La loba y el mercenario
Fandom Game of Thrones
Categoría Slice of Life
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ㅤㅤㅤㅤ⤷ Starter para Daario Naharis
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ㅤㅤㅤㅤTodavia, a pesar de conocer los planes de Jon y la necesidad de alianzas que tenia el Norte, se mostraba ciertamente reticente a la llegada de extranjeros cuando todavia quedaban apenas unas jornadas para que el Rey en el Norte regresara a casa. El Norte era distinto al resto de pueblos y reinos de Poniente. El Norte era orgulloso y no cedería ante una “invasora” extranjera. Pues asi es como el Norte vería a Daenerys Targaryen y sus dragones. Pero la carta de Jon era sincera.
No le habia agradado saber que habia hincado la rodilla ante una reina Targaryen. El Norte recordaba. Recordaba lo que habia pasado la ultima vez que un Stark se habia arrodillado ante un Targaryen. Tendría mas de un par de palabras con Jon a su regreso. Ese habia sido el pensamiento que habia martilleado la cabeza de Sansa Stark durante dias. Pero entonces habia visto llegar al enorme ejercito de la reina dragón. Sus dothrakis, sus Inmaculados, sus dragones. Todos estaban allí para ayudar, porque querían salvar Poniente de una amenaza peor que Cersei Lannister. Daenerys Targaryen habia dejado a un lado su guerra para ayudar a un pueblo que siquiera la queria allí.
Y cuando tuvo delante a la hija del Rey Loco reconoció en su mirada clara la misma expresión que la propia Sansa habia tenido en el rostro la primera vez que llegó al Castillo Negro. La expresión de una mujer joven a la que le habían arrebatado su hogar, que esperaba estar haciendo lo correcto y que solo queria hacer las cosas bien. Puede que Daenerys Targaryen llegara a Invernalia para ayudarles a ganar una guerra, pero la grandeza de aquel gesto no era algo que la rubia esgrimiera por bandera. Fue cordial al presentarse. Educada. Y Sansa pensó que, si iban a vivir juntas en aquel castillo seria mejor para todos no tensar más la cuerda.
Era difícil dar de comer a tantas personas y a dos dragones. Y, aunque la comida no era algo que sobrara en el Norte con el invierno ciñéndose sus cabezas, lo cierto era que el ejercito Targaryen se esforzaba por ganarse el pan: cavaban trincheras, ayudaban a entrenar, a trasladar comida, a las labores cotidianas en el castillo… Y, para cuando Jaime Lannister se presentó en las puertas de Invernalia quedó claro que ella no era la única que sentía desagrado por tal presencia. Gusano Gris, el capitán de los Inmaculados tenía la misma expresión de disgusto en el rostro. En cambio, el más alto, el fornido Capitán de los Segundos Hijos, quien nunca se separaba de Daenerys parecía divertido con la presencia del Lannister en Invernalia, como si estuviese seguro de los segundos que tardaría en matarlo si la situación lo requería. Parecía demasiado seguro de sí mismo.
Aquella mañana, Lady Sansa observaba el patio donde norteños, Inmaculados, Mormont y dothrakis entrenaban- Daario Naharis, que asi se llamaba el Capitán de los Segundos Hijos parecía exquisitamente divertido blandiendo una daga de vidriagón y esquivando los embates de sus atacantes. Era bueno, muy bueno. Tan bueno como lo era Jon. Y, de un modo extraño, su modo de volverse era algo… hipnótico. Tanto que Sansa no era capaz de apartar la mirada de él. Incluso cuando el Maestre Wolkan se acercó a ella con el inventario en las manos.
-Lady Sansa…
-¿Hmm?- murmuró Sansa sin apartar su mirada de los movimientos de Daario.
-Ne- necesitan de su consejo acerca de las reservas de grano y sorgo -continuó Wolkan- Además, los aldeanos refugiados quieren permiso para salir a talar al bosque.
Sansa asintió y se apartó de la barandilla para recorrer el puente y bajar hasta el patio. Pasó al lado de Daario y Gusano Gris, sin mirarlos, con la cabeza alzada y la mirada centrada en los hombres que, a algunos metros de ella aguardaban su llegada para resolver sus dudas.
-Gracias por atendernos, Lady Sansa -agradeció uno de ellos mientras la hija mayor de Ned Stark llegaba hasta ellos.
Sansa asintió y tomó los pergaminos que le tendían.
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ㅤㅤㅤㅤ⤷ Starter para Daario Naharis
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ㅤㅤㅤㅤTodavia, a pesar de conocer los planes de Jon y la necesidad de alianzas que tenia el Norte, se mostraba ciertamente reticente a la llegada de extranjeros cuando todavia quedaban apenas unas jornadas para que el Rey en el Norte regresara a casa. El Norte era distinto al resto de pueblos y reinos de Poniente. El Norte era orgulloso y no cedería ante una “invasora” extranjera. Pues asi es como el Norte vería a Daenerys Targaryen y sus dragones. Pero la carta de Jon era sincera.
No le habia agradado saber que habia hincado la rodilla ante una reina Targaryen. El Norte recordaba. Recordaba lo que habia pasado la ultima vez que un Stark se habia arrodillado ante un Targaryen. Tendría mas de un par de palabras con Jon a su regreso. Ese habia sido el pensamiento que habia martilleado la cabeza de Sansa Stark durante dias. Pero entonces habia visto llegar al enorme ejercito de la reina dragón. Sus dothrakis, sus Inmaculados, sus dragones. Todos estaban allí para ayudar, porque querían salvar Poniente de una amenaza peor que Cersei Lannister. Daenerys Targaryen habia dejado a un lado su guerra para ayudar a un pueblo que siquiera la queria allí.
Y cuando tuvo delante a la hija del Rey Loco reconoció en su mirada clara la misma expresión que la propia Sansa habia tenido en el rostro la primera vez que llegó al Castillo Negro. La expresión de una mujer joven a la que le habían arrebatado su hogar, que esperaba estar haciendo lo correcto y que solo queria hacer las cosas bien. Puede que Daenerys Targaryen llegara a Invernalia para ayudarles a ganar una guerra, pero la grandeza de aquel gesto no era algo que la rubia esgrimiera por bandera. Fue cordial al presentarse. Educada. Y Sansa pensó que, si iban a vivir juntas en aquel castillo seria mejor para todos no tensar más la cuerda.
Era difícil dar de comer a tantas personas y a dos dragones. Y, aunque la comida no era algo que sobrara en el Norte con el invierno ciñéndose sus cabezas, lo cierto era que el ejercito Targaryen se esforzaba por ganarse el pan: cavaban trincheras, ayudaban a entrenar, a trasladar comida, a las labores cotidianas en el castillo… Y, para cuando Jaime Lannister se presentó en las puertas de Invernalia quedó claro que ella no era la única que sentía desagrado por tal presencia. Gusano Gris, el capitán de los Inmaculados tenía la misma expresión de disgusto en el rostro. En cambio, el más alto, el fornido Capitán de los Segundos Hijos, quien nunca se separaba de Daenerys parecía divertido con la presencia del Lannister en Invernalia, como si estuviese seguro de los segundos que tardaría en matarlo si la situación lo requería. Parecía demasiado seguro de sí mismo.
Aquella mañana, Lady Sansa observaba el patio donde norteños, Inmaculados, Mormont y dothrakis entrenaban- Daario Naharis, que asi se llamaba el Capitán de los Segundos Hijos parecía exquisitamente divertido blandiendo una daga de vidriagón y esquivando los embates de sus atacantes. Era bueno, muy bueno. Tan bueno como lo era Jon. Y, de un modo extraño, su modo de volverse era algo… hipnótico. Tanto que Sansa no era capaz de apartar la mirada de él. Incluso cuando el Maestre Wolkan se acercó a ella con el inventario en las manos.
-Lady Sansa…
-¿Hmm?- murmuró Sansa sin apartar su mirada de los movimientos de Daario.
-Ne- necesitan de su consejo acerca de las reservas de grano y sorgo -continuó Wolkan- Además, los aldeanos refugiados quieren permiso para salir a talar al bosque.
Sansa asintió y se apartó de la barandilla para recorrer el puente y bajar hasta el patio. Pasó al lado de Daario y Gusano Gris, sin mirarlos, con la cabeza alzada y la mirada centrada en los hombres que, a algunos metros de ella aguardaban su llegada para resolver sus dudas.
-Gracias por atendernos, Lady Sansa -agradeció uno de ellos mientras la hija mayor de Ned Stark llegaba hasta ellos.
Sansa asintió y tomó los pergaminos que le tendían.
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ㅤㅤㅤ🐺ㅤTodavia, a pesar de conocer los planes de Jon y la necesidad de alianzas que tenia el Norte, se mostraba ciertamente reticente a la llegada de extranjeros cuando todavia quedaban apenas unas jornadas para que el Rey en el Norte regresara a casa. El Norte era distinto al resto de pueblos y reinos de Poniente. El Norte era orgulloso y no cedería ante una “invasora” extranjera. Pues asi es como el Norte vería a Daenerys Targaryen y sus dragones. Pero la carta de Jon era sincera.
No le habia agradado saber que habia hincado la rodilla ante una reina Targaryen. El Norte recordaba. Recordaba lo que habia pasado la ultima vez que un Stark se habia arrodillado ante un Targaryen. Tendría mas de un par de palabras con Jon a su regreso. Ese habia sido el pensamiento que habia martilleado la cabeza de Sansa Stark durante dias. Pero entonces habia visto llegar al enorme ejercito de la reina dragón. Sus dothrakis, sus Inmaculados, sus dragones. Todos estaban allí para ayudar, porque querían salvar Poniente de una amenaza peor que Cersei Lannister. Daenerys Targaryen habia dejado a un lado su guerra para ayudar a un pueblo que siquiera la queria allí.
Y cuando tuvo delante a la hija del Rey Loco reconoció en su mirada clara la misma expresión que la propia Sansa habia tenido en el rostro la primera vez que llegó al Castillo Negro. La expresión de una mujer joven a la que le habían arrebatado su hogar, que esperaba estar haciendo lo correcto y que solo queria hacer las cosas bien. Puede que Daenerys Targaryen llegara a Invernalia para ayudarles a ganar una guerra, pero la grandeza de aquel gesto no era algo que la rubia esgrimiera por bandera. Fue cordial al presentarse. Educada. Y Sansa pensó que, si iban a vivir juntas en aquel castillo seria mejor para todos no tensar más la cuerda.
Era difícil dar de comer a tantas personas y a dos dragones. Y, aunque la comida no era algo que sobrara en el Norte con el invierno ciñéndose sus cabezas, lo cierto era que el ejercito Targaryen se esforzaba por ganarse el pan: cavaban trincheras, ayudaban a entrenar, a trasladar comida, a las labores cotidianas en el castillo… Y, para cuando Jaime Lannister se presentó en las puertas de Invernalia quedó claro que ella no era la única que sentía desagrado por tal presencia. Gusano Gris, el capitán de los Inmaculados tenía la misma expresión de disgusto en el rostro. En cambio, el más alto, el fornido Capitán de los Segundos Hijos, quien nunca se separaba de Daenerys parecía divertido con la presencia del Lannister en Invernalia, como si estuviese seguro de los segundos que tardaría en matarlo si la situación lo requería. Parecía demasiado seguro de sí mismo.
Aquella mañana, Lady Sansa observaba el patio donde norteños, Inmaculados, Mormont y dothrakis entrenaban- Daario Naharis, que asi se llamaba el Capitán de los Segundos Hijos parecía exquisitamente divertido blandiendo una daga de vidriagón y esquivando los embates de sus atacantes. Era bueno, muy bueno. Tan bueno como lo era Jon. Y, de un modo extraño, su modo de volverse era algo… hipnótico. Tanto que Sansa no era capaz de apartar la mirada de él. Incluso cuando el Maestre Wolkan se acercó a ella con el inventario en las manos.
-Lady Sansa…
-¿Hmm?- murmuró Sansa sin apartar su mirada de los movimientos de Daario.
-Ne- necesitan de su consejo acerca de las reservas de grano y sorgo -continuó Wolkan- Además, los aldeanos refugiados quieren permiso para salir a talar al bosque.
Sansa asintió y se apartó de la barandilla para recorrer el puente y bajar hasta el patio. Pasó al lado de Daario y Gusano Gris, sin mirarlos, con la cabeza alzada y la mirada centrada en los hombres que, a algunos metros de ella aguardaban su llegada para resolver sus dudas.
-Gracias por atendernos, Lady Sansa -agradeció uno de ellos mientras la hija mayor de Ned Stark llegaba hasta ellos.
Sansa asintió y tomó los pergaminos que le tendían.
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