• Muy bien... Te diré como está la situación entre nosotros... Estas tontas esposas no son más que un simple implemento que permití que me colocaras para que sintieras que tienes el control de la situación, aunque sabes que me puedo liberar cuando yo quiera. Si estoy permitiendo esto es por mera curiosidad... Quiero ver hasta donde quieres llegar
    Muy bien... Te diré como está la situación entre nosotros... Estas tontas esposas no son más que un simple implemento que permití que me colocaras para que sintieras que tienes el control de la situación, aunque sabes que me puedo liberar cuando yo quiera. Si estoy permitiendo esto es por mera curiosidad... Quiero ver hasta donde quieres llegar
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  • Aquel era uno de esos días donde arrastraba los pies. El cansancio mental, a causa del estrés, la frustración y las pocas horas de sueño, terminaban pasandole la factura al hacerlo sentir agotado. Incluso sentía que sus ojos ardían y le pesaban con cada nueva luz roja que se encontraba en la pista de camino a la veterinaria. Además de su hogar, la veterinaria era el único lugar que disfrutaba visitar por una simple razón: Sus gatos. Siempre encontraba emocionante verlos convivir con otros gatos y le permitía recuperar su vitalidad ver la reacción que tenían luego de dejarlos un día completo. Y, aunque lo amaba, a veces sentía que su corazón se hacía pedazos con sus tiernos maullidos.

    — Ya estoy en aquí. ¿Dónde está mi niña?

    Vincent preguntó en el momento que entró en la guardería de mascotas. Su voz sonó de una manera chillona, diferente a la que solía utilizar durante las reuniones de scrum para ver avances; resultaba gracioso verlo modular su voz para hacerla tan dulce y jocosa, pero era más divertido ver cómo aquella gata blanca, se acercaba corriendo hacia él como si buscara consuelo.

    — Ay, ¿dónde está mi niña, dónde está? —Volvió a repetir, imprimiendo un fingido chillido cuando le abrió los brazos y la gata corrió maullando en su dirección hasta saltarle al pecho. Vincent la recibió y la apapachó con cada maullido nuevo que emitió. Era el júbilo de que finalmente estaba reunidos los dos. Un amor inseparable que solo las horas de trabajo era capaz de frenar.— Perdón, se me hizo tarde hoy, sucedieron muchas cosas y... —Un nuevo maullido interrumpió su diálogo. No era la gata, Serafina, la responsable de ello, Vincent lo sabía porque los maullidos del animal ahora parecían fuertes reclamos. Era Alessandro, su gato más joven, quien parecía sufrir por permanecer dos horas más en la guardería.— Hola a ti también, señor enojón. No volverá a... ¡Oye! No tienes que ser tan cruel.

    Alessandro terminó por morder su mano, siquiera dejó que su dueño se acercara para intentar acariciarlo, un poco al menos, y terminó por volver a llorar con demanda. Era un gato exigente que, al final, dejaba en claro que era el único capaz de girar órdenes hacia su humano.

    — Hoy no habrá churu para ti, muchacho. —Vincent se frotó la mano para intentar lidiar con el ardor que sintió, la mordida del gato no era profunda, pero la fuerza impuesta era suficiente para fastidiarlo.— Rina, gracias por cuidarlos hoy. Te juro que mañana pasaré temprano otra vez y...

    — Sí, sí, sí. Siempre dices lo mismo. Tienes suerte de que no te penalicemos todos los días, solo porque Serafina es muy linda. —La gatita maulló ante las palabras de Rina. La mujer sonrió y terminó riéndose mientras que ayudaba al hombre a organizar las mochilas y transportadoras de los gatos.— Quizá te cobre un favor, no lo sé, pensaría en una cena o ver una película. Pero no eres ese tipo de hombre así que... Hay un libro que me gustaría.

    — Está bien. Envíame el link de Amazon, te lo conseguiré mientras sigas cubriéndome la espalda. —Vincent cerró la transportadora de Alessandro, luego de varios intentos, y terminó asintiendo.— Y si me ayudas a regular su temperamento, te juro que te compraré la saga completa que quieras. Me gustaría recibir visitas en casa sin que Aless los intente morder o arañar.
    Aquel era uno de esos días donde arrastraba los pies. El cansancio mental, a causa del estrés, la frustración y las pocas horas de sueño, terminaban pasandole la factura al hacerlo sentir agotado. Incluso sentía que sus ojos ardían y le pesaban con cada nueva luz roja que se encontraba en la pista de camino a la veterinaria. Además de su hogar, la veterinaria era el único lugar que disfrutaba visitar por una simple razón: Sus gatos. Siempre encontraba emocionante verlos convivir con otros gatos y le permitía recuperar su vitalidad ver la reacción que tenían luego de dejarlos un día completo. Y, aunque lo amaba, a veces sentía que su corazón se hacía pedazos con sus tiernos maullidos. — Ya estoy en aquí. ¿Dónde está mi niña? Vincent preguntó en el momento que entró en la guardería de mascotas. Su voz sonó de una manera chillona, diferente a la que solía utilizar durante las reuniones de scrum para ver avances; resultaba gracioso verlo modular su voz para hacerla tan dulce y jocosa, pero era más divertido ver cómo aquella gata blanca, se acercaba corriendo hacia él como si buscara consuelo. — Ay, ¿dónde está mi niña, dónde está? —Volvió a repetir, imprimiendo un fingido chillido cuando le abrió los brazos y la gata corrió maullando en su dirección hasta saltarle al pecho. Vincent la recibió y la apapachó con cada maullido nuevo que emitió. Era el júbilo de que finalmente estaba reunidos los dos. Un amor inseparable que solo las horas de trabajo era capaz de frenar.— Perdón, se me hizo tarde hoy, sucedieron muchas cosas y... —Un nuevo maullido interrumpió su diálogo. No era la gata, Serafina, la responsable de ello, Vincent lo sabía porque los maullidos del animal ahora parecían fuertes reclamos. Era Alessandro, su gato más joven, quien parecía sufrir por permanecer dos horas más en la guardería.— Hola a ti también, señor enojón. No volverá a... ¡Oye! No tienes que ser tan cruel. Alessandro terminó por morder su mano, siquiera dejó que su dueño se acercara para intentar acariciarlo, un poco al menos, y terminó por volver a llorar con demanda. Era un gato exigente que, al final, dejaba en claro que era el único capaz de girar órdenes hacia su humano. — Hoy no habrá churu para ti, muchacho. —Vincent se frotó la mano para intentar lidiar con el ardor que sintió, la mordida del gato no era profunda, pero la fuerza impuesta era suficiente para fastidiarlo.— Rina, gracias por cuidarlos hoy. Te juro que mañana pasaré temprano otra vez y... — Sí, sí, sí. Siempre dices lo mismo. Tienes suerte de que no te penalicemos todos los días, solo porque Serafina es muy linda. —La gatita maulló ante las palabras de Rina. La mujer sonrió y terminó riéndose mientras que ayudaba al hombre a organizar las mochilas y transportadoras de los gatos.— Quizá te cobre un favor, no lo sé, pensaría en una cena o ver una película. Pero no eres ese tipo de hombre así que... Hay un libro que me gustaría. — Está bien. Envíame el link de Amazon, te lo conseguiré mientras sigas cubriéndome la espalda. —Vincent cerró la transportadora de Alessandro, luego de varios intentos, y terminó asintiendo.— Y si me ayudas a regular su temperamento, te juro que te compraré la saga completa que quieras. Me gustaría recibir visitas en casa sin que Aless los intente morder o arañar.
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  • ━━ No tengo porque inventar excusas cuando he encontrado el lugar donde quiero estar.
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  • Hace unos días detecto el putrido aroma de un degenerado, tanto fue el hedor nauseabundo que ha reforzado la seguridad de su hogar - sobre todo cuando dicho engendro se disfraza constantemente - enviando una carta a su hijo quien ha estado con su novia un par de semanas, donde le advierte del avistamiento y que mantenga un ojo abierto.

    Tienen el permiso para matarlo.
    Hace unos días detecto el putrido aroma de un degenerado, tanto fue el hedor nauseabundo que ha reforzado la seguridad de su hogar - sobre todo cuando dicho engendro se disfraza constantemente - enviando una carta a su hijo quien ha estado con su novia un par de semanas, donde le advierte del avistamiento y que mantenga un ojo abierto. Tienen el permiso para matarlo.
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  • ‎***Shlck... Schlck... Schlck***



    ‎ * El sonido de una daga siendo arrojada e incrustada en el tronco era todo lo que se escuchaba en el bosque. Aquel que la lanzaba se preguntaba meticulosamente: ¿Por qué un cuchillo seax? De repente, se escucharon unos pasos acercándose en su dirección. Elijah retiró el cuchillo del tronco una última vez antes de guardarlo en su funda mientras los pasos se hacían más fuertes. La persona que lo buscaba llegó y se quedó unos segundos observando al condotiero *



    ‎ — Vítkov... ¿Pero qué haces? —Uno de sus compañeros le veía confundido. Se supone que estaban a la espera de nuevas órdenes, pero este al ver cómo uno de los condotieros se perdía en la profundidad del bosque le causó intriga... ya ahora resulta que ¿Todo fue para venir a jugar "tiro al blanco" con un cuchillo?



    ‎ — Estoy probando el filo de este cuchillo, ¿Por qué? ¿Vas a reclamarme por asegurar la efectividad de mi armamento antes de ir a la misión?



    ‎ * Elijah, como siempre, parecía responder con una intención desafiante, pero la seriedad bajo su comentario y su mirada inexpresiva demostraban que no tenía intención alguna de irritar al contrario; era una pregunta simple y directa. El compañero solo suspiró ante este hecho y negó con la cabeza antes de seguir hablando: *



    ‎ — No... Solo vine a informarte de que ya nos llegó la ubicación del objetivo. Lo mantienen en una iglesia abandonada; todo parece indicar que se trata de uno de los grupos satáni... —El compañero de Elijah comentaba aquello, pero al notar la negación en el rostro de este último, decidió detenerse



    ‎ — No. Los vampiros no conforman grupos satánicos; ellos se consideran más allá de eso. No niego que exista el fanatismo entre ellos, pero no es por algo tan básico como el diablo. Si están en una iglesia es, primero, porque piensan que no vamos a encontrarlos si se ocultan bajo nuestras alfombras; segundo, son más conscientes de que lo que tienen allí no es un "suministro de sangre" cualquiera, de lo contrario lo habrían llevado a uno de sus asentamientos en vez de a un lugar santo que desprecian y... Si el objetivo aún está con vida, es porque siguen buscando la forma de eliminarlo sin sufrir en el proceso ¿Qué ha dicho la Oficina del Censor?



    ‎ — Pues que aún nos quedemos aguardando instrucciones, pero lo estaba comentando con los demás y todo apunta a que será un proceso de extracción



    ‎ * Elijah le contestó con un simple asentimiento para después decirle que iría al campamento en unos minutos. Su compañero volvió sin más, dejando al eslovaco solo con sus pensamientos otra vez... *



    ‎ ( Una extracción... Bueno, siempre y cuando el grupo esté conformado por los mismos vampiros que se avistaron aquel día, no debería ser tan complicado aunque... )



    ‎ — ¡Tsk! —Elijah chasqueba la lengua con irritación



    ‎ ( Si tan solo lo hubiéramos capturado en cuanto pudimos, seguro que nos habríamos ahorrado todo esto, pero no... Los censores tienen que confirmar qué tan nociva es exactamente la sangre del objetivo ¿Verdad? Pero en parte no los culpo: al leer el informe yo tampoco creí que alguien así existiera, o no siendo un "humano" en su mayoría )



    ‎ * Elijah observaba su nuevo cuchillo descansando en la funda; el sabía que de nada le servía sobrepensar en la misión. Así que en su lugar, su mente volvió a su duda anterior: ¿Por qué le regalaron ese cuchillo? Curiosamente, el joven conocía bien la historia de fondo que tenía aquella arma con sus raíces. El seax era una herramienta que llegaron a portar los pueblos germánicos y los mismos vikingos —con los cuales los eslovacos tenían relación— dándole un valor prominente al usarlo como arma secundaria durante sus batallas, la verdad es que era mucha la historia que se podía contar del cuchillo, pero lo que más le llamaba la atención al condotiero, era las creencias que tenían esos guerreros, que al igual que el —segun historias— llegaron a "enfrentárse" a cosas sobrenaturales según ciertas historias que, actualmente no se alejan mucho de la realidad que viven los cazadores. ¿Acaso había una probabilidad de que aquel obsequio buscara reivindicar todos esos orígenes? Era complicado decirlo, pues se supone que aquella persona que se lo obsequio no sabía nada más que su nombre y apellido ¿Acaso "ella" se había tomado el tiempo de investigarlo? El joven eslovaco no lo creí, pues el mismo no se consideraba tan importante como para derrochar tiempo averiguando sobre el. Sin mucho más que hacer, Elijah exhaló por la nariz, decidiéndose en tomar aquel cuchillo simplemente como un obsequio tras haber sobrevivido a aquella misión en conjunto donde —en cierto punto— si que le habría venido bien un cuchillo, y así volvió con calma al campamento para prepararse de una vez junto con el resto de sus compañeros... *
    ‎***Shlck... Schlck... Schlck*** ‎ ‎ ‎ ‎ * El sonido de una daga siendo arrojada e incrustada en el tronco era todo lo que se escuchaba en el bosque. Aquel que la lanzaba se preguntaba meticulosamente: ¿Por qué un cuchillo seax? De repente, se escucharon unos pasos acercándose en su dirección. Elijah retiró el cuchillo del tronco una última vez antes de guardarlo en su funda mientras los pasos se hacían más fuertes. La persona que lo buscaba llegó y se quedó unos segundos observando al condotiero * ‎ ‎ ‎ ‎ — Vítkov... ¿Pero qué haces? —Uno de sus compañeros le veía confundido. Se supone que estaban a la espera de nuevas órdenes, pero este al ver cómo uno de los condotieros se perdía en la profundidad del bosque le causó intriga... ya ahora resulta que ¿Todo fue para venir a jugar "tiro al blanco" con un cuchillo? ‎ ‎ ‎ ‎ — Estoy probando el filo de este cuchillo, ¿Por qué? ¿Vas a reclamarme por asegurar la efectividad de mi armamento antes de ir a la misión? ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah, como siempre, parecía responder con una intención desafiante, pero la seriedad bajo su comentario y su mirada inexpresiva demostraban que no tenía intención alguna de irritar al contrario; era una pregunta simple y directa. El compañero solo suspiró ante este hecho y negó con la cabeza antes de seguir hablando: * ‎ ‎ ‎ ‎ — No... Solo vine a informarte de que ya nos llegó la ubicación del objetivo. Lo mantienen en una iglesia abandonada; todo parece indicar que se trata de uno de los grupos satáni... —El compañero de Elijah comentaba aquello, pero al notar la negación en el rostro de este último, decidió detenerse ‎ ‎ ‎ ‎ — No. Los vampiros no conforman grupos satánicos; ellos se consideran más allá de eso. No niego que exista el fanatismo entre ellos, pero no es por algo tan básico como el diablo. Si están en una iglesia es, primero, porque piensan que no vamos a encontrarlos si se ocultan bajo nuestras alfombras; segundo, son más conscientes de que lo que tienen allí no es un "suministro de sangre" cualquiera, de lo contrario lo habrían llevado a uno de sus asentamientos en vez de a un lugar santo que desprecian y... Si el objetivo aún está con vida, es porque siguen buscando la forma de eliminarlo sin sufrir en el proceso ¿Qué ha dicho la Oficina del Censor? ‎ ‎ ‎ ‎ — Pues que aún nos quedemos aguardando instrucciones, pero lo estaba comentando con los demás y todo apunta a que será un proceso de extracción ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah le contestó con un simple asentimiento para después decirle que iría al campamento en unos minutos. Su compañero volvió sin más, dejando al eslovaco solo con sus pensamientos otra vez... * ‎ ‎ ‎ ‎ ( Una extracción... Bueno, siempre y cuando el grupo esté conformado por los mismos vampiros que se avistaron aquel día, no debería ser tan complicado aunque... ) ‎ ‎ ‎ ‎ — ¡Tsk! —Elijah chasqueba la lengua con irritación ‎ ‎ ‎ ‎ ( Si tan solo lo hubiéramos capturado en cuanto pudimos, seguro que nos habríamos ahorrado todo esto, pero no... Los censores tienen que confirmar qué tan nociva es exactamente la sangre del objetivo ¿Verdad? Pero en parte no los culpo: al leer el informe yo tampoco creí que alguien así existiera, o no siendo un "humano" en su mayoría ) ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah observaba su nuevo cuchillo descansando en la funda; el sabía que de nada le servía sobrepensar en la misión. Así que en su lugar, su mente volvió a su duda anterior: ¿Por qué le regalaron ese cuchillo? Curiosamente, el joven conocía bien la historia de fondo que tenía aquella arma con sus raíces. El seax era una herramienta que llegaron a portar los pueblos germánicos y los mismos vikingos —con los cuales los eslovacos tenían relación— dándole un valor prominente al usarlo como arma secundaria durante sus batallas, la verdad es que era mucha la historia que se podía contar del cuchillo, pero lo que más le llamaba la atención al condotiero, era las creencias que tenían esos guerreros, que al igual que el —segun historias— llegaron a "enfrentárse" a cosas sobrenaturales según ciertas historias que, actualmente no se alejan mucho de la realidad que viven los cazadores. ¿Acaso había una probabilidad de que aquel obsequio buscara reivindicar todos esos orígenes? Era complicado decirlo, pues se supone que aquella persona que se lo obsequio no sabía nada más que su nombre y apellido ¿Acaso "ella" se había tomado el tiempo de investigarlo? El joven eslovaco no lo creí, pues el mismo no se consideraba tan importante como para derrochar tiempo averiguando sobre el. Sin mucho más que hacer, Elijah exhaló por la nariz, decidiéndose en tomar aquel cuchillo simplemente como un obsequio tras haber sobrevivido a aquella misión en conjunto donde —en cierto punto— si que le habría venido bien un cuchillo, y así volvió con calma al campamento para prepararse de una vez junto con el resto de sus compañeros... *
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Parte 11 - Reflexión en el río.

    El agua me lleva, fría y serena,
    como si quisiera borrar mis pasos,
    como si quisiera devolverme al silencio.

    He perdido fuerza desde que llegué a este mundo, pero aun así, derroté al cazador.
    Aun así, vengué a la aldea y por primera vez, siento paz.

    Si muero aquí, quizás mi alma regrese a mi hogar. Quizás el río me devuelva a donde todo comenzó y por un instante, pienso en rendirme,
    dejar que la corriente decida.

    Pero entonces recuerdo a mi abuela Jennifer.
    Recuerdo su voz firme en los días de entrenamiento, cuando yo temía no sobrevivir a su dureza. Ella me decía: "No tienes derecho a morir, no aún. Hay cosas que aún no has hecho.
    Hay gente que te ama, y no puedes hacerlos sufrir."

    Sus palabras arden más fuerte que el fuego.
    Me recuerdan que rendirse no es opción, que en mis venas no solo corre la sangre Ishtar, sino también la sangre Queen y las Queen son las más tercas, las que nunca se doblan, las que nunca aceptan la derrota.

    Así que no, no moriré aquí, no me rendiré.
    El río puede arrastrar mi cuerpo, pero mi espíritu seguirá luchando. Porque vivir no es un derecho que se entrega al azar, es una promesa que se honra con cada respiración.

    Y mientras floto, me repito: "Morir no es una opción. Seguir es mi destino y aún hay cosas que debo hacer".

    Parte 12 - Una pequeña esperanza.

    La corriente había arrastrado a Akane lejos de la aldea, dejándola inconsciente en la orilla del río. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, pero dentro de ella aún ardía un poder que se negaba a apagarse.

    En ese momento, una joven ogra regresaba de cazar. Caminaba con calma hacia su hogar, y al pasar cerca del río se inclinó para beber agua fresca. Fue entonces que la vio: una muchacha de cabello blanco con puntas verdes, tendida en la hierba, respirando con dificultad.

    La ogra se acercó con cautela. Al poner su mano sobre el pecho de Akane, sintió que su poder luchaba por seguir viviendo, como una llama que se resiste al viento. Sin dudarlo, la levantó en sus brazos y la llevó a su casa, decidida a salvarla.
    Parte 11 - Reflexión en el río. El agua me lleva, fría y serena, como si quisiera borrar mis pasos, como si quisiera devolverme al silencio. He perdido fuerza desde que llegué a este mundo, pero aun así, derroté al cazador. Aun así, vengué a la aldea y por primera vez, siento paz. Si muero aquí, quizás mi alma regrese a mi hogar. Quizás el río me devuelva a donde todo comenzó y por un instante, pienso en rendirme, dejar que la corriente decida. Pero entonces recuerdo a mi abuela Jennifer. Recuerdo su voz firme en los días de entrenamiento, cuando yo temía no sobrevivir a su dureza. Ella me decía: "No tienes derecho a morir, no aún. Hay cosas que aún no has hecho. Hay gente que te ama, y no puedes hacerlos sufrir." Sus palabras arden más fuerte que el fuego. Me recuerdan que rendirse no es opción, que en mis venas no solo corre la sangre Ishtar, sino también la sangre Queen y las Queen son las más tercas, las que nunca se doblan, las que nunca aceptan la derrota. Así que no, no moriré aquí, no me rendiré. El río puede arrastrar mi cuerpo, pero mi espíritu seguirá luchando. Porque vivir no es un derecho que se entrega al azar, es una promesa que se honra con cada respiración. Y mientras floto, me repito: "Morir no es una opción. Seguir es mi destino y aún hay cosas que debo hacer". Parte 12 - Una pequeña esperanza. La corriente había arrastrado a Akane lejos de la aldea, dejándola inconsciente en la orilla del río. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, pero dentro de ella aún ardía un poder que se negaba a apagarse. En ese momento, una joven ogra regresaba de cazar. Caminaba con calma hacia su hogar, y al pasar cerca del río se inclinó para beber agua fresca. Fue entonces que la vio: una muchacha de cabello blanco con puntas verdes, tendida en la hierba, respirando con dificultad. La ogra se acercó con cautela. Al poner su mano sobre el pecho de Akane, sintió que su poder luchaba por seguir viviendo, como una llama que se resiste al viento. Sin dudarlo, la levantó en sus brazos y la llevó a su casa, decidida a salvarla.
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  • Confutatis Maledictis
    Categoría Suspenso
    "𝘗𝘳𝘦𝘤𝘦𝘴 𝘮𝘦𝘢𝘦 𝘯𝘰𝘯 𝘴𝘶𝘯𝘵 𝘥𝘪𝘨𝘯𝘢𝘦
    𝘚𝘦𝘥 𝘵𝘶 𝘣𝘰𝘯𝘶𝘴 𝘧𝘢𝘤 𝘣𝘦𝘯𝘪𝘨𝘯𝘦,
    𝘕𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘦𝘯𝘯𝘪 𝘤𝘳𝘦𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘨𝘯𝘦".

    El recitar de un antiguo cántico encuentra su lugar en un recinto que, en tiempos mejores, fuese hogar de veneración. Sus vitrales, rotos; su altar, demacrado; el crucifijo de caoba, desfigurado a partes iguales por la intención de sus nuevos residentes y el implacable pasar del tiempo.

    Allí, donde lo sacrosanto ha sido reemplazado por lo sacrílego, un ritual toma lugar, uno en el que la sangre vuelve a tomar protagonismo.

    "𝘐𝘯𝘵𝘦𝘳 𝘰𝘷𝘦𝘴 𝘭𝘰𝘤𝘶𝘮 𝘱𝘳𝘢𝘦𝘴𝘵𝘢,
    𝘌𝘵 𝘢𝘣 𝘩𝘢𝘦𝘥𝘪𝘴 𝘮𝘦 𝘴𝘦𝘲𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢,
    𝘚𝘵𝘢𝘵𝘶𝘦𝘯𝘴 𝘪𝘯 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢".

    Arrodillado, con las muñecas atadas tras su espalda, su torso desnudo evidenciando los vestigios de la tortura, se encuentra el cordero sacrificial: El ser conocido como "el hijo del Infierno", poseedor de la sangre tóxica.

    Tras él, continuando con el poema, una figura cubierta por una túnica que obstruye la vista a su rostro. Los asistentes al sacrificio, tan silentes como impacientes, de pie frente al espectáculo.

    —Rápido, rápido... —susurra, en una irreverente interrupción que la molestia despierta entre los partícipes del festín. —Me estoy aburriendo. ¿Los vampiros suelen jugar tanto con su comida?
    "𝘗𝘳𝘦𝘤𝘦𝘴 𝘮𝘦𝘢𝘦 𝘯𝘰𝘯 𝘴𝘶𝘯𝘵 𝘥𝘪𝘨𝘯𝘢𝘦 𝘚𝘦𝘥 𝘵𝘶 𝘣𝘰𝘯𝘶𝘴 𝘧𝘢𝘤 𝘣𝘦𝘯𝘪𝘨𝘯𝘦, 𝘕𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘦𝘯𝘯𝘪 𝘤𝘳𝘦𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘨𝘯𝘦". El recitar de un antiguo cántico encuentra su lugar en un recinto que, en tiempos mejores, fuese hogar de veneración. Sus vitrales, rotos; su altar, demacrado; el crucifijo de caoba, desfigurado a partes iguales por la intención de sus nuevos residentes y el implacable pasar del tiempo. Allí, donde lo sacrosanto ha sido reemplazado por lo sacrílego, un ritual toma lugar, uno en el que la sangre vuelve a tomar protagonismo. "𝘐𝘯𝘵𝘦𝘳 𝘰𝘷𝘦𝘴 𝘭𝘰𝘤𝘶𝘮 𝘱𝘳𝘢𝘦𝘴𝘵𝘢, 𝘌𝘵 𝘢𝘣 𝘩𝘢𝘦𝘥𝘪𝘴 𝘮𝘦 𝘴𝘦𝘲𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢, 𝘚𝘵𝘢𝘵𝘶𝘦𝘯𝘴 𝘪𝘯 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢". Arrodillado, con las muñecas atadas tras su espalda, su torso desnudo evidenciando los vestigios de la tortura, se encuentra el cordero sacrificial: El ser conocido como "el hijo del Infierno", poseedor de la sangre tóxica. Tras él, continuando con el poema, una figura cubierta por una túnica que obstruye la vista a su rostro. Los asistentes al sacrificio, tan silentes como impacientes, de pie frente al espectáculo. —Rápido, rápido... —susurra, en una irreverente interrupción que la molestia despierta entre los partícipes del festín. —Me estoy aburriendo. ¿Los vampiros suelen jugar tanto con su comida?
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  • 𝕰𝖑 𝕮𝖗𝖊𝖉𝖔 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝕸𝖊𝖗𝖈𝖊𝖓𝖆𝖗𝖎𝖆
    Categoría Suspenso
    ‎[ 20:48 / Provincia de Kranzberg / Polonia / Bar "La cuenca de Hierro" / 72 horas después del escape del traidor... ]



    ‎ * El aire en el interior del bar era una mezcla espesa de humo de tabaco barato, cerveza agria y el olor a metal de los parroquianos que, en su mayoría, llevaban armas ocultas bajo la mesa. Era un lugar donde la ley del gobierno no llegaba y la influencia de la Iglesia se diluía en sombras. En una mesa de un rincón oscuro en casi su totalidad pues había una lámpara que parpadeaba con un zumbido eléctrico molesto, allí sentado estaba el Inquisidor Malachi. Su rostro era una máscara de piedra, sus dedos largos y delgados tamborileaban rítmicamente sobre la madera. en la mesa de atrás así como en la mesa de al lado se encontraban los demás cazadores, estre estos estaba un joven Elijah —con ropa de civil que ocultaba su uniforme de cazador aún impecable bajo sus prendas— su mirada estaba fija en la puerta, intentaba controlar la tensión en sus hombros pero lo cierto era que habían sido tres días tensos y agotadores tras el informe del escape de Varek *



    ‎ — Oye muchacho... Mantén la calma, muchacho —murmuró uno de los condotieros sin mirarlo, este llegaba a la mesa en que se encontraban con unas cervezas en la mano—. Los de "su clase" huelen el miedo antes de cruzar el umbral hasta el lugar



    ‎ * Elijah asintió sorprendido, más por como este traía bebidas como si no estuvieran allí en alerta en caso de que las cosas salgan mal que por la advertencia, el joven se ajustaba la empuñadura de su arma bajo el abrigo. Lo siguiente que paso el chico no sabría muy bien cómo describirlo, de pronto, el ruido del bar bajó un par de decibelios aún no una entrada dramática, pero el cambio en la presión del aire indicaban que a quien sea que esperaban ya estaba cerca del lugar ¿Acaso estará molesto? Después de todo venían a negociar un día después del acordado... *
    ‎[ 20:48 / Provincia de Kranzberg / Polonia / Bar "La cuenca de Hierro" / 72 horas después del escape del traidor... ] ‎ ‎ ‎ ‎ * El aire en el interior del bar era una mezcla espesa de humo de tabaco barato, cerveza agria y el olor a metal de los parroquianos que, en su mayoría, llevaban armas ocultas bajo la mesa. Era un lugar donde la ley del gobierno no llegaba y la influencia de la Iglesia se diluía en sombras. En una mesa de un rincón oscuro en casi su totalidad pues había una lámpara que parpadeaba con un zumbido eléctrico molesto, allí sentado estaba el Inquisidor Malachi. Su rostro era una máscara de piedra, sus dedos largos y delgados tamborileaban rítmicamente sobre la madera. en la mesa de atrás así como en la mesa de al lado se encontraban los demás cazadores, estre estos estaba un joven Elijah —con ropa de civil que ocultaba su uniforme de cazador aún impecable bajo sus prendas— su mirada estaba fija en la puerta, intentaba controlar la tensión en sus hombros pero lo cierto era que habían sido tres días tensos y agotadores tras el informe del escape de Varek * ‎ ‎ ‎ ‎ — Oye muchacho... Mantén la calma, muchacho —murmuró uno de los condotieros sin mirarlo, este llegaba a la mesa en que se encontraban con unas cervezas en la mano—. Los de "su clase" huelen el miedo antes de cruzar el umbral hasta el lugar ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah asintió sorprendido, más por como este traía bebidas como si no estuvieran allí en alerta en caso de que las cosas salgan mal que por la advertencia, el joven se ajustaba la empuñadura de su arma bajo el abrigo. Lo siguiente que paso el chico no sabría muy bien cómo describirlo, de pronto, el ruido del bar bajó un par de decibelios aún no una entrada dramática, pero el cambio en la presión del aire indicaban que a quien sea que esperaban ya estaba cerca del lugar ¿Acaso estará molesto? Después de todo venían a negociar un día después del acordado... *
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  • [ 23:15 / XXXXXXXXX / XXXXXXX / ¿...? ]



    ‎ * El pavimento mojado de los suburbios reflejaba las luces amarillentas de los faros. En la habitación de un departamento se escuchaba la urgencia de quien cierra gavetas, mete ropa en una mochila y no deja de moverse; los estantes quedaban abiertos, al igual que las puertas. No hacía falta encender las luces: aquella persona sabía a lo que venía y ya estaba por irse. En cuanto salió de la habitación, observó rápidamente el final del pasillo; las puertas del ascensor se cerraban indicando que alguien iba al lobby. El sujeto se tensó al entenderlo; con temor, miró hacia el otro lado, donde estaban las puertas de las escaleras. No lo dudó y corrió hacia ellas. Había logrado salir del edificio; subió a su auto, lo encendió y aceleró a toda marcha. El sonido del motor se hacía cada vez más fuerte a medida que aumentaba sus revoluciones, el vehículo pasaba semáforos en rojo y tomaba curvas a una velocidad considerable, todo con tal de salir de la ciudad. Para él, no había límite lo suficientemente importante como para detenerlo... O eso suponía *



    ‎***¡¡¡PLOF!!!***



    ‎ * Una colisión. Justo donde el asfalto cedía ante la maleza, donde los rastros de la civilización comenzaban a perderse y donde, claro, no había cámaras que grabaran el suceso. El auto giró descontroladamente una, dos... Cuatro veces hasta detenerse de cabeza. El conductor estaba relativamente ileso — pues lo habían chocado del lado del copiloto— sin embargo, el golpe de la bolsa de aire, seguido de unos cuantos cristales incrustados en su carne, determinaban que su estado no era "bueno". Apenas podía mover el cuello en dirección a aquel que lo había embestido, pero no veía nada; solo había oscuridad. No, eso era lo que querían que pensara, a los pocos segundos, un par de faros con las luces altas se encendieron, cegándolo a propósito, y el sonido que vino después fue el de las puertas cerrándose casi al unísono. Sean quienes fueran, se habían bajado del  auto —y no para pedir ayuda— el sujeto intentó desabrocharse el cinturón antes de que lo alcanzaran y lo consiguió; al salir, comenzó a correr con una cojera evidente, apretando su mochila contra el pecho como si fuera su propio corazón a punto de ser arrebatado *



    ‎ — ¡Ya deténgase, Varek! —gritó una voz joven, cargada de adrenalina. Era uno de los inquisidores enviado a por él, por lo que tenía en la mochila..



    ‎ * Varek, el Censor traidor que hemos seguido hasta ahora terminó tropezando con una raíz vieja y cayó al suelo. No estaba seguro de si era su mente al borde del pánico, pero juraría oír el chasquido de las armas siendo desenfundadas y el eco de las botas de aquellos que se identificaban como cazadores de la Iglesia, pero que ahora cumplían una función más... "resolutiva". Varek ya no tenía escapatoria; el bosque, denso y negro, parecía una pared infranqueable a sus espaldas, se giró hacia las sombras del follaje, suplicando en silencio pero una ráfaga de viento gélido es todo lo que le respondió mientras barría el claro; y eso era más que suficiente. De repente, el sonido de las botas se detuvo, los hombres que perseguían a Varek guardaron silencio, no por orden, sino por puro instinto de preservación, algo se había movido entre los árboles. No era el ruido de hojas secas; parecía un suspiro profundo, gutural, algo que hacía vibrar el aire *



    ‎ — ¿Pero qué es eso?



    ‎ * Preguntó uno de los hombres, apuntando hacia el lugar desde donde emergió una silueta inmensa, una mole de oscuridad que parecía absorber la luz de la luna. Estaba claro que no era un hombre, pero tampoco un animal común. Unos ojos amarillos, cargados de un odio antiguo, se clavaron en los perseguidores, antes  de que el primer cazador pudiera siquiera pensar en disparar, la criatura soltó un gruñido que era una promesa de muerte *



    ‎ — ¡Cuida-!



    ‎ * El inquisidor intentó alertar a sus hombres, pero lo hizo unos milisegundos tarde. Aquella cosa les arrojó un gran tronco que golpeó a la mayoría. Solo tres —incluyendo al inquisidor— lograron agacharse. Para cuando este último intentó reincorporarse, la criatura ya había cerrado la distancia. Un golpe lo envió volando hasta aterrizar dolorosamente contra el parabrisas de la camioneta blindada. Otro cazador intentó hacer algo, pero la criatura fue más rápida: lo sujetó del cuello y lo azotó contra el suelo un par de veces antes de dejarlo tirado, iba a aplastar su cráneo, pero unos disparos a su espalda lo hicieron consciente del tercer hombre. La cosa se volteó, notablemente irritada. En cuestión de segundos, desarmó al sujeto y le lanzó un zarpazo que le arrancó el pasamontañas. El cazador cayó aturdido, intentando reincorporarse solo para ver por última vez a lo que se enfrentaba bajo la luz de la luna y que, justo ahora le devolvía la mirada... *
    [ 23:15 / XXXXXXXXX / XXXXXXX / ¿...? ] ‎ * El pavimento mojado de los suburbios reflejaba las luces amarillentas de los faros. En la habitación de un departamento se escuchaba la urgencia de quien cierra gavetas, mete ropa en una mochila y no deja de moverse; los estantes quedaban abiertos, al igual que las puertas. No hacía falta encender las luces: aquella persona sabía a lo que venía y ya estaba por irse. En cuanto salió de la habitación, observó rápidamente el final del pasillo; las puertas del ascensor se cerraban indicando que alguien iba al lobby. El sujeto se tensó al entenderlo; con temor, miró hacia el otro lado, donde estaban las puertas de las escaleras. No lo dudó y corrió hacia ellas. Había logrado salir del edificio; subió a su auto, lo encendió y aceleró a toda marcha. El sonido del motor se hacía cada vez más fuerte a medida que aumentaba sus revoluciones, el vehículo pasaba semáforos en rojo y tomaba curvas a una velocidad considerable, todo con tal de salir de la ciudad. Para él, no había límite lo suficientemente importante como para detenerlo... O eso suponía * ‎ ‎ ‎ ‎***¡¡¡PLOF!!!*** ‎ ‎ ‎ ‎ * Una colisión. Justo donde el asfalto cedía ante la maleza, donde los rastros de la civilización comenzaban a perderse y donde, claro, no había cámaras que grabaran el suceso. El auto giró descontroladamente una, dos... Cuatro veces hasta detenerse de cabeza. El conductor estaba relativamente ileso — pues lo habían chocado del lado del copiloto— sin embargo, el golpe de la bolsa de aire, seguido de unos cuantos cristales incrustados en su carne, determinaban que su estado no era "bueno". Apenas podía mover el cuello en dirección a aquel que lo había embestido, pero no veía nada; solo había oscuridad. No, eso era lo que querían que pensara, a los pocos segundos, un par de faros con las luces altas se encendieron, cegándolo a propósito, y el sonido que vino después fue el de las puertas cerrándose casi al unísono. Sean quienes fueran, se habían bajado del  auto —y no para pedir ayuda— el sujeto intentó desabrocharse el cinturón antes de que lo alcanzaran y lo consiguió; al salir, comenzó a correr con una cojera evidente, apretando su mochila contra el pecho como si fuera su propio corazón a punto de ser arrebatado * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¡Ya deténgase, Varek! —gritó una voz joven, cargada de adrenalina. Era uno de los inquisidores enviado a por él, por lo que tenía en la mochila.. ‎ ‎ ‎ ‎ * Varek, el Censor traidor que hemos seguido hasta ahora terminó tropezando con una raíz vieja y cayó al suelo. No estaba seguro de si era su mente al borde del pánico, pero juraría oír el chasquido de las armas siendo desenfundadas y el eco de las botas de aquellos que se identificaban como cazadores de la Iglesia, pero que ahora cumplían una función más... "resolutiva". Varek ya no tenía escapatoria; el bosque, denso y negro, parecía una pared infranqueable a sus espaldas, se giró hacia las sombras del follaje, suplicando en silencio pero una ráfaga de viento gélido es todo lo que le respondió mientras barría el claro; y eso era más que suficiente. De repente, el sonido de las botas se detuvo, los hombres que perseguían a Varek guardaron silencio, no por orden, sino por puro instinto de preservación, algo se había movido entre los árboles. No era el ruido de hojas secas; parecía un suspiro profundo, gutural, algo que hacía vibrar el aire * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¿Pero qué es eso? ‎ ‎ ‎ ‎ * Preguntó uno de los hombres, apuntando hacia el lugar desde donde emergió una silueta inmensa, una mole de oscuridad que parecía absorber la luz de la luna. Estaba claro que no era un hombre, pero tampoco un animal común. Unos ojos amarillos, cargados de un odio antiguo, se clavaron en los perseguidores, antes  de que el primer cazador pudiera siquiera pensar en disparar, la criatura soltó un gruñido que era una promesa de muerte * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¡Cuida-! ‎ ‎ ‎ ‎ * El inquisidor intentó alertar a sus hombres, pero lo hizo unos milisegundos tarde. Aquella cosa les arrojó un gran tronco que golpeó a la mayoría. Solo tres —incluyendo al inquisidor— lograron agacharse. Para cuando este último intentó reincorporarse, la criatura ya había cerrado la distancia. Un golpe lo envió volando hasta aterrizar dolorosamente contra el parabrisas de la camioneta blindada. Otro cazador intentó hacer algo, pero la criatura fue más rápida: lo sujetó del cuello y lo azotó contra el suelo un par de veces antes de dejarlo tirado, iba a aplastar su cráneo, pero unos disparos a su espalda lo hicieron consciente del tercer hombre. La cosa se volteó, notablemente irritada. En cuestión de segundos, desarmó al sujeto y le lanzó un zarpazo que le arrancó el pasamontañas. El cazador cayó aturdido, intentando reincorporarse solo para ver por última vez a lo que se enfrentaba bajo la luz de la luna y que, justo ahora le devolvía la mirada... *
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  • Es dicho como susurros detrás de un abanico o como carcajadas después de una copa de espíritu, que una dama propia jamás se atrevería a cabalgar por su cuenta. El peligro que conllevaba el pesado vestido, las vaporosas mangas y la exposición solar eran razones suficientes para decantar el uso doméstico a un carruaje combinado con un parasol.

    Pero allí, donde el bosque se negaba a arrodillarse a merced de la humanidad y el arrullo de las copas en unísono podían llegar a rugir como la marejada más noble, Viktoria encontraba una bocanada de libertad como nunca hubiera respirado en medio de la ciudad. Sin títulos, sin ojos recelosos ni murmullos meditabundos. Solo ella, el mar albo debajo de cada pisada que atreviera a darse y el lejano sonido de un caballo amarrado ocupando su tiempo en pilar de heno.
    Es dicho como susurros detrás de un abanico o como carcajadas después de una copa de espíritu, que una dama propia jamás se atrevería a cabalgar por su cuenta. El peligro que conllevaba el pesado vestido, las vaporosas mangas y la exposición solar eran razones suficientes para decantar el uso doméstico a un carruaje combinado con un parasol. Pero allí, donde el bosque se negaba a arrodillarse a merced de la humanidad y el arrullo de las copas en unísono podían llegar a rugir como la marejada más noble, Viktoria encontraba una bocanada de libertad como nunca hubiera respirado en medio de la ciudad. Sin títulos, sin ojos recelosos ni murmullos meditabundos. Solo ella, el mar albo debajo de cada pisada que atreviera a darse y el lejano sonido de un caballo amarrado ocupando su tiempo en pilar de heno.
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