• Se que esto consumirá mucha energía maldita pero no puedo perder más el tiempo...Expansión de Domino!.
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  • La teoría de las cosas demasiado cerca
    Categoría Comedia
    —¿Un maullido tierno, a esta hora? Ja. ¿Por quién me toman?
    Me quedo con la lata en el aire, escuchando. Miro para la ventana, pero no veo un carajo. El atardecer, la cortina, el monitor apagado haciéndose el profundo. Nada más.
    Los lentes, andá a saber. Seguro cerca. Las cosas importantes siempre estaban cerca, pero del lado equivocado.
    —Taimado, el enemigo. Pero le erró de vieja.
    Me levanto rápido. Demasiado. La mesa ratona sigue donde estuvo siempre, supongo, pero mi rodilla no. Le doy de lleno contra la punta y veo estrellas. Estrellas feas, de entrecasa.
    La lata se me va.
    La manoteo antes del desastre.
    Menos mal. La rodilla era asunto de la rodilla. La cerveza era la última.
    —Hijos de puta —digo, apretando la rodilla como si eso cambiara algo sin soltar la lata—. Me quieren dejar ciega y sobria.
    Tomo un trago. Por las dudas. La rodilla late como si tuviera cosas para decir, pero no estaba la noche para quejarse por partes. Una sola desgracia a la vez.
    Voy hasta la ventana medio torcida, pegada a la pared. No por miedo. Por estrategia. Asomarse de frente era de principiante. O de mártir. Y yo no pensaba arrancar ninguna carrera nueva a esta altura.
    Corro la cortina con dos dedos.
    En el patio no se mueve nada.
    Después sí.
    Algo oscuro entre los arbustos. Dos ojos. O uno. Puede ser un gato. Puede ser una bolsa. Puede ser cualquier porquería, con esta luz.
    Me quedo quieta.
    Si era un gato, no estaba ahí porque sí. A esta altura de la vida, nada estaba porque sí. Ni el gato, ni la lata, ni la rodilla. Mucho menos la rodilla, que siempre había tenido opiniones de más.
    Apoyo la cerveza en el alféizar y señalo el jardín.
    —Escuchame bien. Si te mandaron mis antiguos perseguidores, avisales que La Fénix sigue en pie.
    Me miro la pierna.
    —Más o menos.
    El bulto no se mueve.
    —Si venís a matarme, hacé fila. Si venís a salvarme, llegás tarde. Y si sos una porquería del jardín, no me hagas quedar como una pelotuda.
    Espero.
    El arbusto se sacude apenas.
    Bajo la voz.
    —Dame una señal.
    La cosa maúlla.
    Cierro los ojos.
    —Una señal seria, animal. No me boludees.
    Cierro los ojos.
    Entonces algo golpea suave contra el vidrio.
    Abro un ojo.
    No fuerte. Peor. Educado.
    Tac.
    Manoteo los anteojos, le erro y caen por la ventana.
    —¡Pero será posible!
    El patio sigue igual de oscuro. El arbusto, quieto. La cortina, pegada a mi mano. En el alféizar, la lata transpira como un testigo débil.
    Tac.
    Esta vez lo veo. O creo que lo veo. Algo chiquito pega contra la ventana y cae del lado de afuera.
    Una piedrita.
    Me quedo mirando la piedrita como si acabara de firmar una confesión.
    —Ajá
    La rodilla late.
    El bulto se mueve entre las plantas. No sale. No entra. Espera. Como esperan los que saben que una ya entendió demasiado.
    Agarro la lata. Después la dejo. Una mano ocupada es una mano menos. Agarro, en cambio, el destapador que estaba sobre la mesa. No es un arma. Pero en manos de una mujer decidida, casi cualquier cosa puede serlo. No iba a malgastar la opción de mi brazo en cualquier cosa.
    Voy hasta la puerta del patio rengueando con dignidad irregular.
    —Buen... Si empezó el baile, tacos fuera.
    Abro la puerta.
    El aire de afuera entra frío, con olor a tierra mojada y a esa humedad vieja de los patios que no limpiamos ni en pedo.
    No hay nadie.
    Por supuesto.
    Doy un paso.
    Algo cruje bajo mi pantufla.
    Bajo la vista.
    Mis lentes.
    Enteros.
    Perfectamente acomodados sobre el felpudo, como si alguien los hubiera dejado ahí para mí.
    Me agacho despacio. La rodilla protesta con argumentos primarios. Levanto los lentes y me los pongo.
    El mundo vuelve de golpe. Feo, detallado, imperdonable.
    Y entonces veo lo que hay entre los arbustos.
    No es un gato.

    (Marta acaba de encontrar sus lentes afuera, sobre el felpudo. No sabe quién los dejó ahí ni qué hay entre los arbustos. Puede entrar cualquier personaje que tenga una razón —buena, mala o ridícula— para estar en ese patio.)
    —¿Un maullido tierno, a esta hora? Ja. ¿Por quién me toman? Me quedo con la lata en el aire, escuchando. Miro para la ventana, pero no veo un carajo. El atardecer, la cortina, el monitor apagado haciéndose el profundo. Nada más. Los lentes, andá a saber. Seguro cerca. Las cosas importantes siempre estaban cerca, pero del lado equivocado. —Taimado, el enemigo. Pero le erró de vieja. Me levanto rápido. Demasiado. La mesa ratona sigue donde estuvo siempre, supongo, pero mi rodilla no. Le doy de lleno contra la punta y veo estrellas. Estrellas feas, de entrecasa. La lata se me va. La manoteo antes del desastre. Menos mal. La rodilla era asunto de la rodilla. La cerveza era la última. —Hijos de puta —digo, apretando la rodilla como si eso cambiara algo sin soltar la lata—. Me quieren dejar ciega y sobria. Tomo un trago. Por las dudas. La rodilla late como si tuviera cosas para decir, pero no estaba la noche para quejarse por partes. Una sola desgracia a la vez. Voy hasta la ventana medio torcida, pegada a la pared. No por miedo. Por estrategia. Asomarse de frente era de principiante. O de mártir. Y yo no pensaba arrancar ninguna carrera nueva a esta altura. Corro la cortina con dos dedos. En el patio no se mueve nada. Después sí. Algo oscuro entre los arbustos. Dos ojos. O uno. Puede ser un gato. Puede ser una bolsa. Puede ser cualquier porquería, con esta luz. Me quedo quieta. Si era un gato, no estaba ahí porque sí. A esta altura de la vida, nada estaba porque sí. Ni el gato, ni la lata, ni la rodilla. Mucho menos la rodilla, que siempre había tenido opiniones de más. Apoyo la cerveza en el alféizar y señalo el jardín. —Escuchame bien. Si te mandaron mis antiguos perseguidores, avisales que La Fénix sigue en pie. Me miro la pierna. —Más o menos. El bulto no se mueve. —Si venís a matarme, hacé fila. Si venís a salvarme, llegás tarde. Y si sos una porquería del jardín, no me hagas quedar como una pelotuda. Espero. El arbusto se sacude apenas. Bajo la voz. —Dame una señal. La cosa maúlla. Cierro los ojos. —Una señal seria, animal. No me boludees. Cierro los ojos. Entonces algo golpea suave contra el vidrio. Abro un ojo. No fuerte. Peor. Educado. Tac. Manoteo los anteojos, le erro y caen por la ventana. —¡Pero será posible! El patio sigue igual de oscuro. El arbusto, quieto. La cortina, pegada a mi mano. En el alféizar, la lata transpira como un testigo débil. Tac. Esta vez lo veo. O creo que lo veo. Algo chiquito pega contra la ventana y cae del lado de afuera. Una piedrita. Me quedo mirando la piedrita como si acabara de firmar una confesión. —Ajá La rodilla late. El bulto se mueve entre las plantas. No sale. No entra. Espera. Como esperan los que saben que una ya entendió demasiado. Agarro la lata. Después la dejo. Una mano ocupada es una mano menos. Agarro, en cambio, el destapador que estaba sobre la mesa. No es un arma. Pero en manos de una mujer decidida, casi cualquier cosa puede serlo. No iba a malgastar la opción de mi brazo en cualquier cosa. Voy hasta la puerta del patio rengueando con dignidad irregular. —Buen... Si empezó el baile, tacos fuera. Abro la puerta. El aire de afuera entra frío, con olor a tierra mojada y a esa humedad vieja de los patios que no limpiamos ni en pedo. No hay nadie. Por supuesto. Doy un paso. Algo cruje bajo mi pantufla. Bajo la vista. Mis lentes. Enteros. Perfectamente acomodados sobre el felpudo, como si alguien los hubiera dejado ahí para mí. Me agacho despacio. La rodilla protesta con argumentos primarios. Levanto los lentes y me los pongo. El mundo vuelve de golpe. Feo, detallado, imperdonable. Y entonces veo lo que hay entre los arbustos. No es un gato. (Marta acaba de encontrar sus lentes afuera, sobre el felpudo. No sabe quién los dejó ahí ni qué hay entre los arbustos. Puede entrar cualquier personaje que tenga una razón —buena, mala o ridícula— para estar en ese patio.)
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  • Cierro los ojos.
    —Una señal seria, animal. No me boludees.
    Entonces algo golpea suave contra el vidrio.
    Abro un ojo.
    En el alféizar, al lado de la lata, están mis lentes.
    Entonces algo golpea contra el vidrio.
    No fuerte. Peor. Educado.
    Tac.
    Manoteo los anteojos, le erro y caen por la ventana.
    —¡Pero será posible!
    El patio sigue igual de oscuro. El arbusto, quieto. La cortina, pegada a mi mano. En el alféizar, la lata transpira como un testigo débil.
    Tac.
    Esta vez lo veo. O creo que lo veo. Algo chiquito pega contra la ventana y cae del lado de afuera.
    Una piedrita.
    Me quedo mirando la piedrita como si acabara de firmar una confesión.
    —Ajá
    La rodilla late.
    El bulto se mueve entre las plantas. No sale. No entra. Espera. Como esperan los que saben que una ya entendió demasiado.
    Agarro la lata. Después la dejo. Una mano ocupada es una mano menos. Agarro, en cambio, el destapador que estaba sobre la mesa. No es un arma. Pero en manos de una mujer decidida, casi cualquier cosa puede serlo. No iba a malgastar la opción de mi brazo en cualquier cosa.
    Voy hasta la puerta del patio rengueando con dignidad irregular.
    —Buen... Si empezó el baile, que suene la orquesta.
    Abro la puerta.
    El aire de afuera entra frío, con olor a tierra mojada y a esa humedad vieja de los patios que no limpiamos ni en pedo.
    No hay nadie.
    Por supuesto.
    Doy un paso.
    Algo cruje bajo mi pantufla.
    Bajo la vista.
    Mis lentes.
    Enteros.
    Perfectamente acomodados sobre el felpudo, como si alguien los hubiera dejado ahí para mí.
    Me agacho despacio. La rodilla protesta con argumentos primarios. Levanto los lentes y me los pongo.
    El mundo vuelve de golpe. Feo, detallado, imperdonable.
    Y entonces veo lo que hay entre los arbustos.
    No es un gato.
    Cierro los ojos. —Una señal seria, animal. No me boludees. Entonces algo golpea suave contra el vidrio. Abro un ojo. En el alféizar, al lado de la lata, están mis lentes. Entonces algo golpea contra el vidrio. No fuerte. Peor. Educado. Tac. Manoteo los anteojos, le erro y caen por la ventana. —¡Pero será posible! El patio sigue igual de oscuro. El arbusto, quieto. La cortina, pegada a mi mano. En el alféizar, la lata transpira como un testigo débil. Tac. Esta vez lo veo. O creo que lo veo. Algo chiquito pega contra la ventana y cae del lado de afuera. Una piedrita. Me quedo mirando la piedrita como si acabara de firmar una confesión. —Ajá La rodilla late. El bulto se mueve entre las plantas. No sale. No entra. Espera. Como esperan los que saben que una ya entendió demasiado. Agarro la lata. Después la dejo. Una mano ocupada es una mano menos. Agarro, en cambio, el destapador que estaba sobre la mesa. No es un arma. Pero en manos de una mujer decidida, casi cualquier cosa puede serlo. No iba a malgastar la opción de mi brazo en cualquier cosa. Voy hasta la puerta del patio rengueando con dignidad irregular. —Buen... Si empezó el baile, que suene la orquesta. Abro la puerta. El aire de afuera entra frío, con olor a tierra mojada y a esa humedad vieja de los patios que no limpiamos ni en pedo. No hay nadie. Por supuesto. Doy un paso. Algo cruje bajo mi pantufla. Bajo la vista. Mis lentes. Enteros. Perfectamente acomodados sobre el felpudo, como si alguien los hubiera dejado ahí para mí. Me agacho despacio. La rodilla protesta con argumentos primarios. Levanto los lentes y me los pongo. El mundo vuelve de golpe. Feo, detallado, imperdonable. Y entonces veo lo que hay entre los arbustos. No es un gato.
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  • Técnicos corrían de un lado a otro, cámaras flotantes ajustaban ángulos y enormes paneles luminosos anunciaban el evento más esperado del Infierno. Por primera vez en muchísimo tiempo, dos medios rivales habían decidido colaborar.

    Y, sorprendentemente, Vox estaba encantado con ello.

    —¡Más luces en el escenario principal! ¡Quiero que esas cámaras puedan captar cada maldito detalle! —

    ordené mientras observaba decenas de monitores al mismo tiempo

    —. ¡Esto va a romper todos los récords de audiencia!

    Mi sonrisa digital brillaba de oreja a oreja. Las estadísticas subían incluso antes de comenzar la transmisión. La expectativa era enorme. Televisión y radio unidas. Vox y Alastor compartiendo pantalla. Era una combinación tan absurda que se había vuelto irresistible.

    Giré sobre mis talones al escuchar movimiento detrás de mí.

    —¡Ah! Justo a quien buscaba.

    Me acerqué con una energía inusualmente genuina, sosteniendo una tableta repleta de datos, horarios y proyecciones de audiencia.

    —Escucha, Alastor. Sé que normalmente haces las cosas a tu manera, pero esta noche necesitamos algo grande. Nada de desapariciones misteriosas a mitad del espectáculo, nada de convertir a los camarógrafos en decoración ni de asustar a los patrocinadores antes de tiempo.

    Solté una pequeña risa electrónica.

    —Bueno... al menos no durante los primeros treinta minutos.

    Las pantallas cercanas mostraron una cuenta regresiva gigante. Faltaban pocos minutos para salir al aire.

    —¿Puedes creerlo? Toda la ciudad está pendiente de esto. Tu audiencia, mi audiencia... por una vez todos están mirando la misma transmisión.

    Extendí un brazo hacia el enorme escenario iluminado al otro lado del cristal.

    —Vamos, viejo amigo. Te toca prepararte. En cuanto esa cuenta llegue a cero, vamos a demostrarle al Infierno lo que ocurre cuando la radio y la televisión dejan de pelear y deciden conquistar el mundo juntos.

    ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒
    Técnicos corrían de un lado a otro, cámaras flotantes ajustaban ángulos y enormes paneles luminosos anunciaban el evento más esperado del Infierno. Por primera vez en muchísimo tiempo, dos medios rivales habían decidido colaborar. Y, sorprendentemente, Vox estaba encantado con ello. —¡Más luces en el escenario principal! ¡Quiero que esas cámaras puedan captar cada maldito detalle! — ordené mientras observaba decenas de monitores al mismo tiempo —. ¡Esto va a romper todos los récords de audiencia! Mi sonrisa digital brillaba de oreja a oreja. Las estadísticas subían incluso antes de comenzar la transmisión. La expectativa era enorme. Televisión y radio unidas. Vox y Alastor compartiendo pantalla. Era una combinación tan absurda que se había vuelto irresistible. Giré sobre mis talones al escuchar movimiento detrás de mí. —¡Ah! Justo a quien buscaba. Me acerqué con una energía inusualmente genuina, sosteniendo una tableta repleta de datos, horarios y proyecciones de audiencia. —Escucha, Alastor. Sé que normalmente haces las cosas a tu manera, pero esta noche necesitamos algo grande. Nada de desapariciones misteriosas a mitad del espectáculo, nada de convertir a los camarógrafos en decoración ni de asustar a los patrocinadores antes de tiempo. Solté una pequeña risa electrónica. —Bueno... al menos no durante los primeros treinta minutos. Las pantallas cercanas mostraron una cuenta regresiva gigante. Faltaban pocos minutos para salir al aire. —¿Puedes creerlo? Toda la ciudad está pendiente de esto. Tu audiencia, mi audiencia... por una vez todos están mirando la misma transmisión. Extendí un brazo hacia el enorme escenario iluminado al otro lado del cristal. —Vamos, viejo amigo. Te toca prepararte. En cuanto esa cuenta llegue a cero, vamos a demostrarle al Infierno lo que ocurre cuando la radio y la televisión dejan de pelear y deciden conquistar el mundo juntos. [Alastor_rabbit]
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  • -Las puertas automaticas se abrieron con un suave siseo, permitiendo que Vaelith ingresara al inmenso complejo cientifico. Sus pasos fueron silenciosos mientras sus ojos rojizos recorrian cada rincon, pantallas luminosas, brazos mecanicos, enormes capsulas de cristal y maquinas cuyo funcionamiento escapaba de los conocimientos del Elfo, no habia asombro en su rostro, sino una curiosidad tranquila mientras observaba como la humanidad habia aprendido a crear herramientas capcaces de desafiar los limites de la naturaleza.-

    "Seres con una vida tan fugaz.. siendo capaces de ir contra el orden natural, es.. facintante."

    -El Laboratorio se encontraba completamente vacio. Solo el zumbido constante de las maquinas y el brillo de las pantallas rompian el silencio. Frente a enormes camaras de contencion descansaban criaturas de distintas especies, algunas dormidas y otras inmoviles, conectadas a innumerables dispositivos.-

    "Experimentar en otras especies.. la malicia humana no tiene limites."

    -Vaelith camino entre ellas con calma, deteniendose frente a cada experimento para estudiar su funcionamiento. No habia nadie a quien preguntarle, a quien observar. Unicamente maquinas seguian trabajando por si solas-

    "El nombre de este lugar era...Corp.."
    -Las puertas automaticas se abrieron con un suave siseo, permitiendo que Vaelith ingresara al inmenso complejo cientifico. Sus pasos fueron silenciosos mientras sus ojos rojizos recorrian cada rincon, pantallas luminosas, brazos mecanicos, enormes capsulas de cristal y maquinas cuyo funcionamiento escapaba de los conocimientos del Elfo, no habia asombro en su rostro, sino una curiosidad tranquila mientras observaba como la humanidad habia aprendido a crear herramientas capcaces de desafiar los limites de la naturaleza.- "Seres con una vida tan fugaz.. siendo capaces de ir contra el orden natural, es.. facintante." -El Laboratorio se encontraba completamente vacio. Solo el zumbido constante de las maquinas y el brillo de las pantallas rompian el silencio. Frente a enormes camaras de contencion descansaban criaturas de distintas especies, algunas dormidas y otras inmoviles, conectadas a innumerables dispositivos.- "Experimentar en otras especies.. la malicia humana no tiene limites." -Vaelith camino entre ellas con calma, deteniendose frente a cada experimento para estudiar su funcionamiento. No habia nadie a quien preguntarle, a quien observar. Unicamente maquinas seguian trabajando por si solas- "El nombre de este lugar era...Corp.."
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  • El equipo Red Eclipse
    Fandom Oc/Uma Musume
    Categoría Slice of Life
    "Starter para el Spin-Off de las caballas."

    *Junto a Jera y Cynthia Jane☀️ conformamos el equipo Red Eclipse. El nuevo equipo de la academia Tracen que venía con una muy buena Racha en las últimas carreras. Ambas Umas estaban en muy buena forma, y tenían estrategias distintas para ganar una carrera:

    Jera es una velocista, alcanza los primeros lugares en cuestión de segundos ya que tiene un arranque y poder abismales con su habilidad. Ideal para carreras más cortas que requieran acciones rápidas.

    Cynthia por otra parte es una excelente Fondista, con una gran cantidad de stamina para resistir eternas carreras y cuando las demás Umas están cansadas, acelerar en los últimos metros para conseguir la victoria.

    En este momento nos encontrábamos entrenando para la Pegasus Stakes, Pero necesitamos más miembros para poder calificar y entrar a las G1 Nacionales.*

    Jera: "¿Entonces tenemos que tener algunas Umas más?"

    *Dijo Jera estirando los hombros y Brazos.*

    Jero: "Así es. Para que nuestro equipo sea competitivo necesitamos más participantes del equipo Red Eclipse y cubrir todos los frentes posibles. Solo así seremos un equipo competitivo."

    *Le comentaba a Jera mientras ayudaba a Cynthia con el estiramiento de piernas.*

    //Si bien solo mencioné a Cynthia en el Starter, quien quiera participar que comente con alguna acción en este mismo espacio para ser parte del Team Red Eclipse.
    "Starter para el Spin-Off de las caballas." *Junto a Jera y [CynthiaJane21] conformamos el equipo Red Eclipse. El nuevo equipo de la academia Tracen que venía con una muy buena Racha en las últimas carreras. Ambas Umas estaban en muy buena forma, y tenían estrategias distintas para ganar una carrera: Jera es una velocista, alcanza los primeros lugares en cuestión de segundos ya que tiene un arranque y poder abismales con su habilidad. Ideal para carreras más cortas que requieran acciones rápidas. Cynthia por otra parte es una excelente Fondista, con una gran cantidad de stamina para resistir eternas carreras y cuando las demás Umas están cansadas, acelerar en los últimos metros para conseguir la victoria. En este momento nos encontrábamos entrenando para la Pegasus Stakes, Pero necesitamos más miembros para poder calificar y entrar a las G1 Nacionales.* Jera: "¿Entonces tenemos que tener algunas Umas más?" *Dijo Jera estirando los hombros y Brazos.* Jero: "Así es. Para que nuestro equipo sea competitivo necesitamos más participantes del equipo Red Eclipse y cubrir todos los frentes posibles. Solo así seremos un equipo competitivo." *Le comentaba a Jera mientras ayudaba a Cynthia con el estiramiento de piernas.* //Si bien solo mencioné a Cynthia en el Starter, quien quiera participar que comente con alguna acción en este mismo espacio para ser parte del Team Red Eclipse.
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  • Todo era oscuro. La oscuridad le envolvía, crecía y se extendía allí donde uno podía posar la vista. Siquiera era consciente de su cuerpo o de si mismo. No sentía nada. Absolutamente nada. Echó a andar. O creyó hacerlo. Avanzaba por esa oscuridad, hasta que ya no había oscuridad. De pronto sus pies estaban en medio de un suelo de madera recién encerado. La luz que lo rodeaba era cálida y acogedora.

    Giró el rostro.

    Todas las paredes estaban repletas de estanterías tan altas que se perdían en el techo hacia lo alto allá donde uno podía fijar la vista. Podía escuchar el crepitar de una chimenea y como alguien pasaba tranquilamente las hojas de un libro.

    Avanzó de forma precavida, casi dudando de estar en el lugar correcto, o de si estaba realmente en alguna parte. Conforme sus pasos avanzaron pudo ver aparecer delante de él dos butacas de orejas de color burdeos frente a la chimenea y solo una de ellas estaba ocupada.

    El ocupante de la butaca alargó su mano hacia una mesita auxiliar de madera oscura que Klaus hubiera jurado antes no se encontraba allí. Tomó una taza de porcelana blanca y pareció llevársela a los labios.

    Klaus llegó hasta el desconocido.

    -Hola, amigo… ¿Puedes decirme donde estoy? -preguntó.

    Entonces, una voz sonó tranquila a sus espaldas.

    -¡Ya estaba esperando que llegaras! -habló alguien de forma alegre y entusiasmada.

    Klaus se giró rápidamente sobre sus propios pies y sus cejas se arquearon con sorpresa al ver a un hombre sentado a medias sobre una mesa robusta de madera de caoba que antes no había estado allí. La hubiera visto… ¿verdad?

    Klaus arrugó sus labios mostrando los colmillos ante aquella posible amenaza. Entonces el tipo dejó el libro que tenia en las manos, (espera, ¿desde cuando tenia un libro en las manos?) y se levantó alzando sus manos en son de paz.

    -Tranquilo, Klaus Mikaelson. No corres peligro aquí… -le dijo con voz calmada.

    -¿Qué extraño ardid es este? ¿Qué brujería has tramado? ¿Quién eres? -preguntó, molesto, el hibrido.

    El desconocido alzó su mirada y extendió sus brazos a ambos lados.

    -Estás en el limbo. Bueno, mi limbo –aclaró el desconocido- Estoy atrapado aquí, así que lo he reformado a mi gusto… -el hombre alzó la mirada, orgulloso- Ha quedado chulo, ¿eh?.

    Klaus fue a replicar pero fue interrumpido.

    -Ah no, no, tranquilo…- respondió, como si Klaus hubiera hecho una pregunta- No, no te preocupes. Tú solo estás de paso. Volverás a casa en un santiamén. Y sí, aquí puedo saber lo que piensas. Es mi limbo, ¿recuerdas? -preguntó con una sonrisa afable.

    Klaus dejó ir el aire por la nariz.

    -Vale, y, ¿porqué estoy aquí? -preguntó el hibrido, sin demasiada paciencia.

    El habitante del limbo dejó ir una sonrisita.

    -Una pequeña travesura, me temo… -reconoció- Pero he de reconocer que mi pupila ha hecho un trabajo exquisito…

    Klaus lo miró extrañado.

    -Ah, claro. Qué maleducado…- el hombre desconocido se dio una palmada en la frente- No me he presentado. Me llamo Merlín -alargó una mano hacia Klaus- El Mago. Merlín el Mago.


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⸻
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤfragmento de rol de trama:
    ㅤㅤㅤㅤㅤ https://ficrol.com/posts/377425
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⸻
    Todo era oscuro. La oscuridad le envolvía, crecía y se extendía allí donde uno podía posar la vista. Siquiera era consciente de su cuerpo o de si mismo. No sentía nada. Absolutamente nada. Echó a andar. O creyó hacerlo. Avanzaba por esa oscuridad, hasta que ya no había oscuridad. De pronto sus pies estaban en medio de un suelo de madera recién encerado. La luz que lo rodeaba era cálida y acogedora. Giró el rostro. Todas las paredes estaban repletas de estanterías tan altas que se perdían en el techo hacia lo alto allá donde uno podía fijar la vista. Podía escuchar el crepitar de una chimenea y como alguien pasaba tranquilamente las hojas de un libro. Avanzó de forma precavida, casi dudando de estar en el lugar correcto, o de si estaba realmente en alguna parte. Conforme sus pasos avanzaron pudo ver aparecer delante de él dos butacas de orejas de color burdeos frente a la chimenea y solo una de ellas estaba ocupada. El ocupante de la butaca alargó su mano hacia una mesita auxiliar de madera oscura que Klaus hubiera jurado antes no se encontraba allí. Tomó una taza de porcelana blanca y pareció llevársela a los labios. Klaus llegó hasta el desconocido. -Hola, amigo… ¿Puedes decirme donde estoy? -preguntó. Entonces, una voz sonó tranquila a sus espaldas. -¡Ya estaba esperando que llegaras! -habló alguien de forma alegre y entusiasmada. Klaus se giró rápidamente sobre sus propios pies y sus cejas se arquearon con sorpresa al ver a un hombre sentado a medias sobre una mesa robusta de madera de caoba que antes no había estado allí. La hubiera visto… ¿verdad? Klaus arrugó sus labios mostrando los colmillos ante aquella posible amenaza. Entonces el tipo dejó el libro que tenia en las manos, (espera, ¿desde cuando tenia un libro en las manos?) y se levantó alzando sus manos en son de paz. -Tranquilo, Klaus Mikaelson. No corres peligro aquí… -le dijo con voz calmada. -¿Qué extraño ardid es este? ¿Qué brujería has tramado? ¿Quién eres? -preguntó, molesto, el hibrido. El desconocido alzó su mirada y extendió sus brazos a ambos lados. -Estás en el limbo. Bueno, mi limbo –aclaró el desconocido- Estoy atrapado aquí, así que lo he reformado a mi gusto… -el hombre alzó la mirada, orgulloso- Ha quedado chulo, ¿eh?. Klaus fue a replicar pero fue interrumpido. -Ah no, no, tranquilo…- respondió, como si Klaus hubiera hecho una pregunta- No, no te preocupes. Tú solo estás de paso. Volverás a casa en un santiamén. Y sí, aquí puedo saber lo que piensas. Es mi limbo, ¿recuerdas? -preguntó con una sonrisa afable. Klaus dejó ir el aire por la nariz. -Vale, y, ¿porqué estoy aquí? -preguntó el hibrido, sin demasiada paciencia. El habitante del limbo dejó ir una sonrisita. -Una pequeña travesura, me temo… -reconoció- Pero he de reconocer que mi pupila ha hecho un trabajo exquisito… Klaus lo miró extrañado. -Ah, claro. Qué maleducado…- el hombre desconocido se dio una palmada en la frente- No me he presentado. Me llamo Merlín -alargó una mano hacia Klaus- El Mago. Merlín el Mago. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⸻ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤfragmento de rol de trama: ㅤㅤㅤㅤㅤ https://ficrol.com/posts/377425 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⸻
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  • Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato.

    -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado...

    Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra.

    -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-.

    +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados".

    -.....

    Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco.

    -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia.

    Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol.

    +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente...
    Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello.

    -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga.

    Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas.

    -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro?

    Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra.

    -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!.

    Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
    Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato. -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado... Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra. -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-. +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados". -..... Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco. -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia. Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol. +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente... Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello. -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga. Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas. -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro? Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra. -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!. Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
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  • — Así que eras tú...

    Tras ese golpe en el cuello, el hombre no se podía mover, estaba semiinconsciente y apenas respiraba, pero Kiro se acercó.

    — Ellos solo intentaron detener una entrega de mercancía ilegal, y tú enviaste a los tuyos a...

    El otro intentó hablar, pero no le salía sonido alguno, solo amagos de comunicarse y sangre. Kiro se puso encima de él, sus ojos parecían estar inyectados en rabia y odio puro.

    — Eran mis amigos, los únicos que tuve... Y tú me los has quitado.

    Entonces alzó el puño y lo dejó caer, una y otra vez, sin detenerse. Kiro no veía nada alrededor suya, solo podía enfocar al responsable de la muerte de su anterior pandilla, y ahora quería que él fuera el siguiente.

    Publicación para que Kiro tenga algo de drama, y para ver cómo es cuando se enfada de verdad //
    — Así que eras tú... Tras ese golpe en el cuello, el hombre no se podía mover, estaba semiinconsciente y apenas respiraba, pero Kiro se acercó. — Ellos solo intentaron detener una entrega de mercancía ilegal, y tú enviaste a los tuyos a... El otro intentó hablar, pero no le salía sonido alguno, solo amagos de comunicarse y sangre. Kiro se puso encima de él, sus ojos parecían estar inyectados en rabia y odio puro. — Eran mis amigos, los únicos que tuve... Y tú me los has quitado. Entonces alzó el puño y lo dejó caer, una y otra vez, sin detenerse. Kiro no veía nada alrededor suya, solo podía enfocar al responsable de la muerte de su anterior pandilla, y ahora quería que él fuera el siguiente. Publicación para que Kiro tenga algo de drama, y para ver cómo es cuando se enfada de verdad 😊//
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  • X: Noticias nocturnas, después de 5 horas de no dar señales tenemos información sobre lo sucedió con el diseñador Theo Bennet.

    Xx: Y es cámaras de seguridad afirman que el joven salió del hospital universitario de NY, como se aprecia no iba en sus 5 sentidos, después de una hora caminando sin rumbo topo con pared y al darse la vuelta fue cuando una motocicleta le impacto por el costado

    El vídeo en la pantalla mostraba el accidente obviamente censurado pero se entia claramente la gravedad

    X:Después de algunas horas en reviso y espera a que saliera de un mini coma por fin despertó y está en estos momentos en cuidados intensiva, el doctor Ledesma Romo que estuvo atendiéndolo en todo este momento no trae más detalles

    Dr.Ledesma: Bueno el joven fue impactado, fue el golpe en la cabeza lo más grabe, aún que no uno lesión tuvimos que darle algunos medicamentos para bajar la inchason cerebral, por suerte no tuvimos que llegar a cirujia, por lo que de veía en las cámaras de puede dar paso a opinióned parecidas pero no, el joven no iba en estado de ebriedad ni mucho menos bajo efecto de las drogas, lo que ocasiono este estado fue que el joven entro en un ataque de panico, afortunadamente ya está fuera de peligro, solo hacen falta hacerle unos estudios para descsrtar cualquier secuela.

    X: Y en otras noticias un tráiler de carga fue abatido por fuerzas...

    Theo se encontraba en la habitación comiendo lo que parecía ser una sopa de garbanzos y un pudin de chocolate cuando sus padres entraron a su habitación, desde que se lo llevaron al hospital jamás pudieron verlo

    Arthur Bennet Stefano Sforza
    X: Noticias nocturnas, después de 5 horas de no dar señales tenemos información sobre lo sucedió con el diseñador Theo Bennet. Xx: Y es cámaras de seguridad afirman que el joven salió del hospital universitario de NY, como se aprecia no iba en sus 5 sentidos, después de una hora caminando sin rumbo topo con pared y al darse la vuelta fue cuando una motocicleta le impacto por el costado El vídeo en la pantalla mostraba el accidente obviamente censurado pero se entia claramente la gravedad X:Después de algunas horas en reviso y espera a que saliera de un mini coma por fin despertó y está en estos momentos en cuidados intensiva, el doctor Ledesma Romo que estuvo atendiéndolo en todo este momento no trae más detalles Dr.Ledesma: Bueno el joven fue impactado, fue el golpe en la cabeza lo más grabe, aún que no uno lesión tuvimos que darle algunos medicamentos para bajar la inchason cerebral, por suerte no tuvimos que llegar a cirujia, por lo que de veía en las cámaras de puede dar paso a opinióned parecidas pero no, el joven no iba en estado de ebriedad ni mucho menos bajo efecto de las drogas, lo que ocasiono este estado fue que el joven entro en un ataque de panico, afortunadamente ya está fuera de peligro, solo hacen falta hacerle unos estudios para descsrtar cualquier secuela. X: Y en otras noticias un tráiler de carga fue abatido por fuerzas... Theo se encontraba en la habitación comiendo lo que parecía ser una sopa de garbanzos y un pudin de chocolate cuando sus padres entraron a su habitación, desde que se lo llevaron al hospital jamás pudieron verlo [meteor_charcoal_turtle_877] [ember_pearl_mule_670]
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