• — ¡¡Día nevado en el cielo!! Lo que significa.... ¡Pelea de bolas de nieve! ¡Y animalitos adorables de invierno! —

    Ya está organizando con varios habitantes del cielo para una amistosa pelea de nieve, también una competencia no competitiva de muñecos de nieve y ¿Cómo olvidar? ¡La visita de animalitos adorables de nieve!
    ¡Solo otro día divertido en el cielo!
    — ¡¡Día nevado en el cielo!! Lo que significa.... ¡Pelea de bolas de nieve! ¡Y animalitos adorables de invierno! — Ya está organizando con varios habitantes del cielo para una amistosa pelea de nieve, también una competencia no competitiva de muñecos de nieve y ¿Cómo olvidar? ¡La visita de animalitos adorables de nieve! ¡Solo otro día divertido en el cielo!
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  • Cero Absoluto
    Fandom OC
    Categoría Aventura
    El Bosque de los Susurros, lo que anteriormente era un lugar, quizá no seguro, pero no lo suficientemente peligroso para poner en riesgo letal a quien lo atravesara, hasta hace unos días un lugar verde y lleno de vida, iluminado por la luz del sol y con los reflejos del agua de los ríos cegar a cualquiera que quisiera tomar un descanso ahí, ahora lucía diferente, apagado. Ciertamente, parecía en un estado de inalterabilidad. La temperatura había descendido peligrosamente, finas capas de nieve comenzaban a cubrir los árboles y el suelo que los alimentaba. Muchos animales habían corrido a buscar refugios más cálidos, nadie estaba preparado para un invierno tan súbito, los menos afortunados, yacían congelados bajo capas de nieve aún en formación.

    Entre todo el ambiente pálido, se encontraba el joven, cargando una mochila amplia. Un día antes, se había comprometido a ser el proveedor de los alimentos que se requirieran para la excursión, de modo que había preparado variedades de infusiones, mismas que permanecían guardadas en un bolso en su cintura, para mejor accesibilidad.

    Caminó hacia el sendero previamente trazado del bosque, el cual conducía eventualmente hacia la montaña, esperando a que su contraparte llegara.

    - Esto es peor de lo que imaginaba. Hace unos días no dijeron que estuviera así... -

    Meditó por unos instantes, mientras trataba de visualizar el pico más alto de la cima de la montaña, sin embargo, no alcanzaba a distinguir nada, la niebla era tan espesa en ese punto que no se podía apreciar qué había ahí, sin embargo, las señales eran claras.
    El Bosque de los Susurros, lo que anteriormente era un lugar, quizá no seguro, pero no lo suficientemente peligroso para poner en riesgo letal a quien lo atravesara, hasta hace unos días un lugar verde y lleno de vida, iluminado por la luz del sol y con los reflejos del agua de los ríos cegar a cualquiera que quisiera tomar un descanso ahí, ahora lucía diferente, apagado. Ciertamente, parecía en un estado de inalterabilidad. La temperatura había descendido peligrosamente, finas capas de nieve comenzaban a cubrir los árboles y el suelo que los alimentaba. Muchos animales habían corrido a buscar refugios más cálidos, nadie estaba preparado para un invierno tan súbito, los menos afortunados, yacían congelados bajo capas de nieve aún en formación. Entre todo el ambiente pálido, se encontraba el joven, cargando una mochila amplia. Un día antes, se había comprometido a ser el proveedor de los alimentos que se requirieran para la excursión, de modo que había preparado variedades de infusiones, mismas que permanecían guardadas en un bolso en su cintura, para mejor accesibilidad. Caminó hacia el sendero previamente trazado del bosque, el cual conducía eventualmente hacia la montaña, esperando a que su contraparte llegara. - Esto es peor de lo que imaginaba. Hace unos días no dijeron que estuviera así... - Meditó por unos instantes, mientras trataba de visualizar el pico más alto de la cima de la montaña, sin embargo, no alcanzaba a distinguir nada, la niebla era tan espesa en ese punto que no se podía apreciar qué había ahí, sin embargo, las señales eran claras.
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  • ¡No quiero parar!. Si alguién venir a jugar conmigo a lanzar bolas de nieve. ¡Bienvenido es!.
    -Gracias a mi querido amigo Santiago por la imagen.-
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  • Mi querido amigo Santiago me tomó está foto mientras estaba jugando a lanzar bolas de nieve.
    Mi querido amigo Santiago me tomó está foto mientras estaba jugando a lanzar bolas de nieve.
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  • I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
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    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
    STARTER La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo. Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante. Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
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  • —¿Flores?

    Laia no cambió de expresión, dejo las flores en el piso ahora se consumían por la fría nieve de Fenris. No entendía el valor que tenían o tal vez lo entendía mejor de lo que creía
    —¿Flores? Laia no cambió de expresión, dejo las flores en el piso ahora se consumían por la fría nieve de Fenris. No entendía el valor que tenían o tal vez lo entendía mejor de lo que creía
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  • Se que soy conosida mas por ser la hija de Khione la diosa de las nieves y mi trabajo es llevar el infierno al los mortales y algunos son eterno , pero ay un desea de ser normal sin que pueda cumplir mi deber como diosa ser humana una vez
    Se que soy conosida mas por ser la hija de Khione la diosa de las nieves y mi trabajo es llevar el infierno al los mortales y algunos son eterno , pero ay un desea de ser normal sin que pueda cumplir mi deber como diosa ser humana una vez
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  • La aldea de YIva
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    Categoría Original
    La nieve parecia estar tranquila la gente vivia en paz , creyendo su diosa
    Que los cuidan esa que escucha que cada noche le piden protesion y que los ilumine cada luna llena

    Aquella aldea que esta escondira entre las momtañas, YIva cuidaba de ellos como si fueran sus hijos

    Esa mañana entre ellos caminaba pero no habian notado que los veia como si nada , su vida normal diaria pero algunos de ellos eran guerreros

    Espero que aqui entre las montañas no sufran de los reyes de ningun dios los lastimen con sus cosas

    Mientras Ylva caminaba sintio algo fuera de lo normal ¿que es eso? Dijo para ella y fue. Ver que era ese poder no parecia como los dioses norticos que conocia pero su interior le hacia familiar
    La nieve parecia estar tranquila la gente vivia en paz , creyendo su diosa Que los cuidan esa que escucha que cada noche le piden protesion y que los ilumine cada luna llena Aquella aldea que esta escondira entre las momtañas, YIva cuidaba de ellos como si fueran sus hijos Esa mañana entre ellos caminaba pero no habian notado que los veia como si nada , su vida normal diaria pero algunos de ellos eran guerreros Espero que aqui entre las montañas no sufran de los reyes de ningun dios los lastimen con sus cosas Mientras Ylva caminaba sintio algo fuera de lo normal ¿que es eso? Dijo para ella y fue. Ver que era ese poder no parecia como los dioses norticos que conocia pero su interior le hacia familiar
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  • -era hora de trabajo o bueno eso es estaba en uno de los nieve reinos donde las mayoria de hadas y seres magicos vivia juntos en paz , donde la guerra no existia Sigyn como siempre en el camino hacia alguna pequeña broma inocente.-

    Es hora de retirar lo vengo hacer ~

    -cuando escucho una vos detras de ella.-
    -era hora de trabajo o bueno eso es estaba en uno de los nieve reinos donde las mayoria de hadas y seres magicos vivia juntos en paz , donde la guerra no existia Sigyn como siempre en el camino hacia alguna pequeña broma inocente.- Es hora de retirar lo vengo hacer ~ -cuando escucho una vos detras de ella.-
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  • ¿Una buena o mala elección?
    Su casa estaba en casi medio de la nada, la pequeña ciudad mas cercana se cubría también de nieve, pero si querían salir a estirar las piernas y comer ramen, era lo ideal.

    ¿Asi era la vida de ellos? Claro que por supuesto que si. Es perfecta.
    Claro, por ahora que él no le ha dicho a su pareja que en secreto le esta dedicando un poemario.
    ¿Una buena o mala elección? Su casa estaba en casi medio de la nada, la pequeña ciudad mas cercana se cubría también de nieve, pero si querían salir a estirar las piernas y comer ramen, era lo ideal. ¿Asi era la vida de ellos? Claro que por supuesto que si. Es perfecta. Claro, por ahora que él no le ha dicho a su pareja que en secreto le esta dedicando un poemario.
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