• Se que soy conosida mas por ser la hija de Khione la diosa de las nieves y mi trabajo es llevar el infierno al los mortales y algunos son eterno , pero ay un desea de ser normal sin que pueda cumplir mi deber como diosa ser humana una vez
    Se que soy conosida mas por ser la hija de Khione la diosa de las nieves y mi trabajo es llevar el infierno al los mortales y algunos son eterno , pero ay un desea de ser normal sin que pueda cumplir mi deber como diosa ser humana una vez
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • La aldea de YIva
    Fandom Oc
    Categoría Original
    La nieve parecia estar tranquila la gente vivia en paz , creyendo su diosa
    Que los cuidan esa que escucha que cada noche le piden protesion y que los ilumine cada luna llena

    Aquella aldea que esta escondira entre las momtañas, YIva cuidaba de ellos como si fueran sus hijos

    Esa mañana entre ellos caminaba pero no habian notado que los veia como si nada , su vida normal diaria pero algunos de ellos eran guerreros

    Espero que aqui entre las montañas no sufran de los reyes de ningun dios los lastimen con sus cosas

    Mientras Ylva caminaba sintio algo fuera de lo normal ¿que es eso? Dijo para ella y fue. Ver que era ese poder no parecia como los dioses norticos que conocia pero su interior le hacia familiar
    La nieve parecia estar tranquila la gente vivia en paz , creyendo su diosa Que los cuidan esa que escucha que cada noche le piden protesion y que los ilumine cada luna llena Aquella aldea que esta escondira entre las momtañas, YIva cuidaba de ellos como si fueran sus hijos Esa mañana entre ellos caminaba pero no habian notado que los veia como si nada , su vida normal diaria pero algunos de ellos eran guerreros Espero que aqui entre las montañas no sufran de los reyes de ningun dios los lastimen con sus cosas Mientras Ylva caminaba sintio algo fuera de lo normal ¿que es eso? Dijo para ella y fue. Ver que era ese poder no parecia como los dioses norticos que conocia pero su interior le hacia familiar
    Tipo
    Individual
    Líneas
    10
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • -era hora de trabajo o bueno eso es estaba en uno de los nieve reinos donde las mayoria de hadas y seres magicos vivia juntos en paz , donde la guerra no existia Sigyn como siempre en el camino hacia alguna pequeña broma inocente.-

    Es hora de retirar lo vengo hacer ~

    -cuando escucho una vos detras de ella.-
    -era hora de trabajo o bueno eso es estaba en uno de los nieve reinos donde las mayoria de hadas y seres magicos vivia juntos en paz , donde la guerra no existia Sigyn como siempre en el camino hacia alguna pequeña broma inocente.- Es hora de retirar lo vengo hacer ~ -cuando escucho una vos detras de ella.-
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ¿Una buena o mala elección?
    Su casa estaba en casi medio de la nada, la pequeña ciudad mas cercana se cubría también de nieve, pero si querían salir a estirar las piernas y comer ramen, era lo ideal.

    ¿Asi era la vida de ellos? Claro que por supuesto que si. Es perfecta.
    Claro, por ahora que él no le ha dicho a su pareja que en secreto le esta dedicando un poemario.
    ¿Una buena o mala elección? Su casa estaba en casi medio de la nada, la pequeña ciudad mas cercana se cubría también de nieve, pero si querían salir a estirar las piernas y comer ramen, era lo ideal. ¿Asi era la vida de ellos? Claro que por supuesto que si. Es perfecta. Claro, por ahora que él no le ha dicho a su pareja que en secreto le esta dedicando un poemario.
    Me gusta
    Me encocora
    6
    1 turno 0 maullidos
  • ────Vaya, es increíble ver toda esa nieve caer. Bueno, a disfrutar de los últimos días de invierno. Parece que no quiere irse, así que habrá que darle motivos para quedarse un poco más. Invierno, quédate justo ahí... todavía me debes un par de caminatas largas y una canción con guitarra en mano, en una cafetería.
    ────Vaya, es increíble ver toda esa nieve caer. Bueno, a disfrutar de los últimos días de invierno. Parece que no quiere irse, así que habrá que darle motivos para quedarse un poco más. Invierno, quédate justo ahí... todavía me debes un par de caminatas largas y una canción con guitarra en mano, en una cafetería.
    Me encocora
    Me gusta
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • El mármol frío bajo sus dedos fue lo primero que la ancló a la realidad.

    Apoyó ambas manos en la encimera, inclinándose apenas hacia adelante. El espejo no le devolvía el rostro, solo la línea expuesta de su espalda, la piel desnuda interrumpida por la cinta negra que caía desde su cuello. El vestido era impecable. Demasiado. Pero ella solo quería irse del lugar, no debió aceptar el trabajo de anfitriona de aquel lujoso restaurante, la paga era buena sí, pero estaba demasiado cansada.

    Sacó su celular buscando a quién recurrir. Entre todos, un contacto específico saltó a su vista, por lo cual una sonrisa instantánea se formó en sus labios, y consigo trayendo lo recuerdos de aquel día en la nieve...

    : Hola...se que es algo tarde, ¿pero crees que podrías pasar por mí? .
    En recompensa te invito una hamburguesa [?] O lo que gustes

    Kieran
    El mármol frío bajo sus dedos fue lo primero que la ancló a la realidad. Apoyó ambas manos en la encimera, inclinándose apenas hacia adelante. El espejo no le devolvía el rostro, solo la línea expuesta de su espalda, la piel desnuda interrumpida por la cinta negra que caía desde su cuello. El vestido era impecable. Demasiado. Pero ella solo quería irse del lugar, no debió aceptar el trabajo de anfitriona de aquel lujoso restaurante, la paga era buena sí, pero estaba demasiado cansada. Sacó su celular buscando a quién recurrir. Entre todos, un contacto específico saltó a su vista, por lo cual una sonrisa instantánea se formó en sus labios, y consigo trayendo lo recuerdos de aquel día en la nieve... 💬: Hola...se que es algo tarde, ¿pero crees que podrías pasar por mí? 😩. En recompensa te invito una hamburguesa [?] O lo que gustes :STK-66: [forever.tainted]
    Me gusta
    Me encocora
    8
    8 turnos 0 maullidos
  • The Bloody Coffee – The Meet.
    Fandom JJK/Original.
    Categoría Suspenso
    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Massachusetts | 13/02/2045.

    ⠀⠀La penumbra del ocaso acechaba cada rincón de la ciudad, azotada por la implacable nieve. Un clima molesto para muchos, pero de gran comodidad para aquel... un hombre complejo, algo distinguido por todos, pero no de buenas maneras, tachado de idealista y de tonto entre tontos, pero siempre con la cabeza en alto por sus metas. Aunque ahora, la única que tenía en mente era buscar descanso en un lugar apartado y tranquilo, los copos de nieve golpeaban los ventanales, dentro del local un claro contraste de temperaturas. Pero no le molestaba, adoraba justamente el invierno por eso.

    ⠀⠀Pidió un americano, fuerte, amargo, como solía gustarle, y algo dulce y sencillo para acompañar; unas croissaint. Algo lejano de su tierra, no había mate o medialunas, pero qué podía hacer, se venía por el turismo al final de cuentas. Las maravillas de la mitología nativo-americana jamás dejaba de sorprenderlo, no se había topado con muchas leyendas de todas maneras. Pero ansiaba hacerlo pronto.
    ⠀⠀Aunque la que hoy tocaría a su puerta no era originaria de allí. Despertando de su trance silencioso, alzó su mirada amatista para vislumbrar a esa mujer, fueron solo unos segundos antes de verla salir a confrontar la implacable tormenta, apenas traía ropa que consideraría uno "abrigada", se levantó rápidamente, dejando el dinero en la mesa.

    ⠀⠀Cuando fue a preguntar, ni la misma dueña había entendido qué acababa de ocurrir, parecía despertando de una siesta muy larga. Vio esta clase de fenómenos con anterioridad, pero nunca uno tan fuerte, parecía una potente hipnosis. Pero esa mujer que traía una melena azabache, tan oscura como la noche... despertó su interés.

    ⠀⠀Y para su suerte, traía consigo una inusual cantidad de energía maldita. Antinatural para un humano, poca para una maldición... Suficiente para seguir un rastro.
    ⠀⠀Podía estar frente a un peligro inigualable, o ante un mito que vale la maldita pena seguir. Aunque claro, el incauto muchacho no sabría el giro de tuerca que le depararía el destino...

    ⠀⠀𝙀𝙧𝙞𝙣
    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Massachusetts | 13/02/2045. ⠀ ⠀⠀La penumbra del ocaso acechaba cada rincón de la ciudad, azotada por la implacable nieve. Un clima molesto para muchos, pero de gran comodidad para aquel... un hombre complejo, algo distinguido por todos, pero no de buenas maneras, tachado de idealista y de tonto entre tontos, pero siempre con la cabeza en alto por sus metas. Aunque ahora, la única que tenía en mente era buscar descanso en un lugar apartado y tranquilo, los copos de nieve golpeaban los ventanales, dentro del local un claro contraste de temperaturas. Pero no le molestaba, adoraba justamente el invierno por eso. ⠀⠀Pidió un americano, fuerte, amargo, como solía gustarle, y algo dulce y sencillo para acompañar; unas croissaint. Algo lejano de su tierra, no había mate o medialunas, pero qué podía hacer, se venía por el turismo al final de cuentas. Las maravillas de la mitología nativo-americana jamás dejaba de sorprenderlo, no se había topado con muchas leyendas de todas maneras. Pero ansiaba hacerlo pronto. ⠀⠀Aunque la que hoy tocaría a su puerta no era originaria de allí. Despertando de su trance silencioso, alzó su mirada amatista para vislumbrar a esa mujer, fueron solo unos segundos antes de verla salir a confrontar la implacable tormenta, apenas traía ropa que consideraría uno "abrigada", se levantó rápidamente, dejando el dinero en la mesa. ⠀⠀Cuando fue a preguntar, ni la misma dueña había entendido qué acababa de ocurrir, parecía despertando de una siesta muy larga. Vio esta clase de fenómenos con anterioridad, pero nunca uno tan fuerte, parecía una potente hipnosis. Pero esa mujer que traía una melena azabache, tan oscura como la noche... despertó su interés. ⠀⠀Y para su suerte, traía consigo una inusual cantidad de energía maldita. Antinatural para un humano, poca para una maldición... Suficiente para seguir un rastro. ⠀⠀Podía estar frente a un peligro inigualable, o ante un mito que vale la maldita pena seguir. Aunque claro, el incauto muchacho no sabría el giro de tuerca que le depararía el destino... ⠀⠀[Black.Rose]
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    5
    8 turnos 1 maullido
  • *Ha salido al jardincito porque ha empezado a nevar.... Y NIEVE es bien. Ahora es como una niña chica emocionada por verlo todo blanquito ;////;*
    *Ha salido al jardincito porque ha empezado a nevar.... Y NIEVE es bien. Ahora es como una niña chica emocionada por verlo todo blanquito ;////;*
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • —¡Está nevando! -exclamó la tríbrida mientras el chevrolet impala se acercaba al búnker de Los Hombres de Letras- Para, para. Para el coche... Hay algo que quiero hacer...

    Dean Winchester, no demasiado seguro de lo que se planteaba hacer la joven, terminó por detener el coche antes de la entrada del garaje.

    —Espero que valga la pena... -comentó mientras Hope ya abría la puerta del coche.

    —Para mi si... -rio ella saliendo del vehículo y saliendo al frio invernal sin poder evitar una sonrisa al tiempo que alzaba el rostro sintiendo la nieve caer sobre su tez.

    Dean llegó hasta ella, pelado de frio ya que ninguno llevaba chaqueta.

    -¿Y bien? -preguntó él— ¿qué querías?

    —Esto...

    La tríbrida lo miró y le quitó un par de copos de nieve del pelo antes de besarle con ternura.
    —¡Está nevando! -exclamó la tríbrida mientras el chevrolet impala se acercaba al búnker de Los Hombres de Letras- Para, para. Para el coche... Hay algo que quiero hacer... [BxbyDriver], no demasiado seguro de lo que se planteaba hacer la joven, terminó por detener el coche antes de la entrada del garaje. —Espero que valga la pena... -comentó mientras Hope ya abría la puerta del coche. —Para mi si... -rio ella saliendo del vehículo y saliendo al frio invernal sin poder evitar una sonrisa al tiempo que alzaba el rostro sintiendo la nieve caer sobre su tez. Dean llegó hasta ella, pelado de frio ya que ninguno llevaba chaqueta. -¿Y bien? -preguntó él— ¿qué querías? —Esto... La tríbrida lo miró y le quitó un par de copos de nieve del pelo antes de besarle con ternura.
    Me encocora
    Me gusta
    4
    0 turnos 1 maullido
  • Giros, existe el cielo y un estado de coma.

    ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante.

    ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso.

    ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada.

    ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli.

    ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
    Giros, existe el cielo y un estado de coma. ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante. ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso. ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada. ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli. ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
    Me gusta
    Me encocora
    5
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados