• Señorita Vivian Banshee le traigo buenas, no, excelentes noticias. Vlad nos ha dado su bendición para compartir habitación y vivir juntos a partir de ahora. Incluso nos retó a hacer más ruido que él con mi hermana, un desafío a la antigua.

    Pero no se preocupe, que gracias a la nueva integrante de la familia, será muy fácil superarlos, así es, decidí adoptar a 𝙉𝙞𝙠𝙞 para que se una a nosotros. — Se oyen aplausos desde la habitación de Belle. — Vaya, si que les emocionó la noticia.

    En fin, Niki será como nuestra mascota felina. —Lo más probable es que yo termine siendo la mascota de ambas.— Ella me prometió que no sería una gatita traviesa, se portará bien, así que no debería haber ningún problema. Esta alianza tiene un único objetivo. —Aprieto el puño con determinación ardiente.— Impedir que Belle y Vlad vuelvan a dormir, digo, cuidar de Niki para que sea muy feliz, sí, eso era.

    Ahora Vivian, no es momento para ser tímida, dale una cálida bienvenida a Niki. Si tienes alguna objeción la escucharé más tarde, entiendo que debí consultarlo contigo antes, pero no hubo tiempo para eso, todo ocurrió demasiado rápido.
    Señorita [Vivi.B] le traigo buenas, no, excelentes noticias. Vlad nos ha dado su bendición para compartir habitación y vivir juntos a partir de ahora. Incluso nos retó a hacer más ruido que él con mi hermana, un desafío a la antigua. Pero no se preocupe, que gracias a la nueva integrante de la familia, será muy fácil superarlos, así es, decidí adoptar a [SoftPawNikin1] para que se una a nosotros. — Se oyen aplausos desde la habitación de Belle. — Vaya, si que les emocionó la noticia. En fin, Niki será como nuestra mascota felina. —Lo más probable es que yo termine siendo la mascota de ambas.— Ella me prometió que no sería una gatita traviesa, se portará bien, así que no debería haber ningún problema. Esta alianza tiene un único objetivo. —Aprieto el puño con determinación ardiente.— Impedir que Belle y Vlad vuelvan a dormir, digo, cuidar de Niki para que sea muy feliz, sí, eso era. Ahora Vivian, no es momento para ser tímida, dale una cálida bienvenida a Niki. Si tienes alguna objeción la escucharé más tarde, entiendo que debí consultarlo contigo antes, pero no hubo tiempo para eso, todo ocurrió demasiado rápido.
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  • La habitación estaba en silencio, salvo por el sonido de la serie que estaba viendo. Thalya estaba sentada en la cama, apoyada contra el cabecero, con una luz cálida encendida y el ordenador descansando en sus piernas.

    Kora dormía hecha un ovillo a sus pies justo cuando el móvil vibró sobre la mesilla.

    No lo miró al principio ya que pensó que sería cualquier notificación sin importancia, pero volvió a vibrar otra vez. Frunció el ceño, estiró el brazo y al ver el nombre en la pantalla se extrañó.

    “Yayo”.

    —¿Hola? —preguntó nada más responder. Al otro lado no hubo saludo inmediato. La voz de su abuelo llegó después, más bajita de lo normal.

    —Thalya… cariño… no quería asustarte.

    Ella ya estaba sentándose recta con algo de preocupación. —¿Qué pasa?

    Silencio corto.

    —Tu abuela… esta mañana… ha tenido un infarto.

    Dejó el ordenador a un lado de inmediato. —¿Está…?

    —Está viva —se apresuró—. Pero está muy débil. Los médicos dicen que su corazón… ya no aguanta como antes.

    Thalya no dijo nada, solo miró un punto fijo de la pared.

    —Preguntó por ti —continuó él—. Varias veces, cree que vas a venir.

    La garganta se le cerró y tuvo que carraspear un poco. —Si, eh… tenía pensado ir —respondió casi en un susurro.

    —Bien —dijo su abuelo con suavidad—. Quiere verte.

    La llamada terminó poco después, pero ella se quedó sentada en la cama sin moverse, con el teléfono aún en la mano. La perrita levantó la cabeza, acercándose a olfatear su rodilla y ella la acarició automáticamente, pero tenía la mirada perdida.

    Solo respiró hondo una vez, tratando de poner prioridad al caos de su mente. Lo primero era adelantar el billete de avión, lo demás ya se vería.
    La habitación estaba en silencio, salvo por el sonido de la serie que estaba viendo. Thalya estaba sentada en la cama, apoyada contra el cabecero, con una luz cálida encendida y el ordenador descansando en sus piernas. Kora dormía hecha un ovillo a sus pies justo cuando el móvil vibró sobre la mesilla. No lo miró al principio ya que pensó que sería cualquier notificación sin importancia, pero volvió a vibrar otra vez. Frunció el ceño, estiró el brazo y al ver el nombre en la pantalla se extrañó. “Yayo”. —¿Hola? —preguntó nada más responder. Al otro lado no hubo saludo inmediato. La voz de su abuelo llegó después, más bajita de lo normal. —Thalya… cariño… no quería asustarte. Ella ya estaba sentándose recta con algo de preocupación. —¿Qué pasa? Silencio corto. —Tu abuela… esta mañana… ha tenido un infarto. Dejó el ordenador a un lado de inmediato. —¿Está…? —Está viva —se apresuró—. Pero está muy débil. Los médicos dicen que su corazón… ya no aguanta como antes. Thalya no dijo nada, solo miró un punto fijo de la pared. —Preguntó por ti —continuó él—. Varias veces, cree que vas a venir. La garganta se le cerró y tuvo que carraspear un poco. —Si, eh… tenía pensado ir —respondió casi en un susurro. —Bien —dijo su abuelo con suavidad—. Quiere verte. La llamada terminó poco después, pero ella se quedó sentada en la cama sin moverse, con el teléfono aún en la mano. La perrita levantó la cabeza, acercándose a olfatear su rodilla y ella la acarició automáticamente, pero tenía la mirada perdida. Solo respiró hondo una vez, tratando de poner prioridad al caos de su mente. Lo primero era adelantar el billete de avión, lo demás ya se vería.
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  • ㅤㅤㅤ⸻ 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝘪 𝘳𝘰𝘭 𝘤𝘰𝘯 𝕮𝖆𝖗𝖔𝖑𝖎𝖓𝖊 𝕱𝖔𝖗𝖇𝖊𝖘

    Se hizo el silencio entre los dos, un silencio que el propio Klaus terminó rompiendo al apartarse de Caroline y ser él mismo quien buscase la habitual botella de Alaric que, estaba seguro, todavía andaba escondida por algún lado. No tardó en encontrarla y servir dos vasos. Uno para cada uno. Le tendió uno a Caroline.

    -Lo vas a necesitar, créeme….

    — Estoy trabajando… – fue el primer comentario de la directora del internado, aunque ante la expectación de una posible respuesta completa y el hecho de que parecía predispuesto a hablar, cedió y tomó el vaso de líquido ámbar ligeramente más denso al tratarse de un whisky de buena calidad –. Gracias.

    Al final, cuando ella accedió y tomó el vaso, el hibrido se sentó en el sofá de piel oscura y pensó en como empezar a contar aquello por lo que habia ido hasta el recóndito Mystic Falls.

    Caroline tomó asiento a su lado en el sofá y se cruzó de piernas, un hábito adquirido durante años de faldas y por comodidad. Dejó el brazo sobre el respaldo del sofá y apoyó la mejilla en los nudillos mientras atendía a las palabras ajenas como quien es absorbido por una conversación muy interesante. Pero es que lo era, tanto el discurso como quien lo profería. Resultaba casi contradictorio después de haberse hecho a la idea de que no volvería a verle que estuviera allí, de nuevo. Era chocante y no le extrañaba haber pensado que era una ilusión… o cualquiera de las variantes que se había encontrado en sus viajes.

    -Hemos regresado. Todos. Elijah, Hayley, yo… Incluso Thierry… Y varias criaturas sobrenaturales más a lo largo del mundo… Freya los ha estado buscando a todos… -dio un trago al vaso y lo dejó sobre la mesa que tenia delante. Después se remangó y le mostró el antebrazo a Caroline allí donde podía verse aquella cicatriz en carne viva en el interior de su brazo derecho- Todos tenemos esta marca… No sabemos qué demonios es, pero no se cura y… ninguna magia puede borrarla… Lo que sea que nos ha traido de vuelta nos ha marcado… Y no es por nada bueno. De eso estoy seguro… Ayúdame a descubrir quien es, Caroline… Te necesito….

    La cadencia de las palabras de Klaus desembocó en una marca en su brazo. Dejó el vaso junto al contrario aunque sin llegar a probarlo y se inclinó sobre la marca que él le mostraba. Entornó ligeramente la mirada y descruzó las piernas para moverse un poco más cerca del cuerpo contrario atraída por esa novedad. Ceño fruncido, estuvo a punto de deslizar uno de los dedos en torno a lo que parecía una quemadura reciente, pero se detuvo por prudencia.

    — ¿Te duele? – cuestionó habiendo girado la cabeza hacia él y aprovechó para hacer un contacto visual. Devolvió los ojos azules al origen de lo que parecía una curiosidad de chiquilla –. Parece muy reciente – algo que teniendo en cuenta la capacidad regenerativa de aquel hombre era más que digno de mención. Solo ¡magia realmente poderosa tenía ese tipo de influencia.

    ㅤㅤㅤ⸻ 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝘪 𝘳𝘰𝘭 𝘤𝘰𝘯 [BarbieBxtch] ⸻ Se hizo el silencio entre los dos, un silencio que el propio Klaus terminó rompiendo al apartarse de Caroline y ser él mismo quien buscase la habitual botella de Alaric que, estaba seguro, todavía andaba escondida por algún lado. No tardó en encontrarla y servir dos vasos. Uno para cada uno. Le tendió uno a Caroline. -Lo vas a necesitar, créeme…. — Estoy trabajando… – fue el primer comentario de la directora del internado, aunque ante la expectación de una posible respuesta completa y el hecho de que parecía predispuesto a hablar, cedió y tomó el vaso de líquido ámbar ligeramente más denso al tratarse de un whisky de buena calidad –. Gracias. Al final, cuando ella accedió y tomó el vaso, el hibrido se sentó en el sofá de piel oscura y pensó en como empezar a contar aquello por lo que habia ido hasta el recóndito Mystic Falls. Caroline tomó asiento a su lado en el sofá y se cruzó de piernas, un hábito adquirido durante años de faldas y por comodidad. Dejó el brazo sobre el respaldo del sofá y apoyó la mejilla en los nudillos mientras atendía a las palabras ajenas como quien es absorbido por una conversación muy interesante. Pero es que lo era, tanto el discurso como quien lo profería. Resultaba casi contradictorio después de haberse hecho a la idea de que no volvería a verle que estuviera allí, de nuevo. Era chocante y no le extrañaba haber pensado que era una ilusión… o cualquiera de las variantes que se había encontrado en sus viajes. -Hemos regresado. Todos. Elijah, Hayley, yo… Incluso Thierry… Y varias criaturas sobrenaturales más a lo largo del mundo… Freya los ha estado buscando a todos… -dio un trago al vaso y lo dejó sobre la mesa que tenia delante. Después se remangó y le mostró el antebrazo a Caroline allí donde podía verse aquella cicatriz en carne viva en el interior de su brazo derecho- Todos tenemos esta marca… No sabemos qué demonios es, pero no se cura y… ninguna magia puede borrarla… Lo que sea que nos ha traido de vuelta nos ha marcado… Y no es por nada bueno. De eso estoy seguro… Ayúdame a descubrir quien es, Caroline… Te necesito…. La cadencia de las palabras de Klaus desembocó en una marca en su brazo. Dejó el vaso junto al contrario aunque sin llegar a probarlo y se inclinó sobre la marca que él le mostraba. Entornó ligeramente la mirada y descruzó las piernas para moverse un poco más cerca del cuerpo contrario atraída por esa novedad. Ceño fruncido, estuvo a punto de deslizar uno de los dedos en torno a lo que parecía una quemadura reciente, pero se detuvo por prudencia. — ¿Te duele? – cuestionó habiendo girado la cabeza hacia él y aprovechó para hacer un contacto visual. Devolvió los ojos azules al origen de lo que parecía una curiosidad de chiquilla –. Parece muy reciente – algo que teniendo en cuenta la capacidad regenerativa de aquel hombre era más que digno de mención. Solo ¡magia realmente poderosa tenía ese tipo de influencia.
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  • LA CONFEDERACION (RP)
    Fandom OCU (Original Character Universe)
    Categoría Ciencia ficción
    -Año 2053, tras la tercera gran guerra Europa afrontó una de las peores destrucciones en la historia, una guerra nuclear sin precedentes azoto al mundo dejando detras bajas innumerables, los paises Occidentales fueron anexionados en su conjunto formando una gran Confederacion, del otro lado del mundo en Oriente, gran parte de indochina quedo reducido a un yermo inhabitable debido al desgaste radioactivo, el Gran pais del Kremlin se dividio en multiples estados independientes y reina el caos debido a la falta de un gobierno cooperativista...-

    *Un soldado de la FFSE te empuja haciendo que pierdas el equilibrio y caigas al suelo mojado...*

    "Avance o le detendremos por afectar al orden publico!"

    *Dos soldados te levantan del suelo para que continues avanzando en la fila...Tus pertenencias se han mojado un poco, llevas contigo una mochila y tu documentacion de tu pais natal...La fila avanza hasta que por fin llega tu turno... Entras en la garita y un sujeto enmascarado de la FFSE te comienza a dar indicaciones*

    "Voltee al escaner"

    *Sigues esta indicacion... El escaneo comienza*

    "Nombre..."

    *Respondes y el sujeto anota...la chachara continua hasta que por fin tu nuevo ICN (Identificacion Confederativa Nacional) El sujeto te indica que pongas tu mano en la Caja... Sientes un pinchazo que duele un poco. El soldado te indica que puedes retirar tu mano, un pequeño microchip subdermico ha sido instalado*

    "Bienvenido al complejo ALFA... Portese bien"

    *Se abre la compuerta dejandote salir porfin de aquella larga espera, sacas tu papelito arrugado que te habia dado aquel familiar mediante una carta... A duras penas logras leer aquella dirección indicada... Te pones a caminar sin mucha idea y pasa un buen rato hasta que sientes que te has perdido... Un sujeto descansa apoyado en una pared mientras fuma un cigarro, te mira intentando descifrar tu situacion... Quiza seria buena idea preguntarle a el*
    -Año 2053, tras la tercera gran guerra Europa afrontó una de las peores destrucciones en la historia, una guerra nuclear sin precedentes azoto al mundo dejando detras bajas innumerables, los paises Occidentales fueron anexionados en su conjunto formando una gran Confederacion, del otro lado del mundo en Oriente, gran parte de indochina quedo reducido a un yermo inhabitable debido al desgaste radioactivo, el Gran pais del Kremlin se dividio en multiples estados independientes y reina el caos debido a la falta de un gobierno cooperativista...- *Un soldado de la FFSE te empuja haciendo que pierdas el equilibrio y caigas al suelo mojado...* "Avance o le detendremos por afectar al orden publico!" *Dos soldados te levantan del suelo para que continues avanzando en la fila...Tus pertenencias se han mojado un poco, llevas contigo una mochila y tu documentacion de tu pais natal...La fila avanza hasta que por fin llega tu turno... Entras en la garita y un sujeto enmascarado de la FFSE te comienza a dar indicaciones* "Voltee al escaner" *Sigues esta indicacion... El escaneo comienza* "Nombre..." *Respondes y el sujeto anota...la chachara continua hasta que por fin tu nuevo ICN (Identificacion Confederativa Nacional) El sujeto te indica que pongas tu mano en la Caja... Sientes un pinchazo que duele un poco. El soldado te indica que puedes retirar tu mano, un pequeño microchip subdermico ha sido instalado* "Bienvenido al complejo ALFA... Portese bien" *Se abre la compuerta dejandote salir porfin de aquella larga espera, sacas tu papelito arrugado que te habia dado aquel familiar mediante una carta... A duras penas logras leer aquella dirección indicada... Te pones a caminar sin mucha idea y pasa un buen rato hasta que sientes que te has perdido... Un sujeto descansa apoyado en una pared mientras fuma un cigarro, te mira intentando descifrar tu situacion... Quiza seria buena idea preguntarle a el*
    Tipo
    Grupal
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    Estado
    Terminado
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  • —Vaya, vaya... ¿pero qué tenemos aquí? Un pequeño extraviado. Qué desafortunado giro del destino, aunque, para ser honestos, tu verdadera desgracia no fue perder el camino, sino cruzarte en el mío. No te lo tomes como algo personal, simplemente naciste bajo una estrella muy mala.—

    *Un enjambre de mariposas negras comenzó a orbitar a la víctima, cerrando cualquier vía de escape antes de introducirse, una a una, bajo su piel.*

    —Vamos, no te resistas, es inútil. Mis pequeñas tienen un hambre voraz y tú resultaste ser el banquete perfecto.—

    *Mientras el dolor interno empezaba a desfigurar las facciones del humano, observé su desesperación con una fascinación casi artística.*

    —Ah, los humanos... tan indispensables para este mundo como irremediablemente inútiles. Veamos si guardas en tu interior ese brillo que tanto busco.—


    *Sin romper la superficie de su ropa ni dejar una sola herida abierta, deslicé mi mano a través de su pecho, navegando entre sus órganos con la intangibilidad de un espectro. Al retirar la mano vacía, chasqueé la lengua con fastidio.*

    —Otro cascarón vacío. Qué pérdida de tiempo... aunque supongo que no todo está perdido; al menos mis pequeñas se darán un festín.—

    *El cuerpo de la víctima comenzó a deformarse con bultos grotescos que se agitaban bajo la piel. De pronto, la carne cedió y una marea de mariposas negras brotó desde sus entrañas, dejando atrás solo un envoltorio de piel marchita y hueca.*
    —Vaya, vaya... ¿pero qué tenemos aquí? Un pequeño extraviado. Qué desafortunado giro del destino, aunque, para ser honestos, tu verdadera desgracia no fue perder el camino, sino cruzarte en el mío. No te lo tomes como algo personal, simplemente naciste bajo una estrella muy mala.— *Un enjambre de mariposas negras comenzó a orbitar a la víctima, cerrando cualquier vía de escape antes de introducirse, una a una, bajo su piel.* —Vamos, no te resistas, es inútil. Mis pequeñas tienen un hambre voraz y tú resultaste ser el banquete perfecto.— *Mientras el dolor interno empezaba a desfigurar las facciones del humano, observé su desesperación con una fascinación casi artística.* —Ah, los humanos... tan indispensables para este mundo como irremediablemente inútiles. Veamos si guardas en tu interior ese brillo que tanto busco.— *Sin romper la superficie de su ropa ni dejar una sola herida abierta, deslicé mi mano a través de su pecho, navegando entre sus órganos con la intangibilidad de un espectro. Al retirar la mano vacía, chasqueé la lengua con fastidio.* —Otro cascarón vacío. Qué pérdida de tiempo... aunque supongo que no todo está perdido; al menos mis pequeñas se darán un festín.— *El cuerpo de la víctima comenzó a deformarse con bultos grotescos que se agitaban bajo la piel. De pronto, la carne cedió y una marea de mariposas negras brotó desde sus entrañas, dejando atrás solo un envoltorio de piel marchita y hueca.*
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  • La desaparición de Kagehiro fue como el rastro de humo de un cigarrillo en una habitación sin ventilación...simplemente dejó de estar allí.

    El mundo literario, con su memoria de pez, llenó el vacío con conjeturas vacías. Se hablaba de una enfermedad degenerativa, de un exilio espiritual en una isla remota o de un enredo legal tan complejo como una novela de Kafka.
    Nadie sabía nada. En el fondo, a nadie le importaba lo suficiente. El mundo del entretenimiento es una máquina que no tolera los espacios en blanco; si alguien se retira, la máquina simplemente ajusta sus engranajes y sigue girando buscando alguien nuevo para seguir trabajando.

    Cuando se anunció la adaptación de su obra al formato de serie en Corea del Sur, Kagehiro se limitó a enviar una nota breve, casi aséptica. No hubo conferencias de prensa ni confesiones sentimentales. Se limitó a decir, con esa frialdad técnica que lo caracterizaba, que le complacía que sus historias encontraran un eco en Seúl. Nada más. Nada menos.

    Pasó un año. Un año de grabaciones, de cortes de edición y de silencios acumulados. Entonces llegó la invitación para la alfombra roja.

    "Necesito una invitación adicional, te adjunto los datos de la persona" mando e-mail Kagehiro a su manager.

    Fue la única instrucción que recibió su manager. No era una petición; era una orden, de esas que él nunca daba porque siempre andaba de apático. Por primera vez en años, Kagehiro no solo asistiría, sino que traería consigo una pieza del rompecabezas que había mantenido oculto.

    Cuando el manager vio el nombre para la segunda acreditación, comprendió que los rumores habían fallado en su objetivo, como una flecha disparada en la oscuridad. No se trataba de una mujer. Había algo profundamente irónico en ello: el hombre que había diseccionado el deseo femenino en sus novelas eróticas, el autor que había cartografiado el romance sentimental con una precisión casi quirúrgica, se disponía a caminar hacia la luz tomado de la mano de otro hombre.

    La noche del estreno tenía ese aire pesado de las ciudades antes de la lluvia. Al bajar del coche, el estruendo de los flashes y las preguntas fue inmediato.

    Las cámaras buscaban una grieta, una señal de arrepentimiento o de escándalo. Hubo voces teñidas de esa homofobia rancia que aún flota en el aire de las ciudades modernas con el tradicionalismo asiático, olvidando que por años siempre ha existido la diversidad de preferencia sexual y géneros con otros nombres; pero también hubo gritos de aceptación, de fans que intentaban encontrar los fragmentos de esa relación oculta en las páginas de sus libros.

    Takeo, sin embargo, no parecía escuchar el ruido.

    Sonreía con esa clase de felicidad silenciosa que no necesita ser explicada, una felicidad que se siente como escuchar su viejo disco de jazz en un domingo por la tarde.

    Takeo lo sostenía de la mano, lo mantenía cerca, con una naturalidad que hacía que el resto del mundo pareciera una puesta en escena innecesaria.
    En ese momento, entre el asfalto ligeramente mojado y las luces, no había miedo.

    Solo dos hombres que habían decidido que el tiempo de las sombras había terminado. - -
    La desaparición de Kagehiro fue como el rastro de humo de un cigarrillo en una habitación sin ventilación...simplemente dejó de estar allí. El mundo literario, con su memoria de pez, llenó el vacío con conjeturas vacías. Se hablaba de una enfermedad degenerativa, de un exilio espiritual en una isla remota o de un enredo legal tan complejo como una novela de Kafka. Nadie sabía nada. En el fondo, a nadie le importaba lo suficiente. El mundo del entretenimiento es una máquina que no tolera los espacios en blanco; si alguien se retira, la máquina simplemente ajusta sus engranajes y sigue girando buscando alguien nuevo para seguir trabajando. Cuando se anunció la adaptación de su obra al formato de serie en Corea del Sur, Kagehiro se limitó a enviar una nota breve, casi aséptica. No hubo conferencias de prensa ni confesiones sentimentales. Se limitó a decir, con esa frialdad técnica que lo caracterizaba, que le complacía que sus historias encontraran un eco en Seúl. Nada más. Nada menos. Pasó un año. Un año de grabaciones, de cortes de edición y de silencios acumulados. Entonces llegó la invitación para la alfombra roja. "Necesito una invitación adicional, te adjunto los datos de la persona" mando e-mail Kagehiro a su manager. Fue la única instrucción que recibió su manager. No era una petición; era una orden, de esas que él nunca daba porque siempre andaba de apático. Por primera vez en años, Kagehiro no solo asistiría, sino que traería consigo una pieza del rompecabezas que había mantenido oculto. Cuando el manager vio el nombre para la segunda acreditación, comprendió que los rumores habían fallado en su objetivo, como una flecha disparada en la oscuridad. No se trataba de una mujer. Había algo profundamente irónico en ello: el hombre que había diseccionado el deseo femenino en sus novelas eróticas, el autor que había cartografiado el romance sentimental con una precisión casi quirúrgica, se disponía a caminar hacia la luz tomado de la mano de otro hombre. La noche del estreno tenía ese aire pesado de las ciudades antes de la lluvia. Al bajar del coche, el estruendo de los flashes y las preguntas fue inmediato. Las cámaras buscaban una grieta, una señal de arrepentimiento o de escándalo. Hubo voces teñidas de esa homofobia rancia que aún flota en el aire de las ciudades modernas con el tradicionalismo asiático, olvidando que por años siempre ha existido la diversidad de preferencia sexual y géneros con otros nombres; pero también hubo gritos de aceptación, de fans que intentaban encontrar los fragmentos de esa relación oculta en las páginas de sus libros. Takeo, sin embargo, no parecía escuchar el ruido. Sonreía con esa clase de felicidad silenciosa que no necesita ser explicada, una felicidad que se siente como escuchar su viejo disco de jazz en un domingo por la tarde. Takeo lo sostenía de la mano, lo mantenía cerca, con una naturalidad que hacía que el resto del mundo pareciera una puesta en escena innecesaria. En ese momento, entre el asfalto ligeramente mojado y las luces, no había miedo. Solo dos hombres que habían decidido que el tiempo de las sombras había terminado. - -
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  • La obsesión del mafioso
    Fandom Devil May Cry y hazbin hotel
    Categoría Romance
    //ROL NO CANON //

    ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒

    -La puerta de la cafetería se abrió con un tintineo suave, casi delicado… en marcado contraste con la figura que cruzó el umbral.
    El abrigo oscuro de Vergil Sparda estaba rasgado en uno de los costados; la tela húmeda por la sangre apenas visible bajo la luz cálida del lugar. Su expresión, sin embargo, permanecía intacta: impasible, afilada, tan serena como si no acabara de salir de un enfrentamiento donde otros no habrían sobrevivido.
    El líder de aquella organización no se permitía mostrar debilidad. Jamás.
    Sus botas resonaron con firmeza sobre el suelo hasta llegar al mostrador. Sus ojos de un azul cortante se alzaron apenas… y entonces lo vio.Detrás de la barra, atendiendo con una sonrisa demasiado amplia para ser completamente humana, estaba Alguien que no encajaba con la monotonía del mundo mortal.
    Hubo una pausa casi imperceptible.
    Los ojos de Vergil se detuvieron en él más de lo necesario. No por distracción… sino por análisis. Elegancia anticuada. Presencia magnética. Una energía que vibraba distinta, como una frecuencia que solo alguien como él podía percibir.
    Un silencio breve.-

    Un whisky. Solo

    -pidió con voz baja y firme, grave como el eco de una sentencia.
    Ni una palabra más.
    Dejó el dinero exacto sobre el mostrador, billetes impecables a pesar de la sangre que marcaba su guante. No mencionó la herida. No pidió ayuda. No explicó nada.
    Cuando tomó el vaso, sus dedos rozaron apenas el cristal… y por una fracción de segundo, su mirada volvió a encontrarse con la del encargado.
    Interés.Contenido. Sellado. Oculto tras su disciplina férrea.
    Se apartó sin añadir comentario alguno y eligió una mesa en la esquina más sombría del lugar, sentándose con la espalda recta, cruzando una pierna sobre la otra como si estuviera en una reunión de negocios y no perdiendo sangre bajo el abrigo.Bebió un sorbo.Sus ojos no volvieron directamente hacia la barra… pero tampoco dejaron de estar conscientes de cada movimiento detrás de ella.
    Como un depredador reconociendo a otro.Y aunque su rostro no lo delatara… algo en él había cambiado.

    //ROL NO CANON // [Alastor_rabbit] -La puerta de la cafetería se abrió con un tintineo suave, casi delicado… en marcado contraste con la figura que cruzó el umbral. El abrigo oscuro de Vergil Sparda estaba rasgado en uno de los costados; la tela húmeda por la sangre apenas visible bajo la luz cálida del lugar. Su expresión, sin embargo, permanecía intacta: impasible, afilada, tan serena como si no acabara de salir de un enfrentamiento donde otros no habrían sobrevivido. El líder de aquella organización no se permitía mostrar debilidad. Jamás. Sus botas resonaron con firmeza sobre el suelo hasta llegar al mostrador. Sus ojos de un azul cortante se alzaron apenas… y entonces lo vio.Detrás de la barra, atendiendo con una sonrisa demasiado amplia para ser completamente humana, estaba Alguien que no encajaba con la monotonía del mundo mortal. Hubo una pausa casi imperceptible. Los ojos de Vergil se detuvieron en él más de lo necesario. No por distracción… sino por análisis. Elegancia anticuada. Presencia magnética. Una energía que vibraba distinta, como una frecuencia que solo alguien como él podía percibir. Un silencio breve.- Un whisky. Solo -pidió con voz baja y firme, grave como el eco de una sentencia. Ni una palabra más. Dejó el dinero exacto sobre el mostrador, billetes impecables a pesar de la sangre que marcaba su guante. No mencionó la herida. No pidió ayuda. No explicó nada. Cuando tomó el vaso, sus dedos rozaron apenas el cristal… y por una fracción de segundo, su mirada volvió a encontrarse con la del encargado. Interés.Contenido. Sellado. Oculto tras su disciplina férrea. Se apartó sin añadir comentario alguno y eligió una mesa en la esquina más sombría del lugar, sentándose con la espalda recta, cruzando una pierna sobre la otra como si estuviera en una reunión de negocios y no perdiendo sangre bajo el abrigo.Bebió un sorbo.Sus ojos no volvieron directamente hacia la barra… pero tampoco dejaron de estar conscientes de cada movimiento detrás de ella. Como un depredador reconociendo a otro.Y aunque su rostro no lo delatara… algo en él había cambiado.
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    Individual
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  • <Rol abierto>

    Su andar persistió hasta llegar a un poblado; desde lejos se lograba apreciar ese aroma a comida casera, uno que otro auto por las pocas carreteras; se recalcaban las bestias que eran montadas por los pueblerinos y las bicicletas que marcaban las ruedas sobre la terracería.

    Con una maleta en mano, un arma en la espalda que era cubierta con la chamarra oscura que portaba, se dirigió a una posada sumamente humilde, la que era atendida por un anciano gruñón que fumaba un cigarrillo, con el ceño fruncido, al limpiar una vieja escopeta. -

    — ¡Buenas tardes!.- Saludó el exmilitar al llegar frente a aquel hombre, cual estaba tras un mostrador, mismo que no dudó en ignorar las palabras contrarias. - Necesito una habitación. -dijo respetuosamente, el ajeno se detuvo al mirar a "B", sin mucha importancia, dejó la franela polvosa encima del arma y descolgó de una base oxidada la llave. 

    — $200.00 la noche, pague por adelantado. - El anciano dejó la llave en el mostrador, con la intención de que el contrario la tomara; Abel sacó de su bolsillo una cartera de piel seminueva, dejó unos cuantos billetes sobre el mostrador, tomando la llave con el número 8 marcado en ella. — ¡Forasteros!, mala idea llegar a este lugar invadido por "ratas".- Musitó entre dientes al anciano, que continuó limpiando la escopeta, tras ver al desconocido entrar a la habitación y cerrar la puerta. 
    <Rol abierto> Su andar persistió hasta llegar a un poblado; desde lejos se lograba apreciar ese aroma a comida casera, uno que otro auto por las pocas carreteras; se recalcaban las bestias que eran montadas por los pueblerinos y las bicicletas que marcaban las ruedas sobre la terracería. Con una maleta en mano, un arma en la espalda que era cubierta con la chamarra oscura que portaba, se dirigió a una posada sumamente humilde, la que era atendida por un anciano gruñón que fumaba un cigarrillo, con el ceño fruncido, al limpiar una vieja escopeta. - — ¡Buenas tardes!.- Saludó el exmilitar al llegar frente a aquel hombre, cual estaba tras un mostrador, mismo que no dudó en ignorar las palabras contrarias. - Necesito una habitación. -dijo respetuosamente, el ajeno se detuvo al mirar a "B", sin mucha importancia, dejó la franela polvosa encima del arma y descolgó de una base oxidada la llave.  — $200.00 la noche, pague por adelantado. - El anciano dejó la llave en el mostrador, con la intención de que el contrario la tomara; Abel sacó de su bolsillo una cartera de piel seminueva, dejó unos cuantos billetes sobre el mostrador, tomando la llave con el número 8 marcado en ella. — ¡Forasteros!, mala idea llegar a este lugar invadido por "ratas".- Musitó entre dientes al anciano, que continuó limpiando la escopeta, tras ver al desconocido entrar a la habitación y cerrar la puerta. 
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  • "D-donde... Mierda estoy..."

    *temblando de panico mientras recuerdo que estaba entrenando a agnes y ahora estoy atado a una silla en una habitación*
    "D-donde... Mierda estoy..." *temblando de panico mientras recuerdo que estaba entrenando a agnes y ahora estoy atado a una silla en una habitación*
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  • Diario — Arriba del puente

    Hoy caminé por el puente como todos.

    Arriba, lo de siempre:
    café con azúcar, pasos apresurados, conversaciones que no se quedan.

    La gente mira sin ver.
    Siente sin bajar.
    Yo me detuve en el centro.

    Debajo del puente el río no descansa.
    Hay un mundo entero fluyendo sin permiso,
    un murmullo constante que nadie quiere escuchar.

    Tomamos café.
    El vapor ascendía —
    pero lo que importa siempre cae.
    Las tazas vacías son pequeñas traiciones.
    Prometen calor y dejan porcelana fría.

    Abrí mi puerta después.
    Arriba del puente, las cosas pendientes.
    Abajo, la corriente.

    Había dispuesto la habitación como quien enciende faroles en la orilla:
    luz tibia, silencio atento,
    una pausa que pedía ser cruzada.

    Pero algunos visitantes caminan el puente sin asomarse.
    No hubo crujido.
    No hubo vértigo.
    Ni una piedra lanzada al agua.

    Arriba del puente, cada uno con lo suyo.
    Lo tuyo es lo tuyo.
    Lo mío…
    fluye debajo.

    Regresé al centro.
    La multitud seguía pasando.
    Los semáforos cambiaban.
    El mundo cumplía su rutina impecable.

    Debajo del puente, en el río,
    hay un mundo de gente.

    Y hoy el agua no se desbordó.
    Pero subió.
    Un centímetro.

    Y eso basta para saber
    que algo estuvo a punto de caer.
    Diario — Arriba del puente Hoy caminé por el puente como todos. Arriba, lo de siempre: café con azúcar, pasos apresurados, conversaciones que no se quedan. La gente mira sin ver. Siente sin bajar. Yo me detuve en el centro. Debajo del puente el río no descansa. Hay un mundo entero fluyendo sin permiso, un murmullo constante que nadie quiere escuchar. Tomamos café. El vapor ascendía — pero lo que importa siempre cae. Las tazas vacías son pequeñas traiciones. Prometen calor y dejan porcelana fría. Abrí mi puerta después. Arriba del puente, las cosas pendientes. Abajo, la corriente. Había dispuesto la habitación como quien enciende faroles en la orilla: luz tibia, silencio atento, una pausa que pedía ser cruzada. Pero algunos visitantes caminan el puente sin asomarse. No hubo crujido. No hubo vértigo. Ni una piedra lanzada al agua. Arriba del puente, cada uno con lo suyo. Lo tuyo es lo tuyo. Lo mío… fluye debajo. Regresé al centro. La multitud seguía pasando. Los semáforos cambiaban. El mundo cumplía su rutina impecable. Debajo del puente, en el río, hay un mundo de gente. Y hoy el agua no se desbordó. Pero subió. Un centímetro. Y eso basta para saber que algo estuvo a punto de caer.
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