• Por cuestiones de la empresa de modelaje que está en reparaciones, seré maestra por un tiempo ♥ no diré en que universidad ♥
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    Me encocora
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  • (mi obsequio especial para Goliath

    Y habrán muchos más por haber jejeje.. disfrútalo )


    Este es mi regalo!.. lo hice con mucha admiración je..
    (mi obsequio especial para [legend_sapphire_panda_555] Y habrán muchos más por haber jejeje.. disfrútalo 💚🥺) Este es mi regalo!.. lo hice con mucha admiración je..
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  • Hay que reparar toda la casa que varias filtraciones de aire.
    Hay que reparar toda la casa que varias filtraciones de aire.
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  • -La ciencia es la exégesis de nuestro propio reflejo en el universo. Falaz, incompleta, falible por su propia naturaleza.

    ...Me enferma. Me enferma y enfurece hasta lo más hondo...pero no tenemos opción.
    -La ciencia es la exégesis de nuestro propio reflejo en el universo. Falaz, incompleta, falible por su propia naturaleza. ...Me enferma. Me enferma y enfurece hasta lo más hondo...pero no tenemos opción.
    Me shockea
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  • #𝗲𝘆𝗲𝘀𝗱𝗼𝗻𝘁𝗹𝗶𝗲 ๋ ࣭ ⭑
    ​En la cuenca de la mirada se refugia lo prohibido
    los ojos son el rescoldo de un incendio contenido.
    ​Puedes jurar por el cielo,puedes negar la evidencia,
    pero tus ojos delatan el peso de tu conciencia.
    #𝗲𝘆𝗲𝘀𝗱𝗼𝗻𝘁𝗹𝗶𝗲 ๋ ࣭ ⭑ ​En la cuenca de la mirada se refugia lo prohibido los ojos son el rescoldo de un incendio contenido. ​Puedes jurar por el cielo,puedes negar la evidencia, pero tus ojos delatan el peso de tu conciencia.
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  • - Deberé tener más cuidado la próxima vez.

    Comenta para si mismo mientras lleva sus manos a su propia espalda y estira su torso hacia adelante, mientras aun yace el cuerpo de Chroma sobre el techo de un vehículo blindado que se partió por la mitad por el descenso del Warframe.
    - Deberé tener más cuidado la próxima vez. Comenta para si mismo mientras lleva sus manos a su propia espalda y estira su torso hacia adelante, mientras aun yace el cuerpo de Chroma sobre el techo de un vehículo blindado que se partió por la mitad por el descenso del Warframe.
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  • La madera cruje con cada cambio de peso en la sala común. No es un sonido limpio, ni agradable: es un lamento seco, antiguo, como si el lugar recordara. El humo flota bajo, atrapado entre las vigas ennegrecidas, y la luz del fuego no ilumina tanto como revela; manchas, cicatrices, sombras que no deberían estar ahí.

    Huele a grasa, a hierro, a piel mojada por la nieve y el hielo, secándose demasiado despacio.

    En una de las mesas, apartado del bullicio que ya se ha apagado, hay un hombre.

    No trata de destacar. No levanta la voz. No busca espacio. Pero lo tiene.

    Hakon Wulfson come.

    No hay prisa en sus movimientos. Tampoco placer. Mastica como quien cumple una tarea más del día, con la misma precisión con la que se afila un filo o se revisa la correa de un escudo. La carne es dura; apenas sangra. Sus manos, grandes, marcadas, sostienen el hueso con firmeza mecánica. Nudillos anchos y duros; alguno partido. Viejas fracturas mal soldadas. La piel no ha olvidado.

    Tiene la mirada baja, fija en nada concreto. No está pensando en nada que pueda nombrarse fácilmente.

    El fuego chisporrotea. Alguien ríe al fondo. Alguien estornudar. Una jarra cae. La vida sigue moviéndose en torno a él sin tocarle.

    Entonces, algo cambia.

    No es un sonido claro. No es una interrupción evidente. Es más bien una presencia que se cuela en el borde de lo perceptible.

    Hakon no levanta la cabeza de inmediato.

    Pero sus ojos se desplazan.

    El perro se acerca despacio.

    No es grande, pero tampoco pequeño. Costillas marcadas bajo el pelaje sucio, orejas alertas, paso contenido. No mendiga con descaro. No se arrastra. Se acerca como lo haría otro animal que ha aprendido a sobrevivir entre hombres: midiendo cada centímetro, cada gesto.

    Se detiene a una distancia prudente.

    Observa.

    Hakon lo mira entonces.

    Sin gesto. Sin expresión. Como si midiera la amenaza en ese cuerpo huesudo y hambriento. No la hay.

    Arranca un trozo de carne.

    Lo lanza.

    Lejos.

    No con violencia, pero sí con determinación. Una orden sin palabras.

    El perro reacciona al instante. Sale disparado, con las zarpas raspando la madera, y desaparece un segundo entre sombras y patas de bancos.

    Hakon vuelve a su comida.

    Mastica.

    Traga.

    Pero sus ojos no han vuelto del todo.

    Se quedan un instante más allá, donde el animal ha corrido. No hay emoción evidente en su rostro, ninguna grieta que delate nada… salvo algo mínimo. Un desfase. Como si mirase algo que no encaja con el resto del mundo.

    Como si no recordara haber visto algo así antes.

    O como si lo recordara, por un instante. Amargo.

    El perro regresa.

    Más rápido esta vez. Más directo. Ya no duda tanto.

    Se planta frente a él y se sienta.

    Espera.

    No ladra. No gimotea. Solo mira.

    Hakon sostiene su mirada.

    Más tiempo ahora.

    Arranca otro trozo de carne. Esta vez no lo lanza lejos. Lo deja caer justo a los pies del animal.

    El perro baja la cabeza y devora sin ceremonia, como si alguien pudiera arrebatárselo en cualquier momento. No hay gratitud. No hay sumisión. Solo hambre.

    Hakon observa.

    En silencio.

    Y por un instante; breve, casi inexistente, hay algo en sus ojos que no pertenece a un hombre que ha sobrevivido a todo lo que rompe a otros.

    Algo que no ha sido aplastado.

    Todavía no.
    La madera cruje con cada cambio de peso en la sala común. No es un sonido limpio, ni agradable: es un lamento seco, antiguo, como si el lugar recordara. El humo flota bajo, atrapado entre las vigas ennegrecidas, y la luz del fuego no ilumina tanto como revela; manchas, cicatrices, sombras que no deberían estar ahí. Huele a grasa, a hierro, a piel mojada por la nieve y el hielo, secándose demasiado despacio. En una de las mesas, apartado del bullicio que ya se ha apagado, hay un hombre. No trata de destacar. No levanta la voz. No busca espacio. Pero lo tiene. Hakon Wulfson come. No hay prisa en sus movimientos. Tampoco placer. Mastica como quien cumple una tarea más del día, con la misma precisión con la que se afila un filo o se revisa la correa de un escudo. La carne es dura; apenas sangra. Sus manos, grandes, marcadas, sostienen el hueso con firmeza mecánica. Nudillos anchos y duros; alguno partido. Viejas fracturas mal soldadas. La piel no ha olvidado. Tiene la mirada baja, fija en nada concreto. No está pensando en nada que pueda nombrarse fácilmente. El fuego chisporrotea. Alguien ríe al fondo. Alguien estornudar. Una jarra cae. La vida sigue moviéndose en torno a él sin tocarle. Entonces, algo cambia. No es un sonido claro. No es una interrupción evidente. Es más bien una presencia que se cuela en el borde de lo perceptible. Hakon no levanta la cabeza de inmediato. Pero sus ojos se desplazan. El perro se acerca despacio. No es grande, pero tampoco pequeño. Costillas marcadas bajo el pelaje sucio, orejas alertas, paso contenido. No mendiga con descaro. No se arrastra. Se acerca como lo haría otro animal que ha aprendido a sobrevivir entre hombres: midiendo cada centímetro, cada gesto. Se detiene a una distancia prudente. Observa. Hakon lo mira entonces. Sin gesto. Sin expresión. Como si midiera la amenaza en ese cuerpo huesudo y hambriento. No la hay. Arranca un trozo de carne. Lo lanza. Lejos. No con violencia, pero sí con determinación. Una orden sin palabras. El perro reacciona al instante. Sale disparado, con las zarpas raspando la madera, y desaparece un segundo entre sombras y patas de bancos. Hakon vuelve a su comida. Mastica. Traga. Pero sus ojos no han vuelto del todo. Se quedan un instante más allá, donde el animal ha corrido. No hay emoción evidente en su rostro, ninguna grieta que delate nada… salvo algo mínimo. Un desfase. Como si mirase algo que no encaja con el resto del mundo. Como si no recordara haber visto algo así antes. O como si lo recordara, por un instante. Amargo. El perro regresa. Más rápido esta vez. Más directo. Ya no duda tanto. Se planta frente a él y se sienta. Espera. No ladra. No gimotea. Solo mira. Hakon sostiene su mirada. Más tiempo ahora. Arranca otro trozo de carne. Esta vez no lo lanza lejos. Lo deja caer justo a los pies del animal. El perro baja la cabeza y devora sin ceremonia, como si alguien pudiera arrebatárselo en cualquier momento. No hay gratitud. No hay sumisión. Solo hambre. Hakon observa. En silencio. Y por un instante; breve, casi inexistente, hay algo en sus ojos que no pertenece a un hombre que ha sobrevivido a todo lo que rompe a otros. Algo que no ha sido aplastado. Todavía no.
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  • no soy especialmente bueno en algo,soy en muchas cosas pero no destaco por alguna razon siempre hay alguien mejor y que mas da asi es la vida, siempre pienso que pasaria si no hubiera nadie mejor que yo,acaso mi vida sería mejor acaso me hubiera dedicado a otra cosa
    (sacudo la cabeza)
    no seas payaso tus deseos te hubieran consumido en todas manera y si probablemente mis sentimientos me ganarian pero no pueden negar que es satisfactorio que te veneren,que te obedezcan no importa que,simplemente no puedo aunque eso me convierte en un monstruo no quiero ser un monstruo
    haré un cambio y cuando eso pase no tendré que ocultar mi cara,el dia que me pueda ver en un espejo ese dia estare en paz
    (decía mientras seguía a una chica)

    no soy especialmente bueno en algo,soy en muchas cosas pero no destaco por alguna razon siempre hay alguien mejor y que mas da asi es la vida, siempre pienso que pasaria si no hubiera nadie mejor que yo,acaso mi vida sería mejor acaso me hubiera dedicado a otra cosa (sacudo la cabeza) no seas payaso tus deseos te hubieran consumido en todas manera y si probablemente mis sentimientos me ganarian pero no pueden negar que es satisfactorio que te veneren,que te obedezcan no importa que,simplemente no puedo aunque eso me convierte en un monstruo no quiero ser un monstruo haré un cambio y cuando eso pase no tendré que ocultar mi cara,el dia que me pueda ver en un espejo ese dia estare en paz (decía mientras seguía a una chica)
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  • la necesidad de pertenecer a un lugar la tiene todo el mundo, un lugar seguro para estar pero el no tenerlo es bueno,soy un alma libre ,vago por donde me da la gana,puedo hacer lo que me plazca no tengo nada ,ni nadie que perder,
    mi cabeza usualmente me confunde se que hay algo que quiero hacer pero no se que es se que debo pero no debo, no me voy a apegar a nadie aunque seria divertido que alguien se apegue a mi
    la necesidad de pertenecer a un lugar la tiene todo el mundo, un lugar seguro para estar pero el no tenerlo es bueno,soy un alma libre ,vago por donde me da la gana,puedo hacer lo que me plazca no tengo nada ,ni nadie que perder, mi cabeza usualmente me confunde se que hay algo que quiero hacer pero no se que es se que debo pero no debo, no me voy a apegar a nadie aunque seria divertido que alguien se apegue a mi
    Me entristece
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  • "𝘓𝘶𝘯𝘦𝘴, 𝘰𝘵𝘳𝘢 𝘷𝘦𝘻. 𝘕𝘰 𝘥𝘰𝘳𝘮í 𝘣𝘪𝘦𝘯. 𝘏𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘵𝘰 𝘢 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘱é𝘵𝘢𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘧𝘭𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦 𝘮𝘪𝘴 𝘴á𝘣𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘺 𝘥𝘰𝘣𝘭é 𝘭𝘢 𝘥𝘰𝘴𝘪𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘘𝘶𝘦𝘵𝘪𝘢𝘱𝘪𝘯𝘢, 𝘯𝘰 𝘮𝘦 𝘰𝘥𝘪𝘦𝘴, 𝘥𝘰𝘤, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘦𝘯 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘪𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘢𝘯𝘴𝘢𝘳..."

    El audio se corta. Jules deja el teléfono sobre la mesa de trabajo, observando cómo de sus dedos se extiende un rastro de estática iridiscente.

    A sus 25 años, debería estar preocupada por su carrera, su padre, sus amigos... Pero, ahora mismo, su mayor miedo es que el mundo que la rodea se convierta en una de sus pinturas.
    "𝘓𝘶𝘯𝘦𝘴, 𝘰𝘵𝘳𝘢 𝘷𝘦𝘻. 𝘕𝘰 𝘥𝘰𝘳𝘮í 𝘣𝘪𝘦𝘯. 𝘏𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘵𝘰 𝘢 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘱é𝘵𝘢𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘧𝘭𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦 𝘮𝘪𝘴 𝘴á𝘣𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘺 𝘥𝘰𝘣𝘭é 𝘭𝘢 𝘥𝘰𝘴𝘪𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘘𝘶𝘦𝘵𝘪𝘢𝘱𝘪𝘯𝘢, 𝘯𝘰 𝘮𝘦 𝘰𝘥𝘪𝘦𝘴, 𝘥𝘰𝘤, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘦𝘯 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘪𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘢𝘯𝘴𝘢𝘳..." El audio se corta. Jules deja el teléfono sobre la mesa de trabajo, observando cómo de sus dedos se extiende un rastro de estática iridiscente. A sus 25 años, debería estar preocupada por su carrera, su padre, sus amigos... Pero, ahora mismo, su mayor miedo es que el mundo que la rodea se convierta en una de sus pinturas.
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