• 𝅃 𝑊ℎ𝑎𝑡'𝑠 𝑢𝑝, 𝑘𝑖𝑑𝑑𝑜? 𝐷𝑖𝑑 𝑦𝑜𝑢 𝑙𝑜𝑠𝑒 𝑦𝑜𝑢𝑟 𝑤𝑎𝑦 ℎ𝑜𝑚𝑒? 𝑌𝑒𝑎ℎ, 𝑚𝑒 𝑡𝑜𝑜.
    𝅃 𝑊ℎ𝑎𝑡'𝑠 𝑢𝑝, 𝑘𝑖𝑑𝑑𝑜? 𝐷𝑖𝑑 𝑦𝑜𝑢 𝑙𝑜𝑠𝑒 𝑦𝑜𝑢𝑟 𝑤𝑎𝑦 ℎ𝑜𝑚𝑒? 𝑌𝑒𝑎ℎ, 𝑚𝑒 𝑡𝑜𝑜.
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    𝐋𝐨𝐚𝐝𝐢𝐧𝐠...
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    𝐈𝐭 𝐰𝐚𝐬 𝐡𝐞𝐫 𝐜𝐡𝐚𝐨𝐬 𝐭𝐡𝐚𝐭 𝐦𝐚𝐝𝐞 𝐡𝐞𝐫 𝐛𝐞𝐚𝐮𝐭𝐢𝐟𝐮𝐥.
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    ❝𝙸 𝚌𝚊𝚗'𝚝 𝚋𝚎𝚊𝚛 𝚝𝚘 𝚋𝚎 𝚗𝚘𝚋𝚘𝚍𝚢.❞
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    / ¡𝗡𝗼 𝘀𝗮𝗯𝗲𝗻 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗶𝘀𝗳𝗿𝘂𝘁𝗼 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗬𝘃𝗼𝗻𝗻𝗲 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗿𝗼𝗹𝗰𝗶𝘁𝗼𝘀 𝘁𝗮𝗻 𝗹𝗶𝗻𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗼𝘀ⵑ 𝗠𝗲 𝗱𝗮 𝗹𝗮 𝗼𝗽𝗼𝗿𝘁𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝘀𝗼𝗹𝘁𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗰𝗹𝗮𝗱𝗼, 𝗽𝗼𝗻𝗲𝗿𝗺𝗲 𝘀𝗲𝗻𝘁𝗶𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹 𝘆 𝗵𝗮𝘀𝘁𝗮 𝘀𝗼𝗹𝘁𝗮𝗿 𝗮𝗹𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗹𝗮𝗴𝗿𝗶𝗺𝗶𝘁𝗮 𝗲𝘀𝗰𝗿𝗶𝗯𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 (?). 𝗦𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝘀𝛊́ 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗼 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗳𝗮𝗰𝗲𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗷𝗲𝘀 𝘆 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗮 𝗬𝘃𝗼𝗻𝗻𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝘀𝗼𝗻 𝗳𝗮́𝗰𝗶𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝘃𝗲𝗿, 𝘆 𝗲𝘀𝗼 𝗺𝗲 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮 𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗮 𝗳𝗼𝗻𝗱𝗼. ¡𝗘𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝘂𝗿𝗶𝘁𝗮 𝗲𝗻 𝗺𝗶 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇𝗼́𝗻ⵑ
    / ¡𝗡𝗼 𝘀𝗮𝗯𝗲𝗻 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗶𝘀𝗳𝗿𝘂𝘁𝗼 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗬𝘃𝗼𝗻𝗻𝗲 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗿𝗼𝗹𝗰𝗶𝘁𝗼𝘀 𝘁𝗮𝗻 𝗹𝗶𝗻𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗼𝘀ⵑ 𝗠𝗲 𝗱𝗮 𝗹𝗮 𝗼𝗽𝗼𝗿𝘁𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝘀𝗼𝗹𝘁𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗰𝗹𝗮𝗱𝗼, 𝗽𝗼𝗻𝗲𝗿𝗺𝗲 𝘀𝗲𝗻𝘁𝗶𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹 𝘆 𝗵𝗮𝘀𝘁𝗮 𝘀𝗼𝗹𝘁𝗮𝗿 𝗮𝗹𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗹𝗮𝗴𝗿𝗶𝗺𝗶𝘁𝗮 𝗲𝘀𝗰𝗿𝗶𝗯𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 (?). 𝗦𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝘀𝛊́ 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗼 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗳𝗮𝗰𝗲𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗷𝗲𝘀 𝘆 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗮 𝗬𝘃𝗼𝗻𝗻𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝘀𝗼𝗻 𝗳𝗮́𝗰𝗶𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝘃𝗲𝗿, 𝘆 𝗲𝘀𝗼 𝗺𝗲 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮 𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗮 𝗳𝗼𝗻𝗱𝗼. ¡𝗘𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝘂𝗿𝗶𝘁𝗮 𝗲𝗻 𝗺𝗶 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇𝗼́𝗻ⵑ
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  • ⸻ "𝐴𝑛𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑡ℎ𝑒 𝑓𝑖𝑟𝑠𝑡 𝑡𝑖𝑚𝑒, 𝐼 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝑓𝑒𝑒𝑙 𝑎 𝑠𝑜𝑓𝑡 𝑒𝑚𝑏𝑟𝑎𝑐𝑒. 𝑇ℎ𝑒 𝑜𝑛𝑒 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑐𝑎𝑚𝑒 𝑤𝑖𝑡ℎ 𝑡ℎ𝑒 𝑔𝑒𝑛𝑡𝑙𝑒 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑓𝑓𝑒𝑟𝑒𝑛𝑐𝑒 𝑜𝑓 𝑡ℎ𝑒 𝑤𝑜𝑟𝑙𝑑."
    ⸻ "𝐴𝑛𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑡ℎ𝑒 𝑓𝑖𝑟𝑠𝑡 𝑡𝑖𝑚𝑒, 𝐼 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝑓𝑒𝑒𝑙 𝑎 𝑠𝑜𝑓𝑡 𝑒𝑚𝑏𝑟𝑎𝑐𝑒. 𝑇ℎ𝑒 𝑜𝑛𝑒 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑐𝑎𝑚𝑒 𝑤𝑖𝑡ℎ 𝑡ℎ𝑒 𝑔𝑒𝑛𝑡𝑙𝑒 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑓𝑓𝑒𝑟𝑒𝑛𝑐𝑒 𝑜𝑓 𝑡ℎ𝑒 𝑤𝑜𝑟𝑙𝑑."
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  • ➹ 𝗕𝗶𝘁𝗮́𝗰𝗼𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮; 𝗠𝗲𝘀𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗼𝘀.
    #𝖲𝗁𝗈𝗋𝗍𝖲𝗍𝗈𝗋𝗒 .

    Los motores encienden, pero no hay forma de mover el resto de las turbinas. El sistema está dañado, sin posibilidad de enviar señales pero ya no suena como la última vez que el tablero se encendió. La tecnología de la tierra es tan anticuada que no se puede ayudar de nada, menos cuando se está en lo que ellos llaman ''el campo''.

    Algunos días se sentía esperanzado, otros simplemente impotente. El calor en aquella zona rural requería descansos continuos, no tenía muchos suministros disponibles además del agua que encontraba de los ríos o algunos estanques, el sabor a tierra no era su favorito.
    Quejarse lo hacía sentir estúpido pues era lo que mantenía su energía, algo de cordura y la paciencia para seguir haciendo anotaciones en una libreta vieja de hojas quemadas.

    '' Revisión continua, al día de hoy no se han encontrado avances. El mismo mantenimiento se realizó ayer cuando aún había luz solar, no hay mejoría.''

    La boca de Shep se torció al plasmar esa última oración con el viejo bolígrafo en mano. Exhaló pesadamente por la nariz encorvándose un poco al bajar la mirada a sus pies. La libreta en sus manos seguía abierta, volviendo las pupilas a revisar lo pendiente.

    — Al menos tengo tiempo de sobra para comer.

    Se murmuró a sí mismo mientras recuperaba la postura, la puerta de la nave subía y bajaba por el viento si no se le colocaba un soporte mientras encontraba como reparar el circuito que la conectaba a la nave. Eso daba oportunidad a ciertos animales para curiosear su morada, entre ellos un conocido peludo de cuatro patas que, a ese punto exigía al menos una cena digna a lado del alienígena.

    El sonido agudo del animal propició a que este se alzara de su desgastado asiento, revisando una caja debajo de herramientas arrumbadas en las que almacenó maíz que encontró (robó) tras explorar algunos metros por el campo. Donde algunas pequeñas chozas se alzaban, corrales con especies animales se alertaban por su paso y las cosechas estaban libres a merced del viento y las criaturas salvajes, como él.

    — Supongo que hoy será mesa para dos.
    ➹ 𝗕𝗶𝘁𝗮́𝗰𝗼𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮; 𝗠𝗲𝘀𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗼𝘀. #𝖲𝗁𝗈𝗋𝗍𝖲𝗍𝗈𝗋𝗒 . Los motores encienden, pero no hay forma de mover el resto de las turbinas. El sistema está dañado, sin posibilidad de enviar señales pero ya no suena como la última vez que el tablero se encendió. La tecnología de la tierra es tan anticuada que no se puede ayudar de nada, menos cuando se está en lo que ellos llaman ''el campo''. Algunos días se sentía esperanzado, otros simplemente impotente. El calor en aquella zona rural requería descansos continuos, no tenía muchos suministros disponibles además del agua que encontraba de los ríos o algunos estanques, el sabor a tierra no era su favorito. Quejarse lo hacía sentir estúpido pues era lo que mantenía su energía, algo de cordura y la paciencia para seguir haciendo anotaciones en una libreta vieja de hojas quemadas. '' Revisión continua, al día de hoy no se han encontrado avances. El mismo mantenimiento se realizó ayer cuando aún había luz solar, no hay mejoría.'' La boca de Shep se torció al plasmar esa última oración con el viejo bolígrafo en mano. Exhaló pesadamente por la nariz encorvándose un poco al bajar la mirada a sus pies. La libreta en sus manos seguía abierta, volviendo las pupilas a revisar lo pendiente. — Al menos tengo tiempo de sobra para comer. Se murmuró a sí mismo mientras recuperaba la postura, la puerta de la nave subía y bajaba por el viento si no se le colocaba un soporte mientras encontraba como reparar el circuito que la conectaba a la nave. Eso daba oportunidad a ciertos animales para curiosear su morada, entre ellos un conocido peludo de cuatro patas que, a ese punto exigía al menos una cena digna a lado del alienígena. El sonido agudo del animal propició a que este se alzara de su desgastado asiento, revisando una caja debajo de herramientas arrumbadas en las que almacenó maíz que encontró (robó) tras explorar algunos metros por el campo. Donde algunas pequeñas chozas se alzaban, corrales con especies animales se alertaban por su paso y las cosechas estaban libres a merced del viento y las criaturas salvajes, como él. — Supongo que hoy será mesa para dos.
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  • ༒ 𝕻𝖆𝖕𝖆𝖛𝖊𝖗 𝕾𝖔𝖒𝖓𝖎𝖋𝖊𝖗𝖚𝖒.

    En la penumbra de una noche sin luna, las calles de la ciudad parecían más estrechas de lo habitual.
    La humedad descendía lentamente por los muros de piedra y las ventanas permanecían cerradas a cal y canto, como si los habitantes temieran mirar hacia el exterior. Solo algunas lámparas colgaban fuera de las casas. Moribundas, derramando una luz enfermiza que apenas lograba atravesar la niebla.

    Y aun así, alguien caminaba.

    El sonido suave de unas botas sobre el empedrado rompía el silencio con una cadencia tranquila, casi adormecedora.
    Odette avanzaba entre las sombras con la serenidad de quien no le teme a la noche. Su larga falda rozaba apenas el suelo húmedo mientras pequeños frascos tintineaban bajo su capa. El aroma tenue de hierbas secas y flores amargas parecía seguirla como un perfume fúnebre.

    Fue al cruzar una calle angosta cuando lo notó: Una ventana abierta en el tercer piso de una vieja pensión, dentro no había luz, solo una figura inmóvil observando hacia afuera.
    La silueta permanecía allí, completamente quieta detrás de las cortinas desgastadas. Ni siquiera parecía respirar.
    Entonces la ventana se cerró de golpe.

    Odette continuó caminando.
    Pero... al doblar la siguiente esquina volvió a verla.

    La misma ventana. La misma habitación. La misma figura inmóvil tras el cristal.

    Odette se detuvo esta vez.

    Sus ojos claros observaron lentamente la fachada del edificio. Las paredes estaban cubiertas de humedad y musgo oscuro. Ninguna luz habitaba el interior. Ni una sola.
    El aire olía extraño.
    No a cadáver. No a enfermedad.
    A flores.
    Flores demasiado dulces. Como lirios abandonados durante días junto a un ataúd.

    La figura detrás del cristal alzó una mano lentamente y señaló hacia abajo. Hacia la calle.

    Odette bajó la mirada.

    Había pétalos húmedos sobre el empedrado. Pequeños pétalos blancos dispersos entre los charcos oscuros, perdiéndose hacia un callejón estrecho entre dos edificios antiguos. Un camino.

    La ciudad entera parecía guardar silencio mientras ella seguía el rastro paso a paso y sin prisa, hasta llegar al final del callejón.
    Allí no había puertas ni ventanas.
    Solo un muro de piedra vieja cubierto de raíces secas.

    Y en medio de la pared… Una silla.
    Una simple silla de madera colocada frente al muro húmedo y encima de ella descansaba un ramo marchito atado con cinta negra.

    Odette observó el lugar en silencio.

    Después notó algo que hizo que sus dedos se tensaran apenas alrededor de la lámpara.
    Los pétalos no estaban sobre el suelo. Salían de las grietas entre las piedras.
    Como si algo hubiese florecido detrás del muro.

    Entonces escuchó el golpe.
    Suave. Del otro lado.

    …toc.

    Otro más.

    …toc.

    Lento... Paciente...
    Como alguien atrapado tras la pared intentando llamar la atención sin despertar a nadie.

    Odette siguió su camino.

    Lo que sea que estuviese ahí, paciente... Esperando ser notado... No formaba parte del lugar y no habría rezo o veneno que lo alejase.
    ༒ 𝕻𝖆𝖕𝖆𝖛𝖊𝖗 𝕾𝖔𝖒𝖓𝖎𝖋𝖊𝖗𝖚𝖒. En la penumbra de una noche sin luna, las calles de la ciudad parecían más estrechas de lo habitual. La humedad descendía lentamente por los muros de piedra y las ventanas permanecían cerradas a cal y canto, como si los habitantes temieran mirar hacia el exterior. Solo algunas lámparas colgaban fuera de las casas. Moribundas, derramando una luz enfermiza que apenas lograba atravesar la niebla. Y aun así, alguien caminaba. El sonido suave de unas botas sobre el empedrado rompía el silencio con una cadencia tranquila, casi adormecedora. Odette avanzaba entre las sombras con la serenidad de quien no le teme a la noche. Su larga falda rozaba apenas el suelo húmedo mientras pequeños frascos tintineaban bajo su capa. El aroma tenue de hierbas secas y flores amargas parecía seguirla como un perfume fúnebre. Fue al cruzar una calle angosta cuando lo notó: Una ventana abierta en el tercer piso de una vieja pensión, dentro no había luz, solo una figura inmóvil observando hacia afuera. La silueta permanecía allí, completamente quieta detrás de las cortinas desgastadas. Ni siquiera parecía respirar. Entonces la ventana se cerró de golpe. Odette continuó caminando. Pero... al doblar la siguiente esquina volvió a verla. La misma ventana. La misma habitación. La misma figura inmóvil tras el cristal. Odette se detuvo esta vez. Sus ojos claros observaron lentamente la fachada del edificio. Las paredes estaban cubiertas de humedad y musgo oscuro. Ninguna luz habitaba el interior. Ni una sola. El aire olía extraño. No a cadáver. No a enfermedad. A flores. Flores demasiado dulces. Como lirios abandonados durante días junto a un ataúd. La figura detrás del cristal alzó una mano lentamente y señaló hacia abajo. Hacia la calle. Odette bajó la mirada. Había pétalos húmedos sobre el empedrado. Pequeños pétalos blancos dispersos entre los charcos oscuros, perdiéndose hacia un callejón estrecho entre dos edificios antiguos. Un camino. La ciudad entera parecía guardar silencio mientras ella seguía el rastro paso a paso y sin prisa, hasta llegar al final del callejón. Allí no había puertas ni ventanas. Solo un muro de piedra vieja cubierto de raíces secas. Y en medio de la pared… Una silla. Una simple silla de madera colocada frente al muro húmedo y encima de ella descansaba un ramo marchito atado con cinta negra. Odette observó el lugar en silencio. Después notó algo que hizo que sus dedos se tensaran apenas alrededor de la lámpara. Los pétalos no estaban sobre el suelo. Salían de las grietas entre las piedras. Como si algo hubiese florecido detrás del muro. Entonces escuchó el golpe. Suave. Del otro lado. …toc. Otro más. …toc. Lento... Paciente... Como alguien atrapado tras la pared intentando llamar la atención sin despertar a nadie. Odette siguió su camino. Lo que sea que estuviese ahí, paciente... Esperando ser notado... No formaba parte del lugar y no habría rezo o veneno que lo alejase.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    ''𝐼𝑓 𝑡𝘩𝑖𝑠 𝑖𝑠 𝑡𝘩𝑒 𝑙𝑎𝑠𝑡 𝑡𝑖𝑚𝑒… 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑒 𝑙𝑒𝑎𝑣𝑒 𝑤𝑖𝑡𝘩 𝑠𝑜𝑚𝑒𝑡𝘩𝑖𝑛𝑔 𝑤𝑎𝑟𝑚 𝑡𝑜 𝑟𝑒𝑚𝑒𝑚𝑏𝑒𝑟.''
    ''𝐼𝑓 𝑡𝘩𝑖𝑠 𝑖𝑠 𝑡𝘩𝑒 𝑙𝑎𝑠𝑡 𝑡𝑖𝑚𝑒… 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑒 𝑙𝑒𝑎𝑣𝑒 𝑤𝑖𝑡𝘩 𝑠𝑜𝑚𝑒𝑡𝘩𝑖𝑛𝑔 𝑤𝑎𝑟𝑚 𝑡𝑜 𝑟𝑒𝑚𝑒𝑚𝑏𝑒𝑟.''
    Me entristece
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  • 𝑈𝑛 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜.

    Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado.

    Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando.

    Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio.

    Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado.
    —¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto?
    El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
    𝑈𝑛 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜. Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado. Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando. Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio. Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado. —¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto? El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
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