• En cada momento de mi vida, he sido alguien consciente de mi posición.

    No soy un gobernante.

    No tengo títulos.

    No soy más, ni mejor que nadie...
    o al menos no me considero como tal.

    Elegancia.
    Equidad.
    Mesura.
    Equilibrio.
    Diplomacia.

    Son las cualidades que definen a mi ser, pues el peso de dos importantes apellidos ha sido depositado en mi espalda.

    Y menester es recordar que, libre es cada quien de faltar al respeto.
    Torcer la cara.
    Menospreciar.
    Ignorar.

    Tan libre como yo, aquel que encarna el tabú.
    El poder sellado al inicio de los tiempos.
    Las cadenas que por generaciones se han mantenido y he roto porque mía ha sido la decisión...

    ...de recordar que, independientemente de vuestro poder
    Influencia.
    Apellido.
    Título.
    Poder.

    Seré yo quien aúne el equilibrio.
    Decidiré qué es lo que es justo.
    Qué se queda y qué se va.
    Y establezca, esta vez sí y en detrimento de todos mis predecesores, cuál será el verdadero juicio final.
    En cada momento de mi vida, he sido alguien consciente de mi posición. No soy un gobernante. No tengo títulos. No soy más, ni mejor que nadie... o al menos no me considero como tal. Elegancia. Equidad. Mesura. Equilibrio. Diplomacia. Son las cualidades que definen a mi ser, pues el peso de dos importantes apellidos ha sido depositado en mi espalda. Y menester es recordar que, libre es cada quien de faltar al respeto. Torcer la cara. Menospreciar. Ignorar. Tan libre como yo, aquel que encarna el tabú. El poder sellado al inicio de los tiempos. Las cadenas que por generaciones se han mantenido y he roto porque mía ha sido la decisión... ...de recordar que, independientemente de vuestro poder Influencia. Apellido. Título. Poder. Seré yo quien aúne el equilibrio. Decidiré qué es lo que es justo. Qué se queda y qué se va. Y establezca, esta vez sí y en detrimento de todos mis predecesores, cuál será el verdadero juicio final.
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  • 𝕬 𝖉𝖎𝖑𝖊𝖒𝖒𝖆 𝖎𝖓 𝕷𝖚𝖈𝖐𝖞 𝕷𝖆𝖓𝖉 — 𝕻𝖆𝖗𝖆𝖉𝖎𝖘𝖊 𝖎𝖘 𝖇𝖚𝖎𝖑𝖙 𝖚𝖕𝖔𝖓 𝖚𝖓𝖎𝖋𝖔𝖗𝖒𝖎𝖙𝖞.

    Disparidades en un mar de pensamiento: la heterogeneidad de Adam cautivó su preocupación.

    Pidió a quien consideraba un colega registros visuales de la política ejecutada bajo el ala del honorable congreso. Con precisa humildad, buscó un consejo: el lenguaje tácito del sanedrín, la dinámica de un debate que escondía el cubismo más grosero.

    Reconoció cualidades que algunos llamarían honorables, mas el telar de palabras forjó un foro carente de sustancia.

    Dictámenes aplicados en un territorio reducido eran más fáciles de ejecutar; aunque las formas imperaron, halló utilidad al cincelar un sistema imperfecto. Pero, al contemplar al cónclave regir bajo la sombra de las naciones, tan insípido le pareció que él mismo se cuestionó la decisión de invertir su tiempo en tal espectáculo.

    Y ante las intrincadas sombras que brotaron de un artefacto holográfico, Zeraim hizo una comparación ingrata.

    Aquello estudiado destacaba por su disposición en herradura; él rememoró que la primera deliberación ocurrió bajo el testigo de una estrella marchita y un prado que se desentendió de la finitud. Ellos, como individuos, eran innegablemente desiguales, pero en su construcción conquistaron una afinidad propia de organismos más sencillos.

    La individualidad nunca fue un concepto a destacar. Eran frágiles, conscientes de un funesto destino en caso de negarse a la unidad; los que antes fueron miles decidieron privarse del sueño, y fraguaron las mitzvot. Y solo cuando necesitaron dictaminar el arquetipo de la nueva sangre y carne: aquello llamado “soma", reencontraron el cónclave.

    '𝕺𝖓𝖈𝖊 𝖒𝖔𝖗𝖊 𝕴 𝖇𝖊𝖘𝖊𝖊𝖈𝖍 𝖞𝖔𝖚, 𝖆𝖈𝖍𝖎𝖒: 𝖏𝖔𝖎𝖓 𝖞𝖔𝖚𝖗 𝖍𝖆𝖓𝖉𝖘. 𝕳𝖔𝖜 𝖘𝖍𝖆𝖑𝖑 𝖜𝖊 𝖈𝖔𝖒𝖊 𝖙𝖔 𝖚𝖓𝖉𝖊𝖗𝖘𝖙𝖆𝖓𝖉 𝖎𝖋 𝖜𝖊 𝖙𝖗𝖆𝖓𝖘𝖈𝖊𝖓𝖉 𝖓𝖔𝖙 𝖔𝖚𝖗𝖘𝖊𝖑𝖛𝖊𝖘?'

    Al culmen de la última grabación, en el silencio de su despacho, contempló con frialdad la boiserie delante de él. Quizá un vestigio de nostalgia: el fruncir de los labios que expresa conflictos, palabras que no pueden ser enunciadas.

    No era indecisión, sino una genuina interrogante que lo indujo a la reflexión: ¿cómo la marea de almas muriendo sobre la playa podía pecar de tanta divergencia?

    No llegó para evangelizar; la nación del Tevel no era objetivo de conquista, solo de estudio y eventual extracción.

    Conflictuado, el eco de una paternidad cósmica lo empujó a sentir genuina lástima, ya fuera por la endeblez observada o por la inflexibilidad de los dogmas.
    𝕬 𝖉𝖎𝖑𝖊𝖒𝖒𝖆 𝖎𝖓 𝕷𝖚𝖈𝖐𝖞 𝕷𝖆𝖓𝖉 — 𝕻𝖆𝖗𝖆𝖉𝖎𝖘𝖊 𝖎𝖘 𝖇𝖚𝖎𝖑𝖙 𝖚𝖕𝖔𝖓 𝖚𝖓𝖎𝖋𝖔𝖗𝖒𝖎𝖙𝖞. Disparidades en un mar de pensamiento: la heterogeneidad de Adam cautivó su preocupación. Pidió a quien consideraba un colega registros visuales de la política ejecutada bajo el ala del honorable congreso. Con precisa humildad, buscó un consejo: el lenguaje tácito del sanedrín, la dinámica de un debate que escondía el cubismo más grosero. Reconoció cualidades que algunos llamarían honorables, mas el telar de palabras forjó un foro carente de sustancia. Dictámenes aplicados en un territorio reducido eran más fáciles de ejecutar; aunque las formas imperaron, halló utilidad al cincelar un sistema imperfecto. Pero, al contemplar al cónclave regir bajo la sombra de las naciones, tan insípido le pareció que él mismo se cuestionó la decisión de invertir su tiempo en tal espectáculo. Y ante las intrincadas sombras que brotaron de un artefacto holográfico, Zeraim hizo una comparación ingrata. Aquello estudiado destacaba por su disposición en herradura; él rememoró que la primera deliberación ocurrió bajo el testigo de una estrella marchita y un prado que se desentendió de la finitud. Ellos, como individuos, eran innegablemente desiguales, pero en su construcción conquistaron una afinidad propia de organismos más sencillos. La individualidad nunca fue un concepto a destacar. Eran frágiles, conscientes de un funesto destino en caso de negarse a la unidad; los que antes fueron miles decidieron privarse del sueño, y fraguaron las mitzvot. Y solo cuando necesitaron dictaminar el arquetipo de la nueva sangre y carne: aquello llamado “soma", reencontraron el cónclave. '𝕺𝖓𝖈𝖊 𝖒𝖔𝖗𝖊 𝕴 𝖇𝖊𝖘𝖊𝖊𝖈𝖍 𝖞𝖔𝖚, 𝖆𝖈𝖍𝖎𝖒: 𝖏𝖔𝖎𝖓 𝖞𝖔𝖚𝖗 𝖍𝖆𝖓𝖉𝖘. 𝕳𝖔𝖜 𝖘𝖍𝖆𝖑𝖑 𝖜𝖊 𝖈𝖔𝖒𝖊 𝖙𝖔 𝖚𝖓𝖉𝖊𝖗𝖘𝖙𝖆𝖓𝖉 𝖎𝖋 𝖜𝖊 𝖙𝖗𝖆𝖓𝖘𝖈𝖊𝖓𝖉 𝖓𝖔𝖙 𝖔𝖚𝖗𝖘𝖊𝖑𝖛𝖊𝖘?' Al culmen de la última grabación, en el silencio de su despacho, contempló con frialdad la boiserie delante de él. Quizá un vestigio de nostalgia: el fruncir de los labios que expresa conflictos, palabras que no pueden ser enunciadas. No era indecisión, sino una genuina interrogante que lo indujo a la reflexión: ¿cómo la marea de almas muriendo sobre la playa podía pecar de tanta divergencia? No llegó para evangelizar; la nación del Tevel no era objetivo de conquista, solo de estudio y eventual extracción. Conflictuado, el eco de una paternidad cósmica lo empujó a sentir genuina lástima, ya fuera por la endeblez observada o por la inflexibilidad de los dogmas.
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  • Ahora si que dio, agarre confesado a mi esposo, que yo soy la signora de la casa. [?]
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ¡Hoy es un día especial en FicRol!
    ¡Dos personajes están de cumpleaños hoy!
    Así que toca llenar el día de felicitaciones, buen rollo y mucho cariño para:

    Alder Carter
    𝐃𝐚𝐞𝐧𝐨𝐫𝐚 𝐓𝐚𝐫𝐠𝐚𝐫𝐲𝐞𝐧

    ¡Esperamos que todos reciban muchas escenas bonitas, abrazos en off y alguna que otra sorpresa!
    ¿Y tú? ¿Vas a felicitarles o a llevarles una trama de regalo?
    📅✨ ¡Hoy es un día especial en FicRol! ✨📅 ¡Dos personajes están de cumpleaños hoy! 🎉 Así que toca llenar el día de felicitaciones, buen rollo y mucho cariño para: 🎂 [GeekOfTheOffice93] 🎂 [DA3NORATARGARYEN] ¡Esperamos que todos reciban muchas escenas bonitas, abrazos en off y alguna que otra sorpresa! 🎁 ¿Y tú? ¿Vas a felicitarles o a llevarles una trama de regalo?
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  • Con un movimiento lento y doloroso, se apartó el cabello de los hombros, dejando que cayera hacia un lado para observar su reflejo en el espejo de bronce, su espalda era un mapa de guerra.

    A las viejas cicatrices blancas, marcas de años de vagar como guerrera, se sumaban ahora las heridas frescas de la última emboscada...El Rey del Norte no había tenido piedad, sus hombres habían entrado por la puerta principal, aprovechando el hueco que ella misma había dejado al enviar a sus mejores escoltas a proteger a un simple aldeano en el río.

    ​Elizabeth cerró los ojos un segundo, y el sonido de los gritos volvió a su mente. El fuego, el olor a hierro y sangre, y el peso de su espada cortando el aire para forzar una retirada que llegó demasiado tarde.

    ​Al fondo del reflejo, la penumbra de la habitación revelaba una figura inmóvil sobre su cama, Milenka.
    ​La arquera, siempre tan ágil y llena de vida, yacía ahora bajo capas de lino manchadas de ungüentos. Elizabeth se giró lentamente, ignorando el pinchazo de sus propias heridas, y caminó hacia ella, se sentó en el borde de la cama, tomando un paño húmedo para limpiar la frente sudorosa de su compañera

    ✴ ​—Milenka —susurró Elizabeth, su voz apenas un hilo quebrado en el silencio—. Por un balde de agua perdimos a diez hombres. Por mi compasión, casi te pierdo a ti.

    ​Elizabeth pasó los dedos cerca de la herida vendada de su protegida, sin atreverse a tocarla.
    En el pueblo, la llamaban la Reina Escarlata, la líder que los sacó de la tiranía, pero en esa habitación, bajo el peso del saqueo y el lamento de las viudas que aún se escuchaba afuera, se sentía solo como una sombra.

    ✴​ —Sigurd dice que las decisiones no son buenas o malas, sino necesarias —continuó, más para sí misma que para la mujer inconsciente—. Pero Gunnar tiene razón... el Norte no perdona los errores de juicio. ¿Soy realmente una líder, o solo una guerrera que está arrastrando a todos a su propia tumba?

    ​Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pasando justo por encima de la cicatriz de su ojo derecho, antes de caer sobre su mano curtida. Elizabeth no se la limpió. Se quedó allí, vigilando el pulso débil de Milenka.

    El silencio de la habitación se rompió con el eco de unas botas pesadas contra la piedra.
    ​Elizabeth no se giró, sabía a quien pertenecían esos pasos.
    Siguió con el paño en la mano, recorriendo la frente de Milenka, aunque sintió la mirada del veterano clavada en las heridas abiertas de su propia espalda.

    ​Gunnar se acercó a la mesa de madera, dejando su hacha con un golpe seco que hizo tintinear los frascos de ungüentos. Su rostro, surcado por mil batallas, estaba inusualmente serio.

    ​—El pueblo está... de pie —dijo, cruzando sus brazos macizos—. Hemos contado doce bajas civiles. Los graneros del ala este fueron saqueados, se llevaron la mitad de la reserva de grano. Pero los hombres están limpiando la sangre de la entrada. No hay llantos, Elizabeth. Hay silencio. Y el silencio en Brattvåg suele preceder a la sed de venganza.
    ​Elizabeth bajó la cabeza, su cabello rojo ocultaba su rostro.

    ✴ ​—Fue mi culpa Gunnar. Desprotegí la puerta por un capricho de compasión. Milenka está ahí por mi culpa.

    ​Gunnar soltó un bufido de desdén y se acercó dos pasos, obligándola a mirarlo.

    ​— Escúchame bien. Enviaste escoltas porque este pueblo cree que su vida vale algo bajo tu mando. Si dejas que mueran de sed por miedo al Norte, no eres una líder, eres otra tirana —el veterano señaló hacia la ventana, donde las fogatas de vigilancia ya se encendían—. Cometiste un error de táctica, no de corazón. Ahora, deja de lamerte las heridas y decide qué sigue.

    ​Elizabeth apretó el paño con fuerza.

    ✴ ​—¿Qué sugieres? Sigurd dirá que racionemos lo que queda y nos encerremos.

    ​— Sigurd cuenta granos, yo cuento hachas —replicó Gunnar con una chispa de fuego en los ojos—. Si nos encerramos, el Rey del Norte sabrá que nos ha quebrado, propongo enviar una patrulla de rastreo. No para atacar su fortaleza, sino para recuperar lo que es nuestro... Necesitamos reforzar la puerta principal con empalizadas de piedra, no solo madera.

    ​Gunnar se quedó esperando, su presencia masiva llenando el hueco que la duda de Elizabeth había dejado.

    ​—Tú eres la Llama, Elizabeth. Si tú te apagas en esta habitación, el pueblo se congela esta misma noche. ¿Qué órdenes vas a dar?
    Con un movimiento lento y doloroso, se apartó el cabello de los hombros, dejando que cayera hacia un lado para observar su reflejo en el espejo de bronce, su espalda era un mapa de guerra. A las viejas cicatrices blancas, marcas de años de vagar como guerrera, se sumaban ahora las heridas frescas de la última emboscada...El Rey del Norte no había tenido piedad, sus hombres habían entrado por la puerta principal, aprovechando el hueco que ella misma había dejado al enviar a sus mejores escoltas a proteger a un simple aldeano en el río. ​Elizabeth cerró los ojos un segundo, y el sonido de los gritos volvió a su mente. El fuego, el olor a hierro y sangre, y el peso de su espada cortando el aire para forzar una retirada que llegó demasiado tarde. ​Al fondo del reflejo, la penumbra de la habitación revelaba una figura inmóvil sobre su cama, Milenka. ​La arquera, siempre tan ágil y llena de vida, yacía ahora bajo capas de lino manchadas de ungüentos. Elizabeth se giró lentamente, ignorando el pinchazo de sus propias heridas, y caminó hacia ella, se sentó en el borde de la cama, tomando un paño húmedo para limpiar la frente sudorosa de su compañera ✴ ​—Milenka —susurró Elizabeth, su voz apenas un hilo quebrado en el silencio—. Por un balde de agua perdimos a diez hombres. Por mi compasión, casi te pierdo a ti. ​Elizabeth pasó los dedos cerca de la herida vendada de su protegida, sin atreverse a tocarla. En el pueblo, la llamaban la Reina Escarlata, la líder que los sacó de la tiranía, pero en esa habitación, bajo el peso del saqueo y el lamento de las viudas que aún se escuchaba afuera, se sentía solo como una sombra. ✴​ —Sigurd dice que las decisiones no son buenas o malas, sino necesarias —continuó, más para sí misma que para la mujer inconsciente—. Pero Gunnar tiene razón... el Norte no perdona los errores de juicio. ¿Soy realmente una líder, o solo una guerrera que está arrastrando a todos a su propia tumba? ​Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pasando justo por encima de la cicatriz de su ojo derecho, antes de caer sobre su mano curtida. Elizabeth no se la limpió. Se quedó allí, vigilando el pulso débil de Milenka. El silencio de la habitación se rompió con el eco de unas botas pesadas contra la piedra. ​Elizabeth no se giró, sabía a quien pertenecían esos pasos. Siguió con el paño en la mano, recorriendo la frente de Milenka, aunque sintió la mirada del veterano clavada en las heridas abiertas de su propia espalda. ​Gunnar se acercó a la mesa de madera, dejando su hacha con un golpe seco que hizo tintinear los frascos de ungüentos. Su rostro, surcado por mil batallas, estaba inusualmente serio. ​—El pueblo está... de pie —dijo, cruzando sus brazos macizos—. Hemos contado doce bajas civiles. Los graneros del ala este fueron saqueados, se llevaron la mitad de la reserva de grano. Pero los hombres están limpiando la sangre de la entrada. No hay llantos, Elizabeth. Hay silencio. Y el silencio en Brattvåg suele preceder a la sed de venganza. ​Elizabeth bajó la cabeza, su cabello rojo ocultaba su rostro. ✴ ​—Fue mi culpa Gunnar. Desprotegí la puerta por un capricho de compasión. Milenka está ahí por mi culpa. ​Gunnar soltó un bufido de desdén y se acercó dos pasos, obligándola a mirarlo. ​— Escúchame bien. Enviaste escoltas porque este pueblo cree que su vida vale algo bajo tu mando. Si dejas que mueran de sed por miedo al Norte, no eres una líder, eres otra tirana —el veterano señaló hacia la ventana, donde las fogatas de vigilancia ya se encendían—. Cometiste un error de táctica, no de corazón. Ahora, deja de lamerte las heridas y decide qué sigue. ​Elizabeth apretó el paño con fuerza. ✴ ​—¿Qué sugieres? Sigurd dirá que racionemos lo que queda y nos encerremos. ​— Sigurd cuenta granos, yo cuento hachas —replicó Gunnar con una chispa de fuego en los ojos—. Si nos encerramos, el Rey del Norte sabrá que nos ha quebrado, propongo enviar una patrulla de rastreo. No para atacar su fortaleza, sino para recuperar lo que es nuestro... Necesitamos reforzar la puerta principal con empalizadas de piedra, no solo madera. ​Gunnar se quedó esperando, su presencia masiva llenando el hueco que la duda de Elizabeth había dejado. ​—Tú eres la Llama, Elizabeth. Si tú te apagas en esta habitación, el pueblo se congela esta misma noche. ¿Qué órdenes vas a dar?
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  • El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana.
    Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía.

    Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores.
    El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes

    — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? —

    ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido.
    Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia.

    — Sabía que serías útil, gracias querido —

    Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras.
    La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar.

    Lilith había vuelto.
    El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana. Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía. Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores. El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? — ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido. Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia. — Sabía que serías útil, gracias querido — Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras. La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar. Lilith había vuelto.
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    ;; ji ya he puesto a Daenora como prima
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    Holi criaturitas de amor,

    Disculpen mi ignorancia pero que es "SeductiveSunday"

    Solo es una pequeña curiosidad de mi parte.

    *ੈ✩‧₊˚༺☆༻*ੈ✩‧₊˚
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  • ㅤㅤㅤ ⎯ؗ⎯𝓝𝓮𝔀

    “ Tiempo sutil. ”

    En ese Verano, las hojas secas caían con sutileza y fragancia de olvido al suelo sin esperanza alguna. Jasperth las observaba, casi hipnotizado mientras estaba parado en una colina poco transcurrida de Transilvania. Irónicamente, estaba de vacaciones en el país donde su especie tenía cierta historia o mito antiguo.

    Pero el clima era todo, menos caluroso. El viento soplaba causando escalofríos. Estornudó tres veces y en las tres veces maldijo. No por el clima, sino porque sabía que si no hubiera seguido una alimentación de humanos, tal vez su metabolismo sería más fuerte y realmente, podría parecer un vampiro de sus antepasados.

    No importa, pensó. Ya se había acostumbrado a sentir lo que los humanos sienten.

    Respiró profundo una última vez el ambiente natural, antes de sacar de su bolsillo un paquete de cigarrillos; colocó uno entre sus dientes y lo encendió sin problema. Tomó una calada y exhaló el humo hacia la atmósfera; aparentemente inofensivo, pero en realidad, mortal.

    Su agencia lo explotaba laboralmente. Estaba frustrado. Bien pudo haber acabado con ellos en más de una ocasión cuando perdió el control, pero prefirió escaparse a un lugar sin avisarle a nadie. Su teléfono estaba en silencio y había ignorado todas las llamadas posibles. No importaba, sabía cómo generar dinero aparte de ser modelo.

    Los humanos eran desgastantes a veces.

    #SliceOfLife #Vampire
    ㅤㅤㅤ ⎯ؗ⎯𝓝𝓮𝔀 “ Tiempo sutil. ” En ese Verano, las hojas secas caían con sutileza y fragancia de olvido al suelo sin esperanza alguna. Jasperth las observaba, casi hipnotizado mientras estaba parado en una colina poco transcurrida de Transilvania. Irónicamente, estaba de vacaciones en el país donde su especie tenía cierta historia o mito antiguo. Pero el clima era todo, menos caluroso. El viento soplaba causando escalofríos. Estornudó tres veces y en las tres veces maldijo. No por el clima, sino porque sabía que si no hubiera seguido una alimentación de humanos, tal vez su metabolismo sería más fuerte y realmente, podría parecer un vampiro de sus antepasados. No importa, pensó. Ya se había acostumbrado a sentir lo que los humanos sienten. Respiró profundo una última vez el ambiente natural, antes de sacar de su bolsillo un paquete de cigarrillos; colocó uno entre sus dientes y lo encendió sin problema. Tomó una calada y exhaló el humo hacia la atmósfera; aparentemente inofensivo, pero en realidad, mortal. Su agencia lo explotaba laboralmente. Estaba frustrado. Bien pudo haber acabado con ellos en más de una ocasión cuando perdió el control, pero prefirió escaparse a un lugar sin avisarle a nadie. Su teléfono estaba en silencio y había ignorado todas las llamadas posibles. No importaba, sabía cómo generar dinero aparte de ser modelo. Los humanos eran desgastantes a veces. #SliceOfLife #Vampire
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  • Había guardado un pequeño trozo de jamón que le sobró de su emparedado; la única recompensa que había obtenido tras un día tan ajetreado y agotador. Miraba el pedazo de carne como si intentara adivinar por qué le gustaba tanto, cuando un pequeño felino se acercó a ella. Estaba tan hambriento que incluso fue capaz de ignorar el pánico instintivo que la existencia canina de la Inugami solía provocar en los gatos.

    Kardia sonrió con genuina ternura. Le pareció un gesto increíblemente valiente, así que, con sumo cuidado para no asustarlo, dejó el trozo de comida a su alcance. Sin embargo, se llevó una sorpresa mayúscula cuando la diminuta criatura, en lugar de arrebatar el bocado y huir, eligió acurrucarse directamente sobre sus piernas para comer.

    Lo gris y opresivo de aquel día pareció llenarse de color ante tan cálida sorpresa... Incluso ahora, con el pequeño peso del animal sobre su regazo, los árboles a su alrededor le parecían muchísimo más hermosos.
    Había guardado un pequeño trozo de jamón que le sobró de su emparedado; la única recompensa que había obtenido tras un día tan ajetreado y agotador. Miraba el pedazo de carne como si intentara adivinar por qué le gustaba tanto, cuando un pequeño felino se acercó a ella. Estaba tan hambriento que incluso fue capaz de ignorar el pánico instintivo que la existencia canina de la Inugami solía provocar en los gatos. Kardia sonrió con genuina ternura. Le pareció un gesto increíblemente valiente, así que, con sumo cuidado para no asustarlo, dejó el trozo de comida a su alcance. Sin embargo, se llevó una sorpresa mayúscula cuando la diminuta criatura, en lugar de arrebatar el bocado y huir, eligió acurrucarse directamente sobre sus piernas para comer. Lo gris y opresivo de aquel día pareció llenarse de color ante tan cálida sorpresa... Incluso ahora, con el pequeño peso del animal sobre su regazo, los árboles a su alrededor le parecían muchísimo más hermosos.
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