Vitaligrafo, sobre los vulpafilas, criaturas afortunadamente estériles proveniente de las colmenas infestadas de la luna de Deimos, en Marte, ignoran por completo la voluntad de la colmena y funcionan bajo su propia voluntad, por lo que son considerados neutrales y valiosos para quizá algún día encontrar una cura.
Hoy compartiré uno de los rasgos más increíbles de supervivencia de estos compañeros infestados, he sido testigo de su virtual inmortalidad y puedo dar fe con mis observaciones, grabaciones y demás evidencia de las muchas veces que escapan del beso de la muerte.
Cuando su cuerpo es sometido a un daño letal, fatal o explosivo que haría trizas a muchas formas de vida, una nueva herida se abre, una nueva larva con todos los recuerdos, los datos genéticos y habilidades sale expulsado hacia la dirección más lejana posible, lejos de la fuente del daño, por lo que esa larva se esconde y sobrevive lo suficiente para volver a crecer, y no se tardan en crecer.
El vulpafila mío, tiene la mala costumbre de adherirse al torso de Chroma cuando ocurre esa eventualidad, usando el cuerpo del Warframe como fuente de nutrientes y protección mientras vuelve poco a poco a recuperar su cuerpo original, toma alrededor de una hora volver a la normalidad y se desprende del Warframe cuando ya desarrolla sus extremidades y cola.
Por supuesto la primera vez me asusto demasiado pensando que perdería también a mi Warframe, sin embargo, mi hipótesis fue errónea y debo admitir que me cuesta contener el deseo del cuerpo de Chroma de quemar al vulpafila en sus primeras resurrecciones, sin embargo, me alivia saber que nunca más volví a sentir incomodidad.
Vitaligrafo, sobre los vulpafilas, criaturas afortunadamente estériles proveniente de las colmenas infestadas de la luna de Deimos, en Marte, ignoran por completo la voluntad de la colmena y funcionan bajo su propia voluntad, por lo que son considerados neutrales y valiosos para quizá algún día encontrar una cura.
Hoy compartiré uno de los rasgos más increíbles de supervivencia de estos compañeros infestados, he sido testigo de su virtual inmortalidad y puedo dar fe con mis observaciones, grabaciones y demás evidencia de las muchas veces que escapan del beso de la muerte.
Cuando su cuerpo es sometido a un daño letal, fatal o explosivo que haría trizas a muchas formas de vida, una nueva herida se abre, una nueva larva con todos los recuerdos, los datos genéticos y habilidades sale expulsado hacia la dirección más lejana posible, lejos de la fuente del daño, por lo que esa larva se esconde y sobrevive lo suficiente para volver a crecer, y no se tardan en crecer.
El vulpafila mío, tiene la mala costumbre de adherirse al torso de Chroma cuando ocurre esa eventualidad, usando el cuerpo del Warframe como fuente de nutrientes y protección mientras vuelve poco a poco a recuperar su cuerpo original, toma alrededor de una hora volver a la normalidad y se desprende del Warframe cuando ya desarrolla sus extremidades y cola.
Por supuesto la primera vez me asusto demasiado pensando que perdería también a mi Warframe, sin embargo, mi hipótesis fue errónea y debo admitir que me cuesta contener el deseo del cuerpo de Chroma de quemar al vulpafila en sus primeras resurrecciones, sin embargo, me alivia saber que nunca más volví a sentir incomodidad.
La señora Kavanaugh puso las manos sobre sus muslos y pareció encogerse en el sillón mientras sus palmas presionaban y se deslizaban hasta llegar a las rodillas que se asomaban del corte de su falda, solo para repetir la moción una y otra vez con lentitud, en una especie de auto consuelo físico.
James le buscaba la mirada, pero ella no dejaba de observar el suelo con una sonrisa que parecía contener en sí misma un mar de desesperación.
⸻𝐼 𝘩𝑎𝑑 𝑡𝑜 𝑠𝑒𝑡 𝘩𝑒𝑟 𝑓𝑟𝑒𝑒. 𝑇𝘩𝑒𝑟𝑒 𝑤𝑎𝑠 𝑛𝑜 𝑜𝑡𝘩𝑒𝑟 𝑤𝑎𝑦. 𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤 𝑦𝑜𝑢 𝑢𝑛𝑑𝑒𝑟𝑠𝑡𝑎𝑛𝑑 𝑚𝑒, 𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤 𝑦𝑜𝑢 𝑓𝑢𝑐𝑘𝑖𝑛𝑔 𝑑𝑜 𝑏𝑒𝑐𝑎𝑢𝑠𝑒 𝑦𝑜𝑢 𝑡𝑟𝑢𝑙𝑦 𝑙𝑖𝑠𝑡𝑒𝑛, 𝑦𝑜𝑢 𝑝𝑖𝑒𝑐𝑒 𝑜𝑓 𝑠𝘩𝑖𝑡 𝑠𝘩𝑟𝑖𝑛𝑘.ᐟ ⸻Una risotada quebrada se le escapó, como si quisiese aliviar un llanto inminente y desconsolado.
El psiquiatra permanecía inmutable, de piernas cruzadas, contemplando. Pero su temple era una fachada que ocultaba lo que aquellas palabras le hacían sentir en realidad. Comprendía la angustia, aún cuando aquello no justificaba la reacción.
Finalmente, la mujer le miró a los ojos, y las lágrimas corrieron por sus mejillas, teñidas con su negro rímel, y sin berreos ni alaridos de por medio.
⸻𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤… 𝑌𝑜𝑢 𝑑𝑜. ⸻Su voz se había vuelto un hilo, del cual su cordura parecía no solo pender, si no balancearse con el afán de caer en el abismo de la locura.
⸻𝑊𝑒’𝑟𝑒 𝑎𝑙𝑙 𝑡𝑟𝑎𝑝𝑝𝑒𝑑 𝑖𝑛 𝑎𝑛 𝑖𝑙𝑙𝑢𝑠𝑖𝑜𝑛, 𝐽𝑎𝑚𝑒𝑠.
∎ Recording ends here.
░ Brightwater Behavioral Hospital ❊ July 10th, 20XX ░
◆ Case File Log No. 23 — Patient: 「 Kavanaugh, L. 」
◆ Session – 9th.
⟨ 🇷🇪🇨🇴🇷🇩🇮🇳🇬 🇸🇦🇳🇨🇹🇮🇴🇳🇪🇩 🇧🇾 🇹🇭🇪 🇸🇹🇦🇹🇪 🇴🇫 🇮🇱🇱🇮🇳🇴🇮🇸 – 🇺🇳🇦🇺🇹🇭🇴🇷🇮🇿🇪🇩 🇷🇪🇵🇷🇴🇩🇺🇨🇹🇮🇴🇳 🇦🇳🇩 🇩🇮🇸🇹🇷🇮🇧🇺🇹🇮🇴🇳 🇮🇸 🇨🇴🇳🇸🇮🇩🇪🇷🇪🇩 🇦 🇫🇪🇩🇪🇷🇦🇱 🇨🇷🇮🇲🇪 🇺🇳🇩🇪🇷 🇭🇮🇵🇦🇦 🇦🇳🇩 🇺.🇸. 🇨🇴🇩🇪 🇹🇮🇹🇱🇪 38 § 7332. ⟩
Press ▶ to play recording extract segment D.
⸻"𝑂𝘩, 𝑑𝑜𝑐𝑡𝑜𝑟. 𝑌𝑜𝑢 𝑐𝑎𝑛 𝑓𝑒𝑒𝑙 𝑖𝑡 𝑡𝑜𝑜, 𝑐𝑎𝑛'𝑡 𝑦𝑜𝑢.ᐣ"
La señora Kavanaugh puso las manos sobre sus muslos y pareció encogerse en el sillón mientras sus palmas presionaban y se deslizaban hasta llegar a las rodillas que se asomaban del corte de su falda, solo para repetir la moción una y otra vez con lentitud, en una especie de auto consuelo físico.
⸻"𝑊𝑒 𝑑𝑜 𝑖𝑡 𝑎𝑙𝑙 𝑜𝑣𝑒𝑟 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛, 𝑎𝑛𝑑 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛, 𝑎𝑛𝑑 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛, 𝑎𝑛𝑑 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛. 𝐴𝑛 𝑒𝑛𝑑𝑙𝑒𝑠𝑠 𝑐𝑦𝑐𝑙𝑒, 𝑠𝑡𝑢𝑐𝑘 𝑙𝑖𝑘𝑒 𝑟𝑎𝑡𝑠 𝑖𝑛 𝑎 𝑓𝑢𝑐𝑘𝑖𝑛𝑔 𝑐𝑎𝑔𝑒. 𝐻𝑜𝑤 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝐼 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑦 𝑑𝑎𝑢𝑔𝘩𝑡𝑒𝑟 𝑙𝑖𝑣𝑒 𝑙𝑖𝑘𝑒 𝑡𝘩𝑎𝑡.ᐣ 𝐻𝑜𝑤 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝐼 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑦 𝑠𝑤𝑒𝑒𝑡 𝑎𝑛𝑔𝑒𝑙 𝑠𝘩𝑎𝑟𝑒 𝑡𝘩𝑖𝑠 𝑓𝑎𝑡𝑒.ᐣ.ᐟ”
James le buscaba la mirada, pero ella no dejaba de observar el suelo con una sonrisa que parecía contener en sí misma un mar de desesperación.
⸻𝐼 𝘩𝑎𝑑 𝑡𝑜 𝑠𝑒𝑡 𝘩𝑒𝑟 𝑓𝑟𝑒𝑒. 𝑇𝘩𝑒𝑟𝑒 𝑤𝑎𝑠 𝑛𝑜 𝑜𝑡𝘩𝑒𝑟 𝑤𝑎𝑦. 𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤 𝑦𝑜𝑢 𝑢𝑛𝑑𝑒𝑟𝑠𝑡𝑎𝑛𝑑 𝑚𝑒, 𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤 𝑦𝑜𝑢 𝑓𝑢𝑐𝑘𝑖𝑛𝑔 𝑑𝑜 𝑏𝑒𝑐𝑎𝑢𝑠𝑒 𝑦𝑜𝑢 𝑡𝑟𝑢𝑙𝑦 𝑙𝑖𝑠𝑡𝑒𝑛, 𝑦𝑜𝑢 𝑝𝑖𝑒𝑐𝑒 𝑜𝑓 𝑠𝘩𝑖𝑡 𝑠𝘩𝑟𝑖𝑛𝑘.ᐟ ⸻Una risotada quebrada se le escapó, como si quisiese aliviar un llanto inminente y desconsolado.
El psiquiatra permanecía inmutable, de piernas cruzadas, contemplando. Pero su temple era una fachada que ocultaba lo que aquellas palabras le hacían sentir en realidad. Comprendía la angustia, aún cuando aquello no justificaba la reacción.
Finalmente, la mujer le miró a los ojos, y las lágrimas corrieron por sus mejillas, teñidas con su negro rímel, y sin berreos ni alaridos de por medio.
⸻𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤… 𝑌𝑜𝑢 𝑑𝑜. ⸻Su voz se había vuelto un hilo, del cual su cordura parecía no solo pender, si no balancearse con el afán de caer en el abismo de la locura.
⸻𝑊𝑒’𝑟𝑒 𝑎𝑙𝑙 𝑡𝑟𝑎𝑝𝑝𝑒𝑑 𝑖𝑛 𝑎𝑛 𝑖𝑙𝑙𝑢𝑠𝑖𝑜𝑛, 𝐽𝑎𝑚𝑒𝑠.
∎ Recording ends here.
Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado.
Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando.
Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio.
Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado.
—¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto?
El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
𝑈𝑛 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜.
Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado.
Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando.
Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio.
Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado.
—¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto?
El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
La noche había vaciado las callejuelas de toda alma. Solo permanecía encendida la luz vieja y mortecina que colgaba frente a la taberna, balanceándose apenas con el viento y sobre el empedrado húmedo avanzó una figura cubierta de negro.
El rechinar de la puerta y el lamento de la madera hicieron volver varios rostros hacia la entrada. Algunos la reconocieron de inmediato.
—La Santa de los Venenos... — murmuró alguien entre dientes.
El apodo cayó sobre Odette como saliva escupida al rostro. No es quien era ella. No era una santa y no era alguien que disfrutaba de envenenar.
Odette Hemlock no era más que una herborista errante que conocía el lenguaje de las raíces, el aroma de las flores nocturnas y la frágil misericordia de la muerte. Había calmado agonías, sostenido cuerpos consumidos por la fiebre y ofrecido paz allí donde la medicina ya no alcanzaba. Que redujeran todo aquello a un vulgar sobrenombre le producía una silenciosa repulsión.
Sin responder a las miradas, caminó entre las mesas, las conversaciones murieron a su paso.
Al llegar a la barra dejó un par de monedas de cobre sobre la madera desgastada. El tabernero la observó con el ceño endurecido, sosteniendo una expresión demasiado firme para no delatar nerviosismo.
—Solo necesito un poco de vino, caballero.— La voz de Odette descendió suave, somnolienta, como el perfume de las belladonas abiertas bajo la lluvia.
El hombre apartó la mirada apenas un instante, como si despertara de un pensamiento extraño, y tomó uno de los tarros. Sirvió el vino desde un barril cercano y dejó el recipiente frente a ella con un golpe seco.
—Aquí tiene, señora.— Odette no se inmutó ante el estruendo. Sentada sobre uno de los bancos, sostuvo el tarro entre sus dedos delgados, manchados por savia y pétalos.
—Gracias.— Bebió despacio mientras sentía el peso de las miradas clavadas sobre su espalda. En algún rincón, un borracho murmuró una plegaria. Otro evitó siquiera levantar los ojos del vaso.
Cuando terminó el último trago, acomodó nuevamente el bolso de cuero y se puso de pie.
Cruzó la taberna envuelta en silencio y desapareció tras la puerta igual que había llegado: Sin ruido, sin despedidas. Parecía un ánima de paso.
Durante unos breves segundos nadie habló. Luego las risas ebrias regresaron, ásperas y escandalosas, llenando otra vez el lugar.
Odette abandonó la ciudad antes del amanecer y siguió el camino que sus pies quisieron tomar.
Después de unos días, nadie volvió a verla. Ni siquiera la familia más pobre del pueblo.
Aquellos cuyos hijos gemelos habían sido aquejados por la fiebre escarlata. Los mismos a quienes Odette ayudó a cambio de apenas dos monedas de cobre y un pedazo de pan endurecido.
Y así, nadie la vio marcharse de la ciudad; simplemente dejó de estar allí...
༒ 𝕬𝖌𝖔𝖓𝖞 𝖎𝖓 𝕽𝖊𝖉 𝕸𝖎𝖓𝖔𝖗.
La noche había vaciado las callejuelas de toda alma. Solo permanecía encendida la luz vieja y mortecina que colgaba frente a la taberna, balanceándose apenas con el viento y sobre el empedrado húmedo avanzó una figura cubierta de negro.
El rechinar de la puerta y el lamento de la madera hicieron volver varios rostros hacia la entrada. Algunos la reconocieron de inmediato.
—La Santa de los Venenos... — murmuró alguien entre dientes.
El apodo cayó sobre Odette como saliva escupida al rostro. No es quien era ella. No era una santa y no era alguien que disfrutaba de envenenar.
Odette Hemlock no era más que una herborista errante que conocía el lenguaje de las raíces, el aroma de las flores nocturnas y la frágil misericordia de la muerte. Había calmado agonías, sostenido cuerpos consumidos por la fiebre y ofrecido paz allí donde la medicina ya no alcanzaba. Que redujeran todo aquello a un vulgar sobrenombre le producía una silenciosa repulsión.
Sin responder a las miradas, caminó entre las mesas, las conversaciones murieron a su paso.
Al llegar a la barra dejó un par de monedas de cobre sobre la madera desgastada. El tabernero la observó con el ceño endurecido, sosteniendo una expresión demasiado firme para no delatar nerviosismo.
—Solo necesito un poco de vino, caballero.— La voz de Odette descendió suave, somnolienta, como el perfume de las belladonas abiertas bajo la lluvia.
El hombre apartó la mirada apenas un instante, como si despertara de un pensamiento extraño, y tomó uno de los tarros. Sirvió el vino desde un barril cercano y dejó el recipiente frente a ella con un golpe seco.
—Aquí tiene, señora.— Odette no se inmutó ante el estruendo. Sentada sobre uno de los bancos, sostuvo el tarro entre sus dedos delgados, manchados por savia y pétalos.
—Gracias.— Bebió despacio mientras sentía el peso de las miradas clavadas sobre su espalda. En algún rincón, un borracho murmuró una plegaria. Otro evitó siquiera levantar los ojos del vaso.
Cuando terminó el último trago, acomodó nuevamente el bolso de cuero y se puso de pie.
Cruzó la taberna envuelta en silencio y desapareció tras la puerta igual que había llegado: Sin ruido, sin despedidas. Parecía un ánima de paso.
Durante unos breves segundos nadie habló. Luego las risas ebrias regresaron, ásperas y escandalosas, llenando otra vez el lugar.
Odette abandonó la ciudad antes del amanecer y siguió el camino que sus pies quisieron tomar.
Después de unos días, nadie volvió a verla. Ni siquiera la familia más pobre del pueblo.
Aquellos cuyos hijos gemelos habían sido aquejados por la fiebre escarlata. Los mismos a quienes Odette ayudó a cambio de apenas dos monedas de cobre y un pedazo de pan endurecido.
Y así, nadie la vio marcharse de la ciudad; simplemente dejó de estar allí...
-La iglesia estaba en silencio, demasiado silencio.
El eco lejano de los pasos que ya se habían ido aún parecía vibrar entre las paredes altas, mientras las velas titilaban suavemente, como si también estuvieran nerviosas. León permanecía de pie frente al altar, con las manos ligeramente temblorosas, entrelazadas con fuerza para ocultarlo.
Su respiración no era constante.
Miraba hacia la puerta luego al suelo luego otra vez a la puerta.-
Estoy nervioso ..
—murmuró para sí mismo, casi sin voz
Pero el tiempo seguía pasando.
Cada segundo pesaba.
Cada sonido lo hacía tensarse.
León tragó saliva, sintiendo el corazón golpearle el pecho con fuerza, como si quisiera escapar. Nunca lo había sentido así esa mezcla de ansiedad, miedo y algo más difícil de nombrar.
Sus dedos se aferraron al borde del altar.-
Alastor…
—susurró-
-La iglesia estaba en silencio, demasiado silencio.
El eco lejano de los pasos que ya se habían ido aún parecía vibrar entre las paredes altas, mientras las velas titilaban suavemente, como si también estuvieran nerviosas. León permanecía de pie frente al altar, con las manos ligeramente temblorosas, entrelazadas con fuerza para ocultarlo.
Su respiración no era constante.
Miraba hacia la puerta luego al suelo luego otra vez a la puerta.-
Estoy nervioso ..
—murmuró para sí mismo, casi sin voz
Pero el tiempo seguía pasando.
Cada segundo pesaba.
Cada sonido lo hacía tensarse.
León tragó saliva, sintiendo el corazón golpearle el pecho con fuerza, como si quisiera escapar. Nunca lo había sentido así esa mezcla de ansiedad, miedo y algo más difícil de nombrar.
Sus dedos se aferraron al borde del altar.-
Alastor…
—susurró-
El camino había desaparecido hacía ya varios kilómetros. Lo único que quedaba bajo los zapatos era lodo húmedo, piedras hundidas y restos de un sendero antiguo devorado por la maleza. La niebla cubría todo con una densidad enfermiza, espesa como humo frío, tragándose árboles, cercas oxidadas y cualquier intento de mirar demasiado lejos. Ni siquiera el sonido de los propios pasos parecía viajar más de unos cuantos metros antes de morir.
Aquel pueblo no figuraba en ningún mapa, ni en videos de tiktok o guias de exploradores "underground"
No había señales, nombres ni registros claros de que alguna vez hubiese existido. Y aun así... ahí estaba...
Casas inclinadas por el tiempo, ventanas rotas como cuencas vacías observando desde la oscuridad, puertas entreabiertas que se balanceaban lentamente pese a que no corría viento alguno. Había ropa vieja colgando en tendederos petrificados por la humedad, rastros de esqueletos de animales de granja que incluso la naturaleza ya habia retomado de regreso, como si todos hubiesen desaparecido al mismo tiempo. Como si algo hubiese vaciado el lugar.
El aire olía a lluvia vieja, musgo, madera podrida y piedra mojada. Sin embargo.
.. había una luz.
A lo lejos, elevándose por encima de los tejados consumidos por la decadencia, se alzaba la silueta de una catedral gótica imposible de ignorar. Sus agujas negras atravesaban la niebla como lanzas deformes, dominando el pueblo entero como el cadáver de un dios olvidado. Las puertas principales permanecían abiertas y eso era quizá lo peor de todo; no estaban forzadas ni destruidas, simplemente abiertas, esperando...
Cada paso hacia la catedral hacía que aquella presión en el pecho aumentara lentamente. Era esa sensación incómoda que nace cuando el instinto comienza a advertirte que algo está mal aunque todavía no puedas verlo. Como si el propio edificio rechazara la presencia humana.
El interior era inmenso. Columnas de piedra se perdían hacia arriba entre oscuridad y telarañas gigantescas que colgaban como sudarios. El eco de las gotas de agua cayendo desde el techo resonaba en algún lugar distante, lento e irregular, casi parecido a respiraciones. El suelo estaba cubierto por una fina capa de humedad que reflejaba fragmentos temblorosos de luz provenientes de docenas de velas distribuidas a lo largo de la nave principal. Algunas apenas titilaban mientras otras ardían con una llama completamente inmóvil, antinatural, como si llevasen encendidas siglos enteros sin apagarse jamás.
No había corrientes de aire ni el más mínimo sonido del exterior. Ni pájaros, ni insectos cantores, ni el murmullo del bosque. Solo aquella catedral respirando lentamente en la oscuridad, húmeda y eterna, hasta que un crujido metálico rompió el silencio desde algún punto arriba.
La mirada se alzó casi por reflejo… y el corazón (de tu personaje) se detuvo por un instante.
Suspendida del gigantesco candelabro central había una criatura imposible....
Masiva, monstruosa, la cual colgaba envuelta en sus propias alas como si fueran un sudario de carne y membrana húmeda, ocultando casi por completo aquel cuerpo descomunal que fácilmente superaba el tamaño de una casa.
Las cadenas del viejo candelabro crujían bajo su peso mientras pequeñas gotas oscuras caían lentamente desde las membranas rasgadas hacia el suelo de piedra.
Entonces sus ojos se abrieron...
Blancos y brillando en medio de la penumbra.
La cabeza de aquel enorme murciélago se inclinó lentamente hacia un lado, apenas lo suficiente para observar mejor al intruso que acababa de entrar en su guarida. Los colmillos sobresalían entre hilos de saliva espesa y sangre vieja, mientras una lengua larga y grotesca asomaba lentamente entre las fauces.
La criatura no se movió, pero el tiempo pasaba, era momento de...
¿Correr?
¿razonar con el murciélago?
¿Atacar?
¿Dejar un tributo?
¿Qué será?
Open roleplay:
El camino había desaparecido hacía ya varios kilómetros. Lo único que quedaba bajo los zapatos era lodo húmedo, piedras hundidas y restos de un sendero antiguo devorado por la maleza. La niebla cubría todo con una densidad enfermiza, espesa como humo frío, tragándose árboles, cercas oxidadas y cualquier intento de mirar demasiado lejos. Ni siquiera el sonido de los propios pasos parecía viajar más de unos cuantos metros antes de morir.
Aquel pueblo no figuraba en ningún mapa, ni en videos de tiktok o guias de exploradores "underground"
No había señales, nombres ni registros claros de que alguna vez hubiese existido. Y aun así... ahí estaba...
Casas inclinadas por el tiempo, ventanas rotas como cuencas vacías observando desde la oscuridad, puertas entreabiertas que se balanceaban lentamente pese a que no corría viento alguno. Había ropa vieja colgando en tendederos petrificados por la humedad, rastros de esqueletos de animales de granja que incluso la naturaleza ya habia retomado de regreso, como si todos hubiesen desaparecido al mismo tiempo. Como si algo hubiese vaciado el lugar.
El aire olía a lluvia vieja, musgo, madera podrida y piedra mojada. Sin embargo.
.. había una luz.
A lo lejos, elevándose por encima de los tejados consumidos por la decadencia, se alzaba la silueta de una catedral gótica imposible de ignorar. Sus agujas negras atravesaban la niebla como lanzas deformes, dominando el pueblo entero como el cadáver de un dios olvidado. Las puertas principales permanecían abiertas y eso era quizá lo peor de todo; no estaban forzadas ni destruidas, simplemente abiertas, esperando...
Cada paso hacia la catedral hacía que aquella presión en el pecho aumentara lentamente. Era esa sensación incómoda que nace cuando el instinto comienza a advertirte que algo está mal aunque todavía no puedas verlo. Como si el propio edificio rechazara la presencia humana.
El interior era inmenso. Columnas de piedra se perdían hacia arriba entre oscuridad y telarañas gigantescas que colgaban como sudarios. El eco de las gotas de agua cayendo desde el techo resonaba en algún lugar distante, lento e irregular, casi parecido a respiraciones. El suelo estaba cubierto por una fina capa de humedad que reflejaba fragmentos temblorosos de luz provenientes de docenas de velas distribuidas a lo largo de la nave principal. Algunas apenas titilaban mientras otras ardían con una llama completamente inmóvil, antinatural, como si llevasen encendidas siglos enteros sin apagarse jamás.
No había corrientes de aire ni el más mínimo sonido del exterior. Ni pájaros, ni insectos cantores, ni el murmullo del bosque. Solo aquella catedral respirando lentamente en la oscuridad, húmeda y eterna, hasta que un crujido metálico rompió el silencio desde algún punto arriba.
La mirada se alzó casi por reflejo… y el corazón (de tu personaje) se detuvo por un instante.
Suspendida del gigantesco candelabro central había una criatura imposible....
Masiva, monstruosa, la cual colgaba envuelta en sus propias alas como si fueran un sudario de carne y membrana húmeda, ocultando casi por completo aquel cuerpo descomunal que fácilmente superaba el tamaño de una casa.
Las cadenas del viejo candelabro crujían bajo su peso mientras pequeñas gotas oscuras caían lentamente desde las membranas rasgadas hacia el suelo de piedra.
Entonces sus ojos se abrieron...
Blancos y brillando en medio de la penumbra.
La cabeza de aquel enorme murciélago se inclinó lentamente hacia un lado, apenas lo suficiente para observar mejor al intruso que acababa de entrar en su guarida. Los colmillos sobresalían entre hilos de saliva espesa y sangre vieja, mientras una lengua larga y grotesca asomaba lentamente entre las fauces.
La criatura no se movió, pero el tiempo pasaba, era momento de...
¿Correr?
¿razonar con el murciélago?
¿Atacar?
¿Dejar un tributo?
¿Qué será?
Las luces cayeron, pero el aire seguía cargado de una intensa electricidad que mantenía sus vellos erizados. Su respiración pesaba. A pesar de la fatiga, de su rostro colgaba una sonrisa cristalina, suspendida en algún punto intermedio entre el alivio, la satisfacción y la adrenalina que aún corría por sus venas. Aún podía escuchar los vítores de su público reproduciéndose en su mente.
Después de tanto tiempo y esfuerzo invertidos, finalmente había debutado. Y lo hizo bajo su propio nombre. No como parte de un grupo, no como acompañante; solo ella y su público, de la mano de la agencia VisionOne.
Estaba exhausta, pero había valido la pena cada segundo. Las luces, la precisión de su coreografía, las cámaras... todo había sido perfecto. Lo que más le sorprendía era que tantas personas se animaran a verla solo a ella. Fuera por su carisma, su belleza o su toque personal, la gente había estado allí apoyándola. Era un sueño cumplido; el primer paso de un futuro brillante, o eso le gustaba creer.
—Cielos... casi no lo creo —pensó en voz alta, justo detrás del escenario principal.
Pasó una mano por su cabello perfectamente arreglado y ajustó el vestido diseñado a medida. A lo lejos, los moderadores despedían el evento y guiaban a las personas hacia la salida, mientras ella apoyaba las manos en su cintura, tratando de recuperar el aliento en el Backstage.
Las luces cayeron, pero el aire seguía cargado de una intensa electricidad que mantenía sus vellos erizados. Su respiración pesaba. A pesar de la fatiga, de su rostro colgaba una sonrisa cristalina, suspendida en algún punto intermedio entre el alivio, la satisfacción y la adrenalina que aún corría por sus venas. Aún podía escuchar los vítores de su público reproduciéndose en su mente.
Después de tanto tiempo y esfuerzo invertidos, finalmente había debutado. Y lo hizo bajo su propio nombre. No como parte de un grupo, no como acompañante; solo ella y su público, de la mano de la agencia VisionOne.
Estaba exhausta, pero había valido la pena cada segundo. Las luces, la precisión de su coreografía, las cámaras... todo había sido perfecto. Lo que más le sorprendía era que tantas personas se animaran a verla solo a ella. Fuera por su carisma, su belleza o su toque personal, la gente había estado allí apoyándola. Era un sueño cumplido; el primer paso de un futuro brillante, o eso le gustaba creer.
—Cielos... casi no lo creo —pensó en voz alta, justo detrás del escenario principal.
Pasó una mano por su cabello perfectamente arreglado y ajustó el vestido diseñado a medida. A lo lejos, los moderadores despedían el evento y guiaban a las personas hacia la salida, mientras ella apoyaba las manos en su cintura, tratando de recuperar el aliento en el Backstage.
4
0
turnos
0
maullidos
Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria.
Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor.
Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira.
No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado.
Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla.
Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad.
Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo.
Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana.
El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria.
Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones.
Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos.
Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto.
La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
Primera parte: : El Mundo que Perdí.
Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria.
Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor.
Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira.
No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado.
Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla.
Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad.
Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo.
Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana.
El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria.
Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones.
Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos.
Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto.
La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
-Luego de 72 horas de guardia en el hospital, la mujer salió por la entrada con un bolso, afuera se encontraba un hombre de cabellos grises alto y de traje corte ingles portando un paraguas negro-
Angyar: ¿Jack?, que haces aquí.. pensé que te habías jubilado.
Jack: Al parecer cierta persona no asistió a algunas reuniones provocando que Nathaniel me llamara y vigilará que cumpliera con la agenda.
-La peliblanca suspiro pesadamente rascándose la cabeza, mientras el mayordomo tomó su bolso. Comenzando a caminar Jack le cubría con el paraguas y con su otra mano tenía abierto una carpeta con la agenda-
Jack: Bien.. las harpias solicitaron una reunión.
Angyar: colócalas el domingo, en la mañana.
Jack: también se debe reunir con el primer ministro del infierno, para que le entregue el presupuesto, y fijen las cuotas.
Angyar: a ese dejalo para el sábado en la mañana.
Jack: por último nos quedan los hermanos silenciosos, pidieron una audiencia.
Angyar: y ¿por qué quieren verme?... Uff sábado en la tarde.
-Jack terminó de anotar los días y horas cerrando la carpeta -
Jack: la vendré a buscar estos días para no tener que reprogramar.
Angyar: si.. si.. ustedes dos me dejarán con estrés crónico.
-Mientras iban pasando por las calles camino a casa, pasó a llevar a un hombre que iba junto a su hijo de unos 5 años. La mujer dió dos pasos más cada vez más lento y se detuvo. Al tocar levemente al hombre, vio fragmentos, imágenes, de una habitación ensangrentada, un cuchillo en el suelo, y una bañera.-
Jack: ¿Ang? Paso algo..
-La mujer se giro hacia el padre e hijo que pasaron al lado de ellos, los ojos de la mujer se agudizaron mirando por sobre la cabeza de este. Vio el reloj o cuenta regresiva del padre, 25 años 36 meses 48 días. Sus ojos se movieron lentamente hacia el niño, y sus pupilas se agrandaron rápidamente, el reloj del niño decía 2 horas 26 minutos 17 segundos y restando.
La peliblanca entrecerró su mirada , Jack notó aquello, cerrando la sombrilla.-
Angyar: Jack estás autorizado de actuar si las cosas salen de control.
-Jack asintió metiendo su mano de su bolsillo sacando unos guantes negros de cuero. La mujer comenzó a caminar hacia el hombre, metió su mano al bolsillo de su abrigo y cuando la saco se materializó un juguete. Toco el brazo del padre llamando su atención y este se giro deteniendose-
Angyar: ¿disculpe este juguete es de su hijo?
Niño: ooh mi tren… lo encontró.
-El rostro del padre se deformó, ya que ese tren lo boto hace días atrás. La mujer se agachó a la altura de niño y le pasó el juguete entre sus manos-
Angyar: cuídalo, te ayudará mucho más adelante
Padre: quien es usted... y te he dicho que no recibas nada de extraños!!... Deja eso ahí y vámonos.. tenemos que irnos..
-Jack apareció entre el padre y Angyar mirándolo fría y sombríamente, haciéndole una señal de silencio -
Angyar: tu padre no tendrá problema de que vayamos a jugar ¿cierto?.
-Dijo la mujer mirando de reojo, se levantó y le pasó la mano al niño llendose hacia el parque, dejando a Jack con el padre-
Niño: ¿usted es un ángel?.
-La peliblanca lo miró y luego miró los juegos-
Angyar: si..
Niño: eso quiere decir que moriré
Angyar: no..
Niño: eso quiere decir que tienes alas?... ¿Las puedo ver?
-La mujer lo miró de reojo alzando una ceja-
Angyar: olvídalo niño, no soy un animal de exhibición..
-Luego de unos minutos, que Jack habló con el padre, llegaron los dos al parque -
Jack: Ang, el padre aceptó al… ¿que demonios?..
-Jack se alzó una ceja al ver que la mujer estaba sentada en uno de los juegos su codo apoyado en la pierna afirmando su rostro y el niño estaba emocionado alzando las alas de la mujer. El padre cuando vio la escena palideció, la mujer movió sus ojos al padre y guardó sus alas lentamente -
Angyar: La próxima tú te quedas con la criatura, Jack…
-La mujer se levantó caminando hacia el padre mirándolo-
Angyar: si algo le pasa al chico, vendré por ti, sin remordimiento.. ¿you understood?
-El padre asintió con miedo tragando saliva, la mujer se giró mirando al chico que ahora estaba interrogando a Jack -
Padre: ¿eres un demonio?
Angyar: no me compares con eso… soy peor.
-La mujer sacó una libreta de su bolsillo y escribió un número y dirección en esta saco la hoja la dobló y se la colocó en el bolsillo de la camisa al padre-
Angyar: eso solucionará una parte del problema.. llama y di que te envío Marwolaeth, ve a esa dirección y te colocarán en un puesto en la empresa.
-El hombre agradeció llorando el niño miró a su papá y luego a la peliblanca, jalando levemente el abrigo para llamarla-
Niño: le prometo ángel que seré como usted..
-Angyar alzó una ceja mirándolo eso casi le causó gracia, pero agudizó sus ojos mirando el futuro del niño. Lo vio con unos 30 años vestido de un delantal blanco, la mujer sonrió negando levemente colocando su mano en la cabeza del pequeño-
Angyar: Bien… Tengo curiosidad de ver quién será el mejor doctor de los dos..
-La mujer se metió la mano en el bolsillo del abrigo y comenzó a caminar, Jack se colocó a su lado -
Jack: ¿el pequeño estará bien?..
-La mujer miró por sobre el hombro mirando la cabeza del niño y el reloj de este se detuvo y comenzó a aumentar días, meses y años. La mujer sonrió girando su cabeza hacia el camino -
Angyar: si, cumplirá la promesa … de convertirse en doctor… ahora tengo hambre
-Luego de 72 horas de guardia en el hospital, la mujer salió por la entrada con un bolso, afuera se encontraba un hombre de cabellos grises alto y de traje corte ingles portando un paraguas negro-
Angyar: ¿Jack?, que haces aquí.. pensé que te habías jubilado.
Jack: Al parecer cierta persona no asistió a algunas reuniones provocando que Nathaniel me llamara y vigilará que cumpliera con la agenda.
-La peliblanca suspiro pesadamente rascándose la cabeza, mientras el mayordomo tomó su bolso. Comenzando a caminar Jack le cubría con el paraguas y con su otra mano tenía abierto una carpeta con la agenda-
Jack: Bien.. las harpias solicitaron una reunión.
Angyar: colócalas el domingo, en la mañana.
Jack: también se debe reunir con el primer ministro del infierno, para que le entregue el presupuesto, y fijen las cuotas.
Angyar: a ese dejalo para el sábado en la mañana.
Jack: por último nos quedan los hermanos silenciosos, pidieron una audiencia.
Angyar: y ¿por qué quieren verme?... Uff sábado en la tarde.
-Jack terminó de anotar los días y horas cerrando la carpeta -
Jack: la vendré a buscar estos días para no tener que reprogramar.
Angyar: si.. si.. ustedes dos me dejarán con estrés crónico.
-Mientras iban pasando por las calles camino a casa, pasó a llevar a un hombre que iba junto a su hijo de unos 5 años. La mujer dió dos pasos más cada vez más lento y se detuvo. Al tocar levemente al hombre, vio fragmentos, imágenes, de una habitación ensangrentada, un cuchillo en el suelo, y una bañera.-
Jack: ¿Ang? Paso algo..
-La mujer se giro hacia el padre e hijo que pasaron al lado de ellos, los ojos de la mujer se agudizaron mirando por sobre la cabeza de este. Vio el reloj o cuenta regresiva del padre, 25 años 36 meses 48 días. Sus ojos se movieron lentamente hacia el niño, y sus pupilas se agrandaron rápidamente, el reloj del niño decía 2 horas 26 minutos 17 segundos y restando.
La peliblanca entrecerró su mirada , Jack notó aquello, cerrando la sombrilla.-
Angyar: Jack estás autorizado de actuar si las cosas salen de control.
-Jack asintió metiendo su mano de su bolsillo sacando unos guantes negros de cuero. La mujer comenzó a caminar hacia el hombre, metió su mano al bolsillo de su abrigo y cuando la saco se materializó un juguete. Toco el brazo del padre llamando su atención y este se giro deteniendose-
Angyar: ¿disculpe este juguete es de su hijo?
Niño: ooh mi tren… lo encontró.
-El rostro del padre se deformó, ya que ese tren lo boto hace días atrás. La mujer se agachó a la altura de niño y le pasó el juguete entre sus manos-
Angyar: cuídalo, te ayudará mucho más adelante
Padre: quien es usted... y te he dicho que no recibas nada de extraños!!... Deja eso ahí y vámonos.. tenemos que irnos..
-Jack apareció entre el padre y Angyar mirándolo fría y sombríamente, haciéndole una señal de silencio -
Angyar: tu padre no tendrá problema de que vayamos a jugar ¿cierto?.
-Dijo la mujer mirando de reojo, se levantó y le pasó la mano al niño llendose hacia el parque, dejando a Jack con el padre-
Niño: ¿usted es un ángel?.
-La peliblanca lo miró y luego miró los juegos-
Angyar: si..
Niño: eso quiere decir que moriré
Angyar: no..
Niño: eso quiere decir que tienes alas?... ¿Las puedo ver?
-La mujer lo miró de reojo alzando una ceja-
Angyar: olvídalo niño, no soy un animal de exhibición..
-Luego de unos minutos, que Jack habló con el padre, llegaron los dos al parque -
Jack: Ang, el padre aceptó al… ¿que demonios?..
-Jack se alzó una ceja al ver que la mujer estaba sentada en uno de los juegos su codo apoyado en la pierna afirmando su rostro y el niño estaba emocionado alzando las alas de la mujer. El padre cuando vio la escena palideció, la mujer movió sus ojos al padre y guardó sus alas lentamente -
Angyar: La próxima tú te quedas con la criatura, Jack…
-La mujer se levantó caminando hacia el padre mirándolo-
Angyar: si algo le pasa al chico, vendré por ti, sin remordimiento.. ¿you understood?
-El padre asintió con miedo tragando saliva, la mujer se giró mirando al chico que ahora estaba interrogando a Jack -
Padre: ¿eres un demonio?
Angyar: no me compares con eso… soy peor.
-La mujer sacó una libreta de su bolsillo y escribió un número y dirección en esta saco la hoja la dobló y se la colocó en el bolsillo de la camisa al padre-
Angyar: eso solucionará una parte del problema.. llama y di que te envío Marwolaeth, ve a esa dirección y te colocarán en un puesto en la empresa.
-El hombre agradeció llorando el niño miró a su papá y luego a la peliblanca, jalando levemente el abrigo para llamarla-
Niño: le prometo ángel que seré como usted..
-Angyar alzó una ceja mirándolo eso casi le causó gracia, pero agudizó sus ojos mirando el futuro del niño. Lo vio con unos 30 años vestido de un delantal blanco, la mujer sonrió negando levemente colocando su mano en la cabeza del pequeño-
Angyar: Bien… Tengo curiosidad de ver quién será el mejor doctor de los dos..
-La mujer se metió la mano en el bolsillo del abrigo y comenzó a caminar, Jack se colocó a su lado -
Jack: ¿el pequeño estará bien?..
-La mujer miró por sobre el hombro mirando la cabeza del niño y el reloj de este se detuvo y comenzó a aumentar días, meses y años. La mujer sonrió girando su cabeza hacia el camino -
Angyar: si, cumplirá la promesa … de convertirse en doctor… ahora tengo hambre
3
0
turnos
0
maullidos
Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.