• Estudio sobre un conflicto
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    Categoría Otros
    —El aula de Historia estaba en silencio.
    El catedrático se colocó frente a sus alumnos y comenzó a hablar con una voz tranquila.—

    Hoy vamos a tratar una guerra templaria que no aparece explicada de forma clara en los libros. No tiene una fecha concreta, ni un enemigo identificado. Y no es porque falte información, sino porque se decidió ocultarla.

    —Explicó que los datos existentes no procedían de crónicas oficiales, sino de textos secundarios, notas escritas en monasterios, fragmentos hallados en antiguos templos, y documentos conservados en archivos de Roma, copiados y recopiados sin intención de ser divulgados.—

    Los escritos describen combates, movimientos y juramentos, pero evitan nombrar contra quién se luchó. Solo hablan de aquellos o los otros.

    —Era una forma de borrarles importancia… o de impedir que se les recordara.
    Se apoyó en la mesa, miró a la clase.—

    Vuestra tarea será investigar qué ocurrió realmente. No buscar nombres, sino comprender por qué se luchó, qué se defendía, y qué se perdió. Tendréis que comparar textos, leer entre líneas y aceptar que muchas respuestas no serán completas.

    —Mientras algunos alumnos tomaban notas, el profesor reparó en una joven sentada en silencio. No escribía. No parecía confundida. Al contrario, prestaba atención con calma, como si el tema le interesase más de lo normal.
    El catedrático se detuvo un instante mirándola. No sabía por qué, pero algo en su expresión le resultaba inquietante.—

    A veces, la historia no se estudia solo en los libros. A veces, quienes más la comprenden… son quienes ya la conocen.

    —El profesor continuó la clase, con la incómoda sensación de que aquella guerra olvidada no estaba tan lejos como siempre había creído.—
    —El aula de Historia estaba en silencio. El catedrático se colocó frente a sus alumnos y comenzó a hablar con una voz tranquila.— Hoy vamos a tratar una guerra templaria que no aparece explicada de forma clara en los libros. No tiene una fecha concreta, ni un enemigo identificado. Y no es porque falte información, sino porque se decidió ocultarla. —Explicó que los datos existentes no procedían de crónicas oficiales, sino de textos secundarios, notas escritas en monasterios, fragmentos hallados en antiguos templos, y documentos conservados en archivos de Roma, copiados y recopiados sin intención de ser divulgados.— Los escritos describen combates, movimientos y juramentos, pero evitan nombrar contra quién se luchó. Solo hablan de aquellos o los otros. —Era una forma de borrarles importancia… o de impedir que se les recordara. Se apoyó en la mesa, miró a la clase.— Vuestra tarea será investigar qué ocurrió realmente. No buscar nombres, sino comprender por qué se luchó, qué se defendía, y qué se perdió. Tendréis que comparar textos, leer entre líneas y aceptar que muchas respuestas no serán completas. —Mientras algunos alumnos tomaban notas, el profesor reparó en una joven sentada en silencio. No escribía. No parecía confundida. Al contrario, prestaba atención con calma, como si el tema le interesase más de lo normal. El catedrático se detuvo un instante mirándola. No sabía por qué, pero algo en su expresión le resultaba inquietante.— A veces, la historia no se estudia solo en los libros. A veces, quienes más la comprenden… son quienes ya la conocen. —El profesor continuó la clase, con la incómoda sensación de que aquella guerra olvidada no estaba tan lejos como siempre había creído.—
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  • Nuevo Sol
    Categoría Drama
    - 𝑆𝑐𝑎𝑟𝑙𝑒𝑡𝑡 𝐸𝑙𝑒𝑎𝑛𝑜𝑟 𝑀𝑜𝑟𝑒𝑡𝑡𝑖

    Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro.
    Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida.

    Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe.

    Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder.
    En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo.

    —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos.

    Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación.
    El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas.

    El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja.
    —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo.
    Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente.
    La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta.

    Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada.

    El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco.
    La seguridad es un hábito que no se pierde.
    El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto.
    Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto.
    No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad.

    Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto.
    Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor.
    —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
    👥 - [vision_fuchsia_rabbit_825] 🔥 Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro. Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida. Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe. Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder. En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo. —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos. Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación. El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas. El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja. —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo. Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente. La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta. Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada. El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco. La seguridad es un hábito que no se pierde. El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto. Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto. No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad. Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto. Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor. —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
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    || Ya no sé si estoy trabajando duro, o durando en el trabajo. Pero nada más me desocupe, volveré con más escritos y ocurrencias para Vincent. Igualmente si alguien quiere rol, es libre de pedirlo y se le será dado... Cuando mis neuronas estén conectados otra vez.(?) Gracias a todos y perdón las molestias!
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  • - 𝗖𝘂𝗮𝗱𝗲𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝗺𝗽𝗼 𝗡𝗼. 𝗩𝗜𝗜 -

    Dia 11, post-despliegue.
    UBICACIÓN: Zona de observación
    CONDICIONES AMBIENTALES: La interferencia principal es conductual.

    𝙍𝙀𝙂𝙄𝙎𝙏𝙍𝙊:

    Los especímenes persisten en su simulación de normalidad casi adolescente. El Ejemplar Dorado ha sustituido fugas interdimensionales por "pijamadas". Uno de los Especímenes Carmesíes ha reducido el uso de su poder a abrir portales para evitar desplazamientos terrestres, y la manipulación probabilística a microescala, alterando sorteos escritos (papelitos para tareas domésticas) por autobeneficio. El Segundo Espécimen Carmesí, parece haberse resignado a su rol de ex-Vigilante, y su precisión en aperturas planares aparentemente ha mejorado.

    ¿Cómo se lleva a cabo una investigación de física arcana avanzada cuando los sujetos de estudio insisten en comportarse como personajes de una comedia televisiva humana? Los datos recopilados en las últimas 192 horas son: 71% interacciones sociales, 12% aperturas planares de riesgo nulo, 17% picos energéticos menores correlacionados con... ¿Emociones?.

    He considerado, en un momento de debilidad lógica, la provocación controlada. Inducir una situación de estrés o peligro moderado para forzar una manifestación significativa de poder. Sin embargo, el riesgo de que su reacción sea abrir un portal a un cine en lugar de defenderse, es altísimo.

    Nueva variable inquietante: Rastreo de conversaciones fragmentadas. Uno de los Especímenes Carmesíes ha verbalizado la intención de "ir a Nwitta". Esto es catastróficamente ambiguo. Si va y la capturan, mi espécimen principal será extraído. Fin de la observación. No es conveniente para mis objetivos. Peor aún, si el Espécimen Dorado (V.L.) es descubierta y extraída, el foco de los Vigilantes se intensificará aquí. Perdería el manto de la Operación que tanto me ha servido de cobertura. Ambos, resultados inaceptables.

    SINTESIS:
    Necesito que hagan algo relevante. Que usen su poder para algo que no sea evitar pagar una entrega a domicilio o ganar una discusión. Necesito un evento desencadenante limpio, medible, escalable y, preferiblemente, que no termine con todos nosotros en celdas contiguas en Nwitta.

    Mañana comenzaré a diseñar la "Prueba de Estímulo Controlado N°1". Debe parecer real, no atraer Vigilantes externos, y forzar el uso de magia de alto espectro (Nivel de distorsión de realidad >50 Dk). Si falla, lo más probable es que el evento culmine con los especímenes usando algún portal resultante para ir por helado.

    La ciencia, a veces, exige jugar sucio.

    - 𝙉.𝙎.𝘿.
    ( Nathair Soren Drakov | Vigilante de Élite, DAPE | Al borde de inducir un incidente internacional para obtener mejores gráficas )
    - 𝗖𝘂𝗮𝗱𝗲𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝗺𝗽𝗼 𝗡𝗼. 𝗩𝗜𝗜 - Dia 11, post-despliegue. UBICACIÓN: Zona de observación CONDICIONES AMBIENTALES: La interferencia principal es conductual. 𝙍𝙀𝙂𝙄𝙎𝙏𝙍𝙊: Los especímenes persisten en su simulación de normalidad casi adolescente. El Ejemplar Dorado ha sustituido fugas interdimensionales por "pijamadas". Uno de los Especímenes Carmesíes ha reducido el uso de su poder a abrir portales para evitar desplazamientos terrestres, y la manipulación probabilística a microescala, alterando sorteos escritos (papelitos para tareas domésticas) por autobeneficio. El Segundo Espécimen Carmesí, parece haberse resignado a su rol de ex-Vigilante, y su precisión en aperturas planares aparentemente ha mejorado. ¿Cómo se lleva a cabo una investigación de física arcana avanzada cuando los sujetos de estudio insisten en comportarse como personajes de una comedia televisiva humana? Los datos recopilados en las últimas 192 horas son: 71% interacciones sociales, 12% aperturas planares de riesgo nulo, 17% picos energéticos menores correlacionados con... ¿Emociones?. He considerado, en un momento de debilidad lógica, la provocación controlada. Inducir una situación de estrés o peligro moderado para forzar una manifestación significativa de poder. Sin embargo, el riesgo de que su reacción sea abrir un portal a un cine en lugar de defenderse, es altísimo. Nueva variable inquietante: Rastreo de conversaciones fragmentadas. Uno de los Especímenes Carmesíes ha verbalizado la intención de "ir a Nwitta". Esto es catastróficamente ambiguo. Si va y la capturan, mi espécimen principal será extraído. Fin de la observación. No es conveniente para mis objetivos. Peor aún, si el Espécimen Dorado (V.L.) es descubierta y extraída, el foco de los Vigilantes se intensificará aquí. Perdería el manto de la Operación que tanto me ha servido de cobertura. Ambos, resultados inaceptables. SINTESIS: Necesito que hagan algo relevante. Que usen su poder para algo que no sea evitar pagar una entrega a domicilio o ganar una discusión. Necesito un evento desencadenante limpio, medible, escalable y, preferiblemente, que no termine con todos nosotros en celdas contiguas en Nwitta. Mañana comenzaré a diseñar la "Prueba de Estímulo Controlado N°1". Debe parecer real, no atraer Vigilantes externos, y forzar el uso de magia de alto espectro (Nivel de distorsión de realidad >50 Dk). Si falla, lo más probable es que el evento culmine con los especímenes usando algún portal resultante para ir por helado. La ciencia, a veces, exige jugar sucio. - 𝙉.𝙎.𝘿. ( Nathair Soren Drakov | Vigilante de Élite, DAPE | Al borde de inducir un incidente internacional para obtener mejores gráficas )
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  • Los días siguientes a aquella noche mágica transcurrieron con una calma extraña, como si el mundo hubiese bajado el volumen solo para ellos. El amor flotaba entre ambos como un hilo invisible, tenso y delicado, sosteniéndolos dentro de una burbuja que los aislaba de todo y de todos. En ella había despertado la misma pasión y el mismo respeto por el templo que habitaban en él; adaptarse a los horarios y a las tareas no le resultó difícil, como si su cuerpo ya conociera ese ritmo desde antes. De algún modo, había tomado esa vida como propia, cuidaba el lugar sagrado de su amado con una devoción silenciosa, incluso en los momentos en que él debía ausentarse por asuntos que no compartía.

    Durante las mañanas, Kazuo desaparecía después del desayuno. Al principio no le pareció extraño; asumía que tenía responsabilidades que atender y la confianza que sentía por él era suficiente para no preguntarle a dónde se dirigía. Pero las mañanas comenzaron a estirarse hasta volverse tardes, y poco a poco el tiempo juntos se redujo a breves instantes durante el día y a las noches compartidas. La curiosidad terminó ganándole, porque todo lo desconocido la atraía como una polilla hacia la luz, y necesitaba saber qué era aquello que le robaba tantas horas.

    Esa mañana decidió seguirlo. Tras el desayuno se dedicó a ordenar lo que habían usado, dejó que él saliera primero, fingiendo que el día avanzaría con la misma normalidad de siempre. Cuando Kazuo cruzó la puerta, ella se calzó los zapatos y fue tras él. Aunque por momentos lo perdía de vista, aquel aroma tan característico seguía marcando el camino, como una señal invisible que siempre la conducía de vuelta a él. Atravesó una parte del terreno que aún no había explorado; el sendero nuevo la sorprendió y despertó todavía más su curiosidad, mientras la presión en su estómago crecía con cada paso.

    Minutos después llegó a una edificación. Se veía antigua, pero el cuidado constante la mantenía intacta, casi inmune al paso del tiempo. Sus orbes dorados brillaron con emoción; se preguntaba qué clase de maravilla guardaría en su interior y por qué Kazuo pasaba tantas horas en ese lugar. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, los nervios le erizaron la piel por completo, y en cada paso soltaba el aire que había estado conteniendo, cargado de tensión y expectativa. Al llegar a la puerta, la pelirroja se detuvo, su mano quedó suspendida a centímetros, y sin alargar más el momento la empujó, abriéndola lentamente. Allí encontró a Kazuo, sentado frente a un escritorio de madera, rodeado de pergaminos, escritos sagrados, manuscritos antiguos y textos considerados prohibidos; el kyōzō, la biblioteca de aquel templo, respiraba un aire denso, misterioso y viejo como la fe misma.

    —Así que aquí es donde estuviste escondiéndote estos días… Es precioso el lugar, y todo parece muy importante.

    Mientras se adentraba, pasaba la yema de sus dedos por los estantes con respeto y delicadeza, disfrutando de esa sensación mística que el lugar le ofrecía, como si cada libro susurrara una historia que aún no estaba lista para escuchar.

    Kazuo
    Los días siguientes a aquella noche mágica transcurrieron con una calma extraña, como si el mundo hubiese bajado el volumen solo para ellos. El amor flotaba entre ambos como un hilo invisible, tenso y delicado, sosteniéndolos dentro de una burbuja que los aislaba de todo y de todos. En ella había despertado la misma pasión y el mismo respeto por el templo que habitaban en él; adaptarse a los horarios y a las tareas no le resultó difícil, como si su cuerpo ya conociera ese ritmo desde antes. De algún modo, había tomado esa vida como propia, cuidaba el lugar sagrado de su amado con una devoción silenciosa, incluso en los momentos en que él debía ausentarse por asuntos que no compartía. Durante las mañanas, Kazuo desaparecía después del desayuno. Al principio no le pareció extraño; asumía que tenía responsabilidades que atender y la confianza que sentía por él era suficiente para no preguntarle a dónde se dirigía. Pero las mañanas comenzaron a estirarse hasta volverse tardes, y poco a poco el tiempo juntos se redujo a breves instantes durante el día y a las noches compartidas. La curiosidad terminó ganándole, porque todo lo desconocido la atraía como una polilla hacia la luz, y necesitaba saber qué era aquello que le robaba tantas horas. Esa mañana decidió seguirlo. Tras el desayuno se dedicó a ordenar lo que habían usado, dejó que él saliera primero, fingiendo que el día avanzaría con la misma normalidad de siempre. Cuando Kazuo cruzó la puerta, ella se calzó los zapatos y fue tras él. Aunque por momentos lo perdía de vista, aquel aroma tan característico seguía marcando el camino, como una señal invisible que siempre la conducía de vuelta a él. Atravesó una parte del terreno que aún no había explorado; el sendero nuevo la sorprendió y despertó todavía más su curiosidad, mientras la presión en su estómago crecía con cada paso. Minutos después llegó a una edificación. Se veía antigua, pero el cuidado constante la mantenía intacta, casi inmune al paso del tiempo. Sus orbes dorados brillaron con emoción; se preguntaba qué clase de maravilla guardaría en su interior y por qué Kazuo pasaba tantas horas en ese lugar. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, los nervios le erizaron la piel por completo, y en cada paso soltaba el aire que había estado conteniendo, cargado de tensión y expectativa. Al llegar a la puerta, la pelirroja se detuvo, su mano quedó suspendida a centímetros, y sin alargar más el momento la empujó, abriéndola lentamente. Allí encontró a Kazuo, sentado frente a un escritorio de madera, rodeado de pergaminos, escritos sagrados, manuscritos antiguos y textos considerados prohibidos; el kyōzō, la biblioteca de aquel templo, respiraba un aire denso, misterioso y viejo como la fe misma. —Así que aquí es donde estuviste escondiéndote estos días… Es precioso el lugar, y todo parece muy importante. Mientras se adentraba, pasaba la yema de sus dedos por los estantes con respeto y delicadeza, disfrutando de esa sensación mística que el lugar le ofrecía, como si cada libro susurrara una historia que aún no estaba lista para escuchar. [8KazuoAihara8]
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    || Iré publicando el resto de los escritos dentro del álbum, el primero ya ha sido agregado. Al final "La canción de Afro" es su nombre oficial uwu
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    || Estoy pensando en crear un álbum dedicado a los escritos que he estado haciendo sobre la historia central de Afro. Solo que aún no he decido que nombre ponerle... I need help (?) Estoy entre estos:


    ╰┈➤Escritos
    Así solito tal cuál
    ╰┈➤Heredera de Bruma y Tormentas
    Referente a que Afro es la última descendiente de la casa de Urano.
    ╰┈➤ El último héroe
    Este es por su hijo uwu
    ╰┈➤ Tormenta de Furia y Ceniza
    Por el conflicto bélico con el que, de hecho, comienzan los escritos
    ╰┈➤La Canción de Afro
    Este por la forma en que los mitos se transmitían en la antigüedad

    Tendré que volver a subir los escritos para estén dentro del álbum. Algunos los he editado y tienen un poco de información extra uwu
    || Estoy pensando en crear un álbum dedicado a los escritos que he estado haciendo sobre la historia central de Afro. Solo que aún no he decido que nombre ponerle... I need help (?) Estoy entre estos: ╰┈➤Escritos Así solito tal cuál ╰┈➤Heredera de Bruma y Tormentas Referente a que Afro es la última descendiente de la casa de Urano. ╰┈➤ El último héroe Este es por su hijo uwu ╰┈➤ Tormenta de Furia y Ceniza Por el conflicto bélico con el que, de hecho, comienzan los escritos ╰┈➤La Canción de Afro Este por la forma en que los mitos se transmitían en la antigüedad Tendré que volver a subir los escritos para estén dentro del álbum. Algunos los he editado y tienen un poco de información extra uwu :STK-6:
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    Hola a todos, agradezco a todos los que han aceptado mi solicitud de amistad y espero lograr llevarme bien con presentes.

    Yendo al grano, estare dejando escritos en los cuales son totalmente libres de participar, o en caso que quieran alguna escena especifica con el doctor de los fatui, son libres de mencionarlo directamente ya sea por aqui o por mensaje, finalizando esto, tengan una buena noche.
    Hola a todos, agradezco a todos los que han aceptado mi solicitud de amistad y espero lograr llevarme bien con presentes. Yendo al grano, estare dejando escritos en los cuales son totalmente libres de participar, o en caso que quieran alguna escena especifica con el doctor de los fatui, son libres de mencionarlo directamente ya sea por aqui o por mensaje, finalizando esto, tengan una buena noche.
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  • El ojo del vacío
    Fandom OC
    Categoría Terror
    Creer que sólo en la tierra habita el peligro es limitarse demasiado. La oscuridad del espacio suele ser un nido de criaturas más peligrosas e impensables, seres que no deben ser mencionados, y que tampoco pueden ser descritos.

    Entre ellos se encontraba aquél que todo lo mira, pero que aún así, nada entiende, aquél cuyo apetito es voraz, y; sin embargo, nada le llena.

    Para cubrir esas carencias, es que dividió su ser en diversos entes, avatares de lo que pudo ser y que jamás logró.

    Uno de ellos caería en las fértiles tierras de Walacchia, región de mitos y seres "eternos" según las creencias populares.

    La extraña criatura que en realidad se podría considerar como una mancha de oscuridad, se encargó de devorar todo a su paso cual agujero negro, a medida que comía, sus conocimientos aumentaba, todo lo que absorbía formaba parte de él, su mente, sus recuerdos, su vida.

    El consumir humanos le hizo poder comunicarse con otros y entender el entorno.

    Pero nada disfrutó más que el adoptar la forma de un felino, pues podía dedicarse a la gula eterna.

    Es por ello que mientras él se encontraba devorando indiscriminadamente, la historia de múltiples desapariciones apuntaron a un viejo castillo -el cual ocupó- y así la leyenda de un nuevo mal, se formó.

    ¿En realidad era un cruel y oscuro ser cuyo objetivo era acabar con la humanidad? O ¿Se trataba de un ser cuya moral no podía ser calificada, o juzgada, y que sólo buscaba aprender más?

    Fuese el motivo, ahora era un problema, y por ello es que debía ser erradicado.
    Creer que sólo en la tierra habita el peligro es limitarse demasiado. La oscuridad del espacio suele ser un nido de criaturas más peligrosas e impensables, seres que no deben ser mencionados, y que tampoco pueden ser descritos. Entre ellos se encontraba aquél que todo lo mira, pero que aún así, nada entiende, aquél cuyo apetito es voraz, y; sin embargo, nada le llena. Para cubrir esas carencias, es que dividió su ser en diversos entes, avatares de lo que pudo ser y que jamás logró. Uno de ellos caería en las fértiles tierras de Walacchia, región de mitos y seres "eternos" según las creencias populares. La extraña criatura que en realidad se podría considerar como una mancha de oscuridad, se encargó de devorar todo a su paso cual agujero negro, a medida que comía, sus conocimientos aumentaba, todo lo que absorbía formaba parte de él, su mente, sus recuerdos, su vida. El consumir humanos le hizo poder comunicarse con otros y entender el entorno. Pero nada disfrutó más que el adoptar la forma de un felino, pues podía dedicarse a la gula eterna. Es por ello que mientras él se encontraba devorando indiscriminadamente, la historia de múltiples desapariciones apuntaron a un viejo castillo -el cual ocupó- y así la leyenda de un nuevo mal, se formó. ¿En realidad era un cruel y oscuro ser cuyo objetivo era acabar con la humanidad? O ¿Se trataba de un ser cuya moral no podía ser calificada, o juzgada, y que sólo buscaba aprender más? Fuese el motivo, ahora era un problema, y por ello es que debía ser erradicado.
    Tipo
    Individual
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    En fin espero que tengan bonito fin de semana, seguiré con mis escritos para complementar mejor el lore, además me tomaré libertades creativas para cambiar cosas y así si desean jugar Réplicant y Autómata, no les arruine tanto los juegos.

    También dare leves guiños a Drakengard qué fue precuela de la saga Nier.
    En fin espero que tengan bonito fin de semana, seguiré con mis escritos para complementar mejor el lore, además me tomaré libertades creativas para cambiar cosas y así si desean jugar Réplicant y Autómata, no les arruine tanto los juegos. También dare leves guiños a Drakengard qué fue precuela de la saga Nier.
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