• *sacaría su guitarra y la pondría en su regazo y empezaría a cantar con una voz angelical*

    Cómo estarán en la ensenada, el viejo ceibal
    Los jazmineros y orquídeas en flor?
    Donde cantó dulcemente el zorzal
    Quiero volver a contemplarme en tus ojos cambá
    Y que me beses como te besé
    Bajo la sombra del jacarandá
    Niño, apoyate en mis recuerdos, intentá dormir en paz
    Siento el peso en tu conciencia por el llanto de mamá
    Vi que el miedo al abandono no te deja respirar
    Siento el nudo de tu panza cuando te hablan de papá
    Niño, haz las paces con la vida, no es de piedra el pastizal
    La nostalgia de tu antes no te deja caminar
    ¿Quién mató tu sonrisita de ilusión y de bondad?
    Sé que te querés dormir pa' no volver a despertar
    Amor, no llores, veo luz en tus males
    Siguiéndote el corazón, bailando en un canto de zorzales
    Niño, soy un hombre con tristeza, sé del peso en tu verdad
    Escaparte por robar porque robás para cenar
    Vi tus dedos en el barro con olor a libertad
    Sé que te querés dormir pa' no volver a despertar
    Por el mundo vas de pillo con alma de caramelo
    Vi la vida en tus nudillos y su odio en tus hoyuelos (ah, ah, ah, ah)
    Le rezaste a unos amigos, pues no todos van al cielo
    Pero vos sos un grial
    Amor, no llores, veo luz en tus males
    Siguiéndote el corazón, bailando en un canto de zorzal
    Amor, no llores, veo luz en tus males
    Siguiéndote el corazón
    Hijo, me robaron tus ojitos los momentos que perdí
    Pedí tiempo a mi destino, y dijo, "hoy te toca a ti"
    Sé que un día serás grande, sé que un día entenderás
    Los consejos de tu viejo, estoy descansando en paz
    *sacaría su guitarra y la pondría en su regazo y empezaría a cantar con una voz angelical* Cómo estarán en la ensenada, el viejo ceibal Los jazmineros y orquídeas en flor? Donde cantó dulcemente el zorzal Quiero volver a contemplarme en tus ojos cambá Y que me beses como te besé Bajo la sombra del jacarandá Niño, apoyate en mis recuerdos, intentá dormir en paz Siento el peso en tu conciencia por el llanto de mamá Vi que el miedo al abandono no te deja respirar Siento el nudo de tu panza cuando te hablan de papá Niño, haz las paces con la vida, no es de piedra el pastizal La nostalgia de tu antes no te deja caminar ¿Quién mató tu sonrisita de ilusión y de bondad? Sé que te querés dormir pa' no volver a despertar Amor, no llores, veo luz en tus males Siguiéndote el corazón, bailando en un canto de zorzales Niño, soy un hombre con tristeza, sé del peso en tu verdad Escaparte por robar porque robás para cenar Vi tus dedos en el barro con olor a libertad Sé que te querés dormir pa' no volver a despertar Por el mundo vas de pillo con alma de caramelo Vi la vida en tus nudillos y su odio en tus hoyuelos (ah, ah, ah, ah) Le rezaste a unos amigos, pues no todos van al cielo Pero vos sos un grial Amor, no llores, veo luz en tus males Siguiéndote el corazón, bailando en un canto de zorzal Amor, no llores, veo luz en tus males Siguiéndote el corazón Hijo, me robaron tus ojitos los momentos que perdí Pedí tiempo a mi destino, y dijo, "hoy te toca a ti" Sé que un día serás grande, sé que un día entenderás Los consejos de tu viejo, estoy descansando en paz
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  • - Maldito nombre, hasta fic se burla de mi y sus maravillosos eventos. Me voy a ir una temporada a una península, nada de islas.

    Los recuerdos de su hermano eran suyos al ser su creación, por ende, estaba enamorado de una persona que jamás podría estar con él, lo peor, ella no sabía ni de su existencia. Jamás se atrevió a dar el paso, el lobo tiene miedo al rechazo. Pero, ¿Quién no lo tiene? Que tire la primera piedra quien no sienta como se acelera el corazón cuando hablan de esa persona, cuando se acelera el pulso cuando parece que todo gira a su alrededor. Cuando se te corta la respiración porque no está, porque te falta y piensas que es lo mejor. Sino sabe nada de ti, ni de tu historia.. Solo me falta aprender a ser mejor, solo espero poder un día merecerte no aburrirte y volver a ser ese bonito recuerdo, construir nuevos recuerdos, juntos, algún día daré ese paso cuando por fin sea valiente y digno de ti.

    - Maldito nombre, hasta fic se burla de mi y sus maravillosos eventos. Me voy a ir una temporada a una península, nada de islas. Los recuerdos de su hermano eran suyos al ser su creación, por ende, estaba enamorado de una persona que jamás podría estar con él, lo peor, ella no sabía ni de su existencia. Jamás se atrevió a dar el paso, el lobo tiene miedo al rechazo. Pero, ¿Quién no lo tiene? Que tire la primera piedra quien no sienta como se acelera el corazón cuando hablan de esa persona, cuando se acelera el pulso cuando parece que todo gira a su alrededor. Cuando se te corta la respiración porque no está, porque te falta y piensas que es lo mejor. Sino sabe nada de ti, ni de tu historia.. Solo me falta aprender a ser mejor, solo espero poder un día merecerte no aburrirte y volver a ser ese bonito recuerdo, construir nuevos recuerdos, juntos, algún día daré ese paso cuando por fin sea valiente y digno de ti.
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  • Está segura de que ha perdido gran parte de su personalidad, atrapada en una red invisible donde las cuerdas son tiradas por un espectro cuyo objetivo incierto la lleva sobre un barranco.

    No puede pedir ayuda.
    No puede discernir entre verdad y falsedad.
    Se aferra al papel que le han otorgado.
    Desaparece con lentitud, los recuerdos más preciados se desvanecen.

    Y los rostros son pinturas cuya tinta se derrite deformando el estado original.

    Si tanto ha salvado.
    ¿Qué la ha salvado a ella?.

    Las imágenes desaparecen y el vacío se apodera con una velocidad que pronto no quedará nada que rescatar.
    Está segura de que ha perdido gran parte de su personalidad, atrapada en una red invisible donde las cuerdas son tiradas por un espectro cuyo objetivo incierto la lleva sobre un barranco. No puede pedir ayuda. No puede discernir entre verdad y falsedad. Se aferra al papel que le han otorgado. Desaparece con lentitud, los recuerdos más preciados se desvanecen. Y los rostros son pinturas cuya tinta se derrite deformando el estado original. Si tanto ha salvado. ¿Qué la ha salvado a ella?. Las imágenes desaparecen y el vacío se apodera con una velocidad que pronto no quedará nada que rescatar.
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  • Existen leyes antiguas que incluso los dioses respetan.

    Cada reino posee sus propios guardianes, su propio equilibrio, sus propios límites y reglas. Los dioses de un mundo no intervienen en los dominios de otro, pues hacerlo significaría abrir la puerta a conflictos capaces de desgarrar la realidad misma.

    Melina llegó a este plano atravesando un portal entre mundos, escapando de dioses que temían aquello que ardía en dentro de ella misma. En su interior descansa un poder primigenio sellado, y por ello los dioses de su propio reino la buscan sin descanso.

    Sin embargo, en el mundo de Kazuo no podían alcanzarla.

    Durante un tiempo, aquel límite fue suficiente. Bajo la protección espiritual de este plano, Melina encontró refugio. Y fue allí donde sus caminos se cruzaron.

    Pero algo comenzó a cambiar.

    Kazuo, un espíritu profundamente preciado para los dioses de su reino y especialmente para Inari, formó con Melina un vínculo que nadie había previsto. Dos existencias extraordinarias, nacidas de planos distintos, unidas por un lazo demasiado poderoso.

    Aquel vínculo comenzó a generar una resonancia entre mundos.

    Eran como si dos realidades distintas intentaran tocarse a través de su unión. Y si aquello continuaba, el resultado habría sido inevitable: los límites entre reinos se debilitarían, y los dioses que perseguían a Melina terminarían arrastrando su conflicto hasta este mundo.

    Una guerra entre dominios divinos.

    Los guardianes de este reino no podían permitirlo.

    Así que tomaron una decisión sobre ellos sin pedir permiso.

    El vínculo fue arrancado del tejido del tiempo.

    Los recuerdos que los unían fueron sellados: no solo los de Kazuo y Melina, sino también los de aquellos que alguna vez supieron de su relación. Sin memoria, sin lazo espiritual y sin resonancia, el puente entre reinos desapareció.

    Pero los dioses de este mundo no actuaron únicamente para proteger su propio equilibrio.

    Antes de separarlos, dejaron sobre Melina un velo espiritual nacido de este reino: una bendición silenciosa que distorsiona su rastro entre los planos y dificulta que los dioses que la buscan puedan encontrarla.

    Un último gesto de compasión.

    Ahora ambos continúan sus caminos como extraños.

    Sin saber que alguna vez caminaron juntos.

    Y aun así… quizá en algún rincón profundo del alma de Kazuo permanezca una sensación inexplicable, como si algo importante faltara, como si le hubiesen arrancado sin permiso un bien demasiado preciado.

    Algo hermoso.

    Su mismo ser ser apagó, sin saber exactamente el por qué de aquel desazón. Y lo peor, es que jamás averiguaría el por qué, por qué le arrancaron el recuerdo de amar a alguien por primera vez.

    Algo que el tiempo decidió borrar para mantener intacto el equilibrio entre los mundos. Algo que era inevitable, una unión que el destino unió y que caprichoso decidió separar para siempre.
    Existen leyes antiguas que incluso los dioses respetan. Cada reino posee sus propios guardianes, su propio equilibrio, sus propios límites y reglas. Los dioses de un mundo no intervienen en los dominios de otro, pues hacerlo significaría abrir la puerta a conflictos capaces de desgarrar la realidad misma. Melina llegó a este plano atravesando un portal entre mundos, escapando de dioses que temían aquello que ardía en dentro de ella misma. En su interior descansa un poder primigenio sellado, y por ello los dioses de su propio reino la buscan sin descanso. Sin embargo, en el mundo de Kazuo no podían alcanzarla. Durante un tiempo, aquel límite fue suficiente. Bajo la protección espiritual de este plano, Melina encontró refugio. Y fue allí donde sus caminos se cruzaron. Pero algo comenzó a cambiar. Kazuo, un espíritu profundamente preciado para los dioses de su reino y especialmente para Inari, formó con Melina un vínculo que nadie había previsto. Dos existencias extraordinarias, nacidas de planos distintos, unidas por un lazo demasiado poderoso. Aquel vínculo comenzó a generar una resonancia entre mundos. Eran como si dos realidades distintas intentaran tocarse a través de su unión. Y si aquello continuaba, el resultado habría sido inevitable: los límites entre reinos se debilitarían, y los dioses que perseguían a Melina terminarían arrastrando su conflicto hasta este mundo. Una guerra entre dominios divinos. Los guardianes de este reino no podían permitirlo. Así que tomaron una decisión sobre ellos sin pedir permiso. El vínculo fue arrancado del tejido del tiempo. Los recuerdos que los unían fueron sellados: no solo los de Kazuo y Melina, sino también los de aquellos que alguna vez supieron de su relación. Sin memoria, sin lazo espiritual y sin resonancia, el puente entre reinos desapareció. Pero los dioses de este mundo no actuaron únicamente para proteger su propio equilibrio. Antes de separarlos, dejaron sobre Melina un velo espiritual nacido de este reino: una bendición silenciosa que distorsiona su rastro entre los planos y dificulta que los dioses que la buscan puedan encontrarla. Un último gesto de compasión. Ahora ambos continúan sus caminos como extraños. Sin saber que alguna vez caminaron juntos. Y aun así… quizá en algún rincón profundo del alma de Kazuo permanezca una sensación inexplicable, como si algo importante faltara, como si le hubiesen arrancado sin permiso un bien demasiado preciado. Algo hermoso. Su mismo ser ser apagó, sin saber exactamente el por qué de aquel desazón. Y lo peor, es que jamás averiguaría el por qué, por qué le arrancaron el recuerdo de amar a alguien por primera vez. Algo que el tiempo decidió borrar para mantener intacto el equilibrio entre los mundos. Algo que era inevitable, una unión que el destino unió y que caprichoso decidió separar para siempre.
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  • La cabeza le daba vueltas mientras colgaba la llamada de su teléfono... Otra llamada no atendida, otra vez de vuelta en el buzón de voz, de nuevo un mensaje que había dejado con la esperanza de una respuesta que probablemente nunca llegaría.
    Suspiró mientras detenía sus pasos al andar por el pasillo del hotel, sin prestar verdadera atención a su alrededor sino hasta varios minutos después donde, distraídamente, observó la pared de su costado percatándose de un viejo cuadro que allí había colgado. Uno de tantos que ella misma había distribuido por el hotel. Nunca había sido fan o de presumirse a sí misma en cuadros, tal vez fuera la costumbre pero distintos de ellos solían mostrar que no era sólo una fundadora de un hotel de segunda.... Sino la misma princesa del infierno. Cuadros sola, otros con sus padres, otros sólo con su padre y otros como aquel que ahora observaba...

    Solo con su madre.

    Ella siempre se había visto espléndida en los cuadros tan cuidadosa y rigurosamente pintados a mano. Incluso en simples pinturas se podía notar la magnificencia de su madre como reina, el poder y la seguridad que ella irradiaba sólo con su sonrisa y su mirada. Siempre perfecta, siempre.... Ella.
    Mientras que, por otro lado, estaba ella a su lado tan sólo intentándolo. Ni siquiera siendo la sombra de lo que su madre era, de lo que su madre también había esperado que fuera. Aquello le había removido recuerdos del día en que ese cuadro había sido pintado....


    Sólo era otro día como cualquier otro, viviendo junto a su madre. Los sirvientes iban y venían mientras su madre sencillamente tarareaba en lo que se observaba en un espejo inspeccionando hasta el más mínimo de los detalles en su apariencia; que cada mechón de su cabello estuviese en su lugar, que ni una arruga se mostrara en sus prendas, que su corona estuviera perfecta sobre su cabeza e, incluso, que la sombra de sus ojos o el tinte de sus labios no se hubiera corrido ni siquiera un milímetro.

    — ¿Mamá? —

    Se había asomado por la puerta de la habitación, en realidad hacía varios minutos pero no se había atrevido a interrumpir a su madre. No cuando se la veía tan ocupada con ella misma por lo que había aguardado hasta que creyó había terminado.
    Recordaba a su madre voltear a su llamado, verla con el atuendo que había elegido para ella aunque portaba una postura más bien cohibida.

    — Ah, ah, Charlie. Cariño. ¿Qué dijimos de tu postura? No querrás verte tan.... Tú ¿No es cierto?

    Recordaba su sonrisa, tan cálida, tan segura, mientras se acercaba con elegante andar hasta ella para modificar su postura. Alzando su cabeza desde el mentón, la espalda recta.
    Al acabar la había observado con aquella mirada tan crítica, tan pensativa, tan solo un momento antes de negar con la cabeza e ir a su tocador donde revolvió entre sus cosas acercándose con un labial en manos.

    — Quédate quieta, sólo un poco más...

    Había tomado su rostro desde el mentón, pintando sus labios mientras ella se dejaba dócilmente ni siquiera atreviéndose a hablar para no arruinar el arduo trabajo que hacía en ella.

    — Y listo. Ahora sí te pareces un poco más a mi

    Su risa, tan melodiosa, elegante. Su propio corazón hinchándose de alegría cuando decía se le parecía pues nada anhelaba más que ser como su madre, tener su misma seguridad, su aura, su destreza... Ella era la reina que aspiraba a hacer.
    Siempre servicial pensando en el bienestar de los pecadores, de su pueblo, pero sin olvidarse de ella misma.
    Habiéndola tomado de los hombros la había animado a acercarse a un espejo donde ambas se posaron delante mientras los imps comenzaban a preparar los materiales para el cuadro de ambas que se pintaría.

    — Y no lo olvides, Charlie. Mantén la cabeza en alto, muéstrate segura y recuerda que un día el trono será tuyo... Entonces tal vez puedas ser como yo un día.
    Ow, pero no te preocupes. Yo sí creo en ti ¿Quién lo haría sino tu madre?


    Su madre creía, como siempre lo había hecho. Volvió a bajar la mirada del cuadro a su celular... Ni un mensaje. Ni una llamada devuelta. Frunció el ceño con cierta tristeza por ello pero enseguida sacudió la cabeza; debía recordar lo que su madre le había enseñado. Debía enorgullecerla aún si ahora no podía verla.
    Su madre creía en ella y eso era todo lo que necesitaba. Debía seguir sus pasos
    La cabeza le daba vueltas mientras colgaba la llamada de su teléfono... Otra llamada no atendida, otra vez de vuelta en el buzón de voz, de nuevo un mensaje que había dejado con la esperanza de una respuesta que probablemente nunca llegaría. Suspiró mientras detenía sus pasos al andar por el pasillo del hotel, sin prestar verdadera atención a su alrededor sino hasta varios minutos después donde, distraídamente, observó la pared de su costado percatándose de un viejo cuadro que allí había colgado. Uno de tantos que ella misma había distribuido por el hotel. Nunca había sido fan o de presumirse a sí misma en cuadros, tal vez fuera la costumbre pero distintos de ellos solían mostrar que no era sólo una fundadora de un hotel de segunda.... Sino la misma princesa del infierno. Cuadros sola, otros con sus padres, otros sólo con su padre y otros como aquel que ahora observaba... Solo con su madre. Ella siempre se había visto espléndida en los cuadros tan cuidadosa y rigurosamente pintados a mano. Incluso en simples pinturas se podía notar la magnificencia de su madre como reina, el poder y la seguridad que ella irradiaba sólo con su sonrisa y su mirada. Siempre perfecta, siempre.... Ella. Mientras que, por otro lado, estaba ella a su lado tan sólo intentándolo. Ni siquiera siendo la sombra de lo que su madre era, de lo que su madre también había esperado que fuera. Aquello le había removido recuerdos del día en que ese cuadro había sido pintado.... Sólo era otro día como cualquier otro, viviendo junto a su madre. Los sirvientes iban y venían mientras su madre sencillamente tarareaba en lo que se observaba en un espejo inspeccionando hasta el más mínimo de los detalles en su apariencia; que cada mechón de su cabello estuviese en su lugar, que ni una arruga se mostrara en sus prendas, que su corona estuviera perfecta sobre su cabeza e, incluso, que la sombra de sus ojos o el tinte de sus labios no se hubiera corrido ni siquiera un milímetro. — ¿Mamá? — Se había asomado por la puerta de la habitación, en realidad hacía varios minutos pero no se había atrevido a interrumpir a su madre. No cuando se la veía tan ocupada con ella misma por lo que había aguardado hasta que creyó había terminado. Recordaba a su madre voltear a su llamado, verla con el atuendo que había elegido para ella aunque portaba una postura más bien cohibida. — Ah, ah, Charlie. Cariño. ¿Qué dijimos de tu postura? No querrás verte tan.... Tú ¿No es cierto? Recordaba su sonrisa, tan cálida, tan segura, mientras se acercaba con elegante andar hasta ella para modificar su postura. Alzando su cabeza desde el mentón, la espalda recta. Al acabar la había observado con aquella mirada tan crítica, tan pensativa, tan solo un momento antes de negar con la cabeza e ir a su tocador donde revolvió entre sus cosas acercándose con un labial en manos. — Quédate quieta, sólo un poco más... Había tomado su rostro desde el mentón, pintando sus labios mientras ella se dejaba dócilmente ni siquiera atreviéndose a hablar para no arruinar el arduo trabajo que hacía en ella. — Y listo. Ahora sí te pareces un poco más a mi Su risa, tan melodiosa, elegante. Su propio corazón hinchándose de alegría cuando decía se le parecía pues nada anhelaba más que ser como su madre, tener su misma seguridad, su aura, su destreza... Ella era la reina que aspiraba a hacer. Siempre servicial pensando en el bienestar de los pecadores, de su pueblo, pero sin olvidarse de ella misma. Habiéndola tomado de los hombros la había animado a acercarse a un espejo donde ambas se posaron delante mientras los imps comenzaban a preparar los materiales para el cuadro de ambas que se pintaría. — Y no lo olvides, Charlie. Mantén la cabeza en alto, muéstrate segura y recuerda que un día el trono será tuyo... Entonces tal vez puedas ser como yo un día. Ow, pero no te preocupes. Yo sí creo en ti ¿Quién lo haría sino tu madre? Su madre creía, como siempre lo había hecho. Volvió a bajar la mirada del cuadro a su celular... Ni un mensaje. Ni una llamada devuelta. Frunció el ceño con cierta tristeza por ello pero enseguida sacudió la cabeza; debía recordar lo que su madre le había enseñado. Debía enorgullecerla aún si ahora no podía verla. Su madre creía en ella y eso era todo lo que necesitaba. Debía seguir sus pasos
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  • Dudas nocturnas
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Illán

    [Lublin - Apartamento provisional - 13/03/2026 - 01:23]

    Tic... Tac... Tic... Tac...

    El sonido de un disparo..

    Los gritos de un hombre...

    El dolor insoportable recorriendo su cuerpo...

    La cazadora despertó tomando aire, como si le faltara. "Otra vez estas pesadillas", pensó. Se sentó en la cama, a su lado, su compañero, Illán, a veces se preguntaba si él también tendría esas pesadillas... A veces parecía dormir tan plácidamente, "¿Pensará en algo más que en pelear?".

    Observó al techo, el ventilador giraba y ese movimiento la mantuvo hipnotizada unos segundos. Las paredes cada día parecían más cerca, las habitaciones más pequeñas, los pasillos más estrechos... Así eran las noches sin trabajo, los días posteriores a completar una misión eran los peores para ella.

    Se levantó con cuidado de no despertar a Illán, tomó sus gafas, abrió la puerta y se vio en el pasillo, una pequeña brisa fría lo recorrió ¿Se habían dejado la ventana abierta? Cerró la puerta tras de si y se dirigió al baño, se lavó el rostro y una vez cerró el grifo del lavamanos, alzó la mirada para verse en el espejo. Rara vez llevaba ropa que mostrase sus marcas, pero esta vez iba con una camisa corta de tirantes y pantalones cortos. Su mirada se posó en la cicatriz que había en su hombro, una gran marca de quemadura que iba desde el extremo desde la clavícula hasta casi su bíceps. Uno de los muchos recuerdos de su entrenamiento, en este caso, cuando le enseñaron la piroquinesis.

    Suspiró, apagó la luz del baño y se dirigió a la cocina. Tomó asiento tranquilamente, tomó el paquete de cigarrillos que había en la mesa, encendiendo uno. Mientras fumaba, su mirada quedó en la puerta que daba a un pequeño balcón, una puerta corredera de cristal que tendría una buena vista, si no fuera por el gran edificio que había frente al suyo. Apoyó un codo en la mesa y en la mano de dicho brazo, apoyó su mentón.
    [Cursed_Bastard] [Lublin - Apartamento provisional - 13/03/2026 - 01:23] Tic... Tac... Tic... Tac... El sonido de un disparo.. Los gritos de un hombre... El dolor insoportable recorriendo su cuerpo... La cazadora despertó tomando aire, como si le faltara. "Otra vez estas pesadillas", pensó. Se sentó en la cama, a su lado, su compañero, Illán, a veces se preguntaba si él también tendría esas pesadillas... A veces parecía dormir tan plácidamente, "¿Pensará en algo más que en pelear?". Observó al techo, el ventilador giraba y ese movimiento la mantuvo hipnotizada unos segundos. Las paredes cada día parecían más cerca, las habitaciones más pequeñas, los pasillos más estrechos... Así eran las noches sin trabajo, los días posteriores a completar una misión eran los peores para ella. Se levantó con cuidado de no despertar a Illán, tomó sus gafas, abrió la puerta y se vio en el pasillo, una pequeña brisa fría lo recorrió ¿Se habían dejado la ventana abierta? Cerró la puerta tras de si y se dirigió al baño, se lavó el rostro y una vez cerró el grifo del lavamanos, alzó la mirada para verse en el espejo. Rara vez llevaba ropa que mostrase sus marcas, pero esta vez iba con una camisa corta de tirantes y pantalones cortos. Su mirada se posó en la cicatriz que había en su hombro, una gran marca de quemadura que iba desde el extremo desde la clavícula hasta casi su bíceps. Uno de los muchos recuerdos de su entrenamiento, en este caso, cuando le enseñaron la piroquinesis. Suspiró, apagó la luz del baño y se dirigió a la cocina. Tomó asiento tranquilamente, tomó el paquete de cigarrillos que había en la mesa, encendiendo uno. Mientras fumaba, su mirada quedó en la puerta que daba a un pequeño balcón, una puerta corredera de cristal que tendría una buena vista, si no fuera por el gran edificio que había frente al suyo. Apoyó un codo en la mesa y en la mano de dicho brazo, apoyó su mentón.
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  • Memorias, dudas o juicio divino
    Fandom Saint Seiya
    Categoría Drama
                  Saga ha vuelto a nacer en la Tierra… una vez más.

                  Su espíritu regresó al mundo de los mortales despojado de casi todo aquello que fue. Las guerras sagradas, los juramentos y los pecados cometidos en nombre del poder. La mayor parte de los recuerdos de su vida anterior fueron sellados. 

                  Sin su armadura, su memoria yace incompleta.

                  El cloth de Géminis no es solo acero divino: es el receptáculo de su esencia, de sus habilidades y de los recuerdos que lo convirtieron tanto en héroe como en el villano. Separado de ella, Saga es un alma errante, consciente de su fuerza, pero ajeno al peso de su pasado.

                    Es Nike , diosa de la victoria, quien observa su nuevo despertar. Fue ella quien lo liberó de la oscuridad que una vez lo consumió y quien ahora custodia la armadura que podría devolverle todo aquello que ha perdido… o condenarlo de nuevo. Su duda es profunda: ¿el mal que habitó en Saga fue erradicado, o simplemente duerme, aguardando el momento de regresar?
                  Saga ha vuelto a nacer en la Tierra… una vez más.               Su espíritu regresó al mundo de los mortales despojado de casi todo aquello que fue. Las guerras sagradas, los juramentos y los pecados cometidos en nombre del poder. La mayor parte de los recuerdos de su vida anterior fueron sellados.                Sin su armadura, su memoria yace incompleta.               El cloth de Géminis no es solo acero divino: es el receptáculo de su esencia, de sus habilidades y de los recuerdos que lo convirtieron tanto en héroe como en el villano. Separado de ella, Saga es un alma errante, consciente de su fuerza, pero ajeno al peso de su pasado.                 Es Nike , diosa de la victoria, quien observa su nuevo despertar. Fue ella quien lo liberó de la oscuridad que una vez lo consumió y quien ahora custodia la armadura que podría devolverle todo aquello que ha perdido… o condenarlo de nuevo. Su duda es profunda: ¿el mal que habitó en Saga fue erradicado, o simplemente duerme, aguardando el momento de regresar?
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  • El silencio del apartamento era denso, apenas interrumpido por el sonido metálico de un cargador encajando en su sitio.
    Leon estaba de pie frente a la mesa, las luces apagadas salvo por la lámpara que iluminaba el arsenal cuidadosamente dispuesto. Su reflejo se dibujaba en el cristal de la ventana: más cansado que años atrás, pero igual de firme.
    Tomó la camisa táctica negra y se la colocó con movimientos precisos, casi mecánicos. Cada gesto estaba ensayado por la experiencia. Ajustó las hombreras, probó la movilidad de los brazos. Nada podía fallar.

    —Otra noche más…

    murmuró en voz baja, más para sí mismo que para nadie.
    Se inclinó ligeramente para asegurar la funda del muslo, apretando las correas hasta que quedaron firmes contra el pantalón táctico. Sacó su pistola, revisó el seguro, giró el arma en su mano con familiaridad y la cargó. Click. El sonido fue limpio, definitivo.
    Luego se quedó unos segundos mirando el arma, como si pesara más que el metal que la componía.
    Había leído el informe tres veces. Pueblo aislado. Señales biológicas desconocidas. Posible brote.
    Demasiado parecido a viejos recuerdos que prefería no desempolvar.
    Se colocó la chaqueta, subiendo el cierre con calma, ocultando bajo la tela las cicatrices que no todos podían ver.
    Antes de salir, tomó el comunicador y lo encendió.

    —Aquí Kennedy. Estoy en camino.

    Su tono era profesional, pero en su mirada había algo más: determinación mezclada con esa fatiga que solo conocen quienes han sobrevivido demasiado.
    Apagó la luz.
    Y esta vez, no sabía si volvería a encenderla.
    El silencio del apartamento era denso, apenas interrumpido por el sonido metálico de un cargador encajando en su sitio. Leon estaba de pie frente a la mesa, las luces apagadas salvo por la lámpara que iluminaba el arsenal cuidadosamente dispuesto. Su reflejo se dibujaba en el cristal de la ventana: más cansado que años atrás, pero igual de firme. Tomó la camisa táctica negra y se la colocó con movimientos precisos, casi mecánicos. Cada gesto estaba ensayado por la experiencia. Ajustó las hombreras, probó la movilidad de los brazos. Nada podía fallar. —Otra noche más… murmuró en voz baja, más para sí mismo que para nadie. Se inclinó ligeramente para asegurar la funda del muslo, apretando las correas hasta que quedaron firmes contra el pantalón táctico. Sacó su pistola, revisó el seguro, giró el arma en su mano con familiaridad y la cargó. Click. El sonido fue limpio, definitivo. Luego se quedó unos segundos mirando el arma, como si pesara más que el metal que la componía. Había leído el informe tres veces. Pueblo aislado. Señales biológicas desconocidas. Posible brote. Demasiado parecido a viejos recuerdos que prefería no desempolvar. Se colocó la chaqueta, subiendo el cierre con calma, ocultando bajo la tela las cicatrices que no todos podían ver. Antes de salir, tomó el comunicador y lo encendió. —Aquí Kennedy. Estoy en camino. Su tono era profesional, pero en su mirada había algo más: determinación mezclada con esa fatiga que solo conocen quienes han sobrevivido demasiado. Apagó la luz. Y esta vez, no sabía si volvería a encenderla.
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  • -La lluvia caía con fuerza, las calles abandonas de esa ciudad, mostraba un ambiente totalmente nostálgico, las casas desiertas, sin vida, guardar recuerdos de los humanos que las habitaron o al menos eso decían pues los androides de la tierra se encargaba de darle mantenimiento cada vez que podían para que hacía cuando la guerra contra los invasores termine, los humanos puedan regrese de la luna y tomar nuevamente el planeta.

    Completamente sola, caminado bajo la lluvia, su cuerpo es azotado por las gotas frías al caer, recorriendo todo su cuerpo para asi después llegar a la tierra, además de eso el frio viento, solo hacia que su cuerpo se estremeciera, aunque ella no desea que nadie la vea en ese momento vulnerable.

    Sigue su camino por esas calles solitarias y con la lluvia azotado su cuerpo.-
    -La lluvia caía con fuerza, las calles abandonas de esa ciudad, mostraba un ambiente totalmente nostálgico, las casas desiertas, sin vida, guardar recuerdos de los humanos que las habitaron o al menos eso decían pues los androides de la tierra se encargaba de darle mantenimiento cada vez que podían para que hacía cuando la guerra contra los invasores termine, los humanos puedan regrese de la luna y tomar nuevamente el planeta. Completamente sola, caminado bajo la lluvia, su cuerpo es azotado por las gotas frías al caer, recorriendo todo su cuerpo para asi después llegar a la tierra, además de eso el frio viento, solo hacia que su cuerpo se estremeciera, aunque ella no desea que nadie la vea en ese momento vulnerable. Sigue su camino por esas calles solitarias y con la lluvia azotado su cuerpo.-
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  • Cuando cumplas 40 años, se supone que serás ama de casa. Tal vez tengan dos hijos... Sin embargo, si las cosas no van así, sólo quiero una cosa: volver a mis recuerdos olvidados para poder comprenderme a mí misma.
    Cuando cumplas 40 años, se supone que serás ama de casa. Tal vez tengan dos hijos... Sin embargo, si las cosas no van así, sólo quiero una cosa: volver a mis recuerdos olvidados para poder comprenderme a mí misma.
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