• EL SUSURRÓ DE LOS GRIMORIOS
    Categoría Acción
    Rol con: Dante Son Of Sparda
    Vergil Sparda
    Sparda The King Devil
    León Scott Kennedy
    Striker Assasin Cowboy

    -Me encontraba sumido en la penumbra de mi estudio, rodeado del aroma a papel viejo y cera quemada. Me permití un momento de quietud para memorizar nuevos rituales, pues el conocimiento es una ambición que nunca se sacia. Mientras mis ojos recorrían las líneas de los grimorios, mi mano descendió de forma instintiva hacia mi vientre, recorriéndolo con una caricia suave, casi protectora. Me detuve a reflexionar sobre la composición de la fórmula: la pureza de ciertas hierbas en contraste con la corrupción de las cenizas de un clérigo condenado. Era una alquimia blasfema; al combinar ambos elementos, el elixir resultante poseería una potencia fascinante, un secreto que solo aquellos que desafían lo sagrado pueden comprender.-
    Rol con: [solar_yellow_frog_924] [Vergil_Sparda_Oficial] [vortex_yellow_pigeon_115] [Leon_scottkennedy241319] [solar_brass_dolphin_556] -Me encontraba sumido en la penumbra de mi estudio, rodeado del aroma a papel viejo y cera quemada. Me permití un momento de quietud para memorizar nuevos rituales, pues el conocimiento es una ambición que nunca se sacia. Mientras mis ojos recorrían las líneas de los grimorios, mi mano descendió de forma instintiva hacia mi vientre, recorriéndolo con una caricia suave, casi protectora. Me detuve a reflexionar sobre la composición de la fórmula: la pureza de ciertas hierbas en contraste con la corrupción de las cenizas de un clérigo condenado. Era una alquimia blasfema; al combinar ambos elementos, el elixir resultante poseería una potencia fascinante, un secreto que solo aquellos que desafían lo sagrado pueden comprender.-
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    13
    9 turnos 0 maullidos
  • La antigua sala de entrenamiento de la Orgullo del Emperador aún conservaba la estructura perfecta de sus épocas de esplendor. Ahora, esa perfección de la que orgullosamente se había jactado durante esos tiempos dorados, no era más que la sombra de algo perverso. Un instrumento afinado para los más exquisitos excesos.

    Sus imponentes puertas y solidas paredes habían sido profanadas con símbolos oscuros. En otro tiempo, la Orgullo del Emperador habría sido un paraíso para los amantes del arte de Terra, con célebres esculturas erigiéndose como representantes de piedra de la belleza y la naturaleza, y cuadros enmarcados en oro decorando las paredes. Cualquiera que entrara en su interior habría pensado que se encontraba dentro de un museo andante, más que una nave insignia. Ahora la corrupción del caos exaltaba su presencia en formas imposibles y deformes. El aire estaba cargado del aroma del metal caliente y algo dulce, corrupto, que se adhería a los sentidos.

    El piso, del color del más fino vino, le devolvió el reflejo de su armadura. La música del caos reverberaba en el interior de la sala, expectante, como un testigo sin ojos ni voz, preparado para vitorear gritos de asombro por lo que iba a ocurrir allí dentro a continuación. Cersei observó las marcas en el suelo, antes habían sido líneas rectas, disciplinadas; ahora se extendían en surcos irregulares marcados por uñas y algo que quizá había sido acero. O quizá no.

    ────Antes solía entrenar aquí para servir al Emperador… ─murmuró. La música era lenta, como un espectador llegando a un estadio y buscaba su asiento entre las filas antes del espectáculo── Ahora… ahora puede tener un uso mucho más divertido, ¿no lo crees? Morgana Blight
    La antigua sala de entrenamiento de la Orgullo del Emperador aún conservaba la estructura perfecta de sus épocas de esplendor. Ahora, esa perfección de la que orgullosamente se había jactado durante esos tiempos dorados, no era más que la sombra de algo perverso. Un instrumento afinado para los más exquisitos excesos. Sus imponentes puertas y solidas paredes habían sido profanadas con símbolos oscuros. En otro tiempo, la Orgullo del Emperador habría sido un paraíso para los amantes del arte de Terra, con célebres esculturas erigiéndose como representantes de piedra de la belleza y la naturaleza, y cuadros enmarcados en oro decorando las paredes. Cualquiera que entrara en su interior habría pensado que se encontraba dentro de un museo andante, más que una nave insignia. Ahora la corrupción del caos exaltaba su presencia en formas imposibles y deformes. El aire estaba cargado del aroma del metal caliente y algo dulce, corrupto, que se adhería a los sentidos. El piso, del color del más fino vino, le devolvió el reflejo de su armadura. La música del caos reverberaba en el interior de la sala, expectante, como un testigo sin ojos ni voz, preparado para vitorear gritos de asombro por lo que iba a ocurrir allí dentro a continuación. Cersei observó las marcas en el suelo, antes habían sido líneas rectas, disciplinadas; ahora se extendían en surcos irregulares marcados por uñas y algo que quizá había sido acero. O quizá no. ────Antes solía entrenar aquí para servir al Emperador… ─murmuró. La música era lenta, como un espectador llegando a un estadio y buscaba su asiento entre las filas antes del espectáculo── Ahora… ahora puede tener un uso mucho más divertido, ¿no lo crees? [pulse_pink_fox_501]
    14 turnos 0 maullidos
  • Maldición... valió la pena cada gota de ese Petrus, pero este martilleo en la cabeza es insoportable. Ni la corrupción me deja tan acabado como esta cruda de Navidad. ¿A quién se le ocurrió que poner música tan fuerte era buena idea.
    Maldición... valió la pena cada gota de ese Petrus, pero este martilleo en la cabeza es insoportable. Ni la corrupción me deja tan acabado como esta cruda de Navidad. ¿A quién se le ocurrió que poner música tan fuerte era buena idea.
    Me enjaja
    Me gusta
    Me shockea
    Me emputece
    8
    4 turnos 0 maullidos
  • Ryu リュウ・イシュタル・ヨキン

    Camino sola.
    O eso aparento.

    Veythra camina conmigo, pero ya no proyecta su sombra; se repliega, se disuelve en lo más hondo de mi alma, como una bestia cansada que acepta el silencio. Soy yo, Lili, quien avanza hacia el templo de Yue, o hacia lo que queda de él: ruinas plateadas, heridas abiertas en la memoria del mundo.

    Mis pasos son firmes, aunque mi cuerpo no lo esté.
    El sello Qadistu me devora despacio. No hay disfraz, no hay glamour de reina ni caricia de magia. Mi piel muestra la corrupción, las grietas del sacrificio, el precio de haber sido usada como vasija, como semilla de un ejército que yo pedí. Camino así, expuesta, porque no me queda nada que ocultar.

    Las ruinas me ven.
    Y responden.

    La plata se alza, se recompone, canta. El templo me reconoce. No como diosa, no como monstruo, sino como hija. Me aceptan… me reclaman. Las columnas resurgen como huesos que recuerdan su forma original, y el aire vibra con una devoción antigua.

    A mi lado, 001 observa en silencio. Sus ojos no juzgan. Aprende. Una niña entendiendo, poco a poco, cuál es su lugar en un mundo que nació roto.

    El caldero plateado me espera.
    Bebo un solo sorbo.

    El dolor retrocede. Mi cuerpo vuelve a su forma conocida, no porque esté curado, sino porque el templo me concede un respiro. Me siento en el trono. La piedra es fría. Justa. 001 se coloca de pie a mi lado, recta, atenta, como si ese gesto ya estuviera escrito en su destino.

    Y entonces… solo queda un nombre.

    Ryu.

    ¿Estás aullando a la luna, lobita mía?
    ¿Me aúllas a mí… o a lo que hice?
    ¿A lo que permití que hicieran conmigo?

    Vendí mi cuerpo al caos para crear monstruos, sí.
    Pero nunca vendí mi corazón.
    Ese sigue latiendo, herido, obstinado, aferrado a tu recuerdo.

    Dime…
    ¿Aún me amas más de lo que me odias?

    Porque esto —todo esto— es lo único que me queda.

    No el trono.
    No el poder.
    No el ejército.

    Mi corazón.

    Y aun roto, aun temblando…
    te lo entrego.
    Mi amor.
    [Ryu] Camino sola. O eso aparento. Veythra camina conmigo, pero ya no proyecta su sombra; se repliega, se disuelve en lo más hondo de mi alma, como una bestia cansada que acepta el silencio. Soy yo, Lili, quien avanza hacia el templo de Yue, o hacia lo que queda de él: ruinas plateadas, heridas abiertas en la memoria del mundo. Mis pasos son firmes, aunque mi cuerpo no lo esté. El sello Qadistu me devora despacio. No hay disfraz, no hay glamour de reina ni caricia de magia. Mi piel muestra la corrupción, las grietas del sacrificio, el precio de haber sido usada como vasija, como semilla de un ejército que yo pedí. Camino así, expuesta, porque no me queda nada que ocultar. Las ruinas me ven. Y responden. La plata se alza, se recompone, canta. El templo me reconoce. No como diosa, no como monstruo, sino como hija. Me aceptan… me reclaman. Las columnas resurgen como huesos que recuerdan su forma original, y el aire vibra con una devoción antigua. A mi lado, 001 observa en silencio. Sus ojos no juzgan. Aprende. Una niña entendiendo, poco a poco, cuál es su lugar en un mundo que nació roto. El caldero plateado me espera. Bebo un solo sorbo. El dolor retrocede. Mi cuerpo vuelve a su forma conocida, no porque esté curado, sino porque el templo me concede un respiro. Me siento en el trono. La piedra es fría. Justa. 001 se coloca de pie a mi lado, recta, atenta, como si ese gesto ya estuviera escrito en su destino. Y entonces… solo queda un nombre. Ryu. ¿Estás aullando a la luna, lobita mía? ¿Me aúllas a mí… o a lo que hice? ¿A lo que permití que hicieran conmigo? Vendí mi cuerpo al caos para crear monstruos, sí. Pero nunca vendí mi corazón. Ese sigue latiendo, herido, obstinado, aferrado a tu recuerdo. Dime… ¿Aún me amas más de lo que me odias? Porque esto —todo esto— es lo único que me queda. No el trono. No el poder. No el ejército. Mi corazón. Y aun roto, aun temblando… te lo entrego. Mi amor.
    Me gusta
    Me emputece
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Lyra

    No fue dolor al principio.
    Fue miedo.

    Un miedo silencioso, profundo, que no gritaba…
    susurraba.

    Lo sentí en el pecho, como si algo que siempre había sido luz comenzara a temblar.
    Mi respiración se volvió irregular. No porque faltara aire, sino porque la energía que me recorría ya no fluía igual.

    Mi esencia celestial…
    estaba cambiando.

    Me miré las manos. No había sangre, no había heridas, pero la sensación era peor:
    era como si la luz bajo mi piel se estuviera manchando.

    —No… —susurré, retrocediendo un paso.

    Recordé las palabras que nunca quise escuchar.
    Las advertencias sobre el linaje de mi madre.
    La maldición que había sido sellada generaciones atrás, dormida, paciente.

    “Cuando la diosa despierte por completo, la corrupción también lo hará.”

    El aire a mi alrededor se volvió pesado.
    Mi aura, normalmente suave, comenzó a oscilar, alternando entre brillo y sombra.
    Sentía dos fuerzas dentro de mí tirando en direcciones opuestas.

    Quería gritar, pero no salía sonido alguno.
    Solo ese temblor constante en mi núcleo.

    —No soy eso… —me repetí, como un mantra—. No soy la corrupción.

    Pero el miedo no escucha razones.

    Vi reflejos que no reconocía.
    No monstruos…
    sino versiones de mí que no sabía si eran posibles.

    Mi corazón latía con fuerza.
    No por rabia.
    Por pánico.

    Pensé en Darían. En su estabilidad.
    Pensé en Zyran, en su caos vivo.
    Y me di cuenta de algo que me aterrorizó aún más:

    Yo era el equilibrio.
    Y si yo caía…
    todo el linaje lo haría conmigo.

    Mis rodillas cedieron y me apoyé contra la pared, respirando con dificultad.
    La luz volvió a aparecer, débil, temblorosa, como una vela a punto de apagarse.

    —Mamá… —murmuré, con la voz rota—. ¿Qué me dejaste?

    No era odio lo que sentía.
    Era miedo de convertirme en aquello que ella había intentado huir toda su vida.

    Cerré los ojos, apretando los puños.

    No iba a dejar que la maldición decidiera por mí.
    No todavía.

    Pero por primera vez…
    entendí que mi luz no era pura.

    Y que amar la vida
    también significaba
    aprender a convivir con la sombra.


    ---

    No duró mucho.
    Tal vez segundos.
    Pero en mí… fue eterno.

    Estaba sola cuando ocurrió. Eso fue lo peor.
    O quizá lo mejor.

    La luz volvió a concentrarse en mi pecho sin aviso, como si alguien hubiese apretado un núcleo invisible dentro de mí. Mi espalda se arqueó y el aire escapó de mis pulmones en un jadeo ahogado.

    —No… ahora no…

    Mi aura estalló.

    No hacia afuera, sino hacia dentro.

    Sentí cómo la energía celestial, esa que siempre había sido tibia y ordenada, se torcía, como si algo la estuviera re-escribiendo. No era oscuridad total… era una luz enferma, inestable.

    Mis ojos ardieron.
    No de fuego.
    De contradicción.

    La habitación tembló apenas, lo suficiente para que los objetos vibraran, como si el mundo dudara conmigo. Mis manos comenzaron a brillar… y luego a apagarse… una y otra vez, sin ritmo.

    —¡Detente! —grité, a mí misma.

    Pero mi esencia no obedecía.

    Por un instante —solo uno— sentí algo que no era mío:
    una voz antigua, cansada, arrastrándose por mi linaje.

    “No luches.”

    El miedo me atravesó como una daga.

    —¡Cállate! —respondí, con la voz quebrada.

    La energía se liberó de golpe.

    No destruyó nada.
    No hirió a nadie.

    Pero me rompió.

    Caí de rodillas, las manos apoyadas en el suelo frío, respirando de forma errática. La luz se disipó como humo y el silencio volvió, pesado, acusador.

    Mi corazón latía desbocado.

    Mis manos… temblaban.

    —Eso… eso no era yo… —susurré, horrorizada.

    Pero en el fondo, una verdad cruel se asentó en mi pecho:

    Sí había sido yo.
    Una parte de mí que no conocía.
    Una parte heredada.
    Maldita.

    Me abracé a mí misma, intentando sentir algo firme, algo real.
    Mi luz volvió lentamente, débil, cautelosa, como si también tuviera miedo de mí ahora.

    No lloré.
    No grité.

    Solo pensé, con terror absoluto:

    ¿Y si la próxima vez no puedo detenerme?

    Ese fue el momento exacto en que dejé de sentirme una diosa en formación…
    y comencé a sentirme humana.

    Frágil.
    Insegura.
    Asustada.


    ---

    Darían Veyrith Reis
    Viktor Kaelith Veyrith
    Constantin Aurelian Reis
    Lyra No fue dolor al principio. Fue miedo. Un miedo silencioso, profundo, que no gritaba… susurraba. Lo sentí en el pecho, como si algo que siempre había sido luz comenzara a temblar. Mi respiración se volvió irregular. No porque faltara aire, sino porque la energía que me recorría ya no fluía igual. Mi esencia celestial… estaba cambiando. Me miré las manos. No había sangre, no había heridas, pero la sensación era peor: era como si la luz bajo mi piel se estuviera manchando. —No… —susurré, retrocediendo un paso. Recordé las palabras que nunca quise escuchar. Las advertencias sobre el linaje de mi madre. La maldición que había sido sellada generaciones atrás, dormida, paciente. “Cuando la diosa despierte por completo, la corrupción también lo hará.” El aire a mi alrededor se volvió pesado. Mi aura, normalmente suave, comenzó a oscilar, alternando entre brillo y sombra. Sentía dos fuerzas dentro de mí tirando en direcciones opuestas. Quería gritar, pero no salía sonido alguno. Solo ese temblor constante en mi núcleo. —No soy eso… —me repetí, como un mantra—. No soy la corrupción. Pero el miedo no escucha razones. Vi reflejos que no reconocía. No monstruos… sino versiones de mí que no sabía si eran posibles. Mi corazón latía con fuerza. No por rabia. Por pánico. Pensé en Darían. En su estabilidad. Pensé en Zyran, en su caos vivo. Y me di cuenta de algo que me aterrorizó aún más: Yo era el equilibrio. Y si yo caía… todo el linaje lo haría conmigo. Mis rodillas cedieron y me apoyé contra la pared, respirando con dificultad. La luz volvió a aparecer, débil, temblorosa, como una vela a punto de apagarse. —Mamá… —murmuré, con la voz rota—. ¿Qué me dejaste? No era odio lo que sentía. Era miedo de convertirme en aquello que ella había intentado huir toda su vida. Cerré los ojos, apretando los puños. No iba a dejar que la maldición decidiera por mí. No todavía. Pero por primera vez… entendí que mi luz no era pura. Y que amar la vida también significaba aprender a convivir con la sombra. --- No duró mucho. Tal vez segundos. Pero en mí… fue eterno. Estaba sola cuando ocurrió. Eso fue lo peor. O quizá lo mejor. La luz volvió a concentrarse en mi pecho sin aviso, como si alguien hubiese apretado un núcleo invisible dentro de mí. Mi espalda se arqueó y el aire escapó de mis pulmones en un jadeo ahogado. —No… ahora no… Mi aura estalló. No hacia afuera, sino hacia dentro. Sentí cómo la energía celestial, esa que siempre había sido tibia y ordenada, se torcía, como si algo la estuviera re-escribiendo. No era oscuridad total… era una luz enferma, inestable. Mis ojos ardieron. No de fuego. De contradicción. La habitación tembló apenas, lo suficiente para que los objetos vibraran, como si el mundo dudara conmigo. Mis manos comenzaron a brillar… y luego a apagarse… una y otra vez, sin ritmo. —¡Detente! —grité, a mí misma. Pero mi esencia no obedecía. Por un instante —solo uno— sentí algo que no era mío: una voz antigua, cansada, arrastrándose por mi linaje. “No luches.” El miedo me atravesó como una daga. —¡Cállate! —respondí, con la voz quebrada. La energía se liberó de golpe. No destruyó nada. No hirió a nadie. Pero me rompió. Caí de rodillas, las manos apoyadas en el suelo frío, respirando de forma errática. La luz se disipó como humo y el silencio volvió, pesado, acusador. Mi corazón latía desbocado. Mis manos… temblaban. —Eso… eso no era yo… —susurré, horrorizada. Pero en el fondo, una verdad cruel se asentó en mi pecho: Sí había sido yo. Una parte de mí que no conocía. Una parte heredada. Maldita. Me abracé a mí misma, intentando sentir algo firme, algo real. Mi luz volvió lentamente, débil, cautelosa, como si también tuviera miedo de mí ahora. No lloré. No grité. Solo pensé, con terror absoluto: ¿Y si la próxima vez no puedo detenerme? Ese fue el momento exacto en que dejé de sentirme una diosa en formación… y comencé a sentirme humana. Frágil. Insegura. Asustada. --- [illusion_bronze_lion_523] [fusion_pearl_frog_373] [cosmic_garnet_rhino_424]
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    6
    5 turnos 0 maullidos
  • • Así que este es el poder de la Corrupción que blandía Quachil Uttaus. Oho, útil sí, muy útil en verdad. Y tan desaprovechado por un ser tan poco elegante y con una visión tan limitada de lo que se puede lograr con él, ohoho.

    Está en mejores manos ahora, criatura, así que siéntete halagada. •
    • Así que este es el poder de la Corrupción que blandía Quachil Uttaus. Oho, útil sí, muy útil en verdad. Y tan desaprovechado por un ser tan poco elegante y con una visión tan limitada de lo que se puede lograr con él, ohoho. Está en mejores manos ahora, criatura, así que siéntete halagada. •
    Me emputece
    2
    7 turnos 0 maullidos
  • El nombre del cadáver.
    Categoría Original
    ⊹┈┈┈┈┈┈⊹
    ⤷ 𝒓𝒐𝒍 𝒂𝒃𝒊𝒆𝒓𝒕𝒐 / 𝒍𝒊𝒃𝒓𝒆 / 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒄𝒖𝒂𝒍𝒒𝒖𝒊𝒆𝒓𝒂
    ⊹┈┈┈┈┈┈⊹


    En una de sus tantas caminatas que solía hacer para despejar su mente, había conseguido entre varios árboles una pequeña capilla abandonada, la cual se convertiría en su refugio y en su escondite. Allí se encontraba en ese preciso momento, realmente agotado, debido a que esta última ‘cacería’ había sido algo difícil, inesperada, improvisada. Se encontraba sentado fumándose un cigarro, restándole importancia a las manchas de sangre de sus manos, rostro y ropa, manchando bajo su tacto la madera polvorienta de las bancas del recinto y corrompiendo solo con su simple presencia lo sagrado que quedaba en aquel lugar.

    Alzó su mirada hacia la gran figura en la cruz que estaba en todo el centro, como si esperara algún devoto para que le rezara. Eunwoo no era devoto, pero tuvo una conversación con aquella imagen.

    —Hubiese sido más fácil matarme que tener que vivir de esta forma. Sé que estoy condenado… condenado a vivir solo y escondido como la especie de monstruo que tú creaste y que todos temen. Si tan solo me hubiera convertido en un asesino a sueldo, en vez de ser un caníbal al que le gusta pintar, tal vez sería más aceptado, o por lo menos por un grupo de gente que trabaja para la corrupción a gran escala sin que les importe quién se mancha las manos— Su tono y actitud eran serenos, hablaba pausado como si nada perturbara su voz, aunque sabía que dentro de él podía esconder una gran carga de ira y agresividad, desde aquel incidente no se había podido quitar la culpa de encima y fue la primera vez que se cuestionó su sangrienta naturaleza -dando inicio a una vida torturada-.

    Al terminar un cigarro encendía otro, años anteriores vivía un poco más en conflicto consigo mismo y con el mundo, ahora y en este punto el dolor se había convertido en ironía, por eso se escapa allí a esa capilla, uno de los pocos lugares que conocía sus secretos y ocultaba la sangre en las manchas de moho, polvo y tierra del lugar. ¿Cuántos otros pecados más estarían resguardados entre las agrietadas paredes?

    Tal vez su vida fuese más interesante si estuviese siendo perseguido, pero eso de ser un asesino en serie nunca se le dió, su lado artístico le tomaba una buena parte de su tiempo y su ser meticuloso, asqueado con facilidad por el resto de la raza humana, lo hacía ser tan selectivo con sus presas que aquellas desapariciones pasaban inadvertidas con el tiempo, sobretodo porque siempre buscaba personas igual de solitarias que él. O personas que deseaban morir.

    Si se comiera a alguien importante, su vida definitivamente correría una adrenalina inigualable, pero no estaba seguro de querer arriesgarse, tal vez más adelante cuando el poco sentido que le veía a la vida se le terminara de esfumar.

    —Uhm… Todavía estoy a tiempo de convertirme en uno de ellos, si me como a algunas víctimas a nadie le importaría— Seguía divagando observando el humo, dejando que las colillas cayeran sobre la vieja madera. Volteó a un costado y allí se encontraba aquel cuerpo inerte, todos esos pensamientos surgían a raíz de esa persona que yacía a unos pocos pasos a su lado, considerando todas las posibilidades.

    ¿A quién engañaba realmente?

    Sabía que había cometido un error, su descuido lo hizo tomarse del cabello y apoyar su frente del respaldo de la banca siguiente, gruñendo con frustración sin dejar que se convirtiera en un grito. Se pasó las manos por el rostro, ya no le importaba si se manchaba más de sangre, colilla y polvo, le crecía el estrés al reconocer su equivocación, pues jamás le había pasado eso. Jamás. Aún así, por más complicada que estuviese una situación, sabía mantener la calma y resolver impecablemente, así que esta vez no sería la excepción, ¿cierto…?

    Por primera vez en su vida no sabía a quién había asesinado.
    ⊹┈┈┈🩸♰🩸┈┈┈⊹ ⤷ 𝒓𝒐𝒍 𝒂𝒃𝒊𝒆𝒓𝒕𝒐 / 𝒍𝒊𝒃𝒓𝒆 / 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒄𝒖𝒂𝒍𝒒𝒖𝒊𝒆𝒓𝒂 ⊹┈┈┈🩸♰🩸┈┈┈⊹ En una de sus tantas caminatas que solía hacer para despejar su mente, había conseguido entre varios árboles una pequeña capilla abandonada, la cual se convertiría en su refugio y en su escondite. Allí se encontraba en ese preciso momento, realmente agotado, debido a que esta última ‘cacería’ había sido algo difícil, inesperada, improvisada. Se encontraba sentado fumándose un cigarro, restándole importancia a las manchas de sangre de sus manos, rostro y ropa, manchando bajo su tacto la madera polvorienta de las bancas del recinto y corrompiendo solo con su simple presencia lo sagrado que quedaba en aquel lugar. Alzó su mirada hacia la gran figura en la cruz que estaba en todo el centro, como si esperara algún devoto para que le rezara. Eunwoo no era devoto, pero tuvo una conversación con aquella imagen. —Hubiese sido más fácil matarme que tener que vivir de esta forma. Sé que estoy condenado… condenado a vivir solo y escondido como la especie de monstruo que tú creaste y que todos temen. Si tan solo me hubiera convertido en un asesino a sueldo, en vez de ser un caníbal al que le gusta pintar, tal vez sería más aceptado, o por lo menos por un grupo de gente que trabaja para la corrupción a gran escala sin que les importe quién se mancha las manos— Su tono y actitud eran serenos, hablaba pausado como si nada perturbara su voz, aunque sabía que dentro de él podía esconder una gran carga de ira y agresividad, desde aquel incidente no se había podido quitar la culpa de encima y fue la primera vez que se cuestionó su sangrienta naturaleza -dando inicio a una vida torturada-. Al terminar un cigarro encendía otro, años anteriores vivía un poco más en conflicto consigo mismo y con el mundo, ahora y en este punto el dolor se había convertido en ironía, por eso se escapa allí a esa capilla, uno de los pocos lugares que conocía sus secretos y ocultaba la sangre en las manchas de moho, polvo y tierra del lugar. ¿Cuántos otros pecados más estarían resguardados entre las agrietadas paredes? Tal vez su vida fuese más interesante si estuviese siendo perseguido, pero eso de ser un asesino en serie nunca se le dió, su lado artístico le tomaba una buena parte de su tiempo y su ser meticuloso, asqueado con facilidad por el resto de la raza humana, lo hacía ser tan selectivo con sus presas que aquellas desapariciones pasaban inadvertidas con el tiempo, sobretodo porque siempre buscaba personas igual de solitarias que él. O personas que deseaban morir. Si se comiera a alguien importante, su vida definitivamente correría una adrenalina inigualable, pero no estaba seguro de querer arriesgarse, tal vez más adelante cuando el poco sentido que le veía a la vida se le terminara de esfumar. —Uhm… Todavía estoy a tiempo de convertirme en uno de ellos, si me como a algunas víctimas a nadie le importaría— Seguía divagando observando el humo, dejando que las colillas cayeran sobre la vieja madera. Volteó a un costado y allí se encontraba aquel cuerpo inerte, todos esos pensamientos surgían a raíz de esa persona que yacía a unos pocos pasos a su lado, considerando todas las posibilidades. ¿A quién engañaba realmente? Sabía que había cometido un error, su descuido lo hizo tomarse del cabello y apoyar su frente del respaldo de la banca siguiente, gruñendo con frustración sin dejar que se convirtiera en un grito. Se pasó las manos por el rostro, ya no le importaba si se manchaba más de sangre, colilla y polvo, le crecía el estrés al reconocer su equivocación, pues jamás le había pasado eso. Jamás. Aún así, por más complicada que estuviese una situación, sabía mantener la calma y resolver impecablemente, así que esta vez no sería la excepción, ¿cierto…? Por primera vez en su vida no sabía a quién había asesinado.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    2
    14 turnos 3 maullidos
  • Me duele la cabeza

    -suspiro caminado con ansiedad de un lado a otro abrazándose a si misma. No sabe que es lo que siente pero no se siente bien. Desde que ese hijo de perra que tiene todo el descaro del mundo de hacerse llamar el hijo de Adán comenzó a actuar más como exterminador al punto de incluso tener el mismo uniforme... Su ira a incrementado y remato cuando vio como su señor, el maldito hombre de barro al que le a sido leal por siglos.... Lo apoya ?
    Jajaja
    Apoya a un maldito aparecido que nisiquiera salió de su verga antes de .... De ... A ella?!!

    Golpeó los cristales de la ventana que estaban detrás de ella, algunos trozos del cristal cortaron sus manos derramando sangre pero esta vez no era dorada del todo tenía manchas negras señal de su inicio de corrupción. Rio isterica dando media vuelta observando el cuerpo de Lord Sesshomaru con la lanza clavada aún en su cráneo partido en dos. Se acercó al perro quitándole la corona de gemas de la cabeza -

    Concéntrate lute, tienes que.... Tienes que.... Tengo que ?

    -miro la corona no recordaba porque le ordenó a alucard que le trajera a sesshomaru o porque lo a herido.... Suspiro abrazando la corona mirando el reloj en el techo -

    Tengo que cocinar !! Adán y ese feo hombre anciano necesitan comer en 15 minutos !!!

    -salio corriendo a la cocina tendrá que volar para cocinar algo que esos dos puedan degustar -
    Me duele la cabeza -suspiro caminado con ansiedad de un lado a otro abrazándose a si misma. No sabe que es lo que siente pero no se siente bien. Desde que ese hijo de perra que tiene todo el descaro del mundo de hacerse llamar el hijo de Adán comenzó a actuar más como exterminador al punto de incluso tener el mismo uniforme... Su ira a incrementado y remato cuando vio como su señor, el maldito hombre de barro al que le a sido leal por siglos.... Lo apoya ? Jajaja Apoya a un maldito aparecido que nisiquiera salió de su verga antes de .... De ... A ella?!! Golpeó los cristales de la ventana que estaban detrás de ella, algunos trozos del cristal cortaron sus manos derramando sangre pero esta vez no era dorada del todo tenía manchas negras señal de su inicio de corrupción. Rio isterica dando media vuelta observando el cuerpo de [Sesshomaru1234] con la lanza clavada aún en su cráneo partido en dos. Se acercó al perro quitándole la corona de gemas de la cabeza - Concéntrate lute, tienes que.... Tienes que.... Tengo que ? -miro la corona no recordaba porque le ordenó a alucard que le trajera a sesshomaru o porque lo a herido.... Suspiro abrazando la corona mirando el reloj en el techo - Tengo que cocinar !! Adán y ese feo hombre anciano necesitan comer en 15 minutos !!! -salio corriendo a la cocina tendrá que volar para cocinar algo que esos dos puedan degustar -
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • -…La corrupción siempre llega así *murmura Sana, mirando al suelo*. Silenciosa. Primero se lleva colores… luego risas… y al final, vidas.

    *Sus manos tiemblan un poco.*

    -He visto mundos enteros apagarse por ella. Personas que ya no volverán. Y duele… saber que no puedes salvarlos a todos.

    *Levanta apenas la mirada, con una sonrisa triste.*

    -A veces me pregunto cuánto más se puede perder antes de romperse también por dentro… Pero incluso así… sigo buscando una luz. Aunque sea chiquita. Aunque apenas brille.

    *Y su voz baja, suave:*

    -Porque si dejo de buscarla… entonces la corrupción gana del todo.
    -…La corrupción siempre llega así *murmura Sana, mirando al suelo*. Silenciosa. Primero se lleva colores… luego risas… y al final, vidas. *Sus manos tiemblan un poco.* -He visto mundos enteros apagarse por ella. Personas que ya no volverán. Y duele… saber que no puedes salvarlos a todos. *Levanta apenas la mirada, con una sonrisa triste.* -A veces me pregunto cuánto más se puede perder antes de romperse también por dentro… Pero incluso así… sigo buscando una luz. Aunque sea chiquita. Aunque apenas brille. *Y su voz baja, suave:* -Porque si dejo de buscarla… entonces la corrupción gana del todo.
    Me encocora
    Me gusta
    Me shockea
    Me entristece
    8
    5 turnos 0 maullidos
  • *Luego de hacer que el humano viniera con ella se detenia repentinamente en su andar* Bien este es un buen lugar. Como me vas a servir desde ahora quiero ver de lo que eres capaz.. Esa tipa de la corrupcion dijo que pudiste causarle daño a alguien como ella. Quiero saber como lo hiciste asi que habla que metodo usaste
    *Luego de hacer que el humano viniera con ella se detenia repentinamente en su andar* Bien este es un buen lugar. Como me vas a servir desde ahora quiero ver de lo que eres capaz.. Esa tipa de la corrupcion dijo que pudiste causarle daño a alguien como ella. Quiero saber como lo hiciste asi que habla que metodo usaste
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados