• Si soy yo..
    La misma que se mete en tus sueños, y pone escenas de Betty la fea o la rosa de Guadalupe en tu subconsciente..
    ¿Por qué?.. por qué así se ve más entretenido ve como corres de posibles desgracias,
    Mientras mis papitas se calientan en el horno(?)
    La que coloca escaleras son fin mientras pasas por un pasillo...
    Mido la resistencia de las almas..

    Cómo los entrenadores de fútbol..
    ¿Quien cree que les enseño a ellos?

    No agradezcas que seas más fuerte cada día..
    Solo intenta no morir..
    Si soy yo.. La misma que se mete en tus sueños, y pone escenas de Betty la fea o la rosa de Guadalupe en tu subconsciente.. ¿Por qué?.. por qué así se ve más entretenido ve como corres de posibles desgracias, Mientras mis papitas se calientan en el horno(?) La que coloca escaleras son fin mientras pasas por un pasillo... Mido la resistencia de las almas.. Cómo los entrenadores de fútbol.. ¿Quien cree que les enseño a ellos? No agradezcas que seas más fuerte cada día.. Solo intenta no morir..
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  • ── Mi mamá no me quiere decir que tiene novia.
    Y yo no quiero que sepa que ya sé que es su novia.
    Pero ¿cómo le digo que me hace muy feliz verla feliz y amada después de años de amargura por la ausencia de mi papá y mi padrastro....
    ── Mi mamá no me quiere decir que tiene novia. Y yo no quiero que sepa que ya sé que es su novia. Pero ¿cómo le digo que me hace muy feliz verla feliz y amada después de años de amargura por la ausencia de mi papá y mi padrastro....
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  • —ha pedido a su secretaria que le encargue comida china en el restaurante muggle chino del final de la calle porque él está demasiado obcecado con el ultimo caso que tiene entre manos y no puede parar. Bueno, si puede. Pero no quiere —
    —ha pedido a su secretaria que le encargue comida china en el restaurante muggle chino del final de la calle porque él está demasiado obcecado con el ultimo caso que tiene entre manos y no puede parar. Bueno, si puede. Pero no quiere —
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  • Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía...

    No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses.

    Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso.

    Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha.

    ¿Qué había pasado?

    Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar.

    Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente.

    Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
    Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía... No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses. Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso. Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha. ¿Qué había pasado? Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar. Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente. Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
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  • QUE VIVA LA MARI UANA JAJAJAJAJA

    *Diría mientras tira el humo hacia el aire*
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  • ────Oh, ¿esto? Tranquilos, no es el muñeco vudú que Afro usa cuando el director le pide repetir la escena desde el principio... aunque admito que sería tentador hacerle cosquillas en la pancita. En realidad es un llavero que tejí. ¿Qué tal? ¿Se ve lindo?
    ────Oh, ¿esto? Tranquilos, no es el muñeco vudú que Afro usa cuando el director le pide repetir la escena desde el principio... aunque admito que sería tentador hacerle cosquillas en la pancita. En realidad es un llavero que tejí. ¿Qué tal? ¿Se ve lindo?
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  • — No tengas miedo. Debemos reforzar nuestra amistad.(?)
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  • Dicen que las mejores historias empiezan con dos desconocidos… y terminan con demasiada química entre ellos. ¿Quieres comprobarlo conmigo? ;)

    Busco alguien con quien rolear, me siento muy sola...
    Dicen que las mejores historias empiezan con dos desconocidos… y terminan con demasiada química entre ellos. ¿Quieres comprobarlo conmigo? ;) Busco alguien con quien rolear, me siento muy sola...
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  • 確信できる今だけ重ねて。
    Mikhail Wolfgang

    Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día.

    Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba.

    Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro.

    Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho.

    El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir.

    —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor?

    Dios, que día largo.
    確信できる今だけ重ねて。 [MishaWolfgang0] Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día. Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba. Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro. Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho. El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir. —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor? Dios, que día largo.
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  • Trabajar en el club llevando copas, algo de comida y bebidas en general de un lado a otro no era su trabajo soñado, pero pagaba lo que necesitaba... la mayoría del tiempo.

    Sin embargo, aunque solía estar ocupada con los pedidos y en asegurarse que los clientes estuvieran atendidos, en los momentos de descanso quería distraerse con solo observar.

    En el club, con las luces rojas y más oscuridad que claridad, las sombras eran más difíciles de ver, pero ella sabía que ahí estaban. Sabía que la observaban todo el tiempo.

    —...¿Por qué no me dejan en paz? —un murmullo que, esperó, ni siquiera se escuchara debido a la música.
    Trabajar en el club llevando copas, algo de comida y bebidas en general de un lado a otro no era su trabajo soñado, pero pagaba lo que necesitaba... la mayoría del tiempo. Sin embargo, aunque solía estar ocupada con los pedidos y en asegurarse que los clientes estuvieran atendidos, en los momentos de descanso quería distraerse con solo observar. En el club, con las luces rojas y más oscuridad que claridad, las sombras eran más difíciles de ver, pero ella sabía que ahí estaban. Sabía que la observaban todo el tiempo. —...¿Por qué no me dejan en paz? —un murmullo que, esperó, ni siquiera se escuchara debido a la música.
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