• *Estaban Naruto y Ace trabajando en la granja, cuidando de sus animalitos.*

    -Las niñas buenas no deben pelear entre sí. Hay suficiente para todas. Cada una tiene su espacio...
    Me gustan las conejitas, las vaquitas y las gatitas... Pero no hay razón para pelear, ninguna se va a quedar sin su alimento. Y el agua, siempre es importante.
    *Estaban Naruto y Ace trabajando en la granja, cuidando de sus animalitos.* -Las niñas buenas no deben pelear entre sí. Hay suficiente para todas. Cada una tiene su espacio... Me gustan las conejitas, las vaquitas y las gatitas... Pero no hay razón para pelear, ninguna se va a quedar sin su alimento. Y el agua, siempre es importante.
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  • Awww Corin, tan linda como siempre.
    Gracias por considerarnos tus padres. Pero dejemos algo en claro, Lycaon y yo solo somos compañeros de trabajo, no pareja.
    Si, a veces lo cuido cuando está enfermo o pido sus alimentos cuando cocino, pero por eso somos buenos amigos y no hay nada más que decir n.n
    Awww Corin, tan linda como siempre. Gracias por considerarnos tus padres. Pero dejemos algo en claro, Lycaon y yo solo somos compañeros de trabajo, no pareja. Si, a veces lo cuido cuando está enfermo o pido sus alimentos cuando cocino, pero por eso somos buenos amigos y no hay nada más que decir n.n
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  • ⸻> Dato curioso:
    La luna llena de enero se conoce tradicionalmente como la Luna del Lobo. El nombre viene de antiguas culturas del hemisferio norte, que asociaban esta luna con las noches más frías del año, cuando los lobos aullaban con más frecuencia cerca de los asentamientos humanos en busca de alimento. No tiene un origen astronómico, sino cultural, ligado al invierno, al hambre y a la supervivencia.

    En algunos años, cuando esta luna coincide con el momento en que está más cerca de la Tierra, se la llama también superluna del lobo, viéndose ligeramente más grande y brillante de lo habitual. Por eso siempre ha estado rodeada de simbolismo de resistencia, instinto, soledad y ciclos que se cierran para volver a empezar.

    ⸻> Dato curioso: La luna llena de enero se conoce tradicionalmente como la Luna del Lobo. El nombre viene de antiguas culturas del hemisferio norte, que asociaban esta luna con las noches más frías del año, cuando los lobos aullaban con más frecuencia cerca de los asentamientos humanos en busca de alimento. No tiene un origen astronómico, sino cultural, ligado al invierno, al hambre y a la supervivencia. En algunos años, cuando esta luna coincide con el momento en que está más cerca de la Tierra, se la llama también superluna del lobo, viéndose ligeramente más grande y brillante de lo habitual. Por eso siempre ha estado rodeada de simbolismo de resistencia, instinto, soledad y ciclos que se cierran para volver a empezar.
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  • > DATO CURIOSO.

    Se dice que comer lentejas el último día del año da suerte porque, desde hace mucho tiempo, se asocian con la abundancia y el dinero. Su forma redondeada recuerda a las monedas, así que en distintas culturas, sobre todo en la antigua Roma, se creía que comerlas al cambiar de año ayudaba a atraer prosperidad económica.

    Además, las lentejas son un alimento básico, barato y nutritivo, por lo que también simbolizan que no falte comida ni estabilidad durante el año nuevo. Al cocinarlas aumentan de volumen, lo que refuerza la idea de crecimiento y multiplicación de lo que tienes.

    Hoy en día se entiende más como una tradición simbólica que como algo literal. No es que las lentejas den suerte por sí mismas, sino que representan el deseo de empezar el año con abundancia, previsión y buenos augurios.

    Adivinad que le estoy preparando de comer a Rosie Blake somos fans de las lentejas.
    > DATO CURIOSO. Se dice que comer lentejas el último día del año da suerte porque, desde hace mucho tiempo, se asocian con la abundancia y el dinero. Su forma redondeada recuerda a las monedas, así que en distintas culturas, sobre todo en la antigua Roma, se creía que comerlas al cambiar de año ayudaba a atraer prosperidad económica. Además, las lentejas son un alimento básico, barato y nutritivo, por lo que también simbolizan que no falte comida ni estabilidad durante el año nuevo. Al cocinarlas aumentan de volumen, lo que refuerza la idea de crecimiento y multiplicación de lo que tienes. Hoy en día se entiende más como una tradición simbólica que como algo literal. No es que las lentejas den suerte por sí mismas, sino que representan el deseo de empezar el año con abundancia, previsión y buenos augurios. Adivinad que le estoy preparando de comer a [Lots] somos fans de las lentejas.
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  • El paseo había sido engañosamente tranquilo.

    Desde la playa, la brisa salada había acariciado mi piel como un falso consuelo, y Caceus caminaba a mi lado sin saber que cada paso despertaba algo en mi vientre. Al adentrarnos en el barrio gótico antiguo, las piedras ennegrecidas parecían reconocerme. Los muros susurraban, las sombras se estiraban un poco más de lo normal… como si supieran qué estaba creciendo dentro de mí.

    Al llegar al centro, el hambre ya no era mía.

    En el restaurante pedí sushi sin pensar:
    bandejas y bandejas, nigiris, makis, sashimi…
    el arroz desaparecía, el pescado también,
    y aun así no había alivio.

    Nada.

    Comí hasta que el último plato quedó vacío, hasta que el camarero evitó mirarme a los ojos, hasta que Caceus guardó silencio, incómodo, percibiendo que aquello no era un simple antojo de embarazada.

    Entonces lo sentí.

    En mi interior, las bestias del Caos se retorcían, inquietas, hambrientas. No pedían alimento:
    pedían sustento.

    Mi vientre se tensó, no por dolor, sino por presión. Como si algo empujara desde dentro, probando la realidad, arañando los límites de mi cuerpo. No eran uno. No eran pocos.
    Eran muchos.
    Y todos querían nacer.

    Apoyé una mano sobre mi abdomen, respirando hondo, intentando imponer orden donde solo hay hambre ancestral.

    —Aún no… —susurré, más para mí que para ellos—. Aún no es el momento.

    Pero el Caos no escucha.
    Solo espera.

    Y mientras salíamos del restaurante, con la ciudad latiendo alrededor, supe una verdad incómoda y terrible:

    > No importa cuánto coma.
    No importa cuánto me esfuerce.
    Nada saciará a lo que estoy gestando.

    Sólo las amas...

    Caceus Mori [n.a.a.m.a.h] Eisheth Zenunim Agrat
    El paseo había sido engañosamente tranquilo. Desde la playa, la brisa salada había acariciado mi piel como un falso consuelo, y Caceus caminaba a mi lado sin saber que cada paso despertaba algo en mi vientre. Al adentrarnos en el barrio gótico antiguo, las piedras ennegrecidas parecían reconocerme. Los muros susurraban, las sombras se estiraban un poco más de lo normal… como si supieran qué estaba creciendo dentro de mí. Al llegar al centro, el hambre ya no era mía. En el restaurante pedí sushi sin pensar: bandejas y bandejas, nigiris, makis, sashimi… el arroz desaparecía, el pescado también, y aun así no había alivio. Nada. Comí hasta que el último plato quedó vacío, hasta que el camarero evitó mirarme a los ojos, hasta que Caceus guardó silencio, incómodo, percibiendo que aquello no era un simple antojo de embarazada. Entonces lo sentí. En mi interior, las bestias del Caos se retorcían, inquietas, hambrientas. No pedían alimento: pedían sustento. Mi vientre se tensó, no por dolor, sino por presión. Como si algo empujara desde dentro, probando la realidad, arañando los límites de mi cuerpo. No eran uno. No eran pocos. Eran muchos. Y todos querían nacer. Apoyé una mano sobre mi abdomen, respirando hondo, intentando imponer orden donde solo hay hambre ancestral. —Aún no… —susurré, más para mí que para ellos—. Aún no es el momento. Pero el Caos no escucha. Solo espera. Y mientras salíamos del restaurante, con la ciudad latiendo alrededor, supe una verdad incómoda y terrible: > No importa cuánto coma. No importa cuánto me esfuerce. Nada saciará a lo que estoy gestando. Sólo las amas... [tempest_platinum_tiger_912] [n.a.a.m.a.h] [demonsmile01] [f_off_bih]
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  • ¿Qué quieres saber de mi?.
    No existe un cuento heroico o trágico detrás de mi nacimiento, solo existo para un propósito que aún no he descubierto.

    - Tengo 34 años de edad y me encantan las mujeres mayores, las menores me meten a la cárcel. [ ✓ ]
    - Odio los alimentos muy concentrados, tengo dañada mi pancita. [ × ]
    - Soy terco como una mula, necio a más no poder pero jamás jugaría con el corazón de una doncella, con sus tetas si. [ ✓ ]
    - No es de extrañar que me gusten los niños, alguien los tiene que cuidar en resumen: si les haces algo te voy a incrustar un palo de acero en dónde no entra la luz. [✓]
    - Provengo de una larguísimo linaje de híbridos ocultos o extintos, bueno soy el último de mi camada. [ × ]
    - Es verdad, mi humor es algo trivial, gracioso no me culpen mi única neurona funcional trabaja sin descanso. [ × ]

    Mis objetivos de vida son:

    - Desentrañar los males de la verdad y el amor. [ ✓ ]
    - Ayudar a tantos como me sea posible. [ ✓ ]
    - Usar unas tetotas femeninas y dormir. [ × ]
    - Golpear indigentes, lo siento, me refiero a esos seres que piensan con la cabeza que cuelga entre sus piernas. [ ✓ ]

    Información sujeta a cambios.
    ¿Qué quieres saber de mi?. No existe un cuento heroico o trágico detrás de mi nacimiento, solo existo para un propósito que aún no he descubierto. - Tengo 34 años de edad y me encantan las mujeres mayores, las menores me meten a la cárcel. [ ✓ ] - Odio los alimentos muy concentrados, tengo dañada mi pancita. [ × ] - Soy terco como una mula, necio a más no poder pero jamás jugaría con el corazón de una doncella, con sus tetas si. [ ✓ ] - No es de extrañar que me gusten los niños, alguien los tiene que cuidar en resumen: si les haces algo te voy a incrustar un palo de acero en dónde no entra la luz. [✓] - Provengo de una larguísimo linaje de híbridos ocultos o extintos, bueno soy el último de mi camada. [ × ] - Es verdad, mi humor es algo trivial, gracioso no me culpen mi única neurona funcional trabaja sin descanso. [ × ] Mis objetivos de vida son: - Desentrañar los males de la verdad y el amor. [ ✓ ] - Ayudar a tantos como me sea posible. [ ✓ ] - Usar unas tetotas femeninas y dormir. [ × ] - Golpear indigentes, lo siento, me refiero a esos seres que piensan con la cabeza que cuelga entre sus piernas. [ ✓ ] Información sujeta a cambios.
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  • ~Escena con Daozhang Xiao Xingchen ~

    "¿Alguien tiene un DeLorean?"

    Abrió los ojos lentamente solo para percatarse de que no reconocía dónde estaba. ¿Qué era todo eso? ¿Qué había pasado? Lo último que recordaba era meterse en su cama a dormir y entonces... ¿Qué hacía en mitad de un bosque? Y... ¿Por qué llevaba aquellas ropas? ¿Un yukata? No estaba entendiendo nada.
    Se incorporó, pues estaba tumbado sobre un lecho de flores. Se puso en pie y miró a su alrededor. No reconocí aquel lugar. ¿Cuándo llegó allí y por qué llevaba aquellas ropas que no eran suyas?

    Demasiados sinsentidos.

    Necesitaba regresar a casa, pero... ¿Por dónde debía ir?
    Caminaría sin más, dejándose llevar por su habitual buena orientación, pensó que así lograría regresar. Pero lo cierto era que no. Sus pasos le llevaron hasta lo que parecía una ¿aldea? ¿A caso se había colado en el set de rodaje de una película ambientada en la época Edo? Pero todo parecía tan realista, incluso había gente que juraría vivían allí. Pero eso no era posible, ¿no?

    Para su sorpresa y desgracia sí, era posible. La gente hablaba un dialecto japonés que le costaba un poco entender en ocasiones, a demás de que le observaban con una mezcla de admiración y temor. ¿Era debido a su apariencia? Desde luego llamaba la atención. Pasó varios días y noches tratando de descubrir qué había pasado, solo para tener que admitir la cruda realidad... Había viajado en el tiempo. ¿Cómo? No tenía ni idea, pero así era. ¿Qué iba a ser de él? ¿Cómo iba a sobrevivir allí? Es más, la caza de lobos parecía a la orden del día, se sentía como un mal chiste.

    El tiempo siguió pasando, sobreviviendo de cazar algún animal en el bosque, de esconderse en cuevas, conseguir dinero que robaba a borrachos para así poder comprar algunas cosas o costearse unas copas en lugares de mala muerte. Alguna vez trataron de capturarlo para venderlo en el barrio rojo, otras le intentaban caza acusándolo de ser un yokai, etc. La vida no era para nada sencilla.
    De alguna u otra forma, necesitó huir de allí desesperadamente pues, por lo visto, algunos aldeanos se enteraron de su verdadera naturaleza y los problemas no hicieron más que aumentar. Sin comerlo ni beberlo acabó en un barco que zarpaba a vete a saber dónde. ¿Es que no podía vivir tranquilo?

    Se mantuvo escondido en las bodegas como pudo, un polizón, cosa que no fue tarea fácil.

    Finalmente llegaron a tierra, el destino de la mercancía entre otros asuntos turbios que parecían tener entre manos los tripulantes.
    ¿Dónde estaba ene se momento? Ya no tenía ni idea y llegados ese punto, tampoco creyó que importase demasiado. Logró salir del navío sin ser descubierto y cuando al fin pudo vagar por las calles no tardó mucho en reconocer un poco del dialecto, así como arquitectura.
    China.

    Genial, ¿qué se supone que iba a hacer él por su cuenta en China? Y más aún en aquella época. Listo, estaba jodido. Muy jodido. Solo le quedaba asumirlo.
    Buscó lugares que tuvieran frondosos bosques cercanos, lugares donde pudiera usar su apariencia de lobo con tranquilidad, así como, de vez en cuando y si era necesario, cazar algún pequeño animal para alimentarse. Nunca mataba más de la cuenta, no le traía placer alguno la caza en sí, pero no tenía más opciones para conseguir alimento sustancioso dada la situación.
    En ocasiones bajaba a los pueblos, intentando memorizar cada lugar, moverse ágil por las calles, quizá conseguir un poco de dinero y con este, alcohol para embriagarse. Con el paso del tiempo también lograba aprender un poco más del idioma, aunque lo hablaba peor que un niño pequeño pero se hacía entender.

    A pesar de seguir atrapado en lo que creía una broma de mal gusto o una maldición sin sentido, las cosas no iban del todo mal. Estaba preocupado por su madre, sí, así como muchos otros asuntos sin resolver... Pero sobrevivía bastante bien.

    Al menos hasta que un suceso extraño azotó los pueblos y los bosques. Algo que, sin duda y dada su mala suerte habitual, le salpicaría...
    ~Escena con [Daozhang_XiaoXingchen] ~ "¿Alguien tiene un DeLorean?" Abrió los ojos lentamente solo para percatarse de que no reconocía dónde estaba. ¿Qué era todo eso? ¿Qué había pasado? Lo último que recordaba era meterse en su cama a dormir y entonces... ¿Qué hacía en mitad de un bosque? Y... ¿Por qué llevaba aquellas ropas? ¿Un yukata? No estaba entendiendo nada. Se incorporó, pues estaba tumbado sobre un lecho de flores. Se puso en pie y miró a su alrededor. No reconocí aquel lugar. ¿Cuándo llegó allí y por qué llevaba aquellas ropas que no eran suyas? Demasiados sinsentidos. Necesitaba regresar a casa, pero... ¿Por dónde debía ir? Caminaría sin más, dejándose llevar por su habitual buena orientación, pensó que así lograría regresar. Pero lo cierto era que no. Sus pasos le llevaron hasta lo que parecía una ¿aldea? ¿A caso se había colado en el set de rodaje de una película ambientada en la época Edo? Pero todo parecía tan realista, incluso había gente que juraría vivían allí. Pero eso no era posible, ¿no? Para su sorpresa y desgracia sí, era posible. La gente hablaba un dialecto japonés que le costaba un poco entender en ocasiones, a demás de que le observaban con una mezcla de admiración y temor. ¿Era debido a su apariencia? Desde luego llamaba la atención. Pasó varios días y noches tratando de descubrir qué había pasado, solo para tener que admitir la cruda realidad... Había viajado en el tiempo. ¿Cómo? No tenía ni idea, pero así era. ¿Qué iba a ser de él? ¿Cómo iba a sobrevivir allí? Es más, la caza de lobos parecía a la orden del día, se sentía como un mal chiste. El tiempo siguió pasando, sobreviviendo de cazar algún animal en el bosque, de esconderse en cuevas, conseguir dinero que robaba a borrachos para así poder comprar algunas cosas o costearse unas copas en lugares de mala muerte. Alguna vez trataron de capturarlo para venderlo en el barrio rojo, otras le intentaban caza acusándolo de ser un yokai, etc. La vida no era para nada sencilla. De alguna u otra forma, necesitó huir de allí desesperadamente pues, por lo visto, algunos aldeanos se enteraron de su verdadera naturaleza y los problemas no hicieron más que aumentar. Sin comerlo ni beberlo acabó en un barco que zarpaba a vete a saber dónde. ¿Es que no podía vivir tranquilo? Se mantuvo escondido en las bodegas como pudo, un polizón, cosa que no fue tarea fácil. Finalmente llegaron a tierra, el destino de la mercancía entre otros asuntos turbios que parecían tener entre manos los tripulantes. ¿Dónde estaba ene se momento? Ya no tenía ni idea y llegados ese punto, tampoco creyó que importase demasiado. Logró salir del navío sin ser descubierto y cuando al fin pudo vagar por las calles no tardó mucho en reconocer un poco del dialecto, así como arquitectura. China. Genial, ¿qué se supone que iba a hacer él por su cuenta en China? Y más aún en aquella época. Listo, estaba jodido. Muy jodido. Solo le quedaba asumirlo. Buscó lugares que tuvieran frondosos bosques cercanos, lugares donde pudiera usar su apariencia de lobo con tranquilidad, así como, de vez en cuando y si era necesario, cazar algún pequeño animal para alimentarse. Nunca mataba más de la cuenta, no le traía placer alguno la caza en sí, pero no tenía más opciones para conseguir alimento sustancioso dada la situación. En ocasiones bajaba a los pueblos, intentando memorizar cada lugar, moverse ágil por las calles, quizá conseguir un poco de dinero y con este, alcohol para embriagarse. Con el paso del tiempo también lograba aprender un poco más del idioma, aunque lo hablaba peor que un niño pequeño pero se hacía entender. A pesar de seguir atrapado en lo que creía una broma de mal gusto o una maldición sin sentido, las cosas no iban del todo mal. Estaba preocupado por su madre, sí, así como muchos otros asuntos sin resolver... Pero sobrevivía bastante bien. Al menos hasta que un suceso extraño azotó los pueblos y los bosques. Algo que, sin duda y dada su mala suerte habitual, le salpicaría...
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  • -Error o fortuna, para quien lo encontró
    El can había estado persiguiendo a Alucard Fahrenheit Tepes en busca de las almas que tenía en lo que parecía ser un bolso de cuero oscuro. Tan distraído en conseguir su alimento que fue muy tarde cuando su propio instinto reaccionó advirtiéndole del peligro. Pero antes de siquiera terminar de sentir ese peligro fue emboscado por aquel híbrido y la madre de los pecados Lute . Fue encadenado con extrema facilidad no puso resistencia por seguir bajo la orden de su alfa "cuidar de los 3 que tiene en el lomo hasta que despierten. Esos 3 seguían dormidos si era brusco los despertaría no era adecuado hacerlo
    Su cabeza se inclino con un movimiento de mano de la madre de la humanidad exigiéndole que se rindiera, y en cuanto el can mostró esa sumisión

    Todo oscureció para el

    La lanza celestial atravesó su cráneo, no lo mataría pero si lo dejaría debilitado a tal punto que los demás pecados capitales podrían sentir que ahora eran "libres" de la supervisión del can. El inicio del fin está por comenzar -
    -Error o fortuna, para quien lo encontró El can había estado persiguiendo a [mirage_topaz_bear_490] en busca de las almas que tenía en lo que parecía ser un bolso de cuero oscuro. Tan distraído en conseguir su alimento que fue muy tarde cuando su propio instinto reaccionó advirtiéndole del peligro. Pero antes de siquiera terminar de sentir ese peligro fue emboscado por aquel híbrido y la madre de los pecados [Lute1] . Fue encadenado con extrema facilidad no puso resistencia por seguir bajo la orden de su alfa "cuidar de los 3 que tiene en el lomo hasta que despierten. Esos 3 seguían dormidos si era brusco los despertaría no era adecuado hacerlo Su cabeza se inclino con un movimiento de mano de la madre de la humanidad exigiéndole que se rindiera, y en cuanto el can mostró esa sumisión Todo oscureció para el La lanza celestial atravesó su cráneo, no lo mataría pero si lo dejaría debilitado a tal punto que los demás pecados capitales podrían sentir que ahora eran "libres" de la supervisión del can. El inicio del fin está por comenzar -
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  • El queso no es solo un alimento. Es el ALIMENTO, el manjar supremo, mi combustible y la razón por la que el caos sabe TAN bien. Frito, fundido, en rodajas...

    ¿Quieres un poco? Claro que no! El queso solo es bueno cuando está en mis manos
    El queso no es solo un alimento. Es el ALIMENTO, el manjar supremo, mi combustible y la razón por la que el caos sabe TAN bien. Frito, fundido, en rodajas... ¿Quieres un poco? Claro que no! El queso solo es bueno cuando está en mis manos
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Pʀɪᴍᴜs Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀɪᴜᴍ . ☨ ─────── 〘 C O M U N I Ó N 〙


    ──── En medio de la absoluta oscuridad, una perfecta línea recta de luz se formó sobre el suelo, proyectándose lentamente en un rectángulo junto con el lento avance de la Luna, derramando su platinar sobre la silueta de una mujer, misma que yacía de rodillas, sentada sobre sus talones, y con las palmas descansando sobre sus muslos, en la tradicional postura seiza que mantenía con entera calma y solemnidad.

    El aroma a copal dominaba el ambiente, cargado gentilmente por los haces de humo que se desprendían de los numerosos inciensos repartidos en cuencos ornamentales a ambos costados de la habitación, mismos que la circundaban y envolvían.

    Brillando en la penumbra, a momentos, los pequeños destellos de las brasas lucían como ojos que se centraban en ella y le observaban en todo momento, justo en medio del suelo de la habitación que yacía adornado por un grotesco círculo mágico; el carmín rojo y seco de los trazos delatando la naturaleza del material con el que había sido pintado.

    Sathôna alzó el rostro hacía el enorme ventanal que tenía al frente y por donde aquella cascada de luz de plata caía, con los ojos cerrados y en pleno trance, entreabriendo los labios para dejar escapar de su boca una humareda negra más pesada que el aire, misma que caía por las comisuras de sus labios y su mentón.

    Su figura se impregnaba de las estelas de aquella pesada y opresiva energía, que, para ella en su haber, se sentía ligera y le llenaba de un vigor que resultaba contradictoriamente lacerante; cada corte cicatrizado, cada magulladura aliviada y cada fractura enmendada volvían a derramar los vestigios del punzante calvario por el que el dolor la había hecho pasar.

    No había momento en el cual se sintiera más viva que cuando se sumergía en aquel baño de lamentación, de penosa meditación, al comulgar con Marchosias. Aquella noche, fue distinto. El sufrimiento era el alimento primordial de su alma, misma que lo alquimizaba en ira, de la más pura y tórrida que su corazón pudiese sostener.

    Pero esta vez, hubo algo más: Claridad. Una fresca, afilada y envolvente claridad.

    La bruja morena entreabrió los párpados, y a la par, sus labios se cerraron, no sin antes relamer los remanentes de aquella oscuridad que quedaban sobre los mismos. Pronto, su boca se curvó, y emergiendo del éxtasis, sonrió ante el altar que tenía al frente──una exquisita estatuilla de mediano tamaño tallada en mármol negro, representando a humanos, demonios y ángeles, todos encimados sobre los otros, desesperados, escalando por alcanzar el precioso reloj de arena blanca colocado al centro.

    —La mente y el tiempo tienen algo en común; ambos son excelentes sirvientes, pero pésimos gobernantes. —En reflexión, se estiró para tomar aquel reloj de arena y así girarlo sobre sí mismo, comenzando la cuenta atrás. ¿O sería hacía adelante? Pasado o futuro. ¿Qué más da?

    —Será porque ambos coinciden en un único punto de inflexión, tan crítico como sencillo; la perspectiva. El tiempo se diluye o se concentra, se comprime o se alarga, dependiendo del contexto y la subjetividad, dependiendo de la energía del observador. Y la mente es el prisma perfecto para purificar y concentrar la intención en la percepción, y así volverla luz, u oscuridad.

    Los largos dedos de Sathôna acariciaron la curvatura del anticuado reloj, a momentos tamborileando sobre el cristal, para provocar un tintineo cristalino y melódico con sus largas uñas, mientras observaba la arena fluir y caer. ¿O es que también a momentos parecía regresar a donde estaba?

    —Cada mente es un prisma, con sus propios relieves, y sus propias reglas. Su propio potencial. Y, aun así, nada ni nadie puede existir si no es observado en todo momento, si su existencia no es reconocida en el ahora de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, por algo que no sea ellos mismos.

    Una mirada llena de añoranza brilló en los ojos de la mujer, que ahora descansaban su mirar sobre el astro plateado. Calma y resignación le llenaron el corazón, como quien asume que se encuentra en un lugar de donde no puede escapar, aún cuando conoce la salida.

    Súbitamente, aquella mano con la que acariciaba el ornamental reloj tomó el mismo de forma brusca y arrebatada para apretarlo entre sus dedos, reventando cristal y madera como si fuesen ramillas secas.

    Sangre negra emanó de sus heridas, mezclándose con la arena, profanándola, y cayendo sobre la estatuilla, quemando cuál ácido los rostros angustiados de ángeles, hombres y demonios por igual.

    — … Ahora lo único que queda, es detener el tiempo.


    Ambiance: https://youtu.be/ObgtjX98Lpw
    Pʀɪᴍᴜs Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀɪᴜᴍ . ☨ ─────── 〘 C O M U N I Ó N 〙 ──── En medio de la absoluta oscuridad, una perfecta línea recta de luz se formó sobre el suelo, proyectándose lentamente en un rectángulo junto con el lento avance de la Luna, derramando su platinar sobre la silueta de una mujer, misma que yacía de rodillas, sentada sobre sus talones, y con las palmas descansando sobre sus muslos, en la tradicional postura seiza que mantenía con entera calma y solemnidad. El aroma a copal dominaba el ambiente, cargado gentilmente por los haces de humo que se desprendían de los numerosos inciensos repartidos en cuencos ornamentales a ambos costados de la habitación, mismos que la circundaban y envolvían. Brillando en la penumbra, a momentos, los pequeños destellos de las brasas lucían como ojos que se centraban en ella y le observaban en todo momento, justo en medio del suelo de la habitación que yacía adornado por un grotesco círculo mágico; el carmín rojo y seco de los trazos delatando la naturaleza del material con el que había sido pintado. Sathôna alzó el rostro hacía el enorme ventanal que tenía al frente y por donde aquella cascada de luz de plata caía, con los ojos cerrados y en pleno trance, entreabriendo los labios para dejar escapar de su boca una humareda negra más pesada que el aire, misma que caía por las comisuras de sus labios y su mentón. Su figura se impregnaba de las estelas de aquella pesada y opresiva energía, que, para ella en su haber, se sentía ligera y le llenaba de un vigor que resultaba contradictoriamente lacerante; cada corte cicatrizado, cada magulladura aliviada y cada fractura enmendada volvían a derramar los vestigios del punzante calvario por el que el dolor la había hecho pasar. No había momento en el cual se sintiera más viva que cuando se sumergía en aquel baño de lamentación, de penosa meditación, al comulgar con Marchosias. Aquella noche, fue distinto. El sufrimiento era el alimento primordial de su alma, misma que lo alquimizaba en ira, de la más pura y tórrida que su corazón pudiese sostener. Pero esta vez, hubo algo más: Claridad. Una fresca, afilada y envolvente claridad. La bruja morena entreabrió los párpados, y a la par, sus labios se cerraron, no sin antes relamer los remanentes de aquella oscuridad que quedaban sobre los mismos. Pronto, su boca se curvó, y emergiendo del éxtasis, sonrió ante el altar que tenía al frente──una exquisita estatuilla de mediano tamaño tallada en mármol negro, representando a humanos, demonios y ángeles, todos encimados sobre los otros, desesperados, escalando por alcanzar el precioso reloj de arena blanca colocado al centro. —La mente y el tiempo tienen algo en común; ambos son excelentes sirvientes, pero pésimos gobernantes. —En reflexión, se estiró para tomar aquel reloj de arena y así girarlo sobre sí mismo, comenzando la cuenta atrás. ¿O sería hacía adelante? Pasado o futuro. ¿Qué más da? —Será porque ambos coinciden en un único punto de inflexión, tan crítico como sencillo; la perspectiva. El tiempo se diluye o se concentra, se comprime o se alarga, dependiendo del contexto y la subjetividad, dependiendo de la energía del observador. Y la mente es el prisma perfecto para purificar y concentrar la intención en la percepción, y así volverla luz, u oscuridad. Los largos dedos de Sathôna acariciaron la curvatura del anticuado reloj, a momentos tamborileando sobre el cristal, para provocar un tintineo cristalino y melódico con sus largas uñas, mientras observaba la arena fluir y caer. ¿O es que también a momentos parecía regresar a donde estaba? —Cada mente es un prisma, con sus propios relieves, y sus propias reglas. Su propio potencial. Y, aun así, nada ni nadie puede existir si no es observado en todo momento, si su existencia no es reconocida en el ahora de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, por algo que no sea ellos mismos. Una mirada llena de añoranza brilló en los ojos de la mujer, que ahora descansaban su mirar sobre el astro plateado. Calma y resignación le llenaron el corazón, como quien asume que se encuentra en un lugar de donde no puede escapar, aún cuando conoce la salida. Súbitamente, aquella mano con la que acariciaba el ornamental reloj tomó el mismo de forma brusca y arrebatada para apretarlo entre sus dedos, reventando cristal y madera como si fuesen ramillas secas. Sangre negra emanó de sus heridas, mezclándose con la arena, profanándola, y cayendo sobre la estatuilla, quemando cuál ácido los rostros angustiados de ángeles, hombres y demonios por igual. — … Ahora lo único que queda, es detener el tiempo. Ambiance: https://youtu.be/ObgtjX98Lpw
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