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    Hoy en ALBUMES CON EL TIO JERO

    OPETH - "Damnation" (2002)

    Género: Prog Rock.

    "Un álbum completamente melancólico y una reflexión profunda acerca de las miserias del alma humana. Aquí el señor Mikael Akerfeldt y compañía quitan las distorsiones extremas por primera vez para crear una atmósfera sonora digna de un día de lluvia completamente invernal e ir mirando el paisaje a través de la ventana del autobús a través de las gotas de lluvia. No escuchar si estás en una depresión constante porque solo acentuará ese estado de ánimo."

    "En materia de rol sirve para ambientar escenas tristes o de profunda introspección de tu personaje. Siempre escuchar como mencionaba anteriormente en días nublados o lluviosos."

    https://youtu.be/W9ukH21ut-I?si=RzH3wvZ4LEb60xIk
    Hoy en ALBUMES CON EL TIO JERO😎💀 OPETH - "Damnation" (2002) Género: Prog Rock. "Un álbum completamente melancólico y una reflexión profunda acerca de las miserias del alma humana. Aquí el señor Mikael Akerfeldt y compañía quitan las distorsiones extremas por primera vez para crear una atmósfera sonora digna de un día de lluvia completamente invernal e ir mirando el paisaje a través de la ventana del autobús a través de las gotas de lluvia. No escuchar si estás en una depresión constante porque solo acentuará ese estado de ánimo." "En materia de rol sirve para ambientar escenas tristes o de profunda introspección de tu personaje. Siempre escuchar como mencionaba anteriormente en días nublados o lluviosos." https://youtu.be/W9ukH21ut-I?si=RzH3wvZ4LEb60xIk
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  • Vaya... parece que a ambos nos atrapó la lluvia de improvisto.
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  • BATALLA DRAGON (parte 2)

    -ambos dragones se volvieron a mirar entre ellos con miradas desafiantes y sed de sangre, tenía que detener esto a como de lugar y entonces, hice que la musculatura de mí cuerpo se elevará un poco, solo aumente lo suficiente como para no perder velocidad-

    Esas heridas que tienen debieron doler mucho, ¿No es así? Les debo una disculpa debí haber llegado antes, perdonenme.. voy a liberarlos para que sean libres

    -un brillo se haría notable en mí espalda solo unos segundos como si algo hubiese aparecido ahí, sacaría de mí bolsa dos cadenas que al inicio no parecían muy grandes pero al apretarlas con fuerza se cubrirían en un aura anaranjada-

    Muy bien chicos es hora de terminar con esto y en el caso de que les duela pues les pido que me perdonen. ¡Aumento!

    -al pronunciar esa última palabra daría un golpe de látigo hacia los lados con ambas cadenas viéndose como estás ahora se habían alargado mucho más y las enrollaria a dos de aquellas rocas de hielo, cuando estaba preparado empecé a correr hacia ellos arrancando ambas rocas del suelo para traerlas conmigo y cuando estuve a mitad de camino balancearla ambas rocas hacia un lado para así arrojarlas hacia el dragón de fuego, logré dar dos impactos directo a su nuca causando que perdiera equilibrio y cayera al suelo, por otro lado, el dragón de hielo me miró listo para atacar-

    (El grandote ya está tirado y tardara varios minutos en levantarse, debo esperar el momento indicado)

    -el dragón crearía pinchos de hielo en su cola antes de arrojarmelos como si fueran una enorme lluvia de flechas, esquivaria lo que se encontraban cerca de mí y al resto los destruía con mis cadenas, cuando salí ileso de aquello vi como ese dragón se preparaba para arrojar uno de sus rayos y en ese momento note que era mí oportunidad, me lance corriendo hacia el y cuando lo tenía cerca enrollaria mis cadenas en sus cuernos para después sacar mis alas y volar por encima de el y aterrizar en el cuello del dragón de fuego, justo donde está ese collar-

    ¿¡Que estás esperando!? Aquí me tienes, dispara de una vez ¡Hazlooo!

    -provocado por mis palabras el dragón arrojo su rayo hacia mí y lo esquive de un salto, cuando el rayo tocó el collar lo congelo por completo y cuando volví a caer encima de el rompería el collar dejando al dragón de fuego libre-

    Dragón de F: ¡Aaaggh! Siento como si me hubieran lanzado dos rocas a la cabeza, ¿Quien fue?

    Me disculpare contigo luego pero ahora te necesito ¡Debes romper ese collar!

    Dragón de F: tengo una idea mejor, lo distraigo y tu se lo quitas

    -el dragón de fuego se lanzó para embestir al de hielo y sostenerlo con sus garras para que no se alejara, mientras tanto yo habría dado un salto por encima del dragón de hielo y aterricé justo en su cuello para atar mis dos cadenas a su collar-

    No voy a permitir que nos utilicen a su antojo, nuestras vidas no son algo para jugar ¡Merecemos libertad!

    -agarraria de la parte superior ambas cadenas para así jalar con mucha fuerza logrando partir en dos dicho collar, después de eso ambos dragones volvieron a sus formas humanas estando exhaustos-

    Dragón de H: haa.. has.. muchas gracias joven.. crei que íbamos a morir..

    Dragón de F: eres muy buen luchador y pude reconocer tus técnicas perteneces al ejército de la reina dragón, ¿Verdad?

    Ya no existe reina dragón.. tuve que dejar aquella vida atrás cuando la vi morir junto a su esposo..

    Dragón de H: te entendemos.. todos perdimos algo importante aquella vez..

    Oigan, el que les puso esos collares ¿Se acuerdan de el?

    Dragón de F: se dónde se ubica pero no es uno solo, tienen una base con varios soldados, además, tienen dragones capturados

    Iré a liberarlos en cuanto pueda pero ustedes regresen a sus hogares

    Dragón de F: si llegas a necesitar ayuda no dudes en avisar y ahí estaremos

    Fin...
    BATALLA DRAGON (parte 2) -ambos dragones se volvieron a mirar entre ellos con miradas desafiantes y sed de sangre, tenía que detener esto a como de lugar y entonces, hice que la musculatura de mí cuerpo se elevará un poco, solo aumente lo suficiente como para no perder velocidad- Esas heridas que tienen debieron doler mucho, ¿No es así? Les debo una disculpa debí haber llegado antes, perdonenme.. voy a liberarlos para que sean libres -un brillo se haría notable en mí espalda solo unos segundos como si algo hubiese aparecido ahí, sacaría de mí bolsa dos cadenas que al inicio no parecían muy grandes pero al apretarlas con fuerza se cubrirían en un aura anaranjada- Muy bien chicos es hora de terminar con esto y en el caso de que les duela pues les pido que me perdonen. ¡Aumento! -al pronunciar esa última palabra daría un golpe de látigo hacia los lados con ambas cadenas viéndose como estás ahora se habían alargado mucho más y las enrollaria a dos de aquellas rocas de hielo, cuando estaba preparado empecé a correr hacia ellos arrancando ambas rocas del suelo para traerlas conmigo y cuando estuve a mitad de camino balancearla ambas rocas hacia un lado para así arrojarlas hacia el dragón de fuego, logré dar dos impactos directo a su nuca causando que perdiera equilibrio y cayera al suelo, por otro lado, el dragón de hielo me miró listo para atacar- (El grandote ya está tirado y tardara varios minutos en levantarse, debo esperar el momento indicado) -el dragón crearía pinchos de hielo en su cola antes de arrojarmelos como si fueran una enorme lluvia de flechas, esquivaria lo que se encontraban cerca de mí y al resto los destruía con mis cadenas, cuando salí ileso de aquello vi como ese dragón se preparaba para arrojar uno de sus rayos y en ese momento note que era mí oportunidad, me lance corriendo hacia el y cuando lo tenía cerca enrollaria mis cadenas en sus cuernos para después sacar mis alas y volar por encima de el y aterrizar en el cuello del dragón de fuego, justo donde está ese collar- ¿¡Que estás esperando!? Aquí me tienes, dispara de una vez ¡Hazlooo! -provocado por mis palabras el dragón arrojo su rayo hacia mí y lo esquive de un salto, cuando el rayo tocó el collar lo congelo por completo y cuando volví a caer encima de el rompería el collar dejando al dragón de fuego libre- Dragón de F: ¡Aaaggh! Siento como si me hubieran lanzado dos rocas a la cabeza, ¿Quien fue? Me disculpare contigo luego pero ahora te necesito ¡Debes romper ese collar! Dragón de F: tengo una idea mejor, lo distraigo y tu se lo quitas -el dragón de fuego se lanzó para embestir al de hielo y sostenerlo con sus garras para que no se alejara, mientras tanto yo habría dado un salto por encima del dragón de hielo y aterricé justo en su cuello para atar mis dos cadenas a su collar- No voy a permitir que nos utilicen a su antojo, nuestras vidas no son algo para jugar ¡Merecemos libertad! -agarraria de la parte superior ambas cadenas para así jalar con mucha fuerza logrando partir en dos dicho collar, después de eso ambos dragones volvieron a sus formas humanas estando exhaustos- Dragón de H: haa.. has.. muchas gracias joven.. crei que íbamos a morir.. Dragón de F: eres muy buen luchador y pude reconocer tus técnicas perteneces al ejército de la reina dragón, ¿Verdad? Ya no existe reina dragón.. tuve que dejar aquella vida atrás cuando la vi morir junto a su esposo.. Dragón de H: te entendemos.. todos perdimos algo importante aquella vez.. Oigan, el que les puso esos collares ¿Se acuerdan de el? Dragón de F: se dónde se ubica pero no es uno solo, tienen una base con varios soldados, además, tienen dragones capturados Iré a liberarlos en cuanto pueda pero ustedes regresen a sus hogares Dragón de F: si llegas a necesitar ayuda no dudes en avisar y ahí estaremos Fin...
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  • ༒ 𝕬𝖌𝖔𝖓𝖞 𝖎𝖓 𝕽𝖊𝖉 𝕸𝖎𝖓𝖔𝖗.

    La noche había vaciado las callejuelas de toda alma. Solo permanecía encendida la luz vieja y mortecina que colgaba frente a la taberna, balanceándose apenas con el viento y sobre el empedrado húmedo avanzó una figura cubierta de negro.

    El rechinar de la puerta y el lamento de la madera hicieron volver varios rostros hacia la entrada. Algunos la reconocieron de inmediato.
    —La Santa de los Venenos... — murmuró alguien entre dientes.
    El apodo cayó sobre Odette como saliva escupida al rostro. No es quien era ella. No era una santa y no era alguien que disfrutaba de envenenar.
    Odette Hemlock no era más que una herborista errante que conocía el lenguaje de las raíces, el aroma de las flores nocturnas y la frágil misericordia de la muerte. Había calmado agonías, sostenido cuerpos consumidos por la fiebre y ofrecido paz allí donde la medicina ya no alcanzaba. Que redujeran todo aquello a un vulgar sobrenombre le producía una silenciosa repulsión.

    Sin responder a las miradas, caminó entre las mesas, las conversaciones murieron a su paso.
    Al llegar a la barra dejó un par de monedas de cobre sobre la madera desgastada. El tabernero la observó con el ceño endurecido, sosteniendo una expresión demasiado firme para no delatar nerviosismo.
    —Solo necesito un poco de vino, caballero.— La voz de Odette descendió suave, somnolienta, como el perfume de las belladonas abiertas bajo la lluvia.
    El hombre apartó la mirada apenas un instante, como si despertara de un pensamiento extraño, y tomó uno de los tarros. Sirvió el vino desde un barril cercano y dejó el recipiente frente a ella con un golpe seco.

    —Aquí tiene, señora.— Odette no se inmutó ante el estruendo. Sentada sobre uno de los bancos, sostuvo el tarro entre sus dedos delgados, manchados por savia y pétalos.
    —Gracias.— Bebió despacio mientras sentía el peso de las miradas clavadas sobre su espalda. En algún rincón, un borracho murmuró una plegaria. Otro evitó siquiera levantar los ojos del vaso.
    Cuando terminó el último trago, acomodó nuevamente el bolso de cuero y se puso de pie.
    Cruzó la taberna envuelta en silencio y desapareció tras la puerta igual que había llegado: Sin ruido, sin despedidas. Parecía un ánima de paso.

    Durante unos breves segundos nadie habló. Luego las risas ebrias regresaron, ásperas y escandalosas, llenando otra vez el lugar.
    Odette abandonó la ciudad antes del amanecer y siguió el camino que sus pies quisieron tomar.

    Después de unos días, nadie volvió a verla. Ni siquiera la familia más pobre del pueblo.
    Aquellos cuyos hijos gemelos habían sido aquejados por la fiebre escarlata. Los mismos a quienes Odette ayudó a cambio de apenas dos monedas de cobre y un pedazo de pan endurecido.

    Y así, nadie la vio marcharse de la ciudad; simplemente dejó de estar allí...
    ༒ 𝕬𝖌𝖔𝖓𝖞 𝖎𝖓 𝕽𝖊𝖉 𝕸𝖎𝖓𝖔𝖗. La noche había vaciado las callejuelas de toda alma. Solo permanecía encendida la luz vieja y mortecina que colgaba frente a la taberna, balanceándose apenas con el viento y sobre el empedrado húmedo avanzó una figura cubierta de negro. El rechinar de la puerta y el lamento de la madera hicieron volver varios rostros hacia la entrada. Algunos la reconocieron de inmediato. —La Santa de los Venenos... — murmuró alguien entre dientes. El apodo cayó sobre Odette como saliva escupida al rostro. No es quien era ella. No era una santa y no era alguien que disfrutaba de envenenar. Odette Hemlock no era más que una herborista errante que conocía el lenguaje de las raíces, el aroma de las flores nocturnas y la frágil misericordia de la muerte. Había calmado agonías, sostenido cuerpos consumidos por la fiebre y ofrecido paz allí donde la medicina ya no alcanzaba. Que redujeran todo aquello a un vulgar sobrenombre le producía una silenciosa repulsión. Sin responder a las miradas, caminó entre las mesas, las conversaciones murieron a su paso. Al llegar a la barra dejó un par de monedas de cobre sobre la madera desgastada. El tabernero la observó con el ceño endurecido, sosteniendo una expresión demasiado firme para no delatar nerviosismo. —Solo necesito un poco de vino, caballero.— La voz de Odette descendió suave, somnolienta, como el perfume de las belladonas abiertas bajo la lluvia. El hombre apartó la mirada apenas un instante, como si despertara de un pensamiento extraño, y tomó uno de los tarros. Sirvió el vino desde un barril cercano y dejó el recipiente frente a ella con un golpe seco. —Aquí tiene, señora.— Odette no se inmutó ante el estruendo. Sentada sobre uno de los bancos, sostuvo el tarro entre sus dedos delgados, manchados por savia y pétalos. —Gracias.— Bebió despacio mientras sentía el peso de las miradas clavadas sobre su espalda. En algún rincón, un borracho murmuró una plegaria. Otro evitó siquiera levantar los ojos del vaso. Cuando terminó el último trago, acomodó nuevamente el bolso de cuero y se puso de pie. Cruzó la taberna envuelta en silencio y desapareció tras la puerta igual que había llegado: Sin ruido, sin despedidas. Parecía un ánima de paso. Durante unos breves segundos nadie habló. Luego las risas ebrias regresaron, ásperas y escandalosas, llenando otra vez el lugar. Odette abandonó la ciudad antes del amanecer y siguió el camino que sus pies quisieron tomar. Después de unos días, nadie volvió a verla. Ni siquiera la familia más pobre del pueblo. Aquellos cuyos hijos gemelos habían sido aquejados por la fiebre escarlata. Los mismos a quienes Odette ayudó a cambio de apenas dos monedas de cobre y un pedazo de pan endurecido. Y así, nadie la vio marcharse de la ciudad; simplemente dejó de estar allí...
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  • Open roleplay:


    El camino había desaparecido hacía ya varios kilómetros. Lo único que quedaba bajo los zapatos era lodo húmedo, piedras hundidas y restos de un sendero antiguo devorado por la maleza. La niebla cubría todo con una densidad enfermiza, espesa como humo frío, tragándose árboles, cercas oxidadas y cualquier intento de mirar demasiado lejos. Ni siquiera el sonido de los propios pasos parecía viajar más de unos cuantos metros antes de morir.

    Aquel pueblo no figuraba en ningún mapa, ni en videos de tiktok o guias de exploradores "underground"

    No había señales, nombres ni registros claros de que alguna vez hubiese existido. Y aun así... ahí estaba...

    Casas inclinadas por el tiempo, ventanas rotas como cuencas vacías observando desde la oscuridad, puertas entreabiertas que se balanceaban lentamente pese a que no corría viento alguno. Había ropa vieja colgando en tendederos petrificados por la humedad, rastros de esqueletos de animales de granja que incluso la naturaleza ya habia retomado de regreso, como si todos hubiesen desaparecido al mismo tiempo. Como si algo hubiese vaciado el lugar.

    El aire olía a lluvia vieja, musgo, madera podrida y piedra mojada. Sin embargo.
    .. había una luz.

    A lo lejos, elevándose por encima de los tejados consumidos por la decadencia, se alzaba la silueta de una catedral gótica imposible de ignorar. Sus agujas negras atravesaban la niebla como lanzas deformes, dominando el pueblo entero como el cadáver de un dios olvidado. Las puertas principales permanecían abiertas y eso era quizá lo peor de todo; no estaban forzadas ni destruidas, simplemente abiertas, esperando...

    Cada paso hacia la catedral hacía que aquella presión en el pecho aumentara lentamente. Era esa sensación incómoda que nace cuando el instinto comienza a advertirte que algo está mal aunque todavía no puedas verlo. Como si el propio edificio rechazara la presencia humana.

    El interior era inmenso. Columnas de piedra se perdían hacia arriba entre oscuridad y telarañas gigantescas que colgaban como sudarios. El eco de las gotas de agua cayendo desde el techo resonaba en algún lugar distante, lento e irregular, casi parecido a respiraciones. El suelo estaba cubierto por una fina capa de humedad que reflejaba fragmentos temblorosos de luz provenientes de docenas de velas distribuidas a lo largo de la nave principal. Algunas apenas titilaban mientras otras ardían con una llama completamente inmóvil, antinatural, como si llevasen encendidas siglos enteros sin apagarse jamás.

    No había corrientes de aire ni el más mínimo sonido del exterior. Ni pájaros, ni insectos cantores, ni el murmullo del bosque. Solo aquella catedral respirando lentamente en la oscuridad, húmeda y eterna, hasta que un crujido metálico rompió el silencio desde algún punto arriba.

    La mirada se alzó casi por reflejo… y el corazón (de tu personaje) se detuvo por un instante.

    Suspendida del gigantesco candelabro central había una criatura imposible....

    Masiva, monstruosa, la cual colgaba envuelta en sus propias alas como si fueran un sudario de carne y membrana húmeda, ocultando casi por completo aquel cuerpo descomunal que fácilmente superaba el tamaño de una casa.

    Las cadenas del viejo candelabro crujían bajo su peso mientras pequeñas gotas oscuras caían lentamente desde las membranas rasgadas hacia el suelo de piedra.

    Entonces sus ojos se abrieron...
    Blancos y brillando en medio de la penumbra.

    La cabeza de aquel enorme murciélago se inclinó lentamente hacia un lado, apenas lo suficiente para observar mejor al intruso que acababa de entrar en su guarida. Los colmillos sobresalían entre hilos de saliva espesa y sangre vieja, mientras una lengua larga y grotesca asomaba lentamente entre las fauces.

    La criatura no se movió, pero el tiempo pasaba, era momento de...
    ¿Correr?
    ¿razonar con el murciélago?
    ¿Atacar?
    ¿Dejar un tributo?


    ¿Qué será?
    Open roleplay: El camino había desaparecido hacía ya varios kilómetros. Lo único que quedaba bajo los zapatos era lodo húmedo, piedras hundidas y restos de un sendero antiguo devorado por la maleza. La niebla cubría todo con una densidad enfermiza, espesa como humo frío, tragándose árboles, cercas oxidadas y cualquier intento de mirar demasiado lejos. Ni siquiera el sonido de los propios pasos parecía viajar más de unos cuantos metros antes de morir. Aquel pueblo no figuraba en ningún mapa, ni en videos de tiktok o guias de exploradores "underground" No había señales, nombres ni registros claros de que alguna vez hubiese existido. Y aun así... ahí estaba... Casas inclinadas por el tiempo, ventanas rotas como cuencas vacías observando desde la oscuridad, puertas entreabiertas que se balanceaban lentamente pese a que no corría viento alguno. Había ropa vieja colgando en tendederos petrificados por la humedad, rastros de esqueletos de animales de granja que incluso la naturaleza ya habia retomado de regreso, como si todos hubiesen desaparecido al mismo tiempo. Como si algo hubiese vaciado el lugar. El aire olía a lluvia vieja, musgo, madera podrida y piedra mojada. Sin embargo. .. había una luz. A lo lejos, elevándose por encima de los tejados consumidos por la decadencia, se alzaba la silueta de una catedral gótica imposible de ignorar. Sus agujas negras atravesaban la niebla como lanzas deformes, dominando el pueblo entero como el cadáver de un dios olvidado. Las puertas principales permanecían abiertas y eso era quizá lo peor de todo; no estaban forzadas ni destruidas, simplemente abiertas, esperando... Cada paso hacia la catedral hacía que aquella presión en el pecho aumentara lentamente. Era esa sensación incómoda que nace cuando el instinto comienza a advertirte que algo está mal aunque todavía no puedas verlo. Como si el propio edificio rechazara la presencia humana. El interior era inmenso. Columnas de piedra se perdían hacia arriba entre oscuridad y telarañas gigantescas que colgaban como sudarios. El eco de las gotas de agua cayendo desde el techo resonaba en algún lugar distante, lento e irregular, casi parecido a respiraciones. El suelo estaba cubierto por una fina capa de humedad que reflejaba fragmentos temblorosos de luz provenientes de docenas de velas distribuidas a lo largo de la nave principal. Algunas apenas titilaban mientras otras ardían con una llama completamente inmóvil, antinatural, como si llevasen encendidas siglos enteros sin apagarse jamás. No había corrientes de aire ni el más mínimo sonido del exterior. Ni pájaros, ni insectos cantores, ni el murmullo del bosque. Solo aquella catedral respirando lentamente en la oscuridad, húmeda y eterna, hasta que un crujido metálico rompió el silencio desde algún punto arriba. La mirada se alzó casi por reflejo… y el corazón (de tu personaje) se detuvo por un instante. Suspendida del gigantesco candelabro central había una criatura imposible.... Masiva, monstruosa, la cual colgaba envuelta en sus propias alas como si fueran un sudario de carne y membrana húmeda, ocultando casi por completo aquel cuerpo descomunal que fácilmente superaba el tamaño de una casa. Las cadenas del viejo candelabro crujían bajo su peso mientras pequeñas gotas oscuras caían lentamente desde las membranas rasgadas hacia el suelo de piedra. Entonces sus ojos se abrieron... Blancos y brillando en medio de la penumbra. La cabeza de aquel enorme murciélago se inclinó lentamente hacia un lado, apenas lo suficiente para observar mejor al intruso que acababa de entrar en su guarida. Los colmillos sobresalían entre hilos de saliva espesa y sangre vieja, mientras una lengua larga y grotesca asomaba lentamente entre las fauces. La criatura no se movió, pero el tiempo pasaba, era momento de... ¿Correr? ¿razonar con el murciélago? ¿Atacar? ¿Dejar un tributo? ¿Qué será?
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  • Este ambiente frío, está lluvia es algo que siempre me ha gustado... Es algo que realmente disfruto.

    Aunque la lluvia casi siempre se evapora al tocar mi cuerpo por la temperatura elevada~
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  • -alexander estaba siendo perseguido por un grupo de matones después de matar al líder de su banda, cuando esté noto la lluvia se dirigió a una zona donde no había gente para así taparse los ojos con una venda oscura-

    Emily: no es por interrumpir pero, ¿¡Que crees que haces!? Estamos siendo perseguidos, no es momento de jugar al ciego

    Esto no es un juego, ¿Te cuento algo? La persona ciega siempre será la más difícil de vencer.. no necesita confiar en sus ojos porque su rol es utilizar los oídos y otros sentidos de su cuerpo

    -el grupo de matones había llegado a su posición siendo un total de 8 personas-

    Emily: ¿A dónde quieres llegar con eso? Van a hacerte puré

    Si te concentras lo suficiente podrás tener la mente en blanco, ignorar los sentimientos y deseos, de ese modo, verás todo con claridad

    -uno de los matones se acercó a el y empezó a atacar, Alexander esquivo cuatro golpes sin problema y en el quinto tomo del brazo a aquel matón para tenerlo cerca y darle de lleno un golpe en el cuello que lo dejaría fuera de combate-

    Emily: no se que demonios fue eso pero me gustó, acabemos con ellos para que me los pueda comer

    -los matones restantes atacaron a Alex pero este los esquivo sin esfuerzo y cuando el momento era el indicado los atacaba con golpes letales, cuando la pelea llego a su fin Emily los devoró a todos y regresaron juntos hacia su hogar-
    -alexander estaba siendo perseguido por un grupo de matones después de matar al líder de su banda, cuando esté noto la lluvia se dirigió a una zona donde no había gente para así taparse los ojos con una venda oscura- Emily: no es por interrumpir pero, ¿¡Que crees que haces!? Estamos siendo perseguidos, no es momento de jugar al ciego Esto no es un juego, ¿Te cuento algo? La persona ciega siempre será la más difícil de vencer.. no necesita confiar en sus ojos porque su rol es utilizar los oídos y otros sentidos de su cuerpo -el grupo de matones había llegado a su posición siendo un total de 8 personas- Emily: ¿A dónde quieres llegar con eso? Van a hacerte puré Si te concentras lo suficiente podrás tener la mente en blanco, ignorar los sentimientos y deseos, de ese modo, verás todo con claridad -uno de los matones se acercó a el y empezó a atacar, Alexander esquivo cuatro golpes sin problema y en el quinto tomo del brazo a aquel matón para tenerlo cerca y darle de lleno un golpe en el cuello que lo dejaría fuera de combate- Emily: no se que demonios fue eso pero me gustó, acabemos con ellos para que me los pueda comer -los matones restantes atacaron a Alex pero este los esquivo sin esfuerzo y cuando el momento era el indicado los atacaba con golpes letales, cuando la pelea llego a su fin Emily los devoró a todos y regresaron juntos hacia su hogar-
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  • La lluvia caía con fuerza sobre los adoquines rotos de la fortaleza abandonada. El agua descendía por los muros derruidos como si la propia piedra sangrara siglos de miseria. Entre la niebla y el hedor de carne húmeda, avancé arrastrando las pesadas botas sobre el barro ennegrecido.

    El filo de mi gran hacha descansaba sobre mi hombro, aún goteando una mezcla espesa de sangre y podredumbre. El hierro viejo rechinaba con cada paso, como si el arma misma estuviera cansada de partir cuerpos huecos.

    Entonces los escuché.

    Ese maldito sonido.

    Huesos rozando piedra. Respiraciones inexistentes. Gargantas secas intentando imitar la vida.

    Los huecos comenzaron a emerger desde las
    sombras de las callejuelas; uno arrastraba una pierna
    casi desprendida, otro sostenía una espada oxidada

    que apenas podía levantar. Sus ojos vacíos me observaban con el hambre desesperada de quienes
    olvidaron hasta su propio nombre.

    Solté un gruñido dentro del yelmo.

    Uno de ellos se lanzó primero, chillando como anima herido. Alcé el hacha con ambas manos y dejé caer el filo con brutalidad. El impacto partió al hueco desde el hombro hasta el pecho, estrellándolo contrael suelo empapado.

    No hubo tiempo para respirar.

    Otro intentó abalanzarse sobre mí por el costado. Giré sobre mis pies y el mango del hacha golpeó su mandíbula con un crujido seco. Sentí los dedos huesudos rasgar mi armadura mientras retrocedía.

    Más figuras aparecieron entre la lluvia.

    Demasiados.

    El miedo quiso abrirse paso dentro de mi pecho... pero hacía mucho que aprendí a enterrarlo bajo acero y cerveza.

    Clavé el hacha en el suelo un instante y observé el círculo de monstruos acercándose lentamente.

    La tormenta rugió sobre nosotros. Entonces avancé yo primero para atacar.

    Después de aquella ordalia el último hueco cayó de rodillas frente a mí, atravesado por el filo de mi gran hacha. Permaneció inmóvil unos segundos antes de desplomarse sobre el barro junto a los demás cadáveres.

    La lluvia continuó golpeando mi armadura mientras observaba las ruinas en silencio.

    Solté un suspiro cansado dentro del yelmo y limpié el filo ensangrentado contra el suelo.

    —Sigo vivo… eso basta por esta noche.

    A lo lejos, una pequeña hoguera brillaba entre la niebla. Sin mirar atrás, comencé a caminar hacia ella mientras la tormenta devoraba lentamente el campo de batalla.
    La lluvia caía con fuerza sobre los adoquines rotos de la fortaleza abandonada. El agua descendía por los muros derruidos como si la propia piedra sangrara siglos de miseria. Entre la niebla y el hedor de carne húmeda, avancé arrastrando las pesadas botas sobre el barro ennegrecido. El filo de mi gran hacha descansaba sobre mi hombro, aún goteando una mezcla espesa de sangre y podredumbre. El hierro viejo rechinaba con cada paso, como si el arma misma estuviera cansada de partir cuerpos huecos. Entonces los escuché. Ese maldito sonido. Huesos rozando piedra. Respiraciones inexistentes. Gargantas secas intentando imitar la vida. Los huecos comenzaron a emerger desde las sombras de las callejuelas; uno arrastraba una pierna casi desprendida, otro sostenía una espada oxidada que apenas podía levantar. Sus ojos vacíos me observaban con el hambre desesperada de quienes olvidaron hasta su propio nombre. Solté un gruñido dentro del yelmo. Uno de ellos se lanzó primero, chillando como anima herido. Alcé el hacha con ambas manos y dejé caer el filo con brutalidad. El impacto partió al hueco desde el hombro hasta el pecho, estrellándolo contrael suelo empapado. No hubo tiempo para respirar. Otro intentó abalanzarse sobre mí por el costado. Giré sobre mis pies y el mango del hacha golpeó su mandíbula con un crujido seco. Sentí los dedos huesudos rasgar mi armadura mientras retrocedía. Más figuras aparecieron entre la lluvia. Demasiados. El miedo quiso abrirse paso dentro de mi pecho... pero hacía mucho que aprendí a enterrarlo bajo acero y cerveza. Clavé el hacha en el suelo un instante y observé el círculo de monstruos acercándose lentamente. La tormenta rugió sobre nosotros. Entonces avancé yo primero para atacar. Después de aquella ordalia el último hueco cayó de rodillas frente a mí, atravesado por el filo de mi gran hacha. Permaneció inmóvil unos segundos antes de desplomarse sobre el barro junto a los demás cadáveres. La lluvia continuó golpeando mi armadura mientras observaba las ruinas en silencio. Solté un suspiro cansado dentro del yelmo y limpié el filo ensangrentado contra el suelo. —Sigo vivo… eso basta por esta noche. A lo lejos, una pequeña hoguera brillaba entre la niebla. Sin mirar atrás, comencé a caminar hacia ella mientras la tormenta devoraba lentamente el campo de batalla.
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  • *Sentia su cuerpo bastate caliente, razón que la llevo a usar ropas mas ligeras para que el viento nocturno de la noche después de la lluvia, ayude a bajar la temperatura corporal, pues sentía que su piel ardia como si estuviera hecha de lava*
    *Sentia su cuerpo bastate caliente, razón que la llevo a usar ropas mas ligeras para que el viento nocturno de la noche después de la lluvia, ayude a bajar la temperatura corporal, pues sentía que su piel ardia como si estuviera hecha de lava*
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  • La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del departamento mientras las luces moradas del neón de algún establecimiento cercano se colaban entre las sombras de la sala. El lugar tenía esa mezcla extraña de caos perfectamente organizado: velas aromáticas encendidas sobre la barra de la cocina, revistas de moda tiradas en el sofá, botas altas junto a la entrada y un tocadiscos viejo reproduciendo Panic Priest y Depeche Mode a volumen alto.
    Lenore permanecía desparramada sobre el sillón, usando una camiseta enorme de alguna banda olvidada y medias largas negras. Su maquillaje impecable del día ya estaba medio borrado, dejando manchas oscuras bajo sus ojos que, honestamente, le daban todavía más personalidad.
    Con una mascarilla capilar aplicada de forma exageradamente profesional, sostenía una taza de café mientras revisaba su celular.
    —Si vuelvo a escuchar a una clienta decir “solo las puntas”, voy a perder la poca estabilidad mental que me queda… —murmuró dramáticamente antes de beber un sorbo.
    Por el rabillo del ojo sintió un como un pequeño destello emanando del cráneo que cristal que adornaba la mesa de centro, reflejos de la luz neón que entraba desde afuera, justo cuando ella intentaba acomodarse lastimó su vista. La mujer soltó un quejido teatral.
    —Ah, claro. Mi único compañero emocional llegó para juzgarme.

    Después de unos segundos de silencio, la mujer se incorporó apenas para alcanzar una libreta llena de diseños y anotaciones. Entre dibujos de cortes de cabello y esquemas de tintes aparecían también pequeños garabatos absurdos: ataúdes con moños, tijeras con alas, telarañas con diamantes.
    —Necesito otro color para otoño… algo devastador emocionalmente… como divorciada millonaria en castillo europeo-No.—Interrumpió la frase en seco, abrió los ojos sintiendo cómo un escalofrío le recorrió todo el cuerpo que le hizo esbozar una sonrisa retorcida.—¡Como viuda recién llegada al castillo de Vlad Tepes!
    Tomó un lápiz y empezó a dibujar mientras balanceaba un pie al ritmo de la música.
    Por primera vez en todo el día, el salón, los clientes, el ruido del exterior y el personaje extravagante que mostraba afuera parecían quedarse lejos. En la tranquilidad de su departamento, Lenore no necesitaba entretener a nadie. Solo existir entre luces tenues, café caliente y esa paz extraña que tienen las madrugadas lluviosas.
    La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del departamento mientras las luces moradas del neón de algún establecimiento cercano se colaban entre las sombras de la sala. El lugar tenía esa mezcla extraña de caos perfectamente organizado: velas aromáticas encendidas sobre la barra de la cocina, revistas de moda tiradas en el sofá, botas altas junto a la entrada y un tocadiscos viejo reproduciendo Panic Priest y Depeche Mode a volumen alto. Lenore permanecía desparramada sobre el sillón, usando una camiseta enorme de alguna banda olvidada y medias largas negras. Su maquillaje impecable del día ya estaba medio borrado, dejando manchas oscuras bajo sus ojos que, honestamente, le daban todavía más personalidad. Con una mascarilla capilar aplicada de forma exageradamente profesional, sostenía una taza de café mientras revisaba su celular. —Si vuelvo a escuchar a una clienta decir “solo las puntas”, voy a perder la poca estabilidad mental que me queda… —murmuró dramáticamente antes de beber un sorbo. Por el rabillo del ojo sintió un como un pequeño destello emanando del cráneo que cristal que adornaba la mesa de centro, reflejos de la luz neón que entraba desde afuera, justo cuando ella intentaba acomodarse lastimó su vista. La mujer soltó un quejido teatral. —Ah, claro. Mi único compañero emocional llegó para juzgarme. Después de unos segundos de silencio, la mujer se incorporó apenas para alcanzar una libreta llena de diseños y anotaciones. Entre dibujos de cortes de cabello y esquemas de tintes aparecían también pequeños garabatos absurdos: ataúdes con moños, tijeras con alas, telarañas con diamantes. —Necesito otro color para otoño… algo devastador emocionalmente… como divorciada millonaria en castillo europeo-No.—Interrumpió la frase en seco, abrió los ojos sintiendo cómo un escalofrío le recorrió todo el cuerpo que le hizo esbozar una sonrisa retorcida.—¡Como viuda recién llegada al castillo de Vlad Tepes! Tomó un lápiz y empezó a dibujar mientras balanceaba un pie al ritmo de la música. Por primera vez en todo el día, el salón, los clientes, el ruido del exterior y el personaje extravagante que mostraba afuera parecían quedarse lejos. En la tranquilidad de su departamento, Lenore no necesitaba entretener a nadie. Solo existir entre luces tenues, café caliente y esa paz extraña que tienen las madrugadas lluviosas.
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