• //Continuación de https://ficrol.com/posts/359883 //

    "Te has ganado tu vida"

    Fueron las palabras de la reina Elizabeth cuando el zorro cumplió su promesa de salvar a su protegida, Milenka.
    Nunca esperó que su primer día en aquella ciudad, Brattvåg, fuera tan intenso.

    El zorro había llevado su poder de sanación a un punto límite. Era un don que no estaba hecho para compartirse, pero aun así él lo ofrecía a aquellos a quienes deseaba salvar. El agotamiento fue extremo, y para recuperar fuerzas Kazuo necesitaba la energía del bosque. Él daba a la tierra, y la tierra siempre le devolvía el favor.

    En un principio iba a ser escoltado por órdenes de la soberana, pero pidió ir solo. No quería mostrar su vulnerabilidad ni que nadie supiera más de lo necesario sobre él y el poder que albergaba en su interior. Ella cedió después de ver que él había cumplido diligentemente su promesa, a pesar de la sorpresa de descubrir que no era un simple humano.

    Pasó el resto del día y toda la noche en la profundidad del bosque, en soledad, tal como deseaba. La tierra le devolvía poco a poco la fuerza de su sacrificio. Él no exigía nada del bosque; permitía que este le ofreciera su energía de forma voluntaria, al ritmo que la naturaleza considerase adecuado.

    Por la mañana, Kazuo abrió los ojos lentamente. El brillo zafiro había regresado a sus profundos orbes. Su piel marmórea lucía más saludable, y el cabello azabache había recuperado su lustre habitual.
    No estaba completamente recuperado, pero había prometido regresar a Brattvåg para tratar las heridas de la arquera y de Su Majestad, además de ayudar a cualquiera que necesitara sus conocimientos de medicina. Estaba claro que en aquel lugar los curanderos y sanadores brillaban por su ausencia. Estaría algunas horas más allí hasta iniciar su camino de regreso, cumpliendo con la hora acordada con la reina el día anterior.

    Quizás pasar una temporada en aquella ciudad, ofreciendo su ayuda y conocimiento, llenaría el vacío que de pronto le habían arrancado en su hogar; un recuerdo que, por mucho que lo intentase, no lograba recuperar.

    Estar lejos de su hogar no significaba que estuviera exento de su deber como kitsune. Sentiría la llamada de Inari cuando fuera necesario, y a través del bosque podría regresar a su templo para cumplir con su labor de mensajero. Aun así, estaba seguro de que, por alguna razón, seguiría volviendo a la ciudad de Brattvåg, gobernada por la reina de ojos escarlata.
    //Continuación de https://ficrol.com/posts/359883 // "Te has ganado tu vida" Fueron las palabras de la reina Elizabeth cuando el zorro cumplió su promesa de salvar a su protegida, Milenka. Nunca esperó que su primer día en aquella ciudad, Brattvåg, fuera tan intenso. El zorro había llevado su poder de sanación a un punto límite. Era un don que no estaba hecho para compartirse, pero aun así él lo ofrecía a aquellos a quienes deseaba salvar. El agotamiento fue extremo, y para recuperar fuerzas Kazuo necesitaba la energía del bosque. Él daba a la tierra, y la tierra siempre le devolvía el favor. En un principio iba a ser escoltado por órdenes de la soberana, pero pidió ir solo. No quería mostrar su vulnerabilidad ni que nadie supiera más de lo necesario sobre él y el poder que albergaba en su interior. Ella cedió después de ver que él había cumplido diligentemente su promesa, a pesar de la sorpresa de descubrir que no era un simple humano. Pasó el resto del día y toda la noche en la profundidad del bosque, en soledad, tal como deseaba. La tierra le devolvía poco a poco la fuerza de su sacrificio. Él no exigía nada del bosque; permitía que este le ofreciera su energía de forma voluntaria, al ritmo que la naturaleza considerase adecuado. Por la mañana, Kazuo abrió los ojos lentamente. El brillo zafiro había regresado a sus profundos orbes. Su piel marmórea lucía más saludable, y el cabello azabache había recuperado su lustre habitual. No estaba completamente recuperado, pero había prometido regresar a Brattvåg para tratar las heridas de la arquera y de Su Majestad, además de ayudar a cualquiera que necesitara sus conocimientos de medicina. Estaba claro que en aquel lugar los curanderos y sanadores brillaban por su ausencia. Estaría algunas horas más allí hasta iniciar su camino de regreso, cumpliendo con la hora acordada con la reina el día anterior. Quizás pasar una temporada en aquella ciudad, ofreciendo su ayuda y conocimiento, llenaría el vacío que de pronto le habían arrancado en su hogar; un recuerdo que, por mucho que lo intentase, no lograba recuperar. Estar lejos de su hogar no significaba que estuviera exento de su deber como kitsune. Sentiría la llamada de Inari cuando fuera necesario, y a través del bosque podría regresar a su templo para cumplir con su labor de mensajero. Aun así, estaba seguro de que, por alguna razón, seguiría volviendo a la ciudad de Brattvåg, gobernada por la reina de ojos escarlata.
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  • — Creo que iré a dar un paseo.... Para despejar un poco la mente.

    -Eran las tantas de la madrugada, Pero el bosque lo conocía desde todos sus rincones asique no había peligro alguno para esta dragona, quería despejar su mente y dejar de pensar tanto en lo que la atormentaba-
    — Creo que iré a dar un paseo.... Para despejar un poco la mente. -Eran las tantas de la madrugada, Pero el bosque lo conocía desde todos sus rincones asique no había peligro alguno para esta dragona, quería despejar su mente y dejar de pensar tanto en lo que la atormentaba-
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  • La luz de la luna apenas atraviesa los árboles. El aire es frío… demasiado frío.
    El está ahí.
    Sentado sobre una roca, con el cuerpo ligeramente encorvado. Sus manos sostienen la máscara… esa que siempre usas frente a los demás.
    Pero esta vez no la lleva puesta.
    La miras.
    Sus dedos se tensan un poco alrededor de ella.
    “…al menos contigo… no tengo que fingir.”
    El bosque no responde.
    Nunca lo hace.
    Sus orejas felinas se mueven levemente, como si esperaran escuchar pasos… una voz… alguien que te llame.
    Nada.
    Solo el sonido lejano del viento.
    Bajas la mirada.
    Sus ojos pierden ese brillo firme que muestras siempre
    "Si desaparezco… ¿alguien lo notaría?"
    Aprieta la máscara contra tu pecho por un momento… como si fuera lo único que queda.
    Respira hondo… pero el aire se siente vacío.
    Demasiado vacío.
    Se inclinas hacia adelante, apoyando los codos en tus rodillas.
    Por primera vez en mucho tiempo… no estavactuando.
    No esta siendo fuerte.
    Solo estás… cansado.
    “…ya no quiero estar solo…”
    Pero no hay nadie para escucharlo.
    La luna sigue ahí.
    El bosque sigue ahí.
    Y el también…
    Solo.
    La luz de la luna apenas atraviesa los árboles. El aire es frío… demasiado frío. El está ahí. Sentado sobre una roca, con el cuerpo ligeramente encorvado. Sus manos sostienen la máscara… esa que siempre usas frente a los demás. Pero esta vez no la lleva puesta. La miras. Sus dedos se tensan un poco alrededor de ella. “…al menos contigo… no tengo que fingir.” El bosque no responde. Nunca lo hace. Sus orejas felinas se mueven levemente, como si esperaran escuchar pasos… una voz… alguien que te llame. Nada. Solo el sonido lejano del viento. Bajas la mirada. Sus ojos pierden ese brillo firme que muestras siempre "Si desaparezco… ¿alguien lo notaría?" Aprieta la máscara contra tu pecho por un momento… como si fuera lo único que queda. Respira hondo… pero el aire se siente vacío. Demasiado vacío. Se inclinas hacia adelante, apoyando los codos en tus rodillas. Por primera vez en mucho tiempo… no estavactuando. No esta siendo fuerte. Solo estás… cansado. “…ya no quiero estar solo…” Pero no hay nadie para escucharlo. La luna sigue ahí. El bosque sigue ahí. Y el también… Solo.
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  • Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar.

    Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad.

    Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror.

    Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro.

    Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado.

    Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio.

    Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
    Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar. Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad. Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror. Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro. Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado. Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio. Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
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  • —...
    *El dios defectuoso se encontraba debajo de la lluvía en medio de un bosque oscuro, con cada minuto la lluvia se volvía mas fuerte pero aún así el conejo avanzó para adelante, en un momento luego de avanzar un largo tiempo; mort se detuvo al encontrarse con Hiro . El conejo dudó un poco pero se acercó al robot*
    —niño.. ¿Estas bien? No deberías estar afuera con este clima tan fuerte
    —... *El dios defectuoso se encontraba debajo de la lluvía en medio de un bosque oscuro, con cada minuto la lluvia se volvía mas fuerte pero aún así el conejo avanzó para adelante, en un momento luego de avanzar un largo tiempo; mort se detuvo al encontrarse con [Hiritox3] . El conejo dudó un poco pero se acercó al robot* —niño.. ¿Estas bien? No deberías estar afuera con este clima tan fuerte
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  • *el conejo alien estaba caminando por un bosque montañoso, camino por un rato hasta que llegado un punto se detuvo de forma abrupta, sacando un cuchillo afilado que tenia escondido en algun lado*

    —... Ya se que estas ahí, sal y pelea si tienes pelotas¡

    *Dijo el conejo mientras movio el cuchillo de forma amenazante siendo bastante consciente de tu presencia ¿Que vas a hacer?*
    *el conejo alien estaba caminando por un bosque montañoso, camino por un rato hasta que llegado un punto se detuvo de forma abrupta, sacando un cuchillo afilado que tenia escondido en algun lado* —... Ya se que estas ahí, sal y pelea si tienes pelotas¡ 💢 *Dijo el conejo mientras movio el cuchillo de forma amenazante siendo bastante consciente de tu presencia ¿Que vas a hacer?*
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  • ─── ¿que es lo que buscas en este bosque?
    Espero no sea causar daño a este sagrado lugar.
    ─── ¿que es lo que buscas en este bosque? Espero no sea causar daño a este sagrado lugar.
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  • Si cierro los párpados, la oscuridad no me trae paz, sino el desfile de las almas que se desviaron de mi rastro de ceniza.

    ¿Qué fue de aquel niño engendrado en el pecado, esa criatura híbrida cuya sola existencia desafiaba la voluntad divina? ¿Fue devorado por la crueldad intrínseca del hombre, o logró arrastrarse fuera del fango de su propio destino?

    ¿Y qué del caballero que hallé entre la niebla del bosque, donde los árboles susurran blasfemias? Me pregunto si sus brazos cedieron ante el peso de su acero sagrado, o si su mente se quebró ante los himnos de esos falsos salvadores que prometen luz mientras te arrastran al abismo.

    ¿Y aquel cazador... ese iluso que juraba purgar la oscuridad con fuego y hierro? ¿Se habrá convertido ya en la bestia que tanto ansiaba aniquilar?

    En esta tierra de penitencia, la línea entre el verdugo y el monstruo es tan fina como el filo de mi propia arma.
    Si cierro los párpados, la oscuridad no me trae paz, sino el desfile de las almas que se desviaron de mi rastro de ceniza. ¿Qué fue de aquel niño engendrado en el pecado, esa criatura híbrida cuya sola existencia desafiaba la voluntad divina? ¿Fue devorado por la crueldad intrínseca del hombre, o logró arrastrarse fuera del fango de su propio destino? ¿Y qué del caballero que hallé entre la niebla del bosque, donde los árboles susurran blasfemias? Me pregunto si sus brazos cedieron ante el peso de su acero sagrado, o si su mente se quebró ante los himnos de esos falsos salvadores que prometen luz mientras te arrastran al abismo. ¿Y aquel cazador... ese iluso que juraba purgar la oscuridad con fuego y hierro? ¿Se habrá convertido ya en la bestia que tanto ansiaba aniquilar? En esta tierra de penitencia, la línea entre el verdugo y el monstruo es tan fina como el filo de mi propia arma.
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  • Cada siglo, aproximadamente, Kazuo decide tomar las riendas de un caballo y comenzar un viaje que se prolongaría por una larga temporada.

    Ahora más que nunca, ya que no encontraba las respuestas provenientes de los dioses, decidió que era momento de hacer un viaje. Aunque él era capaz de viajar entre épocas y mundos a través de los bosques, le gustaba el hecho de la travesía. Le ayudaba a pensar y a ser más consciente del mundo actual que le rodeaba. Pasaba siglos en el templo con interacción mínima humana, así que ver mundo para saber cómo actuaba este, en aquel momento, en ese tiempo, era enriquecedor.

    Eso no quería decir que dejase su tarea de mensajero. Podía volver al templo desde donde fuera siempre que fuera necesario, al igual que encontrarse con aquellos a los que estaba ligado por alguna razón.

    Pero necesitaba ese viaje... Necesitaba encontrar eso que había perdido, al menos, sanar aquello que no sabía que debía ser sanado.

    ¿Qué nuevos lugares, aventuras o personas conocería en esta travesía?
    Cada siglo, aproximadamente, Kazuo decide tomar las riendas de un caballo y comenzar un viaje que se prolongaría por una larga temporada. Ahora más que nunca, ya que no encontraba las respuestas provenientes de los dioses, decidió que era momento de hacer un viaje. Aunque él era capaz de viajar entre épocas y mundos a través de los bosques, le gustaba el hecho de la travesía. Le ayudaba a pensar y a ser más consciente del mundo actual que le rodeaba. Pasaba siglos en el templo con interacción mínima humana, así que ver mundo para saber cómo actuaba este, en aquel momento, en ese tiempo, era enriquecedor. Eso no quería decir que dejase su tarea de mensajero. Podía volver al templo desde donde fuera siempre que fuera necesario, al igual que encontrarse con aquellos a los que estaba ligado por alguna razón. Pero necesitaba ese viaje... Necesitaba encontrar eso que había perdido, al menos, sanar aquello que no sabía que debía ser sanado. ¿Qué nuevos lugares, aventuras o personas conocería en esta travesía?
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  • 𝑀A𝐺N𝐴:

    Señaló un caminante errante que caminaba, distraído a unos metros de ellos dos. Y, sin necesidad de decirse más palabras, los dos trataron de escabullirse de forma lo más silenciosa posible. El problema era que los bosques eran un terreno demasiado vasto y siempre estaba repleto de muertos. Era el principal problema de que el setenta por ciento de la población del país se hubieran convertido en máquinas de matar. Asi que, apenas unos metros de caminaba silenciosa después, se vieron rodeados por casi una decena de cadáveres andantes.

    -¿Qué dices? -preguntó preparando una flecha en el arco- ¿Mitad y mitad? -hizo un gesto rapido con la cabeza haciendo una división imaginaria de los muertos que se acercaban- El ultimo…-comentó al ver que eran impares- Para el ganador -sonrió antes de tensar la cuerda del arco y disparar una flecha que se clavó directa entre las cejas del caminante que tenían más cerca.

    -Uno.


    𝑨𝘼𝑹𝙊𝑵:

    — Intenta no quedarte sin flechas. — Murmura con una sonrisa aceptando el reto y sacando con su mano diestra la espada corta que porta en el cinturón y alzando la zurda justo a tiempo y con la fuerza necesaria como para destrozar la cabeza del primer caminante con el que se cruza y que chasqueaba sus dientes desnudos demasiado cerca de su yugular.
    La masa cerebral y los restos humanos podridos saltan por los aires haciéndole apartar la cabeza sin conseguir esquivar la materia orgánica en su totalidad. — ¡Uno!

    Un par de flechas más vuelan acertando en el cerebro de los no muertos antes de que Magna tenga que abandonar el arco y sacar su arma de hoja ante la cercanía de sus enemigos, mientras él cercena cabezas enteras o a la mitad. Aaron había dejado de contar, estaba demasiado concentrado en esquivar dientes y manos cadavéricas, en que el lucero del alba no se quedara atascado en ningún cráneo, y en tener un ojo puesto en la pelirroja, de esa forma la ve girar para evitar se atrapada pero quedado de espaldas a un caminante que no parece dispuesto a desaprovechar la oportunidad, Aaron no piensa en sus acciones, tan solo alza la pierna derecha colocando el pie en el pecho de un muerto el cual se hunde ligeramente pero no del todo y así le permite apartarlo de él unos metros hacia atrás, y llegar a tiempo de hundir la espada en el cerebro del caminante, por el oído.
    Con un gesto de asco y después de girar la empuñadura, Aaron da un fuerte tirón hacia delante, abriéndole el cráneo y llenando a Magna de sangre y sesos.

    — Ese cuenta extra para mí, aunque no es que lo necesite…


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ— extracto de mi rol con 𝑨𝘼𝑹𝙊𝑵 ᴬᵁ
    𝑀A𝐺N𝐴: Señaló un caminante errante que caminaba, distraído a unos metros de ellos dos. Y, sin necesidad de decirse más palabras, los dos trataron de escabullirse de forma lo más silenciosa posible. El problema era que los bosques eran un terreno demasiado vasto y siempre estaba repleto de muertos. Era el principal problema de que el setenta por ciento de la población del país se hubieran convertido en máquinas de matar. Asi que, apenas unos metros de caminaba silenciosa después, se vieron rodeados por casi una decena de cadáveres andantes. -¿Qué dices? -preguntó preparando una flecha en el arco- ¿Mitad y mitad? -hizo un gesto rapido con la cabeza haciendo una división imaginaria de los muertos que se acercaban- El ultimo…-comentó al ver que eran impares- Para el ganador -sonrió antes de tensar la cuerda del arco y disparar una flecha que se clavó directa entre las cejas del caminante que tenían más cerca. -Uno. 𝑨𝘼𝑹𝙊𝑵: — Intenta no quedarte sin flechas. — Murmura con una sonrisa aceptando el reto y sacando con su mano diestra la espada corta que porta en el cinturón y alzando la zurda justo a tiempo y con la fuerza necesaria como para destrozar la cabeza del primer caminante con el que se cruza y que chasqueaba sus dientes desnudos demasiado cerca de su yugular. La masa cerebral y los restos humanos podridos saltan por los aires haciéndole apartar la cabeza sin conseguir esquivar la materia orgánica en su totalidad. — ¡Uno! Un par de flechas más vuelan acertando en el cerebro de los no muertos antes de que Magna tenga que abandonar el arco y sacar su arma de hoja ante la cercanía de sus enemigos, mientras él cercena cabezas enteras o a la mitad. Aaron había dejado de contar, estaba demasiado concentrado en esquivar dientes y manos cadavéricas, en que el lucero del alba no se quedara atascado en ningún cráneo, y en tener un ojo puesto en la pelirroja, de esa forma la ve girar para evitar se atrapada pero quedado de espaldas a un caminante que no parece dispuesto a desaprovechar la oportunidad, Aaron no piensa en sus acciones, tan solo alza la pierna derecha colocando el pie en el pecho de un muerto el cual se hunde ligeramente pero no del todo y así le permite apartarlo de él unos metros hacia atrás, y llegar a tiempo de hundir la espada en el cerebro del caminante, por el oído. Con un gesto de asco y después de girar la empuñadura, Aaron da un fuerte tirón hacia delante, abriéndole el cráneo y llenando a Magna de sangre y sesos. — Ese cuenta extra para mí, aunque no es que lo necesite… ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ— extracto de mi rol con [AAR0N] —
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