• La sombra de un árbol ofrecía un refugio agradable frente al cálido sol de la tarde. Una ligera brisa jugueteaba con las hojas, mientras el silencio era interrumpido únicamente por el canto lejano de las aves.

    —Es una tarde agradable...

    Una tenue sonrisa suavizó sus facciones.

    —Ven. Descansa por un momento conmigo. Disfrutemos de la calma que la tarde ofrece.
    La sombra de un árbol ofrecía un refugio agradable frente al cálido sol de la tarde. Una ligera brisa jugueteaba con las hojas, mientras el silencio era interrumpido únicamente por el canto lejano de las aves. —Es una tarde agradable... Una tenue sonrisa suavizó sus facciones. —Ven. Descansa por un momento conmigo. Disfrutemos de la calma que la tarde ofrece.
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  • [Luego de desayunar está mañana, Gyuseki fue convocado al salón de entrenamiento para esgrima donde su entrenamiento sería derrotar a varios de los monjes usando una espada de madera, pero por algún motivo este tomaría dos espadas]

    (Que extraño mí cuerpo se siente incómodo si tomo solo una espada.. ¿Será algo de mí pasado? Quizás mí antiguo yo utilizaba dos espadas..)

    Monje 1: de acuerdo es momento de iniciar el entrenamiento, ¿Estás preparado?

    Estoy preparado así que ataquenme con todo lo que tengan.

    -y así fue como el entrenamiento dio inicio, me atacaron primero por delante pero utilizando movimientos sutiles y precisos bloquearía cada ataque y cuando me tocaba atacarlos arrojaba golpes directos hacia las espadas que ellos tenían provocando que se rompieran al instante. Al dejar mí espalda descubierta otros decidieron atacar por ahí pero por algún extraño motivo sentí cosquilleos en las zonas donde me iban golpear, hice aparecer escamas en dichos lugares y bloquearía sus ataques haciendo que rompieran sus espadas-

    (¿Que fue eso? Es como si mí cuerpo recordara perfectamente como pelear en situaciones así..)

    Monje 3: magnífico Gyuseki-san se ve que no has perdido el toque, tu cuerpo recuerda como luchar, continuemos.

    -uno de ellos lanzaría un golpe directo a mis piernas pero levanté mí pie izquierdo lo suficiente como para bloquear el golpe y al mismo tiempo impulsarme hacia atras con la espada de mí enemigo pasando por encima de todos los demás y quedar a sus espaldas, sin darles tiempo a reaccionar me lanzaría rápidamente golpeandolos uno por uno en lugares diferentes como las piernas, estomago, cuello y la zona baja de la espalda-

    [El combate duraria un buen rato hasta que Gyuseki logro vencer a todos sin recibir un solo rasguño]
    [Luego de desayunar está mañana, Gyuseki fue convocado al salón de entrenamiento para esgrima donde su entrenamiento sería derrotar a varios de los monjes usando una espada de madera, pero por algún motivo este tomaría dos espadas] (Que extraño mí cuerpo se siente incómodo si tomo solo una espada.. ¿Será algo de mí pasado? Quizás mí antiguo yo utilizaba dos espadas..) Monje 1: de acuerdo es momento de iniciar el entrenamiento, ¿Estás preparado? Estoy preparado así que ataquenme con todo lo que tengan. -y así fue como el entrenamiento dio inicio, me atacaron primero por delante pero utilizando movimientos sutiles y precisos bloquearía cada ataque y cuando me tocaba atacarlos arrojaba golpes directos hacia las espadas que ellos tenían provocando que se rompieran al instante. Al dejar mí espalda descubierta otros decidieron atacar por ahí pero por algún extraño motivo sentí cosquilleos en las zonas donde me iban golpear, hice aparecer escamas en dichos lugares y bloquearía sus ataques haciendo que rompieran sus espadas- (¿Que fue eso? Es como si mí cuerpo recordara perfectamente como pelear en situaciones así..) Monje 3: magnífico Gyuseki-san se ve que no has perdido el toque, tu cuerpo recuerda como luchar, continuemos. -uno de ellos lanzaría un golpe directo a mis piernas pero levanté mí pie izquierdo lo suficiente como para bloquear el golpe y al mismo tiempo impulsarme hacia atras con la espada de mí enemigo pasando por encima de todos los demás y quedar a sus espaldas, sin darles tiempo a reaccionar me lanzaría rápidamente golpeandolos uno por uno en lugares diferentes como las piernas, estomago, cuello y la zona baja de la espalda- [El combate duraria un buen rato hasta que Gyuseki logro vencer a todos sin recibir un solo rasguño]
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Miedo, terror, susto, cómo va a reaccionar Elian jaja //
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  • ♥— En este día, permitidme dirigir unas palabras a aquellos que llaman "padre". —♥

    ♥— No por la fuerza de sus manos, sino por la firmeza de su corazón, son quienes resguardan a sus seres queridos incluso en el silencio.
    Son refugio en la tormenta, guía en la incertidumbre, y la presencia que permanece cuando todo parece desvanecerse.
    Hoy os honro por vuestra dedicación, por los sacrificios que pocos ven y por el amor que muchas veces se expresa más con acciones que con palabras.
    Que este día os traiga orgullo y felicidad, pues quienes caminan bajo vuestra protección son prueba de la huella que habéis dejado en sus vidas.— ♥

    ♥—Feliz Día del Padre. —♥

    — Con mi más distinguido respeto, Albedo. ♡

    ♥— Para papá:

    https://youtube.com/shorts/CMwtIbFywr4?si=6yZZHnCC8D6GUBRy
    ♥— En este día, permitidme dirigir unas palabras a aquellos que llaman "padre". —♥ ♥— No por la fuerza de sus manos, sino por la firmeza de su corazón, son quienes resguardan a sus seres queridos incluso en el silencio. Son refugio en la tormenta, guía en la incertidumbre, y la presencia que permanece cuando todo parece desvanecerse. Hoy os honro por vuestra dedicación, por los sacrificios que pocos ven y por el amor que muchas veces se expresa más con acciones que con palabras. Que este día os traiga orgullo y felicidad, pues quienes caminan bajo vuestra protección son prueba de la huella que habéis dejado en sus vidas.— ♥ ♥—Feliz Día del Padre. —♥ — Con mi más distinguido respeto, Albedo. ♡ ♥— Para papá: https://youtube.com/shorts/CMwtIbFywr4?si=6yZZHnCC8D6GUBRy
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  • El equipo Red Eclipse
    Fandom Oc/Uma Musume
    Categoría Slice of Life
    "Starter para el Spin-Off de las caballas."

    *Junto a Jera y Cynthia Jane☀️ conformamos el equipo Red Eclipse. El nuevo equipo de la academia Tracen que venía con una muy buena Racha en las últimas carreras. Ambas Umas estaban en muy buena forma, y tenían estrategias distintas para ganar una carrera:

    Jera es una velocista, alcanza los primeros lugares en cuestión de segundos ya que tiene un arranque y poder abismales con su habilidad. Ideal para carreras más cortas que requieran acciones rápidas.

    Cynthia por otra parte es una excelente Fondista, con una gran cantidad de stamina para resistir eternas carreras y cuando las demás Umas están cansadas, acelerar en los últimos metros para conseguir la victoria.

    En este momento nos encontrábamos entrenando para la Pegasus Stakes, Pero necesitamos más miembros para poder calificar y entrar a las G1 Nacionales.*

    Jera: "¿Entonces tenemos que tener algunas Umas más?"

    *Dijo Jera estirando los hombros y Brazos.*

    Jero: "Así es. Para que nuestro equipo sea competitivo necesitamos más participantes del equipo Red Eclipse y cubrir todos los frentes posibles. Solo así seremos un equipo competitivo."

    *Le comentaba a Jera mientras ayudaba a Cynthia con el estiramiento de piernas.*

    //Si bien solo mencioné a Cynthia en el Starter, quien quiera participar que comente con alguna acción en este mismo espacio para ser parte del Team Red Eclipse.
    "Starter para el Spin-Off de las caballas." *Junto a Jera y [CynthiaJane21] conformamos el equipo Red Eclipse. El nuevo equipo de la academia Tracen que venía con una muy buena Racha en las últimas carreras. Ambas Umas estaban en muy buena forma, y tenían estrategias distintas para ganar una carrera: Jera es una velocista, alcanza los primeros lugares en cuestión de segundos ya que tiene un arranque y poder abismales con su habilidad. Ideal para carreras más cortas que requieran acciones rápidas. Cynthia por otra parte es una excelente Fondista, con una gran cantidad de stamina para resistir eternas carreras y cuando las demás Umas están cansadas, acelerar en los últimos metros para conseguir la victoria. En este momento nos encontrábamos entrenando para la Pegasus Stakes, Pero necesitamos más miembros para poder calificar y entrar a las G1 Nacionales.* Jera: "¿Entonces tenemos que tener algunas Umas más?" *Dijo Jera estirando los hombros y Brazos.* Jero: "Así es. Para que nuestro equipo sea competitivo necesitamos más participantes del equipo Red Eclipse y cubrir todos los frentes posibles. Solo así seremos un equipo competitivo." *Le comentaba a Jera mientras ayudaba a Cynthia con el estiramiento de piernas.* //Si bien solo mencioné a Cynthia en el Starter, quien quiera participar que comente con alguna acción en este mismo espacio para ser parte del Team Red Eclipse.
    Tipo
    Grupal
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    Estado
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  • Después de despedirse de su hermano, se fue a un hotel apartado. El avión en dirección a Portugal despegaría sin él en más de un sentido. Se quitó la ropa y se sentó frente al enorme ventanal. No había tenido el valor de hablar con Alessandro...pero él menssje le llegaría. Miró su reflejo en el ventanal y sonrió...(Lorenzo tiene razón, soy bonito) , pensó mientras sacaba de su chaqueta una jeringa. Una burbuja de aire...sólo eso necesitaba...en menos de unos minutos, la burbuja llegaría a su corazón tapando las válvulas y se habría acabado.
    *Es así como debió ser siempre... cierto?*
    Y accionó la ajuga en su pecho.
    Después de despedirse de su hermano, se fue a un hotel apartado. El avión en dirección a Portugal despegaría sin él en más de un sentido. Se quitó la ropa y se sentó frente al enorme ventanal. No había tenido el valor de hablar con Alessandro...pero él menssje le llegaría. Miró su reflejo en el ventanal y sonrió...(Lorenzo tiene razón, soy bonito) , pensó mientras sacaba de su chaqueta una jeringa. Una burbuja de aire...sólo eso necesitaba...en menos de unos minutos, la burbuja llegaría a su corazón tapando las válvulas y se habría acabado. *Es así como debió ser siempre... cierto?* Y accionó la ajuga en su pecho.
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  • Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte.
    A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen.
    Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror".
    En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan.

    Capítulo 1:
    Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente.
    Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano.
    Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío.
    —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal.
    Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad.
    Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid.
    Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa.
    A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto.
    Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás.
    —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes.
    Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47.
    El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje.
    Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones.
    Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra.
    —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono.
    —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta.
    —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores.
    —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita.
    Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas.
    —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo.
    —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano.
    Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla.
    —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto.
    Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. Cerró la puerta tras ella, rodeó el coche y se puso al volante, acelerando de inmediato para alejarla del eco metálico y la sangre que manchaba la plaza.
    Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte. A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen. Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror". En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan. Capítulo 1: Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente. Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano. Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío. —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal. Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad. Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid. Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa. A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto. Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás. —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes. Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47. El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje. Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones. Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra. —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono. —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta. —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores. —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita. Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas. —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo. —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano. Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla. —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto. Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. Cerró la puerta tras ella, rodeó el coche y se puso al volante, acelerando de inmediato para alejarla del eco metálico y la sangre que manchaba la plaza.
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  • Un nuevo matiz para la colección. Quise probar con un diseño un poco más libre y ver qué reacciones provoca. Al fin y al menos, un caballero debe saber portar cualquier estilo con distinción... ¿Es de su total agrado este cambio?
    Un nuevo matiz para la colección. Quise probar con un diseño un poco más libre y ver qué reacciones provoca. Al fin y al menos, un caballero debe saber portar cualquier estilo con distinción... ¿Es de su total agrado este cambio?
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  • "-Observé con detenimiento el pergamino, repasando cada una de las anotaciones que describían a la perfección los puntos exactos que tanto disfrutaba morder. Una sonrisa cómplice se dibujó en mi rostro mientras dejaba volar la imaginación.-"

    —Mmm, veamos... ¿qué rincón nuevo debería reclamar con mis dientes la próxima vez que regresemos a las andadas?
    La última ocasión me tomó completamente por sorpresa y no pude reaccionar como quería, pero esta vez la historia será muy diferente; no pienso dejarme tomar desprevenido de nuevo. Al menos debo aprovechar la absoluta calma del lugar ahora que no están cerca para interrumpir.—

    "-Mientras deambulaba por la habitación, mi mirada se desvió hacia el estante. Allí, perfectamente ordenados, descansaban otros rollos similares. Al abrirlos un poco, descubrí que también contenían detalladas ilustraciones de la anatomía de sus otros tres esposos, e incluso de uno que otro pretendiente que insistía en rondar. No pude evitar esbozar una sonrisa pícara ante semejante artículos de mi pertenencia. Sin embargo, el recuerdo imprevisto de los apasionados besos que me habían robado invadió mi mente de golpe. Sentí cómo el calor subía rápidamente por mis mejillas hasta ponerme completamente rojo.
    Avergonzado por mis propios pensamientos, me cubrí el rostro con las manos, soltando un suspiro de alivio al recordar que, afortunadamente, no había ni una sola alma alrededor que pudiera verme en ese estado tan vulnerable.-"

    Sparda The King Devil
    "-Observé con detenimiento el pergamino, repasando cada una de las anotaciones que describían a la perfección los puntos exactos que tanto disfrutaba morder. Una sonrisa cómplice se dibujó en mi rostro mientras dejaba volar la imaginación.-" —Mmm, veamos... ¿qué rincón nuevo debería reclamar con mis dientes la próxima vez que regresemos a las andadas? La última ocasión me tomó completamente por sorpresa y no pude reaccionar como quería, pero esta vez la historia será muy diferente; no pienso dejarme tomar desprevenido de nuevo. Al menos debo aprovechar la absoluta calma del lugar ahora que no están cerca para interrumpir.— "-Mientras deambulaba por la habitación, mi mirada se desvió hacia el estante. Allí, perfectamente ordenados, descansaban otros rollos similares. Al abrirlos un poco, descubrí que también contenían detalladas ilustraciones de la anatomía de sus otros tres esposos, e incluso de uno que otro pretendiente que insistía en rondar. No pude evitar esbozar una sonrisa pícara ante semejante artículos de mi pertenencia. Sin embargo, el recuerdo imprevisto de los apasionados besos que me habían robado invadió mi mente de golpe. Sentí cómo el calor subía rápidamente por mis mejillas hasta ponerme completamente rojo. Avergonzado por mis propios pensamientos, me cubrí el rostro con las manos, soltando un suspiro de alivio al recordar que, afortunadamente, no había ni una sola alma alrededor que pudiera verme en ese estado tan vulnerable.-" [vortex_yellow_pigeon_115]
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  • Un día largo de trabajo había abierto paso a una bulliciosa noche en el bar de la ciudad, el joven moreno había entrado y sonriente, con su jovialidad y exageración de siempre.

    — Aquí va llegando Austin, el rey, el noble y el que todos adoran.

    La clientela del bar había observado las interacciones del chico, algunas risas se escucharon además de varias negativas en los semblantes de los aventureros. Era más que notoria la falta de emoción en los presentes ante la jovialidad demostrada del chico de tez morena.

    — No sean tan exagerados... uno a la vez.

    Comentó Austin como si no se hubiera dado cuenta de la falta de interacción, caminando se sentó sobre un taburete sujetando su confiable espada.

    — Cantinero, Deme una bien fría.

    Un día largo de trabajo había abierto paso a una bulliciosa noche en el bar de la ciudad, el joven moreno había entrado y sonriente, con su jovialidad y exageración de siempre. — Aquí va llegando Austin, el rey, el noble y el que todos adoran. La clientela del bar había observado las interacciones del chico, algunas risas se escucharon además de varias negativas en los semblantes de los aventureros. Era más que notoria la falta de emoción en los presentes ante la jovialidad demostrada del chico de tez morena. — No sean tan exagerados... uno a la vez. Comentó Austin como si no se hubiera dado cuenta de la falta de interacción, caminando se sentó sobre un taburete sujetando su confiable espada. — Cantinero, Deme una bien fría.
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