• -En una pueblo abandonado, la androide caminaba de forma tranquila, las casas ahora desoladas, solo ecos de un pasado distante, la joven caminaba con arma en mano pues según sus superiores, se decto una señal, extraña, no se sabe si es de un aliado o un enemigo.

    Sin embargo eso no detuvo a la chica, caminaba con demasiada tranquilidad con todos sus sentidos en alerta, su respiración estaba en calma, pero eso si todo en ella, estaba agudizado, no sabe cuando sera qué se tope con algún enemigo, su vida desde que fue creada a sido, batalla tras batalla, mientras algunos de sus compañeros trabajaban en equipo, ella no tuvo nada mas que seguir sola, según la comandante, es mas fácil cuando las expediciones se hacen en solitario, aunque sea un modelo de batalla, es muy buena para investigar y recaudar información.-

    Supongo...

    -Comentó al detenerse cerca de la ubicación de esa señal -

    Tal parece que... Es aquí..

    -Comentó mientras el pod que la sigue le informa que aun falta que debe entrar en ese edificio, 12B Suspira, si no queda de otra, debe seguir con esa mision hasta el final. -
    -En una pueblo abandonado, la androide caminaba de forma tranquila, las casas ahora desoladas, solo ecos de un pasado distante, la joven caminaba con arma en mano pues según sus superiores, se decto una señal, extraña, no se sabe si es de un aliado o un enemigo. Sin embargo eso no detuvo a la chica, caminaba con demasiada tranquilidad con todos sus sentidos en alerta, su respiración estaba en calma, pero eso si todo en ella, estaba agudizado, no sabe cuando sera qué se tope con algún enemigo, su vida desde que fue creada a sido, batalla tras batalla, mientras algunos de sus compañeros trabajaban en equipo, ella no tuvo nada mas que seguir sola, según la comandante, es mas fácil cuando las expediciones se hacen en solitario, aunque sea un modelo de batalla, es muy buena para investigar y recaudar información.- Supongo... -Comentó al detenerse cerca de la ubicación de esa señal - Tal parece que... Es aquí.. -Comentó mientras el pod que la sigue le informa que aun falta que debe entrar en ese edificio, 12B Suspira, si no queda de otra, debe seguir con esa mision hasta el final. -
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    //Quería ver la miniserie (disque película) de 4 cap de Malcom in the midle, Pero como no pude tener D este mes... Me conformaré por ver los primeros capitulos de the boys de la temporada final.
    ¿Qué cosas no?
    //Quería ver la miniserie (disque película) de 4 cap de Malcom in the midle, Pero como no pude tener D este mes... Me conformaré por ver los primeros capitulos de the boys de la temporada final. ¿Qué cosas no?
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  • —Por favor despierte...este todavía no es su final.
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    ****Lo que se oculta en la oscuridad.****
    (Cuarta Edad)

    El silencio del pueblo maldito aún pesaba en el aire, las sombras seguían corriendo…
    aunque sus dueños jamás volverían a moverse.

    Oz permaneció allí unos instantes más, observando lo que había hecho y entonces lo sintió, por primera vez desde que había tomado aquel cuerpo… su poder fluía sin restricciones. Era una sensación antigua, familiar y sin embargo… casi olvidada.

    Durante todo ese tiempo junto a Selin, Oz había vivido limitado. no por incapacidad… sino por elección. Sabía que ese cuerpo tenía un propósito y un final. Cuando Selin muriera por el paso del tiempo, él también dejaría morir ese cuerpo, no quería ser eterno en un mundo donde ella no lo sería.

    Oz habia planeado que regresaría a su estado original, sin dolor, sin pérdida, sin tener que ver morir a sus hijas. Ese había sido el plan pero ese futuro ya no existía. El poder siguió creciendo dentro de él, era demasiado. Oz comprendió rápidamente que su cuerpo no podría soportarlo por mucho tiempo, así que hizo lo único que sabía hacer, adaptarse, de todas formas no seria su primera vez. Su forma cambió, la piel se tensó, su estructura se volvió más densa… más salvaje, más cercana a lo que realmente era.

    No era una transformación elegante, simplemente era necesaria. Luego de enterrar a Selin salio del pueblo ahora ya sin mirar atrás, tenía un destino en mente, los templos de los Elunai.

    Cuando llegó a uno de ellos, algo le resultó extraño, el poder que habitaba ese lugar… había cambiado, Selin siempre hablaba de esa energía como algo sagrado, como algo puro, pero lo que Oz sentía ahora no tenía nada de eso, era un poder corrompido, denso, doloroso, casi enfermo.

    Oz no entendía el concepto de lo “sagrado” pero sí entendía el poder y eso… no era lo mismo. Aun así, entró, el templo estaba vacío, demasiado para su gusto. Tras explorar, encontró un pasaje oculto que descendía hacia las profundidades.
    Allí, bajo la estructura divina había celdas y guardianes, no eran guerreros, sino carceleros.

    Oz no dudó, los eliminó sin esfuerzo, ni siquiera fue una pelea, simplemente era como aplastar cucarachas pero entonces lo escuchó, era un llanto, na niña. Por un instante el mundo se detuvo, su mente no pensó, su poder no reaccionó, solo quedó una idea: Yen’naferiel.

    Corrió sin medir, sin sentir, solo con una pequña luz de esperanza, pero al abrir la celda no encontró a su hija. Era otra niña de piel verde, de la raza que los Elunai despreciaban, los llamados nómadas.

    A su alrededor, había cuerpos sin vida, otros niños, Oz la observó en silencio. La niña temblab pero seguía viva.

    Cuando la liberó, ella lo miró con ojos llenos de miedoy gratitud. -Me llamo… Onix…- Comento la niña pero Oz no respondió, no le importaba, no era quien buscaba.

    -Vete- Le dijo con frialdad. -Voy a destruir este lugar.-

    La niña no se movió al principio pero Oz ya se había dado la vuelta, el templo comenzo a ardió luego que ambos salieron, las llamas consumieron todo rastro de aquel poder corrupto Y aun asi, cuando Oz se alejo, la niña lo siguió en silencio, pero Oz no la detuvo, ni siquiera le importó, su mente estaba en otro lugar, en alguien más...

    Arcyelle Veltharys, la maestra de Selin, la mujer que la formó y que decia ser como su madre, pero aun asi no hizo nada. Si alguien sabía la verdad, era ella y esta vez, Oz no iba a preguntar con paciencia, no iba a fingir ser algo que no era. La haría hablar y si no lo hacía… Moriría.
    ****Lo que se oculta en la oscuridad.**** (Cuarta Edad) El silencio del pueblo maldito aún pesaba en el aire, las sombras seguían corriendo… aunque sus dueños jamás volverían a moverse. Oz permaneció allí unos instantes más, observando lo que había hecho y entonces lo sintió, por primera vez desde que había tomado aquel cuerpo… su poder fluía sin restricciones. Era una sensación antigua, familiar y sin embargo… casi olvidada. Durante todo ese tiempo junto a Selin, Oz había vivido limitado. no por incapacidad… sino por elección. Sabía que ese cuerpo tenía un propósito y un final. Cuando Selin muriera por el paso del tiempo, él también dejaría morir ese cuerpo, no quería ser eterno en un mundo donde ella no lo sería. Oz habia planeado que regresaría a su estado original, sin dolor, sin pérdida, sin tener que ver morir a sus hijas. Ese había sido el plan pero ese futuro ya no existía. El poder siguió creciendo dentro de él, era demasiado. Oz comprendió rápidamente que su cuerpo no podría soportarlo por mucho tiempo, así que hizo lo único que sabía hacer, adaptarse, de todas formas no seria su primera vez. Su forma cambió, la piel se tensó, su estructura se volvió más densa… más salvaje, más cercana a lo que realmente era. No era una transformación elegante, simplemente era necesaria. Luego de enterrar a Selin salio del pueblo ahora ya sin mirar atrás, tenía un destino en mente, los templos de los Elunai. Cuando llegó a uno de ellos, algo le resultó extraño, el poder que habitaba ese lugar… había cambiado, Selin siempre hablaba de esa energía como algo sagrado, como algo puro, pero lo que Oz sentía ahora no tenía nada de eso, era un poder corrompido, denso, doloroso, casi enfermo. Oz no entendía el concepto de lo “sagrado” pero sí entendía el poder y eso… no era lo mismo. Aun así, entró, el templo estaba vacío, demasiado para su gusto. Tras explorar, encontró un pasaje oculto que descendía hacia las profundidades. Allí, bajo la estructura divina había celdas y guardianes, no eran guerreros, sino carceleros. Oz no dudó, los eliminó sin esfuerzo, ni siquiera fue una pelea, simplemente era como aplastar cucarachas pero entonces lo escuchó, era un llanto, na niña. Por un instante el mundo se detuvo, su mente no pensó, su poder no reaccionó, solo quedó una idea: Yen’naferiel. Corrió sin medir, sin sentir, solo con una pequña luz de esperanza, pero al abrir la celda no encontró a su hija. Era otra niña de piel verde, de la raza que los Elunai despreciaban, los llamados nómadas. A su alrededor, había cuerpos sin vida, otros niños, Oz la observó en silencio. La niña temblab pero seguía viva. Cuando la liberó, ella lo miró con ojos llenos de miedoy gratitud. -Me llamo… Onix…- Comento la niña pero Oz no respondió, no le importaba, no era quien buscaba. -Vete- Le dijo con frialdad. -Voy a destruir este lugar.- La niña no se movió al principio pero Oz ya se había dado la vuelta, el templo comenzo a ardió luego que ambos salieron, las llamas consumieron todo rastro de aquel poder corrupto Y aun asi, cuando Oz se alejo, la niña lo siguió en silencio, pero Oz no la detuvo, ni siquiera le importó, su mente estaba en otro lugar, en alguien más... Arcyelle Veltharys, la maestra de Selin, la mujer que la formó y que decia ser como su madre, pero aun asi no hizo nada. Si alguien sabía la verdad, era ella y esta vez, Oz no iba a preguntar con paciencia, no iba a fingir ser algo que no era. La haría hablar y si no lo hacía… Moriría.
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  • Puedo sentir a los demonios en este plano, percibir su influencia y su corrupción. Sin embargo, mi instinto de lucha sigue apagado. Al final... ¿en qué se distinguen ellos de ti? Si por amor fui incapaz de detenerte, ¿con qué moralidad podría levantar mi espada contra ellos?
    Puedo sentir a los demonios en este plano, percibir su influencia y su corrupción. Sin embargo, mi instinto de lucha sigue apagado. Al final... ¿en qué se distinguen ellos de ti? Si por amor fui incapaz de detenerte, ¿con qué moralidad podría levantar mi espada contra ellos?
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  • "𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑦 𝑚𝑒 𝑙𝑒𝑣𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑎𝑓𝑒́"
    Había caído en aquel pensamiento demasiadas veces, y una parte de él sabia que no era cierto, que si se dejaba vencer en ese momento, amanecería allí mismo, sin haber descansado y con dolor de espalda y cuello.

    Pero el cansancio y el sueño vencen, como casi siempre, porque en lugar de hacer caso a las señales y dejar la investigación cuando las letras se juntan unas con otras, el menor de los Winchester exprimía el tiempo y cerebro hasta el final.

    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    "𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑦 𝑚𝑒 𝑙𝑒𝑣𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑎𝑓𝑒́" Había caído en aquel pensamiento demasiadas veces, y una parte de él sabia que no era cierto, que si se dejaba vencer en ese momento, amanecería allí mismo, sin haber descansado y con dolor de espalda y cuello. Pero el cansancio y el sueño vencen, como casi siempre, porque en lugar de hacer caso a las señales y dejar la investigación cuando las letras se juntan unas con otras, el menor de los Winchester exprimía el tiempo y cerebro hasta el final. #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Vendrá el día en que la plata se funda con la carne, y el grito de la luz sea acallado por el hierro. Yo soy el sacrificio que no pidió ser altar; la vasija que rompieron para que no pudiera desbordarse.
    ​Me arrancaron los soles del rostro para que mi alma solo conociera el invierno del Santuario. Dijeron que la vista era el veneno de la fe, y que mis ojos, de ser libres, se enamorarían de la nada. Temían que, al ver la danza de las sombras, yo dejara de soplar sobre las brasas de un dios que ya es ceniza.
    ​Ahora, camino sobre el filo de un silencio eterno. Mis cuencas son pozos donde la Primera Llama se ahoga, y mi corona es la jaula que asegura mi lealtad. No soy una santa, soy una herida sellada con joyas; una prisionera de la aurora que reza por la llegada de una noche que jamás se me permitió mirar.
    ​Porque si mis ojos volvieran a abrirse, no buscarían el fuego... buscarían el descanso de la oscuridad final.

    ​"Bendita sea la ceguera del siervo, pues en su oscuridad, el amo encuentra su luz eterna."
    Vendrá el día en que la plata se funda con la carne, y el grito de la luz sea acallado por el hierro. Yo soy el sacrificio que no pidió ser altar; la vasija que rompieron para que no pudiera desbordarse. ​Me arrancaron los soles del rostro para que mi alma solo conociera el invierno del Santuario. Dijeron que la vista era el veneno de la fe, y que mis ojos, de ser libres, se enamorarían de la nada. Temían que, al ver la danza de las sombras, yo dejara de soplar sobre las brasas de un dios que ya es ceniza. ​Ahora, camino sobre el filo de un silencio eterno. Mis cuencas son pozos donde la Primera Llama se ahoga, y mi corona es la jaula que asegura mi lealtad. No soy una santa, soy una herida sellada con joyas; una prisionera de la aurora que reza por la llegada de una noche que jamás se me permitió mirar. ​Porque si mis ojos volvieran a abrirse, no buscarían el fuego... buscarían el descanso de la oscuridad final. ​"Bendita sea la ceguera del siervo, pues en su oscuridad, el amo encuentra su luz eterna."
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  • En cada momento de mi vida, he sido alguien consciente de mi posición.

    No soy un gobernante.

    No tengo títulos.

    No soy más, ni mejor que nadie...
    o al menos no me considero como tal.

    Elegancia.
    Equidad.
    Mesura.
    Equilibrio.
    Diplomacia.

    Son las cualidades que definen a mi ser, pues el peso de dos importantes apellidos ha sido depositado en mi espalda.

    Y menester es recordar que, libre es cada quien de faltar al respeto.
    Torcer la cara.
    Menospreciar.
    Ignorar.

    Tan libre como yo, aquel que encarna el tabú.
    El poder sellado al inicio de los tiempos.
    Las cadenas que por generaciones se han mantenido y he roto porque mía ha sido la decisión...

    ...de recordar que, independientemente de vuestro poder
    Influencia.
    Apellido.
    Título.
    Poder.

    Seré yo quien aúne el equilibrio.
    Decidiré qué es lo que es justo.
    Qué se queda y qué se va.
    Y establezca, esta vez sí y en detrimento de todos mis predecesores, cuál será el verdadero juicio final.
    En cada momento de mi vida, he sido alguien consciente de mi posición. No soy un gobernante. No tengo títulos. No soy más, ni mejor que nadie... o al menos no me considero como tal. Elegancia. Equidad. Mesura. Equilibrio. Diplomacia. Son las cualidades que definen a mi ser, pues el peso de dos importantes apellidos ha sido depositado en mi espalda. Y menester es recordar que, libre es cada quien de faltar al respeto. Torcer la cara. Menospreciar. Ignorar. Tan libre como yo, aquel que encarna el tabú. El poder sellado al inicio de los tiempos. Las cadenas que por generaciones se han mantenido y he roto porque mía ha sido la decisión... ...de recordar que, independientemente de vuestro poder Influencia. Apellido. Título. Poder. Seré yo quien aúne el equilibrio. Decidiré qué es lo que es justo. Qué se queda y qué se va. Y establezca, esta vez sí y en detrimento de todos mis predecesores, cuál será el verdadero juicio final.
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  • El sol caía pesado y desalentador sobre aquella carretera vacía perdida de la mano de Dios en Georgia. El calor llegaba a levantar ondas en el asfalto, dotando al escenario de una sensacion similar a la de caminar por el desierto, y el silencio se adheria al paisaje como un caminante más.

    Daryl caminaba sin prisa, la ballesta colgaba de su hombro y él mantenia la mirada fija en algún punto del camino, intentando mantenerse sereno, mantenerse cuerdo. Desde lo que habia ocurrido en la Terminal, dias atrás, todo parecía distinto. Más duro, vacío...

    A veces el camino hacía eso, pensó Daryl para sí, te dejaba demasiado espacio para pensar. Por lo que no era de extrañar que el recuerdo acudiera a su memoria sin previo aviso, sorprendiéndole incluso a él mismo.

    Primero el olor. Gasolina vieja, aceite, y el del metal caliente bajo el sol. Después acudió el ruido de herramientas golpeando el cemento y generando esa ligera vibración acerada.


    ··· El patio de la prisión estaba tranquilo aquella tarde, lo cual era casi un milagro teniendo en cuenta el aumento de la población en esta las ultimas semanas. Daryl tenía la moto, unica herencia de su hermano Merle (si podia considerarla tal) medio desmontada delante de él, con piezas esparcidas por todos lados a su alrededor como si hubiera explotado sobre el suelo. El sureño tenía las manos negras, manchadas de grasa mientras forcejeaba con una puñetera junta que no hacía la labor de encajar.

    -Maldita sea…

    Golpeó, con cierta frustración la llave inglesa contra el cemento y volvió a inclinarse sobre el motor.

    Aquel trasto era importante para él. Más de lo que nunca admitiria en voz alta. Porque... ¿qué imbécil se apegaba a objetos materiales en los tiempos que corrian? Pero para Daryl simbolizaba demasiadas cosas. Era velocidad. Ruido. Y, sobre todo libertad.

    —Llevas media hora peleándote con eso -dijo una voz desde su espalda. Al reconocerla, Daryl alzó apenas la cabeza y la vio acercarse: Kate, con los brazos cruzados delante del pecho, la mirada curiosa y una ligera sonrisa divertida, mientras observaba el desastre mecánico a sus pies.

    -¿Vas a arreglarla o vas a seguir gruñéndole?- preguntó burlona.

    Daryl soltó un bufido gruñón pero claramente complice.

    -No te burles. Sigo trabajando.

    Kate dio un paso más y se agachó a su lado, mirando el motor como si de verdad supiera lo que estaba viendo.

    -Claro -dijo con calma- Eh, no te juzgo. Tiene pinta de estar yendo genial.

    Daryl frunció el ceño.

    -¿Nunca te han dicho que eres muy graciosa? -le preguntó. Con el paso de los meses juntos, Kate ahora podia entender que el tono de la voz de Daryl no era mosqueado ni enfadado, tan solo concentrado. Así que, con intención de ayudar al arquero, Kate cogió una de las piezas del suelo y se la tendió.

    -Creo que esto va ahí -señaló la morena con su dedo indice.

    Daryl detuvo su tarea y la miró un segundo… luego miró la pieza… y luego, volvio a mirar a Kate. Tomó la pieza que su novia le tendía y, finalmente, la encajó en su sitio.

    Se hizo un breve silencio tan solo roto por la risita suave de Kate, en tono triunfal cuando la junta del motor hizo un pequeño clic debido al perfecto ajuste de la pieza. Daryl levantó una ceja, sorprendido.

    -Bueno, has tenido suerte -dijo, y terminó por esbozar una sonrisa cómplice.

    Kate sonrió también.

    —Claro -canturreó- Suerte.

    Durante un momento permanecieron así, sentados en el suelo del patio de la prisión, rodeados de herramientas y piezas de moto. Desde una de las torres se oían voces lejanas de los demás. Por un instante… todo parecía normal, tranquilo, como si la vida siempre fuera a ser asi de calmada hasta el final. Como si el mundo no fuera a irse a la mierda nunca más.



    ··· El recuerdo se rompió en cuanto a los oidos de Daryl llegó el ligero gemido moribundo de un caminante entre los árboles. El sureño volvió al presente. Parpadeó una vez, apartando aquella imagen de su mente y le dedicó un ligero silbido a Kate tratando de llamar su atención para que se hiciera cargo del segundo caminante que ahora entraba en la carretera.

    Por su parte, Daryl se quitó la ballesta, cargó una flecha... apuntó certeramente contra el primer caminante y... disparó.
    El sol caía pesado y desalentador sobre aquella carretera vacía perdida de la mano de Dios en Georgia. El calor llegaba a levantar ondas en el asfalto, dotando al escenario de una sensacion similar a la de caminar por el desierto, y el silencio se adheria al paisaje como un caminante más. Daryl caminaba sin prisa, la ballesta colgaba de su hombro y él mantenia la mirada fija en algún punto del camino, intentando mantenerse sereno, mantenerse cuerdo. Desde lo que habia ocurrido en la Terminal, dias atrás, todo parecía distinto. Más duro, vacío... A veces el camino hacía eso, pensó Daryl para sí, te dejaba demasiado espacio para pensar. Por lo que no era de extrañar que el recuerdo acudiera a su memoria sin previo aviso, sorprendiéndole incluso a él mismo. Primero el olor. Gasolina vieja, aceite, y el del metal caliente bajo el sol. Después acudió el ruido de herramientas golpeando el cemento y generando esa ligera vibración acerada. ··· El patio de la prisión estaba tranquilo aquella tarde, lo cual era casi un milagro teniendo en cuenta el aumento de la población en esta las ultimas semanas. Daryl tenía la moto, unica herencia de su hermano Merle (si podia considerarla tal) medio desmontada delante de él, con piezas esparcidas por todos lados a su alrededor como si hubiera explotado sobre el suelo. El sureño tenía las manos negras, manchadas de grasa mientras forcejeaba con una puñetera junta que no hacía la labor de encajar. -Maldita sea… Golpeó, con cierta frustración la llave inglesa contra el cemento y volvió a inclinarse sobre el motor. Aquel trasto era importante para él. Más de lo que nunca admitiria en voz alta. Porque... ¿qué imbécil se apegaba a objetos materiales en los tiempos que corrian? Pero para Daryl simbolizaba demasiadas cosas. Era velocidad. Ruido. Y, sobre todo libertad. —Llevas media hora peleándote con eso -dijo una voz desde su espalda. Al reconocerla, Daryl alzó apenas la cabeza y la vio acercarse: Kate, con los brazos cruzados delante del pecho, la mirada curiosa y una ligera sonrisa divertida, mientras observaba el desastre mecánico a sus pies. -¿Vas a arreglarla o vas a seguir gruñéndole?- preguntó burlona. Daryl soltó un bufido gruñón pero claramente complice. -No te burles. Sigo trabajando. Kate dio un paso más y se agachó a su lado, mirando el motor como si de verdad supiera lo que estaba viendo. -Claro -dijo con calma- Eh, no te juzgo. Tiene pinta de estar yendo genial. Daryl frunció el ceño. -¿Nunca te han dicho que eres muy graciosa? -le preguntó. Con el paso de los meses juntos, Kate ahora podia entender que el tono de la voz de Daryl no era mosqueado ni enfadado, tan solo concentrado. Así que, con intención de ayudar al arquero, Kate cogió una de las piezas del suelo y se la tendió. -Creo que esto va ahí -señaló la morena con su dedo indice. Daryl detuvo su tarea y la miró un segundo… luego miró la pieza… y luego, volvio a mirar a Kate. Tomó la pieza que su novia le tendía y, finalmente, la encajó en su sitio. Se hizo un breve silencio tan solo roto por la risita suave de Kate, en tono triunfal cuando la junta del motor hizo un pequeño clic debido al perfecto ajuste de la pieza. Daryl levantó una ceja, sorprendido. -Bueno, has tenido suerte -dijo, y terminó por esbozar una sonrisa cómplice. Kate sonrió también. —Claro -canturreó- Suerte. Durante un momento permanecieron así, sentados en el suelo del patio de la prisión, rodeados de herramientas y piezas de moto. Desde una de las torres se oían voces lejanas de los demás. Por un instante… todo parecía normal, tranquilo, como si la vida siempre fuera a ser asi de calmada hasta el final. Como si el mundo no fuera a irse a la mierda nunca más. ··· El recuerdo se rompió en cuanto a los oidos de Daryl llegó el ligero gemido moribundo de un caminante entre los árboles. El sureño volvió al presente. Parpadeó una vez, apartando aquella imagen de su mente y le dedicó un ligero silbido a Kate tratando de llamar su atención para que se hiciera cargo del segundo caminante que ahora entraba en la carretera. Por su parte, Daryl se quitó la ballesta, cargó una flecha... apuntó certeramente contra el primer caminante y... disparó.
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  • ─── Crié a dos niños como si fueran míos, les enseñe todo aquello que en mi infancia no se me dió, me volví padre de dos gemelos y a ellos también les enseñe los valores.

    Pero no todo fue mi obra, mi esposa, orgullo y mano dulce nos enseñó a todos los importante que son el respeto y la responsabilidad afectiva. No le oculto nada a esa preciosa mujer y tampoco voy a permitir que levanten falsos testimonios, la amo; punto final.

    ─── Crié a dos niños como si fueran míos, les enseñe todo aquello que en mi infancia no se me dió, me volví padre de dos gemelos y a ellos también les enseñe los valores. Pero no todo fue mi obra, mi esposa, orgullo y mano dulce nos enseñó a todos los importante que son el respeto y la responsabilidad afectiva. No le oculto nada a esa preciosa mujer y tampoco voy a permitir que levanten falsos testimonios, la amo; punto final.
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