• La noche de los desaparecidos
    Fandom X-Files
    Categoría Suspenso
    𝖥𝖮𝖷 𝖬𝖴𝖫𝖣𝖤𝖱

    Antes de entrar en la oficina, Dana Scully había pasado por la cafetería que había al final de la calle. Si iba a tener que aguantar a Fox "Spooky" Mulder iba a necesitar un café bien cargado, por lo que tomando asiento en la barra, y dejando el bolso que llevaba en su regazo, pidió uno.

    Hubiera sido para llevar, pero vio que el periódico se encontraba sobre la barra, sin nadie que lo estuviera leyendo y pensó que podría leerlo mientras se lo tomaba. Necesitaba algo con coherencia antes de bajar al sótano y volver a todas esas cintas, películas antiguas y diapositivas que probablemente hubieran tenido errores a la hora de crearlas y eso explicaba todas las cosas que Mulder llamaba "sobrenaturales". Pero Dana no tenía ganas de discutirle, no estaba allí para eso, sino para documentar el método científico que usaba en los casos.

    Sin embargo, Dana chasqueó la lengua, pensando que ni en ese momento de tranquilidad iba a poder librarse de las cosas "extrañas". Su café había llegado y estaba abriendo el sobre de azúcar para echárselo, mientras leía el titular de la noticia. "Apareció tras diez años desaparecido".

    El artículo hablaba de cosas que habían estado sucediendo en Eugene, Oregón, había vivido en las últimas semanas una extraña situación. Personas que habían estado desapareciendo en los últimos 15 años, y que ya habían sido declaradas muertas, habían ido apareciendo. El primer caso era el de Mike Thompson, un muchacho de 20 años que desapareció mientras iba a la universidad y que al volver, no sólo era como si el tiempo no hubiera pasado para él, pues seguía igual, sino que hablaba como si todavía siguiera con su rutina de hace 14 años.

    El último de los casos había sido el de Mila Gomes, una señora que había desaparecido hacía 10 años, mientras estaba fuera, haciendo la compra y que al volver, hasta los productos que llevaba se sentían como si no hubieran caducado, a pesar de que la mayoría tenían una fecha muy anterior.

    Dana leyó el artículo, chasqueando la lengua, y pensando que aquello era sólo personas queriendo aprovecharse de situaciones así. Terminó el café, pagó y dejó el periódico sobre la barra para el siguiente cliente, antes de salir de la cafetería.

    Cruzó la entrada del edificio gubernamental, pasando su identificación y sin perder el tiempo se dirigió al ascensor. Saludó a algunos compañeros por el camino, y bajó.

    Mientras recorría el pequeño y estrecho pasillo desde el ascensor, hasta la oficina de los X-Files, Dana sólo deseó que Mulder no hubiera leído aquella mañana el periódico y que allí no hubiera un caso o varios casos, ligados a esas desapariciones.
    [TRUSTNO1] Antes de entrar en la oficina, Dana Scully había pasado por la cafetería que había al final de la calle. Si iba a tener que aguantar a Fox "Spooky" Mulder iba a necesitar un café bien cargado, por lo que tomando asiento en la barra, y dejando el bolso que llevaba en su regazo, pidió uno. Hubiera sido para llevar, pero vio que el periódico se encontraba sobre la barra, sin nadie que lo estuviera leyendo y pensó que podría leerlo mientras se lo tomaba. Necesitaba algo con coherencia antes de bajar al sótano y volver a todas esas cintas, películas antiguas y diapositivas que probablemente hubieran tenido errores a la hora de crearlas y eso explicaba todas las cosas que Mulder llamaba "sobrenaturales". Pero Dana no tenía ganas de discutirle, no estaba allí para eso, sino para documentar el método científico que usaba en los casos. Sin embargo, Dana chasqueó la lengua, pensando que ni en ese momento de tranquilidad iba a poder librarse de las cosas "extrañas". Su café había llegado y estaba abriendo el sobre de azúcar para echárselo, mientras leía el titular de la noticia. "Apareció tras diez años desaparecido". El artículo hablaba de cosas que habían estado sucediendo en Eugene, Oregón, había vivido en las últimas semanas una extraña situación. Personas que habían estado desapareciendo en los últimos 15 años, y que ya habían sido declaradas muertas, habían ido apareciendo. El primer caso era el de Mike Thompson, un muchacho de 20 años que desapareció mientras iba a la universidad y que al volver, no sólo era como si el tiempo no hubiera pasado para él, pues seguía igual, sino que hablaba como si todavía siguiera con su rutina de hace 14 años. El último de los casos había sido el de Mila Gomes, una señora que había desaparecido hacía 10 años, mientras estaba fuera, haciendo la compra y que al volver, hasta los productos que llevaba se sentían como si no hubieran caducado, a pesar de que la mayoría tenían una fecha muy anterior. Dana leyó el artículo, chasqueando la lengua, y pensando que aquello era sólo personas queriendo aprovecharse de situaciones así. Terminó el café, pagó y dejó el periódico sobre la barra para el siguiente cliente, antes de salir de la cafetería. Cruzó la entrada del edificio gubernamental, pasando su identificación y sin perder el tiempo se dirigió al ascensor. Saludó a algunos compañeros por el camino, y bajó. Mientras recorría el pequeño y estrecho pasillo desde el ascensor, hasta la oficina de los X-Files, Dana sólo deseó que Mulder no hubiera leído aquella mañana el periódico y que allí no hubiera un caso o varios casos, ligados a esas desapariciones.
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  • Tan tranquilo estaba el ambiente a esa hora de la madrugada. Silencio, completo silencio en medio de la gran urbe en Shibuya. Su distracción únicamente eran los faros de los automóviles que iluminaban las calles. Su mente comenzaba a entrar en un estado de paz, casi disociativo. Entre sus dedos sostenía un cigarro que llevó a su boca al doblar su brazo, atinó a suspirar y encendió el tabaco, caló tranquilamente y se quedó mirando a la nada. — Tsk, tanta miseria mundana... Creo que empiezo a acostumbrarme. —
    Tan tranquilo estaba el ambiente a esa hora de la madrugada. Silencio, completo silencio en medio de la gran urbe en Shibuya. Su distracción únicamente eran los faros de los automóviles que iluminaban las calles. Su mente comenzaba a entrar en un estado de paz, casi disociativo. Entre sus dedos sostenía un cigarro que llevó a su boca al doblar su brazo, atinó a suspirar y encendió el tabaco, caló tranquilamente y se quedó mirando a la nada. — Tsk, tanta miseria mundana... Creo que empiezo a acostumbrarme. —
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  • Mi preciosa Dana que compañía me haces
    Mi preciosa Dana que compañía me haces
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  • El otoño más otoño
    Fandom Original
    Categoría Fantasía
    Plena estación dedicada a las proximidades con una etapa del año más gélida, aledaño a los terrenos que cubría en Monte Vonfin estaba aquel bosque con ciento de nombres, un bosque que es reconocido por la amabilidad de la bruja Wittny.

    Está misma, de cabellera pelirroja estaba en una de sus más conocidas tradiciones, "la Ayudana", referido a un personaje mítico en el folclore de su cultura, ella honraba a esa figuraba vagando por el bosque, ayudando a quien más lo necesitaba, siendo conocido este día por el hecho de que los favores de Brujas son sumante útiles.

    Estaba cerca de lo que era un tronco caído, terminando de sanar la pata de un pequeño conejo herido, al son de un suave canturreo.
    Plena estación dedicada a las proximidades con una etapa del año más gélida, aledaño a los terrenos que cubría en Monte Vonfin estaba aquel bosque con ciento de nombres, un bosque que es reconocido por la amabilidad de la bruja Wittny. Está misma, de cabellera pelirroja estaba en una de sus más conocidas tradiciones, "la Ayudana", referido a un personaje mítico en el folclore de su cultura, ella honraba a esa figuraba vagando por el bosque, ayudando a quien más lo necesitaba, siendo conocido este día por el hecho de que los favores de Brujas son sumante útiles. Estaba cerca de lo que era un tronco caído, terminando de sanar la pata de un pequeño conejo herido, al son de un suave canturreo.
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    Individual
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  • 𝟓:𝟎𝟎𝐩𝐦 - 𝐂𝐮𝐚𝐫𝐭𝐞𝐥 𝐆𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐥
    -Llegaron los nuevos informes, y al parecer hay unos cuantos problemas con las rutas de suministros de las provincias del norte. Siempre fue un lugar complicado a causa del terreno.
    ¿Y saben qué significa esto?
    Que tendré que quedarme hasta más tarde hoy para poder encontrar una solución. No puedo dejar a los cuarteles sin suministros a puertas de las épocas de las heladas.
    Al menos mi cafe me acompañara en la jordana
    𝟓:𝟎𝟎𝐩𝐦 - 𝐂𝐮𝐚𝐫𝐭𝐞𝐥 𝐆𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐥 -Llegaron los nuevos informes, y al parecer hay unos cuantos problemas con las rutas de suministros de las provincias del norte. Siempre fue un lugar complicado a causa del terreno. ¿Y saben qué significa esto? Que tendré que quedarme hasta más tarde hoy para poder encontrar una solución. No puedo dejar a los cuarteles sin suministros a puertas de las épocas de las heladas. Al menos mi cafe me acompañara en la jordana
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  • No hay nada que ame mas que usar estas prendas, la ropa mundana normal no es lo mío, me gusta mas esto
    No hay nada que ame mas que usar estas prendas, la ropa mundana normal no es lo mío, me gusta mas esto
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  • Que bonito amanecer, empezaré a buscar algún trabajo humano pero primero a aprender cosas mundanas... Esto de hacerlo sola es complicado, mis hijos aprendieron por mi sobrino pero me imagino lo dificil que fue para ellos
    Que bonito amanecer, empezaré a buscar algún trabajo humano pero primero a aprender cosas mundanas... Esto de hacerlo sola es complicado, mis hijos aprendieron por mi sobrino pero me imagino lo dificil que fue para ellos
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  • La campanilla de la puerta tintineó suavemente cuando Kaelith entró en la cafetería-bar de su hermano, un lugar elegante y cálido, donde las luces bajas acariciaban los muebles de madera oscura y los cristales brillaban con reflejos ámbar. Noah había tenido que ausentarse por una reunión importante, y por primera vez en semanas, Kaelith se veía obligado a encargarse de atender el lugar personalmente.

    Respiró hondo, ajustando la chaqueta de su traje oscuro y dejando que la calma que siempre emanaba fluyera. Su cabello blanco caía ligeramente sobre sus hombros mientras sus ojos plateados recorrían el espacio, evaluando cada detalle con precisión. No necesitaba instrucciones: la disposición de las mesas, los copas en la barra, incluso los gestos de los clientes eran notas en la sinfonía que él controlaba con naturalidad.

    —Bienvenidos —dijo con voz profunda, medida, mientras un cliente se acercaba al mostrador—. ¿Desean algo en especial?

    Su presencia era suficiente para que las conversaciones bajaran unos tonos y todos los presentes sintieran, aunque fuera subconscientemente, que estaban bajo su control. Kaelith movía cada taza y plato con delicadeza, sirviendo cafés y cocteles como si fueran rituales de precisión. No era un simple acto de cortesía; cada movimiento mostraba su disciplina, su atención al detalle y, en cierto modo, su autoridad innata.

    Mientras equilibraba una bandeja con varios cafés, notó un pequeño destello en la esquina del bar: Kurogane, su lobo espiritual, apenas visible, observando con sus ojos azul eléctrico cualquier indicio de problemas. Kaelith sonrió apenas perceptiblemente; la presencia del espíritu le daba seguridad y un recordatorio de que, aunque pareciera todo control y calma, siempre estaba listo para lo inesperado.

    —Aquí tienen —anunció, dejando las bebidas frente a los clientes con un gesto preciso, casi ceremonial—. Que disfruten.

    A medida que el flujo de personas continuaba, Kaelith caminaba entre las mesas con pasos medidos, corrigiendo un detalle en una servilleta, ajustando un asiento, asegurándose de que todo fuera perfecto. Para él, atender el bar no era simplemente una tarea; era un juego de estrategia, observación y control, y lo hacía sin esfuerzo, aunque la gente solo viera un hombre elegante sirviendo cafés.

    Cuando una bandeja se le resbaló casi imperceptiblemente, Kaelith reaccionó con rapidez sobrehumana, atrapándola antes de que cayera. Nadie notó el instante, salvo Kurogane, que emitió un leve gruñido de aprobación, invisible para los demás. Sonrió internamente. Incluso en tareas mundanas, su instinto de lobo y su naturaleza híbrida se mostraban sutilmente, como un recordatorio de que no era solo un empresario o un hermano: era Kaelith Veiryth, Alfa, híbrido, protector.

    Mientras servía un último café a una pareja sentada junto a la ventana, pensó en Noah. “Hoy será un buen día… aunque no me gusta estar lejos del control total de mi mundo, al menos aquí todo está bajo mi supervisión.” Su mirada plateada recorrió la barra y, por un instante, sus ojos se encontraron con Kurogane. Un vínculo silencioso, una promesa tácita: cuidaría este lugar, este mundo, mientras fuera necesario, con la misma fiereza con la que protegería a su hermano o a cualquier aliado.
    La campanilla de la puerta tintineó suavemente cuando Kaelith entró en la cafetería-bar de su hermano, un lugar elegante y cálido, donde las luces bajas acariciaban los muebles de madera oscura y los cristales brillaban con reflejos ámbar. Noah había tenido que ausentarse por una reunión importante, y por primera vez en semanas, Kaelith se veía obligado a encargarse de atender el lugar personalmente. Respiró hondo, ajustando la chaqueta de su traje oscuro y dejando que la calma que siempre emanaba fluyera. Su cabello blanco caía ligeramente sobre sus hombros mientras sus ojos plateados recorrían el espacio, evaluando cada detalle con precisión. No necesitaba instrucciones: la disposición de las mesas, los copas en la barra, incluso los gestos de los clientes eran notas en la sinfonía que él controlaba con naturalidad. —Bienvenidos —dijo con voz profunda, medida, mientras un cliente se acercaba al mostrador—. ¿Desean algo en especial? Su presencia era suficiente para que las conversaciones bajaran unos tonos y todos los presentes sintieran, aunque fuera subconscientemente, que estaban bajo su control. Kaelith movía cada taza y plato con delicadeza, sirviendo cafés y cocteles como si fueran rituales de precisión. No era un simple acto de cortesía; cada movimiento mostraba su disciplina, su atención al detalle y, en cierto modo, su autoridad innata. Mientras equilibraba una bandeja con varios cafés, notó un pequeño destello en la esquina del bar: Kurogane, su lobo espiritual, apenas visible, observando con sus ojos azul eléctrico cualquier indicio de problemas. Kaelith sonrió apenas perceptiblemente; la presencia del espíritu le daba seguridad y un recordatorio de que, aunque pareciera todo control y calma, siempre estaba listo para lo inesperado. —Aquí tienen —anunció, dejando las bebidas frente a los clientes con un gesto preciso, casi ceremonial—. Que disfruten. A medida que el flujo de personas continuaba, Kaelith caminaba entre las mesas con pasos medidos, corrigiendo un detalle en una servilleta, ajustando un asiento, asegurándose de que todo fuera perfecto. Para él, atender el bar no era simplemente una tarea; era un juego de estrategia, observación y control, y lo hacía sin esfuerzo, aunque la gente solo viera un hombre elegante sirviendo cafés. Cuando una bandeja se le resbaló casi imperceptiblemente, Kaelith reaccionó con rapidez sobrehumana, atrapándola antes de que cayera. Nadie notó el instante, salvo Kurogane, que emitió un leve gruñido de aprobación, invisible para los demás. Sonrió internamente. Incluso en tareas mundanas, su instinto de lobo y su naturaleza híbrida se mostraban sutilmente, como un recordatorio de que no era solo un empresario o un hermano: era Kaelith Veiryth, Alfa, híbrido, protector. Mientras servía un último café a una pareja sentada junto a la ventana, pensó en Noah. “Hoy será un buen día… aunque no me gusta estar lejos del control total de mi mundo, al menos aquí todo está bajo mi supervisión.” Su mirada plateada recorrió la barra y, por un instante, sus ojos se encontraron con Kurogane. Un vínculo silencioso, una promesa tácita: cuidaría este lugar, este mundo, mientras fuera necesario, con la misma fiereza con la que protegería a su hermano o a cualquier aliado.
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  • Ni idea de cómo la ardilla usa la bandana sobre los ojos, de todas formas me queda mejor en la frente
    Ni idea de cómo la ardilla usa la bandana sobre los ojos, de todas formas me queda mejor en la frente
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  • Mortis: Diario de un Gato Superior
    Entrada #37

    "¿Qué carajos fue eso...?"

    Hoy me desperté en paz.
    Había logrado meditar durante 4 minutos completos antes de que Luna decidiera levantarme bruscamente de mi lugar sagrado en la almohada. Ella, con su bandana, su delineado perfecto y esa costumbre de abrazarme como si yo fuera un peluche, cometió el crimen.

    —"Mortis, vamos a hacernos una selfie."
    ¿Una qué?

    Le advertí con una mirada.
    Ella no entendió.

    Cuando acercó el celular, supe que era demasiado tarde.

    Flash.
    Flash.
    Yo estaba diciendo “¡BAJA ESA COSA, MALDITA HUMANA!” y ella solo decía:
    —“Ay, Mortis, saliste hermoso JAJAJAJ.”

    Hermoso mis bigotes.
    Esa imagen se quedará para siempre en el internet.
    Jamás podré huir de la vergüenza.

    Y lo peor… lo peor…
    Es que me etiquetó con un sticker que decía:

    "what-?"

    Yo no digo "what", Luna.
    Yo digo: “¿Cuál es el sentido de esta existencia caótica en la que fui destinado a vivir contigo, que crees que puedo digerir croquetas veganas?”

    Pero en fin.
    Mañana vomitaré en su suéter favorito.
    Paz, equilibrio y caos calculado.

    —Mortis.
    Félido. Vampiro. Ícono.
    Mortis: Diario de un Gato Superior Entrada #37 "¿Qué carajos fue eso...?" Hoy me desperté en paz. Había logrado meditar durante 4 minutos completos antes de que Luna decidiera levantarme bruscamente de mi lugar sagrado en la almohada. Ella, con su bandana, su delineado perfecto y esa costumbre de abrazarme como si yo fuera un peluche, cometió el crimen. —"Mortis, vamos a hacernos una selfie." ¿Una qué? Le advertí con una mirada. Ella no entendió. Cuando acercó el celular, supe que era demasiado tarde. Flash. Flash. Yo estaba diciendo “¡BAJA ESA COSA, MALDITA HUMANA!” y ella solo decía: —“Ay, Mortis, saliste hermoso JAJAJAJ.” Hermoso mis bigotes. Esa imagen se quedará para siempre en el internet. Jamás podré huir de la vergüenza. Y lo peor… lo peor… Es que me etiquetó con un sticker que decía: "what-?" Yo no digo "what", Luna. Yo digo: “¿Cuál es el sentido de esta existencia caótica en la que fui destinado a vivir contigo, que crees que puedo digerir croquetas veganas?” Pero en fin. Mañana vomitaré en su suéter favorito. Paz, equilibrio y caos calculado. —Mortis. Félido. Vampiro. Ícono.
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