• Todas las caricias de un amor al despertar El último abrazo de un amigo que se va

    El mirar del niño que un día fuiste
    Y que se está marchitando
    Toda la avaricia que jamás dejas pasar

    Sigue lapidando toda tu felicidad
    Mientras la tristeza va anidando
    En tu corazón helado

    Si en la vida tienes algo por lo que vivir No lo pienses más y echa a volar
    Vuelve a caminar y no pierdas tiempo en sufrir
    Pues, la muerte siempre te va a acechar
    Todas las caricias de un amor al despertar El último abrazo de un amigo que se va El mirar del niño que un día fuiste Y que se está marchitando Toda la avaricia que jamás dejas pasar Sigue lapidando toda tu felicidad Mientras la tristeza va anidando En tu corazón helado Si en la vida tienes algo por lo que vivir No lo pienses más y echa a volar Vuelve a caminar y no pierdas tiempo en sufrir Pues, la muerte siempre te va a acechar
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  • El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana.
    Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía.

    Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores.
    El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes

    — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? —

    ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido.
    Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia.

    — Sabía que serías útil, gracias querido —

    Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras.
    La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar.

    Lilith había vuelto.
    El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana. Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía. Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores. El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? — ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido. Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia. — Sabía que serías útil, gracias querido — Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras. La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar. Lilith había vuelto.
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  • Cada siglo, aproximadamente, Kazuo decide tomar las riendas de un caballo y comenzar un viaje que se prolongaría por una larga temporada.

    Ahora más que nunca, ya que no encontraba las respuestas provenientes de los dioses, decidió que era momento de hacer un viaje. Aunque él era capaz de viajar entre épocas y mundos a través de los bosques, le gustaba el hecho de la travesía. Le ayudaba a pensar y a ser más consciente del mundo actual que le rodeaba. Pasaba siglos en el templo con interacción mínima humana, así que ver mundo para saber cómo actuaba este, en aquel momento, en ese tiempo, era enriquecedor.

    Eso no quería decir que dejase su tarea de mensajero. Podía volver al templo desde donde fuera siempre que fuera necesario, al igual que encontrarse con aquellos a los que estaba ligado por alguna razón.

    Pero necesitaba ese viaje... Necesitaba encontrar eso que había perdido, al menos, sanar aquello que no sabía que debía ser sanado.

    ¿Qué nuevos lugares, aventuras o personas conocería en esta travesía?
    Cada siglo, aproximadamente, Kazuo decide tomar las riendas de un caballo y comenzar un viaje que se prolongaría por una larga temporada. Ahora más que nunca, ya que no encontraba las respuestas provenientes de los dioses, decidió que era momento de hacer un viaje. Aunque él era capaz de viajar entre épocas y mundos a través de los bosques, le gustaba el hecho de la travesía. Le ayudaba a pensar y a ser más consciente del mundo actual que le rodeaba. Pasaba siglos en el templo con interacción mínima humana, así que ver mundo para saber cómo actuaba este, en aquel momento, en ese tiempo, era enriquecedor. Eso no quería decir que dejase su tarea de mensajero. Podía volver al templo desde donde fuera siempre que fuera necesario, al igual que encontrarse con aquellos a los que estaba ligado por alguna razón. Pero necesitaba ese viaje... Necesitaba encontrar eso que había perdido, al menos, sanar aquello que no sabía que debía ser sanado. ¿Qué nuevos lugares, aventuras o personas conocería en esta travesía?
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  • —He recorrido medio mundo. He conocido... -entrecierra los ojos mientras hace recuento mental y termina resoplando debido a que era un número complicado de calcular— a miles de personas... He leído libros, recorrido bibliotecas, santuarios, chamanes y adivinos... En busca de una sola respuesta... -alza el dedo indice- Una sola respuesta...

    El camarero alza sus cejas mientras sus manos detienen su tarea y el trapo con el que habia estado secando el vaso queda preso entre su mano tensa y el borde del vaso.

    -¿Cu-cual respuesta? -tartamudea el camarero, totalmente perdido en aquella conversación.

    -¿Como matar a alguien que no puede... morir? -sentencia haciendo un gesto con su dedo antes de usar esa mano para tomar su vaso de chupito y bebérselo de un trago.

    -Hmmm. -compone una expresión amarga ante el regusto del whisky- No es un hombre realmente, es demoníaco. Pero no en sentido literal.... -sacude la mano restándole importante- Esos son... otra cosa... Maquiavélico lo llamaría, más bien.
    —He recorrido medio mundo. He conocido... -entrecierra los ojos mientras hace recuento mental y termina resoplando debido a que era un número complicado de calcular— a miles de personas... He leído libros, recorrido bibliotecas, santuarios, chamanes y adivinos... En busca de una sola respuesta... -alza el dedo indice- Una sola respuesta... El camarero alza sus cejas mientras sus manos detienen su tarea y el trapo con el que habia estado secando el vaso queda preso entre su mano tensa y el borde del vaso. -¿Cu-cual respuesta? -tartamudea el camarero, totalmente perdido en aquella conversación. -¿Como matar a alguien que no puede... morir? -sentencia haciendo un gesto con su dedo antes de usar esa mano para tomar su vaso de chupito y bebérselo de un trago. -Hmmm. -compone una expresión amarga ante el regusto del whisky- No es un hombre realmente, es demoníaco. Pero no en sentido literal.... -sacude la mano restándole importante- Esos son... otra cosa... Maquiavélico lo llamaría, más bien.
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  • — Mar, playa y arena... ¿Qué más puede pedir un hombre soltero?. (?)
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  • Buenos días, espero estén teniendo un maravilloso Lunes.

    Y a mi ℍ𝕦𝕘𝕠 𝕍𝕝𝕒𝕕,mi amor, te amooooo y mucho.
    Buenos días, espero estén teniendo un maravilloso Lunes. Y a mi [VladHugoRavenlock093],mi amor, te amooooo y mucho.
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  • Gran parte de mi sea marchado a tu lado primo, no soy un hombre creyente pero este donde este ahora, cuidará de todos
    Gran parte de mi sea marchado a tu lado primo, no soy un hombre creyente pero este donde este ahora, cuidará de todos
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  • Thamyr
    Categoría Original
    ╰─── Fiadh ˢᵉˡᵏⁱᵉ

    ────────── ☼ ──────────

    En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis.

    Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros.

    Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta.

    Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez.

    Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo.

    Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
    ╰─── [Fiadh_Selkie] ────────── ☼ ────────── En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis. Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros. Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta. Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez. Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo. Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
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    Grupal
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    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
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  • Como siga apareciendo y desapareciendo asi, me voy a transformar en un semáforo. En fin, estoy de vuelta, magos, brujas y squibs.
    Como siga apareciendo y desapareciendo asi, me voy a transformar en un semáforo. En fin, estoy de vuelta, magos, brujas y squibs.
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  • —¿Acaso esta barba de candado no es más que el musgo sobre una tumba, un intento fútil de ocultar mi marchitamiento? No... el tiempo es arcilla y yo soy su escultor más perverso. —

    *Observé cómo mi anatomía se derrite, cómo mis poros comienzan a exudar un aceite negro y denso, una secreción que devora mi propia piel hasta que mi estructura colapsa. Siendo una masa viscosa y palpitante que se arrastra por el suelo, un charco de voluntad corrupta que se estira y se retuerce en la penumbra.
    Poco a poco, desde ese lodo biológico, las fibras de mis músculos se trenzan de nuevo con un sonido de cuerdas tensas y húmedas. Una risa gutural, cargada de una vibración que hace temblar el aire estancado, escapa de mis pulmones recién formados. Mi figura humanoide emerge de la mancha oscura, goteando aún esa esencia lúgubre sobre mis dedos. Al sentir la presencia de alguien, mis ojos rotan con un hambre antiguo hacia tu escondite. Te regalo una mueca de complicidad macabra y sello el pacto con un dedo frío sobre mis labios.*

    — "Shhhh... lo que ha presenciado tu alma es un sacrilegio privado.Me guardarás el secreto.... ¿no es así?—
    —¿Acaso esta barba de candado no es más que el musgo sobre una tumba, un intento fútil de ocultar mi marchitamiento? No... el tiempo es arcilla y yo soy su escultor más perverso. — *Observé cómo mi anatomía se derrite, cómo mis poros comienzan a exudar un aceite negro y denso, una secreción que devora mi propia piel hasta que mi estructura colapsa. Siendo una masa viscosa y palpitante que se arrastra por el suelo, un charco de voluntad corrupta que se estira y se retuerce en la penumbra. Poco a poco, desde ese lodo biológico, las fibras de mis músculos se trenzan de nuevo con un sonido de cuerdas tensas y húmedas. Una risa gutural, cargada de una vibración que hace temblar el aire estancado, escapa de mis pulmones recién formados. Mi figura humanoide emerge de la mancha oscura, goteando aún esa esencia lúgubre sobre mis dedos. Al sentir la presencia de alguien, mis ojos rotan con un hambre antiguo hacia tu escondite. Te regalo una mueca de complicidad macabra y sello el pacto con un dedo frío sobre mis labios.* — "Shhhh... lo que ha presenciado tu alma es un sacrilegio privado.Me guardarás el secreto.... ¿no es así?—
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