• "𝑊𝑒 𝑠ℎ𝑎𝑙𝑙 ℎ𝑎𝑣𝑒 𝑏𝑒𝑑𝑠 𝑓𝑢𝑙𝑙 𝑜𝑓 𝑠𝑢𝑏𝑡𝑙𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑓𝑢𝑚𝑒𝑠,
    𝐷𝑖𝑣𝑎𝑛𝑠 𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑒𝑝 𝑎𝑠 𝑔𝑟𝑎𝑣𝑒𝑠, 𝑎𝑛𝑑 𝑜𝑛 𝑡ℎ𝑒 𝑠ℎ𝑒𝑙𝑣𝑒𝑠
    𝑊𝑖𝑙𝑙 𝑏𝑒 𝑠𝑡𝑟𝑎𝑛𝑔𝑒 𝑓𝑙𝑜𝑤𝑒𝑟𝑠 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑏𝑙𝑜𝑠𝑠𝑜𝑚𝑒𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑢𝑠
    𝑈𝑛𝑑𝑒𝑟 𝑚𝑜𝑟𝑒 𝑏𝑒𝑎𝑢𝑡𝑖𝑓𝑢𝑙 ℎ𝑒𝑎𝑣𝑒𝑛𝑠."


    https://youtu.be/ON8b11JUOmI
    "𝑊𝑒 𝑠ℎ𝑎𝑙𝑙 ℎ𝑎𝑣𝑒 𝑏𝑒𝑑𝑠 𝑓𝑢𝑙𝑙 𝑜𝑓 𝑠𝑢𝑏𝑡𝑙𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑓𝑢𝑚𝑒𝑠, 𝐷𝑖𝑣𝑎𝑛𝑠 𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑒𝑝 𝑎𝑠 𝑔𝑟𝑎𝑣𝑒𝑠, 𝑎𝑛𝑑 𝑜𝑛 𝑡ℎ𝑒 𝑠ℎ𝑒𝑙𝑣𝑒𝑠 𝑊𝑖𝑙𝑙 𝑏𝑒 𝑠𝑡𝑟𝑎𝑛𝑔𝑒 𝑓𝑙𝑜𝑤𝑒𝑟𝑠 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑏𝑙𝑜𝑠𝑠𝑜𝑚𝑒𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑢𝑠 𝑈𝑛𝑑𝑒𝑟 𝑚𝑜𝑟𝑒 𝑏𝑒𝑎𝑢𝑡𝑖𝑓𝑢𝑙 ℎ𝑒𝑎𝑣𝑒𝑛𝑠." https://youtu.be/ON8b11JUOmI
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  • ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆.

    La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad.

    Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno.

    Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta.

    Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto.

    Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio.

    Odette se detuvo frente a la entrada un instante.

    Luego empujó la puerta.

    El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza.

    Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura.

    El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio.

    —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón.

    —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila.

    El hombre arqueó una ceja.
    No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas.

    Se alejó murmurando para sí mismo.

    La taberna continuó con su ruido habitual.
    Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados.

    Hasta que la puerta se abrió violentamente.

    Un hombre irrumpió empapado por la lluvia.

    Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible.

    —¡La vi!— gritó con la voz quebrada.

    Nadie respondió al principio.
    Algunos soltaron risas cansadas.

    —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa.

    Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores.

    —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella!

    La taberna estalló en carcajadas.

    —¿La bruja del luto?
    —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato.
    —¿No se suponía que estaba muerta?

    Pero el hombre no reía... Temblaba.

    —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca!

    Algunas risas comenzaron a apagarse.

    Incluso el bardo dejó de tocar.

    Edwin tragó saliva con dificultad.

    —Y entonces ella me miró...

    Un silencio incómodo recorrió la taberna.

    —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero.

    Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette.

    —Porque tenía esos mismos ojos.

    El silencio cayó de golpe.

    Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro.

    La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle.

    Entonces levantó la vista hacia el hombre.
    Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente.
    Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real.

    El hombre retrocedió horrorizado.

    —No... no...— balbuceó.

    Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza.

    —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
    ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆. La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad. Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno. Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta. Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto. Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio. Odette se detuvo frente a la entrada un instante. Luego empujó la puerta. El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza. Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura. El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio. —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón. —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila. El hombre arqueó una ceja. No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas. Se alejó murmurando para sí mismo. La taberna continuó con su ruido habitual. Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados. Hasta que la puerta se abrió violentamente. Un hombre irrumpió empapado por la lluvia. Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible. —¡La vi!— gritó con la voz quebrada. Nadie respondió al principio. Algunos soltaron risas cansadas. —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa. Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores. —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella! La taberna estalló en carcajadas. —¿La bruja del luto? —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato. —¿No se suponía que estaba muerta? Pero el hombre no reía... Temblaba. —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca! Algunas risas comenzaron a apagarse. Incluso el bardo dejó de tocar. Edwin tragó saliva con dificultad. —Y entonces ella me miró... Un silencio incómodo recorrió la taberna. —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero. Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette. —Porque tenía esos mismos ojos. El silencio cayó de golpe. Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro. La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle. Entonces levantó la vista hacia el hombre. Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente. Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real. El hombre retrocedió horrorizado. —No... no...— balbuceó. Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza. —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
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  • 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐:

    𝑰𝒏𝒕𝒆𝒓𝒏𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒂𝒍 𝑭𝒂𝒍𝒍𝒔, 𝑴𝒊𝒏𝒏𝒆𝒔𝒐𝒕𝒂. 𝑼𝒏 𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑴𝒂𝒚𝒐 𝒂𝒏̃𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆́𝒔.

    𝑯𝒂 𝒑𝒂𝒔𝒂𝒅𝒐 𝒖𝒏 𝒕𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐 𝒅𝒆𝒔𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒗𝒆𝒛 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒃𝜾́ 𝒂𝒍𝒈𝒐. 𝑴𝒊 𝒗𝒊𝒅𝒂… 𝒃𝒖𝒆𝒏𝒐 𝒄𝒓𝒆𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒂 𝒉𝒆 𝒕𝒊𝒓𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒂 𝒃𝒐𝒓𝒅𝒂, 𝒑𝒆𝒓𝒅𝜾́ 𝒎𝒂́𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒈𝒂𝒏𝒆́, 𝒑𝒆𝒓𝒐 𝒅𝒆𝒃𝒐 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒆𝒏 𝒑𝒂𝒛 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒍𝒍𝒐, 𝒂𝒖́𝒏 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒊𝒏𝒖́𝒐 𝒎𝒊 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆 𝒑𝒐𝒓 𝒆𝒍 𝒑𝒂𝜾́𝒔, 𝒔𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒆𝒏 𝒃𝒖́𝒔𝒒𝒖𝒆𝒅𝒂 𝒅𝒆 𝒂𝒍𝒈𝒐 𝒔𝒊𝒏 𝒔𝒂𝒃𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒍 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒒𝒖𝒆́ 𝒆𝒔. 𝑷𝒆𝒓𝒐 𝒉𝒆 𝒗𝒖𝒆𝒍𝒕𝒐 𝒂 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒓𝒓𝒆𝒕𝒆𝒓𝒂, 𝒆𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝑯𝒂𝒓𝒍𝒆𝒚, 𝒆𝒏 𝒎𝒆𝒅𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒔𝒐𝒍𝒆𝒅𝒂𝒅 𝒚 𝒆𝒍 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒐, 𝒂𝒗𝒆𝒄𝒆𝒔 𝒆𝒔𝒂 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒋𝒐𝒓 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒂𝒏̃𝜾́𝒂.
    𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐: 𝑰𝒏𝒕𝒆𝒓𝒏𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒂𝒍 𝑭𝒂𝒍𝒍𝒔, 𝑴𝒊𝒏𝒏𝒆𝒔𝒐𝒕𝒂. 𝑼𝒏 𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑴𝒂𝒚𝒐 𝒂𝒏̃𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆́𝒔. 𝑯𝒂 𝒑𝒂𝒔𝒂𝒅𝒐 𝒖𝒏 𝒕𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐 𝒅𝒆𝒔𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒗𝒆𝒛 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒃𝜾́ 𝒂𝒍𝒈𝒐. 𝑴𝒊 𝒗𝒊𝒅𝒂… 𝒃𝒖𝒆𝒏𝒐 𝒄𝒓𝒆𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒂 𝒉𝒆 𝒕𝒊𝒓𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒂 𝒃𝒐𝒓𝒅𝒂, 𝒑𝒆𝒓𝒅𝜾́ 𝒎𝒂́𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒈𝒂𝒏𝒆́, 𝒑𝒆𝒓𝒐 𝒅𝒆𝒃𝒐 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒆𝒏 𝒑𝒂𝒛 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒍𝒍𝒐, 𝒂𝒖́𝒏 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒊𝒏𝒖́𝒐 𝒎𝒊 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆 𝒑𝒐𝒓 𝒆𝒍 𝒑𝒂𝜾́𝒔, 𝒔𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒆𝒏 𝒃𝒖́𝒔𝒒𝒖𝒆𝒅𝒂 𝒅𝒆 𝒂𝒍𝒈𝒐 𝒔𝒊𝒏 𝒔𝒂𝒃𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒍 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒒𝒖𝒆́ 𝒆𝒔. 𝑷𝒆𝒓𝒐 𝒉𝒆 𝒗𝒖𝒆𝒍𝒕𝒐 𝒂 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒓𝒓𝒆𝒕𝒆𝒓𝒂, 𝒆𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝑯𝒂𝒓𝒍𝒆𝒚, 𝒆𝒏 𝒎𝒆𝒅𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒔𝒐𝒍𝒆𝒅𝒂𝒅 𝒚 𝒆𝒍 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒐, 𝒂𝒗𝒆𝒄𝒆𝒔 𝒆𝒔𝒂 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒋𝒐𝒓 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒂𝒏̃𝜾́𝒂.
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  • ℑ'𝔪 𝔭𝔯𝔬𝔫𝔢 𝔱𝔬 𝔯𝔲𝔫
    I𝔫𝔱𝔬 𝔱𝔥𝔬𝔰𝔢 𝔴𝔬𝔬𝔡𝔰 𝔱𝔥𝔞𝔱 𝔥𝔦𝔡 𝔱𝔥𝔢 𝔰𝔲𝔫.
    ℑ'𝔪 𝔭𝔯𝔬𝔫𝔢 𝔱𝔬 𝔯𝔲𝔫 I𝔫𝔱𝔬 𝔱𝔥𝔬𝔰𝔢 𝔴𝔬𝔬𝔡𝔰 𝔱𝔥𝔞𝔱 𝔥𝔦𝔡 𝔱𝔥𝔢 𝔰𝔲𝔫.
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  • "𝑨 𝒔𝒕𝒂𝒓 𝒘𝒂𝒏𝒅𝒆𝒓𝒆𝒅 𝒕𝒐𝒐 𝒇𝒂𝒓 𝒇𝒓𝒐𝒎 𝒕𝒉𝒆 𝒄𝒐𝒔𝒎𝒐𝒔 𝒂𝒏𝒅 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒑𝒆𝒂𝒄𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒏𝒈 𝒈𝒐𝒅𝒔.”
    "𝑨 𝒔𝒕𝒂𝒓 𝒘𝒂𝒏𝒅𝒆𝒓𝒆𝒅 𝒕𝒐𝒐 𝒇𝒂𝒓 𝒇𝒓𝒐𝒎 𝒕𝒉𝒆 𝒄𝒐𝒔𝒎𝒐𝒔 𝒂𝒏𝒅 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒑𝒆𝒂𝒄𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒏𝒈 𝒈𝒐𝒅𝒔.”
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  • '' 𝖨𝗍 𝗆𝗂𝗀𝗁𝗍 𝗇𝗈𝗍 𝖻𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗋𝗂𝗀𝗁𝗍 𝗍𝗂𝗆𝖾, 𝖨 𝗆𝗂𝗀𝗁𝗍 𝗇𝗈𝗍 𝖻𝖾 𝘁𝗵𝗲 𝗿𝗶𝗴𝗵𝘁 𝗼𝗻𝗲.. ''
    '' 𝖨𝗍 𝗆𝗂𝗀𝗁𝗍 𝗇𝗈𝗍 𝖻𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗋𝗂𝗀𝗁𝗍 𝗍𝗂𝗆𝖾, 𝖨 𝗆𝗂𝗀𝗁𝗍 𝗇𝗈𝗍 𝖻𝖾 𝘁𝗵𝗲 𝗿𝗶𝗴𝗵𝘁 𝗼𝗻𝗲.. ''
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  • 𝔐𝔦𝔰 𝔬𝔧𝔬𝔰 𝔢𝔰𝔱𝔞́𝔫 𝔞𝔠𝔞́ 𝔞𝔯𝔯𝔦𝔟𝔞, 𝔟𝔬𝔟𝔦𝔱𝔬. . 𝔍𝔪𝔧𝔪.
    𝔐𝔦𝔰 𝔬𝔧𝔬𝔰 𝔢𝔰𝔱𝔞́𝔫 𝔞𝔠𝔞́ 𝔞𝔯𝔯𝔦𝔟𝔞, 𝔟𝔬𝔟𝔦𝔱𝔬. . 𝔍𝔪𝔧𝔪.
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  • ❝𝑵𝒐 𝒉𝒂𝒃𝒊́𝒂 𝒅𝒊́𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒋𝒖𝒊𝒄𝒊𝒐, 𝒏𝒐 𝒉𝒂𝒃𝒊́𝒂 𝒖𝒏𝒂 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒇𝒊𝒏𝒂𝒍, 𝒏𝒐 𝒉𝒂𝒃𝒊́𝒂 𝒏𝒊𝒏𝒈𝒖́𝒏 𝒎𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒍𝒖𝒎𝒊𝒏𝒐𝒔𝒐 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒄𝒖𝒂𝒍 𝒕𝒐𝒅𝒐𝒔 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒆𝒓𝒓𝒊𝒃𝒍𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒓𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒄𝒐𝒎𝒆𝒕𝒊𝒅𝒐𝒔 𝒇𝒖𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒓𝒓𝒆𝒈𝒊𝒅𝒐𝒔 𝒚 𝒕𝒐𝒅𝒐𝒔 𝒍𝒐𝒔 𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒇𝒖𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒆𝒏𝒔𝒂𝒅𝒐𝒔. 𝑳𝒂𝒔 𝒃𝒓𝒖𝒋𝒂𝒔 𝒒𝒖𝒆𝒎𝒂𝒅𝒂𝒔 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒉𝒐𝒈𝒖𝒆𝒓𝒂 𝒏𝒐 𝒔𝒆𝒓𝒊́𝒂𝒏 𝒗𝒆𝒏𝒈𝒂𝒅𝒂𝒔 𝒋𝒂𝒎𝒂́𝒔. ¡𝑵𝒂𝒅𝒊𝒆 𝒊𝒃𝒂 𝒂 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒓𝒏𝒐𝒔 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒏𝒂𝒅𝒂!❞
    ❝𝑵𝒐 𝒉𝒂𝒃𝒊́𝒂 𝒅𝒊́𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒋𝒖𝒊𝒄𝒊𝒐, 𝒏𝒐 𝒉𝒂𝒃𝒊́𝒂 𝒖𝒏𝒂 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒇𝒊𝒏𝒂𝒍, 𝒏𝒐 𝒉𝒂𝒃𝒊́𝒂 𝒏𝒊𝒏𝒈𝒖́𝒏 𝒎𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒍𝒖𝒎𝒊𝒏𝒐𝒔𝒐 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒄𝒖𝒂𝒍 𝒕𝒐𝒅𝒐𝒔 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒆𝒓𝒓𝒊𝒃𝒍𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒓𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒄𝒐𝒎𝒆𝒕𝒊𝒅𝒐𝒔 𝒇𝒖𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒓𝒓𝒆𝒈𝒊𝒅𝒐𝒔 𝒚 𝒕𝒐𝒅𝒐𝒔 𝒍𝒐𝒔 𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒇𝒖𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒆𝒏𝒔𝒂𝒅𝒐𝒔. 𝑳𝒂𝒔 𝒃𝒓𝒖𝒋𝒂𝒔 𝒒𝒖𝒆𝒎𝒂𝒅𝒂𝒔 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒉𝒐𝒈𝒖𝒆𝒓𝒂 𝒏𝒐 𝒔𝒆𝒓𝒊́𝒂𝒏 𝒗𝒆𝒏𝒈𝒂𝒅𝒂𝒔 𝒋𝒂𝒎𝒂́𝒔. ¡𝑵𝒂𝒅𝒊𝒆 𝒊𝒃𝒂 𝒂 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒓𝒏𝒐𝒔 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒏𝒂𝒅𝒂!❞
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  • ⸻ “𝑂𝑛𝑙𝑦 𝑜𝑝𝑡𝑖𝑚𝑖𝑠𝑡𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑚𝑖𝑡 𝑠𝑢𝑖𝑐𝑖𝑑𝑒, 𝑜𝑝𝑡𝑖𝑚𝑖𝑠𝑡𝑠 𝑤ℎ𝑜 𝑛𝑜 𝑙𝑜𝑛𝑔𝑒𝑟 𝑠𝑢𝑐𝑐𝑒𝑒𝑑 𝑎𝑡 𝑏𝑒𝑖𝑛𝑔 𝑜𝑝𝑡𝑖𝑚𝑖𝑠𝑡𝑠.

    𝑇ℎ𝑒 𝑜𝑡ℎ𝑒𝑟𝑠, ℎ𝑎𝑣𝑖𝑛𝑔 𝑛𝑜 𝑟𝑒𝑎𝑠𝑜𝑛 𝑡𝑜 𝑙𝑖𝑣𝑒, 𝑤ℎ𝑦 𝑤𝑜𝑢𝑙𝑑 𝑡ℎ𝑒𝑦 ℎ𝑎𝑣𝑒 𝑎𝑛𝑦 𝑡𝑜 𝑑𝑖𝑒?”
    ⸻ “𝑂𝑛𝑙𝑦 𝑜𝑝𝑡𝑖𝑚𝑖𝑠𝑡𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑚𝑖𝑡 𝑠𝑢𝑖𝑐𝑖𝑑𝑒, 𝑜𝑝𝑡𝑖𝑚𝑖𝑠𝑡𝑠 𝑤ℎ𝑜 𝑛𝑜 𝑙𝑜𝑛𝑔𝑒𝑟 𝑠𝑢𝑐𝑐𝑒𝑒𝑑 𝑎𝑡 𝑏𝑒𝑖𝑛𝑔 𝑜𝑝𝑡𝑖𝑚𝑖𝑠𝑡𝑠. 𝑇ℎ𝑒 𝑜𝑡ℎ𝑒𝑟𝑠, ℎ𝑎𝑣𝑖𝑛𝑔 𝑛𝑜 𝑟𝑒𝑎𝑠𝑜𝑛 𝑡𝑜 𝑙𝑖𝑣𝑒, 𝑤ℎ𝑦 𝑤𝑜𝑢𝑙𝑑 𝑡ℎ𝑒𝑦 ℎ𝑎𝑣𝑒 𝑎𝑛𝑦 𝑡𝑜 𝑑𝑖𝑒?”
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    𝑬𝒗𝒆𝒓𝒚𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈 𝒈𝒆𝒕𝒔 𝒉𝒐𝒕 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖 𝒂𝒓𝒆 𝒃𝒚 𝒎𝒚 𝒔𝒊𝒅𝒆.
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