• -Cientificos lo habían rodeado, estaba solo asi que no podia esperar ayuda, tampoco es como que la nesecitara. Tenia a 2 hombres enfrente ambos con AK 47 en mano y tenia otro atras de el con una pitola apuntando a su nuca, le hablaban de como lo llevarian a el laboratorio de donde habia escapado, el como lo mejorarian y borrarian la memoria. Retiraron aquella mascara de su cabeza dejando su rostro visible junto con su largo cabello y barba, que apesar de apenas tener 19, tenia bastante. Rapidamente le daba un cabesazo al hombre que tenia detras provocando que se le escapara un tiro haciendo que se aturdiera un poco y aun asi se daba la vuelta dandole un golpe al hombre el cual lo esquivaba para despues abrazar al chico-


    Grr...sueltame ahora...jo regresare con ustedes!

    -mencionaba pero en ese instante el científico queblo abrazaba dijo, "entonses mataremos a tu hermana, Loona." Escuchaba aquello eh inmediatamente mordia el cuello de aquel hombre arrancando un buen pedazo de carne provocando que mucha de esa sangre se fuera a su rostro y lo demas a su chamarra, los otros 2 hombres se quedaron impactados a lo que solo caminaba con ellos y le rompia el cuello a uno sacandole un cuchillo de la bolsa usandolo para asecinar al otro apuñalandolo varias veces en el cuello manchando su rostro de sangre ajena, para despues escupir la carne de el otro hombre, sabia que era imposible que tuvieran a su hermana puesto que el se encargo de eso al escapar-

    ...al infierno con ustedes...
    -Cientificos lo habían rodeado, estaba solo asi que no podia esperar ayuda, tampoco es como que la nesecitara. Tenia a 2 hombres enfrente ambos con AK 47 en mano y tenia otro atras de el con una pitola apuntando a su nuca, le hablaban de como lo llevarian a el laboratorio de donde habia escapado, el como lo mejorarian y borrarian la memoria. Retiraron aquella mascara de su cabeza dejando su rostro visible junto con su largo cabello y barba, que apesar de apenas tener 19, tenia bastante. Rapidamente le daba un cabesazo al hombre que tenia detras provocando que se le escapara un tiro haciendo que se aturdiera un poco y aun asi se daba la vuelta dandole un golpe al hombre el cual lo esquivaba para despues abrazar al chico- Grr...sueltame ahora...jo regresare con ustedes! -mencionaba pero en ese instante el científico queblo abrazaba dijo, "entonses mataremos a tu hermana, Loona." Escuchaba aquello eh inmediatamente mordia el cuello de aquel hombre arrancando un buen pedazo de carne provocando que mucha de esa sangre se fuera a su rostro y lo demas a su chamarra, los otros 2 hombres se quedaron impactados a lo que solo caminaba con ellos y le rompia el cuello a uno sacandole un cuchillo de la bolsa usandolo para asecinar al otro apuñalandolo varias veces en el cuello manchando su rostro de sangre ajena, para despues escupir la carne de el otro hombre, sabia que era imposible que tuvieran a su hermana puesto que el se encargo de eso al escapar- ...al infierno con ustedes...
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  • Después de lo que podría llamarse 'una operación de limpieza estratégica' -es decir, amontonar el desorden detrás de las cortinas y bajo la cama, con la ayuda de Veyra Leˑron que parecía entender a la perfección el arte de ocultar caos como una experta(?)-, y una misión de compras de último minuto, la habitación de Kazuha estaba... presentable. (?)

    Ya tenía una montaña de snacks con altos niveles de azúcar, una tabla de ouija, un mazo de cartas del tarot, una selección de té de hierbas sospechosas, su laptop, y en una caja aparte, 'suministros logísticos' para más tarde.

    Eran las 6:45p.m., pero era necesario empezar temprano para que les diera tiempo de hacer todo lo que habían planeado. Sacó su teléfono y escribió al grupo que habían usado antes para la salida a la playa.

    : ¡Ya todo está listo!
    : Les aconsejo llegar temprano... para que nos de tiempo de poder salir a ejecutar cierto delito (?)
    : ¡Las espero!

    Shacya Naeko Thalya Valcourt Hanary Naeko Veyra Leˑron
    Después de lo que podría llamarse 'una operación de limpieza estratégica' -es decir, amontonar el desorden detrás de las cortinas y bajo la cama, con la ayuda de [vey.ra] que parecía entender a la perfección el arte de ocultar caos como una experta(?)-, y una misión de compras de último minuto, la habitación de Kazuha estaba... presentable. (?) Ya tenía una montaña de snacks con altos niveles de azúcar, una tabla de ouija, un mazo de cartas del tarot, una selección de té de hierbas sospechosas, su laptop, y en una caja aparte, 'suministros logísticos' para más tarde. Eran las 6:45p.m., pero era necesario empezar temprano para que les diera tiempo de hacer todo lo que habían planeado. Sacó su teléfono y escribió al grupo que habían usado antes para la salida a la playa. 💬: ¡Ya todo está listo! 💬: Les aconsejo llegar temprano... para que nos de tiempo de poder salir a ejecutar cierto delito (?) 💬: ¡Las espero! [phantom_blue_zebra_376] [quasar_aqua_scorpion_350] [tidal_titanium_lion_574] [vey.ra]
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  • --Ves esa cantidad enorme de baratijas? Todas son mierda, el venedor esta usando vidrio templado y tres chelines de magia para hacer parecer que son items.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Yo soy este peligroso cuando se trata de tomar fotos.
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  • ‎ * La Mansión Vanderbilt-Hayess era una maravilla arquitectónica; combinaba la elegancia de lo antiguo con la complejidad de lo moderno. Las grandes puertas del lugar se abrían con una lentitud imponente para una sola persona *



    ‎ — Muy buenas, joven Marcus. ¿Cómo estuvo su día hoy?



    ‎ * El ama de llaves recibía al "hijo" varón de la familia con sumo respeto. Marcus asintió en respuesta; le dijo que el día estuvo un poco pesado y, sin profundizar más, se dirigió directo a su habitación. Pero antes de que diera los primeros pasos, la mujer le entregó un paquete: al parecer, era un regalo. Marcus le dio un vistazo a la etiqueta de envío, pero no reconoció la dirección de origen. De igual forma, le agradeció y siguió su camino... A medida que subía las escaleras, recordaba lo tediosa que fue la reinscripción en la universidad; ahora solo tenía ganas de acostarse y dormir. En cuanto llegó a su habitación dejó el paquete en su escritorio, se quitó el saco, se aflojo la corbata y procedió a sentarse en el borde de su cama. Era increíble la atracción que podía sentir hacia su almohada, pero antes debía contestar un par de mensajes de sus padres —quienes se encontraban de viaje por cuestiones laborales—. Antes de escribirles, vio que ambos habían actualizado su foto de perfil; se estaban hospedando en un gran hotel... Espera. Aquello le hizo recordar cierta publicación con la que había interactuado hace unos días. Marcus se salió del chat, entró en su red social y buscó el post exacto: se trataba de una posada con un encanto sin igual. Al ver la ubicación, se levantó para darle un segundo vistazo a la etiqueta de envío y tenía razón: se trataba de un obsequio de parte de aquella posada. El joven universitario —ahora lleno de curiosidad— destapó el paquete que había llegado mediante un servicio de entrega local exprés el interior parecía tenía un sistema térmico especial y vaya sorpresa se llevó al ver que eran unos dumplings, perfectamente sellados y conservados; el simple hecho de verlos le abrió el apetito *



    ‎ — Vaya... Sí que son amistosos en ese lugar, o su marketing está a otro nivel como para permitirse algo así



    ‎ * Marcus no pudo evitar hacer un comentario sarcástico, pero aun así estaba más que agradecido por el gesto. Con energías renovadas, volvió a su cama y tomó asiento. Con su teléfono se puso a indagar más sobre el lugar y averiguó quién era el encargado. Su mirada se posó nuevamente en los dumplings que humeaban; una media sonrisa se dibujó en su rostro antes de ponerse manos a la obra... *
    ‎ * La Mansión Vanderbilt-Hayess era una maravilla arquitectónica; combinaba la elegancia de lo antiguo con la complejidad de lo moderno. Las grandes puertas del lugar se abrían con una lentitud imponente para una sola persona * ‎ ‎ — Muy buenas, joven Marcus. ¿Cómo estuvo su día hoy? ‎ ‎ ‎ * El ama de llaves recibía al "hijo" varón de la familia con sumo respeto. Marcus asintió en respuesta; le dijo que el día estuvo un poco pesado y, sin profundizar más, se dirigió directo a su habitación. Pero antes de que diera los primeros pasos, la mujer le entregó un paquete: al parecer, era un regalo. Marcus le dio un vistazo a la etiqueta de envío, pero no reconoció la dirección de origen. De igual forma, le agradeció y siguió su camino... A medida que subía las escaleras, recordaba lo tediosa que fue la reinscripción en la universidad; ahora solo tenía ganas de acostarse y dormir. En cuanto llegó a su habitación dejó el paquete en su escritorio, se quitó el saco, se aflojo la corbata y procedió a sentarse en el borde de su cama. Era increíble la atracción que podía sentir hacia su almohada, pero antes debía contestar un par de mensajes de sus padres —quienes se encontraban de viaje por cuestiones laborales—. Antes de escribirles, vio que ambos habían actualizado su foto de perfil; se estaban hospedando en un gran hotel... Espera. Aquello le hizo recordar cierta publicación con la que había interactuado hace unos días. Marcus se salió del chat, entró en su red social y buscó el post exacto: se trataba de una posada con un encanto sin igual. Al ver la ubicación, se levantó para darle un segundo vistazo a la etiqueta de envío y tenía razón: se trataba de un obsequio de parte de aquella posada. El joven universitario —ahora lleno de curiosidad— destapó el paquete que había llegado mediante un servicio de entrega local exprés el interior parecía tenía un sistema térmico especial y vaya sorpresa se llevó al ver que eran unos dumplings, perfectamente sellados y conservados; el simple hecho de verlos le abrió el apetito * ‎ ‎ ‎ — Vaya... Sí que son amistosos en ese lugar, o su marketing está a otro nivel como para permitirse algo así ‎ ‎ ‎ * Marcus no pudo evitar hacer un comentario sarcástico, pero aun así estaba más que agradecido por el gesto. Con energías renovadas, volvió a su cama y tomó asiento. Con su teléfono se puso a indagar más sobre el lugar y averiguó quién era el encargado. Su mirada se posó nuevamente en los dumplings que humeaban; una media sonrisa se dibujó en su rostro antes de ponerse manos a la obra... *
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  • Italia llama, un nuevo sol
    Fandom Oc propio
    Categoría Romance
    Me desperté antes del amanecer con la sensación de cansancio más grande que alguna vez sentí, llevaba apenas 2 días en Italia y lo que debía ser relajante se sentía tan pesado, ¿talvez estava relajándome más de lo que debía?.

    Aún lo recuerdo el día que decidí irme de vacaciones largas la casa estaba en penumbra y silencio por no decir también que en desastre por tantas maletas, una caja de croquetas medio abierta, una manta doblada, miré a mis hijos —los que no hablan pero lo dicen todo— y supe que no podía dejarlos atrás. Los perros se acomodaron a mi lado como si entendieran que el viaje no era una escapada sino un descanso necesario, un descanso de las pasarelas, un descanso del estrés de la ciudad, del miedo; los gatos, con su indiferencia aristocrática, aceptaron la jaula como un nuevo trono temporal.

    Vine a Italia por muchas razones, y ninguna de ellas era simple. Parte fue por seguridad: vi algo que no debía ver, una imagen que se quedó pegada en la retina y que me obligó a moverme, a cambiar de escenario como quien cambia de piel. Parte fue por necesidad de aire, de distancia, de un lugar donde las calles olieran a pan recién hecho y Gelato dulce y como olvidar el aroma de la pizza recién hecha. Y otra parte, la más pequeña y la más obstinada, fue por una esperanza terca: darme otra oportunidad para creer en lo que creí que ya no existía.

    La casa que alquile por un mes estaba en la costa —una casa con ventanas que miraban al mar y una cocina que pedía ser usada a gritos— .Un mes era tiempo suficiente para observar, para esconderme cuando fuera necesario, para dejar que la ciudad me enseñara sus costumbres, sus colores, sus paisajes cada pequeño detalle. Los primeros días han sido un mapa de pequeñas certezas: la siesta de los gatos en la alfombra, los perros persiguiendo sombras en el jardín, yo aprendiendo a preparar un café que supiera a hogar —salio mal—

    Italia tiene un aire que se mete por los poros. No es solo la brisa salada ni el rumor de las olas; es la manera en que la luz cae sobre las fachadas, cómo los ancianos discuten con pasión sobre cosas que a nadie más le importan, cómo los sabores se vuelven recuerdos instantáneos. Caminé por calles empedradas y sentí que mi pecho se aflojaba, que la tensión que había traído conmigo se disolvía en el aroma del albahaca y el humo de la leña. Me sorprendió lo rápido que el país me aceptó: en dos días ya conocía la ruta al mercado, el bar donde el camarero me llamaba por mi nombre y la panadería que guardaba croissants tibios hasta el mediodía. La ciudad tiene esa capacidad de ofrecer segundas lecturas: lo que fue una herida puede convertirse en una cicatriz con historia.

    Fue así como me encontré, una tarde templada, con un volante en la mano que anunciaba un evento de citas rápidas en un restaurante céntrico. La idea me pareció absurda y, al mismo tiempo, irresistible: cinco minutos por persona, cambio de asiento, risas forzadas y miradas que intentan adivinar lo que el otro no dice. Me reí sola en la cocina mientras los perros me miraban con esa mezcla de reproche y curiosidad que solo ellos saben. “¿Otra vez, Lilian?”, parecía decirme el mayor, con la cabeza ladeada. “Sí”, le respondí en voz baja, como si la palabra tuviera pena y miedo al mismo tiempo.

    La preparación para ese día me hacía sentir nerviosa pues era como si fuera a mi primera cita, no quería disfrazarme de alguien que no era; no necesitaba un traje de gala ni joyas de más. Quería verme como yo, Lilian Carson. Elegí un vestido con un corte sencillo, color marfil con ligeros detalles de flores bordadas. Me peiné con cuidado, dejando que el rubio cayera en ondas que parecían casuales pero dando un toque lindo y coqueto. Me puse un perfume que olía a madera y a flores nocturnas, algo que me recordara a casa y a misterio. Antes de salir, miré a mis hijos: los acaricié uno por uno, les susurré que volvería pronto y que no se preocuparan. Los perros se estiraron, los gatos parpadearon con esa indiferencia que es, en realidad, amor concentrado.

    En el camino al restaurante, sentí un ambiente mágico, cautivante, dulce como si de un nuevo comienzo se tratara, las luces se encendían una a una, y el aire traía conversaciones en italiano que sonaban a música. Llegué con tiempo, porque la impuntualidad es un lujo que no me permito. El local era íntimo: mesas pequeñas, velas que temblaban con la brisa de la puerta, una mezcla de risas nerviosas y copas que tintineaban. Me registré con una sonrisa que no era ni demasiado amplia ni demasiado contenida; era la sonrisa de alguien que ha aprendido a protegerse de las miradas

    Me asignaron una mesa junto a una ventana. Desde allí veía entrar a la gente: hombres y mujeres con historias en los ojos, algunos con la esperanza escrita en la frente, otros con la cautela como armadura al estar estáticos en una esquina del restaurante. El organizador explicó las reglas con voz clara: cinco minutos por encuentro, campana, cambio de asiento. “Cinco minutos para decir lo que importa”, pensé, y me pareció una metáfora perfecta.

    El primer encuentro fue con un hombre que tenía la voz grave y una sonrisa que parecía ensayada. Hablamos de banalidades al principio —trabajo, ciudades favoritas— y luego, cuando la campana sonó, hubo un silencio que no supe llenar. “¿Qué buscas?”, me preguntó, directo no respondí pues una parte de mi sabía que buscaba algo, buscaba esa emoción de enamorarme de nuevo de conocer a alguien, pero también por otra parte tenía el miedo de salir lastimada de nuevo, aún que no respondí el asintió, con esa cortesía que no siempre llega a la sinceridad. Cinco minutos pasan como un latido. Cuando me levanté cambiando de asiento y llevando conmigo un vaso con una vela.

    El segundo encuentro fue distinto. Él tenía manos que hablaban; movía los dedos como si cada gesto fuera una frase. Me contó de su trabajo con una pasión que me recordó a los viejos amores: intensidad sin pretensión. “¿Y tú?”, me preguntó, y yo le hablé de mi viaje, de la casa alquilada, de mis perros y gatos, no quería dar muchos detalles además no hablaba muy buen el Italiano. Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y ternura. “Eso suena a una vida con raíces”, dijo. “O a una vida que está aprendiendo a echar raíces”, corregí.

    Hubo un momento, en uno de los cambios, en que me quedé mirando la vela en mi mesa. La llama temblaba y, por un instante, pensé en todas las veces que había huido creyendo que la distancia era la solución. Ahora la distancia me había traído de vuelta a un lugar donde podía elegir. Elegir no es lo mismo que lanzarse; elegir es medir el riesgo y aceptar la posibilidad de caer. Y yo, por primera vez en mucho tiempo, no quería que el miedo decidiera por mí.

    Y nuevamente sonó la campana ... Otra cambio
    Me desperté antes del amanecer con la sensación de cansancio más grande que alguna vez sentí, llevaba apenas 2 días en Italia y lo que debía ser relajante se sentía tan pesado, ¿talvez estava relajándome más de lo que debía?. Aún lo recuerdo el día que decidí irme de vacaciones largas la casa estaba en penumbra y silencio por no decir también que en desastre por tantas maletas, una caja de croquetas medio abierta, una manta doblada, miré a mis hijos —los que no hablan pero lo dicen todo— y supe que no podía dejarlos atrás. Los perros se acomodaron a mi lado como si entendieran que el viaje no era una escapada sino un descanso necesario, un descanso de las pasarelas, un descanso del estrés de la ciudad, del miedo; los gatos, con su indiferencia aristocrática, aceptaron la jaula como un nuevo trono temporal. Vine a Italia por muchas razones, y ninguna de ellas era simple. Parte fue por seguridad: vi algo que no debía ver, una imagen que se quedó pegada en la retina y que me obligó a moverme, a cambiar de escenario como quien cambia de piel. Parte fue por necesidad de aire, de distancia, de un lugar donde las calles olieran a pan recién hecho y Gelato dulce y como olvidar el aroma de la pizza recién hecha. Y otra parte, la más pequeña y la más obstinada, fue por una esperanza terca: darme otra oportunidad para creer en lo que creí que ya no existía. La casa que alquile por un mes estaba en la costa —una casa con ventanas que miraban al mar y una cocina que pedía ser usada a gritos— .Un mes era tiempo suficiente para observar, para esconderme cuando fuera necesario, para dejar que la ciudad me enseñara sus costumbres, sus colores, sus paisajes cada pequeño detalle. Los primeros días han sido un mapa de pequeñas certezas: la siesta de los gatos en la alfombra, los perros persiguiendo sombras en el jardín, yo aprendiendo a preparar un café que supiera a hogar —salio mal— Italia tiene un aire que se mete por los poros. No es solo la brisa salada ni el rumor de las olas; es la manera en que la luz cae sobre las fachadas, cómo los ancianos discuten con pasión sobre cosas que a nadie más le importan, cómo los sabores se vuelven recuerdos instantáneos. Caminé por calles empedradas y sentí que mi pecho se aflojaba, que la tensión que había traído conmigo se disolvía en el aroma del albahaca y el humo de la leña. Me sorprendió lo rápido que el país me aceptó: en dos días ya conocía la ruta al mercado, el bar donde el camarero me llamaba por mi nombre y la panadería que guardaba croissants tibios hasta el mediodía. La ciudad tiene esa capacidad de ofrecer segundas lecturas: lo que fue una herida puede convertirse en una cicatriz con historia. Fue así como me encontré, una tarde templada, con un volante en la mano que anunciaba un evento de citas rápidas en un restaurante céntrico. La idea me pareció absurda y, al mismo tiempo, irresistible: cinco minutos por persona, cambio de asiento, risas forzadas y miradas que intentan adivinar lo que el otro no dice. Me reí sola en la cocina mientras los perros me miraban con esa mezcla de reproche y curiosidad que solo ellos saben. “¿Otra vez, Lilian?”, parecía decirme el mayor, con la cabeza ladeada. “Sí”, le respondí en voz baja, como si la palabra tuviera pena y miedo al mismo tiempo. La preparación para ese día me hacía sentir nerviosa pues era como si fuera a mi primera cita, no quería disfrazarme de alguien que no era; no necesitaba un traje de gala ni joyas de más. Quería verme como yo, Lilian Carson. Elegí un vestido con un corte sencillo, color marfil con ligeros detalles de flores bordadas. Me peiné con cuidado, dejando que el rubio cayera en ondas que parecían casuales pero dando un toque lindo y coqueto. Me puse un perfume que olía a madera y a flores nocturnas, algo que me recordara a casa y a misterio. Antes de salir, miré a mis hijos: los acaricié uno por uno, les susurré que volvería pronto y que no se preocuparan. Los perros se estiraron, los gatos parpadearon con esa indiferencia que es, en realidad, amor concentrado. En el camino al restaurante, sentí un ambiente mágico, cautivante, dulce como si de un nuevo comienzo se tratara, las luces se encendían una a una, y el aire traía conversaciones en italiano que sonaban a música. Llegué con tiempo, porque la impuntualidad es un lujo que no me permito. El local era íntimo: mesas pequeñas, velas que temblaban con la brisa de la puerta, una mezcla de risas nerviosas y copas que tintineaban. Me registré con una sonrisa que no era ni demasiado amplia ni demasiado contenida; era la sonrisa de alguien que ha aprendido a protegerse de las miradas Me asignaron una mesa junto a una ventana. Desde allí veía entrar a la gente: hombres y mujeres con historias en los ojos, algunos con la esperanza escrita en la frente, otros con la cautela como armadura al estar estáticos en una esquina del restaurante. El organizador explicó las reglas con voz clara: cinco minutos por encuentro, campana, cambio de asiento. “Cinco minutos para decir lo que importa”, pensé, y me pareció una metáfora perfecta. El primer encuentro fue con un hombre que tenía la voz grave y una sonrisa que parecía ensayada. Hablamos de banalidades al principio —trabajo, ciudades favoritas— y luego, cuando la campana sonó, hubo un silencio que no supe llenar. “¿Qué buscas?”, me preguntó, directo no respondí pues una parte de mi sabía que buscaba algo, buscaba esa emoción de enamorarme de nuevo de conocer a alguien, pero también por otra parte tenía el miedo de salir lastimada de nuevo, aún que no respondí el asintió, con esa cortesía que no siempre llega a la sinceridad. Cinco minutos pasan como un latido. Cuando me levanté cambiando de asiento y llevando conmigo un vaso con una vela. El segundo encuentro fue distinto. Él tenía manos que hablaban; movía los dedos como si cada gesto fuera una frase. Me contó de su trabajo con una pasión que me recordó a los viejos amores: intensidad sin pretensión. “¿Y tú?”, me preguntó, y yo le hablé de mi viaje, de la casa alquilada, de mis perros y gatos, no quería dar muchos detalles además no hablaba muy buen el Italiano. Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y ternura. “Eso suena a una vida con raíces”, dijo. “O a una vida que está aprendiendo a echar raíces”, corregí. Hubo un momento, en uno de los cambios, en que me quedé mirando la vela en mi mesa. La llama temblaba y, por un instante, pensé en todas las veces que había huido creyendo que la distancia era la solución. Ahora la distancia me había traído de vuelta a un lugar donde podía elegir. Elegir no es lo mismo que lanzarse; elegir es medir el riesgo y aceptar la posibilidad de caer. Y yo, por primera vez en mucho tiempo, no quería que el miedo decidiera por mí. Y nuevamente sonó la campana ... Otra cambio
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  • -dejenme aqui ya es mi final no creo poder lograrlo- Summer yacia tirado en el suelo de forma dramatica con algunos amigos alrededor "Summer enserio, no estas muriendo solo se te rompio un tacon" -NO ES UNA MUERTE FISICA PERO SI UNA SOCIAL- hizo un gesto dramatico mientras trataba de levanatrse -pero ya enserio si trato de caminar parece que voy cojo se ponen a toca rla tuva y voy al ritmo entre que una pierna sube y la otra baja no mamen-
    -dejenme aqui ya es mi final no creo poder lograrlo- Summer yacia tirado en el suelo de forma dramatica con algunos amigos alrededor "Summer enserio, no estas muriendo solo se te rompio un tacon" -NO ES UNA MUERTE FISICA PERO SI UNA SOCIAL- hizo un gesto dramatico mientras trataba de levanatrse -pero ya enserio si trato de caminar parece que voy cojo se ponen a toca rla tuva y voy al ritmo entre que una pierna sube y la otra baja no mamen-
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  • Scorn-Hazzard
    Fandom Oc
    Categoría Acción
    He aquí el inhumano. Es moreno, de cabello blanco y esponjoso, y de intensos ojos dorados. Mira el foco en el techo, su luz parpadeante por el pésimo estado de la instalación eléctrica. Viene de una familia desconocida, tal vez viva o tal vez no. Su presencia es notoria, como si el aire se agitara a su alrededor, con un zumbido apenas perceptible.
    Despega la espalda del sillón, un imperfecto mueble de superficie magullada y patas rotas que combina con la imágen decadente del lugar; paredes húmedas, piso desnivelado y mil y un envoltorios de diferentes snacks. Volteó a la derecha, después a la izquierda. La cantidad de basura era increíble, pero nada fuera de lo que él consideraba común.

    Caminó hasta la cocina pateando vasos plásticos y latas de aluminio, con los pies desnudos. La decadencia no era distinta a la de la sala, pero lograba distinguirse por la presencia de jeringas y preservativos regados en todas partes. Allí solo fue a buscar el pedazo de pizza que estaba tirado en la mesa, sobras que quedaron extrañamente intactas entre los desperdicios. Comió. Salió de la cocina, con la frente brillante de sudor. Hacia calor, demasiado.

    La puerta de la entrada salió disparada con tanta violencia que su impactó resonó a lo largo y ancho del barrio. Cualquiera pensaría que la razón sería una explosión, en lugar de ese moreno chaparro que rara vez salía de aquella casa sin ventanas. Ésta era una de esas veces. Él pateó la puerta desde adentro, lanzándola contra la cerca de madera y rompiéndola en el proceso.

    La luz solar dió de lleno en su persona, tragada por la negrura de sus extravagantes prendas. La temperatura seguramente rondaba los treinta grados, cosa que se sentía brutal por la falta de viento. Con el entrecejo arrugado caminó, dando pasos anchos y encorvado.

    Era un día horriblemente caluroso. Ahora es un día horriblemente caluroso y extraño, pues su vibrante presencia era una novedad en el barrio.

    ||Capitulo: 01 ||
    ||Primer arco: Guerra ||
    ||Temas: "Thriller", acción y "comedia"
    •••

    //Estoy improvisando todo, así que es muy seguro que salga para la pija- Ni modo. Pueden darse el gusto de rolear como se les cante o no, eso ya cae en ustedes.

    //El resto de capitulos serán publicaciones comunes.
    He aquí el inhumano. Es moreno, de cabello blanco y esponjoso, y de intensos ojos dorados. Mira el foco en el techo, su luz parpadeante por el pésimo estado de la instalación eléctrica. Viene de una familia desconocida, tal vez viva o tal vez no. Su presencia es notoria, como si el aire se agitara a su alrededor, con un zumbido apenas perceptible. Despega la espalda del sillón, un imperfecto mueble de superficie magullada y patas rotas que combina con la imágen decadente del lugar; paredes húmedas, piso desnivelado y mil y un envoltorios de diferentes snacks. Volteó a la derecha, después a la izquierda. La cantidad de basura era increíble, pero nada fuera de lo que él consideraba común. Caminó hasta la cocina pateando vasos plásticos y latas de aluminio, con los pies desnudos. La decadencia no era distinta a la de la sala, pero lograba distinguirse por la presencia de jeringas y preservativos regados en todas partes. Allí solo fue a buscar el pedazo de pizza que estaba tirado en la mesa, sobras que quedaron extrañamente intactas entre los desperdicios. Comió. Salió de la cocina, con la frente brillante de sudor. Hacia calor, demasiado. La puerta de la entrada salió disparada con tanta violencia que su impactó resonó a lo largo y ancho del barrio. Cualquiera pensaría que la razón sería una explosión, en lugar de ese moreno chaparro que rara vez salía de aquella casa sin ventanas. Ésta era una de esas veces. Él pateó la puerta desde adentro, lanzándola contra la cerca de madera y rompiéndola en el proceso. La luz solar dió de lleno en su persona, tragada por la negrura de sus extravagantes prendas. La temperatura seguramente rondaba los treinta grados, cosa que se sentía brutal por la falta de viento. Con el entrecejo arrugado caminó, dando pasos anchos y encorvado. Era un día horriblemente caluroso. Ahora es un día horriblemente caluroso y extraño, pues su vibrante presencia era una novedad en el barrio. ||Capitulo: 01 || ||Primer arco: Guerra || ||Temas: "Thriller", acción y "comedia" ••• //Estoy improvisando todo, así que es muy seguro que salga para la pija- Ni modo. Pueden darse el gusto de rolear como se les cante o no, eso ya cae en ustedes. //El resto de capitulos serán publicaciones comunes.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
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    Disponible
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  • MUY BUENA TARDE NOCHE.

    Me presento, soy Daozhang Xingchen, soy un cultivador proveniente de China.

    Aprovecho la oportunidad para darle la mas cordial bienvenida a todas las personas que recien llegan a este lugar.

    En lo personal desde que puse un pie (letra) en este lugar se me trato con amabilidad y cortesía, por ello deseo que tambien se diviertan y pasen gratos momentos en este lugar.

    Actualmente soy encargado de una posada la cual esta abierta al público y aseguro que seran tratados muy bien si es que desean asistir.

    Por último nuevamente les doy la bienvenida de mi parte, y si tienen alguna duda pueden consultarlo con las amables personas de moderadoras (olvide como se les llama, disculpen mi despiste).

    tengan buena tarde.
    MUY BUENA TARDE NOCHE. Me presento, soy Daozhang Xingchen, soy un cultivador proveniente de China. Aprovecho la oportunidad para darle la mas cordial bienvenida a todas las personas que recien llegan a este lugar. En lo personal desde que puse un pie (letra) en este lugar se me trato con amabilidad y cortesía, por ello deseo que tambien se diviertan y pasen gratos momentos en este lugar. Actualmente soy encargado de una posada la cual esta abierta al público y aseguro que seran tratados muy bien si es que desean asistir. Por último nuevamente les doy la bienvenida de mi parte, y si tienen alguna duda pueden consultarlo con las amables personas de moderadoras (olvide como se les llama, disculpen mi despiste). tengan buena tarde.
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  • Hola, hoy no vengo a pedirte una monedita, ni a pedirte un beso, vengo a pedirte un momento de tu precioso- digo, preciado tiempo... Solo para sacarte una pequeña sonrisa, en ese... Bonito rostro que tienes, anda, dame una sonrisita ¿Si?

    ¡Eso!, ¡Muy bien! ahora que tengo tu atención...

    -- me acomodo la guitarra que llevo y mi sombrero de mariachi, tomando aire mientras me preparó --

    Está noche tan bella~... Que yo te veo...

    -- comienzo a cantar dulcemente mientras tocó la guitarra --

    Quería decirte... Si sabías, cuánto te amo... ¡Cuánto te adoro!.... Cuánto me encantas... Si sabías...

    -- detengo la canción para hablar de manera normal poniéndome mis lentes --

    Que durante la década de 1987 el ejército de los Estados Unidos descubrió cerca de un bosque en Alaska, una entidad extraña con propiedades anómalas que deambulaba cerca de zonas rurales. Está entidad al principio fue tema de debate para la sección de investigación forestal de E.E.U.U. ya que no había nada parecido, pues déjame te cuento:

    Se trataba de una figura humanoide, de color negro que medía aproximadamente 2.3 mts de largo, contaba con unos brazos que superaban su longitud, estimandose en ¡hasta 2.7 mts!, su cabeza completamente blanca como la nieve contrastaba con la negrura de su cuerpo, y hablando de negrura; sus "ojos", te lo digo así porque en realidad eran más dos puntos, como si fueran unos fuegos fatuos de color oscuro que deambulaban por donde se supone, debería de estar el agujero para los globos oculares, los cuales curiosamente resaltaban del negro vacío que dejaban esas cuencas. Todo ésto, fue una noticia impactante para ellos, una especie de criatura de leyenda se había presenciado por fin, en tiempos actuales, pero quisieron esperar.

    Durante años monitoreaban la zona, encontrándose animales con marcas de dientes en forma circular, con heridas de 20cm de profundidad que partían carne y músculo de su pobre víctima, llegados a este punto decidieron clasificarlo como "potencialmente peligro" y... ¿Sabes que hicieron?

    ¡Pues que más van a hacer!, dejaron que se poblara más la zona cerca del interior del bosque para ver su interacción con nosotros, al hacerlo: 25 víctimas fatales, todas con las mismas heridas penetrantes en sus cuerpos, sin piedad. Fue ahí, que la terrible experiencia fue enterrada entre archivos y se autorizó un equipo de caza para la criatura, pero no se le encontró, como última acción se cerró la investigación, se busco destruir gran parte de la documentación y enterrar la existencia de esa criatura.

    Lo más raro, aquí entre nos; es que muchas personas recientemente han empezado a avistar, a una criatura con estas mismas características por todas partes del mundo, la misma figura larga deambulando por casas, calles y ciudades adyacentes a bosques.

    -- empiezo a susurrar --

    Y ahora, se le conoce como el caminante bola blanca, yo lo bautize así...

    -- me vuelvo a alejar abrazando mi guitarra --

    Entonces, si estás cerca de un bosque, ten mucho cuidado y busca siempre andar armado, no sabemos lo que te puede pasar...

    -- vuelvo a tocar mi guitarra y bajo mi sombrero, alejándome mientras sigo cantando --
    Hola, hoy no vengo a pedirte una monedita, ni a pedirte un beso, vengo a pedirte un momento de tu precioso- digo, preciado tiempo... Solo para sacarte una pequeña sonrisa, en ese... Bonito rostro que tienes, anda, dame una sonrisita ¿Si? ¡Eso!, ¡Muy bien! ahora que tengo tu atención... -- me acomodo la guitarra que llevo y mi sombrero de mariachi, tomando aire mientras me preparó -- Está noche tan bella~... Que yo te veo... -- comienzo a cantar dulcemente mientras tocó la guitarra -- Quería decirte... Si sabías, cuánto te amo... ¡Cuánto te adoro!.... Cuánto me encantas... Si sabías... -- detengo la canción para hablar de manera normal poniéndome mis lentes -- Que durante la década de 1987 el ejército de los Estados Unidos descubrió cerca de un bosque en Alaska, una entidad extraña con propiedades anómalas que deambulaba cerca de zonas rurales. Está entidad al principio fue tema de debate para la sección de investigación forestal de E.E.U.U. ya que no había nada parecido, pues déjame te cuento: Se trataba de una figura humanoide, de color negro que medía aproximadamente 2.3 mts de largo, contaba con unos brazos que superaban su longitud, estimandose en ¡hasta 2.7 mts!, su cabeza completamente blanca como la nieve contrastaba con la negrura de su cuerpo, y hablando de negrura; sus "ojos", te lo digo así porque en realidad eran más dos puntos, como si fueran unos fuegos fatuos de color oscuro que deambulaban por donde se supone, debería de estar el agujero para los globos oculares, los cuales curiosamente resaltaban del negro vacío que dejaban esas cuencas. Todo ésto, fue una noticia impactante para ellos, una especie de criatura de leyenda se había presenciado por fin, en tiempos actuales, pero quisieron esperar. Durante años monitoreaban la zona, encontrándose animales con marcas de dientes en forma circular, con heridas de 20cm de profundidad que partían carne y músculo de su pobre víctima, llegados a este punto decidieron clasificarlo como "potencialmente peligro" y... ¿Sabes que hicieron? ¡Pues que más van a hacer!, dejaron que se poblara más la zona cerca del interior del bosque para ver su interacción con nosotros, al hacerlo: 25 víctimas fatales, todas con las mismas heridas penetrantes en sus cuerpos, sin piedad. Fue ahí, que la terrible experiencia fue enterrada entre archivos y se autorizó un equipo de caza para la criatura, pero no se le encontró, como última acción se cerró la investigación, se busco destruir gran parte de la documentación y enterrar la existencia de esa criatura. Lo más raro, aquí entre nos; es que muchas personas recientemente han empezado a avistar, a una criatura con estas mismas características por todas partes del mundo, la misma figura larga deambulando por casas, calles y ciudades adyacentes a bosques. -- empiezo a susurrar -- Y ahora, se le conoce como el caminante bola blanca, yo lo bautize así... -- me vuelvo a alejar abrazando mi guitarra -- Entonces, si estás cerca de un bosque, ten mucho cuidado y busca siempre andar armado, no sabemos lo que te puede pasar... -- vuelvo a tocar mi guitarra y bajo mi sombrero, alejándome mientras sigo cantando --
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