• Sacude sus manos, ¿Donde habrá parado?
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  • Creo que necesito un nuevo vendaje para mis ojos... donde estará la tela..
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  • ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆.

    La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad.

    Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno.

    Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta.

    Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto.

    Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio.

    Odette se detuvo frente a la entrada un instante.

    Luego empujó la puerta.

    El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza.

    Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura.

    El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio.

    —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón.

    —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila.

    El hombre arqueó una ceja.
    No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas.

    Se alejó murmurando para sí mismo.

    La taberna continuó con su ruido habitual.
    Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados.

    Hasta que la puerta se abrió violentamente.

    Un hombre irrumpió empapado por la lluvia.

    Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible.

    —¡La vi!— gritó con la voz quebrada.

    Nadie respondió al principio.
    Algunos soltaron risas cansadas.

    —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa.

    Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores.

    —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella!

    La taberna estalló en carcajadas.

    —¿La bruja del luto?
    —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato.
    —¿No se suponía que estaba muerta?

    Pero el hombre no reía... Temblaba.

    —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca!

    Algunas risas comenzaron a apagarse.

    Incluso el bardo dejó de tocar.

    Edwin tragó saliva con dificultad.

    —Y entonces ella me miró...

    Un silencio incómodo recorrió la taberna.

    —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero.

    Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette.

    —Porque tenía esos mismos ojos.

    El silencio cayó de golpe.

    Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro.

    La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle.

    Entonces levantó la vista hacia el hombre.
    Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente.
    Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real.

    El hombre retrocedió horrorizado.

    —No... no...— balbuceó.

    Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza.

    —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
    ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆. La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad. Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno. Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta. Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto. Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio. Odette se detuvo frente a la entrada un instante. Luego empujó la puerta. El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza. Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura. El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio. —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón. —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila. El hombre arqueó una ceja. No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas. Se alejó murmurando para sí mismo. La taberna continuó con su ruido habitual. Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados. Hasta que la puerta se abrió violentamente. Un hombre irrumpió empapado por la lluvia. Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible. —¡La vi!— gritó con la voz quebrada. Nadie respondió al principio. Algunos soltaron risas cansadas. —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa. Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores. —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella! La taberna estalló en carcajadas. —¿La bruja del luto? —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato. —¿No se suponía que estaba muerta? Pero el hombre no reía... Temblaba. —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca! Algunas risas comenzaron a apagarse. Incluso el bardo dejó de tocar. Edwin tragó saliva con dificultad. —Y entonces ella me miró... Un silencio incómodo recorrió la taberna. —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero. Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette. —Porque tenía esos mismos ojos. El silencio cayó de golpe. Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro. La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle. Entonces levantó la vista hacia el hombre. Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente. Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real. El hombre retrocedió horrorizado. —No... no...— balbuceó. Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza. —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
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  • Si le dices a la gente a donde ir, pero no le dices como llegar allí. Te asombrarás con los resultados.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    "Ara ara~ Este clima de lluvia hace sus pequeñas travesuras de vez en cuando~"
    -Miro mi ropa toda empapada y transparentosa-
    "Me pregunto... donde estará mi toalla, sino tendré que trabajar así~"
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  • El barco de extranjeros
    Fandom Free rol
    Categoría Aventura
    El gigantesco barco avanzaba entre la niebla como una ciudad flotante abandonada por Dios. Su casco semi oxidado crujía con cada embate del océano, mientras cientos de extranjeros abarrotaban las cubiertas cargando maletas, reliquias familiares y esperanzas desgastadas. Todos viajaban hacia la llamada “tierra del nuevo siglo”, un lugar prometido donde la pobreza, las guerras y el hambre parecían no existir. Sin embargo, bajo las interminables filas de camarotes y pasillos húmedos, el navío ocultaba secretos inquietantes: puertas selladas que nadie podía abrir, zonas prohibidas vigiladas por tripulantes silenciosos y pasajeros que desaparecían durante la noche sin dejar rastro.
    El gigantesco barco avanzaba entre la niebla como una ciudad flotante abandonada por Dios. Su casco semi oxidado crujía con cada embate del océano, mientras cientos de extranjeros abarrotaban las cubiertas cargando maletas, reliquias familiares y esperanzas desgastadas. Todos viajaban hacia la llamada “tierra del nuevo siglo”, un lugar prometido donde la pobreza, las guerras y el hambre parecían no existir. Sin embargo, bajo las interminables filas de camarotes y pasillos húmedos, el navío ocultaba secretos inquietantes: puertas selladas que nadie podía abrir, zonas prohibidas vigiladas por tripulantes silenciosos y pasajeros que desaparecían durante la noche sin dejar rastro.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    10
    Estado
    Disponible
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  • ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝐴 𝑤𝑜𝑙𝑓 𝑠𝑡𝑎𝑦𝑠 𝑠𝑡𝑖𝑙𝑙 𝑓𝑜𝑟 𝑡𝘩𝑒 𝑠𝑎𝑚𝑒 𝑟𝑒𝑎𝑠𝑜𝑛 𝑎 𝑏𝑙𝑎𝑑𝑒 𝑠𝑡𝑎𝑦𝑠 𝑠𝘩𝑒𝑎𝑡𝘩𝑒𝑑❞

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎



    ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Vio crecer mil lunas, vio amanecer mil mañanas con la helada. Mil noches dibujaron las sombras de los muertos, y mil voces cantaron en su hechizo. El viento de la noche seguía al Vaeltaja en su marcha, quien se encontraba fatigado por las adversidades en lo extenso del camino recorrido. Caminando solo, donde el mundo desaparece, donde los secretos esperan a sus buscadores.

    Camina como una sombra sobre tierras desiertas, donde las noches se agitan sobre él. Sólo el brillo de la luna conoce su extraño juramento que lleva lejos en el crepúsculo.

    𝑆𝑜́𝑙𝑜 𝑒𝑙 𝑏𝑟𝑖𝑙𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑙𝑢𝑛𝑎 𝑦 𝑙𝑎𝑠 𝑣𝑖𝑒𝑗𝑎𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑟𝑒𝑙𝑙𝑎𝑠 𝑠𝑎𝑏𝑒𝑛 𝑑𝑜́𝑛𝑑𝑒 𝑡𝑒𝑟𝑚𝑖𝑛𝑎 𝑠𝑢 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑟𝑟𝑖𝑑𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑉𝑎𝑒𝑙𝑡𝑎𝑗𝑎.


    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛅᚱ ᛋᛁᛏᚱᚾᚢᚱ ᛏᛅᛁᛅ ᚴᛅᚴᚱ ᚢᛅᛁᛚᛏᛅᛁ ᛁᚾ
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘞𝘩𝘦𝘳𝘦 𝘵𝘩𝘦 𝘴𝘵𝘢𝘳𝘴 𝘥𝘪𝘦, 𝘵𝘩𝘦 𝘝𝘢𝘦𝘭𝘵𝘢𝘫𝘢 𝘴𝘵𝘪𝘭𝘭 𝘸𝘢𝘭𝘬𝘴.❞



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ


    ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/C0nMw-7rm-g‎
    ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬 ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝐴 𝑤𝑜𝑙𝑓 𝑠𝑡𝑎𝑦𝑠 𝑠𝑡𝑖𝑙𝑙 𝑓𝑜𝑟 𝑡𝘩𝑒 𝑠𝑎𝑚𝑒 𝑟𝑒𝑎𝑠𝑜𝑛 𝑎 𝑏𝑙𝑎𝑑𝑒 𝑠𝑡𝑎𝑦𝑠 𝑠𝘩𝑒𝑎𝑡𝘩𝑒𝑑❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Vio crecer mil lunas, vio amanecer mil mañanas con la helada. Mil noches dibujaron las sombras de los muertos, y mil voces cantaron en su hechizo. El viento de la noche seguía al Vaeltaja en su marcha, quien se encontraba fatigado por las adversidades en lo extenso del camino recorrido. Caminando solo, donde el mundo desaparece, donde los secretos esperan a sus buscadores. Camina como una sombra sobre tierras desiertas, donde las noches se agitan sobre él. Sólo el brillo de la luna conoce su extraño juramento que lleva lejos en el crepúsculo. 𝑆𝑜́𝑙𝑜 𝑒𝑙 𝑏𝑟𝑖𝑙𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑙𝑢𝑛𝑎 𝑦 𝑙𝑎𝑠 𝑣𝑖𝑒𝑗𝑎𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑟𝑒𝑙𝑙𝑎𝑠 𝑠𝑎𝑏𝑒𝑛 𝑑𝑜́𝑛𝑑𝑒 𝑡𝑒𝑟𝑚𝑖𝑛𝑎 𝑠𝑢 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑟𝑟𝑖𝑑𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑉𝑎𝑒𝑙𝑡𝑎𝑗𝑎. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛅᚱ ᛋᛁᛏᚱᚾᚢᚱ ᛏᛅᛁᛅ ᚴᛅᚴᚱ ᚢᛅᛁᛚᛏᛅᛁ ᛁᚾ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘞𝘩𝘦𝘳𝘦 𝘵𝘩𝘦 𝘴𝘵𝘢𝘳𝘴 𝘥𝘪𝘦, 𝘵𝘩𝘦 𝘝𝘢𝘦𝘭𝘵𝘢𝘫𝘢 𝘴𝘵𝘪𝘭𝘭 𝘸𝘢𝘭𝘬𝘴.❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/C0nMw-7rm-g‎ ❜
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  • — Nombra al objetivo, yo me encargaré del resto. Los demás detalles son innecesarios para completar mi misión. No busco fama ni riquezas, lo único que me importa es impartir justicia dándole su merecido a los malhechores y, en el camino conseguir el dominio total de mi habilidad con la espada.

    En mitad de un suspiro vació su termo de bambú, el cual solo contenía agua del río. Con la diestra ajustó su sombrero para ocultar su rostro parcialmente, tenía ojos blancos como la nieve, que veían el mundo de una manera muy distinta.

    — Me llamo Qiuyuan, soy solo un viajero sin rumbo, iré a donde el viento me lleve. Las espadas no discriminan, sin importar el tipo de persona que seas, su filo te alcanzará cuando menos te lo esperes, así que nunca bajes la guardia.
    — Nombra al objetivo, yo me encargaré del resto. Los demás detalles son innecesarios para completar mi misión. No busco fama ni riquezas, lo único que me importa es impartir justicia dándole su merecido a los malhechores y, en el camino conseguir el dominio total de mi habilidad con la espada. En mitad de un suspiro vació su termo de bambú, el cual solo contenía agua del río. Con la diestra ajustó su sombrero para ocultar su rostro parcialmente, tenía ojos blancos como la nieve, que veían el mundo de una manera muy distinta. — Me llamo Qiuyuan, soy solo un viajero sin rumbo, iré a donde el viento me lleve. Las espadas no discriminan, sin importar el tipo de persona que seas, su filo te alcanzará cuando menos te lo esperes, así que nunca bajes la guardia.
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  • https://youtu.be/how2fuwTBdE?is=ZiF2mwM8Z8NOFQn4

    Jason Jaegerjaquez Ishtar

    *EL NUEVO MUNDO.*

    No aparto la mirada de tus ojos.

    Porque ahora sí puedo verte completo.

    No al hombre.
    No al asesino.
    No al demonio que aprendió a disfrutar de la crueldad como si fuese respirar.

    Te veo a ti.

    Y quizás por eso…
    no siento miedo.

    Mi mano asciende lentamente hasta cubrir la tuya sobre mi mejilla.
    El hilo rojo late entre ambos como si fuese un nervio vivo.
    Como si el propio caos estuviese escuchándonos.

    —Selin sigue hablándome en sueños.

    Mi voz apenas es un susurro.

    —Y cuanto más escucho… más entiendo que este mundo nació roto.

    El vacío a nuestro alrededor palpita.
    Sin cielo.
    Sin tierra.
    Sólo nosotros.

    —Las almas fueron encerradas en cuerpos imperfectos.
    Separadas.
    Condenadas a sentir miedo, odio, hambre, pérdida…
    A vivir aisladas unas de otras creyéndose individuos.

    Cierro los ojos apenas un instante.

    —Pero yo puedo escucharlas.
    Puedo sentir cómo todas desean lo mismo.

    Mi frente termina apoyándose contra la tuya.

    —Conectarse.

    El hilo rojo resplandece con más intensidad.
    Como una arteria atravesando la oscuridad absoluta.

    —Quiero destruir este mundo.
    No por odio.
    No por venganza.

    —Quiero destruirlo para reconstruirlo.

    Cada palabra cae lenta.
    Irrevocable.

    —Un lugar donde ningún corazón vuelva a estar solo.
    Donde las almas puedan tocarse entre sí.
    Comprenderse.
    Sentirse.
    Como una única existencia perfecta.

    Mi pulgar roza apenas tus labios.

    —Y para alcanzar algo así…

    Silencio.

    —Todo tiene que morir primero.

    Mis ojos entreabiertos buscan los tuyos una última vez.

    Y entonces sonrío.

    Triste.
    Hambrienta.
    Decidida.

    —En nombre del Caos.

    Después de pronunciarlo, reduzco la distancia entre ambos.

    No es un beso apasionado.
    Ni desesperado.

    Es apenas un roce lento de labios.
    Un juramento.

    Un pacto.

    El tiempo suficiente para sentir tu respiración mezclarse con la mía antes de separarme unos centímetros.

    —Y tú…

    Mis dedos aprietan suavemente el hilo rojo.

    —Serás mi adalid, Jason.
    https://youtu.be/how2fuwTBdE?is=ZiF2mwM8Z8NOFQn4 [Jason07] *EL NUEVO MUNDO.* No aparto la mirada de tus ojos. Porque ahora sí puedo verte completo. No al hombre. No al asesino. No al demonio que aprendió a disfrutar de la crueldad como si fuese respirar. Te veo a ti. Y quizás por eso… no siento miedo. Mi mano asciende lentamente hasta cubrir la tuya sobre mi mejilla. El hilo rojo late entre ambos como si fuese un nervio vivo. Como si el propio caos estuviese escuchándonos. —Selin sigue hablándome en sueños. Mi voz apenas es un susurro. —Y cuanto más escucho… más entiendo que este mundo nació roto. El vacío a nuestro alrededor palpita. Sin cielo. Sin tierra. Sólo nosotros. —Las almas fueron encerradas en cuerpos imperfectos. Separadas. Condenadas a sentir miedo, odio, hambre, pérdida… A vivir aisladas unas de otras creyéndose individuos. Cierro los ojos apenas un instante. —Pero yo puedo escucharlas. Puedo sentir cómo todas desean lo mismo. Mi frente termina apoyándose contra la tuya. —Conectarse. El hilo rojo resplandece con más intensidad. Como una arteria atravesando la oscuridad absoluta. —Quiero destruir este mundo. No por odio. No por venganza. —Quiero destruirlo para reconstruirlo. Cada palabra cae lenta. Irrevocable. —Un lugar donde ningún corazón vuelva a estar solo. Donde las almas puedan tocarse entre sí. Comprenderse. Sentirse. Como una única existencia perfecta. Mi pulgar roza apenas tus labios. —Y para alcanzar algo así… Silencio. —Todo tiene que morir primero. Mis ojos entreabiertos buscan los tuyos una última vez. Y entonces sonrío. Triste. Hambrienta. Decidida. —En nombre del Caos. Después de pronunciarlo, reduzco la distancia entre ambos. No es un beso apasionado. Ni desesperado. Es apenas un roce lento de labios. Un juramento. Un pacto. El tiempo suficiente para sentir tu respiración mezclarse con la mía antes de separarme unos centímetros. —Y tú… Mis dedos aprietan suavemente el hilo rojo. —Serás mi adalid, Jason.
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  • Dos de las familias mafiosas más influyentes de la ciudad habían decidido unir fuerzas tras años de tensión. Para evitar una guerra que arrastraría a ambos imperios, sellaron un acuerdo definitivo: un matrimonio arreglado entre sus herederos. No era una celebración de amor, sino una estrategia cuidadosamente calculada, donde la lealtad, el poder y la supervivencia pesaban más que cualquier sentimiento. A partir de ese momento, ambas vidas quedarían atadas no solo por un apellido compartido, sino por un mundo peligroso en el que cada paso en falso podía costarles todo.
    Dos de las familias mafiosas más influyentes de la ciudad habían decidido unir fuerzas tras años de tensión. Para evitar una guerra que arrastraría a ambos imperios, sellaron un acuerdo definitivo: un matrimonio arreglado entre sus herederos. No era una celebración de amor, sino una estrategia cuidadosamente calculada, donde la lealtad, el poder y la supervivencia pesaban más que cualquier sentimiento. A partir de ese momento, ambas vidas quedarían atadas no solo por un apellido compartido, sino por un mundo peligroso en el que cada paso en falso podía costarles todo.
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