• Mnnm! Mm! Mnn (Desatame, me agarraron las momias!)

    *balbuseaba la italiana, mirando a su compañero, mientras forcejeaba tratando de liberarse*
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  • Aun sigue renuente a abandonar el silencio y estar completamente solo, usa su aliento de fuego para encender la fogata y cuando la temperatura es la correcta comienza a cocinar las presas que atrapo para esta noche, ratas bastante gordas, ya desolladas.

    Chroma se queda quieto, mientras el tenno se materializa fuera del cuerpo de Chroma, esperando que la carne termine de cocinar.
    Aun sigue renuente a abandonar el silencio y estar completamente solo, usa su aliento de fuego para encender la fogata y cuando la temperatura es la correcta comienza a cocinar las presas que atrapo para esta noche, ratas bastante gordas, ya desolladas. Chroma se queda quieto, mientras el tenno se materializa fuera del cuerpo de Chroma, esperando que la carne termine de cocinar.
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  • Los ojos de Chantle Parte II
    Fandom Linaje Queen
    Categoría Acción
    Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Akane
    Hannah Queen Queen Hannah
    Ryu リュウ・イシュタル・ヨキン Ryu
    Chantle Queen Ishtar Chantle
    Jenny Queen Orc Jenny
    𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 Ayane
    Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason

    El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad.

    No es una construcción.
    Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua.

    Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama.

    Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra.

    En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona.

    Las paredes se mueven con violencia.

    El suelo cruje.

    Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne.

    —Un laberinto… —alcanza a decir Akane.

    El castillo intenta separarnos.
    Confundirnos.
    Jugar con nosotras.
    Y entonces algo dentro de mí revienta.

    La imagen de Jason cayendo.
    Su despedida.
    El sacrificio que no pude impedir.

    No.
    No voy a seguirle el juego a este maldito lugar.
    Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño.

    El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede.

    Igual que cuando era pequeña.
    Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar.
    El día que conocí a Oz.
    El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea.

    —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas!

    Vuelvo a golpear.
    El castillo tiembla, pero se burla.

    —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate!

    Un tercer golpe.

    —¡Mentiroso!
    —¡Tramposo!
    —¡Estoy aquí… padre!

    El último impacto abre mi piel.
    La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene.

    Durante un instante eterno, nada se mueve.

    La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración.

    Entonces, cede.

    Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa.

    La biblioteca.

    Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido.

    Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario.
    Su mirada se fija directamente en Chantle.

    —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—.
    —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto...

    Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente.

    Hannah se aferra a mí.
    Y entonces ocurre.
    Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas.

    ¿Magia Elunai?
    ¿La protección de Selin?
    No lo sé. Solo sé que funciona.
    Respiro de nuevo.
    Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio.

    No lo ofrece a nadie más.
    Solo a Chantle.
    Y en ese instante, un frío recorre mi espalda.

    —¿Ayane…? —susurro.
    Miro alrededor.
    No está.

    La comprensión llega tarde.

    Demasiado tarde.
    [akane_qi] Akane [stellar_white_bear_102] Hannah [Ryu] Ryu [frost_platinum_hare_393] Chantle [queen_0] Jenny [Ayane_Ishtar] Ayane [Jason07] Jason El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad. No es una construcción. Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua. Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama. Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra. En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona. Las paredes se mueven con violencia. El suelo cruje. Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne. —Un laberinto… —alcanza a decir Akane. El castillo intenta separarnos. Confundirnos. Jugar con nosotras. Y entonces algo dentro de mí revienta. La imagen de Jason cayendo. Su despedida. El sacrificio que no pude impedir. No. No voy a seguirle el juego a este maldito lugar. Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño. El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede. Igual que cuando era pequeña. Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar. El día que conocí a Oz. El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea. —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas! Vuelvo a golpear. El castillo tiembla, pero se burla. —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate! Un tercer golpe. —¡Mentiroso! —¡Tramposo! —¡Estoy aquí… padre! El último impacto abre mi piel. La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene. Durante un instante eterno, nada se mueve. La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración. Entonces, cede. Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa. La biblioteca. Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido. Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario. Su mirada se fija directamente en Chantle. —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—. —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto... Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente. Hannah se aferra a mí. Y entonces ocurre. Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas. ¿Magia Elunai? ¿La protección de Selin? No lo sé. Solo sé que funciona. Respiro de nuevo. Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio. No lo ofrece a nadie más. Solo a Chantle. Y en ese instante, un frío recorre mi espalda. —¿Ayane…? —susurro. Miro alrededor. No está. La comprensión llega tarde. Demasiado tarde.
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  • La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual.
    Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar.

    Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban.
    Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba.

    Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes.
    Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión.

    A los pies del monumento, un escrito...

    "Nada escapa de la mirada de la anfitriona
    Habéis sido elegidos, almas fuertes.
    Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto.
    Cuando el momento llegue..."

    Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento.

    Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad.

    Kalhi NigDurgaeGrimmjow Jaegerjaquez 𝑻𝑬𝑵𝑬𝑩𝑹𝑶𝑼𝑺 𓆩♡𓆪 Sury Sakai 𓆩♡𓆪 Ophelia Sephtálon Feu☾ ⁽ 𝒥𝑒𝒶𝓃𝓃𝑒 ⁾ ☽ Leo 𝙀𝙧𝙞𝙣 Nikto

    //El orden de turnos será por orden de llegada
    La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual. Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar. Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban. Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba. Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes. Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión. A los pies del monumento, un escrito... "Nada escapa de la mirada de la anfitriona Habéis sido elegidos, almas fuertes. Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto. Cuando el momento llegue..." Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento. Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad. [kalh1][6espada] [Tenebrous2][nebula_emerald_zebra_687][vortex_navy_bat_673][storm_pink_crow_361][PROPHETESS.1][Cursed_Bastard][Black.Rose][p0isonmaker] //El orden de turnos será por orden de llegada
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  • Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido.

    Un toro mecánico.

    Dean levantó una ceja.
    —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural.

    Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE.

    Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida.

    Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal.

    Dean sonrió de medio lado.
    —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes.

    Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida.

    —El que dure más tiempo gana.

    Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre.

    —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido.

    La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro.
    Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más.

    —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra.

    El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje.

    Y entonces… se detuvo.

    Silencio.

    Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores.

    —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros!

    Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme.

    —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose.

    Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más.

    Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”.

    Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas.

    —¿Dónde estabas?

    Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo.

    —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon.

    Sam parpadeó.
    —…¿Por qué no me sorprende?

    Dean se encogió de hombros, sonriendo.

    —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy.

    Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
    Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido. Un toro mecánico. Dean levantó una ceja. —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural. Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE. Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida. Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal. Dean sonrió de medio lado. —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes. Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida. —El que dure más tiempo gana. Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre. —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido. La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro. Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más. —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra. El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje. Y entonces… se detuvo. Silencio. Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores. —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros! Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme. —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose. Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más. Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”. Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas. —¿Dónde estabas? Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo. —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon. Sam parpadeó. —…¿Por qué no me sorprende? Dean se encogió de hombros, sonriendo. —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy. Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
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  • ╔═══*.·:·.☽✧ ✦ ✧☾.·:·.*═══╗

    𝑺𝒕𝒐𝒍𝒂𝒔 𝑮𝒐𝒆𝒕𝒊𝒂 𝑬x-𝑷𝒓𝒊𝒏𝒄𝒊𝒑𝒆 / 𝑰𝒅𝒐𝒍

    ╚═══*.·:·.☽✧ ✦ ✧☾.·:·.*═══╝

    ┊⋆ ˚✯┊Helluva Boss Verse

    ☪⋆ ✩ FreeRol

    ☪⋆。˚┊˚✩ ┊ ****** / No

    ┊⋆。˚. ੈ ┊ Fantasía

    ⋆✩. & ↺

    ↓↓ More info ↓↓

    ★ Mención / MD rol
    ★ Medieval fantasía / Rol random
    ★ Random / Planned rol
    ★ SFW /NSFW
    ★ Literate, detallado, rol de más de 3 líneas.
    ★ Ship o ****** con química (lo último solo en MD)

    Pueden abrirme rol en cualquier imagen que suba, interactuar conmigo o pedirme rol por Md y abrirlo fuera o en el mismo md.

    Llevo al personaje semicanon, asi que no esperen una gran actuacion por mi parte de Stolas, aun asi me esforzare por dar los mejores roles nunca vistos de él.

    Sois todos bienvenidos
    ╔═══*.·:·.☽✧ ✦ ✧☾.·:·.*═══╗ 𝑺𝒕𝒐𝒍𝒂𝒔 𝑮𝒐𝒆𝒕𝒊𝒂 𝑬x-𝑷𝒓𝒊𝒏𝒄𝒊𝒑𝒆 / 𝑰𝒅𝒐𝒍 ╚═══*.·:·.☽✧ ✦ ✧☾.·:·.*═══╝ ┊⋆ ˚✯┊Helluva Boss Verse ☪⋆ ✩ FreeRol ☪⋆。˚┊˚✩ ┊ LewdRP / No ┊⋆。˚. ੈ ┊ Fantasía ⋆✩. 🖤 & ↺ ↓↓ More info ↓↓ ★ Mención / MD rol ★ Medieval fantasía / Rol random ★ Random / Planned rol ★ SFW /NSFW ★ Literate, detallado, rol de más de 3 líneas. ★ Ship o Sexrol con química (lo último solo en MD) Pueden abrirme rol en cualquier imagen que suba, interactuar conmigo o pedirme rol por Md y abrirlo fuera o en el mismo md. Llevo al personaje semicanon, asi que no esperen una gran actuacion por mi parte de Stolas, aun asi me esforzare por dar los mejores roles nunca vistos de él. Sois todos bienvenidos
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  • —Asriel viajo por casi un dia por lugares desconocidos por cualquier ser infernal, hasta llegar a las cavernas donde vivieron los primero demonios conocidos, sus alas no podian mas, su cuerpo estaba mas pesado que mil toneladas—

    —Asriel cayo rendido a en las afueras de una cueva, cuando estaba por caer dormido, una figura femenina salio de la oscura cueva—

    :"—¿Un Incubo artificial?, que maravillosa sorpesa que llego a nuestro santuario"

    —¿y tu eres?...

    :"—Yo soy Ferriet, y te abro las puertas de nuestro hogar"

    —Solo...dejame dormir un ratito

    —Y finalmente, su cuerpo gano y sucumbio al sueño—
    —Asriel viajo por casi un dia por lugares desconocidos por cualquier ser infernal, hasta llegar a las cavernas donde vivieron los primero demonios conocidos, sus alas no podian mas, su cuerpo estaba mas pesado que mil toneladas— —Asriel cayo rendido a en las afueras de una cueva, cuando estaba por caer dormido, una figura femenina salio de la oscura cueva— 👤:"—¿Un Incubo artificial?, que maravillosa sorpesa que llego a nuestro santuario" —¿y tu eres?... 👤:"—Yo soy Ferriet, y te abro las puertas de nuestro hogar" —Solo...dejame dormir un ratito —Y finalmente, su cuerpo gano y sucumbio al sueño—
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  • *La luz de la tarde se cuela por la ventana del pequeño café, iluminando las páginas de un libro que tienes entre las manos. De repente, se acerca alguien y se sienta en la mesa de al lado, saludándome con una sonrisa suave, y me preguna ¿Qué estás leyendo hoy?*

    *Levanto la vista apenas, ajustando las gafas sin soltar el libro*

    Estoy leyendo Cien años de soledad. La literatura latinoamericana tiene su mérito al parecer...

    *Vuelvo la mirada a las páginas sin cerrarlo*
    *La luz de la tarde se cuela por la ventana del pequeño café, iluminando las páginas de un libro que tienes entre las manos. De repente, se acerca alguien y se sienta en la mesa de al lado, saludándome con una sonrisa suave, y me preguna ¿Qué estás leyendo hoy?* *Levanto la vista apenas, ajustando las gafas sin soltar el libro* Estoy leyendo Cien años de soledad. La literatura latinoamericana tiene su mérito al parecer... *Vuelvo la mirada a las páginas sin cerrarlo*
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  • Ufff~ Mucho calor. ¿Te parece jugar un rato? ♡
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  • El despertador de Vega sonó a las siete y cuarto, un jazz suave que había puesto como alarma para no odiar las mañanas. No lo apagó de inmediato, se quedó unos segundos mirando el techo blanco del dormitorio.

    Se incorporó despacio, con el pelo revuelto cayéndole por la cara, y buscó a tientas el móvil para silenciar la música. Afuera, Londres está gris —como casi siempre— y una luz fría se cuela entre las cortinas mal cerradas.

    Suspiró y se incorporó. Fue descalza hasta la cocina, arrastrando un poco los pies. Encendió la cafetera casi de memoria, y mientras el café caía lento, abrió la ventana un poco para que entrara aire fresco.

    Apoyada en la encimera, repasó mentalmente el día: clase de técnica por la mañana (bien), teoría por la tarde (mal, seguro). Sus labios se curvaron en una media sonrisa automática. Ya se veía discutiendo con el profesor por alguna interpretación “demasiado emocional”.
    Cuando el café empezó a burbujear, volvió al cuarto.

    Se desvistió sin pensar demasiado y se metió en la ducha rápida. Cerró los ojos un momento, respirando hondo, como si se preparara mentalmente para otro día de demostrar que merecía estar allí.
    Luego vino el ritual de siempre: crema hidratante, un poco de corrector bajo los ojos, rímel ligero y labios naturales. Nada exagerado.

    Se puso unos vaqueros, una camiseta blanca amplia y una chaqueta de cuero, ademas de recogerse el pelo en un moño desordenado que siempre acababa soltándose a mitad de mañana.

    Antes de irse, agarró su cuaderno de bocetos, y luego metió un par de pinceles viejos en la mochila.
    Justo antes de salir, volvió a la cocina, dio otro sorbo al café ya frío y se miró en el espejo del recibidor. Sonrió de medio lado por ese último repaso y agarró las llaves.

    Cerró la puerta y bajó las escaleras con paso ligero, ya con la mente llena de nuevas ideas. Si iba a pelear contra el mundo académico, al menos lo haría con café en las venas y un cuaderno listo para devorarlo todo.
    El despertador de Vega sonó a las siete y cuarto, un jazz suave que había puesto como alarma para no odiar las mañanas. No lo apagó de inmediato, se quedó unos segundos mirando el techo blanco del dormitorio. Se incorporó despacio, con el pelo revuelto cayéndole por la cara, y buscó a tientas el móvil para silenciar la música. Afuera, Londres está gris —como casi siempre— y una luz fría se cuela entre las cortinas mal cerradas. Suspiró y se incorporó. Fue descalza hasta la cocina, arrastrando un poco los pies. Encendió la cafetera casi de memoria, y mientras el café caía lento, abrió la ventana un poco para que entrara aire fresco. Apoyada en la encimera, repasó mentalmente el día: clase de técnica por la mañana (bien), teoría por la tarde (mal, seguro). Sus labios se curvaron en una media sonrisa automática. Ya se veía discutiendo con el profesor por alguna interpretación “demasiado emocional”. Cuando el café empezó a burbujear, volvió al cuarto. Se desvistió sin pensar demasiado y se metió en la ducha rápida. Cerró los ojos un momento, respirando hondo, como si se preparara mentalmente para otro día de demostrar que merecía estar allí. Luego vino el ritual de siempre: crema hidratante, un poco de corrector bajo los ojos, rímel ligero y labios naturales. Nada exagerado. Se puso unos vaqueros, una camiseta blanca amplia y una chaqueta de cuero, ademas de recogerse el pelo en un moño desordenado que siempre acababa soltándose a mitad de mañana. Antes de irse, agarró su cuaderno de bocetos, y luego metió un par de pinceles viejos en la mochila. Justo antes de salir, volvió a la cocina, dio otro sorbo al café ya frío y se miró en el espejo del recibidor. Sonrió de medio lado por ese último repaso y agarró las llaves. Cerró la puerta y bajó las escaleras con paso ligero, ya con la mente llena de nuevas ideas. Si iba a pelear contra el mundo académico, al menos lo haría con café en las venas y un cuaderno listo para devorarlo todo.
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