• Me encanta el chocobito, jiji.
    Me encanta el chocobito, jiji.
    Me encocora
    1
    8 turnos 0 maullidos
  • [El mercenario aprovecho su conocimiento sobre los embarazos en la raza dragón para saber que día debía infiltrarse a la mansión Feu donde esperaría pacientemente el día del parto, cuando el día llego este se acercó a la habitación de Serynthia]

    Mercenario: veamos que tan resistente son tus escamas ahora que te encuentras más débil.. ¡Hora de cazar!

    ×el mercenario entro a la habitación pero se llevó una sorpresa al no encontrar a Seryn pero si a alguien que conocia, y entonces se acercó a un lado de la cama para ver a esa persona×

    Mercenario: ¿Que haces aquí..? Creí que después de lo ocurrido en el club escaparias al saber que esté asunto no es de tu incumbencia.

    La información que encontré hace poco en un puerto comercial me dio una pista sobre que vendrías aquí pero no le dije nada a la familia de Seryn para no alterarlos.

    Mercenario: si claro no me vengas con eso, si de verdad no les dijiste entonces ¿Donde estan?

    Eso fue gracias a ellos, decidieron a último segundo hacer el parto en un refugio lejos de aquí

    Mercenario: en ese caso no perderé tiempo aquí contigo o sino será tarde y ese mocoso nacerá.

    No llames mocoso ¡A tu futuro Rey!

    ×en ese momento el collar de mí cuello libero un destello de luz que cubrió la habitación por completo, esto nos teletransporto al mercenario y a mí dentro del antiguo castillo de la reina dragon×

    He decidió que aquí le daré fin a tu existencia.. no te mereces tal privilegio pero aún así te permitiré descansar en donde nuestra reina dio su último respiro.

    Mercenario: ¿Me traes al castillo? Eso sí que es patético de verdad te sientes muy pegado a este lugar.. ¿¡Tanto te dolió la muerte de esa niña mediocre!?

    ×de mí bolsillo sacaría una extraña daga oscura y me quedé viendo a mí rival bajo la luz de aquella luna llena a lo lejos×

    No permitiré que hables así de la única mujer por la que he sentido amor. Ahora seré tu ejecutor y tu castigo es la pena de muerte.

    Mercenario: deja de hablar así ¡Esta no es la época medieval!

    ×el mercenario se lanzó a atacarme con varias estocadas de su cuchillo pero con movimientos precisos y elegantes los frenaba con la punta de la daga que tenía conmigo×

    Eso no te va a servir..

    Mercenario: es imposible ¿Cómo mejoraste en tan poco? Claramente no eres al que enfrente aquella vez.

    Siempre he llevado un alma guerrera desde mí nacimiento pero en nuestro primer encuentro no estaba pulida.. eso es por las heridas de mí pasado

    ×esquivaria de forma fácil los últimos estoques antes de dar un giro con rapidez y hacerle un corte directo en la mejilla con esa daga×

    Mercenario: desgraciado.. aún no lo comprendo ¿Porque te involucras? No tienes ningún lazo forjado con esa familia ¡No deberían importarte sus muertes!

    Debemos ser mejores.. admito que en el pasado mí reina cometió errores y que quizás por eso los humanos hicieron lo que hicieron.. pero la muerte de una sola reina no significa que se haya terminado.. ese niño es el ejemplo de que lo que digo es verdad, verás que el cambiará el destino de nuestra raza y nos dará la oportunidad de cambiar lo que somos.. ¡Debemos ser mejores!

    Continuará...
    [El mercenario aprovecho su conocimiento sobre los embarazos en la raza dragón para saber que día debía infiltrarse a la mansión Feu donde esperaría pacientemente el día del parto, cuando el día llego este se acercó a la habitación de Serynthia] Mercenario: veamos que tan resistente son tus escamas ahora que te encuentras más débil.. ¡Hora de cazar! ×el mercenario entro a la habitación pero se llevó una sorpresa al no encontrar a Seryn pero si a alguien que conocia, y entonces se acercó a un lado de la cama para ver a esa persona× Mercenario: ¿Que haces aquí..? Creí que después de lo ocurrido en el club escaparias al saber que esté asunto no es de tu incumbencia. La información que encontré hace poco en un puerto comercial me dio una pista sobre que vendrías aquí pero no le dije nada a la familia de Seryn para no alterarlos. Mercenario: si claro no me vengas con eso, si de verdad no les dijiste entonces ¿Donde estan? Eso fue gracias a ellos, decidieron a último segundo hacer el parto en un refugio lejos de aquí Mercenario: en ese caso no perderé tiempo aquí contigo o sino será tarde y ese mocoso nacerá. No llames mocoso ¡A tu futuro Rey! ×en ese momento el collar de mí cuello libero un destello de luz que cubrió la habitación por completo, esto nos teletransporto al mercenario y a mí dentro del antiguo castillo de la reina dragon× He decidió que aquí le daré fin a tu existencia.. no te mereces tal privilegio pero aún así te permitiré descansar en donde nuestra reina dio su último respiro. Mercenario: ¿Me traes al castillo? Eso sí que es patético de verdad te sientes muy pegado a este lugar.. ¿¡Tanto te dolió la muerte de esa niña mediocre!? ×de mí bolsillo sacaría una extraña daga oscura y me quedé viendo a mí rival bajo la luz de aquella luna llena a lo lejos× No permitiré que hables así de la única mujer por la que he sentido amor. Ahora seré tu ejecutor y tu castigo es la pena de muerte. Mercenario: deja de hablar así ¡Esta no es la época medieval! ×el mercenario se lanzó a atacarme con varias estocadas de su cuchillo pero con movimientos precisos y elegantes los frenaba con la punta de la daga que tenía conmigo× Eso no te va a servir.. Mercenario: es imposible ¿Cómo mejoraste en tan poco? Claramente no eres al que enfrente aquella vez. Siempre he llevado un alma guerrera desde mí nacimiento pero en nuestro primer encuentro no estaba pulida.. eso es por las heridas de mí pasado ×esquivaria de forma fácil los últimos estoques antes de dar un giro con rapidez y hacerle un corte directo en la mejilla con esa daga× Mercenario: desgraciado.. aún no lo comprendo ¿Porque te involucras? No tienes ningún lazo forjado con esa familia ¡No deberían importarte sus muertes! Debemos ser mejores.. admito que en el pasado mí reina cometió errores y que quizás por eso los humanos hicieron lo que hicieron.. pero la muerte de una sola reina no significa que se haya terminado.. ese niño es el ejemplo de que lo que digo es verdad, verás que el cambiará el destino de nuestra raza y nos dará la oportunidad de cambiar lo que somos.. ¡Debemos ser mejores! Continuará...
    Me encocora
    Me shockea
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • - caminando por las calles con dificultad y anciedad, miedo bajo las uñas y un sentimiento de traición, Billy estaba en su casa, no sabía que hacía el pero al entrar en su habitación y ponerse a buscar desespero encontré un cuadro con flores azules secas, sonriendo aliviado, todo seguía bajo control y en su lugar, solo su cuerpo se vio alterado, ¿Qué pasó?, la energía liberada por el exceso de emociones fuertes descontrolada, la magia del caos de su madre estaba en su hijo, Billy, así que el caos intento salir pero al mismo tiempo por el miedo deformo lo primero que tuvo cerca, su cuerpo regresando lo a lo que realmente era— Lorenzo...no lo entiendo -dije llorando abrazando el cuadro con el recuerdo de nuestra primera cita, en el suelo con ese sentimiento todavía en la sangre, se sentía mal por celarlo pero parecía su amado no se estaba esforzando-
    - caminando por las calles con dificultad y anciedad, miedo bajo las uñas y un sentimiento de traición, Billy estaba en su casa, no sabía que hacía el pero al entrar en su habitación y ponerse a buscar desespero encontré un cuadro con flores azules secas, sonriendo aliviado, todo seguía bajo control y en su lugar, solo su cuerpo se vio alterado, ¿Qué pasó?, la energía liberada por el exceso de emociones fuertes descontrolada, la magia del caos de su madre estaba en su hijo, Billy, así que el caos intento salir pero al mismo tiempo por el miedo deformo lo primero que tuvo cerca, su cuerpo regresando lo a lo que realmente era— Lorenzo...no lo entiendo -dije llorando abrazando el cuadro con el recuerdo de nuestra primera cita, en el suelo con ese sentimiento todavía en la sangre, se sentía mal por celarlo pero parecía su amado no se estaba esforzando-
    Me entristece
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • —Las Crónicas De Fenrir Queen—

    •Capítulo 1: Las heridas que no sanan•

    El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme.

    Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro.

    Curandero: —Nunca había visto algo parecido.

    Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es?

    El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo.

    Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo.

    Fenrir: —Entonces… puede curarlo?

    La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca.

    Curandero: —Lo siento, muchacha.

    Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución.

    Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando.

    Fenrir: —Tan mal están?

    Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves.

    Fenrir: —Puede ayudarme?

    La mujer apartó lentamente la mirada.

    Alquimista: —No.

    Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo.

    Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal.

    Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo?

    Anciano: —No.

    Fenrir: —Y algún alquimista?

    Anciano: —Tampoco.

    Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar.

    Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente.

    Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar.

    Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido.

    Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo.

    Fenrir: —Parecido?

    Anciano: —Un joven viajero.

    Fenrir: —También está herido?

    El hombre asintió.

    Anciano: —Eso parece.

    No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo.

    Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías.

    Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar.

    Finalmente reuní valor y me acerqué.

    Fenrir: —Puedo sentarme?

    El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder.

    Desconocido: —Haz lo que quieras.

    Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo.

    Desconocido: —No pareces de aquí.

    Fenrir: —Porque no lo soy.

    Desconocido: —Viajas sola.

    Fenrir: —Sí.

    El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante.

    Desconocido: —Qué pasa?

    Fenrir: —Tu brazo.

    Su expresión se endureció ligeramente.

    Desconocido: —Qué ocurre con él?

    Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes.

    Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío.

    Por primera vez pareció realmente sorprendido.

    Desconocido: —También estás herida?

    Solté una pequeña risa cansada.

    Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir.

    El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista.

    Desconocido: —Fue un chico?

    Fenrir: —Cómo lo sabes?

    Desconocido: —Porque a mí me hizo esto.

    Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido.

    Fenrir: —Yo no sé quién era.

    Desconocido: —Yo tampoco sé mucho.

    Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó.

    Desconocido: —A mí tampoco.

    La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar.

    Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía.

    Desconocido: —Porque se rompe.

    Fenrir: —Qué quieres decir?

    Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor.

    Bajé la mirada hacia la mesa.

    Fenrir: —Casi me mata.

    El muchacho permaneció unos segundos en silencio.

    Desconocido: —A mí también.

    Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara.

    Fuera quien fuese aquel muchacho…
    Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
    —Las Crónicas De Fenrir Queen— •Capítulo 1: Las heridas que no sanan• El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme. Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro. Curandero: —Nunca había visto algo parecido. Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es? El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo. Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo. Fenrir: —Entonces… puede curarlo? La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca. Curandero: —Lo siento, muchacha. Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución. Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando. Fenrir: —Tan mal están? Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves. Fenrir: —Puede ayudarme? La mujer apartó lentamente la mirada. Alquimista: —No. Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo. Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal. Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo? Anciano: —No. Fenrir: —Y algún alquimista? Anciano: —Tampoco. Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar. Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente. Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar. Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido. Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo. Fenrir: —Parecido? Anciano: —Un joven viajero. Fenrir: —También está herido? El hombre asintió. Anciano: —Eso parece. No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo. Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías. Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar. Finalmente reuní valor y me acerqué. Fenrir: —Puedo sentarme? El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder. Desconocido: —Haz lo que quieras. Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo. Desconocido: —No pareces de aquí. Fenrir: —Porque no lo soy. Desconocido: —Viajas sola. Fenrir: —Sí. El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante. Desconocido: —Qué pasa? Fenrir: —Tu brazo. Su expresión se endureció ligeramente. Desconocido: —Qué ocurre con él? Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes. Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío. Por primera vez pareció realmente sorprendido. Desconocido: —También estás herida? Solté una pequeña risa cansada. Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir. El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista. Desconocido: —Fue un chico? Fenrir: —Cómo lo sabes? Desconocido: —Porque a mí me hizo esto. Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido. Fenrir: —Yo no sé quién era. Desconocido: —Yo tampoco sé mucho. Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó. Desconocido: —A mí tampoco. La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar. Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía. Desconocido: —Porque se rompe. Fenrir: —Qué quieres decir? Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor. Bajé la mirada hacia la mesa. Fenrir: —Casi me mata. El muchacho permaneció unos segundos en silencio. Desconocido: —A mí también. Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara. Fuera quien fuese aquel muchacho… Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝑬𝒑𝒑𝒖𝒓 𝒔𝒊 𝑴𝒖𝒐𝒗𝒆
    Fandom OC
    Categoría Terror
    𝕮𝖆𝖙𝖍𝖊𝖗𝖎𝖓𝖊

    "Soy todo aquello que he perdido. Soy todo aquello que perdí sin siquiera conocerlo".

    La brasa siseó,y del crujir de la madera, una última advertencia pareció provenir. La ignoró, como tantas señales de alarma había ignorado.

    ¿Pues qué eran para alguien como él, sino vagas sugerencias? En la línea del crepúsculo entre la razón y el delirio, donde seres como él habitaban, no había lugar para la sensatez tradicional.

    Fue por eso que, en esa noche calurosa de verano, siguiendo las instrucciones de un moribundo delirante, a 𝙚𝙡𝙡𝙖 decidió acudir. A invocar.

    ¿O era, realmente, así? ¿Era él quien la llamaba, o era él quien a ella acudía? Como una polilla a una flama que amenaza con ultimadamente consumirlo.

    Y los ingredientes, las ofrendas había alistado. Sangre, tanto suya como ajena. ¿De quién, exactamente? No sabía. No importaba.

    Un objeto de valor. Un cántico garabateado a las prisas en un pedazo de papel, que de esos dedos helados y rígidos había arrancado. "No la llames si no estás completamente seguro de que eso es lo que quieres".

    ¿E iría a funcionar? Ah, quizás solamente desperdició una perfectamente decente fogata. Quizás hacer que el fuego conociese la sangre, la carne y el objeto valioso -su más preciado recuerdo, ahora una ofrenda para ella-, había sido una mala idea.

    ¿Y eso no la hacía más digna de ser intentada?

    —Muéstrate.

    Una superstición, nada más. No era manera de llamar a alguien como ella. Eso pensó cuando los segundos se extendieron y de su ritual no había quedado más que silencio, humo de pútrido aroma, y las cenizas de lo que alguna vez fuera su más preciado recuerdo.

    A ella los había ofrecido. Por ella esperaba.

    Pues ya era lo único que le quedaba.
    [Cath_The_Witch] "Soy todo aquello que he perdido. Soy todo aquello que perdí sin siquiera conocerlo". La brasa siseó,y del crujir de la madera, una última advertencia pareció provenir. La ignoró, como tantas señales de alarma había ignorado. ¿Pues qué eran para alguien como él, sino vagas sugerencias? En la línea del crepúsculo entre la razón y el delirio, donde seres como él habitaban, no había lugar para la sensatez tradicional. Fue por eso que, en esa noche calurosa de verano, siguiendo las instrucciones de un moribundo delirante, a 𝙚𝙡𝙡𝙖 decidió acudir. A invocar. ¿O era, realmente, así? ¿Era él quien la llamaba, o era él quien a ella acudía? Como una polilla a una flama que amenaza con ultimadamente consumirlo. Y los ingredientes, las ofrendas había alistado. Sangre, tanto suya como ajena. ¿De quién, exactamente? No sabía. No importaba. Un objeto de valor. Un cántico garabateado a las prisas en un pedazo de papel, que de esos dedos helados y rígidos había arrancado. "No la llames si no estás completamente seguro de que eso es lo que quieres". ¿E iría a funcionar? Ah, quizás solamente desperdició una perfectamente decente fogata. Quizás hacer que el fuego conociese la sangre, la carne y el objeto valioso -su más preciado recuerdo, ahora una ofrenda para ella-, había sido una mala idea. ¿Y eso no la hacía más digna de ser intentada? —Muéstrate. Una superstición, nada más. No era manera de llamar a alguien como ella. Eso pensó cuando los segundos se extendieron y de su ritual no había quedado más que silencio, humo de pútrido aroma, y las cenizas de lo que alguna vez fuera su más preciado recuerdo. A ella los había ofrecido. Por ella esperaba. Pues ya era lo único que le quedaba.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    66
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    4
    1 turno 0 maullidos
  • Usa su aliento de fuego para encender una fogata, aunque para esta noche permanecería en su cuerpo, aun no había terminado el peligro, la horda bajo la luz del sol es una cosa, pero la horda sin sol, posiblemente sea peor, oportunista, silenciosa y observadora.

    Solo arroja algunas ramas sobre la fogata para mantener viva la llama, aunque no lo necesita, solo es mero hábito de cada noche.
    Usa su aliento de fuego para encender una fogata, aunque para esta noche permanecería en su cuerpo, aun no había terminado el peligro, la horda bajo la luz del sol es una cosa, pero la horda sin sol, posiblemente sea peor, oportunista, silenciosa y observadora. Solo arroja algunas ramas sobre la fogata para mantener viva la llama, aunque no lo necesita, solo es mero hábito de cada noche.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Si se sienten observados... sí, soy yo en la esquina de su habitación. No me río de ustedes, lo hago con ustedes, los tqm.


    —Spidey.
    Si se sienten observados... sí, soy yo en la esquina de su habitación. No me río de ustedes, lo hago con ustedes, los tqm. —Spidey.
    Me enjaja
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • —La mudanza había sido bastante cansadora, el viaje emprendido desde Corea del sur a Italia era bastante largo , lo que había dejado a Mike bastante agotado, sobre todo en el estado que se encontraba actualmente, aún así, estaba feliz de finalmente vivir al lado de su amado novio.—

    Vaya, definitivamente se ve increíble, mucho mejor que mi antiguo estudio...

    — Una gran sonrisa adorno el rostro del castaño al ver su nuevo estudio, se dirigió en busca de su pareja para mostrarle con orgullo su nueva área de trabajo, cuando lo encontró se dirigío a la puerta para ingresar a la habitación, pero termino quedándose en la puerta al oír a su chico hablar con Lorenzo.—

    ¿ Uhm?

    — Sus ojos se abrieron en grande al escuchar dos palabras, "asesinato" y " mafia" , se tambaleó un poco y llevo sus manos a su vientre ya visible.—

    Lorenzo Moretti
    Alessandro Wang Balissari
    —La mudanza había sido bastante cansadora, el viaje emprendido desde Corea del sur a Italia era bastante largo , lo que había dejado a Mike bastante agotado, sobre todo en el estado que se encontraba actualmente, aún así, estaba feliz de finalmente vivir al lado de su amado novio.— Vaya, definitivamente se ve increíble, mucho mejor que mi antiguo estudio... — Una gran sonrisa adorno el rostro del castaño al ver su nuevo estudio, se dirigió en busca de su pareja para mostrarle con orgullo su nueva área de trabajo, cuando lo encontró se dirigío a la puerta para ingresar a la habitación, pero termino quedándose en la puerta al oír a su chico hablar con Lorenzo.— ¿ Uhm? — Sus ojos se abrieron en grande al escuchar dos palabras, "asesinato" y " mafia" , se tambaleó un poco y llevo sus manos a su vientre ya visible.— [lorenzo_moretti] [flare_onyx_bear_870]
    31 turnos 0 maullidos
  • Regresó tan tarde de trabajar que, ni a su habitación le dio tiempo de ir..así que nada, se desplomó en el primer sofá que alcanzó, cayendo en un sueño tan profundo que rozaba peligrosamente la inconsciencia.

    —Puto Val...—
    Regresó tan tarde de trabajar que, ni a su habitación le dio tiempo de ir..así que nada, se desplomó en el primer sofá que alcanzó, cayendo en un sueño tan profundo que rozaba peligrosamente la inconsciencia. —Puto Val...—
    Me gusta
    1
    1 turno 0 maullidos
  • ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗

    <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad.

    Sólo así se reducían los riesgos.

    Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj.

    Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas.

    Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo.

    — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara.

    — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos.

    Ahora se tornaba un reclamo.
    — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás.

    Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él.

    Pasaron unos segundos.
    Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo.

    ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí.

    — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo.

    Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta.

    — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris.

    Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado.

    — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni.
    Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir.
    — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción.
    Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio.

    — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni.

    Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo.

    Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo…

    Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>>
    ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
    ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗ <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad. Sólo así se reducían los riesgos. Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj. Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas. Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo. — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara. — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos. Ahora se tornaba un reclamo. — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás. Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él. Pasaron unos segundos. Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo. ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí. — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo. Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta. — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris. Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado. — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni. Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir. — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción. Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio. — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni. Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo. Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo… Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>> ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
    Me gusta
    Me enjaja
    3
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados