• Mi don, tu maldición
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    El Mito y la Condena
    En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz.

    Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre.

    Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos.

    Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera.

    A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó.

    Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso.

    Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar.

    En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una.

    El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza.

    La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable.

    El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna.

    Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir.

    "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos."
    — Verso Dessendre.

    ____________________________________
    «Época actual»

    Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino.

    Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica.

    «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo»

    Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa.

    Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento.
    Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora.

    El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave.

    Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí.

    Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    El Mito y la Condena En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz. Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre. Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos. Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera. A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó. Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso. Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar. En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una. El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza. La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable. El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna. Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir. "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos." — Verso Dessendre. ____________________________________ «Época actual» Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino. Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica. «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo» Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa. Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento. Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora. El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave. Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí. Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
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  • https://youtu.be/how2fuwTBdE?is=ZiF2mwM8Z8NOFQn4

    Jason Jaegerjaquez Ishtar

    *EL NUEVO MUNDO.*

    No aparto la mirada de tus ojos.

    Porque ahora sí puedo verte completo.

    No al hombre.
    No al asesino.
    No al demonio que aprendió a disfrutar de la crueldad como si fuese respirar.

    Te veo a ti.

    Y quizás por eso…
    no siento miedo.

    Mi mano asciende lentamente hasta cubrir la tuya sobre mi mejilla.
    El hilo rojo late entre ambos como si fuese un nervio vivo.
    Como si el propio caos estuviese escuchándonos.

    —Selin sigue hablándome en sueños.

    Mi voz apenas es un susurro.

    —Y cuanto más escucho… más entiendo que este mundo nació roto.

    El vacío a nuestro alrededor palpita.
    Sin cielo.
    Sin tierra.
    Sólo nosotros.

    —Las almas fueron encerradas en cuerpos imperfectos.
    Separadas.
    Condenadas a sentir miedo, odio, hambre, pérdida…
    A vivir aisladas unas de otras creyéndose individuos.

    Cierro los ojos apenas un instante.

    —Pero yo puedo escucharlas.
    Puedo sentir cómo todas desean lo mismo.

    Mi frente termina apoyándose contra la tuya.

    —Conectarse.

    El hilo rojo resplandece con más intensidad.
    Como una arteria atravesando la oscuridad absoluta.

    —Quiero destruir este mundo.
    No por odio.
    No por venganza.

    —Quiero destruirlo para reconstruirlo.

    Cada palabra cae lenta.
    Irrevocable.

    —Un lugar donde ningún corazón vuelva a estar solo.
    Donde las almas puedan tocarse entre sí.
    Comprenderse.
    Sentirse.
    Como una única existencia perfecta.

    Mi pulgar roza apenas tus labios.

    —Y para alcanzar algo así…

    Silencio.

    —Todo tiene que morir primero.

    Mis ojos entreabiertos buscan los tuyos una última vez.

    Y entonces sonrío.

    Triste.
    Hambrienta.
    Decidida.

    —En nombre del Caos.

    Después de pronunciarlo, reduzco la distancia entre ambos.

    No es un beso apasionado.
    Ni desesperado.

    Es apenas un roce lento de labios.
    Un juramento.

    Un pacto.

    El tiempo suficiente para sentir tu respiración mezclarse con la mía antes de separarme unos centímetros.

    —Y tú…

    Mis dedos aprietan suavemente el hilo rojo.

    —Serás mi adalid, Jason.
    https://youtu.be/how2fuwTBdE?is=ZiF2mwM8Z8NOFQn4 [Jason07] *EL NUEVO MUNDO.* No aparto la mirada de tus ojos. Porque ahora sí puedo verte completo. No al hombre. No al asesino. No al demonio que aprendió a disfrutar de la crueldad como si fuese respirar. Te veo a ti. Y quizás por eso… no siento miedo. Mi mano asciende lentamente hasta cubrir la tuya sobre mi mejilla. El hilo rojo late entre ambos como si fuese un nervio vivo. Como si el propio caos estuviese escuchándonos. —Selin sigue hablándome en sueños. Mi voz apenas es un susurro. —Y cuanto más escucho… más entiendo que este mundo nació roto. El vacío a nuestro alrededor palpita. Sin cielo. Sin tierra. Sólo nosotros. —Las almas fueron encerradas en cuerpos imperfectos. Separadas. Condenadas a sentir miedo, odio, hambre, pérdida… A vivir aisladas unas de otras creyéndose individuos. Cierro los ojos apenas un instante. —Pero yo puedo escucharlas. Puedo sentir cómo todas desean lo mismo. Mi frente termina apoyándose contra la tuya. —Conectarse. El hilo rojo resplandece con más intensidad. Como una arteria atravesando la oscuridad absoluta. —Quiero destruir este mundo. No por odio. No por venganza. —Quiero destruirlo para reconstruirlo. Cada palabra cae lenta. Irrevocable. —Un lugar donde ningún corazón vuelva a estar solo. Donde las almas puedan tocarse entre sí. Comprenderse. Sentirse. Como una única existencia perfecta. Mi pulgar roza apenas tus labios. —Y para alcanzar algo así… Silencio. —Todo tiene que morir primero. Mis ojos entreabiertos buscan los tuyos una última vez. Y entonces sonrío. Triste. Hambrienta. Decidida. —En nombre del Caos. Después de pronunciarlo, reduzco la distancia entre ambos. No es un beso apasionado. Ni desesperado. Es apenas un roce lento de labios. Un juramento. Un pacto. El tiempo suficiente para sentir tu respiración mezclarse con la mía antes de separarme unos centímetros. —Y tú… Mis dedos aprietan suavemente el hilo rojo. —Serás mi adalid, Jason.
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  • Estaba frustrado, perder el tiempo no es uno de mis hobbies, pero tampoco puedo parecer más sospechoso de lo normal.

    Debia admirar habían sido amables al darme un cigarrillo, solían ayudarme a pensar mejor, mientras los oficiales llegaban, y yo pensaba en cuál de todos los grandes problemas que me eh metido me trajo a esta situación, quiero decir acepte venir sin preguntar ni oponerme, por mera diversión pero estoy.... Ya estaba tomando más tiempo del debido.

    El rechinido de la puerta se escuchó minutos después y entrando a la habitación el oficial , no tardó en llegar a la mesa sonriendo como si hubiera atrapado al ratón y arrojó una fotografía sobre la mesa. La imagen estaba en blanco y negro, granulada, tomada desde un ángulo incómodo y a una distancia considerable. En ella, mi silueta apenas se distinguía entre las sombras de un callejón industrial en Sicilia, sosteniendo un cigarrillo a medio encender.

    Observé el papel un par de segundos inclinando ligeramente mi cabeza a la derecha, luego, levanté las manos esposadas con lentitud, llevándome el cigarrillo a los labios para dar una calada profunda. Exhalé el humo directamente hacia el rostro del policía, observando cómo sus ojos se entrecerraban con una mezcla de furia y frustración.

    —¿Eso es todo? —pregunté, deslizando la fotografía con la punta del dedo índice—. Esperaba algo con mejor resolución, Oficial. Mis trajes suelen fotografiar mucho mejor que este desastre de píxeles.

    —No te hagas el gracioso, Malatesta —dijo él, apoyando ambas manos sobre la mesa, inclinándose hacia mí para recortar la distancia—. Sabemos que estuviste ahí esa noche. Sabemos de ese negoció en el muelle y sabemos perfectamente qué significa tu apellido en esa zona. Esa foto te sitúa en la escena del crimen.

    Curve mi ceja derecha al escucharlo mirándolo fijamente mientras una sonrisa ligera, casi perezosa, se dibujaba en mis labios.
    —Esa foto me sitúa fumando en un callejón. Nada más —respondí con una calma arrastrada, modulando la voz con una perfecta elegancia aristocrática—. No hay armas en mis manos, no hay bolsas con mercancía, no hay rostros de terceros. Solo soy un empresario italiano disfrutando del aire nocturno. Verá... el problema de la policía es que confunden sus desesperados deseos de atrapar a un Malatesta con pruebas reales.

    —Podemos retenerte, Alessandro. Podemos hacer que esto sea muy largo para ti.—

    Dejé escapar una risa suave, un sonido magnético que carecía por completo de nerviosismo.
    —No, no pueden. Los dos sabemos cómo funciona este juego. Para retenerme más de unas pocas horas necesitan algo que sostenga su teoría ante un juez, y lo único que tiene ahí es un pésimo retrato de mi peor perfil —me incliné un poco hacia adelante, haciendo que las esposas tintinearan sobre la madera—. Mi apellido no solo compra hoteles, Oficial. Compra los mejores bufetes de abogados de Milán y Roma. En el momento en que mi abogado pise esta comisaría, esta fotografía va a terminar en la basura, y usted va a tener que explicarle a sus superiores por qué hizo perder el tiempo a un ciudadano que paga puntualmente sus impuestos.

    El oficial apretó la mandíbula, pero no respondió. Sus dedos comenzaron a tamborilear contra sus muslos, revelando el sutil pánico de quien sabe que acaba de perder el control de la conversación.
    —Así que hagamos esto más sencillo —continué en un susurro peligrosamente tranquilo, sosteniendo su mirada con mis ojos ámbar—. Guarde la foto, quíteme estas molestas esposas y déjeme terminar mi cigarrillo en paz. No soy un hombre violento, no me gusta la crueldad gratuita... pero detesto que me hagan perder el tiempo con juegos de aficionados.
    Estaba frustrado, perder el tiempo no es uno de mis hobbies, pero tampoco puedo parecer más sospechoso de lo normal. Debia admirar habían sido amables al darme un cigarrillo, solían ayudarme a pensar mejor, mientras los oficiales llegaban, y yo pensaba en cuál de todos los grandes problemas que me eh metido me trajo a esta situación, quiero decir acepte venir sin preguntar ni oponerme, por mera diversión pero estoy.... Ya estaba tomando más tiempo del debido. El rechinido de la puerta se escuchó minutos después y entrando a la habitación el oficial , no tardó en llegar a la mesa sonriendo como si hubiera atrapado al ratón y arrojó una fotografía sobre la mesa. La imagen estaba en blanco y negro, granulada, tomada desde un ángulo incómodo y a una distancia considerable. En ella, mi silueta apenas se distinguía entre las sombras de un callejón industrial en Sicilia, sosteniendo un cigarrillo a medio encender. Observé el papel un par de segundos inclinando ligeramente mi cabeza a la derecha, luego, levanté las manos esposadas con lentitud, llevándome el cigarrillo a los labios para dar una calada profunda. Exhalé el humo directamente hacia el rostro del policía, observando cómo sus ojos se entrecerraban con una mezcla de furia y frustración. —¿Eso es todo? —pregunté, deslizando la fotografía con la punta del dedo índice—. Esperaba algo con mejor resolución, Oficial. Mis trajes suelen fotografiar mucho mejor que este desastre de píxeles. —No te hagas el gracioso, Malatesta —dijo él, apoyando ambas manos sobre la mesa, inclinándose hacia mí para recortar la distancia—. Sabemos que estuviste ahí esa noche. Sabemos de ese negoció en el muelle y sabemos perfectamente qué significa tu apellido en esa zona. Esa foto te sitúa en la escena del crimen. Curve mi ceja derecha al escucharlo mirándolo fijamente mientras una sonrisa ligera, casi perezosa, se dibujaba en mis labios. —Esa foto me sitúa fumando en un callejón. Nada más —respondí con una calma arrastrada, modulando la voz con una perfecta elegancia aristocrática—. No hay armas en mis manos, no hay bolsas con mercancía, no hay rostros de terceros. Solo soy un empresario italiano disfrutando del aire nocturno. Verá... el problema de la policía es que confunden sus desesperados deseos de atrapar a un Malatesta con pruebas reales. —Podemos retenerte, Alessandro. Podemos hacer que esto sea muy largo para ti.— Dejé escapar una risa suave, un sonido magnético que carecía por completo de nerviosismo. —No, no pueden. Los dos sabemos cómo funciona este juego. Para retenerme más de unas pocas horas necesitan algo que sostenga su teoría ante un juez, y lo único que tiene ahí es un pésimo retrato de mi peor perfil —me incliné un poco hacia adelante, haciendo que las esposas tintinearan sobre la madera—. Mi apellido no solo compra hoteles, Oficial. Compra los mejores bufetes de abogados de Milán y Roma. En el momento en que mi abogado pise esta comisaría, esta fotografía va a terminar en la basura, y usted va a tener que explicarle a sus superiores por qué hizo perder el tiempo a un ciudadano que paga puntualmente sus impuestos. El oficial apretó la mandíbula, pero no respondió. Sus dedos comenzaron a tamborilear contra sus muslos, revelando el sutil pánico de quien sabe que acaba de perder el control de la conversación. —Así que hagamos esto más sencillo —continué en un susurro peligrosamente tranquilo, sosteniendo su mirada con mis ojos ámbar—. Guarde la foto, quíteme estas molestas esposas y déjeme terminar mi cigarrillo en paz. No soy un hombre violento, no me gusta la crueldad gratuita... pero detesto que me hagan perder el tiempo con juegos de aficionados.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ****Edad del Caos.****
    La Hija del Caos y la Luz de Yue

    La técnica de sellado atravesó el cuerpo de Yen como una descarga helada. Por un instante sintió que algo dentro de ella se rompía violentamente, como si le hubieran arrancado una parte del alma. La energía oscura que envolvía su espada desapareció de golpe y sus piernas cedieron. Cayó de rodillas entre los escombros mientras respiraba con dificultad.

    Asuna descendió lentamente frente a ella. Sus alas doradas iluminaban las ruinas y la sonrisa en su rostro mostraba una satisfacción cruel.

    -Por fin…- Dijo mientras bajaba su espada. -Por fin corté tu conexión con el poder del Caos.-

    Yen levantó la mirada confundida, sentía el cuerpo pesado, vacío.

    -¿Caos…? ¿De qué estás hablando…?-

    Asuna frunció el ceño, como si la pregunta le pareciera ridícula.

    -No te hagas la ignorante. Todos saben que tú y Ozma provienen del Mundo del Caos. Tu padre es el Rey del Caos… el monstruo que trajo destrucción a este mundo.-

    Por primera vez desde que comenzó la guerra, Yen entendió algo importante, sos Elunai realmente creían aquellas historias. Ella siempre pensó que “monstruos del caos” era solo una forma despectiva de referirse a ellos por su apariencia y poder. Nunca imaginó que los Dioses hubieran construido toda una mentira alrededor de su existencia.

    Yen apretó los dientes y logró levantarse un poco. -Mi padre no es ningún rey del caos…-

    Asuna rodó los ojos con fastidio. -Claro que lo es.

    -¡No!- Gritó Yen. -¡Oz no es un monstruo! ¡Es un esposo al que le arrebataron a su esposa! ¡Un padre al que le robaron a su hija… y le mataron a la otra!

    El viento recorrió las ruinas mientras su voz temblaba de rabia. -Los Elunai comenzaron todo esto. Mi padre solo se cansó de su crueldad… de sus experimentos… de sus mentiras!!-

    Pero Asuna ni siquiera tomó en serio sus palabras. Para ella, aquello no era más que la manipulación de una criatura nacida del Caos.

    -Siempre dicen cosas así.- Respondió con desprecio y antes de que Yen pudiera reaccionar, Asuna le golpeó el rostro con la empuñadura de su espada. Yen cayó inconsciente sobre las piedras destruidas.

    Horas después, despertó lentamente, el ambiente era frío y húmedo. Un débil olor a polvo antiguo llenaba el aire, Yen abrió los ojos y vio gruesos barrotes de la celda. Al girar la vista encontró a Onix encadenada contra la pared. Su cuerpo estaba lleno de heridas y marcas de golpes. La joven apenas podía mantenerse consciente. -Onix…!!!-

    Yen intentó levantarse, pero el sellado seguía afectándola. Su cuerpo se sentía extrañamente débil. Cada movimiento era pesado, antinatural. Onix levantó un poco la cabeza al escucharla.

    -Yen… ¿qué haces aquí…?-

    Yen ignoró el dolor y avanzó hasta ella tambaleándose. Se arrodilló frente a su amiga y observó las cadenas en sus brazos. Intentó usar nuevamente el poder oscuro al que estaba acostumbrada pero no ocurrió nada, el vacío seguía ahí, pero entonces, casi por instinto, recordó algo diferente, una sensación cálida, lejana y suave, la misma presencia que a veces sentía bajo la luna llena. Yen cerró los ojos y una pequeña luz blanca comenzó a aparecer entre sus manos.

    No era el poder oscuro que siempre había utilizado junto a Ozma, este era distinto, puro y sereno. La energía recorrió las cadenas y el cuerpo de Onix. Las heridas comenzaron a cerrarse lentamente mientras un brillo plateado envolvía la celda.

    Los ojos de Onix se abrieron con sorpresa. -¿Ese poder…?

    En el exterior, Asuna sintió aquella presencia y su expresión cambió por completo, el aura que provenía de la celda era imposible. Asuna corrió por los pasillos de las ruinas y abrió la puerta de golpe. La luz de la luna entraba por una pequeña ventana con barrotes, iluminando a Yen desde atrás. Su cabello oscuro reflejaba la luz plateada de tal forma que parecía volverse blanco por momentos, y entre sus manos seguía brillando aquella energía sagrada.

    Asuna retrocedió un paso, su mente no podía comprender lo que estaba viendo. Ese poder era idéntico al que las sacerdotisas Elunai utilizaban en los templos de la Diosa Yue.

    "¿Cómo es esto posible…?" *Se pregunto en su cabeaza. ¿Cómo podía una criatura nacida del Caos poseer un poder sagrado?
    ****Edad del Caos.**** La Hija del Caos y la Luz de Yue La técnica de sellado atravesó el cuerpo de Yen como una descarga helada. Por un instante sintió que algo dentro de ella se rompía violentamente, como si le hubieran arrancado una parte del alma. La energía oscura que envolvía su espada desapareció de golpe y sus piernas cedieron. Cayó de rodillas entre los escombros mientras respiraba con dificultad. Asuna descendió lentamente frente a ella. Sus alas doradas iluminaban las ruinas y la sonrisa en su rostro mostraba una satisfacción cruel. -Por fin…- Dijo mientras bajaba su espada. -Por fin corté tu conexión con el poder del Caos.- Yen levantó la mirada confundida, sentía el cuerpo pesado, vacío. -¿Caos…? ¿De qué estás hablando…?- Asuna frunció el ceño, como si la pregunta le pareciera ridícula. -No te hagas la ignorante. Todos saben que tú y Ozma provienen del Mundo del Caos. Tu padre es el Rey del Caos… el monstruo que trajo destrucción a este mundo.- Por primera vez desde que comenzó la guerra, Yen entendió algo importante, sos Elunai realmente creían aquellas historias. Ella siempre pensó que “monstruos del caos” era solo una forma despectiva de referirse a ellos por su apariencia y poder. Nunca imaginó que los Dioses hubieran construido toda una mentira alrededor de su existencia. Yen apretó los dientes y logró levantarse un poco. -Mi padre no es ningún rey del caos…- Asuna rodó los ojos con fastidio. -Claro que lo es. -¡No!- Gritó Yen. -¡Oz no es un monstruo! ¡Es un esposo al que le arrebataron a su esposa! ¡Un padre al que le robaron a su hija… y le mataron a la otra! El viento recorrió las ruinas mientras su voz temblaba de rabia. -Los Elunai comenzaron todo esto. Mi padre solo se cansó de su crueldad… de sus experimentos… de sus mentiras!!- Pero Asuna ni siquiera tomó en serio sus palabras. Para ella, aquello no era más que la manipulación de una criatura nacida del Caos. -Siempre dicen cosas así.- Respondió con desprecio y antes de que Yen pudiera reaccionar, Asuna le golpeó el rostro con la empuñadura de su espada. Yen cayó inconsciente sobre las piedras destruidas. Horas después, despertó lentamente, el ambiente era frío y húmedo. Un débil olor a polvo antiguo llenaba el aire, Yen abrió los ojos y vio gruesos barrotes de la celda. Al girar la vista encontró a Onix encadenada contra la pared. Su cuerpo estaba lleno de heridas y marcas de golpes. La joven apenas podía mantenerse consciente. -Onix…!!!- Yen intentó levantarse, pero el sellado seguía afectándola. Su cuerpo se sentía extrañamente débil. Cada movimiento era pesado, antinatural. Onix levantó un poco la cabeza al escucharla. -Yen… ¿qué haces aquí…?- Yen ignoró el dolor y avanzó hasta ella tambaleándose. Se arrodilló frente a su amiga y observó las cadenas en sus brazos. Intentó usar nuevamente el poder oscuro al que estaba acostumbrada pero no ocurrió nada, el vacío seguía ahí, pero entonces, casi por instinto, recordó algo diferente, una sensación cálida, lejana y suave, la misma presencia que a veces sentía bajo la luna llena. Yen cerró los ojos y una pequeña luz blanca comenzó a aparecer entre sus manos. No era el poder oscuro que siempre había utilizado junto a Ozma, este era distinto, puro y sereno. La energía recorrió las cadenas y el cuerpo de Onix. Las heridas comenzaron a cerrarse lentamente mientras un brillo plateado envolvía la celda. Los ojos de Onix se abrieron con sorpresa. -¿Ese poder…? En el exterior, Asuna sintió aquella presencia y su expresión cambió por completo, el aura que provenía de la celda era imposible. Asuna corrió por los pasillos de las ruinas y abrió la puerta de golpe. La luz de la luna entraba por una pequeña ventana con barrotes, iluminando a Yen desde atrás. Su cabello oscuro reflejaba la luz plateada de tal forma que parecía volverse blanco por momentos, y entre sus manos seguía brillando aquella energía sagrada. Asuna retrocedió un paso, su mente no podía comprender lo que estaba viendo. Ese poder era idéntico al que las sacerdotisas Elunai utilizaban en los templos de la Diosa Yue. "¿Cómo es esto posible…?" *Se pregunto en su cabeaza. ¿Cómo podía una criatura nacida del Caos poseer un poder sagrado?
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  • CAZA

    Cae la noche… y conmigo desciende el juicio.
    Las ciudades duermen, ignorantes,
    mientras mis alas rasgan el silencio
    como un presagio que nadie comprende.
    Huelo el miedo antes de que exista,
    lo saboreo en el latido torpe
    de quienes creen poder esconderse
    de lo inevitable.
    No corro. No persigo.
    La caza… viene a mí.
    Sus pasos vacilan,
    sus almas gritan antes que sus bocas,
    y en ese instante —tan frágil—
    decido si merecen desaparecer.
    No es hambre lo que me guía,
    ni crueldad… aunque así lo nombren.
    Es orden. Es propósito.
    Es la dulce armonía de un mundo corregido.
    Mis alas cubren la luna,
    y por un segundo… todo queda en sombras.
    Ahí es cuando entienden.
    No hay escape del cielo que cae.
    CAZA Cae la noche… y conmigo desciende el juicio. Las ciudades duermen, ignorantes, mientras mis alas rasgan el silencio como un presagio que nadie comprende. Huelo el miedo antes de que exista, lo saboreo en el latido torpe de quienes creen poder esconderse de lo inevitable. No corro. No persigo. La caza… viene a mí. Sus pasos vacilan, sus almas gritan antes que sus bocas, y en ese instante —tan frágil— decido si merecen desaparecer. No es hambre lo que me guía, ni crueldad… aunque así lo nombren. Es orden. Es propósito. Es la dulce armonía de un mundo corregido. Mis alas cubren la luna, y por un segundo… todo queda en sombras. Ahí es cuando entienden. No hay escape del cielo que cae.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    ***Edad del Caos****
    “El Precio de la Luna”

    Los años habían endurecido al mundo y también a Yen. La que alguna vez fue una niña perdida ahora marchaba al frente de ejércitos. Su nombre ya no se susurraba con duda, sino con respeto entre los Kijin, aquellos que alguna vez fueron nómadas y que ahora habían elegido su propio destino, su propia identidad.

    Yen peleaba a su lado como igual, las campañas contra los Elunai continuaban sin descanso. Ciudad tras ciudad caía, cadenas eran rotas y pueblos enteros recuperaban su libertad. Sin embargo, la libertad no traía siempre valentía. Muchos de los liberados elegían no empuñar armas, y ni Ozma ni Yen los obligaban. No todos nacían para la guerra y ellos lo entendían.

    Pero hubo un lugar distinto, un antiguo centro de investigación. El aire ahí estaba cargado como si la tierra misma recordara el dolor.

    Cuando el asalto comenzó, los Elunai no huyeron de inmediato, activaron su último recurso... Una aberración. De entre los restos del laboratorio emergió algo que alguna vez fue un Nómada. Su cuerpo estaba deformado, cubierto de músculos grotescos, con colmillos que sobresalían como cuchillas y cuernos retorcidos. Su largo cabello blanco caía hasta la cintura como una sombra. En sus manos, un hacha de guerra descomunal.

    No era un soldado, era un experimento. Yen avanzó, por primera vez, el ejército era suyo y no iba a fallar. La batalla fue brutal, cada golpe del monstruo sacudía la tierra. Yen respondía con velocidad y precisión, moviéndose como una sombra bajo la luna invisible del día. Pero aquella cosa no sentía dolor, solo destrucción.

    Porque mientras ella luchaba con técnica, aquella cosa luchaba con puro instinto desatado. Pero entonces... El error llegó en un instante, un movimiento mal calculado, un poder mal canalizado y el castigo fue brutal.

    Su brazo fue arrancado, el dolor indescriptible, sus soldados Kijin dudaron, creyeron su que princesa guerrera iba caer, pero aun así, Yen no retrocedió.

    Algo dentro de ella, ese impulso que siempre la empujaba hacia adelante tomó el control. Junto a Onix, que se mantuvo firme incluso ante el horror, lograron derribar a la criatura y librarla del sufrimiento.

    Pero la victoria no se sintió como tal, los Kijin la llevaron ante Ozma, él percibió algo que lo hizo detenerse. El poder de Yen era grande, demasiado grande para alguien que aún no comprendía lo que tenía.

    Para él, aquello solo significaba una cosa: su hija había crecido y si había crecido, entonces debía ser capaz. Sanó sus heridas pero no su brazo, no fue crueldad, fue convicción.

    Desde su perspectiva, Yen ya tenía todo lo necesario. Si no podía regenerarse era porque aún no lo intentaba de verdad. Porque no había sido llevada al límite correcto.

    Ozma no conocía la verdad, no sabía que el poder de Yen no había crecido de forma natural. Que la bendición lunar, heredada de Selin, había abierto puertas antes de tiempo.

    Le había dado acceso a algo sin enseñarle a usarlo, era como darle a un niño un libro imposible de leer y esperar que entendiera las palabras.

    Yen aceptó la desicion de su padre porque confiaba en él, siempre lo había hecho. Pasaron varios dias para que Yen recuperara su poder agotado, ella sabia lo que tenia hacer, esa noche era la indicada... Pero cuando llegó la luna llena y trató de repetir aquello que una vez mas no hubo respuesta.

    Yen entrenó, intentó, insistió, pero nada. No entendía qué había hecho aquella noche ni cómo volver a hacerlo.

    Por primera vez, su poder no respondía a su voluntad y eso la frustraba más que cualquier herida. Los Kijin, que habían aprendido a observar y adaptarse, comprendieron algo distinto. Ellos no veían a una guerrera fallando veían un problema práctico y lo resolvieron.

    Le dieron un brazo artificial, tosco, hecho con conocimiento robado a los Elunai. No era elegante ni mucho menos perfecto pero funcionaba.

    Cuando Yen lo colocó, sintió el peso, no solo era físico, era la prueba de algo que nunca había enfrentado antes: No bastaba con ser fuerte.

    Había partes de sí misma que aún no entendía y que, por primera vez su crecimiento se había detenido. No por falta de poder sino por falta de guía.
    ***Edad del Caos**** “El Precio de la Luna” Los años habían endurecido al mundo y también a Yen. La que alguna vez fue una niña perdida ahora marchaba al frente de ejércitos. Su nombre ya no se susurraba con duda, sino con respeto entre los Kijin, aquellos que alguna vez fueron nómadas y que ahora habían elegido su propio destino, su propia identidad. Yen peleaba a su lado como igual, las campañas contra los Elunai continuaban sin descanso. Ciudad tras ciudad caía, cadenas eran rotas y pueblos enteros recuperaban su libertad. Sin embargo, la libertad no traía siempre valentía. Muchos de los liberados elegían no empuñar armas, y ni Ozma ni Yen los obligaban. No todos nacían para la guerra y ellos lo entendían. Pero hubo un lugar distinto, un antiguo centro de investigación. El aire ahí estaba cargado como si la tierra misma recordara el dolor. Cuando el asalto comenzó, los Elunai no huyeron de inmediato, activaron su último recurso... Una aberración. De entre los restos del laboratorio emergió algo que alguna vez fue un Nómada. Su cuerpo estaba deformado, cubierto de músculos grotescos, con colmillos que sobresalían como cuchillas y cuernos retorcidos. Su largo cabello blanco caía hasta la cintura como una sombra. En sus manos, un hacha de guerra descomunal. No era un soldado, era un experimento. Yen avanzó, por primera vez, el ejército era suyo y no iba a fallar. La batalla fue brutal, cada golpe del monstruo sacudía la tierra. Yen respondía con velocidad y precisión, moviéndose como una sombra bajo la luna invisible del día. Pero aquella cosa no sentía dolor, solo destrucción. Porque mientras ella luchaba con técnica, aquella cosa luchaba con puro instinto desatado. Pero entonces... El error llegó en un instante, un movimiento mal calculado, un poder mal canalizado y el castigo fue brutal. Su brazo fue arrancado, el dolor indescriptible, sus soldados Kijin dudaron, creyeron su que princesa guerrera iba caer, pero aun así, Yen no retrocedió. Algo dentro de ella, ese impulso que siempre la empujaba hacia adelante tomó el control. Junto a Onix, que se mantuvo firme incluso ante el horror, lograron derribar a la criatura y librarla del sufrimiento. Pero la victoria no se sintió como tal, los Kijin la llevaron ante Ozma, él percibió algo que lo hizo detenerse. El poder de Yen era grande, demasiado grande para alguien que aún no comprendía lo que tenía. Para él, aquello solo significaba una cosa: su hija había crecido y si había crecido, entonces debía ser capaz. Sanó sus heridas pero no su brazo, no fue crueldad, fue convicción. Desde su perspectiva, Yen ya tenía todo lo necesario. Si no podía regenerarse era porque aún no lo intentaba de verdad. Porque no había sido llevada al límite correcto. Ozma no conocía la verdad, no sabía que el poder de Yen no había crecido de forma natural. Que la bendición lunar, heredada de Selin, había abierto puertas antes de tiempo. Le había dado acceso a algo sin enseñarle a usarlo, era como darle a un niño un libro imposible de leer y esperar que entendiera las palabras. Yen aceptó la desicion de su padre porque confiaba en él, siempre lo había hecho. Pasaron varios dias para que Yen recuperara su poder agotado, ella sabia lo que tenia hacer, esa noche era la indicada... Pero cuando llegó la luna llena y trató de repetir aquello que una vez mas no hubo respuesta. Yen entrenó, intentó, insistió, pero nada. No entendía qué había hecho aquella noche ni cómo volver a hacerlo. Por primera vez, su poder no respondía a su voluntad y eso la frustraba más que cualquier herida. Los Kijin, que habían aprendido a observar y adaptarse, comprendieron algo distinto. Ellos no veían a una guerrera fallando veían un problema práctico y lo resolvieron. Le dieron un brazo artificial, tosco, hecho con conocimiento robado a los Elunai. No era elegante ni mucho menos perfecto pero funcionaba. Cuando Yen lo colocó, sintió el peso, no solo era físico, era la prueba de algo que nunca había enfrentado antes: No bastaba con ser fuerte. Había partes de sí misma que aún no entendía y que, por primera vez su crecimiento se había detenido. No por falta de poder sino por falta de guía.
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  • -Luego de volver del mundo espiritual, Angyar venía acompañada de Nathaniel solo para asegurarse que descansará.
    A unos metros de la casa ambos sintieron unas presencias conocidas para ellos, se miraron y siguieron entrando a la casa.
    Al abrir la puerta se encontraron con tres figuras, dos mujeres una pelirroja, la otra cabello canoso y un hombre de barba cabello negro, todos de traje del color de su cabello.-

    War: Vaya, te has demorado “muerte”, ya íbamos a ir a buscar.
    -dijo la mujer de cabello rojo levantándose del sillón de la peliblanca -

    Famine: tranquila “guerra”, la única inquieta de los cuatro siempre has sido tú.
    -dijo el hombre de cabello y barba negra con calma-

    Pandemic: “guerra” nos vino a buscar, y tú “ muerte” eras la última como siempre, junto con “oscuridad”.
    -Mencionó la mujer de cabello corto y canoso, la peliblanca miró de reojo a Nathaniel quien mantenía la mirada a los otros tres-

    Angy: y bien.. que hacen acá los tres. No sabía que había pijama party.
    -Pandemic se rió tapándose la boca, pero a War no le causó gracia acercándose a la peliblanca -

    War: debemos volver, yo ya estoy actuando.. luego será Famine y Pandemic, y tú darás el golpe final Death junto con Dark.

    -Angyar suspiro cruzándose de brazos cerrando los ojos, Nathaniel fue a la cocina a traer té para todos y galletas.-

    Angyar: Gracias pero está vez paso War.. si quieres hacerlo háganlo pero no cuenten conmigo.

    -Eso no le gustó mucho a la pelirroja, frunciendo el ceño agarrando el cuello de la blusa de la peliblanca acercandola-

    War: vas a ir con nosotros quieras o no Death..

    -La mirada de Angyar se volvió más fría que antes-

    Angyar: ¿o que?, vas a matarme “guerra” por no cumplir tus caprichos de niña malcriada…
    -termino de decir eso la regente del mundo espiritual y la pelirroja le lanzó un puñetazo en el rostro. El rostro de Famine y Pandemic quedaron congelados con los ojos abiertos, Nathaniel en cambio estaba en alerta.
    La peliblanca, se limpio la sangre del labio, sus ojos ya no eran azul gélidos eran un azul oscuro.-

    Angyar: déjame devolverte la caricia..
    -dijo la parca, y dió un empujón a la pelirroja hacia el baño, pero cuando está cayó la habitación no era el cuarto del baño, era un lugar oscuro que no se veía ni puertas ni salidas.
    Frente a la pelirroja una figura con una túnica negra que entre avanzaba parecía crecer, 1,87 cm o 2,00 cm.
    Debajo de la túnica una calavera con ojos brillantes se veía, antes de que la pelirroja pudiera ir a por ella, un golpe seco le dió en el estómago, la guadaña.
    Lanzandola a unos metros pisadas que no se escuchaban, cuando la pelirroja se iba a incorporar un corte en su torso rompió el silencio del lugar con el grito del jinete del apocalipsis, el dolor era insoportable, no era la piel era el alma que estaba abriendo y una luz se veía.
    Los dedos huesudos de la muerte acercaron a la luz apretando el alma de “guerra” quien grito nuevamente. Una voz completamente distorsionada y grave, que no era humana-

    Death: escúchame, está es una advertencia… si digo, no participaré, es no… si vuelves a insistir. Ya sabes que haré, ¿entendido?

    -la pelirroja se retorcía de dolor las cuencas de los ojos de la calavera parecían entrecerrar-

    Death: no te escuché… ¿entendiste?

    War: Si!!..
    -los dedos huesudos soltaron el alma del jinete y la pelirroja quedó desmayada, la apertura se cerró en cuanto sacó su mano del lugar.
    La miro un momento, y luego dió un chasquido de sus dedos, un golpe sordo se escuchó en el baño, Nathaniel sintió la presencia de ambas y fue al baño abriendo la puerta, la escena la pelirroja en la bañera desmayada y la peliblanca mirando la ventana tranquilamente.-

    Pandemic: ¿A dónde fueron?..y ¿está muerta?...
    -dijo acercándose a la pelirroja, Famine le negó mientras con Nathaniel la sacaban de la bañera, y la peliblanca caminaba a la sala de estar sentadose para terminar su té -

    Famine: Es un lugar que no está en ningún lugar físico, ni en el mundo espiritual. Dicen que ahí se alojan las pesadillas más horribles.

    Nathaniel: es un lugar creado y hecho por Azrael, si entras ahí solo ella puede sacarte, las pesadillas que están ahí Azrael las dejo en ese lugar. Y el poder de Azrael es mayor en ese lugar así como su crueldad.
    -Los dos hombres dejaron a War en el sillón largo descansar, Pandemic miraba a Angyar con algo de respeto-

    Pandemic: siento mucho molestarte, Death.
    -La peliblanca levantó su mirada a la canosa ladeando el rostro como si no entendiera lo que pasaba-

    Angyar: está bien, de igual forma es bueno ver que están bien… y no te preocupes, War está bien.. dormirá un rato pero despertará
    -Sabía que le preocupaba su amiga al menos eso podía escuchar en sus pensamientos -

    Famine: me sorprende que siendo el que podía hacer algo no intervinieran Nathaniel..
    -El secretario lo miró y luego miró a la peliblanca -

    Nathaniel: War la provocó primero, y tú ya has visto qué pasa si se enoja… podría intervenir pero si no resulta podría haberse enojado más
    -Famine se rió al escucharlo apoyando su mano en el hombro -

    Famine: veo que no solo respetas a Death… si solo te hubieran incluído no seríamos cuatro sino cinco, todos olvidaron que en Egipto después de la muerte venía..

    Nathaniel: la oscuridad…
    -añadió con voz suave mirando sombriamente-
    -Luego de volver del mundo espiritual, Angyar venía acompañada de Nathaniel solo para asegurarse que descansará. A unos metros de la casa ambos sintieron unas presencias conocidas para ellos, se miraron y siguieron entrando a la casa. Al abrir la puerta se encontraron con tres figuras, dos mujeres una pelirroja, la otra cabello canoso y un hombre de barba cabello negro, todos de traje del color de su cabello.- War: Vaya, te has demorado “muerte”, ya íbamos a ir a buscar. -dijo la mujer de cabello rojo levantándose del sillón de la peliblanca - Famine: tranquila “guerra”, la única inquieta de los cuatro siempre has sido tú. -dijo el hombre de cabello y barba negra con calma- Pandemic: “guerra” nos vino a buscar, y tú “ muerte” eras la última como siempre, junto con “oscuridad”. -Mencionó la mujer de cabello corto y canoso, la peliblanca miró de reojo a Nathaniel quien mantenía la mirada a los otros tres- Angy: y bien.. que hacen acá los tres. No sabía que había pijama party. -Pandemic se rió tapándose la boca, pero a War no le causó gracia acercándose a la peliblanca - War: debemos volver, yo ya estoy actuando.. luego será Famine y Pandemic, y tú darás el golpe final Death junto con Dark. -Angyar suspiro cruzándose de brazos cerrando los ojos, Nathaniel fue a la cocina a traer té para todos y galletas.- Angyar: Gracias pero está vez paso War.. si quieres hacerlo háganlo pero no cuenten conmigo. -Eso no le gustó mucho a la pelirroja, frunciendo el ceño agarrando el cuello de la blusa de la peliblanca acercandola- War: vas a ir con nosotros quieras o no Death.. -La mirada de Angyar se volvió más fría que antes- Angyar: ¿o que?, vas a matarme “guerra” por no cumplir tus caprichos de niña malcriada… -termino de decir eso la regente del mundo espiritual y la pelirroja le lanzó un puñetazo en el rostro. El rostro de Famine y Pandemic quedaron congelados con los ojos abiertos, Nathaniel en cambio estaba en alerta. La peliblanca, se limpio la sangre del labio, sus ojos ya no eran azul gélidos eran un azul oscuro.- Angyar: déjame devolverte la caricia.. -dijo la parca, y dió un empujón a la pelirroja hacia el baño, pero cuando está cayó la habitación no era el cuarto del baño, era un lugar oscuro que no se veía ni puertas ni salidas. Frente a la pelirroja una figura con una túnica negra que entre avanzaba parecía crecer, 1,87 cm o 2,00 cm. Debajo de la túnica una calavera con ojos brillantes se veía, antes de que la pelirroja pudiera ir a por ella, un golpe seco le dió en el estómago, la guadaña. Lanzandola a unos metros pisadas que no se escuchaban, cuando la pelirroja se iba a incorporar un corte en su torso rompió el silencio del lugar con el grito del jinete del apocalipsis, el dolor era insoportable, no era la piel era el alma que estaba abriendo y una luz se veía. Los dedos huesudos de la muerte acercaron a la luz apretando el alma de “guerra” quien grito nuevamente. Una voz completamente distorsionada y grave, que no era humana- Death: escúchame, está es una advertencia… si digo, no participaré, es no… si vuelves a insistir. Ya sabes que haré, ¿entendido? -la pelirroja se retorcía de dolor las cuencas de los ojos de la calavera parecían entrecerrar- Death: no te escuché… ¿entendiste? War: Si!!.. -los dedos huesudos soltaron el alma del jinete y la pelirroja quedó desmayada, la apertura se cerró en cuanto sacó su mano del lugar. La miro un momento, y luego dió un chasquido de sus dedos, un golpe sordo se escuchó en el baño, Nathaniel sintió la presencia de ambas y fue al baño abriendo la puerta, la escena la pelirroja en la bañera desmayada y la peliblanca mirando la ventana tranquilamente.- Pandemic: ¿A dónde fueron?..y ¿está muerta?... -dijo acercándose a la pelirroja, Famine le negó mientras con Nathaniel la sacaban de la bañera, y la peliblanca caminaba a la sala de estar sentadose para terminar su té - Famine: Es un lugar que no está en ningún lugar físico, ni en el mundo espiritual. Dicen que ahí se alojan las pesadillas más horribles. Nathaniel: es un lugar creado y hecho por Azrael, si entras ahí solo ella puede sacarte, las pesadillas que están ahí Azrael las dejo en ese lugar. Y el poder de Azrael es mayor en ese lugar así como su crueldad. -Los dos hombres dejaron a War en el sillón largo descansar, Pandemic miraba a Angyar con algo de respeto- Pandemic: siento mucho molestarte, Death. -La peliblanca levantó su mirada a la canosa ladeando el rostro como si no entendiera lo que pasaba- Angyar: está bien, de igual forma es bueno ver que están bien… y no te preocupes, War está bien.. dormirá un rato pero despertará -Sabía que le preocupaba su amiga al menos eso podía escuchar en sus pensamientos - Famine: me sorprende que siendo el que podía hacer algo no intervinieran Nathaniel.. -El secretario lo miró y luego miró a la peliblanca - Nathaniel: War la provocó primero, y tú ya has visto qué pasa si se enoja… podría intervenir pero si no resulta podría haberse enojado más -Famine se rió al escucharlo apoyando su mano en el hombro - Famine: veo que no solo respetas a Death… si solo te hubieran incluído no seríamos cuatro sino cinco, todos olvidaron que en Egipto después de la muerte venía.. Nathaniel: la oscuridad… -añadió con voz suave mirando sombriamente-
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  • Hubo una ves... Que pensaba que el amor era algo pasajero, un sentimiento de soledad que nos hace querer a alguien a nuestro lado, Por el echo de que yo observo en silencio, lo analizó y me lo guardo.

    Lo que llegaba a notar era traición, engaños e incluso crueldad en algunos casos... Y esto no solo lo veía en relaciones amorosas, en relaciones de familia, de amistad... Personas que se llevan conociendo tantos años, que algunos a pesar de eso deciden lastimar al otro y cuando eso pasa... Algunos la mayoría les gusta vengarse.

    Para mí el amor no era nada más que una ilusión tonta para no querer quedarse solo... Pero yo tambien caí en esa ilusión tonta no solo una, si no dos veces...

    Cierta parte de mi quería que fuera real, Pero como dije antes yo observo, analizó y me lo guardo... Hasta que llega el momento de soltarlo todo y eso fue lo que hice, lo solté... Lo solté absolutamente todo cerrandome otra vez a la posibilidad de querer a otro ser...

    Pero claro... Esto para los que creen en cupido, cupido, ay cupido tu y tus planes aveces me hacen enfadar... Y cuando menos lo imaginé me hiciste que lo conociera, a él... Y volví a caer, tuve que ponerse en su mira en ese momento y me disparó con sus flechas... Pero está ves no solo me disparó a mi, si no que también a él..

    Haciendo que todo cayera... Mi creencia que el amor era algo estúpido, pasajero y solo en busca de no querer estar solo... Hiciste que todo cayera al conocerte cada día más, al querer sentirse cada ves más cerca de mi... Aparecer a tu lado cada ves que estabas solo o al menos lo intentaba.

    Solo espero... Que cupido no se allá equivocado con nosotros.

    Espero no estar equivocandome contigo Jason Elaris
    Hubo una ves... Que pensaba que el amor era algo pasajero, un sentimiento de soledad que nos hace querer a alguien a nuestro lado, Por el echo de que yo observo en silencio, lo analizó y me lo guardo. Lo que llegaba a notar era traición, engaños e incluso crueldad en algunos casos... Y esto no solo lo veía en relaciones amorosas, en relaciones de familia, de amistad... Personas que se llevan conociendo tantos años, que algunos a pesar de eso deciden lastimar al otro y cuando eso pasa... Algunos la mayoría les gusta vengarse. Para mí el amor no era nada más que una ilusión tonta para no querer quedarse solo... Pero yo tambien caí en esa ilusión tonta no solo una, si no dos veces... Cierta parte de mi quería que fuera real, Pero como dije antes yo observo, analizó y me lo guardo... Hasta que llega el momento de soltarlo todo y eso fue lo que hice, lo solté... Lo solté absolutamente todo cerrandome otra vez a la posibilidad de querer a otro ser... Pero claro... Esto para los que creen en cupido, cupido, ay cupido tu y tus planes aveces me hacen enfadar... Y cuando menos lo imaginé me hiciste que lo conociera, a él... Y volví a caer, tuve que ponerse en su mira en ese momento y me disparó con sus flechas... Pero está ves no solo me disparó a mi, si no que también a él.. Haciendo que todo cayera... Mi creencia que el amor era algo estúpido, pasajero y solo en busca de no querer estar solo... Hiciste que todo cayera al conocerte cada día más, al querer sentirse cada ves más cerca de mi... Aparecer a tu lado cada ves que estabas solo o al menos lo intentaba. Solo espero... Que cupido no se allá equivocado con nosotros. Espero no estar equivocandome contigo [jay.elaris]
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  • Si cierro los párpados, la oscuridad no me trae paz, sino el desfile de las almas que se desviaron de mi rastro de ceniza.

    ¿Qué fue de aquel niño engendrado en el pecado, esa criatura híbrida cuya sola existencia desafiaba la voluntad divina? ¿Fue devorado por la crueldad intrínseca del hombre, o logró arrastrarse fuera del fango de su propio destino?

    ¿Y qué del caballero que hallé entre la niebla del bosque, donde los árboles susurran blasfemias? Me pregunto si sus brazos cedieron ante el peso de su acero sagrado, o si su mente se quebró ante los himnos de esos falsos salvadores que prometen luz mientras te arrastran al abismo.

    ¿Y aquel cazador... ese iluso que juraba purgar la oscuridad con fuego y hierro? ¿Se habrá convertido ya en la bestia que tanto ansiaba aniquilar?

    En esta tierra de penitencia, la línea entre el verdugo y el monstruo es tan fina como el filo de mi propia arma.
    Si cierro los párpados, la oscuridad no me trae paz, sino el desfile de las almas que se desviaron de mi rastro de ceniza. ¿Qué fue de aquel niño engendrado en el pecado, esa criatura híbrida cuya sola existencia desafiaba la voluntad divina? ¿Fue devorado por la crueldad intrínseca del hombre, o logró arrastrarse fuera del fango de su propio destino? ¿Y qué del caballero que hallé entre la niebla del bosque, donde los árboles susurran blasfemias? Me pregunto si sus brazos cedieron ante el peso de su acero sagrado, o si su mente se quebró ante los himnos de esos falsos salvadores que prometen luz mientras te arrastran al abismo. ¿Y aquel cazador... ese iluso que juraba purgar la oscuridad con fuego y hierro? ¿Se habrá convertido ya en la bestia que tanto ansiaba aniquilar? En esta tierra de penitencia, la línea entre el verdugo y el monstruo es tan fina como el filo de mi propia arma.
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  • ── He visto vuestro mundo herido por la crueldad, y aun así, contemplo con asombro cómo vuestra chispa divina se empeña, contra toda tiniebla, en hallar siempre la luz del ascenso. ──
    ── He visto vuestro mundo herido por la crueldad, y aun así, contemplo con asombro cómo vuestra chispa divina se empeña, contra toda tiniebla, en hallar siempre la luz del ascenso. ──
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