• ── Esto tampoco estaba aquí....¿qué o quién lo hizo? ──
    Enojada, frustrada, la mujer búho dibujaba y trazaba nuevos caminos mientras revisa su alrededor.

    ── Gracias por cuidarme y acompañarme Ꭺꮮꭼꮖꮪꭲꭼꭱ Lamento que te extraviaras, mis mapas ya son inútiles. ── menciona mientras dibuja deprisa, debe aprovechar todo rayo de luz solar.


    El carboncillo crujió con fuerza contra el pergamino arrugado, dejando un trazo grueso y desesperado justo sobre el relieve de un camino que, hasta hace unas horas, se suponía libre de peligro.

    La realidad a su alrededor se burlaba de sus registros, frente a ellos no había una llanura despejada, sino un abismo de vegetación colosal, un santuario olvidado donde los árboles centenarios se entrelazaban con arcos de piedra tan titánicos que parecían las costillas de un dios caído.

    La luz del sol moría deprisa, filtrándose entre las copas de los árboles en haces dorados y densos que iluminaban el polvo en suspensión y encendían el suelo en un tono carmesí brillante, cubierto por una alfombra de flores rojas que no figuraban en ningún tratado botánico.

    El aire allí abajo era espeso, húmedo y cargado de un olor a tierra antigua y magia estancada que erizaba las plumas de su nuca.


    Consciente de que la penumbra avanzaba como una marea silenciosa por el sendero, la mujer búho levantó la mirada hacia las colosales estructuras de piedra cubiertas de musgo, tratando de buscar un patrón, una lógica que explicara cómo semejante monumento había brotado de la nada.

    ── No es una simple alteración geográfica... ──
    murmuró en un hilo de voz, rompiendo el denso silencio del bosque mientras sus grandes ojos captaban el último haz de luz útil.

    ── Es como si el bosque estuviera reescribiéndose a sí mismo para mantenernos atrapados.──
    Guardó el mapa a medio terminar con un gesto brusco, ajustando su equipo mientras se giraba hacia su acompañante. El bosque parecía cerrarse tras ellos, y las sombras entre los arcos de piedra comenzaban a alargarse de forma antinatural.
    ── Esto tampoco estaba aquí....¿qué o quién lo hizo? ── Enojada, frustrada, la mujer búho dibujaba y trazaba nuevos caminos mientras revisa su alrededor. ── Gracias por cuidarme y acompañarme [Runner.Champion] Lamento que te extraviaras, mis mapas ya son inútiles. ── menciona mientras dibuja deprisa, debe aprovechar todo rayo de luz solar. El carboncillo crujió con fuerza contra el pergamino arrugado, dejando un trazo grueso y desesperado justo sobre el relieve de un camino que, hasta hace unas horas, se suponía libre de peligro. La realidad a su alrededor se burlaba de sus registros, frente a ellos no había una llanura despejada, sino un abismo de vegetación colosal, un santuario olvidado donde los árboles centenarios se entrelazaban con arcos de piedra tan titánicos que parecían las costillas de un dios caído. La luz del sol moría deprisa, filtrándose entre las copas de los árboles en haces dorados y densos que iluminaban el polvo en suspensión y encendían el suelo en un tono carmesí brillante, cubierto por una alfombra de flores rojas que no figuraban en ningún tratado botánico. El aire allí abajo era espeso, húmedo y cargado de un olor a tierra antigua y magia estancada que erizaba las plumas de su nuca. Consciente de que la penumbra avanzaba como una marea silenciosa por el sendero, la mujer búho levantó la mirada hacia las colosales estructuras de piedra cubiertas de musgo, tratando de buscar un patrón, una lógica que explicara cómo semejante monumento había brotado de la nada. ── No es una simple alteración geográfica... ── murmuró en un hilo de voz, rompiendo el denso silencio del bosque mientras sus grandes ojos captaban el último haz de luz útil. ── Es como si el bosque estuviera reescribiéndose a sí mismo para mantenernos atrapados.── Guardó el mapa a medio terminar con un gesto brusco, ajustando su equipo mientras se giraba hacia su acompañante. El bosque parecía cerrarse tras ellos, y las sombras entre los arcos de piedra comenzaban a alargarse de forma antinatural.
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  • ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑂𝑛 𝑡𝘩𝑒 𝑓𝑜𝑜𝑡𝑠𝑡𝑒𝑝𝑠 𝑡𝘩𝑎𝑡 𝑤𝑒𝑟𝑒 𝑛𝑒𝑣𝑒𝑟 𝑓𝑜𝑢𝑛𝑑❞

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎



    ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Los ancianos de Vargfjall contaban que los Vaeltaja no temían a la oscuridad. La conocían demasiado bien para desperdiciar el esfuerzo temiéndola.

    Cuando los caminos desaparecían bajo la nieve y las campanas de las aldeas dejaban de sonar una a una, aquellas figuras de hierro negro abandonaban sus fortalezas. No marchaban en grupos, tampoco llevaban estandartes, no pronunciaban juramentos antes de partir. Simplemente aparecían donde otros hombres se negaban a poner un pie. Una luz solitaria moviéndose entre la tormenta.

    Los niños se escondían al verlos pasar, los adultos bajaban la mirada; nadie celebraba su llegada, aunque todos dormían mejor cuando sabían que uno de ellos se encontraba cerca. Porque el mundo había aprendido una verdad incómoda de aceptar: los Vaeltaja siempre llegaban donde algo terrible estaba ocurriendo, y rara vez regresaban siendo los mismos.

    Entre todas las reliquias que portaban existía una especialmente extraña. Una lámpara alimentada por antiguos sellos cuya llama no producía calor ni humo. Su luz era pálida, un azul casi enfermizo, pero podía atravesar nieblas que apagaban cualquier antorcha. Los sacerdotes afirmaban que revelaba senderos ocultos. Los eruditos insistían en que se trataba de una forma olvidada de hechicería; pero los Vaeltaja nunca ofrecieron explicación alguna.

    𝘘𝘶𝘪𝘻𝘢́ 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘯𝘧𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦.

    Existe un relato de un joven caballero que preguntó por qué seguían cargando aquellas lámparas si la mayoría de ellos podía orientarse incluso en completa oscuridad. Su maestro observó el sello ardiendo durante un largo rato, en silencio. La luz danzaba lánguida sobre el hierro ennegrecido de sus guanteletes, reflejándose en las cicatrices que cruzaban sus manos.

    —𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑡𝑜𝑑𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑒𝑐𝑒𝑟 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑎 —respondió el hombre.

    El joven creyó que se trataba de una metáfora. Los jóvenes suelen creer eso, y confunden sabiduría con poesía.

    Años después fue enviado más allá de los últimos caminos conocidos, a una región donde los bosques crecían sobre ciudades olvidadas y ruinas que se hundían lentamente bajo raíces negras. Allí encontró aldeas vacías, mesas preparadas para personas que jamás regresarían y cunas meciéndose en habitaciones donde no quedaba nadie a quien dormir.

    Cada noche escuchaba pasos detrás de él. Jamás delante, siempre atrás y a la misma distancia. Esperando.

    Intentó ignorarlos durante días. Luego durante semanas, y cuando finalmente reunió el valor para girarse, no encontró nada. Sólo árboles inmóviles y niebla. Sin embargo, al amanecer descubría huellas rodeando su campamento. Demasiado grandes para un hombre y demasiado humanas para una bestia.

    Y aún así continuó avanzando. Porque esa era la tragedia de los Vaeltaja; no eran héroes. Los héroes tienen la posibilidad de regresar. Ellos tenían la obligación de seguir caminando.

    Décadas más tarde volvió a Vargfjall. El cabello se había vuelto gris bajo el casco y la lámpara seguía ardiendo exactamente igual que el primer día. Los pocos hermanos que aún permanecían con vida preguntaron qué había encontrado en aquellas tierras. El hombre permaneció largo rato observando la llama, inmóvil.

    Luego respondió:

    —𝐿𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑟𝑎𝑟𝑛𝑜𝑠.

    Nadie habló. La lámpara continuó brillando entre sus manos.

    —𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑎𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑛̃𝑒.

    Jamás explicó qué significaban aquellas palabras. Jamás volvió a abandonar la fortaleza. Y cuando murió, encontraron la lámpara todavía encendida junto a su cuerpo, aunque el sello que la alimentaba se había consumido hacía años. Desde entonces, cuando los viajeros ven una luz solitaria moviéndose entre los bosques durante la noche, procuran no seguirla.

    No por miedo al Vaeltaja, sino porque existe una vieja creencia en Vargfjall:

    𝑆𝑖 𝑢𝑛𝑎 𝑙𝑢𝑧 𝑠𝑒 𝑑𝑒𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒 𝑦 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑎𝑠𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑖𝑔𝑢𝑒𝑛, 𝑙𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑟𝑑𝑎𝑟𝑎́ 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑎 𝑠𝑖𝑔𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑠𝑜𝑙𝑎. 𝑌 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑛𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑠𝑎𝑠, 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑛 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑟 𝑠𝑜𝑙𝑎𝑠, 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎𝑛 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑒𝑟𝑠𝑒.


    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛋᚢᛘᛁᛦ ᛋᛅᚴᛁᛅ ᛅᛏ ᚼᛅᚾ ᚠᛅᚾ ᛋᚴᚢᚴᛅ ᛋᛁᚾ
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛅᚦᛁᛦ ᛅᛏ ᛋᚴᚢᚴᛁᚾ ᚠᛅᚾ ᚼᛅᚾ ᚠᛁᚱᛋᛏ
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘚𝘰𝘮𝘦 𝘴𝘢𝘺 𝘩𝘦 𝘧𝘰𝘶𝘯𝘥 𝘩𝘪𝘴 𝘴𝘩𝘢𝘥𝘰𝘸. 𝘖𝘵𝘩𝘦𝘳𝘴 𝘴𝘢𝘺 𝘵𝘩𝘦 𝘴𝘩𝘢𝘥𝘰𝘸 𝘧𝘰𝘶𝘯𝘥 𝘩𝘪𝘮 𝘧𝘪𝘳𝘴𝘵❞



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ


    ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/bLVJ5SdGCes
    ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬 ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑂𝑛 𝑡𝘩𝑒 𝑓𝑜𝑜𝑡𝑠𝑡𝑒𝑝𝑠 𝑡𝘩𝑎𝑡 𝑤𝑒𝑟𝑒 𝑛𝑒𝑣𝑒𝑟 𝑓𝑜𝑢𝑛𝑑❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Los ancianos de Vargfjall contaban que los Vaeltaja no temían a la oscuridad. La conocían demasiado bien para desperdiciar el esfuerzo temiéndola. Cuando los caminos desaparecían bajo la nieve y las campanas de las aldeas dejaban de sonar una a una, aquellas figuras de hierro negro abandonaban sus fortalezas. No marchaban en grupos, tampoco llevaban estandartes, no pronunciaban juramentos antes de partir. Simplemente aparecían donde otros hombres se negaban a poner un pie. Una luz solitaria moviéndose entre la tormenta. Los niños se escondían al verlos pasar, los adultos bajaban la mirada; nadie celebraba su llegada, aunque todos dormían mejor cuando sabían que uno de ellos se encontraba cerca. Porque el mundo había aprendido una verdad incómoda de aceptar: los Vaeltaja siempre llegaban donde algo terrible estaba ocurriendo, y rara vez regresaban siendo los mismos. Entre todas las reliquias que portaban existía una especialmente extraña. Una lámpara alimentada por antiguos sellos cuya llama no producía calor ni humo. Su luz era pálida, un azul casi enfermizo, pero podía atravesar nieblas que apagaban cualquier antorcha. Los sacerdotes afirmaban que revelaba senderos ocultos. Los eruditos insistían en que se trataba de una forma olvidada de hechicería; pero los Vaeltaja nunca ofrecieron explicación alguna. 𝘘𝘶𝘪𝘻𝘢́ 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘯𝘧𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦. Existe un relato de un joven caballero que preguntó por qué seguían cargando aquellas lámparas si la mayoría de ellos podía orientarse incluso en completa oscuridad. Su maestro observó el sello ardiendo durante un largo rato, en silencio. La luz danzaba lánguida sobre el hierro ennegrecido de sus guanteletes, reflejándose en las cicatrices que cruzaban sus manos. —𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑡𝑜𝑑𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑒𝑐𝑒𝑟 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑎 —respondió el hombre. El joven creyó que se trataba de una metáfora. Los jóvenes suelen creer eso, y confunden sabiduría con poesía. Años después fue enviado más allá de los últimos caminos conocidos, a una región donde los bosques crecían sobre ciudades olvidadas y ruinas que se hundían lentamente bajo raíces negras. Allí encontró aldeas vacías, mesas preparadas para personas que jamás regresarían y cunas meciéndose en habitaciones donde no quedaba nadie a quien dormir. Cada noche escuchaba pasos detrás de él. Jamás delante, siempre atrás y a la misma distancia. Esperando. Intentó ignorarlos durante días. Luego durante semanas, y cuando finalmente reunió el valor para girarse, no encontró nada. Sólo árboles inmóviles y niebla. Sin embargo, al amanecer descubría huellas rodeando su campamento. Demasiado grandes para un hombre y demasiado humanas para una bestia. Y aún así continuó avanzando. Porque esa era la tragedia de los Vaeltaja; no eran héroes. Los héroes tienen la posibilidad de regresar. Ellos tenían la obligación de seguir caminando. Décadas más tarde volvió a Vargfjall. El cabello se había vuelto gris bajo el casco y la lámpara seguía ardiendo exactamente igual que el primer día. Los pocos hermanos que aún permanecían con vida preguntaron qué había encontrado en aquellas tierras. El hombre permaneció largo rato observando la llama, inmóvil. Luego respondió: —𝐿𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑟𝑎𝑟𝑛𝑜𝑠. Nadie habló. La lámpara continuó brillando entre sus manos. —𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑎𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑛̃𝑒. Jamás explicó qué significaban aquellas palabras. Jamás volvió a abandonar la fortaleza. Y cuando murió, encontraron la lámpara todavía encendida junto a su cuerpo, aunque el sello que la alimentaba se había consumido hacía años. Desde entonces, cuando los viajeros ven una luz solitaria moviéndose entre los bosques durante la noche, procuran no seguirla. No por miedo al Vaeltaja, sino porque existe una vieja creencia en Vargfjall: 𝑆𝑖 𝑢𝑛𝑎 𝑙𝑢𝑧 𝑠𝑒 𝑑𝑒𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒 𝑦 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑎𝑠𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑖𝑔𝑢𝑒𝑛, 𝑙𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑟𝑑𝑎𝑟𝑎́ 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑎 𝑠𝑖𝑔𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑠𝑜𝑙𝑎. 𝑌 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑛𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑠𝑎𝑠, 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑛 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑟 𝑠𝑜𝑙𝑎𝑠, 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎𝑛 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑒𝑟𝑠𝑒. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛋᚢᛘᛁᛦ ᛋᛅᚴᛁᛅ ᛅᛏ ᚼᛅᚾ ᚠᛅᚾ ᛋᚴᚢᚴᛅ ᛋᛁᚾ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛅᚦᛁᛦ ᛅᛏ ᛋᚴᚢᚴᛁᚾ ᚠᛅᚾ ᚼᛅᚾ ᚠᛁᚱᛋᛏ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘚𝘰𝘮𝘦 𝘴𝘢𝘺 𝘩𝘦 𝘧𝘰𝘶𝘯𝘥 𝘩𝘪𝘴 𝘴𝘩𝘢𝘥𝘰𝘸. 𝘖𝘵𝘩𝘦𝘳𝘴 𝘴𝘢𝘺 𝘵𝘩𝘦 𝘴𝘩𝘢𝘥𝘰𝘸 𝘧𝘰𝘶𝘯𝘥 𝘩𝘪𝘮 𝘧𝘪𝘳𝘴𝘵❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/bLVJ5SdGCes ❜
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  • — De tanto estar en muchos bosques fríos, me he encontrado a este amiguito, su nombre es Jeff, lo llamé así y le gustó, o al menos, no me intentó morder. Así que con ustedes, EL SEÑOR JEFF!! —
    — De tanto estar en muchos bosques fríos, me he encontrado a este amiguito, su nombre es Jeff, lo llamé así y le gustó, o al menos, no me intentó morder. Así que con ustedes, EL SEÑOR JEFF!! —
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  • No había avisado a nadie en el bunker, simplemente había subido las escaleras de metal y había salido de la casa. Estaba seguro de que le habían escuchado salir, sobre todo Hope, a la tríbrida no se le escapaba absolutamente nada. Pero necesitaba unos momentos para él, unos momentos a solas, unos momentos para intentar deshacer el nudo que lastraba su pecho desde hacía horas.
    Dean no era un hombre dado a hablar de sus sentimientos o de sí mismo, él era siempre el pilar de los demás, por lo que no podia permitirse derrumbarse.
    Siempre había sido así, desde que tenía cuatro años había aprendido a no llorar, a no mostrar miedo, inseguridad o angustia para no asustar a su hermanito pequeño. Había aprendido a esconder todo aquello y tan solo a mostrarse fuerte y seguro de sí mismo.

    Después de treinta y seis años, no podia cambiarlo. Por esa razón caminaba por el bosque, de noche y solo, buscando alejarse lo suficiente, pero no es él quien decide cuando parar, sino un angustioso sollozo que sube por su pecho y se abre paso por su garganta. Un sollozo que va teñido de rabia, una rabia que deja salir estrellando el puño varias veces contra el tronco de un árbol, hasta que no es capaz de soportar más el peso de la culpa, la cual amenaza con aplastarle, de modo que se deja caer sobre un tronco tumbado sintiendo como unas lágrimas de las que no había sido consciente hasta el momento empapan su rostro, el cual esconde con su mano zurda, llorando sin consuelo.
    Llorando por sus amigos.
    Llorando por el miedo que había tenido.
    Llorando por su familia.
    Llorando por Hope y por el alma de Jack.
    Llorando por él mismo, por como Miguel le había utilizado.
    Llorando por todo lo que no podia dejar salir nunca.
    No había avisado a nadie en el bunker, simplemente había subido las escaleras de metal y había salido de la casa. Estaba seguro de que le habían escuchado salir, sobre todo Hope, a la tríbrida no se le escapaba absolutamente nada. Pero necesitaba unos momentos para él, unos momentos a solas, unos momentos para intentar deshacer el nudo que lastraba su pecho desde hacía horas. Dean no era un hombre dado a hablar de sus sentimientos o de sí mismo, él era siempre el pilar de los demás, por lo que no podia permitirse derrumbarse. Siempre había sido así, desde que tenía cuatro años había aprendido a no llorar, a no mostrar miedo, inseguridad o angustia para no asustar a su hermanito pequeño. Había aprendido a esconder todo aquello y tan solo a mostrarse fuerte y seguro de sí mismo. Después de treinta y seis años, no podia cambiarlo. Por esa razón caminaba por el bosque, de noche y solo, buscando alejarse lo suficiente, pero no es él quien decide cuando parar, sino un angustioso sollozo que sube por su pecho y se abre paso por su garganta. Un sollozo que va teñido de rabia, una rabia que deja salir estrellando el puño varias veces contra el tronco de un árbol, hasta que no es capaz de soportar más el peso de la culpa, la cual amenaza con aplastarle, de modo que se deja caer sobre un tronco tumbado sintiendo como unas lágrimas de las que no había sido consciente hasta el momento empapan su rostro, el cual esconde con su mano zurda, llorando sin consuelo. Llorando por sus amigos. Llorando por el miedo que había tenido. Llorando por su familia. Llorando por Hope y por el alma de Jack. Llorando por él mismo, por como Miguel le había utilizado. Llorando por todo lo que no podia dejar salir nunca.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Entre la espesura del bosque, sus ojos esmeralda encontraron el objetivo. La naturaleza guardaba silencio; ella no. Cada flecha que tensaba era la voluntad del bosque hecha juicio.
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  • el armadillo estaba tranquilamente sentado en medio de un bosque, mientras tarareaba una cancion familiar ("i'm here") repentinamente un pajaro se coloco sobre su pie; captando su atencion.
    —❝𝐡𝐞𝐲, 𝐡𝐨𝐥𝐚 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐮𝐢𝐭𝐨 ¿𝐭𝐮 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐚𝐣𝐞?❞
    el armadillo estaba tranquilamente sentado en medio de un bosque, mientras tarareaba una cancion familiar ("i'm here") repentinamente un pajaro se coloco sobre su pie; captando su atencion. —❝𝐡𝐞𝐲, 𝐡𝐨𝐥𝐚 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐮𝐢𝐭𝐨 ¿𝐭𝐮 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐚𝐣𝐞?❞
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  • [el general se encontraba en lo profundo de un bosque entrenando sin descanso gracias a su energía y resistencia, dicho entrenamiento duro 3 días seguidos y al terminar este se dirigió a la cima de la montaña para observar el paisaje a su alrededor]

    Si de verdad quiero serle de utilidad a la reina tendré que esforzarme mil veces más que esto aunque por lo visto está dando sus frutos, se me nota en el físico.

    •su cuerpo se notaba mucho más definido de lo que antes estaba demostrando en parte lo mucho que debió haber aumentado su fuerza, pero esto no era suficiente para el general y su deseo de ser el mas fuerte•

    Apartir de ahora ya no más derrotas no pienso darme el lujo de perder, tendrán que matarme si desean la victoria gusanos.
    [el general se encontraba en lo profundo de un bosque entrenando sin descanso gracias a su energía y resistencia, dicho entrenamiento duro 3 días seguidos y al terminar este se dirigió a la cima de la montaña para observar el paisaje a su alrededor] Si de verdad quiero serle de utilidad a la reina tendré que esforzarme mil veces más que esto aunque por lo visto está dando sus frutos, se me nota en el físico. •su cuerpo se notaba mucho más definido de lo que antes estaba demostrando en parte lo mucho que debió haber aumentado su fuerza, pero esto no era suficiente para el general y su deseo de ser el mas fuerte• Apartir de ahora ya no más derrotas no pienso darme el lujo de perder, tendrán que matarme si desean la victoria gusanos.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    **Caminaba con calma entre los árboles del bosque... Era de noche, el cielo pintado en estrellas que iluminaban mi camino. No tenía miedo, jamás lo sentía... Conocía muy bien este lugar, solía recorrerlo desde que tenía 8 años (Buscando luciérnagas para atrapar). La música sonaba suavemente en mis oídos. Ramitas secas crujiendo bajo mis pies, mis manos dentro de mi chaqueta. El viento fresco de la noche movía mi cabello suavemente. Camine y camine... Hasta poder llegar a un pequeño claro, el lugar y el ambiente... Eran mágicos, luciérnagas por aquí, por allá... Flores silvestres de todos los colores, pero la que más resaltaban eran las celestes, brillantes, hermosas... Me detuve frente a una roca y allí, me senté, mirando hacia arriba... Contemplando y admirando la belleza nocturna <33. A pesar de que estaba sola, llevaba rato sintiéndome observada... No había visto nadie durante mi camino, pero sentía la sensación de que alguien o algo me observaba desde la distancia***
    **Caminaba con calma entre los árboles del bosque... Era de noche, el cielo pintado en estrellas que iluminaban mi camino. No tenía miedo, jamás lo sentía... Conocía muy bien este lugar, solía recorrerlo desde que tenía 8 años (Buscando luciérnagas para atrapar). La música sonaba suavemente en mis oídos. Ramitas secas crujiendo bajo mis pies, mis manos dentro de mi chaqueta. El viento fresco de la noche movía mi cabello suavemente. Camine y camine... Hasta poder llegar a un pequeño claro, el lugar y el ambiente... Eran mágicos, luciérnagas por aquí, por allá... Flores silvestres de todos los colores, pero la que más resaltaban eran las celestes, brillantes, hermosas... Me detuve frente a una roca y allí, me senté, mirando hacia arriba... Contemplando y admirando la belleza nocturna <33. A pesar de que estaba sola, llevaba rato sintiéndome observada... No había visto nadie durante mi camino, pero sentía la sensación de que alguien o algo me observaba desde la distancia***
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  • 𝔒𝔡𝔢𝔱𝔱𝔢 ℌ𝔢𝔪𝔩𝔬𝔠𝔨

    Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender.

    El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro.

    Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo.

    La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros.

    La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación.

    Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara.

    Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada.

    — Mujer. —

    Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo.

    — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo.

    Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo.

    — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. —

    Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro.

    — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. —

    El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura.

    — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. —

    Se quedó inmóvil, esperando.
    [orbit_turquoise_elephant_485] Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender. El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro. Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo. La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros. La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación. Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara. Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada. — Mujer. — Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo. — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo. Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo. — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. — Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro. — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. — El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura. — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. — Se quedó inmóvil, esperando.
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  • Galadriel caminó por los bosques, estaba agotada después de huir de aquél gran incendio que había arrasado con la ciudad.
    Había huido al mar, donde la vegetación era menor y podía ver aquél humo tan enorme subir hasta el cielo. Las llamas eran horribles, como si el mismísimo infierno hubiera atravesado el mundo de los vivos y se hubiera asentado aquí.

    Tranquilizó a su caballo el cuál estaba relinchando, cualquiera estaría así después de aquél caos.

    "Ya amigo... Todo estará bien" Le dijo al corcel, aunque ella misma no se habi autoconvencido de aquello. Simplemente, no sabía que pasaría a partir de ese momento.
    Galadriel caminó por los bosques, estaba agotada después de huir de aquél gran incendio que había arrasado con la ciudad. Había huido al mar, donde la vegetación era menor y podía ver aquél humo tan enorme subir hasta el cielo. Las llamas eran horribles, como si el mismísimo infierno hubiera atravesado el mundo de los vivos y se hubiera asentado aquí. Tranquilizó a su caballo el cuál estaba relinchando, cualquiera estaría así después de aquél caos. "Ya amigo... Todo estará bien" Le dijo al corcel, aunque ella misma no se habi autoconvencido de aquello. Simplemente, no sabía que pasaría a partir de ese momento.
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