La Inquisidora vengativa
Fandom Star Wars Jedi Survival
Categoría Acción
No nací inquisidora.
Yo era una padawan.
Recuerdo el Templo… la calma, las voces de los maestros, la ilusión de que todo tenía sentido. Pero incluso entonces había algo en mí que no encajaba. Miedo. No el miedo a fallar… sino a perder. A quedarme sola.
Mi maestro lo notaba.
—“El miedo es el camino al lado oscuro” —me decía.
Yo asentía. Pero nunca lo solté.
Cuando llegó la Orden 66… todo se rompió.
No fue una batalla. Fue una masacre.
Sentí cada muerte como si la Fuerza gritara dentro de mi cabeza. Corrí. No para luchar… para sobrevivir. Eso fue lo primero que me convirtió en lo que soy.
Sobreviví.
Me escondí entre ruinas, respirando polvo y culpa… hasta que lo sentí.
Una presencia distinta.
Oscura. Precisa. Fría.
El Gran Inquisidor me encontró.
No levantó su sable. Ni siquiera parecía apurado.
—“Tenés miedo” —me dijo—. “Y eso te hace útil.”
Quise atacarlo… pero mi cuerpo no respondió. Porque en el fondo… sabía que tenía razón.
Estaba sola.
La Orden había caído.
Y yo… no quería morir.
Así que acepté.
Mi entrenamiento no fue como el de los Jedi.
No hubo paciencia. No hubo equilibrio.
Solo dolor.
El Gran Inquisidor me rompió… una y otra vez. Me obligó a revivir la muerte de mi maestro hasta que dejé de llorar… y empecé a odiar.
—“Eso es. Aferrate a eso” —decía.
Aprendí a usar el sable giratorio, a moverme sin dudar, a cazar en lugar de proteger.
Y cuando terminó… ya no era una padawan.
Me dieron un nombre nuevo.
Sexta Hermana.
Pero hay algo que nunca le dije a nadie.
No estoy completamente sola.
En una misión encontré un droide destrozado. Un pequeño dron de reconocimiento. Podría haberlo dejado… pero no lo hice.
Lo reparé.
Ahora vive acoplado a mi espalda. Se despliega en combate, escanea, ataca si se lo ordeno.
Lo llamo VY-6.
No es solo una herramienta.
Es… compañía.
A veces le hablo.
—“Vos no me vas a traicionar… ¿no?”
Siempre responde igual. Un pitido suave.
Simple. Honesto.
Mi última misión fue en un planeta cubierto de arena y ruinas.
Un Jedi sobreviviente.
Lo sentí antes de verlo. Ese eco en la Fuerza… débil, pero persistente.
VY-6 se desplegó desde mi espalda, flotando a mi lado.
—“Lo encontramos” —susurré.
El Jedi salió de las sombras. Viejo. Cansado.
—“Todavía podés volver” —me dijo.
No entendía.
Nadie vuelve.
Activé mi sable. El sonido giratorio llenó el aire. Ataqué sin dudar.
No luché como una Jedi.
Luché como algo más.
VY-6 disparó una descarga que lo distrajo un segundo.
Eso fue suficiente.
Un solo corte.
Silencio.
Cuando cayó… esperé sentir algo.
Satisfacción. Poder.
Pero no.
Solo… vacío.
Miré mis manos. El sable. La arena.
—“¿Esto es todo…?” murmuré.
VY-6 flotó a mi lado, emitiendo ese sonido que siempre hace.
Por un instante… recordé quién era.
Sutury.
Pero ese nombre… ya no me pertenece.
Activé el comunicador.
—“Objetivo eliminado.”
Mi voz no tembló.
Nunca tiembla.
Volví a colocarme la máscara… y dejé que la Sexta Hermana tomara el control otra vez.
Yo era una padawan.
Recuerdo el Templo… la calma, las voces de los maestros, la ilusión de que todo tenía sentido. Pero incluso entonces había algo en mí que no encajaba. Miedo. No el miedo a fallar… sino a perder. A quedarme sola.
Mi maestro lo notaba.
—“El miedo es el camino al lado oscuro” —me decía.
Yo asentía. Pero nunca lo solté.
Cuando llegó la Orden 66… todo se rompió.
No fue una batalla. Fue una masacre.
Sentí cada muerte como si la Fuerza gritara dentro de mi cabeza. Corrí. No para luchar… para sobrevivir. Eso fue lo primero que me convirtió en lo que soy.
Sobreviví.
Me escondí entre ruinas, respirando polvo y culpa… hasta que lo sentí.
Una presencia distinta.
Oscura. Precisa. Fría.
El Gran Inquisidor me encontró.
No levantó su sable. Ni siquiera parecía apurado.
—“Tenés miedo” —me dijo—. “Y eso te hace útil.”
Quise atacarlo… pero mi cuerpo no respondió. Porque en el fondo… sabía que tenía razón.
Estaba sola.
La Orden había caído.
Y yo… no quería morir.
Así que acepté.
Mi entrenamiento no fue como el de los Jedi.
No hubo paciencia. No hubo equilibrio.
Solo dolor.
El Gran Inquisidor me rompió… una y otra vez. Me obligó a revivir la muerte de mi maestro hasta que dejé de llorar… y empecé a odiar.
—“Eso es. Aferrate a eso” —decía.
Aprendí a usar el sable giratorio, a moverme sin dudar, a cazar en lugar de proteger.
Y cuando terminó… ya no era una padawan.
Me dieron un nombre nuevo.
Sexta Hermana.
Pero hay algo que nunca le dije a nadie.
No estoy completamente sola.
En una misión encontré un droide destrozado. Un pequeño dron de reconocimiento. Podría haberlo dejado… pero no lo hice.
Lo reparé.
Ahora vive acoplado a mi espalda. Se despliega en combate, escanea, ataca si se lo ordeno.
Lo llamo VY-6.
No es solo una herramienta.
Es… compañía.
A veces le hablo.
—“Vos no me vas a traicionar… ¿no?”
Siempre responde igual. Un pitido suave.
Simple. Honesto.
Mi última misión fue en un planeta cubierto de arena y ruinas.
Un Jedi sobreviviente.
Lo sentí antes de verlo. Ese eco en la Fuerza… débil, pero persistente.
VY-6 se desplegó desde mi espalda, flotando a mi lado.
—“Lo encontramos” —susurré.
El Jedi salió de las sombras. Viejo. Cansado.
—“Todavía podés volver” —me dijo.
No entendía.
Nadie vuelve.
Activé mi sable. El sonido giratorio llenó el aire. Ataqué sin dudar.
No luché como una Jedi.
Luché como algo más.
VY-6 disparó una descarga que lo distrajo un segundo.
Eso fue suficiente.
Un solo corte.
Silencio.
Cuando cayó… esperé sentir algo.
Satisfacción. Poder.
Pero no.
Solo… vacío.
Miré mis manos. El sable. La arena.
—“¿Esto es todo…?” murmuré.
VY-6 flotó a mi lado, emitiendo ese sonido que siempre hace.
Por un instante… recordé quién era.
Sutury.
Pero ese nombre… ya no me pertenece.
Activé el comunicador.
—“Objetivo eliminado.”
Mi voz no tembló.
Nunca tiembla.
Volví a colocarme la máscara… y dejé que la Sexta Hermana tomara el control otra vez.
No nací inquisidora.
Yo era una padawan.
Recuerdo el Templo… la calma, las voces de los maestros, la ilusión de que todo tenía sentido. Pero incluso entonces había algo en mí que no encajaba. Miedo. No el miedo a fallar… sino a perder. A quedarme sola.
Mi maestro lo notaba.
—“El miedo es el camino al lado oscuro” —me decía.
Yo asentía. Pero nunca lo solté.
Cuando llegó la Orden 66… todo se rompió.
No fue una batalla. Fue una masacre.
Sentí cada muerte como si la Fuerza gritara dentro de mi cabeza. Corrí. No para luchar… para sobrevivir. Eso fue lo primero que me convirtió en lo que soy.
Sobreviví.
Me escondí entre ruinas, respirando polvo y culpa… hasta que lo sentí.
Una presencia distinta.
Oscura. Precisa. Fría.
El Gran Inquisidor me encontró.
No levantó su sable. Ni siquiera parecía apurado.
—“Tenés miedo” —me dijo—. “Y eso te hace útil.”
Quise atacarlo… pero mi cuerpo no respondió. Porque en el fondo… sabía que tenía razón.
Estaba sola.
La Orden había caído.
Y yo… no quería morir.
Así que acepté.
Mi entrenamiento no fue como el de los Jedi.
No hubo paciencia. No hubo equilibrio.
Solo dolor.
El Gran Inquisidor me rompió… una y otra vez. Me obligó a revivir la muerte de mi maestro hasta que dejé de llorar… y empecé a odiar.
—“Eso es. Aferrate a eso” —decía.
Aprendí a usar el sable giratorio, a moverme sin dudar, a cazar en lugar de proteger.
Y cuando terminó… ya no era una padawan.
Me dieron un nombre nuevo.
Sexta Hermana.
Pero hay algo que nunca le dije a nadie.
No estoy completamente sola.
En una misión encontré un droide destrozado. Un pequeño dron de reconocimiento. Podría haberlo dejado… pero no lo hice.
Lo reparé.
Ahora vive acoplado a mi espalda. Se despliega en combate, escanea, ataca si se lo ordeno.
Lo llamo VY-6.
No es solo una herramienta.
Es… compañía.
A veces le hablo.
—“Vos no me vas a traicionar… ¿no?”
Siempre responde igual. Un pitido suave.
Simple. Honesto.
Mi última misión fue en un planeta cubierto de arena y ruinas.
Un Jedi sobreviviente.
Lo sentí antes de verlo. Ese eco en la Fuerza… débil, pero persistente.
VY-6 se desplegó desde mi espalda, flotando a mi lado.
—“Lo encontramos” —susurré.
El Jedi salió de las sombras. Viejo. Cansado.
—“Todavía podés volver” —me dijo.
No entendía.
Nadie vuelve.
Activé mi sable. El sonido giratorio llenó el aire. Ataqué sin dudar.
No luché como una Jedi.
Luché como algo más.
VY-6 disparó una descarga que lo distrajo un segundo.
Eso fue suficiente.
Un solo corte.
Silencio.
Cuando cayó… esperé sentir algo.
Satisfacción. Poder.
Pero no.
Solo… vacío.
Miré mis manos. El sable. La arena.
—“¿Esto es todo…?” murmuré.
VY-6 flotó a mi lado, emitiendo ese sonido que siempre hace.
Por un instante… recordé quién era.
Sutury.
Pero ese nombre… ya no me pertenece.
Activé el comunicador.
—“Objetivo eliminado.”
Mi voz no tembló.
Nunca tiembla.
Volví a colocarme la máscara… y dejé que la Sexta Hermana tomara el control otra vez.
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