• Muy bien... Te diré como está la situación entre nosotros... Estas tontas esposas no son más que un simple implemento que permití que me colocaras para que sintieras que tienes el control de la situación, aunque sabes que me puedo liberar cuando yo quiera. Si estoy permitiendo esto es por mera curiosidad... Quiero ver hasta donde quieres llegar
    Muy bien... Te diré como está la situación entre nosotros... Estas tontas esposas no son más que un simple implemento que permití que me colocaras para que sintieras que tienes el control de la situación, aunque sabes que me puedo liberar cuando yo quiera. Si estoy permitiendo esto es por mera curiosidad... Quiero ver hasta donde quieres llegar
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  • Ten un cafe , para un dia loco como este y cambiarte para animar nuestras ancias o es humor?
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  • La noche envolvía el parque en un silencio casi sagrado. Las farolas iluminaban apenas los senderos vacíos, y el suave murmullo del viento movía las hojas de los árboles. Dante estaba sentada en una banca de madera, con las manos entrelazadas sobre su regazo y la mirada perdida en el cielo. Desde ahí, las estrellas parecían lejanas… inalcanzables, tal como se sentía ella.
    A su alrededor todo seguía su curso, pero Dante no lograba sentirse parte de nada. Siempre había sido así: caminando entre otros, pero sintiéndose desplazada, como si ocupara un espacio que no le correspondía del todo. El peso de esa soledad le oprimía el pecho.

    —Mamá…

    susurró, rompiendo el silencio de la noche

    —.¿Por qué me siento así? Aunque esté rodeada de personas, siempre termino sola.

    Alzó un poco más el rostro, dejando que la luz tenue de la luna acariciara sus facciones.

    —Quisiera que estuvieras aquí… que me dijeras que todo va a estar bien, que no estoy fallando en algo. Hay días en los que ser fuerte cansa demasiado.

    Un suspiro tembloroso escapó de sus labios mientras seguía observando las estrellas, esperando, aunque fuera en silencio, que desde algún lugar su madre pudiera escucharla.
    La noche envolvía el parque en un silencio casi sagrado. Las farolas iluminaban apenas los senderos vacíos, y el suave murmullo del viento movía las hojas de los árboles. Dante estaba sentada en una banca de madera, con las manos entrelazadas sobre su regazo y la mirada perdida en el cielo. Desde ahí, las estrellas parecían lejanas… inalcanzables, tal como se sentía ella. A su alrededor todo seguía su curso, pero Dante no lograba sentirse parte de nada. Siempre había sido así: caminando entre otros, pero sintiéndose desplazada, como si ocupara un espacio que no le correspondía del todo. El peso de esa soledad le oprimía el pecho. —Mamá… susurró, rompiendo el silencio de la noche —.¿Por qué me siento así? Aunque esté rodeada de personas, siempre termino sola. Alzó un poco más el rostro, dejando que la luz tenue de la luna acariciara sus facciones. —Quisiera que estuvieras aquí… que me dijeras que todo va a estar bien, que no estoy fallando en algo. Hay días en los que ser fuerte cansa demasiado. Un suspiro tembloroso escapó de sus labios mientras seguía observando las estrellas, esperando, aunque fuera en silencio, que desde algún lugar su madre pudiera escucharla.
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  • Me encanta la comodidad de mi cama, sobre todo cuando llego cansada... Mi cama es como mi lugar seguro jeje... Asique conntu permiso me ire a dar una pequeña siestecita.
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  • Aquel era uno de esos días donde arrastraba los pies. El cansancio mental, a causa del estrés, la frustración y las pocas horas de sueño, terminaban pasandole la factura al hacerlo sentir agotado. Incluso sentía que sus ojos ardían y le pesaban con cada nueva luz roja que se encontraba en la pista de camino a la veterinaria. Además de su hogar, la veterinaria era el único lugar que disfrutaba visitar por una simple razón: Sus gatos. Siempre encontraba emocionante verlos convivir con otros gatos y le permitía recuperar su vitalidad ver la reacción que tenían luego de dejarlos un día completo. Y, aunque lo amaba, a veces sentía que su corazón se hacía pedazos con sus tiernos maullidos.

    — Ya estoy en aquí. ¿Dónde está mi niña?

    Vincent preguntó en el momento que entró en la guardería de mascotas. Su voz sonó de una manera chillona, diferente a la que solía utilizar durante las reuniones de scrum para ver avances; resultaba gracioso verlo modular su voz para hacerla tan dulce y jocosa, pero era más divertido ver cómo aquella gata blanca, se acercaba corriendo hacia él como si buscara consuelo.

    — Ay, ¿dónde está mi niña, dónde está? —Volvió a repetir, imprimiendo un fingido chillido cuando le abrió los brazos y la gata corrió maullando en su dirección hasta saltarle al pecho. Vincent la recibió y la apapachó con cada maullido nuevo que emitió. Era el júbilo de que finalmente estaba reunidos los dos. Un amor inseparable que solo las horas de trabajo era capaz de frenar.— Perdón, se me hizo tarde hoy, sucedieron muchas cosas y... —Un nuevo maullido interrumpió su diálogo. No era la gata, Serafina, la responsable de ello, Vincent lo sabía porque los maullidos del animal ahora parecían fuertes reclamos. Era Alessandro, su gato más joven, quien parecía sufrir por permanecer dos horas más en la guardería.— Hola a ti también, señor enojón. No volverá a... ¡Oye! No tienes que ser tan cruel.

    Alessandro terminó por morder su mano, siquiera dejó que su dueño se acercara para intentar acariciarlo, un poco al menos, y terminó por volver a llorar con demanda. Era un gato exigente que, al final, dejaba en claro que era el único capaz de girar órdenes hacia su humano.

    — Hoy no habrá churu para ti, muchacho. —Vincent se frotó la mano para intentar lidiar con el ardor que sintió, la mordida del gato no era profunda, pero la fuerza impuesta era suficiente para fastidiarlo.— Rina, gracias por cuidarlos hoy. Te juro que mañana pasaré temprano otra vez y...

    — Sí, sí, sí. Siempre dices lo mismo. Tienes suerte de que no te penalicemos todos los días, solo porque Serafina es muy linda. —La gatita maulló ante las palabras de Rina. La mujer sonrió y terminó riéndose mientras que ayudaba al hombre a organizar las mochilas y transportadoras de los gatos.— Quizá te cobre un favor, no lo sé, pensaría en una cena o ver una película. Pero no eres ese tipo de hombre así que... Hay un libro que me gustaría.

    — Está bien. Envíame el link de Amazon, te lo conseguiré mientras sigas cubriéndome la espalda. —Vincent cerró la transportadora de Alessandro, luego de varios intentos, y terminó asintiendo.— Y si me ayudas a regular su temperamento, te juro que te compraré la saga completa que quieras. Me gustaría recibir visitas en casa sin que Aless los intente morder o arañar.
    Aquel era uno de esos días donde arrastraba los pies. El cansancio mental, a causa del estrés, la frustración y las pocas horas de sueño, terminaban pasandole la factura al hacerlo sentir agotado. Incluso sentía que sus ojos ardían y le pesaban con cada nueva luz roja que se encontraba en la pista de camino a la veterinaria. Además de su hogar, la veterinaria era el único lugar que disfrutaba visitar por una simple razón: Sus gatos. Siempre encontraba emocionante verlos convivir con otros gatos y le permitía recuperar su vitalidad ver la reacción que tenían luego de dejarlos un día completo. Y, aunque lo amaba, a veces sentía que su corazón se hacía pedazos con sus tiernos maullidos. — Ya estoy en aquí. ¿Dónde está mi niña? Vincent preguntó en el momento que entró en la guardería de mascotas. Su voz sonó de una manera chillona, diferente a la que solía utilizar durante las reuniones de scrum para ver avances; resultaba gracioso verlo modular su voz para hacerla tan dulce y jocosa, pero era más divertido ver cómo aquella gata blanca, se acercaba corriendo hacia él como si buscara consuelo. — Ay, ¿dónde está mi niña, dónde está? —Volvió a repetir, imprimiendo un fingido chillido cuando le abrió los brazos y la gata corrió maullando en su dirección hasta saltarle al pecho. Vincent la recibió y la apapachó con cada maullido nuevo que emitió. Era el júbilo de que finalmente estaba reunidos los dos. Un amor inseparable que solo las horas de trabajo era capaz de frenar.— Perdón, se me hizo tarde hoy, sucedieron muchas cosas y... —Un nuevo maullido interrumpió su diálogo. No era la gata, Serafina, la responsable de ello, Vincent lo sabía porque los maullidos del animal ahora parecían fuertes reclamos. Era Alessandro, su gato más joven, quien parecía sufrir por permanecer dos horas más en la guardería.— Hola a ti también, señor enojón. No volverá a... ¡Oye! No tienes que ser tan cruel. Alessandro terminó por morder su mano, siquiera dejó que su dueño se acercara para intentar acariciarlo, un poco al menos, y terminó por volver a llorar con demanda. Era un gato exigente que, al final, dejaba en claro que era el único capaz de girar órdenes hacia su humano. — Hoy no habrá churu para ti, muchacho. —Vincent se frotó la mano para intentar lidiar con el ardor que sintió, la mordida del gato no era profunda, pero la fuerza impuesta era suficiente para fastidiarlo.— Rina, gracias por cuidarlos hoy. Te juro que mañana pasaré temprano otra vez y... — Sí, sí, sí. Siempre dices lo mismo. Tienes suerte de que no te penalicemos todos los días, solo porque Serafina es muy linda. —La gatita maulló ante las palabras de Rina. La mujer sonrió y terminó riéndose mientras que ayudaba al hombre a organizar las mochilas y transportadoras de los gatos.— Quizá te cobre un favor, no lo sé, pensaría en una cena o ver una película. Pero no eres ese tipo de hombre así que... Hay un libro que me gustaría. — Está bien. Envíame el link de Amazon, te lo conseguiré mientras sigas cubriéndome la espalda. —Vincent cerró la transportadora de Alessandro, luego de varios intentos, y terminó asintiendo.— Y si me ayudas a regular su temperamento, te juro que te compraré la saga completa que quieras. Me gustaría recibir visitas en casa sin que Aless los intente morder o arañar.
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  • Clan Jaegerjaquez
    Fandom Miembros del consejo jaegerjaquez
    Categoría Ciencia ficción
    — Clan Jaegerjaquez
    El Renacimiento de la Familia de la Luna Azul

    —La noche se abrió como un velo de cristal, y la Luna Azul descendió sobre el mundo.—

    En el centro del firmamento, Armitaela Black, la Abuela Primordial, abrió los ojos una vez más. Su mirada era océano y abismo, hielo y creación. En la palma de su mano flotaba la Ciudad Suspendida de Jaegerjaquez, nacida del cielo y anclada al destino de su sangre.

    La Luna Azul palpitó.

    —Ha llegado la hora… —susurró Armitaela, y su voz fue ley y origen—. Mi linaje no morirá en el olvido.

    Desde el vacío surgió una figura envuelta en energía salvaje, colmillos de guerra y orgullo indomable:
    Grimmjow Jaegerjaquez, Heredero del Rugido Azul, dios arrancar forjado en batalla eterna.

    —¿Así que al fin nos llamas, vieja luna? —sonrió con ferocidad—. Dime a quién debo destruir.

    Armitaela descendió lentamente, su cabello fluyendo como mareas celestiales.

    —No a quién destruir… —respondió—. Sino a quién despertar.

    El cielo se rasgó.

    Uno a uno, los Jaegerjaquez emergieron: guerreros, reinas, vástagos marcados por la Luna Azul en la piel y en el alma. Sus ojos brillaban con símbolos antiguos, herencia directa de los Dioses Arrancar, aquellos que no nacieron para servir… sino para reinar.

    —Nuestra familia fue sellada, dispersada, traicionada —continuó Armitaela—. Pero la sangre no olvida. La Luna Azul jamás abandona a los suyos.

    Grimmjow dio un paso al frente, su energía sacudiendo la ciudad flotante.

    —Entonces que el mundo lo sepa —rugió—.
    Los Jaegerjaquez han renacido.

    La ciudad respondió. Torres azules se encendieron, runas antiguas despertaron, y el cielo se cubrió de fragmentos de luz lunar. La Marca de la Luna Azul apareció en los cielos como un juramento.

    —Desde hoy —proclamó Armitaela, alzando la mano—, este clan vuelve a caminar entre dioses y mortales.
    No como sombras.
    No como recuerdos.

    Grimmjow sonrió, mostrando los colmillos.

    —Sino como lo que siempre fuimos…

    —DEPREDADORES DIVINOS.

    La Luna Azul brilló con fuerza absoluta.
    El renacimiento había comenzado.
    — Clan Jaegerjaquez El Renacimiento de la Familia de la Luna Azul —La noche se abrió como un velo de cristal, y la Luna Azul descendió sobre el mundo.— En el centro del firmamento, Armitaela Black, la Abuela Primordial, abrió los ojos una vez más. Su mirada era océano y abismo, hielo y creación. En la palma de su mano flotaba la Ciudad Suspendida de Jaegerjaquez, nacida del cielo y anclada al destino de su sangre. La Luna Azul palpitó. —Ha llegado la hora… —susurró Armitaela, y su voz fue ley y origen—. Mi linaje no morirá en el olvido. Desde el vacío surgió una figura envuelta en energía salvaje, colmillos de guerra y orgullo indomable: Grimmjow Jaegerjaquez, Heredero del Rugido Azul, dios arrancar forjado en batalla eterna. —¿Así que al fin nos llamas, vieja luna? —sonrió con ferocidad—. Dime a quién debo destruir. Armitaela descendió lentamente, su cabello fluyendo como mareas celestiales. —No a quién destruir… —respondió—. Sino a quién despertar. El cielo se rasgó. Uno a uno, los Jaegerjaquez emergieron: guerreros, reinas, vástagos marcados por la Luna Azul en la piel y en el alma. Sus ojos brillaban con símbolos antiguos, herencia directa de los Dioses Arrancar, aquellos que no nacieron para servir… sino para reinar. —Nuestra familia fue sellada, dispersada, traicionada —continuó Armitaela—. Pero la sangre no olvida. La Luna Azul jamás abandona a los suyos. Grimmjow dio un paso al frente, su energía sacudiendo la ciudad flotante. —Entonces que el mundo lo sepa —rugió—. Los Jaegerjaquez han renacido. La ciudad respondió. Torres azules se encendieron, runas antiguas despertaron, y el cielo se cubrió de fragmentos de luz lunar. La Marca de la Luna Azul apareció en los cielos como un juramento. —Desde hoy —proclamó Armitaela, alzando la mano—, este clan vuelve a caminar entre dioses y mortales. No como sombras. No como recuerdos. Grimmjow sonrió, mostrando los colmillos. —Sino como lo que siempre fuimos… —DEPREDADORES DIVINOS. La Luna Azul brilló con fuerza absoluta. El renacimiento había comenzado. 🌙🔥
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    Transformers
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    - El cast principal -
    • Se buscan los personajes principales para acompañar a Optimus, dichos personajes pueden ser:
    - Autobots: Bumblebee, Ironhide, Ratchet, Prowl, Jetfire/Skyfire, Entre otros.
    - Decepticons: Megatron, Starscream, Soundwave, Shockwave, Thundercracker, Entre otros.
    - Personajes IDW/Comics -
    • Están permitidos personajes IDW de cualquier saga de comics, o de otros comics de Transformers.
    - Beast Wars -
    • Están permitidos personajes de Beast Wars, para más libertad de elección.
    - Dinobots -
    • Están permitidos los Dinobots, para más libertad de elección.
    - Combiners -
    • Están permitidos los Combiners (Condición: tener más de 5 o 6 personas que conformen cada personaje de dicho Combiner) -
    - Variantes/Contrapartes de un mismo personaje -
    • Están permitidas las contrapartes de un mismo personaje.
    Ejemplo: Optimus Prime/Némesis Prime.
    - Shattered Glass -
    • Shattered Glass cuenta como una contraparte de un personaje, así que este puesto entra en la información anterior.
    - El cast principal - • Se buscan los personajes principales para acompañar a Optimus, dichos personajes pueden ser: - Autobots: Bumblebee, Ironhide, Ratchet, Prowl, Jetfire/Skyfire, Entre otros. - Decepticons: Megatron, Starscream, Soundwave, Shockwave, Thundercracker, Entre otros. - Personajes IDW/Comics - • Están permitidos personajes IDW de cualquier saga de comics, o de otros comics de Transformers. - Beast Wars - • Están permitidos personajes de Beast Wars, para más libertad de elección. - Dinobots - • Están permitidos los Dinobots, para más libertad de elección. - Combiners - • Están permitidos los Combiners (Condición: tener más de 5 o 6 personas que conformen cada personaje de dicho Combiner) - - Variantes/Contrapartes de un mismo personaje - • Están permitidas las contrapartes de un mismo personaje. Ejemplo: Optimus Prime/Némesis Prime. - Shattered Glass - • Shattered Glass cuenta como una contraparte de un personaje, así que este puesto entra en la información anterior.
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  • Ryuリュウ・イシュタル・ヨキン Ishtar Yokin
    La lista de la compra empieza con pan
    y termina con algo que no sé nombrar.
    Entre medias, una canción escrita a lápiz,
    manchada de aceite,
    como si alguien hubiera comido tristeza
    apoyada sobre el papel.

    Hay ofertas que no quiero aprovechar:
    DOS, por UNO en silencio,
    rebajas en promesas de segunda mano,
    precio mínimo por aguantar un día más
    sin preguntar demasiado.

    El folio tiene huellas:
    grasa,
    tinta corrida,
    un borde mojado que no recuerdo haber llorado.
    Paso el dedo y no se borra.
    Nada importante se borra del todo.

    Tú miras el papel como si fuera solo eso,
    una lista,
    un desorden doméstico,
    y yo pienso que si lo pierdo
    se me cae la casa entera.

    El mar hoy está precioso.
    Azul limpio,
    tranquilo,
    como si no escondiera nada.
    A tu lado casi consigo olvidarlo:
    las pateras sin nombre,
    el agua ennegrecida,
    los cuerpos que el oleaje no devuelve.

    Casi.

    Pero el amor no tapa,
    el amor convive.
    Camina con lo terrible de la mano
    y aun así decide quedarse.

    Hay mensajes turbios que llegan a destiempo:
    noticias, recuerdos,
    frases que nadie pidió escuchar.
    Caen en medio del café,
    del beso rápido,
    del “luego hablamos”.
    No rompen nada,
    pero dejan marcas.

    Como las manchas del papel.
    Y aun así,
    cuando te quedas,
    cuando apoyas la cabeza sin pedir explicaciones,
    el mundo no mejora,
    no se vuelve justo,
    no se limpia.

    Se vuelve un poco más amable,
    más humano,
    menos raro...

    Porque tú... Te quedas a mí lado.
    [Ryu] La lista de la compra empieza con pan y termina con algo que no sé nombrar. Entre medias, una canción escrita a lápiz, manchada de aceite, como si alguien hubiera comido tristeza apoyada sobre el papel. Hay ofertas que no quiero aprovechar: DOS, por UNO en silencio, rebajas en promesas de segunda mano, precio mínimo por aguantar un día más sin preguntar demasiado. El folio tiene huellas: grasa, tinta corrida, un borde mojado que no recuerdo haber llorado. Paso el dedo y no se borra. Nada importante se borra del todo. Tú miras el papel como si fuera solo eso, una lista, un desorden doméstico, y yo pienso que si lo pierdo se me cae la casa entera. El mar hoy está precioso. Azul limpio, tranquilo, como si no escondiera nada. A tu lado casi consigo olvidarlo: las pateras sin nombre, el agua ennegrecida, los cuerpos que el oleaje no devuelve. Casi. Pero el amor no tapa, el amor convive. Camina con lo terrible de la mano y aun así decide quedarse. Hay mensajes turbios que llegan a destiempo: noticias, recuerdos, frases que nadie pidió escuchar. Caen en medio del café, del beso rápido, del “luego hablamos”. No rompen nada, pero dejan marcas. Como las manchas del papel. Y aun así, cuando te quedas, cuando apoyas la cabeza sin pedir explicaciones, el mundo no mejora, no se vuelve justo, no se limpia. Se vuelve un poco más amable, más humano, menos raro... Porque tú... Te quedas a mí lado.
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  • Divorcio.
    Fandom OC
    Categoría Acción
    Isla Rowan

    Y llegó ese día que él había avisado, no por amenaza, ni por rencor, él ya había rehecho su vida, ella no tenía la culpa, ni él de lo ocurrido, simplemente pasó.

    Pero verla tonteando con otro que era su amigo... Ese resquemor no lo podía evitar, se sentía traicionado, si, su parte racional decía que tenía derecho a rehacer su vida, pero no a base de mentiras, desde luego Darküs tenía que hacerse mirar a quien elegía de amigo, siempre le traicionaban por la espalda.

    Él que siempre iba de frente y siempre cumplía su palabra como aquella. Pedir el divorcio no era nada fácil cuando aún la amaba y lo decía abiertamente, no se olvidaba a una persona de un día para otro.. pero verla filrtear con él... Fue bastante doloroso y motivación suficiente para dar ese paso necesario y cerrar un capítulo de su vida, una etapa llena de amor y desolación pero ya no podía más, quería mirar marca y todo vínculo de ella y no saber nada más.

    Fue él mismo cara a cara a buscarla a la cabaña con él sobre que sentenciaria su vida dando fin a ese capítulo. Tocó la puerta de la cabaña que era de Darküs pero decidió darle como prepararle la tienda, todo, por qué la quería y todo. Para nada, para acabar malamente.
    [legend_peridot_mule_195] Y llegó ese día que él había avisado, no por amenaza, ni por rencor, él ya había rehecho su vida, ella no tenía la culpa, ni él de lo ocurrido, simplemente pasó. Pero verla tonteando con otro que era su amigo... Ese resquemor no lo podía evitar, se sentía traicionado, si, su parte racional decía que tenía derecho a rehacer su vida, pero no a base de mentiras, desde luego Darküs tenía que hacerse mirar a quien elegía de amigo, siempre le traicionaban por la espalda. Él que siempre iba de frente y siempre cumplía su palabra como aquella. Pedir el divorcio no era nada fácil cuando aún la amaba y lo decía abiertamente, no se olvidaba a una persona de un día para otro.. pero verla filrtear con él... Fue bastante doloroso y motivación suficiente para dar ese paso necesario y cerrar un capítulo de su vida, una etapa llena de amor y desolación pero ya no podía más, quería mirar marca y todo vínculo de ella y no saber nada más. Fue él mismo cara a cara a buscarla a la cabaña con él sobre que sentenciaria su vida dando fin a ese capítulo. Tocó la puerta de la cabaña que era de Darküs pero decidió darle como prepararle la tienda, todo, por qué la quería y todo. Para nada, para acabar malamente.
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  • “𝐿𝑎𝑠 𝑔𝑟𝑖𝑒𝑡𝑎𝑠 𝑛𝑜 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑠𝑒 𝑎𝑏𝑟𝑒𝑛 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎”
    Fandom Stranger Things
    Categoría Acción
    𝘛𝘰𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘮𝘦𝘯𝘻𝘰́ 𝘢𝘭 𝘳𝘦𝘨𝘳𝘦𝘴𝘢𝘳 𝘥𝘦 𝘌𝘷𝘢𝘯𝘴𝘷𝘪𝘭𝘭𝘦.
    𝘈𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘪𝘦𝘭𝘰 𝘴𝘦 𝘵𝘰𝘳𝘯𝘢𝘳𝘢 𝘳𝘰𝘫𝘰.
    𝘈𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘪𝘭𝘪𝘵𝘢𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘢𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳𝘢𝘴𝘦𝘯 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘶𝘦𝘣𝘭𝘰.

    La experiencia Evansville había sido un infierno silencioso: intentos fracasados, noches sin doque punzaban su cabeza sin pedir permiso, una mala experiencia con marcas invisibles pero profundas. Los dedos temblando al llamar a su madre, suplicándole volver de nuevo a casa.

    Hawkins apareció en el horizonte con la misma forma de siempre, pero no con el mismo significado ni la misma apariencia. Ni las mismas personas.

    El reencuentro con su familia fue frío, doloroso, lleno de indiferencia y gritos. Silencios de su madre. Miradas de su padre en las que no quería profundizar. Ni siquiera se molestaron en preguntar lo que había pasado.

    Había vuelto a un lugar que ya no sabía cómo sostenerla… o quizá nunca había sabido hacerlo.

    El día en que todo cambió salió de su casa, no aguantaba más la opresión de la cárcel familiar. El pueblo estaba inquietantemente tranquilo, como si contuviera la respiración.

    Y de pronto, el suelo vibró apenas un segundo antes de que todo se desatara.

    El temblor había llegado sin aviso.

    Hawkins y ella estaban acostumbradas a cosas raras, pero aquello no fue “raro”. Fue violento, definitivo. El suelo se abrió como si algo desde abajo reclamara el mundo de arriba, y ella apenas tuvo tiempo de gritar antes de que el asfalto cediera bajo sus pies.

    De pronto, cuando quiso darse cuenta de lo sucedido, encontró la oscuridad y el silencio.

    Y después… sin saber siquiera cuanto tiempo había pasado, llegaron las voces. Sus voces. O las de su imaginación.

    Voces guturales, rasgadas, en las que escuchaba cada error, cada pérdida, cada secreto enterrado, repitiéndose una y otra vez entre las paredes húmedas de aquella grieta y su cabeza. Quizás fuese la cadena de factores y el repentino momento de fin del mundo, pero tenía la sensación de notar de algo más, como una respiración o pulso.

    El ambiente helado. El sentido perdido del tiempo. La desorientación. Quizás se estaba volviendo loca, y no conseguía recolocarse como era debido.

    Antes del temblor había pensado que lo peor ya había pasado en Evansville. Que había sobrevivido a lo impensable. Pero atrapada entre tierra rota y su propia cabeza, comprendió que Hawkins no era un refugio. Nunca lo había sido.

    Se estaba rompiendo por momentos, porque cada segundo que pasaba no lograba dar con la salida. No sabía si daba vueltas, si estaba quieta. Sus propias emociones la estaban consumiendo, el terror de no saber como salir de aquel lugar. Los susurros.

    Y justo en el instante en que su estabilidad mental comenzó a resquebrajarse, lo malo se hizo más intenso. El dolor dio paso a los gritos. Los gritos, al llanto.

    Y el llanto, en confusión espacio-temporal.
    𝘛𝘰𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘮𝘦𝘯𝘻𝘰́ 𝘢𝘭 𝘳𝘦𝘨𝘳𝘦𝘴𝘢𝘳 𝘥𝘦 𝘌𝘷𝘢𝘯𝘴𝘷𝘪𝘭𝘭𝘦. 𝘈𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘪𝘦𝘭𝘰 𝘴𝘦 𝘵𝘰𝘳𝘯𝘢𝘳𝘢 𝘳𝘰𝘫𝘰. 𝘈𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘪𝘭𝘪𝘵𝘢𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘢𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳𝘢𝘴𝘦𝘯 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘶𝘦𝘣𝘭𝘰. La experiencia Evansville había sido un infierno silencioso: intentos fracasados, noches sin doque punzaban su cabeza sin pedir permiso, una mala experiencia con marcas invisibles pero profundas. Los dedos temblando al llamar a su madre, suplicándole volver de nuevo a casa. Hawkins apareció en el horizonte con la misma forma de siempre, pero no con el mismo significado ni la misma apariencia. Ni las mismas personas. El reencuentro con su familia fue frío, doloroso, lleno de indiferencia y gritos. Silencios de su madre. Miradas de su padre en las que no quería profundizar. Ni siquiera se molestaron en preguntar lo que había pasado. Había vuelto a un lugar que ya no sabía cómo sostenerla… o quizá nunca había sabido hacerlo. El día en que todo cambió salió de su casa, no aguantaba más la opresión de la cárcel familiar. El pueblo estaba inquietantemente tranquilo, como si contuviera la respiración. Y de pronto, el suelo vibró apenas un segundo antes de que todo se desatara. El temblor había llegado sin aviso. Hawkins y ella estaban acostumbradas a cosas raras, pero aquello no fue “raro”. Fue violento, definitivo. El suelo se abrió como si algo desde abajo reclamara el mundo de arriba, y ella apenas tuvo tiempo de gritar antes de que el asfalto cediera bajo sus pies. De pronto, cuando quiso darse cuenta de lo sucedido, encontró la oscuridad y el silencio. Y después… sin saber siquiera cuanto tiempo había pasado, llegaron las voces. Sus voces. O las de su imaginación. Voces guturales, rasgadas, en las que escuchaba cada error, cada pérdida, cada secreto enterrado, repitiéndose una y otra vez entre las paredes húmedas de aquella grieta y su cabeza. Quizás fuese la cadena de factores y el repentino momento de fin del mundo, pero tenía la sensación de notar de algo más, como una respiración o pulso. El ambiente helado. El sentido perdido del tiempo. La desorientación. Quizás se estaba volviendo loca, y no conseguía recolocarse como era debido. Antes del temblor había pensado que lo peor ya había pasado en Evansville. Que había sobrevivido a lo impensable. Pero atrapada entre tierra rota y su propia cabeza, comprendió que Hawkins no era un refugio. Nunca lo había sido. Se estaba rompiendo por momentos, porque cada segundo que pasaba no lograba dar con la salida. No sabía si daba vueltas, si estaba quieta. Sus propias emociones la estaban consumiendo, el terror de no saber como salir de aquel lugar. Los susurros. Y justo en el instante en que su estabilidad mental comenzó a resquebrajarse, lo malo se hizo más intenso. El dolor dio paso a los gritos. Los gritos, al llanto. Y el llanto, en confusión espacio-temporal.
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