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    𝗡𝗘𝗙𝗜𝗟𝗜𝗠/𝗖𝗔𝗭𝗔𝗗𝗢𝗥𝗔


    𓂅 𝗜𝘀𝗮𝗯𝗲𝗹𝗹𝗲 𝗟𝗶𝗴𝗵𝘁𝘄𝗼𝗼𝗱





    Álbum dedicado a relatos de mi personaje.
    . 𝗡𝗘𝗙𝗜𝗟𝗜𝗠/𝗖𝗔𝗭𝗔𝗗𝗢𝗥𝗔 𓂅 𝗜𝘀𝗮𝗯𝗲𝗹𝗹𝗲 𝗟𝗶𝗴𝗵𝘁𝘄𝗼𝗼𝗱 Álbum dedicado a relatos de mi personaje.
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  • El joven de tez morena se mostró sonriente y alegre, con un vestigio de orgullo.

    — Un gusto conocerte, ¿Que te trae por estas tierras?

    [ El personaje aún no tiene historia ni desarrollo, si alguien quiere participar es mas que bienvenido/a
    El joven de tez morena se mostró sonriente y alegre, con un vestigio de orgullo. — Un gusto conocerte, ¿Que te trae por estas tierras? [ El personaje aún no tiene historia ni desarrollo, si alguien quiere participar es mas que bienvenido/a
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  • Nunca perteneció a ningún lugar.
    Lo único seguro es que lleva una katana desgastada por los años, una hoja que parece más vieja que él mismo.

    Creció observando cómo las personas encontraban algo por lo que vivir: una familia, un sueño, una promesa. Él, en cambio, solo encontró una katana.

    Con el tiempo aprendió a cazar aquello que otros temían enfrentar. Monstruos ocultos en bosques olvidados, asesinos protegidos por las sombras, criaturas cuyos nombres apenas sobreviven en viejas leyendas.

    Acepta cualquier encargo mientras la recompensa sea suficiente, pero no por codicia. El dinero solo le permite seguir caminando un poco más.
    Nunca perteneció a ningún lugar, Y, durante toda su vida, solo ha sabido blandir su katana.

    Después de tantos años de soledad, ya no está seguro de si sigue buscando una razón para vivir... o simplemente un motivo para no dejar de avanzar.

    Porque detenerse significaría enfrentarse a una verdad que lleva años evitando..No sabe quién es cuando no está luchando.
    Nunca perteneció a ningún lugar. Lo único seguro es que lleva una katana desgastada por los años, una hoja que parece más vieja que él mismo. Creció observando cómo las personas encontraban algo por lo que vivir: una familia, un sueño, una promesa. Él, en cambio, solo encontró una katana. Con el tiempo aprendió a cazar aquello que otros temían enfrentar. Monstruos ocultos en bosques olvidados, asesinos protegidos por las sombras, criaturas cuyos nombres apenas sobreviven en viejas leyendas. Acepta cualquier encargo mientras la recompensa sea suficiente, pero no por codicia. El dinero solo le permite seguir caminando un poco más. Nunca perteneció a ningún lugar, Y, durante toda su vida, solo ha sabido blandir su katana. Después de tantos años de soledad, ya no está seguro de si sigue buscando una razón para vivir... o simplemente un motivo para no dejar de avanzar. Porque detenerse significaría enfrentarse a una verdad que lleva años evitando..No sabe quién es cuando no está luchando.
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  • *En la cocina, preparado unos bocadillos, Lilithia estaba centrada en lo que esta haciendo pues prometió a la persona que ama, asi que se puso manos a la obra, esperando que sea de su agrado. *
    *En la cocina, preparado unos bocadillos, Lilithia estaba centrada en lo que esta haciendo pues prometió a la persona que ama, asi que se puso manos a la obra, esperando que sea de su agrado. *
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  • La luz del amanecer atravesaba los altos ventanales, envolviendo su figura en un resplandor dorado que contrastaba con la reputación que la precedía. Para muchos era una leyenda, para otros una amenaza. Para quienes la conocían de verdad, Elisabetta era ambas cosas.

    Con sus largos cabellos dorados cayendo como una cascada de seda sobre sus hombros y sus inconfundibles ojos color amatista observando el mundo con calma calculada, la joven líder de La Cosa Nostra encarnaba una elegancia imposible de ignorar. Cada paso suyo reflejaba el peso de un imperio construido sobre lealtades, sacrificios y promesas que jamás rompería.

    Había heredado el nombre de su padre y la fortaleza de su madre. Sin embargo, el trono que ocupaba no era un regalo, sino una carga que aceptó para proteger aquello que amaba. Porque detrás de la fama de la Mariposa de la Muerte existía una mujer capaz de mostrar una ternura inquebrantable hacia su familia, especialmente hacia su hermano gemelo, Flavio, la única persona por quien renunciaría a cualquier poder.

    Muchos confundían su belleza con fragilidad. Era un error que pocos cometían dos veces.

    Elisabetta no necesitaba alzar la voz para imponer respeto. Bastaba una mirada de aquellos ojos violetas para recordar a todos una verdad sencilla: las mariposas pueden parecer delicadas, pero algunas nacen con alas afiladas como cuchillas.

    Y mientras el mundo observaba a una mujer envuelta en lujo y sofisticación, ella observaba al mundo como una reina silenciosa, consciente de que el verdadero poder no se exhibe... se ejerce.
    La luz del amanecer atravesaba los altos ventanales, envolviendo su figura en un resplandor dorado que contrastaba con la reputación que la precedía. Para muchos era una leyenda, para otros una amenaza. Para quienes la conocían de verdad, Elisabetta era ambas cosas. Con sus largos cabellos dorados cayendo como una cascada de seda sobre sus hombros y sus inconfundibles ojos color amatista observando el mundo con calma calculada, la joven líder de La Cosa Nostra encarnaba una elegancia imposible de ignorar. Cada paso suyo reflejaba el peso de un imperio construido sobre lealtades, sacrificios y promesas que jamás rompería. Había heredado el nombre de su padre y la fortaleza de su madre. Sin embargo, el trono que ocupaba no era un regalo, sino una carga que aceptó para proteger aquello que amaba. Porque detrás de la fama de la Mariposa de la Muerte existía una mujer capaz de mostrar una ternura inquebrantable hacia su familia, especialmente hacia su hermano gemelo, Flavio, la única persona por quien renunciaría a cualquier poder. Muchos confundían su belleza con fragilidad. Era un error que pocos cometían dos veces. Elisabetta no necesitaba alzar la voz para imponer respeto. Bastaba una mirada de aquellos ojos violetas para recordar a todos una verdad sencilla: las mariposas pueden parecer delicadas, pero algunas nacen con alas afiladas como cuchillas. Y mientras el mundo observaba a una mujer envuelta en lujo y sofisticación, ella observaba al mundo como una reina silenciosa, consciente de que el verdadero poder no se exhibe... se ejerce.
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  • #RolSage #ComunicaciónFicRol #Aviso #IncidenciaSolucionada

    ¡Hola, FicRolers!

     Durante las últimas horas, algunos usuarios tal vez habéis podido encontraros con un mensaje en rojo al crear un personaje nuevo indicando que "no se había podido enviar el email de activación".

    La incidencia ya ha sido solucionada, por lo que la creación de personajes vuelve a funcionar con normalidad.

    Si alguien sigue teniendo algún problema o detecta algo extraño, no dudéis en avisarnos (a cualquiera de las RolSages) para que la administración pueda echarle un vistazo.

    ¡Gracias por vuestra paciencia y por ayudarnos a detectar estas cosillas tan rápido!
    #RolSage #ComunicaciónFicRol #Aviso #IncidenciaSolucionada ¡Hola, FicRolers! 👋  Durante las últimas horas, algunos usuarios tal vez habéis podido encontraros con un mensaje en rojo al crear un personaje nuevo indicando que "no se había podido enviar el email de activación". La incidencia ya ha sido solucionada, por lo que la creación de personajes vuelve a funcionar con normalidad. Si alguien sigue teniendo algún problema o detecta algo extraño, no dudéis en avisarnos (a cualquiera de las RolSages) para que la administración pueda echarle un vistazo. ¡Gracias por vuestra paciencia y por ayudarnos a detectar estas cosillas tan rápido! 💙
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  • La boda fue todo un éxito en todos los sentidos de la palabra, todos nuestros invitados se lo pasaron en grande durante toda la celebración del pasado sábado.
    No hemos tenido tiempo para abrir todos los regalos que nos trajeron, lo único que vimos son los bizums que nos hicieron a la cuenta personal, que pusimos.
    𝐆𝐑𝐀𝐘𝐒𝐎𝐍 𝐀𝐑𝐆𝐄𝐍𝐓 recientemente acaba de llegar, salió con Thanatos de paseo.
    Mientras yo recoloqué todos los regalos que guardamos en una de las habitaciones de invitados, en el salón.
    Ya no puedo esperar un día más para abrirlos, acaricio muy contenta a nuestro hijo perruno y luego vuelvo a reincorporarme para saludar a mi esposo como se merece.
    Con un beso en los labios y a continuación, le cojo una de sus manos guiándole hacia el sofá, que se encuentra muy cerca de donde los coloque todos.

    Me siento como cuando era más pequeña y todas las mañanas de Nochebuena, (las cuales, apenas conseguía conciliar el sueño)
    Cuando madre venía a mi cuarto, enseguida saltaba de la cama y era la primera en bajar corriendo las escaleras, para entrar inmediatamente al salón.
    Donde debajo del gigantesco árbol hiper mega decorado con ciertos de adornos, se encontraban todos los regalos que esa noche, había traído Papa Noel.

    Por fin ha los dos tenemos tiempo para abrirlos todos y también, descubrir el destino, al que viajaremos en nuestra luna de miel.
    La boda fue todo un éxito en todos los sentidos de la palabra, todos nuestros invitados se lo pasaron en grande durante toda la celebración del pasado sábado. No hemos tenido tiempo para abrir todos los regalos que nos trajeron, lo único que vimos son los bizums que nos hicieron a la cuenta personal, que pusimos. [ThxArgent] recientemente acaba de llegar, salió con Thanatos de paseo. Mientras yo recoloqué todos los regalos que guardamos en una de las habitaciones de invitados, en el salón. Ya no puedo esperar un día más para abrirlos, acaricio muy contenta a nuestro hijo perruno y luego vuelvo a reincorporarme para saludar a mi esposo como se merece. Con un beso en los labios y a continuación, le cojo una de sus manos guiándole hacia el sofá, que se encuentra muy cerca de donde los coloque todos. Me siento como cuando era más pequeña y todas las mañanas de Nochebuena, (las cuales, apenas conseguía conciliar el sueño) Cuando madre venía a mi cuarto, enseguida saltaba de la cama y era la primera en bajar corriendo las escaleras, para entrar inmediatamente al salón. Donde debajo del gigantesco árbol hiper mega decorado con ciertos de adornos, se encontraban todos los regalos que esa noche, había traído Papa Noel. Por fin ha los dos tenemos tiempo para abrirlos todos y también, descubrir el destino, al que viajaremos en nuestra luna de miel.
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  • •Las Crónicas De Fenrir Queen•

    Capítulo 3: La nieta del curandero

    La conversación con el muchacho continuó durante gran parte de la noche. Poco a poco la posada fue quedándose vacía hasta que únicamente permanecieron algunos viajeros rezagados junto a la chimenea y el tabernero ordenando la barra antes de cerrar. A pesar del tiempo que llevábamos sentados frente a frente, seguíamos sin conocer nuestros nombres. En circunstancias normales aquello habría resultado extraño, pero la verdad era que había cosas mucho más importantes ocupando nuestras mentes. Las grietas. El dolor. Y aquel muchacho. Cuanto más hablábamos, más evidente se volvía que ambos habíamos pasado por algo similar. Ninguno sabía quién era. Ninguno comprendía qué clase de poder utilizaba. Ninguno tenía respuestas. Sin embargo, por primera vez desde que comenzó mi viaje, sentía algo parecido al alivio. No porque hubiera encontrado una cura ni porque mis problemas estuvieran más cerca de resolverse, sino porque ya no era la única persona cargando con aquellas heridas.

    Cuando finalmente me retiré a descansar, el cansancio acumulado de las últimas semanas cayó sobre mí como una montaña. Apenas tuve fuerzas para dejar la mochila junto a la cama antes de desplomarme sobre el colchón. Durante unos minutos permanecí observando el techo de madera mientras escuchaba el viento golpear suavemente las ventanas de la posada. Pensé en todo lo que había ocurrido desde que abandoné casa. Pensé en todos los curanderos que había visitado. En todas las respuestas negativas. En todas las puertas cerradas. Y, sin darme cuenta, terminé quedándome dormida.

    No sé cuánto tiempo pasó antes de que despertara.

    Lo único que recuerdo fue el dolor.

    Al principio fue una punzada en el costado. Después otra en el pecho. Luego otra recorriendo mi espalda. En cuestión de segundos sentí como si las grietas estuvieran ardiendo bajo mi piel. Intenté incorporarme lentamente mientras trataba de controlar la respiración, convenciéndome de que era solo otro episodio como los que había soportado durante el viaje. Pero aquella vez era diferente. Mucho peor. El dolor se extendía por todo mi cuerpo como si algo estuviera desgarrándome desde dentro. Apreté los dientes, intenté ponerme de pie y me apoyé contra la pared buscando estabilidad. La habitación comenzó a girar lentamente a mi alrededor. Di un paso. Luego otro. Intenté alcanzar mi mochila para buscar vendas limpias. No llegué. Mis piernas dejaron de responder y la oscuridad terminó tragándoselo todo.

    Cuando abrí los ojos nuevamente, lo primero que percibí fue el aroma de las hierbas medicinales. Después escuché el sonido del viento entrando por una ventana abierta y el canto lejano de algunas aves. Durante unos segundos permanecí inmóvil observando el techo sin entender dónde estaba. Aquella no era la habitación de la posada. Las paredes estaban cubiertas por estanterías llenas de frascos, libros antiguos y plantas secándose al sol. La luz atravesaba una amplia ventana de madera iluminando el interior con un tono cálido y tranquilo. Tardé varios segundos en comprender que me encontraba en otro lugar y fue entonces cuando una voz femenina llamó mi atención. Giré lentamente la cabeza y encontré a una joven sentada junto a la cama. Su largo cabello oscuro descendía sobre sus hombros adornado por un impresionante tocado ceremonial de plumas rojas y blancas. Numerosos adornos tribales decoraban su ropa, sus brazos y su cuello. A su lado descansaba una cesta llena de hierbas recién recogidas y, apoyado cerca de la ventana, un arco decorado con plumas reposaba contra la pared.

    Aira: —Por fin despiertas.

    Parpadeé varias veces intentando ordenar mis pensamientos. La cabeza todavía me daba vueltas.

    Fenrir: —¿Dónde estoy…?

    La muchacha sonrió ligeramente mientras apartaba algunas vendas de la cesta.

    Aira: —En casa de mi abuelo.

    Tardé un instante en comprenderlo.

    Fenrir: —¿El curandero?

    Aira: —El mismo que acaba de pasar toda la noche intentando averiguar por qué sigues viva.

    Aquella respuesta consiguió que bajara la mirada instintivamente. Fue entonces cuando me di cuenta de algo. Los vendajes que cubrían mi cuerpo habían sido cambiados. Todos. Las heridas estaban limpias y perfectamente tratadas. Incluso las zonas más difíciles de alcanzar durante mis viajes estaban cubiertas con nuevas vendas. Sentí cómo el rostro se me calentaba ligeramente al comprender lo que eso significaba. Ella había visto las grietas. Todas ellas. Aira pareció darse cuenta inmediatamente de lo que estaba pensando y soltó una pequeña risa.

    Aira: —Créeme. Yo también me sorprendí cuando las vi.

    Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió lentamente. Un anciano de cabello completamente blanco entró apoyándose en un bastón de madera. Su aspecto cansado dejaba claro que no había dormido demasiado durante la noche. Caminó hasta una mesa cercana cubierta de libros y notas escritas a mano antes de dirigir finalmente su atención hacia mí.

    Curandero: —Veo que ya despertaste.

    Fenrir: —¿Qué ocurrió?

    El anciano suspiró mientras tomaba asiento.

    Curandero: —Te desplomaste.

    Aquellas palabras parecían simples, pero su expresión era demasiado seria para que aquello fuera todo.

    Curandero: —Tus heridas están empeorando.

    Sentí un nudo formarse en mi estómago. Ya lo sabía. Lo había sentido durante semanas. Sin embargo, escuchar a alguien confirmarlo era diferente.

    Fenrir: —¿Puede curarlas?

    El silencio se prolongó varios segundos. Demasiados.

    Curandero: —No.

    La respuesta golpeó exactamente igual que todas las anteriores. Sin embargo, antes de que pudiera bajar la mirada, el anciano continuó hablando.

    Curandero: —Pero ahora sé algo que los demás no sabían.

    Levanté la cabeza inmediatamente.

    Fenrir: —¿Qué?

    Curandero: —Siguen activas.

    Mi respiración se detuvo durante un instante.

    Fenrir: —¿Activas?

    Curandero: —No son cicatrices. No son heridas normales. Algo continúa dañándote desde dentro incluso ahora.

    Aquellas palabras fueron seguidas por otro silencio. Uno mucho más pesado. Justo entonces la puerta volvió a abrirse. El muchacho de cabello blanco entró en la habitación con el brazo aún cubierto por vendas. El anciano observó sus heridas, después las mías y finalmente negó lentamente con la cabeza.

    Curandero: —Las de él se han estabilizado.

    Su dedo apuntó hacia mí.

    Curandero: —Las tuyas no.

    Nadie dijo nada durante varios segundos. No hacía falta.

    Las horas siguientes transcurrieron entre exámenes, preguntas y libros antiguos. El anciano comparó nuestras heridas, consultó documentos y revisó apuntes acumulados durante décadas. Sin embargo, cuanto más investigaba, más evidente se volvía una única conclusión: nuestras heridas compartían el mismo origen. El mismo responsable. Aquel muchacho. Cuando el sol comenzó a ocultarse tras las montañas, el anciano cerró finalmente uno de los libros y permaneció varios segundos observando el fuego de la chimenea antes de hablar.

    Curandero: —No puedo curarlos.

    La decepción apareció de inmediato.

    Curandero: —Todavía.

    Aquella última palabra consiguió que tanto yo como Aira levantáramos la cabeza.

    Fenrir: —¿Todavía?

    Curandero: —Conozco a alguien que podría acercarnos a una respuesta.

    Aira dejó escapar un suspiro que parecía indicar que ya sabía exactamente hacia dónde se dirigía aquella conversación.

    Aira: —Abuelo…

    Curandero: —Y tú vas a acompañarlos.

    La joven lo miró fijamente.

    Aira: —¿Yo?

    Curandero: —Sí.

    Aira: —¿Y por qué exactamente?

    El anciano me señaló directamente.

    Curandero: —Porque si esa chica sigue ignorando sus heridas, no llegará viva al próximo invierno.

    Sentí cómo la habitación entera quedaba en silencio.

    Curandero: —Y porque ninguno de ustedes debería continuar este viaje solo.

    Aira permaneció unos segundos observándonos. Primero a mí. Luego al muchacho de cabello blanco. Finalmente dejó escapar una pequeña sonrisa resignada.

    Aira: —Supongo que ya no tengo elección.

    Mientras la luz del atardecer teñía de naranja el interior de la casa y el viento movía suavemente las plumas del tocado de Aira junto a la ventana, comprendí que mi viaje acababa de cambiar para siempre. Había llegado a aquellas montañas buscando una cura y estaba a punto de marcharme con algo completamente distinto. Un nuevo rumbo. Nuevas preguntas. Y dos compañeros cuyos caminos, por alguna razón, acababan de quedar unidos al mío. Ninguno de nosotros sabía qué encontraríamos al final de aquella búsqueda. Ninguno sabía quién era realmente el muchacho responsable de nuestras heridas. Pero mientras observaba a Aira discutir con su abuelo y al silencioso espadachín apoyado junto a la puerta, tuve la sensación de que la verdadera historia apenas acababa de comenzar.
    •Las Crónicas De Fenrir Queen• Capítulo 3: La nieta del curandero La conversación con el muchacho continuó durante gran parte de la noche. Poco a poco la posada fue quedándose vacía hasta que únicamente permanecieron algunos viajeros rezagados junto a la chimenea y el tabernero ordenando la barra antes de cerrar. A pesar del tiempo que llevábamos sentados frente a frente, seguíamos sin conocer nuestros nombres. En circunstancias normales aquello habría resultado extraño, pero la verdad era que había cosas mucho más importantes ocupando nuestras mentes. Las grietas. El dolor. Y aquel muchacho. Cuanto más hablábamos, más evidente se volvía que ambos habíamos pasado por algo similar. Ninguno sabía quién era. Ninguno comprendía qué clase de poder utilizaba. Ninguno tenía respuestas. Sin embargo, por primera vez desde que comenzó mi viaje, sentía algo parecido al alivio. No porque hubiera encontrado una cura ni porque mis problemas estuvieran más cerca de resolverse, sino porque ya no era la única persona cargando con aquellas heridas. Cuando finalmente me retiré a descansar, el cansancio acumulado de las últimas semanas cayó sobre mí como una montaña. Apenas tuve fuerzas para dejar la mochila junto a la cama antes de desplomarme sobre el colchón. Durante unos minutos permanecí observando el techo de madera mientras escuchaba el viento golpear suavemente las ventanas de la posada. Pensé en todo lo que había ocurrido desde que abandoné casa. Pensé en todos los curanderos que había visitado. En todas las respuestas negativas. En todas las puertas cerradas. Y, sin darme cuenta, terminé quedándome dormida. No sé cuánto tiempo pasó antes de que despertara. Lo único que recuerdo fue el dolor. Al principio fue una punzada en el costado. Después otra en el pecho. Luego otra recorriendo mi espalda. En cuestión de segundos sentí como si las grietas estuvieran ardiendo bajo mi piel. Intenté incorporarme lentamente mientras trataba de controlar la respiración, convenciéndome de que era solo otro episodio como los que había soportado durante el viaje. Pero aquella vez era diferente. Mucho peor. El dolor se extendía por todo mi cuerpo como si algo estuviera desgarrándome desde dentro. Apreté los dientes, intenté ponerme de pie y me apoyé contra la pared buscando estabilidad. La habitación comenzó a girar lentamente a mi alrededor. Di un paso. Luego otro. Intenté alcanzar mi mochila para buscar vendas limpias. No llegué. Mis piernas dejaron de responder y la oscuridad terminó tragándoselo todo. Cuando abrí los ojos nuevamente, lo primero que percibí fue el aroma de las hierbas medicinales. Después escuché el sonido del viento entrando por una ventana abierta y el canto lejano de algunas aves. Durante unos segundos permanecí inmóvil observando el techo sin entender dónde estaba. Aquella no era la habitación de la posada. Las paredes estaban cubiertas por estanterías llenas de frascos, libros antiguos y plantas secándose al sol. La luz atravesaba una amplia ventana de madera iluminando el interior con un tono cálido y tranquilo. Tardé varios segundos en comprender que me encontraba en otro lugar y fue entonces cuando una voz femenina llamó mi atención. Giré lentamente la cabeza y encontré a una joven sentada junto a la cama. Su largo cabello oscuro descendía sobre sus hombros adornado por un impresionante tocado ceremonial de plumas rojas y blancas. Numerosos adornos tribales decoraban su ropa, sus brazos y su cuello. A su lado descansaba una cesta llena de hierbas recién recogidas y, apoyado cerca de la ventana, un arco decorado con plumas reposaba contra la pared. Aira: —Por fin despiertas. Parpadeé varias veces intentando ordenar mis pensamientos. La cabeza todavía me daba vueltas. Fenrir: —¿Dónde estoy…? La muchacha sonrió ligeramente mientras apartaba algunas vendas de la cesta. Aira: —En casa de mi abuelo. Tardé un instante en comprenderlo. Fenrir: —¿El curandero? Aira: —El mismo que acaba de pasar toda la noche intentando averiguar por qué sigues viva. Aquella respuesta consiguió que bajara la mirada instintivamente. Fue entonces cuando me di cuenta de algo. Los vendajes que cubrían mi cuerpo habían sido cambiados. Todos. Las heridas estaban limpias y perfectamente tratadas. Incluso las zonas más difíciles de alcanzar durante mis viajes estaban cubiertas con nuevas vendas. Sentí cómo el rostro se me calentaba ligeramente al comprender lo que eso significaba. Ella había visto las grietas. Todas ellas. Aira pareció darse cuenta inmediatamente de lo que estaba pensando y soltó una pequeña risa. Aira: —Créeme. Yo también me sorprendí cuando las vi. Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió lentamente. Un anciano de cabello completamente blanco entró apoyándose en un bastón de madera. Su aspecto cansado dejaba claro que no había dormido demasiado durante la noche. Caminó hasta una mesa cercana cubierta de libros y notas escritas a mano antes de dirigir finalmente su atención hacia mí. Curandero: —Veo que ya despertaste. Fenrir: —¿Qué ocurrió? El anciano suspiró mientras tomaba asiento. Curandero: —Te desplomaste. Aquellas palabras parecían simples, pero su expresión era demasiado seria para que aquello fuera todo. Curandero: —Tus heridas están empeorando. Sentí un nudo formarse en mi estómago. Ya lo sabía. Lo había sentido durante semanas. Sin embargo, escuchar a alguien confirmarlo era diferente. Fenrir: —¿Puede curarlas? El silencio se prolongó varios segundos. Demasiados. Curandero: —No. La respuesta golpeó exactamente igual que todas las anteriores. Sin embargo, antes de que pudiera bajar la mirada, el anciano continuó hablando. Curandero: —Pero ahora sé algo que los demás no sabían. Levanté la cabeza inmediatamente. Fenrir: —¿Qué? Curandero: —Siguen activas. Mi respiración se detuvo durante un instante. Fenrir: —¿Activas? Curandero: —No son cicatrices. No son heridas normales. Algo continúa dañándote desde dentro incluso ahora. Aquellas palabras fueron seguidas por otro silencio. Uno mucho más pesado. Justo entonces la puerta volvió a abrirse. El muchacho de cabello blanco entró en la habitación con el brazo aún cubierto por vendas. El anciano observó sus heridas, después las mías y finalmente negó lentamente con la cabeza. Curandero: —Las de él se han estabilizado. Su dedo apuntó hacia mí. Curandero: —Las tuyas no. Nadie dijo nada durante varios segundos. No hacía falta. Las horas siguientes transcurrieron entre exámenes, preguntas y libros antiguos. El anciano comparó nuestras heridas, consultó documentos y revisó apuntes acumulados durante décadas. Sin embargo, cuanto más investigaba, más evidente se volvía una única conclusión: nuestras heridas compartían el mismo origen. El mismo responsable. Aquel muchacho. Cuando el sol comenzó a ocultarse tras las montañas, el anciano cerró finalmente uno de los libros y permaneció varios segundos observando el fuego de la chimenea antes de hablar. Curandero: —No puedo curarlos. La decepción apareció de inmediato. Curandero: —Todavía. Aquella última palabra consiguió que tanto yo como Aira levantáramos la cabeza. Fenrir: —¿Todavía? Curandero: —Conozco a alguien que podría acercarnos a una respuesta. Aira dejó escapar un suspiro que parecía indicar que ya sabía exactamente hacia dónde se dirigía aquella conversación. Aira: —Abuelo… Curandero: —Y tú vas a acompañarlos. La joven lo miró fijamente. Aira: —¿Yo? Curandero: —Sí. Aira: —¿Y por qué exactamente? El anciano me señaló directamente. Curandero: —Porque si esa chica sigue ignorando sus heridas, no llegará viva al próximo invierno. Sentí cómo la habitación entera quedaba en silencio. Curandero: —Y porque ninguno de ustedes debería continuar este viaje solo. Aira permaneció unos segundos observándonos. Primero a mí. Luego al muchacho de cabello blanco. Finalmente dejó escapar una pequeña sonrisa resignada. Aira: —Supongo que ya no tengo elección. Mientras la luz del atardecer teñía de naranja el interior de la casa y el viento movía suavemente las plumas del tocado de Aira junto a la ventana, comprendí que mi viaje acababa de cambiar para siempre. Había llegado a aquellas montañas buscando una cura y estaba a punto de marcharme con algo completamente distinto. Un nuevo rumbo. Nuevas preguntas. Y dos compañeros cuyos caminos, por alguna razón, acababan de quedar unidos al mío. Ninguno de nosotros sabía qué encontraríamos al final de aquella búsqueda. Ninguno sabía quién era realmente el muchacho responsable de nuestras heridas. Pero mientras observaba a Aira discutir con su abuelo y al silencioso espadachín apoyado junto a la puerta, tuve la sensación de que la verdadera historia apenas acababa de comenzar.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Les vengo a dar un dato triste de uno de mis personajes, HeeSeung tiene cáncer hace mucho tiempo y lamentablemente no está ganando la batalla. //
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    [Tercer inundado de, Elina Drakon]

    — ¿A la reina le gusta el cosplay? —

    La respuesta correcta sería "Si, pero inconcientemente".

    Al llegar a la tierra, Elina descubrió prendas y vestuarios más allá de solo sus vestidos elegantes, pero cotidianos, con el tiempo ésta iría conociendo a personas humanas que le enseñarían como vestirse de una manera más casual, así que la dragón fue probando vestuario por vestuario que por cierto llamaban mucho su atención, pero como todos buenos amigos, aprovecharon que tenía muy poca noción de que era un cosplay y que no así que le hicieron usar algunos por mera broma, lo que estos no se esperaban es que ciertas ropas si le gustaría, por eso hasta el sol de hoy su estilo varía bastante y tiene ropas que jamás le mostraría al mundo que usa. Sale de manera casual, usa vestidos elegantes al salir a una reunión o fiesta importante, pero en solitario o con sus amigos humanos, pues... A veces y solo a veces usa uno que otro Cosplay que parecen vestidos cotidianos para ella.
    [Tercer inundado de, Elina Drakon] — ¿A la reina le gusta el cosplay? — La respuesta correcta sería "Si, pero inconcientemente". Al llegar a la tierra, Elina descubrió prendas y vestuarios más allá de solo sus vestidos elegantes, pero cotidianos, con el tiempo ésta iría conociendo a personas humanas que le enseñarían como vestirse de una manera más casual, así que la dragón fue probando vestuario por vestuario que por cierto llamaban mucho su atención, pero como todos buenos amigos, aprovecharon que tenía muy poca noción de que era un cosplay y que no así que le hicieron usar algunos por mera broma, lo que estos no se esperaban es que ciertas ropas si le gustaría, por eso hasta el sol de hoy su estilo varía bastante y tiene ropas que jamás le mostraría al mundo que usa. Sale de manera casual, usa vestidos elegantes al salir a una reunión o fiesta importante, pero en solitario o con sus amigos humanos, pues... A veces y solo a veces usa uno que otro Cosplay que parecen vestidos cotidianos para ella.
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