• — Me dan asco las personas hipócritas y falsas que inician siendo tus amistades y luego no vuelves a saber de ellas, si sigo hablando con mucho detalle van a saber quién es la persona y no es el punto.


    — Y no me ocurrió a mí, sin embargo, me das un puto asco que no te imaginas, tu hipocresía y falsedad me repugna y me enferma pero veo que te va bien y espero que siga así, yo podré ser muy hija de p*** pero jamás seré mala persona y no pienso discutir lo con nadie.


    — En fin, este post es para que sepas linda personita que tus acciones hirieron a mi amiga y ella no es capaz de decirte lo asqueros* y tan basura que eres pero yo si puedo, entonces, ya me desahogue, sigue siendo una persona falsa, hipócrita y basura que así te va bonito por lo que veo, e insisto, eres una basura humana pero no deseo que te vaya mal
    — Me dan asco las personas hipócritas y falsas que inician siendo tus amistades y luego no vuelves a saber de ellas, si sigo hablando con mucho detalle van a saber quién es la persona y no es el punto. — Y no me ocurrió a mí, sin embargo, me das un puto asco que no te imaginas, tu hipocresía y falsedad me repugna y me enferma pero veo que te va bien y espero que siga así, yo podré ser muy hija de p*** pero jamás seré mala persona y no pienso discutir lo con nadie. — En fin, este post es para que sepas linda personita que tus acciones hirieron a mi amiga y ella no es capaz de decirte lo asqueros* y tan basura que eres pero yo si puedo, entonces, ya me desahogue, sigue siendo una persona falsa, hipócrita y basura que así te va bonito por lo que veo, e insisto, eres una basura humana pero no deseo que te vaya mal :STK-1:
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  • Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía...

    No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses.

    Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso.

    Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha.

    ¿Qué había pasado?

    Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar.

    Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente.

    Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
    Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía... No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses. Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso. Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha. ¿Qué había pasado? Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar. Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente. Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
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  • ────Oh, ¿esto? Tranquilos, no es el muñeco vudú que Afro usa cuando el director le pide repetir la escena desde el principio... aunque admito que sería tentador hacerle cosquillas en la pancita. En realidad es un llavero que tejí. ¿Qué tal? ¿Se ve lindo?
    ────Oh, ¿esto? Tranquilos, no es el muñeco vudú que Afro usa cuando el director le pide repetir la escena desde el principio... aunque admito que sería tentador hacerle cosquillas en la pancita. En realidad es un llavero que tejí. ¿Qué tal? ¿Se ve lindo?
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  • Dicen que las mejores historias empiezan con dos desconocidos… y terminan con demasiada química entre ellos. ¿Quieres comprobarlo conmigo? ;)

    Busco alguien con quien rolear, me siento muy sola...
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  • 確信できる今だけ重ねて。
    Mikhail Wolfgang

    Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día.

    Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba.

    Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro.

    Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho.

    El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir.

    —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor?

    Dios, que día largo.
    確信できる今だけ重ねて。 [MishaWolfgang0] Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día. Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba. Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro. Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho. El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir. —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor? Dios, que día largo.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ━━「 𝕯᥆ ᥡ᥆ᥙ sᥱᥱ 𝗍һᥱm, 𝗍᥆᥆? 」━━



    ➤ 𝐍ⱺꭑᑲ𝗋𝖾: Alaska Crowley.
    ➤ 𝐄ᑯαᑯ: 25 años.
    ➤ 𝐎𝗋𝗂𝖾𐓣𝗍α𝖼𝗂ó𐓣: Indefinida.
    ➤ 𝐆é𐓣𝖾𝗋ⱺ: Femenino.
    ➤ 𝐀ᥣ𝗍υ𝗋α: 1,68 m.
    ➤ 𝐎𝖼υρα𝖼𝗂ó𐓣: Camarera en club nocturno.
    ➤ 𝐅αꭑ𝗂ᥣ𝗂α𝗋𝖾𝗌 𝖼𝖾𝗋𝖼α𐓣ⱺ𝗌: Owen Crowley, tío.


    ➤ Desde nacimiento Alaska siempre presentó ciertos signos extraños para sus padres. Incluso para una recién nacida no era normal llorar todo el tiempo o estar periodos extensos en silencio, mirando puntos fijos. Al principio no quisieron preocuparse demasiado, pero a medida que ella iba creciendo empezó a ser más evidente.
    A los 4 años ya tenía varios amigos imaginarios o creaba alguno cada día. Lo que asustaba a sus padres era el hecho de describirlos con tanto detalle (tanto como una niña de esa edad podía) o decir cosas como "Los están mirando", "No le gustó eso", "Dice que voy a morir", etc.
    Lo que colmó el vaso fue cuando Alaska comenzó a gritar y llorar por las noches como si estuvieran torturándola, solo para encontrarle heridas o hematomas en el cuerpo.
    La llevaron con profesionales y, ya para los 5 años, tras muchas pruebas y diagnósticos incorrexros, terminó siendo diagnosticada con psicosis. Específicamente, esquizofrenia.
    La medicaron, aunque no quisieron ser demasiado invasivos. Por desgracia, no funcionaba muy bien. Intentaron con distintos tipos de medicación antes de subir las dosis. Ahí funcionaban por un tiempo antes de volver a lo mismo.
    A los 11 años ella advirtió a sus padres que no se fueran a dormir. Estaba demasiado inquieta y a toda costa los quiso mantener ocupados. No le hicieron caso. A la mañana siguiente los descubrió muertos: mandíbulas desencajadas, extremidades rotas, sangre por toda la cama... Nunca supieron qué ocurrió exactamente. No habían huellas y Alaska no tenía indicios de haberlo hecho. "Fueron ellos", mencionaba ella durante los testimonios, "Los monstruos que me dijeron que se los iban a comer". Entre tanto, insistió demasiado en eso y comenzó a tener conductas más agresivas que decidieron internarla en un psiquiátrico.
    Su tío, hermano del padre, tuvo que encargarse de ella desde ese entonces. No fue demasiado bueno. Cuando Alaska salió del psiquiátrico a los 16 años tuvo que valerse por su cuenta la mayor parte del tiempo, buscando diferentes trabajos al mentir con su edad o hasta robando dinero para costear los medicamentos y poder comer.
    A día de hoy sigue medicada y con dosis muy altas. Ayudan a que las alucinaciones no sean demasiado fuertes.

    𝗣𝗼𝗿 𝗱𝗲𝘀𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮❟ 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝗮𝗹𝘂𝗰𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝗹𝗹𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀𝘁á 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗮。 𝗣𝗲𝗿𝗼❟ ¿𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿í𝗮 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗮𝘀í?
    ━━「 𝕯᥆ ᥡ᥆ᥙ sᥱᥱ 𝗍һᥱm, 𝗍᥆᥆? 」━━ ➤ 𝐍ⱺꭑᑲ𝗋𝖾: Alaska Crowley. ➤ 𝐄ᑯαᑯ: 25 años. ➤ 𝐎𝗋𝗂𝖾𐓣𝗍α𝖼𝗂ó𐓣: Indefinida. ➤ 𝐆é𐓣𝖾𝗋ⱺ: Femenino. ➤ 𝐀ᥣ𝗍υ𝗋α: 1,68 m. ➤ 𝐎𝖼υρα𝖼𝗂ó𐓣: Camarera en club nocturno. ➤ 𝐅αꭑ𝗂ᥣ𝗂α𝗋𝖾𝗌 𝖼𝖾𝗋𝖼α𐓣ⱺ𝗌: Owen Crowley, tío. ➤ Desde nacimiento Alaska siempre presentó ciertos signos extraños para sus padres. Incluso para una recién nacida no era normal llorar todo el tiempo o estar periodos extensos en silencio, mirando puntos fijos. Al principio no quisieron preocuparse demasiado, pero a medida que ella iba creciendo empezó a ser más evidente. A los 4 años ya tenía varios amigos imaginarios o creaba alguno cada día. Lo que asustaba a sus padres era el hecho de describirlos con tanto detalle (tanto como una niña de esa edad podía) o decir cosas como "Los están mirando", "No le gustó eso", "Dice que voy a morir", etc. Lo que colmó el vaso fue cuando Alaska comenzó a gritar y llorar por las noches como si estuvieran torturándola, solo para encontrarle heridas o hematomas en el cuerpo. La llevaron con profesionales y, ya para los 5 años, tras muchas pruebas y diagnósticos incorrexros, terminó siendo diagnosticada con psicosis. Específicamente, esquizofrenia. La medicaron, aunque no quisieron ser demasiado invasivos. Por desgracia, no funcionaba muy bien. Intentaron con distintos tipos de medicación antes de subir las dosis. Ahí funcionaban por un tiempo antes de volver a lo mismo. A los 11 años ella advirtió a sus padres que no se fueran a dormir. Estaba demasiado inquieta y a toda costa los quiso mantener ocupados. No le hicieron caso. A la mañana siguiente los descubrió muertos: mandíbulas desencajadas, extremidades rotas, sangre por toda la cama... Nunca supieron qué ocurrió exactamente. No habían huellas y Alaska no tenía indicios de haberlo hecho. "Fueron ellos", mencionaba ella durante los testimonios, "Los monstruos que me dijeron que se los iban a comer". Entre tanto, insistió demasiado en eso y comenzó a tener conductas más agresivas que decidieron internarla en un psiquiátrico. Su tío, hermano del padre, tuvo que encargarse de ella desde ese entonces. No fue demasiado bueno. Cuando Alaska salió del psiquiátrico a los 16 años tuvo que valerse por su cuenta la mayor parte del tiempo, buscando diferentes trabajos al mentir con su edad o hasta robando dinero para costear los medicamentos y poder comer. A día de hoy sigue medicada y con dosis muy altas. Ayudan a que las alucinaciones no sean demasiado fuertes. 𝗣𝗼𝗿 𝗱𝗲𝘀𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮❟ 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝗮𝗹𝘂𝗰𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝗹𝗹𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀𝘁á 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗮。 𝗣𝗲𝗿𝗼❟ ¿𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿í𝗮 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗮𝘀í?
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  • Está segura de que ha perdido gran parte de su personalidad, atrapada en una red invisible donde las cuerdas son tiradas por un espectro cuyo objetivo incierto la lleva sobre un barranco.

    No puede pedir ayuda.
    No puede discernir entre verdad y falsedad.
    Se aferra al papel que le han otorgado.
    Desaparece con lentitud, los recuerdos más preciados se desvanecen.

    Y los rostros son pinturas cuya tinta se derrite deformando el estado original.

    Si tanto ha salvado.
    ¿Qué la ha salvado a ella?.

    Las imágenes desaparecen y el vacío se apodera con una velocidad que pronto no quedará nada que rescatar.
    Está segura de que ha perdido gran parte de su personalidad, atrapada en una red invisible donde las cuerdas son tiradas por un espectro cuyo objetivo incierto la lleva sobre un barranco. No puede pedir ayuda. No puede discernir entre verdad y falsedad. Se aferra al papel que le han otorgado. Desaparece con lentitud, los recuerdos más preciados se desvanecen. Y los rostros son pinturas cuya tinta se derrite deformando el estado original. Si tanto ha salvado. ¿Qué la ha salvado a ella?. Las imágenes desaparecen y el vacío se apodera con una velocidad que pronto no quedará nada que rescatar.
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  • "Es hora de la limpieza!" *levanto la fregona luego de escurrirla en la cubeta que tiene agua tibia con jabon*
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  • — Estos momentos que pasamos juntos los disfruto más de lo que piensas. No importa que tan efímeros sean, tú sola presencia me basta.
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  • ─── Esta noche todo es muy peculiar... tal y como si aquellos que han arribado con celeridad y brillo se han extinguido con la misma rapidez de un fuego artificial.
    No hay nada más que decir, esta noche estoy al pendiente de los resultados de la última experimentación.
    ─── Esta noche todo es muy peculiar... tal y como si aquellos que han arribado con celeridad y brillo se han extinguido con la misma rapidez de un fuego artificial. No hay nada más que decir, esta noche estoy al pendiente de los resultados de la última experimentación.
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