• Un nuevo capítulo...
    Fandom OC/JJK
    Categoría Romance
    Leo

    "Mi mayor miedo es que, eventualmente, me verás de la misma forma que me veo yo."

    [Alemania. - Berlín. - El apartamento de Morana. - 21:34]

    Cuan tortuosa podía ser la vida de una persona solitaria, no por necesidad, ni por comodidad, una soledad autoimpuesta, una penitencia en busca de la redención.

    Morana, que últimamente andaba más sumida en pensamiento de lo normal, se dirigió al balcón con cigarro en mano, portando un vestido negro largo y unos tacones; hoy habría visita.

    La ciudad brillaba tanto como siempre, luces que nunca se apagaban, coches que iban de un lado a otro, todos vivían una vida normal... — Los envidio. — Su voz era suave, su mirada observaba el mundo como si fuera un cuadro, y ella no era la pintora, sino una mancha.

    Dio una profunda calada al cigarro y mientras exhalaba el humo, dejó caer las cenizas por el balcón. — Tan ignorantes, y sin embargo... Tan felices. — Así era la gente para ella, pero era esa misma ignorancia la que envidiaba, pues tantos años de vida le habían enseñado algo; cuanto más sabes del mundo, más horrible se vuelve la vida.

    Tiró el cigarro por el balcón, suspirando profundamente antes de volver al interior del piso. Se dirigió al sillón que había en el centro del salón, se cruzó de piernas, juntó sus manos y con su mirada fija en las mismas, su mente comenzó a divagar.

    El pasado pesaba demasiado para ella, la soledad se había vuelto una tortura con el pasar de los siglos, y le había quedado claro que, por mucho que se esforzara y por mucho que odiase admitirlo... No podía seguir así.

    La vida eterna se había convertido en una cárcel desde que "cumplió" su objetivo, pues una vida sin propósito carecía de belleza. La persona que ella amaba, le gustase o no, había desaparecido en la rueda de la vida, así haya reencarnado, nunca sería la misma persona... Y eso dolía más que arder en la pira.

    ¿Desde cuándo se había vuelto tan blanda? Una pregunta que se repetía a menudo, pero la respuesta era simple... Siempre lo fue, en el fondo, su corazón, aunque desgastado, siempre fue blando, pero en sus intentos por convencerse de que no, el daño se había ido acumulando.

    Una historia de amor de un milenio... Un desperdicio, meras mentiras para convencerse a si misma de que podía cambiar lo sucedido... Motivo por el cual, en su juventud, terminó volviéndose tan diestra en la nigromancia. No quería aceptar el resultado, nunca pudo aceptarlo, nunca pudo superarlo... Pero conocer a cierta persona, le hizo darle vueltas a la cabeza.

    Leo, un hechicero que parecía no tener más preocupación que el presente, su actitud tan aparentemente despreocupada se había vuelto contagiosa para Morana… Se había dado cuenta que, en esos momentos de adrenalina que compartían en la carretera, en esas risas por bromas estúpidas, en esa mirada suave que parecía nunca juzgarla... Había hallado refugio.

    ¿En qué estaba pensando? Tras un milenio de asegurar que su corazón solo le pertenecía a un difunto... Estaba pensando en la posibilidad de... Avanzar sin él.

    Morana volvió a la realidad, sacada de su trance por el ruido de los coches... Echa de menos cuando la vida eran herramientas y caballos. Aprovechó el momento para dirigirse a la cocina, sacar su mejor vino y preparar las cosas en la pequeña mesa que había en el salón.

    Terminado esto, la puerta sonó... ¿Sería el hechicero...?

    Al principio, dudó en sus pasos, pero tras un par de segundos, se dirigió a la puerta, tomó aire antes de abrirla ¿Por qué estaba tan nerviosa? No lo sabía, pero lo controlaría, como siempre lo hace... Lentamente abrió la puerta...
    [Cursed_Bastard] "Mi mayor miedo es que, eventualmente, me verás de la misma forma que me veo yo." [Alemania. - Berlín. - El apartamento de Morana. - 21:34] Cuan tortuosa podía ser la vida de una persona solitaria, no por necesidad, ni por comodidad, una soledad autoimpuesta, una penitencia en busca de la redención. Morana, que últimamente andaba más sumida en pensamiento de lo normal, se dirigió al balcón con cigarro en mano, portando un vestido negro largo y unos tacones; hoy habría visita. La ciudad brillaba tanto como siempre, luces que nunca se apagaban, coches que iban de un lado a otro, todos vivían una vida normal... — Los envidio. — Su voz era suave, su mirada observaba el mundo como si fuera un cuadro, y ella no era la pintora, sino una mancha. Dio una profunda calada al cigarro y mientras exhalaba el humo, dejó caer las cenizas por el balcón. — Tan ignorantes, y sin embargo... Tan felices. — Así era la gente para ella, pero era esa misma ignorancia la que envidiaba, pues tantos años de vida le habían enseñado algo; cuanto más sabes del mundo, más horrible se vuelve la vida. Tiró el cigarro por el balcón, suspirando profundamente antes de volver al interior del piso. Se dirigió al sillón que había en el centro del salón, se cruzó de piernas, juntó sus manos y con su mirada fija en las mismas, su mente comenzó a divagar. El pasado pesaba demasiado para ella, la soledad se había vuelto una tortura con el pasar de los siglos, y le había quedado claro que, por mucho que se esforzara y por mucho que odiase admitirlo... No podía seguir así. La vida eterna se había convertido en una cárcel desde que "cumplió" su objetivo, pues una vida sin propósito carecía de belleza. La persona que ella amaba, le gustase o no, había desaparecido en la rueda de la vida, así haya reencarnado, nunca sería la misma persona... Y eso dolía más que arder en la pira. ¿Desde cuándo se había vuelto tan blanda? Una pregunta que se repetía a menudo, pero la respuesta era simple... Siempre lo fue, en el fondo, su corazón, aunque desgastado, siempre fue blando, pero en sus intentos por convencerse de que no, el daño se había ido acumulando. Una historia de amor de un milenio... Un desperdicio, meras mentiras para convencerse a si misma de que podía cambiar lo sucedido... Motivo por el cual, en su juventud, terminó volviéndose tan diestra en la nigromancia. No quería aceptar el resultado, nunca pudo aceptarlo, nunca pudo superarlo... Pero conocer a cierta persona, le hizo darle vueltas a la cabeza. Leo, un hechicero que parecía no tener más preocupación que el presente, su actitud tan aparentemente despreocupada se había vuelto contagiosa para Morana… Se había dado cuenta que, en esos momentos de adrenalina que compartían en la carretera, en esas risas por bromas estúpidas, en esa mirada suave que parecía nunca juzgarla... Había hallado refugio. ¿En qué estaba pensando? Tras un milenio de asegurar que su corazón solo le pertenecía a un difunto... Estaba pensando en la posibilidad de... Avanzar sin él. Morana volvió a la realidad, sacada de su trance por el ruido de los coches... Echa de menos cuando la vida eran herramientas y caballos. Aprovechó el momento para dirigirse a la cocina, sacar su mejor vino y preparar las cosas en la pequeña mesa que había en el salón. Terminado esto, la puerta sonó... ¿Sería el hechicero...? Al principio, dudó en sus pasos, pero tras un par de segundos, se dirigió a la puerta, tomó aire antes de abrirla ¿Por qué estaba tan nerviosa? No lo sabía, pero lo controlaría, como siempre lo hace... Lentamente abrió la puerta...
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  • ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...?

    [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18]

    El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo.

    La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar.

    La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver...

    Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas.
    Su cuerpo era la cárcel.
    Su mente era el verdugo.
    Los recuerdos eran su cicuta.

    Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía.

    Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente.

    Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido?

    Tenerla a ella sería la perdición de su familia.
    Su madre perdió su título.
    Su padre comenzó a abusar de ambas.
    Su esposo perdió un ojo protegiéndola.

    Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre.

    Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho.

    La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano...

    Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada.

    Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
    ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...? [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18] El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo. La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar. La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver... Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas. Su cuerpo era la cárcel. Su mente era el verdugo. Los recuerdos eran su cicuta. Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía. Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente. Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido? Tenerla a ella sería la perdición de su familia. Su madre perdió su título. Su padre comenzó a abusar de ambas. Su esposo perdió un ojo protegiéndola. Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre. Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho. La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano... Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada. Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
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  • Nicole estaba esperando a Morana con intenciones de pedirle un enorme favor, para eso entonces decidió esperarla en el apartamento que ella llevó a Nicole para que se aloje y esté bajo su seguridad.

    Salió un momento al balcón para dejarle un poco de comida a su cuervo Kyle, luego volvió a entrar para seguir esperando a Morana.

    — Creo que ya no debe tardar. —
    Nicole estaba esperando a [Undead_Mistress] con intenciones de pedirle un enorme favor, para eso entonces decidió esperarla en el apartamento que ella llevó a Nicole para que se aloje y esté bajo su seguridad. Salió un momento al balcón para dejarle un poco de comida a su cuervo Kyle, luego volvió a entrar para seguir esperando a Morana. — Creo que ya no debe tardar. —
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    [smile4me]

    La casa de Dios, lugar donde la bruja no era bienvenida y un lugar que repudiaba...

    En la primera guerra, allá por el siglo XIV contra la iglesia, saqueó y destruyó numerosos pueblos conocidos por ser religiosos, sobre todo en Aviñón, lugar donde finalmente se asediaría contra las fuerzas de la iglesia, pero eso es agua pasada... ¿No?

    No, no lo era, el conflicto, aunque por aquel entonces se detuviera, nunca se apagó.

    Hoy Morana se dirigía a una catedral, curioso era el motivo, quería observar de cerca el motivo por el que tantas personas buscaban refugio en Dios cuando la iglesia para ella no eran más que mentiras...

    Odiaba la idea.

    Caminaba con una calma que no reflejaba lo que sentía, pisaba la tierra santa como si de basura se tratase, con un resentimiento propio de ella, pues le arrebataron todo lo que conocía, todo lo que amaba...

    Las puertas de la catedral, de arquitectura majestuosa se hallaban frente a ella, hacía poco que la misa había terminado, así que aún habían unas pocas personas, una multitud que, poco a poco, fue disminuyendo.

    La bruja entró en la casa de Dios, irónica era la sensación que la recorría, un odio personal, pero al mismo tiempo, el cálido abrazo de lo que alguna vez fue su propia creencia, ahora manchado por la sangre derramada en su pasado.

    Los pasos hicieron eco, su mirada se posaría en el cristo, crucificado en lo alto, una decoración que le trajo recuerdos tan nefastos, tan distantes... Pero aún intensos.

    Recuerda las piras, las antorchas, las guerras, las muertes ¿Cuántas víctimas hubo? Demasiadas en ambos bandos, murieron culpables e inocentes por igual.

    Pero también habían recuerdos bellos, el rubio color del cabello de su esposo, como siempre trató de llevarla con ella a la iglesia, asegurando que entregando su corazón a la fe, el peso del día a día se iría...

    Una pena que el mismo hombre muriese en la pira, quemado por aquellos en quienes tanto confiaba.

    La mirada de Morana no reflejaba el remolino de emociones que la recorría, pero en su trance no se percató de la ausencia de personas alrededor suya ¿Había quedado sola en la iglesia...?
    [smile4me] La casa de Dios, lugar donde la bruja no era bienvenida y un lugar que repudiaba... En la primera guerra, allá por el siglo XIV contra la iglesia, saqueó y destruyó numerosos pueblos conocidos por ser religiosos, sobre todo en Aviñón, lugar donde finalmente se asediaría contra las fuerzas de la iglesia, pero eso es agua pasada... ¿No? No, no lo era, el conflicto, aunque por aquel entonces se detuviera, nunca se apagó. Hoy Morana se dirigía a una catedral, curioso era el motivo, quería observar de cerca el motivo por el que tantas personas buscaban refugio en Dios cuando la iglesia para ella no eran más que mentiras... Odiaba la idea. Caminaba con una calma que no reflejaba lo que sentía, pisaba la tierra santa como si de basura se tratase, con un resentimiento propio de ella, pues le arrebataron todo lo que conocía, todo lo que amaba... Las puertas de la catedral, de arquitectura majestuosa se hallaban frente a ella, hacía poco que la misa había terminado, así que aún habían unas pocas personas, una multitud que, poco a poco, fue disminuyendo. La bruja entró en la casa de Dios, irónica era la sensación que la recorría, un odio personal, pero al mismo tiempo, el cálido abrazo de lo que alguna vez fue su propia creencia, ahora manchado por la sangre derramada en su pasado. Los pasos hicieron eco, su mirada se posaría en el cristo, crucificado en lo alto, una decoración que le trajo recuerdos tan nefastos, tan distantes... Pero aún intensos. Recuerda las piras, las antorchas, las guerras, las muertes ¿Cuántas víctimas hubo? Demasiadas en ambos bandos, murieron culpables e inocentes por igual. Pero también habían recuerdos bellos, el rubio color del cabello de su esposo, como siempre trató de llevarla con ella a la iglesia, asegurando que entregando su corazón a la fe, el peso del día a día se iría... Una pena que el mismo hombre muriese en la pira, quemado por aquellos en quienes tanto confiaba. La mirada de Morana no reflejaba el remolino de emociones que la recorría, pero en su trance no se percató de la ausencia de personas alrededor suya ¿Había quedado sola en la iglesia...?
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  • Kyle observa a su próxima presa, prefiere cazar en vez de ser alimentado por su dueña Nicole, bueno, la naturaleza es así ¿No? Sólo tocará adivinar con que vendrá, Nicole sólo espera que no traiga su presa al departamento porque Morana se enojaría.
    Kyle observa a su próxima presa, prefiere cazar en vez de ser alimentado por su dueña Nicole, bueno, la naturaleza es así ¿No? Sólo tocará adivinar con que vendrá, Nicole sólo espera que no traiga su presa al departamento porque Morana se enojaría.
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  • Opuestos naturales.
    Fandom JJK/OC
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    [Norte de Berlín. - Alemania. - 16:24 - 23/04/2043]

    Leo

    Un rumor había llegado a oídos de Morana, apenas unos susurros sobre un alma de gran poder, el alma de un genocida, pero que nadie osaba cuestionar, había reencarnado...

    El alma del mismísimo Ryōmen Sukuna, hechicero imbatible en su época, megalómano, y el que más tarde se convertiría en rey de las maldiciones. Su muerte fue una sorpresa, pero no más que su reencarnación.

    Hoy era momento de una reunión con el chico en cuestión, el cual se dedicaba al exorcismo de maldiciones para vivir. Fue una sorpresa para Morana enterarse de que la reencarnación de Sukuna era un chico sorprendentemente altruísta, todo lo contrario a lo que fue Sukuna en vida, y ahora se hacía llamar Leo.

    La reunión sería en un lugar convencional, una plaza tranquila, Morana ya estaba cansada de reuniones secretas en locales de mala muerte, estaría bien respirar el aire de la que alguna vez fue su tierra.

    No dio demasiados detalles sobre cómo se vería, mas aseguró al momento de pactar su reunión que sería sencillo distinguirla, a fin de cuentas, un hechicero sería capaz de ver el torrente de energía que la bruja emanaba, fruto de las miles de almas cosechadas por ella.

    No lo admitiría nunca, pero realmente quería conocer al que continuaría el legado de Ryōmen Sukuna ¿Qué camino elegiría tomar? Era algo que la llenaba de curiosidad.

    Morana estaba tranquilamente en la plaza en un lugar relativamente apartado de la multitud, los rayos del sol hacían que su cabellera, aunque cubierta, brillara por su tono rubio apagado. La gente de vez en cuando lanzaba miradas curiosas hacia ella, pero nadie se atrevía a acercarse, o al menos así era hasta que alguien dirigió su andar hacia ella...
    [Norte de Berlín. - Alemania. - 16:24 - 23/04/2043] [Cursed_Bastard] Un rumor había llegado a oídos de Morana, apenas unos susurros sobre un alma de gran poder, el alma de un genocida, pero que nadie osaba cuestionar, había reencarnado... El alma del mismísimo Ryōmen Sukuna, hechicero imbatible en su época, megalómano, y el que más tarde se convertiría en rey de las maldiciones. Su muerte fue una sorpresa, pero no más que su reencarnación. Hoy era momento de una reunión con el chico en cuestión, el cual se dedicaba al exorcismo de maldiciones para vivir. Fue una sorpresa para Morana enterarse de que la reencarnación de Sukuna era un chico sorprendentemente altruísta, todo lo contrario a lo que fue Sukuna en vida, y ahora se hacía llamar Leo. La reunión sería en un lugar convencional, una plaza tranquila, Morana ya estaba cansada de reuniones secretas en locales de mala muerte, estaría bien respirar el aire de la que alguna vez fue su tierra. No dio demasiados detalles sobre cómo se vería, mas aseguró al momento de pactar su reunión que sería sencillo distinguirla, a fin de cuentas, un hechicero sería capaz de ver el torrente de energía que la bruja emanaba, fruto de las miles de almas cosechadas por ella. No lo admitiría nunca, pero realmente quería conocer al que continuaría el legado de Ryōmen Sukuna ¿Qué camino elegiría tomar? Era algo que la llenaba de curiosidad. Morana estaba tranquilamente en la plaza en un lugar relativamente apartado de la multitud, los rayos del sol hacían que su cabellera, aunque cubierta, brillara por su tono rubio apagado. La gente de vez en cuando lanzaba miradas curiosas hacia ella, pero nadie se atrevía a acercarse, o al menos así era hasta que alguien dirigió su andar hacia ella...
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  • Una segunda oportunidad.
    Fandom OC/Black Butler.
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    Ciel Phantomhive

    [Mediados del siglo XIX]

    Esto era un deleite para la nigromante...

    Cuerpo sin vida, víctima de un ritual profano, algo tan típico como triste, una historia que se habría de repetir miles de veces...

    — Ah~ La ambición humana... — Apenas un murmullo en la oscuridad...

    ¿Cuándo entenderían los humanos que habían fuerzas con las que era mejor no tratar?¿Cuantos más habrían de morir con el mero propósito de conseguir poder?

    No importaba, al menos no para la nigromante.

    Un cascarón, cuerpo sin alma, quizás necesitaría un... Pequeño impulso...

    Conocía la historia, la muerte de su familia, su venta, su secuestro... No conocía detalles, pero sabía lo necesario.

    — ¿Será que buscarás venganza? — Preguntó la voz con cierta burla en su tono.

    Normalmente no resucitaría a nadie sin un precio, pero esta vez sería divertido... ¿El pago? Ser testigo si dicha venganza se llevaba a cabo... O llegar a tratar con el demonio que se liberó gracias a su muerte, ambas serían beneficio para la bruja.

    Finalmente el lugar se iluminó, antorchas en las paredes, un lugar antiguo, propiedad de la bruja que, con su mirada plateada, observaba el cuerpo del que apuntaba a ser conde.

    — Que desgracia ¿No te parece triste? — Preguntó, como si el contrario fuera a responderle, pero solo halló silencio. — Es una situación peculiar... — ¿Dónde habría ido su alma? Imposible saberlo incluso para la nigromante, el pago por invocar a un demonio era tan impredecible como estúpido.

    Quitó el guante de su mano izquierda, acarició el rostro del joven, un tacto tan frío como el suyo propio, el tacto de un cadáver... Movió lentamente la mano, pasando por el mentón... El cuello... Y finalmente, posándose en el pecho del contrario.

    No recitó palabra, no hubo cánticos ni rituales, no sería necesario... Morana pondría el pago por el retorno del conde, apenas unas almas serían suficientes para restaurar su cuerpo y su mente, pero había algo que escapaba de sus manos... Su alma...

    — ¿Qué haré? — Dijo con una calma inquietante, una pregunta retórica, podría usar un pacto como pretexto para hacer alzarse al muerto ¿Las condiciones? Simples, su cuerpo se impulsaría por la magia de la nigromante hasta que ella encontrase el alma del conde.

    El fuego en las antorchas se atenuó, el aire se había vuelto más pesado, la nigromante comenzó a hacer uso de su magia y con ello, una energía comenzó a inundar el cuerpo del fallecido.

    La piel retomó su color, las heridas se cerrarían lentamente y, con suerte, si todo funcionaba como la bruja planeaba, la conciencia regresaría pronto...

    Fue entonces que se separó, encendió un cigarro y esperó... Los orbes plateados de Morana estaban clavados sobre él, preparada para cualquier tipo de reacción, a fin de cuentas, no todos reaccionan igual al volver a la vida... ¿Qué ocurrirá esta vez...?
    [potentiareger3] [Mediados del siglo XIX] Esto era un deleite para la nigromante... Cuerpo sin vida, víctima de un ritual profano, algo tan típico como triste, una historia que se habría de repetir miles de veces... — Ah~ La ambición humana... — Apenas un murmullo en la oscuridad... ¿Cuándo entenderían los humanos que habían fuerzas con las que era mejor no tratar?¿Cuantos más habrían de morir con el mero propósito de conseguir poder? No importaba, al menos no para la nigromante. Un cascarón, cuerpo sin alma, quizás necesitaría un... Pequeño impulso... Conocía la historia, la muerte de su familia, su venta, su secuestro... No conocía detalles, pero sabía lo necesario. — ¿Será que buscarás venganza? — Preguntó la voz con cierta burla en su tono. Normalmente no resucitaría a nadie sin un precio, pero esta vez sería divertido... ¿El pago? Ser testigo si dicha venganza se llevaba a cabo... O llegar a tratar con el demonio que se liberó gracias a su muerte, ambas serían beneficio para la bruja. Finalmente el lugar se iluminó, antorchas en las paredes, un lugar antiguo, propiedad de la bruja que, con su mirada plateada, observaba el cuerpo del que apuntaba a ser conde. — Que desgracia ¿No te parece triste? — Preguntó, como si el contrario fuera a responderle, pero solo halló silencio. — Es una situación peculiar... — ¿Dónde habría ido su alma? Imposible saberlo incluso para la nigromante, el pago por invocar a un demonio era tan impredecible como estúpido. Quitó el guante de su mano izquierda, acarició el rostro del joven, un tacto tan frío como el suyo propio, el tacto de un cadáver... Movió lentamente la mano, pasando por el mentón... El cuello... Y finalmente, posándose en el pecho del contrario. No recitó palabra, no hubo cánticos ni rituales, no sería necesario... Morana pondría el pago por el retorno del conde, apenas unas almas serían suficientes para restaurar su cuerpo y su mente, pero había algo que escapaba de sus manos... Su alma... — ¿Qué haré? — Dijo con una calma inquietante, una pregunta retórica, podría usar un pacto como pretexto para hacer alzarse al muerto ¿Las condiciones? Simples, su cuerpo se impulsaría por la magia de la nigromante hasta que ella encontrase el alma del conde. El fuego en las antorchas se atenuó, el aire se había vuelto más pesado, la nigromante comenzó a hacer uso de su magia y con ello, una energía comenzó a inundar el cuerpo del fallecido. La piel retomó su color, las heridas se cerrarían lentamente y, con suerte, si todo funcionaba como la bruja planeaba, la conciencia regresaría pronto... Fue entonces que se separó, encendió un cigarro y esperó... Los orbes plateados de Morana estaban clavados sobre él, preparada para cualquier tipo de reacción, a fin de cuentas, no todos reaccionan igual al volver a la vida... ¿Qué ocurrirá esta vez...?
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  • Promesas de grandeza
    Fandom Black Clover/OC
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    [Rol ambientado en el universo de Black Clover - AU]

    𓍢ִ໋🪓֒ 𝕶𝖎𝔂𝖔

    El Amanecer Dorado, una orden con un prestigio inigualable en el reino, poseedora de los mejores magos, famosa por sus hazañas y por el poder de sus miembros...

    Morana era una de ellos, una maga de renombre, que, aunque tuviera que compensar su falta de poder ofensivo con habilidad, era una amenaza en el campo de batalla, una mente estratega con una magia capaz de potenciar y curar tanto a ella como a sus aliados a un ritmo sorprendente.

    Todo esto sumado a su costumbre a portar armas y su vestimenta tan inusual, la hacían objetivo de juicio de muchos, pero nadie osaba negar sus capacidades.

    El último reclutamiento fue fructífero, pues si bien no reclutaban en masa, compensaban la cantidad con calidad. Morana había sido encargada con la bienvenida de una maga en concreto, Kiyo, la cual había demostrado sus capacidades a pesar de su corta edad.

    Morana se encontraba en la entrada del lugar, esperando la llegada de la maga con su arma en manos, una vieja costumbre. — Me pregunto que tipo de persona será... — Murmuró para si misma, aquellos con poder propio tendían a ser arrogantes.
    [Rol ambientado en el universo de Black Clover - AU] [I_am_Kiyo] El Amanecer Dorado, una orden con un prestigio inigualable en el reino, poseedora de los mejores magos, famosa por sus hazañas y por el poder de sus miembros... Morana era una de ellos, una maga de renombre, que, aunque tuviera que compensar su falta de poder ofensivo con habilidad, era una amenaza en el campo de batalla, una mente estratega con una magia capaz de potenciar y curar tanto a ella como a sus aliados a un ritmo sorprendente. Todo esto sumado a su costumbre a portar armas y su vestimenta tan inusual, la hacían objetivo de juicio de muchos, pero nadie osaba negar sus capacidades. El último reclutamiento fue fructífero, pues si bien no reclutaban en masa, compensaban la cantidad con calidad. Morana había sido encargada con la bienvenida de una maga en concreto, Kiyo, la cual había demostrado sus capacidades a pesar de su corta edad. Morana se encontraba en la entrada del lugar, esperando la llegada de la maga con su arma en manos, una vieja costumbre. — Me pregunto que tipo de persona será... — Murmuró para si misma, aquellos con poder propio tendían a ser arrogantes.
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  • Un vínculo más allá de la muerte.
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    Ꮶꭺꭱꭰꮖꭺ

    Rumores, rumores...

    Una demonio ¿Qué tipo de demonio? Poco importaba eso, al menos para Morana, lo que importaba era su forma de ser, afectuosa y obediente con todos, amable y servicial, o al menos eso había llegado a oídos de la nigromante.

    Era obvio que una situación así llamaría la atención de Morana ¿Quizás la demonio en cuestión estaba condicionada?¿Sería un pacto de algún tipo?¿Sería alguna magia que la mantenía a raya?¿O resultaría ser simplemente una excepción a la norma? Habría que averiguarlo.

    Escuchó que trabajaba en una especie de cafetería, sabiendo su historial, era de esperar que trabajase cara al público, suficientemente conveniente el hecho de que "sirviera" a otras personas en su oficio.

    Morana entró al local con paciencia, algo propio en ella, cada paso era lento, dándole tiempo a observar alrededor, analizar el entorno, una costumbre de la nigromante. Lo había sentido desde hace tiempo, siendo tan diestra en las artes espirituales, pudo sentir la presencia del demonio, aunque fuera de manera leve... Curioso ¿Realmente era un demonio o era un espíritu? Lo sabría cuando la viera con sus propios ojos.

    Morana no acostumbraba a lugares con gente, así que su andar se dirigió hacia la mesa que se encontraba en la esquina, alejada de oídos curiosos, pero no de las miradas... Una mujer de cabello rubio apagado, de porte elegante con ojos plateados, obviamente llamaría la atención de alguna persona, pero se resignó, tendría que conformarse.

    Tomó asiento tranquilamente, cruzó las piernas y, mientras esperaba a que la atendieran, recorrió el lugar con la mirada.

    Cualquiera que pudiera ver más allá de lo común, sabría que Morana no es una persona normal... Ahora era cosa de esperar...
    [Kardia_cor] Rumores, rumores... Una demonio ¿Qué tipo de demonio? Poco importaba eso, al menos para Morana, lo que importaba era su forma de ser, afectuosa y obediente con todos, amable y servicial, o al menos eso había llegado a oídos de la nigromante. Era obvio que una situación así llamaría la atención de Morana ¿Quizás la demonio en cuestión estaba condicionada?¿Sería un pacto de algún tipo?¿Sería alguna magia que la mantenía a raya?¿O resultaría ser simplemente una excepción a la norma? Habría que averiguarlo. Escuchó que trabajaba en una especie de cafetería, sabiendo su historial, era de esperar que trabajase cara al público, suficientemente conveniente el hecho de que "sirviera" a otras personas en su oficio. Morana entró al local con paciencia, algo propio en ella, cada paso era lento, dándole tiempo a observar alrededor, analizar el entorno, una costumbre de la nigromante. Lo había sentido desde hace tiempo, siendo tan diestra en las artes espirituales, pudo sentir la presencia del demonio, aunque fuera de manera leve... Curioso ¿Realmente era un demonio o era un espíritu? Lo sabría cuando la viera con sus propios ojos. Morana no acostumbraba a lugares con gente, así que su andar se dirigió hacia la mesa que se encontraba en la esquina, alejada de oídos curiosos, pero no de las miradas... Una mujer de cabello rubio apagado, de porte elegante con ojos plateados, obviamente llamaría la atención de alguna persona, pero se resignó, tendría que conformarse. Tomó asiento tranquilamente, cruzó las piernas y, mientras esperaba a que la atendieran, recorrió el lugar con la mirada. Cualquiera que pudiera ver más allá de lo común, sabría que Morana no es una persona normal... Ahora era cosa de esperar...
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  • Una deuda por cobrar.
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    Era hora de sembrar lo recogido, pues incluso de los pactos rotos se podía sacar algún tipo de provecho.

    Uun rey consumido por la ambición, advertido quedó que los pactos de Morana no son para ser tomados a la ligera ¿Las consecuencias? Algo simple, toda su estirpe vería su final a causa del veneno, y así fue, pero en un intento desesperado por evitar su amargo final, el último rey creó algo... Interesante.

    La noche era un momento de calma para Morana, la cual se dirigía a su encuentro con dicha creación. ¿Cómo sabía dónde estaba? Clarividencia, un concepto básico de la nigromancia.

    Sus pasos resonaban al caminar, su mirada plateada brillaba ligeramente con la luz que emanaba la luna. No sabría como reaccionaría el "hijo del infierno", título otorgado por la última víctima de la maldición, pero aunque fuera de manera indirecta, era una creación de Morana.

    Le pertenecía... O al menos así lo veía ella, era el momento de reclamar lo que era suyo.
    [p0isonmaker] Era hora de sembrar lo recogido, pues incluso de los pactos rotos se podía sacar algún tipo de provecho. Uun rey consumido por la ambición, advertido quedó que los pactos de Morana no son para ser tomados a la ligera ¿Las consecuencias? Algo simple, toda su estirpe vería su final a causa del veneno, y así fue, pero en un intento desesperado por evitar su amargo final, el último rey creó algo... Interesante. La noche era un momento de calma para Morana, la cual se dirigía a su encuentro con dicha creación. ¿Cómo sabía dónde estaba? Clarividencia, un concepto básico de la nigromancia. Sus pasos resonaban al caminar, su mirada plateada brillaba ligeramente con la luz que emanaba la luna. No sabría como reaccionaría el "hijo del infierno", título otorgado por la última víctima de la maldición, pero aunque fuera de manera indirecta, era una creación de Morana. Le pertenecía... O al menos así lo veía ella, era el momento de reclamar lo que era suyo.
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