• -vigila a kinger desde la distancia no le gusta verlo tanto tiempo cerca de un ordenador mucho más porque sabe de lo que es capaz de hacer cuando está en su mundo, acciones que no puede evitar al tener prohibido interactuar en el mundo real.
    Dio unos pasos hacia atrás sentándose en el aire sin quitar su vista de todo lo que ve al otro lado de la pantalla en especial al humano creador.....
    Bajo la vista mirando con interés la libreta y el lápiz que tenía entre sus manos carnosas -

    Que es eso?

    -pregunto curioso pegando el rostro a la pantalla que lo separaba del mundo "real"-
    -vigila a kinger desde la distancia no le gusta verlo tanto tiempo cerca de un ordenador mucho más porque sabe de lo que es capaz de hacer cuando está en su mundo, acciones que no puede evitar al tener prohibido interactuar en el mundo real. Dio unos pasos hacia atrás sentándose en el aire sin quitar su vista de todo lo que ve al otro lado de la pantalla en especial al humano creador..... Bajo la vista mirando con interés la libreta y el lápiz que tenía entre sus manos carnosas - Que es eso? -pregunto curioso pegando el rostro a la pantalla que lo separaba del mundo "real"-
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  • •Las crónicas de Fenrir Queen•

    KAEL VIREON — ORIGEN

    “El niño que aprendió a romper”

    Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía.

    Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia.

    Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante.

    Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo.

    Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio.

    —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil.

    Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente.

    —¿Siempre eres tan serio?

    Kael desvió la mirada.

    —No.

    —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido.

    —No creo que este lugar pueda ser más aburrido.

    Fenrir soltó una pequeña risa.

    —Entonces tendré que esforzarme más.

    Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo.

    —¿Cómo te llamas? —preguntó ella.

    Kael tardó unos segundos en responder.

    —Kael.

    —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien.

    —¿Y tú?

    —Fenrir.

    Kael frunció ligeramente el ceño.

    —Es un nombre raro.

    —El tuyo también —respondió ella sin dudar.

    Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael.

    —Supongo que estamos igual.

    Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia.

    —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada.

    Fenrir dudó.

    —Cosas… malas.

    —¿Guerra?

    Ella bajó la mirada.

    —Creo que sí.

    Kael guardó silencio unos segundos.

    —¿Tienes miedo?

    Fenrir negó lentamente.

    —No… pero tampoco me gusta.

    —A mí tampoco.

    Ella lo miró con curiosidad.

    —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás?

    Kael pensó por un momento.

    —No lo sé… supongo que volver a casa.

    Fenrir sonrió suavemente.

    —Entonces asegúrate de llegar.

    Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo.

    —¿Y tú? —preguntó finalmente.

    Fenrir levantó la vista hacia el exterior.

    —Creo que… tengo que irme a algún lugar.

    —¿Volverás?

    Ella no respondió de inmediato.

    —…sí.

    Pero en su mirada había duda.

    Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo.

    Hasta que un día, Fenrir dejó de venir.

    Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban.

    Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre.

    No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre.

    Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
    •Las crónicas de Fenrir Queen• 🔥 KAEL VIREON — ORIGEN “El niño que aprendió a romper” Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía. Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia. Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante. Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo. Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio. —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil. Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente. —¿Siempre eres tan serio? Kael desvió la mirada. —No. —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido. —No creo que este lugar pueda ser más aburrido. Fenrir soltó una pequeña risa. —Entonces tendré que esforzarme más. Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo. —¿Cómo te llamas? —preguntó ella. Kael tardó unos segundos en responder. —Kael. —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien. —¿Y tú? —Fenrir. Kael frunció ligeramente el ceño. —Es un nombre raro. —El tuyo también —respondió ella sin dudar. Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael. —Supongo que estamos igual. Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia. —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada. Fenrir dudó. —Cosas… malas. —¿Guerra? Ella bajó la mirada. —Creo que sí. Kael guardó silencio unos segundos. —¿Tienes miedo? Fenrir negó lentamente. —No… pero tampoco me gusta. —A mí tampoco. Ella lo miró con curiosidad. —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás? Kael pensó por un momento. —No lo sé… supongo que volver a casa. Fenrir sonrió suavemente. —Entonces asegúrate de llegar. Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. —¿Y tú? —preguntó finalmente. Fenrir levantó la vista hacia el exterior. —Creo que… tengo que irme a algún lugar. —¿Volverás? Ella no respondió de inmediato. —…sí. Pero en su mirada había duda. Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo. Hasta que un día, Fenrir dejó de venir. Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban. Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre. No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre. Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
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  • Ya es hora de que me ponga con el parque de atracciones, lo he aplazado demasiado tiempo y no quiero que los usuarios se cansen siempre de las mismas cosas ¿Debería recrear todas las atracciones del mundo o debería innovar? Mmm…

    *Dándole vueltas a bastantes ideas de que poner en la zona del parque de atracciones, mirando el plano virtual 3D para rediseñar cada atracción, puesto, etc; algunos los volvía a cambiar de sitio para que quedase más estético o por el espacio que ocupaba, colocando dos tipos de montaña rusas una para los más atrevidos y la segunda para todas las edades, un barco pirata con celdas en popa que se balanceaba, una noria gigante que tenía vistas espectaculares y muchas más que se irían colocando poco a poco*
    Ya es hora de que me ponga con el parque de atracciones, lo he aplazado demasiado tiempo y no quiero que los usuarios se cansen siempre de las mismas cosas ¿Debería recrear todas las atracciones del mundo o debería innovar? Mmm… *Dándole vueltas a bastantes ideas de que poner en la zona del parque de atracciones, mirando el plano virtual 3D para rediseñar cada atracción, puesto, etc; algunos los volvía a cambiar de sitio para que quedase más estético o por el espacio que ocupaba, colocando dos tipos de montaña rusas una para los más atrevidos y la segunda para todas las edades, un barco pirata con celdas en popa que se balanceaba, una noria gigante que tenía vistas espectaculares y muchas más que se irían colocando poco a poco*
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  • Acaba de llegar de un vuelo desde Ginebra donde se ha reunido con un importante magnate que pretende anexionar una de sus empresas a las de la familia Ambrosse. Un acuerdo que lograría implementar un influjo masivo de dinero para el desarrollo de I+D de las empresas de Viggo y su familia.

    El jet lag lo está matando esta semana, pero no puede irse a la cama sin más. Aun tiene reunión con la junta de accionistas y una comida con un importante socio empresarial. Hoy será el día mas largo en la vida de Viggo, quien está soñando despierto con su cama.
    Acaba de llegar de un vuelo desde Ginebra donde se ha reunido con un importante magnate que pretende anexionar una de sus empresas a las de la familia Ambrosse. Un acuerdo que lograría implementar un influjo masivo de dinero para el desarrollo de I+D de las empresas de Viggo y su familia. El jet lag lo está matando esta semana, pero no puede irse a la cama sin más. Aun tiene reunión con la junta de accionistas y una comida con un importante socio empresarial. Hoy será el día mas largo en la vida de Viggo, quien está soñando despierto con su cama.
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  • ​Las luces cayeron, pero el aire seguía cargado de una intensa electricidad que mantenía sus vellos erizados. Su respiración pesaba. A pesar de la fatiga, de su rostro colgaba una sonrisa cristalina, suspendida en algún punto intermedio entre el alivio, la satisfacción y la adrenalina que aún corría por sus venas. Aún podía escuchar los vítores de su público reproduciéndose en su mente.

    ​Después de tanto tiempo y esfuerzo invertidos, finalmente había debutado. Y lo hizo bajo su propio nombre. No como parte de un grupo, no como acompañante; solo ella y su público, de la mano de la agencia VisionOne.

    ​Estaba exhausta, pero había valido la pena cada segundo. Las luces, la precisión de su coreografía, las cámaras... todo había sido perfecto. Lo que más le sorprendía era que tantas personas se animaran a verla solo a ella. Fuera por su carisma, su belleza o su toque personal, la gente había estado allí apoyándola. Era un sueño cumplido; el primer paso de un futuro brillante, o eso le gustaba creer.

    ​—Cielos... casi no lo creo —pensó en voz alta, justo detrás del escenario principal.

    ​Pasó una mano por su cabello perfectamente arreglado y ajustó el vestido diseñado a medida. A lo lejos, los moderadores despedían el evento y guiaban a las personas hacia la salida, mientras ella apoyaba las manos en su cintura, tratando de recuperar el aliento en el Backstage.
    ​Las luces cayeron, pero el aire seguía cargado de una intensa electricidad que mantenía sus vellos erizados. Su respiración pesaba. A pesar de la fatiga, de su rostro colgaba una sonrisa cristalina, suspendida en algún punto intermedio entre el alivio, la satisfacción y la adrenalina que aún corría por sus venas. Aún podía escuchar los vítores de su público reproduciéndose en su mente. ​Después de tanto tiempo y esfuerzo invertidos, finalmente había debutado. Y lo hizo bajo su propio nombre. No como parte de un grupo, no como acompañante; solo ella y su público, de la mano de la agencia VisionOne. ​Estaba exhausta, pero había valido la pena cada segundo. Las luces, la precisión de su coreografía, las cámaras... todo había sido perfecto. Lo que más le sorprendía era que tantas personas se animaran a verla solo a ella. Fuera por su carisma, su belleza o su toque personal, la gente había estado allí apoyándola. Era un sueño cumplido; el primer paso de un futuro brillante, o eso le gustaba creer. ​—Cielos... casi no lo creo —pensó en voz alta, justo detrás del escenario principal. ​Pasó una mano por su cabello perfectamente arreglado y ajustó el vestido diseñado a medida. A lo lejos, los moderadores despedían el evento y guiaban a las personas hacia la salida, mientras ella apoyaba las manos en su cintura, tratando de recuperar el aliento en el Backstage.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    Primera parte: : El Mundo que Perdí.

    Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria.

    Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor.

    Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira.

    No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado.

    Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla.

    Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad.

    Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo.

    Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana.

    El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria.

    Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones.

    Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos.

    Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto.

    La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
    Primera parte: : El Mundo que Perdí. Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria. Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor. Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira. No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado. Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla. Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad. Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo. Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana. El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria. Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones. Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos. Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto. La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
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  • -entre otros artefactos que las brujas jovenes usamos son las linternas... aunque en realidad yo no las puedo usar- solto una risita apenada -sus ataques son como ondas de choque, la linterna lanza un flash que deja casi que ciegos a aquellos que reciban el ataque, ademas de que se usa para atraer al enemigo de forma bastante literal como polillas a la luz, yo no las puedo usar por que el efecto de atraccion de mi amgia causa un efecto adverso el cual hace que la los que esten bajo la luz peleen casi que a muerte-
    -entre otros artefactos que las brujas jovenes usamos son las linternas... aunque en realidad yo no las puedo usar- solto una risita apenada -sus ataques son como ondas de choque, la linterna lanza un flash que deja casi que ciegos a aquellos que reciban el ataque, ademas de que se usa para atraer al enemigo de forma bastante literal como polillas a la luz, yo no las puedo usar por que el efecto de atraccion de mi amgia causa un efecto adverso el cual hace que la los que esten bajo la luz peleen casi que a muerte-
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    Y pensar que hace unos días estaba completamente solo y destrozado al haber eliminado a mi bebé por accidente

    -se suena la nariz ¿O donde se supone debe estar su nariz? No pensó llegar a tener tanto y mucho menos en tan poco tiempo-
    Y pensar que hace unos días estaba completamente solo y destrozado al haber eliminado a mi bebé por accidente -se suena la nariz ¿O donde se supone debe estar su nariz? No pensó llegar a tener tanto y mucho menos en tan poco tiempo-
    — Me siento acompañada por mi prometido y nuestro "hijo", eso me hace feliz.

    Kinger TADC Caine
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  • — Fue un maravilloso espectáculo, ver en su rostro la reacción de impotencia al ser el único que sobrevive al apocalipsis, deja en mi un auténtico sentimiento.— Aclara, con las manos llenas de carne cuyo origen es preferible no preguntar. Degusta en sus papilas el sabor ferroso y descompuesto de los organismos que fueron expulsados de la esfera.

    Lo saborea, pero mucho más la miserable imagen del Lycan a punto de retorcerse en un abismo sin retorno. « Que delicia » chupaba sus dedos hasta la última gota de esa mezcla carnosa. — ¿Qué será lo siguiente? Quizás matar a la bruja entrometida o tal vez a los aventureros que estás a punto de encontrar... ¡Mmm!. ¡Muéstrame tu siguiente vínculo!. — «Mi estómagos quiere digerirlo».
    — Fue un maravilloso espectáculo, ver en su rostro la reacción de impotencia al ser el único que sobrevive al apocalipsis, deja en mi un auténtico sentimiento.— Aclara, con las manos llenas de carne cuyo origen es preferible no preguntar. Degusta en sus papilas el sabor ferroso y descompuesto de los organismos que fueron expulsados de la esfera. Lo saborea, pero mucho más la miserable imagen del Lycan a punto de retorcerse en un abismo sin retorno. « Que delicia » chupaba sus dedos hasta la última gota de esa mezcla carnosa. — ¿Qué será lo siguiente? Quizás matar a la bruja entrometida o tal vez a los aventureros que estás a punto de encontrar... ¡Mmm!. ¡Muéstrame tu siguiente vínculo!. — «Mi estómagos quiere digerirlo».
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  • El cielo nocturno ya no era un manto de promesas, sino una bóveda asfixiante, una prisión a la que le aterraba volver. Mirando hacia la inmensidad oscura, los ojos dorados de Raziel dejaron escapar nuevas lágrimas. Reprimir los siglos de devoción que atesoraba por ella era una tarea imposible, incluso cuando la imagen de la Comandante, empapada en la sangre de sus hermanos, monopolizaba cada una de sus pesadillas.

    La necesitaba con desesperación. La distancia era un veneno corrosivo que le devoraba el alma más rápido que el propio abandono de Padre. El corazón le latía dividido: por un lado, el pánico de que Mikhael la encontrara; por el otro, la agonía de querer sentir su presencia una vez más.

    Desplegó sus alas rotas, forzando un último impulso que la llevó hasta la azotea de un edificio desolado. Tenía que estar lejos. Lejos de la casa de Vael, asegurándose de que su propia imprudencia no lo arrastrara a la muerte. Una vez a salvo en la cornisa, cerró los ojos y dejó que su voz viajara a través de ese vínculo mental que alguna vez juraron que sería eterno. Un hilo que ahora se sentía infectado por la guerra, pero al que Raziel se aferraba con obstinación.

    —He caminado entre ellos... he visto de cerca lo pútrido de su alma... lo inmoral de sus acciones... —Su confesión viajó por el hilo invisible, dándole la razón a todas esas noches de preguntas que siempre la atormentaron. Si tan solo hubiera prestado más atención... quizá habría podido evitar esto, pero ya era muy tarde—. Pero también he visto el rezago del amor de Padre en ellos, Mikhael... lo que alguna vez habitó en ti y en mí... ese amor...

    La palabra le quemó la garganta, dejándole un sabor a ceniza—… el que ya no tiene cabida en tu pecho... he decidido que voy a protegerlo.

    La declaración se cortó por el llanto. Se estaba convirtiendo en la enemiga de la dueña de su corazón, pero se aferró a la certeza de que detenerla era la única forma de salvarla de sí misma; de evitar que las manos puras de la General se perdieran para siempre en la sangre inocente.

    —Sé que pretendes asesinarlos a todos. Y solo quería que supieras... amor mío... que voy a detenerte. Sin importar el costo.
    El cielo nocturno ya no era un manto de promesas, sino una bóveda asfixiante, una prisión a la que le aterraba volver. Mirando hacia la inmensidad oscura, los ojos dorados de Raziel dejaron escapar nuevas lágrimas. Reprimir los siglos de devoción que atesoraba por ella era una tarea imposible, incluso cuando la imagen de la Comandante, empapada en la sangre de sus hermanos, monopolizaba cada una de sus pesadillas. La necesitaba con desesperación. La distancia era un veneno corrosivo que le devoraba el alma más rápido que el propio abandono de Padre. El corazón le latía dividido: por un lado, el pánico de que Mikhael la encontrara; por el otro, la agonía de querer sentir su presencia una vez más. Desplegó sus alas rotas, forzando un último impulso que la llevó hasta la azotea de un edificio desolado. Tenía que estar lejos. Lejos de la casa de Vael, asegurándose de que su propia imprudencia no lo arrastrara a la muerte. Una vez a salvo en la cornisa, cerró los ojos y dejó que su voz viajara a través de ese vínculo mental que alguna vez juraron que sería eterno. Un hilo que ahora se sentía infectado por la guerra, pero al que Raziel se aferraba con obstinación. —He caminado entre ellos... he visto de cerca lo pútrido de su alma... lo inmoral de sus acciones... —Su confesión viajó por el hilo invisible, dándole la razón a todas esas noches de preguntas que siempre la atormentaron. Si tan solo hubiera prestado más atención... quizá habría podido evitar esto, pero ya era muy tarde—. Pero también he visto el rezago del amor de Padre en ellos, Mikhael... lo que alguna vez habitó en ti y en mí... ese amor... La palabra le quemó la garganta, dejándole un sabor a ceniza—… el que ya no tiene cabida en tu pecho... he decidido que voy a protegerlo. La declaración se cortó por el llanto. Se estaba convirtiendo en la enemiga de la dueña de su corazón, pero se aferró a la certeza de que detenerla era la única forma de salvarla de sí misma; de evitar que las manos puras de la General se perdieran para siempre en la sangre inocente. —Sé que pretendes asesinarlos a todos. Y solo quería que supieras... amor mío... que voy a detenerte. Sin importar el costo.
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