• ───── STARTER CALL .ᐟ
    ᅠᅠ ♡ Jason Elaris

    El año diecisiete de la era Genji no trajo ninguna promesa de esperanza, sino más bien una profunda sensación de desdicha. Para quienes vivían en las calles de Kyoto, solo encontraban el hambre que no cesaba y en el miedo constante a que una disputa política terminara en un charco de sangre frente a su puerta. El shogunato se desmoronaba a la vista de todos, incapaz de sostener un país que ya no entendía sus propias reglas, la caída era inminente.
    Sin embargo, esa tarde de 1865, Hijikata no buscaba pelea ni estaba persiguiendo a ningún rebelde.
    Caminaba solo por la orilla del río Kamo mientras el sol comenzaba a bajar, pintando el agua de un rojo apagado que recordaba demasiado a las heridas que vio en sus compañeros. Se sentía demasiado cansado, la patrulla del día se había alargado demasiado y sus pies acusaban el esfuerzo de tantas horas de vigilancia.
    Se había separado de Okita y Saitō después de un intento desastroso de socializar en una taberna cercana. Todo empezó cuando, bajo los efectos del sake y la insistencia de sus compañeros, Hijikata accedió a recitar unos versos con un tono que pretendía ser solemne. El silencio que siguió fue incómodo y los pocos aplausos que recibió sonaron más a lástima que a respeto. Okita, que no soportaba que nadie ignorara el "talento" de su subcomandante, se puso en pie de un salto, gritando que todos en el local eran unos bárbaros sin oído musical.
    ​Mientras Okita empezaba a volcar mesas y a amenazar con moler a palos a medio bar por su falta de cultura, y Saitō se preparaba para la inevitable trifulca, Hijikata aprovechó el caos para escabullirse. Se ajustó el uniforme y salió a la calle con paso rápido, mirando hacia otro lado y fingiendo estar muy interesado en una pared cercana para que nadie lo asociara con los dos locos que estaban destrozando el mobiliario.

    Se detuvo un momento junto a un puente de madera y apoyó las manos en la baranda. El roce de la madera vieja le hizo notar que todavía tenía restos de tinta en los dedos por los documentos que había estado firmando esa mañana. Era un detalle pequeño, pero le recordó lo lejos que estaba de ser el simple campesino que alguna vez fue. Debajo del puente, un par de mujeres trabajaban con sus redes de pesca en un bote pequeño. Se reían por algo que él no alcanzaba a escuchar, compartiendo una complicidad sencilla y cotidiana, Hijikata solo se limitaba a mirar, dejando escapar un suspiro de cansancio.
    Al levantar la vista, el resplandor del atardecer lo obligó a entrecerrar los ojos. En el otro extremo del puente, una silueta se recortaba contra la luz naranja del cielo. Por instinto, enderezó la espalda y ajustó el peso de su katana en la cadera. Su mano derecha bajó unos centímetros, situándose cerca de la empuñadura por pura costumbre.

     ❛ ¿Quién eres? ❜


    ───── STARTER CALL .ᐟ ᅠᅠ ♡ [jay.elaris] El año diecisiete de la era Genji no trajo ninguna promesa de esperanza, sino más bien una profunda sensación de desdicha. Para quienes vivían en las calles de Kyoto, solo encontraban el hambre que no cesaba y en el miedo constante a que una disputa política terminara en un charco de sangre frente a su puerta. El shogunato se desmoronaba a la vista de todos, incapaz de sostener un país que ya no entendía sus propias reglas, la caída era inminente. Sin embargo, esa tarde de 1865, Hijikata no buscaba pelea ni estaba persiguiendo a ningún rebelde. Caminaba solo por la orilla del río Kamo mientras el sol comenzaba a bajar, pintando el agua de un rojo apagado que recordaba demasiado a las heridas que vio en sus compañeros. Se sentía demasiado cansado, la patrulla del día se había alargado demasiado y sus pies acusaban el esfuerzo de tantas horas de vigilancia. Se había separado de Okita y Saitō después de un intento desastroso de socializar en una taberna cercana. Todo empezó cuando, bajo los efectos del sake y la insistencia de sus compañeros, Hijikata accedió a recitar unos versos con un tono que pretendía ser solemne. El silencio que siguió fue incómodo y los pocos aplausos que recibió sonaron más a lástima que a respeto. Okita, que no soportaba que nadie ignorara el "talento" de su subcomandante, se puso en pie de un salto, gritando que todos en el local eran unos bárbaros sin oído musical. ​Mientras Okita empezaba a volcar mesas y a amenazar con moler a palos a medio bar por su falta de cultura, y Saitō se preparaba para la inevitable trifulca, Hijikata aprovechó el caos para escabullirse. Se ajustó el uniforme y salió a la calle con paso rápido, mirando hacia otro lado y fingiendo estar muy interesado en una pared cercana para que nadie lo asociara con los dos locos que estaban destrozando el mobiliario. Se detuvo un momento junto a un puente de madera y apoyó las manos en la baranda. El roce de la madera vieja le hizo notar que todavía tenía restos de tinta en los dedos por los documentos que había estado firmando esa mañana. Era un detalle pequeño, pero le recordó lo lejos que estaba de ser el simple campesino que alguna vez fue. Debajo del puente, un par de mujeres trabajaban con sus redes de pesca en un bote pequeño. Se reían por algo que él no alcanzaba a escuchar, compartiendo una complicidad sencilla y cotidiana, Hijikata solo se limitaba a mirar, dejando escapar un suspiro de cansancio. Al levantar la vista, el resplandor del atardecer lo obligó a entrecerrar los ojos. En el otro extremo del puente, una silueta se recortaba contra la luz naranja del cielo. Por instinto, enderezó la espalda y ajustó el peso de su katana en la cadera. Su mano derecha bajó unos centímetros, situándose cerca de la empuñadura por pura costumbre.  ❛ ¿Quién eres? ❜
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  • Estos días sí que hace mucho calor. Por eso, debes protegerte de él. Hay muchas recomendaciones, pero aquí te doy algunas generales. Toma muchos líquidos para mantenerte hidratado, preferentemente toma mucha agüita. Nada hay más sano que el agua. También es útil evitar exponerse al sol entre las 11 am y las 18 pm porque en ese periodo el sol suele ser más intenso. Usa ropa con colores claros y que sea holgada. Así tu ropa no conservará tanto calor y podrá ventilarse más sencillo. Evita hacer entrenamiento físico intenso en el lapso indicado también. Y por último, mantén el lugar donde estés fresco y ventilado, con cortinas cerradas, preferentemente, pero permitiendo corrientes de aire. glu glu glu
    *Beber agua.*
    Estos días sí que hace mucho calor. Por eso, debes protegerte de él. Hay muchas recomendaciones, pero aquí te doy algunas generales. Toma muchos líquidos para mantenerte hidratado, preferentemente toma mucha agüita. Nada hay más sano que el agua. También es útil evitar exponerse al sol entre las 11 am y las 18 pm porque en ese periodo el sol suele ser más intenso. Usa ropa con colores claros y que sea holgada. Así tu ropa no conservará tanto calor y podrá ventilarse más sencillo. Evita hacer entrenamiento físico intenso en el lapso indicado también. Y por último, mantén el lugar donde estés fresco y ventilado, con cortinas cerradas, preferentemente, pero permitiendo corrientes de aire. :STK-6: glu glu glu *Beber agua.*
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  • ( 𝐀𝐔 — 新選組 ) / 𝟭𝟴𝟲𝟰’, 𝙃𝙞𝙟𝙞𝙠𝙖𝙩𝙖 𝙏𝙤𝙨𝙝𝙞𝙯𝙤, 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙣𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙢𝙖𝙣𝙙𝙤. 𝙀𝙡 𝘿𝙚𝙢𝙤𝙣𝙞𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙎𝙝𝙞𝙣𝙨𝙚𝙣𝙜𝙪𝙢𝙞.

    El bochorno de Kioto en aquel julio de 1864 se había filtrado hasta la médula de los caídos, una humedad pegajosa que convertía el aire en algo sólido y difícil de tragar. Frente a la 𝗽𝗼𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗜𝗸𝗲𝗱𝗮𝘆𝗮, el calor del verano era una mala combinación junto con el vaho de la madera calcinada y el rastro metálico de la carnicería. Hijikata se mantenía en pie, aunque el mundo a su alrededor oscilaba con un 𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗳𝗲𝗯𝗿𝗶𝗹. Sus pulmones reclamaban aire, pero solo encontraba brasas invisibles en cada inhalación, un castigo tras dos horas de combate cuerpo a cuerpo en el interior de aquel horno de vigas y papel.
    La yukata azul oscuro que vestía bajo el haori castaño estaba tan empapada que se adhería a su piel. No era solo sudor; manchas irregulares, densas y oscuras, se extendían por la tela, testamento de 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗲𝘅𝘁𝗶𝗻𝗴𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗼. Por una vez, esa sangre no era la suya, pero el peso de la fatiga era tan letal como una herida abierta.
    A sus espaldas, la fachada del Ikedaya parecían salidas del mismo infierno. Las puertas de madera noble colgaban de sus goznes, astilladas por cortes de katana que habían partido el grano de la madera como si fuera pergamino. Los postigos yacían hechos añicos en el suelo, y a través de la entrada abierta de par en par, el caos se revelaba bajo la luz vacilante de las linternas: muebles destrozados, biombos fusuma desgarrados y cuerpos que parecían multiplicarse ante sus ojos cansados cada vez que parpadeaba para limpiarse el sudor. Ocho insurgentes del dominio de Choshu habían quedado allí, sus ambiciones cercenadas en el tatami, mientras otros treinta y dos aguardaban encadenados en la calle, destinados a un juicio que Hijikata sabía que terminaría con 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗲𝘇𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮́𝗿𝗰𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻𝗷𝗼.
    Dos horas, ciento veinte minutos de tensión absoluta donde la deshidratación había tirado de sus músculos como si fueran sogas a punto de romperse. Había visto a sus mejores hombres tambalearse, y el momento más amargo fue ver a su soldado más letal desplomarse sobre las esteras. No había sido el acero enemigo, sino el calor traicionero y el esfuerzo sobrehumano lo que había apagado su chispa. Hijikata mismo sentía que el control sobre su propio cuerpo se le escapaba; sus piernas vibraban bajo el hakama y un temblor involuntario recorría sus antebrazos, una reacción eléctrica al agotamiento que intentaba ocultar.
    Su mano derecha seguía aferrada a la empuñadura de su katana, los nudillos blancos y endurecidos por la tensión.

    ❛¡Kondō-san!❜­­ ­ llamó, y su voz surgió como un estallido de grava, áspera por los gritos de guerra y el humo denso de las lámparas de aceite.
    A pocos metros, Kondō Isami inspeccionaba los restos de la refriega. El comandante del Shinsengumi se giró hacia él. En su rostro se leía la misma fatiga, pero sus ojos brillaban con la luz salvaje de la victoria. Al preguntarle por las bajas, la respuesta de Kondō fue poco satisfactoria: un muerto en el acto, dos más que no verían el amanecer. Los números en el papel dirían que fue un triunfo aplastante, pero él sabía que las matemáticas nunca hacían justicia al horror de la lucha.

    Sus ojos recorrieron la calle principal de Kioto. El reloj de agua ya había marcado la hora del Buey, pero las calles estaban lejos de ser silenciosas. Los curiosos se asomaban desde los callejones como espectros atraídos por la luz de las antorchas. Su presencia le revolvió el estómago. Eran mirones que buscaban entretenimiento en el rastro de la carnicería.
    Cuando Hijikata avanzó hacia ellos, su figura pareció estirarse bajo el resplandor de las teas. Era un hombre imponente, cuya estatura superaba con creces el metro ochenta, una rareza física en aquel Japón que le otorgaba un aura casi mítica. Su constitución no era la de un hombre delgado o frágil; poseía una densidad física notable que hacían que su velocidad en combate fuera aún más aterradora. Su piel, bronceada por las interminables horas de entrenamiento bajo el sol de los campos de Tama, relucía con una pátina de sudor y violencia.

    Incluso en aquel estado lamentable, cubierto de hollín y sangre, Hijikata poseía una belleza destacable. Sus rasgos eran afilados, de una simetría perfecta que parecía haber sido esculpida en piedra para encarnar el ideal del guerrero. Los rumores que corrían por las casas de té no mentían: era el hombre más hermoso que jamás hubiera portado el uniforme del Shogún, pero era una belleza peligrosa, una que advertía que detrás de aquel rostro perfecto habitaba el 𝗗𝗲𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗠𝗶𝗯𝘂.

    ❛¡Ustedes!❜ su voz tronó, cortando el aire húmedo como un tajo limpio. ❛¡Largo de aquí!❜
    Los civiles retrocedieron en bloque, pero algunos permanecieron paralizados por el terror. Un anciano, apoyado en un bastón de bambú, parecía a punto de desfallecer al ver el rastro rojo que manchaba las sandalias de Hijikata. El vicecomandante dio un paso más, sintiendo cómo sus propias rodillas flaqueaban por un instante antes de recuperar la compostura. El temblor de su cuerpo era una danza de nervios agotados, pero su presencia seguía siendo temible.

    ❛¿No me han oído?❜ dijo, esta vez con calma, resultaba más aterradora que cualquier grito. ❛Esto no es un espectáculo para su diversión. Largo. Ahora.❜
    El pánico surtió efecto. Los civiles huyeron hacia las sombras de los callejones, desapareciendo como ratas ante la luz. Hijikata se quedó solo en mitad de la calle, con la respiración aún agitada y el corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado. El silencio que siguió fue denso, roto solo por los lamentos distantes de los heridos y el zumbido persistente en sus oídos.
    ( 𝐀𝐔 — 新選組 ) / 𝟭𝟴𝟲𝟰’, 𝙃𝙞𝙟𝙞𝙠𝙖𝙩𝙖 𝙏𝙤𝙨𝙝𝙞𝙯𝙤, 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙣𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙢𝙖𝙣𝙙𝙤. 𝙀𝙡 𝘿𝙚𝙢𝙤𝙣𝙞𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙎𝙝𝙞𝙣𝙨𝙚𝙣𝙜𝙪𝙢𝙞. El bochorno de Kioto en aquel julio de 1864 se había filtrado hasta la médula de los caídos, una humedad pegajosa que convertía el aire en algo sólido y difícil de tragar. Frente a la 𝗽𝗼𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗜𝗸𝗲𝗱𝗮𝘆𝗮, el calor del verano era una mala combinación junto con el vaho de la madera calcinada y el rastro metálico de la carnicería. Hijikata se mantenía en pie, aunque el mundo a su alrededor oscilaba con un 𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗳𝗲𝗯𝗿𝗶𝗹. Sus pulmones reclamaban aire, pero solo encontraba brasas invisibles en cada inhalación, un castigo tras dos horas de combate cuerpo a cuerpo en el interior de aquel horno de vigas y papel. La yukata azul oscuro que vestía bajo el haori castaño estaba tan empapada que se adhería a su piel. No era solo sudor; manchas irregulares, densas y oscuras, se extendían por la tela, testamento de 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗲𝘅𝘁𝗶𝗻𝗴𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗼. Por una vez, esa sangre no era la suya, pero el peso de la fatiga era tan letal como una herida abierta. A sus espaldas, la fachada del Ikedaya parecían salidas del mismo infierno. Las puertas de madera noble colgaban de sus goznes, astilladas por cortes de katana que habían partido el grano de la madera como si fuera pergamino. Los postigos yacían hechos añicos en el suelo, y a través de la entrada abierta de par en par, el caos se revelaba bajo la luz vacilante de las linternas: muebles destrozados, biombos fusuma desgarrados y cuerpos que parecían multiplicarse ante sus ojos cansados cada vez que parpadeaba para limpiarse el sudor. Ocho insurgentes del dominio de Choshu habían quedado allí, sus ambiciones cercenadas en el tatami, mientras otros treinta y dos aguardaban encadenados en la calle, destinados a un juicio que Hijikata sabía que terminaría con 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗲𝘇𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮́𝗿𝗰𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻𝗷𝗼. Dos horas, ciento veinte minutos de tensión absoluta donde la deshidratación había tirado de sus músculos como si fueran sogas a punto de romperse. Había visto a sus mejores hombres tambalearse, y el momento más amargo fue ver a su soldado más letal desplomarse sobre las esteras. No había sido el acero enemigo, sino el calor traicionero y el esfuerzo sobrehumano lo que había apagado su chispa. Hijikata mismo sentía que el control sobre su propio cuerpo se le escapaba; sus piernas vibraban bajo el hakama y un temblor involuntario recorría sus antebrazos, una reacción eléctrica al agotamiento que intentaba ocultar. Su mano derecha seguía aferrada a la empuñadura de su katana, los nudillos blancos y endurecidos por la tensión. ❛¡Kondō-san!❜­­ ­ llamó, y su voz surgió como un estallido de grava, áspera por los gritos de guerra y el humo denso de las lámparas de aceite. A pocos metros, Kondō Isami inspeccionaba los restos de la refriega. El comandante del Shinsengumi se giró hacia él. En su rostro se leía la misma fatiga, pero sus ojos brillaban con la luz salvaje de la victoria. Al preguntarle por las bajas, la respuesta de Kondō fue poco satisfactoria: un muerto en el acto, dos más que no verían el amanecer. Los números en el papel dirían que fue un triunfo aplastante, pero él sabía que las matemáticas nunca hacían justicia al horror de la lucha. Sus ojos recorrieron la calle principal de Kioto. El reloj de agua ya había marcado la hora del Buey, pero las calles estaban lejos de ser silenciosas. Los curiosos se asomaban desde los callejones como espectros atraídos por la luz de las antorchas. Su presencia le revolvió el estómago. Eran mirones que buscaban entretenimiento en el rastro de la carnicería. Cuando Hijikata avanzó hacia ellos, su figura pareció estirarse bajo el resplandor de las teas. Era un hombre imponente, cuya estatura superaba con creces el metro ochenta, una rareza física en aquel Japón que le otorgaba un aura casi mítica. Su constitución no era la de un hombre delgado o frágil; poseía una densidad física notable que hacían que su velocidad en combate fuera aún más aterradora. Su piel, bronceada por las interminables horas de entrenamiento bajo el sol de los campos de Tama, relucía con una pátina de sudor y violencia. Incluso en aquel estado lamentable, cubierto de hollín y sangre, Hijikata poseía una belleza destacable. Sus rasgos eran afilados, de una simetría perfecta que parecía haber sido esculpida en piedra para encarnar el ideal del guerrero. Los rumores que corrían por las casas de té no mentían: era el hombre más hermoso que jamás hubiera portado el uniforme del Shogún, pero era una belleza peligrosa, una que advertía que detrás de aquel rostro perfecto habitaba el 𝗗𝗲𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗠𝗶𝗯𝘂. ❛¡Ustedes!❜ su voz tronó, cortando el aire húmedo como un tajo limpio. ❛¡Largo de aquí!❜ Los civiles retrocedieron en bloque, pero algunos permanecieron paralizados por el terror. Un anciano, apoyado en un bastón de bambú, parecía a punto de desfallecer al ver el rastro rojo que manchaba las sandalias de Hijikata. El vicecomandante dio un paso más, sintiendo cómo sus propias rodillas flaqueaban por un instante antes de recuperar la compostura. El temblor de su cuerpo era una danza de nervios agotados, pero su presencia seguía siendo temible. ❛¿No me han oído?❜ dijo, esta vez con calma, resultaba más aterradora que cualquier grito. ❛Esto no es un espectáculo para su diversión. Largo. Ahora.❜ El pánico surtió efecto. Los civiles huyeron hacia las sombras de los callejones, desapareciendo como ratas ante la luz. Hijikata se quedó solo en mitad de la calle, con la respiración aún agitada y el corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado. El silencio que siguió fue denso, roto solo por los lamentos distantes de los heridos y el zumbido persistente en sus oídos.
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  • //Rol abierto a quien quiera participar//

    Celestine escapó del castillo de su familia, dejando atrás una vida de lujos con tal de alejarse de su frío y distante padre, de los mandatos de este, y también, por supuesto, para conocer el mundo exterior que durante tantos años le había sido negado. Vestida con sus ropas de noble, caminar tanta distancia estaba resultando dificultoso, pero no podía rendirse, tenía que encontrar el rumbo hacia algún lugar, anhelaba conocer el mundo, verlo con sus propios ojos y experimentarlo en su carne.

    Durante toda su vida ella había Sido una niña noble materialmente privilegiada, pero por fin había cumplido sus 18 años y estaba lista para escapar de esa vida que para algunos sería idílica pero para ella era una prisión. Sin embargo, lo más cerca que había estado de conocer el mundo exterior era a través de libros, y la mayoría de estos eran de fantasía.

    Luego de una larga y agotadora caminata, Celestine finalmente llegó a una ciudad y se adentró en ella, caminando lentamente y observando todo a su alrededor, impresionada por el mundo enorme que había fuera de su castillo, preguntándose cómo podría acercarse a alguien para hablar, y por supuesto, preguntándose dónde pasaría las noches a partir de aquel momento. Ella no lo sabía, porque había estado viviendo en una realidad dónde todos vivían por y para ella, pero tendría más de un problema a partir de ese entonces ya que, además de su ropa, no llevaba nada, ni siquiera un poco de dinero.
    //Rol abierto a quien quiera participar// Celestine escapó del castillo de su familia, dejando atrás una vida de lujos con tal de alejarse de su frío y distante padre, de los mandatos de este, y también, por supuesto, para conocer el mundo exterior que durante tantos años le había sido negado. Vestida con sus ropas de noble, caminar tanta distancia estaba resultando dificultoso, pero no podía rendirse, tenía que encontrar el rumbo hacia algún lugar, anhelaba conocer el mundo, verlo con sus propios ojos y experimentarlo en su carne. Durante toda su vida ella había Sido una niña noble materialmente privilegiada, pero por fin había cumplido sus 18 años y estaba lista para escapar de esa vida que para algunos sería idílica pero para ella era una prisión. Sin embargo, lo más cerca que había estado de conocer el mundo exterior era a través de libros, y la mayoría de estos eran de fantasía. Luego de una larga y agotadora caminata, Celestine finalmente llegó a una ciudad y se adentró en ella, caminando lentamente y observando todo a su alrededor, impresionada por el mundo enorme que había fuera de su castillo, preguntándose cómo podría acercarse a alguien para hablar, y por supuesto, preguntándose dónde pasaría las noches a partir de aquel momento. Ella no lo sabía, porque había estado viviendo en una realidad dónde todos vivían por y para ella, pero tendría más de un problema a partir de ese entonces ya que, además de su ropa, no llevaba nada, ni siquiera un poco de dinero.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Todo tiene un principio y un final… y el mío aquí ya ha llegado.
    Dejo fic, sin dramas. Simplemente, esta plataforma ya no es para mí. Me voy a otro sitio, y si alguien quiere saber más, MD.

    Me llevo algo bueno de todo esto: personas que realmente merecen la pena. Y por eso me siento afortunado, porque algunas de ellas se quedan en mi vida.

    Y no, no voy a volver con otro personaje como suele hacer la mayoría cuando todo se tuerce.
    Y no, tampoco voy a regresar en unos meses. Que os estoy leyendo la mente. Cuando digo que es el final, lo es. Soy así de terco.

    Estoy cansado de los grupitos, de las dinámicas de siempre… esto a veces parece un patio de colegio, y yo ya no estoy para eso. Tengo una edad y no voy a callarme lo que pienso. Si eso es “llorar”, entonces soy un llorón a mucha honra, sin problema.

    Al final, todo fue rol. Sin dramas.
    Si alguien confundió la trama con algo más, eso ya no es cosa mía.

    Y si has llegado hasta aquí, escríbeme por MD.
    Tengo 18$ en puntos y prefiero dárselos a alguien que haya compartido algo conmigo. Será mi forma de despedirme… para que, al menos, el lobo me recordéis y podáis obtener el verificado.

    Un saludo,
    usuario desencantado.
    Todo tiene un principio y un final… y el mío aquí ya ha llegado. Dejo fic, sin dramas. Simplemente, esta plataforma ya no es para mí. Me voy a otro sitio, y si alguien quiere saber más, MD. Me llevo algo bueno de todo esto: personas que realmente merecen la pena. Y por eso me siento afortunado, porque algunas de ellas se quedan en mi vida. Y no, no voy a volver con otro personaje como suele hacer la mayoría cuando todo se tuerce. Y no, tampoco voy a regresar en unos meses. Que os estoy leyendo la mente. Cuando digo que es el final, lo es. Soy así de terco. Estoy cansado de los grupitos, de las dinámicas de siempre… esto a veces parece un patio de colegio, y yo ya no estoy para eso. Tengo una edad y no voy a callarme lo que pienso. Si eso es “llorar”, entonces soy un llorón a mucha honra, sin problema. Al final, todo fue rol. Sin dramas. Si alguien confundió la trama con algo más, eso ya no es cosa mía. Y si has llegado hasta aquí, escríbeme por MD. Tengo 18$ en puntos y prefiero dárselos a alguien que haya compartido algo conmigo. Será mi forma de despedirme… para que, al menos, el lobo me recordéis y podáis obtener el verificado. Un saludo, usuario desencantado.
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  • Vienna, Austria 06 53 am
    -La peliblanca estaba en la sala de descanso luego de 18 horas en una operación de un motociclista, fracturas múltiples y perforación de un pulmón.
    Estaba tranquilamente tomando un té de jazmín y comiendo unas galletas saladas cuando un enfermero entró a la sala “ El director nos llama a todos”.
    La mujer mira de reojo y continúa comiendo sus galletas, todos salieron en dirección a la oficina del director menos la peliblanca, el arsenalero la quedó mirando preguntándole “Marwolaeth ¿no irás?”, a lo que la mujer le respondió “ dile que me fui a Alaska y me pisó un pingüino”. Eso le dió risa al colega cerrando la puerta, la mujer cerró los ojos para descansar sus ojos, y contó “3, 2, 1” y la puerta se abrió de golpe. Era el director casi con un ataque al corazón, la mujer se levantó sacudiéndose las manos abriendo los ojos colocándose las manos en los bolsillos “ espero que sea importante Edgar”. Salió de la sala seguido por el director que parecía su custodio.

    Entraron a la oficina donde estaban todos los doctores, arsenaleros y enfermeros.-

    Director: Bueno ya que todos están acá, les comento una noticia importante.
    Nos han solicitado un equipo especial en un hospital amigo.
    Así que hemos decidido ayudarlos, elegiremos a los mejores para enviar.
    -Uno de los enfermeros levantó la mano y preguntó “¿Dónde está ese hospital”-

    Director: ese hospital está en Estados Unidos, específicamente en New York.
    -Los enfermeros comenzaron a emocionarse pero había un rostro que se oscureció cuando escucho esa ciudad y era nuestra protagonista, el director añadió -
    El equipo está conformado principalmente por la jefa de cirugía Angyar Marwolaeth.

    -La peliblanca desvío la mirada hacia la ventana con molestia y luego que todos se fueron quedándose sola con el director quien se acercó a su escritorio -

    De todas las ciudades del mundo, de todos los países por qué Estados Unidos..
    Detesto esa ciudad y lo sabes.
    -El director estaba leyendo los expedientes de los enfermeros como si no escuchará a la mujer -

    Director: Ya ha pasado más de dos años de lo que pasó, además no creo que Camelia se acuerde… además solo fue un malentendido

    Un mal…¿entendido..?
    -La mujer golpeó la mesa con una fuerza que la partió en dos, el director trago saliva y se vio el miedo en sus ojos, no había visto molesta a la peliblanca hace muchos años y era la primera vez-

    Director: si…si hablamos de lo que pasó ella te golpeó sin intención..
    Ahora tu te enterraste una pluma en la mano.

    -La mujer lo miró de reojo con un azul oscuro -

    Tu armaras el equipo, todos están preparados..
    Pero no te aseguro que las relaciones sean de lo mejor, debiste enviar a alguien más.
    -Mencionó la mujer caminando a la salida mientras el director se desplomaba en la silla-


    Continuará...
    Vienna, Austria 06 53 am -La peliblanca estaba en la sala de descanso luego de 18 horas en una operación de un motociclista, fracturas múltiples y perforación de un pulmón. Estaba tranquilamente tomando un té de jazmín y comiendo unas galletas saladas cuando un enfermero entró a la sala “ El director nos llama a todos”. La mujer mira de reojo y continúa comiendo sus galletas, todos salieron en dirección a la oficina del director menos la peliblanca, el arsenalero la quedó mirando preguntándole “Marwolaeth ¿no irás?”, a lo que la mujer le respondió “ dile que me fui a Alaska y me pisó un pingüino”. Eso le dió risa al colega cerrando la puerta, la mujer cerró los ojos para descansar sus ojos, y contó “3, 2, 1” y la puerta se abrió de golpe. Era el director casi con un ataque al corazón, la mujer se levantó sacudiéndose las manos abriendo los ojos colocándose las manos en los bolsillos “ espero que sea importante Edgar”. Salió de la sala seguido por el director que parecía su custodio. Entraron a la oficina donde estaban todos los doctores, arsenaleros y enfermeros.- Director: Bueno ya que todos están acá, les comento una noticia importante. Nos han solicitado un equipo especial en un hospital amigo. Así que hemos decidido ayudarlos, elegiremos a los mejores para enviar. -Uno de los enfermeros levantó la mano y preguntó “¿Dónde está ese hospital”- Director: ese hospital está en Estados Unidos, específicamente en New York. -Los enfermeros comenzaron a emocionarse pero había un rostro que se oscureció cuando escucho esa ciudad y era nuestra protagonista, el director añadió - El equipo está conformado principalmente por la jefa de cirugía Angyar Marwolaeth. -La peliblanca desvío la mirada hacia la ventana con molestia y luego que todos se fueron quedándose sola con el director quien se acercó a su escritorio - De todas las ciudades del mundo, de todos los países por qué Estados Unidos.. Detesto esa ciudad y lo sabes. -El director estaba leyendo los expedientes de los enfermeros como si no escuchará a la mujer - Director: Ya ha pasado más de dos años de lo que pasó, además no creo que Camelia se acuerde… además solo fue un malentendido Un mal…¿entendido..? -La mujer golpeó la mesa con una fuerza que la partió en dos, el director trago saliva y se vio el miedo en sus ojos, no había visto molesta a la peliblanca hace muchos años y era la primera vez- Director: si…si hablamos de lo que pasó ella te golpeó sin intención.. Ahora tu te enterraste una pluma en la mano. -La mujer lo miró de reojo con un azul oscuro - Tu armaras el equipo, todos están preparados.. Pero no te aseguro que las relaciones sean de lo mejor, debiste enviar a alguien más. -Mencionó la mujer caminando a la salida mientras el director se desplomaba en la silla- Continuará...
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    ꒷꒦ㅤSe busca al personaje Gellert Grindelwald para shipp con Albus Dumbledore. Puede tener el faceclaim de cualquiera de los dos actores.

    — Quiero aclarar que solo estoy buscando usuarios mayores a 18 años, puesto que yo también lo soy y me hace sentir cómodo.
    ꒷꒦ㅤSe busca al personaje Gellert Grindelwald para shipp con Albus Dumbledore. Puede tener el faceclaim de cualquiera de los dos actores. — Quiero aclarar que solo estoy buscando usuarios mayores a 18 años, puesto que yo también lo soy y me hace sentir cómodo.
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  • 𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, 𝑒𝑙 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑎𝑑𝑜𝑟
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    ⸻⸻ krai de Jabárovsk, 11:40 pm
    ⸻⸻⸻ Jueves, 19 de septiembre

    Prólogo.

    𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, el recipiente maldito que fue liberado tras años de prisión. Una entidad que se alimenta de las pesadillas en el norte del continente Ruso y que, por obvias razones, no se ha podido eliminar.

    La misión aunque no era sencilla, dictaba la necesidad de la Iglesia y la fuerza de la armada para eliminar este mal a como diera lugar, sus soldados afectados por el insomnio comenzaban a perecer alucinaciones que atentaban contra sus propias vidas poniendo en riesgo futuras misiones.

    < Un arma siempre será lo que es, sin importar sus características están hechas para matar. >

    ⸻⸻⸻⸻

    De vez en cuando hubiera preferido la paz, pero aquello era un sueño nada más. Las ordenes (y por programación) eran absolutas, limitantes. Claude tenía una pésima costumbre de actuar solo, sin demandas ni manos que pudieran estropear su trabajo.

    Pero recientemente hicieron un llamado para él y un desconocido de la Iglesia. ¿Tan grave era el asunto para mezclar dos lados opuestos?. Pensó, más no se quejo, viajando desde Praga a Moscú donde el primer contacto se haría presente.

    Su aspecto irreversible, esa mirada de seriedad y la cicatriz expresaban casi a gritos que no lo molestaran. Su distancia se resume a pequeñas conversaciones necesarias y que solo por cortesía llegaba a expresar, nada más ni menos.

    El miércoles 18 de septiembre a las 3:45 pm llego al aeropuerto, un automóvil escoltado por la guardia nacional lo escoltó a la sede central donde la reunión se llevaría a cabo. Respetaban sus horarios y una suma generosa en un portafolio se le ofreció por adelantado.

    No más quejas de su parte.

    Cruzaron el puente y llegaron a una iglesia estilo barroco que tenia las puertas abiertas. Con el mismo silencio bajo y se adentro a las instalaciones donde ya lo estaban esperando.

    Cruzo el umbral y por su nombre fue llamado.

    "Claude, gracias por asistir a la reunión." Declaró el arzobispo Anton Smirnov con una túnica negra y lentes de botella que hacían ver graciosos sus ojos.

    Claude solo asintió. ⸻ Si. ¿Podemos ir directo al grano?.⸻ Pero antes de comenzar tenían que presentarle al hombre con quien iría a trabajar.

    Rol privado.
    ⸻⸻ krai de Jabárovsk, 11:40 pm ⸻⸻⸻ Jueves, 19 de septiembre Prólogo. 𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, el recipiente maldito que fue liberado tras años de prisión. Una entidad que se alimenta de las pesadillas en el norte del continente Ruso y que, por obvias razones, no se ha podido eliminar. La misión aunque no era sencilla, dictaba la necesidad de la Iglesia y la fuerza de la armada para eliminar este mal a como diera lugar, sus soldados afectados por el insomnio comenzaban a perecer alucinaciones que atentaban contra sus propias vidas poniendo en riesgo futuras misiones. < Un arma siempre será lo que es, sin importar sus características están hechas para matar. > ⸻⸻⸻⸻ De vez en cuando hubiera preferido la paz, pero aquello era un sueño nada más. Las ordenes (y por programación) eran absolutas, limitantes. Claude tenía una pésima costumbre de actuar solo, sin demandas ni manos que pudieran estropear su trabajo. Pero recientemente hicieron un llamado para él y un desconocido de la Iglesia. ¿Tan grave era el asunto para mezclar dos lados opuestos?. Pensó, más no se quejo, viajando desde Praga a Moscú donde el primer contacto se haría presente. Su aspecto irreversible, esa mirada de seriedad y la cicatriz expresaban casi a gritos que no lo molestaran. Su distancia se resume a pequeñas conversaciones necesarias y que solo por cortesía llegaba a expresar, nada más ni menos. El miércoles 18 de septiembre a las 3:45 pm llego al aeropuerto, un automóvil escoltado por la guardia nacional lo escoltó a la sede central donde la reunión se llevaría a cabo. Respetaban sus horarios y una suma generosa en un portafolio se le ofreció por adelantado. No más quejas de su parte. Cruzaron el puente y llegaron a una iglesia estilo barroco que tenia las puertas abiertas. Con el mismo silencio bajo y se adentro a las instalaciones donde ya lo estaban esperando. Cruzo el umbral y por su nombre fue llamado. "Claude, gracias por asistir a la reunión." Declaró el arzobispo Anton Smirnov con una túnica negra y lentes de botella que hacían ver graciosos sus ojos. Claude solo asintió. ⸻ Si. ¿Podemos ir directo al grano?.⸻ Pero antes de comenzar tenían que presentarle al hombre con quien iría a trabajar. Rol privado.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Solo aclaro, NO SOY FLORICIENTO
    SOY DEL 18 NO DEL 21
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    Por ahí vi a alguien quejarse de que su personaje muere sin rol. Yo también me quejaba de eso... Hasta que vi que nunca termino mis roles, me cuelgo por semanas, dejo en visto y nunca interactuo con nadie nuevo.

    Soy un caso de éxito, sin duda (?) ¡Pero oye! Subí de 15 amigos a 18, eso ya cuenta, ¿no?

    Por ahí vi a alguien quejarse de que su personaje muere sin rol. Yo también me quejaba de eso... Hasta que vi que nunca termino mis roles, me cuelgo por semanas, dejo en visto y nunca interactuo con nadie nuevo. Soy un caso de éxito, sin duda (?) ¡Pero oye! Subí de 15 amigos a 18, eso ya cuenta, ¿no?
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