Es hora de que vuelva a los estudios, es verdad que jugar videojuegos entretiene, pero no debo olvidar mis deberes.
*Abriendo un portal para entrar a mi biblioteca personal, una vez se cerró el portal comencé a caminar por los pasillos infinitos y laberinticos de la gran biblioteca, suerte que era el único que se sabía todos los caminos, parándome frente una estantería de libros y buscando alguna de las magias que aún no había estudiado o había dejado a medias*
Veamos… magia de nobleza, magia de naturaleza, magia de ilusión… oh magia de caos, esa suena interesante.
*Sacando el grimorio del estante me senté en una silla que había cerca junto a una mesa, acomodándome empecé a leer el grimorio tranquilamente*
Es hora de que vuelva a los estudios, es verdad que jugar videojuegos entretiene, pero no debo olvidar mis deberes.
*Abriendo un portal para entrar a mi biblioteca personal, una vez se cerró el portal comencé a caminar por los pasillos infinitos y laberinticos de la gran biblioteca, suerte que era el único que se sabía todos los caminos, parándome frente una estantería de libros y buscando alguna de las magias que aún no había estudiado o había dejado a medias*
Veamos… magia de nobleza, magia de naturaleza, magia de ilusión… oh magia de caos, esa suena interesante.
*Sacando el grimorio del estante me senté en una silla que había cerca junto a una mesa, acomodándome empecé a leer el grimorio tranquilamente*
La reina de los dragones había llegado a tierras desconocidas por ella, allí se encontraría con seres de distintas especies tanto aliados como enemigos, sabía que un nuevo camino había empezado para ella, a través de un portal propia iba a su reino día tras día para mantenerlo en orden mientras usaba el mismo portal para regresar aquí, ¿Que tipo de seres conocerá y que será lo que espera en su camino?.
*Por ahora la reina camina por la ciudad observando para adaptarse, no obstante ya tenía un departamento propio que compro con el oro que se tajo de sus tierras*
— Espero el destino ponga buenas personas frente a mi —
La reina de los dragones había llegado a tierras desconocidas por ella, allí se encontraría con seres de distintas especies tanto aliados como enemigos, sabía que un nuevo camino había empezado para ella, a través de un portal propia iba a su reino día tras día para mantenerlo en orden mientras usaba el mismo portal para regresar aquí, ¿Que tipo de seres conocerá y que será lo que espera en su camino?.
*Por ahora la reina camina por la ciudad observando para adaptarse, no obstante ya tenía un departamento propio que compro con el oro que se tajo de sus tierras*
— Espero el destino ponga buenas personas frente a mi —
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Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
Akane intentó seguir adelante después de regresar a la Tierra. Lo intentó durante años. Volvió a caminar por las mismas calles, escuchó las mismas voces y vio a las personas que alguna vez formaron parte de su vida, pero nada logró hacerla sentir realmente en casa. Para todos los demás habían pasado apenas quince años desde su desaparición. Para ella habían pasado siglos enteros.
La diferencia era demasiado grande, Akane ya no pensaba como alguien de la Tierra. Muchas veces olvidaba cosas simples de ese mundo mientras recordaba perfectamente nombres, costumbres y lugares de aquel otro cielo donde vivió la mayor parte de su vida. A veces despertaba durante la noche esperando escuchar las voces de sus hijos o sentir a su pareja a su lado, pero al abrir los ojos solo encontraba silencio.
La peor parte no era la tristeza, sino la duda. Con el tiempo Akane descubrió formas de investigar el portal que la había traído de regreso. Existían señales, rastros y viejos registros relacionados con los sellos de los nuevos Dioses. Poco a poco comenzó a creer que regresar podía ser posible. El problema era que mientras más cerca veía esa posibilidad, más miedo sentía.
Habían pasado casi tres siglos en aquel mundo antes de ser arrancada de él.
Si lograba volver, tal vez encontraría tumbas y ruinas. Tal vez su familia había desaparecido hacía mucho tiempo. Incluso si seguían vivos, Akane no sabía cómo la mirarían después de tanto tiempo. Desde la perspectiva de ellos, simplemente desapareció. Sus hijos pudieron crecer creyendo que los abandonó. Su pareja pudo pasar siglos esperando un regreso que nunca ocurrió. Pensar en eso la dejaba paralizada.
Por primera vez desde que volvió a la Tierra, Akane comenzó a sentirse atrapada, no pertenecía completamente a este mundo, pero tampoco tenía el valor de regresar al otro.
Fue durante ese tiempo cuando se acercó más a Lili, al principio solo buscaba compañía. Alguien que la escuchara sin intentar arreglarla o decirle que olvidara el pasado. Lili nunca intentó reemplazar lo que Akane perdió. Nunca le pidió que dejara atrás sus recuerdos ni actuó con celos hacia una familia que ni siquiera pertenecía a ese mundo. Simplemente permaneció a su lado.
Akane encontró descanso en ella, no era felicidad completa, pero sí algo cercano a la calma.
Una noche terminaron durmiendo juntas y con el tiempo nació Hannah. Akane amó a su hija desde el momento en que la sostuvo por primera vez. Hannah se convirtió en una luz dentro de una vida que llevaba años sintiéndose vacía. Akane la cuidaba con una dedicación absoluta, permanecía a su lado incluso en las noches donde los recuerdos no la dejaban dormir y muchas veces se sorprendía observándola en silencio, como si temiera perderla también.
Pero ni siquiera Hannah logró borrar el dolor que Akane cargaba, cada vez que veía a su hija también recordaba a los hijos que dejó atrás bajo el cielo de dos lunas. Recordaba sus rostros, sus voces y la vida que construyó con ellos durante siglos. A veces sentía culpa por permitirse amar otra vez. Otras veces sentía culpa por no poder entregarse completamente a la vida que tenía ahora.
Lili entendía más de lo que Akane decía, sabía que una parte de ella nunca regresó realmente a la Tierra. En ocasiones Akane observaba la luna durante horas desde la ventana de su casa. Hannah dormía en la habitación contigua y Lili descansaba cerca de ella, pero aun así Akane sentía ese vacío en el pecho al mirar el cielo y encontrar solo una luna observándola desde arriba.
Porque aunque la Tierra seguía siendo el mundo donde nació, su corazón seguía atrapado en el lugar donde aprendió lo que era tener un hogar.
Segunda parte: La Reina Perdida.
Akane intentó seguir adelante después de regresar a la Tierra. Lo intentó durante años. Volvió a caminar por las mismas calles, escuchó las mismas voces y vio a las personas que alguna vez formaron parte de su vida, pero nada logró hacerla sentir realmente en casa. Para todos los demás habían pasado apenas quince años desde su desaparición. Para ella habían pasado siglos enteros.
La diferencia era demasiado grande, Akane ya no pensaba como alguien de la Tierra. Muchas veces olvidaba cosas simples de ese mundo mientras recordaba perfectamente nombres, costumbres y lugares de aquel otro cielo donde vivió la mayor parte de su vida. A veces despertaba durante la noche esperando escuchar las voces de sus hijos o sentir a su pareja a su lado, pero al abrir los ojos solo encontraba silencio.
La peor parte no era la tristeza, sino la duda. Con el tiempo Akane descubrió formas de investigar el portal que la había traído de regreso. Existían señales, rastros y viejos registros relacionados con los sellos de los nuevos Dioses. Poco a poco comenzó a creer que regresar podía ser posible. El problema era que mientras más cerca veía esa posibilidad, más miedo sentía.
Habían pasado casi tres siglos en aquel mundo antes de ser arrancada de él.
Si lograba volver, tal vez encontraría tumbas y ruinas. Tal vez su familia había desaparecido hacía mucho tiempo. Incluso si seguían vivos, Akane no sabía cómo la mirarían después de tanto tiempo. Desde la perspectiva de ellos, simplemente desapareció. Sus hijos pudieron crecer creyendo que los abandonó. Su pareja pudo pasar siglos esperando un regreso que nunca ocurrió. Pensar en eso la dejaba paralizada.
Por primera vez desde que volvió a la Tierra, Akane comenzó a sentirse atrapada, no pertenecía completamente a este mundo, pero tampoco tenía el valor de regresar al otro.
Fue durante ese tiempo cuando se acercó más a Lili, al principio solo buscaba compañía. Alguien que la escuchara sin intentar arreglarla o decirle que olvidara el pasado. Lili nunca intentó reemplazar lo que Akane perdió. Nunca le pidió que dejara atrás sus recuerdos ni actuó con celos hacia una familia que ni siquiera pertenecía a ese mundo. Simplemente permaneció a su lado.
Akane encontró descanso en ella, no era felicidad completa, pero sí algo cercano a la calma.
Una noche terminaron durmiendo juntas y con el tiempo nació Hannah. Akane amó a su hija desde el momento en que la sostuvo por primera vez. Hannah se convirtió en una luz dentro de una vida que llevaba años sintiéndose vacía. Akane la cuidaba con una dedicación absoluta, permanecía a su lado incluso en las noches donde los recuerdos no la dejaban dormir y muchas veces se sorprendía observándola en silencio, como si temiera perderla también.
Pero ni siquiera Hannah logró borrar el dolor que Akane cargaba, cada vez que veía a su hija también recordaba a los hijos que dejó atrás bajo el cielo de dos lunas. Recordaba sus rostros, sus voces y la vida que construyó con ellos durante siglos. A veces sentía culpa por permitirse amar otra vez. Otras veces sentía culpa por no poder entregarse completamente a la vida que tenía ahora.
Lili entendía más de lo que Akane decía, sabía que una parte de ella nunca regresó realmente a la Tierra. En ocasiones Akane observaba la luna durante horas desde la ventana de su casa. Hannah dormía en la habitación contigua y Lili descansaba cerca de ella, pero aun así Akane sentía ese vacío en el pecho al mirar el cielo y encontrar solo una luna observándola desde arriba.
Porque aunque la Tierra seguía siendo el mundo donde nació, su corazón seguía atrapado en el lugar donde aprendió lo que era tener un hogar.
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Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria.
Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor.
Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira.
No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado.
Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla.
Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad.
Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo.
Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana.
El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria.
Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones.
Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos.
Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto.
La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
Primera parte: : El Mundo que Perdí.
Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria.
Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor.
Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira.
No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado.
Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla.
Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad.
Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo.
Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana.
El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria.
Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones.
Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos.
Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto.
La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
-luego de encontrar uno de los antiguos portales ocultos, cortaría la palma de mí mano con una daga permitiendo que la sangre cayera, este se activo gracias a la sangre de demonio en mis venas-
Esto lo hago para ser más fuerte, una vez dentro no habra vuelta atrás, quizás me cruce con mí padre y tenga que luchar.. pero no tengo opción.
-despues de cruzar el portal, este mismo se desactivo dejándome en otro mundo diferente a la tierra y estaba claro, me encontraba en el infierno-
La gravedad aquí es aplastante y por si fuera poco, veo una densa niebla que te corta por dentro si respiras.. hace mucho calor, es como estar dentro del sol.. no me daré por vencido solo con esto, buscaré a los 3 grandes maestros y aprenderé todo lo que necesito para enfrentar a Alhoon
-luego de encontrar uno de los antiguos portales ocultos, cortaría la palma de mí mano con una daga permitiendo que la sangre cayera, este se activo gracias a la sangre de demonio en mis venas-
Esto lo hago para ser más fuerte, una vez dentro no habra vuelta atrás, quizás me cruce con mí padre y tenga que luchar.. pero no tengo opción.
-despues de cruzar el portal, este mismo se desactivo dejándome en otro mundo diferente a la tierra y estaba claro, me encontraba en el infierno-
La gravedad aquí es aplastante y por si fuera poco, veo una densa niebla que te corta por dentro si respiras.. hace mucho calor, es como estar dentro del sol.. no me daré por vencido solo con esto, buscaré a los 3 grandes maestros y aprenderé todo lo que necesito para enfrentar a Alhoon
*Se abre un portal que conecta La Tierra o el Mundo Humano con Edenia, la princesa cruza ese portal el búsqueda ayuda, su Mundo estaba corriendo peligro, un lugar dónde ahora se va vuelto caótico incluso después de la conquista y la muerte de Shao Kahn. La princesa queda ubicada en lo que parece ser un bosque, apunto de comenzar a buscar nuevos aliados para proteger y salvar Edenia, incluso si tiene que ofrecer algo a cambio.*
[Scarlet.Queen]
*Se abre un portal que conecta La Tierra o el Mundo Humano con Edenia, la princesa cruza ese portal el búsqueda ayuda, su Mundo estaba corriendo peligro, un lugar dónde ahora se va vuelto caótico incluso después de la conquista y la muerte de Shao Kahn. La princesa queda ubicada en lo que parece ser un bosque, apunto de comenzar a buscar nuevos aliados para proteger y salvar Edenia, incluso si tiene que ofrecer algo a cambio.*
-estoy preocupada por nova.... El carnaval de mi hermana no es cosa fácil, quisiera ir pero debo cerrar los portales, hmmmm.... Quizás pueda enviarle a alguien que le sea de ayuda?- suspiro sin saber que hacer ante la situación en la que se encontraban
-estoy preocupada por nova.... El carnaval de mi hermana no es cosa fácil, quisiera ir pero debo cerrar los portales, hmmmm.... Quizás pueda enviarle a alguien que le sea de ayuda?- suspiro sin saber que hacer ante la situación en la que se encontraban
En multiples lugares las puertas de un misterioso carnaval se estaban abriendo, mucha gente que entraba no salia, desde niños pequeños hasta personas adultas nadie lograba salir, cuando las brujas se enteraron se pusieron manos a la obra enterandose que s etrataba de los haceres de una de sus hermanas que habia sucumbido a la Fibre de los angeles, Nova fue el primero en ofrecerse para ir a sellarla aun sabiendo lo que hiba a sufrir.
Tras entrar al lugar las brujas sellaron las entradas sin embargo Eyforiya no permitiria aquello haciendo aparecer nuevos portales cada vez que uno se cerraba, en el interior el olor a sangre era intenso, el calor era insoportable y las luces apenas iluminaban los caminos, los unicos lugares bien iluminados eran los puestos y juegos destartalados dejando a Nova con un sentido de asco y preocupacion a flor de piel, sin embargo no tuvo tiempo de seguir observando debido al sonido de metal chirriando, algo se acercaba pero para cuando Nova se disponia a protegerse un carrito chocon a toda velocidad lo golpeo lanzandolo contra el pavimento, no le dieorn tiempo de levantarse antes de que otro lo golpeara lanzandolo como muñeco de trapo por el lugar.
En el aire abrio su parasol permitiendolo flotar ganando tiempo para reacomodarse los huesos rotos -Voy a necesitar ayuda con esto....- por desgracia para el, Eyforiya lo queria fuera cuanto antes en su territorio ella tenia el control, con tan solo un aplauso cambio a nova de lugar en medio de las sillas voladoras las cuales lo golpearon logrando regresarlo al suelo, con su aparasol aun abierto se protegio y corrio esquivando los carritos, no sabia si desear que alguien entrara para ayudarlo o que nadie mas sufriera aquello.
En multiples lugares las puertas de un misterioso carnaval se estaban abriendo, mucha gente que entraba no salia, desde niños pequeños hasta personas adultas nadie lograba salir, cuando las brujas se enteraron se pusieron manos a la obra enterandose que s etrataba de los haceres de una de sus hermanas que habia sucumbido a la Fibre de los angeles, Nova fue el primero en ofrecerse para ir a sellarla aun sabiendo lo que hiba a sufrir.
Tras entrar al lugar las brujas sellaron las entradas sin embargo Eyforiya no permitiria aquello haciendo aparecer nuevos portales cada vez que uno se cerraba, en el interior el olor a sangre era intenso, el calor era insoportable y las luces apenas iluminaban los caminos, los unicos lugares bien iluminados eran los puestos y juegos destartalados dejando a Nova con un sentido de asco y preocupacion a flor de piel, sin embargo no tuvo tiempo de seguir observando debido al sonido de metal chirriando, algo se acercaba pero para cuando Nova se disponia a protegerse un carrito chocon a toda velocidad lo golpeo lanzandolo contra el pavimento, no le dieorn tiempo de levantarse antes de que otro lo golpeara lanzandolo como muñeco de trapo por el lugar.
En el aire abrio su parasol permitiendolo flotar ganando tiempo para reacomodarse los huesos rotos -Voy a necesitar ayuda con esto....- por desgracia para el, Eyforiya lo queria fuera cuanto antes en su territorio ella tenia el control, con tan solo un aplauso cambio a nova de lugar en medio de las sillas voladoras las cuales lo golpearon logrando regresarlo al suelo, con su aparasol aun abierto se protegio y corrio esquivando los carritos, no sabia si desear que alguien entrara para ayudarlo o que nadie mas sufriera aquello.
Llamar al día anterior "digno para recordar" habría sido la más suprema de las ironías, pero no encontraba otra etiqueta para colocarle.
Entre recuerdos que se perdieron para siempre, otras cosas que preferiría olvidar -y que no podría-, y también ciertas cosas, cosas bastante gráficas y "físicas", que debería olvidar, por mera decencia... pero no quería hacerlo. (?)
De más estaba decir que había dormido terriblemente mal, pero el mundo laboral gira con la perpetuidad cruel de una salvaje maquinaria que no espera ni por el más brillante de sus engranes.
En pocas palabras, había que seguir trabajando.
—Esta línea nos debería llevar al centro de la ciudad. De ahí, caminaremos diez minutos y llegamos —explicó para Kazuha el recorrido hasta su trabajo.
Lo cierto era que sería esa la primera vez que usaba el subterráneo. Los portales eran su único medio de transporte, su eficiencia y rapidez siendo incomparables.
Pero no podían -no aún- soltar la enorme bomba informacional que eran sus orígenes aelorianos para Kazuha. El momento tendría que llegar eventualmente, pero, por ahora, viajar como humanos normales sería necesario.
—¿Y tú a qué vas al centro tan temprano? —Preguntó a Veyra Leˑron quien los había acompañado. Parecía milagro el que hubiese despertado antes de las 10:00.
Por casualidad o algún plan, parecía que hacían cosas juntos con más frecuencia que antes. ¿Era raro? No, no tendría por qué serlo. Vivían juntos, ¿no? Hacer cosas juntos, por tanto, debería resultar de lo más normal.
Sin embargo, algo había cambiado. Algo a lo que todavía no podía ponerle nombre, algo dentro de las fibras de esos lazos que lo unía a ellas.
Algo en lo que no podía pensar justo en ese momento, porque el ruido del vagón aproximándose lo sacó de sus pensamientos.
Llamar al día anterior "digno para recordar" habría sido la más suprema de las ironías, pero no encontraba otra etiqueta para colocarle.
Entre recuerdos que se perdieron para siempre, otras cosas que preferiría olvidar -y que no podría-, y también ciertas cosas, cosas bastante gráficas y "físicas", que debería olvidar, por mera decencia... pero no quería hacerlo. (?)
De más estaba decir que había dormido terriblemente mal, pero el mundo laboral gira con la perpetuidad cruel de una salvaje maquinaria que no espera ni por el más brillante de sus engranes.
En pocas palabras, había que seguir trabajando.
—Esta línea nos debería llevar al centro de la ciudad. De ahí, caminaremos diez minutos y llegamos —explicó para [K4zuha] el recorrido hasta su trabajo.
Lo cierto era que sería esa la primera vez que usaba el subterráneo. Los portales eran su único medio de transporte, su eficiencia y rapidez siendo incomparables.
Pero no podían -no aún- soltar la enorme bomba informacional que eran sus orígenes aelorianos para Kazuha. El momento tendría que llegar eventualmente, pero, por ahora, viajar como humanos normales sería necesario.
—¿Y tú a qué vas al centro tan temprano? —Preguntó a [vey.ra] quien los había acompañado. Parecía milagro el que hubiese despertado antes de las 10:00.
Por casualidad o algún plan, parecía que hacían cosas juntos con más frecuencia que antes. ¿Era raro? No, no tendría por qué serlo. Vivían juntos, ¿no? Hacer cosas juntos, por tanto, debería resultar de lo más normal.
Sin embargo, algo había cambiado. Algo a lo que todavía no podía ponerle nombre, algo dentro de las fibras de esos lazos que lo unía a ellas.
Algo en lo que no podía pensar justo en ese momento, porque el ruido del vagón aproximándose lo sacó de sus pensamientos.