Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Akane
Hannah Queen Queen Hannah
Ryu リュウ・イシュタル・ヨキン Ryu
Chantle Queen Ishtar Chantle
Jenny Queen Orc Jenny
𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 Ayane
Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason
El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad.
No es una construcción.
Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua.
Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama.
Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra.
En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona.
Las paredes se mueven con violencia.
El suelo cruje.
Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne.
—Un laberinto… —alcanza a decir Akane.
El castillo intenta separarnos.
Confundirnos.
Jugar con nosotras.
Y entonces algo dentro de mí revienta.
La imagen de Jason cayendo.
Su despedida.
El sacrificio que no pude impedir.
No.
No voy a seguirle el juego a este maldito lugar.
Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño.
El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede.
Igual que cuando era pequeña.
Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar.
El día que conocí a Oz.
El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea.
—¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas!
Vuelvo a golpear.
El castillo tiembla, pero se burla.
—¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate!
Un tercer golpe.
—¡Mentiroso!
—¡Tramposo!
—¡Estoy aquí… padre!
El último impacto abre mi piel.
La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene.
Durante un instante eterno, nada se mueve.
La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración.
Entonces, cede.
Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa.
La biblioteca.
Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido.
Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario.
Su mirada se fija directamente en Chantle.
—Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—.
—Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto...
Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente.
Hannah se aferra a mí.
Y entonces ocurre.
Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas.
¿Magia Elunai?
¿La protección de Selin?
No lo sé. Solo sé que funciona.
Respiro de nuevo.
Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio.
No lo ofrece a nadie más.
Solo a Chantle.
Y en ese instante, un frío recorre mi espalda.
—¿Ayane…? —susurro.
Miro alrededor.
No está.
La comprensión llega tarde.
Demasiado tarde.
[akane_qi] Akane
[stellar_white_bear_102] Hannah
[Ryu] Ryu
[frost_platinum_hare_393] Chantle
[queen_0] Jenny
[Ayane_Ishtar] Ayane
[Jason07] Jason
El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad.
No es una construcción.
Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua.
Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama.
Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra.
En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona.
Las paredes se mueven con violencia.
El suelo cruje.
Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne.
—Un laberinto… —alcanza a decir Akane.
El castillo intenta separarnos.
Confundirnos.
Jugar con nosotras.
Y entonces algo dentro de mí revienta.
La imagen de Jason cayendo.
Su despedida.
El sacrificio que no pude impedir.
No.
No voy a seguirle el juego a este maldito lugar.
Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño.
El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede.
Igual que cuando era pequeña.
Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar.
El día que conocí a Oz.
El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea.
—¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas!
Vuelvo a golpear.
El castillo tiembla, pero se burla.
—¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate!
Un tercer golpe.
—¡Mentiroso!
—¡Tramposo!
—¡Estoy aquí… padre!
El último impacto abre mi piel.
La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene.
Durante un instante eterno, nada se mueve.
La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración.
Entonces, cede.
Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa.
La biblioteca.
Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido.
Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario.
Su mirada se fija directamente en Chantle.
—Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—.
—Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto...
Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente.
Hannah se aferra a mí.
Y entonces ocurre.
Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas.
¿Magia Elunai?
¿La protección de Selin?
No lo sé. Solo sé que funciona.
Respiro de nuevo.
Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio.
No lo ofrece a nadie más.
Solo a Chantle.
Y en ese instante, un frío recorre mi espalda.
—¿Ayane…? —susurro.
Miro alrededor.
No está.
La comprensión llega tarde.
Demasiado tarde.