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    𝗦𝗽𝗮𝗿𝘁𝗮𝗻𝘀 ! 𝗪𝗵𝗮𝘁 𝗶𝘀 𝘆𝗼𝘂𝗿 𝗽𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝘀𝗶𝗼𝗻 !?
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    𝐋𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐞𝐫𝐝𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚𝐧 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐯𝐞𝐳 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐬.
    𝐋𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐞𝐫𝐝𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚𝐧 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐯𝐞𝐳 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐬.
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  • ℭ𝔯𝔶𝔦𝔫𝔤 𝔰𝔱𝔞𝔱𝔲𝔢𝔰 𝔦𝔫 𝔱𝔥𝔢 𝔤𝔞𝔯𝔡𝔢𝔫
    𝔖𝔥𝔬𝔴𝔢𝔯 𝔶𝔬𝔲 𝔦𝔫 𝔱𝔢𝔞𝔯𝔰...

    𝔅𝔢𝔤𝔤𝔦𝔫𝔤 𝔣𝔬𝔯 𝔶𝔬𝔲𝔯 𝔭𝔞𝔯𝔡𝔬𝔫,
    𝔉𝔯𝔢𝔢 𝔱𝔥𝔢𝔪 𝔣𝔯𝔬𝔪 𝔶𝔬𝔲𝔯 𝔰𝔱𝔢𝔢𝔯𝔰...

    𝔗𝔥𝔢 𝔳𝔦𝔫𝔢𝔰 𝔴𝔯𝔞𝔭 𝔞𝔯𝔬𝔲𝔫𝔡 𝔣𝔯𝔞𝔤𝔪𝔢𝔫𝔱𝔰 𝔬𝔣 𝔶𝔬𝔲𝔯 𝔣𝔞𝔩𝔩𝔢𝔫 𝔰𝔥𝔯𝔦𝔫𝔢𝔰,
    ℑ𝔫𝔳𝔞𝔡𝔢 𝔶𝔬𝔲𝔯 𝔩𝔲𝔫𝔤𝔰 𝔞𝔰 𝔶𝔬𝔲 𝔟𝔯𝔢𝔞𝔱𝔥𝔢 𝔦𝔫 𝔱𝔥𝔢 𝔳𝔞𝔭𝔬𝔯 𝔬𝔣 𝔱𝔥𝔢 𝔥𝔲𝔪𝔰.
    ℭ𝔯𝔶𝔦𝔫𝔤 𝔰𝔱𝔞𝔱𝔲𝔢𝔰 𝔦𝔫 𝔱𝔥𝔢 𝔤𝔞𝔯𝔡𝔢𝔫 𝔖𝔥𝔬𝔴𝔢𝔯 𝔶𝔬𝔲 𝔦𝔫 𝔱𝔢𝔞𝔯𝔰... 𝔅𝔢𝔤𝔤𝔦𝔫𝔤 𝔣𝔬𝔯 𝔶𝔬𝔲𝔯 𝔭𝔞𝔯𝔡𝔬𝔫, 𝔉𝔯𝔢𝔢 𝔱𝔥𝔢𝔪 𝔣𝔯𝔬𝔪 𝔶𝔬𝔲𝔯 𝔰𝔱𝔢𝔢𝔯𝔰... 𝔗𝔥𝔢 𝔳𝔦𝔫𝔢𝔰 𝔴𝔯𝔞𝔭 𝔞𝔯𝔬𝔲𝔫𝔡 𝔣𝔯𝔞𝔤𝔪𝔢𝔫𝔱𝔰 𝔬𝔣 𝔶𝔬𝔲𝔯 𝔣𝔞𝔩𝔩𝔢𝔫 𝔰𝔥𝔯𝔦𝔫𝔢𝔰, ℑ𝔫𝔳𝔞𝔡𝔢 𝔶𝔬𝔲𝔯 𝔩𝔲𝔫𝔤𝔰 𝔞𝔰 𝔶𝔬𝔲 𝔟𝔯𝔢𝔞𝔱𝔥𝔢 𝔦𝔫 𝔱𝔥𝔢 𝔳𝔞𝔭𝔬𝔯 𝔬𝔣 𝔱𝔥𝔢 𝔥𝔲𝔪𝔰.
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  • — ¡𝑉𝑒𝑟𝑎𝑛𝑜! ¡𝑃𝑙𝑎𝑦𝑎! ¡𝐴𝑛𝑑𝑎, 𝑛𝑜 𝑠𝑒𝑎𝑠 𝑎𝑔𝑢𝑎𝑓𝑖𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠! ¡𝑉𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑎 𝑛𝑎𝑑𝑎𝑟!
    — ¡𝑉𝑒𝑟𝑎𝑛𝑜! ¡𝑃𝑙𝑎𝑦𝑎! ¡𝐴𝑛𝑑𝑎, 𝑛𝑜 𝑠𝑒𝑎𝑠 𝑎𝑔𝑢𝑎𝑓𝑖𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠! ¡𝑉𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑎 𝑛𝑎𝑑𝑎𝑟!
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    𝑫𝒓𝒂𝒈 𝒎𝒆 𝒂𝒓𝒐𝒖𝒏𝒅, 𝒑𝒖𝒔𝒉 𝒎𝒆 𝒓𝒊𝒈𝒉𝒕 𝒂𝒈𝒂𝒊𝒏𝒔𝒕 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒅𝒐𝒐𝒓. 𝑰'𝒎 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒍𝒊𝒕𝒕𝒍𝒆 𝒅𝒐𝒍𝒍, 𝒄𝒐𝒎𝒆 𝒂𝒏𝒅 𝒑𝒍𝒂𝒚 𝒘𝒊𝒕𝒉 𝒎𝒆.
    𝑫𝒓𝒂𝒈 𝒎𝒆 𝒂𝒓𝒐𝒖𝒏𝒅, 𝒑𝒖𝒔𝒉 𝒎𝒆 𝒓𝒊𝒈𝒉𝒕 𝒂𝒈𝒂𝒊𝒏𝒔𝒕 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒅𝒐𝒐𝒓. 𝑰'𝒎 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒍𝒊𝒕𝒕𝒍𝒆 𝒅𝒐𝒍𝒍, 𝒄𝒐𝒎𝒆 𝒂𝒏𝒅 𝒑𝒍𝒂𝒚 𝒘𝒊𝒕𝒉 𝒎𝒆.
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  • 𝙲𝙰𝙿𝙸𝚃𝚄𝙻𝙾 [𝙸] ──── 𝙽𝙴𝙶𝙾𝙲𝙸𝙾𝚂 𝚈 𝙽𝚄𝙴𝚅𝙰𝚂 𝙲𝙰𝚁𝙰𝚂.
    Categoría Acción
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : 𝙀𝙧𝙞𝙣

    La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer.

    El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros.

    Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos.

    Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida.

    Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora.

    Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión.

    Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia.

    Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo.

    ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ────

    Su con voz baja y grave resonando en el ambiente.

    El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas.

    Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : [Black.Rose] La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer. El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros. Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos. Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida. Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora. Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión. Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia. Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo. ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ──── Su con voz baja y grave resonando en el ambiente. El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas. Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
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  • “𝑾𝒆 𝒂𝒓𝒆 𝒂𝒔 𝒕𝒉𝒆 𝒈𝒐𝒅𝒔 𝒎𝒂𝒅𝒆 𝒖𝒔. 𝑺𝒕𝒓𝒐𝒏𝒈 𝒂𝒏𝒅 𝒘𝒆𝒂𝒌, 𝒈𝒐𝒐𝒅 𝒂𝒏𝒅 𝒃𝒂𝒅, 𝒄𝒓𝒖𝒆𝒍 𝒂𝒏𝒅 𝒌𝒊𝒏𝒅, 𝒉𝒆𝒓𝒐𝒊𝒄 𝒂𝒏𝒅 𝒔𝒆𝒍𝒇𝒊𝒔𝒉. 𝑲𝒏𝒐𝒘 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒊𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒓𝒖𝒍𝒆 𝒐𝒗𝒆𝒓 𝒕𝒉𝒆 𝒌𝒊𝒏𝒈𝒅𝒐𝒎 𝒐𝒇 𝒎𝒆𝒏.”
    “𝑾𝒆 𝒂𝒓𝒆 𝒂𝒔 𝒕𝒉𝒆 𝒈𝒐𝒅𝒔 𝒎𝒂𝒅𝒆 𝒖𝒔. 𝑺𝒕𝒓𝒐𝒏𝒈 𝒂𝒏𝒅 𝒘𝒆𝒂𝒌, 𝒈𝒐𝒐𝒅 𝒂𝒏𝒅 𝒃𝒂𝒅, 𝒄𝒓𝒖𝒆𝒍 𝒂𝒏𝒅 𝒌𝒊𝒏𝒅, 𝒉𝒆𝒓𝒐𝒊𝒄 𝒂𝒏𝒅 𝒔𝒆𝒍𝒇𝒊𝒔𝒉. 𝑲𝒏𝒐𝒘 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒊𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒘𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒓𝒖𝒍𝒆 𝒐𝒗𝒆𝒓 𝒕𝒉𝒆 𝒌𝒊𝒏𝒈𝒅𝒐𝒎 𝒐𝒇 𝒎𝒆𝒏.”
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  • "𝙏𝙤 𝙡𝙞𝙫𝙚 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙧𝙚𝙢𝙚𝙢𝙗𝙚𝙧, 𝙖𝙣𝙙 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙧𝙚𝙢𝙚𝙢𝙗𝙚𝙧𝙚𝙙 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙜𝙞𝙫𝙚𝙣 𝙡𝙞𝙛𝙚. 𝙏𝙤 𝙙𝙞𝙚 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙛𝙤𝙧𝙜𝙚𝙩, 𝙖𝙣𝙙 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙛𝙤𝙧𝙜𝙤𝙩𝙩𝙚𝙣 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙩𝙧𝙪𝙡𝙮 𝙘𝙚𝙖𝙨𝙚 𝙩𝙤 𝙚𝙭𝙞𝙨𝙩."
    "𝙏𝙤 𝙡𝙞𝙫𝙚 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙧𝙚𝙢𝙚𝙢𝙗𝙚𝙧, 𝙖𝙣𝙙 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙧𝙚𝙢𝙚𝙢𝙗𝙚𝙧𝙚𝙙 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙜𝙞𝙫𝙚𝙣 𝙡𝙞𝙛𝙚. 𝙏𝙤 𝙙𝙞𝙚 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙛𝙤𝙧𝙜𝙚𝙩, 𝙖𝙣𝙙 𝙩𝙤 𝙗𝙚 𝙛𝙤𝙧𝙜𝙤𝙩𝙩𝙚𝙣 𝙞𝙨 𝙩𝙤 𝙩𝙧𝙪𝙡𝙮 𝙘𝙚𝙖𝙨𝙚 𝙩𝙤 𝙚𝙭𝙞𝙨𝙩."
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  • #Headcanon #DesmondSterling


    El dia que el agente murio
    [𝐀𝐮 𝐫𝐞𝐯𝐨𝐢𝐫 / 𝐅𝐫𝐚𝐠𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐫𝐨𝐭𝐨 𝐩𝐭.𝟐]
    𝟐𝟎/𝟎𝟓/𝟐𝟎𝟐𝟑 𝐂𝐚𝐭𝐡𝐞𝐝𝐫𝐚𝐥𝐞 𝐒𝐚𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐂𝐫𝐨𝐢𝐱, 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚.

    —¡Sólo repórtalo con Grey! ¡No tengo tiempo para estas cosas!

    Abandonó la escena del crimen sin mirar atrás, sin dar más detalles sobre el arresto y quebrando el frágil protocolo que lo venía asfixiando desde su juventud. Las calles barrocas de Orleans se convirtieron en un simple borrón bajo sus pisadas aceleradas, corría con la desesperación de quien intenta ganarle al tiempo, cruzando aquella ciudad nostálgica que, sin querer, se había adherido a su identidad; o al menos, eso era lo que su espíritu le suplicaba creer.

    La luz ambarina del ocaso comenzaba a caer, anunciando lo inevitable, era demasiado tarde; pues la promesa estaba rota; la única promesa que juró preservar, aun sin tener la certeza de poder hacerlo. Lo único que le dio la bienvenida al funesto evento fue el tañido implacable de las campanas marcando las seis de la tarde. El sonido lo devolvió de golpe a la realidad, a una verdad que no pudo sostener; en el día más importante de su vida, no solo se había fallado a sí mismo, sino que acababa de romperle el alma a la única mujer que juró no decepcionar tras aquel incidente en años anteriores en el este asiático.

    —¡SÉRAPHINE!

    No fue un grito; fue la voz rota de un hombre suplicándole al destino que se le concediera un rastro de piedad, pero, el destino le devolvió la mirada, y no de la manera que él anhelaba. La novia estaba de espaldas, frente al altar vacío.

    Sus brazos caían inertes a los costados y las flores del ramo yacían desparramadas sobre la piedra fría. No hubo una respuesta explosiva, ni llantos histéricos, ni escándalo. Ella simplemente giró con una lentitud sepulcral; tenía el maquillaje corrido, aquel que le había robado tantas horas de ilusión a la estilista, ahora descendía en surcos oscuros por su rostro.

    —Séraphine… Yo… Lo lamento tant…

    Las palabras del británico murieron en su garganta cuando la pelirroja alzó una mano, exigiendo silencio. Fue un gesto elegante y noble, pero con una carga ahora devastadora. El eco de los tacones de la novia resonó en la nave, sólo para ser devorado por su voz, fina, prístina y cargada de una decepción insondable.

    —Yo también lo lamento, Arthur. Lamento tanto haberme enamorado de ti. Lamento haberle entregado mi corazón a un hombre que prefirió su trabajo antes que a la mujer que se le entregó en cuerpo y alma…

    Arthur guardó silencio. Cuando intentó articular una excusa, fue interrumpido antes de emitir el más mínimo sonido.

    —«¿Quién se enamoraría de una simple bibliotecaria? Él es mucho para una mujer tan mediocre, era obvio que la dejaría plantada en el altar…». Eso es lo que decían. Lo que todos murmuraban a mis espaldas…

    La voz le tembló, pero sus ojos se clavaron en él como dagas.

    —Y tú… tú les diste toda la razón al no venir. Sabiendo que habíamos planeado esto durante meses… O quizá nunca me amaste, y solo fui una más en tu vida.

    Séraphine terminó de acortar la distancia hasta quedar frente a quien, hace unas horas, debía convertirse en su esposo. Levantó una mano temblorosa mientras las lágrimas caían sin contención, terminando de arruinar su casi inexistente maquillaje de novia; quiso abofetearlo. Quiso golpearlo con todas sus fuerzas, pero comprendió que cualquier castigo físico sería ínfimo en comparación con lo que él merecía. En lugar de eso, dejó caer la mano y lo escudriñó con un vacío tan absoluto que heló la sangre del británico.

    —Me hiciste creer que este amor era real, cuando para ti solo era un pasatiempo entre tus juicios y tu prestigioso bufete…

    Murmuró ella, con la voz ahogada en llanto, instantes antes de que el dolor mutara en una frialdad gélida. Enderezó la postura, aferrándose a la tela de su vestido blanco con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su prístina voz resonó en el silencio sepulcral de la iglesia, destilando veneno y pura agonía.

    —Tu m’abandonnes sur cet autel comme une vulgaire fille de joie dont tu t'es lassé...
    (Me abandonas en este altar como a una vulgar ramera de la que te has cansado…)

    Arthur intentó dar un paso hacia ella, un reflejo inútil, pero Séraphine retrocedió al instante, mirándolo con absoluta repulsión.

    —Tu n'es pas un homme. Tu n'es qu'une coquille vide et égoïste... Tu es un misérable!
    (No eres un hombre. No eres más que un cascarón vacío y egoísta... ¡Eres un miserable!).

    El silencio cayó de nuevo, más pesado que el plomo. El espía, aquel hombre entrenado para resistir la tortura y mirar a la muerte a los ojos sin parpadear, no supo cómo soportar el aplastante peso de esa mirada llena de asco.

    Séraphine dio media vuelta lentamente. Ya no había ira en sus movimientos, solo la abrumadora pesadez de un duelo absoluto. Antes de dar el primer paso por el pasillo central, giró el rostro un milímetro, regalándole un último susurro; el tiro de gracia que destrozaría cualquier rastro de humanidad que aún habitara en él.

    —Au revoir... mon ange.
    (Adiós... mi ángel).

    El eco de los tacones sobre la piedra fría de la iglesia fue el único sonido que acompañó a Arthur Brubeck, mientras veía desaparecer a la única mujer que lo había amado por lo que fingía ser.

    NOTA: La identidad de Desmond en ese entonces era la de Arthur Brubeck, un abogado inglés que fue contratado temporalmente en un bufete francés.
    #Headcanon #DesmondSterling El dia que el agente murio [𝐀𝐮 𝐫𝐞𝐯𝐨𝐢𝐫 / 𝐅𝐫𝐚𝐠𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐫𝐨𝐭𝐨 𝐩𝐭.𝟐] 𝟐𝟎/𝟎𝟓/𝟐𝟎𝟐𝟑 𝐂𝐚𝐭𝐡𝐞𝐝𝐫𝐚𝐥𝐞 𝐒𝐚𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐂𝐫𝐨𝐢𝐱, 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚. —¡Sólo repórtalo con Grey! ¡No tengo tiempo para estas cosas! Abandonó la escena del crimen sin mirar atrás, sin dar más detalles sobre el arresto y quebrando el frágil protocolo que lo venía asfixiando desde su juventud. Las calles barrocas de Orleans se convirtieron en un simple borrón bajo sus pisadas aceleradas, corría con la desesperación de quien intenta ganarle al tiempo, cruzando aquella ciudad nostálgica que, sin querer, se había adherido a su identidad; o al menos, eso era lo que su espíritu le suplicaba creer. La luz ambarina del ocaso comenzaba a caer, anunciando lo inevitable, era demasiado tarde; pues la promesa estaba rota; la única promesa que juró preservar, aun sin tener la certeza de poder hacerlo. Lo único que le dio la bienvenida al funesto evento fue el tañido implacable de las campanas marcando las seis de la tarde. El sonido lo devolvió de golpe a la realidad, a una verdad que no pudo sostener; en el día más importante de su vida, no solo se había fallado a sí mismo, sino que acababa de romperle el alma a la única mujer que juró no decepcionar tras aquel incidente en años anteriores en el este asiático. —¡SÉRAPHINE! No fue un grito; fue la voz rota de un hombre suplicándole al destino que se le concediera un rastro de piedad, pero, el destino le devolvió la mirada, y no de la manera que él anhelaba. La novia estaba de espaldas, frente al altar vacío. Sus brazos caían inertes a los costados y las flores del ramo yacían desparramadas sobre la piedra fría. No hubo una respuesta explosiva, ni llantos histéricos, ni escándalo. Ella simplemente giró con una lentitud sepulcral; tenía el maquillaje corrido, aquel que le había robado tantas horas de ilusión a la estilista, ahora descendía en surcos oscuros por su rostro. —Séraphine… Yo… Lo lamento tant… Las palabras del británico murieron en su garganta cuando la pelirroja alzó una mano, exigiendo silencio. Fue un gesto elegante y noble, pero con una carga ahora devastadora. El eco de los tacones de la novia resonó en la nave, sólo para ser devorado por su voz, fina, prístina y cargada de una decepción insondable. —Yo también lo lamento, Arthur. Lamento tanto haberme enamorado de ti. Lamento haberle entregado mi corazón a un hombre que prefirió su trabajo antes que a la mujer que se le entregó en cuerpo y alma… Arthur guardó silencio. Cuando intentó articular una excusa, fue interrumpido antes de emitir el más mínimo sonido. —«¿Quién se enamoraría de una simple bibliotecaria? Él es mucho para una mujer tan mediocre, era obvio que la dejaría plantada en el altar…». Eso es lo que decían. Lo que todos murmuraban a mis espaldas… La voz le tembló, pero sus ojos se clavaron en él como dagas. —Y tú… tú les diste toda la razón al no venir. Sabiendo que habíamos planeado esto durante meses… O quizá nunca me amaste, y solo fui una más en tu vida. Séraphine terminó de acortar la distancia hasta quedar frente a quien, hace unas horas, debía convertirse en su esposo. Levantó una mano temblorosa mientras las lágrimas caían sin contención, terminando de arruinar su casi inexistente maquillaje de novia; quiso abofetearlo. Quiso golpearlo con todas sus fuerzas, pero comprendió que cualquier castigo físico sería ínfimo en comparación con lo que él merecía. En lugar de eso, dejó caer la mano y lo escudriñó con un vacío tan absoluto que heló la sangre del británico. —Me hiciste creer que este amor era real, cuando para ti solo era un pasatiempo entre tus juicios y tu prestigioso bufete… Murmuró ella, con la voz ahogada en llanto, instantes antes de que el dolor mutara en una frialdad gélida. Enderezó la postura, aferrándose a la tela de su vestido blanco con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su prístina voz resonó en el silencio sepulcral de la iglesia, destilando veneno y pura agonía. —Tu m’abandonnes sur cet autel comme une vulgaire fille de joie dont tu t'es lassé... (Me abandonas en este altar como a una vulgar ramera de la que te has cansado…) Arthur intentó dar un paso hacia ella, un reflejo inútil, pero Séraphine retrocedió al instante, mirándolo con absoluta repulsión. —Tu n'es pas un homme. Tu n'es qu'une coquille vide et égoïste... Tu es un misérable! (No eres un hombre. No eres más que un cascarón vacío y egoísta... ¡Eres un miserable!). El silencio cayó de nuevo, más pesado que el plomo. El espía, aquel hombre entrenado para resistir la tortura y mirar a la muerte a los ojos sin parpadear, no supo cómo soportar el aplastante peso de esa mirada llena de asco. Séraphine dio media vuelta lentamente. Ya no había ira en sus movimientos, solo la abrumadora pesadez de un duelo absoluto. Antes de dar el primer paso por el pasillo central, giró el rostro un milímetro, regalándole un último susurro; el tiro de gracia que destrozaría cualquier rastro de humanidad que aún habitara en él. —Au revoir... mon ange. (Adiós... mi ángel). El eco de los tacones sobre la piedra fría de la iglesia fue el único sonido que acompañó a Arthur Brubeck, mientras veía desaparecer a la única mujer que lo había amado por lo que fingía ser. NOTA: La identidad de Desmond en ese entonces era la de Arthur Brubeck, un abogado inglés que fue contratado temporalmente en un bufete francés.
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    𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖘𝖎𝖓𝖘 𝖆𝖓𝖉 𝖕𝖊𝖗𝖎𝖘𝖍𝖊𝖉 𝖚𝖕𝖔𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖈𝖗𝖔𝖘𝖘.

    𝖂𝖔𝖒𝖊𝖓, 𝖍𝖔𝖜𝖊𝖛𝖊𝖗, 𝖘𝖍𝖔𝖚𝖑𝖉 𝖕𝖑𝖆𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖋𝖆𝖎𝖙𝖍 𝖎𝖓 𝖍𝖎𝖘 𝖔𝖕𝖕𝖔𝖘𝖎𝖙𝖊—𝖎𝖓 𝖒𝖊.

    𝕴 𝖆𝖒 𝖙𝖍𝖊 𝖉𝖆𝖚𝖌𝖍𝖙𝖊𝖗 𝖔𝖋 𝕷𝖚𝖈𝖎𝖋𝖊𝖗, 𝖆𝖓𝖉 𝕴 𝖕𝖔𝖘𝖘𝖊𝖘𝖘 𝖙𝖍𝖊 𝖕𝖔𝖜𝖊𝖗 𝖙𝖔 𝖗𝖊𝖉𝖚𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖎𝖘 𝖜𝖔𝖗𝖑𝖉 𝖙𝖔 𝖆𝖘𝖍𝖊𝖘.
    𝕸𝖊𝖓 𝖕𝖑𝖆𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖋𝖆𝖎𝖙𝖍 𝖎𝖓 𝕵𝖊𝖘𝖚𝖘, 𝖙𝖍𝖊 𝖘𝖆𝖛𝖎𝖔𝖗 𝖜𝖍𝖔 𝖇𝖔𝖗𝖊 𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖘𝖎𝖓𝖘 𝖆𝖓𝖉 𝖕𝖊𝖗𝖎𝖘𝖍𝖊𝖉 𝖚𝖕𝖔𝖓 𝖙𝖍𝖊 𝖈𝖗𝖔𝖘𝖘. 𝖂𝖔𝖒𝖊𝖓, 𝖍𝖔𝖜𝖊𝖛𝖊𝖗, 𝖘𝖍𝖔𝖚𝖑𝖉 𝖕𝖑𝖆𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖊𝖎𝖗 𝖋𝖆𝖎𝖙𝖍 𝖎𝖓 𝖍𝖎𝖘 𝖔𝖕𝖕𝖔𝖘𝖎𝖙𝖊—𝖎𝖓 𝖒𝖊. 𝕴 𝖆𝖒 𝖙𝖍𝖊 𝖉𝖆𝖚𝖌𝖍𝖙𝖊𝖗 𝖔𝖋 𝕷𝖚𝖈𝖎𝖋𝖊𝖗, 𝖆𝖓𝖉 𝕴 𝖕𝖔𝖘𝖘𝖊𝖘𝖘 𝖙𝖍𝖊 𝖕𝖔𝖜𝖊𝖗 𝖙𝖔 𝖗𝖊𝖉𝖚𝖈𝖊 𝖙𝖍𝖎𝖘 𝖜𝖔𝖗𝖑𝖉 𝖙𝖔 𝖆𝖘𝖍𝖊𝖘.
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