• H-Hee... Seung, es-pera... No te veo...

    – La voz del pelinegro tembló, casi incomprensible, mientras frenaba sus pasos torpemente en medio de su tranquilo paseo. –

    Hee Park
    H-Hee... Seung, es-pera... No te veo... – La voz del pelinegro tembló, casi incomprensible, mientras frenaba sus pasos torpemente en medio de su tranquilo paseo. – [spirit_yellow_koala_469]
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  • ⚞ Los minutos después ambos optaron por tener una conversacion distendida sobre banalidades absurdas. Nora le habló de algunos clientes, de los más excéntricos y los más notables. Como aquella vez en que le vendió ingredientes para una opción protectora a un auror y se permitió el lujo de añadir: “Con esto ni siquiera el mago más tenebroso se acercará a usted”. Solo para darse cuenta de que el susodicho era el mismísimo Harry Potter. El hombre que habia detenido a un poderoso y tenebroso mago hacía casi treinta años.

    -En ese momento solo quise que la tierra me tragara… ¿cómo se me ocurre hablarle de pociones protectoras al tio que se cargó a Lord Voldemort? -preguntó con las mejillas, de nuevo, azoradas por la vergüenza residual que habia sentido aquel día.

    Momento que Orión aprovechó para hablar un poco más de sí mismo y explicarle que Harry Potter era el Jefe de su Departamento entero y que él era auror… Más bien Jefe de Equipo del Departamento de Aurores.

    -¡No me digas! -exclamó ella sorprendida- ¡Dios mío! ¡Es increible! Con razón tenías prisa aquel día. Qué vergüenza…- se cubrió el rostro con las manos y esquivando algo torpemente a una mujer en medio de la calle, ya que su conversacion se habia extendido tanto en la cafetería que habían optado por dar un paseo sin rumbo fijo, saliendo incluso del Callejón Diagón e internándose en el Londres muggle- Y yo hablándote como si fueras… ¿Tengo que llamarte de usted? ¿Hay rangos? Porque, si me lo permites, prefiero llamarte Orión. Es más bonito…- sonrió ella...⚟



    Orion Pussett
    ⚞ Los minutos después ambos optaron por tener una conversacion distendida sobre banalidades absurdas. Nora le habló de algunos clientes, de los más excéntricos y los más notables. Como aquella vez en que le vendió ingredientes para una opción protectora a un auror y se permitió el lujo de añadir: “Con esto ni siquiera el mago más tenebroso se acercará a usted”. Solo para darse cuenta de que el susodicho era el mismísimo Harry Potter. El hombre que habia detenido a un poderoso y tenebroso mago hacía casi treinta años. -En ese momento solo quise que la tierra me tragara… ¿cómo se me ocurre hablarle de pociones protectoras al tio que se cargó a Lord Voldemort? -preguntó con las mejillas, de nuevo, azoradas por la vergüenza residual que habia sentido aquel día. Momento que Orión aprovechó para hablar un poco más de sí mismo y explicarle que Harry Potter era el Jefe de su Departamento entero y que él era auror… Más bien Jefe de Equipo del Departamento de Aurores. -¡No me digas! -exclamó ella sorprendida- ¡Dios mío! ¡Es increible! Con razón tenías prisa aquel día. Qué vergüenza…- se cubrió el rostro con las manos y esquivando algo torpemente a una mujer en medio de la calle, ya que su conversacion se habia extendido tanto en la cafetería que habían optado por dar un paseo sin rumbo fijo, saliendo incluso del Callejón Diagón e internándose en el Londres muggle- Y yo hablándote como si fueras… ¿Tengo que llamarte de usted? ¿Hay rangos? Porque, si me lo permites, prefiero llamarte Orión. Es más bonito…- sonrió ella...⚟ [OPussett]
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  • Aun para los otros sere una diosa , torpe y demaciado buena por confiar en otros para terminar sola
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  • Hoy el mundo se cubre de rojo
    como si cada latido
    fuera una rosa abierta.

    Camino entre los humanos
    sin corona ni palacio,
    solo con el perfume
    de los besos que aún no nacen.

    Dicen que este día me pertenece,
    pero yo solo observo:
    manos que se buscan en silencio,
    cartas torpes,
    miradas que tiemblan más que las olas.

    No hay templo más sagrado
    que dos corazones
    aprendiendo a pronunciarse.

    Ares me espera lejos de la guerra,
    con una flor mal cortada
    y los dedos manchados de torpeza;
    y en su gesto imperfecto
    encuentro la ofrenda más pura.

    Porque el amor no vive
    en los mármoles del Olimpo,
    sino en el temblor humano
    de decir “quédate”
    sin saber si el otro lo hará.

    Esta noche no bendigo parejas,
    bendigo el intento,
    la valentía de sentir,
    la herida dulce
    de creer en alguien.

    Y dejo sobre cada pecho
    una chispa invisible:
    no para que amen perfecto,
    sino para que amen
    como si fuera la primera vez.
    #sanvaletin
    Hoy el mundo se cubre de rojo como si cada latido fuera una rosa abierta. Camino entre los humanos sin corona ni palacio, solo con el perfume de los besos que aún no nacen. Dicen que este día me pertenece, pero yo solo observo: manos que se buscan en silencio, cartas torpes, miradas que tiemblan más que las olas. No hay templo más sagrado que dos corazones aprendiendo a pronunciarse. Ares me espera lejos de la guerra, con una flor mal cortada y los dedos manchados de torpeza; y en su gesto imperfecto encuentro la ofrenda más pura. Porque el amor no vive en los mármoles del Olimpo, sino en el temblor humano de decir “quédate” sin saber si el otro lo hará. Esta noche no bendigo parejas, bendigo el intento, la valentía de sentir, la herida dulce de creer en alguien. Y dejo sobre cada pecho una chispa invisible: no para que amen perfecto, sino para que amen como si fuera la primera vez. #sanvaletin
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  • ── . ✦ Esperanza es creer en lo imposible ✦ . ──

    Es inclinar la cabeza ante lo irrevocable y, aun así, susurrarle: quizá si.
    Es mirar el cadáver tibio de lo que fue y negarse a llamarlo final.
    Es extender los dedos hacia aquello que ya no respira y jurar que, de algún modo, sigue presente.

    Esperanza es sostener entre las manos lo que pudo haber sido y vestirlo con oro, aunque nunca haya existido. Es pulir la ausencia hasta que brille. Es mentir hasta creerlo.

    Porque la esperanza no evita la pérdida: la embellece.
    La vuelve verso.
    La convierte en gloria.

    Es el arte más refinado de los mortales: romantizar lo irreversible. Abrazar la herida como si fuese un poema. Llamar destino a la amputación. Llamar aprendizaje al derrumbe. Llamar “mañana” a lo que jamás vendrá.

    ¿O sí?

    Ah, y sin embargo...

    La esperanza es el motor más perverso y más sublime que existe. Alimenta el sueño como el vino alimenta la lengua del poeta. Infla la fantasía hasta que parece estructura. Engorda el deseo hasta que se siente necesidad. Y cuando el deseo pesa lo suficiente, el cuerpo se mueve.

    La esperanza empuja.
    Arrastra.
    Incendia.

    Hace que el cobarde avance un paso más. Que el amante regrese. Que el herido vuelva a levantarse aun sabiendo que sangrará otra vez.

    La esperanza es la mentira que crea realidades.
    Es la ficción que obliga al mundo a responder.

    Porque al final, cuando la ilusión se sostiene el tiempo suficiente, se convierte en acción. Y la acción, esa criatura torpe y sudorosa, comienza a moldear lo que parecía inalcanzable.

    Los sueños, entonces, dejan de ser vapor.
    Toman peso.
    Adquieren textura.

    Y ahí está la ironía más exquisita: aquello que nació como negación, como potencial eludido, como imposible… empieza a existir.
    ── . ✦ Esperanza es creer en lo imposible ✦ . ── Es inclinar la cabeza ante lo irrevocable y, aun así, susurrarle: quizá si. Es mirar el cadáver tibio de lo que fue y negarse a llamarlo final. Es extender los dedos hacia aquello que ya no respira y jurar que, de algún modo, sigue presente. Esperanza es sostener entre las manos lo que pudo haber sido y vestirlo con oro, aunque nunca haya existido. Es pulir la ausencia hasta que brille. Es mentir hasta creerlo. Porque la esperanza no evita la pérdida: la embellece. La vuelve verso. La convierte en gloria. Es el arte más refinado de los mortales: romantizar lo irreversible. Abrazar la herida como si fuese un poema. Llamar destino a la amputación. Llamar aprendizaje al derrumbe. Llamar “mañana” a lo que jamás vendrá. ¿O sí? Ah, y sin embargo... La esperanza es el motor más perverso y más sublime que existe. Alimenta el sueño como el vino alimenta la lengua del poeta. Infla la fantasía hasta que parece estructura. Engorda el deseo hasta que se siente necesidad. Y cuando el deseo pesa lo suficiente, el cuerpo se mueve. La esperanza empuja. Arrastra. Incendia. Hace que el cobarde avance un paso más. Que el amante regrese. Que el herido vuelva a levantarse aun sabiendo que sangrará otra vez. La esperanza es la mentira que crea realidades. Es la ficción que obliga al mundo a responder. Porque al final, cuando la ilusión se sostiene el tiempo suficiente, se convierte en acción. Y la acción, esa criatura torpe y sudorosa, comienza a moldear lo que parecía inalcanzable. Los sueños, entonces, dejan de ser vapor. Toman peso. Adquieren textura. Y ahí está la ironía más exquisita: aquello que nació como negación, como potencial eludido, como imposible… empieza a existir.
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  • Daba pena agena para ser un diosa torpe ~
    Daba pena agena para ser un diosa torpe ~
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  • Se encuentra solo en completa oscuridad, lejos de la protección de un Warframe, pero a unos 20 metros entre la oscuridad emerge una silueta conocida, pero con movimientos torpes y ruidos mucho más fetales que antes.

    – Lo admito.

    La criatura se arrastra hacia donde el se encuentra, la energía de su cuerpo cambia de color iluminando entre la oscuridad el pasillo de su Railjack, Fenriart, pero en ruinas y abandonado mientras ese Warframe acorta esa distancia entre ellos.

    – No es desconfianza, temo que si me voy, ustedes sean solo juguetes rotos y rencorosos.

    Justo en ese momento algo con garras sujetaba el cuello de su traje y alzado solo cierra los ojos, mientras el aliento se intensifica cerca de su rostro.

    Abre sus ojos, cuando siente su rostro fuera del agua del refractario, sin ninguna expresión clara en su rostro, no es un triunfo, tampoco una derrota, solo un reflejo de su culpa.

    – Al menos, ya di el primer paso.
    Se encuentra solo en completa oscuridad, lejos de la protección de un Warframe, pero a unos 20 metros entre la oscuridad emerge una silueta conocida, pero con movimientos torpes y ruidos mucho más fetales que antes. – Lo admito. La criatura se arrastra hacia donde el se encuentra, la energía de su cuerpo cambia de color iluminando entre la oscuridad el pasillo de su Railjack, Fenriart, pero en ruinas y abandonado mientras ese Warframe acorta esa distancia entre ellos. – No es desconfianza, temo que si me voy, ustedes sean solo juguetes rotos y rencorosos. Justo en ese momento algo con garras sujetaba el cuello de su traje y alzado solo cierra los ojos, mientras el aliento se intensifica cerca de su rostro. Abre sus ojos, cuando siente su rostro fuera del agua del refractario, sin ninguna expresión clara en su rostro, no es un triunfo, tampoco una derrota, solo un reflejo de su culpa. – Al menos, ya di el primer paso.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    — Escucha bien, pequeño ser... En mi mundo, la indiferencia es la única verdadera sentencia de muerte. Si te dedico una sonrisa mientras destrozo tu orgullo con una frase elegante, deberías sentirte agradecido: significa que he encontrado en ti un entretenimiento digno de mi tiempo.

    ​El día que deje de burlarme de tus torpezas, el día que mis insultos sutiles se conviertan en un silencio gélido... ese día, habrás pasado a ser tan irrelevante como una página en blanco. Así que disfruta de mi veneno, querido, es la forma más honesta que tengo de decirte que me resultas... fascinante.
    🌸— Escucha bien, pequeño ser... En mi mundo, la indiferencia es la única verdadera sentencia de muerte. Si te dedico una sonrisa mientras destrozo tu orgullo con una frase elegante, deberías sentirte agradecido: significa que he encontrado en ti un entretenimiento digno de mi tiempo. ​El día que deje de burlarme de tus torpezas, el día que mis insultos sutiles se conviertan en un silencio gélido... ese día, habrás pasado a ser tan irrelevante como una página en blanco. Así que disfruta de mi veneno, querido, es la forma más honesta que tengo de decirte que me resultas... fascinante.
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  • La cafetería estaba oficialmente
    cerrada, pero Rem seguía ahí, limpiando con los audífonos puestos y la música a un volumen peligrosamente alto para alguien que estaba solo… o eso creía.

    Con el trapeador en la mano, empezó a moverse de un lado a otro entre las mesas, marcando el ritmo con los pies. Primero tímido, luego más suelto, hasta que su cuerpo ya estaba bailando solo. El reflejo del vidrio le devolvía la imagen de un barista convertido en estrella pop.

    Tomó el trapeador como micrófono y, sin ningún tipo de vergüenza, empezó a cantar:

    —You change your mind like a girl changes clothes…

    Se inclinó hacia adelante, señalando a una silla vacía como si fuera el culpable de todos sus males emocionales. Giró sobre sí mismo, el delantal ondeando como si fuera parte del show.

    Mientras limpiaba la barra, movía las caderas exageradamente y siguió cantando, ya más metido en el papel:

    —You’re hot then you’re cold, you’re yes then you’re no~

    En ese momento, resbaló un poco con el piso mojado. Dio un paso torpe, agitó los brazos como molino humano y logró mantenerse de pie por pura suerte. Se quedó quieto dos segundos… luego hizo una reverencia dramática, como si el tropiezo hubiera sido parte de la coreografía.

    La cafetera soltó un ruido fuerte justo cuando él alzaba la voz:

    —You’re in then you’re out, you’re up then you’re down~

    —Gracias, gracias —murmuró, señalándola—. Excelente acompañamiento.

    Siguió bailando entre las mesas, cantando y limpiando al mismo tiempo, completamente perdido en la música. Si alguien lo hubiera visto, jamás habría adivinado que ese chico era serio durante el horario de trabajo.

    Cuando la canción empezó a bajar, Ren apoyó el trapeador en la pared, respiró hondo y sonrió, satisfecho.

    La cafetería estaba limpia… y su mini concierto privado había sido todo un éxito.
    La cafetería estaba oficialmente cerrada, pero Rem seguía ahí, limpiando con los audífonos puestos y la música a un volumen peligrosamente alto para alguien que estaba solo… o eso creía. Con el trapeador en la mano, empezó a moverse de un lado a otro entre las mesas, marcando el ritmo con los pies. Primero tímido, luego más suelto, hasta que su cuerpo ya estaba bailando solo. El reflejo del vidrio le devolvía la imagen de un barista convertido en estrella pop. Tomó el trapeador como micrófono y, sin ningún tipo de vergüenza, empezó a cantar: —You change your mind like a girl changes clothes… Se inclinó hacia adelante, señalando a una silla vacía como si fuera el culpable de todos sus males emocionales. Giró sobre sí mismo, el delantal ondeando como si fuera parte del show. Mientras limpiaba la barra, movía las caderas exageradamente y siguió cantando, ya más metido en el papel: —You’re hot then you’re cold, you’re yes then you’re no~ En ese momento, resbaló un poco con el piso mojado. Dio un paso torpe, agitó los brazos como molino humano y logró mantenerse de pie por pura suerte. Se quedó quieto dos segundos… luego hizo una reverencia dramática, como si el tropiezo hubiera sido parte de la coreografía. La cafetera soltó un ruido fuerte justo cuando él alzaba la voz: —You’re in then you’re out, you’re up then you’re down~ —Gracias, gracias —murmuró, señalándola—. Excelente acompañamiento. Siguió bailando entre las mesas, cantando y limpiando al mismo tiempo, completamente perdido en la música. Si alguien lo hubiera visto, jamás habría adivinado que ese chico era serio durante el horario de trabajo. Cuando la canción empezó a bajar, Ren apoyó el trapeador en la pared, respiró hondo y sonrió, satisfecho. La cafetería estaba limpia… y su mini concierto privado había sido todo un éxito.
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  • ★Rol abierto

    12:53 a.m

    Qué poca paciencia estoy teniendo últimamente...

    — Le sususrró a la nada, mientras aquella fina estela de humo se escapaba de entre sus labios, aplacando la tenue punzada de ansiedad que comenzaba a trepar por su pecho, hasta pinchar su garganta.
    Esa noche se encontraba particularmente exhausto y la penumbra lo había sorprendido con un terrible insomnio, típico de sus inviernos en ese país al que no se acostumbra, por más tiempo que pasara conociendo el frío de los días y aquella bruma sofocante de sus noches.

    Había salido de su casa, alejada a las afueras de la ciudad, aunque lo suficientemente cerca para ser cómodo y decidió horas antes comenzar a caminar, fue así, que se encontró de repente en medio de los callejones por los que tantas veces había evitado deambular. Quizá era un capricho del destino o solo su torpeza y su despiste, pero lo cierto era, que no se sentía en el más mínimo peligro ¿Alguna vez había sentido miedo realmente? No lo sabía, siempre se cuestionaba si las cosas que sentía las sentía realmente o solo era su cabeza haciendo mímica de la vida por mera supervivencia ¿Se volvería loco si no lo hiciera?

    Cerró sus ojos lentamente, dejando caer su cabeza hacia su espalda, su cuello reposando sobre los finos cabellos negros, largos de más, que le caigan por la nuca. Se perdió, preguntándose si alguna vez se había encontrado realmente. —
    ★Rol abierto 12:53 a.m Qué poca paciencia estoy teniendo últimamente... — Le sususrró a la nada, mientras aquella fina estela de humo se escapaba de entre sus labios, aplacando la tenue punzada de ansiedad que comenzaba a trepar por su pecho, hasta pinchar su garganta. Esa noche se encontraba particularmente exhausto y la penumbra lo había sorprendido con un terrible insomnio, típico de sus inviernos en ese país al que no se acostumbra, por más tiempo que pasara conociendo el frío de los días y aquella bruma sofocante de sus noches. Había salido de su casa, alejada a las afueras de la ciudad, aunque lo suficientemente cerca para ser cómodo y decidió horas antes comenzar a caminar, fue así, que se encontró de repente en medio de los callejones por los que tantas veces había evitado deambular. Quizá era un capricho del destino o solo su torpeza y su despiste, pero lo cierto era, que no se sentía en el más mínimo peligro ¿Alguna vez había sentido miedo realmente? No lo sabía, siempre se cuestionaba si las cosas que sentía las sentía realmente o solo era su cabeza haciendo mímica de la vida por mera supervivencia ¿Se volvería loco si no lo hiciera? Cerró sus ojos lentamente, dejando caer su cabeza hacia su espalda, su cuello reposando sobre los finos cabellos negros, largos de más, que le caigan por la nuca. Se perdió, preguntándose si alguna vez se había encontrado realmente. —
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