• — Te llamaré Bizcochito, es un nombre perfecto para ti. No te preocupes amiguito, yo no creo en el mito de que los gatos negros atraen la mala suerte.
    — Te llamaré Bizcochito, es un nombre perfecto para ti. No te preocupes amiguito, yo no creo en el mito de que los gatos negros atraen la mala suerte.
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  • Noche de combos
    Categoría Slice of Life
    Después de terminar el borrador de su articulo explotó en alegría, a pesar de que no había terminado el escrito aún sentía que después de dos días había podido contra el bloqueo creativo. Le mando un mensaje a uno de sus amigos que justo le había mandado un video en gatos para llenarlo de mensajes de "lo hice" "porfin". Entre toda la celebración derrepente sale algo.

    Janko: estas disponible mañana?
    Ney: para que?
    Janko: hay un noche de combos en el gimnasio cerca la avenida, cuesta poco así que yo te lo pago y me acompañas. Te lo mereces y asi te distraes.

    Como Ney nunca había visto boxeo en vivo aunque lo había practicado de pequeña acepto. Al otro día en la tarde al rededor de las 5 llego al lugar, apenas se encontró con janko tenía una expresión de que le iba a pedir algo. Finalmente se lo dijo: la chica que iba a sostener el cartel entre las rondas no había llegado así que necesitaban a otra chica y ella parecía de la talla. Solo la convenció porque iba a poder ver la pelea desde más cerca.

    Llego a los baños un poco apurada con los gritos de su amigo, el vestuario a pesar de que no mostraba tanto si se le había revelador, era un short que perfectamente podría ser un calzón blanco y un top de tirantes negro. Cuando estaba cambiándose la parte de arriba escucho la manilla, se había dado cuenta que no había cerrado la puerta, así que solo se tapo con los brazos.
    Después de terminar el borrador de su articulo explotó en alegría, a pesar de que no había terminado el escrito aún sentía que después de dos días había podido contra el bloqueo creativo. Le mando un mensaje a uno de sus amigos que justo le había mandado un video en gatos para llenarlo de mensajes de "lo hice" "porfin". Entre toda la celebración derrepente sale algo. 💬Janko: estas disponible mañana? 💬Ney: para que? 💬Janko: hay un noche de combos en el gimnasio cerca la avenida, cuesta poco así que yo te lo pago y me acompañas. Te lo mereces y asi te distraes. Como Ney nunca había visto boxeo en vivo aunque lo había practicado de pequeña acepto. Al otro día en la tarde al rededor de las 5 llego al lugar, apenas se encontró con janko tenía una expresión de que le iba a pedir algo. Finalmente se lo dijo: la chica que iba a sostener el cartel entre las rondas no había llegado así que necesitaban a otra chica y ella parecía de la talla. Solo la convenció porque iba a poder ver la pelea desde más cerca. Llego a los baños un poco apurada con los gritos de su amigo, el vestuario a pesar de que no mostraba tanto si se le había revelador, era un short que perfectamente podría ser un calzón blanco y un top de tirantes negro. Cuando estaba cambiándose la parte de arriba escucho la manilla, se había dado cuenta que no había cerrado la puerta, así que solo se tapo con los brazos.
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    Grupal
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    Cualquier línea
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  • El sol no es mi pasión prefiero la tenubra pero incluso una cosa como yo puede hacer sus excepciones por los que existe

    -siempre quiso hacer un camping de playa pero nunca tuvo la oportunidad o alguien interesado en fingir interés de pasar tiempo con ella, hasta ahora. Puso bloqueador solar en el rostro de su hijo S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 dejándolo como la cara de un mimo , a Alastor le puso ropa de playa para gatos misma ropa que ella tejió bastante imperfecta pero de todos modos sabe que furfur no va a durar mucho con esa ropa y por último le cambio el sombrero a Caine por uno para playa sonriendo complacida viendo a su pequeña e inusual familia -

    El sol no es mi pasión prefiero la tenubra pero incluso una cosa como yo puede hacer sus excepciones por los que existe -siempre quiso hacer un camping de playa pero nunca tuvo la oportunidad o alguien interesado en fingir interés de pasar tiempo con ella, hasta ahora. Puso bloqueador solar en el rostro de su hijo [LuciHe11] dejándolo como la cara de un mimo , a [twilight_gray_bison_369] le puso ropa de playa para gatos misma ropa que ella tejió bastante imperfecta pero de todos modos sabe que furfur no va a durar mucho con esa ropa y por último le cambio el sombrero a [fable_red_snake_214] por uno para playa sonriendo complacida viendo a su pequeña e inusual familia -
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  • Casi, casi olvidó que estás fechas son tan ....

    -mueve las manos en círculos no tiene una palabra exacta para referirse a esas fechas donde con gran incomodidad tiene que ver a cupido trabajando con todo el mundo mientras ella sigue cada año con el título de loca de los gatos -

    Va a ser un largo año ....
    Casi, casi olvidó que estás fechas son tan .... -mueve las manos en círculos no tiene una palabra exacta para referirse a esas fechas donde con gran incomodidad tiene que ver a cupido trabajando con todo el mundo mientras ella sigue cada año con el título de loca de los gatos - Va a ser un largo año ....
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  • Vuelvo a entrar en la cocina desde la puerta trasera llevando unas bolsas, Salem esta encima de la encimera y del susto que me provoca se me caen las bolsas.
    Empieza a reírse por haberme asustado.
    ⸻¡No tiene ninguna gracia!

    Siempre he detestado el 13 de Febrero, el único día en que los gatos negros pueden asustar a los brujos.
    Salem sufre un ataque de risa por eso no me responde.
    Vuelvo a entrar en la cocina desde la puerta trasera llevando unas bolsas, Salem esta encima de la encimera y del susto que me provoca se me caen las bolsas. Empieza a reírse por haberme asustado. ⸻¡No tiene ninguna gracia! Siempre he detestado el 13 de Febrero, el único día en que los gatos negros pueden asustar a los brujos. Salem sufre un ataque de risa por eso no me responde.
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  • « ¿No has sentido alguna vez esa necesidad de estar con alguien? »

    Una pregunta habitual. Entre confidencias, entre risas y anécdotas; siempre terminaba asomándose esa pregunta silenciosa e incómoda. La conversación parecía girar, una y otra vez, sobre la misma respuesta ambigua que daba cada vez.

    "No realmente."

    No. Realmente no necesitaba a alguien como decía. Realmente no sentía la necesidad de compartir, o más bien abrir, tanto su vida a otra persona. Los años desde su última relación le habían hecho desarrollar un gusto por la soledad o, quizá, por esa falta de rutina que se atiene a los horarios y gustos de alguien más. No debía levantarse temprano en los días de descanso para prepararse ante las visitas, no debía quebrarse la cabeza pensando qué almorzarian ese día ni tenía que complicarse con planes elaborados de actividades para hacer a lo largo del día. Cosas habituales que se habían vuelto una rutina cansada, agotadora, que odiaba volver a repetir.

    Cuando ya estaba tan metido en sí mismo, en su vida y su espacio, acostumbrado a sus horarios y opciones; ¿cómo iba a acoplarse nuevamente a alguien que intempestivamente cambiara sus esquemas? ¿Cómo iba decirle que, por ese día o unas horas, prefería no verle y pasar el tiempo encerrado en casa jugando video juegos o mirando televisión? ¿Cómo hacerlo sin que se malinterpretara o los sentimientos mermaran? Una relación, a esas alturas de su vida, era una ruptura en su rutina, en su esencia. En su comodidad.

    "No es algo que necesite".

    No ahora. No pronto. No hasta quién sabe cuando. A Vincent siempre le había costado visualizarse en todo; era el último en responder esa pregunta cliché que hacía recursos humanos para motivar a los trabajadores: "¿cómo te ves de aquí a cinco años?" Su respuesta siempre era la misma, pero no tenía sentido ni lograba hacerse a la idea. Desde la universidad no se había imaginado en una relación, mucho menos casado y ni hablar de los hijos. En alguna ocasión la idea le cruzó por la cabeza, fugaz y de ensueño, pero con el tiempo se evaporó hasta ser olvidada.

    El amor, últimamente, se le hacía complicado y más complejo le resultaba conocer personas. Siempre estaba trabajando y, cuando no lo hacía, estaba en casa con sus gatos. Vincent nunca había sido una persona de salir ni de verse extrovertido, siempre era reservado, tímido y callado. Con esos factores en contra, ¿cómo es que iba a conocer a alguien? En el trabajo no había nadie que ocasionara esa chispa, esa curiosidad, ese gusto. Para él solo era una rutina donde sus compañeros eran eso y nada más, amigos y compañeros con los que mantenía una estabilidad social mas no una compatibilidad emocional. Si en el único lugar que frecuentaba no sentía nada, ¿cómo iba a poder desarrollar una relación?

    ¿Presentarle a alguien? Ni hablar. ¿Una cita a ciegas? Ni de broma. ¿Siquiera por curiosidad? No, podía morir perfectamente sin saber cómo se sentía amar o, más bien, cómo volver a amar.

    Vincent sabía lo que quería y lo que no quería. Mantener su libertad sin perder sus gustos, respetar sus límites sin arriesgar su seguridad, tener la cabez fría y no dejar que su corazón tomara nuevamente decisiones equivocadas. Y, al final, siempre terminaba negándose a experimentar porque sus conocidos no eran los casos de éxito ideales: Infidelidades, divorcios apresurados por engaños, demandas de atención excesivas, posesión desmedida y ciclos repetitivos de violencia difíciles de romper. ¿Con qué ánimos se podía aventurar a volver a experimentar cuando nada le motivaba a intentar?

    Y, aún así, siempre existía la espinita que lo hacía reflexionar. ¿Alguna vez se iba a poder enamorar? ¿Alguna vez iba a poder sentir otra vez ese calor en el pecho por la emoción? ¿Sentiria de nuevo las mariposas en el estómago? ¿Alguna vez hallaría paz y seguridad en otra persona? Quizá sí, quizá no. El tiempo le daría algún día la respuesta, tendría la razón o la vida lo golpearía por su error.

    El amor es complicado. Más para los asustados a salir lastimados otra vez, y para los que temen perder nuevamente sus sentimientos valiosos por error.
    « ¿No has sentido alguna vez esa necesidad de estar con alguien? » Una pregunta habitual. Entre confidencias, entre risas y anécdotas; siempre terminaba asomándose esa pregunta silenciosa e incómoda. La conversación parecía girar, una y otra vez, sobre la misma respuesta ambigua que daba cada vez. "No realmente." No. Realmente no necesitaba a alguien como decía. Realmente no sentía la necesidad de compartir, o más bien abrir, tanto su vida a otra persona. Los años desde su última relación le habían hecho desarrollar un gusto por la soledad o, quizá, por esa falta de rutina que se atiene a los horarios y gustos de alguien más. No debía levantarse temprano en los días de descanso para prepararse ante las visitas, no debía quebrarse la cabeza pensando qué almorzarian ese día ni tenía que complicarse con planes elaborados de actividades para hacer a lo largo del día. Cosas habituales que se habían vuelto una rutina cansada, agotadora, que odiaba volver a repetir. Cuando ya estaba tan metido en sí mismo, en su vida y su espacio, acostumbrado a sus horarios y opciones; ¿cómo iba a acoplarse nuevamente a alguien que intempestivamente cambiara sus esquemas? ¿Cómo iba decirle que, por ese día o unas horas, prefería no verle y pasar el tiempo encerrado en casa jugando video juegos o mirando televisión? ¿Cómo hacerlo sin que se malinterpretara o los sentimientos mermaran? Una relación, a esas alturas de su vida, era una ruptura en su rutina, en su esencia. En su comodidad. "No es algo que necesite". No ahora. No pronto. No hasta quién sabe cuando. A Vincent siempre le había costado visualizarse en todo; era el último en responder esa pregunta cliché que hacía recursos humanos para motivar a los trabajadores: "¿cómo te ves de aquí a cinco años?" Su respuesta siempre era la misma, pero no tenía sentido ni lograba hacerse a la idea. Desde la universidad no se había imaginado en una relación, mucho menos casado y ni hablar de los hijos. En alguna ocasión la idea le cruzó por la cabeza, fugaz y de ensueño, pero con el tiempo se evaporó hasta ser olvidada. El amor, últimamente, se le hacía complicado y más complejo le resultaba conocer personas. Siempre estaba trabajando y, cuando no lo hacía, estaba en casa con sus gatos. Vincent nunca había sido una persona de salir ni de verse extrovertido, siempre era reservado, tímido y callado. Con esos factores en contra, ¿cómo es que iba a conocer a alguien? En el trabajo no había nadie que ocasionara esa chispa, esa curiosidad, ese gusto. Para él solo era una rutina donde sus compañeros eran eso y nada más, amigos y compañeros con los que mantenía una estabilidad social mas no una compatibilidad emocional. Si en el único lugar que frecuentaba no sentía nada, ¿cómo iba a poder desarrollar una relación? ¿Presentarle a alguien? Ni hablar. ¿Una cita a ciegas? Ni de broma. ¿Siquiera por curiosidad? No, podía morir perfectamente sin saber cómo se sentía amar o, más bien, cómo volver a amar. Vincent sabía lo que quería y lo que no quería. Mantener su libertad sin perder sus gustos, respetar sus límites sin arriesgar su seguridad, tener la cabez fría y no dejar que su corazón tomara nuevamente decisiones equivocadas. Y, al final, siempre terminaba negándose a experimentar porque sus conocidos no eran los casos de éxito ideales: Infidelidades, divorcios apresurados por engaños, demandas de atención excesivas, posesión desmedida y ciclos repetitivos de violencia difíciles de romper. ¿Con qué ánimos se podía aventurar a volver a experimentar cuando nada le motivaba a intentar? Y, aún así, siempre existía la espinita que lo hacía reflexionar. ¿Alguna vez se iba a poder enamorar? ¿Alguna vez iba a poder sentir otra vez ese calor en el pecho por la emoción? ¿Sentiria de nuevo las mariposas en el estómago? ¿Alguna vez hallaría paz y seguridad en otra persona? Quizá sí, quizá no. El tiempo le daría algún día la respuesta, tendría la razón o la vida lo golpearía por su error. El amor es complicado. Más para los asustados a salir lastimados otra vez, y para los que temen perder nuevamente sus sentimientos valiosos por error.
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  • « ¿En qué momento sucedió esto? »

    Fue una pregunta casual que cruzó su mente. De esas que llegan repentinamente cuando se intenta tener lucidez mental, como cuando intentas retroceder para entender ese pequeño momento donde las cosas se salieron de control. Así estaba Vincent, de pie, observando cómo ahora tenía tres gatos que alimentar en lugar de dos; no era algo habitual que tomara una decisión tan impulsiva de agregar una mascota más a su hogar pero, en realidad, no entendía aún cómo habían sucedido las cosas.

    "Debe ser porque tienes un corazón blando". Los comentarios de Monique siempre lo hacían reflexionar cuando parecían tan extraños como acertados. Sí, era cierto, solía ser débil ante ciertos impulsos como ese, ante la idea de no poder brindarle un hogar a una criatura que lo necesitaba o imaginarse el sufrimiento que debía estar pasando en soledad. En el frío y peligro de las calles, en el hambre del abandono y la tristeza del olvido. Cada vez que Vincent pensaba en cómo había encontrado a Massimo, más se sentía seguro de que la decisión era la correcta.

    "Debe ser por la culpa". Volvió a pensar. Lo hizo con profundidad y con pesadez, como si realmente no tuviera otra opción con la cual sentirse a gusto o una conclusión que lo dejara satisfecho. Era la idea de que podía ayudarlo por los gatos que, en su infancia, hubiese tenido que dejar de lado por no contar con los recursos en su hogar o no estar en su posibilidad. Ahora que tenía el espacio, el tiempo y los recursos, sentía que podía hacer una diferencia en la vida de sus tres gatos: Alessandro, Serafina y, ahora, Massimo.

    Vincent los volvió a observar y, otra vez, se quedó absorto intentando comprender la forma en que sus tres mininos habían terminado por relacionarse tan bien. En ese momento ni parecían ser los gatos que lo despertaban en la mañana, a primera hora, para pedir comida ni tampoco parecían ser los rebeldes que tenían su departamento patas arriba con el caos de sus juegos.

    — ¿Qué haría sin ustedes, chiquillos? Entonces, ¿aceptarían un gato más?
    « ¿En qué momento sucedió esto? » Fue una pregunta casual que cruzó su mente. De esas que llegan repentinamente cuando se intenta tener lucidez mental, como cuando intentas retroceder para entender ese pequeño momento donde las cosas se salieron de control. Así estaba Vincent, de pie, observando cómo ahora tenía tres gatos que alimentar en lugar de dos; no era algo habitual que tomara una decisión tan impulsiva de agregar una mascota más a su hogar pero, en realidad, no entendía aún cómo habían sucedido las cosas. "Debe ser porque tienes un corazón blando". Los comentarios de Monique siempre lo hacían reflexionar cuando parecían tan extraños como acertados. Sí, era cierto, solía ser débil ante ciertos impulsos como ese, ante la idea de no poder brindarle un hogar a una criatura que lo necesitaba o imaginarse el sufrimiento que debía estar pasando en soledad. En el frío y peligro de las calles, en el hambre del abandono y la tristeza del olvido. Cada vez que Vincent pensaba en cómo había encontrado a Massimo, más se sentía seguro de que la decisión era la correcta. "Debe ser por la culpa". Volvió a pensar. Lo hizo con profundidad y con pesadez, como si realmente no tuviera otra opción con la cual sentirse a gusto o una conclusión que lo dejara satisfecho. Era la idea de que podía ayudarlo por los gatos que, en su infancia, hubiese tenido que dejar de lado por no contar con los recursos en su hogar o no estar en su posibilidad. Ahora que tenía el espacio, el tiempo y los recursos, sentía que podía hacer una diferencia en la vida de sus tres gatos: Alessandro, Serafina y, ahora, Massimo. Vincent los volvió a observar y, otra vez, se quedó absorto intentando comprender la forma en que sus tres mininos habían terminado por relacionarse tan bien. En ese momento ni parecían ser los gatos que lo despertaban en la mañana, a primera hora, para pedir comida ni tampoco parecían ser los rebeldes que tenían su departamento patas arriba con el caos de sus juegos. — ¿Qué haría sin ustedes, chiquillos? Entonces, ¿aceptarían un gato más?
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  • Era innegable que Carmina habitaba una contradicción silenciosa. A veces, su corazón se desviaba hacia la vida de sus amigas: alianzas brillando en los dedos, promesas de futuro, títulos por concluir y esa idea de éxito cuidadosamente adornada para existir en pantallas ajenas.
    Otras veces —las más sinceras—, se aferraba a la calma de lo que ya tenía. Al murmullo cotidiano del negocio familiar, a la rutina compartida con su abuela, la mujer que la había criado y que, sin saberlo, se había convertido en su centro. ¿Cómo abandonarla? La sola idea resultaba inconcebible.
    Por eso, una tarde cualquiera de viernes, después del trabajo, con el té humeante entre las manos, algo sencillo para comer y la silenciosa compañía de los gatos del barrio que iban y venían como viejos conocidos, era un pequeño refugio. Un instante tan pleno que no cambiaría por nada.
    Era innegable que Carmina habitaba una contradicción silenciosa. A veces, su corazón se desviaba hacia la vida de sus amigas: alianzas brillando en los dedos, promesas de futuro, títulos por concluir y esa idea de éxito cuidadosamente adornada para existir en pantallas ajenas. Otras veces —las más sinceras—, se aferraba a la calma de lo que ya tenía. Al murmullo cotidiano del negocio familiar, a la rutina compartida con su abuela, la mujer que la había criado y que, sin saberlo, se había convertido en su centro. ¿Cómo abandonarla? La sola idea resultaba inconcebible. Por eso, una tarde cualquiera de viernes, después del trabajo, con el té humeante entre las manos, algo sencillo para comer y la silenciosa compañía de los gatos del barrio que iban y venían como viejos conocidos, era un pequeño refugio. Un instante tan pleno que no cambiaría por nada.
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  • Había estado ocupado, rescatando a más animales para la casa Feu.

    Seguro su hermano se sorprenderá al ver que la mansión ahora está llena de muchas especies. Esta vez fueron muchos gatos que serán compañía para el pequeño "goldo".

    Siente que los naranja son muy parecidos a él.
    Había estado ocupado, rescatando a más animales para la casa Feu. Seguro su hermano se sorprenderá al ver que la mansión ahora está llena de muchas especies. Esta vez fueron muchos gatos que serán compañía para el pequeño "goldo". Siente que los naranja son muy parecidos a él.
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  • Hoy cuando desperté encontré a este amigo en mi cama...
    Empiezo a creer que Matthew Whitmore se quedó sin lugar en casa de Astara Jade Ashwood y ahora empezó a llenar la mía de gatos
    Hoy cuando desperté encontré a este amigo en mi cama... Empiezo a creer que [meteor_indigo_whale_301] se quedó sin lugar en casa de [glimmer_titanium_zebra_716] y ahora empezó a llenar la mía de gatos
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