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    No tengan miedo de mandar solicitud o escribirme no muerdo~ no fuerte cuentame si tienes alguna trama y la podemos desarrollar
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  • — Sé perfectamente el efecto que esto va a tener en ti y me encanta tener ese control.


    Quiero que te quedes atrapada mirando esta imagen, que sientas cómo se te acelera el pulso al imaginarte mis manos recorriéndote y mi boca atrapando la tuya mientras te desarmas por completo.


    No hay filtros ni ropa que oculten lo que provocas en mí: un hambre voraz que solo se va a calmar cuando te tenga encima, perdiendo el control.



    No debe ser sunday para ser seductive
    — Sé perfectamente el efecto que esto va a tener en ti y me encanta tener ese control. Quiero que te quedes atrapada mirando esta imagen, que sientas cómo se te acelera el pulso al imaginarte mis manos recorriéndote y mi boca atrapando la tuya mientras te desarmas por completo. No hay filtros ni ropa que oculten lo que provocas en mí: un hambre voraz que solo se va a calmar cuando te tenga encima, perdiendo el control. No debe ser sunday para ser seductive :STK-20:
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  • Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte.
    A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen.
    Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror".
    En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan.

    Capítulo 1:
    Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente.
    Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano.
    Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío.
    —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal.
    Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad.
    Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid.
    Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa.
    A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto.
    Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás.
    —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes.
    Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47.
    El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje.
    Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones.
    Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra.
    —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono.
    —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta.
    —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores.
    —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita.
    Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas.
    —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo.
    —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano.
    Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla.
    —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto.
    Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. Cerró la puerta tras ella, rodeó el coche y se puso al volante, acelerando de inmediato para alejarla del eco metálico y la sangre que manchaba la plaza.
    Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte. A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen. Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror". En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan. Capítulo 1: Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente. Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano. Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío. —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal. Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad. Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid. Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa. A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto. Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás. —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes. Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47. El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje. Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones. Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra. —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono. —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta. —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores. —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita. Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas. —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo. —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano. Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla. —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto. Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. 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    Hoy no voy a contestar roles porque llevo más Jagermaaaster encima del recomendable para una conversación coherente.
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    | #Aviso:

    No morí, no se preocupen. Roles que tengo pendientes los contestaré este fin de semana. Han sido días duros, gracias por la paciencia.
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    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387422

    "La Rata de los Dormitorios 2"

    Después de revisar las investigaciones de Loki una y otra vez, terminé llegando siempre a la misma conclusión: yo era la brújula. No importaba cuántas veces repasara los cálculos, las notas o las teorías, todas apuntaban a lo mismo. Un portal estable necesitaba una referencia capaz de reconocer el mundo que buscaba y yo junto con mis hermanos eramos las únicas personas en la Tierra que cumplían con esa condición. Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí y mi energía seguía conservando la huella de aquel mundo. Sin embargo, cuanto más convencida estaba de la teoría, más me molestaba una pregunta que no dejaba de rondar mi cabeza. Si Loki había llegado tan lejos en sus investigaciones, ¿por qué nunca publicó todo de forma directa?

    Mientras más pensaba en ello, menos sentido tenía. En lugar de escribir una investigación completa, había repartido información importante entre artículos académicos y novelas de fantasía, obligando a cualquiera que quisiera comprender el conjunto a reconstruirlo pieza por pieza. Era un método tan absurdamente difícil que terminé sospechando que había una razón detrás. Tal vez aquella investigación estaba prohibida y Loki necesitaba ocultarla sin llamar la atención. Tal vez la academia jamás habría permitido publicar ciertas conclusiones. O quizás simplemente era una mujer excéntrica con una obsesión enfermiza por las conspiraciones. Sinceramente, cualquiera de las tres explicaciones me parecía posible.

    Aun así, no estaba dispuesta a intentar abrir un portal sin antes comprobar que la teoría funcionaba. Fue entonces cuando recordé algo que había llamado mi atención en las novelas, en estas aparecía constantemente una referencia al llamado Mundo de los Sueños. Al principio pensé que se trataba de una metáfora filosófica, pero cuanto más leía más claro quedaba que Loki hablaba de algo real. Según sus escritos, no era exactamente un mundo, sino una especie de red que conectaba múltiples realidades, una inmensa telaraña donde innumerables universos estaban unidos por caminos invisibles. La descripción me recordó de inmediato a ciertas experiencias relacionadas con Veythra y el corazón de Akane, aunque aquello parecía mucho más vasto. Según Loki, el Mundo de los Sueños era la forma más segura de explorar otras realidades porque permitía observarlas sin atravesar físicamente las barreras dimensionales. Era como asomarse por una ventana antes de abrir una puerta.

    Me decidí en probarlo, preparé el círculo mágico exactamente como indicaban las investigaciones, revisé varias veces cada símbolo y finalmente me acomodé sobre la cama. No esperaba que funcionara realmente, pero cuando cerré los ojos sentí que algo tiraba de mi conciencia y un instante después me encontré en un lugar imposible de describir. No había suelo ni cielo, solo una inmensa oscuridad atravesada por incontables hilos de luz que se extendían en todas direcciones como una telaraña. Cada hilo parecía conducir a un mundo diferente, cada punto luminoso representaba una realidad distinta y la cantidad de información que percibí fue tan abrumadora que un dolor insoportable atravesó mi cabeza. Apenas pude soportarlo unos segundos antes de despertar de golpe en mi habitación.

    Me tomó varios minutos recuperar el aliento, pero había sido suficiente, la teoría era real. Durante las semanas siguientes me dediqué a perfeccionar el proceso. Modifiqué círculos mágicos, corregí errores, ajusté las fórmulas y repetí los intentos una y otra vez hasta que finalmente logré construir un acceso mucho más estable. La siguiente vez fue diferente. Cuando entré al Mundo de los Sueños seguía sintiendo la inmensidad de aquella red, pero ya no me aplastaba como antes. Podía observarla sin perder la conciencia y fue entonces cuando encontré lo que estaba buscando. Makyora.

    Lo reconocí de inmediato, una de las incontables ventanas de la telaraña se abrió ante mí y sentí una atracción imposible de ignorar. Me lancé hacia ella y al instante me encontré volando sobre los cielos de mi mundo natal. No estaba allí físicamente. Era más parecido a una proyección astral, un sueño o un fantasma incapaz de interactuar con lo que veía, pero no me importó. Después de tanto tiempo había vuelto a casa.

    La emoción apenas me permitió pensar con claridad durante los primeros minutos. Volé sobre montañas, bosques y ciudades familiares, disfrutando de una sensación que creí perdida para siempre. Sin embargo, poco a poco comencé a notar algo extraño. Algunas zonas parecían dañadas, otras estaban demasiado silenciosas, al principio pensé que era un error y llegué a creer que había terminado observando otra época distinta, pero mientras más avanzaba más difícil era ignorar aquella sensación.

    Entonces decidí dirigirme directamente a mi hogar, volé hacia la Mansión Azraeth y cuando la vi, sentí que el corazón se me detenía. La mansión estaba en ruinas, parte de la estructura había colapsado, los jardines habían desaparecido y muchas de las paredes estaban destruidas. Durante varios segundos me quedé inmóvil, incapaz de aceptar lo que estaba viendo. Luego atravesé la entrada y recorrí desesperadamente los pasillos. Busqué habitaciones, salones, patios, cualquier lugar donde pudiera encontrar una señal de vida o una pista sobre lo que había ocurrido. Busqué a mi padre, a los sirvientes, ahora buscaba cualquier cosa pero no encontré nada.

    El silencio era absoluto, mientras avanzaba por aquella mansión destruida sentí cómo el miedo comenzaba a apoderarse de mí. Mi concentración empezó a romperse y la presión en mi mente se volvió cada vez más fuerte. Las imágenes se distorsionaron, los contornos comenzaron a deshacerse y comprendí que estaba perdiendo la conexión. Intenté resistir. Intenté quedarme un poco más. Necesitaba respuestas.

    Pero el impacto fue demasiado grande, la conexión terminó rompiéndose y desperté de golpe en mi habitación, me incorporé sobresaltada, respirando con dificultad y sintiendo las manos temblar. Durante varios segundos permanecí inmóvil mirando la oscuridad del techo mientras intentaba convencerme de que aquello había sido un sueño pero yo sabia que no lo era, lo que había visto era real, algo terrible había ocurrido en Makyora, ahora estaba convencida que tenía que regresar.
    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387422 "La Rata de los Dormitorios 2" Después de revisar las investigaciones de Loki una y otra vez, terminé llegando siempre a la misma conclusión: yo era la brújula. No importaba cuántas veces repasara los cálculos, las notas o las teorías, todas apuntaban a lo mismo. Un portal estable necesitaba una referencia capaz de reconocer el mundo que buscaba y yo junto con mis hermanos eramos las únicas personas en la Tierra que cumplían con esa condición. Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí y mi energía seguía conservando la huella de aquel mundo. Sin embargo, cuanto más convencida estaba de la teoría, más me molestaba una pregunta que no dejaba de rondar mi cabeza. Si Loki había llegado tan lejos en sus investigaciones, ¿por qué nunca publicó todo de forma directa? Mientras más pensaba en ello, menos sentido tenía. En lugar de escribir una investigación completa, había repartido información importante entre artículos académicos y novelas de fantasía, obligando a cualquiera que quisiera comprender el conjunto a reconstruirlo pieza por pieza. Era un método tan absurdamente difícil que terminé sospechando que había una razón detrás. Tal vez aquella investigación estaba prohibida y Loki necesitaba ocultarla sin llamar la atención. Tal vez la academia jamás habría permitido publicar ciertas conclusiones. O quizás simplemente era una mujer excéntrica con una obsesión enfermiza por las conspiraciones. Sinceramente, cualquiera de las tres explicaciones me parecía posible. Aun así, no estaba dispuesta a intentar abrir un portal sin antes comprobar que la teoría funcionaba. Fue entonces cuando recordé algo que había llamado mi atención en las novelas, en estas aparecía constantemente una referencia al llamado Mundo de los Sueños. Al principio pensé que se trataba de una metáfora filosófica, pero cuanto más leía más claro quedaba que Loki hablaba de algo real. Según sus escritos, no era exactamente un mundo, sino una especie de red que conectaba múltiples realidades, una inmensa telaraña donde innumerables universos estaban unidos por caminos invisibles. La descripción me recordó de inmediato a ciertas experiencias relacionadas con Veythra y el corazón de Akane, aunque aquello parecía mucho más vasto. Según Loki, el Mundo de los Sueños era la forma más segura de explorar otras realidades porque permitía observarlas sin atravesar físicamente las barreras dimensionales. Era como asomarse por una ventana antes de abrir una puerta. Me decidí en probarlo, preparé el círculo mágico exactamente como indicaban las investigaciones, revisé varias veces cada símbolo y finalmente me acomodé sobre la cama. No esperaba que funcionara realmente, pero cuando cerré los ojos sentí que algo tiraba de mi conciencia y un instante después me encontré en un lugar imposible de describir. No había suelo ni cielo, solo una inmensa oscuridad atravesada por incontables hilos de luz que se extendían en todas direcciones como una telaraña. Cada hilo parecía conducir a un mundo diferente, cada punto luminoso representaba una realidad distinta y la cantidad de información que percibí fue tan abrumadora que un dolor insoportable atravesó mi cabeza. Apenas pude soportarlo unos segundos antes de despertar de golpe en mi habitación. Me tomó varios minutos recuperar el aliento, pero había sido suficiente, la teoría era real. Durante las semanas siguientes me dediqué a perfeccionar el proceso. Modifiqué círculos mágicos, corregí errores, ajusté las fórmulas y repetí los intentos una y otra vez hasta que finalmente logré construir un acceso mucho más estable. La siguiente vez fue diferente. Cuando entré al Mundo de los Sueños seguía sintiendo la inmensidad de aquella red, pero ya no me aplastaba como antes. Podía observarla sin perder la conciencia y fue entonces cuando encontré lo que estaba buscando. Makyora. Lo reconocí de inmediato, una de las incontables ventanas de la telaraña se abrió ante mí y sentí una atracción imposible de ignorar. Me lancé hacia ella y al instante me encontré volando sobre los cielos de mi mundo natal. No estaba allí físicamente. Era más parecido a una proyección astral, un sueño o un fantasma incapaz de interactuar con lo que veía, pero no me importó. Después de tanto tiempo había vuelto a casa. La emoción apenas me permitió pensar con claridad durante los primeros minutos. Volé sobre montañas, bosques y ciudades familiares, disfrutando de una sensación que creí perdida para siempre. Sin embargo, poco a poco comencé a notar algo extraño. Algunas zonas parecían dañadas, otras estaban demasiado silenciosas, al principio pensé que era un error y llegué a creer que había terminado observando otra época distinta, pero mientras más avanzaba más difícil era ignorar aquella sensación. Entonces decidí dirigirme directamente a mi hogar, volé hacia la Mansión Azraeth y cuando la vi, sentí que el corazón se me detenía. La mansión estaba en ruinas, parte de la estructura había colapsado, los jardines habían desaparecido y muchas de las paredes estaban destruidas. Durante varios segundos me quedé inmóvil, incapaz de aceptar lo que estaba viendo. Luego atravesé la entrada y recorrí desesperadamente los pasillos. Busqué habitaciones, salones, patios, cualquier lugar donde pudiera encontrar una señal de vida o una pista sobre lo que había ocurrido. Busqué a mi padre, a los sirvientes, ahora buscaba cualquier cosa pero no encontré nada. El silencio era absoluto, mientras avanzaba por aquella mansión destruida sentí cómo el miedo comenzaba a apoderarse de mí. Mi concentración empezó a romperse y la presión en mi mente se volvió cada vez más fuerte. Las imágenes se distorsionaron, los contornos comenzaron a deshacerse y comprendí que estaba perdiendo la conexión. Intenté resistir. Intenté quedarme un poco más. Necesitaba respuestas. Pero el impacto fue demasiado grande, la conexión terminó rompiéndose y desperté de golpe en mi habitación, me incorporé sobresaltada, respirando con dificultad y sintiendo las manos temblar. Durante varios segundos permanecí inmóvil mirando la oscuridad del techo mientras intentaba convencerme de que aquello había sido un sueño pero yo sabia que no lo era, lo que había visto era real, algo terrible había ocurrido en Makyora, ahora estaba convencida que tenía que regresar.
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    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387250

    "La rata de los dormitorios"

    Después de terminar varias de las novelas de la profesora Loki, mi curiosidad terminó llevándome a buscar qué más había publicado. Pensé que encontraría más historias de fantasía, pero en realidad descubrí algo mucho más interesante. Loki tenía decenas de investigaciones publicadas sobre magia. Algunas hablaban de conjuros básicos, otras de invocaciones, control de maná, criaturas mágicas y teoría avanzada. Sin embargo, fueron sus trabajos sobre otros mundos los que captaron toda mi atención.

    Aquellos textos hablaban sobre la posibilidad de que existieran realidades diferentes a la Tierra, sobre conexiones dimensionales y sobre la teoría de viajar entre mundos. Al principio me parecieron fascinantes, pero seguían siendo eso: teorías e hipótesis acompañadas de cálculos, observaciones y advertencias sobre los enormes riesgos que implicaría intentar algo semejante. Todo estaba escrito de forma académica y cuidadosa, como si la propia autora admitiera que no tenía pruebas suficientes para confirmar ninguna de sus conclusiones.

    Seguí leyendo durante semanas y cuanto más avanzaba, más extraña era la sensación que tenía. Las investigaciones parecían incompletas, no porque estuvieran mal escritas, sino porque constantemente me daba la impresión de que faltaba información. Había vacíos, ideas que parecían conducir a algo importante pero que nunca terminaban de desarrollarse, entonces recordé las novelas.

    La idea me pareció ridícula. ¿Quién usaría novelas de fantasía para complementar investigaciones académicas? Aun así, la curiosidad pudo más que el sentido común. Volví a la biblioteca y comencé a releer algunas de las historias de Loki mientras comparaba ciertos pasajes con sus trabajos de investigación. Lo que encontré me dejó sin palabras.

    Las novelas llenaban los vacíos, situaciones que en los trabajos académicos aparecían como simples hipótesis, en las novelas eran narradas como experiencias. Errores que en las investigaciones apenas eran mencionados, en las historias aparecían convertidos en aventuras completas. Poco a poco empecé a comprender que ambos tipos de publicaciones estaban conectados.

    Las investigaciones contenían la teoría, las novelas contenían la práctica, por separado parecían incompletas, juntas formaban algo mucho más grande. Fue entonces cuando comencé a pedir prestados libros de ambas categorías, salía de la biblioteca cargando montones de novelas y tratados mágicos para leerlos en mi habitación. Con el tiempo dejé de asistir a varias clases y terminé encerrándome durante días enteros. Apenas salía para comer y muchas veces ni siquiera respondía cuando alguien llamaba a la puerta.

    La academia terminó notificando a mi madre, cuando Akane apareció en mi habitación parecía genuinamente preocupada. Creo que incluso llegó a pensar que me estaba costando adaptarme a la Tierra o que otros estudiantes me estaban molestando, pero siempre he sido previsora, entre todos los libros sobre portales y teoría dimensional también había pedido varios tratados sobre control de maná terrestre. Los dejé cuidadosamente visibles sobre mi escritorio y la trampa funcionó.

    Después de ver habitación, mi madre terminó convencida de que me había obsesionado con aprender a controlar mejor mi energía, que hasta incluso me felicitó. Me dijo que estaba orgullosa de mi dedicación y que era bueno verme esforzarme por adaptarme al mundo en el que ahora vivíamos. Lo único que me pidió fue que no siguiera faltando a clases.

    Yo acepté y me disculpé por preocuparla, por supuesto, solo le dije lo que quería escuchar, la verdad era que seguía sin interesarme la mayoría de las clases. A partir de entonces comencé a asistir con normalidad para evitar sospechas, pero eso solo significó que ahora tenía menos tiempo libre. Durante meses llevé una doble vida, en el día asistía a clases y fingía ser una estudiante normal pero en las noches permanecía despierta investigando, comparando textos, tomando notas y reconstruyendo poco a poco el verdadero significado de los escritos de Loki.

    Fueron meses agotadores pero finalmente encontré la pieza que faltaba, una teoría aparecía repetidamente tanto en las investigaciones como en las novelas. A veces era mencionada de forma directa y otras veces aparecía disfrazada dentro de una historia. Hablaba sobre la necesidad de una guía para los viajes dimensionales. Una referencia, una brújula capaz de indicar el camino correcto hacia el mundo de destino y de pronto lo entendí.

    Ese había sido el problema desde el principio, abrir una grieta entre mundos era posible, lo difícil era saber hacia dónde abrirla. Los desgarres dimensionales podían conectar cualquier lugar, cualquier época o cualquier realidad porque no tenían una referencia estable, necesitaban una brújula, algo que conociera el mundo que estaban buscando y entonces comprendí algo todavía más importante. Yo era esa brújula.

    Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí. Mi energía todavía conservaba la huella de aquel mundo, no necesitaba buscar una referencia porque la llevaba dentro de mí desde el día en que nací.

    Por primera vez desde que había comenzado aquella investigación, vi una posibilidad real, no una hipótesis,, ni una teoría sino una posibilidad real, era posible regresar a Makyora y si las conclusiones de Loki eran correctas, también era posible hacerlo mediante portales estables, sin desgarres temporales, sin siglos perdidos y sin las anomalías que habían marcado la vida de mi familia. Por primera vez, el camino de regreso parecía existir.
    Primera parte: https://ficrol.com/posts/387250 "La rata de los dormitorios" Después de terminar varias de las novelas de la profesora Loki, mi curiosidad terminó llevándome a buscar qué más había publicado. Pensé que encontraría más historias de fantasía, pero en realidad descubrí algo mucho más interesante. Loki tenía decenas de investigaciones publicadas sobre magia. Algunas hablaban de conjuros básicos, otras de invocaciones, control de maná, criaturas mágicas y teoría avanzada. Sin embargo, fueron sus trabajos sobre otros mundos los que captaron toda mi atención. Aquellos textos hablaban sobre la posibilidad de que existieran realidades diferentes a la Tierra, sobre conexiones dimensionales y sobre la teoría de viajar entre mundos. Al principio me parecieron fascinantes, pero seguían siendo eso: teorías e hipótesis acompañadas de cálculos, observaciones y advertencias sobre los enormes riesgos que implicaría intentar algo semejante. Todo estaba escrito de forma académica y cuidadosa, como si la propia autora admitiera que no tenía pruebas suficientes para confirmar ninguna de sus conclusiones. Seguí leyendo durante semanas y cuanto más avanzaba, más extraña era la sensación que tenía. Las investigaciones parecían incompletas, no porque estuvieran mal escritas, sino porque constantemente me daba la impresión de que faltaba información. Había vacíos, ideas que parecían conducir a algo importante pero que nunca terminaban de desarrollarse, entonces recordé las novelas. La idea me pareció ridícula. ¿Quién usaría novelas de fantasía para complementar investigaciones académicas? Aun así, la curiosidad pudo más que el sentido común. Volví a la biblioteca y comencé a releer algunas de las historias de Loki mientras comparaba ciertos pasajes con sus trabajos de investigación. Lo que encontré me dejó sin palabras. Las novelas llenaban los vacíos, situaciones que en los trabajos académicos aparecían como simples hipótesis, en las novelas eran narradas como experiencias. Errores que en las investigaciones apenas eran mencionados, en las historias aparecían convertidos en aventuras completas. Poco a poco empecé a comprender que ambos tipos de publicaciones estaban conectados. Las investigaciones contenían la teoría, las novelas contenían la práctica, por separado parecían incompletas, juntas formaban algo mucho más grande. Fue entonces cuando comencé a pedir prestados libros de ambas categorías, salía de la biblioteca cargando montones de novelas y tratados mágicos para leerlos en mi habitación. Con el tiempo dejé de asistir a varias clases y terminé encerrándome durante días enteros. Apenas salía para comer y muchas veces ni siquiera respondía cuando alguien llamaba a la puerta. La academia terminó notificando a mi madre, cuando Akane apareció en mi habitación parecía genuinamente preocupada. Creo que incluso llegó a pensar que me estaba costando adaptarme a la Tierra o que otros estudiantes me estaban molestando, pero siempre he sido previsora, entre todos los libros sobre portales y teoría dimensional también había pedido varios tratados sobre control de maná terrestre. Los dejé cuidadosamente visibles sobre mi escritorio y la trampa funcionó. Después de ver habitación, mi madre terminó convencida de que me había obsesionado con aprender a controlar mejor mi energía, que hasta incluso me felicitó. Me dijo que estaba orgullosa de mi dedicación y que era bueno verme esforzarme por adaptarme al mundo en el que ahora vivíamos. Lo único que me pidió fue que no siguiera faltando a clases. Yo acepté y me disculpé por preocuparla, por supuesto, solo le dije lo que quería escuchar, la verdad era que seguía sin interesarme la mayoría de las clases. A partir de entonces comencé a asistir con normalidad para evitar sospechas, pero eso solo significó que ahora tenía menos tiempo libre. Durante meses llevé una doble vida, en el día asistía a clases y fingía ser una estudiante normal pero en las noches permanecía despierta investigando, comparando textos, tomando notas y reconstruyendo poco a poco el verdadero significado de los escritos de Loki. Fueron meses agotadores pero finalmente encontré la pieza que faltaba, una teoría aparecía repetidamente tanto en las investigaciones como en las novelas. A veces era mencionada de forma directa y otras veces aparecía disfrazada dentro de una historia. Hablaba sobre la necesidad de una guía para los viajes dimensionales. Una referencia, una brújula capaz de indicar el camino correcto hacia el mundo de destino y de pronto lo entendí. Ese había sido el problema desde el principio, abrir una grieta entre mundos era posible, lo difícil era saber hacia dónde abrirla. Los desgarres dimensionales podían conectar cualquier lugar, cualquier época o cualquier realidad porque no tenían una referencia estable, necesitaban una brújula, algo que conociera el mundo que estaban buscando y entonces comprendí algo todavía más importante. Yo era esa brújula. Había nacido en Makyora, mi núcleo de maná se había formado allí. Mi energía todavía conservaba la huella de aquel mundo, no necesitaba buscar una referencia porque la llevaba dentro de mí desde el día en que nací. Por primera vez desde que había comenzado aquella investigación, vi una posibilidad real, no una hipótesis,, ni una teoría sino una posibilidad real, era posible regresar a Makyora y si las conclusiones de Loki eran correctas, también era posible hacerlo mediante portales estables, sin desgarres temporales, sin siglos perdidos y sin las anomalías que habían marcado la vida de mi familia. Por primera vez, el camino de regreso parecía existir.
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  • *Junto a el, fueron a una ciudad pues se decía que la lluvia de estrellas, se miraba muy bonita desde ese lugar, para tener un recuerdo hermoso juntos, fueron para contemplar dicho evento astrologico, esperando el momento.

    No pasó mucho cuando el cielo se lleno de estrellas fugaces, ambos estaban juntos mientras el cielo estaba adornado por esa lluvia. *

    Bonita vista...

    *Comento de forma que solo fuera escuchado por ambos. *

    Vaelith Crimsom Lunae
    *Junto a el, fueron a una ciudad pues se decía que la lluvia de estrellas, se miraba muy bonita desde ese lugar, para tener un recuerdo hermoso juntos, fueron para contemplar dicho evento astrologico, esperando el momento. No pasó mucho cuando el cielo se lleno de estrellas fugaces, ambos estaban juntos mientras el cielo estaba adornado por esa lluvia. * Bonita vista... *Comento de forma que solo fuera escuchado por ambos. * [glow_maroon_hippo_481]
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