****Edad del Caos.****
-Y en el Séptimo día fueron llamados..."
Durante años, los Elunai fallaron, cada experimento terminaba en deformidad, cuerpos incapaces de sostener el poder que tanto anhelaban controlar. Criaturas rotas, ecos imperfectos del milagro que Ozma había logrado por su cuenta. Pero esta vez fue distinto.
En cámaras selladas, lejos del alcance de la guerra, nacieron cuerpos nuevos, perfectos, silenciosos y demasiado estables.
No tenían las orejas alargadas de los Elunai, pero su presencia era más cercana a la de los Dioses que cualquier otra raza y eso era exactamente lo que buscaban.
Muy por encima del mundo, una ciudad flotante descansaba entre las nubes. Una isla suspendida en el cielo, bañada por una luz eterna, invisible para la mayoría pero no para todos.
Desde allí, los Dioses observaban, no arriesgarían sus esencias aún, así que usaron la almas atrapadas en el Árbol de las Almas, fragmentos de existencia que jamás regresaron al ciclo natural fueron insertadas en aquellos cuerpos.
Y cuando los primeros dos prototipos abrieron los ojos el aire mismo pareció tensarse, no eran Elunai, no eran humanos, eran algo nuevo.
El campo de batalla era en uno de los dos últimos templos que quedaban en pie se volvió silencioso cuando descendieron. Los soldados de Ozma intentaron detenerlos pero cayeron.
No fue por debilidad sino porque era inútil.
Retírense. -La voz de Ozma fue absoluta y los Kijin obedecieron, pero Yen no, se mantuvo a su lado.
Quédate atrás. -Ordeno Ozma a su hija, pero esta se nego. Luego de eso el choque fue inmediato, Ozma golpeó primero. Fuerza capaz de destruir montañas fue detenida, los seres no solo resistían, aprendían, se adaptaban y entonces brillaron.
Halos perfectos aparecieron sobre sus cabezas y alas de energía nacieron de sus espaldas. Desde la ciudad flotante los Dioses observaron con fascinación.
Funcionan…!!!
Ozma retrocedió por primera vez en mucho tiempo. Yen entró en la batalla sin dudarlo, su espada encontró carne, su velocidad rompió el ritmo perfecto de los enemigos y por un momento padre e hija equilibraron la balanza.
Pero no era suficiente, los rivales so se cansaban, no dudaban, tampoco sentian, solo eran armas. Desde lo alto los Dioses notaron que algo cambió, las alas perdían brillo.
Han alcanzado su límite.... Retírenlos.
La orden descendió y en medio del combate los dos seres se detuvieron. Ozma y Yen, ya muy agotados no retrocedieron, se prepararon para lanzar un ultimo ataque, uno devastador pero antes de poder hacerlo una columna de energía dorada cayo del cielo, cubriendo a los seres quienes desaparecieron, siendo arrebatados del campo de batalla. Los Kijin gritaron de emoción, El Rey del Caos y la Princesa del Caos habían hecho huir al enemigo, pero, tanto padre e hija sabían la verdad.
Yen respiraba con dificultad, Ozma no. Él estaba mirando hacia arriba, más allá de las nubes, más allá del cielo visible. Ahí estaba, la isla.
Aquella masa flotante que había visto antes… distante e inalcanzable. Durante años la había observado, había considerado destruirla e invadirla, pero incluso él sabía que ir solo era una locura.
No sabía cuántos como Helior Prime habitaban allí, tampoco qué más lo esperaba y por eso había esperado, pero ahora lo entendía.
Así que es ahí…
Su voz fue baja y grave, no había duda. Ningún laboratorio en tierra había creado algo así, ningún templo destruido, ni ampoco ningun documento encontrado. Todo apuntaba a un solo lugar.
Ese cielo prohibido, dominio de los Dioses. Yen siguió su mirada, aun no podía ver con claridad lo que él veía pero podía sentirlo, algo allá arriba los observaba.
Padre…?
Ozma no respondió de inmediato, sus ojos rojos brillaron con una intensidad peligrosa.
El verdadero campo de batalla… aún no ha comenzado. -Murmuro Ozma.
En lo alto, los Dioses ya habían tomado su decisión.
Produzcan más y mejórenlos... Perfecciónenlos!!!
Ahora tenían armas capaces de enfrentar al Caos y esta vez no perderían. Así, con una calma casi sagrada nombraron a sus nuevas creaciones:
Ángeles.
****Edad del Caos.****
-Y en el Séptimo día fueron llamados..."
Durante años, los Elunai fallaron, cada experimento terminaba en deformidad, cuerpos incapaces de sostener el poder que tanto anhelaban controlar. Criaturas rotas, ecos imperfectos del milagro que Ozma había logrado por su cuenta. Pero esta vez fue distinto.
En cámaras selladas, lejos del alcance de la guerra, nacieron cuerpos nuevos, perfectos, silenciosos y demasiado estables.
No tenían las orejas alargadas de los Elunai, pero su presencia era más cercana a la de los Dioses que cualquier otra raza y eso era exactamente lo que buscaban.
Muy por encima del mundo, una ciudad flotante descansaba entre las nubes. Una isla suspendida en el cielo, bañada por una luz eterna, invisible para la mayoría pero no para todos.
Desde allí, los Dioses observaban, no arriesgarían sus esencias aún, así que usaron la almas atrapadas en el Árbol de las Almas, fragmentos de existencia que jamás regresaron al ciclo natural fueron insertadas en aquellos cuerpos.
Y cuando los primeros dos prototipos abrieron los ojos el aire mismo pareció tensarse, no eran Elunai, no eran humanos, eran algo nuevo.
El campo de batalla era en uno de los dos últimos templos que quedaban en pie se volvió silencioso cuando descendieron. Los soldados de Ozma intentaron detenerlos pero cayeron.
No fue por debilidad sino porque era inútil.
Retírense. -La voz de Ozma fue absoluta y los Kijin obedecieron, pero Yen no, se mantuvo a su lado.
Quédate atrás. -Ordeno Ozma a su hija, pero esta se nego. Luego de eso el choque fue inmediato, Ozma golpeó primero. Fuerza capaz de destruir montañas fue detenida, los seres no solo resistían, aprendían, se adaptaban y entonces brillaron.
Halos perfectos aparecieron sobre sus cabezas y alas de energía nacieron de sus espaldas. Desde la ciudad flotante los Dioses observaron con fascinación.
Funcionan…!!!
Ozma retrocedió por primera vez en mucho tiempo. Yen entró en la batalla sin dudarlo, su espada encontró carne, su velocidad rompió el ritmo perfecto de los enemigos y por un momento padre e hija equilibraron la balanza.
Pero no era suficiente, los rivales so se cansaban, no dudaban, tampoco sentian, solo eran armas. Desde lo alto los Dioses notaron que algo cambió, las alas perdían brillo.
Han alcanzado su límite.... Retírenlos.
La orden descendió y en medio del combate los dos seres se detuvieron. Ozma y Yen, ya muy agotados no retrocedieron, se prepararon para lanzar un ultimo ataque, uno devastador pero antes de poder hacerlo una columna de energía dorada cayo del cielo, cubriendo a los seres quienes desaparecieron, siendo arrebatados del campo de batalla. Los Kijin gritaron de emoción, El Rey del Caos y la Princesa del Caos habían hecho huir al enemigo, pero, tanto padre e hija sabían la verdad.
Yen respiraba con dificultad, Ozma no. Él estaba mirando hacia arriba, más allá de las nubes, más allá del cielo visible. Ahí estaba, la isla.
Aquella masa flotante que había visto antes… distante e inalcanzable. Durante años la había observado, había considerado destruirla e invadirla, pero incluso él sabía que ir solo era una locura.
No sabía cuántos como Helior Prime habitaban allí, tampoco qué más lo esperaba y por eso había esperado, pero ahora lo entendía.
Así que es ahí…
Su voz fue baja y grave, no había duda. Ningún laboratorio en tierra había creado algo así, ningún templo destruido, ni ampoco ningun documento encontrado. Todo apuntaba a un solo lugar.
Ese cielo prohibido, dominio de los Dioses. Yen siguió su mirada, aun no podía ver con claridad lo que él veía pero podía sentirlo, algo allá arriba los observaba.
Padre…?
Ozma no respondió de inmediato, sus ojos rojos brillaron con una intensidad peligrosa.
El verdadero campo de batalla… aún no ha comenzado. -Murmuro Ozma.
En lo alto, los Dioses ya habían tomado su decisión.
Produzcan más y mejórenlos... Perfecciónenlos!!!
Ahora tenían armas capaces de enfrentar al Caos y esta vez no perderían. Así, con una calma casi sagrada nombraron a sus nuevas creaciones:
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Es un placer tenerte por aquí . Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol.
Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma.
✨ ¡Bienvenid@ a FicRol! ✨
Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D:
ㅤㅤ¡[shade_scarlet_lobster_124]!
🧬Raza: Humana
👾Fandom: Harry Potter
💼Estudiante
Es un placer tenerte por aquí 🍂. Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol.
🧙♀️ Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma.
🔎 Recursos útiles para empezar:
✨ Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines
✨ Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711
✨ GUIA 0.1 – Empezar en FicRol: Encontrar rol y amistades: https://ficrol.com/blogs/366170/GUIA-0-1-Empezar-en-FicRol-Encontrar-rol-y-amistades
✨ Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D
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¡Nos vemos en el Inicio! 🍁
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🪼 | Holi. Estoy respondiendo los mensajes, disculpen si me tardo. No los ignoro, priorizo las interacciones en imágenes porque es más cómodo de responder. Agradezco que quieran rolear conmigo.
🪼 | Holi. Estoy respondiendo los mensajes, disculpen si me tardo. No los ignoro, priorizo las interacciones en imágenes porque es más cómodo de responder. Agradezco que quieran rolear conmigo. 💙
Día libre en el hospital, pero no en el resto de sus actividades. La investigación que llevaba tiempo realizando debía continuar, los avances y descubrimientos eran, en su mayoría, satisfactorios.
El problema siempre fue el método de implementación y desarrollo.
Se ajustó los guantes cuidadosamente, antes de disponerse a salir para realizar algo de "investigación de campo".
⸻Esto no se resolverá por su cuenta.⸻ Dijo para sí mismo, considerando todas las opciones que tenía en ese momento a su disposición.
Día libre en el hospital, pero no en el resto de sus actividades. La investigación que llevaba tiempo realizando debía continuar, los avances y descubrimientos eran, en su mayoría, satisfactorios.
El problema siempre fue el método de implementación y desarrollo.
Se ajustó los guantes cuidadosamente, antes de disponerse a salir para realizar algo de "investigación de campo".
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Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo".
Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer.
Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza.
No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas".
No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado.
Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado.
Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo.
Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos.
Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia.
La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado.
Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija.
Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
****Edad del Caos****
El Árbol de las Almas"
Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo".
Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer.
Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza.
No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas".
No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado.
Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado.
Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo.
Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos.
Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia.
La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado.
Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija.
Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
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-observo a la persona, con poderes sobrenaturales catastróficos que destruye universos enteros y controla elementos, minerales y voluntades sin apenas esfuerzo.
Yo en corto-
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Yo en corto-
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