Alessandro viajaba en su lujosa camioneta por las calles de la ciudad camino de la escuela de artes donde trabajaba su amigo, el célebre artista Sebastian Rowe, a quien Alessandro conoció en una exposición de sus obras en una galería de arte en Nápoles donde tanto uno como otro quedaron prendados, el uno del arte del otro y el otro de la belleza del contrario, fue así que básicamente Alessandro se convirtió en la musa de Sebastian y éste a su vez, en confidente y amigo del menor, una amistad que se forjó de una forma en la que ninguno de los dos esperaba. Por esa amistad, Alessandro no podía negarse a nada que éste le pidiera y por eso, ahora se encontraba caminando a paso lento por los pasillos de la universidad en busca de la sala en la que lo esperaba su amigo y sus curiosos alumnos.
La sala era todo lo que se puede esperar de una escuela de artes, el olor a pintura reinaba en el ambiente, en contraste con el caluroso ambiente de fuera, el interior estaba a la temperatura exacta, ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como al italiano le gustaba, no pudo evitar sonreír, claro que su amigo lo iba a consentir aunque fuera con el aire acondicionado.
Sebastian entró en la sala y al ver la esbelta figura de su amigo, lo saludó con gran alegría. Intercambiaron un par de palabras hasta que los alumnos empezaron a llegar y Sebastian le indicó a su amigo y modelo que fuera a su oficina, se quitara la ropa y volviera, y Wang así, lo hizo. Una vez desnudo, salió y ocupó su lugar en el sofá en medio de la sala. Miraba con cierto aburrimiento a su alrededor mientras Sebastian daba indicaciones a los alumnos, notaba que algunos lo miraban con morbo, otros como si jamás hubieran visto a un hombre desnudo, pero él se encontraba perfectamente cómodo con su desnudez. Después de todo, era italiano. Recorrió con su mirada a los alumnos que se encontraban ahí y por un breve instante, se quedó fija en un chico que estaba justo frente a él, era...diferente, probablemente era también asiático por los ojos rasgados y el color blanco lechoso de su piel. Le gustó, era lindo. Lo observó un momento mientras veía cómo se preparaba y después, continúo mirando el resto del lugar que lo rodeaba hasta que le ordenaron quedarse quieto para que los chicos pudieran pintarlo.
Mike Kim
La sala era todo lo que se puede esperar de una escuela de artes, el olor a pintura reinaba en el ambiente, en contraste con el caluroso ambiente de fuera, el interior estaba a la temperatura exacta, ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como al italiano le gustaba, no pudo evitar sonreír, claro que su amigo lo iba a consentir aunque fuera con el aire acondicionado.
Sebastian entró en la sala y al ver la esbelta figura de su amigo, lo saludó con gran alegría. Intercambiaron un par de palabras hasta que los alumnos empezaron a llegar y Sebastian le indicó a su amigo y modelo que fuera a su oficina, se quitara la ropa y volviera, y Wang así, lo hizo. Una vez desnudo, salió y ocupó su lugar en el sofá en medio de la sala. Miraba con cierto aburrimiento a su alrededor mientras Sebastian daba indicaciones a los alumnos, notaba que algunos lo miraban con morbo, otros como si jamás hubieran visto a un hombre desnudo, pero él se encontraba perfectamente cómodo con su desnudez. Después de todo, era italiano. Recorrió con su mirada a los alumnos que se encontraban ahí y por un breve instante, se quedó fija en un chico que estaba justo frente a él, era...diferente, probablemente era también asiático por los ojos rasgados y el color blanco lechoso de su piel. Le gustó, era lindo. Lo observó un momento mientras veía cómo se preparaba y después, continúo mirando el resto del lugar que lo rodeaba hasta que le ordenaron quedarse quieto para que los chicos pudieran pintarlo.
Mike Kim
Alessandro viajaba en su lujosa camioneta por las calles de la ciudad camino de la escuela de artes donde trabajaba su amigo, el célebre artista Sebastian Rowe, a quien Alessandro conoció en una exposición de sus obras en una galería de arte en Nápoles donde tanto uno como otro quedaron prendados, el uno del arte del otro y el otro de la belleza del contrario, fue así que básicamente Alessandro se convirtió en la musa de Sebastian y éste a su vez, en confidente y amigo del menor, una amistad que se forjó de una forma en la que ninguno de los dos esperaba. Por esa amistad, Alessandro no podía negarse a nada que éste le pidiera y por eso, ahora se encontraba caminando a paso lento por los pasillos de la universidad en busca de la sala en la que lo esperaba su amigo y sus curiosos alumnos.
La sala era todo lo que se puede esperar de una escuela de artes, el olor a pintura reinaba en el ambiente, en contraste con el caluroso ambiente de fuera, el interior estaba a la temperatura exacta, ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como al italiano le gustaba, no pudo evitar sonreír, claro que su amigo lo iba a consentir aunque fuera con el aire acondicionado.
Sebastian entró en la sala y al ver la esbelta figura de su amigo, lo saludó con gran alegría. Intercambiaron un par de palabras hasta que los alumnos empezaron a llegar y Sebastian le indicó a su amigo y modelo que fuera a su oficina, se quitara la ropa y volviera, y Wang así, lo hizo. Una vez desnudo, salió y ocupó su lugar en el sofá en medio de la sala. Miraba con cierto aburrimiento a su alrededor mientras Sebastian daba indicaciones a los alumnos, notaba que algunos lo miraban con morbo, otros como si jamás hubieran visto a un hombre desnudo, pero él se encontraba perfectamente cómodo con su desnudez. Después de todo, era italiano. Recorrió con su mirada a los alumnos que se encontraban ahí y por un breve instante, se quedó fija en un chico que estaba justo frente a él, era...diferente, probablemente era también asiático por los ojos rasgados y el color blanco lechoso de su piel. Le gustó, era lindo. Lo observó un momento mientras veía cómo se preparaba y después, continúo mirando el resto del lugar que lo rodeaba hasta que le ordenaron quedarse quieto para que los chicos pudieran pintarlo.
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