Melissa Novak
Un viaje tranquilo, después de tanto tiempo.
No era trabajo, no tenía ningún objetivo concreto, no había prisa, era poco más que un descanso de una vida tan caótica como la suya.
Un viaje al pueblo de Nador, un lugar alejado de la civilización, justamente como le gusta a Morana, esto sumado a sus costumbres arcaicas eran el lugar perfecto para la nigromante, que venía de una época en la que lo común era el trabajo de campo...
Le recordaba a su propio hogar.
El ambiente campestre era de agradecer, tanto tiempo viviendo en la jaula de asfalto habían hecho que Morana echara de menos perderse en un bosque, así como cuando era niña.
Lo primero sería un paseo por el pueblo, una costumbre que tenía, debía conocer el lugar por el que se estaba moviendo.
Su andar era tranquilo, sus ojos iban de lado a lado, viendo a las pocas personas que había en comparación al bullicio continuo de la ciudad. Algún que otro transeúnte no pudo evitar observarla, a fin de cuentas, su aspecto era poco usual para el lugar en el que estaba.
Sus ojos, dos espejos plateados.
Su piel, pálida, quizás demasiado.
Su cabello, un rubio tan apagado que era casi blanco, que brillaba ocasionalmente cuando la luz del sol le daba directamente.
— Un pueblo encantador. — Murmuró para si misma, dejando ver una tenue sonrisa en su rostro. Respiró hondo, llevándose una mano al pecho. La sensación del aire fresco inundó sus pulmones, poco después dejó salir un suspiro, claramente disfrutaba del momento.
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Un viaje tranquilo, después de tanto tiempo.
No era trabajo, no tenía ningún objetivo concreto, no había prisa, era poco más que un descanso de una vida tan caótica como la suya.
Un viaje al pueblo de Nador, un lugar alejado de la civilización, justamente como le gusta a Morana, esto sumado a sus costumbres arcaicas eran el lugar perfecto para la nigromante, que venía de una época en la que lo común era el trabajo de campo...
Le recordaba a su propio hogar.
El ambiente campestre era de agradecer, tanto tiempo viviendo en la jaula de asfalto habían hecho que Morana echara de menos perderse en un bosque, así como cuando era niña.
Lo primero sería un paseo por el pueblo, una costumbre que tenía, debía conocer el lugar por el que se estaba moviendo.
Su andar era tranquilo, sus ojos iban de lado a lado, viendo a las pocas personas que había en comparación al bullicio continuo de la ciudad. Algún que otro transeúnte no pudo evitar observarla, a fin de cuentas, su aspecto era poco usual para el lugar en el que estaba.
Sus ojos, dos espejos plateados.
Su piel, pálida, quizás demasiado.
Su cabello, un rubio tan apagado que era casi blanco, que brillaba ocasionalmente cuando la luz del sol le daba directamente.
— Un pueblo encantador. — Murmuró para si misma, dejando ver una tenue sonrisa en su rostro. Respiró hondo, llevándose una mano al pecho. La sensación del aire fresco inundó sus pulmones, poco después dejó salir un suspiro, claramente disfrutaba del momento.