• ❝Tenemos un trato❞
    Fandom The Originals || OC
    Categoría Fantasía
    La lluvia golpeaba el parabrisas con insistencia mientras el limpiaparabrisas arrastraba el agua de un lado a otro en un movimiento casi hipnótico. Rue llevaba demasiadas horas en carretera. Café frío. Gasolineras perdidas. El mapa lleno de marcas y nombres tachados. Y, aun asi, aquella pista era la primera real en semanas: Jebediah Voss había vuelto. Solo pensar en aquel nombre le revolvía algo oscuro en el pecho y le provocaba náuseas. Porque recordaba perfectamente la noche en la que le clavó una estaca en el corazón la primera vez. Recordaba la sangre. La sonrisa enferma de aquel vampiro incluso mientras moría. Recordaba el cuerpo de Logan tirado sobre el suelo del salón de su propia casa.

    Todavia seguía soñando con ello.

    Y ahora alguien estaba trayendo monstruos de vuelta de entre los muertos. Vampiros. Hombres lobo. Brujas. Criaturas que deberían haberse quedado pudriéndose bajo tierra. Todos con la misma marca grabada en la piel. Como ganado marcado antes del sacrificio. La última pista la habia llevado hasta un pueblo perdido entre montañas y bosque. No muy diferente al pueblo donde se habría criado: Uno de esos lugares donde las calles quedan vacías demasiado pronto y donde la gente evita mirar a los desconocidos demasiado tiempo. Un lugar donde nunca pasaba nada…

    >> Llevaba en ese pueblo apenas unas horas y ya habia encontrado suficiente sangre como para saber que Jebediah estaba cerca. Muy cerca. El problema fue darse cuenta demasiado tarde de que él también la había encontrado a ella.

    Rue avanzaba entre los árboles con la estaba de madera bien aferrada a su mano derecha y la linterna temblando ligeramente entre sus dedos. El bosque estaba demasiado silencioso. Sin grillos, ni viento, ni animales. Mala señal. Una rama crujió detrás de ella a pesar de la maleza húmeda por la lluvia.

    La mujer reaccionó rápido, girándose con la estaca ya en mano, pero no fue suficientemente rápida. Jebediah apareció de entre un par de árboles como una sombra siniestra, estampándola contra el tronco de un árbol con una fuerza brutal. El golpe le arrancó el aire de los pulmones.

    -Oh…. -dijo Jebediah en un tétrico arrullo- Cuanto te he echado de menos, Rue -la voz del vampiro sonó pegada a su oído, suave, enfermiza- Aunque debo admitir que esperaba que el duelo te hubiese envejecido peor.

    Rue forcejeó, intentando mover la mano que sostenía la estaca, a pesar de que él le sujetaba la muñeca con fuerza sobrenatural.

    -Debería haberte arrancado la cabeza aquella noche -escupió ella entre dientes.

    Jebediah sonrió. Y aquella sonrisa, a pesar de la lluvia que empapaba el rostro del vampiro seguía siendo exactamente igual que años atrás.

    -Y aun así aquí me tienes. Una estupenda segunda oportunidad… Para mí… Por fin sabré a qué sabe tu sangre…


    Ansel
    La lluvia golpeaba el parabrisas con insistencia mientras el limpiaparabrisas arrastraba el agua de un lado a otro en un movimiento casi hipnótico. Rue llevaba demasiadas horas en carretera. Café frío. Gasolineras perdidas. El mapa lleno de marcas y nombres tachados. Y, aun asi, aquella pista era la primera real en semanas: Jebediah Voss había vuelto. Solo pensar en aquel nombre le revolvía algo oscuro en el pecho y le provocaba náuseas. Porque recordaba perfectamente la noche en la que le clavó una estaca en el corazón la primera vez. Recordaba la sangre. La sonrisa enferma de aquel vampiro incluso mientras moría. Recordaba el cuerpo de Logan tirado sobre el suelo del salón de su propia casa. Todavia seguía soñando con ello. Y ahora alguien estaba trayendo monstruos de vuelta de entre los muertos. Vampiros. Hombres lobo. Brujas. Criaturas que deberían haberse quedado pudriéndose bajo tierra. Todos con la misma marca grabada en la piel. Como ganado marcado antes del sacrificio. La última pista la habia llevado hasta un pueblo perdido entre montañas y bosque. No muy diferente al pueblo donde se habría criado: Uno de esos lugares donde las calles quedan vacías demasiado pronto y donde la gente evita mirar a los desconocidos demasiado tiempo. Un lugar donde nunca pasaba nada… >> Llevaba en ese pueblo apenas unas horas y ya habia encontrado suficiente sangre como para saber que Jebediah estaba cerca. Muy cerca. El problema fue darse cuenta demasiado tarde de que él también la había encontrado a ella. Rue avanzaba entre los árboles con la estaba de madera bien aferrada a su mano derecha y la linterna temblando ligeramente entre sus dedos. El bosque estaba demasiado silencioso. Sin grillos, ni viento, ni animales. Mala señal. Una rama crujió detrás de ella a pesar de la maleza húmeda por la lluvia. La mujer reaccionó rápido, girándose con la estaca ya en mano, pero no fue suficientemente rápida. Jebediah apareció de entre un par de árboles como una sombra siniestra, estampándola contra el tronco de un árbol con una fuerza brutal. El golpe le arrancó el aire de los pulmones. -Oh…. -dijo Jebediah en un tétrico arrullo- Cuanto te he echado de menos, Rue -la voz del vampiro sonó pegada a su oído, suave, enfermiza- Aunque debo admitir que esperaba que el duelo te hubiese envejecido peor. Rue forcejeó, intentando mover la mano que sostenía la estaca, a pesar de que él le sujetaba la muñeca con fuerza sobrenatural. -Debería haberte arrancado la cabeza aquella noche -escupió ella entre dientes. Jebediah sonrió. Y aquella sonrisa, a pesar de la lluvia que empapaba el rostro del vampiro seguía siendo exactamente igual que años atrás. -Y aun así aquí me tienes. Una estupenda segunda oportunidad… Para mí… Por fin sabré a qué sabe tu sangre… [THEFIRST.ALPHA]
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  • -algo que no suelo mencionar es el como llegan los humanos a los territorios de las brujas, y resulta ser algo simple, cada bruja representa un concepto o accion y las almas son atraidas a estos si son afines, Yo soy la bruja de la niebla represento el deseo por lo desconocido y el conocimiento, en mi territorio vives personas con mentes curiosas amantes de lo oculto que solo desean ver mas alla de la niebla que cubre el saber, crees ser alguien afin a mi territorio?-
    -algo que no suelo mencionar es el como llegan los humanos a los territorios de las brujas, y resulta ser algo simple, cada bruja representa un concepto o accion y las almas son atraidas a estos si son afines, Yo soy la bruja de la niebla represento el deseo por lo desconocido y el conocimiento, en mi territorio vives personas con mentes curiosas amantes de lo oculto que solo desean ver mas alla de la niebla que cubre el saber, crees ser alguien afin a mi territorio?-
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  • El periódico dictabaㅤ「 ㅤGéminis hoyㅤ:ㅤ controla tus reacciones porque tu espíritu protestón puede salir a flote en el momento menos oportuno. En estos días te cruzarás con tu alma gemela. Procura detectarla.

    Tu número de la suerteㅤ: ㅤ4ㅤ」

    —¿Cuatro? Já, en cuatro es que te voy a... —Aquí tiene su té, caballero.

    Le agradeció al camarero con una sonrisa amable y cerró el periódico. El olor a limón y miel le invadía la nariz ya un poco menos congestionada, sentir el olor dispués de días sin poder hacerlo le hizo sonreír tanto que sintió cómo se le achicaban los ojos. Afuera llovía como si el cielo se fuera a caer y el rubio no tenía mas opción que quedarse disfrutando de la vista húmeda que le ofrecía el ventanal y la gente que corría huyendo del agua.

    —Corran o terminarán sufriendo como yo...

    Soltó una risita cuando alguien pisó un charco profundo y estornudó.

    —Mierda.
    El periódico dictabaㅤ「 ㅤGéminis hoyㅤ:ㅤ controla tus reacciones porque tu espíritu protestón puede salir a flote en el momento menos oportuno. En estos días te cruzarás con tu alma gemela. Procura detectarla. Tu número de la suerteㅤ: ㅤ4ㅤ」 —¿Cuatro? Já, en cuatro es que te voy a... —Aquí tiene su té, caballero. Le agradeció al camarero con una sonrisa amable y cerró el periódico. El olor a limón y miel le invadía la nariz ya un poco menos congestionada, sentir el olor dispués de días sin poder hacerlo le hizo sonreír tanto que sintió cómo se le achicaban los ojos. Afuera llovía como si el cielo se fuera a caer y el rubio no tenía mas opción que quedarse disfrutando de la vista húmeda que le ofrecía el ventanal y la gente que corría huyendo del agua. —Corran o terminarán sufriendo como yo... Soltó una risita cuando alguien pisó un charco profundo y estornudó. —Mierda.
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  • The death game
    Fandom Freerol
    Categoría Terror
    Había salido tarde de uno de los juicios nunca me gustaba salir tarde, pero en esta ocasión no tuve más remedio. Uno de los miembros del juzgados no tenía clara su decisión, sinceramente ese tipo de humanos me parecían agotador. Tuve que usar mi encanto para arrancar un corazón a uno de los que cuestionaba al juzgado.

    Justo me estaba lavando las manos cuando la puerta de uno de los cubitos de váter se abre, antes de que pudiera reaccionar, me dio un golpe en la nuca como si fuera una porra.

    Toda mi vista se nublo...

    Cuando logré abrir los ojos vi que estaba en una especie de sótano, la nuca me dolía a horrores. Con sumo cuidado me levantó del suelo.

    — Maldición como duele... —

    Susurro tocando esa parte notando como mi pelo estaba pegajoso. Tenía que averiguar dónde demonios estaba y sobre todo quien me tiene aquí.

    Anyel Martnes
    Había salido tarde de uno de los juicios nunca me gustaba salir tarde, pero en esta ocasión no tuve más remedio. Uno de los miembros del juzgados no tenía clara su decisión, sinceramente ese tipo de humanos me parecían agotador. Tuve que usar mi encanto para arrancar un corazón a uno de los que cuestionaba al juzgado. Justo me estaba lavando las manos cuando la puerta de uno de los cubitos de váter se abre, antes de que pudiera reaccionar, me dio un golpe en la nuca como si fuera una porra. Toda mi vista se nublo... Cuando logré abrir los ojos vi que estaba en una especie de sótano, la nuca me dolía a horrores. Con sumo cuidado me levantó del suelo. — Maldición como duele... — Susurro tocando esa parte notando como mi pelo estaba pegajoso. Tenía que averiguar dónde demonios estaba y sobre todo quien me tiene aquí. [anyelm1heru]
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  • ── Vaya, sí eso es lo que necesita. Vaya, no le detendré. ──

    Isaac aceptó la petición con una calma que rozaba la desidia. Ella quería una iglesia; quería rezar para remendar un espíritu que ya goteaba oscuridad.

    Pero cuando la alerta de "bestia en el templo" llegó a oídos del joven Van Helsing, no hubo sorpresa, solo una confirmación de lo inevitable.

    Al cruzar el umbral, la encontró. No había gruñidos, solo el rítmico chocar de las cuentas de un rosario entre garras. Ella oraba, sumergida en ese trance hipnótico que solo la fe o la locura pueden provocar.

    Isaac, con la paciencia de quien ha visto a dioses sangrar, se sentó a su lado. No desenfundó el acero; simplemente unió sus manos y esperó.

    Al terminar el último susurro, la verdad cayó sobre la mesa con el peso de una lápida, así que Isaac le ofreció las únicas dos salidas que su apellido permitía: la muerte a manos de él, o el milagro de recuperar su piel.

    Las horas se consumieron entre el incienso, las velas que se iban derritiendo con el paso del tiempo y el frío

    Isaac salió de la iglesia cargando el cadáver de una mujer, ocultando sus propias facciones bajo la capucha.

    No hubo pelea; resultaba extrañamente perturbador que un monstruo decidiera reclamar su propia muerte, como si supiera que su nueva apariencia jamás la iba a decir descansar, ignorante a que si había posibilidad de volver a lucir humana, pero ella no tuvo interés en ello.
    ── Vaya, sí eso es lo que necesita. Vaya, no le detendré. ── Isaac aceptó la petición con una calma que rozaba la desidia. Ella quería una iglesia; quería rezar para remendar un espíritu que ya goteaba oscuridad. Pero cuando la alerta de "bestia en el templo" llegó a oídos del joven Van Helsing, no hubo sorpresa, solo una confirmación de lo inevitable. Al cruzar el umbral, la encontró. No había gruñidos, solo el rítmico chocar de las cuentas de un rosario entre garras. Ella oraba, sumergida en ese trance hipnótico que solo la fe o la locura pueden provocar. Isaac, con la paciencia de quien ha visto a dioses sangrar, se sentó a su lado. No desenfundó el acero; simplemente unió sus manos y esperó. Al terminar el último susurro, la verdad cayó sobre la mesa con el peso de una lápida, así que Isaac le ofreció las únicas dos salidas que su apellido permitía: la muerte a manos de él, o el milagro de recuperar su piel. Las horas se consumieron entre el incienso, las velas que se iban derritiendo con el paso del tiempo y el frío Isaac salió de la iglesia cargando el cadáver de una mujer, ocultando sus propias facciones bajo la capucha. No hubo pelea; resultaba extrañamente perturbador que un monstruo decidiera reclamar su propia muerte, como si supiera que su nueva apariencia jamás la iba a decir descansar, ignorante a que si había posibilidad de volver a lucir humana, pero ella no tuvo interés en ello.
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  • Pasado//


    -vigila a kinger desde la distancia no le gusta verlo tanto tiempo cerca de un ordenador mucho más porque sabe de lo que es capaz de hacer cuando está en su mundo, acciones que no puede evitar al tener prohibido interactuar en el mundo real.
    Dio unos pasos hacia atrás sentándose en el aire sin quitar su vista de todo lo que ve al otro lado de la pantalla en especial al humano creador.....
    Bajo la vista mirando con interés la libreta y el lápiz que tenía entre sus manos carnosas -

    Que es eso?

    -pregunto curioso pegando el rostro a la pantalla que lo separaba del mundo "real"-
    Pasado// -vigila a kinger desde la distancia no le gusta verlo tanto tiempo cerca de un ordenador mucho más porque sabe de lo que es capaz de hacer cuando está en su mundo, acciones que no puede evitar al tener prohibido interactuar en el mundo real. Dio unos pasos hacia atrás sentándose en el aire sin quitar su vista de todo lo que ve al otro lado de la pantalla en especial al humano creador..... Bajo la vista mirando con interés la libreta y el lápiz que tenía entre sus manos carnosas - Que es eso? -pregunto curioso pegando el rostro a la pantalla que lo separaba del mundo "real"-
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  • •Las crónicas de Fenrir Queen•

    KAEL VIREON — ORIGEN

    “El niño que aprendió a romper”

    Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía.

    Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia.

    Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante.

    Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo.

    Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio.

    —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil.

    Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente.

    —¿Siempre eres tan serio?

    Kael desvió la mirada.

    —No.

    —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido.

    —No creo que este lugar pueda ser más aburrido.

    Fenrir soltó una pequeña risa.

    —Entonces tendré que esforzarme más.

    Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo.

    —¿Cómo te llamas? —preguntó ella.

    Kael tardó unos segundos en responder.

    —Kael.

    —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien.

    —¿Y tú?

    —Fenrir.

    Kael frunció ligeramente el ceño.

    —Es un nombre raro.

    —El tuyo también —respondió ella sin dudar.

    Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael.

    —Supongo que estamos igual.

    Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia.

    —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada.

    Fenrir dudó.

    —Cosas… malas.

    —¿Guerra?

    Ella bajó la mirada.

    —Creo que sí.

    Kael guardó silencio unos segundos.

    —¿Tienes miedo?

    Fenrir negó lentamente.

    —No… pero tampoco me gusta.

    —A mí tampoco.

    Ella lo miró con curiosidad.

    —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás?

    Kael pensó por un momento.

    —No lo sé… supongo que volver a casa.

    Fenrir sonrió suavemente.

    —Entonces asegúrate de llegar.

    Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo.

    —¿Y tú? —preguntó finalmente.

    Fenrir levantó la vista hacia el exterior.

    —Creo que… tengo que irme a algún lugar.

    —¿Volverás?

    Ella no respondió de inmediato.

    —…sí.

    Pero en su mirada había duda.

    Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo.

    Hasta que un día, Fenrir dejó de venir.

    Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban.

    Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre.

    No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre.

    Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
    •Las crónicas de Fenrir Queen• 🔥 KAEL VIREON — ORIGEN “El niño que aprendió a romper” Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía. Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia. Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante. Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo. Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio. —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil. Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente. —¿Siempre eres tan serio? Kael desvió la mirada. —No. —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido. —No creo que este lugar pueda ser más aburrido. Fenrir soltó una pequeña risa. —Entonces tendré que esforzarme más. Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo. —¿Cómo te llamas? —preguntó ella. Kael tardó unos segundos en responder. —Kael. —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien. —¿Y tú? —Fenrir. Kael frunció ligeramente el ceño. —Es un nombre raro. —El tuyo también —respondió ella sin dudar. Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael. —Supongo que estamos igual. Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia. —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada. Fenrir dudó. —Cosas… malas. —¿Guerra? Ella bajó la mirada. —Creo que sí. Kael guardó silencio unos segundos. —¿Tienes miedo? Fenrir negó lentamente. —No… pero tampoco me gusta. —A mí tampoco. Ella lo miró con curiosidad. —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás? Kael pensó por un momento. —No lo sé… supongo que volver a casa. Fenrir sonrió suavemente. —Entonces asegúrate de llegar. Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. —¿Y tú? —preguntó finalmente. Fenrir levantó la vista hacia el exterior. —Creo que… tengo que irme a algún lugar. —¿Volverás? Ella no respondió de inmediato. —…sí. Pero en su mirada había duda. Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo. Hasta que un día, Fenrir dejó de venir. Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban. Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre. No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre. Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
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  • Ya es hora de que me ponga con el parque de atracciones, lo he aplazado demasiado tiempo y no quiero que los usuarios se cansen siempre de las mismas cosas ¿Debería recrear todas las atracciones del mundo o debería innovar? Mmm…

    *Dándole vueltas a bastantes ideas de que poner en la zona del parque de atracciones, mirando el plano virtual 3D para rediseñar cada atracción, puesto, etc; algunos los volvía a cambiar de sitio para que quedase más estético o por el espacio que ocupaba, colocando dos tipos de montaña rusas una para los más atrevidos y la segunda para todas las edades, un barco pirata con celdas en popa que se balanceaba, una noria gigante que tenía vistas espectaculares y muchas más que se irían colocando poco a poco*
    Ya es hora de que me ponga con el parque de atracciones, lo he aplazado demasiado tiempo y no quiero que los usuarios se cansen siempre de las mismas cosas ¿Debería recrear todas las atracciones del mundo o debería innovar? Mmm… *Dándole vueltas a bastantes ideas de que poner en la zona del parque de atracciones, mirando el plano virtual 3D para rediseñar cada atracción, puesto, etc; algunos los volvía a cambiar de sitio para que quedase más estético o por el espacio que ocupaba, colocando dos tipos de montaña rusas una para los más atrevidos y la segunda para todas las edades, un barco pirata con celdas en popa que se balanceaba, una noria gigante que tenía vistas espectaculares y muchas más que se irían colocando poco a poco*
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  • Acaba de llegar de un vuelo desde Ginebra donde se ha reunido con un importante magnate que pretende anexionar una de sus empresas a las de la familia Ambrosse. Un acuerdo que lograría implementar un influjo masivo de dinero para el desarrollo de I+D de las empresas de Viggo y su familia.

    El jet lag lo está matando esta semana, pero no puede irse a la cama sin más. Aun tiene reunión con la junta de accionistas y una comida con un importante socio empresarial. Hoy será el día mas largo en la vida de Viggo, quien está soñando despierto con su cama.
    Acaba de llegar de un vuelo desde Ginebra donde se ha reunido con un importante magnate que pretende anexionar una de sus empresas a las de la familia Ambrosse. Un acuerdo que lograría implementar un influjo masivo de dinero para el desarrollo de I+D de las empresas de Viggo y su familia. El jet lag lo está matando esta semana, pero no puede irse a la cama sin más. Aun tiene reunión con la junta de accionistas y una comida con un importante socio empresarial. Hoy será el día mas largo en la vida de Viggo, quien está soñando despierto con su cama.
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