• La princesa de las aguas...

    Bajo el mar duerme la ciudad,
    su reina en sombras quedó.
    Cabellos negros como la marea,
    ojos dorados que el agua ocultó.

    Por orgullo y pasión cayó el reino,
    y ella, eterna, en el abismo quedó.
    Mas cansada de eterna monotonía,
    rompió el silencio de las profundidades frías.

    Salió a la luz, pisó tierra firme,
    errante y libre, sin rumbo ni guía,
    buscando en bosques, montes y llanuras
    otras magias que el mar nunca le daría....
    La princesa de las aguas... Bajo el mar duerme la ciudad, su reina en sombras quedó. Cabellos negros como la marea, ojos dorados que el agua ocultó. Por orgullo y pasión cayó el reino, y ella, eterna, en el abismo quedó. Mas cansada de eterna monotonía, rompió el silencio de las profundidades frías. Salió a la luz, pisó tierra firme, errante y libre, sin rumbo ni guía, buscando en bosques, montes y llanuras otras magias que el mar nunca le daría....
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  • El primer paso dentro del Bosque de los Gigantes fue suficiente para que Gavlan notara que aquel lugar era diferente.

    La niebla cubría el suelo hasta las rodillas, moviéndose lentamente entre las raíces retorcidas de los árboles. Apenas podía distinguir unos metros frente a él, y cada sonido parecía perderse en aquella inmensidad gris.

    El mercader avanzó con cuidado.

    No porque dudara de sí mismo.

    Sino porque había aprendido que los lugares donde reina el silencio rara vez estaban realmente vacíos.

    El metal de su armadura resonaba suavemente mientras caminaba, mezclándose con los débiles quejidos que venían desde algún punto del bosque.

    Gavlan se detuvo.

    Inclinó ligeramente la cabeza.

    —Hm...

    Esperó.

    Ahí estaba otra vez.

    Un sonido bajo, casi como un lamento.

    Miró a su alrededor.

    Al principio pensó que venía de alguna criatura escondida entre la niebla, pero entonces vio los árboles.

    Algunos de ellos tenían formas extrañas.

    Sus troncos estaban deformados, como si algo hubiera intentado tallar rostros en la madera durante años. Rasgos apenas visibles entre la corteza: ojos cerrados, bocas abiertas en expresiones de dolor.

    Y de aquellos árboles salían los sonidos.

    Quejidos débiles.

    Susurros antiguos.

    Gavlan se acercó lentamente a uno de ellos.

    Observó el rostro formado en el tronco.

    —Vaya...

    Su voz salió más baja de lo normal.

    —He visto mercancía extraña en mis viajes.

    Pasó una mano por la corteza.

    —Pero árboles que parecen querer contar una historia...

    Miró el rostro inmóvil.

    —Eso es nuevo.

    El árbol respondió con otro lamento.

    Gavlan retiró la mano.

    —Bien.

    Una pausa.

    —Supongo que no eres de los que negocian.

    Continuó su camino.

    Más adelante, las siluetas de enormes ruinas comenzaron a aparecer entre la niebla. Piedras gigantescas cubiertas por musgo, restos de un lugar donde algo enorme había ocurrido mucho tiempo atrás.

    Entonces escuchó otro sonido.

    Esta vez no era un quejido.

    Era una respiración.

    Pesada.

    Profunda.

    Gavlan se detuvo de golpe.

    Entre la niebla, algo se movió.

    Primero vio la sombra.

    Después una enorme mano apoyándose sobre una roca.

    Y finalmente la figura.

    Un gigante.

    Su cuerpo era colosal, incluso entre aquellos árboles enormes parecía una montaña caminando. Cada movimiento hacía vibrar ligeramente el suelo.

    Gavlan permaneció quieto observándolo.

    No sacó su arma.

    No corrió.

    Simplemente lo evaluó.

    Como si estuviera frente a un posible cliente difícil.

    —Bueno...

    Acomodó lentamente una de las bolsas de su cinturón.

    —Ahora entiendo por qué llaman a esto el Bosque de los Gigantes.

    La criatura emitió un sonido grave que hizo eco entre los árboles.

    Gavlan miró sus flechas.

    Luego al gigante.

    Después a la enorme distancia que los separaba.

    —No creo que una venta vaya a ser sencilla.

    Una leve risa salió bajo su casco.

    —Aunque debo admitirlo...

    Observó al gigante una vez más.

    —Sería el cliente más grande que he tenido.

    El mercader dio un paso hacia adelante, adentrándose más en la niebla.

    Porque aunque el bosque estaba lleno de peligros, ruinas y cosas que parecían sacadas de una pesadilla...

    Gavlan había salido de aquella taberna por una razón.

    Buscar caminos nuevos.

    Encontrar mercancías nuevas.

    Y, con un poco de suerte... volver con una historia que valiera otra cerveza.
    El primer paso dentro del Bosque de los Gigantes fue suficiente para que Gavlan notara que aquel lugar era diferente. La niebla cubría el suelo hasta las rodillas, moviéndose lentamente entre las raíces retorcidas de los árboles. Apenas podía distinguir unos metros frente a él, y cada sonido parecía perderse en aquella inmensidad gris. El mercader avanzó con cuidado. No porque dudara de sí mismo. Sino porque había aprendido que los lugares donde reina el silencio rara vez estaban realmente vacíos. El metal de su armadura resonaba suavemente mientras caminaba, mezclándose con los débiles quejidos que venían desde algún punto del bosque. Gavlan se detuvo. Inclinó ligeramente la cabeza. —Hm... Esperó. Ahí estaba otra vez. Un sonido bajo, casi como un lamento. Miró a su alrededor. Al principio pensó que venía de alguna criatura escondida entre la niebla, pero entonces vio los árboles. Algunos de ellos tenían formas extrañas. Sus troncos estaban deformados, como si algo hubiera intentado tallar rostros en la madera durante años. Rasgos apenas visibles entre la corteza: ojos cerrados, bocas abiertas en expresiones de dolor. Y de aquellos árboles salían los sonidos. Quejidos débiles. Susurros antiguos. Gavlan se acercó lentamente a uno de ellos. Observó el rostro formado en el tronco. —Vaya... Su voz salió más baja de lo normal. —He visto mercancía extraña en mis viajes. Pasó una mano por la corteza. —Pero árboles que parecen querer contar una historia... Miró el rostro inmóvil. —Eso es nuevo. El árbol respondió con otro lamento. Gavlan retiró la mano. —Bien. Una pausa. —Supongo que no eres de los que negocian. Continuó su camino. Más adelante, las siluetas de enormes ruinas comenzaron a aparecer entre la niebla. Piedras gigantescas cubiertas por musgo, restos de un lugar donde algo enorme había ocurrido mucho tiempo atrás. Entonces escuchó otro sonido. Esta vez no era un quejido. Era una respiración. Pesada. Profunda. Gavlan se detuvo de golpe. Entre la niebla, algo se movió. Primero vio la sombra. Después una enorme mano apoyándose sobre una roca. Y finalmente la figura. Un gigante. Su cuerpo era colosal, incluso entre aquellos árboles enormes parecía una montaña caminando. Cada movimiento hacía vibrar ligeramente el suelo. Gavlan permaneció quieto observándolo. No sacó su arma. No corrió. Simplemente lo evaluó. Como si estuviera frente a un posible cliente difícil. —Bueno... Acomodó lentamente una de las bolsas de su cinturón. —Ahora entiendo por qué llaman a esto el Bosque de los Gigantes. La criatura emitió un sonido grave que hizo eco entre los árboles. Gavlan miró sus flechas. Luego al gigante. Después a la enorme distancia que los separaba. —No creo que una venta vaya a ser sencilla. Una leve risa salió bajo su casco. —Aunque debo admitirlo... Observó al gigante una vez más. —Sería el cliente más grande que he tenido. El mercader dio un paso hacia adelante, adentrándose más en la niebla. Porque aunque el bosque estaba lleno de peligros, ruinas y cosas que parecían sacadas de una pesadilla... Gavlan había salido de aquella taberna por una razón. Buscar caminos nuevos. Encontrar mercancías nuevas. Y, con un poco de suerte... volver con una historia que valiera otra cerveza.
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  • {La lluvia golpeaba con fuerza los tejados de la aldea mientras el viento arrastraba el olor a humo y ceniza desde tierras lejanas. Tras semanas de viaje, Ivandore de Ebonhart había recorrido caminos olvidados, cruzado bosques oscuros y dejado atrás los ecos de una guerra que parecía no tener fin.}

    {Las puertas de la posada se abrieron lentamente, dejando entrar una ráfaga de aire frío. Las conversaciones cesaron por un instante cuando la figura del caballero apareció bajo la tenue luz de las velas. Su armadura mostraba las marcas de incontables batallas, y sobre su capa desgastada aún podía distinguirse la cruz roja de su orden.}

    {Sin pronunciar palabra, avanzó hasta el mostrador. El tintineo metálico de sus espuelas resonó en toda la sala. Sacó una pequeña bolsa de cuero y la dejó caer frente a la tabernera. El sonido de las monedas de oro chocando entre sí fue suficiente para captar toda su atención.}

    —Busco una habitación, comida caliente y un establo para mi montura.

    {La mujer observó la pesada bolsa antes de alzar la vista hacia el misterioso viajero.}

    —Parece que habéis recorrido un largo camino, mi señor.

    {Ivandore permaneció inmóvil unos segundos tras el visor de su yelmo.}

    —Más largo de lo que hubiese deseado.

    {Por primera vez en muchas jornadas, el caballero se encontraba bajo un techo seguro. Sin embargo, incluso allí, entre el calor de la chimenea y el aroma de la cerveza recién servida, las sombras del pasado seguían caminando a su lado.}
    {La lluvia golpeaba con fuerza los tejados de la aldea mientras el viento arrastraba el olor a humo y ceniza desde tierras lejanas. Tras semanas de viaje, Ivandore de Ebonhart había recorrido caminos olvidados, cruzado bosques oscuros y dejado atrás los ecos de una guerra que parecía no tener fin.} {Las puertas de la posada se abrieron lentamente, dejando entrar una ráfaga de aire frío. Las conversaciones cesaron por un instante cuando la figura del caballero apareció bajo la tenue luz de las velas. Su armadura mostraba las marcas de incontables batallas, y sobre su capa desgastada aún podía distinguirse la cruz roja de su orden.} {Sin pronunciar palabra, avanzó hasta el mostrador. El tintineo metálico de sus espuelas resonó en toda la sala. Sacó una pequeña bolsa de cuero y la dejó caer frente a la tabernera. El sonido de las monedas de oro chocando entre sí fue suficiente para captar toda su atención.} —Busco una habitación, comida caliente y un establo para mi montura. {La mujer observó la pesada bolsa antes de alzar la vista hacia el misterioso viajero.} —Parece que habéis recorrido un largo camino, mi señor. {Ivandore permaneció inmóvil unos segundos tras el visor de su yelmo.} —Más largo de lo que hubiese deseado. {Por primera vez en muchas jornadas, el caballero se encontraba bajo un techo seguro. Sin embargo, incluso allí, entre el calor de la chimenea y el aroma de la cerveza recién servida, las sombras del pasado seguían caminando a su lado.}
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  • Primera luna

    Pese la mordedura que me hizo Jason no me convertí en loba esa noche, pero se que cuando fuera luna llena si. Tenía cierto respecto a esta, ya que soy del todo sincera me dolió. Por lo que estaba un poco por no decir nerviosa del todo, había ido al bosque donde él me hizo su compañera. Como bien me dijo nadie iba a ir.

    Mire al cielo este tenía tonos naranjas muy bonitos del atardecer, en nada iba a llegar la noche y debía estar lista. Me quité la ropa, porque lo poco que recuerdo de la noche de la mordedura es que Jason perdió su ropa, la dejé oculta en uno de los matorrales. Y empecé a caminar descalza por el bosque, no había prisa ninguna y al llegar a una zona despejada me quedé ahí hasta que la luna se hizo acto de presencia.

    — AAHH —

    Me agarró ambos lados de mi cabeza ya que el dolor era una punzada, pero lo peor fue como cada hueso de mi cuerpo se iba rompiendo para dar a los huesos de mi forma de loba, además de que me empiezo a crecer el pelo y acabe optando la postura de lobo. Inclinó mi cabeza soltando un aullido y corro libremente, por ese bosque hasta dar con un charco, ahí por primera vez me vi.
    Primera luna Pese la mordedura que me hizo Jason no me convertí en loba esa noche, pero se que cuando fuera luna llena si. Tenía cierto respecto a esta, ya que soy del todo sincera me dolió. Por lo que estaba un poco por no decir nerviosa del todo, había ido al bosque donde él me hizo su compañera. Como bien me dijo nadie iba a ir. Mire al cielo este tenía tonos naranjas muy bonitos del atardecer, en nada iba a llegar la noche y debía estar lista. Me quité la ropa, porque lo poco que recuerdo de la noche de la mordedura es que Jason perdió su ropa, la dejé oculta en uno de los matorrales. Y empecé a caminar descalza por el bosque, no había prisa ninguna y al llegar a una zona despejada me quedé ahí hasta que la luna se hizo acto de presencia. — AAHH — Me agarró ambos lados de mi cabeza ya que el dolor era una punzada, pero lo peor fue como cada hueso de mi cuerpo se iba rompiendo para dar a los huesos de mi forma de loba, además de que me empiezo a crecer el pelo y acabe optando la postura de lobo. Inclinó mi cabeza soltando un aullido y corro libremente, por ese bosque hasta dar con un charco, ahí por primera vez me vi.
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  • Arco IV: El Clan de la Flor Imperial
    Fandom Culto de Saturno
    Categoría Acción
    Tras días navegando por las inmensas aguas del Pacífico, nuestros protagonistas finalmente divisaron tierra firme. El velero se aproximó lentamente a la costa mientras las olas rompían contra playas de arena clara. Más allá se extendían bosques frondosos de cerezos, cuyas flores rosadas teñían el paisaje con una belleza casi irreal.

    Era un país aislado. Desconocido para ellos. Lejos de las garras visibles del Culto de Saturno. Al menos por ahora.

    El aire era diferente. Más limpio. Como si hubieran llegado a otro mundo. Sólo el canto de las aves y el susurro del viento entre los árboles. Sin embargo... No estaban solos.

    Oculta entre los frondosos cerezos que dominaban las colinas cercanas, una figura los observaba.Inmóvil. Silenciosa. Sus ojos seguían cada movimiento del grupo con atención. No parecía un miembro del culto. Tampoco un simple habitante. Era alguien que llevaba tiempo esperando.

    Las flores de cerezo cayeron lentamente a su alrededor mientras permanecía escondida entre las ramas. Y preguntándose quiénes eran aquellos extraños que acababan de llegar a las tierras del Clan de la Flor Imperial.Unknown Nami
    Tras días navegando por las inmensas aguas del Pacífico, nuestros protagonistas finalmente divisaron tierra firme. El velero se aproximó lentamente a la costa mientras las olas rompían contra playas de arena clara. Más allá se extendían bosques frondosos de cerezos, cuyas flores rosadas teñían el paisaje con una belleza casi irreal. Era un país aislado. Desconocido para ellos. Lejos de las garras visibles del Culto de Saturno. Al menos por ahora. El aire era diferente. Más limpio. Como si hubieran llegado a otro mundo. Sólo el canto de las aves y el susurro del viento entre los árboles. Sin embargo... No estaban solos. Oculta entre los frondosos cerezos que dominaban las colinas cercanas, una figura los observaba.Inmóvil. Silenciosa. Sus ojos seguían cada movimiento del grupo con atención. No parecía un miembro del culto. Tampoco un simple habitante. Era alguien que llevaba tiempo esperando. Las flores de cerezo cayeron lentamente a su alrededor mientras permanecía escondida entre las ramas. Y preguntándose quiénes eran aquellos extraños que acababan de llegar a las tierras del Clan de la Flor Imperial.[Uni_Darkness_Softspot] [legend_opal_hare_231]
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  • Razor se encontraba en el bosque de Wolvendom. Tranquilo, echado en el suelo cerca de unos árboles, estaba recostado descaradamente sobre una imponente loba blanca, la pareja del lobo alfa de la manada. Razor rascada con tranquilidad la cabeza de ella mientras miraba al cielo con calma, la misma calma después de un día divertido.

    -Hoy...Razor hacer muchas cosas en...Mondstadt... Comió mucho con Sara... así... -extendió un momento sus manos levantando 5 dedos de una mano y 3 de la otra. Tal vez exageró pero así lo sintió él- Mucha carne...a la miel...pan...Sara dio sopa también...verduras no gustan...pero...Razor se portó bien...

    La loba al escucharlo, como si entendiera lo que decía el chico, alzaba de vez en cuando una oreja, ladeaba la cabeza, resoplaba por la nariz.

    -Heh...Loba tonta... -No lo decía como insulto, pero la Loba pareció entender la palabra, le gruñó suavemente, como una madre regañando a un cachorro y le dio una mordida- ¡Ouch!...Está bien...está bien...loba no tonta...loba lista... -La loba resopló y movió una de sus orejas con orgullo-

    -Luego...Razor...jugar con perros de la ciudad...perros tontos...no alcanzaron a Razor...Razor ganar, después ir con Hermana Lisa...prestó libros de lobos a Razor...y...enseñó palabras nuevas...difíciles...ya no acordar...
    Razor se encontraba en el bosque de Wolvendom. Tranquilo, echado en el suelo cerca de unos árboles, estaba recostado descaradamente sobre una imponente loba blanca, la pareja del lobo alfa de la manada. Razor rascada con tranquilidad la cabeza de ella mientras miraba al cielo con calma, la misma calma después de un día divertido. -Hoy...Razor hacer muchas cosas en...Mondstadt... Comió mucho con Sara... así... -extendió un momento sus manos levantando 5 dedos de una mano y 3 de la otra. Tal vez exageró pero así lo sintió él- Mucha carne...a la miel...pan...Sara dio sopa también...verduras no gustan...pero...Razor se portó bien... La loba al escucharlo, como si entendiera lo que decía el chico, alzaba de vez en cuando una oreja, ladeaba la cabeza, resoplaba por la nariz. -Heh...Loba tonta... -No lo decía como insulto, pero la Loba pareció entender la palabra, le gruñó suavemente, como una madre regañando a un cachorro y le dio una mordida- ¡Ouch!...Está bien...está bien...loba no tonta...loba lista... -La loba resopló y movió una de sus orejas con orgullo- -Luego...Razor...jugar con perros de la ciudad...perros tontos...no alcanzaron a Razor...Razor ganar, después ir con Hermana Lisa...prestó libros de lobos a Razor...y...enseñó palabras nuevas...difíciles...ya no acordar...
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  • Regreso a Makyora
    Fandom OC
    Categoría Aventura
    No pude dormir después de lo que vi en el Mundo de los Sueños, cada vez que cerraba los ojos volvía a ver las ruinas de la Mansión Azraeth. Intentaba convencerme de que había cometido un error, que quizás había observado otra época o incluso otro mundo, pero en el fondo sabía que no era así. Aquello era real. Algo terrible había ocurrido en Makyora y mientras más tiempo permaneciera aquí sin hacer nada, menos posibilidades tendría de averiguar qué había sucedido.

    Durante semanas intenté encontrar una forma de abrir un portal real, una y otra vez repasé las investigaciones de Loki, reconstruí cálculos, corregí fórmulas y probé diferentes círculos mágicos, pero siempre llegaba al mismo resultado, mi poder no era suficiente, podía sentirlo, la teoría funcionaba, los cálculos eran correctos, la brújula existía pero el portal requería una cantidad de energía absurda.

    Mi primera idea fue buscar a Lombard, después de todo, era mi hermano y probablemente la persona más poderosa que conocía. Sin embargo, cuanto más lo pensaba, peor me parecía la idea, él sufría el mismo problema que yo, su maná estaba corrompido. Si combinábamos nuestras energías para intentar abrir un portal dimensional, la interferencia podría producir cualquier cosa. Tal vez lograríamos abrirlo pero con el riesgo de hacer explotar media academia, o quizás terminaríamos perdidos en algún lugar imposible entre dimensiones.

    Las investigaciones de Loki eran bastante claras en ese aspecto, la brújula debía ser pura y ni Lombard ni yo estábamos cerca de cumplir ese requisito, entonces pensé en Elina, desde nuestro reencuentro había algo que no dejaba de llamarme la atención. A diferencia de Lombard y de mí, nunca sentí corrupción en su energía. Su maná era extraño, inmenso incluso, pero no estaba contaminado por aquella anomalía que tanto nos afectaba.

    Ella podía ser la respuesta pero tampoco podía pedirle que fuera sola, si el portal funcionaba, pensaba cruzarlo personalmente y si algo salía mal, no iba a permitir que cargara con el riesgo por su cuenta. Fue entonces cuando se me ocurrió otra idea, una posibilidad que había evitado considerar durante mucho tiempo, mi forma dracónica. ¿Aun la poseía? ¿También estaría corrupta? ¿Y si todo este tiempo simplemente no me había dado cuenta?

    Si quería viajar junto con Elina, necesitaba saber si no seria un estorbo que solo afectaría el portal. El problema era que no sabía la respuesta. Necesitaba comprobarlo y necesitaba hacerlo lejos de la academia.

    Así que una noche abandoné discretamente el campus, activé mi forma salvaje para desplegar las alas y me lancé al cielo nocturno. El viento golpeó mi rostro mientras me alejaba de las luces de la ciudad. Volé durante horas, atravesando montañas, bosques y kilómetros de océano hasta que finalmente encontré una pequeña isla desierta perdida en medio de la nada , allí aterricé.

    El cielo comenzaba a aclararse, las primeras luces del amanecer aparecían en el horizonte mientras observaba el mar en silencio, todavía tenia dudas. Si mi forma dracónica había sido afectada por la corrupción, significaría que una parte fundamental de mí ya estaba perdida. Respiré profundamente y me concentré, sentí el poder recorriendo cada rincón de mi cuerpo, mis huesos comenzaron a cambiar, mis músculos crecieron la energía se expandió por todo mi ser.
    El proceso continuó hasta que finalmente adopté mi verdadera forma, un pequeño dragón negro. Abrí los ojos, y observé mi cuerpo que no tenia rastras de deformaciones ni corrupción. Solté una carcajada que terminó convirtiéndose en un rugido de alegría, luego extendí las alas y volé, volé tan rápido como pude, sin limitaciones, sin miedo, sin tener que preocuparme por perder el control.

    El océano se convirtió en una mancha borrosa bajo mis patas mientras atravesaba el cielo, por primera vez desde que llegué a este mundo me sentí libre , completamente libre. Descendí cerca de la superficie del agua y observé mi reflejo, seguía siendo joven y mucho más pequeña que los grandes dragones de Makyora como mi padre.

    Todavía soy incapaz de utilizar magia compleja en esta forma pero seguía siendo un dragón y eso era suficiente. Batí las alas una vez más y ascendí hasta superar las nubes.

    El aire se volvió frío, el cielo se abrió a mi alrededor, entonces inhalé profundamente, pude sentir el fuego acumulándose dentro de mí. Mi llama azul, la única habilidad mágica que podía realizar, era vergonzoso pero ahora no me importaba, abrí las fauces y la liberé. El rayo de fuego atravesó el cielo antes de explotar sobre las nubes en una gigantesca detonación de energía azul, la onda expansiva se extendió por kilómetros. Aquello no era un ataque, era una señal, una petición de ayuda entre los dragones.

    Permanecí suspendida en el aire observando cómo los restos luminosos de la explosión desaparecían lentamente en la distancia. Confiando en que alguien la reconociera, Elina. Confiaba que ella pudiera recordar aquel llamado, porque si alguien podía escucharme a través de aquel inmenso mundo... Era ella, Elina Drakon

    No pude dormir después de lo que vi en el Mundo de los Sueños, cada vez que cerraba los ojos volvía a ver las ruinas de la Mansión Azraeth. Intentaba convencerme de que había cometido un error, que quizás había observado otra época o incluso otro mundo, pero en el fondo sabía que no era así. Aquello era real. Algo terrible había ocurrido en Makyora y mientras más tiempo permaneciera aquí sin hacer nada, menos posibilidades tendría de averiguar qué había sucedido. Durante semanas intenté encontrar una forma de abrir un portal real, una y otra vez repasé las investigaciones de Loki, reconstruí cálculos, corregí fórmulas y probé diferentes círculos mágicos, pero siempre llegaba al mismo resultado, mi poder no era suficiente, podía sentirlo, la teoría funcionaba, los cálculos eran correctos, la brújula existía pero el portal requería una cantidad de energía absurda. Mi primera idea fue buscar a Lombard, después de todo, era mi hermano y probablemente la persona más poderosa que conocía. Sin embargo, cuanto más lo pensaba, peor me parecía la idea, él sufría el mismo problema que yo, su maná estaba corrompido. Si combinábamos nuestras energías para intentar abrir un portal dimensional, la interferencia podría producir cualquier cosa. Tal vez lograríamos abrirlo pero con el riesgo de hacer explotar media academia, o quizás terminaríamos perdidos en algún lugar imposible entre dimensiones. Las investigaciones de Loki eran bastante claras en ese aspecto, la brújula debía ser pura y ni Lombard ni yo estábamos cerca de cumplir ese requisito, entonces pensé en Elina, desde nuestro reencuentro había algo que no dejaba de llamarme la atención. A diferencia de Lombard y de mí, nunca sentí corrupción en su energía. Su maná era extraño, inmenso incluso, pero no estaba contaminado por aquella anomalía que tanto nos afectaba. Ella podía ser la respuesta pero tampoco podía pedirle que fuera sola, si el portal funcionaba, pensaba cruzarlo personalmente y si algo salía mal, no iba a permitir que cargara con el riesgo por su cuenta. Fue entonces cuando se me ocurrió otra idea, una posibilidad que había evitado considerar durante mucho tiempo, mi forma dracónica. ¿Aun la poseía? ¿También estaría corrupta? ¿Y si todo este tiempo simplemente no me había dado cuenta? Si quería viajar junto con Elina, necesitaba saber si no seria un estorbo que solo afectaría el portal. El problema era que no sabía la respuesta. Necesitaba comprobarlo y necesitaba hacerlo lejos de la academia. Así que una noche abandoné discretamente el campus, activé mi forma salvaje para desplegar las alas y me lancé al cielo nocturno. El viento golpeó mi rostro mientras me alejaba de las luces de la ciudad. Volé durante horas, atravesando montañas, bosques y kilómetros de océano hasta que finalmente encontré una pequeña isla desierta perdida en medio de la nada , allí aterricé. El cielo comenzaba a aclararse, las primeras luces del amanecer aparecían en el horizonte mientras observaba el mar en silencio, todavía tenia dudas. Si mi forma dracónica había sido afectada por la corrupción, significaría que una parte fundamental de mí ya estaba perdida. Respiré profundamente y me concentré, sentí el poder recorriendo cada rincón de mi cuerpo, mis huesos comenzaron a cambiar, mis músculos crecieron la energía se expandió por todo mi ser. El proceso continuó hasta que finalmente adopté mi verdadera forma, un pequeño dragón negro. Abrí los ojos, y observé mi cuerpo que no tenia rastras de deformaciones ni corrupción. Solté una carcajada que terminó convirtiéndose en un rugido de alegría, luego extendí las alas y volé, volé tan rápido como pude, sin limitaciones, sin miedo, sin tener que preocuparme por perder el control. El océano se convirtió en una mancha borrosa bajo mis patas mientras atravesaba el cielo, por primera vez desde que llegué a este mundo me sentí libre , completamente libre. Descendí cerca de la superficie del agua y observé mi reflejo, seguía siendo joven y mucho más pequeña que los grandes dragones de Makyora como mi padre. Todavía soy incapaz de utilizar magia compleja en esta forma pero seguía siendo un dragón y eso era suficiente. Batí las alas una vez más y ascendí hasta superar las nubes. El aire se volvió frío, el cielo se abrió a mi alrededor, entonces inhalé profundamente, pude sentir el fuego acumulándose dentro de mí. Mi llama azul, la única habilidad mágica que podía realizar, era vergonzoso pero ahora no me importaba, abrí las fauces y la liberé. El rayo de fuego atravesó el cielo antes de explotar sobre las nubes en una gigantesca detonación de energía azul, la onda expansiva se extendió por kilómetros. Aquello no era un ataque, era una señal, una petición de ayuda entre los dragones. Permanecí suspendida en el aire observando cómo los restos luminosos de la explosión desaparecían lentamente en la distancia. Confiando en que alguien la reconociera, Elina. Confiaba que ella pudiera recordar aquel llamado, porque si alguien podía escucharme a través de aquel inmenso mundo... Era ella, [Elina_Drakon]
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  • [después de escuchar atentamente la información de los habitantes, el general Deimos visito el bosque donde vivía aquella criatura y exploró el lugar hasta finalmente encontrarselo después de unos 20 minutos]

    No es por juzgarte con la mirada pero apuesto todo lo que tengo a que tu eres el causante de tanto escándalo

    •Un ogro de piel morada con tres ojos había sido el causante del miedo que tenían los habitantes de Okebore, estos eran ogros conocidos por su inteligencia en combate, sabían fabricar armaduras de piel caseras según los enemigos a los que se enfrentaban•

    Ogro: ¡GHAAAAAA! ¡AHHHH!

    Esa armadura está hecha con la piel de un demonio minotauro ¿No es así? Con razón a los ciudadanos se les complicó.

    •un aura rojiza envolveria el cuerpo del general pero luego toda el aura se movió de lugar rápidamente para dirigirse a su puño izquierdo donde se concentro con fuerza•

    No te enojes, eres un buen guerrero si hablamos de inteligencia pero tuviste la mala suerte de toparte conmigo.. si atacas uno de los pueblos que yo defiendo entonces tendré que cobrarte por los arreglos ¡Me pagarás con tu vida!

    •el ogro atacaria con su hacha al general quien dio un salto para esquivar el corte y caer de pie sobre el mango del hacha, una vez ahí se lanzó hacia delante llendo directo al pecho donde daría un puñetazo con su mano izquierda, lo que provocó un agujero en el pecho de la criatura ya que el impacto fue tan feroz que le atravezo el pecho de lado a lado, y finalmente la criatura caería al suelo perdiendo su vida en el acto, sus órganos vitales habían sido despedazados•
    [después de escuchar atentamente la información de los habitantes, el general Deimos visito el bosque donde vivía aquella criatura y exploró el lugar hasta finalmente encontrarselo después de unos 20 minutos] No es por juzgarte con la mirada pero apuesto todo lo que tengo a que tu eres el causante de tanto escándalo •Un ogro de piel morada con tres ojos había sido el causante del miedo que tenían los habitantes de Okebore, estos eran ogros conocidos por su inteligencia en combate, sabían fabricar armaduras de piel caseras según los enemigos a los que se enfrentaban• Ogro: ¡GHAAAAAA! ¡AHHHH! Esa armadura está hecha con la piel de un demonio minotauro ¿No es así? Con razón a los ciudadanos se les complicó. •un aura rojiza envolveria el cuerpo del general pero luego toda el aura se movió de lugar rápidamente para dirigirse a su puño izquierdo donde se concentro con fuerza• No te enojes, eres un buen guerrero si hablamos de inteligencia pero tuviste la mala suerte de toparte conmigo.. si atacas uno de los pueblos que yo defiendo entonces tendré que cobrarte por los arreglos ¡Me pagarás con tu vida! •el ogro atacaria con su hacha al general quien dio un salto para esquivar el corte y caer de pie sobre el mango del hacha, una vez ahí se lanzó hacia delante llendo directo al pecho donde daría un puñetazo con su mano izquierda, lo que provocó un agujero en el pecho de la criatura ya que el impacto fue tan feroz que le atravezo el pecho de lado a lado, y finalmente la criatura caería al suelo perdiendo su vida en el acto, sus órganos vitales habían sido despedazados•
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387422

    "La Rata de los Dormitorios 2"

    Después de revisar las investigaciones de Loki una y otra vez, terminé llegando siempre a la misma conclusión: yo era la brújula. No importaba cuántas veces repasara los cálculos, las notas o las teorías, todas apuntaban a lo mismo. Un portal estable necesitaba una referencia capaz de reconocer el mundo que buscaba y yo junto con mis hermanos eramos las únicas personas en la Tierra que cumplían con esa condición. Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí y mi energía seguía conservando la huella de aquel mundo. Sin embargo, cuanto más convencida estaba de la teoría, más me molestaba una pregunta que no dejaba de rondar mi cabeza. Si Loki había llegado tan lejos en sus investigaciones, ¿por qué nunca publicó todo de forma directa?

    Mientras más pensaba en ello, menos sentido tenía. En lugar de escribir una investigación completa, había repartido información importante entre artículos académicos y novelas de fantasía, obligando a cualquiera que quisiera comprender el conjunto a reconstruirlo pieza por pieza. Era un método tan absurdamente difícil que terminé sospechando que había una razón detrás. Tal vez aquella investigación estaba prohibida y Loki necesitaba ocultarla sin llamar la atención. Tal vez la academia jamás habría permitido publicar ciertas conclusiones. O quizás simplemente era una mujer excéntrica con una obsesión enfermiza por las conspiraciones. Sinceramente, cualquiera de las tres explicaciones me parecía posible.

    Aun así, no estaba dispuesta a intentar abrir un portal sin antes comprobar que la teoría funcionaba. Fue entonces cuando recordé algo que había llamado mi atención en las novelas, en estas aparecía constantemente una referencia al llamado Mundo de los Sueños. Al principio pensé que se trataba de una metáfora filosófica, pero cuanto más leía más claro quedaba que Loki hablaba de algo real. Según sus escritos, no era exactamente un mundo, sino una especie de red que conectaba múltiples realidades, una inmensa telaraña donde innumerables universos estaban unidos por caminos invisibles. La descripción me recordó de inmediato a ciertas experiencias relacionadas con Veythra y el corazón de Akane, aunque aquello parecía mucho más vasto. Según Loki, el Mundo de los Sueños era la forma más segura de explorar otras realidades porque permitía observarlas sin atravesar físicamente las barreras dimensionales. Era como asomarse por una ventana antes de abrir una puerta.

    Me decidí en probarlo, preparé el círculo mágico exactamente como indicaban las investigaciones, revisé varias veces cada símbolo y finalmente me acomodé sobre la cama. No esperaba que funcionara realmente, pero cuando cerré los ojos sentí que algo tiraba de mi conciencia y un instante después me encontré en un lugar imposible de describir. No había suelo ni cielo, solo una inmensa oscuridad atravesada por incontables hilos de luz que se extendían en todas direcciones como una telaraña. Cada hilo parecía conducir a un mundo diferente, cada punto luminoso representaba una realidad distinta y la cantidad de información que percibí fue tan abrumadora que un dolor insoportable atravesó mi cabeza. Apenas pude soportarlo unos segundos antes de despertar de golpe en mi habitación.

    Me tomó varios minutos recuperar el aliento, pero había sido suficiente, la teoría era real. Durante las semanas siguientes me dediqué a perfeccionar el proceso. Modifiqué círculos mágicos, corregí errores, ajusté las fórmulas y repetí los intentos una y otra vez hasta que finalmente logré construir un acceso mucho más estable. La siguiente vez fue diferente. Cuando entré al Mundo de los Sueños seguía sintiendo la inmensidad de aquella red, pero ya no me aplastaba como antes. Podía observarla sin perder la conciencia y fue entonces cuando encontré lo que estaba buscando. Makyora.

    Lo reconocí de inmediato, una de las incontables ventanas de la telaraña se abrió ante mí y sentí una atracción imposible de ignorar. Me lancé hacia ella y al instante me encontré volando sobre los cielos de mi mundo natal. No estaba allí físicamente. Era más parecido a una proyección astral, un sueño o un fantasma incapaz de interactuar con lo que veía, pero no me importó. Después de tanto tiempo había vuelto a casa.

    La emoción apenas me permitió pensar con claridad durante los primeros minutos. Volé sobre montañas, bosques y ciudades familiares, disfrutando de una sensación que creí perdida para siempre. Sin embargo, poco a poco comencé a notar algo extraño. Algunas zonas parecían dañadas, otras estaban demasiado silenciosas, al principio pensé que era un error y llegué a creer que había terminado observando otra época distinta, pero mientras más avanzaba más difícil era ignorar aquella sensación.

    Entonces decidí dirigirme directamente a mi hogar, volé hacia la Mansión Azraeth y cuando la vi, sentí que el corazón se me detenía. La mansión estaba en ruinas, parte de la estructura había colapsado, los jardines habían desaparecido y muchas de las paredes estaban destruidas. Durante varios segundos me quedé inmóvil, incapaz de aceptar lo que estaba viendo. Luego atravesé la entrada y recorrí desesperadamente los pasillos. Busqué habitaciones, salones, patios, cualquier lugar donde pudiera encontrar una señal de vida o una pista sobre lo que había ocurrido. Busqué a mi padre, a los sirvientes, ahora buscaba cualquier cosa pero no encontré nada.

    El silencio era absoluto, mientras avanzaba por aquella mansión destruida sentí cómo el miedo comenzaba a apoderarse de mí. Mi concentración empezó a romperse y la presión en mi mente se volvió cada vez más fuerte. Las imágenes se distorsionaron, los contornos comenzaron a deshacerse y comprendí que estaba perdiendo la conexión. Intenté resistir. Intenté quedarme un poco más. Necesitaba respuestas.

    Pero el impacto fue demasiado grande, la conexión terminó rompiéndose y desperté de golpe en mi habitación, me incorporé sobresaltada, respirando con dificultad y sintiendo las manos temblar. Durante varios segundos permanecí inmóvil mirando la oscuridad del techo mientras intentaba convencerme de que aquello había sido un sueño pero yo sabia que no lo era, lo que había visto era real, algo terrible había ocurrido en Makyora, ahora estaba convencida que tenía que regresar.
    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387422 "La Rata de los Dormitorios 2" Después de revisar las investigaciones de Loki una y otra vez, terminé llegando siempre a la misma conclusión: yo era la brújula. No importaba cuántas veces repasara los cálculos, las notas o las teorías, todas apuntaban a lo mismo. Un portal estable necesitaba una referencia capaz de reconocer el mundo que buscaba y yo junto con mis hermanos eramos las únicas personas en la Tierra que cumplían con esa condición. Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí y mi energía seguía conservando la huella de aquel mundo. Sin embargo, cuanto más convencida estaba de la teoría, más me molestaba una pregunta que no dejaba de rondar mi cabeza. Si Loki había llegado tan lejos en sus investigaciones, ¿por qué nunca publicó todo de forma directa? Mientras más pensaba en ello, menos sentido tenía. En lugar de escribir una investigación completa, había repartido información importante entre artículos académicos y novelas de fantasía, obligando a cualquiera que quisiera comprender el conjunto a reconstruirlo pieza por pieza. Era un método tan absurdamente difícil que terminé sospechando que había una razón detrás. Tal vez aquella investigación estaba prohibida y Loki necesitaba ocultarla sin llamar la atención. Tal vez la academia jamás habría permitido publicar ciertas conclusiones. O quizás simplemente era una mujer excéntrica con una obsesión enfermiza por las conspiraciones. Sinceramente, cualquiera de las tres explicaciones me parecía posible. Aun así, no estaba dispuesta a intentar abrir un portal sin antes comprobar que la teoría funcionaba. Fue entonces cuando recordé algo que había llamado mi atención en las novelas, en estas aparecía constantemente una referencia al llamado Mundo de los Sueños. Al principio pensé que se trataba de una metáfora filosófica, pero cuanto más leía más claro quedaba que Loki hablaba de algo real. Según sus escritos, no era exactamente un mundo, sino una especie de red que conectaba múltiples realidades, una inmensa telaraña donde innumerables universos estaban unidos por caminos invisibles. La descripción me recordó de inmediato a ciertas experiencias relacionadas con Veythra y el corazón de Akane, aunque aquello parecía mucho más vasto. Según Loki, el Mundo de los Sueños era la forma más segura de explorar otras realidades porque permitía observarlas sin atravesar físicamente las barreras dimensionales. Era como asomarse por una ventana antes de abrir una puerta. Me decidí en probarlo, preparé el círculo mágico exactamente como indicaban las investigaciones, revisé varias veces cada símbolo y finalmente me acomodé sobre la cama. No esperaba que funcionara realmente, pero cuando cerré los ojos sentí que algo tiraba de mi conciencia y un instante después me encontré en un lugar imposible de describir. No había suelo ni cielo, solo una inmensa oscuridad atravesada por incontables hilos de luz que se extendían en todas direcciones como una telaraña. Cada hilo parecía conducir a un mundo diferente, cada punto luminoso representaba una realidad distinta y la cantidad de información que percibí fue tan abrumadora que un dolor insoportable atravesó mi cabeza. Apenas pude soportarlo unos segundos antes de despertar de golpe en mi habitación. Me tomó varios minutos recuperar el aliento, pero había sido suficiente, la teoría era real. Durante las semanas siguientes me dediqué a perfeccionar el proceso. Modifiqué círculos mágicos, corregí errores, ajusté las fórmulas y repetí los intentos una y otra vez hasta que finalmente logré construir un acceso mucho más estable. La siguiente vez fue diferente. Cuando entré al Mundo de los Sueños seguía sintiendo la inmensidad de aquella red, pero ya no me aplastaba como antes. Podía observarla sin perder la conciencia y fue entonces cuando encontré lo que estaba buscando. Makyora. Lo reconocí de inmediato, una de las incontables ventanas de la telaraña se abrió ante mí y sentí una atracción imposible de ignorar. Me lancé hacia ella y al instante me encontré volando sobre los cielos de mi mundo natal. No estaba allí físicamente. Era más parecido a una proyección astral, un sueño o un fantasma incapaz de interactuar con lo que veía, pero no me importó. Después de tanto tiempo había vuelto a casa. La emoción apenas me permitió pensar con claridad durante los primeros minutos. Volé sobre montañas, bosques y ciudades familiares, disfrutando de una sensación que creí perdida para siempre. Sin embargo, poco a poco comencé a notar algo extraño. Algunas zonas parecían dañadas, otras estaban demasiado silenciosas, al principio pensé que era un error y llegué a creer que había terminado observando otra época distinta, pero mientras más avanzaba más difícil era ignorar aquella sensación. Entonces decidí dirigirme directamente a mi hogar, volé hacia la Mansión Azraeth y cuando la vi, sentí que el corazón se me detenía. La mansión estaba en ruinas, parte de la estructura había colapsado, los jardines habían desaparecido y muchas de las paredes estaban destruidas. Durante varios segundos me quedé inmóvil, incapaz de aceptar lo que estaba viendo. Luego atravesé la entrada y recorrí desesperadamente los pasillos. Busqué habitaciones, salones, patios, cualquier lugar donde pudiera encontrar una señal de vida o una pista sobre lo que había ocurrido. Busqué a mi padre, a los sirvientes, ahora buscaba cualquier cosa pero no encontré nada. El silencio era absoluto, mientras avanzaba por aquella mansión destruida sentí cómo el miedo comenzaba a apoderarse de mí. Mi concentración empezó a romperse y la presión en mi mente se volvió cada vez más fuerte. Las imágenes se distorsionaron, los contornos comenzaron a deshacerse y comprendí que estaba perdiendo la conexión. Intenté resistir. Intenté quedarme un poco más. Necesitaba respuestas. Pero el impacto fue demasiado grande, la conexión terminó rompiéndose y desperté de golpe en mi habitación, me incorporé sobresaltada, respirando con dificultad y sintiendo las manos temblar. Durante varios segundos permanecí inmóvil mirando la oscuridad del techo mientras intentaba convencerme de que aquello había sido un sueño pero yo sabia que no lo era, lo que había visto era real, algo terrible había ocurrido en Makyora, ahora estaba convencida que tenía que regresar.
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  • Otra vez mirando al cielo a punto de morir.
    El agua helada del río se cerraba sobre mí como un puño de hierro líquido, tiñéndose de un rojo oscuro que se diluía en remolinos perezosos. El cielo era un borrón sucio de nubes bajas, sin estrellas que valieran la pena, solo ese turquesa enfermizo que reflejaba mi propia ruina. La sangre brotaba caliente desde el flanco destrozado, donde las garras de la bestia habían rasgado la armadura como si fuera pergamino viejo.

    Una bestia salida de las profundidades, un engendro de escamas negras y ojos como brasas, mitad dragón fallido, mitad pesadilla olvidada. Me había emboscado en el vado, rugiendo con un hambre antigua, y yo había sido lo suficientemente estúpido como para plantarle cara solo. La espada yacía a un palmo de mi mano, la hoja mellada y manchada de icor negro que aún humeaba en el agua fría. Recordaba el impacto, el crujido de las placas al ceder, el aliento fétido que olía a carne podrida. Había clavado el acero en su cuello, sí. Pero la bestia se había llevado un trozo de mí antes de huir, aullando, hacia las sombras del bosque.
    El frío subía por mi cuello. El mundo se volvía más lento, más pesado.

    ¿𝐶𝑢𝑎́𝑛𝑡𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑣𝑎𝑠 𝑎 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑝𝑖𝑟𝑚𝑒 𝑑𝑒 𝑣𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎.ᐣ

    Cerré los ojos un segundo y vi flashes, las caras de las personas que vi morir a lo largo de esta existencia sin sentido. Mis dedos intentaron rozar la empuñadura, el dolor era un viejo compañero, casi reconfortante. Tosí, y el agua se tiñó más de rojo.

    𝐵𝑒𝑠𝑡𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑚𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎...

    Murmuré al cielo vacío, con una risa que se ahogó en burbujas.

    𝐴𝑙 𝑚𝑒𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑛𝑜 𝑓𝑢𝑒 𝑢𝑛 𝘩𝑢𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎́𝑛𝑑𝑜𝑚𝑒. 𝐶𝑎𝑠𝑖 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝘩𝑜𝑛𝑜𝑟.

    El río seguía tirando de mí hacia abajo. Pero mis ojos seguían abiertos, clavados en esa nada turquesa, desafiando al destino una vez más.
    Otra vez mirando al cielo a punto de morir. El agua helada del río se cerraba sobre mí como un puño de hierro líquido, tiñéndose de un rojo oscuro que se diluía en remolinos perezosos. El cielo era un borrón sucio de nubes bajas, sin estrellas que valieran la pena, solo ese turquesa enfermizo que reflejaba mi propia ruina. La sangre brotaba caliente desde el flanco destrozado, donde las garras de la bestia habían rasgado la armadura como si fuera pergamino viejo. Una bestia salida de las profundidades, un engendro de escamas negras y ojos como brasas, mitad dragón fallido, mitad pesadilla olvidada. Me había emboscado en el vado, rugiendo con un hambre antigua, y yo había sido lo suficientemente estúpido como para plantarle cara solo. La espada yacía a un palmo de mi mano, la hoja mellada y manchada de icor negro que aún humeaba en el agua fría. Recordaba el impacto, el crujido de las placas al ceder, el aliento fétido que olía a carne podrida. Había clavado el acero en su cuello, sí. Pero la bestia se había llevado un trozo de mí antes de huir, aullando, hacia las sombras del bosque. El frío subía por mi cuello. El mundo se volvía más lento, más pesado. ¿𝐶𝑢𝑎́𝑛𝑡𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑣𝑎𝑠 𝑎 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑝𝑖𝑟𝑚𝑒 𝑑𝑒 𝑣𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎.ᐣ Cerré los ojos un segundo y vi flashes, las caras de las personas que vi morir a lo largo de esta existencia sin sentido. Mis dedos intentaron rozar la empuñadura, el dolor era un viejo compañero, casi reconfortante. Tosí, y el agua se tiñó más de rojo. 𝐵𝑒𝑠𝑡𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑚𝑖𝑒𝑟𝑑𝑎... Murmuré al cielo vacío, con una risa que se ahogó en burbujas. 𝐴𝑙 𝑚𝑒𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑛𝑜 𝑓𝑢𝑒 𝑢𝑛 𝘩𝑢𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎́𝑛𝑑𝑜𝑚𝑒. 𝐶𝑎𝑠𝑖 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝘩𝑜𝑛𝑜𝑟. El río seguía tirando de mí hacia abajo. Pero mis ojos seguían abiertos, clavados en esa nada turquesa, desafiando al destino una vez más.
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