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    Hoy en ALBUMES CON EL TIO JERO

    OPETH - "Damnation" (2002)

    Género: Prog Rock.

    "Un álbum completamente melancólico y una reflexión profunda acerca de las miserias del alma humana. Aquí el señor Mikael Akerfeldt y compañía quitan las distorsiones extremas por primera vez para crear una atmósfera sonora digna de un día de lluvia completamente invernal e ir mirando el paisaje a través de la ventana del autobús a través de las gotas de lluvia. No escuchar si estás en una depresión constante porque solo acentuará ese estado de ánimo."

    "En materia de rol sirve para ambientar escenas tristes o de profunda introspección de tu personaje. Siempre escuchar como mencionaba anteriormente en días nublados o lluviosos."

    https://youtu.be/W9ukH21ut-I?si=RzH3wvZ4LEb60xIk
    Hoy en ALBUMES CON EL TIO JERO😎💀 OPETH - "Damnation" (2002) Género: Prog Rock. "Un álbum completamente melancólico y una reflexión profunda acerca de las miserias del alma humana. Aquí el señor Mikael Akerfeldt y compañía quitan las distorsiones extremas por primera vez para crear una atmósfera sonora digna de un día de lluvia completamente invernal e ir mirando el paisaje a través de la ventana del autobús a través de las gotas de lluvia. No escuchar si estás en una depresión constante porque solo acentuará ese estado de ánimo." "En materia de rol sirve para ambientar escenas tristes o de profunda introspección de tu personaje. Siempre escuchar como mencionaba anteriormente en días nublados o lluviosos." https://youtu.be/W9ukH21ut-I?si=RzH3wvZ4LEb60xIk
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  • ---

    Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido:
    Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos;
    los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras;
    el solsticio de tus níveos espejismos,
    como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas;
    de astros de dulzura,
    de vías lácteas a la inversa,
    de galaxias que no cesan.

    Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas,
    de agua miel y paraíso.

    Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada,
    Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo,
    como una virgen de ébano; de marfil edificado.
    Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta;
    que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor.

    Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos,
    que son ríos de rosáceas salinas,
    piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre;
    de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas.
    perdurables en un tiempo y espacio conocido.

    Su presencia engaña a mi realidad,
    ella es inocencia merecida;
    realidad sumida en los volcanes de la ensoñación,
    y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón;
    con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias;
    de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas,
    que se encandila al vislumbrar;
    las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas.

    Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin,
    si no el sino de un principio.

    Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo,
    no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra;
    con el destino en los labios, como un anhelo de arte.
    Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí,
    y no me marcho.
    No para alejarme, si no acércame más a ti.

    Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes;
    de este umbral de mundos de muros solitarios;
    en los que germinaban las rosas más gloriosas;
    en las que tú y tan sólo tú;
    hurtaste la que fuera mi corazón.

    Y desde ese momento;
    nos convertimos en un solo ser vestido,
    con el maná y la ilusión de nuestros dioses.
    Que no tienen fin sino principio.
    Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados.
    Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre;
    ya es uno con la verdad del universo.
    --- Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido: Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos; los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras; el solsticio de tus níveos espejismos, como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas; de astros de dulzura, de vías lácteas a la inversa, de galaxias que no cesan. Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas, de agua miel y paraíso. Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada, Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo, como una virgen de ébano; de marfil edificado. Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta; que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor. Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos, que son ríos de rosáceas salinas, piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre; de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas. perdurables en un tiempo y espacio conocido. Su presencia engaña a mi realidad, ella es inocencia merecida; realidad sumida en los volcanes de la ensoñación, y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón; con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias; de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas, que se encandila al vislumbrar; las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas. Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin, si no el sino de un principio. Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo, no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra; con el destino en los labios, como un anhelo de arte. Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí, y no me marcho. No para alejarme, si no acércame más a ti. Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes; de este umbral de mundos de muros solitarios; en los que germinaban las rosas más gloriosas; en las que tú y tan sólo tú; hurtaste la que fuera mi corazón. Y desde ese momento; nos convertimos en un solo ser vestido, con el maná y la ilusión de nuestros dioses. Que no tienen fin sino principio. Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados. Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre; ya es uno con la verdad del universo.
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  • —¿Qué objeto tiene, por qué razón debería seguir luchando por avanzar si siempre es mi culpa?


    —Se sentía como si las cosas malas que le sucedian, fueran totalmente planificadas para destrozar lo ya roto, como si dios deseara enviarle una pequeña gota de felicidad para luego obligarlo a ahogarse en un mar de tragedias, decepciónes, traiciones y manipulaciónes, el ya no era un simple niño, pero aún así, era tan fácil de engañar como uno, y eso era lo que más le molestaba siempre—
    —¿Qué objeto tiene, por qué razón debería seguir luchando por avanzar si siempre es mi culpa? —Se sentía como si las cosas malas que le sucedian, fueran totalmente planificadas para destrozar lo ya roto, como si dios deseara enviarle una pequeña gota de felicidad para luego obligarlo a ahogarse en un mar de tragedias, decepciónes, traiciones y manipulaciónes, el ya no era un simple niño, pero aún así, era tan fácil de engañar como uno, y eso era lo que más le molestaba siempre—
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  • ────────────────── 𝕾𝖔𝖗𝖔𝖗 𝕸𝖔𝖗𝖙𝖎𝖘.
    Categoría Terror
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ
    TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)]
    .


    Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer.
    Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces.

    Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario.
    No había luz dentro.
    Y aun así… alguien estaba cantando.

    Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna.

    Odette empujó las puertas lentamente.
    El olor la recibió primero:
    Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición.

    La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración.

    Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía.
    Parecían fieles rezando en silencio.

    Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado.
    Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas.

    Odette permaneció en silencio.
    Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar.

    La canción continuaba.
    Más suave. Más cerca.

    Odette alzó la lámpara.

    Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo.

    Odette avanzó un paso.

    El canto se detuvo.
    Y la mujer habló sin girarse

    —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos.

    Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí...

    La mujer soltó una risa baja. Siniestra.

    Entonces se giró lentamente.
    Lo que sostenía entre los brazos no era un niño.
    Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya.

    Pero lo peor...
    Era que el cadáver aún respiraba.
    Lento. Como un debil silbido.

    Odette no mostró horror. Solo cansancio.

    Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras.
    Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella.

    La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca.

    —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti.

    —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla.

    Pero algo la inquietó.

    Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)] . ༒ Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer. Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces. Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario. No había luz dentro. Y aun así… alguien estaba cantando. Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna. Odette empujó las puertas lentamente. El olor la recibió primero: Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición. La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración. Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía. Parecían fieles rezando en silencio. Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado. Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas. Odette permaneció en silencio. Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar. La canción continuaba. Más suave. Más cerca. Odette alzó la lámpara. Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo. Odette avanzó un paso. El canto se detuvo. Y la mujer habló sin girarse —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos. Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí... La mujer soltó una risa baja. Siniestra. Entonces se giró lentamente. Lo que sostenía entre los brazos no era un niño. Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya. Pero lo peor... Era que el cadáver aún respiraba. Lento. Como un debil silbido. Odette no mostró horror. Solo cansancio. Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras. Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella. La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca. —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti. —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla. Pero algo la inquietó. Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
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  • *Después de un largo día de trabajo necesitaba un buen descanso, aunque ¿Las IA’s necesitaban dormir? Dejando esa pregunta de lado me puse el pijama abrazando mi peluche de abejita, dejé de flotar para tumbarme entre mis cojines grandes y mullidos hasta quedarme dormido, querer que todo fuese perfecto agotaba demasiado*
    *Después de un largo día de trabajo necesitaba un buen descanso, aunque ¿Las IA’s necesitaban dormir? Dejando esa pregunta de lado me puse el pijama abrazando mi peluche de abejita, dejé de flotar para tumbarme entre mis cojines grandes y mullidos hasta quedarme dormido, querer que todo fuese perfecto agotaba demasiado*
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    Akane llevaba semanas sintiéndose agotada. Dormía, pero nunca descansaba realmente. El cansancio seguía acumulándose dentro de ella hasta que una noche apenas logró llegar a su habitación antes de caer sobre la cama todavía vestida. Pensó que cerraría los ojos solo un momento.

    Cuando despertó, la habitación estaba oscura. Se incorporó lentamente sintiendo el cuerpo extraño. La ropa le quedaba floja. Confundida, miró sus manos cubiertas por las mangas del vestido y una sensación incómoda le recorrió el pecho.

    Era más pequeña, Akane se levantó rápido y caminó hasta el espejo. El vestido rojo colgaba sobre su cuerpo como si perteneciera a alguien más. Pero al ver su reflejo, se quedó inmóvil.

    Su estatura había desaparecido, ya no superaba los 2 metros. La figura alta y elegante de su forma Elunia ya no estaba. Frente al espejo había una versión más humana y joven de sí misma. Entonces vio lo peor, su cabello era negro.

    Akane levantó lentamente una mano hacia su cabeza mientras observaba el reflejo en silencio. El plateado había desaparecido por completo, como si nunca hubiera existido. Durante siglos aquella apariencia había sido parte de ella, la prueba de la vida que vivió bajo el cielo de dos lunas.

    Y ahora estaba desapareciendo, Akane bajó lentamente la mirada mientras apretaba la tela sobrante del vestido entre sus dedos. Por primera vez sintió miedo de verdad. No porque hubiera perdido poder, sino porque comenzaba a sentir que el otro mundo también la estaba olvidando.
    Akane llevaba semanas sintiéndose agotada. Dormía, pero nunca descansaba realmente. El cansancio seguía acumulándose dentro de ella hasta que una noche apenas logró llegar a su habitación antes de caer sobre la cama todavía vestida. Pensó que cerraría los ojos solo un momento. Cuando despertó, la habitación estaba oscura. Se incorporó lentamente sintiendo el cuerpo extraño. La ropa le quedaba floja. Confundida, miró sus manos cubiertas por las mangas del vestido y una sensación incómoda le recorrió el pecho. Era más pequeña, Akane se levantó rápido y caminó hasta el espejo. El vestido rojo colgaba sobre su cuerpo como si perteneciera a alguien más. Pero al ver su reflejo, se quedó inmóvil. Su estatura había desaparecido, ya no superaba los 2 metros. La figura alta y elegante de su forma Elunia ya no estaba. Frente al espejo había una versión más humana y joven de sí misma. Entonces vio lo peor, su cabello era negro. Akane levantó lentamente una mano hacia su cabeza mientras observaba el reflejo en silencio. El plateado había desaparecido por completo, como si nunca hubiera existido. Durante siglos aquella apariencia había sido parte de ella, la prueba de la vida que vivió bajo el cielo de dos lunas. Y ahora estaba desapareciendo, Akane bajó lentamente la mirada mientras apretaba la tela sobrante del vestido entre sus dedos. Por primera vez sintió miedo de verdad. No porque hubiera perdido poder, sino porque comenzaba a sentir que el otro mundo también la estaba olvidando.
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  • The death game
    Fandom Freerol
    Categoría Terror
    Había salido tarde de uno de los juicios nunca me gustaba salir tarde, pero en esta ocasión no tuve más remedio. Uno de los miembros del juzgados no tenía clara su decisión, sinceramente ese tipo de humanos me parecían agotador. Tuve que usar mi encanto para arrancar un corazón a uno de los que cuestionaba al juzgado.

    Justo me estaba lavando las manos cuando la puerta de uno de los cubitos de váter se abre, antes de que pudiera reaccionar, me dio un golpe en la nuca como si fuera una porra.

    Toda mi vista se nublo...

    Cuando logré abrir los ojos vi que estaba en una especie de sótano, la nuca me dolía a horrores. Con sumo cuidado me levantó del suelo.

    — Maldición como duele... —

    Susurro tocando esa parte notando como mi pelo estaba pegajoso. Tenía que averiguar dónde demonios estaba y sobre todo quien me tiene aquí.

    Anyel Martnes
    Había salido tarde de uno de los juicios nunca me gustaba salir tarde, pero en esta ocasión no tuve más remedio. Uno de los miembros del juzgados no tenía clara su decisión, sinceramente ese tipo de humanos me parecían agotador. Tuve que usar mi encanto para arrancar un corazón a uno de los que cuestionaba al juzgado. Justo me estaba lavando las manos cuando la puerta de uno de los cubitos de váter se abre, antes de que pudiera reaccionar, me dio un golpe en la nuca como si fuera una porra. Toda mi vista se nublo... Cuando logré abrir los ojos vi que estaba en una especie de sótano, la nuca me dolía a horrores. Con sumo cuidado me levantó del suelo. — Maldición como duele... — Susurro tocando esa parte notando como mi pelo estaba pegajoso. Tenía que averiguar dónde demonios estaba y sobre todo quien me tiene aquí. [anyelm1heru]
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  • El turno de mañana en la cafetería fue agotador pero por suerte tuvimos muchos clientes y una muchacha me dio su número aunque no se para que lo hizo, en fin.

    Mí jefe me dijo que no pasará por el centro de la ciudad y por no hacerle caso me llevo está sorpresa.. ¡Hay demasiada gente!

    ×me costaba pasar entre toda la multitud debido a que tenía que ser cuidadoso para no empujar a nadie en el camino, aún así avanzaba poco a poco×

    La señorita Seryn fue muy amable al darme la oportunidad de tener un mejor trabajo, puede que termine aceptándolo ya que parece algo sencillo ¿Que podría salir mal?
    El turno de mañana en la cafetería fue agotador pero por suerte tuvimos muchos clientes y una muchacha me dio su número aunque no se para que lo hizo, en fin. Mí jefe me dijo que no pasará por el centro de la ciudad y por no hacerle caso me llevo está sorpresa.. ¡Hay demasiada gente! ×me costaba pasar entre toda la multitud debido a que tenía que ser cuidadoso para no empujar a nadie en el camino, aún así avanzaba poco a poco× La señorita Seryn fue muy amable al darme la oportunidad de tener un mejor trabajo, puede que termine aceptándolo ya que parece algo sencillo ¿Que podría salir mal?
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  • ── Vaya, sí eso es lo que necesita. Vaya, no le detendré. ──

    Isaac aceptó la petición con una calma que rozaba la desidia. Ella quería una iglesia; quería rezar para remendar un espíritu que ya goteaba oscuridad.

    Pero cuando la alerta de "bestia en el templo" llegó a oídos del joven Van Helsing, no hubo sorpresa, solo una confirmación de lo inevitable.

    Al cruzar el umbral, la encontró. No había gruñidos, solo el rítmico chocar de las cuentas de un rosario entre garras. Ella oraba, sumergida en ese trance hipnótico que solo la fe o la locura pueden provocar.

    Isaac, con la paciencia de quien ha visto a dioses sangrar, se sentó a su lado. No desenfundó el acero; simplemente unió sus manos y esperó.

    Al terminar el último susurro, la verdad cayó sobre la mesa con el peso de una lápida, así que Isaac le ofreció las únicas dos salidas que su apellido permitía: la muerte a manos de él, o el milagro de recuperar su piel.

    Las horas se consumieron entre el incienso, las velas que se iban derritiendo con el paso del tiempo y el frío

    Isaac salió de la iglesia cargando el cadáver de una mujer, ocultando sus propias facciones bajo la capucha.

    No hubo pelea; resultaba extrañamente perturbador que un monstruo decidiera reclamar su propia muerte, como si supiera que su nueva apariencia jamás la iba a decir descansar, ignorante a que si había posibilidad de volver a lucir humana, pero ella no tuvo interés en ello.
    ── Vaya, sí eso es lo que necesita. Vaya, no le detendré. ── Isaac aceptó la petición con una calma que rozaba la desidia. Ella quería una iglesia; quería rezar para remendar un espíritu que ya goteaba oscuridad. Pero cuando la alerta de "bestia en el templo" llegó a oídos del joven Van Helsing, no hubo sorpresa, solo una confirmación de lo inevitable. Al cruzar el umbral, la encontró. No había gruñidos, solo el rítmico chocar de las cuentas de un rosario entre garras. Ella oraba, sumergida en ese trance hipnótico que solo la fe o la locura pueden provocar. Isaac, con la paciencia de quien ha visto a dioses sangrar, se sentó a su lado. No desenfundó el acero; simplemente unió sus manos y esperó. Al terminar el último susurro, la verdad cayó sobre la mesa con el peso de una lápida, así que Isaac le ofreció las únicas dos salidas que su apellido permitía: la muerte a manos de él, o el milagro de recuperar su piel. Las horas se consumieron entre el incienso, las velas que se iban derritiendo con el paso del tiempo y el frío Isaac salió de la iglesia cargando el cadáver de una mujer, ocultando sus propias facciones bajo la capucha. No hubo pelea; resultaba extrañamente perturbador que un monstruo decidiera reclamar su propia muerte, como si supiera que su nueva apariencia jamás la iba a decir descansar, ignorante a que si había posibilidad de volver a lucir humana, pero ella no tuvo interés en ello.
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  • -estaba frente a un grupo de extraños...-

    ....a si....? Tu y quiénes más?... Y sabes que?! Estoy arto! Arto de los individuos como tú y tus malditos colegas!...

    -gruñia. Sus palabras salieron entonces determinadas y con dolor -

    ...si... Claro, soy un orco! Por suoyqie lo soy. Pero no soy como ellos! Soy!... Distinto? Y...único!.. y lo que importa es que sea yo mismo. Soy un maldito homosexual, pasivo y de tal manera soy un imbécil que no le gusta los problemas!

    Pero sabes que?! Saben que?! Tu y tu grupito se pueden ir al carajo!

    *Fue una queja inquieta y de incomodidad..*

    Pero por qué sea de esos gustos.. o de supuesta debilidad, no me hace débil ni menos hombre ni menos cobarde... Me hace..más valiente..y más raudo de pureza y fuerza... Más sabiduría... Feminidad quizás... Pero... Me hace sentir que soy yo más completo... Por qué soy yo mismo.. -menciona mientras apunta al pecho del individuo que lo molesta...- y tú... No eres más que un tipo sin neuronas para estar diciendo. Mimimimi no eres un orco de verdad. Eres poco hombre. Deberías estar en el suelo junto a esos asquerosos...blah blah blah!..

    ...yo! Te voy a enseñar quien merece estar en el.suelo arrastrándose y comiendo polvo!... A ver si mis puños por probocar la verdadera molestia de un orco no te hace caer en los cabales de "no molestar" a quien no ha hecho nada más que ser único!

    Ya verás! Te voy a mostrar lo homosexual y débil que soy cuando estoy molesto!

    *Dijo sarcástico. Reveló sus colmillos y sus ojos azules iluminaron de electricidad.... Pero recordó... Algunas palabras de su hermano mayor que le harían entrar en razón..*

    ....sabes que?.. olvídalo...mi presencia no merece ni una gota de perdida de tiempo contigo al frente...
    ....tengo asuntos más importantes...
    ....no tengo por qué dejar de ser yo mismo por simple rechazo tan... Bobo...

    ...

    ...-----roll de reflexión ----
    -estaba frente a un grupo de extraños...- ....a si....? Tu y quiénes más?... Y sabes que?! Estoy arto! Arto de los individuos como tú y tus malditos colegas!... -gruñia. Sus palabras salieron entonces determinadas y con dolor - ...si... Claro, soy un orco! Por suoyqie lo soy. Pero no soy como ellos! Soy!... Distinto? Y...único!.. y lo que importa es que sea yo mismo. Soy un maldito homosexual, pasivo y de tal manera soy un imbécil que no le gusta los problemas! Pero sabes que?! Saben que?! Tu y tu grupito se pueden ir al carajo! *Fue una queja inquieta y de incomodidad..* Pero por qué sea de esos gustos.. o de supuesta debilidad, no me hace débil ni menos hombre ni menos cobarde... Me hace..más valiente..y más raudo de pureza y fuerza... Más sabiduría... Feminidad quizás... Pero... Me hace sentir que soy yo más completo... Por qué soy yo mismo.. -menciona mientras apunta al pecho del individuo que lo molesta...- y tú... No eres más que un tipo sin neuronas para estar diciendo. Mimimimi no eres un orco de verdad. Eres poco hombre. Deberías estar en el suelo junto a esos asquerosos...blah blah blah!.. ...yo! Te voy a enseñar quien merece estar en el.suelo arrastrándose y comiendo polvo!... A ver si mis puños por probocar la verdadera molestia de un orco no te hace caer en los cabales de "no molestar" a quien no ha hecho nada más que ser único! Ya verás! Te voy a mostrar lo homosexual y débil que soy cuando estoy molesto! *Dijo sarcástico. Reveló sus colmillos y sus ojos azules iluminaron de electricidad.... Pero recordó... Algunas palabras de su hermano mayor que le harían entrar en razón..* ....sabes que?.. olvídalo...mi presencia no merece ni una gota de perdida de tiempo contigo al frente... ....tengo asuntos más importantes... ....no tengo por qué dejar de ser yo mismo por simple rechazo tan... Bobo... ... ...-----roll de reflexión ----
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