido y zapatos de tacón de alguna marca de prestigio.

    Cuando ella despertó, se sentó a su lado, revisando a detalle su ropa y lo atractivo que se veía de esa manera, acarició suavemente su rostro.

    ── Despierta, mi soldado de plomo. ──
    Siguió con las suaves caricias hasta que lo vio moverse un poco.

    Ella se giró para servirse una taza de té el cual ya sabía que tenía lo necesario para despertar, desintoxicarse y volver a completa lucidez.

    Observó a su alrededor, esbozó una sonrisa más amplia y luego suspiró con alivio.

    ── vamos a conocerlo a él.... mein Doktor ──
    llevó su mano a su pecho.

    ── Andrew, vas a conocer a Joseph Goebbels ──
    Mencionó, pero todo era silencio, ni un solo paso a la distancia, nada, tal y como si estuvieran ellos dos solos.

    Rol privado con: [ame.tourmentee] El tiempo pasó, era obvio, un frasco que parecía perfume, en verdad era un potente somnífero que ella casualmente dejó en el ambiente, ambos durmieron mientras el auto era transportado, ya los esperaban. Cuando ambos despertaron, estaban en una locación secreta, recostados en los sillones suaves, en el ambiente un exquisito aroma a sándalo, en la mesita en frente de los sofás donde ellos se encontraban té, bocadillos, asi como sus identificaciones. Pero no solo eso, los habían vestido con otra ropa, para él, un traje de tres piezas, con solapas de satin, incluso lo habían peinado y colocado mancuernillas y guantes negros. Para ella, un vestido negro de terciopelo largo, con el cabello recogido y zapatos de tacón de alguna marca de prestigio. Cuando ella despertó, se sentó a su lado, revisando a detalle su ropa y lo atractivo que se veía de esa manera, acarició suavemente su rostro. ── Despierta, mi soldado de plomo. ── Siguió con las suaves caricias hasta que lo vio moverse un poco. Ella se giró para servirse una taza de té el cual ya sabía que tenía lo necesario para despertar, desintoxicarse y volver a completa lucidez. Observó a su alrededor, esbozó una sonrisa más amplia y luego suspiró con alivio. ── vamos a conocerlo a él.... mein Doktor ── llevó su mano a su pecho. ── Andrew, vas a conocer a Joseph Goebbels ── Mencionó, pero todo era silencio, ni un solo paso a la distancia, nada, tal y como si estuvieran ellos dos solos.
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  • -andaba de paso pero.... No pudo no evitar detenerse al ver algo tan casualmente aprovechoso su esclavo suplicando a gritos ser torturado como en la vieja escuela y por supuesto que no corto ni perezoso acorraló al demonio de la radio contra la silla, agradece al alma compasiva y caritativa que se lo sirvió en bandeja de oro-

    Así que quieres un reinicio violento ¿ O es así al?
    Te enseñaré el dolor uno que recordarás incluso después del reinicio jajajaja

    Alastor Dëmøń
    -andaba de paso pero.... No pudo no evitar detenerse al ver algo tan casualmente aprovechoso su esclavo suplicando a gritos ser torturado como en la vieja escuela y por supuesto que no corto ni perezoso acorraló al demonio de la radio contra la silla, agradece al alma compasiva y caritativa que se lo sirvió en bandeja de oro- Así que quieres un reinicio violento ¿ O es así al? Te enseñaré el dolor uno que recordarás incluso después del reinicio jajajaja [Dem0n]
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  • -un día cualquiera caminando la policia me detiene por una confusion.....que casualidad -_-
    -un día cualquiera caminando la policia me detiene por una confusion.....que casualidad -_-
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  • ¿Quién autorizó este viaje?
    Fandom Original
    Categoría Otros
    Rol para:
    Alak–il
    Morana

    El departamento era elegante, aunque con un aire ligeramente misterioso. El aroma que envolvía el lugar oscilaba entre lo cítrico y lo floral, tan sutil que parecía emanar de las propias paredes. A la par, la luz cálida y suave de las lámparas iluminaba las paredes decoradas con algunos cuadros y estanterías repletas de libros, una mezcla entre modernos y antiguos, otorgándole al ambiente un toque casual y hogareño, propio de una vivienda “normal”. Todo allí parecía perfectamente puesto, como si cada detalle hubiera sido diseñado para hacer sentir cómodos a sus invitados.

    La hora marcada para la cita era las ocho de la noche. Alak’il, su prometido, un chamán poderoso de mirada penetrante que había existido por décadas, se encontraba recargado contra el sofá, con la vista fija en las luces danzantes del ambiente. No entendía por qué Lyra había reunido a los tres en ese lugar. Ni él ni Morana tenían idea de lo que ella planeaba.
    Morana, la respetada y enigmática madrastra de Alak’il, estaba sentada en el extremo opuesto del sofá, observando en silencio. Su actitud callada, al menos por ahora, no le hacía perder de vista a Lyra ni por un instante, y tampoco se le escapaba la sensación de que algo inusual estaba a punto de suceder. Lyra tenía la costumbre de ser impredecible, y Alak’il lo sabía muy bien. Así había sido su primer encuentro, cómo olvidar aquella hamburguesa con la velita de cumpleaños…

    En el centro del living reposaba serenamente una mesa de cristal oscuro y, sobre ella, dos sobres negros, dispuestos con un cuidado extremo.

    La azabache apareció desde el pasillo con paso tranquilo, como si el tiempo no tuviera prisa alguna. En sus manos llevaba una pequeña bandeja con comida y mates, la bebida preferida de Alak’il y Morana. Cuando finalmente se acercó a la mesa, dejó la charola encima, ofreciendo una invitación silenciosa para que se sirvieran. Quizás así digerirían mejor la noticia. Sus ojos azules grisáceos brillaban con un resplandor peculiar, casi hipnótico. Tomó los sobres entre sus manos y los sacudió ligeramente, como si su contenido fuera algo mágico.

    ♧ Gracias por venir -dijo al fin, rompiendo el silencio con una voz suave -Sé que no les di muchos detalles… pero necesitaba que estuvieran aquí, juntos, a esta hora exacta -Sin perder el misterio, deslizó uno de los sobres frente a ella y lo abrió con un gesto lento, como si quisiera añadir aún más tensión al momento. Del interior extrajo un par de boletos, cuyas tintas brillaban bajo la luz tenue de la sala.

    ♧ Cariño… sé que no esperabas esto. Y tú tampoco, Morana -añadió, girando apenas el rostro hacia ella -Precisamente por eso quise hacerlo así. Esto, es una invitación a un campamento a una isla privada. Serán cuatro noches y cinco días. Un tour guiado. Digamos que es un viaje organizado para familias. Habrá niños, padres, guías, actividades diurnas, fogatas nocturnas -explicó -Nada fuera de lo común. Nada que levante sospechas. Precisamente por eso es perfecto -Lyra dejó los boletos sobre la mesa con cuidado, por si alguno de los dos quería leerlos con más detenimiento.

    ♧ Aunque tengo que advertirles un detalle, iremos como uno más del montón, como sus iguales. Así que espero que no haya ningún tipo de truco -entrecerró los ojos al mirar al albino, nunca estaba de más una pequeña advertencia - Llevo planeando esto desde hace días. Todo está pagado, así que no acepto un no como respuesta. Tienen dos horas para alistar todo. El bus nos recogerá entonces. Será divertido -La sonrisa en su rostro era inmensa, a ella realmente le emocionaba la idea. Se supone que eso hacían las familias ¿no?, y ellos ya eran una, poco convencional, pero ahí estaban.

    ♧ Alisten todo lo que crean conveniente, nada de armas y esas cosas ¿Entendido? -Los miró a ambos -¿Alguna duda adicional? -Se cruzó de brazos, estaba algo expectante a lo que pudieran decir.
    Rol para: ◇ [Absolute_Annihilation] ◇ [Undead_Mistress] El departamento era elegante, aunque con un aire ligeramente misterioso. El aroma que envolvía el lugar oscilaba entre lo cítrico y lo floral, tan sutil que parecía emanar de las propias paredes. A la par, la luz cálida y suave de las lámparas iluminaba las paredes decoradas con algunos cuadros y estanterías repletas de libros, una mezcla entre modernos y antiguos, otorgándole al ambiente un toque casual y hogareño, propio de una vivienda “normal”. Todo allí parecía perfectamente puesto, como si cada detalle hubiera sido diseñado para hacer sentir cómodos a sus invitados. La hora marcada para la cita era las ocho de la noche. Alak’il, su prometido, un chamán poderoso de mirada penetrante que había existido por décadas, se encontraba recargado contra el sofá, con la vista fija en las luces danzantes del ambiente. No entendía por qué Lyra había reunido a los tres en ese lugar. Ni él ni Morana tenían idea de lo que ella planeaba. Morana, la respetada y enigmática madrastra de Alak’il, estaba sentada en el extremo opuesto del sofá, observando en silencio. Su actitud callada, al menos por ahora, no le hacía perder de vista a Lyra ni por un instante, y tampoco se le escapaba la sensación de que algo inusual estaba a punto de suceder. Lyra tenía la costumbre de ser impredecible, y Alak’il lo sabía muy bien. Así había sido su primer encuentro, cómo olvidar aquella hamburguesa con la velita de cumpleaños… En el centro del living reposaba serenamente una mesa de cristal oscuro y, sobre ella, dos sobres negros, dispuestos con un cuidado extremo. La azabache apareció desde el pasillo con paso tranquilo, como si el tiempo no tuviera prisa alguna. En sus manos llevaba una pequeña bandeja con comida y mates, la bebida preferida de Alak’il y Morana. Cuando finalmente se acercó a la mesa, dejó la charola encima, ofreciendo una invitación silenciosa para que se sirvieran. Quizás así digerirían mejor la noticia. Sus ojos azules grisáceos brillaban con un resplandor peculiar, casi hipnótico. Tomó los sobres entre sus manos y los sacudió ligeramente, como si su contenido fuera algo mágico. ♧ Gracias por venir -dijo al fin, rompiendo el silencio con una voz suave -Sé que no les di muchos detalles… pero necesitaba que estuvieran aquí, juntos, a esta hora exacta -Sin perder el misterio, deslizó uno de los sobres frente a ella y lo abrió con un gesto lento, como si quisiera añadir aún más tensión al momento. Del interior extrajo un par de boletos, cuyas tintas brillaban bajo la luz tenue de la sala. ♧ Cariño… sé que no esperabas esto. Y tú tampoco, Morana -añadió, girando apenas el rostro hacia ella -Precisamente por eso quise hacerlo así. Esto, es una invitación a un campamento a una isla privada. Serán cuatro noches y cinco días. Un tour guiado. Digamos que es un viaje organizado para familias. Habrá niños, padres, guías, actividades diurnas, fogatas nocturnas -explicó -Nada fuera de lo común. Nada que levante sospechas. Precisamente por eso es perfecto -Lyra dejó los boletos sobre la mesa con cuidado, por si alguno de los dos quería leerlos con más detenimiento. ♧ Aunque tengo que advertirles un detalle, iremos como uno más del montón, como sus iguales. Así que espero que no haya ningún tipo de truco -entrecerró los ojos al mirar al albino, nunca estaba de más una pequeña advertencia - Llevo planeando esto desde hace días. Todo está pagado, así que no acepto un no como respuesta. Tienen dos horas para alistar todo. El bus nos recogerá entonces. Será divertido -La sonrisa en su rostro era inmensa, a ella realmente le emocionaba la idea. Se supone que eso hacían las familias ¿no?, y ellos ya eran una, poco convencional, pero ahí estaban. ♧ Alisten todo lo que crean conveniente, nada de armas y esas cosas ¿Entendido? -Los miró a ambos -¿Alguna duda adicional? -Se cruzó de brazos, estaba algo expectante a lo que pudieran decir.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
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    Estado
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  • La consciencia no regresó con claridad, sino con peso.
    El sonido fue lo primero: un golpeteo metálico, constante, casi mecánico, marcando un ritmo que no parecía hecho para tranquilizar. Cuando abrieron los ojos, la escena no ofreció alivio alguno. Estaban dentro de un tren, largo y estrecho, cuyos límites se perdían entre sombras mal iluminadas.
    Las luces permanecían encendidas, pero parecían insuficientes, como si se negaran a cumplir del todo su función. El interior estaba intacto, ordenado… demasiado. No había señales de lucha, ni de abandono, ni de bienvenida. Solo un espacio preparado para ser ocupado.
    Las ventanas no mostraban paisaje.
    Solo oscuridad en movimiento.
    No existía recuerdo claro del abordaje. Tampoco una sensación de haber sido invitados. El aire era espeso, opresivo, y cada respiración confirmaba una verdad incómoda: el tren avanzaba, pero no ofrecía indicios de rumbo ni de final.
    No había voces.
    No había instrucciones.
    No había forma evidente de detenerlo.
    El silencio no era vacío, sino expectante, como si algo aguardara el momento exacto para manifestarse. El hecho de haber despertado juntos no parecía casualidad, sino parte de un proceso ya iniciado… uno del que ninguno había sido informado.
    El viaje continuaba.
    Y fuera cual fuera su destino, no parecía contemplar el consentimiento de sus pasajeros.

    Veythra Lili Queen Ishtar Axel Koroved Ryuリュウ・イシュタル・ヨキン Ishtar Yokin [us4gi] Rhett Zakharov Zagreo the Dark Demon Greek Mitology Verónica Valentine [Incub_Oli_Berry] Tobıαs Novαkovıc
    La consciencia no regresó con claridad, sino con peso. El sonido fue lo primero: un golpeteo metálico, constante, casi mecánico, marcando un ritmo que no parecía hecho para tranquilizar. Cuando abrieron los ojos, la escena no ofreció alivio alguno. Estaban dentro de un tren, largo y estrecho, cuyos límites se perdían entre sombras mal iluminadas. Las luces permanecían encendidas, pero parecían insuficientes, como si se negaran a cumplir del todo su función. El interior estaba intacto, ordenado… demasiado. No había señales de lucha, ni de abandono, ni de bienvenida. Solo un espacio preparado para ser ocupado. Las ventanas no mostraban paisaje. Solo oscuridad en movimiento. No existía recuerdo claro del abordaje. Tampoco una sensación de haber sido invitados. El aire era espeso, opresivo, y cada respiración confirmaba una verdad incómoda: el tren avanzaba, pero no ofrecía indicios de rumbo ni de final. No había voces. No había instrucciones. No había forma evidente de detenerlo. El silencio no era vacío, sino expectante, como si algo aguardara el momento exacto para manifestarse. El hecho de haber despertado juntos no parecía casualidad, sino parte de un proceso ya iniciado… uno del que ninguno había sido informado. El viaje continuaba. Y fuera cual fuera su destino, no parecía contemplar el consentimiento de sus pasajeros. [Lili.Queen] [Akly_5] [Ryu] [us4gi] [theannoyingcriminal75] [Dark_Demon] [fire_ruby_bull_303] [Incub_Oli_Berry] [phantasm_winter]
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