• ¿Ves algo que te guste?
    Ven, no tengas miedo.
    Estoy aquí para ti.

    ¿Ves algo que te guste? 😉 Ven, no tengas miedo. Estoy aquí para ti. 🌹
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  • Jero 💀 𝗚𝗘𝗡𝗘𝗥𝗔𝗟 𝗥𝗔𝗗𝗔𝗛𝗡 ˢᵗᵃʳˢᶜᵒᵘʳᵍᵉ Drizz Whirlpool Drogo Hitosaki 𝑲𝒂𝒊𝒅𝒂 𝒊𝒄𝒉𝒊𝒓𝒚𝒖𝒔𝒂𝒊

    De acuerdo. Atención. Luego de haber investigado ampliamente sobre los lyches y con lo que Drizz nos compartió de él. Este será el plan. Drizz me dice que lo que tuvo fue una pesadilla premonitoria por lo que aún no sabemos cuándo regresará el famoso "Alhoon". Pero lo que si tenemos es una pista. Drizz me dijo que sus seguidores que se hacen llamar los cultistas del "Heraldo sin nombre" podrían seguir ocultos en el plano féerico. Específicamente en un lugar llamado "Brujaluz". Quizás podríamos encontrar allí más pistas o si tenemos suerte quizás impedir por completo su retorno. Ese será nuestro primer paradero. Partimos mañana a primera hora. ¿Como llegar?. Drizz nos teletransportará con su reloj planar.

    Repasemos algunos puntos importantes acerca de "Alhoon":
    -Es inmortal. Tiene capacidades regenerativas y resistencia a daño físico contudente o perforante de armas no mágicas.
    -Es capaz de castear hechizos sin utilizar componente verbal. Por lo que su velocidad de casteo y hechizos en consecución podrían ser una gran amenaza. Incluso si no son su repertorio más poderoso.
    -Especialista en la variante de magia negra de la locura y maldiciones variadas. Las manifestaciones de estas maldiciones pueden ser sumamente impredecibles o tener un "efecto retardado".
    -Utiliza el miedo y los desvaríos ocultos en los rincones más íntimos de tu mente cuando se ve superado en combate.
    -Como todo lyche para ser destruido no funciona simplemente acabar con su cuerpo. Hay que acabar con su "filacteria" que es su núcleo. No es tan facil saber donde se oculta. Por lo que comento Drizz puede que ni siquiera este en el mismo lugar que su cuerpo terrenal.

    ¿Todo claro?. ¿Alguna pregunta?.
    [Jeroaberration0] [Starscourge09] [specter_gold_magician_349] [fable_ivory_hippo_129] [Dragon_blood_witch] De acuerdo. Atención. Luego de haber investigado ampliamente sobre los lyches y con lo que Drizz nos compartió de él. Este será el plan. Drizz me dice que lo que tuvo fue una pesadilla premonitoria por lo que aún no sabemos cuándo regresará el famoso "Alhoon". Pero lo que si tenemos es una pista. Drizz me dijo que sus seguidores que se hacen llamar los cultistas del "Heraldo sin nombre" podrían seguir ocultos en el plano féerico. Específicamente en un lugar llamado "Brujaluz". Quizás podríamos encontrar allí más pistas o si tenemos suerte quizás impedir por completo su retorno. Ese será nuestro primer paradero. Partimos mañana a primera hora. ¿Como llegar?. Drizz nos teletransportará con su reloj planar. Repasemos algunos puntos importantes acerca de "Alhoon": -Es inmortal. Tiene capacidades regenerativas y resistencia a daño físico contudente o perforante de armas no mágicas. -Es capaz de castear hechizos sin utilizar componente verbal. Por lo que su velocidad de casteo y hechizos en consecución podrían ser una gran amenaza. Incluso si no son su repertorio más poderoso. -Especialista en la variante de magia negra de la locura y maldiciones variadas. Las manifestaciones de estas maldiciones pueden ser sumamente impredecibles o tener un "efecto retardado". -Utiliza el miedo y los desvaríos ocultos en los rincones más íntimos de tu mente cuando se ve superado en combate. -Como todo lyche para ser destruido no funciona simplemente acabar con su cuerpo. Hay que acabar con su "filacteria" que es su núcleo. No es tan facil saber donde se oculta. Por lo que comento Drizz puede que ni siquiera este en el mismo lugar que su cuerpo terrenal. ¿Todo claro?. ¿Alguna pregunta?.
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    Te quiero, a ti que estás leyendo esto,
    porque existes en mi mundo, porque formas mi universo.
    Porque en cada instante, en lo simple y lo incierto,
    eres parte de mi historia… y eso es lo más inmenso.

    La vida a veces golpea sin aviso ni razón,
    nos detiene en seco, nos enfrenta al corazón.
    Y entendemos de repente, con un nudo en la voz,
    que amar nunca es suficiente… si no lo dices hoy.

    Tenemos tanto guardado, tanto por demostrar,
    abrazos que se quedaron esperando su lugar.
    Palabras que no salieron, silencios que pesan más,
    momentos que por miedo… dejamos escapar.

    Y duele ese instante en que el tiempo no da,
    cuando todo lo pendiente empieza a gritar.
    Cuando el alma susurra lo que no supo decir:
    “no esperes a mañana… empieza a sentir”.

    Te quiero, sin medida, sin miedo y sin final,
    con la urgencia de lo frágil, con lo que es de verdad.
    Porque hoy estás aquí, porque puedo nombrarte,
    porque aún tengo el regalo… de poder amarte.
    Te quiero, a ti que estás leyendo esto, porque existes en mi mundo, porque formas mi universo. Porque en cada instante, en lo simple y lo incierto, eres parte de mi historia… y eso es lo más inmenso. La vida a veces golpea sin aviso ni razón, nos detiene en seco, nos enfrenta al corazón. Y entendemos de repente, con un nudo en la voz, que amar nunca es suficiente… si no lo dices hoy. Tenemos tanto guardado, tanto por demostrar, abrazos que se quedaron esperando su lugar. Palabras que no salieron, silencios que pesan más, momentos que por miedo… dejamos escapar. Y duele ese instante en que el tiempo no da, cuando todo lo pendiente empieza a gritar. Cuando el alma susurra lo que no supo decir: “no esperes a mañana… empieza a sentir”. Te quiero, sin medida, sin miedo y sin final, con la urgencia de lo frágil, con lo que es de verdad. Porque hoy estás aquí, porque puedo nombrarte, porque aún tengo el regalo… de poder amarte.
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    Me gusta ir a Club de la familia Queen, en ese lugar me reciben con sonrisas sinceras, me llaman “señor Oz” con respeto y no con miedo, siempre hay una mesa lista. Jennifer insiste en que disfrute lo que ha construido, aunque a veces siento que exageran con las atenciones.

    Esa noche la vi por primera vez. Cabello oscuro, sonrisa fácil, ojos que parecían analizarlo todo. Se sentó a mi lado como si me conociera de toda la vida. Hablamos de cosas simples: música, viajes, el clima. Ella reía más de lo necesario, pero no me incomodó, supuse que solo era amable.

    "Deberíamos salir un día" me dijo, como si nada.

    No le vi problema. Una cena, conversación tranquila algo normal. Hace tiempo que no tengo algo parecido asi que acepté.

    El restaurante era distinto al club. Más elegante, más silencioso. Nadie me reconoció al entrar, tampoco nadie corrió a atenderme. Me pareció curioso, pero no le di importancia. Tal vez aquí simplemente trabajan de otra manera.

    Ella parecía muy cómoda cuando llegue, pidió mucha comida a pesar que no parecia comer tanto. Por mi parte pedi como era mi costumbre en el club, a diferencia de ella, yo si terminaba mi comida. Yo creo que esa muchacha queria probar de todo un poco, supongo que esta bien.

    La chica hablaba mucho sobre lujos, viajes, sobre “la vida que le gustaría tener”. Yo escuchaba. No entendía del todo por qué me decía esas cosas, pero asentía de vez en cuando.

    Entonces la misma mesera que me recibió al entrar, traia una nota que decia que era la cuenta y la dejo frente a mí. La miré y por un momento no supe qué hacer, esperé... Pensé que alguien vendría, como en el club. Tal vez era parte del servicio, o una formalidad. Incluso miré alrededor, esperando ver a alguien acercarse con esa sonrisa conocida de “no se preocupe, señor Oz”. Pero nadie vino.

    "¿Todo bien?" preguntó ella, inclinándose un poco hacia mí.

    "Sí… claro" le respondí, aunque no lo tenía tan claro volví a mirar el papel.

    "Ah... Así que aquí… sí se paga."

    No dije nada más. Solo tomé la cuenta con cierta torpeza, como si fuera la primera vez que veía algo así. Porque, en cierto modo, lo era. Supongo que Jennifer olvidó mencionarme ese detalle.

    Si destruyo el lugar me libraría de esa cuenta, pero se que a Jennifer no le gustara que haga algo como eso. Al final, la chica desaparco y un par de hombres con ropa azul me escoltaron afuera. Me pusieron unas cosas en las muñecas aunque tuve que tener mucho cuidado para no romperlas ya que se veían muy frágiles, dijeron que me llevarían al bote. No se que es eso, pero al menos podre subirme a uno de esos autos ruidosos con luces.
    Me gusta ir a Club de la familia Queen, en ese lugar me reciben con sonrisas sinceras, me llaman “señor Oz” con respeto y no con miedo, siempre hay una mesa lista. Jennifer insiste en que disfrute lo que ha construido, aunque a veces siento que exageran con las atenciones. Esa noche la vi por primera vez. Cabello oscuro, sonrisa fácil, ojos que parecían analizarlo todo. Se sentó a mi lado como si me conociera de toda la vida. Hablamos de cosas simples: música, viajes, el clima. Ella reía más de lo necesario, pero no me incomodó, supuse que solo era amable. "Deberíamos salir un día" me dijo, como si nada. No le vi problema. Una cena, conversación tranquila algo normal. Hace tiempo que no tengo algo parecido asi que acepté. El restaurante era distinto al club. Más elegante, más silencioso. Nadie me reconoció al entrar, tampoco nadie corrió a atenderme. Me pareció curioso, pero no le di importancia. Tal vez aquí simplemente trabajan de otra manera. Ella parecía muy cómoda cuando llegue, pidió mucha comida a pesar que no parecia comer tanto. Por mi parte pedi como era mi costumbre en el club, a diferencia de ella, yo si terminaba mi comida. Yo creo que esa muchacha queria probar de todo un poco, supongo que esta bien. La chica hablaba mucho sobre lujos, viajes, sobre “la vida que le gustaría tener”. Yo escuchaba. No entendía del todo por qué me decía esas cosas, pero asentía de vez en cuando. Entonces la misma mesera que me recibió al entrar, traia una nota que decia que era la cuenta y la dejo frente a mí. La miré y por un momento no supe qué hacer, esperé... Pensé que alguien vendría, como en el club. Tal vez era parte del servicio, o una formalidad. Incluso miré alrededor, esperando ver a alguien acercarse con esa sonrisa conocida de “no se preocupe, señor Oz”. Pero nadie vino. "¿Todo bien?" preguntó ella, inclinándose un poco hacia mí. "Sí… claro" le respondí, aunque no lo tenía tan claro volví a mirar el papel. "Ah... Así que aquí… sí se paga." No dije nada más. Solo tomé la cuenta con cierta torpeza, como si fuera la primera vez que veía algo así. Porque, en cierto modo, lo era. Supongo que Jennifer olvidó mencionarme ese detalle. Si destruyo el lugar me libraría de esa cuenta, pero se que a Jennifer no le gustara que haga algo como eso. Al final, la chica desaparco y un par de hombres con ropa azul me escoltaron afuera. Me pusieron unas cosas en las muñecas aunque tuve que tener mucho cuidado para no romperlas ya que se veían muy frágiles, dijeron que me llevarían al bote. No se que es eso, pero al menos podre subirme a uno de esos autos ruidosos con luces.
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  • Crees que te dejaré simplemente faltarme el respeto? Ven, no tengo miedo de una criatura tan inofensiva
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  • Muy bien, ya hice el trabajo difícil... Tu trabajo... Ahora llévate este montón de carne sin sentido lo más lejos que puedas y ni se te ocurra tratar de saquearlo, ya me encargué de arrebatarle el alma... Que ocurre? Te da miedo? Vamos, ya estás lo suficientemente dentro como para negarte a hacerlo...
    Muy bien, ya hice el trabajo difícil... Tu trabajo... Ahora llévate este montón de carne sin sentido lo más lejos que puedas y ni se te ocurra tratar de saquearlo, ya me encargué de arrebatarle el alma... Que ocurre? Te da miedo? Vamos, ya estás lo suficientemente dentro como para negarte a hacerlo...
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  • — Tu triste historia me llega al corazón... « como quisiera arrancar el tuyo » ... Escuchaste eso pero es muy tarde, la ayuda no llegará. Sabes, siempre he amado la moral de dudosa procedencia. Aquellos que más se levantan en un pedestal son los peores, como tú. Los que ayudan, los que se consideran puros e intachables. — Camino en círculos alrededor de su cena, una sacerdotisa que pecaba de hipócrita. — Pero esa no es la razón para tenerte aquí. — Sonrió, aspirando el miedo sobre el aire.

    — No, tampoco estoy haciendo justicia por todos aquellos que perecieron bajo tus manos. — Nego, haciendo un sonido de negación chocando su lengua con el interior de su boca.— Tierna criatura de Dios, no estoy aquí para juzgarte. Solo me divierte la cara de idiota incomprendida que tienes en este momento, haciéndote la martir hasta que por fin encontraste quien pueda darte, la dicha de sentir la carne viva segregando carne. ¡Uhm! Tus lágrimas, tu sangre, tus gritos y todo de ti serán un festín para quitarme este aburrimiento, siéntete vigorosa « al final si serás útil ».
    — Tu triste historia me llega al corazón... « como quisiera arrancar el tuyo » ... Escuchaste eso pero es muy tarde, la ayuda no llegará. Sabes, siempre he amado la moral de dudosa procedencia. Aquellos que más se levantan en un pedestal son los peores, como tú. Los que ayudan, los que se consideran puros e intachables. — Camino en círculos alrededor de su cena, una sacerdotisa que pecaba de hipócrita. — Pero esa no es la razón para tenerte aquí. — Sonrió, aspirando el miedo sobre el aire. — No, tampoco estoy haciendo justicia por todos aquellos que perecieron bajo tus manos. — Nego, haciendo un sonido de negación chocando su lengua con el interior de su boca.— Tierna criatura de Dios, no estoy aquí para juzgarte. Solo me divierte la cara de idiota incomprendida que tienes en este momento, haciéndote la martir hasta que por fin encontraste quien pueda darte, la dicha de sentir la carne viva segregando carne. ¡Uhm! Tus lágrimas, tu sangre, tus gritos y todo de ti serán un festín para quitarme este aburrimiento, siéntete vigorosa « al final si serás útil ».
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    ¡Se bienvenido Jax a nuestro canon del Circo Digital, estamos muy contentos de que hayas querido participar con nosotros, se libre de interactuar sin miedo con los demas participantes, cualquier duda sobre la trama no dudes en preguntar a Anima o a tu queridísimo, genial y famoso director del circo Caine , disfruta!
    ¡Se bienvenido [jax_0] a nuestro canon del Circo Digital, estamos muy contentos de que hayas querido participar con nosotros, se libre de interactuar sin miedo con los demas participantes, cualquier duda sobre la trama no dudes en preguntar a [Antiviru5] o a tu queridísimo, genial y famoso director del circo [C41NE], disfruta!
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    ***Edad del Caos***
    - Los Guerreros del Caos.

    La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia.

    Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás.

    Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió.

    Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado.

    Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses.

    Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba.

    Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña.

    No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó.

    Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa.

    El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también.

    El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido.

    Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra.

    Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija.

    Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido.

    Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida.

    Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor.

    Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba.

    Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir.

    Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él.

    Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron.

    Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado.

    El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella.

    Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar.

    Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes.

    Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más.

    Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis.

    Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.

    ***Edad del Caos*** - Los Guerreros del Caos. La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia. Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás. Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió. Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado. Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses. Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba. Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña. No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó. Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa. El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también. El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido. Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra. Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija. Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido. Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida. Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor. Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba. Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir. Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él. Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron. Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado. El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella. Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar. Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes. Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más. Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis. Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.
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    ***Edad del Caos***
    - Helior Prime y los Pecados de Padre e Hija.

    Con el paso de los años, la aldea nómada dejó de ser un refugio temporal para Yen y se convirtió en su verdadero hogar. Bajo cielos abiertos y lejos del juicio de otros, creció como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, aprendía de los mayores y, por primera vez en su vida, no era vista como algo extraño ni como un error.

    Ese entorno de calma tuvo un efecto inesperado en ella, el poder de Yen dejó de hacerla crecer de forma descontrolada. Ya no era una llama salvaje que amenazaba con devorarlo todo, sino un fuego contenido, estable, que crecía al ritmo de su propia vida. Como cualquier otra niña aunque en su interior habitara algo mucho más antiguo.

    Aun así, había algo que nunca cambiaba. Una vez al mes su padre venía pero no lo hacía con su verdadero cuerpo, nunca se arriesgaría a exponerla. En su lugar, pequeños animales aparecían en los límites de la aldea: un cuervo de ojos oscuros, un lobo silencioso, incluso criaturas más pequeñas que pasaban desapercibidas. Nadie sospechaba nada.

    Pero Yen sí lo sabía., podía sentirlo, no era presencia, no era mana, era algo más profundo, un eco, una resonancia que nacía desde lo más hondo de su existencia.

    Del mismo modo en que Oz, en un tiempo olvidado, podía reconocer a aquellos seres nacidos del gran poder sin necesidad de palabras ni nombres, Yen podía reconocerlo a él porque estaban conectados.

    Oz nunca rompió su vínculo con el poder original y Yen comenzaba a formar el suyo, no era algo aprendido, era algo que simplemente ocurría.

    Por eso, cada mes, cuando ese eco aparecía, Yen sonreía sin importar dónde estuviera. Sabía que su padre la estaba observando, sabía que seguía con vida.

    Mientras tanto, el mundo seguía ardiendo, lo que comenzó como una venganza, se convirtió en algo más grande. Razas enteras comenzaron a seguir a Oz; hombres bestia, cansados de ser tratados como inferiores, tribus olvidadas, borradas de la historia por los Elunai.
    Incluso algunos demonios, que reconocían en él algo familiar.

    No lo seguían solo por poder, lo seguían por lo que representaba: Libertad, venganza, caos. Fue entonces cuando los cielos respondieron, uno de los dioses descendió, Helior Prime, no como símbolo de autoridad sino como ejecutor.

    El enfrentamiento sacudió la tierra misma., donde chocaron el mundo se quebró. Fuego contra caos, divinidad contra origen. Durante un breve momento, el destino del mundo quedó suspendido entre ambos y terminó… sin un vencedor.

    Helior Prime se retiró, Oz permaneció en pie pero la verdad fue otra. Oz había sido herido gravemente, aun así, no mostró debilidad, no frente a un dios. Helior, incapaz de asegurar su victoria, decidió retirarse… sin saber que, de haber continuado, aquel combate habría terminado de forma muy distinta.

    Desde ese día, los rumores comenzaron, los seguidores de Helior empezaron a referirse a Oz con un nuevo nombre: "Mao.” De esa forma, cada region, cada tribu lo llamaba de diferentes formas: Señor demonio, Rey del caos, Destructor de templos.

    Los nombres se extendieron, cruzó lenguas, culturas, razas, y con el tiempo el nombre de oz fue cambiado por Oz-Mao

    Hasta que el mundo comenzó a susurrarlo de otra forma, un nombre que ya no era solo un apodo sino una leyenda naciente, Ozma.

    Ese mes… no pudo ir a ver a su hija.

    Las heridas que recibió no eran normales. Aunque su cuerpo podía regenerarse, el daño fue tan profundo que se vio obligado a usar una cantidad excesiva de su poder para regenerarse. Aquello lo dejó en un estado de agotamiento total que no había experimentado en mucho tiempo.

    En la aldea, Yen sintio el silencio, la ausencia del eco. Por primera vez desde que entendía ese vínculo no estaba y aun así no dudó, no lloró.

    Simplemente esperó con la certeza de que su padre volvería, porque él siempre volvía. Quizás como un cuervo, como un lobo pero volvería.

    Mientras tanto, Oz comprendió algo durante su recuperación, algo que cambiaría el curso de todo. Su poder estaba evolucionando, no como resultado del combate sino como respuesta a su propia esencia.

    Oz no buscaba poder por ambición, no deseaba dominar por simple deseo, lo que lo movía era proteger a su hija, proteger lo poco que le quedaba y fue precisamente ese deseo el que deformó su habilidad.

    Cuando su fuerza no era suficiente para cumplir ese propósito su poder tomaba lo que necesitaba, absorbía y acumulaba.

    Hacía suyo aquello que le faltaba, los Elunai, al observar esto en enfrentamientos posteriores, le dieron un nombre: "Codicia".

    Pero estaban equivocados, no era codicia, era protección llevada al extremo. Era un instinto que, al no poder cumplir su función de forma natural comenzó a devorar todo lo necesario para hacerlo.

    Y eso lo volvía mucho más peligroso que cualquier interpretación superficial, por otra parte, Yen también comenzaba a ser observada.

    Los registros que sobrevivieron del laboratorio no se habían perdido, los Elunai sabían lo que era. Sabían lo que podía llegar a ser pero no entendían su esencia.

    Para ellos, su deseo de aprender, de comprender, de descubrir era visto como algo voraz, insaciable. La llamaron "Gula".

    Pero, al igual que con Oz estaban equivocados, Yen no deseaba consumir, deseaba entender, desde pequeña había buscado respuestas.

    ¿Por qué era diferente?

    ¿Quién era su padre realmente?

    ¿Cuál era su lugar en el mundo?

    Ese deseo de conocimiento era su verdadera naturaleza, no devoraba por hambre, buscaba porque necesitaba comprender.

    Así, sin saberlo, padre e hija caminaban por senderos distintos pero reflejando la misma verdad. Los llamados "Pecados" no eran más que interpretaciones erróneas, nombres dados por miedo, etiquetas creadas por quienes no podían comprender algo más grande que ellos.

    Porque lo que habitaba en Oz y lo que comenzaba a despertar en Yen no eran pecados, eran fragmentos de algo mucho más antiguo, más puro, más peligroso.

    El eco del origen mismo de todo.
    ***Edad del Caos*** - Helior Prime y los Pecados de Padre e Hija. Con el paso de los años, la aldea nómada dejó de ser un refugio temporal para Yen y se convirtió en su verdadero hogar. Bajo cielos abiertos y lejos del juicio de otros, creció como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, aprendía de los mayores y, por primera vez en su vida, no era vista como algo extraño ni como un error. Ese entorno de calma tuvo un efecto inesperado en ella, el poder de Yen dejó de hacerla crecer de forma descontrolada. Ya no era una llama salvaje que amenazaba con devorarlo todo, sino un fuego contenido, estable, que crecía al ritmo de su propia vida. Como cualquier otra niña aunque en su interior habitara algo mucho más antiguo. Aun así, había algo que nunca cambiaba. Una vez al mes su padre venía pero no lo hacía con su verdadero cuerpo, nunca se arriesgaría a exponerla. En su lugar, pequeños animales aparecían en los límites de la aldea: un cuervo de ojos oscuros, un lobo silencioso, incluso criaturas más pequeñas que pasaban desapercibidas. Nadie sospechaba nada. Pero Yen sí lo sabía., podía sentirlo, no era presencia, no era mana, era algo más profundo, un eco, una resonancia que nacía desde lo más hondo de su existencia. Del mismo modo en que Oz, en un tiempo olvidado, podía reconocer a aquellos seres nacidos del gran poder sin necesidad de palabras ni nombres, Yen podía reconocerlo a él porque estaban conectados. Oz nunca rompió su vínculo con el poder original y Yen comenzaba a formar el suyo, no era algo aprendido, era algo que simplemente ocurría. Por eso, cada mes, cuando ese eco aparecía, Yen sonreía sin importar dónde estuviera. Sabía que su padre la estaba observando, sabía que seguía con vida. Mientras tanto, el mundo seguía ardiendo, lo que comenzó como una venganza, se convirtió en algo más grande. Razas enteras comenzaron a seguir a Oz; hombres bestia, cansados de ser tratados como inferiores, tribus olvidadas, borradas de la historia por los Elunai. Incluso algunos demonios, que reconocían en él algo familiar. No lo seguían solo por poder, lo seguían por lo que representaba: Libertad, venganza, caos. Fue entonces cuando los cielos respondieron, uno de los dioses descendió, Helior Prime, no como símbolo de autoridad sino como ejecutor. El enfrentamiento sacudió la tierra misma., donde chocaron el mundo se quebró. Fuego contra caos, divinidad contra origen. Durante un breve momento, el destino del mundo quedó suspendido entre ambos y terminó… sin un vencedor. Helior Prime se retiró, Oz permaneció en pie pero la verdad fue otra. Oz había sido herido gravemente, aun así, no mostró debilidad, no frente a un dios. Helior, incapaz de asegurar su victoria, decidió retirarse… sin saber que, de haber continuado, aquel combate habría terminado de forma muy distinta. Desde ese día, los rumores comenzaron, los seguidores de Helior empezaron a referirse a Oz con un nuevo nombre: "Mao.” De esa forma, cada region, cada tribu lo llamaba de diferentes formas: Señor demonio, Rey del caos, Destructor de templos. Los nombres se extendieron, cruzó lenguas, culturas, razas, y con el tiempo el nombre de oz fue cambiado por Oz-Mao Hasta que el mundo comenzó a susurrarlo de otra forma, un nombre que ya no era solo un apodo sino una leyenda naciente, Ozma. Ese mes… no pudo ir a ver a su hija. Las heridas que recibió no eran normales. Aunque su cuerpo podía regenerarse, el daño fue tan profundo que se vio obligado a usar una cantidad excesiva de su poder para regenerarse. Aquello lo dejó en un estado de agotamiento total que no había experimentado en mucho tiempo. En la aldea, Yen sintio el silencio, la ausencia del eco. Por primera vez desde que entendía ese vínculo no estaba y aun así no dudó, no lloró. Simplemente esperó con la certeza de que su padre volvería, porque él siempre volvía. Quizás como un cuervo, como un lobo pero volvería. Mientras tanto, Oz comprendió algo durante su recuperación, algo que cambiaría el curso de todo. Su poder estaba evolucionando, no como resultado del combate sino como respuesta a su propia esencia. Oz no buscaba poder por ambición, no deseaba dominar por simple deseo, lo que lo movía era proteger a su hija, proteger lo poco que le quedaba y fue precisamente ese deseo el que deformó su habilidad. Cuando su fuerza no era suficiente para cumplir ese propósito su poder tomaba lo que necesitaba, absorbía y acumulaba. Hacía suyo aquello que le faltaba, los Elunai, al observar esto en enfrentamientos posteriores, le dieron un nombre: "Codicia". Pero estaban equivocados, no era codicia, era protección llevada al extremo. Era un instinto que, al no poder cumplir su función de forma natural comenzó a devorar todo lo necesario para hacerlo. Y eso lo volvía mucho más peligroso que cualquier interpretación superficial, por otra parte, Yen también comenzaba a ser observada. Los registros que sobrevivieron del laboratorio no se habían perdido, los Elunai sabían lo que era. Sabían lo que podía llegar a ser pero no entendían su esencia. Para ellos, su deseo de aprender, de comprender, de descubrir era visto como algo voraz, insaciable. La llamaron "Gula". Pero, al igual que con Oz estaban equivocados, Yen no deseaba consumir, deseaba entender, desde pequeña había buscado respuestas. ¿Por qué era diferente? ¿Quién era su padre realmente? ¿Cuál era su lugar en el mundo? Ese deseo de conocimiento era su verdadera naturaleza, no devoraba por hambre, buscaba porque necesitaba comprender. Así, sin saberlo, padre e hija caminaban por senderos distintos pero reflejando la misma verdad. Los llamados "Pecados" no eran más que interpretaciones erróneas, nombres dados por miedo, etiquetas creadas por quienes no podían comprender algo más grande que ellos. Porque lo que habitaba en Oz y lo que comenzaba a despertar en Yen no eran pecados, eran fragmentos de algo mucho más antiguo, más puro, más peligroso. El eco del origen mismo de todo.
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