Ares, cuando pienso en ti no pienso en la guerra. Pienso en la calma que llega cuando te acercas, en lo sencillo que se vuelve el mundo cuando estamos juntos. A tu lado no necesito ser eterna ni perfecta; solo soy yo, respirando tranquilo, sonriendo sin razón.
Me gusta cómo me miras, como si nada más importara. Como si no fuera una diosa, sino alguien a quien eliges todos los días. Contigo el amor no es ruido ni fuego descontrolado, es calor que abriga, es una mano que busca otra sin prisa.
Si el Olimpo supiera lo dulce que puedes ser, no entendería nada. Y no importa. Lo nuestro no necesita testigos ni mitos. Me basta saber que cuando me llamas por mi nombre, lo haces con cuidado.
Yo, Afrodita, diosa del amor, aprendí contigo que amar también puede ser simple. Y que a veces, lo más poderoso del mundo… es quedarse.
Me gusta cómo me miras, como si nada más importara. Como si no fuera una diosa, sino alguien a quien eliges todos los días. Contigo el amor no es ruido ni fuego descontrolado, es calor que abriga, es una mano que busca otra sin prisa.
Si el Olimpo supiera lo dulce que puedes ser, no entendería nada. Y no importa. Lo nuestro no necesita testigos ni mitos. Me basta saber que cuando me llamas por mi nombre, lo haces con cuidado.
Yo, Afrodita, diosa del amor, aprendí contigo que amar también puede ser simple. Y que a veces, lo más poderoso del mundo… es quedarse.
Ares, cuando pienso en ti no pienso en la guerra. Pienso en la calma que llega cuando te acercas, en lo sencillo que se vuelve el mundo cuando estamos juntos. A tu lado no necesito ser eterna ni perfecta; solo soy yo, respirando tranquilo, sonriendo sin razón.
Me gusta cómo me miras, como si nada más importara. Como si no fuera una diosa, sino alguien a quien eliges todos los días. Contigo el amor no es ruido ni fuego descontrolado, es calor que abriga, es una mano que busca otra sin prisa.
Si el Olimpo supiera lo dulce que puedes ser, no entendería nada. Y no importa. Lo nuestro no necesita testigos ni mitos. Me basta saber que cuando me llamas por mi nombre, lo haces con cuidado.
Yo, Afrodita, diosa del amor, aprendí contigo que amar también puede ser simple. Y que a veces, lo más poderoso del mundo… es quedarse.